Capítulo 5: DISTANTE

"No dejes asuntos inconclusos en tu vida, debes terminarlos porque tarde o temprano saldrán a la luz"

El consejo de su mejor amigo, William Reeves, aun resonaba en la cabeza de Hermione como el sonido de un molesto y constante martilleo. Y lo más lamentable, es que odiaba que tuviera razón. El tiempo parecía que estaba cobrando finalmente su cuota en ella; y como muestra de ello, es que faltaban escasas dos semanas para la fiesta de compromiso de Ginny, y Hermione no había tomado una decisión aún.

Y como si eso fuera aun poco, en un plan maquiavélico ideado por sus mejores amigos, Luna y Will se habían convertido en sus verdugos personales que no la dejaban ni a sol ni sombra durante las 24 horas del día. Tratando de intervenir en su toma de decisión, haciéndola sentirse manipulada e impotente ante su insistencia.

Sabía que en cierta forma obraban para persuadirla de la mejor manera posible. Pero ¿realmente era necesario que la molestaran incluso cuando iba al baño?, se preguntó exasperada. ¿O intentar hacerlo cuando apenas ponía un pie en su oficina y no la dejaban hasta que literalmente los sacaba cerrándoles la puerta en la cara?

Estaba volviéndose loca. Entre su indecisión, y el hostigamiento de ése par, sentía que de un momento a otro terminaría explotando. Y es que tampoco podía decir a la ligera: "Está bien, voy a ir". No era tan sencillo. Y eso parecía justamente lo que ninguno de los dos entendía.

Si regresaba, obviamente traería de nuevo muchas cosas a su vida. Y si no, sería continuar igual, con la incertidumbre de que era de él. Merlín, ¿qué iba a hacer?

Necesitaba analizar los pros y los contras.

Veamos…

Si decidía regresar:

Volvería a ver a los Weasley: Pro.

Podría encontrarse con otros ex compañeros del colegio: Pro.

Ya no tendría que esconderse: Pro.

Vería a Ron y a Harry: Pro. No: Contra. No: ¡Pro!; ¡Contra!

¡Demonios!, ése era el maldito problema. No tenía ni la más mínima idea de lo que le esperaba con sus dos mejores amigos. O bueno, sólo Harry y Ron, repuso. Ya no quedaba nada de aquella amistad.

Por otro lado, si decidía no regresar:

Will, Luna y Terry seguirían a su lado: Pro.

Podría dedicarse plenamente a la P.E.D.D.O.: Pro.

No recibiría interrogatorios sobre su paradero: Pro.

No vería a Ron y Harry: Pro. No: Contra. No: ¡Pro!; ¡Contra!

Y ahí estaba de nuevo.

Ni siquiera, aunque planteara dividirse en dos personas podría tomar una decisión objetiva. ¿Por qué debía de tener un corazón?, se preguntaba en un lamento.

O si al menos pudiera pensar con la cabeza fría, pero no; su tonto corazón apenas se daba cuenta de que tenía que tomar una decisión y trataba de dominar por encima de la razón. ¿Y cuál era la que tomaba el?; era simple: REGRESAR.

Regresar a pesar del daño que sufrió. Regresar a pesar de que volvería a hacerlo. Sencillamente Regresar. Regresar, regresar, regresar, a pesar de todo.

Tonto masoquista, le espetó.

Pero honestamente, ¿a quién quería engañar?, su corazón no quería volver sólo porque fuera masoquista o algo por el estilo, era simplemente porque extrañaba a ése tonto y comelón pelirrojo, y a ése malhumorado e insensato pelinegro. A aquellos que alguna vez fueron sus mejores amigos.

Además, no podía culparlo, después de todo, ella misma había sido la culpable de haberse encariñado tanto de ellos.

Y ahora, en su oficina, con un proyecto en puerta, y con un mediocre porcentaje de concentración, no podía dejar de atormentarse con el asunto de la fiesta. ¡Ja!, fiesta, más bien era la cita para su auto condena, pensaba con ironía.

Ya podía imaginársela casi de inicio a fin…

… Ella llegando con Luna; abrazo de la señora Weasley y posible reprimenda por no haber ido en todo ése tiempo, además de su habitual comentario acerca de la nutrición y llevarlas prácticamente a rastras a la cocina; saludo al señor Weasley, a Fred, George, Percy (quien fingiría sorpresa, por supuesto), Bill y Fleur junto a su hija Victoire (porque tenía que admitir que sabía varias cosas de la familia, gracias a Percy claro) … Y después Ginny, posible abrazo, minutos de silencio… Luego Ron, miradas asesinas, comentarios mordaces, burlas, reclamos, pelea… Y finalmente Harry… Nada.

Era ahí cuando su cerebro se quedaba en blanco. Podía figurar casi todo el escenario, pero como siempre le pasaba con él, simplemente no podía. Nada. Ni siquiera imaginaba que la miraba. Un gesto. Un estrechón de manos. Nada.

Y era frustrante. Resopló cansada cuando sus pensamientos la llevaron nuevamente al pasado. Y como si se reprendiera por su falta de concentración, tomó la pluma, la untó en tinta, y empezó a escribir como si su vida dependiera de ello.

Sólo esperaba que el tiempo se apiadara de ella.

Mas el tiempo no era piadoso y de eso Hermione se dio cuenta poco tiempo después; pues las horas pasaban del día a la noche como si fueran de agua, y tan sólo faltaba una semana para que tomara una decisión.


Viernes…

El sonido de la puerta la hizo salir de su ensoñación y, con un débil "Pase", dejó entrar al invitado.

— Hola Jean — la saludó William.

Hermione reprimió el impulso de rodar los ojos y lo regresó a ver apenas levantando ligeramente la mirada, para después continuar con lo que estaba haciendo.

— Hola — murmuró con desgana. Y aquí venía de nuevo Will, a su primera sesión de persuasión del día, pensó para sí.

— Uy, qué humor te cargas… — bromeó el pelinegro mientras se apoyaba en su escritorio dejando sus rostros a la misma altura. Hermione suspiró interiormente con hastío — Te pareces mi mamá luego de su operación de vesícula — le dijo cual confidencia.

La castaña sólo frunció los labios, exhalando profundamente por la nariz mientras centraba su atención a los pergaminos sobre su escritorio. Y ésos eran los comunes comentarios que usaba antes de comenzar con las aún más comunes sutilezas para que volviera.

— Jean, debes dejar de hacer esto. Sabes bien que… — empezó, reincorporándose.

Hermione lo miró brevemente. El papel del amigo psicólogo también se lo sabía de memoria. Pero que lo aplicara Will con ése tono condescendiente, era mil veces peor. No pudo evitar sentir molestia al percibir su voz de lástima.

— Will, de verdad, hoy no tengo ánimos para soportar lo mismo. No quiero hablar, ¿sí? — lo atajó, empezando a ordenar su trabajo. Si era necesario marcharse ella misma a su casa para tener algo de paz, lo haría.

— Es importante… — se excusó recargando los brazos en el escritorio para inclinarse hacia ella nuevamente. Su mirada indulgente — Mira, sé que la estás pasando muy mal, ¡sé que la pasaste MUY mal!… — repuso con obviedad — Todo lo que viviste, desde que te conocí, ¿recuerdas?… — Hermione apretó los papeles que tenía en las manos mientras los apilaba uno sobre otro. Y ésa, era la misma táctica que usaba él, pensó sin siquiera mirarlo — Es por eso que insisto…

Bueno, al menos en eso si tenía razón, ironizó Hermione para sus adentros. Él sí que insistía. Pero ya tenía suficiente de ello.

— Will… — lo cortó.

— Debes regresar Jean. Quedándote aquí, escondida entre éstas cuatro paredes, no vas a resolver nada. Esto te seguirá a donde quiera que vayas y…

— William… — lo regresó a ver.

— No te pido que lo perdones o algo por el estilo, — agregó rápidamente al ver su ceño fruncido — sólo te pido que te des ésta oportunidad a ti. Regresa. Es necesario que exteriorices todo lo que sientes; o al menos…

— ¡William, ya basta! — exclamó apretando los dientes, dejando los pergaminos de lado para mirarlo con fastidio.

— No puedes seguir haciéndote esto — le reprendió el pelinegro sin inmutarse ante su repentino exabrupto.

— Yo no me… — lo miró sorprendida.

— Si lo haces, — replicó con tranquilidad — desde hace seis años que lo haces… — remarcó. Hermione no dijo nada, pero Will notó como su rostro se tensaba — Lo hiciste desde que huiste de aquella vida, una vida en la cual eras inmensamente feliz. Huiste Jean, — le hizo ver — lo hiciste sin mirar atrás, sin importar lo que dejabas… ¡Sin notar que te dejabas a ti misma en aquel recuerdo! — sus ojos azules la miraban detenidamente, esperando hacerla reaccionar.

Hermione evadió su mirada, renuente a que sus palabras la afectaran. Aunque interiormente se maldijo porque así fuera. Y se llamó "Débil" a gritos.

— Tengo trabajo — se limitó a decir, recuperando los pergaminos.

— Bien… — suspiró de manera resignada Will — Puedo irme ahora, pero te garantizo que eso no evitará que hablemos de esto después — sentenció.

— Cuídate Will — dio por finalizada la conversación.

— Tú hazlo — subrayó con frustración. Y nuevamente su mejor amigo se interponía entre su juicio y su corazón.


Sábado…

El sonido de una Aparición frente a ella, apenas le dio el tiempo justo a Hermione para tantear su varita a un costado y lista para atacar al intruso; únicamente para descubrir que no era otra más que Luna, con un par de cajas de pizza en brazos y una reluciente sonrisa en los labios. La castaña suspiró aliviada y regresó ambas manos a los pergaminos que estaba leyendo en la comodidad de su sala.

— Hola… Enfermera — la saludó Luna arrastrando las palabras como lo hacía el personaje de una caricatura muggle. Hermione sólo pudo fruncir el ceño, al recordarle a Draco Malfoy y su pedantería.

— ¿De nuevo viendo el cable para niños? — la regresó a ver con un dejo de burla.

— ¿Qué te puedo decir?, esos dibujos "mimados" son muy divertidos — le contestó con una sonrisa. Hermione abrió la boca para corregirle el "Mimados" por "Animados", mas conociéndola como la conocía, eso sólo traería una larga charla acerca del poco ingenio muggle, así que prefirió callar. Luna, sin darse cuenta de nada, dejó la comida sobre la mesa — Además, sólo disfruto de mi día libre, ¿y qué mejor forma que comiendo pizza junto a mi mejor amiga? — le sonrió inocentemente.

Hermione la miró insegura. Pizza, en sábado, con su "mejor amiga". Bien, empezaba a ver en donde terminaría todo eso. Mas Luna ni se dio por aludida, quien, tomando un cojín del sofá, se dejó caer sobre éste en el suelo, a los pies de su amiga. Mientras acercaba la mesa.

— ¿Tienes algo de tomar?, olvide traer — le preguntó.

Un par de segundos después, desde la cocina salían levitando un par de refrescos de naranja en lata, dos vasos y platos, además de servilletas.

El aroma a queso fundido, salsa de tomate con condimentos y peperonni, hizo que la boca de Hermione se hiciera agua apenas Luna abrió la caja de la pizza.

— ¿Desde cuándo te gusta el peperonni? — le preguntó confundida.

Luna sólo se sonrió de medio lado, sin responder a eso.

— ¿Te sirvo o te sirves? — nuevamente aquella mirada de "Yo no rompo un plato" hizo que la castaña arrugara el entrecejo. Mas pasó eso por alto cuando la rubia tomó una gran rebanada de pizza y un hilo de queso quedó suspendido antes de llevárselo a la boca. El estómago le dio un grito de júbilo cuando alargó la mano y se sirvió ella misma una.

— Mmm… Pizza, pizza, pizza… — empezó a canturrear Luna, comiendo con entusiasmo.

— ¿A qué debo tanta atención tuya? — indagó Hermione sentándose en el suelo, luego de darle la primera mordida a su rebanada y sintiendo como el paladar se le derretía ante la delicia de probar uno de sus caprichos favoritos.

— ¿Por qué andas muy preguntona hoy eh?… — se burló Luna. Hermione la miró impasible — Además, ¿cuál atención?… — le dio un sorbo a su refresco — Te trato como siempre — añadió.

— No es cierto… — le desmintió Hermione — Recuerdo que la última vez que trajiste pizza fue cuando me pediste que te prestara mi vestido azul — mordió su rebanada y no dejó de mirar a su amiga con ojos recelosos.

— Bueno, pues me dio antojo de pizza… — se encogió de hombros — Ya no seas desconfiada Herm, no te voy a pedir nada — atajó con fingida ofensa.

— Más te vale — la amenazó sin ánimo. Dedicándose a comer.

— Que rica pizza, — no le prestó atención la rubia — y que delicioso refresco… — se relamió los labios — Aunque ¿sabes con que estarían mejor?, — le preguntó sin recibir respuesta — con uno de los pastelillos de la señora Weasley. ¿Apoco no serían geniales como postre? — comentó con ilusión.

— ¡Sabía que tramabas algo!… — le espetó Hermione regresando la pizza al plato apenas le iba a dar otro mordisco, y botándola con molestia en la mesa antes de ponerse de pie con tanta brusquedad que movió el sofá a su espala, golpeándose. Poco menos no pudo importarle. La indignación empezó a burbujear en su estómago aplacando por completo el antojo que tuvo antes, y llenándola de náusea.

Luna sólo suspiró, bajando lentamente su plato, contemplando a su amiga con tranquilidad.

— Ya tuve suficiente de ustedes entre semana para que ahora también vengan y arruinen mi fin de semana. Mételo de una vez en ésa cabeza Luna; así me sometan a electrochoques tratando de que cambie de opinión, ¡no lo haré!… — zanjó tajantemente — Así que dejen ya de usar su estúpida Psicología barata que para lo único que sirve es para sacarme de mis casillas. Dicen que quieren ayudarme, ¡bien!, ¡háganlo!: ¡Dejándome en paz! — sentenció con los dientes apretados. Acto seguido abandonó la sala y lo siguiente que se escuchó fue un portazo procedente de su habitación.

— Hermione dos. William cero… ¿Yo?, yo me quedo con la pizza — Luna se encogió de hombros con frescura y siguió comiendo sin inmutarse. Un segundo después Crookshanks se unía a ella rogando por una rebanaba, la cual no demoro en recibir.


Domingo…

— Algún día tendrás que hablar y lo sabes — seguía parloteando Will acostado en el sofá del estudio de Hermione, con la cabeza colgando a un lado.

— Te dolerá la cabeza entre más tiempo estés así — le comentó Hermione sin dejar de leer y transcribir a un pergamino lo más importante, arrugando el entrecejo con concentración.

— Se arregla con un movimiento de varita… — le restó importancia su amigo — Además, no quieras cambiar de tema… — le acusó.

— No te estoy cambiando nada… — replicó la castaña distraídamente. Mordió su labio inferior cuando encontró un párrafo específicamente importante, y tomó el libro entre sus manos contemplándolo con suma atención. Will siguió hablando, más para Hermione fue como un lejano murmullo que no alcanzó a escuchar.

— ¿Al menos me escuchas? — le espetó tiempo después.

Hermione frunció los labios. Dándose cuenta que ésa parte ya la había leído con anterioridad y ya estaba en su trabajo. Dio vuelta a la página asintiendo distraída a lo que sea que Will le decía.

— Bien, como te decía… — continuó éste.

— Me pregunto… ¿si lo pongo con otras palabras…? — meditó la castaña para si en voz alta.

Will se enderezó, masajeándose el cuello cuando éste le empezó a molestar.

— No cambies el tema Jean — la miró ceñudo. Hermione suspiró, regresando a verlo.

— ¿Quién te entiende?, primero dices que no hablo y ahora dices que hablo de otras cosas. Sinceramente la que no te comprende ahora soy yo.

— Chica lista… — sonrió por un segundo, antes de retomar su seriedad, acercándose a ella — Vamos Jean, debemos hablar acerca de ya sabes que… — Hermione dejó salir una sonrisa. Will la vio desconcertado — ¿Lo encuentras gracioso?

— "Acerca de ya sabes que" … — repitió con gracia — Por un momento me recordaste a Ro… — su sonrisa se apagó en el acto.

— A Ron cuando decía Quien Tú Sabes en lugar de Voldemort — completó su amigo.

Hermione lo ignoró, se aclaró la garganta con molestia, regresando la vista a su libro.

— No importa.

— Hace mucho que no lo mencionabas… — comentó Will, mirándola atentamente — Al menos no desde…

— No tiene caso recordar el pasado — lo cortó con acritud.

— Ni tan pasado, porque si aceptas la invitación de Ginny… — empezó a decir con gesto insinuante.

— Lo cual no haré — zanjó Hermione.

—… podrías ver a Ron, a los Weasley… — se detuvo unos segundos de manera vacilante antes de añadir — A él.

La castaña cerró el libro de golpe y lo regresó a ver con acritud ante ése último comentario.

— Jean, nena, sabes que no puedes seguir así… — le dijo Will, inclinándose hacia ella a través del escritorio. Hermione lo contemplaba con frialdad — Algún día tenías que enfrentarlo. Sé que tal vez no te sientes preparada, pero Jean, si la decisión no está en ti, ¿entonces en quién?… — le preguntó — Aprovecha ésta oportunidad. Debes regresar, si no es por el compromiso de Ginny, hazlo por ti. Por ser finalmente libre.

— Es tan fácil decir las cosas, — le espetó con sequedad Hermione mientras se ponía de pie — pero, honestamente, ¿qué harías tú, si estuvieras en mi lugar?

Will abrió la boca, mas ningún sonido salió de ésta, quedándose sin palabras.


Lunes…

— Pues yo iría, es mejor aclarar todo de una vez y por todas — le contestó Luna sin siquiera pensarlo un segundo. Hermione le había preguntado qué haría ella si estuviera en su lugar, con la esperanza de dejarla sin argumento como a Will, pero se llevó una gran sorpresa por parte de su amiga y su manera de afrontar las cosas… O al menos de decirlas.

— No hay nada que aclarar Lu — refutó, apilando los pergaminos frente a ella.

— ¡Claro que sí!, — contradijo la rubia — mucho que aclarar diría yo — agregó.

Hermione suspiró cansada. En un principio ella también pensó lo mismo; pero cuando el tiempo pasa, dejas de prestarle la misma importancia, y ahora ya era lo mismo si regresaba o no. Las cosas no serían igual. Ya nada lo podía ser. Entonces ¿qué caso tenía?

— Mira Herm, te conozco desde Hogwarts, sé cómo eres; siempre buscas la verdad de los hechos, ves el lado desde cada punto de vista; pero honestamente amiga, ésta vez te cerraste, no diste tiempo para nada… Simplemente huiste. Tampoco es que te juzgue… — añadió rápidamente al ver la mirada fulminante que le dirigió.

— Claro, si se nota que no lo haces — la atajó mordazmente.

Luna frunció los labios, debatiéndose en dejar ahí todo, o intentar mediar algo con ella. Le ganó la segunda opción.

— ¿Y si tal vez fuéramos tan sólo unos minutos?; ya sabes, hacemos acto de presencia, y si no te sientes cómoda, podemos irnos de inmediato — quiso convencerla.

— Luna… — apretó los dientes.

— Herm, es que, si hablaran, si tú le explicaras porque huiste… — la miró suplicante.

— ¿Y que querías que hiciera eh?… — le espetó Hermione con molestia, exasperándose repentinamente — ¿Crees que huir fue una opción para mí?, ¿crees que no me arrepiento de eso cada día?… — se incorporó enojada. Luna pasó saliva — El huir es algo con lo que cargaré el resto de mis días. Pero tampoco puedo hacer algo para remediarlo… ¡Entiéndelo Luna!, ¡el anteponer mi felicidad sobre los demás era algo que debía hacer, aunque sea por una maldita vez en mi vida!… — la contempló respirando agitadamente.

— Tampoco… — intentó rebatir su amiga.

— ¿Entonces qué?, ¿qué demonios querías que hiciera, maldición?… — la miró exasperada — ¡¿Qué me quedara?!… ¡¿Qué los felicitara?!… — su voz rayaba entre la ironía y el dolor; y eso Luna lo notó porque su rostro adquirió una fina capa de rubor — Qué dijera "Felicidades chicos, soy muy feliz por su relación, no importa si con esto ME ROMPEN EL CORAZÓN, soy feliz si lo son ustedes, aunque ¡ME LO HAYAN OCULTADO SIEMPRE"! — vociferó.

— Bueno, no, pero… — Luna la miró insegura.

— ¡Pero nada!… — zanjó con rabia — ¡Ya hablamos de esto hace seis años Luna!, ¡lo volvimos a hacer al año!, ¡y al siguiente!, ¡y luego al otro!… ¡Y YA ESTOY HARTA!, ¡ENTIÉNDELO DE UNA VEZ!… — perdió los estribos — ¡NO QUIERO REGRESAR!, ¡SI NO LO QUISE HACER HACE SEIS AÑOS, NO VEO PORQUE QUIERA HACERLO AHORA! — terminó gritando. Se pasó una mano por el rostro suspirando pesadamente; sentía que cada vez que hablaba del tema era como si un Dementor estuviera cerca, arrancándole cualquier indicio de felicidad a su alma, llevándose la calidez de su alrededor y alejándola de todo pensamiento de paz. Se dejó caer con cansancio en la silla, contemplando con la mirada ausente su escritorio.

— Pues no te creo… — replicó Luna con suavidad, sentándose frente a ella. Hermione frunció el entrecejo con exasperación, mas no dijo nada — Podrás mentirle a todo el mundo, incluso a ti misma, pero a mí no me puedes engañar Herm… — la castaña la regresó a ver con advertencia — Lo veo en tus ojos. Quieres volver. Sólo que tienes miedo de darte cuenta que aún lo amas — añadió segura. Hermione desvió la mirada, sonriendo con lacerante ironía.

— Quiero estar sola — repuso.

— De acuerdo… — accedió la rubia luego de varios minutos, suspirando — Será cómo quieras, — se puso de pie — sólo recuerda que no importa la decisión que tomes, yo te apoyaré de igual forma. Igual que hace años… — Hermione la miró con sarcasmo — Ya sé, ya sé, te regaño y todo eso a pesar de que te apoyé en tu decisión hace mucho… pero es que eso no significa que esté completamente de acuerdo contigo todo el tiempo.

Hermione asintió en señal de comprensión.

— Así que ya lo sabes, no me daré por vencida. Porque, además, recuerda que ambas dejamos asuntos pendientes — completó con seriedad. Hermione volvió a suspirar con cansancio.


Martes…

Hermione se encontraba en su oficina preparando, lo que, según ella, era un informe de último minuto; aunque la verdad es que sólo estaba intentando gastar su tiempo en algo, pues según lo que marcaba su agenda, no tendría trabajo hasta por lo menos dos semanas más. ¿La razón?, el constante hostigamiento de Will y Luna había rendido frutos. Sí, pero únicamente en su trabajo, que era en lo único que ocupaba su mente.

Y hablando de… justo ahora William estaba con ella tratando de persuadirla para que se tomara un merecido día libre, mientras ella se negaba tajantemente.

El día libre había cobrado un nuevo significado para ella, y ése era "Tormento".

Con el paso de los días, lamentablemente había descubierto que así fuera un minuto el que no dedicara su tiempo a algo productivo, su mente se encargaba de atormentarla con recuerdos y posibles escenarios de lo que acontecería en la fiesta de compromiso de Ginny y Neville. Y aunque fueron muchos los intentos para que esto no pasara, ahora lo encontraba imposible de evitar.

Y todo era gracias a que ya no tenía nada en que ocuparse, excepto claro, de las comunes visitas de sus amigos.

— Vamos… — continuaba diciendo Will.

— Estoy bien — le contestó con cansancio.

— Sólo lo digo porque si quieres puedes tomarte el día… — insistió.

— Estoy bien — volvió a replicar Hermione, mientras leía el mismo párrafo por onceava vez.

—… después de todo, tú eres la causante de éste proyecto… — no la escuchaba. Hermione suspiró con cansancio.

— ¡Estoy bien! — levantó el volumen de voz.

— Un día libre no te caería mal. Podríamos salir, relajarnos, y olvidarte por un día de…

— ¡Que estoy bien, maldita sea! — vociferó, perdiendo los estribos.

— Yo sólo decía — se justificó William, algo cohibido por su exabrupto.

— ¡Pues si!, ¡tú sólo decías!, ¡pero es lo único que te pasas haciendo desde hacer días!, ¡sólo dices!, ¡dices!, ¡y dices!; ¡NUNCA te callas y ya me tienes harta!, ¡quiero estar sola ¿qué no lo entiendes?!… — le espetó entre dientes — ¡DÉJAME TRANQUILA POR UN MALDITO DÍA! — gritó enardecida.

— Hermione… — la miró atónito, llamándola incluso por su primer nombre.

— ¡Hermione nada!… — lo atajó con brusquedad — ¡Sólo vete Will!, vete por favor… — le pidió intentando tranquilizarse — Ya no puedo con esto y créeme que ni tú ni Luna están haciendo bien en forzarme a hacer algo que no quiero hacer. ¡Es mi decisión!, ¡es mi vida!; ¡ahora quiero que te vayas, y me dejes tranquila! — lo miró con amenaza.

— Jean, pero… — se mostró vacilante.

Soltando un gruñido de frustración, Hermione se puso de pie y caminó hacia la salida con gesto decidido. En definitiva, tenía que decir las cosas con peras y manzanas para que la entendieran, pensó mientras abría la puerta con brusquedad y regresaba a ver a su amigo con un claro mensaje en los ojos: "¡Fuera de aquí!"

— Tan sólo… — empezó a decir éste.

— No me obligues a sacar la varita — le advirtió.

Completamente abatido por su reacción, Will meneó la cabeza.


Sólo cuando pudo estar completamente sola, Hermione se dio cuenta del error que había cometido… les había gritado a sus dos y únicos mejores amigos. Y todo por tu culpa… ¡Harry Potter!, rumió para sus adentros.