Capítulo 6: ¿QUÉ SERÁ DE TU VIDA?

"¿Qué será de tu vida Hermione?" … "¿Dónde estarás ahora?" … eran las dos inquietudes que asaltaban el corazón de Harry Potter desde aquella fría mañana en que la castaña desapareció de su vida hacía ya seis largos años. Y lamentablemente, hasta hoy en día, no obtenía una respuesta.

¿Por qué me abandonaste?, era su tormento el saber.

Cada noche y cada mañana, su única plegaria al cielo era poder saber de ella. O al menos tener la certeza de que se encontraba bien. Sin embargo, jamás hubo algo que se lo dijera.

Miles de cartas había escrito, decenas de lugares había visitado, centenas de personas a las que había entrevistado, y aun así el mundo parecía haberse tragado a su mejor amiga entera; pues jamás hubo señal de ella.

Y ahora, a más de 2 mil días sin verla, sentía que lentamente la memoria de su sonrisa se hacía cada vez más difusa. Mas el anhelo por tenerla a su lado sólo crecía, tal el empeño por encontrarla.

Pues nunca hubo un día en que no la recordara. Al principio, durante los primeros días de su ausencia, simplemente no podía conciliar el sueño creyendo que todo era un mal juego de su mente, una cruel pesadilla, pero no era así; así que dedicaba cada hora nocturna a mandar una tras otra, centenas de lechuzas en su búsqueda; no obstante, sus ánimos decaían cuando las aves regresaban con cada uno de sus pergaminos. Con cada una de sus esperanzas.

Si la habían encontrado, era algo que Harry no sabía. Pero el miedo a que lo hubieran hecho y aun así Hermione se rehusara a saber de él, era algo que prefería ignorar, al igual que el vacío en su corazón conforme su ausencia se hacía más larga.

Después, cuando los días se convirtieron en semanas, en las que las noticias continuaron sin llegar a él; pensó por un momento en ir a buscarla a la casa de sus padres; pero por más que buscó en cada directorio muggle, el apellido Granger no figuró en alguno de ellos. Arrancándole otro tajo de esperanza a su alma.

A los pocos meses, la desesperación era tal que poco le importaba si perdía su beca en la escuela de Aurores; sólo quería saber de ella. Saber cómo estaba, si se encontraba bien. Si simplemente había huido como se rehusaba a creer.

Pero se cumplió un año y no tuvo noticias de Hermione. De su mejor amiga.

Y no le quedó de otra que ingresar a la Academia, donde centró todo su empeño para terminar cuando antes y poder tener los recursos necesarios para iniciar con su búsqueda en todo lo ancho de Inglaterra si era preciso. Dieciocho meses fue el tiempo que pasó antes de recibirse como Auror junto a Ron, y pronto llegó a sus manos la oferta hecha por Kingsley acerca de trabajar en el escuadrón de Aurores del Ministerio.

Y Hermione, no apareció.

Y él continuó de manera infructuosa con su búsqueda mientras lo ascendían al cargo de Jefe de Aurores; donde capturó a varias decenas de Mortífagos y magos oscuros que aun atormentaban el mundo mágico. Logros que no se comparaban en nada con la dicha que sentiría en su interior si la encontraba algún día.

"El mejor en 18 años", le habían dicho una vez. "El mejor después de tus padres"

Pero Harry sabía que eso no era cierto. Si era el mejor, ¿entonces porque no lo había sido desde un principio?, ¿por qué no había sido el valiente Gryffindor que enfrentaba todos los obstáculos?, ¿por qué no era el analítico Auror que resolvía cualquier tipo de conflicto?

¿Por qué no era el Harry Potter que todo el mundo idealizaba?

Porque sin duda lo que lo tenía más atormentado era el hecho de jamás haberle confesado sus verdaderos sentimientos a Hermione. A la mujer que amaba.

Merlín, ¿cómo pudo ser tan idiota?… ¡La amaba como un condenado!, la amaba… y la había perdido.

Flash Back

La opresión en el pecho de Harry no había disminuido ni un poco desde que habían salido del Ministerio de Magia; la visión de su padrino al ser tragado por el velo seguía reproduciéndose como cinta rallada frente a sus ojos, y la angustia aplastante que oprimía su garganta cuando vio a Hermione inconsciente a su lado le impedía respirar con normalidad.

Había sido tan estúpido. ¡Todo era culpa suya!, perdió a su padrino por su maldito complejo de héroe y había estado a punto de perderla a ella también… su mejor amiga. Su Hermione.

Se dejó caer de rodillas a un costado de la cama que ocupaba la castaña en la Enfermería, viendo su rostro brillar por los rayos proyectados por la luna; y se sintió asqueado consigo mismo por llamarse su amigo… Ya nada podía ser igual entre ellos y eso lo sabía muy bien. No cuando los sentimientos cambian, como le había sucedido a él.

Como bien decía el dicho: "Nunca sabes lo que tienes hasta que lo pierdes". A él sólo le bastaron ésos lacerantes minutos en los que la tuvo a sus pies, inconsciente, sin la certeza de que continuaba con vida, para que su corazón le revelara al fin el porqué de ése cariño irrevocable que sentía hacia ella.

Se atrevió a tomar su mano, sintiéndola tibia, como una muestra de que aún continuaba ahí, con él. Y mordió sus labios, bajando la cabeza sintiéndose avergonzado por haberle fallado.

Era por su maldito error que ella estuviera ahí ahora; era por su estúpida causa que hubiera recibido aquella maldición… Si tan sólo la hubiera escuchado, si no fuera un imbécil impulsivo. Pero parecía que únicamente había nacido para fregarles la vida a los demás.

Sus padres. Cedric Diggory. Su padrino. Y ahora, casi Hermione.

Todo porque Voldemort estaba empecinado en destruirle la existencia y llevarse a quienes más quisiera o se interpusieran en su camino.

Escuchó la puerta de la Enfermería abrirse y levantó la mirada, pudiendo percibir la sombra de la señora Pomfrey proyectarse contra la pared opuesta mientras realizaba la ronda nocturna a cada uno de sus pacientes: Ron, Ginny, Luna y Neville permanecían en una cama cada uno durmiendo plácidamente gracias al Filtro de Paz que les había sido suministrado mientras sus heridas sanaban. Heridas que Harry no quiso que fueran atendidas en él.

Merecía sentirse mal, pensó. Merecía sentir dolor, porque al menos así mitigaba un poco la culpa que lo embargaba; disminuía la opresión de pérdida en su pecho.

No se inmutó cuando la señora Pomfrey se acercó a la cama de Hermione y la observó con ojo crítico; después de todo, a él no podía verlo, el manto de la invisibilidad lo cubría gracias a la capa de su padre. Aun así, esperó ansiosamente a su lado, aguantando la respiración ante el escrutinio de la Enfermera. El pensar que Hermione aun estuviera en peligro de muerte le robó los latidos. Mas estos regresaron a su pecho un par de minutos después, cuando la señora Pomfrey asintió conforme por el progreso de su mejor amiga y le dedicó una fugaz mirada a su mano, sonriendo imperceptiblemente; se dio media vuelta y salió sin decir nada, volviendo a cerrar la puerta de la Enfermería.

Al menos estaba bien, pensó Harry un poco más tranquilo. Sólo un poco. Pues se sobresaltó cuando Hermione se quejó entre sueños apretando su mano, sus labios se movieron sin emitir sonido. El gesto de preocupación en su inquieto rostro lo hicieron sentir en carne propia dicha ansiedad.

Apretó su mano queriendo decirle que estaba ahí, junto a ella, y se quedaría ahí para velar su sueño así sea toda la vida, pues le era imposible no sentirse en deuda con ella. El corazón le dio un doloroso vuelco al considerar que quizás Hermione recordaba la maldición que había recibido, y apretó nuevamente su mano entre las suyas dándole a entender que estaba a salvo, que él estaba ahí, con ella, cuidándola. Como ella siempre había hecho con él.

Que ya no había porque temer. Pues él jamás lo había hecho tampoco cuando estaba a su lado. Y ésa nueva deducción lo hizo sentirse aún más miserable.

Comprendiendo que la necesidad de tenerla a su lado para sentirse a salvo era la manera disfrazada en que su corazón le había dictado siempre lo que sentía por ella: Amor.

Agachó la cabeza con auto recriminación hasta ponerla a la altura de sus manos unidas y besó la de su amiga con devoción. Incapaz de decirle con palabras lo mucho que significaba para él el que estuviera bien, a salvo, y junto a él.

Y se odió por pensar de ésa forma.

Ya nada podría ser igual, y desafortunadamente, su amistad llevaba la misma maldición. Sintió sus ojos humedecerse ante ésa cruel verdad y besó nuevamente su mano, deseando acabar de ésa forma con su sufrimiento.

— Harry… — balbuceó la castaña entre sueños, estremeciéndose.

El susodicho se enderezó, apresando su mano con firmeza y chistando suavemente en un intento por mantenerla tranquila, por alejar las pesadillas que seguramente asaltaban sus sueños.

— Harry… — lo volvió a llamar con más insistencia, removiéndose un poco en la cama.

— Estoy aquí… Tranquila. Todo está bien — se encontró reconfortándola.

Besó su mano mirándola con una mezcla de reproche y ternura surgiendo en su interior. Recriminación por ser el causante de su estado, y cariño por la manera suave en que lo llamaba.

— Harry, es… es una trampa… — balbuceó con un dejo de angustia — Harry por favor… — suspiró, frunciendo el entrecejo con preocupación.

Harry apretó los labios con frustración, se le hizo un nudo en la garganta producto de impotencia. Si la hubiera escuchado cuando se lo advirtió la primera vez, si no hubiera confiado ciegamente en las visiones que Voldemort había implantado en su cabeza atolondrada, nada de eso hubiera pasado. Ahora ya era tarde. Los ojos le escocieron sin poder evitarlo.

— Perdóname… — musitó de manera ahogada, aferrándose a su mano — ¡por favor perdóname Hermione! — hundió la cabeza a su costado sintiéndose miserable.

— Harry…

— Es mi culpa que estés aquí… — le siguió hablando sin atreverse a mirarla, ya ni siquiera se sentía merecedor de su compañía — Si no fuera tan terco, si tan sólo te hubiera escuchado… ¡Por favor perdóname!… — le besó la mano con arrepentimiento, cerrando fuertemente los ojos para no llorar en aquel momento — No sé qué sería de mí si te perdiera — le confesó en un lamento.

—… por favor… — volvió a decir la castaña.

Harry suspiró de manera entrecortada abriendo los ojos, levantó un poco la cabeza para poder mirarla.

— Lo siento.

—… que estés bien.

Aquello le paralizó el corazón.

"Harry por favor que estés bien"

Hiló las palabras para sí. La barbilla le tembló y por sus mejillas rodaron un par de lágrimas sin poder retenerlas más tiempo. Aun después de todo lo que había pasado, del riesgo que corrió, de casi haber perdido la vida por su causa, seguía preocupándose por él.

Sollozó sin poder evitarlo. Eran tantos los sentimientos que sentía en ése momento que no había otra manera de expresarlos más que a través del llanto. Tristeza por perder a su padrino. Angustia por el estado de sus amigos. Ira contra Voldemort, el Ministerio y Dumbledore. Y… cariño. Inmenso cariño por Hermione. A quien por poco pierde para siempre, y de quien, había descubierto, estaba enamorado.

Se puso de pie de un salto y, sentándose a un costado de ella, la abrazó como si la vida se le fuera en ello. Necesitaba tanto sentirla entre sus brazos, tener la certeza de que estaba ahí y no en aquel frío mármol de piedra donde por poco muere; trasmitirle con ése abrazo lo que sentía por ella, y poder permanecer así con Hermione por la eternidad y una vida más. Sintiendo su corazón latir junto al suyo mientras se embriagaba con el aroma de su cabello castaño. Sentir la tibieza de su cuerpo trasmitirle el calor que su alma necesitaba en ése momento, y mitigar de alguna manera el dolor que sentía en cada una de sus heridas abiertas.

Las lágrimas continuaron bajando por su rostro sin permitirle tregua, pero lo agradeció enormemente, pues ésa era la mejor manera de expresar su dolor, en los brazos de su mejor amiga, teniendo la certeza de que al día siguiente todo estaría bien sólo por el hecho de verla despertar.

Se enderezó un poco para ver su rostro… Y con un suspiró lo encontró pacífico, tranquilo. Como si no hubiera nada en el universo más que el mundo de Morfeo. Como si no existiera un Voldemort y una profecía. Como él deseaba que fuera el mundo real. Y sintió envidia por lo que sea que soñaba Hermione. Mas una tenue sonrisa se apoderó de sus labios al comprender que su amiga estaba en paz, sin dolor y sin preocupaciones.

Y se recostó a su lado, apoyándose en un brazo para poder admirarla y transmitirle algo de calidez en ésa fría noche; y le acarició el rostro con la yema de los dedos, sintiendo sus sonrojadas mejillas tan suaves como siempre había creído, o incluso más. Observando ésa respingada nariz, que se fruncía en ocasiones para reprenderlo por algo, cubierta por una fina capa de pecas producto de las tardes compartidas en los terrenos. Sus ojos cerrados, ocultando aquellos trigales de Hogsmeade color a miel; miel que inconscientemente se había convertido en uno de sus dulces favoritos. Ésos labios que se curvaban en sonrisas cuando estaba feliz, o en una mueca de disgusto cuando algo no salía de la manera en que ella quería; en pláticas frente a la chimenea en la sala común.

Y no pudo evitar cuestionarse acerca del sabor que tendrían sus sonrisas, mientras delineada sus labios en una fina caricia con su dedo índice.

Un calor extraño, que nunca había sentido tan profundamente como ahora, les subió a las mejillas, tiñéndolas de escarlata. Apartó su mano, apoyándola suavemente en su mejilla. Ni siquiera ésa pregunta se la había hecho con… ¿Cómo se llamaba quien supuestamente le atraía?, ni idea. Ahora únicamente existía Hermione. Hermione y sus labios color rosado.

Se inclinó hacia ella sin darse cuenta de lo que hacía, hasta que sintió su respirar tranquilo impactar con el resuello de sus labios entreabiertos, sedientos de su sabor. De su tibieza y textura. Tragó saliva, tragó nervios; y frente a sus ojos se materializó una escena en donde Hermione abría los ojos y le sonreía antes de atraerlo hacia ella rompiendo con la distancia y besándolo de una manera que borrara por completo las pasadas hora. Mas sacudió la cabeza alejando aquella utopía de su cabeza; no podía hacerlo, él no era merecedor de ultrajar sus labios de aquella manera. Dirigió el beso a su frente, permaneciendo ahí más de lo necesario.

No podía y no debía hacerlo, se dijo, tratando de convencerse. Voldemort había utilizado a Sirius como un arma contra él porque sabía que Harry lo quería. ¿Qué pasaría entonces si se enteraba de sus sentimientos hacia Hermione?, no quería ni imaginarlo. Snape ya se lo había dicho: el señor Oscuro podía entrar en sus sueños, en su mente, conocer todos sus secretos… e incluso manipularlo a su antojo.

Entonces ¿qué le decía que no estaba haciendo eso justo ahora?, ¿qué le daba la certeza de que Voldemort no estaba ahora viendo todo lo que él veía?, ¿sintiendo lo que él sentía?

Sólo estaba robando horas al destino. Estaba jugando con fuego. Riddle no vacilaría en acabar con lo que sea que le causara un dejo de felicidad. Y él no podía permitir que llegara a Hermione y la dañara; ahora menos que nunca.

Cerró los ojos con fuerza por la decisión que estaba tomando y se recostó nuevamente a su lado, contemplándola en la semioscuridad. Memorizando ése momento para siempre. Después de todo, eran sus últimas horas juntos.

Al menos disfrutaría de ésa última noche a su lado, pensó en el momento en que la sintió moverse hasta recargarse en su hombro, abrazándose débilmente de su costado.

— Nada te pasará. Te lo prometo… — le susurró con voz determinada, acomodando un mechón castaño tras su oreja. Agradeció silenciosamente a la señora Pomfrey por haberlos hecho beber Filtro de Paz, de otra forma no sabría qué contestar al interrogatorio de Hermione al porque estaba en su cama a media noche. Mordió sus labios con fuerza — Me alejaré de ti… — le dijo roncamente — Me mantendré lejos, y entonces él no tendrá por qué saber que ahora ¡tú eres lo más importante en mi vida, Hermione!… — le confesó, sus pestañas se humedecieron por las lágrimas que retuvo a tiempo, y se calmó respirando profundamente, sabiendo que lo que estaba haciendo era lo mejor para todos — Así estarás a salvo. A salvo de Voldemort… Y a salvo de mí… — depositó un beso en su frente — Sólo espero que entiendas porque lo hago. Porque no puedo estar a tu lado — susurró.

Hermione se acurrucó nuevamente en él, y así, con su mano entrelazada con la suya, contemplando como los finos rayos de la luna hacían brillar tenuemente su rostro en la oscuridad, Harry se permitió velar su sueño durante el resto de la noche.

Horas después, los primeros rayos del sol entraron por las ventanas despertando a la joven castaña, quien pestañeando desorientada, no pudo notar como una mano desaparecía en la nada, después de que el calor que la había abrigado la mayor parte de la noche la abandonara sumiéndola en el frío matutino.

— ¿Harry? — murmuró insegura, arrugando el entrecejo.

No obtuvo respuesta. La puerta se cerró con suavidad.

Fin Flash Back

"El Salvador del mundo mágico", lo llamaban. Bueno, él no veía mucho de ésa persona en sí mismo.

Desde el inicio había sido un cobarde. Apenas se enterada de sus sentimientos y huía de ella. Brillante salida, pensó con sarcasmo.

Hermione era la que merecía ése seudónimo, pues gracias a ella es que Harry había sobrevivido todos esos años. Ella fue quien cuido de él, guiándolo a hacer el bien y no desviarse del camino, siempre alentándolo a ser mejor. Fue ella la valiente, la que luchó todo el tiempo, y quien jamás se dio por vencida. Era ella quien merecía todo el crédito por ser ahora él la persona que todos idealizaban.

Pues fue gracias a Hermione que Harry pudo vencer.

Y él no pudo ser ni siquiera capaz de afrontar sus sentimientos; sólo escapando y ocultando cosas por pensar que hacía lo correcto…

Flash Back

El vapor inundaba todo el andén 9 ¾ aquella mañana 1 de septiembre. Carritos con baúles y jaulas con mascotas eran llevaban con presura por los alumnos de Hogwarts para conseguir un vagón vacío antes de que el reloj marcara las 11 de la mañana y el tren partiera rumbo al colegio de magia y hechicería.

Todos, excepto un pequeño grupo de tres personas que ya ocupaban en un vagón, listos para partir en cualquier momento… O al menos dos de ellos sí, quienes no notaban la ausencia de otra persona.

Harry continuaba moviendo el pie en un tic nervioso mientras observaba por la ventana, con la boca seca de expectación, tratando de distinguir a su amiga Hermione entre la muchedumbre de rostros distorsionados. Sólo faltaban 15 minutos para que el tren partiera y no verla por ningún lado tenía a su corazón acelerado, consternado.

Frente a él, Ron y Ginny tenían una de sus comunes peleas, todo porque hacia menos de cinco minutos su pelirrojo amigo había corrido a Dean Thomas del vagón cuando éste pasó a saludar a su hermana. Y Ginny; a quien obviamente no le había caído en gracia al asunto, ya que el moreno era su actual novio; no dudó para empezar a discutir con su hermano, tildándolo de "amargado solterón", y peor aún, "insensible mastodonte", cuando éste le cerró la puerta en la cara al Gryffindor.

— ¡Eres tan inmaduro!… — le seguía despotricando la joven Weasley con las mejillas arreboladas — ¡Dean es mi novio, métetelo en la cabeza!… — le golpeó con un dedo la sien. Ron le apartó la mano con un brusco manotazo, ambos estaban de pie acribillándose con la mirada — Además, el que tú no hayas tenido novia hasta ahora es tu problema, no el nuestro. ¿Qué culpa tenemos de que ninguna chica éste tan loca como para salir con semejante cavernícola?… — le espetó con dureza, haciendo ademanes con los brazos — ¡¿Por qué siempre tienes que meterte donde no te llaman, ah?! — inquirió, levantando la voz.

— ¡Pues si me meto!… — saltó Ron con las mejillas sonrojadas de indignación — Y no tengo novia porque… ¡porque no quiero! — le replicó aún más ruborizado.

Ginny soltó un sonidito irónico ocasionando un bufido por parte de Ron.

— Además, créeme que, si todas las mujeres son igual de locas que tú, prefiero quedarme soltero toda la vida, o mejor aún, ¡gay! — exclamó con frenesí.

Harry iba a regresar a ver a su amigo después de ése último comentario, mas, el cuello se le paralizó cuando divisó a lo lejos a los Weasley conversando con una pareja de castaños. Los Granger, dedujo, sintiendo su corazón acelerarse.

Ginny le entrecerró los ojos con enojo a Ron.

— ¿Y qué culpa tienen ellos? — le atajó mordaz.

Los dientes del pelirrojo emitieron un chasquido cuando éste apretó la quijada con furia.

Eso sólo podía significar una cosa, pensó Harry con alegría.

— Ya está aquí — exhaló con una sonrisa.

— Cualquier cosa es mejor que Dean Thomas — masculló Ron con los dientes apretados. Ginny lo miró indignada.

— ¿De nuevo con lo mismo Ron? — la voz resignada de Hermione, en el marco de la puerta, hizo que Harry pegara tal respingo que se golpeó en la frente con la ventanilla; cosa que pasó desapercibida para los hermanos, quienes en ése momento regresaron a ver con diferentes expresiones en el rostro a la recién llegada; mientras Harry volteaba a verla tan rápido que su cuello emitía ahora un sonido seco.

Hermione había llegado al fin. Y sinceramente, se veía…

— Genial… — comentó Ron.

Harry asintió inconscientemente. "Genial", no había otra manera de describirla. Su cabello castaño se veía casi igual de indomable, pero con la gran diferencia de que ahora Harry podría contar cada una de las hondas que caían en su espalda y a un lado de su rostro; sus ojos lucían muchísimo más alegres que la última vez que la había visto; y su cuerpo cubierto por aquel pantalón ajustado y la camiseta de manga corta, era…

— ¡Ahora tú también te pondrás de su lado! — completó con sorna su amigo, trayéndolo de su ensoñación.

Ginny soltó un suspiro de hastío, e imitó a su hermano por lo bajo. Hermione chasqueó la lengua, y aquel sonido para el moreno fue como devolverle el aliento.

— Mira que tampoco me tienes tan contento. Para las dos miserables cartas que me mandaste en todo el verano — bufó, fingiéndose indignado.

— ¿Y cómo querías que te escribiera más?, si cuando lo hacía sólo recibía como respuesta: "Estoy bien, mi familia te manda saludos; oh, y acuérdate de ayudarme con la tarea el próximo año" — le recriminó con sarcasmo, dejando de arrastrar su baúl para contemplarlo cruzada de brazos. Ginny se rio y Harry sonrió con gracia. Ron gruñó ofendido.

— No es cierto — refutó con las orejas rojas.

— Recuérdame hermanito, ¿cómo era eso de que sí tenías sensibilidad? — le preguntó su hermana intencionalmente. Ron la fulminó con la mirada.

— Olvídalo Ron, ya tendrán todo el año para discutir… — zanjó el tema Hermione, halando el baúl hacia el interior y cerrando la puerta una vez Crookshanks ingresó — Ahora, ¿alguien podría decirme como pasaron el verano? — los regresó a ver con una sonrisa.

— ¡Tengo tanto que contarte! — fue el chillido emocionado de Ginny lo que obtuvo por respuesta. Ganándole a Harry el tomar la palabra cuando Crookshanks saltó a su regazo, restregándose contra su estómago; le rascó detrás de las orejas con cariño.

Ron gruñó con desdén.

— Mejor voy a revisar a los mocosos — anunció con fastidio, tomando su insignia de Prefecto de encima de su baúl y colgándosela en la túnica. Hermione lo iba a reprender por su comentario ácido, mas prefirió hacerse a un lado cuando éste pasó por su lado, saliendo al pasillo y cerrando la puerta tras de sí con fuerza.

Harry las regresó a ver cuando escuchó el golpe.

— Entonces Dean y tú… — le sonrió con picardía Hermione a Ginny, haciéndola asentir alegremente. Harry las miró con una sonrisa, sin apartar la mirada de la castaña. Inconscientemente se preguntó si Ginny no tendría mejores planes que quedarse ahí. Es decir, podría aprovechar el tiempo ahora que Ron no estaba e ir y buscar a su novio, se justificó.

Y como si hubiera sido llamado con el pensamiento; o simplemente hubiera estado escondido todo ése tiempo esperando porque el pelirrojo se marchará; Dean hizo acto de presencia, golpeando suavemente a la puerta, llamando a Ginny con una seña para que lo acompañara. Un verdadero regalo para Harry, quien mordió sus labios para no soltar un grito de júbilo.

— Te cuento luego — añadió apresuradamente la pelirroja, saliendo por la puerta y perdiéndose con Dean en el pasillo.

Hermione meneó la cabeza con una sonrisa y dirigió la mirada hacia Harry con un nuevo brillo en los ojos: el pelinegro continuaba acariciando a Crookshanks con el mismo mimo que trataba a Hedwig.

— Creo que te extrañó — le dijo señalando a su mascota.

— ¿Sólo él? — le preguntó astutamente, viéndola a los ojos.

Hermione se encogió de hombros, ocultando una sonrisa. Hizo el ademán de subir el baúl para colocarlo con los demás cuando se escuchó el silbato que anunciaba la partida del tren, pero Harry se levantó con rapidez poniendo a Crookshanks en el asiendo y haciendo el trabajo por ella. No pudo evitar soltar un gemido de esfuerzo por lo pesado que estaba. Hermione lo miró medio avergonzada.

— ¿Más libros? — indagó, empujando el baúl.

— Y unas cuantas cartas — le sonrió con complicidad, ayudándolo. Harry sintió sus ojos brillar al escucharla.

— List… — alcanzó a decir con satisfacción una vez dejaron el baúl en su lugar; solamente para perder el equilibrio cuando el tren emprendió su marcha, haciéndolos caerse sobre el asiento a sus espaldas, quedando tendidos sobre éste: una mano de Harry apoyada sobre el respaldo a su espalda, y la otra en la cintura de Hermione evitando que ésta se fuera al suelo; quien con una mano sobre el pecho del moreno, y la otra en la pared tras éste, cerró los ojos con miedo por un segundo ante la inminente caída que no llegó, mientras sentía su respirar agitado impactar contra el del pelinegro. Sus cuerpos unidos. Los rostros a un palmo de distancia. Y los ojos abiertos de par en par una vez superado el susto, dilatados ahora de sorpresa…

— ¡Vaya!, y yo que pensaba decirte si querías ir a hacer la ronda… — silbó Ron con asombro desde la entrada.

— ¡Ron! — chillaron a la par, pegando tal respingo que en el momento en que Hermione se intentó incorporar de encima de Harry, terminó golpeándolo en la pierna con su rodilla cuando se impulsó para levantarse, arrancándole un gemido de dolor, y enredándose en sus torpes movimientos que finalmente la castaña llegó al suelo. Harry, apresurándose para ayudarla, se levantó de un salto sin medir en donde estaba, y acabó pegándose en la cabeza con el baúl que momentos antes habían guardado y ahora amenazaba con venirse abajo.

Ron enarcó las cejas con incredulidad ante lo que acababa de suceder. Mas no pudo evitar reír cuando notó los rostros azorados de sus amigos una vez estuvieron ambos de pie y se separaron el uno del otro cual si tuvieran una enfermedad mortal contagiosa.

— Mejor los dejo haciendo lo que sea que estaban haciendo — comentó con malicia.

— ¡Nosotros no…! — se precipitó a exclamar Harry, sonrojándose aún más.

— ¡Nos caímos! — soltó Hermione con rapidez.

— Ahh… — soltó con fingida comprensión Ron, apoyándose en la puerta con despreocupación — ¿Y les pasa muy seguido que cuando caen, terminan el uno sobre el otro?… — les preguntó con aparente inocencia. Las mejillas de Hermione se sonrojaron aún más que las de Harry. Quien únicamente escuchaba un molesto y constante silbido en sus oídos, mientras sentía inmensas ganas de degollar a su amigo vivo — Yo no sabía eso, que cuando alguien cae, queda abrazado del otro… — la mirada de advertencia que le enviaron ambos no le sirvió de nada al pelirrojo, quien se estaba regodeando tanto que la sonrisa de satisfacción era imposible de borrar de su pecoso rostro — Porque si mis ojos no me fallan, Harry te tenía bien abrazada de la cintura, Hermione, y tú a él del pecho — les señaló con picardía.

Ante eso no pudieron alegar nada. Pero el calor que les invadió el pecho fue difícil de ignorar, sobre todo cuando cubría ya la mayor parte de sus rostros.

— Sólo les digo una cosa: que, si me entero por terceros de que son novios, y no por ustedes; adiós amistad eh… — los miró cual padre represor. Harry estuvo muy tentado a arrojarle el baúl que lo había golpeado con anterioridad a la cabeza. Aunque por el gesto de Hermione, parecía pensar en una medida aún más drástica. Quizás fue por eso que Ron se apresuró a salir de ahí, únicamente para detenerse a mitad del pasillo y exclamar en una risa: — ¡Cierren la puerta con llave!

Dejando a los jóvenes Gryffindors más avergonzados de lo que ya estaban.

La pregunta de si le apetecía a Hermione ir al día siguiente a caminar por los terrenos, murió en los labios de Harry. No así las ganas de torturar a su mejor amigo apenas le pusieran las manos encima.

Fin Flash Back

Aunque nadie podía culparlo ¿no?; es decir, era sólo un adolescente, ¡apenas tenía 15 años cuando se dio cuenta de sus sentimientos!; recién había experimentado la experiencia del primer beso, eso sin contar la "relación" con Cho.

Además, sin la guía paterna, ¿quién lo iba a guiar en el tema del primer amor?… Si Hermione era la que siempre lo alentaba. Y en definitiva no podía ir en ésa ocasión con ella, no cuando ella era la causante de ésa revolución de sentimientos en su interior.

No obstante… las cosas si cambiaron entre ellos. Sobre todo, después de contarles acerca de la profecía durante el sexto año.

Flash Back

Habían pasado apenas unas cuantas horas desde que Harry les contara a Ron y Hermione acerca del contenido de la profecía cuando el pelinegro volvía a la sala común después de una charla con Dumbledore en su despacho y se encontraba, para sorpresa suya, con Hermione sentada frente a la chimenea, como si hubiera estado esperando por él desde que se marchó.

Aunque conociéndola como lo hacía, probablemente estaba adelantando algunos deberes. Pero, ¿a medianoche?, se preguntó al consultar el reloj. Sin darse cuenta se había detenido a observarla en la penumbra.

Hermione, aun ajena a su presencia, se pasó una mano por el cabello con nerviosismo y contempló el reloj que había a un lado suspirando abrumada. Y entonces su mejor amigo confirmó que estaba ahí por él, y eso hizo que un nudo se le formara en el estómago. Ya había visto la preocupación en sus ojos y voz al contarle de la profecía; y volver a sentirlo emanar de ella, sólo le causaría una noche de desvelo. De pesadillas en donde él no era capaz de protegerla.

Carraspeó débilmente antes de retomar su marcha.

— Hermione — la llamó, ocasionándole sin querer un sobresalto.

— ¡Harry! — se levantó de inmediato, girándose hacia él con ojos preocupados, apresurándose a ponerse a su lado, y contemplándolo con ansiedad.

— ¿Qué haces despierta tan tarde? — le preguntó el moreno, haciéndose el desentendido.

— ¿Qué quería Dumbledore? — cuestionó a la vez la castaña, con voz atropellada.

Harry suspiró, desviando momentáneamente su mirada de la de ella.

— Está bien, no ha pasado nada — mintió. Sólo quería llegar a su cama y descansar. Ya había experimentado demasiadas cosas ésa noche. Mas su respuesta no la convenció.

— ¿Es algo relacionado con Voldemort?, ¿de la profecía?; — le preguntó con un nudo en la garganta — ¿Te puedo ayudar?, ¡quiero ayudar! — se apresuró a añadir.

Ignorando el hecho de que el corazón le había dado un vuelco al escuchar su determinación, Harry negó con la cabeza, alejándose de ella para dejarse caer pesadamente en el sofá que ocupaba antes Hermione. La castaña lo siguió, sin dejar de contemplarlo con ansiedad, como si en cualquier momento Harry le fuera a comunicar que se marchaba a enfrentar a Voldemort y no sabía si volvería algún día con vida.

— Estuve pensando… analizando el contenido de la profecía… — empezó a decir atropelladamente, sentándose junto a él — Y creo que puede haber una equivocación. Es decir, miles de profecías son hechas y apenas un margen de 15% se vuelven realidad. ¿Qué tal si ésta es una de ellas?; Además, es Trelawney, por Merlín. ¿Cuándo ella ha dado indicios de que las estupideces que dice sean ciertas? — estrujo sus manos con ansiedad.

— He presenciado con mis propios ojos una de sus profecías Hermione. La noche en que Sirius… — se giró a verla.

— Pero eso fue diferente. Y, además, ni siquiera fue muy entendible. Pensábamos que era acerca de Sirius y… — quiso encontrar una explicación.

— Y Dumbledore mismo fue quien descifró el contenido de la profecía… — la interrumpió — Soy yo, Hermione. No hay duda de ello — a pesar de no querer sonar duro al decirlo, no pudo evitar que su voz se escuchara brusca.

Hermione mordió sus labios, desviando la mirada a sus manos entrelazadas sobre su regazo, contemplándolas con impotencia. Harry la miró arrepentido.

— Si era sobre Voldemort de lo que quería hablar Dumbledore… — le confesó. Hermione lo regresó a ver, ahogando una exclamación, sus ojos se dilataron temerosos — Bueno, más bien de Tom Riddle, — repuso. La castaña frunció el entrecejo, aun alerta — Dumbledore quiere, por algún motivo que aún no me dice, que conozca la historia de Voldemort desde que éste era un niño. Me mostró varios recuerdos de su infancia… — le explicó — Creció en un orfanato ¿sabes?

— Supongo que el profesor quiere que conozcas la verdadera naturaleza de ése monstruo y porque hace las cosas — meditó en voz alta.

— Algo así me dijo… — coincidió Harry — También me dará clases, Dumbledore, — le aclaró — no me ha dicho cuándo o de qué, pero dice que es muy importante, que me será de mucha ayuda en el futuro… — "Cuando tenga que enfrentarme a él", quiso agregar, mas mordió su lengua para no asustarla aún más.

E hizo bien en callar, pues Hermione relajó un poco la tensión en su ceño fruncido, asintiendo más tranquila ante ésa última noticia.

— Es horrible, haber crecido en un orfanato… — comentó de pronto. Harry la miró con un dejo de enojo. Obviamente él no pensaba lo mismo; nada justificaba a Voldemort de sus atroces actos — Quiero decir, para cualquier niño debe de ser espantoso crecer en un lugar en el que no conoce a nadie, y alejado de sus padres, ¿cierto? — se justificó de inmediato.

— Puede ser — coincidió luego de un momento, dirigiendo su mirada a las llamas casi extintas.

Hermione se le quedó viendo largos minutos en los que sólo permanecieron ahí, en la penumbra de la sala común; hasta que sin saber lo que hacía, tomó la mano de Harry con delicadeza, haciéndolo sobresaltarse y regresar a verla.

— Harry, acerca de la profecía… — empezó con voz suave, dudando.

Harry negó, callándola.

— Después nos preocuparemos por eso ¿está bien? — le habló de igual forma.

— Pero… — apretó su mano.

— Lo único que me importa ahora es no reprobar Defensa con Snape, sabes que me odia… — trató de bromear para aligerar la preocupación en su rostro — Ya después me preocuparé por Voldemort. Hay mucho tiempo aun ¿verdad?

Hermione asintió, pestañeando varias veces para alejar las lágrimas en sus ojos, las que había acumulado desde el atardecer cuando Harry les dijera lo de la profecía.

— Todo estará bien — la tranquilizó sin saber que decir.

— Es sólo que… — se le cortó la voz, la barbilla le temblaba. Soltó su mano y desvió la mirada para que no viera las lágrimas que se deslizaron por sus mejillas, pero éstas brillaron por la suave luz de la luna que entraba por la ventana — ¡No es justo! — se encontró diciendo.

Harry sonrió amargamente. "Justicia" era una palabra que con él jamás había cobrado algún significado.

— Todos están a salvo Hermione, él no puede entrar aquí porque tenemos a Dumbledore, tú ya lo habías dicho en primero ¿recuerdas? — la tomó por la barbilla, haciéndola mirarlo. Hermione ahogó un sollozo y sonrió por unos segundos por el hecho de que él aun recordaba algo que ella había dicho hacía ya tantos años atrás.

— No me preocupan los demás… — le confesó, mirándolo profundamente.

— ¿Entonces…? — la miró desconcertado, soltando su barbilla.

— ¡Me preocupas tú!… — musitó con la voz entrecortada, refugiándose en sus brazos. Harry se quedó estático, sintiendo como se aferraba a él como si su vida dependiera de ello; el corazón se le fue al estómago — ¡No quiero que nada te pase Harry!… — sollozó con agonía — No quiero… — mordió sus labios. Censurando sus verdaderos miedos, y temiendo porque estos se volvieran realidad si los decía en voz alta.

Harry la rodeó con sus brazos, acariciándole suavemente la espalda. Yo tampoco quiero que nada te pase. Por eso es que no puedo decirte lo que en verdad siento por ti. Sólo te pondría en un riesgo innecesario, pensó hundiendo la cabeza entre su hombro y cuello. Sintiendo como Hermione empapaba su túnica en lágrimas.

— Te quiero — musitó Hermione, ocultando más el rostro en el pecho de su mejor amigo, cual si no quisiera que viera en sus ojos el verdadero significado de aquellas palabras.

Harry sintió como la boca se le secaba, no supo que decir. Depositó un tímido beso en su frente, temiendo romper con el momento.

Fin Flash Back

Su inconsciente actuaba más lúcidamente de lo que había hecho antes. Los abrazos y muestras de cariño entre ellos crecieron durante todo el sexto curso. La convivencia se fortaleció con el paso del tiempo; Ron de vez en cuando soltaba comentarios del tipo: "Siento que hago mal tercio". "En serio, si se van a poner en su plan mejor córranme". "¿De verdad no andan?, porque parece todo lo contrario". Pero a ellos poco les importaba. Así era su amigo y jamás iba a cambiar.

Y a Harry realmente dejó de importarle lo que decían los demás, pues una parte de él tenía la sensación de que Hermione correspondía a sus sentimientos, aunque sea en una pequeña parte.

Flash Back

Luego del comentario de Hermione acerca de sus cambios y de lo fascinante que lo encontraba, el ánimo de Harry andaba por las nubes. Y dedujo que un cumplido merecía uno de vuelta. Así funcionaban las cosas ¿no?

Así que, ¿qué mejor forma que invitarla a la fiesta de Slughorn?

Mas todo se fue abajo cuando McLaggen la invitó antes que él, Hermione aceptó y Harry terminó invitando a Luna, sólo por el masoquismo de verla en la fiesta en compañía de otro.

Para ver si así se resignaba a que entre ellos no podía haber nada más que simple amistad.

— Y mi papá dice que el Ministerio está armando un ejército de… — comentaba animadamente Luna al grupo de personas que los rodeaban.

Sin embargo, Harry no registraba nada de lo que decía. Desde que habían llegado, hacia media hora, había intentado localizar a Hermione entre ése mar de personas, pero únicamente fue capaz de ver a uno que otro conocido. Por ningún lado estaba su amiga, y honestamente, eso le estaba alterando los nervios.

¿Sería que Hermione se encontraba en algún solitario pasillo con Cormac?

¿Se habrían ido a un lugar más privado y él no se había dado cuenta?

¿Estaría aun en la sala común arreglándose?

¿O se habría arrepentido de aceptar ser la pareja de su compañero de Quidditch y ahora estaba dormida en su dormitorio?

Tantas posibilidades, más tan poco acertadas. ¿En dónde estás Hermione?, se preguntó desesperado.

Empezó a pasar la mirada por el lugar otra vez, cuando sintió el apremiante tirón que le dio Luna en la túnica, la regresó a ver ceñudo dispuesto a decirle que estaba ocupado y no le importaba en lo más mínimo que hacía el Ministro en su tiempo libre; mas su rubia amiga lo silenció en el acto cuando le señaló con un gesto de cabeza hacia la entrada.

— Mira, ahí está Hermione — le dijo animada.

Harry giró la cabeza tan bruscamente en aquella dirección que por poco se golpea con una bandeja que pasaba levitando a su lado, más la apartó de un manotazo sintiendo su estómago brincar al localizarla.

En efecto, era ella. Pero mucho más hermosa de lo que había visto antes. Enfundada en una elegante túnica de gala, el pelo suelto dejando caer sus rizos castaños y el rostro cubierto por una fina capa de maquillaje. Y lo mejor de todo: sin McLaggen.

Sonriendo de oreja a oreja, apenas se dio cuenta que balbuceaba una disculpa de manera atropellada hacia las personas que lo acompañaban, y se alejó de ellos para aproximarse a Hermione antes de que McLaggen se dignara a hacer acto de presencia. Ni siquiera le prestó atención a la sonrisa disimulada que alcanzó a ver en el rostro de Luna, o que pasó a un lado de una ceñuda Ginny que lo contemplaba esperanzada.

Sus ojos, sus pies, Merlín; todo su ser sólo añoraba llegar cuando antes junto a ella. Junto a Hermione. Ya ni siquiera recordaba porque había estado molesto con ella toda la mañana, o que apenas y le había dirigido la palabra en los últimos días. Simplemente las palabras "pareja de McLaggen" desaparecieron de su cabeza.

La noche parecía haber comenzado apenas, y él no tenía intención alguna de verse lento en ésa ocasión.

Mas su ceño se frunció con desconcierto al notar su mirada azorada y sus mejillas sonrojadas. Ahora que lo pensaba, no se había dado cuenta que su cabello lucía ligeramente revuelto, y la túnica un poco arrugada.

— Hermione… — la llamó, deteniéndose a su espalda.

Notó su espalda tensarse, y aunque intentó no parecer asustada cuando se giró a verlo, Harry pudo notar el cambio en su rostro cuando se dio cuenta que era él. Se veía más relajada.

— ¡Harry!, oh, lo siento, pensé que era… No importa… — le sonrió cálidamente. El moreno la miró inseguro ante su notorio alivio — ¿Qué tal la fiesta?, ¿y Luna? — le preguntó distraídamente, mirando sobre su hombro.

— ¿Todo bien? — la miró desconcertado, un poco preocupado.

— Sí, sí. Sólo vine a aquí a escon… ¡a tomar aire fresco! — repuso rápidamente.

— ¿Seg…?

— ¡Oh no!, ahí viene Cormac. ¡Ven, vamos! — lo apuró tomándolo de la túnica y jalándolo hacia un extremo, ocultándose entre las finas telas que colgaban de las paredes.

Harry la contempló suspicazmente. Arrugando el entrecejo cuando la observó suspirar aliviada una vez la sombra de Cormac pasó frente a ellos sin haberlos visto, y se mezcló entre las personas.

— Por poco… — murmuró por lo bajo Hermione, poniendo una mano sobre su pecho.

— ¿Qué pasó?, ¿por qué te ocultabas de él?… — le preguntó Harry. La castaña desvió la mirada — ¡¿Te hizo algo McLaggen?! — se alarmó, crispando los puños con anticipación. ¡Si el muy desgraciado había osado…!

— ¡No!, — exclamó con vehemencia, regresando a verlo — no… — replicó más suavemente. Harry se mostró receloso — Bueno, intentó… — añadió un poco insegura con las mejillas sonrojadas. El moreno se tensó, sintiendo un pesado nudo formarse en su estómago — Había muérdago, y ya sabes… — meneó la cabeza estremeciéndose de sólo recordarlo — En fin, ése chico, creo que tiene más tentáculos que el calamar gigante — musitó con voz temblorosa, vacilante, desviando la mirada al suelo. El sonrojo de sus mejillas no había disminuido, y el que Harry no le quitara los ojos de encima la ponía aún más nerviosa.

— ¿Entonces él…? — sintió una arcada de sólo imaginarlo. Casi podía ver la escena frente a sus ojos: muérdago sobre sus cabezas, McLaggen con sus grotescas manos sobre el cuerpo de Hermione, sus rostros cada vez más cerca… Y entonces regresó a la realidad antes de vomitar. Mas sintió un vacío en el estómago cuando la escena se repitió en su cabeza, ésta vez él en lugar de Cormac, y Hermione abandonándose a él…

El rubor tiñó las mejillas de Harry también.

— Intentó besarme, pero me escabullí. ¡Quiero decir!… — Hermione se sonrojó de sobremanera. Harry sonrió para sus adentros, feliz de que el tonto de McLaggen no hubiera conseguido nada — Sólo, sólo me arrepiento de haber aceptado venir con él — confesó finalmente.

Harry hubiera dejado salir un grito de júbilo ante aquello, mas optó por morderse los labios ocultando cualquier sonrisa que lo delatara. Si durante todo el día había estado pensando que quizás era posible que a Hermione le gustara Cormac y por eso había aceptado ir con él, el escuchar ésas palabras pronunciadas por ella fue mejor que una buena carga de Filtro de Paz para su corazón.

— Creí que era buena idea. Ya sabes, está en el club, parece inteligente en ocasiones, y bueno… juega Quidditch — comentó por lo bajo, mirándolo de reojo.

Harry se tensó nuevamente.

— ¡Pero si yo también juego Quidditch!, ¡y estoy en el estúpido club!, ¡y no soy inteligente, pero me sé defender! — soltó con arrebato en su propia defensa, mirándola indignado. Cual si le reclamara no haberlo elegido a él sobre Cormac.

Hermione se acomodó un mechón de cabello tras la oreja tratando de ocultar la sonrisa que nació en sus labios al ver su reacción. Pero no comentó nada. Haciendo caso omiso incluso cuando lo escuchó resoplar contra el Gryffindor.

Harry ni siquiera notó que le estaba haciendo una escena de celos, hasta que terminó todo su discurso con un: "Cormac McLaggen, mis polainas". Que le arrancó a Hermione una carcajada que no pudo retener.

Fin Flash Back

Que tonto había sido en aquella ocasión. Y que lento.

Igual que en aquel invierno del último año…

Había sido el más crudo que alguna vez hubieran sentido en Hogwarts, los alumnos salían a regañadientes de sus salas comunes para ir a clases; pues apenas cruzaban los jóvenes Gryffindors el retrato de la Dama Gorda, un frío lacerante les azotaba en cada músculo congelándoles al instante el rostro. A paso rápido, o, mejor dicho, al ritmo que les permitían sus abrigados cuerpos, caminaban por los pasillos con los dientes castañeando, y la nariz junto con las mejillas sonrojadas por el frío. La Enfermería, al contrario de los corredores, estaba más atestada que de costumbre; y es que una severa epidemia de gripe asaltaba el castillo sin que nadie pudiera salvarse. Ron y Harry ya habían ido a parar ahí en cinco ocasiones a lo largo de octubre y noviembre, Hermione únicamente en dos y todo porque ellos mismos la habían contagiado, como bien ella les había reprochado en ambos episodios.

La temporada de Quidditch incluso había sido suspendida por madame Hooch hasta nuevo aviso; era imposible volar con aquellas tormentas de nieve que no cesaban. El correo era otra cosa que había disminuido, las pobres lechuzas no podían hacer largos viajes por el impetuoso clima. Aunque la Directora les había permitido usar la red flu para comunicarse a sus casas, casi nadie lo hacía por las continuas disputas entre alumnos; ya que cada que alguien utilizaba la chimenea, obviamente privaba a los demás de calentarse con sus llamas. De sólo recordar los bramidos que soltó Ron cuando Dean y Seamus se le fueron encima porque había durado más de hora y media hablando, Harry se sentía exasperado de nuevo.

En fin, no sólo la gripe había atacado Hogwarts aquellos lejanos días. Incluso uno que otro caso de hipotermia se presentó; como el que sufrieron él y Hermione por la idea que había tenido…

Flash Back

Harry ya no sabía que idear para subir el ánimo de sus amigos; Ron lo había intentado al principio, organizando guerras de nieve, más cuando una le dio "sin querer" a Hermione en un ojo, toda idea de salir de nuevo a jugar con la nieve murió de sus mentes luego de la aniquiladora mirada que recibieron de la castaña mientras la señora Pomfrey la atendía en la Enfermería por su hematoma.

Además, la idea de permanecer un minuto más en la sala común, donde apenas si podías moverte por lo abarrotada que estada, no les apetecía en absoluto. ¿Ir al comedor?, si, podía ser, el clima ahí era también cálido; pero teniendo todos ésos gérmenes reunidos en un sólo lugar; ni hablar, no querían enfermarse… de nuevo. ¿La Biblioteca?, ¡ja!, hasta Hermione había dejado de ir; pues apenas entrabas la temperatura disminuía varios grados por debajo que la que se percibía en el exterior.

También habían tratado de ir a la Sala de los Menesteres… sin embargo cuando ingresaron supieron que tampoco era buena idea; todo el ED se había conglomerado ahí y se peleaban unos contra otros por la falta de espacio. El sólo recordarlo le hacía soltar un suspiro de exasperación a Harry.

¿Qué nada se les quedaba de la parte "Menesteres" ?, se preguntaba. Únicamente era necesario que salieran y pidieran lo que quisieran… Aunque ahora que lo pensaba, quizás el frío también podía afectar a las neuronas.

Y ahora, viendo a Ron rebotar una pelota contra la pared sin tener nada mejor que hacer, mientras Hermione trataba de leer un libro al mismo tiempo que aniquilaba con la mirada al pelirrojo; en definitiva, tenía que hacer algo antes de que ocurriera alguna desgracia. ¿Pero qué?, era su principal pregunta.

— ¡¿Quisieras dejar de hacer eso?! — explotó Hermione al fin.

— ¿Por qué?, estoy aburrido. Además, ¡ésta!, — señaló a su alrededor, dejando por un momento el asunto de la pelota — es nuestra habitación. Vete a la tuya — le espetó groseramente.

Hermione le lanzó una mirada indignada, pero antes de girarse hacia Harry para pedir su apoyo, el pelirrojo ya había lanzado la pelota de nuevo contra la pared, con tan mala puntería que pegó en un poste de su cama y fue a dar contra la cabeza de la castaña.

— ¡Au!… — exclamó con dolor la castaña — ¡Tonto! — le recriminó a Ron ceñuda, masajeándose la zona adolorida.

Ron suprimió una risa, no obstante, su sonrisa burlona lo delató. Y eso fue más de lo que pudo soportar la castaña; quien, poniéndose de pie de un salto, cerró el libro con brusquedad y arremetió con el contra la cabeza del pelirrojo, haciéndolo aullar de dolor.

— ¡AU!, ¡AY!, ¡Hermione!, ¡no fue intencionado!… ¡AY!… — exclamaba cubriéndose como podía la cabeza, mientras Hermione no dejaba de arremeter contra él — ¡Harry ayúdame!, ¡has algo y quítamela de encima! — le urgió a su amigo.

El aludido, saliendo de su letargo, soltó lo primero que se le ocurrió…

— Vamos a patinar.

Cual, si le hubieran lanzado un Petrificus Totalus, Hermione detuvo el libro a mitad de camino, volviéndose hacia él desconcertada; oportunidad que aprovechó Ron para alejarse de su alcance, y lanzarle una mirada enojada.

— ¿Patinar? — repitió Hermione con el entrecejo fruncido, creyendo haber escuchado mal.

— Si. El lago está congelado, podríamos usar un hechizo en nuestros zapatos e ir y… — de pronto la idea no sonaba tan mal ni para él.

— Pero Harry, está nevando allá afuera. Apenas y podemos salir de la sala común sin que agarremos una neumonía. Imagina que salimos y empieza una tormenta… — le señaló.

— Pues si ustedes van, es su problema; en lo que a mí respecta, yo no pienso salir a congelarme el trasero sin necesidad — manifestó solemnemente Ron, sentándose en su cama luego de haber recuperado su pelota.

Harry miró a Hermione anhelante. Si ella aceptaba, sería estupendo, tendrían aquel momento exclusivamente para ellos. Pero si no…

— Pensándolo bien, no sería mala idea, después de todo, vamos a llevar las varitas ¿no? — repuso Hermione con una sonrisa nerviosa. Harry saltó de alegría interiormente. Y Ron mordió sus labios para no reír al ver el embelesamiento en el rostro de su amigo; o peor aún, hacer una broma sobre "varitas".

— Nos vemos Ron — soltó sin más el moreno mientras salía con la castaña.

A sus espaldas, Ron emitió una carcajada silenciosa, dejándose caer sobre su cama con los brazos tras la cabeza. Tal vez no le dijeran a nadie acerca de sus sentimientos, pero era más que obvio que ése par estaban enamorados hasta los huesos.

Fin Flash Back

Y así lo hicieron; abrigados hasta las orejas, salieron al exterior del castillo recibiendo de inmediato la helada ventisca en sus pieles mientras se dirigían al lado negro…

Flash Back

Harry sentía sus dientes castañear contra sus labios apretados, los cuales estaba casi seguro ya los tenía morados del frío, pero honestamente le importaba un rábano; el estar ahí, con Hermione, ajenos del mundo, mitigaba cualquier molestia. Sonrió al verla sacar su varita de reojo y apuntar a sus pies pronunciando un hechizo que hizo aparecer navajas para patinar en sus zapatos; luego hizo lo mismo con los de él.

El lago, frente a ellos, brillaba con un fino manto blanco por la nieve recién caída, esperándolos para… Dando un respingo internamente, los ojos de Harry se abrieron de par en par, al mismo tiempo que el terror, mezclado con la vergüenza, lo asaltaron: ¡él no sabía patinar!, y hasta en ése momento se acordaba de tan crucial hecho.

— ¿Vamos? — lo llamó con suavidad Hermione, la misma que siempre usaba cuando se trataba de él.

— Yo… ehh… Sí, claro — asintió torpemente, sin moverse de donde estaba.

— ¿Pasa algo? — arrugó el entrecejo.

— No, no. ¿Qué podría pasar? — le preguntó más relajado de lo necesario, su voz escuchándose forzada.

— Harry… — le entrecerró los ojos.

— ¡No sé patinar! — soltó con rapidez, cual si diciéndolo rápido aligerara su vergüenza. Silenciosamente agradeció que sus mejillas ya estuvieran sonrojadas del frío, de otra forma se hubiera visto más estúpido.

La castaña, sin embargo, encontró aquel gesto adorable, y le sonrió de manera reconfortante.

— Vamos, yo te enseño. No es difícil — le restó importancia, tomándolo de la mano. Harry sonrió para sus adentros. Aun con la protección de sus guantes, el simple hecho de sentir la mano del otro en la suya les mandó un cosquilleo en el estómago.

— Perdona, fue mi idea venir a patinar y mira con lo que salgo — le dijo Harry mientras se afianzaba firmemente a su agarre cuando pisaban el resbaladizo hielo.

— Descuida… me gusta estar contigo — le sonrió.

Harry sonrió ante sus palabras.

— Y a mí contigo… — respondió de vuelta, haciéndola sonreír aún más — Además, sabía que, si salíamos del castillo, Ron probablemente no querría acompañarnos — confesó sin vergüenza alguna.

— Así que todo esto lo ideó tu maquiavélica mente ¿eh? — le preguntó con burla.

— Ya lo dije: me gusta estar contigo — la miró significativamente.

El juego de indirectas estaba más que establecido entre ellos. Llevaban en ésa situación desde el curso pasado, que la incomodidad o vergüenza cuando se decían cosas así era ahora nula. Sólo seguía presente el cosquilleo que sentían en su interior al decirse sin realmente decirse lo que querían decir.

Valga la redundancia.

— Vamos… — sonrió ampliamente Hermione, tomándolo de ambas manos para guiarlo. Harry asintió nervioso — Es igual que con patines normales, — el pelinegro no quiso decirle que con ésos tampoco sabía patinar; omitió el "pequeño" detalle — únicamente te deslizas con suavidad y te inclinas un poco hacia donde quieras ir; cuando te quieras detener, giras un poco los patines hacia fuera, pero con delicadeza para no derrapar. ¿De acuerdo? — le señaló.

— Hacia fuera. De acuerdo — asintió, repasando lo dicho.

Hermione suspiró.

— Bien, allá vamos… — mordió su labio inferior. Y lo haló hacia sí. Harry dio un par de movimientos torpes con los pies y por poco se va al suelo si no fuera por Hermione, quien lo alcanzó a detener usando su cuerpo como soporte. Ambos respiraron agitados — Con cuidado… — le sonrió nerviosa al no esperarse eso — Hagámoslo juntos. Pie derecho primero… pie izquierdo… — Harry así lo hizo, moviéndose a su ritmo — derecho… izquierdo… — le indica Hermione patinando hacia atrás para que él avanzara, siempre apoyándolo con sus manos — ¡Muy bien Harry! — lo felicitó, sonriéndole con orgulloso cuando se movieron a la par.

— Cre-creo que ya lo tengo — musitó con un dejo de nervios, mirando sus pies con incredulidad por lo bien que lo hacía.

— ¿Estás completamente seguro de que no habías patinado antes? — le preguntó suspicaz.

Harry la regresó a ver con los ojos entrecerrados al notar la mota de burla en su voz.

— A menos que cuentes todas las veces en que me he golpeado el trasero cuando pisaba el hielo, lo dudo mucho — sonrió con humor. Hermione se rio.

— Y, ¿te animas solo o…? — le preguntó alentándolo, cuando ya habían recorrido un buen tramo.

— Está bien… — asintió soltando sus manos y continuando moviéndose con suavidad. Hermione patinó frente a él a una distancia considerablemente cerca para evitar que cayera — ¿Qué tal lo hago? — le preguntó con una sonrisa nerviosa.

— ¡Fantástico! — le sonrió la castaña con sinceridad.

Ya no siquiera recordaban que estaban varios grados bajo cero. O que la suave ventisca que los acariciaba les congelaba el rostro. De hecho, un calor agradable los recorría de pies a cabeza, cual si fuera un día de primavera.

— ¿Y cuándo crees que pueda dar saltos y piruetas como los profesionales que pasan en la televisión? — quiso saber medio en broma medio en serio.

Hermione rio con gracia, cruzando los brazos tras su espalda.

— Mmm… no lo sé. Al paso que vas, yo diría que para mañana — le siguió el juego.

Harry soltó una fuerte carcajada, tambaleándose.

— ¡Uho! — exclamó recuperando el balance antes de que Hermione lo auxiliara.

— Por lo pronto tómalo con calma — le recomendó algo insegura.

— Me parece bien — coincidió Harry, deteniéndose un segundo.

Luego de unos cuantos minutos, en los que aun patinaba sin ayuda, con los brazos extendidos hacia el frente cual niño que apenas da sus primeros pasos, Harry se sintió con mayor confianza para acelerar un poco más sus movimientos, sonriendo para si al ver la mirada de orgullo con la que lo observaba Hermione.

— Aprendes rápido, en serio — le ovacionó.

— Tengo una gran maestra — le sonrió con complicidad.

Hermione rio, mostrándose gratamente alagada. Meneó la cabeza con una sonrisa y se alejó un poco de él al sentirse más segura para patinar por su cuenta. Hacía mucho que no lo hacía y se sentía realmente bien el romper el hielo con sus patines improvisados, sintiendo el frío en sus mejillas cuando ganaba velocidad y giraba en el aire para caer con maestría sobre el hielo, o cuando simplemente giraba sobre sí misma y trazaba figuras en el lago. Se sentía en casa.

— ¡Wow! — musitó Harry sin aliento cuando la observó realizar un salto triple con la maestría de una patinadora profesional.

Hermione sí que era nata para él patinaje; quizás mucho más de lo que él lo era para el Quidditch, se encontró pensando con admiración.

La castaña se detuvo bajando la velocidad para regresar junto a él, sonriendo radiante, con las mejillas más sonrojadas que antes.

— Tú sí que estás lista — proclamó Harry, aun boquiabierto.

— ¿Tú crees?… — se mostró tímida — No sé, simplemente me gusta patinar, es algo que adoro hacer desde pequeña… — le confesó. Harry sintió una agradable calidez en el pecho al escucharla hablar y poder enterarse de ése detalle que desconocía de su vida — Antes lo hacía muy a menudo ¿sabes?, iba a patinar con mi papá; a mi mamá nunca le gustó mucho, así que se sentaba siempre a observar y tomar fotografías… — sonrió al recordarlo — Recuerdo en especial una ocasión, hace muchos años… — sus ojos brillaron nostálgicos — Mi papá me había tomado en brazos mientras girábamos, y me había hecho sentir como si fuera una princesa de cuento de hadas; y luego me había jurado que algún día, al igual que aquellas princesas, yo encontraría a mi príncipe azul, el cual me amaría y yo amaría más que a nada en el mundo — le dijo con las mejillas sonrojadas.

Harry sonrió, imaginándose la escena: una pequeña castaña que reía en los brazos de su padre mientras éste la hacía girar prometiéndole nada más que felicidad a su vida; cumpliéndole todos sus sueños.

— ¿Y tú que crees? — se interesó. Hermione se encogió de hombros.

— Puede que no tenga "sangre azul" como los príncipes, pero eso no es necesario para amarlo más que a nada en el mundo — respondió sin vacilar, perdiéndose en sus ojos. Después, al darse cuenta de lo que hacía, desvió la mirada soltando una nerviosa risa.

— Y… ¿crees en los cuentos de hadas? — prosiguió Harry. Se le hizo un nudo en la boca del estómago mientras esperaba su respuesta.

— Bueno, considerando que no creía en la magia hasta que me llegó la carta de Hogwarts… — sonrió con ironía — Digamos que estoy abierta a las posibilidades — asintió.

Harry perdió el aliento. Era definitivo. Si no hacía algo pronto, se arrepentiría de ello el resto de su vida. Alguien más se le adelantaría. Además, era ya su último año, y sabía completamente que sus carreras los separarían irremediablemente. Él sería Auror. Ella quería estudiar Leyes Mágicas. Último año. Última oportunidad. Sólo tenía que esperar el momento propicio para hacerle ver lo que sentía… Y aquel se le antojaba de sobremanera.

— ¿Me dejas mostrarte algo? — le preguntó, acercándose a ella.

— Claro, ¿qué cosa? — no había notado que ya no patinaban hasta que lo tuvo a dos pasos de ella.

— Dame tu mano… — le pidió extendiendo la suya, sonriendo con anticipación. Hermione la tomó sin dudar — ¿Confías en mí? — le preguntó roncamente. Recibió como respuesta una sonrisa y un suave asentimiento de cabeza.

Y sin saber de dónde venía ése envalentonado atrevimiento, Harry la haló suavemente hacia él, pegándola a su cuerpo, empezando a patinar con ella entre sus brazos, guiándola. Hermione sonrió, no había mentido al decirle que aprendía rápido. Y cuando sus manos se coloraron en su cintura elevándola del suelo, haciéndola girar sobre los aires junto con él, de la misma forma en que lo hacía su padre cuando era niña, la castaña no pudo más que reír asombrada por su acción. Colocó las manos alrededor del cuello del moreno, viéndolo sonreír igual de alegre que ella mientras seguían girando. Todo daba vueltas a su alrededor. La vista del castillo. El lago negro. La nieve que había empezado a caer. El árbol en el que se refugiaban las soleadas tardes de primavera. Todo daba vueltas excepto sus sentimientos, que se aferraron a sus pechos acelerándoles el corazón.

Cuando finalmente Hermione pudo parar de reír, notó de nuevo el hielo bajo sus pies; sus manos aun rodeaban el cuello de Harry, y las de él parecían renuentes a dejarla ir. Harry sonrió embelesado al ver sus mieles ojos brillar de emoción, su corazón latía desbocado y no creía que era por haber estado girando sobre sí mismo, era otra cosa; era simplemente lo que ella provocaba en él desde hacía tanto tiempo. Dirigió una temblorosa mano a su mejilla, colocando un mechón de cabello castaño tras su oreja. Hermione le sonrió con una mezcla de agradecimiento y timidez por ése gesto.

— Yo también creo que algún día encontraré a mi princesa, a la cual amaré y me amará con la misma intensidad que yo lo hago… — expresó Harry con el respirar agitado — Aunque, no creo que deba buscar muy lejos — dejó salir en un murmullo que Hermione escuchó perfectamente, mandando su corazón a latir desbocado.

Sus miradas jamás habían estado tan brillantes como en ése momento, la tibieza de sus cuerpos unidos y sus respiraciones fusionadas eran tan o más alucinantes que la sensación que sintieron la vez que viajaron en el lomo de Buckbeak. Se sentía correcto que estuvieran así ahora, abrazados, unidos por ése instante. Las palabras dichas llevaban tantos mensajes ocultos, pero a la vez sólo uno en realidad.

¿Hacer el siguiente movimiento?, ¿arriesgar así su amistad?, ¿romper con la barrera que sin querer se había construido?

Eran demasiadas interrogantes, y todas llevaban a una misma respuesta.

¿Realmente lo valía?

Harry se encontró asintiendo inconscientemente… Y se inclinó hacia ella con determinación en busca de sus labios sin poder más con la presión en su pecho… Sintiendo los dedos de Hermione perdiéndose entre su cabello mientras se acercaba más a él con el mismo propósito: probar los labios del otro. Arriesgarse por algo que en definitiva valía la pena…

— ¡Pero ¿qué diablos están haciendo acá afuera?!… — bramó una voz a lo lejos, rompiendo con el momento y haciéndolos separarse de golpe antes de culminar su proeza. Tan absortos, que olvidaron por completo sobre que estaban parados, y terminaron en el suelo luego de resbalarse y caer contra el frío hielo sin poder evitarlo. Soltaron un gemido adolorido. Fue un cruel golpe a la realidad.

McGonagall se acercaba furibunda hacia ellos, al parecer el que estuvieran fuera del castillo, mientras estaba nevando y a ésas horas, no le causaba ninguna gracia. Un momento, ¿nevando y a ésa hora?, ¿a qué hora había atardecido?… ¿Y desde cuando estaban bañados en nieve?, se preguntó Harry al notar su ropa empapada.

— ¡POTTER!, ¡GRANGER!, — los volvió a llamar exasperada al ver que no se ponían de pie — ¡salgan de ahí en éste mismo instante! — les ordenó acercándose con los brazos cruzados sobre su pecho para refugiarse del frío.

Y Harry pensó que el sentón que se había dado no se comparaba en nada con lo que había sentido en el pecho ante la previa aproximación con Hermione. Y estaba casi seguro que ella pensaba igual mientras la ayudaba a levantarse, sintiendo su mano temblorosa aferrada a la suya.

Fin Flash Back

Habían avanzado considerablemente. Con las miradas y las sonrisas se decían todo lo que callaban. En más de una ocasión estuvieron a punto de besarse, e incluso confesarse sus sentimientos; no obstante, algo siempre se interponía… Y al final, todo cambió en mayo.

De la noche a la mañana ella dejó de hablarle y no supo por qué. La buscó, intentó acercarse a ella, pero no consiguió más de dos palabras antes de dejarlo solo, impotente por su distanciamiento. El golpe final vino un día después de la graduación. Ella se había ido. Se había marchado y no sabía a dónde. No lo había sabido, ni tuvo noticias de ella.

Hasta ahora…

La habían encontrado. Y si las cosas marchaban como él y sus amigos esperaban, no sólo volverían a ver a Hermione, sino quizás la traerían de vuelta. A casa. Dónde ella siempre había pertenecido.

Y ésta vez él no sería un torpe. Le diría que la amaba, y lucharía por ella aferrándose a cualquier oportunidad. Era su momento de ser valiente. De combatir con el mismo vigor con el que venció a Voldemort durante aquel lejano verano.

Si, Hermione Granger sabría que Harry Potter nunca renunció a ella. Que la buscó durante ésos seis años aun en contra de lo que le dijeron los demás. Y que, a pesar de todo, la seguía amando… Y lo haría por siempre. Pues una vida sin ella, no era algo que quisiera concebir.

— Te traeré de vuelta, Herm — le prometió viendo el firmamento desde su casa en Ottery Saint Catchpole.

Una estrella brilló en la lejanía.