Disclaimer: Dragon Ball no me pertenece. La serie y sus personajes son propiedad de Akira Toriyama.
Una Razón
Epílogo
Si es amor, si es amor, si es amor
Todo yo es de ti, todo yo es de ti.
Todo yo, mi sabor, mi calor,
mi pasión, mi dolor, mi alegría.
(Lucybell, Juro al Sol)
Asustada despertó en medio de la noche, a su corazón agitado le tomó un momento recuperar la compostura y a su mente otro poco más para recordar dónde se encontraba, pero en cuanto observó a su alrededor, la tranquilidad regresó. La chimenea encendida calentaba e iluminaba el lugar, y no era necesario llevar puesta tanta ropa para soportar las frías noches en Vegetasei. Miró hacia su lado y nuevamente encontró la cama vacía; Vegeta se había marchado como la mayoría de las noches. Estos eran los momentos en que se arrepentía de haberle construido una nueva cámara de gravedad en cuanto regreso al planeta, pero era algo que no podía dejar de hacer, especialmente porque Vegeta no saldría en misiones hasta que todo fuese seguro para ella.
Se sentó con dificultad. Con seis meses de embarazo y una gran barriga que no la dejaba moverse con la agilidad de antes. Observó su alrededor en busca de comida, pero ya no quedaba nada en el carrito, y era lo mejor, ya había engullido demasiado, y todavía faltaban tres meses para que naciera su bebé, no quería continuar engordando.
Bebió del vaso que estaba en su velador. Eso la ayudaría a calmarse y relajarse luego de tan horrenda pesadilla. Lo malos sueños comenzaron cuando debió esperar en ese planeta muerto, con la constante incertidumbre de no saber si Vegeta estaba vivo o muerto. En ese momento era comprensible que no pudiese dormir, pero ahora todo estaba mejor y tranquilo, Vegeta había sabido manejar el tema y ella se sentía completamente segura con él en el palacio y su lugar de trabajo, pero casi todas las noches soñaba con el incidente de la nave y su bebé, pero el pequeño estaba completamente sano y no había nada que temer. Ella era sumamente inteligente, se consideraba la más lista de todo el planeta, aunque eso no era difícil en su opinión, por eso le molestaba que su descanso se viera interrumpido por estúpidas pesadillas, especialmente porque terminaba comiendo a deshora.
Desde la cama, Bulma vio a Vegeta entrar al cuarto, con una toalla en los hombros y completamente desnudo. La joven dedujo que se había duchado en el baño de la cámara de gravedad para no despertarla.
—Estás despierta —comentó yendo hacia la licorera en busca de una copa de vino.
—Hace poco… —Observó el vino y la boca se le hizo agua. Era tan evidente su mirada de deseo hacia la copa que sostenía Vegeta en la mano que se delató sola.
Vegeta hizo un ademan de ofrecerle vino.
—No, sabes que no puedo beber alcohol. —No podía creer que fijara más la atención en esa copa en lugar del perfecto hombre desnudo que la ofrecía. Estar embarazada la hacía tomar decisiones extrañas.
—Las mujeres saiyajin beben y combaten durante su embarazo. Es absurdo pensar que algo le pasará al príncipe porque tomes alcohol.
—No voy a arriesgarme, después que nazca Trunks podré beber ese rico vino hasta hartarme. —Ya estaba aburrida de no saber el sexo de su niño, así que hace un mes mandó a buscar una máquina para realizarse una ecografía y salir de la duda de una vez por todas. Vegeta insistía que se trataba de un varón, pero ella persistió en su idea de conseguir un método más fidedigno para averiguarlo, en lugar del instinto de un guerrero.
—Sigues con eso. —Arrugó la nariz al oír ese nombre. Cuando su mujer llegó con la noticia que él ya sabía sobre el sexo de su hijo, también le informó cuál sería su nombre, a lo que él se opuso rotundamente.
—Por supuesto. No creerás que mi hijo se va a llamar Vegeta.
—Es la tradición —respondió y luego terminó de beber el vino. Fue hasta la cama para acostarse. Estaba agotado después de entrenar.
—Mi hermoso hijo no va a tener un nombre tan feo como el tuyo. Además, es el nombre de un planeta —exclamó como si ya no fuera necesario argumentar más luego de eso último.
—Tú no eres quien decide —dijo serio, pero sin agresión en su voz.
—¿Quién mejor que yo para decidir? Soy su madre y la reina, y si no te gusta, mañana en la mañana tomo la primera nave y me voy de aquí. —Se acomodó en su pecho en cuanto él puso la cabeza en la almohada. Su barriga le dificultaba un poco las cosas, pero le encantaba recostarse de esa forma con él.
—Sabes que no puedes.
—¿Cómo estás tan seguro? Ya te demostré de lo que soy capaz.
—Lo sé porque me amenazas con lo mismo desde que regresamos, y aunque lo hicieras, iría tras de ti.
—Entonces ahorrémonos todo esa molestia y acepta que nuestro hijo se llamará Trunks. —Cerró los ojos, cómoda y a gusto de tenerlo de regreso en la cama. Las pesadillas las dejaría de lado y se concentraría en calentar el cuerpo del hombre con el suyo.
Estuvieron en silencio unos minutos hasta que él rompió el silencio.
—Debo abandonar el planeta.
—¿Cómo? ¿Te vas? Pero dijiste que no te marcharías hasta después de…
—Sé lo que dije, pero debo hacerlo. Soy el rey y hay asuntos que debo solucionar personalmente.
—Tú lo has dicho. Eres el rey, que los demás vengan hasta ti para hablar —dijo seria y altanera.
Le gustó escuchar eso. Bulma sonaba como toda una reina y más prendado a ella quedaba con comentarios como esos.
—Será un mes o dos, no más.
—¿Dos meses? —Se sentó para mirarlo mejor—. ¡Eso es mucho tiempo! ¿Vas a dejarme sola tanto tiempo?
—Y en otras ocasiones será mucho más tiempo, ya lo sabes.
Bulma se mordió el labio. Él tenía razón. Los guerreros pueden ausentarse mucho del planeta cuando las misiones eran en lugares lejanos, pero se había acostumbrado a tenerlo a su lado.
—Me da miedo por mi seguridad y la de tu hijo.
—Estarás resguardada todo el tiempo. El palacio y el laboratorio son lugares seguros para ti.
Y así lo era, pero no quería que se marchara y no tenía qué más inventar para que eso sucediera. Él no le contó detalles de lo que pasó ese día que retó a combate a su padre, pero le ordenó a Raditz recolectar información, y en verdad había sido brutal, aún se hablaba de eso en todo el planeta y en otros reinos. Jamás pensó que un hijo podría llegar a ese extremo con un padre, pero Vegeta lo hizo de una forma tan agresiva y elegante que se ganó el respeto o miedo de los partidarios del otrora rey, y aquellos que continuaron cuestionando sus decisiones terminaron muertos o en planetas muy lejanos. La realidad era que podía estar tranquila en Vegetasei.
—Cuídate. —Volvió a recostarse en su pecho.
—Tranquila. No puedes deshacerte de mí con tanta facilidad —respondió con una sonrisa de lado.
(…)
—¿Se encuentra bien, señora?
—Sí, estoy cansada, nada más —respondió desganada y aburrida. Su barriga de ocho meses había crecido demasiado, lo que la obligaba a permanecer sentada sin mucho movimiento. Los doctores la chequeaban a diario, y pese a que el príncipe y ella se encontraban en perfectas condiciones, se sentía cansada todo el tiempo. Hace más de tres semanas que no iba al laboratorio y sus caminatas se reducían en el cuarto o la biblioteca.
—Si desea podemos dejar esto para otro día —insistió Raditz. Ciertamente jamás se había preocupado antes por una mujer embarazada, pero las guerreras saiyajin más poderosas combatían hasta casi el último mes de gestación, sin embargo, esta mujer era una débil humana que debía proteger y cuidar en todo momento.
—Claro que no. Hazlo pasar. Estoy aburrida y quiero distraerme —dejó de lado el robot que reparaba.
Raditz salió un momento del cuarto para volver con un joven y bajo saiyajin. La verdad es que no parecía guerrero, sus brazos y piernas eran incluso más delgadas que las de ella, aunque claro, había subido tanto de peso que cualquiera era más delgado en comparación, y eso la ponía de mal humor.
—Aquí está, señora.
Los dos guerreros se pusieron en frente de Bulma, junto al sofá. La mujer miró al chico y sonrió. Se notaba muy nervioso, y claro, ahora que era la reina provocaba eso en muchos saiyajin, lo cual era gracioso, porque no hace mucho se la miraba como el pedazo de carne favorito del príncipe.
El saiyajin saludó con una respetuosa reverencia.
—¿Y tu nombre es…?
—Cabbe, su majestad, es un gusto conocerla. Pensaba que us…
—Silencio, niño. Ella es la que va a hablar, no tú —dijo Raditz, molesto por la poca educación del joven.
Cabbe hizo otra reverencia para disculparse.
—No seas así, Raditz. Estaba saludando, nada más.
—Sí, señora.
Bulma ya no le decía nada al guerrero por llamarla de esa forma. Se había resignado.
—Cabbe, Raditz me dijo que eres muy inteligente.
—Muchas gracia, señora —respondió avergonzado.
—Imagino que no puedes decir más de una oración porque estás nervioso, pero más te vale que mejores, o no me servirás. —Tomó un papel junto al robot con el que trabajaba minutos atrás—. Esta es una lista de las cosas que necesito vayas a buscar al laboratorio, si eres tan inteligente como dicen, no te será difícil encontrarlas. Si tienes alguna duda pregúntale a cualquiera allá.
—Sí, señora. —Hizo otra reverencia antes de ir hacia la puerta para marcharse, pero se detuvo al oír la voz de su reina.
—¿No se te olvida algo, Cabbe? —Levantó un poco la mano para mostrar el papel.
—Lo siento, señora. —Corrió hacia ella para tomar el papel y nuevamente hizo una reverencia.
—Lo siento, no parece muy inteligente, pero es primera vez que busco a alguien así. Jamás me habían pedido un encargo como el suyo —comentó Raditz en cuanto el chico salió del cuarto.
—En la Tierra siempre tuve asistentes para que hicieran el trabajo que no me gustaba. Aquí tiene que ser igual. Además necesito a alguien de confianza después que te vayas.
—¿Me vaya? —repitió el hombre en voz baja.
—Ve hasta mi velador y saca la cápsula con el número ocho —respondió la mujer sin importarle el rostro de Raditz.
Le obedeció sin cuestionar. Abrió el cajón, aunque no fue tan fácil encontrar lo que su señora decía, pues el desorden en ese pequeño cajón era realmente alarmante.
—Preocúpate de dejar todo en su lugar. No me gusta que desordenen mis cosas.
—Sí señora. —En ese momento recordó a Milk y lo ordenado que mantenía siempre todo.
—¿Ya la encontraste? —Ni siquiera se giró para mirarlo. Estaba demasiado cómoda como para cambiar de posición.
—Sí. —Caminó hasta la reina, y le tendió la pequeña cápsula para que la tomara. No le quitó la vista de encima, en un intento de entender cómo era que funcionaba.
Bulma observó su gran mano antes de volver a sus ojos y responder.
—No es para mí. Es un obsequio que te has ganado por serme fiel.
El guerrero continuó sin comprender y su rostro se encargó de delatarlo.
—Realmente no sé qué vio Milk en ti, pero si algún día la veo me preocuparé de preguntarle —dijo con el ceño fruncido. Realmente se le hacía difícil que ese joven saiyajin fuese lo suficientemente inteligente como para serle de utilidad. Seguramente a todos se les estropeó el cerebro por tantos golpes—. Más te vale ser educado con ella y hacer lo que te diga, y tienes estrictamente matar a algún humano. Si quieres que esa complicada y malhumorada mujer te tome en serio, tienes que comportarte.
—Es una nave —respondió sorprendido.
—Sí, una nave grande y con todo lo que necesitas para el viaje. Incluso te puse ropa de verdad para que no vayas asustando terrícolas.
—Pero yo debo cuidarla, el rey no me ha ordenado que…
—Tengo un ejército completo a mi disposición. Es hora que te tomes unas vacaciones, ya sé que me vas a extrañar demasiado, es difícil olvidarse de alguien como yo. Pero es tu decisión. Si quieres no la usas nunca, la tiras o vendes, a mí me da igual, es tuyo, pero también puedes ir a la Tierra a ver como se encuentran Milk y Gohan. Me encantaría saber de ellos… ¡Ah, por supuesto! Puedes viajar una vez que nazca el príncipe, antes no.
—Sí, señora —respondió en voz baja, mirándola a los ojos.
—Tomaré eso como un sí —dijo con una sonrisa. Sabía que enviar a un saiyajin a su planeta natal podía ser una locura, pero los meses conociéndolo sirvieron para ayudarla a tomar la decisión—. Ahora dime si respondió Vegeta. Ya debería haber regresado, pero no he sabido de él en dos… — Se calló de golpe justo antes de terminar la oración.
Puso las manos en su vientre cuando sintió ese fuerte dolor que le indicó sorpresivamente que el momento de conocer al pequeño príncipe en persona, había llegado.
Su cuerpo entero se puso tenso y alejó una mano de su vientre para tomar con fuerza la de su soldado.
—Quiero a Vegeta, aquí y ahora —sollozó con los dientes apretados y los ojos llenos de lágrimas.
(…)
—Haces lo que sea para salirte con la tuya.
—Ya deberías saberlo —respondió Bulma, acostada de lado, en posición fetal en la cama. Le habían inyectado algo en la columna que la obligaba a mantenerse en esa posición sin moverse, de lo contrario hubiera saltado a abrazar a Vegeta en cuanto escuchó su voz.
— Creo que debería comenzar a castigarte. Iba rumbo a otro planeta cuando llamaron. Debí cambiar rumbo porque el príncipe ya venía, pero aún no sucede.
Increíblemente, los pasos del hombre la hicieron sentir mejor y cuando sus miradas se cruzaron, el miedo desapareció. Adoraba sentirse así con él, era tan irreal que a veces no lo creía cierto, pero ahí estaban, después de casi de un año de haberse conocido. Fue tal y como cuando fue raptada una noche cualquiera en la Tierra mientras fumaba un cigarro en la azotea de su edificio. En un momento era una de las mujeres más poderosas del planeta, y al otro segundo un insignificante pedazo de carne. Cuando conoció al príncipe, era una esclava en el laboratorio, y casi sin darse cuenta ahora era la reina de un planeta de salvajes y estaba a punto de dar a luz al príncipe.
—No podrías. Sabes muy bien que te encanta como soy. —Movió un poco la mano para alcanzar la suya enguantada. Vegeta no se movió.
—Una vez repuesta me encargaré de tu castigo. Ahora concéntrate en dar a luz a mi hijo.
—Qué guapo luces con armadura y capa… —comentó un poco mareada. No sabía si era lo que le habían inyectado, pero fue lo único que pudo comentar.
Vegeta no respondió. Simplemente curvó un poco el labio y acercó la otra mano para quitarle el cabello del rostro. Estaba tranquilo. Sabía de memoria lo fuerte que era, y este era algo más en su historia. Todo saldría bien.
—Te amo, maldito saiyajin.
Nuevamente guardó silencio, pero ante esas palabras que siempre lo hacían sentir incómodo, acarició su labio con el pulgar.
(…)
La nave descendió con amabilidad sobre el solitario monte. El pasto y las flores se sacudieron por la fuerza de los motores y más de un animal huyó despavorido a causa del ruido. Lo primero que hizo el saiyajin al descender de la nave fue encapsularla, debía cuidarla, ya que dudaba encontrar en este planeta una nave con la misma tecnología para viajar en caso de extraviar su único medio de transporte.
Bajo ninguna circunstancia se puso la ropa que le obsequiaron. Estaba orgulloso de su atuendo de guerrero y jamás usaría prendas de otra raza, especialmente una tan débil, ¡y vaya que lo eran! Lo comprobó con su scouter en cuanto levantó vuelo y recorrió partes habitadas, fácilmente podrían someter el planeta en pocos días; por lo que tenía entendido era muy grande, pero con los guerreros adecuados podrían sacarle bastante provecho a un habitad tan rica. Pero, claro, si había viajado tanto tiempo no había sido por motivos bélicos, de hecho no sabía bien la razón de su visita. La nave había sido un regalo y en ningún momento pensó en usarla, incluso tenía un comprador interesado que le daría mucho por esta, y fue en el último momento que se arrepintió, la desencapsuló y se embarcó en esta travesía sin sentido.
Ahora viajaba a gran velocidad, guiado por las coordenadas de su scouter. A medida que se acercaba, las dudas y cuestionamientos creían. No tenía sentido alguno su presencia en aquel planeta, pero continuaba volando sin desviarse ni disminuir la velocidad.
Luego de un par de horas, y cuando finalmente se convenció que el motivo de su visita era para comprobar que estuvieran bien e informarle a la reina, descendió y pisó tierra firme. Caminó por una plantación de verduras verdes, pero no sabía su nombre, aunque creía haber escuchado alguna vez a Milk hablar de ellas y cuanto le gustaba y extrañaba. Ignoró a los humanos que trabajaban en la tierra y continuó su paso.
Cuando estuvo a pocos metros de la casa se detuvo. No sabía qué estaba haciendo. De pronto la idea del rechazo se pasó por su cabeza tan potente que detuvo sus piernas. ¿Qué le hacía pensar que sería bien recibido? Después de todo, el único deseo de ella era abandonar Vegetasei y volver a la Tierra para olvidar a todo y todos, no tenía buenos recuerdos de ese planeta y él representaba todo lo que sufrió. Al menos eso era lo que entendía, como guerrero no solía cuestionarse tanto las cosas, pero por ella debía hacer el esfuerzo.
Debería haber vendido la nave cuando tuvo la oportunidad. Le habían ofrecido buena cantidad de dinero. Estaba perdiendo su tiempo, su lugar eran las misiones, ni siquiera ser el guardaespaldas de una débil humana. Todo lo que llevaba haciendo hace un largo tiempo estaba mal. Lo mejor era regresar a su planeta, vender la maldita nave y embarcarse en una larga y peligrosa misión, como hace tiempo no lo hacía.
En el momento que sus pies dejaron de tocar el suelo, una voz gruesa le habló directamente a él. Era un hombre grande, un humano incluso más grueso y alto que él que salía de la casa con un arma en sus manos y no dejaba de apuntarlo.
—¡Tú! ¡Tú eres de ese planeta de asesinos!
Raditz no respondió, pero volvió a pisar la tierra. Curioso dio un par de pasos para ver al hombre más de cerca, pero se detuvo cuando lo escuchó hablar.
—¡Ni un paso más! ¡No vas hacerles daño a mi nieto y mi hija! ¡Vete de aquí si no quieres que te mate!
Al sentirse retado, dio otro paso más, entonces el gran hombre disparó. Por supuesto la bala no alcanzó a tocarlo, pues antes que impactara en su rostro la detuvo con la mano. La observó con atención, reafirmando su idea de lo débil que eran los humanos al tener que recurrir a armas tan primitivas e inútiles.
El hombre que protegía a su familia, se aterró al comprobar de qué eran capaces de hacer estos guerreros asesinos, pero lo detendría aunque eso significara su muerte. Gritó listo para ir hacia él y atacarlo, pero desde el interior de la casa se le adelantaron.
—¡No, abuelo! —Gohan salió corriendo para ponerse entre los dos hombres. Se asomó por la ventana cuando escuchó el disparo y no dudó en ir a intervenir al ver la inesperada visita—. ¡Abuelo, él es amigo!
Raditz debió tomarse unos segundos para ver lo diferente que lucía el niño después de tanto tiempo sin verlo. Ya no parecía guerrero, pero no se veía mal, aunque se parecía cada vez más a su hermano.
—Gohan, entra a la casa, este hombre seguramente viene por ustedes, pero no lo voy a dejar…
—Raditz —Exclamó Milk junto a la puerta, cerca de su padre.
Cuando los dos encontraron sus miradas sonrieron, ella mucho más efusiva que él. Como era de costumbre, el silencio los invadió.
En ese momento él supo que ella era feliz. Estaba bien de regreso en su planeta y no podría estar mejor. Eso lo dejó tranquilo.
Los ojos de Milk brillaron de felicidad. Pensó que nunca volvería a ver el hombre que la ayudó a escapar del infierno de Vegetasei. Era una lástima no poder agradecerle todo lo que hizo por ella, pero ahí estaba, a solo unos metros, tan callado como siempre.
—¡Raditz! Ven, vamos a la casa. —Gohan se le acercó e invitó con la mano a entrar a la casona.
El guerrero no se movió de su lugar hasta que Milk reiteró la invitación de su hijo. Los tres entraron, con el padre de la mujer detrás de ellos, atento a cualquier movimiento inesperado. No podía confiar en alguien como él, pero al parecer ni su hija ni nieto le prestaban atención.
(…)
Tomó el destornillador del escritorio para intentar abrir el pequeño robot que había armado hace no mucho. Se suponía que debía ser lo mejor de lo mejor, satisfacer las necesidades de Vegeta, pero para su sorpresa, terminó fallando a los cinco minutos de haberlo puesto en marcha. Una vez retirada la carcasa superior, se preocupó de mover con suma delicadeza los delgados cables que conformaban lo circuitos. Desvió su atención por un momento para tomar los lentes con aumento que descansaban cerca de unos papeles de color marrón desteñido, en un fugaz vistazo, logró hacerse una idea de lo que decía antes de regresar a trabajar en su robot, ahora con mejor visión, gracias a los lentes.
—Es muy poco lo que ofrecen… —comentó sin mirarlo. Si movía el destornillador un milímetro de más, podría arruinarlo más aún.
—Es casi el doble en comparación al trato del año pasado —respondió Vegeta, sentado en su cómodo asiento, junto al escritorio.
Estaba a punto de firmar un nuevo acuerdo con el planeta productor del metal para sus naves, cuando la mujer sentada en sus piernas, y supuestamente ocupada en reparar su nuevo robot, interrumpió.
—Lo sé, pero pueden ofrecer más.
—No he preguntado tu opinión. —Acercó el lápiz para firmar, pero se detuvo al oír otra interrupción.
No sabía por qué insistía en trabajar sentada sobre sus piernas. Tenía cualquier lugar del reino, el laboratorio y el maldito planeta para arreglar los robots, pero cada vez que iba a trabajar al escritorio, ella aparecía con algo qué hacer y se sentaba en su regazo. Jamás hacía algo para impedirlo, y en silencio movía un poco el asiento para que estuviera cómoda y como ya de costumbre, su rabo le abrazaba la cintura. La mano se iba a su cadera cuando ya había terminado o definitivamente se aburría de lo pendiente y ella pasaba a ser más interesante.
—… Y como ya te dije. Los monrrac tienen dos lunas más de las que nos hacen creer. Este planeta ha sido generoso con ellos y ya es hora de que lo agradezcan como corresponde.
—¿Cómo estás tan segura de eso? —La miró, pero ella continuaba atenta a su robot.
—Porque es igual a cuando recién nos acostábamos y te dije que no todo se trataba de peleas y muerte. Yo soy la genio en los negocios e investigo antes de llegar a cualquier arreglo. Deberías agradecer que me tienes para asesorarte, cualquiera mataría por tenerme.
—Está bien, tú ganas. —Frunció el ceño y soltó el lápiz—. Pero si estás equivocada…
—Eso no ocurrirá —contestó altanera.
Vegeta sonrió ante su respuesta. Le gustaba que fuese así, él también estaba seguro que estaba en lo correcto.
Con la mano derecha arrugó los papeles y la izquierda la movió para posarse en su cadera.
—Y otra cosa, su majestad. Eso tiene dos horribles faltas de ortografía. La próxima vez dígale a mi hombre que lo redacte.
—¿Ahora sabes escribir en tork? —preguntó con una sonrisa de lado.
—Un poco —dijo con una risa orgullosa. Dejó el robot y herramienta sobre el escritorio y por fin se giró para mirarlo—. Estuve aprendiendo con Cabbe. — Se mordió el labio de forma coqueta, pero olvidó aún llevaba los lentes con aumento que hacían sus ojos lucir extraños.
Vegeta hizo una mueca seria, la tomó de las caderas para subirla al escritorio y se puso entre sus piernas. No dijo nada, simplemente la miró sin ninigúna emoción en su rostro, preocupado de quitarle los lentes con cuidado para no tirarle el cabello, los dejó junto el robot que su mujer no terminaría de arreglar esta noche. Ella llevó sus manos a su rostro, mientras que él las levantó para dejar un mechón detrás de su oído y luego acariciar su labio con el pulgar.
—Perfecto —susurró contemplando sus hermosos ojos.
Los besos no se hicieron esperar. Sonoros y largos, con un abrazo apretado que los dejó sin aliento. Esta noche prometía, pero ella lo separó con una mano.
—Tengo hambre.
El guerrero frunció el ceño. Esperaba cualquier disparate, menos ese. Intentó reclamar su boca, pero la mujer se separó más hasta lograr bajar del escritorio.
—Solo son diez minutos. Voy por comida y regreso. ¿Se te antoja algo?
—Bulma… —comenzó con tono de regaño al mismo tiempo que se cruzaba de brazos. Ya había entendido qué pretendía—. No vas a ir a…
—Veinte minutos, nada más. Te prometo que te lo compensaré. —Retrocedió hasta llegar a la puerta.
—No te esperaré —sentenció con tono severo, pero ella no borró su sonrisa.
—Claro que sí. —Se le acercó y apretó su miembro duro con la mano derecha. Con la izquierda tomó su mentón para robarle un beso—. Siempre me esperas —susurró con voz sensual, contra su boca. Le dio otro corto beso y abandonó la habitación de ambos.
Vegeta hizo una mueca, incómodo y enojado consigo mismo por ceder una y otra vez.
Cerró la puerta con delicadeza para no despertarlo. Solo había una pequeña luz sobre el escritorio junto la cama, y no era posible ver si dormía o no, pero pisó con cuidado para llegar a su lado y poder verlo. El pequeño de año y medio tenía el oído fino como el padre y siempre estaba atento a la llegada de su madre.
Se sentó en la cama y le apartó el cabello del rostro para poder apreciarlo. Trunks dormía con el ceño fruncido igual que Vegeta, y afortunadamente esta vez no la sintió llegar. Lo acarició y observó en silencio, sentía que podía hacerlo por horas sin cansarse.
El pequeño estaba muy pequeño para comenzar cualquier tipo de entrenamiento, por lo que ella tenía en cuidado absoluto de él. Algo completamente diferente a lo que suele suceder con los príncipes, pero nuevamente Vegeta le había demostrado lo que sentía por ella sin abrir la boca.
No se hubiera quedado sin luchar si no le hubiesen permitido conservar a su hijo. El niño era su alegría, el sol casi inexistente en Vegetasei y nada ni nadie la apartaría de ella, y pese a la crianza diferente, Vegeta pareció entender un poco el apego, y por eso su cuarto estaba cerca del suyo y no en una incubadora fría y muerta.
Tocó su mejilla para comprobar su temperatura y que todo estuviese bien. En toda su corta vida jamás se había enfermado. Su sangre guerrera superior lo tenía a salvo de cualquier virus, pero ella, como toda madre preocupada, no podía dejar de cuidarlo.
Después de un rato se puso de pie para salir. Esta vez no estuvo tanto, ya que se encontraba dormido, usualmente compartían más tiempo juntos antes de ir a la cama, pero esta noche el niño cayó rendido antes de lo normal.
Cerró la puerta con delicadeza y salió del cuarto. Quería aprovechar el tiempo con Vegeta, pronto partiría de viaje y se encargaría de hacer que la extrañara tanto como ella a él.
Al llegar a su habitación, lo encontró sentado en el sofá. Le daba la espalda y no se volteó a mirarla, pero ella sabía que él la había escuchado. Se le acercó y lo vio con una copa de vino en la mano. La chimenea estaba encendida y calentaba todo el lugar. Le sonrió cuando este le ofreció la mano. A gusto aceptó y se sentó en sus piernas.
Era perfecto, todo lo era.
(…)
En algún planeta de la galaxia…
El poder que emanaba su cuerpo era insoportable. Jamás había sentido energía tan potente recorrer sus entrañas de forma tan violenta y extrema, y continuaba elevándose. Cayó al suelo cuando sus piernas no fueron capaces de resistir el insoportable dolor. Sus manos se apoyaron en la tierra e hizo lo único posible: gritar.
La electricidad de su cuerpo se elevó junto con el grito, la tierra tembló bajo sus pies a causa de su poderoso ki, pero no fue consciente de la energía se estabilizó en él hasta que todo el dolor se convirtió en una maravillosa sensación de superioridad que lo embargó por dentro y por fuera. Nada ni nadie podría hacerle frente.
Se puso de pie, completamente respuesto y renovado, como si no llevase meses viajando sin parar, entrenando y matándose a diario para vengarse de los que lo humillaron una vez. Sobrevivió de milagro, su propio hermano lo abandonó creyéndolo muerto, pero era fuerte, siempre había destacado, desde niño, y esa habilidad innata fue la que lo ayudó para no morir en ese planeta desolado.
Observó su reflejo en el agua, aún ondeaba violento por el frenesí de poder expulsado, pero cuando amainó, el guerrero pudo ver su reflejo distorsionado. Su cabello lucía diferente, al igual que sus ojos. No entendía el porqué de esos nuevos colores en él, pero lo que si era claro, es que había subido a un nuevo nivel.
Volvería, juró que lo haría y se vengaría de su mujer y hermano por traicionarlos. También esa mujer que la ayudó. No le importaba pasar por encima de quien sea, incluso del rey de su raza para limpiar su orgullo.
Pero por ahora, se encargaría de matar al enemigo que tenía en frente y tiritaba de miedo ante su nueva apariencia.
Sería amable con él y lo asesinaría con rapidez, después de todo, él había gatillado esta nueva súper trasformación.
Fin
Y esta historia ha llegado a su fin…
Me siento feliz de ponerle fin a una historia que comenzó sin nada ambicioso. Un fic de no más de cinco capítulos que terminó con catorce, con una segunda parte a punto de comenzar y un tercer acto para concluir esta historia que me conquistó.
Lo primero, hablemos de esta historia: Seré breve, no me gusta aburrir con las notas de autor. Me gustó el final simple, el final feliz necesitaba más detalles y cerrar historias, así que creo que resultó. Me encantó escribir la parte en que ella estaba sentada en sus piernas, trabajando mientras él veía sus asuntos. Con eso recordé cuando recién habían comenzado lo suyo y aún no sabían que pasaba en verdad. Y el hermoso Trunks saldrá mucho más en la segunda parte. Y también Raditz y Milk tuvo su final, pero los detalles se los dejo a ustedes
La escena final, claramente deja un tema mega abierto para la segunda parte. La cual trataré de comenzar pronto, pero subiré cuando tenga más adelantado, para publicar seguido.
Hay algo que olvidé mencionar en la nota de autor del capítulo anterior, así que lo hago ahora: Respecto a la decisión de Vegeta. Antes de comenzar a escribir esta historia, le comenté a una amiga de qué trataba, entonces ella me dijo que hace mucho había leido una historia parecida, pero que odió el final porque Vegeta obedecía a su padre y mandaba a Bulma a la Tierra, entonces yo pensé que no era del caracter de Vegeta hacer algo así. Dado su gran orgullo y que además era el principe de su raza y no un soldado de Freezer, con mayor razón se saldría con la suya y no descansaría hasta lograrlo. No sé que pienen ustedes...
Igual este fic significó mucho para mí. Lo escribí porque quería distraerme, estaba con problemas y no me sentía bien. Y la escritura siempre ha sido un medio de escape, desahogo y distracción. Gracias a Una Razón, el tiempo pasó más rápido y ahora que está terminado, me doy cuenta que esos problemas y sentimientos inoportunos ya no están. Hace unos días terminé el tercer semestre y ya voy por el cuarto, así que más feliz estoy.
Besos y muchos cariños a todas las que siguieron Una Razón, espero nos veamos en la continuación, y también en mis otros fics. A las que les gusta Bulma y Vegeta, las invito a leer Fragmentos y A la misma Estrella. De esa colección de one shots, haré historias de varios capítulos. Estoy entre el capítulo Freezer y Casualidad.
Espero no esté pesado para poder escribir todo lo que quiero. Que les vaya bien y nuevamente, muchísima gracias por leerme.
¡Miles de besos!
Dev.
05/10/2016.
