LAuren Saint Seiya: Gracias por el comentario, me alegra que te llame la atención la historia. Todas queremos abrazar a Shun, es algo normal. Con el paso de la historia (espero) se irán aclarando esas dudas...Lo que no creo que es el odio hacia Ikki baje.

Synchronicity girl: Los spoilers de pequeños pedacitos cuentan como una pequeña ventaja! Me conoces tan bien! Pero cualquier cosa puede pasar! no te confíes! A todo esto...el bastardo te va a parecer más bastardo después (te quiero?)

gris117, Yami Yue07: Gracias por los follows y el favorito!

El recuerdo de sus ojos fijos en los míos aún me hace temblar, porque esos no eran sus ojos, eran los ojos de otro ser capaz de causar miedo a cualquier cosa muerta o viva, me atrevería a decir que eran los ojos de un demonio.

Después de hablar acerca de la posible migraña de Shun pasamos a otro tema más ameno, como lo es el partido de fútbol que habría en el orfanato.

Yo no pude opinar nada durante toda la plática, tenía demasiado miedo para abrir la boca o hacer cualquier movimiento que no fuera vital. Estuve así durante un buen rato, pero hubo un momento en que mi mente dejó de maquinar ideas tan siniestras y fuera de lugar, así que pude hablar por un par de minutos.

Pero, ya lo dije, "un par de minutos", porque después de esos dos minutos esos ojos color verde esmeralda se quedaron fijos en los míos. Esos ojos eran tan fríos que mi sangre se puso helada como un hielo, mi corazón latía tan rápido que lo sentía en la garganta, mis manos temblaban y sudaban frío…Pero él seguía viéndome mientras se acercaba lentamente, como un cazador a un cachorro de león o uno de estos a sus presas antes de desgarrarlos y comérselos con el placer de un sádico o la satisfacción de la supervivencia. Me quedé helado esperando que me matara con esa mirada tan falta de cualquier sentimiento. Pero no pasó, solamente siguió viéndome por lo que a mí me pareció una eternidad.

-¿Entonces vamos a ver la película?- Preguntó desviando su mirada de mí y dirigiéndose hacia los demás.
-¿Qué tanto veías a Seiya? Es decir, todos sabeos que no tiene una cara normal, pero no es para tanto.- En otra ocasión me hubiera molestado y le hubiera dado un buen golpe a Hyioga, pero estaba paralizado y aterrorizado.

Sé que repito mucho esas palabras, que su vuelve aburrido y repetitivo, pero el solo recuerdo de ello me hace perder parcialmente el control de mis sentidos, me hace sentir casi tan pequeño como me sentía en ese entonces.

-Es que me pareció haber visto algo extraño atrás, en la cocina. Pero creo que solo fue mi imaginación.- Quise gritar que no era cierto, que él acababa de estar viendo directo a mis ojos y que no eran sus ojos, que me estuvo viendo con los ojos de un demonio desalmado. Pero no pude, las palabras se quedaron ahogadas en mi garganta junto con todos los gritos que a lo largo de esos días había acumulado.

-¿Algo extraño? ¿Cómo qué?- Agradecí los esfuerzos de Shiryu por saberlo, pensé que tal vez la mentira de Shun (o lo que sea que me haya visto de tan aterradora manera) podría flaquear y entonces ellos me creerían.

-Una sombra, quizá un animal…O un fantasma.- Su cinismo me hizo pasar del miedo al enojo. ¿Cómo se atrevía a reír después de una palabra que podría describir lo que yo pensaba que él era? ¿Quizá él sabía lo que yo pensaba y por eso me torturaba con esas miradas y esas bromas? ¿O eran simplemente coincidencia y era mi mente la que estaba delirando? ¿Era acaso que estaba empezando a perder mi cordura? ¿Estaba yo volviéndome loco o era Shun quien quería que yo pensara eso?. Todas esas preguntas se amontonaban en mi cabeza, haciendo que mi cuerpo optara por la acción de desmayarse y darme un descanso de tanta interrogante sin sentido.

(…)

Más o menos dos horas después de haber perdido el conocimiento, me desperté tratando de convencerme a mí mismo de que todo había sido una pesadilla, que nada había sido real y que los últimos días no habían pasado más que en mis sueños llenos de penumbra y pesimismo.

No fue así. Me vi tendido en la cama tan débil que hasta respirar se me había convertido en un gran esfuerzo. Traté de sentarme en la cama pero no puede.

Empezaba a desesperarme, a ponerme nervioso con cada segundo que pasaba en que el aire no llegaba a mis pulmones. Sin embargo, cuando mi cuerpo volvía a sentir el precioso oxígeno, mi corazón se hacía trizas al darse cuenta de que tenía que seguir latiendo, que no podría simplemente detenerse y dejarme libre de tanto sufrimiento.

Mientras me debatía sobre si quería vivir o morir, escuché como el picaporte de mi habitación se giraba lentamente. Imaginé que debía ser algún médico o quizá Saori que venía a revisar cómo estaba o si ya había despertado, pero no logré averiguarlo, dado que quién sea que haya tenido la intención de entrar, se arrepintió de ello.

Seguía tumbado en la cama con la respiración todavía agitada y el corazón indeciso sobre si latir o no latir. Me pregunté quién podía haber querido entrar y después haberse arrepentido, pero no se me ocurrió nadie.

Pasó un buen rato antes de que lograra sentirme de nuevo vivo. Al sentirme así, decidí que iría por un vaso de agua, tratar de calmarme hasta llegar a mi estado normal. Pero, inmediatamente puse un pie fuera de la cama de sábanas color azul cielo, mi cuerpo sintió una oleada de frío y debilidad que me hizo caer al suelo al borde de otro desmayo.

Entonces, escuché una voz detrás de la puerta de mi habitación.

-¡Seiya! ¡¿Estás bien?!¡ Déjame entrar por favor!- Estaba muy débil como para reconocer la voz, pero por el mismo motivo de mi debilidad decidí ocupar las pocas fuerzas que me quedaban en contestar un fuerte y desesperado "Sí, entra por favor, necesito ayuda."

Quise ver entrar a uno de mis amigos o a Saori, pero quien entró fue un ser extraño al cual no pude verle el rostro. Se acercó a mí lentamente, sin hacer ningún tipo de ruido, como un gato sigiloso y altanero.

Quería volver a desmayarme y dejar de ver esa escena, pero mi cuerpo se mantuvo despierto y mi mente me obligó a estar consciente cada segundo. Veía la sombra de un hombre, de eso estaba seguro, pero ese hombre podía ser tanto alguien de mi edad como alguien mayor.

Mi respiración volvió a entrecortarse y mi corazón sufría una de las peores arritmias de las que los médicos podrían dar fe. Mi estado empeoraba conforme él se acercaba en la oscuridad para hacerme quién sabe qué cosas.

En ningún momento de ese episodio puede ver su rostro, pero sentí su mano fría en mi rostro, acariciándome hasta llegar a mi hombro izquierdo. Sentía dormida la mitad izquierda del rostro, la sangre helada y mi cuerpo enteramente tenso. Ese hombre quería matarme y mi mente lo intuía. O tal vez ese hombre quisiera torturarme por alguna razón. O no, quizás ese hombre fue algún enviado de otro dios que quiere acabar con la humanidad. O…¡Por supuesto! ¡¿Cómo no lo había visto antes?! Ese hombre era probablemente un producto de mi enferma y herida imaginación que ya había perdido la cordura por completo.

Pensé en morir a causa de mi propia locura, pero no podía creerme a mí mismo. El contacto era muy real, tan frío que había empezado a temblar.

-Lo siento, es mi culpa que te encuentres de esa manera…En verdad de te ves tan asustado. ¿Podrás perdonarme, Seiya?- Seguía sin reconocer esa voz, pero también sentía que la conocía muy bien. –Seiya…o mi precioso Pegaso. Ese cuerpo está lleno de todo lo que yo necesito para poder vivir por años y años.- Me sentía extraño, mi cuerpo comenzaba a relajarse y a ceder ante esa voz. Estaba cayendo en la seducción de esa voz llena de desesperación y a la vez de una extraña dulzura. El hombre soltó un suspiro y pasó su mano por mi torso hacia abajo y de nuevo subió hasta acariciar mi cuello. -¿Sabes cuántas veces he imaginado este momento? Puede parecerte extraño, pero te aseguro que es lo que debe pasar.-

Ya no me molestaba, es más, me hacía sentir cómodo y relajado. Yo también solté un suspiro y me sentí en otro mundo al sentir como tomaba mi rostro con sus dos manos y lo acercaba al suyo. Sentía su aliento, era tan frío que se semejaba al aliento del señor de los Hielos del que tanto habla Hyioga cuando estamos contando historias. Pero no me molestaba, me gustaba tener su aliento tan cerca y sentir su cuerpo aprisionando el mío al suelo.

-Mi precioso Pegaso…eres todo lo que yo necesito.- sus palabras estaban llenas de ansiedad y algo que no puedo describir. Cada una de las sílabas que salían de su boca eran perfectamente articuladas y llegaban a mis oídos deleitándolos con algo que me embriagaba aún más que el alcohol.
-¿Quién…?- alcancé a preguntar con el aire que entraba más libremente a mi organismo.
-No preguntes lo que no te conviene.- escuché otra voz que interrumpía con brusquedad y enojo el ambiente tan extrañamente tranquilizante. –Largo de aquí. Aléjate de él.-

Si antes estaba confundido, en ese momento mi mente quería explotar. Me había sentido seguro antes de que en la habitación hubieran tres personas .El ambiente volvía a dejarme sin aire y al borde de un desmayo o un colapso nervioso.

-No lo repetiré de nuevo. Lárgate y déjalo en paz.- Cuando la otra voz dijo eso, creí reconocer la voz de uno de mis amigos, pues sabía que la había escuchado antes. Lastimosamente no podía saber a ciencia cierta de quién era.
-Me iré. Pero no me iré sin lo que venía a buscar.- esa voz ya no me hacía sentir seguro, me hacía sentir también miedo y desesperación por pararme y salir corriendo de ese lugar.
-¡Ni siquiera sueñes con hacerle daño!-
-Está bien…Solo lo haré porque tú me intrigas y porque quiero que discutamos este y otros asuntos sin nada que te lo impida.-
No sabía de lo que estaban hablando, quería saberlo para hacerme la idea de si debía preocuparme o no por mi vida.

Escuché los pasos de quien había entrado primero a la habitación acercarse a la otra persona –los diferenciaba por donde estaban posicionados –Mis ojos derramaron un par de lágrimas al oír el quejido de dolor que salió de los labio de la segunda persona. Si era uno de mis amigos significaba que quien me había hecho sentir tan seguro en realidad quería hacerle daño a ellos o a mí.

No supe que pasó después. Todo se puso negro y volví a desmayarme.

(…)

Me desperté de golpe en mi cama, con la respiración agitada y con miedo de encontrarme el cadáver de uno de mis amigos frente a mí. Pasaron solo unos segundos para darme cuenta de que no me costaba respirar y que la habitación no estaba oscura como antes.

-¿Te sientes mejor?- preguntó alguien sentado en una silla de color verde claro junto a mi cama. Era Shun, quien me veía con sus ojos tan verdes y hermosos de siempre expresando preocupación e interés por mi agitación.
-Sí…pero, ¿qué pasó?- era probablemente la pregunta más estúpida que podía hacer en ese momento. Era obvio que él no estaría así de tranquilo si hubiera pasado lo que yo creía.
-Te desmayaste abajo. Bueno, nosotros creíamos que te habías desmayado, pero el médico dijo que estabas dormido y que probablemente no habías estado durmiendo lo suficiente y que por eso fue que caíste dormido así de repente.- No sabía qué creer. Él me estaba sonriendo pero su sonrisa no me gustaba nada, no sabía qué tenía, pero no me agradaba y me hacía pensar que tal vez Shun me estaba ocultando algo.
-¿Cuánto tiempo estuve dormido?- pregunté con el fin de que el tiempo me diera esperanzas de no estar volviéndome loco y que era Shun quien me estaba jugando quién sabe qué tipo de broma de mal gusto.
-Como hora y media. Dos a lo mucho.- No podía creerlo. Yo había sentido una eternidad durante todo el episodio de aquella persona (suponiendo que era una persona).
-¿Seguro?-
-Te ves confundido y, por como despertaste, debiste haber tenido un mal sueño. ¿Es así?- me preguntó dulcemente.
-Sí…supongo que fue un sueño.-
-Te entiendo, pero todo está bien ahora. Fue solo un sueño, y, recuerda que en sueños pueden pasar años y en la realidad segundos.- me dijo para tranquilizarme. En esos momentos, se me hacía una vergüenza el pensar cosas tan horribles como las que pensaba yo de Shun, pero igualmente no podía alejar los malos pensamientos de mi mente.

-Tienes los labios secos. Iré por agua y de paso les aviso que ya despertaste.- Shun intentó levantarse, pero se tambaleó e intentó apoyarse en la mesa de noche sin lograrlo. Lo vi caer al suelo de rodillas, apoyándose en su mano izquierda para no caer de cara al suelo.

Me levanté rápido de la cama y me sorprendí de poder ponerme de pie sin caer yo también al suelo. Me apresuré a llegar junto a Shun y verificar su estado. Estaba más pálido que lo normal –y que lo normal era preocupante también –,respiraba muy forzadamente y estaba sudando demasiado con el cuerpo tan frío que bien le podría haber dado hipotermia.

Grité por ayuda mientras intentaba, con su cabeza en mi regazo, que no se desmayara. Sus ojos se ponían en blanco muy seguido, pero hablándole evitaba que perdiera el conocimiento.

Hyioga llegó primero y vi la desesperación en sus ojos al ver lo mal que estaba nuestro amigo. Después llegó Shiryu y dijo que lo mejor era llevarlo a un hospital.
Ni siquiera esperamos a llamar a Saori para avisarle que nos llevaríamos el otro auto –Al parecer Saori estaba con Tatsumi en una reunión urgente de la empresa –,estábamos demasiado ansiosos y asustados para pensar siquiera en avisarle.

Para cuando nos subimos al auto, Shun ya se había desmayado y Hyioga, que iba con él en la parte de atrás, estaba desesperado diciendo que se estaba poniendo muy mal, que estaba dejando de respirar. Eso bastaba para que Shiryu perdiera todo sentido común y acelerara más de lo permitido para llegar rápido al hospital que al parecer estaba más lejos de lo que recordábamos.

Yo no paraba de decirme a mí mismo que me había estado comportando como imbécil todo el tiempo. Me dolían cada uno de los pensamientos malos que había tenido a cerca de Shun, cada minuto que pasaba para llegar era una tortura.

No nos dejaron entrar al área de emergencias, así que los tres nos encontrábamos en la sala de espera ya sin uñas que morder para calmar la ansiedad.
-¿Creen que sea algo malo?- dijo Hyioga con la voz temblorosa.
-No es cuestión de creer que es algo malo. Es de saber que Shun ha salido de cosas peores y que va a estar bien.- quería creer en las palabra de Shiryu, pero me era imposible sabiendo que en realidad no sabíamos que le pasaba y por ende no podíamos estar seguros sobre la fortaleza de nuestro amigo sería suficiente.

-Chicos…necesito hablar con ustedes.- el doctor que siempre había tratado con nosotros nos llamó muy serio. Todos cruzamos miradas, dándonos a entender que querían decirnos no nos iba a gustar nada.
-Por el momento pueden estar tranquilos. Shun está mejor y yo personalmente les digo que está en buenas manos y que despertará pronto.- El médico de ojos negros suspiró con pesar mientras se desordenaba el cabello (algo que hacía cuando estaba nervioso o angustiado). –No sé cómo decirles esto, muchachos.-
-Yûki, no nos asustes.- dijo Shiryu con la voz igual de temblorosa que la de Hyioga hace un rato.
-Es algo muy extraño, más en un joven como Shun.-
-¿Qué cosa? ¿Qué tiene?- no pude evitar mostrarme un poco molesto. Pero algo me decía, me gritaba que las cosas estaban mal y que se iban a poner peor.
-Para empezar tiene una anemia bastante agravada, lo extraño es que los vi a todos no hace mucho y no tenía la más mínima sospecha de anemia o algo parecido.- Shiryu soltó un largo suspiro y se mordió el labio inferior. –Está bastante débil y la verdad no entiendo cómo alguien puede enfermar de esa manera así de repente.-

Si él que era médico no entendía, nosotros menos. Nosotros solo sabíamos que nuestro amigo estaba enfermo y que no era algo que se tratara con un par de aspirinas.

-Va a mejorar con tratamiento, ¿verdad?- preguntó Hyioga triste pero aceptando la realidad.
-Quiero suponer que sí. Pero primero quiero hacerles unas preguntas a ustedes y luego a él.-
-¿Para qué?-
-Para determinar la causa. Pueden ser varias.-
-Bien.-

Entramos a la pequeña oficina que estaba a la derecha del final del pasillo. Yo nunca había entrado ahí, la única que trataba asunto con Yûki en ese lugar era Saori y de vez en cuando Shiryu. Era pequeño pero daba la sensación de tranquilidad, supongo que era intencionalmente para que las personas que tuvieran que oír malas noticias no se sintieran tan mal. Solté un suspiro al pensar que ese podía ser nuestro caso.

-Shun…Kido, ¿Verdad?- preguntó Yûki buscando el folder que contenía el historial médico de mi amigo.
-Sí…Oiga…¿Es muy grave?- preguntó Hyioga un poco tímido.
-Deja las formalidades. Ustedes han sido mis pacientes desde que el viejo Kido los junto a todos en su orfanato infernal.- Yûki era un hombre que estaba entrando a la mediana edad, pero era verdad, él había atendido a los niños del orfanato desde que yo tengo memoria de ese lugar. Por eso es de tanta confianza y se preocupa tanto por nosotros. –Por otro lado…No podemos saberlo aún con exactitud. Lo único que sabemos es que es una especie de anemia, necesito exámenes de sangre para saber qué tan grave es.-
-¿Para eso quiere hacernos preguntas?- Shiryu trataba de parecer más tranquilo que nosotros, pero tanto Hyioga como yo sabíamos que estaba igual que nosotros.
-Sí, por eso es mejor empezar ya.- Yûki se sentó en su silla del otro lado del escritorio con el lapicero azul en la mano y sus lentes de lectura –que en verdad no le sirven de nada –puestos. –La última vez vinieron estaba perfecto. ¡De verdad que no entiendo!-
-Si tú no lo haces, nosotros menos.-
-¿Se ha quejado de algo recientemente?-
-La luz lo molesta mucho.- Dijo Hyioga pensativo, quizá recordando que pensábamos llevarlo a revisar por si era migraña.
-También el ruido lo pone de muy mal humor.- informó Shiryu desanimado. Creo que la espera y la falta de un diagnóstico claro eran demasiado para que mantuviera su postura.
-Y pasa encerrado mucho tiempo.- dije con la esperanza de que mi comentario no fuera completamente inútil.

Yûki escribió algunas cosas en páginas en blanco dentro del fólder que tenía el nombre de Shun en la pestaña que sobresale. Pasó un largo rato analizando lo que había escrito mientras nosotros nos mirábamos cada dos segundos para reconfortarnos mutuamente.

-¿Lo han visto extraño últimamente?- preguntó Yûki sin mirarnos a nosotros, sino al papel que seguía leyendo.
-¿En qué sentido?- pregunté poniéndome un poco incómodo, ya que yo sí había visto un cambio bastante raro en Shun. Ese cambio en el que nadie tomaba en cuenta mi opinión.
-Raro, distinto…Es decir, distante.- Todos le preguntamos con la mirada a qué se refería. –No tiene que ser muy notable el cambio, pero lo más mínimo es importante que me lo digan. Dicen que pasa encerrado mucho tiempo. ¿Eso quiere decir que pasa menos tiempo con ustedes que antes?- Shiryu asintió un poco confundido. –¿Come con ustedes?-
-Ahora que lo menciona…Últimamente come muy poco o nada.- dijo Hyioga.
-¿Saben si hay algo que lo ponga sensible o que lo moleste demasiado?-
Fue entonces cuando el bufido de Hyioga resonó por toda la habitación y sus ojos denotaron su profundo enojo al recordar el tema que más afectaba a Shun.
-Ikki.- dijo molesto. Al escuchar el nombre, Yûki nos preguntó a nosotros con la cabeza qué significaba aquél nombre.
-Es el hermano mayor de Shun…Me refiero a que es quien lo crió desde bebé cuando su madre murió. Han habido muchos problemas con él y cada uno de esos problemas logran tener un gran efecto en Shun.- explicó Shiryu quitándole la oportunidad a Hyioga de soltar pestes exageradas de Ikki.
-Pero, ¿Por qué la pregunta? ¿Qué tiene que ver con lo que pasa ahora?- pregunté.
-La anemia no es solo por cuestiones médicas. A veces la anemia se produce por cuestiones de ánimo. Si Shun no está bien anímicamente, su cuerpo no funciona como debe como consecuencia de que su mente no quiere que lo haga.-
-¿Depresión?- interrumpió Shiryu con un tono intermedio entre la afirmación y la pregunta.
-En otras palabras.- suspiró Yûki levantándose e indicándonos que lo siguiéramos.

Caminamos un poco hasta llegar a la habitación blanca y depresiva que estaba dos habitaciones hacia abajo de la oficina de Yûki. Shun estaba dormido sobre la cama blanca con los aparatos que marcaban su ritmo cardiaco y un suero que le pasaba por la vena de la mano derecha.

-No voy a decirles que está bien porque no lo está. Voy a ser sincero con ustedes y a decirles que está mal y que va a necesitar cuidados bastante estrictos no solo médicos sino también por parte de ustedes.- todos suspiramos y asentimos resignados a que habíamos sido idiotas al no ver lo que le pasaba a Shun.

Y yo, yo me sentía todavía más idiota por haber estado maquinando ideas extrañas en vez de preocuparme más por mi amigo y hablar con él directamente.

Entramos a la habitación y Hyioga se acercó a la cama y tomó la mano libre de Shun acariciándola y con la otra mano hacía lo mismo pero con su cabello. Podría apostar a que no estaba llorando porque Shiryu y yo estábamos ahí.

-¿Creen que de verdad sea cuestión de algo como la depresión?- preguntó Shiryu subiendo la sábana hasta el pecho de Shun.
-No lo sé, pero no es algo tan irreal como para descartarlo.-dijo Hyioga molesto pero sin hacer mucho ruido.
-¿A qué te refieres?- pregunté acercándome para no sentirme tan lejos de Shun.
-Ikki llama cada vez menos y ya van casi tres semanas de no tener noticias de él.-
-Es probable que eso haya afectado a Shun y quién sabe si hay otras cosas de las que no nos hemos enterado.- dijo Shiryu moviendo nerviosamente su pie.

Me quedé viendo el rostro de Shun. No era tranquilo como las otras veces que lo había visto dormir, esta vez parecía triste y sufrido; estaba pálido y su temperatura era muy baja. Al caer en la realidad, me di cuenta de que el miedo que antes tenía no era nada comparado con el miedo que sentía en ese preciso momento, con el miedo de perderlo para siempre.

Notas: Hola! desaparecí de FF un tiempo a causa del colegio (la tarea, la maldita tarea) Pero he vuelto con un fic de suspenso! estaré actualizando domingos si me es posible.

Dejen sus comentarios de cómo les va pareciendo, o si tienen alguna idea de lo que está pasando! si les gusta, agreguen a favoritos o sigan el fic!

Hasta dentro de una semana!