Capítulo 7: FINJAMOS

Tres días para la fiesta de compromiso de Ginny… tres días y Hermione finalmente había tomado una decisión: REGRESAR.

¿Inverosímil de asimilar?, quizás… Pero Hermione se había dado cuenta que por más que intentara dejar el pasado donde estaba, le sería imposible. Así que como dicen por ahí: "Si no puedes con el enemigo, únetele". Bueno, sólo esperaba que éste dicho también se aplicara a sus miedos, de otra forma únicamente terminaría perdida entre la mar de sus temores.

Ahora, ¿qué le había ayudado a decidirse?

Un extraño sueño que había tenido… O, mejor dicho, un recuerdo. Uno que había estado tanto tiempo almacenado en su memoria que no supo en que momento lo había dejado en el olvido. Hasta hacia dos noches… Cuando todo volvió a ella.

Flash Back

— Y yo que pensaba que lo más difícil de afrontar éste año serían los EXTASIS… — comentaba Ron con el respirar agitado cuando aturdió a un Mortífago que pasó por el otro extremo del pasillo persiguiendo a un grupo de estudiantes — ¿Creen que McGonagall nos dé puntos por esto?, ¿o al menos nos exente de su examen? — les preguntó a Harry y Hermione.

Ambos amigos regresaron a ver al pelirrojo con la misma mirada de reprimenda. No era tiempo para bromas.

El cómo había iniciado la batalla final justo en la última semana de clases de su sexto año era algo que no sabían; el castillo había sido tomado por los Mortífagos desde hacía varias horas; Aurores, miembros del Ministerio, la Orden del Fénix, media comunidad mágica estaba ahí, y sin embargo apenas eran capaces de retenerlos en sus posiciones. Y lo peor de todo es que Voldemort no aparecía por ninguna parte, preocupándolos aún más.

Siguieron bajando las escaleras casi de dos en dos, esquivando maldiciones asesinas en el camino y aturdiendo a aquellos que amenazaban con detenerlos, hasta que el frío aire de los terrenos les cortó el aliento un momento, paralizándolos momentáneamente cuando salieron del castillo: un grupo de tres Mortífagos estaba en los límites del bosque prohibido. Sólo podían ser…

— Voldemort — dijo Harry.

— Bellatrix — pronunció Ron.

— Dolohov — finalizó Hermione.

Sólo se permitieron un minuto en silencio antes de emprender la marcha nuevamente.

Las palabras de ánimo, o incluso de despedida, ya estaban dichas. Habían sido pronunciadas momentos antes de que Harry se marchara con Dumbledore a una misión suicida: y después volvieron a repetirse cuando Dumbledore sacrificó su vida por ellos tres, liberándolos de una múltiple maldición asesina que fue enviada por Lucius Malfoy, Amycus y Alecto Carrow, Greyback y Lestrange.

Luego sólo fueron interpretadas en los ojos de Snape, cuando éste desvió un par de hechizos que iban dirigidos a ellos, y les abrió paso, mostrándoles con un gesto mudo hacia donde debían dirigirse. Incluso en el asentimiento de Draco Malfoy cuando éste aturdió a Vincent Crabbe y Gregory Goyle cuando quisieron interponerse en su camino.

Y ahora estaban ellos ahí, dirigiéndose decididamente hacia el que quizás sería su último momento juntos… Los recuerdos viajando libremente en sus mentes: el encuentro en el tren, el altercado con el trol, las noches frente a la chimenea, las tardes compartidas en los terrenos, los gritos de alegría cuando ganaron la copa de las casas, las lágrimas de felicidad cuando se reunían una vez más después de haber estado a punto de morir, las sonrisas intercambiadas con abrazos prolongados luego de una larga espera… Y sus últimos momentos juntos, cuando se despidieron por primera vez en la sala común, uniéndose en un abrazo de muda tristeza.

Y se alegraron porque sus últimos momentos también los vivirían juntos. El uno al lado del otro. Como el trío dorado que siempre había sido.

Y corrieron… sabiendo que, al llegar a su destino, no estarían solos. Pues siempre se tendrían a ellos. Sus mejores amigos.

Un rayo escarlata salió simultáneamente de sus varitas al mismo tiempo que uno verde salía de las de sus enemigos, rompiendo con el silencio nocturno cuando colisionaron con la fuerza de un rugido, y se tomaron de las manos, dándose fuerzas unos a otros, sintiendo la fuerza de la magia corriendo por sus poros, dentro de sus corazones, hasta unirse en una estela dorada que dio de lleno a Voldemort y compañía…

Y un grito de felicidad nació desde lo más profundo de sus almas cuando vieron a Tom Riddle caer sin vida al lado de sus Mortífagos.

Fin Flash Back

Así que ahí estaba ahora. Aferrándose a ésa memoria. A aquellos niños que derrotaron al ser más temible de todos los tiempos, quienes no dudaron ni un segundo en arriesgar sus propias vidas por el bien de la comunidad mágica y muggle. Sólo confiando en su amistad y su amor mutuo.

Si ellos fueron capaces de hacerlo. ¿Por qué, entonces, ella no era capaz de dar el siguiente paso ésta vez?

Al menos por una noche, olvidaría sus temores, y traería a aquella joven castaña que había enterrado en el olvido. A quien había privado de estar con sus seres queridos.

Pero el problema ahora era, ¿cómo mantenerse firme en su decisión sin arrepentirse en el proceso?

La respuesta: William.

Tenía planeado ir, sí; pero no sola. Y eso claramente no englobaba a Luna, quien era obvio que la acompañaría. No, para esto necesitaba algo más, o más bien, alguien más… Necesitaba un ancla en todo eso. Un punto neutro. Alguien que la mantuviera con los pies sobre la tierra.

Y como si de la luz de la mañana se tratara, frente a sus ojos apareció el rostro de su amigo Will.

Su amigo fiel, caballeroso, bondadoso, cariñoso… En fin, la única persona capaz de darle la valentía necesaria para tan difícil tarea, y quien estaba segura no la defraudaría.

Sin embargo, aún existía un pequeñito detalle; como quien dice, las letritas pequeñas del contrato, y ésas eran: el convencerlo a hacerse pasar por su novio.

Hermione caminaba de un lado para otro en la sala de su casa, estrujándose las manos con nerviosismo; el porqué de su estado era ocasionado por la incertidumbre y expectativa acerca del arribo de su amigo William Reeves. Lo había citado a las 2:00 de la tarde para que acudiera a verla, pero conociéndolo tan bien como lo hacía, sabía que llegaría al menos 5 minutos antes de la hora señalada. Un motivo de sobra para ponerla, si es que era posible, aún más nerviosa.

Así que, mordiéndose ahora la uña del dedo pulgar, volvió a consultar la hora, notando que faltaban veinte minutos. Y no pudo evitar repasar nuevamente su plan inicial.

Primero lo primero: comunicarle que iría a la fiesta de compromiso de Ginny.

Segundo: el porqué de su decisión.

Tercero: pedirle que fuera su novio… de mentiras.

Cuarto, quinto, y los que faltaran: convencerlo a como dé lugar.

Merlín, suspiró, sintiendo como una fría gota de sudor bajaba por su sien.

Ya había repasado más de veinte veces lo que iba a decir, incluso se había preparado como si esto fuera una importantísima junta acerca de la P.E.D.D.O., pero honestamente dudaba que con William llegara a funcionar su planeación.

Él podía ser todo lo que una mujer podría pedir en un hombre, pero no era estúpido y mucho menos despreocupado; sabía que tomaría éste asunto como algo muy serio e inclusive lo tildaría de tonto. No obstante, debía intentarlo. Él era la única persona a la cual le tenía total confianza para una tarea como ésta.

Porque después de todo, ¿quién es lo suficientemente bueno para ser novio de Hermione Granger?

Y no, no era porque fuera una mujer frívola o que salía con puros chicos "cara bonita"; no, ella necesitaba, aunque sea un gramo de inteligencia en el sector masculino para poder poner sus ojos ahí. Pero bueno, ya estaba divagando nuevamente…

Aunque era lo único que hacía ésos pasados días. Divagar. Actuar tontamente.

Sin embargo, dudaba que alguno de ésos días se compararía al de la fiesta, donde sin duda alguna se llevaría el galardón como la mujer más tonta sobre la faz de la Tierra. Después de todo, ¿quién le pedía a un amigo formar parte de algo tan estúpido como aquello?

Sólo terminaría por hacer el ridículo, y lo sabía.

Pues para tratarse de una mujer sumamente inteligente, era una estúpida idea el hacer pasar por eso a William, quien no tenía ni voz ni voto en aquel tema. Era algo tan inmaduro de su parte hacerle eso. Casi como si lo usara para esconderse cual si se tratara de las faldas de su madre.

Pero tampoco era su culpa que entre el corazón y la razón había una lucha casi mitológica, intentaba justificarse a ella misma. La razón obviamente le decía que era tonto ir, y mucho más junto a Will. Pero el corazón había sido el idiota que tomó la decisión de regresar y llevar a su amigo; después de todo, él había estado con ella casi todos ésos años; tres para ser precisos; y la había apoyado de un y mil formas distintas… Solamente esperaba que ésta vez ocurriera lo mismo.

El timbre resonó en ése instante y, tan ensimisma como estaba, la castaña pegó un brinco antes de apresurarse a atender la puerta… Llevándose una gran decepción al ver a su amiga Luna, y no a Will, esperándola.

— ¿Qué haces aquí? — le preguntó confundida, asomando la cabeza para ver hacia ambos lados de la calle en busca de su amigo de ojos azules.

— Yo podría decir lo mismo, pero como es tu casa, sólo puedo preguntarte: ¿De verdad eres tan egoísta? — le recriminó la rubia.

— ¿Qué? — arrugó el entrecejo.

— Will, la fiesta de compromiso — resumió con sarcasmo.

Abriendo los ojos como platos, Hermione la tomó del brazo y la jaló al interior de la casa cerrando de un portazo, cual si quisiera que nadie se enterara de ello.

— ¿Y tú cómo sabes que…?… — la contempló desconcertada. Luna la miró significativamente — ¡Usaste Legeremancia conmigo! — saltó indignada.

— No importa el cómo, — zanjó Luna con indiferencia — lo que importa es que ésta es sin duda ¡la segunda decisión más estúpida que has tomado en toda tu vida! — la miró con amonestación.

— Mira Lu, sé que parece tonto, pero… — empezó a justificarse, dejando de lado su indignación.

— No lo parece, ¡lo es! — manifestó solemne.

—… por supuesto que esto es únicamente un juego… — siguió Hermione, sin prestarle atención — Es decir, sólo quiero hacerlo por… por… — movió un mechón de su cabello con nerviosismo — por sentirme más segura.

— Sí, claro… — satirizó Luna — Si a esto vamos, bien podrías haber contratado un guardaespaldas, mira que "ésos" sí son para asuntos de "seguridad" — subrayó con ironía.

— ¡El punto es que ya tomé la decisión!, — soltó testaruda — en la que por cierto tuvieron mucho que ver ustedes… — le recriminó — Así que en lugar de venir a aquí criticándome, ¡deberías apoyarme y desearme suerte! — zanjó cruzándose de brazos.

— Ay Hermione… — suspiró Luna mirándola con cansancio — Esto no traerá nada bueno y lo sabes.

La castaña evadió su mirada.

— Al menos debo intentarlo — murmuró por lo bajo.

Luna suspiró nuevamente.

— Está bien, es tu decisión… — concedió resignada. Hermione la miró agradecida — Sólo espero que nadie salga herido — agregó en un susurro cuando vio a su amiga asomarse por la ventana.


Justo cuando el reloj marcó la 1:57 de la tarde, Will se materializó frente a ellas.

— Hola Jean… Lu — las saludó con un beso en la mejilla.

— Que hay — dijo la rubia, volviendo a sentarse luego de haberse incorporado para saludarlo.

— Así que, ¿cuál es la urgencia? — les preguntó pasando la mirada de una a otra con interés.

Luna le hizo un señalamiento de cabeza hacia Hermione. Y Will se giró hacia ella, sentándose en el apoyabrazos del sofá que ocupaba la primera.

— Es sobre la fiesta de compromiso… — no tuvo que decirle de quien, él ya lo sabía. Aun así, Hermione esperó hasta que asintiera, dándole a entender que así lo hacía. Y se mordió el labio inferior cuando lo vio hacerlo — Decidí ir — anunció sin más preámbulos.

— Oh… — suspiró Will de manera abrumadora — ¿En… en serio?

— Ustedes tenían razón… — replicó Hermione, yéndose por la tangente y no revelando el verdadero motivo por el cual había tomado aquella decisión — No puedo seguir ocultándome, o fingir que todo está bien cuando es claro que no es así — añadió.

— Si, bueno, me alegro que te dieras cuenta… — asintió éste.

Luna arrugó el entrecejo cuando, de soslayo, lo vio apretar una mano sobre su pierna; y regresó a ver nuevamente a Hermione, notando que ella no se había dado cuenta de ése gesto.

—… Y también que decidieras ir — completó Will, tensando su mano nuevamente.

Hermione volvió a morderse el labio inferior.

— Ya era mucho el tiempo que me engañé a mí misma, así que…

Las palabras de la castaña salieron como flotando de sus labios, siendo apenas entendidas por un Will que vagamente captaba una que otra del tipo: "Egoísta", "Remordimiento", "Ciega", "Infeliz". Entre muchas otras, todas refiriéndose a ella misma y cómo se sentía.

¿Por qué de pronto le daba tanto miedo que Hermione volviera?, ¿por qué, si fue él quien insistió tanto en que lo hiciera?, se preguntaba en silencio.

Como si no supieras, le espetó una vocecita al oído.

Luna, quien al parecer era la única que se daba cuenta de absolutamente todo, notaba la expresión de desconcierto en el rostro de Will y la de ansiedad en el de Hermione.

Era inevitable que esto pasara, ella lo sabía muy bien, desde aquel día en que los vio juntos por primera vez; por eso mismo no quería formar parte de éste tonto entretenimiento de jugar a los novios; y ahora no podía hacer algo para evitarlo porque quizás sería la única forma de que sus dos amigos finalmente admitieran lo que en verdad sentían el uno por el otro. Y por supuesto iba más allá de una amistad.

— Y es por eso que te pedí vinieras hoy… — empezó con aire inseguro — Hay algo que necesito pedirte. Algo que de verdad necesito hagas por mí… Porque no puede ser otra persona… — lo miró detenidamente.

— ¿Tan grave es? — murmuró ido.

— Dependiendo del modo en que lo veas… — asintió Hermione. Dejó salir otro suspiro y sin desviar la mirada de su amigo, dijo: — Necesito que seas mi novio.

— Ah, bueno, eso no es tan difícil… — comentó distraído. La castaña, soltando el aire que había retenido, lo miró gratamente sorprendida por aquella respuesta. Y Luna, quien ya no pudo quedarse sin intervenir, le dio un nada disimulado codazo en las costillas a Will, trayéndolo de su ensoñación con un gemido ahogado; como la revelación que tuvo al comprender las palabras de su amiga castaña — Un segundo, ¡¿qué?! — respingó, poniéndose de pie de un brinco, cual si lo hubieran pinchado con una aguja.

Y la sonrisa de Hermione vaciló.

— ¿Aceptas ser mi novio…?

— ¡¿Qué?! — casi gritó Will.

— ¿… de a mentiras? — finalizó, mordiéndose el labio con nerviosismo.

— ¡QUÉ, ¿QUE?!

Luna rodó los ojos, en un momento donde agradecería su sabiduría, Will decidía sacar su otro lado. El torpe y sordo.

— ¿Si aceptas? — no consiguió el valor suficiente para repetir la pregunta completa.

Con los ojos abiertos de par en par con estupefacción e inclusive escepticismo, Will avanzó dos pasos hacia la castaña, abriendo la boca para dar su respuesta.

Hermione esperaba expectante. Luna se limitó a contemplarlos con interés, como quien está a punto de ver un gran espectáculo.

— ¡Pero es que ¿te has vuelto loca?!… — exclamó William de improvisto, haciendo que Hermione pegara un brinco — ¡En qué clase de cabeza cabe semejante estupidez, ¿eh?!… — le espetó con las orejas rojas de la indignación. La castaña se encogió — ¡POR SUPUESTO QUE NO ACEPTO!… — soltó con aspereza sin medir el volumen de su voz — ¡Esto es lo más ridículo que jamás has pensado siquiera!; ¡Es infantil!, ¡tonto!, ¡INMADURO!… — le espetó de nueva cuenta en la cara, agitando las manos con bruscos ademanes — ¡Me pides que sea tu novio frente a todos cuando ambos sabemos que únicamente somos amigos!… — Hermione pasó saliva — ¡¿Para qué fingir eh?!… ¡¿PARA DARLE CELOS A ÉL?! — le acusó, respiraba aceleradamente.

— ¡No!, — exclamó con indignación mirándolo desconcertada por su exabrupto — ¡por supuesto que no!… — su voz se redujo a un susurro — A él jamás le interesaría si le dijera incluso que eres mi esposo — le dio la espalda con la mirada cristalina, sintiéndose estúpida porque sabía perfectamente que eso era lo que quería en el fondo de su corazón. Llevar a Will para ver la reacción de Harry y saber si al menos éste podía sentir un poco de celos por ella, pero también sabía que eso no sería así. ¿Por qué?, por la simple razón de que Harry nunca la quiso como ella a él. De haber sido así, nunca hubiera… Se pasó una mano por los ojos, rechazando la idea de llorar.

Porque lo que ella sintió siempre fue amor y muy tarde se dio cuenta de eso. Jamás lo confesó.

— Escucha Jean… — la llamó Will recuperando el tono serio e incluso bondadoso de siempre — soy tu amigo, lo hemos sido durante tres años ya; sabes que haría cualquier cosa por ti, ¡lo que sea!, — remarcó — pero esto… — meneó la cabeza — esto sobrepasa todo… — la tomó del brazo al ver que no lo miraba y la hizo girar buscando su mirada — No puedo llegar contigo a la fiesta de Ginny y fingir que soy tu novio únicamente por la estúpida razón de que no quieres enfrentarte a ellos después de seis años alejada de sus vidas… — se justificó. Hermione lo escuchó en silencio, sintiéndose tonta — Te lo repito, ¡haría cualquier cosa por ti!, pero esto no… No puedo, perdona — se negó, abatido.

— Te lo dije — murmuró Luna sin poderse contener.

— ¿Tú también Lu?, — Will se giró hacia ella para mirarla con reproche — ¿qué hoy es el día de "Metámonos con Will"? — preguntó levantando los brazos al cielo con gesto dramático.

Luna rodó los ojos, algunas veces William tenía la misma personalidad de un joven de cabellera pelirroja y ojos azules que la llamaba "Lunática" en Hogwarts. Aunque tenía más personalidad de cierto pelinegro de ojos verdes; siempre queriendo darle todo a Hermione y mimarla, pero con un genio muy voluble.

— No, no es el día de "Metámonos con Will". Es el día de "Ayudemos a Hermione" … — repuso la rubia poniéndose de pie — Mira Will, ambos somos amigos de Herm, y lo somos también el uno del otro, así que no veo el motivo por el cual pelear sobre los contras de ésta decisión. Ella la tomó — señaló a Hermione con un gesto de la cabeza — por su propia cuenta. Nosotros únicamente interferimos un poco para que aceptara ir…

Hermione hizo un sonidito irónico. "Un poco", claro, satirizó para sus adentros. La ignoraron.

—… pero fue ella la que decidió que quería que tú fueras como su pareja… — Will negó en el acto. No se iba a prestar para ése numerito; él no era payaso de nadie; no era un objeto para ser exhibido — ¡Tampoco te está pidiendo matrimonio, hombre! — le espetó la rubia con fastidio.

— Para ti es fácil decirlo, como no le pediste esto a nadie — gruñó con desdén.

— ¿Y quién dice que no? — le preguntó con reto.

Hermione se giró a verla sorprendida, y Will la miró escéptico.

— Y ahora me dirás que le hiciste la misma propuesta a un tipo — sonrió con sorna, sin creerle en lo absoluto.

— Le dije a Terry, — respondió Luna a la pregunta silenciosa que hacía Hermione. Ésta sonrió al escucharla — aunque no le dije nada acerca de un noviazgo — agregó al ver un brillo de suficiencia en la castaña.

— Pues bien, por Terry, al menos él no se sentirá "presionado" — comentó sarcástico Will, haciendo hincapié en la última palabra.

— ¡¿Es que tú de plano eres o te haces?!… — le preguntó exasperada Luna — Tampoco creas que vas a ir con Hermione colgada de tu cuello, o besándose a cada segundo… — le espetó. Hermione y Will enrojecieron — Únicamente es un simple título el que te va adjudicar. ¡Sólo eso! — subrayó.

Éste se quedó callado, meditando en lo que había dicho Luna… sus palabras parecían estar surtiendo efecto en él, pero aun así no quería aceptar por temor a dejarse llevar por el juego y cometer una estupidez que arruinaría su amistad con Hermione. Merlín, en buena encrucijada lo metían ésas mujeres. Y es que ¿cómo interpretar el papel del novio siendo el mejor amigo que pretendía ser el novio real?… Definitivamente estaba jugando con fuego.

Hermione miró a William un segundo, pensando que se negaría de nuevo, mas descubrió en los ojos de Luna que ésta vez aceptaría. No sabía cómo lo hacía, pero su amiga siempre tenía la capacidad de hacer parecer una guerra un simple debate de colegio.

— No tenemos todo el día, William — lo llamó Luna cruzada de brazos, sacando a todos de su ensoñación.

Bueno, ¿qué podía hacer?; siempre sucumbía ante ésos ojitos miel.

— Está bien… — accedió a regañadientes dándose por vencido — Lo haré — dejó caer los hombros con resignación. Preparándose mentalmente para lo peor. Excepto verse casi derribado por un famélico abrazo, como el que recibió de Hermione cuando se abalanzó sobre él chillando emocionada…

— ¡Gracias!, ¡gracias!, ¡gracias!… — exclamó tomándolo del rostro y besándolo incontables de veces en las mejillas — No te arrepentirás de esto, te lo aseguro — le prometió.

Will hizo lo humanamente posible para mantenerse impasible; cosa casi imposible de realizar considerando que la tenía bien aferrada de su cuello besándolo con tanto cariño que hacían a sus piernas temblar mientras sentía el común cosquilleo en la boca del estómago que experimentaba cada vez que Hermione lo mimaba de aquella manera.

— Pero nada de numeritos ni nada por el estilo — sentenció tratando de mantenerse serio mientras su amiga se aferraba a él con una radiante sonrisa, como quien se acaba de enterar que le han dado el regalo que siempre quería.

— Prometido — alzó la mano Hermione.

— Ni pláticas incómodas o hacer de ésta pequeña llama un incendio… — comenzó a enumerar.

— Hecho.

— No hay planes de boda, y no lo hemos hablado, por si preguntan… — volvió a enumerar.

— De acuerdo — sonrió con gracia.

— Nada de historias del "pasado"; cómo nos hicimos novios, bla, bla, bla…

— Está bien — rodó los ojos Hermione.

— Y por supuesto, nada de…

— ¡Will! — lo calló al fin, enarcándole una ceja.

— Lo que hago por ti — agregó en un suspiro, meneando la cabeza con rendición.

— Te compensaré, ¡lo juro! — le prometió la castaña levantando la mano derecha mientras lo soltaba.

— ¡Claro que me compensarás!, de eso me encargaré yo… — manifestó solemne levantando el rostro con suficiencia — Por ahora creo que voy a ir buscando que ponerme — expuso con resignación. Hermione rio al ver su gesto.

— Algo con lo que resaltes ésos hermosos ojos azules que tienes — comentó con un dejo de coquetería.

— Encanto, no exclusivamente resaltaré mis ojos — y guiñándole un ojo, Desapareció.

Hermione continuó sonriendo minutos después de que se hubiera ido y, en cuanto se giró hacia Luna, la abrazó también, agradeciéndole.

— Sinceramente no sé qué haría sin ti — le dijo soltándola.

— Probablemente estarías por saltar del Ministerio — comentó con burla. Hermione hizo una mueca graciosa.

— Pues ahora que me recuerdas el Ministerio, — empezó — no creas que he olvidado ésas clases de Legeremancia que tomaste… — le acusó — No vuelvas a meterte en mi cabeza Luna — le amenazó seriamente.

— Créeme, no lo haré nunca más. Merlín, ¡una persona jamás me causó tal jaqueca! — se masajeó las sienes con una sonrisa cansada.

Hermione chasqueó la lengua; mas reemplazó su gesto enfurruñado con uno perspicaz.

— ¿Y cómo es eso de que invitaste a Terry? — le sonrió con picardía.

— No empieces — esquivó su mirada.

Hermione rio, porque al igual que Luna, ella sabía de la atracción de ambos. No por nada siempre le hacía burla a su amiga con respecto al rubio.