Capítulo 9: HABLANDO DE SENTIMIENTOS
Si Hermione creía que antes estaba algo perturbada por haber vuelto a ver a Harry, nada se comparaba a cómo se sintió en aquel instante cuando su mejor amigo la había besado; y más aún cuando ella sabía que se había dejado llevar y le había correspondido.
Sin embargo, no hubo tiempo para hablar con Will aquella noche, pues apenas culminaron el beso se oyó un sonoro "Crack" tras sus espaldas y al siguiente instante Ron estaba frente a ella exigiéndole respuestas acerca de que le había dicho a Harry para que éste se hubiera Desaparecido sin explicación alguna. Luego de eso todos habían salido a tropel, y bueno, podría decirse que ahí había culminado la amena fiesta, y se fueron. Minutos más tarde tampoco pudieron hacerlo ya en casa de Hermione, pues Luna, quien parecía a punto de un colapso de ansiedad, no tardó en bombardearla de preguntas acerca de que había ocurrido en el lapso de tiempo cuando ella, Harry y Ron estuvieron a solas; así que, totalmente ignorados por sus amigas, Terry y Will quedaron en segundo plano y decidieron irse deseándoles buenas noches.
Y ahora, casi diez horas después de los acontecimientos, la cabeza de Hermione no podía dejar de dar vueltas al recordar todo; en especial el beso, el cual ya le había contado a Luna con lujo de detalles, pese a escuchar sus chillidos de excitación con cada frase que pronunciaba, y ella tenía que hacer sobrehumanos esfuerzos para no respingar cada que la escuchaba y así no derramar la taza de café que tenía en la mano.
— ¡¿Cómo que te besó?! — exclamó Luna de nuevo, una radiante sonrisa en su rostro.
— Ya te lo dije Lu… — le recordó Hermione con algo de cansancio — Estábamos hablando y de la nada me beso. No me dio tiempo de hacer nada… — meneó la cabeza con vergüenza antes de añadir: — Sólo atiné a cerrar los ojos.
Luna no cabía en sí de la sorpresa. Se limitó a mirarla con sus ojos grises abiertos de par en par.
— ¿Pero fue un beso, beso?, ¿o uno así "de piquito" ?, ¿o de esos que…? — finalizó la última pregunta con un estremecimiento.
Hermione sintió sus mejillas sonrojarse.
— Luna, estamos hablando de Will — dijo como si eso zanjara todo.
— Exacto, William, tu supuesto mejor amigo, y a quien ahora no sabemos cuáles sean sus verdaderas intenciones… — le recordó. Hermione suspiró, meneando su café con gesto distraído. Luna se le quedó viendo largo tiempo, analizando la situación para sí misma — ¿Tú crees que lo hizo por el jueguito ése de hacerse pasar por tu novio, o…? — aventuró finalmente la pregunta más importante.
— Ni lo digas, es imposible, él es mi amigo. Estoy segura de que únicamente lo hizo por el juego — la reprendió la castaña; mas no se escuchaba convencida en lo absoluto y eso la rubia lo notó.
— Herm… — la miró suspicaz — ¿qué sentiste cuando te besó?; es decir, ¿sentiste algo? — una mirada escrutiñadora se adueñó de Luna para descubrir la verdad mientras Hermione se debatía consigo misma por la respuesta.
Definitivamente el beso no le fue repulsivo o le resultó desagradable, al contrario. MUY al contrario. ¿Me gustó?, se preguntó.
Inconscientemente, el sabor de los labios de Will, su textura, la forma en que la envolvieron sus brazos, la manera en que todo él parecía rodearla, embriagándola… Meneó la cabeza apartando aquella imagen.
— Hermione — la llamó Luna chasqueando los dedos frente a sus ojos con impaciencia.
— No lo sé Luna, no lo sé — dejó caer la cabeza en la mesa sintiéndose totalmente confundida.
Luna negó con una sonrisa, su amiga sí que era ciega. Ella ya lo venía venir, pero simplemente esperaba que fuera antes de que apareciera Harry nuevamente en su vida. Hermione sí que estaba en un gran problema.
— Y acerca de… tú sabes… — titubeó la de ojos grises. La castaña asintió dándole a entender que sabía a quién se refería — ¿Todavía sientes algo por él? — la miró seria.
Con un suspiro Hermione se enderezó en la silla y miró la casi vacía taza de café que tenía enfrente, pudiéndose imaginar una verde mirada observarla a través del líquido.
— Si — contestó al cabo de un rato. Escuchándose cual condena.
— ¿Qué harás con William? — le cuestionó Luna.
— No lo sé, — se encogió de hombros, dejando de lado su taza y tomando un bollo dulce de la canasta en medio de ellas — no quiero lastimarlo si es que siente algo por mí.
— ¿Y no sientes nada por él? — la miró con sospecha.
— Lo quiero — se limitó a decir encogiéndose de hombros nuevamente.
— ¡Herm!, — se quejó la rubia — ¡sabes a que me refiero! — exclamó con gesto obvio.
— Es guapo — volvió a decir, sin darle importancia.
— ¡Ashh!, ¡eres imposible! — se exasperó Luna volviendo a centrar la atención en su desayuno.
— ¿Pues qué quieres que te diga? — inquirió la castaña mirándola ceñuda.
— Nada, olvídalo — zanjó la rubia tomando un sorbo de café.
Hermione suspiró cansada y se restregó un poco los ojos. El cansancio la estaba matando.
— ¿Y tú cómo estás? — le preguntó Hermione a Luna luego de unos minutos en silencio.
— ¿A qué te refieres? — la miró confundida.
— Ron — fue todo lo que dijo la castaña.
— Oh… "eso" … — hizo una mueca — pues bien, supongo. Es decir, no hablamos ni nada, pero pues no importa, ya sabes… — quiso sonar indiferente.
— Me di cuenta de que no te quitaba los ojos de encima — comentó como sin querer la cosa Hermione. Tanteando terreno.
— Uhm… ni me di cuenta — le restó importancia Luna. El sonrojo de sus mejillas, sin embargo, demostraba otra cosa.
— Lu, — la llamó titubeante. La de ojos grises la miró — ¿por qué nunca le dijiste a Ron lo que sentías por él?; es decir, siempre te mostrabas tan segura de ti misma, tan… valiente. ¿Por qué no…?
— Por lo mismo que no decía nada cuando era él quien propiciaba las bromas contra mí, — zanjó bajando la mirada — no valía la pena. ¿Sufrir más?, no, gracias — ironizó.
— Pero, ¿qué tal si…?
— Herm… — le advirtió.
— Él siempre hablaba bien de ti cuando no estabas. Incluso una vez mencionó que te admiraba…
— Vaya forma de demostrarlo. Volviéndome en su hazmerreír personal — satirizó con amargura.
— Pero hablamos de Ronald Weasley, Lu; el chico más insensible de todo Hogwarts… Con la sensibilidad de una roca.
— Y por eso mismo no valía la pena decirle lo que sentía. Es incapaz de sentir algo en ése corazón de piedra que tiene… — se incorporó dándole la espalda.
— Tiene buen corazón — trató de remediar las cosas.
— Oh, claro. Yo no dudo de eso. El que no lo sepa utilizar es otra cosa — se mofó la de ojos grises.
Hermione suspiró con resignación.
— Bueno, en vista de que no voy a sacarte ni una palabra del asunto…
— No hay nada que decir — murmuró la rubia.
—… ¿Qué tal las cosas con Terry? — cambió de tema.
— Sólo somos amigos, Herm — la miró con clara muestra de advertencia.
— ¿Segura? — le sonrió maliciosa.
— Sí, estoy muy segura de que mi relación con Terry es única y exclusivamente de amistad. En cambio, la tuya con William se está desviando mucho, que digo mucho, ¡muchísimo!, de una amistad — rebatió.
La sonrisa de Hermione se borró al instante, apareciendo un color carmesí en sus mejillas.
— Respecto a eso… — empezó insegura, en busca de un consejo.
— Yo no sé amiga. Estoy muy segura de a quien quieres… el punto es: ¿lo estás tú?
Y con ésa pregunta rondando en la cabeza, Hermione tuvo que lidiar el resto del fin de semana.
Para el lunes en la mañana, Hermione llegó al Ministerio para observar cómo iba el tratado para la expansión de la P.E.D.D.O. a Francia, con una nueva perspectiva respecto a su situación con Will.
Si su amigo la había besado, era porque había cumplido con su papel de "novio"; y si no era el caso, entonces lo había hecho como una forma de alejarla de sus pensamientos de soledad.
Porque ahora que recordaba todo con más detalle, él antes de besarla le había dicho, textualmente: "Siempre estaré aquí para ti". Y ¿qué mejor manera de demostrarlo que con un pequeño beso?… Por otro lado, siguiendo por el hilo de ése pensamiento; ella había oprimido sus labios contra los suyos casi al mismo tiempo; o sea, que, si la intención de Will había sido únicamente darle "un piquito", como bien había dicho Luna, se encontró a si mismo con ella besándolo de vuelta, lo que ocasionaría que él obviamente hiciera lo mismo, por lo cual el beso duró varios segundos de más.
Si, debía ser eso, pensó Hermione con seguridad. Así que ahora lo único que debía hacer era enfrentarse ante ésa revelación y decirle a Will que, aunque el beso fue inesperado y agradable, ésa no era la clase de amistad que ella quería con él, y que quería regresar a como era todo antes del accidentado beso.
Y apenas deteniéndose a saludar a algunos compañeros, entró inmediatamente a su oficina temiendo tener el común y "agradable" encuentro matutino con Cormac.
— Buenos días — la saludó una voz masculina haciéndola pegar un brinco por el susto. Un escalofrío recorrió toda su columna vertebral al reconocer de inmediato a quien estaba frente a ella. Y se llamó estúpida a gritos por permitirse reaccionar de ésa manera con Will, cuando él solamente era su mejor amigo. Y nada más, se reiteró, sintiendo los nervios corriendo como pólvora por todo su cuerpo.
— Ho-Hey — balbuceó, mordiéndose la lengua un segundo después; sus mejillas se tiñeron de un notorio color carmesí.
— "¿Ho-Hey?", ¿es alguna clase nueva de saludo? — Will se levantó de la silla que ocupaba, sonriéndole burlonamente.
Hermione se movió al darse cuenta de que se veía tonta en la posición que estaba: recargada en el marco de la puerta cual si hubiera un terremoto.
— Intenté decir "Hola" y luego… — intento justificarse, enredándose con las palabras al notar que Will se acercaba cada vez más a ella — Y… ¿qué haces aquí? — le preguntó nerviosa, sacándole la vuelta y esquivando su mirada mientras se dirigía apresuradamente a su silla, como quien corre a una trinchera cuando anuncian que hay amenaza de bomba. Éste sonrió para sí al verla en ése estado.
— ¿No puedo visitarte como siempre? — le preguntó intencionalmente para ponerla más nerviosa.
— Si… claro que puedes, — nerviosa, se pasó una mano por el cabello — es sólo que… — balbuceó, bajando la mirada.
— ¿Estás ocupada?, si quieres vuelvo otro día — hizo el ademán de salir.
— ¡No!, — saltó de inmediato, con más ímpetu del necesario. Will se sonrió de medio lado — quiero decir… — se humedeció los labios. ¿Qué demonios le pasaba?, ¿por qué de pronto se comportaba como una colegiala enamoradiza?, ¿así sería su relación de ahora en adelante?, ¿ella sin poder formular una simple oración de más de tres palabras?; Merlín, resopló internamente — Lo siento Will, quédate, siempre tengo tiempo para ti — le sonrió lo más serenamente que pudo, haciéndose daño en las palmas de las manos cuando se enterró las uñas para parar el temblor de éstas.
— ¿Segura?, porque puedo volver otro día — insinuó queriendo que le rogara. Hermione lo vio ceñuda al ver las verdaderas intenciones de su amigo.
— Mira Reeves, haz lo que quieras — le espetó un poco molesta y se sentó. ¡Era simplemente increíble!, él venía y la besaba y luego actuaba como si nada hubiera pasado, y ella era la que terminaba con las piernas temblándole, el corazón acelerado y todo su mundo de cabeza. ¿Qué acaso le había dado Amortentia sin que se hubiera dado cuenta?, se preguntó. No había otra cosa que explicara el nudo que sentía en la boca del estómago al verlo frente a sí.
Will soltó una carcajada al notar su indignación y volvió a tomar asiento frente a su escritorio.
— Vaya, vaya, vaya; al parecer alguien está nerviosa con mi presencia — comentó con una sonrisa de suficiencia, cruzándose de piernas formando un cuatro.
— ¡Ja!, ¿nerviosa?, ¿yo?, ¡por favor! — exclamó sarcástica, fingiendo su atención en los pergaminos sobre su escritorio.
— Uy, sí que lo está señorita Jean Granger. No te había visto así nunca… — sonrió. Le encantaba ser él el autor de ésta acción por parte de la castaña — ¿O me negarás que yo sea el causante de esto? — se levantó empezando a rodear el escritorio lentamente, como quien caza a su presa.
— De lo único que eres causante es de mi reflejo del vómito — golpe bajo de la castaña. Sin embargo, el temblor de su voz no ayudó. Pasó saliva notoriamente cuando lo observó de reojo.
— ¿En serio?… — enarcó una ceja terminando de rodear el escritorio y, acuclillándose tras a ella, la giró hacia él quedando su mirada un poco más debajo de la miel de ella — Que extraño, porque si recuerdo bien, el sábado por la noche no demostraste lo mismo. Sino todo lo contrario — sonrió con picardía.
— ¡Eres un…! — lo empujó, levantándose.
— ¿Lindo?, ¿hermoso?, ¿guapo? — sugirió sin borrar ésa sonrisa pedante mientras se incorporaba.
— ¡Tonto!, ¡irritante!, ¡petulante! — corrigió Hermione tratando de escapar de él mientras le daba la vuelta al escritorio por la derecha.
— Pues siendo todo eso aun detecto cuando estás nerviosa; y ciertamente ahora lo estás — apuntó Will alcanzándola rápidamente por la izquierda, quedando frente a frente. Sin proponérselo la mirada de Hermione se desvió a sus labios.
— Eso es lo que tú crees… — le espetó, hizo el intento de darse media vuelta; mas, los brazos de Will la hicieron girar y la aprisionaron entre el escritorio y su cuerpo — ¿Q-qué haces? — le preguntó en un hilito de voz, ya sin poder ocultar su nerviosismo.
— Nada. ¿Tú que haces? — le preguntó de vuelta.
— ¿A qué te refieres? — lo miró confundida. Entre su cercanía, el familiar olor que despedía su colonia, y el sonido de su acelerado corazón, apenas podía registrar algo de lo que pasaba. Se sentía aturdida.
— Sabes de lo que hablo Jean. Del beso… — Hermione enrojeció un poco, incapaz de mantener contacto visual por más de tres segundos seguidos — Escucha, sé que tal vez te asusté, fui muy rápido, lo entiendo, pero eso no cambia que quise besarte — declaró. Aún seguía con sus brazos a cada lado de la castaña y ésta permanecía casi sentada en su escritorio.
— Will… — exhaló en un hilito de voz. Su anterior hipótesis se fue volando cual si fuera un diente de león en pleno viento veraniego.
— No, déjame terminar. Sé todo lo que has sufrido, todo lo que viviste por culpa de Potter, — Hermione desvió la mirada. Will la tomó de la barbilla haciéndola mirarlo de nuevo — pero yo nunca Jean, ¡NUNCA te lastimaría como lo hizo él! — manifestó solemne.
— Es muy fácil decirlo — murmuró con cierta tristeza en sus ojos.
— ¡Te amo Jean!, ¿eso no te basta? — confesó sin más. Los ojos de Hermione se dilataron de la sorpresa.
— Yo… — apenas consiguió pronunciar.
— No te estoy pidiendo que me correspondas de un día para otro; solamente te pido que me dejes amarte… Quiero estar junto a ti; no importa si es como amigo, novio, lo que sea. Sólo… déjame ocupar un lugar en tu corazón. Es lo único que pido — la miró anhelante.
— Tú ya estás en mi corazón — expresó de inmediato, sin poder evitar el sonrojo en sus mejillas.
— Si, — sonrió Will tristemente — pero no del modo en que me gustaría.
— William…
— Hermione necesito… — Percy Weasley entró súbitamente en la oficina sin darse cuenta de la escena que interrumpió.
— ¿Qué cosa? — le preguntó incómoda. Will no la había dejado ir.
— Los pergaminos sobre el capítulo nueve de la P.E.D.D.O. acerca del "Uso indebido de medidas de corrección de conducta contra el elfo a base de la magia y/o fuerza física" — finalizó leyendo un trozo de pergamino que tenía en la mano.
— Sí, claro. Will ¿me permites? — lo miró apremiante.
— ¿Dónde está? — le preguntó él.
— Es aquel de allá — señaló el estante tras su espalda.
— Accio… — apuntó Will. El pergamino salió despedido hacia su mano — Aquí tienes Percy — se lo entregó.
— Gracias… — se dirigió hacia la puerta sin inmutarse en la situación que estaban Hermione y William — Oh, y, por cierto, — se detuvo a punto de salir — felicidades por su noviazgo — y con una sonrisa de cortesía, se marchó.
Justo cuando se cerró la puerta, Hermione pudo chasquear la lengua y mirar mal a Will por no haberla soltado. Él le sonrió con serenidad.
— Te parece gracioso ¿verdad? — le amonestó.
— La verdad: si… — rio sin poderlo evitar — Ya me imagino si Percy nos hubiera encontrado en otra situación; — le guiñó un ojo — ni se hubiera dado cuenta — estalló en carcajadas.
Hermione lo pellizcó en el brazo, mirándolo enojada.
— ¡Ouch! — se quejó éste, pero sin dejarla ir.
— ¿Qué es lo que quieres? — le preguntó con impaciencia.
Will recuperó el semblante rápidamente y le sonrió como bobo enamorado a la castaña, haciendo que a ésta le temblaran las piernas.
— Dame una oportunidad de amarte como te mereces, — acarició su mejilla — sólo una — la miró anhelante.
— Es que… Esto es muy confuso para mí, Will. Apenas hace dos días eras mi mejor amigo… — arrugó el entrecejo, mordiéndose el labio por un segundo — y ahora…
— Puedo darle nombre a los verdaderos sentimientos que siento por ti — completó el pelinegro.
— Tal vez sólo estás…
— No digas confundido. Sabes que jamás he confundido nada. Mucho menos esto — la cortó, mirándola seriamente.
— Pero aun así… — quiso buscar una salida.
— Jean… — colocó un dedo sobre sus labios. Ésta se estremeció — ¿qué tengo que hacer para demostrarte que de verdad te amo? — le preguntó, desarmándola por completo.
— Will, ya sabes que…
— Si, ya sé que no quieres tener ningún tipo de relación sentimental por ahora; pero — una sonrisa astuta se reflejó en sus ojos — ¿no has pensado que eso involucra también una amistad?, — enarcó una ceja — si lo ponemos así, entonces creo que tú misma has estado faltando a tu propia palabra.
— Eres incorregible — negó la castaña.
— Por ti puedo ser lo que quieras… — le besó la mejilla — ¿Entonces? — la miró expectante.
Hermione suspiró pesadamente, mirándolo directo a los ojos.
Lo quería, eso era seguro. Pero ¿sería suficiente el cariño?, ¿o es que durante ésos años había confundido cariño con algo más… fuerte?
— ¿Esto es lo que quieres realmente? — le preguntó queriendo que él se retractara.
— ¡Lo que más quiero en el mundo! — respondió él, seguro.
— ¡No quiero perderte! — exhaló con miedo Hermione.
— No lo harás; — la miró con ternura mientras volvía a acariciar su mejilla — me tendrás siempre, como amigo, como novio, o lo que sea, pero siempre estaré ahí para ti — le sonrió reconfortante.
— ¿Aunque no funcione? — le preguntó titubeante.
— Aunque no funcione, — coincidió Will — pero ten por seguro que haré lo que esté en mis manos para que funcione y olvides los malos momentos desde ahora y para siempre.
Hermione lo contempló por unos segundos perdiéndose en aquella mirada azul; cuanto deseaba que lo dicho por él se cumpliera, que le hiciera olvidar… que le arrancara de una vez por todas todo lo que sentía.
— De acuerdo — musitó insegura con una media sonrisa.
— ¿Qué? — la miró sin creérselo.
— De acuerdo, — repitió un poco más segura — te daré una oportunidad… — el pelinegro hizo el intento de abalanzarse sobre ella, pero Hermione lo detuvo a tiempo colocando las manos en su pecho — Pero eso no implica que seremos novios aun, es únicamente…
— Una oportunidad para conquistarte, lo sé — agregó sonriendo radiante.
— Si, — coincidió Hermione — así que…
— Iremos despacio… — volvió a interrumpirla Will, sin abandonar la cara de soñador.
— Y eso implica…
— ¿Qué implica? — la miró desconcertado.
— No lo sé, — rio Hermione de manera nerviosa — esperaba que completarás la frase.
— Bueno, pues en vista de que nos hemos quedado sin palabras, creo que debo empezar a conquistarte ¿no? — le sonrió mientras se inclinaba lentamente hacia ella y la besaba.
— Hermione olvide… — ¡PUM!
La voz de Percy se apagó con el golpe de la puerta, Will la había cerrado mágicamente mientras seguía besando a Hermione y sonreía entre el beso por la dicha de saber que tendría una oportunidad de ganarse su corazón.
Hermione mientras tanto tendría que hacerse otras preguntas. ¿Qué era más importante para ella?, ¿el amor?, ¿o la amistad?
Pero la más importante.
¿Había quedado todo en el pasado o Harry volvería a formar parte de su presente?
No pudo evitar pensar en él mientras los labios cálidos de Will acariciaban los suyos; y por un segundo deseó que fueran los de Harry; mas su deseo de desvaneció al rodear con sus brazos el cuello de éste.
