Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Una Razón


IX


Al final de mil caminos
siempre habrá desvíos
Al final de mil caminos
decido, te sigo.

(Lucybell, Mil Caminos)


Cuando despertó, lo primero que hizo fue fijar su atención en la cápsula que esperaba por ella sobre el velador. Ya eran tres días desde lo mismo. Tres días desde que Vegeta y todo su ejercito se había marchado rumbo a una de las más brutales batallas libradas por esta raza de guerreros asesinos, y ella continuaba en la habitación de él, siendo resguardada todo el tiempo por un pequeño ejercito que jamás pidió.

A cada segundo que pasaba se preguntaba cómo Vegeta se enteró de todo. Es claro que tiene gente para informarle de todo lo que sucede a su al rededor, pero jamás pensó que llegaría a descubrirla, pero bueno, era tan obvia cuando hablaba con él, que debió ser fácil suponer muchas cosas. Lo que no sabía con certeza era si estaba al tanto de la nave para escapar. Por supuesto Kakarotto se enteró por Gohan, ese niño era tan inocente y admiraba tanto a su papá que no sería difícil sacarle la información, incluso pudo haber escuchado una conversación entre el niño y Milk.

Estaba segura que Vegeta no se enteró por Kakarotto y aquel desagradable encuentro que vivieron, de lo contrario la cabeza de él hubiera rodado enseguida, y por lo que sabía por Raditz, él ya se encontraba viajando a la guerra… De hecho, a esta hora ya debería haber comenzado el combate.

¿Vegeta habrá sabido exactamente de la construcción de su nave? Al parecer eso no, ya que él tenía una nueva para ella para ayudarla a escapar en caso que todo se complicara. No dejaba de pensar en su reacción si supiera toda la verdad, ¿la hubiera tratado igual? ¿Se hubiera ofendido? Por supuesto que sí, y ella no tuvo tiempo de hablar nada porque él tuvo que partir.

Ahora entendía sus palabras durante el sexo. Esa obseción de él de asegurarse que le pertenecía, que no se marcharía de su lado. Y ella le aseguró que permanecería a su lado. En ese momento no mintió, no podría haber sido capaz de hacerlo, pero ahora…

Ahora, durante estos tres días, lo único que ha hecho es pensar sobre quedarse o huir. Ya no era una simple prostituto ante los ojos del planeta, era la mujer del príncipe. Vegeta había hecho demasiado para mantenerla a su lado, y si de algo estaba segura, es que no iría por ella si se marchaba. Estaba segura que no se lo perdonaría, porque él le entregó todo, y lo único que tenía que hacer ella era esperarlo.

Lamentablemente no era tan fácil. Ella no pertenecía a un planeta tan hostil. No quería pasar el resto de su vida en un lugar así. Ya se había habituado tanto a las costumbres salvajes, que ya no se sorprendía por situaciones que antes la hubieran hecho gritar y tiritar de miedo, y no quería que eso aumentara. No quería terminar celebrando masacres ni observar el sometimiento de planetas sin sentir compasión por las millones de gente inocente que tuvo la mala suerte de cruzarse con guerreros asesinos.

Observó la cápsula unos minutos más antes de levantarse.

El día transcurrió calmado y más aburrido que nunca. No había trabajo en el laboratorio y era tanto el alboroto de los guardias reales cuando la veían salir a los pasillos, que lo mejor era quedarse por los al rededores. Solo Raditz podía estar cerca de su cuarto, por lo que optó no moverse de ahí. Él día lo pasó en la habitación de Vegeta y la biblioteca, intentando concentrarse en algo, en algún trabajo pendiente, en robots nuevos para Vegeta, incluso en nuevo material para su cámara de gravedad, pero nada lograba mantenerla en calma.

Le había ordenado a Raditz informarla de todo lo que supiera sobre el combate, pero estaba segura que Vegeta había sido claro, y no le dirían todo lo que quisiera saber. Desarmó y alteró un scouter, intentando captar la señal de algún guerrero en combate, pero le fue imposible. Estaba segura que habían hecho algo para bloquear la señal, de lo contrario hubiera podido captar por lo menos algún soldado reportando la situación actual.

Se asomó por la ventana. Jamás había visto tanta calma en un planeta que se caracterizaba por su constante movimiento. No le gustó. Se supone que estaban acostumbrados a eso, pero sentía que había demasiada tranquilidad, y eso en Vegetasei no era bueno.

La puerta se abrió. Era Raditz para informarle sobre la situación actual. El rey y el príncipe ya combatían en primera linea, y las bajas comenzaban a sentirse por ambos lados.

—¿Eso es algo normal? —preguntó con la vista pegada al exterior. Maldijo internamente la manía de Vegeta de estar en primera linea de combate. En la Tierra, los reyes y gente importante, los que dirigían los pelotones, ni siquiera arriesgaban sus cabezas. Para eso estaba el resto de los soldados, pero no, en este planeta de bárbaros, mientras más cerca estás del peligro, mejor guerrero eres.

—Por supuesto. No perdemos el tiempo. Llegamos y tomamos lo que queremos.

—¿Y qué pasa cuando el enemigo es igual de poderoso?

—Eso jamás ha ocurrido.

Bulma se volteó para mirarlo, se cruzó de brazos y frunció el ceño.

—Realmente no se puede conversar con ninguno de ustedes, todos cabezas de músculo. Por eso algún día les darán una buena paliza. Jamás se debe confiar completamente de sus habilidades. Ni siquiera ustedes.

—Eso es lo que nos ha mantenido en pie durante tantos años. El imperio saiyajin…

—No, no, no. Ya me basta tener que escuchar a Vegeta con eso. No lo haré contigo. Dime una cosa. ¿Me dirás todo lo que esté sucediendo allá, verdad?

—Por supuesto. Es lo que usted ordena.

—¿Vegeta no te dijo que guardarás información sobre la pelea para que no me preocupara?

El segundo de más que tardó el guerrero en responder le hizo acelerar el corazón. Pese a las palabras de Vegeta, la consideraba frágil y asustadiza, y no le daría toda la información, a no ser que fuese necesario escapar. Pues ahora se encontraba más nerviosa y asustada que nunca.

—El príncipe me pidió que…

—No sigas. Ya puedes retirarte. Estaré en la habitación del príncipe, no es necesario que me cuides más. Tengo un ejercito entero que ya me tiene harta, me gustaría no ver tu rostro por un rato.

—Sabe que no puedo hacer eso.

—Lo sé. No perdía nada con intentar. —Tomó un libro al azar y salió rumbo al cuarto de Vegeta. Lanzó maldiciones en voz baja cuando escuchó los pasos de Raditz detrás de ella, y no dudó el dar un portazo en cuanto llegó a su destino. Vegeta le había dado libertad, pero una que la encerraba mucho más que antes.

Llegada la noche, y luego de intentar leer un rato, comió y se duchó. Se sentó en el sofá donde solían compartir por horas y tomó vino desde la misma botella. No tenía energías de volver a levantarse por una copa, aún tenía comida a su disposición, y la persona encargada del cuarto había dejado la chimenea encendida. No necesitaba más, aunque la realidad era otra. Necesitaba aclarar sus ideas y tomar una decisión de una vez por todas.

A medida que el vino se acababa, el sueño la iba dominando. Recostada en el sofá, despertó de a ratos, asustada por cualquier ruido, con el corazón en la mano pensando que Raditz entraría y le informaría del final de la batalla. Estaba confiada en las habilidades del príncipe y su gente, pero jamás lograría acostumbrarse del todo a un ambiente así, y si llegaba a suceder eso algún día, definitivamente no sería la misma Bulma.


Ya vete, tengo que seguir entrenando. —Vegeta se puso de pie y arregló el pantalón.

Bulma se levantó e hizo lo mismo con su ropa. Debió buscar su camiseta que terminó en el rincón más raro de la cámara de gravedad. Sus rodillas le dolían demasiado; definitivamente debería poner una cama o hacerlo en otras posiciones para que sus piernas no terminaran tan mal.

Dame un momento, yo no me recupero tan rápido como tú. —Frunció el ceño.

Apresurate, tengo que recuperar el tiempo perdido. —Sonó más severo que de costumbre.

La mujer recién terminaba de arreglar su ropa, y le molestó demasiado la actitud de Vegeta.

Yo también tengo muchas cosas que hacer, no es necesario que me hables así. —Molesta, fue al lugar de los robots descompuestos. Tomó varios con las manos desnudas para llevárselos y trabajar en ellos, pero los soltó y gritó cuando el metal filoso de uno la cortó en la mano—. ¡Maldición!

¿Qué pasó? —preguntó poniéndole atención a la mujer.

Nada, estoy perfectamente bien —gruñó con la mano derecha sobre la herida. Por supuesto ignoró los robots y salió de la cámara rumbo a su cuarto.

En cuanto llegó, se metió al baño para revisar la herida. El lavamanos se manchó de sangre que brotaba sin cesar. Asustada, tomó una toalla en un intento de detener la hemorragia. Debía ir al laboratorio y pedir que la revisaran, pero al salir del baño se encontró cara a cara con Vegeta.

Dame tu mano.

No es necesario, voy a ir al…

No la escuchó. Tomó su mano y retiró con extrema delicadeza la toalla.

Ten cuidado, me duele mucho.

No es nada —sonrió con gracia. Esto era un pequeño rasguño comparado con las miles de heridas que él se había hecho.

La llevó a la cama y obligó a sentarse. Fue hasta la licorera de la joven y puso algunos hielos en la toalla.

Sostenlo. El hielo detendrá la hemorragia.

Bulma obedeció.

¿Esta es la maravillosa tecnología de tu planeta? —Lo vio entrar al baño y escuchó abrir cajones.

Es más rápido así. Durante las misiones no contamos con toda esta tecnología y debemos saber usar lo que haya a mano. —Regresó con ella y sentó a su lado con un botiquín. Jamás había usado uno en su vida, pero supuso que ella tendría en su baño.

¿Qué me vas hacer?

No preguntes, y dame tu mano.

Le quitó la toalla y limpió la palma. El hielo había conseguido detener la sangre. Sacó una pequeña pistola metálica del botiquín, y sin avisar, la inyectó. Por el susto, la mujer intentó sacar la mano, pero él se lo impidió.

Eso me dolió.

Te dolería más por culpa de una infección por el corte de metal. No seas cobarde.

No soy cobarde. Me tomaste por sorpresa, nada más.

Lo miró atenta. Encontró curioso lo concentrado que limpiaba y vendaba la herida. El hombre tan bruto y agresivo que le dejó marcas en la piel y las rodillas rojas por la forma brusca en que la tomó en el frío y duro suelo de la cámara de gravedad, ahora la trataba como si fuese la criatura más delicada del universo, y eso la derretía.

La próxima vez no olvides usar guantes. —Le traspasó una pequeña cantidad de su energía a la mano antes de soltarla, sin moverse de su lugar—. Te jactas de ser tan inteligente, pero actúas como una…

Bulma no lo dejó continuar. Se abalanzó sobre él para besarlo y obligó a recostarse para ponerse encima. No tuvo cuidado con su mano, pero Vegeta la tomó de la muñeca para que no la usara ni apoyara, de lo contrario, volvería a sangrar. Por supuesto correspondió los besos, y terminaron "perdiendo más valioso tiempo" en los brazos del otro.


Abrió los ojos de golpe y se puso de pie. Decidida fue hasta el velador, tomó la cápsula, se calzó zapatillas, su abrigo y salió del cuarto. Ya era hora de comenzar a actuar, no había tiempo que perder.

Raditz no estaba, pero sabía que pronto aparecería. Caminó por los pasillos del gran palacio de piedra fría, a la espera de encontrar algún lugar sin guardia, pero a cada vuelta de esquina había un grupo de soldados que no dudaban en seguirla si se le ocurría pasar a otra habitación. Entonces ella optaba por retirarse y tomar una ruta diferente, pero pronto terminó por aburrirse y regresar al punto de partida. Debía salir, necesitaba un lugar solitario y grande para expandir la cápsula sin llamar la atención, pero a este paso ni siquiera podía llegar alguna torre o patio.

Molesta, volvió al pasillo del cuarto de Vegeta. Ahí estaba Raditz, aguardando por ella. Cuando le abrió la puerta para dejarla entrar a la habitación real, Bulma la tomó y cerró de un portazo.

—Esto se acabó. Raditz, voy a salir de aquí.

—Me temo que no puedo permitirle eso. Los soldados…

—Los soldados me importan nada. Vegeta me dijo que debían hacer lo que yo quería, y lo que quiero es salir.

—Es muy peligroso, señora. Podría sucederle…

—He vivido cuatro años en este planeta sin un ejercito privado, puedo seguir cuidándome sola.

—Ahora es la mujer del príncipe, cualquiera podría lastimarla.

—Eso es una estupidez… A no ser que las cosas estén mal y no quieras decirme.

Nuevamente se tardó un segundo de más en responder y fue suficiente para la mujer.

—Voy a salir de aquí, por el laboratorio. Ahí casi no hay guardias. Voy a ir a mi antigua casa y si gustas puedes acompañarme, pero no intentes detenerme, de lo contrario te meterás en muchos problemas con Vegeta, ¿me entendiste?

—Pero no puedo dejar…

—¡Obedece de una vez! ¡Tendrás que usar la fuerza para impedirme salir de aquí y eso me dejará marcas! Vegeta no te perdonará jamás eso —dijo molesta, y completamente decidida a salir de palacio. Por lo mismo, no esperó más respuestas ni evasivas; caminó directamente a dirección de los pasillos que dirigían al laboratorio, con los pasos de Raditz detrás de ella.

Estaba aliviada que la siguiera, era obvio, pero por un momento pensó que intentaría reducirla. Lo necesitaba para lo que seguía, y esperaba que obedeciera cuando fuese el momento.

Afortunadamente, con Raditz no fue complicado llegar hasta el laboratorio y encontrar una salida alterna, sin resguardo de soldados. Bulma simplemente actuó como cualquier día y con su guardaespaldas terminaron recorriendo las calles desiertas de Vegetasei. Era increíble lo desolado que lucía un lugar donde siempre abundó el movimiento y gritos de diferentes razas, pero ahora todo el mundo estaba concentrado en la guerra, especialmente los más débiles que no sabrían qué hacer en caso de un ataque al planeta.


—Come todo Gohan, estás en crecimiento y necesitas alimentarte mejor —dijo Milk, pese a dejar la mitad de su plato con comida. Estos últimos días no había podido comer mucho. Sentía que todo le hacía mal.

Pese a ser expulsado del escuadrón de reserva, Gohan continuaba usando su armadura. Le gustaba sentirse cercano a su padre y a todo lo que él representaba. No le agradaba mucho la idea de pelear y mucho menos asesinar, pero su padre se mostró tan interesado en él y dispuesto a pasar más tiempo en su compañía, que el pequeño disfrutó tener algo en común con su progenitor.

—¿Cuando veremos a papá?

—No sé, Gohan —dijo con la mirada perdida en la puerta.

Hace tres días había partido a combatir y no había tenido noticias de Bulma. Se suponía que la nave ya estaba lista y se marcharían en cuanto tuvieran la oportunidad. Ni siquiera había ido al laboratorio y ya que nadie fue a buscarla decidió quedaren en casa esperando, era más tranquilo y seguro en caso de que los saiyajin perdieran la guerra. Esperaba que nada le hubiese pasado a Bulma, pero ya eran tres días y le daba miedo que la hubiesen descubierto y encarcelado, o algo peor. Estaba perdida sin ella y la nave, y cuando regresase Kakarotto no podría hacer nada para evitar que llevase a su hijo a entrenar.

Cuando ya casi no quedaban esperanzas en ella, la puerta de entrada se abrió. Eran Bulma y Raditz que ingresaron sin preguntar y a paso rápido.

—¡Bulma! —Gohan exclamó feliz. Dejó su cena para ir corriendo a saludar a la mujer y al guerrero.

—¡Gohan! Cada día que no te veo creces un poco más. —Se arrodilló para verlo a la cara. La sonrisa del niño bastó para terminar de convencerla en su decisión.

—Será todo un guerrero cuando comience a entrenar —comentó Raditz, orgulloso. Por supuesto, a ninguna de las mujeres les entró en gracia. Ya estaban hartas de las peleas y niveles de pelea.

—Bulma, pensé que te había pasado algo malo. No había sabido de ti y creí que… —No continuó. No quería que Raditz supiera de sus planes de huir.

—Han pasado muchas cosas, te las diré mientras avanzamos. ¿Tienen todo listo? Nos vamos ahora.

—Sí. Gohan, ve por tus cosas. El bolso que dejé debajo de mi cama.

—Pero, mamá…

—Gohan, no pierdas el tiempo y ve —ordenó nerviosa.

—¿A dónde van a ir? —preguntó Raditz sin entender, pero al ver los rostros de las mujeres fue fácil hacerse una idea de que algo planeaban.

—Raditz. Necesito que nos lleves a un lugar solitario y con espacio suficiente para abordar una nave.

—¿Una nave? No puedo dejar que abandone este planeta.

—Ya te lo dije, voy a hacer todo con o sin tu ayuda. Soy la mujer del príncipe y no tienes otra opción que obedecerme.

—¿Mujer del príncipe? —repitió Milk sorprendida.

—Otra larga historia, Milk. Ahora vámonos. No hay tiempo que perder.

Gohan salió con su bolso y una mochila de su madre. Pensaba que nunca se irían del planeta, pero al parecer ya había llegado la hora.

—El príncipe me va a matar de todos modos si la dejo marcharse.

—Raditz, necesitamos tu ayuda. No hay nadie en quien más confiar —dijo Milk, mirándolo a los ojos. Hubiese deseado que Kakarotto fuese así de pasivo para llegar a conversar—. Necesito que nos ayudes. Acá no hay nada para nosotros y si nos quedamos no tendrá buen final. ¿Es eso lo que quieres?

El hombre guardó silencio. Por eso detestaba involucrarse con otras razas que no fueran la suya. Los saiyajin eran más simples de tratar, pero las mujeres humanas eran algo que jamás lograría comprender.

—Vamos, Milk. Nos seguirá de todas formas.

Fueron las primeras en salir, seguidas de Gohan y Raditz que lo único que deseaba era ser regresado a las misiones donde solo importaba la fuerza bruta y nada más.

No tardaron mucho en llegar a un sitio solitario, donde podrían estar tranquilos. Bulma contó lo sucedido con la nave y Kakarotto, a lo que Milk no respondió con tanta sorpresa. Ya sabía que le había sacado información a Gohan y además, había estado demasiado atento a las conversaciones de ambos, lo que no entendía es que no le hubiese dicho nada del tema, especialmente al saber que ella quería abandonar el planeta con su hijo. Lo mínimo es haberlo visto explotar por una traición tan grande, no obstante, se marchó a la batalla sin decir una palabra. Lo bueno es que Kakarotto no lastimó a Bulma, lo triste es que hubiese deseado de alguna manera despedirse de él.

Sin perder más tiempo, Bulma lanzó la cápsula, está se expandió y en cuanto se disipó el humo apareció una reluciente nave espacial. Mucho más grande de la que había creado para los tres. Definitivamente Vegeta había pensado en todo con tal de resguardarla.

—¿Y me dices que el príncipe hizo esta nave para ti?

—Sí… —respondió con un nudo en la garganta—. Y tiene las coordenadas de la Tierra. Lo que tanto queríamos.

Milk se cubrió la boca con las manos. No podía creerlo, era como un sueño hecho realidad, algo por lo que siempre soñó desde que fue robada y ahora estaba a minutos de marcharse para siempre, volver a su hogar, con su padre, y su hijo y tener la vida de paz y armonía que tanto quiso.

—No he visto el interior de la nave, pero hay todo lo necesario para el viaje y no hay de qué intimidarse. Estas naves se manejan solas. Los científicos que usó Vegeta se encargaron de hacer una copia de mis naves, así que solo es cosa costumbre. Además está Gohan, y estoy segura que aprenderá enseguida a cómo usarla.

—¿De qué estás hablando, Bulma? Vienes con nosotros, ¿no?

—Raditz irá con ustedes para enseñarles a usar la nave como corresponde… Yo me quedaré.

Nadie dijo nada. Bulma se limitó a sonreír con nostalgia. Era tanto tiempo esperando por este momento, y ahora que finalmente se hacía realidad, tomaba una decisión. No sabía si hacía bien o mal, si se arrepentiría hoy, mañana, en un tiempo más, o tal vez nunca, pero ya no había marcha atrás. Quizás desde antes de comenzar con la construcción de su nave ya había decido quedarse en Vegetasei, pero solo ahora abría los ojos y aceptaba su realidad. Era una mujer intrépida que sobrevivió tantos años en un planeta hostil, y no dejaría de serlo ahora. Vegeta ya había hecho demasiado de su parte, y ahora era el turno de ella para la próxima jugada. No podía arriesgarse a esperar a terminar la batalla, ya que Kakarotto podía regresar antes y no era justo exponer a Milk y Gohan de esa forma, y también estaba segura que Vegeta volvería sano y con la victoria.

—¿Por qué no te vas con nosotros, Bulma? —Gohan se le acercó para mirarla.

—Tengo muchas cosas pendientes, Gohan, pero te prometo que iré algún día a la Tierra, y tú tendrás que recibirme.

—¿Hay algún mensaje para tus padres? —Milk tomó de los hombros a su hijo. No quiso preguntar ni cuestionar a Bulma, eso era asunto de ella y no la criticaría la última vez que estarían juntas—. Puedo buscarlos un cuanto llegue.

—No —susurró con los ojos llenos de lágrimas. Eso era lo que más le dolía, sentía que traicionaba a sus padres por la decisión que tomaba—. Prefiero que sigan sin saber de mi. Yo trataré de comunicarme con ellos en algún momento. —Secó las lágrimas antes de continuar hablando—. Raditz, quiero que vayas con ellos. Necesito que les enseñes a ambos el funcionamiento de la nave, que los prepares para cualquier eventualidad. Puedes regresar una vez que se encuentren lejos de Vegetasei. ¿Puedes obedecerme sin objetar? —Terminó con el ceño fruncido, ya se encontraba mal humorada y triste.

—Claro que puedo hacerlo. Yo los protegeré, pero no puedo dejarla sola.

—Me iré enseguida a palacio. Estoy demostrando que no tengo intenciones de ir a ningún lado. Puedes estar seguro que estaré en mi habitación para cuando vuelvas. Sé conducir el cargador, me voy ahora mismo, pero no pierdan más tiempo. —Se acercó al vehículo donde Raditz la trasportaba—. ¡Apresúrense ya!

Gohan abrazó a Bulma de una pierna. Ella le acarició la cabeza y resistió las ganas de llorar.

—Gracias, Bulma. —Milk se acercó y la abrazó. No duró más de dos segundos el contacto, pero fue significativo.

—Cuida mucho a Gohan, y recuerda que no todo en la vida son los deberes.

—Tendremos mucho tiempo para disfrutar en la Tierra —respondió con una pequeña sonrisa.

La despedida no duró más. No era la ocasión para hacerlo y el tiempo no estaba de su lado. Bulma no quiso esperar a ver la nave partir, sería demasiado para ella. Se subió al cargador y emprendió rumbo hacia laboratorio y luego palacio. Había poca gente en los alrededores y eso fue mejor, así no llamaría la atención de nadie y podría estar de vuelta en poco tiempo. En el cielo, la nave con capacidad para cuatro personas, dejó una estela cuando se perdió en el firmamento.

Ya estaba hecho.

Ahora, solo quedaba esperar.


(...)


Dos días después…

Abrió los ojos asustada. Le tomó unos segundos tranquilizarse y recordar que continuaba en la habitación de Vegeta. Abrazó la almohada y suspiró. La cápsula de la nave ya no se encontraba en el velador y desde que Raditz se marchó con Milk y Gohan, no se había enterado de muchos detalles del combate.

Los soldados le daban mucho menos información que Raditz, y si bien eran respetuosos con ella, no era lo mismo. Bulma sabía que la despreciaban por tratarse de una humana sin poderes, pero estaba tan preocupada por Vegeta, Gohan y Milk, que poco y nada podía importarle lo que pensaran de ella. Lo único que quería era que los días corrieran más rápido.


La nave se detuvo en medio de la nada. Era un planeta indefenso y seguro donde podían hacer una parada. Gohan se encargó de maniobrar la nave sin problema alguno. En los dos día de viaje había sido capaz de aprender y adelantarse ante cualquier imprevisto. Ya era hora que Raditz regresara a Vegetasei para continuar cuidando a Bulma.

El niño salió al exterior para respirar el aire limpio y observar el cielo estrellado. Ya se había hecho a la idea de que no volvería a ver a su papá, pero el poder tener otro tipo de vida y ser libre le llamaba la atención. Quizás cuando estuviese mayor podría regresar para poder conocerlo mejor e interiorizarse de sus costumbres, pero por ahora debía continuar con su mamá y cuidarla todo el tiempo. Ese era su propósito ahora.

—Serán meses de viaje, pero tienen todo lo necesario para sobrevivir. Gohan es muy hábil y no tendrá problema alguno en manejarla —dijo Raditz en cuanto se levantó del asiento del piloto.

—Gracias por no oponerte a esto. Por un momento pensé que intentarías detenernos. —Milk miró por una escotilla. Su hijo continuaba observando el cielo, y el viento movía su cabello de un lado a otro. Por un momento pensó en lo mucho que se parecería a su padre cuando creciera.

—No podría hacerlo. Vegetasei nunca fue un planeta para ti. —Se puso a su lado, pero no la tocó.

—Me pregunto como hubiese sido todo de haberte conocido antes que a tu hermano. —Hizo lo posible por no dejar de sonreír, pero le dolió más de lo que pensaba despedirse de Raditz.

—Supongo que jamás lo sabremos. —Estaba controlándose por completo. Si fuese por él, la tomaría y regresaría a su planeta, pero era la mujer de su hermano, y no importa en el lugar que fuese, él jamás se atrevería a faltarle a su sangre.

Ya sentía que traicionaba a Kakarotto al permitir que su mujer e hijo abandonaran el planeta en secreto, pero algo dentro de él lo empujaba a hacerlo. Todos los sentimientos que Milk y Gohan crearon en él lo movían en este momento. Y sabía que lejos, encontrarían aquello que Milk tanto deseaba para ella y su hijo, algo que ni él ni su hermano serían capaces de entregarles.

Milk se puso frente al guerrero y tomó sus manos. En cuanto pestañeó, las lágrimas escaparon hacia sus mejillas.

—Jamás te voy a olvidar, Raditz.

—...Milk… —Apretó los puños. Tantos años deseando besar sus labios, tocar su piel. Una intrusa en sus sueños sin pedirlo, una sonrisa que nunca buscó y un calor que no creyó volver a sentir. Ese sentimiento limpio y diferente a todo lo que vivió cuando fue niño junto a su madre, ella se lo entregó sin intenciones de tocarlo, pero lo hizo y fue profundo.

Estiró la mano para acariciar su rostro, al menos una vez en su vida antes de no volver a verla jamás. Solo sería eso y volvería con sus obligaciones. Era todo lo que pedía.

Pero no sucedió. El suelo bajo ellos retumbó por unos segundos, y luego Gohan gritó desde el exterior. Raditz reconoció enseguida ese tipo de temblor y no dudó en salir de la nave.

—Quédate aquí —ordenó.

En cuanto salió, se puso al lado de Gohan, y ambos vieron a lo lejos, a Kakarotto salir del cráter dejado por su nave esférica.

—Es mi papá —exclamó el niño sorprendido.

—Gohan, quiero que te subas a la nave y continúes el viaje.

—Pero mi papá…

—Tienes que cuidar a tu madre. Ve a la nave y vete. Yo me encargaré de distraer a tu papá.

—¿Vas a lastimarlo?

—Gohan, vete ya. Y jamás olvides la sangre saiyajin que corre por tus venas. Eres guerrero.

—Sí. —El niño miró a Raditz, luego a su padre que volaba hacia ellos, e ingresó a la nave.

Desde la ventana Milk observó a Kakarotto llegar, hasta ponerse en frente a Raditz. No pudo escuchar lo que hablaban, pero si oyó a Gohan activando la nave para hacerla funcionar. Debió afirmarse para no caer cuando despegaron, pero no apartó la vista de los hombres, y justo en el momento que la nave comenzaba a alejarse, los saiyajin miraron hacia la ventana donde ella estaba.

Los ojos negros de los hermanos, tan diferentes y parecidos, sería lo último que vería de Vegetasei.

—¡Traidor! —gritó Kakarotto a su hermano y hacia la nave, donde su mujer e hijo escapaban.

—Lo siento, hermano, pero no permitiré que los detengas.

—¡Siempre quisiste lo que era mio! —dijo caminando alrededor de Raditz, como si se tratara de su presa. En cualquier segundo comenzaría el ataque.

—Hermano, no tenemos que pelear entre nosotros. —Pese a sus palabras, ya se estaba poniendo en guardia.

—Claro que sí, Raditz. Porque no permitiré que se marchen. Ellos me pertenecen y tendrás que matarme para impedirme ir por ellos. —Sabía que sería traicionado, que no sería suficiente destruir la nave de Bulma y fue por eso que se quedó y esperó. Pero ahora se encargaría de todos. Asesinaría a su hermano, le daría una lección a Milk y Gohan, y luego iría por la maldita humana que le metió estupideces en la cabeza a su mujer. Nadie se burlaría de él.

Los hombres se abalanzaron contra el otro.


(...)


Tres días después…

Corrió al balcón para mirar al exterior. Luego del remezón que estremeció el suelo y paredes, su corazón se aceleró esperando lo peor. De pronto, la constante tranquilidad y calma se vio interrumpida por explosiones a lo lejos y gritos de soldados desde el interior de palacio. El cielo se iluminó de naves de diferente tipo, Bulma pudo reconocer las esféricas de Vegetasei, pero también las del enemigo.

Lo que tanto temía, finalmente sucedía, y no tenía noticia alguna de Vegeta. Aterrada observó grandes guerreros de piel azul volar por los cielos, destruyendo todo a su paso con esferas de energía. Se arrodilló por temor a salir lastimada, no sabía dónde ir ni que hacer, y mucho menos cuando las explosiones se acercaron cada vez más, aumentando los violentos temblores.

Lo último que vio fue a los soldados de palacio salir a combatir. No se dio cuenta cuando un guerrero la tomó del brazo para obligarla a entrar al cuarto. Por un momento deseó que se tratara de Vegeta que llegaba justo a tiempo para salvarla, o al menos Raditz, pero era uno que jamás había visto en su vida.

—Debe ocultarse, señora. Pase lo que pase no salga al balcón.

—¡Dime qué está pasando! ¡¿Perdieron la guerra?!

—Atacan el planeta. Debe permanecer en este lugar.

—¡Dime lo qué pasó! ¿¡Dónde está el príncipe!? —gritó desesperada y terminó sentada en la cama por la explosión dentro de palacio que seguramente derribó paredes.

—¡Aguarde aquí! —El hombre salió corriendo.

—¡No! ¡Espera! —Intentó levantarse y correr, pero nuevamente terminó en el suelo por culpa de las explosiones.

Tiritaba de pies a cabeza, no sabía hacía dónde ir, ni qué hacer. Se supone que los soldados la resguardarían, pero los gritos, olor a quemado, y escándalo en el exterior la hacían sentirse totalmente desprotegida. Corrió hacia la puerta, el mejor lugar para esperar a que todo terminara, era en la cámara de gravedad de Vegeta, ésta se encontraba reforzada y necesitaba una clave que solo ella y el príncipe conocían, pero en cuanto dio un paso fuera de su habitación, otro remezón la hizo caer al suelo. El impacto había sido demasiado cerca, quizás por donde se encontraba su habitación. El muro a su derecha se trizó, y sin esperar a que el suelo se calmara, gateó de regreso y trabó la puerta en un acto reflejo. Era demasiado peligroso ir hasta la cámara aunque quedara cerca, podía encontrarse con el enemigo, e incluso con un saiyajin que la despreciara. Este era el momento preciso para eliminarla.

Se sentó en el suelo, entre la cama y el velador. Debía encontrar el momento adecuado para ir hasta el laboratorio y tomar una nave, escapar a cualquier lugar antes que todo terminara, pero era tan débil que podría morir en cualquier segundo.

Se cubrió la cabeza con los brazos y cerró los ojos. Los objetos del escritorio y otros muebles cayeron, al igual que en la licorera. Gritó asustada cuando escuchó una explosión mucho más cerca, y no pudo hacer más que meterse bajo la cama. No servía de nada, era completamente inútil, al igual que poner cerrojo a la puerta, pero ya no había nada más que hacer.

Pensó en Vegeta. No podía creer que esto terminara así, pero había tomado una decisión y ya no había vuelta atrás. Algo dentro de ella le seguía asegurando que volvería a tiempo para salvarla, pero la invasión enemiga solo la hacía tiritar de miedo y esperar lo peor. Por mucho que fuera la mujer más inteligente del planeta, no había nada qué hacer contra la fuerza bruta, más que esperar un milagro…


(...)


No sabe cuanto tiempo pasó. Si una hora o un día, pero permaneció debajo de la cama, escondida como una niña pequeña. Hacía un buen rato que los temblores y gritos habían cesado, pero no tuvo el valor para salir. Por primera vez en su vida se sintió inferior a los saiyajin y le aterraba que alguno de esos hombres de azul la encontrara. Estaría perdida, y no le serviría de nada ser la más inteligente. Sería mucho más apetecible como trofeo de guerra ahora que era la mujer del príncipe.

Justo cuando la idea de asomarse de su escondite se cruzó por la cabeza, escuchó pasos desde afuera. Suprimió el impulso de gritar cuando trataron de abrir la puerta, y casi se mordió la lengua cuando ésta salió disparada por un violento golpe. Los pasos apurados recorrieron el cuarto sin detenerse. Bulma controló su respiración agitada, sabía que podían atraparla por cualquier sonido, por muy pequeño que fuese.

—Señora Bulma, señora Bulma.

La voz de Raditz la inyectó con una energía increíble que la ayudó a salir en un ágil movimiento.

—¡Raditz! ¡Aquí estoy, aquí estoy! —Cayó al suelo de forma torpe, sus piernas se habían dormido por tantas horas en la misma posición, pero no le importó.

El soldado corrió para ayudarla a ponerse de pie y de paso revisar que estuviera sin heridas. Afortunadamente se veía bien, solamente asustada.

—Tenemos que salir de aquí, ahora —dijo yendo hacia la puerta, para corroborar que no hubiese nadie.

—Raditz, ¿que fue lo que te pasó? —preguntó asombrada.

El hombre tenía su armadura destrozada, el rostro lleno de sangre y un sinnúmero de heridas en todo el cuerpo, incluso se notaba que respiraba con dificultad.

—No hay tiempo, tenemos que ir a otro lado. —Intentó tomarla de un brazo para obligarla a caminar, pero la joven no lo dejó.

—Primero dime que pasó con Gohan y Milk. Y dime de Vegeta.

—La nave va rumbo a la Tierra, y la guerra fue ganada por nosotros. Los ataques que sufrió el planeta fue de guerreros desesperados en busca de venganza.

—¡Eso es muy bueno! —Sonrió mostrando los dientes. Sintió un peso inmenso fuera de sus hombros—. No entiendo por qué estás tan alterado entonces. Dime donde está Vegeta.

Raditz no respondió. La tomó del brazo y obligó a caminar. Pasaron por pasillos que ella jamás había recorrido y pudo ver en la construcción de piedra los estragos del combate que no duró más de veinticuatro horas, pero se sintió una eternidad. En todo momento el soldado estuvo atento de no encontrar a nadie y sacar a la mujer de palacio. Bulma comprendió que algo más estaba sucediendo y decidió no hablar hasta que Raditz se lo permitiera.

En cuanto abandonaron palacio, ingresaron a otro lugar de similares características al laboratorio. Era el área de acondicionamiento de soldados, donde podían entrenar y además se encontraban los tanques de recuperación. Bulma jamás había estado en ese lugar, y fue sorprendente ver tantos saiyajin dentro de los tanques. Algunos cuartos estaban completamente destruidos, seguramente por el ataque de hace unas horas. Continuaron caminando, casi no se veían saiyajin en pie, la mayoría se trataba de científicos de diferentes razas que caminaban de un lado a otro atendiendo a los guerreros que no alcanzaron a quedar en un tanque.

Ya que Raditz se veía mucho más calmado recorriendo el lugar, Bulma se decidió a hablar.

—Deberías meterte en uno de estos tanques. Te ves muy mal.

—Ya tendré tiempo para eso.

—¿Vas a decirme que pasó con Vegeta? —Casi debió correr para alcanzar los largos pasos del hombre.

—Tengo ordenes de ponerla a salvo, pero creo que no me dejará cuidarla sin antes verlo por sus propios ojos.

Al llegar al último cuarto, uno privado, abrió la puerta para dejarla pasar. Bulma entró enseguida, pero no pudo moverse al ver el único tanque de recuperación ocupado por Vegeta.

El hombre estaba evidentemente inconsciente y con mascarilla de oxigeno. Una máquina controlaba sus débiles signos vitales y el agua azul que lo cubría, lucía turbia a causa de toda la sangre perdida. De la armadura que Bulma había hecho con tanta dedicación, solo quedaban parte de los pantalones y botas, por lo que pudo apreciar con detalle las graves heridas en su piel.

Raditz cerró la puerta y permaneció adentro con ella.

—¿Se va a recuperar? —preguntó con dificultad. Se acercó más hasta tocar el vidrio.

—Está muy herido, pero es el príncipe de los saiyajin, si alguien puede sobrevivir a estas heridas es él.

Bulma no escuchó. Ese horrendo orgullo y soberbia era el que lo tenía más muerto que vivo y por supuesto que Raditz confiaría en que su príncipe sobreviviría.

—… Dime qué pasó. —Sin dejar de mirar a Vegeta, lloró en silencio.

—No estoy al tanto de todo, señora… —Por supuesto no le contaría en detalle lo sucedido con su hermano, que fue lo que lo retrasó tanto. Ese peso lo llevaría en solitario por el resto de su vida—. Pero nuestros hombres ganaron la guerra y los sobrevivientes debieron regresar para proteger el planeta de un grupo grande de guerreros que se mantuvieron ocultos, esperando. Tomaron ventaja de su gran número, pero fuimos más fuertes. Es por eso que muchos soldados terminaron mal. Y por eso el príncipe se encuentra así.

—¿Y por qué me has sacado del palacio con tanta rapidez? Si ya todo terminó.

—Tengo ordenes del príncipe de protegerla.

—Eso quiere decir que alguien de palacio quiere matarme.

No respondió. La tomó del brazo y obligó a meterse a un armario de insumos médicos. Bulma reclamó indignada, pero guardó silencio cuando escuchó voces acercarse.

Raditz saludó con una reverencia al rey cuando entró al cuarto junto con una comitiva de soldados y doctores.

—¿Qué es lo que haces aquí soldado? —preguntó el monarca.

—Resguardo la recuperación del príncipe, su majestad.

—Deberían haber un soldado sano cuidando a mi hijo, no tú que apenas te pones de pie —dijo molesto, acercándose al tanque para ver a Vegeta. El hombre cojeaba ligeramente y la ropa nueva cubría sus múltiples heridas.

—Lo siento, su majestad. No había nadie en el lugar, y pensé que era mi deber proteger al príncipe —respondió aún arrodillado.

—Bien pensado, soldado. Quiero que te recuperes en un tanque y vuelvas a vigilar a mi hijo. Necesito más guerreros con este tipo de iniciativa —comentó más molesto, especialmente hacía los soldados que venían con él—. Tú te quedarás con él adentro, el resto protegerá el lugar desde afuera. Ahora quiero los detalles de su estado de salud.

Los doctores se acercaron al rey para informarle sobre la situación de su hijo. Mientras tanto, encerrada y escondida en el armario, Bulma escuchó atenta. Se preocupó de no hacer un solo ruido, ya que si no murió ante los enemigos de los saiyajin, perfectamente su cabeza podría terminar rodando en el suelo del cuarto, gracias al padre de Vegeta. Por alguna razón, Raditz se preocupó de sacarla de palacio y estaba segura que el monarca tenía que ver al respecto.


Luego de recuperarse por completo, Raditz regresó al cuarto de recuperación de Vegeta. Lo primero que hizo fue sacar a Bulma del armario. La mujer tenía el cuerpo entumecido después de estar más de medio día oculta en un lugar tan pequeño, pero no se quejó, lo único que quería era ver a Vegeta y esperar a su recuperación.

—Quiero quedarme aquí —dijo acercándose al tanque. Se le rompía el corazón ver a Vegeta en este estado.

—No puedo permitir eso. La pueden descubrir en cualquier momento.

—Yo trabajo en el laboratorio, puedo estar aquí perfectamente, además el rey dijo que volvería cuando Vegeta despertara.

—La llevaré a mi casa, y ahí esperará a que despierte el príncipe. No me obligue a usar la fuerza con usted.

—¿Al menos puedo venir a verlo?

—Haré lo posible, ahora vamos, por favor. —Le indicó la otra puerta, ya que la principal estaba siendo resguardada por soldados. Deberían marcharse por los pasillos del los doctores.

Bulma tocó el tanque, a la altura del rostro del príncipe. Al menos lo peor ya había pasado, y solo debía esperar.


(…)


Una semana después…


No me rechaces… —susurró en cuanto se metió a la cama, con camisón corto y el cuerpo frío.

El hombre se hizo a un lado, pero no la apartó. Entonces Bulma aprovechó de abrazarlo.

No me gusta esto.

No puedes decir que no te gusta si nunca lo has intentado.

Ahora lo estoy haciendo, y no me agrada —De todos modos la cubrió con la cobija y abrazó.

Sí te agrada. Las parejas hacen esto todo el tiempo. No todo es sexo, también hay momentos así, especialmente cuando las mujeres estamos con el periodo. Necesitamos muchos mimos y cuidados. —Se acurrucó más en él.

¿Periodo? ¿Qué demonios es eso?¿Y qué se supone que tengo que hacer?

Es algo que afecta a las mujeres, y no te diré más porque no te agradarán los detalles… En cuanto a lo que tienes que hacer... Exactamente lo que ya estás haciendo, y te aseguro que vas de maravilla. —Se apoyó en su pecho y cerró los ojos.

Los humanos son raros.

Los saiyajin lo son más.

Pierden el tiempo en tonterías inútiles.

Te inventé robots nuevos de combate, considerarlo como un regalo —respondió bostezando. Estaba muy cansada y en cualquier momento se dormiría.

Pides regalos todos los días. Estás malcriada.

Tú me malcrías… Oh, vamos Vegeta. Solo esta noche, dejame dormirme así… no te lo pediré nunca más… lo prometo.

Sí, claro… mentirosa. —Miró el techo y no habló más. De todas formas igual ya había entrenado, estaba cansado y no tenía nada más que hacer.

Se sintió raro, incomodo y con la sensación de estar perdiendo el tiempo, pero no se movió. La dejó dormirse en su pecho y esa noche no hubo sexo.


El agua azul se drenó por completo y la mascarilla de oxigeno fue innecesaria. La maquina que monitoreaba sus signos vitales se apagó en cuanto se quitó los cables pegados a su cabeza y pecho, y el vidrio se levantó como respuesta a los movimientos en el interior del tanque.

El príncipe movió su cuello, haciéndolo sonar. No sabía cuánto había pasado inconsciente, pero sentía que había sido mucho. En un perchero había ropa y una toalla, pero fue la persona que dormía en una silla, recargada en la mesa, quien llamó su atención.

Sin hacer ruido, se le acercó y retiró la capucha del abrigo para comprobar sus sospechas. No pudo evitar soltar una leve y corta sonrisa al descubrir su cabello celeste. Acarició su cabeza y pasó un par de dedos por su mejilla.

Las cosas cambiarían mucho desde ahora.


Continuará...


Y con esto, ya van quedando dos capítulos. Estoy muy emocionada por acercarme al final. Esta es la primera vez que terminaré una historia de capítulos.

Bueno, referente a la historia:

Desde un principio dije que esta historia sería exclusivamente de Bulma y Vegeta y con un poco de Milk y Kakarotto. Resulta que al final terminé agregándolos mucho más, incluido con Raditz, pero siempre fue la primera pareja la primordial, aún así me esforcé en dejarles un final. Trataré de terminar otro fic que tengo exclusivo de Milk, Kakarotto y Raditz, para las que leyeron esta historia por ellos.

Un detalle de Milk y Bulma, que pienso podría suceder, es que después de tantos años viviendo en Vegetasei terminarían acostumbrándose a situaciones que en otras circunstancias terminarían horrorizadas, y por supuesto eso influiría en sus actos, como fue que pasó en esta historia.

Como le dije a una amiga que me pidió spoiler: "La nave se usará y la guerra terminará" Y por fin Vegeta está de regreso, y me gustó hacer el guiño de que encontrara a Bulma durmiendo, esperando a su lado por su recuperación.

Vegeta y Bulma ya hicieron una elección y en los dos capítulos que quedan se verán las consecuencias de aquello

Como siempre, les recomiendo esta canción de Lucybell. Es maravillosa y hermosa.

Muchísimas gracias a todos los comentarios y buenas vibras. Aún sigo en cama, pero mañana tengo doctor, así que espero que me vaya bien, ya me siento mucho mejor, casi no tengo tos, pero mi voz sigue débil.

Gracias a Gabo Chan, Veros, Rusca, Viara616, Ukyryo, Dayana07, Nina, Lucretia Droogie, Dika, Alezandra Cooper 96, Avis, Leslaut, Sofy2011, Johaaceve, Majo29, 1989, Vebu Ouji Brief, JLgonzalez, Saori Vell, Nyrak, Les Davila, Era21, LadyBasilisco220282, Carols2497, Megumi007, Anngels, Rosspe, Pau Brief-Love-Vegeta, Anirva.g, Leetzi, Guhxjspasalasdhdhdjs254, Soofii821, Prl16, Andreaahp, Annie Oh, Stichita, Sora 147 y Ina Minina por sus comentarios, me alegraron mucho.

Con cariño

Dev.

03/08/2016.