Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Una Razón


XII


No te pares frente a mí

con esa mirada tan hiriente.

Pon tu mano en mi pecho

y reconoce que este latido no se miente.

(Los Prisioneros, Estrechez de Corazón)


En cuanto salieron los doctores del cuarto del príncipe, Raditz abandonó el lugar y cerró la puerta con suavidad. Hacía un poco de frío, así que Vegeta se alejó de la cama para ir a encender la chimenea. Perfectamente podía lanzar un pequeño rayo desde donde se encontraba, pero quiso alejarse de Bulma. Ahora que lo peor había pasado, el enojo hacia ella comenzaba a hacerse presente, pero era mejor, así sería mucho más fácil comunicarle su decisión.

La mujer, se acomodó en la cama, volvió a observar las marcas en sus brazos de tantas veces que la inyectaron en las venas para el suero, remedios y quizás qué otras cosas más durante la semana que estuvo inconsciente, porque eso es todo lo que sabía hasta ahora. La media hora que estuvieron los doctores auscultándola, y revisando los registros de la máquina a la que estaba conectada, no abrieron la boca para nada; ni siquiera cuando ella subió la voz, exigiendo que alguien le dijera algo. También le reclamó a Vegeta por guardar silencio, pero el hombre solo permaneció cruzado de brazos y con el ceño fruncido. Hubiera deseado poder reclamar y gritar, pero estaba demasiado cansada para continuar, y por si fuera poco, tenía tanta hambre que si pudiese ponerse de pie, iría a la cocina de palacio y arrasaría con todo.

—¿Cuándo vas a hablarme? ¿O vas a estar toda la noche mirando el fuego? Quiero saber lo que pasó.

—¿No recuerdas nada? —preguntó sin moverse de su lugar, pero no le quitó la vista de encima.

—¿Cuándo puedo quitarme estas cosas? —Le mostró el brazo derecho para indicar lo molesto que eran los malditos cables. El hambre la estaba poniendo de muy mal humor—. Durante tu conversación de miradas con los doctores, ¿te mencionaron cuándo podría? Porque imagino que ya estoy bien, de lo contrario hubieran dicho algo.

—Dime lo que recuerdas.

Resignada, apoyó los brazos en el colchón y suspiró. Debió hacer un esfuerzo para recordar los últimos momentos antes de perder el conocimiento.

—Estaba trabajando, creo. —Miró hacia otro lado cuando dijo la última palabra.

Inmediatamente él se dio cuenta que mentía.

—¿Trabajando?

—Sí, trabajando. Que es lo único que hago en este horrendo planeta, además de estar contigo en la cama. No tengo muchas opciones para distraerme. —Terminó frunciendo el ceño igual que él.

—¿Dónde trabajabas?

—Estaba con un panel, porque quería darte una sorpresa con nuevos robots. Había ido al mercado y me encontré ese puesto interesante, así que me…

—Estabas en el mercado cuando no tienes permiso de ir, ya que es muy peligroso para ti.

—Ya había ido otras veces, no seas dramático.

—Y sin mi autorización. —Tensó más la mandíbula. Si no fuera porque estaba convaleciente le daría una lección para que bajara el tono con él, pero había sido su culpa por permitir tantas insolencias e incluso premiarlas. No lograba entender qué poder tenía sobre él para hacerlo pasar por alto tantas cosas que no toleraría ni de broma en nadie más.

—No soy una niña para tener que pedir permiso.

—No comiences con eso. Dime qué recuerdas.

—Ya te lo dije, estaba en el mercado, con Raditz cuidándome. Ese día había más gente de lo habitual, alguna se acercó para hablarme, pero él se encargó de ahuyentarlos. No tenía ánimos de hablar con nadie, porque estaba preocupada porque necesitaba encontrar un te… —En ese momento se sentó más derecha y puso su mano sobre su vientre. Había olvidado por completo la razón de su visita al mercado ese día. Ya no estaba la máquina que monitoreaba sus signos vitales, pero de estarlo, mostraría un sobresalto considerable en los latidos del corazón.

Por supuesto, Vegeta, era capaz de percibirlos, pese a la distancia y sin maquina alguna. Como experto asesino, los latidos asustados del enemigo y los últimos era de las pocas cosas que aún disfrutaba de verdad.

—Continua —dijo, y se acercó a la cama, pero no se sentó.

—Estaba viendo el panel… y ese hombre hablaba demasiado… —No pudo ocultar su angustia. Jamás pudo encontrar el puesto donde podía conseguir un test de embarazo, y la incertidumbre que sintió ese día volvió aumentada—. De pronto se calló, pero algo debió pasarle, porque cayó al suelo y tenía mucha sangre… entonces yo… —Ahora sus manos subieron a su pecho, asustada de recordar el momento y el dolor que sintió. Bajó su camisón para revisar su pecho, y tal como supuso, dos pequeñas marcas arruinaban su piel—. ¡Mierda! —exclamó con la poca energía que contaba—. ¡Intentaron matarme!

Su primer impulso fue levantarse, pero el hombre se adelantó a ella y obligó a continuar acostada. Vegeta debió sentarse a su lado y tomarla de los hombros para calmarla.

—¡Fue tu papá! ¡Es obvio que fue él! ¡Debió haber enviado a alguien para atacarme! ¡Maldito infeliz! ¡¿Cómo demonios se atreve?!

—Tranquila, no volverá a suceder.

—¡Por supuesto que no! ¡¿Dime qué pasó?! ¡¿Qué le hiciste?!

—Ahora no hablaremos de eso. Tienes que descansar y comer. Debes reponer energías.

—¡Pero necesito saber qué pasó! ¡Vegeta, intentaron matarme! —Ahora ella lo tomó de un brazo y apretó. No podía creer lo que había sucedido. Ella sabía que no era del agrado del rey, pero jamás pensó que llegaría a tal punto. Él era un asesino, al igual que la gran mayoría de los habitantes del planeta, pero creyó que algo de honor tendría al tratarse de la mujer de su hijo.

—Lo sé, no tienes que decírmelo —respondió molesto.

—Entonces dime por…

—¡Haz lo que te digo alguna vez! —Levantó considerablemente la voz, pero la normalizó enseguida, aunque su enojo continuó igual —. Nada de esto hubiese pasado si me hubieses obedecido, pero tienes la estúpida costumbre de contrariar cada decisión que tomo, y mira cómo terminaste. Ahora te vas a quedar acostada y vas a comer. Eso es todo lo que te debe importar ahora. —Se levantó y caminó hacia la puerta. No quería hablar ahora, y ella lo estaba alterando demasiado.

—Lo que pasó no fue mi culpa, si es lo que intentas decir. No confías en mí y yo…

—¿Cuándo me ibas a decir que estas embarazada? —Soltó la perilla y se volteó para mirarla. No tenía pensado hablarlo ahora, pero su actitud terminó hartándolo.

Los ojos de la mujer se abrieron tanto, que por un momento pensó que se saldrían de su órbita. Ahora ambas manos fueron a su vientre de forma protectora, asustada de que el ataque le hubiera hecho algo a su bebé. No lograba entenderlo, pero hace poco, cuando no sabía si estaba embarazada, no creía estar preparada para ser madre. La idea de un hijo se veía tan lejano que parecía la historia de alguien más, pero ahora al escuchar eso, la hacía darse cuenta que haría cualquier cosa por ese niño o niña que venía en camino.

—Es mi hijo a quien llevas. No iba a morir tan fácilmente —dijo al notar la preocupación en su rostro. Eso lo hizo pensar que tal vez ella no sabía del embarazo, pero era imposible, se supone que las mujeres debían darse cuenta de eso. Él ignoraba completamente del tema, pero también se daba el caso que Bulma era demasiado distraída para ciertos asuntos, y no sería de extrañarse que fuese una sorpresa para ella.

—No lo sabía. Lo sospechaba, pero no lo sabía —susurró, aclarando de paso la duda del hombre—. Es por eso que fuí al mercado. Necesitaba hacerme un test para confirmarlo.

—Está el laboratorio, podías haberte hecho un examen ahí mismo, sin salir y exponerte.

—Es algo personal, Vegeta —respondió seria, un poco enojada—. Si lo hacía en el laboratorio todo el mundo se iba a enterar en menos de cinco minutos.

—Yo también. ¿Por qué querías ocultarlo de mí?

—No quería ocultarlo de ti. No seas egocéntrico. Por supuesto que te iba a contar, pero quería tiempo para mí, para pensar. Jamás pensé que tendría un hijo bajo estas circunstancias. ¡Y mucho menos se me pasó por la cabeza que tu padre mandaría a uno de sus matones para asesinarme!

Vegeta no dijo nada. Simplemente se mantuvo junto la puerta, con la mirada perdida en ella, en esa cama, en los aparatos médicos que la rodeaban y en su aspecto cansado y enfermo, y todavía tenía carácter y fuerza para discutir para salirse con la suya y tener la razón en todo.

—¿Qué? ¿No me vas a decir nada?

—Preocúpate de descansar y comer. Hablaremos más tarde. —Inmediatamente después abandonó su cuarto. No quería actuar tan pronto, pero ya no le quedaba tiempo y a cada minuto que pasaba, la vida de su mujer e hijo corrían peligro. No permitiría que nada ni nadie los lastimaran, y si eso significaba alejarlos de él, así sería.

Horas más tarde, Bulma descansaba satisfecha sobre la cama. Había comido todo o más de lo que no se había alimentado en todos estos días, pero no le importó ganar unos kilos de más luego de aquel descomunal banquete, estaba demasiado molesta por toda la situación y la única forma era desquitarse con la comida. Ni siquiera podía beber vino para calmarse, y eso la enfurecía mucho más. No podía creer que el hombre que ordenó el ataque continuara bajo el mismo techo que ella. Sí, él era el rey, y ella hace poco una esclava, pero ahora era la mujer de su hijo, y no solo eso, también la cabeza del laboratorio, una persona importante, un cerebro valioso que debía ser resguardado.

Al menos ahora podía moverse por el cuarto. Hace uno minutos, los doctores habían regresado para revisarla, y ya que Vegeta no se encontraba, aprovechó para ejercer su autoridad como princesa y les ordenó liberarla de los cables y agujas que la mantenían en la cama. En un comienzo se negaron, por temor al príncipe, pero ella también sabía cómo asustar. Aprovechó de preguntar por el estado de salud de su hijo, y se alegró al saber que, si bien, el ataque lo mantuvo grave, fue el primero en recuperarse, e incluso pudo haber sido el causante de la mejoría de ella por su sangre saiyajin. No habían transcurrido muchas horas desde que se enteró de su embarazo, pero ya sentía que amaba a su pequeñín.

Se dio un largo baño de tina para distraerse. Estaba enojada con Vegeta por no haber dicho nada sobre su hijo, pero en cuanto recuperara energías se encargaría de hablar del tema, y por supuesto el asunto de su padre. Tal vez en Vegetasei era común los asesinatos por encargos, pero por mucho que ella se hubiese adecuado a la atmosfera violenta del planeta, no permitiría que esto quedase impune. Seguramente ya había hecho algo al respecto y no quería decirle nada, pues entonces se encargaría de sacarle toda la información. Ella no era una niña pequeña para que le ocultaran las cosas.

Después del reponedor baño, se cambió el camisón por uno más lindo y corto. Se miró al espejo, de lado, por el otro perfil; inspeccionó su espalda, sus piernas y apoyó las manos en su abdomen. No le agradaba la idea de subir de peso, amaba su cuerpo perfecto y sus curvas, pero el tener un hijo, y de Vegeta, era algo que le arrancaba una sonrisa. Desafortunadamente su felicidad no duró demasiado al ver las pequeñas marcas que dejaron los rayos en su piel. Definitivamente no podía tener un hijo bajo esas circunstancias.

Escuchó la puerta del cuarto cerrar, luego la voz de Vegeta llamándola por su nombre. Dejó el espejó y salió del baño para encontrárselo. No le gustó para nada su rostro.

—Te ves repuesta —comentó serio, cruzado de brazos.

—Tú sí que sabes ser galán —dijo irónica.

—Ordenaste a los doctores que quitaran las máquinas.

—Ya no eran necesarias. Después de comer me sentí mucho mejor, y quería ir al baño por mí misma.

—Sigues tomando decisiones sin consultarme.

—¿Ahora tengo que pedirte permiso para ir al baño? —Apoyó las manos en las caderas y lo miró desafiante, pero se dio cuenta que algo le pasaba, algo que iba más allá de todo lo que había sucedido. Vegeta tenía algo que decirle y por lo visto le estaba costando demasiado hablar.

—Bulma, ve y recuéstate, aún debes descansar.

Le obedeció, pero no porque él lo dijera, sino porque estaba muy cansada.

—Tengo algo que decirte—comenzó Vegeta. Se movió de su lugar, hasta llegar a los pies de la cama, para mirarla mejor.

—Yo también tengo mucho que decirte, para empezar por…

—No Bulma. Yo voy a hablar. Y tú vas a escuchar. —No esperó a sus predecibles quejas y continuó—: Debido a los últimos acontecimientos, y al hecho que esperas un hijo mío, y a que insistes en no seguir mis órdenes, he tomado una decisión. Mañana a primera hora abandonarás el planeta. Serás escoltada por…

—Espera un poco. —No le gustó cómo sonaba todo, y le importaba un carajo que no quisiese interrupciones—. ¿Dónde voy a ir? Supongo que tú vendrás conmigo.

—Serás escoltada por soldados de mi confianza que irán contigo hasta que estés a salvo. —Continuó como si no la hubiese escuchado—. El viaje a la Tierra es largo, pero estás en condiciones de soportarlo. Un doctor también los acompañará en caso de cualquier malestar.

—A la Tierra ¿Por qué me envías a la Tierra? —Frunció el ceño y levantó un poco la voz. No entendía, o más bien dicho, no quería entender de qué hablaba—. ¿Por qué me envías tan lejos?

Vegeta se cruzó de brazos y miró hacia otro lado antes de responderle.

—Es la única opción para salvarte la vida. Ni siquiera yo puedo protegerte de mi padre.

Bulma sintió que el mundo se detenía en ese momento. No podía ser cierto lo que salía de la boca de Vegeta.

—No digas eso.

—Te irás mañana antes que salga el sol.

—¡No puedes decidir eso por mí! —No tardó en alterarse.

—No voy a discutir esto contigo. Debes irte de aquí. —respondió duro, y en voz alta.

—¡Debe haber otra solución! ¡Tal vez si tú…!

—No hay otra solución. Te irás mañana.

—¡No puedes hacerme esto! —Golpeó el colchón con ambos puños cerrados. Si fuera por ella se pondría de pie y correría hacia él para golpearlo, pero tenía miedo de caer al suelo y lastimar a su hijo. Se sentía demasiado cansada y toda su energía estaba dirigida a su voz—. Quieres deshacerte de mí. Te enteras que estoy embarazada y lo más fácil es mandarme lejos para continuar con tu vida.

—No voy a seguir con esto. Debes descansar. —Caminó hacia la puerta, pero se detuvo cuando la vio intentando levantarse—. Quédate en la cama.

—¡Vamos a seguir con esto! ¡No puedes decirme que me vas a mandar a la Tierra y luego irte! ¡Y si te vas de este cuarto te juro que te seguiré donde sea! —Apoyó los pies en el suelo alfombrado y se concentró en su respiración para calmarse y poder continuar—. Dime la verdad, ¿es porque estoy embarazada? —Le dolía cada palabra que decía, pero prefería preguntar enseguida y salir de la duda, ya que en el caso de ser así, tomaría sus cosas y no esperaría hasta mañana para irse.

—Mi padre va a asesinarte si continuas aquí, y bastante me ha costado ocultar lo de tu embarazo. Ya estarías muerta si él supiera que esperas un hijo mío.

—Eres un cobarde —susurró tensa, con los ojos llorosos, pero resistiendo para no largase a llorar.

—No digas eso —dijo molesto. Nadie jamás podría tratarlo de cobarde.

—Estoy esperando un hijo tuyo, y por miedo a tu padre me envías lejos. ¿Qué te hace pensar que te esperaré? —Lo miró a los ojos. Odiaba ver tal frialdad, mientras que ella expresaba tanto dolor y decepción.

—No tendrás que esperarme. No volveremos a vernos, de lo contrario podrían encontrarte y matarte —comentó sin ninguna emoción.

Eso le dolió demasiado. Si el ataque que sufrió por el soldado del rey no la mató, Vegeta se estaba encargando de darle el golpe de gracia.

Lo de ellos había comenzado por motivos superficiales y completamente diferentes a lo que los unía ahora. Todo fue tan condenadamente rápido, pero fue como se dieron las cosas. Ella no esperaba enamorarse de él, ni tampoco que él se interesara tanto en su persona como para nombrarla su mujer ante todo el planeta, pero luego de escucharlo hablar así, le hacía sentir que todo no había sido más que una tonta ilusión con fecha de vencimiento.

—¡Cobarde! —No se dio cuenta y ya estaba de pie junto a él. Vegeta intentó tomarla del brazo y llevarla de regreso a la cama, pero ella no lo dejó y terminó abofeteándolo en la mejilla—. ¡¿Qué clase de guerrero eres?!

Él no respondió y eso la lastimó mucho más. Ella que había dejado todo por él. Había renunciado a la posibilidad de ser libre, volver a su planeta y ver nuevamente a sus padres que hasta el día de hoy sufrían por no saber de su hija. Todo por él, ¿y cómo le pagaba Vegeta? Se deshacía de ella por temor a las amenazas del rey. Encontraba la salida más fácil, la del cobarde y la mandaba lejos para dejar todo lo que vivieron atrás. Como si estuviese regresando a la ramera al harén porque ya no tiene gracia, ya dejó de serle útil y era hora de cambiarla por otra. Muy poco le importaba que insistiera en que lo hacía para protegerla, no iba a comprarse eso.

Las piernas le fallaron. Era demasiado para ella que llevaba menos de un día despierta luego del ataque que la mantuvo al borde de la muerte. Vegeta la tomó de los brazos, pero ella volvió a golpearlo en el rostro, junto con un grito y amenaza para que no volverá a tocarla, pero no la escuchó. La tomó en brazos y dejó en la cama. La joven se secó las lágrimas con las manos, desesperada, intentando no llorar, pero le era tan difícil, especialmente al verlo tan frío. Ella sabía que no era un capricho más, que él sentía algo fuerte, y eso la mataba más, porque optaba por ignorar todo eso para no tener problemas con el rey, en lugar de luchar por ella y el hijo que venía en camino.

Parece que a fin de cuentas, no era tan grande lo que sentía Vegeta.

—No, tú no eres así. No juegues a ser el saiyajin despiadado conmigo, porque no lo eres. Sé de lo que eres capaz y lo que has hecho conmigo. —Casi no podía controlarse, estaba furiosa por tener esta estúpida discusión—. ¿Ya no recuerdas la noche que fuiste a la guerra? Lo que me dijiste, lo que hicimos. Yo no inventé nada de eso, Vegeta… Y si quieres que me vaya, lo haré, porque no le rogaré a nadie nunca, pero no pienses buscarme. Esto se acaba ahora. Si tú no quieres luchar por mí en el momento que debe hacerse, no pierdas tu tiempo después. —No le rogaría, ni le diría todo lo que dejó por él—. Porque no creo que lo haces para protegerme, sé que debe haber algo más.

Se miraron a los ojos. Ella creyó ver arrepentimiento en él, que se retractaría y haría algo por retenerla a su lado, o al menos le diría la verdad, y no todo a medias como acostumbraba hacerlo, pero el tempano en su mirada regresó, junto con las últimas palabras para asegurar su partida.

—Esto se acabó, Bulma. No quiero una mujer que no es capaz de seguir una simple instrucción. El juego me divirtió por la novedad, pero esto ya ha llegado demasiado lejos. Soy un guerrero que va a misiones a matar, no el guardia personal de una mujer que busca constantemente meterse en problemas porque cree que sigue en su planeta. Luego del torneo se anunciará mi compromiso con una guerrera saiyajin, como siempre debió haber sido. Y tú y ese niño ya no son parte de mis planes. ¿Es eso lo que querías oír? —concluyó severo.

En ese momento dejó de observarlo. No se merecía una sola lágrima de su parte, ni una palabra, ni mirada. Debería haber dicho eso desde un comienzo, en lugar de que la enviaba lejos por su seguridad personal, así se hubiera ahorrado este mal rato.

Vegeta destensó los puños y fue hasta la puerta.

—Puedes pasar la noche en mi cuarto. Mañana vendrán soldados a buscarte.

Ella no le respondió, y él abandonó la habitación.

Por supuesto esa noche no durmió nada. Estuvo acostada y sin energías intentando no llorar, aunque a ratos se le hacía imposible. Luego, cuando ya no le quedaban más lágrimas, se dio vueltas en la cama, intentando pensar en otra cosa, resistiendo para ser fuerte y no sufrir por alguien que no lo merecía, pero la angustia regresaba, y en especial cuando pensaba que volvería a ver a sus padres, después de haber escogido a Vegeta por sobre ellos. Sentía que no tendría cara para hablarles, abrazarlos, y por supuesto ellos serían capaces de perdonar cualquier cosa, porque la amaban, entonces el llanto regresaba por no ser merecedora de ese cariño verdadero. Sabía que sus actos tendrían consecuencias, pero no tan pronto.

En medio de la noche, la impulsividad la obligó a levantarse, e ir hasta la puerta para encarar una vez más a Vegeta, pero su orgullo fue más grande y la detuvo antes de abrir la puerta. Ella no había hecho nada malo, si alguien debía acercarse ese era él, y de todas formas, no estaba dispuesta a escucharlo, y mucho menos perdonarlo. Si tanto le teme al rey, que se case con cualquier maldita saiyajin y le de los malditos herederos que tanto quiere. Ella volvería a su planeta y retomaría la vida desde donde la dejó. Estaba segura que no le costaría, era capaz de todo, de lo más imposible, después de todo, no cualquiera puede sobrevivir como ella lo hizo por más de cuatro años en un planeta tan hostil. Pero esa etapa había acabado, la esclava debía morir para dar paso a la Bulma empresaria, dueña del mundo y porque no decirlo, toda una reina en su planeta. Su hijo crecería como un niño normal, con una vida de príncipe, pero sin guerras y muertes. Al menos la cobardía de Vegeta la ayudaba a tener a su hijo en un lugar pacifico para crecer.

Si él quería dejarla por miedo a su padre y buscar una mujer para complacerlo, era su problema, ella sufriría esta noche y mañana se preocuparía de su futuro en la Tierra con sus padres e hijo.

Con eso en mente, regresó a la cama, se arropó y abrazó su vientre. Trató de dormir, y lo consiguió, al menos por algunos minutos, hasta cuando el llanto regresaba. Y así fue como continuó las siguientes horas, hasta cuando ya era el momento de levantase.

Se vistió, y guardó un poco de ropa en un bolso. Estaba tan desanimada que ni siquiera intentó llevar toda la linda ropa que habían hecho para ella. No quería nada que le recordara el planeta, llevaría solo lo necesario para el viaje, aunque claro, su hijo se encargaría de evocar a diario todo lo vivido en Vegetasei.

Se puso de pie y caminó por la amplia habitación. Necesitaba estirar las piernas y reponerse, ganar fuerzas y ser capaz de sostener su propio peso. Sentía como si no hubiese comido en días, pese a haberse atragantado con tanta comida hace unas pocas horas. Seguramente se debía a la sangre de saiyajin de su hijo. Se miró al espejo y trató de sacar más barriga para imaginarse cómo sería en unos meses más, cuando se notase el embarazo. Sonrió divertida, para cuando llegase a la Tierra ya sería evidente, así que sus padres se llevarían doble sorpresa.

Por un momento la pena pasó a segundo plano. A cada minuto que pasaba, la idea de tener un hijo, le gustaba más. Y si ya podía sonreír pese a toda la situación, no quería imaginar toda la dicha que sentiría cuando lo tuviese en sus brazos.

Vegeta había sido su motivo, su única razón para quedarse en un planeta que no le ofrecía nada. Había fallado miserablemente al apostar por él, pero ahora surgía una nueva motivación para centrarse en ella y luchar.

Escuchó la puerta abrir. Se dio vuelta, esperando a Raditz. Quien más que él podría acompañarla en un viaje tan largo, pero su sonrisa se esfumó al ver a Vegeta.

El hombre cerró la puerta y la observó. Notó enseguida que había llorado.

—¿Qué haces aquí? —dijo enseguida Bulma—. Pensé que Raditz iría conmigo.

—Aguarda en la nave, junto con los otros soldados —respondió con la misma frialdad de la noche anterior.

—Si estás aquí para asegurarme que me voy, tranquilo. No pienso seguir ni un minuto más en este planeta.

Tomó su pequeño bolso y se puso el abrigo que había dejado en la cama. Todo lo necesario lo llevaba en un par de capsulas, por lo que viajaba ligero. No pudo evitar sentir ganas de llorar nuevamente, y ella que pensaba que ya no le quedaban más lágrimas, pero se mordió el labio y caminó hacia la puerta, con la mirada en alto y evitando contacto visual. Vegeta se hizo a un lado, le abrió la puerta y esperó a que saliera para ir detrás de ella.

Caminaron en silencio por los pasillos. Sorprendentemente, no había ningún soldado. Al parecer, era verdad lo secreto del viaje, pero entonces, ¿por qué Vegeta no le decía nada? ¿Sería verdad que la enviaría a la Tierra? ¿Realmente anunciaría su compromiso con una guerrera? Estaba nerviosa, y él continuaba frío, actuando como si todo se hubiese acabado. No había miradas de reojo, deseo, calor, nada. Pero si ya no quería estar con ella, ¿por qué continuaba cuidándola? ¿Realmente tenía miedo de su padre y esta era la única forma de protegerla? Pero no podía ser posible. Él era un estratega, casi tan inteligente como ella, y debía encontrar otra forma de estar juntos. Ella no estaba loca, lo que pasó entre ellos no fue algo que solo pasó por su cabeza, pero continuaban caminando y Vegeta jamás la miró, y mucho menos habló.

Volvió a morderse el labio para no llorar. Estaba en una situación de desventaja. Embarazada y sin un poder de pelea o ejercito de su lado, no había nada que pudiese hacer, salvo obedecer la orden de Vegeta y marcharse.

Al salir por una puerta, llegaron al jardín interno de los cuartos de entrenamiento. Bulma reconoció el lugar; por ahí había pasado cuando Raditz la llevó a hablar con Vegeta, éste lucía muy malherido y cansado luego de usar su nave que ella modificó. Esa noche hablaron sobre construir la cámara de gravedad. No había sido hace mucho, pero se sentía una eternidad ahora que miraba hacia atrás. En ese momento ella quería congraciarse con él para conseguir privilegios y favores y él solo la quería llevar a la cama, pero al ver que además de cuerpo también tenía cerebro, decidió retrasar la primera idea para ver qué podía conseguir. Meses después acababan en el mismo lugar, pero sin mirarse, sin el fuego en sus miradas y a punto de no volver a verse.

—¿Dónde está la nave?

Como respuesta, Vegeta la tomó en brazos y levantó vuelo, sin abrir la boca. Todo sucedió tan rápido que Bulma no tuvo tiempo de reclamar por el acercamiento, y debió abrazarlo cuando notó a la altura que se encontraban. Afortunadamente no iba tan rápido y su abrigo la protegía del frio viento de la mañana. Lo que duró el trayecto, ella lo observó, pero no dijo una sola palabra, esperaba que él lo hiciera, pero Vegeta mantuvo la vista en el camino en todo momento. No podía creer que estuviera sucediendo, pero así era, y en casi veinte minutos de silencio y frío, finalmente descendió en tierra firme, donde una nave de similares características a la que viajaron Milk y Gohan, la esperaba. Afuera de la nave aguardaba Raditz, junto a tres soldados más y el doctor que la había revisado el día anterior.

Ya no había vuelta atrás. Pensaba que en cualquier momento Vegeta diría algo y todo volvería a ser como antes, pero todo indicaba que estos eran sus últimos minutos en Vegetasei. Se sentía tan impotente de no poder hacer nada, de no ser ella la que decidía sobre su vida, pero al final de cuentas, nunca dejó de ser más que una esclava.

Entonces, se dio cuenta que no volvería a verlo más.

—Está todo listo, príncipe.

—No pierdan tiempo, deben…

—Un momento —interrumpió a Vegeta delante de sus hombres, pero no le importó—. Aguarden en la nave. Necesito hablar con el príncipe.

Ninguno de los hombres se movió, pero miraron al hijo del rey en espera de alguna orden. Vegeta hizo una seña con la cabeza para que fueran a la nave.

En cuanto quedaron solos, ella lo tomó del rostro y besó en la boca. No le dio tiempo ni de procesar lo que le hizo, y antes de poder siquiera pensar en tocarla o alejarla, lo soltó y terminó el contacto.

—Realmente se termina aquí —susurró triste, pero sin llorar. El viento sopló con fuerza y su cabello se fue hacia adelante. Tontamente esperó la mano de él para regresarlo detrás de su oído, como solía hacerlo, pero nunca sucedió. Mucho menos tendría su pulgar acariciando su labio.

—Si quieres seguir viva es mejor que te vayas ya. —susurró con el ceño fruncido.

—Eres un idiota —respondió enojada.

La impulsividad había sido uno de los puntos fuertes en esta relación, y por supuesto no podía no estar presente en esta despedida. Lo tomó del rostro y volvió a besar, pero esta vez no se separó y abrió la boca para comerse los labios del maldito que la enviaba lejos porque según él, la estaba protegiendo, pero no sería capaz de entenderlo.

La razón de Bulma había sido Vegeta, pero él había escogido miles por sobre ella. Ya no había nada más que hacer en el planeta.

Molesta le mordió el labio más fuerte de lo habitual, lo que consiguió el despertar del hombre que había estado estático. Abrazó su cintura con ambos brazos y la atrajo hacía él hasta dejarla sin aliento, casi lastimándola contra la dura armadura. Ella lo besó con pasión y el dolor de un abrupto final. Él, fiero como siempre, se encargó de llevarse todo de ella en ese beso, casi delatando sus sentimientos por no verla más.

Bulma terminó el beso de forma abrupta. Si no tenía poder, al menos tendría la última palabra en algo que ella no tuvo participación, ni fue consultada. Justo cuando la mano de él se acercaba para seguramente, acariciar su labio con el pulgar, la joven retrocedió sin dejar de mirarlo.

Ya que él no fue capaz de luchar por ella, no le daría la satisfacción de tocarla de esa forma. Debería vivir con eso y tratar de buscar en otra lo que encontró en ella sin estar buscando. Pero estaba segura que fallaría miserablemente, aunque buscara de forma inconsciente.

El viento movió su cabello hasta regresarlo a su rostro. Sola lo puso detrás de su oreja y miró sus ojos azabache por última vez. Cuando estuvo más cerca de la nave, se dio la vuelta para entrar.

La puerta se cerró detrás de ella y no volteó a mirar hacia atrás.

Vegeta no se movió de su lugar hasta que la nave se perdió de vista. Aguardó unos minutos más en ese mismo lugar, observando el cielo rojizo de la mañana. Cuando pasó el tiempo calculado que una nave de esa clase requiere para alejarse lo suficiente de Vegetasei, levantó vuelo de regreso a palacio. Tenía mucho por hacer.

Al volver llegar, caminó directo a su objetivo. No se detuvo para nada, ni nadie, pero antes de llegar al lugar deseado, su padre se cruzó en su camino. Lo ignoró y continuó avanzando, mas su padre tenía otros planes en mente.

—Vegeta.

El príncipe se detuvo, pero no volteó.

El rey, de muy buen humor, caminó y se tomó la molestia de ponerse frente a frente con su hijo. Debió mirar hacia abajo pera tener contacto visual, pero Vegeta miraba hacia el frente.

—Estoy contento hijo. Por fin podrás concentrarte en lo que importa.

—Veo que ya te enteraste —respondió conteniendo su frustración.

—Por supuesto, hijo, yo me entero de todo. Soy el rey, ¿lo olvidas?

—Por supuesto que no, padre.

—Ahora solo queda continuar preparándose para el torneo. Quedan menos de tres semanas, y quiero que acabes con todos en poco tiempo. Debes ganar.

—No hay duda de eso —dijo altanero.

—Antes del torneo debes decirme el nombre de la saiyajin que has escogido para que sea tu mujer. Hay muy buenas candidatas en las filas del ejército de elite. —Le dio una palmada en el hombro.

Ante esa acción, Vegeta lo miró de reojo y respondió:

—Escoge la que quieras. No me importa. —Retomó la marcha.

Pasó por fuera de la biblioteca, por los pasillos donde discutieron tantas veces y en otras ocasiones se entregaron a la pasión desbordante de la que eran presa; por fuera de su habitación, que pasó a ser de ella también por la gran cantidad de cosas que dejó y por el prolongado tiempo que la habitó. Caminó sin cambiar el ritmo decidido de su paso por fuera del cuarto que se supone ocuparía ella, pero que solo usó para llenar de robots descompuestos, máquinas a medio construir y ropa desordenada. Continuó por más pasillos de habitaciones vacías, donde alguna vez se encontraron cuando él salía de entrenar y ella quería sorprenderlo con algún obsequio para mejorar su desempeño como guerrero, o pedir algún obsequio por ser tan eficiente como científica, porque nunca se consideró una esclava, y todo lo que le hacía y se dejaba hacer en la cama, era porque lo disfrutaba, y no por obligación.

Se detuvo cuando la puerta reforzada frenó su camino. Ingresó los seis dígitos de la clave que solo él y ella sabían y entró a su preciada cámara de gravedad. Observó su interior, sin moverse. Había pasado muchos días desde que no la usaba y sentía había sido una eternidad. Pues bien, era hora de recuperar el tiempo perdido.

La puerta se cerró detrás de él y no volteó a mirar hacia atrás.


Continuará…


ESTE HA SIDO EL PENULTIMO CAPÍTULO

Ya no queda nada para el último capítulo de esta historia que comenzó con el solo propósito de distraerme de un sinnúmero de problemas que me aquejaban en ese momento. Nada más que cuatro y o cinco capítulos, pero que se alargó a lo que vemos ahora.

No voy a comentar, lo dejaré para el siguiente capítulo que es el final. Pero les aviso que anunciaré una pequeña sorpresa :)

Ahora debería estar leyendo para una prueba, pero mandé a Carolina a descansar para que Dev se relajara un poquito. Así que agradezco mucho a los rws, follows y favs. Adoro que les guste esta historia tanto como a mí. En verdad, gracias.

Dedico este capítulo a mi linda Karen o Vasi, la primera que se acercó a hablarme cuando hice el facebook de Dev, y cuatro años después seguimos juntas. Te quiero mucho.

Bueno, me despido, espero sus comentarios y nos leemos la próxima semana con el final de Una Razón. Besotes!

Con cariño,

Dev.

30/08/16.