Capítulo 11: BUSCANDO LA FELICIDAD

Ésa misma noche, Luna no pudo conciliar el sueño. Su cabeza era una maraña de recuerdos que se presentaban sin cesar. Y todo por el reciente encuentro con Ronald Weasley.

Flash Back

— Ya verás cómo nos divertiremos Luna, ¡serán las mejores vacaciones de todas! — le decía la pequeña Ginny Weasley de 12 años. Acababan de terminar de cursar su primer año en Hogwarts y la pelirroja había invitado a Luna a pasar las vacaciones con ella en La Madriguera; algo que tenía muy emocionada a ambas; incluyendo la señora Weasley, quien había recibido a la joven rubia con los brazos abiertos, casi bailando de felicidad por verse entre más "mujeres", como ella misma había citado.

— Nunca había dormido en la casa de alguien más — murmuró distraídamente Luna mientras dejaba su mochila a un lado de la cama de Ginny. Ésta le sonrió amigable.

— Ni yo. Por aquí no hay muchas niñas con quien jugar. Además, casi todos en mi familia son hombres… — meditó — En fin, estarás aquí dos semanas completas, así que podremos aprovechar muy bien el tiempo. Primero podríamos empezar por desempacar tu ropa; después, tengo un montón de cosas pensadas… — le dijo con los ojos brillantes.

Luna la escuchaba vagamente, su mirada pasaba por el lugar con una sonrisa soñadora en los labios.

— Podríamos pedirles a los gemelos que nos presten sus escobas y así practicamos lo que aprendidos en las clases de Vuelo; le pediré a Charlie que me envíe alguno de sus libros sobre dragones de Rumania, seguro que te encantarán; papá de vez en cuando trae cosas muggles del trabajo, seguro tú también los encuentras fascinantes, sobre todo el auto que acaba de traer hace pocos días; y podríamos pedirle a mamá que nos prepare muchos bocadillos y organizamos un picnic al lado del estanque; y jugaremos en el jardín, nada más teniendo cuidado con los gnomos, claro está, son algo mordelones… — añadió como quien no quiere la cosa mientras empezaba a acomodar su ropa en el ropero de modo que la ropa de Luna también cupiera. La rubia se sentó en la cama que habían adaptado para ella — ¡Y podríamos pedirles a los gemelos que nos dejen entrar a su habitación, tienen un montón de cosas geniales! — agregó entusiasmada.

Luna asintió, mirando distraída el techo. Todo ahí era nuevo y maravilloso.

— Además podrás conocer a Bill, mamá dijo que probablemente vendrá en unos días — comentó esperanzada.

— Tu hermano mayor ¿cierto? — la regresó a ver con interés.

— Si, — suspiró — el único que no me trata como si fuera de porcelana y me da mi lugar en la familia — meneó la cabeza recordando a su hermano Ron.

— Yo no tengo hermanos… — volvió a decir Luna — Ya sabes, por mamá… — hizo una mueca. Ginny la miró comprensiva.

— Pues no te pierdes de mucho. De hecho, no sabes la suerte que tienes; yo con gusto te regalaría a uno de los míos si pudiera…

— Y nosotros haríamos lo mismo por ti… si pudiéramos — replicó mordaz una voz desde la puerta.

Luna y Ginny se giraron a ver quién había hablado.

— Y hablando del rey de Roma… — refunfuñó Ginny con ironía, poniéndose de pie para encarar a su hermano — ¿Qué haces aquí? — le espetó a Ron.

— Puedo pasearme por donde yo quiera, ésta también es mi casa — la miró ceñudo.

— Pero ÉSTA es MI habitación… — se cruzó de brazos — Además, recuerda porque no tienes permitido entrar a aquí… ¿O quieres que te lo recuerde? — lo miró amenazante.

— Tienes suerte de que seas niña, porque si no… — la acribilló con la mirada.

— Sino, te dejaría en ridículo frente a todos sin importarme el hacerlo — se burló Ginny.

Ron se removió incómodo cuando sintió los ojos de Luna fijos sobre él, las orejas se le sonrojaron sin poder evitarlo.

— ¿Y ella quién es? — le preguntó bruscamente a su hermana, apenas dedicándole un alzamiento de cejas a Luna, como señalándola.

Ginny resopló.

— Luna, tengo la desgracia de presentarte a mi tonto hermano Ronald… — satirizó dirigiéndose a la rubia — al que, por suerte, no pudiste conocer en el colegio — añadió por lo bajo.

— No me llames así… — le advirtió Ron y, sonriendo burlón, añadió: — Ginevra.

— Hola… Ronald — murmuró suavemente Luna. Quedando momentáneamente cautivada. Ahora sabía con certeza el efecto de los nargles, pensó mientras contemplaba a aquel alto, delgado y carismático pelirrojo de ojos tan azules como los suyos.

Fin Flash Back

Amor a primera vista; eso era lo que le había pasado a Luna con Ron. Desde el momento en que lo conoció aquel verano en la Madriguera Weasley, jamás pudo sacárselo de la cabeza. Y después, con el pasar de los años…

Flash Back

— ¿Qué tanto miras? — le preguntó Ginny casi al oído. Luna, tomada por sorpresa, pegó tal respingo que resbaló de la piedra en la que estaba apoyada y por poco se raspa todo el rostro con la orilla del muro, de no ser porque dio un brinco hacia atrás evitándolo; la pelirroja apenas pudo poner una mano en su espalda previniendo que se fuera contra el suelo. Todo en apenas un segundo.

— Nada — replicó Luna rápidamente con las mejillas sonrojadas, volviendo sobre sus pies de manera pasmosa con dirección al castillo.

Arrugando el entrecejo con confusión, Ginny contempló como Luna aceleraba sus pasos, y no pudo contra la curiosidad, asomándose por la muralla para saber que era de total interés para su amiga, para haberla atrapado completamente desprevenida. Seguramente era algo de lo más fascinante… Gruñó, alejándose de ahí; seguramente lo que veía Luna se había ido ya, porque lo único que estaba ahí ahora era Ron, su atolondrado hermano…

Paró en seco, regresó sobre sus pasos y volvió a asomarse. Tragando espeso cuando miró a ambos lados y no observó a nadie o nada más. Eso sólo significaba que… ¡Oh-por-Merlín!

Con la misma velocidad que lo había hecho Luna, dio un salto hacia atrás y no dudo para correr y darle alcance a su amiga, quien ya iba muy lejos.

Luna se mordió con nerviosismo el labio cuando sintió a Ginny llegar a su lado. Segura de que se había dado cuenta que a quien observaba hace unos momentos era a su hermano Ron, desvió la mirada lo más alejadamente posible de aquellos ojos escrutiñadores que poseía su mejor amiga.

— Dime que estás jugando… Luna, tú no puedes… Es decir, ¡es Ron, por los pantalones de Merlín!… — exclamó estupefacta haciéndola detenerse. La rubia desvió la mirada a sus zapatos — ¡Oh por Merlín, oh por Merlín!, no sólo te gusta… — la miró detenidamente. Luna se sonrojó — te enamoraste de él — exhaló en un hilito de voz.

— ¡Por favor no se lo vayas a decir! — le suplicó como única salida.

— ¿Qué no le vaya a decir?, pero… — quiso replicar. Luna la vio implorante — ¡Esto es lo mejor que pudo haberle pasado a Ron!, ¡tiene que saberlo! — subrayó.

— A él no le gusto Ginny; ni siquiera me dirige la palabra — señaló con pesadumbre.

— Pero eso puede cambiar… — dijo entusiasta de nuevo — ¡Oh por Merlín, te enamoraste de mi hermano! — musitó pasmada.

— Lo dices como si fuera algo imposible — la miró con el entrecejo fruncido.

— Tratándose de Ron, ¡créeme que todo lo es! — comentó soltando una corta risa.

Luna desvió la mirada, negando.

— Espera a que se lo diga y…

— ¡Nada de eso! — exclamó horrorizada.

Fin Flash Back

… tampoco del corazón.

¿Quién hubiera pensado que conocería el amor a la edad de catorce años?, se preguntó.

La convivencia sin duda era un factor que había ayudado mucho en su relación. O al menos eso pensaba ella cuando joven; cada verano, los pocos días que pasaba en La Madriguera y por algún motivo se encontraba con Ron en alguna parte de la casa era como si una manada de Snorkacks se hubieran desatado en su estómago.

Después, con la creación del Ejército de Dumbledore; cuando vio por sus propios ojos el carácter Gryffindor que lo definía; bueno, hizo un montón de tonterías intentando buscar llamar su atención.

Flash Back

— Luna, ¿segura que quieres hacerlo? — le preguntó Ginny por enésima vez en lo que llevaba de la semana.

La rubia se limitó a dedicarle una mirada cansada, terminando de cepillar el corto pelaje de la cabeza de león que sostenía en su regazo con sumo cariño.

Hermione, quien se había unido a ellas minutos antes para poder continuar con su lectura en tranquilidad y sin el alboroto de la sala común, levantó la mirada del libro y las contempló con interés.

— Es que… estará todo el castillo ahí, y si… — la pelirroja le dedicó una mirada desesperada a la castaña en busca de apoyo. Hermione negó en silencio, haciéndola bufar molesta.

— Ése es el punto: demostrarles que no me importa si les agrada o desagrada que use esto… — señaló Luna — Además, no entiendo porque la preocupación, tampoco es como si fuera a apoyar a Slytherin — subrayó.

Ginny suspiró con pesadumbre. A Slytherin no, pero sin duda en el partido del día siguiente: Gryffindor contra Slytherin; las malditas serpientes no dejarían en paz a Luna en lo que quedaba del año.

— ¿Realmente vale la pena? — no pudo evitar preguntarle.

Luna desvió la mirada sintiendo como sus mejillas se sonrojaban a la vez que asentía, el corazón se le había acelerado.

Ginny mordió sus labios.

— Pero… — consiguió pronunciar antes de que Hermione la interrumpiera…

— Ron es realmente afortunado de tener a alguien tan valiente como tú para hacer esto Luna… — le sonrió. La rubia levantó la mirada, contemplándola gratamente agradecida — Pero en cuanto a ésa cabeza, creo que le falta algo… — meditó. Acto seguido hondeó su varita en su dirección y el pelo antes casi apenas palpable se transformó en una brillante y esponjada melena de un color marrón casi rojizo, las facciones también se hicieron fieras, y la lengua que antes sobresalía de la pequeña boca que conservaba un mohín travieso cambiaron radicalmente a una fiera expresión donde de la nada, y antes de que, alguna de las otras dos amigas siquiera parpadeara, salió tremendo rugido que las hizo pegar un respingo. Las aves que coronaban el árbol salieron volando aterrorizadas.

— Wow… — murmuró sin aliento Luna.

— Ahora si veremos quien vence a Gryffindor teniendo a Harry como capitán, a Ron como guardián, y a ti como nuestra animadora — sonrió Hermione con suficiencia.

Ginny se limitó a asentir, aun pasmada por el gran cambio de la cabeza de león que portaría Luna en el siguiente partido. De pronto pudo imaginarse a los Slytherin corriendo despavoridos de regreso a su mazmorra; y no pudo más que sonreír al mirar con orgullo a sus mejores amigas.

Fin Flash Back

Pero nunca lo consiguió de la manera en que buscaba. Solamente quedó como la chica "Lunática" de la escuela, y el hazmerreír de medio castillo.

Y Ron, él en los brazos de aquella joven Gryffindor que lo cautivó con sus actitudes infantiles y exageradas… únicamente por su popularidad.

Ciertamente fue una lástima cuando, por primera vez, lo vio junto a Lavender.

Flash Back

— ¿Estás bien? — le preguntó Hermione con cautela. Estaban en los terrenos. El día anterior, luego de haber ganado un partido de Quidditch, Ron había besado a Lavender y ahora por todo el colegio se corría la voz de su noviazgo. Eso sin contar con el beso que tuvieron que presenciar durante el desayuno.

Luna no le contestó. Lanzó otra piedrita al lago. Ginny, sentada a un lado de Luna desde hacía varios minutos, miró a Hermione negando. Su ceño fruncido denotaba el enojo que sentía contra su hermano.

— Lo siento tanto Lu — se sentó a su lado la castaña, posando suavemente una mano en su hombro.

La rubia abrió la boca para decir algo, pero la volvió a cerrar. Asintió en silencio.

Ginny crispó los puños. Sus ojos se entrecerraron de coraje e impotencia.

— ¡Ron es un idiota!, — soltó con vehemencia — ¡es un tonto inmaduro que no te merece!… — declaró solemnemente — Y Lavender es una ofrecida de lo peor que estuvo babeando por él desde que entró al equipo. Pero créeme que, de no haberlo hecho, no le daría ni los buenos días. Y si mi estúpido hermano es incapaz de ver la persona valiosa que eres, él se lo pierde. Hay cientos de chicos en éste castillo que gustosos saldrían contigo — Hermione asintió, dándole la razón.

— Menciona uno — replicó mordaz Luna.

Sus amigas se miraron entre sí. Que ellas supieran, Luna no tenía ningún pretendiente. Se observaron avergonzadas.

— Los hombres son unos idiotas — soltó como último recurso Ginny. Luna soltó un sonido irónico.

— Ésa teoría la tenemos las mujeres hace siglos, pero mi pregunta es: ¿No lo seremos más nosotras por aun así enamorarnos de ellos? — se preguntó en voz alta.

Sus amigas la miraron sin saber que decir ante semejante cuestión. Por sus cabezas corrieron un millón de pensamientos.

— ¿Estarás bien? — le preguntó Hermione, mirándola inquieta.

Luna mordió sus labios con dolor.

— Que no espere que lo apoye en los siguientes juegos. Para eso tiene a Lav-lav — soltó con amargura.

Ginny la miró con tristeza y le pasó un brazo por los hombros abrazándola hacia sí. Al siguiente instante las lágrimas de Luna corrían sin tregua alguna por sus mejillas.

Fin Flash Back

El noviazgo de Ron y Lavender no duró mucho, era cierto. Pero eso no servía de consuelo para todo el dolor que sufrió. Y contando el nuevo comportamiento insensible de Ron para con todos, pero en mayoría dirigido hacia ella, ¿cómo querían que reaccionara cuando Ginny le sugirió que era ella, Luna, quien le gustaba a su hermano ahora?

Flash Back

—… es que simplemente no entiendo porque no me crees Luna, tú lo has visto. Ron ha cambiado. Ya no es tan… Ron, cuando está contigo. ¿Por qué eres tan desconfiada con él, ah? — le preguntó exasperada Ginny a su amiga.

— No te ofendas Ginny; pero tratándose de tu hermano nunca se puede estar segura de cuando está hablando en serio, o cuando está listo para volverte el hazmerreír del castillo — replicó seriamente.

— ¡Pero es que…! — quiso insistir.

Luna la miró ceñuda a través de la revista que leía.

— De verdad creo que cometes un error. Porque en lo que a mí respecta, le gustas a Ron — declaró la pelirroja muy segura.

— Y en lo que a mí respecta: Ya no quiero hablar del asunto — zanjó sin ánimos.

— Tú lo sigues queriendo Luna. Sabes bien que es así… — suspiró cuando su amiga no le contestó — Mira, lo que pasó el año pasado, ya es pasado; hasta él mismo dijo que fue un error salir con Lavender… y creo que yo, en cierta forma, tuve la culpa por estarlo provocando. En fin; ahora puede ser tu oportunidad Lu. Ron de verdad puede estar empezando a en…

— ¿Enamorarse de mí?, no me hagas reír — ironizó con amargura.

— Perderás tu oportunidad si sigues con ésa actitud y lo sabes.

Luna volvió a sumergirse en su lectura. Ronald Weasley no cambiaría por nada del mundo; ¿por qué ella iba hacerse ilusiones que a la larga se evaporarían?

Fin Flash Back

Algo que ciertamente sucedió. Ronald Weasley sólo la había desilusionado de nueva cuenta.

Pero ahora…


Una joven rubia caminaba por el Atrio rumbo a los ascensores mientras tarareaba una melodía muggle y casi flotaba hasta su destino. Cualquiera que la viera con aquella cara y ése brillo soñador en sus ojos creería que había perdido la razón, pero poco le importaba, ahora todo le parecía más colorido, más alegre, más… glorioso.

Recordaba perfectamente la visita de Ronald Weasley a su departamento, sus nervios mientras la contemplaba, su sonrisa torcida, el apetito voraz, y ése hipnotizante azul en sus ojos resaltados por su colorido cabello rojo. Y entre más lo rememoraba, más se impresionaba al notar el cambio tan radical que había dado el pelirrojo para con ella.

Fue tan respetuoso, amigable, gracioso…

Un suspiro salió de sus labios acompañado con una sonrisa mientras se cerraban las puertas del ascensor.

Nada comparado con el chico tonto e insensible de Hogwarts. Era todo un hombre… Hasta se había puesto más guapo, pensó con un ligero sonrojo, dejando salir una nerviosa risilla. El mago que estaba a su lado se alejó disimuladamente hacia el extremo contrario a Luna, mirándola como si estuviera mal de la cabeza, pero naturalmente, ella no lo notó.


Hermione se encontraba en su oficina terminando de leer algunos pergaminos que habían llegado ésa mañana desde Francia con respecto a la expansión de la P.E.D.D.O. a aquel país; reprochándose su falta de entusiasmo por su trabajo. Desde aquella noche en la Madriguera su mundo había estado de cabeza. Ya ni la compañía de Will parecía entusiasmarla como antes. En sus sueños Harry siempre estaba presente. Y el maldito "Hubiera" se había gradado en su corazón con tanta fuerza como si se tratara de un letrero con luces de neón.

Meneó la cabeza, necesitada concentrarse. La P.E.D.D.O. dependía de ella. Y justo estaba en eso cuando la puerta de su oficina se abrió suavemente y entraba Amy, su asistente, una mujer de 30 años, cabello negro, delgada y un poco más baja que ella, vestida en una túnica color turquesa.

— Señorita Granger, la señorita Lovegood la busca — le informó.

— Hágala pasar — pidió regresando a verla y haciendo los pergaminos a un lado.

— Enseguida… — titubeó un momento.

— ¿Otra cosa, Amy?

— Bueno… ella parece algo… no sé… — murmuró insegura. Hermione enarcó una ceja, intrigada — ¿chiflada? — sugirió algo apenada.

— ¿Qué?… — la miró desconcertada a la vez que se levantaba de su silla.

Pero su pregunta fue respondida por la misma Luna, la cual pasando a su asistente entró casi bailando a su oficina, con una sonrisa de oreja a oreja, y cantando.

— ¿Lu? — indagó la castaña, insegura.

— ¡Herm, amiga mía!, ¡cuánto tiempo sin verte! — exclamó efusiva, rodeando el escritorio y abrazándola con ímpetu. Hermione correspondió al gesto algo aprensiva y viendo sobre el hombro de la rubia notó a Amy hacerle un gesto con los labios como diciéndole "Se lo dije", para seguidamente salir de su oficina y cerrar la puerta.

— Lu, — la apartó Hermione de si tomándola de los hombros para poder verla directamente a los ojos — mira, sé que no eres ésa clase de persona, pero… — empezó — ¿no te fumaste nada verdad?, — la miró recelosa — es decir, no fuiste al departamento de análisis de pociones y tomaste alguna ¿verdad? — la encaró.

— ¿Qué? — rio tontamente la rubia. Cosa que sólo alerto más a Hermione.

— Luna Lovegood, contesta mi pregunta ahora mismo. ¿Te metiste algo? — exigió saber.

— ¡Por supuesto que no! — exclamó algo indignada.

— ¿Segura? — la miró con los ojos entrecerrados. Luna rodó sus ojos azules.

— Si, segura, palabra de Lunática — levantó la mano derecha.

— Bien, entonces si no te has metido nada, — Luna negó nuevamente mientras Hermione la soltaba y la veía caminar hacia la pequeña sala que tenía su oficina — ¿por qué éste cambio de humor tuyo? — indagó, siguiéndola.

— Digamos que ayer recibí una muy agradable visita — comentó con suspenso la rubia, dejándose caer en un sofá y cerrando los ojos.

— ¿Terry? — cuestionó dudosa Hermione, sentándose frente a ella.

— No.

— ¿Tu papá?

— No.

— ¿Ginny? — pronunció a regañadientes.

— No.

— Mmm… no, no sé. ¿Quién te visitó?

— Adivina adivinador — sonrió la rubia.

— Luna — se impacientó.

— Está bien, está bien… — se incorporó y la miró directo a los ojos — Ronald.

— ¡¿Ron?! — exhaló sorprendida.

— Aja — asintió su amiga con una sonrisa.

— ¿Y qué quería?, ¿de qué hablaron?, ¡no le habrás dicho algo sobre mí, ¿verdad?! — se incorporó de golpe, mirándola alterada.

— No, no te preocupes por eso. Ya sabes que mis labios están sellados — la tranquilizó. Hermione suspiró nerviosa.

— Que bueno — murmuró con una tenue sonrisa.

— Si, bueno, — se encogió de hombros restándole importancia — pues hablamos de muchas cosas, no sabes, fue tan… No sé, es que después de años sin verlo y luego ayer… — suspiró con emoción contenida volviendo a acostarse — ¡Fue simplemente perfecto!

Hermione la miró con una sonrisa.

— ¿Qué me estás ocultando amiga? — se sentó junto a ella, a la altura de sus piernas.

— Nada… Bueno, — se enderezó de nuevo y encogió sus piernas para que la castaña estuviera más cómoda — sólo algo… — una sonrisa jugaba en sus rosados labios. Hermione hizo un gesto para que continuara — ¡nos abrazamos! — chilló y volvió a dejarse caer en el sofá con los brazos abiertos, totalmente emocionada. Hermione no pudo contener la risa al verla con los mismos ojos soñadores que tenía en su estadía en Hogwarts.


— Uy, ¿por qué tan arreglado? — se burló Harry apenas vio aparecer a Ron en la sala del Cuartel de Aurores. Su amigo llevaba la clásica túnica negra, sólo que ésta vez llevaba un pantalón negro, una camisa blanca y corbata negra bajo ésta, y su pelo lucía ligeramente revuelto, además de haberse afeitado meticulosamente.

— Es que pienso ir a visitar a Luna — contestó quitándose la túnica y dejándola colgada en el perchero.

— Pero apenas vas entrando, — observó — ¿no sería más fácil que al salir fueras a la casa, te ducharas y luego fueras a la de ella? — propuso.

— No, porque no voy a ir a verla saliendo de aquí, sino ahorita a su oficina.

— ¿Cómo? — lo miró desconcertado.

— Al Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas, ¿a dónde más? — comentó con gesto obvio.

— ¡¿Luna trabaja aquí?! — respingó el ojiverde.

— Claro — contestó Ron, sin darse cuenta que su amigo estaba uniendo hilos rápidamente.

Pero antes de que pudiera interrogar al pelirrojo, su ex compañero de colegio, Ernie Macmillan, entró con un fólder en la mano, saludándolos.

— Hola Ernie — respondió al saludo Ron. Harry seguía en las nubes.

— Les traje esto, — le tendió el fólder a Ron — me comentaron que estaban buscando información acerca de coordenadas y varias cosas más sobre pueblos en Escocia para una misión que tenían, y bueno, como hace unos meses nuestro departamento fue a un evento a ahí pues les recopilé lo que pude encontrar.

— Oh, ¡gracias Ernie!, así se nos facilitaran más las cosas — agradeció el pelirrojo empezando a hojear el contenido del fólder.

— De nada, bueno…

— Ron, ¿Hermione trabaja aquí? — habló Harry interrumpiendo a Ernie y haciendo que Ron lo mirara.

— ¿Qué te hace pensar eso? — lo miró desconcertado. Sin que se dieran cuenta, el ex Hufflepuff empezaba a ponerse pálido y se mordía los labios con nervios.

— Bueno yo me tengo que ir, fue un gusto verlos, y… ¡Perdón!, emh… — caminando hacia atrás, había derribado el perchero — Eh, los veo luego, y que tengan un buen día — se apresuró a abrir la puerta.

— Alto ahí Macmillan… — lo detuvo Harry serio. Era prácticamente imposible que una persona no se diera cuenta de que Ernie ocultaba algo. Éste pasó saliva, pero se negó a voltear a verlo — tú sabes algo y quiero que me digas en éste instante que es — sentenció.

— Yo… yo no sé de qué me estás hablando — soltó rápidamente.

— Y yo me chupo el dedo, — ironizó — tú eliges, o lo dices por las buenas, o lo dices por las malas.

— Harry… — le advirtió Ron con la mirada.

— Pues será por las malas porque no diré nada — la voz segura de Ernie sorprendió tanto a Harry como a Ron y es que nunca lo habían visto tan firme.

— Bien… — sacó su varita y Ernie hizo lo propio, dándose media vuelta para encararlo; pero antes de que el último pudiera hacer algo, o siquiera pensara en un hechizo de defensa, Harry le apuntó directo a la cabeza — Legeremens.

— ¡Harry! — exclamó Ron impactado, se hubiera imaginado cualquier cosa menos eso.

Fue apenas un segundo lo que tardó Ernie en bloquear su mente, pero eso no impidió que Harry pudiera visualizar una clara imagen de Percy Weasley antes de verse expulsado de la mente del ex Hufflepuff.

— Entonces es verdad… — murmuró para sí, bajando su varita — Percy sabe algo.

Ron, quien aún seguía pasmado por su actitud, respingó apenas escuchó el nombre de su hermano.

— ¡Potter, si se te ocurre intentar meterte en mi cabeza una vez más te juro que haré que defeques por el hocico y respires por el trasero! — y dando un portazo, Ernie salió de ahí.

— ¡¿Pero tú estás loco o qué?!… ¡¿cómo se te ocurre hacerle eso?!… — lo encaró Ron exaltado, aunque se notaba que trataba de reprimir una carcajada por la indignación de Macmillan — Y a todo esto, ¿qué demonios tiene que ver Percy en esto?

Harry lo ignoró y tomando su túnica del suelo se metió en la chimenea y desapareció en las llamas verdes después de decir "La Madriguera".

— Y luego dicen que soy yo — murmuró por lo bajo Ron, negando con la cabeza.


— Conque no sabías donde estaba Hermione ¿eh?

Fue lo último que escuchó Percy antes de ser tirado al suelo por un fuerte empujón en un costado y se llevara con él el plato y el vaso de donde anteriormente tomaba su desayuno; los trozos de vidrio y porcelana quedaron regados en el suelo y se incrustaron en sus manos al impulsarse para levantarse.

— No es lo que piensas Harry — trató de razonar con el ojiverde, quien lo miraba con ganas de matarlo.

— ¿Ah no?, ¿y entonces que es?, — le espetó — ¿una maldita forma de alejarla de mi sabiendo lo mucho que la extrañaba?, ¿o simplemente de ocultarme todo como siempre hicieron las personas al pensar que era un estúpido niño?… — ironizó avanzando hacia él. Percy retrocedió por instinto — ¡CONTESTA, MALDITA SEA! — gritó perdiendo los estribos momentáneamente.

— ¡Te juro que quise decírtelo todo el tiempo, a ti y a Ron, pero no pude!… Yo… — lo miró pidiendo clemencia.

— ¡¿Por qué no?!… — rugió Harry — ¡¿por qué no pudiste?!… — lo empujó de nuevo ocasionando que su espalda chocara con la estantería tras su espalda y su contenido vibrara alarmantemente. Percy retrocedió del alcance de sus manos, acomodándose torpemente las gafas — ¡Siempre supiste donde estaba y nunca nos dijiste nada!, ¡sabías lo mucho que sufrí por su ausencia y aun así no se te ablando tu podrido corazón para decirme donde estaba!, ¡ni siquiera si estaba bien o era feliz!, ¡nada! — la voz se le quebró, sus ojos estaban cristalinos.

— ¡Lo intenté, te juro que sí!, pero…

— ¡PERO NADA! — vociferó, tomándolo del cuello de la camisa. Percy se alcanzó a liberar, dándole la vuelta a la mesa.

— ¡Por favor, déjame explicarme!, ¡déjame decirte como fueron las cosas! — le suplicó.

— ¡Años sin verla!, ¡sin saber nada de ella!, ¡noches en vela pidiéndole a Dios que al despertar todo fuera una maldita pesadilla y ella estuviera a mi lado!, ¡días añorando encontrarla en alguno de los lugares en donde la busqué sin descanso!… — se pasó una mano por el cabello con desesperación. Sus ojos teñidos de ira y dolor — Y tú… — soltó un gruñido irónico — tú siempre lo supiste ¿no es así?… — Percy bajó la mirada sintiéndose avergonzado. Aquello solamente enfureció más al pelinegro — Siempre supiste cuanto sufría y aun así ¡NO HICISTE NADA! — rodeó la mesa rápidamente y lo empujó de nuevo.

Aunque la diferencia de altura aventajaba a Percy, éste no hizo intento de defenderse. Era cierto, todo era cierto, merecía lo que sea que le fuera a hacer.

— Pero ¿qué vas a saber tú de eso?… — se alejó Harry un poco de él, mirándolo con rencor — Siempre has tenido a tus seres queridos a tu lado, nunca perdiste a alguien cercano. Tú no tienes ni una remota idea de lo que es. En cambio, yo… — soltó una risilla irónica, lacerante — Primero mis padres, después mi padrino, amigos, tantas personas… tantas, que si no hubiera tenido a Hermione a mi lado… — un nudo se le formó en la garganta — Cuando encontré a Hermione, cuando la conocí a ella, pensé que era la forma en que me recompensaban por todo lo sufrido, por todas las lágrimas derramadas, y por todas las perdidas. Ella era mi luz. Era por lo que despertaba cada día. Por lo que siempre luché. Incluso cuando me tuve que enfrentar al maldito de Voldemort ella estuvo a mi lado en cuerpo y alma. Siempre ahí. Junto a mí. ¡Era lo único bueno y constante en mi vida, maldita sea!… — un par de lágrimas rodaron por sus mejillas — Y me rompió el corazón cuando se fue… sin decirme nada… sólo alejándose de mi… huyendo… — se pasó una mano por el cabello en un gesto desesperado — Pero ¿qué vas a saber tú de esto?, nada, absolutamente nada. Una persona como tú ni siquiera merece la maravillosa familia que tienes — sentenció.

— ¡Harry de verdad lo siento! — se atrevió a mirarlo, sus ojos estaban anegados en lágrimas a través de sus gafas.

Le volteó la cara de un golpe en la mejilla ocasionándole un corte en la carne. ¿Sentir?, él no sentía nada, pensó el ojiverde con rabia.

— No, no lo sientes, — contradijo. Percy se cubrió su maltrecha mejilla con dolor — si de verdad lo hubieras sentido, me hubieras dicho desde el principio todo lo que sabías… ¡pero sólo callaste!

Un par de minutos en silencio sólo aumentaron la tensión en el ambiente. Mientras en la puerta de la cocina, Molly Weasley era testigo muda de la escena y se sorprendía cada vez más conforme hablaba Harry.

— Quiero que me digas en éste mismo instante todo lo que sabes de Hermione, y no voy a aceptar un "No" por respuesta — sentenció, limpiándose los ojos y pasando el nudo que tenía en la garganta.

— Rompería una promesa si te dijera aquello — dijo Percy.

— ¿A ella?… — le preguntó. El corazón se le estrujó al ver al pelirrojo asentir — ¿Te prohibió decirme algo a mi… o a todos? — cuestionó.

— A todos — mintió. Ya era suficiente el daño que había causado. ¿Para qué ocasionar más?

— Dime donde está, — Percy bajó la cabeza — ¡Percy, por favor! — pidió en un hilito de voz, desmoronándose.

— Yo… — suspiró derrotado. Perdóname Hermione, pidió para sus adentros — Trabaja en el Ministerio, su oficina muy pocos la conocen, está en el nivel dos, en la Sección de Entrada en vigor de Leyes Mágicas… — Harry calló la voz que le gritó haberla tenido enfrente todo ése tiempo, y lo escuchó con atención. Debía actuar rápido — Al llegar a su oficina Amy, su asistente, no te permitirá el paso, sólo se nos permite a algunos entrar en su oficina, así que tendrás que entrar por tu cuenta. En cuanto a donde vive… pídele a Ron la dirección de la casa de Luna, vive cerca de su casa, a unas dos calles… es una casa blanca, numero 354. Al este de Londres.

— Bien — murmuró Harry, tomando una nota mental.

Y lo siguiente que vio Percy fue un puño dirigirse de nuevo a su rostro y mandarlo al suelo, sintiendo inmediatamente el sabor metálico de la sangre en su boca.

— ¡Percy! — exclamó la señora Weasley al tiempo que corría a auxiliarlo.

— Esto es por haberme mentido — sentenció Harry mientras agitaba su adolorida mano y se daba media vuelta encaminándose a la chimenea.

— Lo siento — musitó una vez más el pelirrojo. Su madre sostenía su rostro delicadamente, mientras un hilillo de sangre corría por la boca de éste, cayendo en el suelo.


Luego de unos minutos hablando con su amiga rubia, Hermione volvió a concentrarse en su trabajo pues Luna se había marchado a su oficina con una notable sonrisa ya que Ron le había insinuado que tal vez la iría a visitar.

Estaba leyendo tan concentrada que cuando una llamarada verde proveniente de la chimenea y la cabeza de Percy aparecieron entre éstas, pegó tal sobresalto que brincó en el asiento.

— ¡Hermione lo siento, te juro que traté de impedirlo, pero él de alguna forma se enteró que yo sabía algo!, ¡no sé ni cómo o quien le dijo, pero yo ya no pude…! — empezó a exclamar con presura, viéndola con vergüenza.

— Percy, espera, no te entiendo… — lo interrumpió Hermione al tiempo que se acercaba — ¿De qué hablas? — inquirió.

— Harry…

Hermione lo vio horrorizada. No podía ser cierto lo que trataba de decirle.

— Se enteró, ¡se enteró de todo!… — continuó Percy, dando voz a su temor — va hacia allá, y si no me equivoco, en cualquier momento estará por entrar en tu oficina — finalizó.

La castaña negó con la cabeza, como si de algo sirviera aquello para que lo dicho por su amigo no se cumpliera.

— De verdad lo siento… — murmuró cabizbajo — intenté que no se enterara, pero bueno… — ladeó el rostro dándole a Hermione una visión de su dañada mejilla — tiene varios métodos de persuasión — comentó irónico.

Hermione lo observó algo preocupada.

— No te preocupes… — murmuró con una voz que parecía de ultratumba, las piernas le temblaban — supongo que se tenía que enterar tarde o temprano… — pasó saliva. Percy la miró inquieto, ésta estaba palideciendo — Gracias por avisarme Percy. Yo… Adiós — se despidió temblorosa.

Y justo cuando recobraba algo de coordinación en sus piernas, la puerta se abrió de golpe a la vez que un ojiverde irrumpía en su oficina y Amy trataba inútilmente de detenerlo.

— … ¡señor le digo que no puede entrar! — se escuchó decir a Amy.

Verde y miel se encontraron.

La asistente de la castaña se veía avergonzada por la torpe entrada.

— Está bien Amy, ya me encargo yo — habló Hermione.

Amy la miró insegura, pero con un asentimiento de su jefa, tranquilizándola, decidió abandonar la oficina y cerró la puerta tras de sí.

— Lo que tengas que decir dilo rápido porque no tengo mucho tiempo — le pidió la castaña con voz neutral mientras se sentaba nuevamente en su silla, intentando por todos los medios no amedrentarse ante su presencia.

Harry abrió la boca y la volvió a cerrar, mordiéndose la punta de la lengua, en busca de las palabras adecuadas antes de que se pusiera a gritar como loco. Una parte de él, la que no estaba vociferando rabiosa, se sintió herida por el tono frío en que le habló su mejor amiga.

— ¿Por qué te fuiste?

Aquella pregunta sorprendió tanto a Hermione como a Harry, porque si bien eso era algo que el ojiverde quería saber, no pensó que sería lo primero que saliera de sus labios, quizás luego, después de una amena charla cuando ambos recobraran algo de la confianza perdida. Pero no de ésta forma, con él hirviendo de coraje y dolor, y con ella mirándolo con indiferencia.

— Creo que eso ya te lo respondí a ti y a Ron — zanjó secamente.

— No, tú sólo dijiste cosas sin sentido y lo sabes. Yo quiero saber porque lo hiciste, y no me vengas con sandeces porque te conozco lo suficientemente bien para saber cuándo mientes — le advirtió, dando dos pasos hacia ella.

Hermione soltó un sonidito sarcástico, sonriendo irónicamente.

— Si me conocieras tanto como dices, entonces no necesitarías hacer la pregunta ¿no te parece? — replicó en doble sentido.

Harry arrugó el entrecejo, confundido.

— ¿A qué te refieres?

— Estoy ocupada Harry, ahora no tengo tiempo para explicarte cosas que deberías de saber a la perfección desde hace casi ocho años.

— No entiendo. ¿Por qué…?… — suspiró con irritación — Mira, si ésta es una forma de hacer que olvidé porque vine, estás equivocada. Vine por una respuesta, y es exactamente lo que obtendré — sentenció firme, restando la distancia y colocándose frente a su escritorio.

— ¿Y si no quiero dártela?, ¿qué harás?… ¿Me pegarás igual que a Percy? — lo miró acusatoria.

— Sabes bien que jamás haría eso. Ni a ti, ni a nadie — subrayó.

— ¿En serio?, ¿y lo que pasó hace rato que fue? — inquirió con ironía.

— ¡Él se lo merecía! — masticó las palabras.

— No veo porque — se levantó del asiento, apoyando las manos en el escritorio.

Harry gruñó molesto.

— ¡¿Te parece poco el habernos mentido a todos durante éstos seis años?! — levantó la voz, mirándola con reproche.

— Lo que hizo Percy no tenía que ver con ustedes, sólo conmigo. Yo se lo pedí. Él únicamente lo cumplió… — resumió Hermione.

— ¡Actuando a nuestras espaldas! — golpeó el escritorio con un puño. Hermione no se perturbó, conocía perfectamente su carácter explosivo. Se limitó a mirarlo mal.

—… Además, hay cosas más significativas que ésa — su miel mirada se tiñó de dolor durante un segundo, pero desapareció tan rápido como se presentó.

— Dime una. Dime una maldita cosa que sea más significativa que saber de ti, porque yo no la conozco — la miró profundamente, con anhelo. Hermione desvió la mirada.

— Si tanto querías saber de mí, entonces no hubieras… — crispó los puños — Olvídalo — negó, mirándolo.

— No, dime, ¿qué ibas a decir?; ¿qué no hubiera hecho?, qué ¿eh?… — se inclinó hacia ella a través del escritorio — ¿Quererte?, ¿cuidarte?, ¿ser un buen amigo?, ¿qué de todo eso hice mal?

Hermione no encontró réplica contra aquello. Y Harry sonrió interiormente.

— Dime porque te fuiste Herm — le pidió vulnerable.

— Ya no tiene caso discutirlo — su voz demostró derrota.

— Si lo tiene. Quiero saber todo. Todo absolutamente de ti — alargó la mano queriendo tomar la suya. Pero Hermione la apartó rápidamente.

— Sigo siendo la misma. No hay nada que contar.

— Si actuaras como la antigua Hermione ten por seguro que no dudaría, pero eres distinta — arrugó el entrecejo.

— Tal vez las circunstancias me obligaron a cambiar y madurar — comentó con acritud.

— O quizás las personas te obligaron a hacerlo — masculló con el rostro tenso.

— En todo caso ése no sería tu problema sino mío — sentenció, alejándose de ésa peligrosa cercanía.

Harry suspiró derrotado, pasándose una mano por el cabello, alborotándolo. Era obvio que ella no iba a responder directamente a sus preguntas. Pero si no iba a responder eso, al menos tenía que aclarar alguna de las muchas dudas que tenía.

— ¿Por qué le hiciste prometer a Percy que no nos diría dónde estabas? — le preguntó.

Hermione perdió el aliento. ¿Cómo responder ésa pregunta sin delatarse en lo más mínimo?

— Porque…

— ¿Por qué…? — la alentó a continuar, rodeando lentamente el escritorio.

— Porque necesitaba tiempo para mí, para madurar lejos de ustedes, tener mi propio espacio — dijo lo primero que se le ocurrió.

— Eso lo pudiste tener aun sin haberte ido como lo hiciste; sólo tenías que pedirlo y lo hubieras tenido — la cortó Harry, acercándose cada vez más a ella.

— Puede que sí, pero de todas formas necesitaba un tiempo alejada de todos… — lo esquivó al irse por el otro lado, pero Harry la tomó de un brazo ocasionando que girara y éste se acercara más, dejándola atrapada entre un librero que tenía a su espalda y su cuerpo — ¿Q-qué haces? — tartamudeó nerviosa, pasando saliva.

— ¿Qué haces tú?, — le preguntó de vuelta mirándola anhelante — ésta no es la Hermione que conocí, mi mejor amiga; te acabo de encontrar y sin embargo siento como si te hubiera perdido de nuevo… — levantó una mano y acarició su mejilla. Hermione cerró los ojos sin poder lidiar con el cúmulo de sentimientos que se alojaron en su pecho. Harry dio otro paso hacia ella, haciendo el espacio entre ellos casi inexistente. Fue como si de pronto el mundo dejara de existir, solamente estaban ellos dos, con sus sentimientos a flor de piel — Y no logro concebir el porqué de tu actitud. ¿Fue algo que hice?, ¿algo que dije?, ¿te dañé en alguna forma?, — le preguntó. Mordiéndose el labio inferior, la castaña abrió los ojos, enfocando su mirada en la del pelinegro, sintiendo como se le aceleraba el corazón sin remedio — por favor dímelo Hermione, dímelo y te juro que haré lo que sea para compensarte por mi insolencia, pero por favor, ¡vuelve a mí! — acarició de nuevo su mejilla. Sus rostros a un palmo de distancia.

— ¿Interrumpo algo? — la pregunta de Will, pronunciada desde la puerta, hizo que Hermione pegara un respingo asustado; separándose de Harry de inmediato, poniendo distancia entre ellos, sólo para girarse y captar la mirada recelosa de su amigo ojiazul.

Harry le sostuvo la mirada a Will con reto y silenciosamente lo maldijo por su intromisión; aunque, como era muy común en él, terminó soltando lo primero que cruzó por su cabeza.

— Es obvio que así es ¿no te parece? — le espetó sin vergüenza. Hermione enrojeció y se precipitó a llegar hasta William para que no se armara una pelea.

— No interrumpes nada Will, Harry ya se iba — lo calmó.

— ¡Eso no es cierto! — refutó el ojiverde, clavando su mirada en los ojos mieles de Hermione.

— Si lo es… — nuevamente ése destello frío cubrió los ojos de la castaña. Harry se maldijo por aquello, si apenas unos segundos atrás había visto un pequeño brillo en sus ojos indicándole que quizás no todo estaba perdido, la mirada que tenía ahora únicamente le transmitía que por el momento no tenía ninguna esperanza — Tengo trabajo Harry; además, quede en salir con Will hoy — continuó la castaña.

Harry tragó espeso, apretando los músculos de la quijada, asintió en silencio.

— De acuerdo… — rumió contra su voluntad. Avanzó hacia ellos, a la salida, y con celos notó como Will se posicionaba protectoramente frente a Hermione, cubriéndola con la mitad de su cuerpo — Pero ésta plática queda pendiente ¿entiendes?, no voy a darme por vencido, tarde o temprano tendrás que encararme y deberás darme las respuestas que pido — sentenció. Y sin más salió dando un portazo.

Hermione cerró los ojos por unos segundos, sintiendo como inevitablemente se le anegaban en lágrimas; y, cuando creía que todo había terminado, Will se separó de ella y soltó una blasfemia muy impropia de él.

— ¡Pero ¿quién demonios se cree que es?!… ¡¿tu dueño, acaso?!… — saltó con vehemencia el ojiazul — ¡Ya verá si me lo encuentro una vez más aquí!, ¡maldito idiota! — exclamó lanzando dagas por los ojos con dirección a la puerta.

La castaña no comentó nada, soltando un cansado suspiro se limitó a tomar los papeles que estaba leyendo con anterioridad y recoger su gabardina del perchero para después meterse en la chimenea.

— ¿Qué haces? — le preguntó Will, mirándola desconcertado.

— Hablamos luego ¿quieres?, ahora sólo quiero estar sola. "Residencia Granger".

Y las llamas la consumieron.