Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.


Una Razón


XIII


Si ahora mismo yo me voy

no te pongas a llorar.

Nuestra historia es mucho más

que la historia de un final.

(Manuel García, María)


Apoyó los brazos en los bordes de la tina. Su espalda descansaba contra la curva de la bañera y el agua caliente cubría parte de su abdomen. Sentada sobre sus piernas estiradas, Bulma lo atendía con una esponja y jabón para quitar la sangre seca de su cuerpo, luego de un día arduo de entrenamiento. La mujer se preocupaba de mojar las heridas y pasar sus manos con especial cuidado para no causarle alguna molestia, todo bajo la atenta mirada del príncipe, quien no sentía dolor alguno ante heridas tan insignificantes, aun así guardaba silencio y dejaba que ella lo tocara como quisiera, luego se encargaría de añadir brusquedad entre los dos, mientras tanto se dejaba atender por la hermosa joven desnuda.

¿Hay muchas razas guerreras en el universo? —preguntó con voz suave y sumisa, preocupada en hacerlo disfrutar. Bulma jamás se vio a sí misma como una esclava, pero a veces le encantaba jugar a pretender que lo era, especialmente cuando él respondía tan bien.

Muchas, pero ninguna como la nuestra.

¿Y qué los hace tan especiales? —Llevó la esponja llena de agua hasta su pecho para dejar caer el líquido caliente.

Toda nuestra existencia está basada en el combate.

Me daría miedo verlos atacar un planeta. —Metió la mano en el agua para tomar el rabo del hombre y asearlo—. Físicamente son exactamente iguales a los humanos, salvo por la cola. ¿Cómo es la transformación?

Es la luna blanca la que nos permite alcanzar la transformación. Cuando la adoptamos ya no hay vuelta atrás. —Tensó la mandíbula cuando la vio llevarse su rabo a la boca, como si se tratara de su pene—. Hemos arrasado con planetas enteros en menos de tres días gracias a ese poder que se desata al estar bajo la luna llena.

El hombre continuó hablando de su trasformación, de sus batallas y glorias de guerrero pese a la insoportable erección. Afortunadamente ella actuó y sentó sobre éste. Se meció con lentitud, sin dejar de mirarlo a los ojos, atenta a su relato y a él.

No la tocó. La dejó moverse a su ritmo, mientras se deleitaba de la vista y sus gemidos. Estaba demasiado excitado al hablar sobre sus victorias y con ella encima retorciéndose de placer. Sintió deseo de morder sus pezones duros, no podía continuar indiferente a las sensaciones por mucho tiempo, en especial con tan seductora mujer alcanzando el orgasmo. En ese preciso momento dejó de hablar para tocarla. La sacó de la tina y llevó a la cama para continuar con sus historias de guerra y follarla con brusquedad hasta hartarse.


(…)


Dejó de contar las flexiones de abdominales cuando llegó a cuatro mil. Estaba tan ensimismado, tan concentrado en su rutina que el tiempo y cansancio pasaron a segundo plano. Luego de cuatro días encerrado en su cámara de gravedad, había logrado dejar atrás la capacidad de percibir el tiempo, de ese modo todo su ser estaba centrado en lo único que importaba. Su mente, cuerpo y espíritu trabajando en equipo para lograr lo que debió haber hecho hace mucho tiempo.

No sabía que ya eran diez días entrenando, castigando su cuerpo y la cámara. Ya no tenía vendas para curarse, ni ganas de preocuparse de eso. Su sangre había decorado el lugar de tal forma que cualquier sádico quedaría fascinado. Por supuesto él también.

Lo único que interrumpía a ratos su concentración eran las imágenes de ella apareciendo inoportuna. Ya no sabía si se trataban de recuerdos o sueños despierto, porque también se había olvidado de dormir, al igual que de comer o descansar, y eso le estaba pasando la cuenta.

Estaba muy cerca de colapsar, y no solo él. Sin descanso ni mantención, la cámara estaba siendo llevada a los extremos. Muy pronto, uno de los dos terminaría muy mal y arrastraría al otro consigo.


(…)


—No hay de qué preocuparse, señora. Sólo fue un poco de turbulencia, nada de peligro. Cambiaremos un poco el rumbo para alejarnos de la basura y rocas espaciales y así la nave no volverá a ser golpeada nuevamente. Lamento que esto haya interrumpido su descanso.

—¿Hasta cuándo me vas a decir señora? No soy señora de nada. Mi nombre es Bulma, y no me asusté por un tonto golpe en la nave. —Se cruzó de brazos, molesta porque Raditz aún no la llamaba por su nombre, pese a repetírselo a diario—. ¡Y no me gusta que me siga ese enano loco cada vez que salgo de mi habitación! —gritó al mismo tiempo que lanzaba un golpe al doctor por insistir en revisarla en cuanto asomaba la nariz fuera de su cuarto, pero no tenía otra opción, ya que la última vez que intentó entrar, terminó con una herida en la cabeza por el vaso que ella le lanzó.

—Pero señora, es mi deber chequear sus signos vitales y los de su hijo.

—¡No! Tu deber es no molestarme y venir solo cuando yo te llame, y no te he llamado nunca. Si algo me hace sentir mal son todos ustedes y la maldita nave que tarda demasiado en llegar a la Tierra.

—Si gusta, señora —respondió Raditz—. Puede usar una de las cápsulas para inducirse al sueño y despertar cuando ya hayamos llegado a destino.

—Ni loca haría eso en un lugar tan pequeño y con ustedes como acompañantes. Y mi nombre es Bulma, no señora. ¿No se supone que debes obedecerme en todo?

—Así es, señora.

—Entonces te ordeno que me llames por mi nombre.

—Como usted ordene, señora… Bulma —dijo incómodo.

—No tienes remedio, no sé qué vio Milk en ti, pero claro, hasta un simio de mi planeta es mejor partido que tu hermano. —Llevaba muchos días de mal humor y nadie ayudaba en eso. Optó por regresar a su cuarto e intentar dormir. Era lo único y más entretenido que podría hacer, y se le hacía sumamente fácil, ya que si no estaba comiendo o discutiendo con alguien de la tripulación, estaba durmiendo.

Se aseguró de cerrar la puerta para que el doctor no intentara entrar.


(…)


Cuando salió del baño, luego de una ducha rápida, la encontró profundamente dormida sobre la cama. La miró unos segundos antes de ir por una copa de vino. Inconscientemente observó la chimenea para comprobar que siguiera encendida, ese hábito adquirido, solo porque ella era muy delicada para las bajas temperaturas del planeta comenzaba a descolocarlo un poco. Jamás se había preocupado tanto por algo o alguien además de su propia persona, y ahora siempre tenía en mente si la estúpida chimenea estaba encendida o no.

Se sentó en el sofá, y con calma bebió el vino, sin quitarle la vista al fuego que calentaba la habitación. La copa ya estaba vacía y él continuó en el mismo lugar, sin dejar de mirar, sin moverse, sin pensar, porque eso último lo llevaba a senderos que jamás recorrió y estaba seguro no le agradarían. Él no había nacido para experimentar sentimientos débiles y sin sentido, y era por eso que los últimos días no se permitía analizar la situación. Simplemente continuaba disfrutando y entrenando.

Se puso de pie. Iría a entrenar en este mismo momento. No se preocuparía en vestirse, tenía todo lo que necesitaba en su cámara de gravedad.

Al pasar por la cama, se detuvo para observarla. Dormía boca abajo, totalmente destapada, por lo que pudo apreciar su cuerpo y las marcas dejadas por él debido al sexo brusco. Notó la forma de sus dedos alrededor de su muñeca y brazos, las piernas tampoco se salvaron; incluso su cuello tenía la firma de él. Pese a que debía contenerse para no lastimarla, a veces se descontrolaba y se le pasaba la mano, pero ella no se quejaba, parecía disfrutarlo.

La observó unos minutos más hasta que hizo una mueca de desagrado. No hacia ella, sino que para él mismo por estar perdiendo el tiempo de esa manera.

La tapó hasta el cuello con un cobertor y salió del cuarto a paso raudo. No podía continuar perdiendo el tiempo.


(…)


No había soldados en las cercanías, pero la explosión fue tan violenta que se sintió casi en todo el palacio. La única persona que vivía en esa área era el príncipe, y no dudaron en correr para comprobar que estuviera bien. Cuatro guerreros llegaron primero al lugar del accidente, casi no reconocieron el pasillo ni sus alrededores, ya que no había paredes y mucho menos mobiliario y lo poco que quedó en pie quedó irreconocible. Debieron apresurarse en apagar las llamas o podría terminar todo mucho peor.

Para cuando llegaron tres soldados más, los primeros ya habían logrado remover escombros de piedra y metal hasta llegar al área donde el hijo del rey solía entrenar encerrado día y noche, especialmente después que se deshizo de esa humana débil que lo tenía tan raro. Todos comentaron lo que había hecho esa simple mujer con él, no había lugar donde no se hablara sobre el príncipe saiyajin domado, incluso en otros planetas era tema de conversación. Pero claro, siempre a escondidas por temor a la reacción del violento y sanguinario príncipe, y también del rey, quien había sido el único capaz de controlarlo, quizás la única persona más poderosa que él y ahora todo el mundo temblaba ante lo que podía hacer el monarca.

Cuando el príncipe regresó a sus entrenamientos, encerrado en su cuarto especial, todos, incluido el rey pensaron que había regresado a la normalidad. Eso era lo que el joven heredero acostumbraba hacer y ya solo le faltaba regresar a las violentas misiones de conquistas, pero primero se estaba preparando para ganar el torneo de su planeta. También podían participar guerreros de otras razas, pero muy pocas se atrevían a pisar suelo de saiyajin, y los que tenían el poder para hacerles frente en combate no tenían muy buenas relaciones con ellos.

—¡Lo encontré! —gritó un soldado alto y corpulento.

—¡Preparen un tanque de recuperación! —bramó otro, en cuanto vio a su compañero sacar al príncipe de los escombros.

Lo tomaron de una muñeca y jalaron sin mucha delicadeza, pero sorprendentemente ese brazo ensangrentado permaneció unido al resto del cuerpo. Otro guerrero más inteligente se apresuró en recogerlo con mayor delicadeza para evitar que se agravase y muriera en ese mismo lugar. De suceder eso, todos los presentes terminarían ejecutados por no socorrer al príncipe como se debía.

Casi no se distinguía el rostro de Vegeta, bañado en sangre y cubierto de heridas al igual que su cuerpo. Había llevado a tal extremo su entrenamiento que la habitación reforzada y diseñada para soportar explosiones e impactos de consideración, se vio reducida a fierros derretidos y metal inservible porque el príncipe estalló toda su ira en un último ataque a su oponente imaginario.

Terminó inconsciente. Jamás sintió ni escuchó a los soldados y sus gritos, tampoco cuando lo llevaron a un tanque de recuperación y mucho menos escuchó la conversación del rey con los médicos que monitoreaban sus signos vitales, y que según ellos, al menos estaría dos semanas en el tanque.

El torneo era en dos días.


(…)


—Pasa, Raditz, no te quedes parado ahí como un tonto —ordenó Bulma desde su cama. Ya eran dos días enteros sin levantarse y no tenía intenciones de hacerlo. Se sentía agotada sin haber hecho nada y las náuseas habían aumentado considerablemente. No sabía si la razón era su hijo o el viaje que no terminaba nunca, o tal vez una mezcla de ambos.

—¿Quiere que haga llamar al médico? Está afuera esperando sus órdenes.

—Ya te dije que no quiero esa lagartija en mi habitación.

—Siento insistir, pero no luce bien.

—¿Qué estás diciendo? —Frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Se ve pálida.

—No es nada. Ya va a pasar.

—No dude en llamarse si necesita algo.

Raditz continuó de pie y en silencio a la espera que su señora hablara. A Bulma le tomó unos segundos darse cuenta.

—Dime una cosa, Raditz. No he visto más a tu hermano. La última vez fue antes de que se marchara a la guerra con la mitad de los saiyajin de Vegetasei. ¿Murió en combate?

—… Así es. —Pese a que tardó un poco en responder, lo hizo sin sentimiento alguno en su voz.

—Es lo mejor. Así Milk puede estar tranquila de que nunca ira por ella y su hijo, y tampoco me molestará a mí —dijo convencida y feliz por la noticia, pero pronto miró de reojo al soldado para ver su reacción por sus palabras. No podía creer que hubiese sido tan insensible, sin embargo, se supone que a los saiyajin no les importaba nada, pero ella misma sabía que no era del todo así—. Supongo que una vez que lleguemos a la Tierra vas a buscar a Milk, ¿o no? —Optó por cambiar el tema, aunque no mucho.

Nuevamente el gigante saiyajin guardó silencio. Mantuvo la vista hacia delante, justo en una gran ventana reforzada que brindaba una vista panorámica y privilegiada del vasto espacio. Él que había viajado tanto, ni siquiera había conocido una décima parte de todas las estrellas que brillaban.

—¡Vamos! Es lo mínimo que puedes hacer después de un viaje tan largo. ¿Qué acaso eres estúpido? Tienes que ver a Milk y Gohan.

Raditz la observó cuando lo llamó estúpido, pero regresó la mirada a la ventana, especialmente cuando creyó ver una pequeña luz acercarse.

—No te quedes callado y respóndeme. Definitivamente voy a ser muy feliz cuando llegue a la Tierra. Por fin podré tener una conversación civilizada con alguien que arma más de dos oraciones sin agotarse mentalmente. —Volvió hacerle un desprecio, pese a que sabía que no le afectaban en nada.

El hombre se acercó a la ventana cuando vio más luces sumarse a la primera. Los observó un momento más antes de caminar a toda prisa hacia la puerta.

—Esta habitación es la más resistente de la nave. Por favor no salga en ningún momento y escóndase.

—¡¿Qué?! —consultó sin entender nada, y Raditz no se quedó para darle más detalles.

Un tanto asustada, se levantó y fue hasta la ventana. Le tomó trabajo divisar lo que hizo a Raditz salir raudo de su habitación, pero cuando las luces ya fueron divisibles para su ojo, fue porque estaban demasiado cercas de su nave. Sin pensarlo corrió hacia la puerta, pero se detuvo al recordar las palabras de su guardaespaldas. Volvió a la ventana para comprobar si lo que vio eran naves o solo producto de su imaginación, pero esta vez alcanzó a ver la insignia real pintada en rojo furioso sobre el metal negro. Los mismos colores escogidos por ella cuando dio la orden de pintar los últimos modelos de nave que hizo para la flota de soldados encargados de ataques en el espacio. También había diseñado ropa especial e incluso un casco para respirar.

Cuando diseñó y construyó todo eso, Bulma jamás pensó que los estaría ayudando en su propio intento de asesinato.

Su corazón se aceleró, y sus manos abrazaron protectoras su vientre. Su única esperanza en ese momento era que Vegeta apareciera para salvarla, o jamás regresaría a su planeta y su hijo no alcanzaría a nacer.

La nave entera tembló y estremeció con violencia. Bulma cayó al suelo justo cuando vio por la ventana un par de saiyajin volando, tratando de alcanzarlos. Seguramente había más naves rodeando la de ella y algún guerrero le lanzó un ataque de energía.

Estaban en medio de la nada, si lograban desestabilizar la nave todo acabaría, pero ella conocía las naves y si podía ayudar en algo para salvarse lo haría. Tenía un hijo que proteger y no se quedaría encerrada como la otra vez que atacaron el planeta de los saiyajin. Tenía una razón gigante por la cual luchar.

Salió corriendo en busca de Raditz para dar instrucciones de los lugares vulnerables de las naves y los trajes. Era tanta la adrenalina que ignoró el dolor en su abdomen provocado por el golpe en el suelo al caer.


En el mismo momento que la nave se vio atacada por guerreros saiyajin, los doctores encargados de supervisar la recuperación del príncipe Vegeta, se percataron de su elevada frecuencia cardiaca. La que antes había estado tranquila y constante, ahora marcaba agitada y en aumento. Lo cual no tenía sentido, ya que se encontraba estable y durmiendo.

Asustados, intentaron de todo para estabilizarlo, controlaron que el contenido del líquido del tanque tuviera los químicos en el porcentaje adecuado, le inyectaron a través de las decenas de tubos a los que estaba conectado, pero nada pasó.

Todos se detuvieron cuando lo vieron abrir los ojos, totalmente consiente. Aún tenía heridas por sanar, pero él ya estaba despierto. Desorientado se quitó la máscara de oxígeno, lo que lo hizo tragar un par de bocanadas del líquido azul. Antes que algún doctor moviera algo para drenar el agua y elevar el tanque, el príncipe golpeó el vidrio con la mano abierta.

Los hombres se alejaron para que los trozos de vidrios ni el agua les alcanzara. Afortunadamente ninguno salió lastimado y pudieron correr para atender al guerrero quien cayó arrodillado en el suelo, ahogado y tosiendo la desagradable agua.

—Príncipe Vegeta, no era el momento para salir. Está muy lastimado aún.

—Mi ropa… ahora.

—Pero señor, tenemos que…

—¡Ahora! —La tos volvió a atacar por culpa del grito, pero sirvió para que lo obedecieran.


—¡Raditz! —Bulma llamó al guerrero desde el suelo de su habitación. La nave iba tan rápido e inclinada que no podía mantenerse en pie.

En cuanto entró a su cuarto, Raditz apretó un botón en la ventana para que una capa metálica protegiera el vidrio. A causa de eso ya no se podía ver hacia afuera.

—Tranquila, todo va a salir bien.

—¡No digas eso! ¡La nave se cae!

—Los guerreros se encargan de todo. —Quería volver a salir para pelear, pero ella le estiró la mano y no le quedó otra opción que arrodillarse a su lado. Aprovechó de revisar que nada pudiese lastimarla. La gran cama anclada al piso de la nave se encargaba de protegerla.

—Estamos controlando eso. Debo marcharme.

—¡No! ¡Quédate conmigo! —Le tomó la mano, suplicante.

El hombre no supo qué hacer ante eso, pero le obedeció.

—No va a morir, señora.

—¡Sí! ¡Voy a morir hoy en medio de la nada, todo porque tu príncipe no fue capaz de protegerme! —dijo llorando. Tiritaba de miedo y ya no soportaba el dolor en su vientre.

—Señora, pudimos encargarnos de las naves gracias a usted, ahora solo falta…

—¡No quiero que vayas a pelear! ¡Te quedas conmigo!

—Debo ir por el doctor.

—¡Está escondido en mi baño, deja ahí a ese cobarde inútil! —Apretó la mano de Raditz y abrazó su abdomen con la otra.

—Todo va a terminar bien.

—Ya deja de decir eso y acompáñame. —Lloró con más ganas y miedo. Si no fuera por la pared y la cama, se hubiera golpeado con todo lo que caía a causa de la gravedad. Estaba aterrada y en todo lo que pensaba en ese momento eran en Vegeta—. Debería haberme ido a la Tierra cuando tuve la oportunidad. No puedo creer que Vegeta se deshiciera de mí.

—Eso no es así, señora.

—¿De qué estás hablando?

Ya no tenía caso seguir ocultando la verdad. Si no le había dicho antes era simplemente porque las ordenes fueron claras, pero ahora que la veía tan asustada y desesperada, sintió que podía hablar. Había pasado tanto con ella que la molestia de tener que cuidarla día y noche pasó por completo, y tampoco podría olvidar todo lo que hizo por Milk y Gohan.

—No vamos a la Tierra. Este es un viaje para alejarla del Vegetasei y ponerla a salvo hasta que pueda regresar.

—¡¿Qué?! —Quiso decir más, exigir más respuestas y preguntar hasta que Raditz le diera toda la información, pero una punzada en el vientre la obligó a retorcerse de dolor en el suelo.

En el momento que Raditz iba por el médico, un golpe brusco en el techo lo obligó a permanecer junto a Bulma. Dos golpes más y la nave se salió de control por completo. Se puso sobre ella para protegerla, justo a tiempo que explotaba la pared donde estaba la ventana. El aire y el frío entraron violentos, junto con un par de saiyajin enviados por el rey.


—Rey Vegeta, la misión ha resultado un éxito —dijo Nappa en cuanto se puso detrás de él, y no fue necesario entrar en más detalles. Sabía muy bien de lo que hablaba.

El monarca permanecía sentado en su trono, en la parte central y mejor ubicada de la arena, alejado de todos. El lugar donde celebraban las batallas en su honor y a la gloria eterna de su planeta y guerreros. El círculo perfecto contaba con asientos de cemento duro, pero en más de un lugar había rastros de los brutales impactos al momento de pelear. Era un imposible que un lugar así permaneciera intacto.

Las graderías rebosaban de guerreros saiyajin y de otras razas que no se perderían el espectáculo. Se concentró de todo en un recinto con capacidad para miles de personas. Muchos poderosos, otros que vivían de oficios tranquilos y pacíficos y eran despreciados por esa causa, no obstante, vibraban y gritaban igual que el saiyajin más intrépido cuando la cabeza de un luchador era despedazada por un solo golpe del oponente.

Un par de reyes guerreros de otros planetas habían sido invitados y ahora compartían vino con el rey. Uno de ellos traía a su hijo menor para que viera de cerca la brutalidad saiyajin y se hiciera una idea de todo lo que tendría que entrenar para hacerles frente, el otro emperador, trajo a su hija pequeña con la esperanza de unir sangre y reinos. No le importaba que fuese demasiado joven para el príncipe saiyajin, pero Vegeta, más feliz que nunca, se adelantó con la noticia que este día su único hijo se comprometería con la guerrera más sobresaliente del ejército, así que la pobre y delicada princesa debería pasar varias horas observando a un montón de hombres y mujeres destrozándose entre ellos, y todo por nada.

—Es una lástima que tu hijo no vaya a participar en este torneo. Lo único que se hablaba era de su participación, y las apuestas no eran sobre si ganaría o no, sino que en cuanto tiempo lo haría —comentó el monarca que vino con su hijo—. Si no fuera porque es tan conocido, pensaría que se acobardó —rió con fuerza. El alcohol ya comenzaba a hacerle efecto, y ya que aún no comenzaban los combates oficiales, prefería mantener su atención puesta en las hermosas esclavas que lo atendía, en lugar de la pelea que se llevaba a cabo en estos momentos.

—Mi hijo no le tiene miedo a nadie. Solo por hoy no tomaré ese comentario como una ofensa, estoy de demasiado buen humor como para enojarme. —Le dio una palmada en el trasero a una de las esclavas que pasó por su lado para llevarle a la princesa lo único sin alcohol que encontró.

—Se puede saber por qué estás de tan buen humor, padre.

El rey se volteó al escuchar la voz de su hijo. La última vez que lo vio lucía más muerto que vivo dentro del tanque de recuperación y medio día después, aparecía ante él con una armadura nueva (la misma que le vio vestir ese día que fueron a la guerra), con aspecto recuperado e igual de altanero que siempre.

El príncipe movió la capa con un brazo antes de sentarse en su lugar acostumbrado, justo al lado derecho de su padre. Se cruzó de brazos y piernas y observó el lugar. Jamás lo había visto tan lleno de guerreros y seres de otros planetas. En realidad su padre se había encargado de publicitar el evento, ya que además de sus visitas distinguidas, logró divisar varios representantes de otros imperios sentados en lugares privilegiados.

—Vegeta, lograste salir del tanque de recuperación. Los doctores me informaron que tardarías al menos una semana más.

—Pues ya ves que estoy aquí. —Aceptó la copa de vino que le ofreció su esclava—. Aún no me has respondido, padre. Cuál es el motivo de tanta dicha.

—Siempre me han gustado estos eventos, Vegeta. Y ahora que has llegado a tiempo, imagino participarás.

—Si no es para eso, no estaría aquí, y bien lo sabes. —Bebió todo el vino de una sola vez. Su esclava llegó enseguida para servirle más y él aceptó gustoso para quitarse el mal sabor de boca que le dejó ese líquido azul.

El rey le prestó atención al comportamiento de su hijo. Como era de costumbre, ni siquiera miró a la mujer, pese a ser una de las más hermosas de las presentes, pero no le importó, ya se había deshecho de esa esclava débil, y poco le importaba con quien se acostaba desde ahora, mientras se preocupara de darle nietos fuertes con la mujer que escogió como futura reina.

Minutos después de intercambiar comentarios cínicos y altaneros con su padre y los invitados, el torneo dio inicio.

La modalidad era bastante simple: en su mayoría se trataban de combates a muerte. El perdedor podía pedir clemencia o rendirse, pero todos sabían que eso significaba el desprecio de sus pares y rechazo de su escuadrón en caso que se tratase de un saiyajin. Para algunos guerreros era mejor morir peleando, dando un espectáculo digno en lugar de quedar embarrado por la derrota.

Vegeta vio las primeras peleas desde su asiento, de a ratos el mareo regresaba, al no estar ciento por ciento recuperado. Nunca había estado en una explosión de ese tipo y definitivamente su cuerpo necesitaba más tiempo para recuperarse, pero en estos momentos carecía de eso y paciencia. Desvió su atención de los guerreros por un momento para mirar hacia su derecha, donde se encontraban los soldados de elite del ejército, disfrutando al igual que todos de la carnicería, criticando las técnicas de peleas y gritando para que el ganador cortara la cabeza al perdedor. Entre ellos, divisó a la mujer que su padre debió escoger para ser su mujer. La conocía, la había visto en más de una ocasión durante combates y eventos; era una mujer bastante atractiva para ser una guerrera, no tenía una sola cicatriz en su rostro, y pese a ser musculosa, contaba con las curvas necesarias para lograr llamar su atención. De seguro sus hijos serían guerreros destacados desde temprana edad, sabía lo poderosa que era.

En un momento las miradas de ambos se cruzaron. Ella lo descubrió observándola y no ocultó su gusto. Le sonrió e hizo una pequeña reverencia. Como respuesta, Vegeta se puso de pie y acercó al balcón. Era el momento de terminar lo que comenzó.

—¿Vas a participar ya? —exclamó el rey

Vegeta dejó caer su capa antes de responder.

—No tengo más tiempo que perder. —Con esa elegancia que tenían unos pocos, levitó y descendió hasta pisar el suelo de tierra.

El público gritó ante la presencia del príncipe. Los guerreros que habían llegado con la esperanza de derrotarlo y ganar la gloria, pelearon entre ellos para poder ir primero contra el saiyajin e intentar vencerlo.

Vegeta se ajustó los guantes, justo como lo hacía antes de cualquier combate. Ya estaba listo para comenzar.

Los guerreros comenzaron a salir, uno por uno. En un comienzo, Vegeta se tomó su tiempo para eliminarlos, pero a medida que transcurrían los minutos, la adrenalina que pudo sentir se apagó y quiso terminar con todo pronto. Cortó brazos, decapitó sin que el afectado pudiera notarlo, manchó sus guantes con sangre de la forma más veloz y agresiva que pudo encontrar. A medida que salían más y más contrincantes su rabia iba en aumento, en cada guerrero veía a su padre y eso lo alteraba al punto de continuar castigando el cadáver. También recibió golpes. No estaba totalmente recuperado de sus heridas, y eso le pasó la cuenta, pero a cada daño nuevo recibido su sangre hervía para recordarle su objetivo y terminar la maldita pelea de una vez. Masacró a los guerreros, a otros los dejó con vida solo por la humillación que significaba, a un par les ganó sin siquiera tocarlos y con otros debió recurrir a una de sus mejores técnicas para salir airoso sin comprometer su estado físico.

Estaba dando el espectáculo que todos habían ido a ver. Sus hombres fieles vitorearon su nombre, incluso los soldados de su padre. Todos en el planeta clamaban por el guerrero perfecto, el asesino que todo saiyajin aspiraba a ser. Lo que pudieron pensar al verlo encaprichado por una esclava se olvidó al verlo actuar tal y como siempre fue. Un planeta entero clamaba su nombre.

—Ten cuidado, Vegeta. La popularidad de tu hijo ha crecido mucho este último tiempo, en especial después que consiguió ganarle a Kodrac.

El monarca no respondió. Prefirió continuar bebiendo mientras observaba el desempeño de su hijo. No sabía cómo lo había logrado, pero se había hecho demasiado fuerte y en tan poco tiempo. Su manera de asesinar había mejorado y estaba seguro que no estaba mostrando todo su poder. Los gritos de toda la arena, clamando al príncipe lo hizo molestarse un poco. Él era el rey, la gente debería estar gritando por él y su desempeño, pero había decidido no pelear en esta ocasión.

Los combates continuaron, hasta casi llegada la noche. El sol rojizo comenzaba a ocultarse, pero el rojo en el suelo permaneció intacto. Los soldados encargados de llevarse a los últimos cadáveres se apresuraron para no terminar como ellos, ante la impaciencia del príncipe.

La multitud calló cuando el rey se puso de pie y acercó al balcón para mirar a su hijo. Ya había llegado la hora de dar su discurso, declararlo ganador del torneo, anunciar su compromiso con la guerrera y así asegurar la supremacía de la raza por otra generación más, pero antes que pudiera abrir la boca, su hijo se adelantó.

—El torneó aún no ha terminado, padre —habló con voz fuerte y ronca, asegurándose que la mayoría del lugar escuchara,

El príncipe lucía bastante cansado, se podía ver su pecho subir y bajar con rapidez, y aunque su armadura había resistido muy bien, se podía ver impactos y grietas en ella.

—Ya es hora que descanses, Vegeta. Sube a festejar con nosotros.

—Aún falta un combate más. —Escupió sangre al suelo.

—¿Quieres seguir matando? ¿No te bastó con todos los cadáveres que siguen retirando? —Se molestó un poco al ver que su hijo intentaba llevar el mando del tema.

—Te reto a combate, aquí y ahora —dijo sonriendo, totalmente confiado—. A no ser que tengas miedo, padre.

El silencio que reinaba desapareció. Los murmullos se hicieron insoportables, todos hablando de la invitación del príncipe y lo que significaba. Los que estaban sentados más lejos intentaban averiguar que había dicho el príncipe.

Lo que estaba ocurriendo era algo grave, y serio, ya que este tipo de combates solo dejaba un ganador, y el perdedor era humillado o perdía la vida, así que Vegeta sabía muy bien lo que estaba ofreciendo.

El rey dejó caer su copa y apretó los dientes ante la sonrisa altanera de su hijo. Sabía en qué lugar lo dejaba con esta invitación. Si decía que no, perdería automáticamente y junto con su honor, el respeto de todos sus hombres, de los invitados reales, los representantes de otros imperios y su planeta.

Los invitados de Vegeta guardaron silencio. Era el peor lugar para estar en estos momentos y lo mejor era no moverse ni hablar hasta que fuese seguro. El príncipe acababa de retar a un combate a muerte al rey, y no le quedaba otra opción que aceptar.

—¿Qué pasa? ¿El poderoso rey de Vegetasei tiene miedo? —Se arregló los guantes, a la espera que su padre aceptara. Lo conocía muy bien, y sabía que así sería.

—Vegeta, no lo escuches. Está encolerizado porque no lo dejaste quedarse con esa mujer. No caigas en su tetra. —Paragus no paraba de hablar en un intento de hacer entrar en razón al rey, pero fue completamente inútil.

—Aún puedo tener más herederos. —Se quitó la capa y de un salto descendió hasta el centro de la arena donde su hijo lo esperaba.

El monarca estaba furioso. Sabía muy bien la razón de actuar de Vegeta y se encargaría de hacerlo sufrir antes de matarlo. Su hijo no merecía ser el próximo rey de Vegetasei. Todo esto era culpa de la madre defectuosa que escogió para engendrarlos; pensaba que solo Tarble había salido mal, pero ahora comprobaba que su hijo mayor, a quien él tanto se esmeró en entrenarlo y formarlo también había nacido dañado. Si con Tarble se contuvo para no asesinarlo (aunque afortunadamente alguien más lo hizo por él), no se controlaría con Vegeta. Dejaría bien el claro quién era el rey y quién mandaba.

Los saiyajin gritaban y aclamaban a su favorito. Los más débiles comenzaron a marcharse asustados. Esto no terminaría bien, un cambio de mando o un intento de éste tan violento solo generaba más violencia y caos, y los que no sabían combatir siempre salían perdiendo. Los invitados de otros planetas enviaron la noticia enseguida, esto no era algo que ocurría todos los días. Incluso en una sociedad tan violenta y agresiva como la de los saiyajin existían las reglas y este suceso los regresaba a cómo se resolvían los problemas generaciones atrás.

Antes que comenzara la lucha entre el rey y el príncipe, otros hombres ya resolvían sus diferencias con agresiones físicas. Este momento solo podía exaltar a todos los presentes.

—¡Espero que entiendas las consecuencias de esto, Vegeta! —Hizo estallar su ki y se puso en posición de ataque—. ¡Porque no voy a detenerme!

—No espero que hagas eso —respondió iniciando el ataque.

La concurrencia si antes vibró con los combates del príncipe contra los guerreros, ahora su sangre guerrera hervía y la adrenalina crecía con solo presenciar semejante duelo. Era algo que no se tenía la oportunidad de ver seguido, especialmente considerando que cuando finalizara uno de los dos estaría muerto, porque estaba claro que ninguno se rendiría, eso sería peor que la muerte misma.

En un comienzo se vio parejo. El rey logró acertar un par de golpes de consideración, pero el príncipe había salido hace poco del tanque de recuperación sin finalizar el proceso de sanación y había estado peleando todo el día, lo que lo hizo quedar en desventaja ante el hombre mayor.

El príncipe debió alejarse un par de pasos para escapar del alcance del rey y poder respirar. Estaba exigiéndole demasiado a su cuerpo, y lo sabía, pero no se detendría.

—¿Pensaste que podrías eliminarme, Vegeta? —Gritó confiado, al mismo tiempo que limpiaba la sangre de su boca con el guante—. Es increíble que ahora estés a punto de morir por una prostituta.

El joven guerrero cerró los ojos y se calmó. Respiró el aire pesado, cargado a muerte y sangre del lugar, para luego vaciar los pulmones. Gracias a los entrenamientos en la cámara de gravedad había aprendido a realizar ejercicios de respiración para soportar la presión y no desplomarse al primer movimiento. Una de las consecuencias de esto fue que sus sentidos se expandían y trabajaban al doble de su capacidad. Fue por eso que sin abrir los ojos, fue capaz de sentir el aire que cortaba su padre al acercarse para atacarlo.

Hizo la espalda hacia atrás, justo a tiempo para esquivar el golpe en su cuello que podría haberlo dejado fuera de combate. Apoyó las palmas en el suelo e impulsó para estirar las piernas y así golpearlo en el abdomen, hacia el cielo de Vegetasei. Con velocidad impactante, lo esperó en las alturas y recibió con otro golpe puño para regresarlo al suelo. El impacto fue tan fuerte que dejó un agujero en el centro de la arena.

Mientras el monarca salía de la tumba de tierra, Vegeta observó sus manos. Era increíble todo lo que había logrado gracias a esa sala de entrenamiento. Sonrió justo como cuando conquista planetas y somete a guerreros poderosos.

No perdió tiempo, se lanzó contra su padre para continuar atacando, pero el monarca detuvo su puño y contratacó con la rodilla contra el abdomen de su hijo. El sonido que escuchó fue de la armadura resquebrajar junto con un par de costillas rotas.

—Eres patético, Vegeta. —Lo golpeó en la cabeza y lanzó lejos. El cuerpo de su hijo abrió la tierra en dos hasta que se detuvo y levantó—. Perder todo por una mujer.

—Mis motivaciones van más allá de eso.

—Tus actos indican lo contrario, hijo.

Se arrojó hacia su padre. Logró golpearlo, pero no como deseaba. Estaba más fuerte de lo que había calculado y se le hacía difícil darle un golpe que lo desestabilizara. Detuvo la rodilla que iba justo a su rostro, pero no fue capaz de parar la llave que le hizo al tomarlo por atrás para aprisionar su cuello. Solo alcanzó a poner un brazo para que no pudiera ahorcarlo, pero quedó atrapado en esa postura a merced de su progenitor.

—Y lo peor de todo, Vegeta, es que haces todo esto por un cadáver. —Ejerció más presión para dejarlo sin aire.

—Deja de hablar y pelea de una vez. —Intentó liberarse, pero el maldito apretaba demasiado.

—Jamás imaginé que serías capaz de traicionarme de esta forma. Pensé que solo la enviabas lejos, pero quise asegurarme y mandé un escuadrón de mis mejores soldados para hacerle una visita.

Vegeta no respondió, pero la sorpresa lo hizo dejar de luchar por unos segundos.

—¿Qué pasó? ¿No te lo esperabas? Para tu información, Vegeta, antes que llegaras a pelear un soldado ya me había informado que la nave donde viajaba tu puta ya fue destruida, pero antes de eso se encargaron de ella, uno por uno de mis hombres la folló. Hubieras estado ahí para escucharla gritar como la zorra que era.

—¡Cállate! —gritó desesperado. No podía ser, había pensado en todo para que saliera a la perfección. Era imposible que Bulma estuviera muerta. Gritó con los dientes apretados cuando los huesos de su muñeca atrapada sonaron al romperse.

—Es una lástima no poder haber estado ahí para cogerla. Seguramente hubiera entendido porque logró volverte así de estúpido.

—Te voy a destruir —musitó con la cara roja de ira. Las venas de su cien y brazos se hincharon y no se dio el tiempo de analizar si decía la verdad o no. Todo lo que sucedía en su cabeza era masacrar a quien se atrevió a tocar a su única y más preciada posesión.

—Yo voy a acabar contigo, maldito traid…

Junto con un grito que desgarró su garganta, Vegeta hizo estallar su ki. La violenta y ardiente expulsión de energía lo ayudó a estirar los brazos y liberarse de la llave que no lo dejaba respirar. Fue tan ágil y rápido que su padre no lo vio voltear para tomarlo del rostro. Sin soltarlo, lo arrojó al suelo, abriendo más la tierra bajo sus pies; puso la mano libre sobre el abdomen del monarca y procedió a soltar un violento ataque de energías.

Los espectadores no lograron ver lo que sucedía. Era tanta la luz de las explosiones que solo pudieron cubrir sus ojos y esperar que el polvo y humareda disipara.

Fue increíble el silencio que embargó un lugar tan grande. El coliseo saiyajin, repleto de guerreros, amantes de los combates y adrenalina al máximo, ahora guardaba silencio ante el espectáculo que presentaban nada más y nada menos que el rey y el príncipe.

En medio del humo, lograron divisar la rodilla de Vegeta sobre la espalda de su padre, aún en el suelo. Para cuando se pudo ver con claridad nuevamente, los gritos regresaron el doble, vitoreando al príncipe que sostenía el rabo de su padre.

—¡Hijo de puta! —exclamó el rey con los ojos inyectados en sangre—. ¡¿Por qué simplemente no me mataste?! —rugió al ponerse de pie para quedar frente a su hijo que continuaba con su rabo en la mano para enrostrárselo.

El joven guerrero caminó rodeando a su padre.

—No voy a matarte aún. Primero te voy a destrozar —dijo con expresión seria y voz ronca. Continuó caminando como un animal asechando a su presa paralizada por el miedo—. ¿Acaso pensaste que me volvería suave, blando y débil por tener a mi mujer a mi lado? —sonrió altanero—. ¿Por un momento pensaste que me convertiría en mi madre, o mucho peor, en Tarble? —Arrojó el rabo a los pies de su padre—. No. Te recuerdo que fui educado por ti, padre. Yo soy mucho mejor que tú, y también mucho peor. —Su rostro se llenó de sombras.

Se lanzó al ataque una vez más. Literalmente lo destrozaría.


(…)


La nave aterrizó violenta en terreno abandonado. Las pocas casas antiguas que quedaban en pie terminaron desintegradas luego del impacto de la esfera. Algunos animales y aves de los alrededores huyeron asustados, pero ninguna persona escuchó algo, ya que no se encontraba nadie lo suficientemente cerca para siquiera ver el humo elevarse al cielo. Este planeta olvidado solo era un cementerio, un viejo y solitario recuerdo de lo que alguna vez fue antes que esos simios gigantes llegaran a someter a su gente.

El guerrero levantó vuelo en cuanto la compuerta se abrió. No tenía tiempo que perder, ya había esperado demasiado para viajar y la desesperación crecía al no haber tenido noticas de la nave donde viajaba Bulma escoltada.

Pese al cansancio, estalló su ki para apresurare y llegar al lugar donde se registró la última señal de la nave, hace bastantes días. No podía haber salido mal. Su plan había sido perfecto, él era un estratega, el mejor, el monarca de los saiyajin, por lo tanto todo debió resultar tal y cómo lo planeó. No podía ser posible que después de tanto que luchó y se arriesgó, no volviera a verla. Y todo lo que hizo por ella, porque ella fue la razón de su actuar, y ahora no sabía si se encontraba con vida o murió por culpa de su padre. No debería haberlo matado, así podría torturarlo más hasta hacerlo pagar por haberse atrevido a tocar a su mujer. Sí, ella era su mujer, y pese a continuar sin saber qué era lo que lo movía a hacer todo por ella, no se detuvo ni cuestionó, ya había demasiado lejos y no se detendría por nada. Toda su vida se guio por su instinto, y si sentía que debía tenerla a su lado por el resto de su vida, así sería. No mataría el deseo hacia ella, mucho menos cuando eso lo ayudó a ser más fuerte. Ella hizo más que construir una cámara de gravedad para hacerlo más poderoso.

Los arboles a su paso cayeron, el mar se abrió en dos ante su poderosa aura, la tierra tembló y los animales huyeron atemorizados. El ahora rey volaba veloz para encontrarla.

Algo dentro de él le decía que se encontraba con viva. Sana y salva, ella y su hijo. Tal y como se jactó tantas veces, era una mujer inteligente y capaz de sobrevivir cuatro años en el planeta más hostil de la galaxia y en condiciones decentes para tratarse de una humana sin poder de pelea. Esto fue una prueba más, ella nuevamente probaría su valía y lo sorprendería como acostumbraba, como tanto le gustaba a él.

Descendió a tierra y apagó su ki. Solo tuvo que dar un par de pasos antes de encontrarse con el guerrero que debió haber matado por no cuidar como se debía a su mujer, pero perdonó porque simple e irónicamente él era el más capacitado para acompañarla. No dudaría en reventarle la cabeza si esta vez no cumplió.

Raditz estaba fuera de una antigua casona y más atrás se podía ver los restos de una de las mejores naves de los saiyajin.

—Dime… —Cerró la boca. Su garganta se selló y secó al verlo en tal mal aspecto. Parte de su armadura estaba destruida, y las partes expuestas de piel revelaban heridas abiertas—. ¿Dónde está? —Demandó saber, sin una pisca de miedo en su voz. No demostraría lo que sentía en ese momento y mucho menos ante un soldado, pero la angustia creció al no recibir respuesta—. Soldado, infórmame de lo sucedido.

Los segundos se le hicieron una eternidad. Este tipo de angustia se le hizo familiar, ya la había experimentado cuando atacaron a Bulma, y nuevamente se hacía presente para torturarlo y reducirlo a un hombre desesperado que no quería perder lo que nunca buscó ni necesitó, pero ahora anhelaba con desesperación. ¿Estaría muerta? Los soldados del hijo de puta de su padre eran fuertes, pero él también contaba con su ejército de confianza, entonces, ¿por qué no estaba esperándolo para gritarle como debiese ser?

—La señora…

La puerta de la pequeña casa se abrió de golpe. Los soldados permanecieron en su lugar, pese a que la mujer se veía alterada y caminaba hacia Vegeta.

—¡Maldito hijo de puta! ¡Te voy a matar! —Corrió hacia el saiyajin, e intentó golpearlo, pero fue inútil. Y aunque el hombre la tomó de las muñecas, ella no descansó en su intento de al menos golpearlo una vez en su cara para borrar esa estúpida sonrisa altanera—. ¡¿Cómo pudiste mentirme de esa forma?! ¡Te odio!

Los soldados sobrevivientes desviaron la vista hacia el suelo. No querían sufrir las consecuencias si el monarca se molestaba por presenciar la escena.

Y sí. Vegeta sonreía mientras retenía a su mujer de las muñecas. Se apresuró en examinarla. Tenía unas cuantas vendas en los brazos, y una en la mejilla derecha, pero nada de consideración a simple vista. Su vientre comenzaba a notarse un poco más gracias a la ropa siempre ajustada que solía usar. Sus gritos venían con la misma intensidad, e incluso más, cosa que era comprensible, dado a la conversación que tuvieron la última vez que se vieron.

Pero a diferencia de lo que Bulma pensaba, esa sonrisa iba más allá de la altanería. Por supuesto que estaba satisfecho de que su plan funcionara tal y como lo había planeado, su ego casi no cabía en aquel pequeño planeta abandonado, sin embargo, esa curva en sus labios se debía a que ella estaba bien, al igual que su hijo, y ya no volvería a alejarse, nunca más, él se encargaría que eso pasara, porque le pertenecía, y así debía ser.

Ya que continuaba insultándolo, amenazándolo de muerte e intentando golpearlo, Vegeta la tomó de un brazo y obligó a ir al interior de la casa.

—Resguarden el área —Ordenó en voz alta, pero era para que se alejaran del lugar.

En cuanto estuvieron bajo techo, Vegeta cerró la puerta y la soltó. Pensó que ya estaría un poco más calmada, pero Bulma se abalanzó contra él.

—¡¿Por qué me mentiste de esa forma?! ¡Idiota! ¡No tienes idea cuanto sufrí! —Forcejeó en cuanto atrapó sus manos—. ¡Raditz terminó contándome la verdad porque pensó que iba a morir! ¡Yo también pensé que iba a morir!

—De haberte dicho la verdad, ¿hubieras accedido a marcharte?

Bulma dejó de luchar, aún con sus manos en las de él. Estaba agitada, y su corazón no dejaba de latir acelerado, pero había tenido tanto miedo.

Luego de que Raditz y los otros soldados de confianza de Vegeta protegieran a Bulma del ataque de los saiyajin, la nave aterrizó de emergencia en este horrendo planeta abandonado. Entonces el doctor pudo revisar a la mujer. No tenía la tecnología necesaria para chequearla por completo, pero una vez que estuvieron a salvo el dolor disminuyó y nada parecía indicar que el niño corriera peligro, pero era importante que guardara reposo hasta que pudiera regresar a Vegetasei y ser examinada con mayor detalle.

Raditz terminó por contarle toda la verdad, al menos la que sabía. Y ella no tuvo otra opción que esperar a tener noticias de Vegeta. Casi no pudo dormir durante las noches imaginándolo muerto a manos del rey y eso la angustiaba más conforme los días transcurrían, lentos y difíciles. Intentó curar a los soldados, pero ninguno permitió tal ofensa; ellos eran guerreros y sanarían por sí mismos o en un tanque de recuperación, y no por el cuidado de una mujer. Intentó reparar la nave, al menos para tener noticias de Vegetasei y Vegeta, pero había resultado tan dañada que solo tenía futuro como chatarra, por lo que las dos últimas semanas fueron las más difíciles que debió soportar. Le ordenó a un soldado buscar la forma de regresar a su planeta para investigar, pero todos tenían órdenes de esperar un tiempo prudente antes de actuar, todo para protegerla a ella.

Ahora más calmada, notó la armadura y guantes de Vegeta. Todo estaba nuevo y reluciente, pero su cuerpo se veía golpeado y cansado. Seguramente después de pelear, se cambió la armadura para ir en su búsqueda. Esa idea la estremeció y la hizo pensar. Ella jamás hubiera aceptado huir como parte del plan, pero ahora se daba cuenta que él había estado en lo correcto.

—Claro que me hubiera ido sin poner objeción —mintió. Ya lo peor había pasado, y no admitiría su error—. Si me hubieras dicho la verdad yo misma me hubiera encargado de escapar, y por supuesto hubiera buscado un mejor planeta para esperarte, no esta horrible estrella muerta.

—Este no era tu planeta de destino —respondió con una sonrisa de lado, a sabiendas que mentía, pero esta vez no le molestó—. Era uno más acorde, pero este estaba en los seguros para aterrizar en caso de emergencia.

—De todos modos sigo pensando que eres en un perfecto idiota. —Se cruzó de brazos y le hizo un desprecio. Tendría que poner mucho de su parte para reponerle los malos días.

—Como sea… —Endureció su rostro antes de continuar hablando—. Lo que vamos a hacer ahora es regresar a Vegetasei, necesitas que te examinen, y al princi…

No pudo continuar hablando, ya que ella se lanzó a sus brazos, pero esta vez para abrazarlo y besarlo.

Le correspondió enseguida. Era tanto lo que había añorado por ella y ya podía besar su boca de nuevo, reclamar esos besos y ese cuerpo solo para él. La armadura terminó en el suelo, y ella acorralada contra una pared.

—Vamos a la cama. —rogó entre besos.

Vegeta la tomó en brazos y caminó guiado por ella que no dejaba de besarlo. El cuarto estaba vacío, salvo por un sillón, una lámpara rota y una pequeña cama, pero no importaba, lo único que deseaba era sentirla por completo para darse cuenta que era ella y no producto de su imaginación, tal y como le sucedió en la cámara mientras entrenó.

—Pensé que no te volvería a ver —dijo la mujer acostada, quitándose la camiseta, mientras él le retiraba el pantalón.

—No puedes librarte de mí con tanta facilidad —respondió luego de quitarse la parte de arriba de su traje. No esperó más y se puso entre sus piernas.

—No creas que te perdonaré tan fácil. —Se mordió el labio cuando sintió la boca del hombre en uno de sus pechos—. Me dijiste cosas horribles.

Vegeta no respondió. Concentrado en lamer su piel y tocarla. Por un momento consiguió tenerla callada, especialmente cuando rajó las pantaletas para quitársela y dejarla desnuda. Se detuvo un momento y arrodilló para mirarla. Estaba hermosa, aun con las heridas y su pequeño vientre abultado. La deseaba, estaba loco por ella y no permitiría que nadie intentara alejarla de él.

Le acarició el labio con el pulgar e introdujo dos dedos dentro de su boca para humedecerlos. Ella succionó y mordió antes que los quitara de su interior. Vio como llevó esos dedos mojados hasta abajo y sin más juego previo la penetró con éstos. Bulma curvó su espalda en respuesta a la otra mano de Vegeta que se unió para estimularla, justo en su punto más sensible.

—Siempre sospeché que era un plan tuyo —dijo en medio de gemidos.

Vegeta levantó la vista para mirarla. Era increíble lo obstinada que era.

—Mentirosa. Si me hubieras demostrado que podías seguir una simple instrucción, tal vez hubiera pensado en contarte todo —respondió con una sonrisa ladina, aumentando los movimientos de sus dedos. Su miembro duro incomodaba dentro de su ropa ajustada y se tomó un segundo para bajar un poco el pantalón para liberarlo. Estaba caliente, listo para entrar en ella, y eso es lo que haría.

—Lo siento, pero no nací para obe… —gritó cuando lo sintió entrar.

—Ya cállate. —Se le acercó para ir por su cuello, sin abandonar el ritmo lento y profundo

Inmediatamente la mujer lo abrazó de piernas y brazos para que no pensara alejarse. Era tanto lo que lo había extrañado y sufrido, que lo quería con ella para toda la eternidad. Creía que estaba loca al sentir algo así por alguien como él, pero no podía evitarlo.

—No vuelvas a dejarme ir. —gimió contra su oído.

—Eres mía. —bramó, acelerando un poco. Apoyó su frente en la de ella para mirarla.

Bulma le robó un par de besos antes de volver a mirarlo. Ya no tenía vuelta atrás. Se quedaría con él para siempre.

—Te amo —dijo directo a sus ojos.

Por supuesto él no respondió, se encargó de callarla con más besos y brusquedad, pero esta vez se contuvo, ya que debía ser examinada por un médico en su planeta antes de hacerlo como le gustaba.

Bulma repitió que lo amaba varias veces, sin dudas ni miedos. Era lo que sentía y si la impulsividad se caracterizaba en la relación de ambos, no comenzaría a contenerse justo ahora. No esperaba respuesta de Vegeta, no le importaba, después de todo, cada uno de sus actos gritaban sus sentimientos hacia ella.


Vegeta aterrizó en el cráter dejado por su nave. Con cuidado bajó a Bulma.

—¿Qué pasará con Raditz y los demás?

—Enviaré una nave por ellos.

—No puedo creer que este contenta por volver a Vegetasei. Nadie intentará matarme, ¿verdad?

—Dejé a mis hombres encargándose de eso. Estás a salvo. —Nunca cerró la nave, así que todo lo que tuvo que hacer fue sentarse. Le ofreció la mano a su mujer para que hiciera lo mismo.

—Así que ahora soy reina —dijo en cuanto se sentó sobre sus piernas. Se acurrucó contra Vegeta cuando la compuerta cerró para no atraparse la ropa o una extremidad. Era la primera vez que estaba dentro de una nave personal con él y también la primera vez que viajaría en una de ellas.

—Deberás comportarte como tal.

—Yo sé cómo comportarme. —Observó atenta los botones que apretaba para hacerla funcionar.

En pocos segundos la nave esférica surcaba el espacio a una velocidad impresionante, pero su cuerpo no sentía absolutamente ninguna molestia por la presión. Se tensó un poco por la turbulencia, después de todo hace solo dos semana estuvo a punto de morir en el espacio, pero se sintió mejor cuando las manos del hombre se posaron en su cintura, entonces las atrapó para que no la soltara.

—Tranquila —susurró contra su oído derecho—. Estás a salvo conmigo.

—Lo sé —respondió con la misma calma que él, y apoyó la espalda en su pecho. Observó las estrellas y la oscuridad del universo.

Vegeta apoyó el mentón en su hombro y la abrazó con más fuerza, de forma sobreprotectora. También estaba cansado, pero su cabeza continuaba trabajando. Había mucho por hacer, ordenar y deshacerse. Sentía que era un poco apresurado llevar a Bulma de vuelta al planeta cuando aún permanecían hombres fieles a su padre, pero como rey de Vegetasei se encargaría de poner todo en su lugar.

No se trataba de un capricho. Era algo que iba más allá de un calor abrasador y devastador, imposible de apagar, era un sentimiento que traspasaba orgullos y cualquier clase de poder. Era algo que no entendía y no estaba interesado en buscarle nombre ni significado.

Poco a poco Bulma fue perdiendo la batalla contra el sueño. Ya los miedos se acabaron y la tensión que la acompañó estas semanas fue desapareciendo. No tenía idea que le prepararía el destino, si debió volver a su planeta la primera vez que tuvo la oportunidad, si algún día regresaría o viviría toda su vida en Vegetasei, pero sus actos hace mucho tiempo hablaron por sí solos, y continuaría fiel a su espíritu intrépido e impulsivo.


Casi Fin…


No puedo creer que por fin haya terminado. Esta es mi primera historia de capítulos a la que estoy a punto de finalizar. Me tiene re feliz y también un poco nostálgica. Como que una se encariña con la historia (con los personajes una ya está encariñada, por algo escribe sobre ellos jejejeje)

Ya no tendrán que matarme jajajajaj Aquí está el final feliz que tanto pidieron, y les cuento que si leen en algunas notas de autor anterior, por ejemplo en la del primer capítulo, doy la pista de que no sería una historia triste porque esto lo hacía para distraerme. El final lo tenía pensado desde un comienzo. Pero les advierto, me gusta el drama y angst, así que si este es final feliz, puede que el siguiente fic no lo sea.

Me tardé mucho más de lo esperado, pero ya saben, la universidad me consumió todo el tiempo, lo bueno es que pese a no terminar el semestre, ya pasé todos los ramos, así que saqué un graaaaan peso de encima.

Respecto a la canción: Ese tema es hermoso, de un cantante chileno, pero el tema en sí no tiene relación con Vegeta y Bulma, es esa oración maravillosa que sí les quedaba como anillo al dedo y por eso la escogí. De todas formas se las recomiendo.

La sorpresa que anuncié el capítulo anterior: Para las que leen las notas de autor (no creo que sean muchas XD ) Como esta historia gustó tanto, y yo también terminé amándola, haré un capítulo más. Será un epilogo, para cerrar unos temitas, dar un poco de fanservise y eso que tanto nos gusta. Y por supuesto me daré el tiempo de agradecerles por haberme acompañado durante estos más de tres meses (no puedo creer que haya tardado tan poco en terminarla XD ) Así que si tienen consulta o algo que decir, háganlo y les respondo en la próxima y última nota de autor.

Esta vez espero el rw de muchas lectoras. Ahora lo pido, quiero saber que les pareció. Estoy tan emocionada por compartir esto con ustedes.

Besos y cariños a todas las que siempre se tomaron tiempo de dejar mensaje, también a las chicas de la página Solo para Vegetarianas, que son tan entusiastas y eso se contagia. Para quienes me siguen desde mi Facebook o de la página Por los que leemos fanfics de dragon ball. A todos miles de gracias, porque su buena onda y recibimiento a esta historia me motivó a escribir y publicar más rápido.

Y bueno, no las aburro más. Queda un capítulo más y nos vemos en ese.

¡Besotes!

21/09/2016.