Capítulo 12: TIEMPO DE DECIDIR
El colosal Big Ben fue el primer reloj en la ciudad de Londres en anunciar la hora. En su esplendoroso panorama las manecillas estaban marcando las nueve de la mañana. Apenas segundos después los relojes londinenses dieron las campanadas anunciando también la hora. Y en la residencia de Hermione Granger no fue la excepción.
El reloj despertador anunciaba la hora con un constante y molesto tintineo que retumbaba en la habitación. Somnolienta, Hermione lo calló a los pocos segundos dándole un leve manotazo al aparato. Suprimiendo un bostezo trató de despabilarse tallándose los ojos y estirándose un poco. No había pasado una buena noche.
Nuevamente había pasado la mayor parte en vela intentando alejar a cierta cabellera negra azabache y mirada esmeralda de sus pensamientos, lógicamente no lo habita conseguido, únicamente una desvelada más y unas horribles ojeras que daban sombra a sus ojos miel.
Casi por costumbre, más que por querer, se levantó de la cama y se dirigió al baño a lavarse la cara y cepillarse los dientes para después tomar su "desayuno": una tostada con mantequilla y un sorbo de jugo de naranja en compañía de su fiel Crookshanks. No le supo a nada. Que novedad, pensó con sarcasmo.
Se permitió el contemplar a su fiel amigo mientras éste degustaba con entusiasmo del atún que le había servido en su plato, y sintió envidia al notar sus buenos ánimos mientras engullía sentado en el banquillo donde lo había puesto. Aquel minino de aspecto viejo y desalineado era su mascota desde que los 13 años, y aunque lo adoraba con todo el corazón, no podía evitar el sentimiento de desazón que le sacudía el pecho cuando lo contemplaba como ahora, pues por desgracia, le recordaba al dueño de su desvelada: Harry.
Por alguna razón que nunca pudo entender, Crookshanks simpatizaba demasiado con el ojiverde; y aunque sonara algo tonto, durante las primeras semanas después de haber egresado de Hogwarts, cuando veía a su gato, casi podía leer en sus ojos la interrogante "¿Dónde está Harry?" … Por supuesto que Hermione veía eso imposible, solamente era su propio anhelo de verlo, pero no lo iba a admitir… y mucho menos a un gato.
Aunque, ¿qué podía saber ella acerca del comportamiento de los gatos o kneazle?, ¿acaso había estudiado veterinaria, o sabía más que el mismísimo Hagrid acerca de las criaturas mágicas?, la respuesta era simple: No. Ella no sabía nada más que lo que la propia experiencia le había enseñado a lo largo de los años.
Por eso ahora podía estar segura, y aunque le costara aceptarlo, de que Crookshanks si preguntaba por Harry cuando se le quedaba viendo por largo tiempo; o cuando se quedaban sentados en el sofá viendo el televisor y el minino se echaba sobre su regazo ronroneando suavemente observando con un aire de nostalgia aquel aparato muggle; e incluso cuando duraba horas mirando hacia la ventana en la espera de Hedwig.
Pero tal como le sucedió a Crookshanks después de un tiempo, ella también se resignó a que Harry no estaría más en sus vidas.
Meneó la cabeza y siguió sumida en sus pensamientos. Ésta vez enfocándose hacia cosas más agradables. Porque después de todo, ya había cerrado aquel ciclo en su vida. Y cuando un ciclo se cierra, se abre otro; y fue ahí donde había aparecido William, su mejor amigo, su pañuelo de lágrimas, en fin… su todo.
Aquel que la había hecho sonreír sinceramente; el que un 31 de Julio la había "secuestrado" y se la había llevado a un parque de diversiones durante todo el día; el que en Navidad inventaba locas y divertidas salidas a cualquier lugar soleado, alejándola de la fría tristeza de un día nevado y lluvioso; el que en su cumpleaños le hizo una parodia de una actriz americana enfundado en un súper corto vestido blanco y le había cantado a la luz de las velitas del pastel de cumpleaños y el flash de la cámara de Luna "Feliz cumpleaños a ti"… y nuevamente, el que había estado en todo lo que valía la pena después de salir del colegio.
Aunque, tenía que reconocer que no se habían conocido de la mejor manera posible…
Flash Back
El sonido de pasos apresurados sobre las mojadas calles londinenses, los quejidos histéricos de los transeúntes al verse empapadas por la lluvia, y el motor de los automóviles junto con el sonido del chapotear del agua al pasar un neumático por un charco, sólo eran un incentivo para que un joven se resguardara más en el calor de su gabardina y acelerara el paso.
Nunca le había gustado el clima de Londres, de eso estaba segura, pero amaba la ciudad, por lo cual tenía que aguantarse a ése "problemita", era como una cuota el tener que aguantar el tormentoso tiempo. Lluvia. ¿Por qué no podía dejar de llover?, se preguntaba en tono de queja; y justamente ése día tuvo que haber olvidado su varita. Maldita fortuna.
Con hastío, se pasó una mano por el cabello y lo peinó hacia atrás, el agua lo había adherido a su frente y grandes gotas de aquella sustancia salina caían por las puntas de su cabello, y la punta de su nariz. ¿Por qué tuvo que llover en ése instante, y con tantos muggles a la vista?… Sus ojos azules miraron a los lados antes de cruzar la calle a paso veloz. Y el colmo es que no traía libras para pagar un taxi. Merlín, solamente a él le pasaba eso.
Pero se suponía que para eso le había dado Luna aquel estuche tan fino, para guardarla ahí cuando no la usara. Y ahora se arrepentía de haberlo hecho. Aunque pensándolo bien, su varita no habría servido de nada, no al menos con todas ésas personas a su alrededor. Miró su reloj de pulsera, estaba retrasada… Genial, pensó con sarcasmo.
Y justo ése día. Su primer día de trabajo. Percy iba a matarla. ¡Kingsley no la contrataría!
Empezó a correr, tratando de no tirar los pergaminos que llevaba bajo el brazo.
Deseaba llegar a casa, comer algo y tomar un largo baño en agua caliente. Dobló la esquina…
¡PUM!… ¡SPLASH!
Los pergaminos salieron volando por los aires aterrizando en un charco de agua a la vez que Hermione chocaba con aquel desconocido de ojos azules y cabello negro, el cual por instinto la había tomado por la cintura para evitar su caída, pero con la mala suerte de resbalarse en el agua y terminar ambos en el suelo, con él sobre la mitad de su cuerpo.
— ¡Ay! — exclamó con dolor Hermione, sintiendo que el aire se le escapaba.
— Lo siento, es que… — aquel joven se separó de ella y se puso de pie, ofreciéndole una mano para ayudarla a incorporarse. Hermione lo miró con acritud, y refutó su oferta con desdén.
— ¡¿Eres imbécil o qué?!… — exclamó exaltada, incorporándose y arreglándose la bufanda junto a la falda. Bendijo por un segundo el hecho de traer gabardina, de otra forma se le hubiera visto todo — ¡Mira lo que has hecho, tarado!, ¡trabajé en éste proyecto por años y ahora está arruinado!, ¡POR TU CULPA!… — sentenció empujándolo para después recoger sus empapados y maltrechos pergaminos. Bufó con furia analizando el daño.
— ¡Oiga, que aquí yo no tuve la culpa de nada! — se defendió el ojiazul.
— ¿Ah no?, — lo miró con enojo, en su voz una nota de sarcasmo demasiado marcada — ¿entonces quien, grandísimo…?
— ¡Hey!, — la censuró indignado. Se apartó el cabello de los ojos peinándolo hacia atrás — ¡usted fue la que me derribó!, ¡usted fue la que venía corriendo!, ¡NO YO! — vociferó, no iba a tolerar que aquella castaña desconocida lo insultara. Faltaba más.
— ¡Eso no es cierto! — refutó la ojimiel, sabiendo muy bien que él tenía razón, pero no lo iba a admitir.
— ¡Claro que lo es… señorita! — masculló entre dientes.
— Como sea… — repuso con desdén Hermione, algo había en él que le erizaba los vellos de la nuca de puro desagrado y hacía que su estómago se moviera inquieto ante su proximidad. Zanjando aquello último, le lanzó otra mirada de hastío y se empezó a alejar con la barbilla en alto — Tarado — soltó por lo bajo.
— ¡Oiga!; — se indignó el hombre, ya no aguantando más — ¡pues si yo soy tarado, usted déjeme decirle no es una perita en dulce precisamente, vieja insufrible y amargada! — le espetó, respirando agitadamente.
— ¡Ahh!, — bufó Hermione con exasperación — ¡Idiota! — y se marchó sin mirar hacia atrás.
— ¡MI NOMBRE ES WILLIAM! — le gritó, y en su atractivo rostro se formó una sonrisa burlona cuando Hermione lo vio sobre su hombro y le sacó la lengua en un gesto infantil.
Fin Flash Back
Aquel recuerdo sólo le provocaba ahora que riera cada vez que lo rememoraba. En definitiva, no cambiaría ningún momento compartido con él, y ciertamente a él tampoco. Era simplemente William… su Will. Y esperaba así fuera por siempre.
Y ahora con ésta propuesta de Will a ser más que amigos, no tenía idea porque, pero la inquietaba de una forma en que nunca imaginó… le producía una especie de anhelo, de esperanza a poder formar algo único y hermoso juntos. Al mismo tiempo que una angustia aplastante oprimía su pecho al pensar que tal vez si se arriesgaba echaría por la borda todo lo que habían creado, y era algo a lo que no quería exponerse, a perder todo lo que necesitada: Will.
Sin él sentía nuevamente el peso de su alma rota, y ahora más que nunca; cuando Harry había vuelto y sacudido su vida como si de un huracán se tratara, que sólo ruinas dejaba a su paso. Justo igual que la última vez. Pero basta ya de eso, pensaba la castaña cada vez que una idea traía a su mente la imagen de Harry.
La vida era para gozar y ser feliz, tal como Will le había enseñado. No para estar pensando en el pasado y el maldito "si hubiera".
Por eso, principalmente por eso, es que debía mantenerse firme en su decisión aquí y ahora. Para cerrar por fin ése capítulo de su vida definitivamente, y empezar a vivir por ella, no de los recuerdos.
Temía perderla, cuanto lo temía. Desde hacía muchos años al despertarse y antes de dormir su único pensamiento era ella. La imaginaba siendo feliz al lado de otro, sin acordarse en ningún momento de él. Teniendo una familia. Un lindo hogar. Y ahora que la había encontrado, pensó que ése sentimiento de desolación se esfumaría de su corazón, pero solamente había regresado con más fuerza.
No podía arrancarse de la cabeza la imagen de Hermione en los brazos de aquel estúpido que se hacía llamar su novio. No podía concebir cuando fue el momento en que la perdió. Novio, pensó con mofa. Eso era justo lo que debería ser él de ella. Su novio. Pero el maldito destino y la vida no lo quisieron así. ¿O es que acaso fue su inseguridad?
Qué ironía. Todos tachándolo de valiente, un legendario Gryffindor que logró sacar la espada de Godric del sombrero seleccionador apenas con 12 años de edad; y aun así no tuvo los… pantalones para declararle sus sentimientos. En cambio, se conformó con contemplarla embelesado cada vez que la miraba sonreír y no se daba cuenta que era observada por él. O cuando suspiraba involuntariamente cuando por alguna razón ella le sonreía, lo tomaba de la mano y le regalaba un beso en la mejilla, para después escuchar su angelical risa comentándole que nunca se acostumbraría a aquellas muestras de cariño de su parte, y lo dejaba todo sonrojado por verse delatado. Si tan sólo hubiera actuado antes… pero no.
Suspiró con amargura. Ésos gestos ya no eran para él. Lo único que recibió ésa noche en que volvieron a encontrarse fueron palabras cargadas de dolor y reproche. Y después en su oficina, ¡Merlín!, ¡como quiso matar al maldito pomposo de su novio al haberlos interrumpido!, estaba completamente seguro que le hubiera robado un beso, ¡el primero!, si aquel cretino no hubiera entrado y arruinado el momento. Él había percibido el nerviosismo de la castaña, casi podía jugar haber escuchado su corazón latir frenético por su cercanía…
Y todo se vino abajo cuando "su noviecito" entró. ¡Estúpido!, pensó con rencor y celos. ¡Ja!, pero que ni crea que le dejaré el camino libre, ¡por supuesto que no!, ¡voy a luchar por ella hasta que ella acepte que también siente lo mismo por mí!, pensó con decisión. Porque de algo estaba seguro. Ella sentía algo por él, algo muy fuerte. Porque si no era así, ¿entonces porque reclamarle en un grito el que jamás la trajo de regreso?, ahora lo sabía: porque ella únicamente lo quería a él.
Y se le iría la vida en recompensarla por todo el daño que le hizo con su indecisión. Así tuviera que raptarla y alejarla de William, Hermione no lo evitaría otra vez, hablarían, y recuperaría lo que tanto extrañaba. A ella.
Asintió Harry con decisión.
— Entonces, ¿me dirás que hacemos aquí? — le preguntó Ron a Harry. Estaban escondidos entre unos botes de basura contemplando un edificio blanco frente a ellos. Y si su orientación no le fallaba, el departamento de Luna estaba a dos calles de ahí.
— ¡Shh! — lo volvió a callar el ojiverde, asomando la cabeza con cuidado.
— Harry, mira, me sacaste de la cama a muy tempranas horas de la mañana, por no decir madrugada, no me dejaste desayunar, y encima me traes a aquí y no me dices que diablos hacemos. Te pido, no, ¡te exijo!, que me digas de una maldita vez que demonios hacemos aquí, porque te juro que si no es importante ahora mismo voy a pegar tal grito que… — pero las amenazas y quejas de Ron se perdieron entre las manos de Harry, porque en un gesto desesperado por hacerlo callar le tapó la boca.
— ¡¿Quieres callarte?! — le pidió entre dientes, fulminándolo con la mirada y pegándolo más a la pared para no delatar su presencia.
— ¡"Edes du ed de do de dedad hadlad"! — le reclamó de manera amortiguada a través de su mano.
— ¡Pues cállate! — lo soltó.
— ¡ME CALLAR…! — empezó a gritar.
— ¡SSHHHHH!, ¡hay viene!, ¡cállate y escóndete! — le urgió Harry desesperadamente, silenciándolo con la varita para no perder tiempo.
—… — Ron abrió la boca para decir algo, pero no salió ningún sonido — ¡…!… — miró con resentimiento a Harry, tocándose la garganta — ¡…! — lo jaloneo del brazo para que le prestara atención mientras movía frenéticamente los labios y su rostro se ponía de un rojo carmesí producto del coraje.
Mas Harry ni le prestaba atención, su mirada permanecía enfocada al otro lado de la calle, en donde una castaña acomodaba un portafolio bajo su brazo, junto a una túnica negra que para el común espectador pasaría muy bien como un abrigo, y cerraba su casa.
— Te tengo… — sonrió Harry mientras veía a la castaña empezar a alejarse — ahora no podrás escapar de… ¡Ouch!, ¡¿qué demonios…?! — Ron se había hartado de no ser tomado en cuenta y le había dado un golpe en la cabeza con todas sus fuerzas.
— ¡…! — le volvía a reclamar el pelirrojo moviendo los labios y agitando los brazos haciendo ademanes muy expresivos acerca de palabras malsonantes.
— ¿Ah sí?, — imitó Harry con gracia algunos de sus gestos — ¡pues ahora te dejo así todo el día! — le espetó, y Desapareció.
A Ron se le desorbitaron los ojos…
— ¡¿QUEEEEEEEEEEEEEEEEEEEÉ?! — su bramido retumbó por toda la calle rompiendo con el hechizo del ojiverde. Afortunadamente para los planes de Harry, Hermione no alcanzó a escuchar a Ron pues en el preciso instante en que éste gritó, el camión de la basura pasaba por un lado amortiguando el sonido de su voz.
— Así que le dirás que si — fue el saludo que le dio Luna a Hermione cuando ésta arribó en su casa.
— ¿Cómo…?… — la miró desconcertada mientras entraba. Mas no tardó en mirarla suspicaz — Luna te advertí que no te metieras en mi mente otra vez.
— Lo sé, lo sé… y no lo hice; — agregó al ver la mirada de su amiga — llámalo intuición de amiga, o como quieras… — se encogió de hombros con indiferencia y se dirigió a su cuarto a recoger su túnica, volvió en unos segundos — En fin, ¿cuándo lo verás? — le preguntó mientras se ajustaba la chaqueta a los hombros.
— Al mediodía, quedamos en ir a almorzar — respondió Hermione algo intranquila. Luna suspiró.
— Hermione sabes que no tienes que…
— Lo sé… pero creo que es lo correcto.
— ¿Segura? — la miró dudosa.
— Aja… — asintió — además, nada cambiará ¿no? — parecía que tenía que escuchar aquellas palabras de todas las personas posibles para poder creerlo.
— No, nada cambiará… — le sonrió la rubia — Anda, vámonos. Quiero llegar a la cafetería que está en la esquina y comerme una enorme rebanada de pay de queso — la alentó su amiga.
— Tú y tus pays — murmuró Hermione negando con la cabeza.
— Tú y tus inseguridades — le respondió de vuelta Luna ganándose un chasquido de lengua por parte de la castaña.
— ¡Te mato!, ¡juro que te mato!… — masculló Ron apenas apareció en la oficina y encontraba a un concentrado ojiverde escribiendo lo que parecía una nota en un trozo de pergamino — ¿Tienes una maldita idea del ridículo que hice cuando esos estúpidos muggles por poco me llevaban a mí también en su camión monstruo?, ¡de no ser porque uno gordo me vio atorado de la túnica, de seguro ahorita estaría en el basurero!
— ¿Qué? — lo regresó a ver Harry con una sonrisa burlona, imaginándose la escena.
— Tú, idiota, tan concentrado en Hermione te olvidaste por completo de mí, ¡y justo cuando a los muggles se les ocurría llevarse la basura yo me di cuenta que mi túnica se había atorado en el contenedor!… — le relató exaltado — estuve así de cerca de terminar en medio de toda ésa chatarra — hizo un ademán con los dedos.
— Hombre Ron, sabía que eras comelón, pero de eso a que empieces a buscar en los basureros… — no pudo evitar mofarse de su amigo, riendo de buena gana.
— Ja, ja, ja… — lo miró con acritud — Y luego encima esos pelmazos me llaman indi no sé qué cosa — las orejas se le sonrojaron al rememorar las sonrisas burlonas en esos tipos.
— ¿Indigente? — Ron asintió. Y Harry se carcajeó.
— Pudo ser peor, — le dijo una vez recuperó el aliento — si hubieran sido los policías quien te hubieran encontrado, ahorita estarías pagando una muy buena multa, eso sí corres suerte.
Ron resopló molesto.
— ¡Si no fueras mi mejor amigo te aseguro que ahorita mismo correría a la oficina de Hermione y le diría que la estás acechando!
— No te atreverías — aquello pareció borrarle todo el humor a Harry pues rápidamente lo fulminó con la mirada.
— ¿Ah no?, ¡pruébame! — lo retó.
— Ron… — lo miró con advertencia.
— "Ron" … — lo imitó el pelirrojo con gesto burlesco, estaba que trinaba de coraje — pero como dije "si no fueras mi mejor amigo", — apretó los dientes — por desgracia, YO si te sigo tratando como tal, no como a un maldito títere al cual lo usas a tu antojo y sin ningún miramiento — le espetó dejándose caer en su silla.
— Yo no te utilizo como títere — refutó Harry, algo indignado.
— Sí, claro… — ironizó el pelirrojo — Sólo me mueves con unos cordones invisibles y me obligas a hacer cosas bajo tus órdenes… — hizo además con las manos como si tuviera un títere invisible mientras hablaba. Harry lo miró con los ojos entrecerrados — Pero Ron, ¿cómo puedes pensar que Harry te puede utilizar como un títere?, ¡que estupidez Dios mío!; ¡perdóname Harry, que tonto he sido! — satirizó.
Harry rodó los ojos.
— Piensa lo que quieras Weasley, te conozco demasiado bien para saber que cuando estás en ayunas andas con un genio de los mil demonios — le dijo calmado. Ron gruñó, al igual que su estómago.
— ¡Pues si!, ¡pero es tu culpa!; bien pude ir a casa y comer un delicioso desayuno de mamá, pero no, hay va el muy… a hacerle caso a su amigo, y no come nada… — prácticamente estaba llorando del hambre. Harry suprimió una risa mientras volvía a concentrarse en su carta — Y a todo esto, ¿qué tanto escribes? — le ganó la curiosidad.
— Una nota para Hermione, — se limitó a decir — quiero recuperarla, después de todo ¿no me dijiste tú "nunca es demasiado tarde" ?; pues bien, aunque esté incluso casada con el estúpido ése voy a luchar por ella hasta que ella misma me diga que no me ama — manifestó solemne.
— Y luego dicen que el testarudo soy yo — murmuró el pelirrojo. Y abriendo el cajón superior de su escritorio sacó un litro de yogurt de fresa, tres emparedados de jamón y queso, una botella con jugo de naranja, dos manzanas, una barra de chocolate, un pedazo de tarta de zanahoria y empezó a engullir rápidamente.
— ¿Cuándo…? — empezó a preguntar Harry, mirándolo con los ojos desorbitados.
— Uno nunca sabe cuándo puede necesitar desayunar aquí — se encogió de hombros el pelirrojo, y siguió "desayunando".
— ¿Me convidas una…?… — observó con antojo una de las manzanas. Ron lo miró molesto, acercando la comida hacia sí mismo — Está bien, está bien — replicó Harry con hastío.
— Buenos días Amy. ¿Alguna novedad? — le preguntó Hermione como siempre a su secretaria apenas llegó a su oficina.
— No, bueno si, es decir, no… bueno… — balbuceó ésta jugando con un sobre entre sus manos.
— ¿Si? — arrugó el entrecejo, deteniéndose en la puerta.
— Es sólo que le llegó ésta carta… — se puso de pie, extendiéndole el sobre. Hermione lo tomó, contemplándolo con curiosidad, empezando a darle vuelta para saber el remitente — del señor Potter — terminó de decir Amy.
"De Harry Potter, para Hermione Granger. Urgente". Leyó Hermione mentalmente, pasando saliva con dificultad.
— ¿Vino a aquí? — logró formular, mirando el sobre, inexpresiva.
— No, lo trajo una hermosa lechucita blanca — expresó embelesada al recordar el ave.
— Oh — Hedwig, pensó Hermione.
— ¿Está bien, señorita? — le preguntó mirándola preocupada.
— Si, si, perfectamente… Estaré… — se aclaró la garganta, recuperando el semblante — estaré únicamente un par de horas hoy Amy, puedes tomarte la tarde libre si así lo deseas — y sin más, ingresó a su oficina.
Dejando caer sus cosas sobre el escritorio sin mucha gracia, se sentó en su silla y soltando un suspiro abrió el sobre, desdoblando el pergamino, y empezó a leer, sintiendo que el estómago le daba una sacudida…
"Hermione:
Lamento el altercado del otro día; espero no sigas molesta. Pero como comprenderás, tenía motivos de sobra para estar tan exaltado.
Espero puedas disculparme con un almuerzo hoy y podamos aclarar de una vez por todas muchas cosas que tenemos pendientes.
Te quiero.
Harry."
Corto, conciso, al grano. Justo como solían serlo. O al menos es lo que quería pensar Hermione cuando terminó de darle vueltas a los breves párrafos.
Suspiró. Un almuerzo con Harry. Un almuerzo con Will. Dos caminos entre los cuales elegir.
¿Cómo había llegado a ésta situación?, pensó llevándose las manos a la cabeza, abrumada.
Las 12 en punto y, en diferentes lugares de la ciudad de Londres, dos chicos se encontraban ansiosos.
— ¿Seguro que le pusiste los datos bien?, ¿hoy?, ¿almuerzo?, ¿bla, bla, bla? — le volvió a preguntar Ron.
— ¡Que si Ron!, ya no me preguntes, sólo me pones más nervioso — le respondió exasperado Harry mientras se paseaba por su oficina mordiéndose las uñas.
— Tal vez tenga mucho trabajo — sugirió tratando de darle ánimos. El desayuno exprés le había pasado el berrinche de la mañana.
— Podría habérmelo dicho — zanjó Harry.
— ¿Y si vas y la buscas? — propuso inseguro.
Harry lo pensó unos segundos. Al final negó. Tampoco quería presionarla y ocasionar otro altercado.
— ¿Puedo ofrecerle algo de tomar, señor, o espera compañía? — le preguntó un camarero a Will.
— No, gracias, espero compañía — le respondió amablemente.
Con un asentimiento, el camarero se retiró.
Will volvió a mirar su reloj de pulsera, Hermione llegaría en 10 minutos, o al menos, en eso habían quedado.
Se escuchó que tocaron con delicadeza a la puerta y Harry literalmente corrió hacia ella y la abrió de golpe, con una sonrisa de esperanza en los labios…
Una señorita se sentó frente a él y le sonrió con serenidad, Will se le quedó viendo curioso…
— Ella no vendrá — fue la única frase que le dirigió Luna.
— ¿Entonces…? — le preguntó Will, una mirada de intriga en sus ojos.
— ¿Por qué? — preguntó Harry, la sonrisa borrándose de sus labios.
— Está con William.
— Si, acepto ser tu novia — le dijo Hermione con una sonrisa.
Will sonrió radiante.
A Harry se le rompió el corazón.
El cielo estrellado le dio las buenas noches a Londres mientras unos enamorados se despedían en la puerta de la casa de la chica con un tierno beso en los labios, queriendo alargar el momento de la despedida.
— Aun no puedo creer que seas mi novia — murmuró Will contra sus labios, volviendo a besarla. Hermione se dejó llevar.
— Pues tendrás que asimilarlo pronto porque planeo hacer que esto dure por mucho tiempo — le sonrió Hermione. El pelinegro sonrió feliz.
— Trato hecho — la besó suavemente.
— Will… — de repente su mirada se tornó preocupada.
— Dime — le acarició la mejilla, mirándola con adoración.
— Si esto no funciona… — comenzó.
— Las cosas volverán a ser igual que antes — la tranquilizó.
— ¿Seguro? — lo miró inquieta.
— Seguro, — le tomó las manos — nunca te dejaré Jean — la calmó.
— ¿Lo prometes?
— Lo prometo. Además, si tú saltas yo salto, ¿recuerdas? — bromeó queriendo aligerar la tensión en su novia.
— Eso lo viste en una película — le reprendió Hermione con una risa.
— Si, bueno… — las mejillas de William se tiñeron de un suave matiz rosado — me entendiste ¿no? — le sonrió de medio lado, juguetón.
Hermione rodó los ojos a la vez que negaba con la cabeza al ver su gesto, pero continuó sonriendo divertida.
— Buenas noches, William — le deseó, dándole un abrazo.
— Hasta mañana, Jean — le besó la sien.
Sonriendo, Hermione se dirigió a su armario para sacar su pijama, despojándose de la ropa que usó durante el día, revisando los bolsillos antes para no tirar por accidente algo mañana en la lavadora. Sus dedos se cerraron alrededor de un pedazo de papel en el interior de su abrigo, arrugando el entrecejo con desconcierto, extrajo la nota del bolsillo, sólo para perder un poco el brillo que cubrió sus ojos durante la tarde.
La nota de Harry resplandecía a la luz de los rayos de luna que se colaban por la ventana.
"Te quiero.
Harry."
Resaltaban las palabras por entre el arrugado papel.
— No existe el "hubiera" — arrugó por completo la nota y la arrojó al cesto de basura, encaminándose al baño con su pijama en mano para tomar un baño y cambiarse de ropa antes de dormir.
Flash Back
— ¿Pasarás las vacaciones con nosotros? — la pregunta tímida de Harry le arrancó una sonrisa a Hermione.
— Sabes que sí. Siempre pasamos Pascua juntos — le sonrió.
— Oh, bueno. Solamente quería estar seguro de que estarías ahí — se rascó la nuca.
— Además, ¿quién más podría ponerte al corriente en Pociones durante estas dos semanas mejor que yo? — bromeó.
La sonrisa de Harry se debilitó.
— Hermione, me importa muy poco aprobar Pociones con Slughorn. Además, ya sabes cómo es conmigo — murmuró incómodo.
— Por eso mismo. Te pasa mucho. Pero necesitas aprender, Harry. Oh dime, ¿ya no quieres ser Auror? — la mirada delatadora de Harry le dieron la respuesta.
— De acuerdo — aceptó rendido.
— Así me gusta — sonrió radiante Hermione.
— Pero a cambio tú jugarás Quidditch conmigo, Ron y Ginny — añadió rápidamente, con malicia.
— Harry… — musitó temerosa. El ojiverde la miró suplicante — No lo sé, sabes que yo… ¿Y si me caigo? — preguntó insegura.
— ¡No dejaré jamás que eso pase! — aquellas seguras palabras bien podrían hacerla aventarse de la torre de Astronomía con la certeza de que Harry estaría ahí para atraparla.
Fin Flash Back
— No debo pensar más en ti — se reprendió Hermione mientras dejaba que el agua corriera por su cuerpo.
Flash Back
— Vamos Harry, solamente te falta un pergamino. Ándale, no te duermas — lo zarandeaba Hermione mientras éste estaba tirado en el sofá y en su mano sostenía una pluma.
— No Herm, tengo sueño… ¡quiero dormir! — sollozó falsamente sacándole una corta risa a su amiga.
— Anda, si terminas el pergamino te daré un premio — propuso. Harry se sentó de golpe mirándola ilusionado.
— ¿Cuál? — le preguntó muriéndose de nervios.
— El que quieras — contestó sin pensar, perdiéndose en ése brillo de sus ojos verde esmeralda.
— El que yo quiera, ¿estás segura? — le preguntó con una sonrisa.
— Bueno… — balbuceó ya no muy segura. Harry se estaba acercando lentamente.
— Dijiste el que yo quisiera… no puedes echarte para atrás — apuntó.
— Si, pero… — se humedeció los labios inconscientemente, de pronto su garganta era un árido desierto. Harry estaba demasiado cerca de su rostro. La sangre le bombeaba en los oídos.
— Y no se vale decir cosas nada más por decirlas, creeré que eres una mentirosa después — la miró acusatoriamente, sólo unos centímetros más… cinco… cuatro…
¡Muak!
Hermione lo había besado en la mejilla para después enderezarse completamente en el sofá, alejándose de él.
— Ése era el premio, para que veas que no digo las cosas por decir, ahora te falta cumplir a ti, ¡aquí tienes! — y pasándole apresuradamente el pergamino miró a otro lado, dándose patadas mentalmente por su timidez. Mientras Harry la miraba con un brillo un tanto desilusionado en los ojos.
Fin Flash Back
— Ahora sólo debo concentrarme en William, mi novio, en nadie más… — se enredó en la toalla.
Flash Back
— Eso no es cierto, yo siempre he pensado que Hermione es hermosa… — automáticamente Harry enmudeció mientras en las mejillas de Hermione aparecía un notorio sonrojo y Ron enarcaba una ceja, anonadado — Es decir, si de por sí ya eres bella ahora arreglada sólo lo resaltas más y… — la miró, sus mejillas antes pálidas por su metida de pata comenzaban a teñirse de color escarlata — Bueno, no quiero decir que solamente arreglada te veas más bonita, sino todo el tiempo, lo llevas contigo siempre… — expresó apresuradamente. Resoplando cuando en lugar de componer la situación sólo se "hundía" más — Mejor vámonos a desayunar.
Y avanzó cabizbajo hacia la entrada de la sala común; mientras a sus espaldas, Hermione se prometía a si misma arreglarse lo mejor posible para ése próximo Baile de San Valentín y del cual antes el ojiverde y el ojiazul estaban comentando y había ocasionado ésas respuestas en Harry al comentar su pelirrojo amigo que las mujeres únicamente se veían bonitas si se arreglaban.
Fin Flash Back
— Harry está en el pasado, y ahí se va a quedar — se colocó el pijama.
Flash Back
— ¿Y ahora tú porque tienes ésa cara? — le preguntó Ron a Harry, mientras a su izquierda Hermione lo miraba desconcertada.
— Nací con ella ¿qué esperabas? — le contestó de mala manera.
Ron suprimió una risa, era obvio que su amigo estaba molesto.
— Si, bueno, pobre de ti… — Harry lo fulminó con la mirada — Es broma hombre. Ya, dinos que te pasa.
— ¡Nada!, ¡no me pasa nada!, ¡déjame en paz! — se exasperó y siguió caminando.
A su espalda Ron lo miró desconcertado y Hermione preocupada por su actitud.
— Harry, ¿seguro que estás…? — empezó a decir Hermione, dándole alcance.
— ¡Estoy bien ¿de acuerdo?!… — se detuvo en seco y se giró de golpe para verla. Al ver su mirada dolida se sintió mal — Sólo, sólo estoy cansado, es todo… perdona — la miró avergonzado.
Un tanto insegura, Hermione le sonrió asintiendo, avanzó hasta alcanzarlo y depositó un suave beso en su mejilla a la vez que entrelazaba sus dedos.
— No te preocupes — le sonrió una vez más y, brindándole un último apretón en su mano, se fue a su siguiente clase.
Mientras, Ron veía risueño a Harry contemplar embelesado a Hermione, y llevarse una mano a la mejilla en donde lo había besado. El enfado se había ido a quien sabe dónde.
— Y para que veas que yo no soy despistado, lo que vimos no fue nada, Hermione solamente estaba compartiendo sus apuntes con Justin — y dándole una palmadita en la espalda se alejó dejando a un Harry con los ojos como platos.
Fin Flash Back
— Ya no más Harry, es momento de que sea feliz — y con ésas palabras, se dejó llevar por un último recuerdo.
Flash Back
— ¿Qué tanto me ves?, — exclamó Hermione con una risa nerviosa hacia Harry — llevas toda la noche mirándome y, sinceramente, estás poniéndome nerviosa — y como si su cuerpo quisiera darle otra prueba al ojiverde de que aquello era cierto, sus mejillas se tiñeron de rojo.
— ¡Te ves hermosa! — apenas y exhaló el pelinegro, mirándola embobado. La castaña quedó perpleja.
Fin Flash Back
