A todas las personas que leyeron mi fanfic, sólo me queda de decirles muchas gracias, y comentarles que pienso mejorar. Nuevamente :) ¡Muchas gracias!
¡Bueno menos charla y más acción!
Los personajes no son míos lamentablemente.
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Capitulo 2
La mañana era un poco fría y húmeda, ya que la noche anterior había llovido, el frio gobernaba las calles en las que apenas se podía ver un rayo de sol penetrando a través de las nubes. Estaban dos hombres Sentados en una banca del aeropuerto esperando su vuelo con sus respectivas maletas, la gente pasaba a su alrededor corriendo y haciendo el mayor ruido posible. Con aire quejoso Takashi expresó metiendo las manos a sus bolsillos:
— ¡Que mierda de día! Y para colmo nuestro vuelo está atrasado.
— Cálmate Takashi, no te vas a morir si esperamos un poco más. — dijo Bob intentando calmar a su amigo.
— ¡Que no me voy a morir! Mira mis manos ya están azules. — mostró sus manos que temblaban por el frío.
—Si, como tú digas. Mejor deja de estar hablando estupideces y dime que hago yo aquí. — dijo mostrando inconformidad en su mirada.
— Vamos Bob, como si fuera tan malo, tú también querías venir. Además tenías que venir a Nagoya. — Aseveró dando un codazo a su amigo.
— ¡El otro mes para el trabajo! No para ser tu niñera, viendo cómo te vas con alguien a hacer tus "jueguitos " por las noches.
—Vamos Bob, tu siempre eres un aguafiestas, por eso estas solo.
— Prefiero estar solo, a estar con uno cada noche. — Manifestó Bob mostrando una sonrisa de victoria.
—¡Uhh! Golpe bajo amigo, mira cuánto me duele. — Colocó su mano en el pecho burlonamente, luego rió para continuar: —Pero enserio, deberías cambiar de estilo y quítarte estos lentes que parecen asiento de botella ¿Puedes ver con esto? — Se colocó los lentes de su amigo.
— ¡Dámelos! Si puedo ver con ellos, además no pienso cambiar mi estilo. — Aseveró volviendo a colocárselos.
Bob era una persona muy inteligente, amigable y perfeccionista, aunque a veces mal humorado, era atractivo con su cabello castaño oscuro, bastante alto casi de la misma estatura de Takashi pero con un par de unos ojos color avellana; siendo un buen amigo, aunque todo un aguafiestas para el criterio de su compañero. A pesar de todo, fue el único que estuvo en las buenas y en las malas con él en los Estados Unidos.
Takashi no pudo evitar recordar la razón para ir directamente a Nagoya volviendo sus memorias aquellos días en Fukuoka. Sin muchos bellos recuerdos en ese lugar, creció como todos los niños "normales". A pesar de que su padre fuera dueño de una empresa farmacéutica en el lugar, Takashi jamás le gustaron las ciencias y esas tonterías. No obstante de niño fue obligado a tomar clases privadas sobre esos temas para que siguiera con el "trabajo Familiar". Su padre no fue un tipo cariñoso o afectivo, casi no lo veía en casa, un hombre obsesionado con su empresa, todo el tiempo de viaje de negocios u ocupado en reuniones. Como todas las cosas, al pasar los años Takashi le fue restando importancia al asunto.
Su madre en cambio, una de las personas más dulces que podían existir, siempre tan atenta y cortés, tantas veces se preguntó "!Qué hizo su padre para merecerse a una mujer así!" Con su pelo tan largo color castaño y esos ojos azules como bajados cielo tan hermosos, siempre mostrando una sonrisa hasta en los peores momentos. Todo el tiempo procuró excusar la ausencia del papá, tan perfecta a los ojos de su pequeño, hasta que murió cuando él tenía catorce años, fue un golpe muy duro para su vida, más al culpar a su padre de ser su asesino. Ella murió en un accidente automovilístico, luego de una cena de negocios; en esas cenas donde se tiene que fingir la importancia de la familia. Los padres de Takashi discutían de regreso de aquella reunión, no podían ver muy bien el camino en consecuencia de los gritos de la discusión, por lo que sin darse cuenta, el carro chocó directamente contra un árbol. Takashi nunca pudo terminar de aceptarlo, procuró tantas noches imaginar que todo había sido una horrible pesadilla, sin embargo jamás volvió a ver a su querida madre, dejándole algo totalmente roto en su interior. La soledad lo apabulló como era de esperarse, su padre se alejó completamente de él, puesto que se sentía culpable ¿Acaso no lo era?
Morinaga como su mejor amigo en aquél entonces, lo ayudó a salir de esa terrible depresión, con su forma de ser tan buena y carismática, lista para ayudar, razón por la cual, desde ese día su amistad se formó como si lazos de sangre los unieran, un par de hermanos inseparables.
A sus dieciocho años, Takashi se marchó a Estados Unidos, lejos de Fukuoka, lejos también de las personas falsas e hipócritas. A pesar de procurar marcharse con Morinaga, él decidió quedarse en Japón, aunque se molestó un poco con él, puesto que pretendió llevárselo por el rechazo que sufrió con Masaki. La culpabilidad llenó su corazón al dejar a su mejor amigo sólo pero su única meta en la vida de olvidar todo y comenzar de nuevo lo hizo ser egoísta, alejándose de amigos y sobre todo de su familia.
Su aventura en ese nuevo lugar "Nueva York", comenzó contra todo y contra todos, en medio de bares y fiestas, despertando cada mañana con un chico distinto, con la finalidad de llenar el gran vacío de su corazón. Utilizó el dinero que su padre mandaba cada cierto tiempo en conquistar a los chicos, para después tenerlos gimiendo debajo.
Luego de un tiempo de hacer aquellas cosas, la soledad lo ataño cada vez más, fue entonces cuando conoció a Bob en la universidad, uno de esos chicos llamados "nerds" con sus lentes de fondo de botella, invariablemente molestado por los que se dicen "populares", que no son más que simples idiotas.
Gracias a Bob, Takashi logró acreditar algunas materias en las que estaba por reprobar, de modo que se convirtieron en un equipo, puesto que Takashi se volvió su protector a cambio de la ayuda en las materias. Con el paso del tiempo se convirtieron en excelentes amigos, a tal grado que los apodaron "science bros". Sin embargo un vació en su alma todavía sin llenar lo llevó a volver a Nagoya para buscar a su querido amigo Morinaga Tetsuhiro, por lo que una sonrisa escapó de sus labios al recordar tantas cosas en ese enorme aeropuerto.
—Así te vas a morir sólo y además si cambi… — Takashi no acabo su frase cuando se giro a ver a un chico que estaba parado a lado de los baños con su maleta. Llevaba Unos pantalones muy ajustados, para su suerte mostrando un perfecto trasero. No era de los tipos que le gustaban precisamente pero con un buen cuerpo y todo ese estrés tenía que distraerse en algo ¿no?
— ¿Qué ves? No me digas que …— Bob miró en la misma dirección dónde su amigo, no acabo de terminar su frase, ya que Takashi le confirmó con la mirada sus suposiciones. Suspiró molesto para continuar: —¡¿Es en serio?! ¡¿En el aeropuerto?!
Lo miró levantarse de su asiento en dirección a su siguiente presa. Pero antes de marcharse le expresó con prisa:
—Vamos, tu dijiste que me relajara.
— ¡Pero no de esta manera! Además faltan quince minutos para que salga el vuelo.
— Entonces tendré que hacerlo rápido. Bueno no pierdo tiempo, me avisas cuando salga el vuelo. —
Se dirigió veloz donde su actual presa ignorando los gritos de su amigo. Creyó escuchar una maldición en la última exclamación, sin embargo le restó importancia. Pensó en hacer todo rápido.
—hola belleza, pero que lindos ojos tienes muñeca. — expresó sujetando al chico por detrás.
Lo miró a la cara y notó de inmediato que no era su tipo, sin que su afán de tener esa aventura lo hiciera desistir, por lo cual utilizó el truco más cautivador que poseía. Lo giró para que el chico observara sus ojos azules como el mar, ya que con ellos siempre había seducido a sus múltiples amantes, los cuales le decían que aquellos ojos los podían hacer enloquecer. Sonrió seguro de sí mismo y continuó: —Por qué tan solito, alguien podría robar a una belleza como tú.
—Hola guapo, tú también tienes unos ojos muy hermosos. — Expresó en respuesta aquel chico.
Takashi de inmediato se percató que su plan funcionaba, por lo que sugirió:
— Si el señor no esta muy ocupado me podría acompañar. Estoy muy solo y aburrido, mi vuelo se retrasó.
—Claro, seria todo un placer para mí acompañarlo.
Nunca imaginó que pudiera ser tan simple por lo que sonrió aún más y propuso susurrando al oído del chico:
— ¿pero no le gustaría continuar esta "conversación" en lugar más privado?
Takashi caminó con su conquista hasta un baño, dirigiéndole una mirada coqueta antes de entrar y poner el seguro a la puerta. Razón por la que pensó: "Manos a la obra"
…
En un apartamento en Nagoya, Morinaga se había levantado temprano esa mañana, sus maletas ya estaban listas a lado de la puerta. Todavía estaba un poco indeciso preguntándose si había hecho lo correcto. Una parte de él estaba emocionado de poder ir al seminario y hacer avances en su carrera. Pero la otra estaba triste porque tendría que Alejarse de su sempai por ¡TRES SEMANAS!. Demasiado tiempo sin el cuerpo de su sempai y sin sus labios. Ahora que ese seductor cuerpo de Souichi ya lo aceptaba por completo. Decidió ir a la cocina y escribir una lista de compras para su sempai, no quería que descuidara su alimentación en su ausencia, por lo que reviso el refrigerador para ver que necesitaría. Al terminar de escribir, fue a su cuarto a tomar las cosas de su viaje y un abrigo; ya que había comenzado el invierno la semana pasada y el cielo proponía un día lluvioso.
Al salir de su habitación, vio la puerta semi abierta del cuarto de Souichi, tal cual lo había dejado ayer, su impulso venció más que la razón y sin darse cuenta ya estaba dentro del cuarto de su amado. Camino lo más silencioso que pudo, vio a su sempai que todavía estaba dormido en posición fetal y su cuerpo templaba un poco por el frio de la mañana. Morinaga se acercó más para arroparlo correctamente hasta el cuello. Se sentó en el piso a observar a su sempai por un rato, hasta que un recuerdo llego a su mente. El recuerdo cuando su sempai se desmayó en el laboratorio. Ver a la persona que más ama sin conocimiento en el suelo fue el momento más horrible para Morinaga, la necesidad de cuidarlo y protegerlo nació ese día.
Sin proponérselo Morinaga ya estaba a centímetros de su sempai casi rosando sus labios. Ver a su sempai así, era un privilegio para él, admirar ese rostro tan bello y suave a unos pocos centímetros con esa cortina de cabellos color rubio plateado que enfundaban la almohada y medio rostro de su amado al descubierto. Morinaga con mucho cuidado colocó los cabellos de Souichi de tras de su oreja, el cuerpo durmiente reacciono al contacto y busco el calor de la mano de Morinaga como un cachorrito. Casi sufre de un paro cardiaco ese día, pues Souichi dormido es la cosa más adorable que podía existir en el planeta o en el universo, pero el temor de despertar al demonio que habita en su tiránico sempai lo hizo reflexionar. Sin embargo, no resistió más y se lanzó a besarlo, un beso dulce que en pocos minutos se convirtió en uno más salvaje.
—Hmn…mm – Pequeños gemidos escapaban de los labios de Souichi aun dormido.
Morinaga sabía que tenía que parar o terminaría devorando a Souichi a la primera hora de la mañana. Con mucho cuidado se alejó y poso su frente en la frente de el y con lo ojos aún cerrados susurro:
— TE AMO SEMPAI. – Le dio un pequeño beso en los labios a su "amante" aún no confirmado.
Ya no quería repetir otra vez el error de no detenerse cuando debe, la otra vez le había costado un mes sin sexo y sempai lejos de él. Aunque cabe admitirlo que en Canadá fue su mejor noche de pasión con ese amante fogoso. Su amado se veía tan sumiso, tan relajado que se podía venir tan solo verlo, con sus mejillas sonrojadas y ese hilo de saliva en su boca. Morinaga tuvo que salir lo más rápido que pudo de la habitación de Souichi de lo contrario tendría que lidiar con un "problemita " en sus pantalones y no podía presentarse con una erección en su primer día. Miro a su reloj y solo le quedaban unos minutos para irse.
Se acercó a la cocina, busco un papel y un lápiz, para poco después comenzar a escribir. Hubiera querido despedirse normalmente con su sempai, pero prefirió dejarlo dormir un poco más. Termino su nota con un sincero "te amo sempai …" y lo puso encima del desayuno que había preparado especialmente para su amado.
Tomo sus maletas y se dirigió a la puerta, antes de salir del apartamento dirigió un ultimo vistazo a su hogar y una sonrisa sé escapo de sus labios al imaginar a su sempai diciéndole "buen viaje Morinaga, regresa pronto". Pero se conformó con haber besado los labios de su adorado antes de irse.
Al salir del apartamento pudo percibir el frío de la mañana, el viento soplaba un aire frio casi congelado que chocaba con su piel haciendo estremecer hasta el último de sus huesos. Se apresuro a coger un taxi, ya que no le pensó ir en el metro con este clima. Poco tiempo tuvo que esperar para coger un taxi y dirigirse a la estación de trenes. En el camino a la estación, su mente se dio el lujo de volar, algunos recuerdos de su infancia le robaban algunas sonrisas que tuvo que parar gracias a la mirada del conductor; pero los recuerdos no hacían nada más que llegar a su mente como si fueran bombas. Algunos le causaban tristezas, otros más sonrisas y algunos un derrame nasal.
Un recuerdo en especial del día en que conoció Takashi lo asaltó…
Mientras jugaba solo, puesto que su hermano no deseaba acompañarlo, recordó que en ese entonces pensó que quizá Kunihiro se encontraba enojado con él, sin que pudiera saber si de hecho hizo algo que lo molestara. Su madre aquél día les pidió que no ensuciaran su ropa puesto que vendrían unas visitas del empleo de su padre; todo con la finalidad de dar una buena impresión a la familia que los visitaría. El padre de Morinaga expresó claramente que deberían ser muy educados con sus visitantes ya que el jefe de la otra familia es un hombre realmente importante. Sin embargo Morinaga en su afán infantil pretendió jugar sólo un poco.
La voz de su madre lo llamó enojada, se levantó y sacudió sus rodillas corriendo hasta ella, el temor invadió sus pensamientos al recordar que en ocasiones no era prudente disgustarla, a razón de que solía notarse bastante estresada.
—¡Tetsuhiro! ¡Mira como estas! — dijo enojada la madre de Morinaga.
Se agachó a la altura de su hijo limpiando el polvo casi indetectable de sus pantalones. Entonces continuó con su regaño: — ¡qué mal hijo eres! ¡Te dije que no te ensuciaras y mira como estas! ¡Pareces un mamarracho con esas fachas! ¡Por qué no puedes ser como tu hermano!
Tetsuhiro frunció el ceño en señal de querer llorar aunque reprimió sus lágrimas y respondió con timidez:
—perdón mami.
— Ya es muy tarde para lamentaciones, las visitas llegarán en unos pocos minutos. – dijo su padre posándose a lado de su esposa. Por lo que pensó en ocultar su problema: — Tetsuhiro ponte detrás de tu hermano para que las visitas no vean lo sucio que estas.
—Sí. — Expresó Tetsuhiro colocándose detrás de Kunihiro. Lleno de dudas preguntó al oído de su hermano: — ¿ quiénes son las visitas ?
— Son personas muy importantes que trabajan con papá. Así que compórtate Tetsuhiro. — Recriminó con una mirada acusadora el hermano mayor.
Solo pasaron unos pocos minutos cuando el timbre sonó alertando a todos. Morinaga padre fue primero en dirigirse a la puerta, los demás se colocaron en fila como dijo la madre de Tetsuhiro por la mañana. Al abrir la puerta un señor bastante alto con el cabello negro azulado y los ojos negros, con una mirada severa al igual que la del señor Morinaga; el cual porta una barba del color de sus cabellos, bastante larga ingresó al lugar. A su lado una mujer hermosa con cabellos largos castaños recogidos en una coleta, con un vestido color blanco que encajaba con sus ojos color azul, sin olvidar su hermosa y amable mirada que llena de paz al verla. De la mano de la mujer un niño pequeño de casi la edad de Tetsuhiro, muy parecido a él pero con ojos azules. El pequeño en la entrada, miró de mala gana a Tetsuhiro.
— Buenos noches, bienvenidos pasen — dijo Morinaga padre.
— Bienvenidos — Expresaron todos los demás miembros Morinaga.
— Buenas noches, disculpen la tardanza. Me presento soy Tanaka Shiro de la empresa de farmacéutica de Fukuoka, ella es mi esposa Tanaka Yuko y mi hijo Tanaka Takashi — Se presentó el señor Tanaka.
—Buenas noches, soy la señora Morinaga y ellos son mis hijos. Morinaga Kunihiro nuestro primogénito y Morinaga Tetsuhiro el menor de la familia.
— Mucho gusto — Dijeron ambos pequeños.
— Qué lindos — dijo la señora Tanaka con una sonrisa, agachándose a su altura. Ganándose una mirada incomoda de los grandes: —hola pequeño que haces ahí escondido ven, no muerdo. — dijo con una sonrisa amable, acercándose a donde se encontraba Tetsuhiro, poniendo una de sus manos en su mejilla —¿Tetsuhiro verdad?
— Sí, mucho gusto. — respondió velozmente el pequeño haciendo una reverencia.
— pero que niño tan educado – dijo la señora Tanaka acariciando con sumo cuidado el azulado cabello de Tetsuhiro. Sus ojos amables miraron con ternura el rostro del niño hasta que notó algo peculiar: — oh creo que tienes un poco de polvo en la mejilla. Espera ya lo limpio. Ahora si estás bien guapo, pequeño. –
— Le dije de no jugar en el patio, pues se iba a ensuciar. Espero que lo disculpen, es un niño desobediente. – dijo la señora Morinaga acercándose y mirando con vergüenza a su hijo.
— Descuide, a veces los niños son así. Juegan sin que les importe nada pero no creo que este pequeñín sea un niño desobediente o ¿si ? — respondió con tranquilidad.
— Mejor pasemos a la sala, siéntase como en su casa. —dijo Morinaga padre mandándole un mirada enfurecida a su esposa.
— Muchas gracias. — respondió la señora Tanaka tomando la mano de su hijo y dirigiéndose a la sala
—Tetsuhiro Debes estar contento, nos hiciste pasar vergüenza a papá y a mí. Ahora compórtate me oíste – regañó la señora Morinaga a su pequeño sujetando la mano con fuerza.
—si mamá perdón, yo solo quería jugar un poco. — dijo el niño un poco acongojado.
Al entrar a la sala, rápidamente se sentaron juntos los padres de Tetsuhiro en el sofá entablando un conversación con los otros dos adultos. Hablaron de los negocios y cosas que en realidad no importaron a los niños, aunque el pequeño Kunihiro prestaba atención a toda la plática. El hijo de los Tanaka, Takashi, se escabulló sin que nadie pudiera notar su ausencia a excepción de Tetsuhiro que procuró ir a buscarlo. Se levantó con sigilo y escapó a la vista de sus padres que sumamente interesados en los negocios olvidaron vigilar a su pequeño travieso.
Tetsuhiro caminó por los pasillos en busca del niño ajeno a su hogar, en el baño, la cocina y por todas y cada una de las habitaciones, sin poder localizarlo. Finalmente luego de una búsqueda infructífera decidió ir al único lugar que le faltaba por investigar, al llegar al patio que se encontraba cubierto por la oscuridad, ya que el sol se había escondido hacía poco tiempo, el pequeño prendió el interruptor mirando algo salir de entre los arbustos con una frase inconfundible:
— Buuu.
Tetsuhiro gritó asustado y cayó al piso.
— tenías que ver tu cara — Expresó riéndose Takashi con las manos en el estómago.
— no es gracioso casi me matas de un susto – Refunfuño mientras se vio en el suelo sin saber cómo terminó ahí.
— Vamos si fue gracioso, y más cuando te caíste del miedo.
Takashi se apiadó de su nuevo amigo y extendió su mano para ayudarlo a levantarse, sin embargo Tetsuhiro en venganza jaló su mano derribándolo a su lado, burlándose:
—Eso si es gracioso.
— Veo que eres vengativo, pero estamos a mano, es justo. Yo que pensé que eras un aburrido como los demás. Me agradas. — Dijo Takashi mientras ambos se levantaron.
— Y yo que pensaba que eras un niño normal ¿y qué haces aquí?
— Quería jugar un rato ya que me aburrí en la sala.
— ¿Pero tu mamá no se va a enojar?
—No, ella dice que puedo jugar con tal que no me ensucie… mucho. ¿Quieres jugar?
— No creo que sea una buena idea.
— Vamos, será solo un ratito, además no nos ensuciaremos… tanto.
—Mmm bueno, pero yo cojo el carro azul —
—No ese quería yo … entonces yo cojo este carro color rojo.
Los pequeños jugaron por bastante tiempo, se hicieron buenos amigos a pesar de que Takashi era un chico algo tramposo, sin embargo el espíritu positivo de Tetsuhiro lo consideró bastante agradable y gracioso. Morinaga tenía este tipo de recuerdos como algo muy especial, a razón de que en su escuela no tenía amigos, siempre molestado por los chicos más grandes u olvidado por los demás. Takashi resentido por perder en las carreras de los autos de juguete, la patrulla azul y el carro de bomberos rojo, lo hacía un mal perdedor que procuraba justificar su forma de perder.
Conocer a este nuevo amigo le resultó realmente interesante, puesto que Takashi le habló de cosas nuevas como eran sus tortuosas clases privadas que tanto detestaba. Al cabo de algunas horas, las madres de los pequeños los llamaron a cenar, notando la ropa completamente impresentable. Ambas madres miraron a los niños sin aliento y con la boca formando una perfecta "O". Los chicos sabían perfectamente que estaban en un gran problema, por lo cual Takashi le dijo al oído a Morinaga: "fue un gusto conocerte", cosa que casi lo hace reír agravando la situación.
De lo que ambos estaban seguros era que tenían un nuevo amigo aunque resultara de un problema para los dos; desafortunadamente no sería la última vez que se metieron en un lío juntos.
Al llegar a la estación de trenes la cabeza de Morinaga volvió a la realidad, buscando con la mirada a un grupo de estudiantes. No sabía el porqué de sus recuerdos, aunque no le desagradaron en lo absoluto.
Al encontrar su grupo de compañeros, siendo el último en llegar, se presentó educadamente con todos. La mayoría jóvenes de su misma edad, muchos de los cuales hombres, por lo que posteriormente a las presentaciones partieron cada uno de ellos a dejar sus respectivos equipajes para ingresar al tren. En el instante en que Morinaga subió al tren tuvo la pequeña esperanza de que Souichi estuviera en la estación para despedirlo, pero no tuvo tiempo para mirar, ya que fue empujado dentro, puesto que muchas personas aguardaban para subir. Una vez se sentó al lado de la ventana, observó como el tren se alejó de la estación poco a poco con esa sensación en su pecho de que las subsecuentes semanas serían bastante duras por estar lejos de su amando sempai.
"Espero regresar pronto", pensó absorto en el amor hacia su superior.
Mientras tanto en el departamento de Nagoya, un desorientado Souichi había despertado de su largo sueño, de cual ni él podía creer que había dormido tanto. Sus quejidos estirándose en la cama resonaron por todo el apartamento, colocó un pie en el suelo y nuevamente estiró su mano, con la finalidad de alcanzar sus lentes.
El silencio se interrumpió con sus pensamientos en voz alta:
— por qué siento como si mi boca hubiera sido violada. Ese pervertido de Morinaga — Refregó sus ojos y se percató de inmediato que su camiseta estaba un poco abierta, se levantó con rapidez y se dirigió a la habitación de Morinaga para regañarlo.
Como una fiera llegó hasta el lugar y gritó sin notar la ausencia de su compañero:
—oye tu idiota pervertido te voy a…
Sus palabras quedaron en el viento, ya que no encontró a nadie en la habitación, sólo una cama perfectamente tendida y sus cosas en orden. Se aferró a marcó de la puerta con un leve mareo, a causa de que su cuerpo le reclamaba por el movimiento brusco al levantarse.
—Soy un idiota — se sentó el suelo, con la cabeza que le daba vueltas.
De inmediato recordó a su querido pervertido que se marchó temprano a la estación de trenes, sin despertarlo para despedirse. Se preocupó puesto que quizá su kohai pudiera estar molesto con él a causa de sus groserías del día anterior. Lo que más molestó a Souichi fue el hecho de que al procurar disculparse, Morinaga le contó sobre su nuevo viaje, cosa que desató la desaprobación y molestia de su sempai, a razón de su forma de escapar a los problemas. Supuso que aquel viaje le resultó una manera de huir sin recibir escarmiento o un chantaje.
Sus primeros pensamientos de libertad lo llevaron a alegrarse, hasta que: "Es mejor que se fuera, soy libre de ese violador andante. Que no hace más que estarme molestando todo el día con su estúpida sonrisa y …"
Sus razonamientos interrumpidos por el rugir de su estómago, por lo cual marchó hasta la cocina.
Al salir del cuarto de Morinaga, se dirigió a la sala donde pudo ver que en la mesa de la cocina se encontraba algo. Lo tomó observando una lista de compras, con lo que volvió a refunfuñar:
—Este idiota cree que soy tan inútil para saber que comprar. Bueno ya que lo dejó, tendré que utilizarlo.
Arrugó la nota entre sus manos y la metió en su bolsillo un poco apenado por tener que ser cuidado por su compañero de piso de esa forma tan vehemente. Pero observo que otra nota se encontraba en la mesa, encima de lo que creyó era su desayuno. La tomó entre sus manos y la leyó, a lo que no tardó mucho, no obstante cuando acabo de leer, su rostro se encontró de un color rojo que bañaba sus mejillas.
— Ese imbécil y sus cosas cursis que me hacen vomitar. Mejor me voy a la cama, ese estúpido me hiso revolver el estómago con sus cosas cursis.
Se encaminó de nuevo a su habitación, puesto que por ser sábado no tendría que ir a la universidad, de igual manera la opción de ir a visitar a su tía y hermana estaba descartada pues el cielo denotaba un día lluvioso y frio.
En la habitación se colocó nuevamente en su cama y se tapó hasta el cuello. Todavía en sus mejillas se podía observar un poco de rastro de sonrojo. Quería dormir pero no hacía más que pensar en ese pequeño papel y su contenido:
Buenos días sempai. Espero que aun no estés enojado conmigo. No quería obligarte a nada ayer, perdóname a veces soy un idiota como tú lo dices, es que sólo quería despedirme de forma correcta con tu cuerpo y con tus labios. Te voy a extrañar mucho mi sempai y espero que tú me extrañes un poco. Te amo sempai, espero regresar pronto para volver a verte.
Con todo mi amor, Morinaga.
/
La culpa lo ataño ya que su asistente se disculpó por tener mal comportamiento hacía él, sin haberlo tenido en realidad. Las amorosas frases dieron vueltas un centenar de veces por la cabeza de Souichi que incluso pensó que Morinaga le estaba contagiando su "estupidez".
Al quedarse callado pudo observar el silencio tan abrumador que se sentía en el departamento, porque los fines de semana a esa hora, su kohai lo molestaba con el sonido de la aspiradora o las canciones cursis que suele escuchar para limpiar.
Ahora que el silencio gobernaba en el apartamento se sentía tan solo, sin la cercanía habitual de su empalagoso asistente. Suspiró diciendo:
—Estas serán unas largas tres semanas.
