-Seiya…- La voz de Shun sonaba lejana, sabía que estaba detrás de la puerta pero había algo que la hacía parecer a miles de kilómetros.
-Seiya…No abras esta puerta.- el nudo que antes sentía en el pecho había vuelto. Mis manos temblaban y tenía ganas de llorar.

Escuché murmullos y pasos afuera, acompañados de suaves sollozos y palabras inteligibles por una evidente falta de aire y fuerza. En cuanto mis lágrimas volvieron a caer supe que había vuelto a suceder, supe que Shun estaba en peligro, que podía morir o estar muerto y yo no había movido ni un dedo.

Levanté la mano para abrir la puerta, pero me detuve temblando, con la respiración contenida por la impresión. -¡Por lo que más quieras no abras la puerta!-

No la abrí.

(…)

-Shun…Shun.- comencé a llamarlo, con las lágrimas empapando mi rostro y el nudo en el pecho matándome. –Shun…- se me escapó un sollozo.

Shun no contestaba. Nadie contestaba. Me obligué a creer que Shun se había ido, que por eso no contestaba.

-¡Shun, contéstame, por favor!-

Me quebré en llanto…Y entonces alguien tocó a la puerta.

-Tenma.- no quería abrir la puerta, el grito de Shun aún resonaba en mis oídos…Pero la abrí de inmediato.

Era Alone, con una sonrisa que expresaba paz…Pero mis manos no dejaban de temblar, me dolía el pecho y no podía dejar de llorar.

Creo que fue en ese momento que entendí que había algo extraño entre Shun y Alone…Jamás he comprendido qué era exactamente –probablemente jamás lo haga – pero esa sensación fue suficiente para hacerme dar un paso atrás.
Vi los ojos de Alone cuestionándome, con una expresión entre la tristeza y la sorpresa.
-¿Tú estabas con Shun?- me sorprendí a mí mismo al hablar sin que la voz me temblara. Me sentía extraño, asustado de muchas maneras sin entender ninguna de ellas.
-¿Shun…?- el nombre pareció confundirlo, como si estuviera muy escondido en su memoria. Se quedó pensando un poco menos de un minuto, haciendo un verdadero esfuerzo por contestarme.
-¿Quién es él, Tenma? Creo recordar su nombre, pero no sé bien quién es.- No parecía estar mintiendo y eso solo me confundía más.
-Tiene mi edad, el cabello largo y verde…- una sonrisa se formó en mis labios al recordar sus ojos con la expresión molesta pero preocupada que tenía hace un rato- Sus ojos son color esmeralda, tiene la piel tan pálida que llega a parecer un vampiro…- me detuve al ver cómo se abrieron los ojos de Alone. Parecía haber visto un fantasma o algo peor (me pregunto si yo me veía de esa manera). Alone comenzó temblar, pero trataba de controlarse o más bien de ocultarlo.
-¿Ya lo recordaste?- pregunté pensando que Shun era la causa del cambio.
-No…- sonrió nervioso.- Aún no lo reconozco.-

Mi corazón se había calmado, pero el mal presentimiento seguía presente. Mi mente intentaba idear un plan para averiguar algo…Estaba seguro de que Alone no mentía, pero también sabía que había algo más, algo que tenía que ver con Shun y de alguna manera conmigo.

-Tenma...- levanté mi vista y vi los ojos de Alone con un brillo hermoso, algo parecido a la esperanza. -¿Ya está todo bien?-
-¿Tenma?- Desde que Shun lo había mencionado, me había dado cuenta de cómo me llamaba Alone…Lo más curioso de no haberme dado cuenta antes era que igualmente respondía. -¿Quién era Tenma?-

Antes de que Alone pudiera responder, escuché un grito. Ambos nos alarmamos, pero él se quedó en la habitación mientras yo salía a ver qué fue tal cosa.

-¡Seiya!- otro grito se escuchó mientras yo bajaba las escaleras. Esta vez fue muy claro que el grito fue de Shiryu. Me apresuré más, bajando los escalones de tres en tres.
-¡¿Qué sucede Shiryu?!-
En la sala casi todo estaba destrozado, Shiryu peleaba un montón de sombras o algo parecido. Afortunadamente, no parecía estar herido ni demasiado cansado, pero esas cosas parecían aumentar su número muy rápido.
-Seiya, échame una mano y ve ayudar a Hyioga.- Shiryu golpeó a unas tres de esas criaturas. –Hay algo más molesto que estas cosas…-
-¿Qué es?- mientras analizaba todo lo que estaba pasando al mismo tiempo, trataba de recordar si Saori estaba en la Mansión. Me tranquilicé un poco al notar que Shiryu parecía más estar entrenando que peleando contra un enemigo (para ser sincero, parecía estar disfrutando la pelea).

Me dirigí afuera de la mansión, esperando ver a Hyioga peleando contra un ejército o algo peor. La verdad era que…sí era peor que las sombras, pero no necesariamente peligroso (por lo menos en primera instancia). Hyioga y el tipo rubio estaban discutiendo sobre quién era mejor que quién mientras intentaban golpearse en un combate que parecía más de escuela que de una guerra santa.

-Así que "El Asesino de dioses" ha llegado.- dijo el tipo rubio con cierto sarcasmo que me molestó.
-¿Qué pretenden tú y tu Señor?- pregunté recordando que Shun había mencionado que era Cronos el que estaba detrás de todo.
-Por el momento…Encontrarle un cuerpo joven y fuerte para mi Señor.- Cabe mencionar que eso me sonaba conocido y la idea no me agradaba para nada.

Cuando Hyioga se fijó en mi presencia, pareció querer golpearme a mí en vez de al sujeto rubio.

-¿Qué haces aquí?- Al ver la molestia de Hyioga, el rubio sonrió. Probablemente le agradaba vernos enemistados.
-Shiryu me dijo que viniera a ayudarte.-

Antes de responder, una cadena aprisionó de cuerpo entero al perro de Cronos, haciendo que este soltara un par de maldiciones.
-¿Y ustedes de dónde salen?- preguntó cuando todos nos volteamos hacia Shun. El peliverde estaba muy débil, se notaba demasiado, ni siquiera sé cómo demonios podía mantenerse en pie con ese aspecto. La pregunta quedó en el aire, por lo que Arlan siguió hablando. –No importa. Me hace mucho más fácil el asunto.- Su sonrisa me enferma.
-No pienso servirle de cuerpo a un dios. No de nuevo. No gracias. Ni lo pienses.- contestó Shun rápidamente.
-Vale, vale, ya entendí…Será por la fuerza entonces.- contestó el rubio. Hyioga cambió su mirada asesina de mí a él, yo decidía si era necesario ir a buscar mi armadura y Shun resopló molesto pero sonriendo. Sonreía de esa manera tan macabra que me helaba la sangre, sonreía transformándose en un demonio.
-Como quieras.- De nuevo, mi mente quedó paralizada unos segundos al ver como en sus ojos aparecía lentamente el color rojo carmesí.

Shun solo tenía su cadena y seguía viéndose débil…Pero logró de alguna manera comenzar a pelear con Arlan. Hyioga y yo veíamos atónitos cómo ambos se alejaban dándose golpes muy certeros hasta ya no poder verlos.

-Hay que seguirlos, ¿no?- dije sin recordar que Hyioga era capaz de asesinarme en esos momentos.
-Yo los seguiré.- dijo ya como a metro y medio por delante de mí.
-Aún me siento mal por lo que sucedió…No tengo idea de qué me pasó por la cabeza.- dije tomando su brazo.
-Solo sé que intentaste matar a Shun. Es suficiente motivo para no querer dirigirte la palabra, ¿no crees?-

Shiryu corriendo, preocupado y con una herida en el brazo que no parecía preocuparle en lo más mínimo.
-Chicos…¿Dónde está Shun?-
-Se fue hacia allá.- señaló Hyioga. –Está peleando con el perro ese de Cronos…Pero está muy débil.-
-¡Maldición!- Shiryu comenzó a correr y ambos lo seguimos, preocupados por lo que sabía Shiryu y no nos había dicho.

Arlan estaba recostado en un muro, débil, pero no muerto, no llegaba ni a moribundo pero no parecía poder levantarse o si quiera echarnos maldiciones o humillarnos como acostumbraba. Su expresión era claramente de enojo e impotencia, pero también había terror en sus ojos…Terror hacia Shun, que se encontraba parado frente a una especie de fuego, pero era cosmos, un cosmos poderoso y temible que se consumía hasta que finalmente se apagó ante la sonrisa maliciosa y codiciosa de un demonio con ojos rojos que susurró un tétrico "¡Gané!"