Capítulo 3: RETORNO
Una joven pelirroja de aproximadamente 22 años de edad venía escalando una empinada colina mientras se abrigaba más con la bufanda verde que llevaba anudada al cuello, para resguardarse del clima otoñal y sus fuertes ventiscas.
Como deseaba ahora poder volver el tiempo atrás y haberse vestido con una ropa más cómoda y práctica en lugar de la que llevaba puesta; pensaba entrecerrando los ojos por la fuerza del viento. Sentía sus piernas flaquear a causa de las botas de tacón alto que llevaba enfundadas y le impedían avanzar normalmente; en mal momento se le hizo hábito usar ésas cosas, pero ¿qué más podía hacer teniendo seis hermanos tan altos como rascacielos?, no quería verse como una tachuela a su lado. Y, por si fuera poco, se le había ocurrido ponerse una blusa sin mangas con una delgada chaqueta de mezclilla arriba; una que, por cierto, no la abrigaba en lo absoluto, y se ponía cada vez más helada por la ventisca. Lo único bueno que había utilizado ése día fueron los pantalones de mezclilla apretados que llevaba, pero aun así era imposible no sentir frío. Sus mejillas estaban tan sonrojadas como su cabello.
Y Merlín, aquella casa parecía tan lejana y, a la vez, más extravagante conforme avanzaba.
Pero si ése era el precio a pagar. Bueno… estaba dispuesta a sufrir de hipotermia si todo salía como deseaba.
Un escalofrío sacudió su cuerpo cuando llegó al fin a la morada y una helada brisa la acarició, como se notaba que era octubre, los fríos vientos eran despiadados con todo ser viviente.
Pasó la reja y avanzó hacia la puerta. Notando unas extrañas flores en la entrada; no pudo evitar la sonrisa que se dibujó en su rostro al reconocer unas bolitas que pendían de ellas y que ella se las había visto muchas veces a su mejor amiga Luna usarlas como pendientes. Sus nudillos se congelaron al tocar tres veces la fría puerta, suprimió un estornudo.
Se escucharon ruidos dentro de la casa, como si estuvieran quitando cosas esparcidas por el suelo; luego el sonido de un cerrojo siendo abierto; y un rubio y perspicaz señor apareció frente a ella, quitándose el pelo de la cara. Una sonrisa se adueñó del rostro de aquel viejo hombre cuando reconoció a la visitante.
— ¡Por las barbas de Merlín, pero si eres Ginny Weasley!… — exclamó con voz profunda, sus ojos azules brillando de emoción — ¡Vaya sorpresa tenerte en casa, hija! — la abrazó efusivo.
— ¡Hola, señor Lovegood! — lo saludó la joven pelirroja, temblando sin querer por el frío.
— Oh, perdona mis malos modales, pasa, pasa, debes estar congelada… — señaló al interior — Creo que tengo infusión de regaliz por algún lado — murmuró cerrando la puerta. Ginny torció un poco los labios al recordar el insípido sabor de aquella bebida. Mas no puedo evitar el vuelco al corazón que experimentó cuando se abrieron paso a la cocina y notó con nostalgia, como no había cambiado nada.
La mañana pasó rápidamente y casi a las 2 de la tarde la chica Weasley partía a su hogar en La Madriguera con un único pensamiento en la cabeza. Se giró para ver por última vez la casa de Luna y una sonrisa auténtica apareció de su rostro.
— Las encontré — dejó escapar en un susurro anhelante.
Luna no entendía cómo podía ser tan desordenada; a pesar de los años, en cuanto a la organización se refería, aún era la misma chica de cuarto curso que alguna vez perdió casi; o sino fue; la mayoría de sus pertenencias, y todo por su desorganización.
Cualquiera que viera su habitación sólo podría pensar dos cosas. La primera: que vivía en un chiquero. La segunda: que fue atacada por Mortífagos.
Y es que a donde quiera que mirara había blusas, suéteres, zapatos, calcetines, gorros, pinta labios, en fin… un verdadero cuchitril.
Parecía como si una docena de Mortífagos, o mínimo ladrones muggles, hubieran entrado a su casa y revuelto todo. Pero no era así. Lo cual, por cierto, era una lástima, porque podría utilizarlo de excusa con Hermione. No obstante, la culpable era ella.
Si tan sólo siguiera los consejos de Hermione, pensó con abatimiento al tomar otro par de blusas de debajo de su cama y cargarlas en brazos para ir a recoger las calcetas que se habían acumulado a un lado del peinador. Ahora no tendría que amontonar su ropa, podría estar como cualquier persona normal en una tarde de sábado disfrutando ya sea viendo una película o saliendo a comer fuera.
Sin embargo, ahí estaba ella, con un montón de ropa en las manos, una mirada abatida en los ojos, y un sinfín de cosas por ordenar.
Un suspiro de frustración salió de sus labios al ver que su closet se encontraba en peor estado.
El timbre sonó a lo lejos y Luna casi grita de júbilo al encontrar la excusa perfecta para dejar eso de lado; se precipitó a salir del closet, pero, con la mala suerte que la caracterizaba, una bolsa se le enredó en el zapato y terminó en el suelo, gimiendo adolorida.
Quejándose de dolor, y con una blasfemia naciendo en sus labios, se liberó de la bolsa lanzándola con furia contra la pared más cercana y se puso de pie.
El timbre volvió a sonar.
— ¡Ya voy! — vociferó, repentinamente molesta.
Como pudo se abrió paso hasta la entrada, dejando antes todas las cosas que cargaba en brazos en el mejor lugar del mundo: el suelo de su habitación. Tiró de la puerta y se quedó en shock.
— ¡¿Tú?! — respingó, abriendo los ojos como platos, dilatados de sorpresa.
No podía ser posible. Era inaudito. Inverosímil. Ella no podía estar ahí. Bueno, si podía estar ahí. Pero, ¡¿qué demonios podría estar haciendo ahí?!
No, seguramente estaba alucinando, tal vez el haber estado oliendo el desinfectante para baños por más de 15 minutos mientras limpiaba el tocador le había afectado y ahora estaba alucinando; si, eso debía ser, pensó más calmada. Muy bien, entonces sólo tenía que cerrar la puerta, dar media vuelta, tomar el teléfono, llamar a Hermione y pedirle que la llevara lo más rápido posible a San Mungo para que la desintoxicaran.
Sí, eso haría. Llamaría a Hermione, le diría que estuvo mucho tiempo expuesta a desinfectante para baños y que estaba alucinando con… Bueno, sólo que estaba alucinando y que la llevara a San Mungo, pero YA. Bien, ahora lo primero. Cerrar la puerta…
— ¡Oye! — exclamó una voz indignada, impidiéndole cerrar la puerta.
Bien, esto no era lo que ocurría cuando alucinabas, se dijo Luna. Nunca podían ser tan reales como la mano que veía sostener la puerta impidiéndole cerrarla.
Entonces… ella… ¡Merlín!
— ¿Gi-Ginny? — indagó perpleja, buscando una confirmación de que no alucinaba.
— Hola Luna, a mí también me da gusto verte — la saludó sarcástica la única hija del clan Weasley.
— ¿En verdad eres tú? — la miró de pies a cabeza, con los ojos como platos.
— No ¿cómo crees?, soy la Sirenita, ¿qué no ves la cola? — le contestó con tono mordaz.
— Ginny, pero ¿qué…? — no salía de su asombro.
— Ya Luna, no te emociones tanto de verme, — comentó dolida — disminuye ésa sonrisa, anda, vamos, te va doler la cara después — agregó con sarcasmo al ver ahora a Luna boquiabierta.
— Pero es que… — meneó la cabeza — Lo siento… es que… — balbuceó aun ligeramente desconcertada. Ginny la miró expectante — ¡estoy feliz de verte! — la abrazó cuando pudo reaccionar. La pelirroja sonrió feliz, aunque un tanto insegura por su reacción previa.
— ¿En serio? — le preguntó sin soltarla. Como respuesta, la rubia asintió.
Y era verdad. Aunque supiera toda la historia de Hermione para con Ginny, no podía reprocharle nada, con el tiempo se dio cuenta que era punto y aparte. Además, si no mal recordaba, Ginny había sido su primera amiga, su primera verdadera amiga, y eso sin duda no se olvida o puede tomarse a la ligera. Como el hecho de que tampoco podía olvidar que la había extrañado tanto durante todos ésos años y se arrepentía de la forma en que terminaron las cosas entre ellas, porque sin querer se había desquitado con ella de algo que no tenía nada que ver, sino su…
— ¡Gracias!, — respondió Ginny en un susurro — ¡yo también estoy feliz de verte!… — la abrazó un segundo más — Luna — la llamó tímida luego de romper el abrazo.
— Dime — le sonrió.
— ¿Me vas a invitar a pasar o qué? — sonrió nerviosa. Con un sonrojo en las mejillas, Luna asintió.
Una joven pelirroja y una rubia permanecían contemplando las tazas de té frente a ellas. Habían pasado años desde la última vez que se vieron, habían sido mejores amigas, ellas dos y una castaña. Pero había pasado algo que las había distanciado. Algo que puso su amistad sosteniéndose de un delgado hilo que, por desgracia, había sido dañado.
Durante su estancia en Hogwarts habían sido muy unidas. Ginny siempre cuidó a Luna de las personas que se portaban mal con ella; y Luna, bueno, Ginny fue su primera amiga verdadera.
Pero ahora, a cinco años sin verse, sentían que la persona frente a si era una completa desconocida… Se sentían en un mundo alterno…
— Esto es patético… — comentó Ginny, ya incapaz de seguir sin decir nada. Luna la volteó a ver — Después de años sin vernos pensé que estaríamos como dos guacamayas locas, hable y hable de lo que hicimos, pero no es así — expresó con una sonrisa decepcionada.
— Sé a qué te refieres… — sonrió afligida Luna. Se aclaró la garganta — Pero es que tampoco se puede volver a la normalidad tan fácil ¿no lo crees? — le preguntó.
Ginny suspiró, dejando su taza en la mesa.
— Supongo que no… — concedió finalmente — Hay tanto que quisiera decirte, que quiero saber… Que siento que la cabeza me va a estallar en cualquier momento si no lo saco — expresó.
— Tal vez si comenzamos por lo más sencillo… — medió Luna.
— ¿El por qué se fueron Hermione y tú?… — sugirió, observándola atentamente. Luna desvió la mirada — Ya sabía yo — murmuró con amargura.
— A veces lo que nosotros consideramos es lo más fácil, llega a ser lo más complicado de explicar — dijo la chica de ojos grises con sabiduría, sorprendiéndola.
Ginny asintió, viendo con añoranza a su amiga.
— Entonces… emh… ¿qué has hecho? — le preguntó sin más, haciéndola sonreír.
— ¿Tú que has hecho? — le contra preguntó Luna.
— Bueno, — se acomodó mejor en su asiento — luego de que terminamos Hogwarts, me ofrecieron hacer la prueba para pertenecer al equipo de las Holyhead Harpies; pero lo rechacé y en lugar de eso estudié en la Universidad mágica — empezó a contarle.
— ¿En serio?, — le preguntó con sorpresa Luna — ¿qué carrera?
— Pues… No te vayas a reír… — le advirtió con una mueca, y luego suspiró — Herbología — confesó apenada, negando con la cabeza.
— ¿Y eso que tiene de malo? — se desconcertó Luna.
— De malo, nada… — se sonrojó Ginny — Es que… — se pasó una mano por el cabello — nada más entre ahí porque estaba Neville — declaró apenada.
Luna se rio ante su sonrojo.
— Había olvidado que salían, o al menos eso era lo que se rumoraba en nuestro último año… Entonces, ¿sigues con él?
— ¡Que si sigo!, — expresó con un dejo de ironía — por eso vine… — se acomodó mejor en la silla con cierto nerviosismo, y dándole un toque de suspenso — ¡Nos vamos a casar! — anunció con el rostro radiante.
— ¡¿Q-qué?! — balbuceó Luna, mirándola perpleja.
— Salimos durante toda la Universidad y bueno, hace poco me lo acaba de proponer, así que… — sonrió con alegría — Estás viendo a la futura ¡señora Longbottom! — terminó rebosante de felicidad, sus ojos brillantes.
— ¡Vaya!, pues… ¡Felicidades!, yo… ¡Wow!… — exclamó realmente sorprendida — Sabía que serías la primera en casarte — bromeó, haciéndola reírse.
— Pero no solamente vine a comunicarte esto, — murmuró titubeante — sino también a pedirles que regresen… Hermione y tú…
Las palabras de Ginny se perdieron en la habitación mientras el cerebro de Luna trabajaba a mil por hora. Regresar.
La sola idea lucía descabellada en éste momento, y más aún después de todo lo que su amiga había logrado, y también lo que ella misma había alcanzado.
El significado de aquella palabra traía muchas cosas. El pasado mismo estaba empeñado en no quedar ahí, en el antaño. Pero no podía. ¡No debía!
Se lo había prometido a Hermione; dejar el pasado en donde estaba; pero ahora, con su otra mejor amiga (¿o ex mejor amiga?) pidiéndole que regresaran para el evento de su boda, era simplemente… No, no podía fallarle a ella tampoco; pero… ¡Merlín!, que encrucijada.
— ¿Regresar? — se preguntó Luna, más para sí misma que para la pelirroja.
— Si, regresar… — concordó Ginny. Luna se permitió unos segundos en silencio, los que aprovechó para darle un sorbo a su té, su garganta se había secado — ¡Por favor Luna!, — la miró implorante — ¡te extraño!, ¡las extraño!, ¡por favor vuelvan! — le suplicó con fervor.
— No lo sé Ginny, quisiera, pero… — dudó.
— Es Hermione ¿cierto? — le preguntó directamente.
Sabía que era cierto, aunque Luna no le diera una respuesta o lo negara. Ella sabía que era por eso. Y aunque no estaba del todo segura porque se fueron, tenía la remota idea de que tenía que ver mucho con ella, pero más con cierto chico de ojos verdes. Sólo necesitaba una respuesta.
Pero al parecer no la recibiría. Luna se levantó del asiento y observó por la ventana las casas vecinas. Ginny suspiró desalentada.
— ¿Algún día me dirán porque se fueron? — le volvió a cuestionar.
"Por Hermione… por mí. Por lo que sentíamos y no sé si aún sentimos", quiso contestarle Luna, pero no fue capaz.
— Tienes que hablar directamente con Hermione, yo no puedo decirte nada — le dijo sin mirarla.
— Entonces yo tenía razón… — comentó la pelirroja. Luna se giró a verla con gesto confundido — Si es por Hermione — agregó, bajando tenuemente la mirada.
— No puedo decirte nada Ginny, lo siento — se disculpó la rubia. Y es que no podía faltar a su promesa con ella misma y con Hermione.
— ¿Al menos podrían pensarlo?, — la miró anhelante — ¡de verdad me gustaría que fueran! — volvió a exteriorizar.
— Lo pensaré… — se limitó a decir.
— De acuerdo… — aceptó Ginny no muy conforme — Pero mientras tanto, cuéntame, ¿qué ha sido de tu vida? — cambió el tema. Luna sonrió mientras se sentaba en el borde de la ventana.
— Bueno, pues estudié Cuidado de Criaturas Mágicas, y luego…
— ¿No me digas que estás buscando a los snorkack de cuerno torcido? — embromó la pelirroja.
— No… — replicó desviando un poco la mirada. Ginny enarcó una ceja — Bueno, si lo hice, pero no los encontré… — confesó avergonzada. La joven Weasley sonrió — ¡aun!, que conste, yo no pierdo la esperanza… — añadió como último comentario. Ginny no dijo nada — En fin, en lugar de estar gastando mi tiempo en viajes a lugares inexplorados y feos, — hizo una mueca de sólo recordar la infinidad de pantanos y cuevas donde estuvo, y los centenares de cosas por las que tuvo que pasar mientras viajaba — pues decidí hacer algo mejor por las criaturas mágicas, así que empecé a trabajar en el Ministerio, en el Dep…
— ¡Un segundo!… — saltó Ginny, incorporándose; ocasionando que Luna pegara un respingo y se resbalara del borde de la ventana, cayendo de pie al piso — ¡¿Trabajas en el Ministerio?! — inquirió, sin dar crédito a sus oídos.
— Y-yo… — tartamudeó, dándose patadas mentalmente — pues… yo… — Ginny la miraba con los ojos como platos, esperando su respuesta; aunque más bien parecía que la exigía o se la sacaría a la fuerza si era necesario. Luna suspiró con resignación — Sí.
— Pero… pero… ¡Es imposible!… — replicó la pelirroja, negando con la cabeza — Es decir, Percy…
Luna se mordió los labios antes de también echar de cabeza a Percy, o a la misma Hermione.
— Es que… Percy… — empezó a balbucear, con la mirada perdida — Él nunca… nunca mencionó… — se pasó una mano por el labio — Nunca dijo… — el desconcierto pasó a furia en una milésima de segundo — ¡Ése canalla! — exclamó de pronto, ocasionándole un respingo a Luna.
La comprensión vino a Ginny tan pronto la furia la dominó.
— ¡Percy trabaja en el Ministerio y mil veces le pregunté sobre ti o Hermione y NUNCA DIJO NADA!… — terminó gritando furiosa. No lo podía creer, su hermano, ¡su propio hermano!… ¡TRAICIÓN!, ¡eso era lo único que describía lo que había hecho Percy! — ¡Ése maldito doble cara! — gruñó rabiosa. Sintiendo de pronto todo el peso de los años sin Luna y Hermione sobre ella.
Luna se mantuvo dónde estaba con temor a que su amiga perdiera la cabeza y se fuera sobre ella.
— Lo mato… ¡lo mato! — dictaminó repentinamente la pelirroja, rechinando los dientes.
— ¿Qué? — la miró sobresaltada.
— ¡El muy…!… — ahogó una blasfemia, que ganas no le faltaban para soltarla — ¡Siempre con su estúpida diplomacia o lo que sea y no fue capaz de decirme que sabía dónde estaban!, ¡aunque sea una de ustedes!, y… ¡Ahh!… — apretó los puños, las mejillas se le sonrojaron de la exaltación — ¡Ahora sólo falta que Hermione también trabaje en el Ministerio, al lado de Percy y él no dijera nada! — expresó con lacerante ironía.
Luna evadió su mirada y se colocó, de manera torpe, un mechón de cabello rubio tras la oreja.
— No es cierto… — los ojos de Ginny se desorbitaron al ver su reacción — no es cierto… — se dejó caer en el sillón pesadamente — Ella trabaja con él — afirmó, no preguntó.
— Ginny, escucha…
Pero la pelirroja no quiso escucharla, sólo ocultó el rostro entre sus manos. Ahora si no podía creer lo que su hermano le había hecho. A ella… a Ron… a su familia… ¡a Harry!
Y un recuerdo viajó a su mente sin dificultad…
Flash Back
Percy luchaba inútilmente contra los fuertes brazos de Harry; quien, con los ojos verdes oscurecidos; producto de la desesperación y la furia; lo mantenía aprisionado entre su cuerpo y la pared, bien sujeto de la túnica por sus puños crispados.
Sus amigos nunca antes lo habían visto así, ni siquiera cuando Sirius fue asesinado frente a sus ojos, o cuando estuvo frente al mismísimo Voldemort en la batalla final. Pero ahora el motivo de su rabia era completamente distinto. Era por la desesperación. La angustia aplastante de no saber dónde estaba Hermione, su mejor amiga.
Se sentía desesperado, angustiado e impotente. Quería respuestas y Percy se negaba a dárselas. Pues bien, si así lo había querido, ¡se las sacaría a golpes!
— ¡Te lo voy a decir sólo una vez más Percy!… — advirtió entre dientes, respirando pesadamente sobre su cara — ¡DIME DONDE ESTÁ HERMIONE! — gritó, perdiendo los estribos. Percy abrió la boca para negar con cansancio nuevamente, mas sólo consiguió otro golpe contra la pared y un gemido adolorido por el impacto.
Molly Weasley dio un paso hacia delante tratando de reprimir un sollozo, mas su esposo la detuvo negando en silencio, mirando atentamente cualquier movimiento de ambos.
— Harry, cariño, ¡por favor! — le suplicó la señora Weasley.
— Déjalo mamá… — intervino Ron con frialdad, mirando inmutable la escena — Si no quiso decir nada por las buenas, tendrá que ser por las malas. De una u otra forma le sacaremos la verdad — sentenció sin una pizca de compasión.
Dos años y medio era el tiempo que había pasado desde la última vez que vieron a su mejor amiga. Dieciocho meses, Harry y Ron llevaban muy bien la cuenta. Y aunque trataron por todos los medios, mágicos y muggles, dar con ella; hasta hoy en día, continuaban fracasando. Y algo les decía que Percy sabía algo. Aunque sea una mínima cosa. Después de todo, ¿desde cuándo el pelirrojo no era ni siquiera capaz de verlos a la cara?
— Pero… ¡es tu hermano! — sollozó su madre con desasosiego.
— ¡DIME! — el grito de Harry hizo que todos se sobresaltaran.
— No lo sé… ¡lo juro!… ¡No lo sé!… — repetía una y otra vez Percy mientras trataba inútilmente de apartar al Gryffindor — Por favor Harry — musitó débilmente.
Harry bajó la mirada desalentado, sintiéndose impotente. Nuevamente estaba sin ella, sin su… Merlín, ¿por qué no le dijo cuando tuvo la oportunidad?, se reprochó, enojado consigo mismo.
Lentamente fue aflojando la presión en su agarre, hasta que finalmente soltó a Percy sin darse cuenta. Éste suspiró aliviado, mas poco le duró el gusto cuando un golpe certero a la cara lo mandó al suelo, mientras el ojiverde se estrujaba el cabello frustrado y una lágrima se asomaba en su mirada.
— ¡Percy! — chilló la señora Weasley con preocupación, liberándose de su esposo y corriendo hacia su maltrecho hijo.
— Vamos Harry, vámonos — lo alentó Ron palmeándole la espalda.
Harry lo regresó a ver. El pelirrojo no mostró sorpresa al notarlo con los ojos enrojecidos por el llanto silencioso; ya lo había visto así desde hacía tiempo, desde la partida de Hermione; simplemente se limitó a darle otra palmada en la espalda y brindarle una media sonrisa de aliento. Mientras Ginny, Fred y George miraban en silencio la escena desde la puerta, sintiendo pena por los dos amigos…
Fin Flash Back
Pasaron varios minutos en los que Ginny permaneció cabizbaja con la mirada perdida en los recuerdos y el resentimiento viajando como veneno por sus venas, corroyéndola. Luna permaneció a su lado todo ése tiempo observándola, temiendo que hiciera una locura como ir tras su hermano o algo parecido; pero la pelirroja no se movió de su lugar.
Y es que ¿cómo reaccionar si después de AÑOS, descubres que tu propia familia te oculta información sobre alguien a quien JAMÁS hubieras perdido si tan sólo hubiera hablado antes?
Si en el pasado quiso aborrecer a Percy por sus estúpidas decisiones tomadas a causa de su naturaleza de superioridad, ahora simplemente merecía que lo odiara por su traición. Malditos lazos de sangre y del corazón, pensó impotente. Ya que por desgracia era su hermano, y para bien o para mal, al menos ella si seguía considerándolo como tal; y por eso su tonto corazón le dictaba perdonarlo y quererlo.
Malditos lazos de sangre, blasfemó con rencor. Los ojos se le anegaron de lágrimas sin proponérselo, se sintió furiosa consigo misma. Y todo por haber creído ciegamente en él.
Por Dios. Sus amigas, ¡sus hermanas!… Tantos años… Merlín, si tan sólo tuviera un giratiempo o si al menos se les hubiera ocurrido darle Veritaserum a Percy tal cual Fred y George sugirieron; pero no, fueron tan… ingenuos de creerle al muy…
Suspiró con aplomo, queriendo deshacerse de la cólera y frustración que sentía; cosa que encontraba imposible de hacer en ése momento.
Era simplemente inaudito lo que Percy fue capaz de hacerles. Prácticamente lo podía visualizar una y otra vez en su cabeza: Harry desesperado por encontrarla, Percy tranquilo en su trabajo con Hermione al lado. Ron histérico por no poder saber nada de ella, Percy tranquilo en su trabajo con Hermione al lado. Ella llorando sin descanso por no poder ver a sus mejores amigas, ¡Percy tranquilo en su trabajo con Hermione al lado!
¡Cómo lo detestaba!, ¡es que era tan… tan… malditamente egoísta!, dictaminó, sintiendo como una rebelde lágrima le brotaba de los ojos y la barría casi con furia.
¡Jamás pensó en ellos!, ¡jamás pensó en el sufrimiento de Harry!, ¡jamás pensó en la desesperación de Ron!, ¡jamás pensó en su tristeza!… ¡Sólo calló!… Calló como el vil cobarde que siempre había sido.
— Ginny… — la llamó con timidez Luna, queriendo acercarse.
— Ahora no Luna, créeme, no quieres que descargue toda ésta mier… — le advirtió con la voz temblándole de emoción, señal de que estaba furiosa. Luna se detuvo — Sólo, dame un minuto, ¿sí? — le pidió en un suspiro.
La rubia la miró insegura.
— Sé que estás molesta con Percy, pero aún hay algo que debes saber — insistió.
— ¿Más?, ¿qué puede ser peor ahora eh? — le preguntó con ironía.
— Percy únicamente guardó silencio porque nosotras se lo pedimos. Él sólo estaba tratando de ser un buen amigo — lo defendió.
Ginny la miró, con una mezcla de emociones en el pecho.
— Dejando de ser el hermano del que yo alguna vez me sentí orgullosa. O el amigo fiel que se convirtió para Harry después de corregir todo el pasado — replicó amargamente.
Luna bajó la mirada, avergonzada.
— Si tienes que sentirte enojada y dolida con alguien, entonces que sea con nosotras, pero no con tu hermano. Él sólo…
— "Trataba de ser un buen amigo" — citó Ginny con rencor.
— Ginny…
— Por favor… — la miró significativamente.
Luna asintió, guardando silencio.
Flash Back
— Pase — llamó la voz de Percy al otro lado de la puerta.
Cerrando la puerta suavemente tras de sí, Ginny se acercó a su hermano, viendo como éste terminaba de curarse la herida hecha por Harry momentos atrás y se giraba a verla.
— ¿Qué se te ofrecía, Ginny? — le preguntó con amabilidad.
— Percy… — empezó a decir — eres mi hermano y te quiero mucho, pero sé que hemos tenido en muchas ocasiones diferencias de opinión; sin embargo, aun así, te quiero… — se sinceró. Percy la observó sin comprender — Así que te pido en nombre de aquel cariño que me digas la verdad ¿de acuerdo?… — le pidió. Su hermano se limitó a verla en silencio por unos segundos, maldiciéndose silenciosamente por lo que seguramente haría a continuación; asintió luego de un par de segundos — ¿Sabes dónde está Hermione? — lo miró esperanzada, con lágrimas brillando en sus ojos castaños. Y Percy se odio.
— No… No lo sé — mintió, sin desviar la mirada de sus ojos en algún segundo.
Asintiendo en silencio y mordiéndose los labios para reprimir un sollozo, Ginny dejó caer una lágrima antes de girarse y salir de la habitación.
Fin Flash Back
Cuán grande era el amor de Percy por ella, pensó con amargura.
Pasó casi una hora, o al menos eso fue lo que pensó Luna, cuando Ginny levantó la mirada y dejó salir un último suspiró, aparentemente más calmada.
— ¿Mejor? — tanteó terreno.
— No, — sonrió tristemente — pero al menos ya no siento la necesidad de darle la cabeza de Percy a Pig como almuerzo… — añadió con sencillez. Luna se mordió los labios — Quiero que me cuentes más, necesito estar distraída — le pidió a su amiga.
— Está bien… — accedió la rubia, y se sentó en el sillón que ocupaba anteriormente — Emh… pues ya te dije que trabajo en el Ministerio; y hace poco me promovieron, de hecho, estoy muy feliz con ello, y pues… ¿Qué más? — meditó.
— ¿Por qué no me cuentas de Hermione?, ¿cómo está ella?, ¿está bien?… ¿Es feliz? — quiso saber. El rencor se estaba debilitando lentamente y su lugar estaba siendo reemplazado por el anhelo y la alegría de saber que la vería de nuevo.
— Bueno, — aceptó Luna algo insegura — trabaja en el Ministerio también, y pues sigue con lo de la P.E.D.D.O. Ahorita mismo están viendo algo acerca de hacerla llegar a Francia, creo que el trato va muy bien, diría casi cerrado…
— ¿Sigue con la P.E.D.D.O.? — repitió asombrada.
— Así es, — asintió con una sonrisa — y está más que feliz porque aquí ya es oficial.
— ¡Es cierto!… — se dio un golpe en la frente — ¿Cómo no pensé en eso antes?, — se lamentó — Hermione era la que empezó con eso de la P.E.D.D.O. y nunca se me ocurrió el cómo se había convertido en una Ley aquí en Inglaterra… ¡Ahh!, soy una…
— Tranquila… — le sonrió Luna afectuosamente — De todas formas, no hubieras dado con ella — agregó en susurro que la pelirroja no alcanzó a escuchar.
— Entonces ella también estudio en la Universidad mágica ¿verdad? — empezó a atar cabos.
— Si — asintió Luna.
— Pero entonces ¿cómo es que nunca las vi? — arrugó el entrecejo, desconcertada.
— Es que no estudiamos precisamente en Inglaterra… — comentó como quien no quiere la cosa — Nos fuimos a Berlín — le aclaró.
— ¿Alemania?, — respingó Ginny — pero ¿por qué? — la miró extrañada.
Luna se encogió de hombros.
— Ehh… por… cosas… — evadió la pregunta — El clima es mejor, y… mejor carrera y pues… Tú sabes — murmuró pausadamente.
Ginny suspiró con resignación. Sus amigas ocultaban algo y ella lo podía notar. Pero ¿qué era?, se preguntó.
Sea lo que fuera, tenía que descubrirlo, dictaminó para sus adentros cuando vio el gesto evasivo de Luna al sumergirse en su tasa de té, eludiendo su mirada. Así tardara otros 6 años, lo haría. Por lo pronto, recuperaría el tiempo perdido…
El resto de la tarde se pasó entre pláticas, risas, contando cosas triviales y recordando sus vidas en Hogwarts, cuando su única preocupación era acabar con Voldemort y no reprobar con Snape o McGonagall…
—… pero es que ella no entendía, yo siempre daba una respuesta única y objetiva a la realidad — se defendía Luna mientras Ginny estallaba en carcajadas por quinta vez consecutiva.
— A tu realidad diría yo — comentó entre risas.
— Ja, ja… — rio sarcástica Luna, haciéndose la ofendida — ¿Te recuerdo todas las que te hizo Pelo Grasiento Snape? — le acusó. La risa de Ginny se apagó al instante, siendo reemplaza por una mueca.
— Ni me lo recuerdes. ¡Agh!, — se estremeció — de sólo pensar en su pelo, me hace recordar el fétido hedor que despendía — hizo mueca de asco.
— Eso es cierto… — coincidió Luna, sonriendo graciosamente — ¿Qué usaría para que le quedara de ésa forma? — se preguntó para sí, tocándose la barbilla con aire pensativo.
— Babas de dragón, ¿quizás? — aventuró Ginny.
— Ni lo dudaría… — se rio Luna. Ginny se le unió — Extrañaba esto — comentó minutos después, sonriendo.
— Yo también, — le sonrió de vuelta la pelirroja — el tiempo se pasa volando.
— Y que lo digas, ya está anocheciendo — señaló hacia la ventana.
— ¿Anocheciendo?; ¡Ay no! — se lamentó Ginny, dejando su limonada en la mesa, junto al plato que anteriormente tenía espagueti con albóndigas.
— ¿Qué pasa? — le preguntó extrañada.
— Me tengo que ir, quedé en cenar con la abuela de Neville ésta noche… — empezó a disculparse mientras se levantaba y caminaba de regresó a la entrada, con Luna yendo tras ella — Nos vemos Luna… — abrazó a la rubia, antes de ponerse su chaqueta con presura — Saludas a Hermione de mi parte y dile que lo piense, recuerda que tienen que ir a mi fiesta de compromiso — agregó antes de abrir la puerta.
— Claro, yo le diré.
La acompañó hasta la banqueta frente a su departamento y se despidieron con otro abrazo.
— Cuídate — se despidió Ginny.
— Tú también.
La pelirroja sacó su varita dispuesta a Desaparecerse, luego de revisar que no hubiera nadie presente. Pero vaciló unos minutos y mordiéndose el labio, regresó a ver a su amiga.
— ¿Segura que, si después vengo, no me encontraré con la desagradable sorpresa de que ya te has mudado al otro lado del mundo? — no pudo evitar preguntarle, mostrando su preocupación por no volverla a ver.
Luna le sonrió, meneando la cabeza con gracia.
— Aquí estaré. Lo prometo — replicó.
Con una última sonrisa, Ginny ya se había ido.
Suspirando profundamente y cerrando la puerta tras de sí, Luna recargó su cabeza en la madera de ésta, pensando en todos los acontecimientos de ésa tarde, en la cual ella juraba, iba a estar de lo más normal y cotidiana.
Sonrió con plenitud después de lo que parecieron años, y concluyó para sí, que después de todo, no había ido tan mal su reencuentro con Ginny. A decir verdad, ella esperaba que, como mínimo, la pelirroja le reclamara el haberse ido y no haberse comunicado con ella en tanto tiempo; no obstante, quedó más que sorprendida al ver la indignación que sintió ésta cuando se enteró que su hermano Percy siempre supo dónde estaban y nunca se los dijo.
Había sido un día de locos definitivamente.
Y ahora tenían que tomar la decisión más difícil en ésos años alejadas. ¿Regresar?, se preguntó en silencio.
Tomó el teléfono inalámbrico de la sala y se marchó a su habitación.
Ni se molestó en recoger, aunque sea un poco su cuarto, simplemente hizo a un lado las prendas de ropa que estaban sobre su cama y se dejó caer sobre ésta con los brazos abiertos a cada lado de su cuerpo. El teléfono en mano.
Las palabras de Ginny hacían eco en su cabeza mientras se debatía en llamar o no llamar a Hermione.
"¡Estoy feliz de verte!"
"Estás viendo a la futura ¡señora Longbottom!"
"Y bueno, no solamente vine a comunicarte esto… sino también a pedirles que regresen"
"¡Te extraño!, ¡las extraño!, ¡por favor vuelvan!"
"¿Algún día me dirán porque se fueron?"
"¡¿Trabajas en el Ministerio?!"
"Nos vemos Luna… Saludas a Hermione de mi parte y dile que lo piense, recuerda que tienen que ir a mi fiesta de compromiso"
Sus dedos traqueteaban sobre la superficie del teléfono, alzándolo a la altura de su rostro. Marcó el primer número, mordió su labio inferior y se arrepintió, borrándolo. Así permaneció unos momentos más, hasta que, con un suspiro de resignación, terminó de marcar el número del celular de su amiga Hermione Granger.
Al otro lado, la voz de la castaña le respondió.
— Hola Herm, necesito hablar contigo… Es urgente — finalizó, sintiendo un nudo en el estómago.
