Nota y respondo reviews al final del capitulo.

Como siempre:

Gracias a las que habéis dado a seguir la historia y a las que la han añadido a favoritos. Sobretodo GRACIAS a las que me dejáis un review. Me encanta que os paséis a leer lo sale de mi cabeza y a las visitantes fantasma gracias también. Solo por el hecho de que me leáis ya es mucho para mi. Aunque siempre agradeceré enormemente si me dejáis un pequeñito comentario, aunque fuera minúsculo. Las críticas constructivas siempre son bienvenidas y me podéis dar alguna idea o aportación.

IMPORTANTE: Esta historia tiene un Rating M por un motivo obvio y claro. Si nos os gustan las escenas explicitas de sexo o de contenido sexual, esta no es vuestra historia. Cuando haya una escena de este tipo avisaré para prevenir.

Siento si hay algunos errores gramaticales o de sintaxis, soy muy perfeccionista y releo los capítulos antes de subirlos pero algunas faltas se me escapan.

Disclaimer:Los personajes, hechizos, etc pertenecen a J.K Rowling. Si fueran míos Severus y Sirius vivirían. Y Voldemort me estaría besuqueando entera y yo no me quejaría en absoluto.


Capitulo 6. LUNA CRECIENTE, POSESIÓN Y MAGIA

Luna era una bruja feliz. Después de la aparición del virus Liret y de la muerte de su padre, una tremenda depresión hizo mella en ella. También la separación con Neville la había afectado, aunque si bien ya no había amor, una separación siempre es dolorosa, y se sintió tremendamente sola. Hasta que un día, armándose de valor, hizo la maleta y se trasladó a vivir al sur de Francia unos meses. En ese tiempo notó que la paz volvía a ella y por fin empezaba a sanar.

El día que recibió la carta del Ministerio, con las indicaciones y el nombre de Lucius Malfoy, ese día volvió a sonreír de verdad. Una nueva meta la llamaba, así que volvió a hacer la maleta, se despidió de los nuevos amigos que había hecho en esos pocos meses, y se apareció en su hogar, en el Londres mágico, se acomodó y fue directa al Ministerio.

Su sorpresa fue mayor al ver que Hermione Granger, su antigua compañera de colegio, se encontraba también allí. El destino tiene formas extrañas de juntar a las personas. Y Hermione estaba emparejada con Tom Riddle, antaño Lord Voldemort. Todos en la sala estallaron en maldiciones y griterío, pero ella decidió callar.

¿Qué les pasaba a todos? ¿Es que no pensaban que la repoblación del mundo mágico era más importante que viejas riñas políticas? Estaba de acuerdo en que ese hombre había hecho mucho daño, pero el virus había hecho aún más daño. Era momento de centrarse en el futuro. Que el pasado hiciera ruido lo veía normal, pero girarse a escuchar lo que grita…ese era el problema. Habían pasado siete años, lo que el pasado tuviera que decir no era ni nuevo ni importante.

Mientras Hermione estaba en la otra habitación recogiendo a Tom ella pensaba en todo eso, en el pasado, el futuro, las viejas riñas, la nueva vida…Lucius Malfoy. Lo recordaba de la última batalla de Hogwarts, estaba decrepito, más pálido de lo habitual, con aspecto enfermizo. Recordaba, de años más atrás, lo imponente que se veía, atractivo, orgulloso de su sangre pura, de ser un sagrado veintiocho… ¿y de qué le había servido? Azkaban no es un lugar en el que sentirse orgulloso de nada. Luna esperaba que al menos, esas convicciones tan fuertes se hubieran suavizado un poco.

Al levantar la vista observó que Hermione se dirigía hacia ella, y justo detrás, parado en medio del pasillo uno de los hombres más guapos y atractivos que había visto en su vida, la esperaba.

Escuchó que Hermione se despedía, pero sinceramente, ¿Quién podría culparla de no hacerle caso con semejante espécimen masculino a unos metros de ella? Por lógica y descarte ese tenía que ser Tom Marvolo Riddle. Hermione tenía mucha suerte. Podría tener hijos con un mestizo, que a pesar de su origen, su capacidad mágica era excepcional, era guapo, tremendamente inteligente y si eso que se adivinaba en sus pantalones era una erección mal disimulada, una fiera en la cama. Se despidió de ella haciéndole saber que tenía mucha suerte y que estarían en contacto. Llamaron a un par de brujas más hasta que escuchó:

- Lucius Malfoy.

¡Por fin! Se levantó sin dudar, despidiéndose de Seamus ligeramente, y se acercó al empleado del Ministerio, que desde que habían salido Hermione y Tom, se lo veía más pálido de lo normal y sudoroso. Se encogió de hombros y le entregó la carta, el mago comprobó que todo estuviera en orden y entró en la pequeña habitación.

Allí de pie se encontraba Lucius Malfoy, con mucho mejor aspecto que la última vez que lo vio. El pelo rubio platino le caía suavemente por debajo de los hombros, nuevas arrugas habían aparecido en su rostro fruto de su estadía en la prisión y su edad, no debía olvidar que Lucius tenía cincuenta y un años, no era ningún muchacho. Aún así mantenía la belleza de tiempos pasados, cosa de la que se alegró Luna. Le sonrió.

Lucius no mostraba ninguna expresión, más allá de unos ojos curiosos que la recorrieron de arriba abajo sin ningún tipo de pudor, lo que la encendió. No había nada más atractivo que un hombre seguro de si mismo y seguro de lo que quería. Y si era a ella…bueno, no pondría ninguna pega; como ya había dicho estaba impaciente por saber lo que ese sangre pura orgulloso podría hacerle a un "angelito recatado" como ella. Se rió mentalmente, escapándosele una sonrisa. De angelito nada, pero no hacía falta ir mostrando sus cartas. Le era más fácil que la gente pensara que era una chica soñadora, olvidadiza, que vivía en las nubes y estaba medio loca; no tenían porque pensar que le gustaba el sexo duro, las cuerdas y las esposas y no precisamente por ese orden. Con el bonachón, pero ¿para que negarlo? simplón de Neville, por supuesto, esta faceta suya no había encajado, uno de los muchos motivos por los que decirle adiós. Ahora esperaba fervientemente que Lucius supiera hacer un As de guía* o un Margarita sencilla* para sujetarla firmemente a la cama.

- Hola, soy Luna Lovegood—se presentó—y sé que tú eres Lucius Malfoy, firmaré estos papeles e iremos a dar una vuelta para conocernos. Luego si lo deseas, podemos ir a tu mansión y así conoceré a Narcissa Malfoy. Siempre me ha parecido una mujer encantadora, no como su hermana claro…su hermana estaba loca, pero loca en plan mala, asesina y esas cosas. En cambio tu esposa se ve buena persona, seguro que las dos nos llevaremos estupendamente y llegaremos a ser buenas amigas. - Lucius la miraba como si le hubieran salido cuernos. –Oops, lo siento –aunque en realidad Luna nunca sentía nada de lo que creían los demás que se escapaba por su boca, dejó ir una risita como anzuelo y lo miró por debajo de sus pestañas, fingiendo un arrepentimiento que no sentía en absoluto- mi boca suele jugarme malas pasadas…señor. –Esperaba una reacción al nombrar la última palabra que por supuesto llegó.

- Siempre podemos hacer algo con esa boca señorita Lovegood, -se acercó tanto a ella que ni el aire se colaba entre ellos, los labios de Lucius se apoyaron en la pequeña oreja de Luna- como domesticarla. –Se volvió a alejar de ella- Firme y así podremos largarnos de aquí.

Luna, que si había leído la totalidad de la carta y sabía que le correspondía un 40% de la fortuna de Lucius, más un 10% cuando tuvieran hijos, firmó sin dilación.

¡Merlín! Sabía que sus instintos no habían fallado con ese hombre, era tremendamente dominante. Salieron de la habitación y se dirigieron a la salida de la sala. Una vez en el pasillo Lucius la agarró de un brazo y la estampó contra la pared, Luna abrió mucho los ojos pero no de miedo, si no de expectación. Sabía que no le haría daño, además no podía. La boca del ex mortífago se cernió sobre la suya: besos, saliva, lenguas y gemidos bailaron entre ellos por unos largos segundos cargados de erotismo. Lucius la agarraba por la cintura con una mano mientras con la otra le tiraba del pelo hacía atrás, para tener mejor acceso a su boca. Luna le agarraba por los hombros, intentando no ser arrastrada por la fuerza del mago.

- Joder –susurró Lucius separándose unos centímetros de esos labios color fresa- llevaba deseando hacer esto desde que abriste tu pequeña boquita, deseando cerrarla con la mía para hacerte entender que aunque yo sea el presidiario, el paria, tú eres mía, tú llevaras a mis vástagos y me darás lo que yo quiera de ti y cuando yo quiera. ¿Te ha quedado claro?

Luna, que se había quedado extrañamente callada ante tales acciones y palabras solo asintió con su cabeza.

- Oooh, no no señorita Lovegood –la agarró por la barbilla con una mano- quiero oírtelo decir. Sabes lo que quiero oír salir de esa boca tan chispeante tuya, así que hazlo.

Luna cogió aire y le regaló una sonrisita angelical que hizo que Lucius gimiera en respuesta.

- Si señor, haré lo que usted quiera que haga.

- Bien, -la soltó hasta que quedaron a una distancia prudencial- con ese beso he sellado mi compromiso contigo.-Le cogió una de sus manitas y la acercó a sus labios, hasta posar un casto beso en ella, que nada tenía que ver con el beso desatado y pasional de hacía unos segundos- Encantado de conocerte señorita Lovegood, algo me dice que nos llevaremos muy bien.

- Si señor, esa voz también la escucho yo y está de acuerdo.

Lucius Malfoy le sonrió guiñándole un ojo y se dirigieron tranquilamente a la salida del Ministerio.

¡Oh por los Nargles de espina rasgada! ¡Al fin!

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¡Maldita sea! No hubiera querido ser tan jodidamente obvio. Hacía escasamente una hora que se habían visto y ya estaba clamando por su boca. ¡Merlín! Esa boca tan tentadora, pecadora y sensual. Él era un hombre, tenía necesidades. Tal vez esas necesidades no se habían manifestado en esos siete años hasta que no vio a Granger, pero estaban era indudable. Y ¡maldito fuera todo! Había sido verla con los ojos suplicantes, de cervatillo herido, luchando por mirarlo a los ojos en una batalla perdida, pues estos habían decidido rendirse y le miraban los labios con anhelo, como si ella también deseara ser besada por él y todo atisbo de cordura había desaparecido. Se había lanzado a sus labios, sediento, hambriento, necesitado de ella. Odiaba sobremanera resultar tan obvio, tan débil.

La estaba besando como nunca había besado a otra, con pasión y afán posesivo. Posesivo. Ahí estaba la maldita palabra de nuevo. Él se consideraba un hombre relativamente racional y mentalmente estable, pese a que todo el mundo mágico considerara que no lo era. En el pasado había hecho lo que había hecho por motivos claros, al menos para él: la supremacía de la sangre, el poder, el temor que destilaba a su paso; eran motivos suficientes para él para matar, manipular, destruir…pero todo eso quedaba opacado por lo que le hacía sentir esa niña. ¡Joder! Hubiera dado todo el mundo mágico por esa cría si supiera que le haría sentir así con un simple beso, era como si todo dejara de tener sentido, y no le gustaba nada la sensación de pérdida de control. Ella nunca lo sabría, por supuesto, no era tan idiota como para rebelar debilidades. Posesivo, poseer. Nunca una palabra le había parecido tan certera para describir lo que Granger le hacía sentir, unas tremendas ganas de poseerla en todos los sentidos. ¡Y cuando ella le había dicho que no era suya! ¿Qué se creía? ¡Por supuesto que lo era! Desde el mismo momento que leyó su nombre lo era, y quedó confirmado cuando posó sus ojos en ella. No sabía si lo que sentía era a causa del hechizo que le había lanzado el inútil de Spavin, pero lo dudaba. Tal vez las pruebas medicas eran tan sensibles que una vez determinaban la unión con tu bruja o mago perfecto, realmente es porque eran la "pareja perfecta". ¿¡Pero que estoy pensando?! Parezco un adolescente hormonado y atontado. Pero joder, ¡una maldita hora y ya lo tenía jadeando!

Los labios de Granger son tremendamente tentadores y putamente perfectos, tan gruesos como para morderlos sin compasión, y eso hago. Los muerdo, los lamo, los marco; son mis labios y haré lo que haga falta para que le quede claro. Tiene un ligero sabor a melocotón que me está volviendo loco, nada de tonterías de sabor a fresa o vainilla, esa mujer sabía a melocotón maduro, jugoso y tentador. Mi lengua recorre su boca sin piedad, necesito reconocerla y catarla, poseerla. La presión en mis pantalones no hace más que aumentar y no puedo evitar soltar un gruñido mientras, sin dejar de besarla, la agarro por la cadera, apretándola hacía mí. Ella deja escapar un ligero gemido, inaudible para alguien que no sea yo y que me deja caminando por el limbo. Siento que la estoy ahogando pero no puedo parar, no deseo hacerlo hasta que noto que ella empieza a golpearme el pecho con esos pequeños puñitos y se separa de mí cogiendo aire bruscamente, mirándome con los ojos anegados de deseo.

Pero yo no puedo apartar la mirada de sus labios, ahora más rojos y más sensuales si eso fuera posible, y observo con un deje de diversión cruel, una pequeña gota de sangre donde la he mordido. Se que no le a dolido, si hubiera sido así estaría retorciéndome de dolor. Me acerco de nuevo a ella, que sigue jadeando, y veo que ahora me mira con temor.

- No voy a besarte de nuevo Granger, al menos no en este momento, pero deja que…

No termino de hablar porque esa gota de sangre me está llamando a gritos, así que me inclino y paso mi lengua por su labio inferior borrando todo rastro de sangre en él. Su sabor metálico me marea y necesito de todo mi autocontrol para no volver a mordérselo, y más sabiendo que ella no me diría que no. Vaya señorita Granger, lo que descubre uno con un solo beso…

La miro, separándome un poco de ella, lo suficiente para que deje de notar mi dolorosa erección, que parece que no tiene ganas de cooperar, y pueda respirar tranquila.

- No vuelva a hacerlo –me incrimina entre jadeos.

- ¿El que? ¿Besarte? Me lo estabas pidiendo a gritos, Granger.

- ¡Eso no es cierto! No le estaba pidiendo nada y menos a gritos- se está negando a aceptar la realidad.

- Pensé que todos los Gryffindors erais sinceros y valientes- suelto con ironía.

- Hace años que acabé el colegio señor Riddle, –me fulmina con la mirada- y estoy siendo sincera. Puede que me haya dejado llevar pero no se repetirá.-Su afirmación me quema y me llena de ira. La vuelvo a coger por las caderas y la pego a mí, con mi erección todavía pulsante. ¿Es que no va a dejarme tranquilo? Ha estado siete años muy calmado para que ahora se descontrole, apretándose contra la cremallera de mi pantalón.

- Lo repetiré las veces que haga falta hasta que te quede claro que, si quiero besarte, —le doy un beso rápido— no tengo que pedirte permiso. —La suelto y me alejo unos pasos recomponiéndome la ropa, malhumorado. Vuelvo a mirarla mientras la señalo con un dedo- No te atrevas a negarme a ti Granger, una vez te he probado te juro que…

- ¿Qué?-me pregunta altiva al ver que me he quedado callado.

- Granger, ya te he probado, se como sabes, se como te gusta, se como lo quieres…-deja escapar el aire entre los dientes- te juro que ahora ya nada podrá impedirme que te tome de nuevo. Ni siquiera tú. –Me acerco de nuevo a ella pero sin tocarla- Soy un adicto Granger,-me mira sin comprender- un adicto a todo: al poder, la grandeza, al temor. Siempre lo he sido, personalidad adictiva la llaman. Te he probado y me ha gustado, así que ahora sumo ser adicto a ti. Acéptalo. Cuando antes lo hagas mejor.- Me alejo de ella, sin importarme como le habrán sentado mis crudas palabras, bajando por la escalinata del Ministerio.

Es triste pero no hay nadie a nuestro alrededor. Delante de mí se encuentran un par de taxis mágicos parados. Al ver que Granger no me sigue me giro y la encuentro caminando a lo largo del escalón, muy sumida en sus pensamientos. ¡Bien! Que piense.

- Escúcheme, puede que me haya dejado llevar antes, y si, acepto que deseaba que me besara. Pero no me gusta que se me bese en público, en medio de la calle o en cualquier otro lugar donde podamos ser vistos. Soy celosa de mi intimidad, y me gusta…

No la dejo acabar. Esta tontería tiene que terminar ya.

- Basta Granger. Te besaré donde quiera y cuando quiera, te lo he dicho, no me gusta repetirme. Acéptalo y punto. Debes saber y recordar que la paciencia no es mi fuerte. Puedo intentar, por tu comodidad y porque aprecio mi bienestar, ser menos impulsivo pero no te prometo nada. Se que hace poco tiempo que nos…-¿Cómo decirlo?- conocemos pero tú eres mía y yo soy tuyo. Tan claro como el agua.

Me mira con los ojos abiertos como platos, desde su altura en la escalinata, y sacude la cabeza incrédula.

- Está loco, chiflado, completamente ido. –Me reprende.

- Muchos dirían que así es, pero eso no a impedido que me comieras la boca con pasión, necesidad y posesión –enfatizo la última palabra.

- ¿Posesión? Si piensa que voy a dejar que se salga con la suya lo lleva claro, soy una bruja completa por mi misma y no necesito a nadie que me complemente ni sea mío. El trabajo aquí es traer bebés con capacidad mágica al mundo y punto. Nada de mío, ni suyo, ni, ni,…-se pasa las manos por los rizos despeinándoselos. Deseo acariciárselos- Aaaarggg. ¡Maldición! Hace una maldita hora que lo conozco y ya me saca de mis casillas. –Me río ante su cara de furia.

- Suelo causar ese efecto. De todo lo que has dicho solo me ha quedado claro lo de traer bebés al mundo. Podemos empezar cuando quieras.

Pasa furibunda por mi lado a toda prisa y se dirige sin vacilación calle abajo, lo que me obliga a trotar para alcanzarla. Soy patético. Al llegar a su altura me mira de reojo, con las mejillas arreboladas y esos ojos ambarinos fijos en los míos.

- Olvidemos lo ocurrido, ¿de acuerdo?

- No quiero.

- Es usted como un niño. –Me suelta sin medir las palabras.

- ¡Vaya!-No puedo evitar destilar ironía a litros- Hace un rato era un cruel asesino y ahora un niño. No hay quien la entienda señorita Granger.

Se detiene a media zancada lo que me obliga a volver a atrás para situarme, de nuevo, a su altura.

- Basta por favor. –Suspira derrotada pasándose las manos por la cara en un claro gesto de frustración que no me gusta nada, mira hacia todas partes menos a mí. No puedo evitar sentir una punzada de arrepentimiento en la boca del estomago al verla tan perdida- Vayamos a comprarle ropa y enseres básicos. –Al fin detiene la mirada y la posa en mí, me recorre de abajo arriba hasta enfocarla en mi pelo. Frunzo el ceño- Si quiere podemos ir a una barbería a que le corten el pelo y luego nos iremos a mi casa.

No puedo evitar pasarme la mano por mi pelo, ¿qué le ocurre a mi pelo? Está un poco largo pero no me incomoda.

- ¿Por qué tengo que ir a la barbería?-necesito saber que le molesta de él- ¿No lo llevo bien?

Ella me mira burlonamente con una sonrisa de medio lado, sincera. El nudo en mi estomago se relaja notablemente ante el gesto.

- Bueno…es que a mi gusto lo lleva largo. Es decir, no es que parezca una estrella del Rock con greñas, pero casi. Pero si le gusta así no tenemos porque ir. -¿Qué intenta decirme?

- ¿A ti no te gusta?- No se porque narices necesito saber si le gusta mi pelo o no. De repente se ha vuelto un tema tremendamente interesante para mí. Necesito gustarle a esa mujer, es imperativo. Las brujas con las que nos hemos cruzado en el Ministerio no parecían tener absolutamente ningún problema con mi aspecto, pero ellas me importan una mierda. Granger me está mirando fijamente el pelo y me estoy poniendo nervioso.- Contesta mujer.

- No, no me gusta. Me gustan más los hombres con el pelo corto.

Los hombres, los hombres, los hombres…otros hombres que no son yo. Me noto arder de rabia por dentro.

- Cuidado – susurro acercándome a ella. No puedo evitar una punzada de celos muy mal disimulada. ¡Joder! Esta niña me está haciendo sentir más cosas en una hora de las que he sentido en cincuenta y nueve años. ¡A la mierda! La agarro de nuevo por la cintura y acerco mi nariz hacia su perfecto cuello. Ella no me impide el movimiento, me lo facilita dándome acceso y vuelvo a presionar mis labios, triunfal, sobre su carótida, para después morder fuertemente la piel dorada a la vez que succiono levemente pero sin tregua. Ella gime, pero no hace intentos de apartarme. Mi erección, que cómo no, sigue alerta, vuelve a apretarse dolorosamente contra mi pantalón. Gruño contra su cuello, apretándola más a mi en un abrazo claramente posesivo, mientras bajo mi mano derecha acariciando su cintura por encima de la blusa, bajando por sus caderas escondidas en su tejano, apretando con la yema de mis dedos sobre ellas, para seguir descendiendo por la redondez de sus nalgas, joder joder joder joder. Mi mano se queda anclada allí y le doy un ligero apretón dominante. Su trasero es turgente y tremendamente apetecible. Noto como ella se revuelve ligeramente y gira su cabeza hacía mí, y en un movimiento totalmente inesperado me clava sus dientes en mi mandíbula, haciendo que suelte la tersa piel de su cuello, ahora complacientemente oscurecido con mi marca, y deje escapar un jadeo ahogado contra ella. Esto si que no me lo esperaba, Granger a parte de garras tiene colmillos. Sonrío aún contra su perfecto cuello, y lamo mi obra en su piel para después soplar sobre ella, calmándola. Granger se estremece contra mí. Me separo de ella, cosa que me cuesta más de lo que jamás admitiré y la miro orgulloso. Leona. Ella me mira desafiante y no puedo evitar reír mientras la suelto del todo y me alejo unos pasos despeinándome. – Si no te gusta mi pelo, que me lo corten.

Ella asiente, se acomoda el bolso sobre su hombro y sigue caminando. Esta vez más calmada y tranquila. Me mira divertida mientras nos dirigimos a una barbería al otro lado de la calle.

- Me has marcado Tom- me sonríe. No puedo evitar fijarme en que esta vez no me ha tratado de usted, lo que en parte me gusta. Aunque el "señor" tenía mucho juego. Parece quedarse absorta por unos momentos, y no hace falta ser un genio para sumar dos y dos. Está pensando en las marcas tenebrosas con las que señalaba a todos mis mortífagos en el pasado.

- Ey, no es lo mismo. Si te hace sentir mejor diría que tu también me has marcado a mi.-Me señalo la mandíbula que aún me molesta por el mordisco recibido. Seguro que yo también tengo una marca. Ella suelta una risita que hace que se me nuble la vista.

- Tienes razón. A este juego podemos jugar los dos, señor Riddle.- ¡Merlín! Esta bruja será mi perdición.

Cargados con bolsas y con un nuevo corte de pelo nos metemos exhaustos en uno de los taxis que rondan las calles del Londres mágico. Mientras Granger da la dirección de su casa me distraigo mirando por la ventana del taxi. Apoyo la frente en su cristal, de nuevo sintiendo la frescura del vidrio, echaba tanto de menos estas pequeñas cosas. Hace años que no viajo de esta manera, y me permito dejar vagar mi mente por los acontecimientos de la tarde mientras el vehículo nos lleva a nuestro destino. Hemos pasado varias horas en diferentes tiendas de ropa y alimentación, y hemos aprovechado para cenar ligero en una de las pocas cafeterías abiertas que quedan en el Callejón Diagon.

Granger se a mostrado accesible aunque cautelosa hacía mi, charlando sobre temas triviales relacionados con su trabajo, del cual está muy orgullosa. No ha querido entrar en temas personales, solo a hecho mención sobre un amigo suyo, Ron Weasley, que murió como consecuencia del virus. Lo recuerdo también de la guerra, un chico desgarbado pelirrojo, como el resto de la familia Weasley, no muy talentoso pero leal, cualidad que valoro. Me he mordido la lengua hasta el punto de sangrar, para evitar preguntarle por algún tipo de relación amorosa con ese chico. Se que está muerto pero las ansias me dominan.

Me ha puesto al día sobre el virus, ya que al estar encerrado no me enteré de nada hasta que el ministro vino a solicitar mi ayuda. Al parecer el virus hizo acto de presencia hace cinco años, cuando ella tenía veinte. Empezó atacando a niños y ancianos y a la población más débil en general. Muchos de estos murieron. Los primeros síntomas se asemejan a los de la gripe común, con malestar general, fiebre, tos y mucosidad, pero más graves, habiendo brujas y magos que no lo superaban. Una vez superada esta etapa podías inmunizarte o no, ya que te dejaba tan débil que podía hacer acto de presencia la segunda etapa, en la que aparecían machas lilosas por toda la piel, acompañadas por fiebres muy altas y vómitos profusos, provocando la deshidratación. Todo esto ocurría en tan pocos días que la búsqueda de una cura se hizo prácticamente imposible. Los que lograban superar esta segunda etapa, quedaban estériles de por vida, irreversiblemente, y los que no…morían. Su amigo Ronald Weasley entra dentro de esta categoría. Ella, logró superar la primera etapa y no hizo acto de presencia la segunda, por lo que su capacidad para reproducirse es innegable y más después de las pruebas medicas. Todavía no está claro porque el virus no llegó a afectar a Azkaban, podría ser por la localización, en medio del Mar del Norte, pero no hay nada concluyente.

Al parecer no solo el mundo mágico sufrió bajas, el muggle también pero en menor medida. Los afectados: los muggles con el gen para engendrar niños mágicos. Ellos sufrieron el mismo resultado, la gran mayoría muertos, otros estériles y los menos sobrevivieron sanos y sin consecuencias. Mientras me explicaba lo ocurrido en el mundo muggle su rostro triste ha ido demudando en uno de profunda rabia, dirigida innegablemente hacía mí.

- Debes estar feliz ¿no?-me tenso en mi asiento, alerta por el cariz que está tomando la conversación.

- ¿Feliz?

- Si, feliz. La mayoría de muggles ya no podrán tener bebés mágicos, lo que debe ser una inmensa satisfacción para ti ya que siempre has promovido la erradicación de estos por considerarlos impuros y asquerosos, una infamia para el mundo mágico. No se ni como te has atrevido a tocarme siendo hija de muggles, soy la asquerosa sangre sucia que tanto quisiste matar no hace muchos años.

- ¡Basta Granger! ¡Basta!-me está atacando con motivo pero no puedo dejarla continuar. Me mira altiva desde su asiento enfrente de mí- Se perfectamente cuales eran mis creencias y mi ideología, pero tienes que creerme cuando te digo que eso a cambiado.

- ¿Cómo a podido cambiar en tan poco tiempo? ¡No puedo creerlo!-me grita con rabia y con razón, pero me está crispando los nervios.

- Limítate a creerme, Granger. El presente es este, y no se puede hacer nada por cambiar el pasado. Ya te he dicho que nunca me he sentido orgulloso de matar a mis…semejantes-me a costado horrores decir esa palabra- y lo que siento ahora no es lo mismo que lo que sentía hace siete putos años, ¿de acuerdo?

- No.

- ¡Joder Granger!-me empiezo a exasperar- ¿Qué tengo que hacer para que me creas? No estoy orgulloso por mi pasado ni contento por este presente, me apena la muerte de todos los magos y brujas bajo el virus, así como la de los muggles. Pero no esperes nada más de mí.

- En cambio no te apena la muerte de los muggles e hijos de muggles a tus manos o manos de tus siervos. –No lo pregunta, lo afirma segura.

- Basta. No sigas por ahí. No me compares con el maldito virus.

- No, claro que no, tú fuiste mucho peor. Tú eras consciente. Asesino. –No oculta el asco que me profesa y eso hace que la rabia que siento se desborde.

Me levanto, agarro la mesa con fuerza y la estrello contra la pared, haciendo que todo lo que había encima caiga estrepitosamente a nuestro alrededor. Doy gracias por que casi no haya nadie por la calle, ya que ningún curioso se acerca a ver que ocurre. De improviso un dolor desgarrador me atraviesa la columna vertebral hasta mi cabeza, y se instala en mi cerebro, como si miles de cuchillos se me clavaran a la vez. Caigo arrodillado al suelo sujetándome la cabeza pero sin proferir ningún sonido. Antes muerto. Entre las brumas del dolor atisbo a Granger aún sentada, con la mirada fija en su mano de la que fluye sangre, tiene un corte profundo que le recorre toda la palma de la mano izquierda. En mi arranque de furia no me he percatado que estaba agarrada a la mesa de cristal y la he debido cortar con el filo al estamparla contra la pared. ¡Joder! Los cuchillos siguen taladrándome mientras me acerco a ella, aún arrodillado. Deja de mirar su mano para centrarse en mí, y veo miedo. No me gusta. No me gusta nada proviniendo de ella. Ella no debe temerme.

- Maldita sea Granger –susurro como puedo entre el dolor- lo siento, lo siento, joder-veo como se encoge ante mi cercanía. No, no, por favor no.- Lo siento. No tengas miedo, no lo tengas. No de mí. Ha sido un arrebato, lo siento. –Me estoy rebajando y mucho, diciendo esas dos palabras que prácticamente en mi vida no he dicho, pero maldita sea, no me importa en absoluto.

Ella sigue mirándome con los ojos llenos de lágrimas por el dolor, mientras se agarra la mano con fuerza haciendo que más sangre brote de su herida. Cojo con delicadeza su mano y observo el profundo corte. Sin pensarlo y todavía lleno del dolor lacerante busco algún cristal que haya quedado disperso por el suelo. Agarro uno y me corto la palma de la mano, un corte limpio como el suyo del que enseguida empieza a brotar sangre. Ella sigue todos mis movimientos y se queda estupefacta ante lo que acabo de hacer. La agarro con fuerza y la tiro conmigo al suelo, arrodillada como yo.

- ¿Pero qué haces?

- Sssshhh, tranquila, déjame curarte –murmullo mientras vuelvo a coger su mano herida y la uno con la mía. No tengo ni idea de si funcionará lo que tengo en mente pero debo probarlo. Ella tira de su mano con fuerza intentando evitar que la toque.

- No, no…no me hagas más daño—Musita. Maldita sea, escucharla decir eso me provoca más dolor que la maldición que llevo encima.

No dejo que se libere de mi agarre y cerrando los ojos susurro:

- Ut reparetur per sanguinem effundendum sanguinem, ut reparetur per sanguinem effundendum sanguinem, ut reparetur per sanguinem effundendum sanguinem-repito y repito como una plegaria, deseando que surja efecto.

Cuando vuelvo a separar su mano de la mía, tanto su corte como el mío han sanado sin dejar ninguna señal. Ella se mira la mano sorprendida, repasándose la palma con el dedo índice de la otra mano buscando la cicatriz.

- Pero…pero ¿cómo?

El dolor lacerante de mi cabeza ha ido desapareciendo para quedar en un leve martilleo soportable. Agradezco a la incompetencia del Ministerio por no tener en cuenta mi gran capacidad mágica ni mis amplios conocimientos sobre magia. Le tiendo la mano a la bruja para ayudarla a ponerse en pie y ella no duda en aceptarla, lo que me complace enormemente. Ahora parece más curiosa que miedosa, lo que es sin duda un buen cambio.

- Es magia antigua, Granger. Una que aprendí hace años. –Me mira con desconfianza.

- ¿Magia negra?

- No, no es lo mismo magia antigua que negra. Es la magia primitiva, la magia de Merlín y Morgana para que entiendas.

- Y…y… ¿cómo? ¿Dónde la aprendiste? El Ministerio debió hechizarte para que no pudieras hacer magia. –Está nerviosa y se puede ver en su voz.

- Tranquila, te aseguro que el Ministerio me ha vetado mi magia. Y el hechizo funciona por que el dolor que he sentido al herirte a sido horrible y prácticamente incapacitante. Pero esta es magia de sangre y muy antigua. No sabía si iba a funcionar pero lo ha hecho, cosa que agradezco. Me preocupa y me intriga a la vez que en el Ministerio sean tan imbéciles como para pensar que solo se hacer magia con varita.

Hermione se aleja un paso de mí con evidente temor, lo que me pone alerta de inmediato.

- ¿Puedes hacer magia sin varita? ¿Puedes hacerme daño?

- ¡Maldita sea Granger, no!-Me acerco a ella en dos zancadas y la sujeto por la barbilla- No. Que te quede claro. No puedo hacer magia sin varita en estos momentos, pero por lo visto si puedo hacer magia de sangre y eso te ha ayudado, ¿de acuerdo? La magia de sangre es básicamente pura, magia blanca. Así que no temas. No tengo intención de dañarte más de lo que ya lo he hecho con mis actos barbáricos de hace unos minutos. He roto mi promesa de no dañarte.

Ella me mira con la duda pintada en su rostro, tengo que recuperar el terreno perdido. Y para eso tengo que rebajarme de nuevo. Dejo de sujetarle la barbilla para abarcarle la cara con las dos manos y acercarla a mí. Sus labios vuelven a tentarme enormemente y su olor a melocotón me envuelve, aspiro con fuerza.

- Lo siento –repito- me he dejado llevar por un impulso. En ningún momento he pretendido dañarte, ni con mis actos ni con mis palabras. Lo siento.

Me sigue mirando tensa pero poco a poco noto que se va relajando contra mi cuerpo.

— Está bien…pero por favor controla tu genio. No estoy dispuesta a pasar estos meses constantemente alerta por un arranque de ira—me mira suplicante.

— Tranquila, es solo…no se como lidiar con todo esto—la suelto, pero mis manos viajan inconscientemente hasta su nuca y su cintura, pareciera que han decido por su cuenta que estas dos partes anatómicas de la bruja son las mejores a las que anclarse—Odio ver como dudas de mi. Se que no soy bueno Granger, y es probable que nunca lo sea, simplemente porque nunca lo he sido; pero puedes concederme el beneficio de la duda, aún con mi pasado. ¿Puedes verdad?

Ella suspira y sus ojos pasean por derredor como si buscara la respuesta fuera de ella.

— Lo intentaré. No será fácil. Hiciste tanto daño…—agacha la mirada y una solitaria lagrima se escurre por su mejilla. Sin dilación la recojo mirándola con curiosidad, hacía años que no veía una. Noto, en el lugar en el que debo tener el corazón, un dolor punzante. ¿Qué narices es eso?

— ¿Qué ocurre? ¿Nunca habías visto una lágrima?—parece sumamente intrigada.

— Si, claro que si, muchas…—estoy impactado. Literalmente. Con la mirada fija en mi pulgar, en el que yace la humedad.

— ¿Entonces?

— Nunca había visto ninguna que me importara.

La escucho exhalar fuertemente, lo que me despierta de mi ensoñación. ¿Qué le he dicho? No puedo contestarme porque un sonoro chasquido me hace soltarla y girarme hacía la fuente del ruido. A escasos metros de nosotros se han aparecido un guardia de Azkaban y un auror. Sin dudarlo me coloco ante Hermione. El auror, un chico joven, me repasa de arriba abajo con evidente desprecio y centra su mirada por encima de mi hombro, directa a Granger.

— Señorita Granger, hemos recibido una alerta de ataque por parte de Tom Riddle. ¿Se encuentra bien?

Granger se separa de mí y me mira rubicunda.

— Si señores, a sido un malentendido. Estoy bien—El auror no acaba de creerla porque se acerca unos pasos a nosotros lo que hace que me tense.

— ¿Está segura?—inquiere—No debe protegerlo—mira las gotas de sangre que hay dispersas por el suelo— Si le ha hecho daño de algún modo debe comunicárnoslo y lo enviaremos de vuelta a Azkaban.

¿Pero que se a creído este niñato? ¿Qué no ve que ella está bien? Si alguien tiene que preocuparse por ella soy yo, no este crío.

— No lo protejo. He sufrido un pequeño corte pero me lo he curado enseguida con mi varita—el auror sigue con la mirada fija en el suelo y la mesa rota.

— Deje que la examine, por favor—el auror se acerca aún más a nosotros y le tiende la mano a Hermione. ¡Y un cuerno! Vuelvo a colocarme ante la bruja lo que provoca que la mano del auror se clave en mi estomago.

— Ya te ha dicho que está bien. No requerimos de sus servicios, gracias—le ladro con todo el sarcasmo que soy capaz de destilar.

— Eso lo tiene que decir ella, no usted—vuelve a centrarse en Hermione— ¿Señorita?

Ya me ha cabreado. Le cojo la mano y lo empujo lejos de nosotros. No quiero que la toque. El auror saca su varita y me apunta con ella. No te tengo miedo niñito. Hermione vuelve a salir de detrás de mi y se acerca al chico, bajándole la varita con su mano.

— No se preocupe. Estoy bien y no hace falta que me examine. Ahora mismo nos íbamos a mi casa

El auror la repasa con la mirada haciendo que me tense aun más y deje escapar un gruñido de advertencia. El chico me mira sin miedo y vuelve a centrarse en Hermione. ¿Es que no puede irse sin más?

— Está bien. Si nos necesitara no dude en llamarnos—responde solemnemente.

— Por supuesto.

Ambos desaparecen y Granger se gira para encararme, rabiosa.

— Deja ya de gruñir, no eres un perro—me suelta sin reparos y sin miedo.

— Dejaré de gruñir cuando dejen de intentar tocarte. Deben aprender que no se toca lo que es mío—ella no responde enseguida y se dedica a mirarme.

— Te lo he dicho, no soy nada tuyo—suspira, antes de continuar—No se como no les he contado nada de lo ocurrido ni lo de tu magia.

— Porque eres inteligente y sabes que no te dañaré—me mira con una ceja arqueada—Lo que a ocurrido no se repetirá.

— Eso espero—me advierte— Ahora vámonos. No quiero llegar tarde a casa.

Me tiende la mano y el gesto parece sorprenderla más a ella que a mí, ya que se mira la mano como si esta tuviera vida propia. No le doy tiempo a arrepentirse de su acto y se la agarro con fuerza, percatándome de lo pequeñita que es en contraste con la mía, queda totalmente sumergida en ella. Una sensación extraña me embarga, es una sensación cálida y desconocida, algo semejante al hogar, se siente correcto. No había cogido de la mano a nadie antes, jamás. Y comprendo el porque:

Nunca nadie me había tendido una.


*Nudos marineros.

N/A:

Punto de vista de Tom de nuevo. ¿Qué os a parecido? ¿Os gusta Tom? Pobre Hermione el susto que se lleva por culpa de Tom. Como vemos puede hacer magia...limitada pero magia. En ese capitulo explico más detalladamente las consecuencias del virus Liret...maldito virus! Pero sin él no tendríamos a esta pareja unida...

¿Y que me decís de Luna? ¿Os la esperabais así? Es una chica muuuuy mala y juguetona...para mi Luna es un personaje que da mucho juego también. Y os confieso que después de escribir sobre Lucius y ella me a quedado el cosquilleo de hacer un one shoot sobre ellos. Ideas que me vienen a la cabeza!

Como veis estoy intentando actualizar una vez por semana pero a partir de la semana que viene seguramente el tiempo de actualización será más largo, ya que he estado de baja y me reincorporo el lunes al trabajo. Por suerte en noviembre cojo vacaciones así que para entonces espero poder volver al mismo ritmo que ahora.

Espero que os esté gustando la historia, si es así o si hay dudas y sugerencias ya sabéis, un REVIEW y a mi me haceis muuuuuy feliz. Además que me espabilan para escribir más rápido.

GRACIAS A TODAS

Contesto Reviews:

Blink-chan 90: Graciaaaas por el review! Espero que en este cap también hayas notado la tensión sexual! Ya me dirás si te a gustado :)

Natalia Mervel: Guapa! eres otra de mis numbers one! Al pie del cañón desde el principio. Muchas gracias de nuevo por tu review...y a ver que sale de estos dos! De momento estamos en la fase de la atracción pura y dura...de sentimientos no hay demasiados. Todo llegará...o no! Quien sabe? Ni yo lo se (mentirosa que soy jajaja) Espero que te haya gustado y me dejes tu opinión! Un besito

Glashgood: De nuevo gracias! En este capitulo tal vez te haya sorprendido Luna, pero es que ella es tan tan especial. Además que mi visión de ella es de una santurrona corrompida...nose si se me entiende jajaja. Pero es muy buena y por supuesto que se llevará bien con Narcissa, con su personalidad seguro que se harían amigas enseguida. Gracias por tus magníficos reviews! me gustan mucho tus ideas! Un beso!

SimiKatolis: Yo también quiero ser Hermione! jajaja Gracias de nuevo por comentar! Espero que este capitulo te guste tanto como a mi. A mi me encanta. La verdad es que me gusta escribir mucho los dos puntos de vista. Creo que no he sido muy cruel y a la semana ya os he traído el sexto capitulo jijiji Y si...como ves en este cap también, Tom es megaaaa posesivo. Y nose porque eso me gusta mucho...aunque a Hermione no tanto claro. Espero que me dejes un review de nuevo con tu opinión, me gusta mucho leerte! Un besazo

CamGem1212: Holaaaaaaaa! Gracias a ti por comentar siempre! Espero que Luna no te haya decepcionado, a mi desde luego me gusta mucho su mezcla de inocencia con su parte de gatita juguetona. Y seguro que alguna conversación con Herms tendrá. Y la pobre Herms...la que se le ha caído encima. La pobre no está para nada acostumbrada a lidiar con una personalidad dominante como la de Tom, normal que le cueste. Pero como habrás visto cada vez lo hace callar más y el se arrastra un poquito por ella. Y menos mal. Y en lo que me comentas que le habla de usted piensa que se acaban de conocer y ella quiere mantener un mínimo de distancia con Tom, y ¿que mejor manera que con el trato? Aunque al final sus neuronas acaban derritiendose y coge la suficiente confianza para tutearlo. Hermione de momento huele a frutita rica y muy jugosa! jijiji Y de nuevo gracias a ti por tus comentarios! Me animan mucho y me dan que pensar! Un besote!

S-CPHR: Gracias guapa por tu review de nuevo! La verdad es que entre Tom y Herms hay muuucha tensión y cada vez más y más y más cosa que me encanta. Y la pobre Hermione aquí se lleva un susto con Tom (niño malo, eso no se hace) y acaba haciéndole daño pero Tom como no, la salva a su manera de héroe macho. Esta Hermione tiene su carácter, es que si no Tom la podría pisotear cosa mala con su posesividad de macho man y eso no lo puede permitir. Al menos plantarle un poco de cara y que se le bajen los humos que tiene muchos este hombre (y no me quejo, que a mi me gustan mucho sus humos). ¿Qué te a parecido Luna y Lucius? Se puede jugar taaaanto con ellos. Gracias por tu MP también. Te lo responderé en estos días! Un besazo!

Cullen-21-gladys: Binvenida a mi fic! Gracias por comentar! Espero que este cap te haya gustado también y me dejes un comentario! Luna es genial y la amo! un beso

KAYTRANADA: Gracias gracias y gracias y bienvenida al fic! Me alegro muchísimo de que te guste tanto! Espero que este cap te haya gustado y me lo dejes saber! besos

-Nake-