Capítulo 13: TU SOMBRA
Diciembre, uno de los meses más fríos del año, lleno de vacaciones y festividades; y para Hermione sólo podía significar una cosa: ¡Navidad con su familia!
Después de considerarlo por mucho tiempo, y teniendo en cuenta la ahora "cercanía" con su pasado, la castaña había decidido tomarse unas merecidas vacaciones del Ministerio. Dos semanas, fue lo que le comunicó a Percy. Era el tiempo justo que necesitaba para poner un poco de orden en sus asuntos personales.
Aunque si de asuntos personales era a lo que se refería, debía admitir que la oferta de la señora Weasley a pasar las fiestas en La Madriguera también había influido en su decisión. ¿Quién en el mundo podía renegar de una invitación de la matriarca de los Weasley?, ¿y cómo podía salir bien librado de ello?
Bueno, Hermione no lo había sabido hasta hacia menos de dos semanas. Justo cuando sucedió todo…
Flash Back
—… todos estarán, querida, los muchachos; Charlie, Bill, Fleur y la pequeña Victoire, que prometieron pasar la Navidad con nosotros y el año nuevo con los padres de Fleur en Francia; Remus, Tonks y Teddy también asistirán; incluido Hagrid, quien está impaciente por verte; invitamos a McGonagall también, aunque sólo asistirá un par de horas, ya sabes, para regresar a Hogwarts con los alumnos que se quedan por las fiestas… — seguía parloteando sin parar la cabeza de la señora Weasley proyectada desde las llamas de la chimenea, por la red flu.
Hermione asentía a cada cosa que decía, mostrando una temblorosa sonrisa en los labios.
— No me puedes decir que no, ya invité a Luna y ella dijo que dependía de ti. La verdad no entendí porque, pero bueno… — hizo un gesto como quien se encoge de hombros, aunque Hermione sólo pudo intuirlo, ya que su cabeza era lo único que se apreciaba — Y Arthur estaría encantado si también asisten tus padres, ya sabes cómo se vuelve loco con ellos.
— Si señora Weasley, lo sé, pero…
— Oh, basta con el "señora Weasley", llámame Molly — le soltó con desenvoltura.
— Entiendo lo que me dice señora Weasley, — escuchó un resoplido por parte de ésta — pero en realidad yo ya tengo planes para las fiestas — desvió la mirada a su regazo.
— ¿En serio? — inquirió con un tono escéptico.
— Si, verá… — carraspeó Hermione — Con mis padres pasaremos las fiestas en Alemania, Luna y su padre también nos acompañarán, así que… — ¿cómo había terminado metiendo también a la rubia en el asunto?, es algo que ni ella misma sabía. Parecía una persona completamente distinta la que hablaba: villas, monumentos, museos, plazas, recorridos; todo estaba ahí, saliendo a borbotones de su boca cual cascada de mentiras.
— Vaya, bueno, en ése caso, creo que entiendo. La familia es lo primero, y si ya habías planeado esto con tiempo… — le dedicó una mirada escudriñadora. Hermione asintió rápidamente — Supongo que no se puede hacer nada — completó desalentada.
— Tal vez a mi regreso — la frase salió de sus labios antes de poder pensar, arrepintiéndose inmediatamente.
— ¡Perfecto!, — ovacionó la señora Weasley — envíame una lechuza a tu regreso. ¡Que pasen felices fiestas! — y desapareció ante una perpleja ojimiel, que siguió contemplando la chimenea preguntándose cómo había terminado ofreciéndose voluntariamente a una reunión con todo el clan Weasley.
Fin Flash Back
"Una mentira piadosa", había comentado Luna en aquel momento, luego de relatarle lo sucedido.
Una mentira piadosa que se transformó en un cataclismo cuando a una semana después de aquel incidente, Hermione fue a visitar a sus padres y les contó todo lo sucedido en ésas pasadas semanas, incluyendo su noviazgo con Will…
El recuerdo del alarido de su madre aun le perforaba los oídos cuando lo rememoraba. Y el "Ya era hora" que había soltado su padre con aparente alivio la hacía sonrojarse inevitablemente. ¿Qué acaso sus padres ya habían considerado la posibilidad de que ella quedara como una solterona?, ¿vieja, amargada, y en compañía de Crookshanks por toda la eternidad?
En fin, de una invitación de la señora Weasley a La Madriguera, unos inexistentes planes a ir a Alemania, la noticia de su noviazgo con Will a sus padres, una invitación de estos a pasar las fiestas en su cabaña en Escocia, una llamada de Luna y su señor padre a los Granger, y Hermione perdió el rumbo de su vida en escasos días, preguntándose cómo es que había terminado en todo ése torbellino de acontecimientos… cuando todo había comenzado como el augurio de un tranquilo día.
O al menos ése había sido el plan inicial…
— ¿No te parece que estás llegando un poco lejos?… — le preguntó Ron a Harry mientras organizaban una mochila con unas cuantas mudas de ropa y artículos personales; él haciéndolo con algo de vacilación, y el pelinegro con mucho esmero — Digo, estará con su familia, son las fiestas navideñas, no cualquier otro día feriado. Si aparecemos así de pronto, no hace falta decirte cómo es el temperamento de Hermione — se estremeció de sólo imaginar su reacción.
— Por eso mismo, es Navidad, dime, ¿hace cuánto que no pasamos con ella una Navidad? — le preguntó apenas dedicándole una fugaz mirada mientras echaba otro par de camisetas en la mochila y corría al baño por su navaja mágica para afeitar.
Ron se sentó en el borde de la cama, frunciendo la boca en un gesto de indecisión.
— Vamos Ron, no seas lento, el traslador estará listo en menos de una hora y tú apenas has guardado un par de calcetines — le dijo Harry cuando regresaba con la navaja en mano, además de su cepillo de dientes y la pasta dental.
— Harry, no estoy muy seguro de esto — exteriorizó el pelirrojo.
El ojiverde suspiró.
— Ron, escucha, sé que temes cómo pueda reaccionar Hermione, o que las cosas no salgan de la manera en que las tengo planeadas…
— Y con justa razón, tus planes nunca funcionan, era Hermione la que siempre resolvía todo — lo interrumpió el ojiazul.
— Si, bueno, eso lo sé… — una sonrisa nostálgica apareció en su rostro — Pero a lo que voy es que ésta es quizás la única oportunidad que tenga de pasar un tiempo a solas con ella. Tú mismo me lo dijiste: Luna te comentó que su noviecito no irá — le recordó.
— Si, pero Luna tampoco me dijo que iba a ir a una playa, y mucho menos a cuál, sabrá que tú metiste manos en el Ministerio, y entonces sí que Merlín nos ampare de la furia de Hermione — expuso con gesto obvio.
— ¡Exacto!, por eso existen las casualidades ¿no? — le restó importancia el ojiverde, echando un último par de sandalias a su mochila.
— No creo que… — empezó de nuevo el pelirrojo.
— Ronald… — lo cortó con cierto fastidio — podrás pasar más tiempo con Luna — subrayó.
¿Pasar algo de tiempo con Luna podría valer el arriesgar su propia vida enfrentándose a Hermione?, fue la pregunta que cruzó por la cabeza del pelirrojo. Un segundo después se levantó de un salto…
— Bueno, aunque creo que no nos caería mal un poco de sol ¿no?; es decir, ya me estoy cansando de la nieve, merecemos al menos una Navidad soleada, ¿no te parece? — y mientras Ron seguía hablando incoherencias Harry se dedicaba a sonreír con malicia al pensar en lo que tenía planeado.
Ésta vez se necesitaría muchísimo más que un tonto noviecito para evitar que cumpliera con su cometido: recuperar a Hermione.
La fresca brisa marina de las soleadas playas de Perth, Australia, les dio la bienvenida a Hermione, Luna, y sus familias apenas se Aparecieron. El inmenso cielo azul se extendía en el horizonte, al igual que el basto mar turquesa en el océano, rodeado de una nívea arena que se colaba entre sus sandalias veraniegas.
— ¡Por las barbas de Merlín! — musitó el señor Lovegood de manera ahogada, maravillado ante la vista.
— ¡Es hermoso! — proclamó extasiada Jean Granger, sacándole una sonrisa a su esposo.
Luna se sonrió con suficiencia, por haber escogido aquel lugar como punto de Aparición. Y es que, ¿qué mejor lugar que las playas desiertas de aquella isla?
— Y tú que querías pasar las vacaciones en Alemania — le comentó por lo bajo a su amiga castaña. Hermione sonrió con culpabilidad; les dedicó una breve mirada a sus padres, quienes, tomados de la mano, miraban maravillados todo en rededor. Por un segundo tuvo celos de lo que ellos tenían; podían pasarles los años por encima, pero se miraban igual de enamorados y felices que siempre.
Suspiró. En buena hora William se iba a visitar a sus abuelos a Irlanda, justo cuando se ponía melancólica… y romántica. Salió de su letargo cuando Luna la apremió del brazo, guiándola al hotel.
Aunque sin duda la reacción más "interesante" fue la de Ron, pues con Harry dirigiendo la Aparición conjunta, haciéndolos Aparecer en un buen pedazo de playa arenosa, el pobre pelirrojo salió corriendo despavorido rumbo al pavimento chillando histérico: "¡Arenas movedizas, arenas movedizas!", cuando sintió que sus sandalias se hundían con demasiada facilidad.
Una suerte que nadie aparte de él había visto semejante espectáculo, había pensado el ojiverde, mientras veía con burla a su escurridizo amigo.
— ¿Y ahora qué hacemos? — le preguntaba Ron a Harry minutos después, apenas entraron al hotel muggle, el pelirrojo veía con desconfianza todo a su alrededor; en especial a los jóvenes que tomaban las maletas de los huéspedes y desaparecían en los ascensores sin más. Inconscientemente abrazó más su equipaje hacia sí.
— Ahora a registrarnos en el mismo piso que ellas — sonrió el ojiverde.
— ¿El mismo?… — respingó el ojiazul — Tú sí que eres valiente, porque mira que cuando Hermione te vea… — dejó la frase en el aire y apresuró el paso: un muchacho con chaleco dorado se dirigía hacia ellos observando su equipaje con curiosidad. Estos muggles ratas, pensó mirándolo ceñudo.
— Mamá, Luna y yo iremos a dar una vuelta por la alberca del hotel, nos vemos más tarde — anunció Hermione junto a la rubia, ambas ya vestidas con un traje de baño de dos piezas, asomándose apenas a la suite que ocupaban los mayores.
— De acuerdo, diviértanse — les deseó la señora Granger.
Por comodidad y un capricho de Hermione y Luna para con sus padres, éstas habían hecho reservación de dos habitaciones: una suite que contaba con todo, desde cocina, sala, hasta dos habitaciones separadas; y otra de dos camas, un pequeño recibidor con una pequeña sala, baño y balcón; con vista al mar ambas.
Las chicas volvieron a salir justo en el momento en que al señor Lovegood se le ocurría comentar algo de ir a relacionarse con las "muggles picaronas", ganándose una mirada de desaprobación de la madre de Hermione y una estruendosa carcajada amortiguada en una tos del señor Granger.
— Mi padre, te juro que hay veces en que pienso conseguirle una novia — negó con la cabeza Luna cuando cruzaban el pasillo rumbo al ascensor.
— No sería mala idea. ¿Alguien en mente? — le preguntó Hermione.
— ¿McGonagall?… — sugirió la rubia con una sonrisa burlona en los labios — Sería interesante ver la reacción de la profesora cuando mi padre me la presentara como su pareja y yo le preguntara si le tenía que decir "Minerva" o "mamá" — sus ojos brillaron soñadores.
Hermione soltó una carcajada.
— Tú haces eso y la profesora se las arreglaría para que todos los TIMOs que pasaste los tuvieras que presentar otra vez — se rio la castaña.
— No creo que sea capaz… — se quedó callada un momento — ¿Tú crees que sí? — la miró intranquila, justo cuando Hermione oprimía el botón para llamar el ascensor.
La castaña sólo sonrió como quien sabe algo más y se niega a compartirlo. Y justo cuando se atrevió a decir algo, su voz quedó amortiguada ante el pitido del ascensor anunciando que había llegado. Y se giró hacia las puertas mientras veía como se abrían lentamente…
— ¡¿Tú?! — respingaron Hermione y Luna a la par, mirando estupefactas a quienes estaban frente a ellas.
— ¡Madre santa! — apenas y exhalaron Harry y Ron al verlas en aquella vestimenta, comiéndoselas con los ojos. Las chicas enrojecieron.
— ¡¿Qué diablos hacen aquí?! — bramó Hermione, quien fue la primera en reaccionar, pasándole una toalla a su amiga para que se cubriera igual que como ella estaba haciendo; Luna la recibió sin chistar, mirando acusatoriamente a Ron.
— Nosotros… — murmuró el pelirrojo roncamente, apenas siendo capaz de pasar saliva; su mirada enfocada en la toalla que acababa de cubrir el bien formado cuerpo de la rubia.
— ¡Hermione, Luna!, ¡pero que coincidencia que las encontremos justo aquí!… — exclamó Harry cual si apenas las hubiera visto — O el mundo es muy pequeño, o debe ser el destino el que planea juntarnos — le sonrió cómplice a Hermione. Ésta rechinó los dientes.
— ¡Nos siguieron! — les acusó.
— ¡¿Qué?!… — respingó Ron, volviendo a la realidad — ¡Ouch!… — Harry le dio un pisotón nada disimulado, acribillándolo con la mirada — Digo, ¡por supuesto que no! — fingió indignación, sus orejas se pusieron rojas cuando captó la mirada de desaprobación que le dirigió Luna.
— ¿Ah sí?, ¿entonces que hacen aquí? — les espetó nuevamente la castaña, cruzándose de brazos, y cuidando de no dejar caer la toalla.
— Pues ¿no es obvio?, — le preguntó Harry — venimos de vacaciones al igual que ustedes — y sus ojos verde esmeraldas brillaron con intensidad cuando se conectaron con los enfurruñados castaños.
— ¡Ahh! — exclamó Hermione con exasperación, y tomando de un brazo a Luna, regresaron sobre sus pasos rumbo a la habitación. Mientras a sus espaldas se escuchaba la risa amortiguada de Harry y un comentario de Ron que sonó a: "¿Viste las…?"; pero no pudieron escuchar a que se refería exactamente pues cerraron de un portazo, aunque podían estar casi seguras que no era nada inocente el comentario.
— ¡No puedo creer que haya sido capaz de esto!, ¡Es que es simplemente…!… ¡Ahh!, — despotricaba sin sentido alguno Hermione, dando vueltas por la habitación como leona enjaulada — ¡Pero cuando le ponga las manos encima!… ¡Cree que puede jugar conmigo!, ¡Ja!, ¡Va a ver el muy…!… ¡Le voy a enseñar quien es Hermione Jean Granger!
— ¿Crees que entonces todo lo hicieron a propósito? — le preguntó cómo sin querer Luna, algo cohibida por su actitud.
— ¡Por supuesto que sí!, — exclamó con indignación — pero ya verá cómo le va a ir a aquel que se fue de chismoso y les dijo de nuestros planes, ¡por qué cuando sepa quien fue voy a…! — hizo un gesto agresivo con las manos, mirando hacia la puerta.
— Fui yo — murmuró Luna quedito.
— ¿Qué? — Hermione la regresó a ver tan rápido que su cuello emitió un ruido seco.
— Le dije a Ron un día que planeábamos, tú sabes, alejarnos de Londres éstas fiestas. Nunca dije a donde ni nada, ni siquiera cuando nos íbamos. Realmente no creí que importara, él me había preguntado si iríamos a La Madriguera y pues yo le dije que… — pero Hermione ya no la escuchaba.
Así que ésos dos están conspirando contra mí, pues bien, querían guerra, ¡guerra tendrán!, pensaba la castaña sin atender a lo que decía su amiga. Y ni crean que tendré misericordia, si pensaron que antes les aplicaba la Ley del hielo, pues no será NADA comparado a como los trataré ahora. En especial a ése… tonto.
—… supongo que regresaremos a Londres, ¿verdad? — finalizó la rubia de forma abatida.
— No… — negó Hermione decidida. La rubia la regresó a ver, ésa determinación no podía augurar nada bueno — Nos quedaremos y fingiremos no habernos encontrado con ellos; disfrutaremos de nuestras vacaciones con nuestras familias. Y los ignoraremos olímpicamente — zanjó.
— ¿Estás segura? — no le gustaba mucho la idea de ignorar a Ron; aunque éste hubiera ido de chismoso con Harry, la idea de poder pasar las fiestas a su lado era tentadora.
— Luna, ¡debes apoyarme!, se supone que eres mi amiga, ¡no de ésos… de ésos… acosadores en potencia!… — sentenció, señalando hacia la puerta — Anda, vamos a la alberca, no dejaré que nos arruinen las vacaciones, ¡eso sí que no! — y volviendo a jalarla del brazo, la guio de nuevo fuera de la habitación. Por la cabeza de Luna sólo cruzó un pensamiento: Sería inmensamente afortunada si para Año Nuevo aún conservaba su brazo.
— Merlín, si hubiera sabido hace seis años lo que se ocultaba debajo de ésa túnica… — soltó Ron apenas entraron en la habitación, dejándose caer en una cama con los brazos abiertos, una sonrisa bobalicona en sus labios — Nada más de acordarme de ésas piernas y ésos… — pasó saliva, su mirada ida.
— ¿Entonces fue o no fue buena idea seguirlas? — le preguntó a propósito Harry, dejando su mochila sobre la cama y cambiándose de ropa con un hondeo de su varita.
— ¡Por supuesto que fue buena idea! — concordó asintiendo fervientemente.
— Bueno querido amigo, ahora nos toca a nosotros el conquistarlas. Tú por tu lado y yo por el mío, ya si necesitamos la ayuda del otro pues entonces planeamos todo. Hasta entonces, me voy a buscar a mi castaña… — anunció Harry, dirigiéndose a la puerta.
Ron se sentó, contemplándolo con una sonrisa entre burlona y alegre.
— ¿Qué? — le preguntó el ojiverde.
— Nada, nada. Solamente que… Bueno, nunca te había visto tan determinado en algo… especialmente con Hermione. Ni en Hogwarts — meditó.
— En Hogwarts, era un idiota que dejó pasar una y mil oportunidades para declarármele a Hermione. Ahora, soy una persona madura que lucha por lo que ama. Y yo la amo, Ron; ¡realmente lo hago!, como no tienes idea. La idea de rendirme no cobra significado alguno cuando se trata de ella — manifestó enfático.
— ¿Aun cuando tiene novio? — tanteó terreno.
— Al que no sabemos si ama. Hasta entonces, no perderé la esperanza. Además, amigo, tú mismo me lo dijiste: Nunca es demasiado tarde — y con una sonrisa, abandonó la habitación.
Ron sonrió gustoso por Harry. Y se lanzó rápidamente hacia su propia mochila, envalentonado por la determinación de su amigo; después de todo, para eso estaban ahí, para pasar tiempo con las personas que amaban… para recuperarlas.
— ¡Aquí está perfecto! — anunció Hermione con entusiasmo cuando encontraron una zona con varias sillas reclinables desocupadas, bajo una palmera al lado de la alberca, donde apenas se filtraban unos pequeños rayos de sol.
Luna prefirió no decir nada. Con el humor tan cambiante que traía Hermione los últimos días era casi una misión suicida el llevarle la contra en algo. Así que con tal de conseguir un poco de paz ahora que no estaba blasfemando por la presencia de Harry y Ron; como hizo en todo el camino hasta la alberca; tendió su toalla en la silla al lado de la que acababa de ocupar la castaña; imitándola en lo que hacía, como el colocarse los lentes de sol en el cabello semejando una diadema. Y exhaló un suspiro de manera temerosa, sin querer romper con la armonía del universo.
— Está bien, — replicó con fingida indiferencia — pero aquí también sirven ésos cócteles con sombrillita, ¿verdad? — no pudo evitar preguntar con ilusión, viendo a los meseros llevar varias bebidas de aquellas a un grupo de personas que estaban dentro de la alberca.
— Claro, — le sonrió la castaña — ahorita pedimos unos. Mientras tanto a aplicarnos el protector solar, no quiero parecer un jitomate al terminar la tarde.
— Serás el jitomate más hermoso que haya visto en mi vida — le susurró una voz al oído quitándole el bloqueador de las manos y empezando a untárselo en los hombros ágilmente.
— ¡Harry!… — chilló Hermione levantándose de golpe, alejándose de aquella cercanía — ¡¿Qué demonios crees que haces?! — le reclamó, sus mejillas tornándose rojas al apreciarlo en aquella vestimenta, sobre todo en aquella playera ajustada. ¡Merlín!, ¿desde cuándo había adquirido esos…?… No, no, no. Hermione contrólate, recuerda que tienes novio, se reprendió a sí misma. Lo regresó a ver a los ojos, exigiendo una respuesta. El pelinegro la miró con diversión, sentándose en la silla que ocupaba antes ella.
— ¿Ocurre algo hija? — Jean Granger acababa de aparecer en escena acompañada de su esposo y el señor Lovegood. Los tres contemplando la escena con recelo. Sobre todo, por la expresión agresiva de Hermione, la nerviosa de Luna y la despreocupada de aquel hombre pelinegro que se acababa de incorporar y les daba la espalda.
— ¿Éste hombre las está molestando? — Hugh Granger rodeó de forma protectora a Hermione con un brazo, mirando con desconfianza a Harry.
El señor Lovegood le tendió la mano a Luna, incitándola a que se pusiera de pie y se colocara a su lado.
— No pasa nada señor Granger, — intervino la rubia, dedicándole una mirada tranquilizadora a su padre, quien no reconocía a Harry aun — él es…
— El señor ya se iba — interrumpió Hermione a Luna. Xenophilus regresó a ver a Harry y sus ojos brillaron un segundo después, cuando un viejo recuerdo viajó a su mente…
— ¡Harry, mi querido muchacho!, — se le iluminó el rostro. Los padres de Hermione arrugaron el entrecejo al notar el cariño con el que hablaba el señor Lovegood — ¡pero que grata sorpresa encontrarte por aquí!; pensé que pasarías las Navidades con la familia Weasley, como siempre — lo saludó eufóricamente, adelantándose para estrecharle la mano. El pelinegro le sonrió.
— Cambio de planes — se limitó a decir, mandándole una mirada cómplice a la castaña. Ésta chasqueó la lengua.
— ¿Harry?… ¿Potter?, ¿eres Harry Potter? — respingó Jean Granger, atando cabos.
— ¿Cómo ha estado, señora Granger?, — la saludó con una sonrisa — señor — se limitó a hacerle un asentimiento de cabeza al padre de la castaña, éste aun lo miraba con recelo.
— ¡Pero cuantos años sin verte!, ¿qué ha sido de tu vida?, ¿cómo has estado?… — Jean le brindó un abrazo, para extrañeza Harry y para espanto de Hermione — La última vez que supimos de ti fue en la graduación, después Hermione ya no habló más de ustedes, supusimos que fue por sus estudios que no pudieron verse más, como ella se fue a Berlín junto con Luna…
— ¡Mamá!… — la censuró Hermione. Por ningún motivo quería que Harry supiera algo de su vida en el tiempo que estuvieran separados. Pero al ver la mirada confundida de los adultos por su brusca reacción, sonrió nerviosa, agregado rápidamente — ésas cosas ya están en el pasado. No importan — zanjó con voz suave.
— Pues yo opino que si importan. ¿Qué me decía, señora Granger? — la alentó a seguir el ojiverde. Hermione pasó saliva con nerviosismo. Su padre lo notó.
— ¿Y dónde está ése amigo suyo?, ¿también vino?, ¿cuál era su nombre?… — se mordió el labio con gesto pensativo Jean. Harry sonrió para sus adentros, ahora sabía de donde venía ése gesto en Hermione — ¿Robert?, ¿Rupert?
— Ronald.
— Ron — dijeron al mismo tiempo Luna, Hermione y Harry. Únicamente la voz de la ojimiel sonaba tensa.
— ¿Yo que? — preguntó el recién llegado, colocándose a un lado de Harry.
— Vaya, pero como cambian ustedes. ¿Cuántos centímetros creciste Ronald? — lo saludó la señora Granger.
Ron se encogió de hombros, sintiendo las orejas rojas cuando todas las miradas se posaron en él.
— Éste muchacho y todos los Weasley tienen genes de rascacielos corriendo por sus venas — le palmeó amigablemente la espalda el señor Lovegood.
— Bueno… — murmuró Ron, sintiéndose cohibido ante la cercanía del padre de Luna.
— Que curiosos pantaloncillos Ronald — comentó Luna de pronto mirándolo con interés. Fue entonces que el pelirrojo se regresó a ver, dándose cuenta con horror de que en su prisa por vestirse para buscar a la rubia se había colocado una bermuda de buzo en lugar del short que pensaba usar.
— Yo… — balbuceo sonrojado.
— No sabía que los magos practicaran el surf como deporte… — comentó Jean impresionada — ¿Tú también lo haces Harry? — le preguntó al ojiverde, quien hacia sobrehumanos esfuerzos para no reírse de la vestimenta de Ron y de su intento desesperado por bajarse la camiseta y así poder tapar sus piernas enfundadas en aquella ajustada prenda.
— No, no. Eso se lo dejo a Ron… — miró al pelirrojo con burla. Éste lo acribillo con la mirada — A él siempre le han llamado atención las cosas fantásticas.
— De hecho, lo suyo son los acertijos, señora Granger… — intervino Ron, notando el mensaje oculto en la frase del ojiverde — Verá, le encanta investigar cosas. Después de todo, es el mejor en ésa rama — remarcó a propósito.
La mirada de Hermione voló de Ron a Harry en menos de una milésima de segundo. Así que había sido eso: Harry había utilizado su buen puesto en el Ministerio y la había puesto a investigar. El muy… sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando su padre carraspeó inconscientemente.
— ¿No crees que deberías ir a cambiarte, amigo?; las olas son demasiado altas éste día, no queremos que te ahogues por accidente ¿verdad? — le rumió entre dientes.
Ron mordió sus labios y se dio media vuelta diciendo: "Ahora regreso". Perdiéndose de nuevo en el hotel.
— Éste muchacho, nunca saluda — comentó el señor Lovegood cuando lo perdieron de vista.
— Jean, querida, ¿por qué no seguimos con el recorrido?, — cortó la conversación Hugh — seguramente las muchachas se las pueden arreglar solas, y pueden poner al tanto de las cosas a Harry. Anda, vamos, que la tarde se nos escapa — la alentó entrelazando su mano con la de su esposa y dejando ir a Hermione.
La castaña le dedicó una mirada incrédula a su padre.
— Es cierto, aún faltan muchas cosas que ver. Bueno Harry, será otro día el que platiquemos, fue un gusto volver a verte. Le envías mis saludos a Ronald. Vamos, Xenophilus — se despidieron los adultos.
— Si. ¿Luna le pusiste lo que te dije al bloqueador?, no queremos que… — se volvió hacia la rubia.
— Sí, papá — lo cortó abochornada.
— Nos vemos en una hora — le dijo Hugh a Hermione. Ésta asintió.
— Hasta luego — se despidió Harry con cortesía, sonriéndoles.
— Y en vista de que aquí yo hago mal tercio… — empezó a decir Luna como sin querer la cosa.
— Tú te quedas aquí, el que se va es éste — contradijo Hermione, tomando a Luna del brazo y mirando con ganas de matar a Harry.
— Mmm, lástima, la alberca es pública para todos los huéspedes del hotel, así que puedo estar aquí todo lo que me dé la gana… — señaló Harry con aparente pena, dejándose caer en la silla continua a la que estaba ocupando antes Hermione, no sin antes sacarse la camisa, tomar la botellita con bloqueador solar de las chicas y empezar a untárselo en los brazos con gesto distraído — No te importa compartir un poco de bloqueador, ¿verdad? — le sonrió a la ojimiel.
Hermione abrió la boca para decir cuánto le importaba que lo usara, y cómo es que se había atrevido a investigarla; pero tuvo que morderse la lengua para no soltar una blasfemia al ver pasar un grupo de niños junto a ellos antes de aventarse a la alberca.
— En definitiva, ¡estás serán unas maravillosas vacaciones! — exclamó Harry con una sonrisa burlona, colocando los brazos tras su cabeza.
Luna miró de reojo a Hermione; se preguntó si el sol ya la había afectado, pues por el sonrojo de su rostro y el gesto de malestar en sus facciones, daba mucho que desear.
Bien, así nos vamos a llevar, pues bien, tú lo has querido, pensó Hermione minutos después mientras se sentaba nuevamente en su silla y empezaba a untarse bloqueador solar en los brazos. Pero que conste que tú lo has querido, querías estar cerca de mí, ahora verás de lo que soy capaz para hacerte la vida imposible.
Tomó otra cantidad de bloqueador y la aplicó en su pecho y hombros, siempre con movimientos circulares y lentos. Movimientos que Harry no perdía de vista. Todos los hombres son iguales, ven a una mujer semidesnuda y empiezan a babear, pues haré que tú babees tanto que todo el mundo piense que tienes un derrame cerebral. Aplastó el bloqueador sobre su mano para verter una gran cantidad sobre ésta y empezó a masajear sus piernas.
Harry volteó a ver rápidamente a otro lado, intentando controlar su respiración. Respira Harry, respira, contrólate, vamos, no mires. No debes voltear a ver… ¡Merlín ampárate de mí!, y sin poderlo evitar regresó a ver a Hermione.
El que juega con fuego sale quemado Potter, y yo voy a hacer que quedes en cenizas, pensó con malicia Hermione, sonriendo para sí.
— Luna, ¿me ayudas a untarme bloqueador en la espalda? — le preguntó a su amiga.
— Claro — la rubia, quien hasta hace unos segundos estaba suprimiendo la risa al ver el espectáculo que estaban dando ése par, se levantó de su silla y se colocó tras Hermione mientras ésta se inclinada hacia delante y se sujetaba el cabello con una pinza para pelo.
¡Quién fuera Luna!, pensó Harry, mirando como las manos de la rubia "masajeaban" la espalda de Hermione esparciendo el líquido cremoso en su espalda.
— Si no supiera todo lo que sé respecto a Potter, hasta le tendría lástima por el apuro en el que lo estás metiendo — le susurró Luna, mientras aprovecha la distracción de tomar más bloqueador para que Harry no viera que hablaban en susurros.
— Fue él el que quiso quedarse, que se atenga a las consecuencias… — le susurró en respuesta — Y esto apenas comienza — subrayó con malicia. Luna soltó una risita.
— Entonces… emh… — Harry se aclaró la garganta, su voz había sonado demasiado ronca — ¿cómo… como es eso de que estudiaste en Berlín? — le cuestionó a Hermione.
— Beca — se limitó a decirle la castaña, sin darle importancia.
— Ah… — Luna ya se había colocado de nuevo en su silla y Hermione se recostó, flexionando un poco sus piernas, con los brazos a los costados, y los ojos cerrados — ¿y desde cuando trabajas en el Ministerio? — quiso saber.
— Tres años.
Un mesero pasó por su lado y Luna aprovechó para quitarle uno de aquellos famosos cócteles con sombrillitas, bebiéndolo con alegría. Harry negó al ofrecimiento del mesero y la rubia rechazó la bebida de Hermione al saber que ésta lo único que quería ahora era ignorar a Harry.
— Mmm… y… tu… el tipo que te acompañó… — soltó sin ganas, sin querer llamarlo "tu novio".
— William, mi novio — le cortó Hermione.
— Si, — masculló sin ganas — ¿desde cuándo lo conoces? — eso era lo que más le interesaba saber, cuando fue que la perdió por culpa de ése idiota. Aunque más bien deseaba saber la fecha exacta para después conseguir un giratiempo y arruinarles el encuentro.
— Tres años — suspiró, disfrutando de los rayos del sol.
— Tres años… — murmuró Harry para si — ¿y no te parece relativamente corto el tiempo que lo conoces para que ahora sean… novios? — gruñó.
— No, — contradijo Hermione — en realidad me parece "relativamente largo" considerando lo mucho que nos conocemos el uno al otro. Tal vez si no hubiera estado tanto tiempo en el movimiento de la P.E.D.D.O. probablemente ahora incluso estuviéramos casados — soltó con indiferencia. Luna se ahogó con su bebida y Harry se enderezó de golpe.
— ¡¿Estás bromeando?!… — bramó el ojiverde, mirándola dolido; mirada que Hermione no notó pues permanecía con los ojos firmemente cerrados — ¿quieres decir que si no te hubieras afiliado tanto en ésa Ley ahorita serías la esposa de ése estúpido?, — exclamó — ¡¿por qué?! — exigió saber.
— Porque lo amo.
La frase salió de sus labios casi sin darse cuenta; sólo para abrir los ojos con confusión luego de escuchar un fuerte chirrido a su costado, donde la silla que ocupaba Harry permanecía vacía y fuera de lugar. Desorientada, se sentó y volteó hacia un costado, apreciando la tensa espalda del pelinegro alejándose como alma que lleva el diablo hacia el hotel.
— Ahora si te pasaste — la reprendió Luna viendo con algo de lástima a Harry.
— ¿Qué hice? — murmuró Hermione para sí, queriendo correr tras el ojiverde.
— Yo te lo diré; — le dijo la rubia tranquilamente — arruinaste la que pudo ser tu oportunidad para arreglar las cosas con él y tal vez recuperar, aunque sea una parte de su amistad… ¡o quizás más que eso!… — subrayó. Hermione la volteó a ver rápidamente, haciéndose daño en el cuello — Es obvio que él siente algo más que "amistad", Herm. Aunque, con lo que acabas de hacer, créeme que lo último que querrá será volver a hablarte.
— Bueno, quizás es lo mejor — quiso sonar indiferente, pero sus manos temblorosas la delataron.
Luna la miró con una mezcla de lástima y exasperación.
— Sólo ve y arréglalo… — le aconsejó. Hermione asintió torpemente antes de ponerse de pie y dirigirse a las habitaciones del hotel — Ya después seguirás enojada con él — murmuró, por último; su amiga no la escuchó, estaba cruzando a toda prisa la entrada.
Fue una suerte para Hermione que alcanzará a ver en que habitación se había encerrado Harry, luego de haberlo seguido en el otro ascensor.
Un fuerte portazo fue lo que hizo que Ron dejará de asaltar el mini bar de la habitación y volteará a ver hacia la entrada; en donde, con los puños crispados y la mirada gacha, Harry acababa de entrar furibundo.
— ¿Qué sucedió? — se acercó a él, olvidando que hasta hacia menos de veinte segundos todavía estaba resentido con su amigo.
— Ella lo ama… — masticó las palabras — ¡Ama a ése maldito idiota! — se estrujo el cabello con desesperación. Ron arrugó el entrecejo.
— Pero… ¿estás seguro? — no se le ocurrió otra cosa que decir.
— ¡Ella misma me lo dijo, Ron!… — perdió los estribos momentáneamente. Respiró profundamente, tratando de calmarse — No tiene caso estar aquí, regresamos a Londres ahora mismo — se dirigió con paso firme a su maleta.
— ¿Qué?, ¿volver?, pero dijiste…
— ¡SÉ LO QUE DIJE MALDITA SEA!, ¡PERO ELLA AMA A OTRO Y CONTRA ESO NO PUEDO HACER NADA! — le gritó fuera de sí. Se dejó caer en su cama, escondiendo el rostro entre sus manos.
Hermione paró en seco a punto de llamar a la habitación cuando escuchó aquel alarido, no pudo contra la tentación de guardar silencio y tratar de escuchar la conversación.
— Tal vez mintió… tal vez… — empezó a sugerir.
— Ella nunca miente, Ron… — gruñó exasperado entre dientes — ¿Para qué lo haría ahora?
— Tal vez lo dijo para darte en la m…
— Ella no sería capaz de eso — refutó Harry, contemplando el suelo. El pecho le dolía profundamente al recordar sus palabras.
— Está enojada, lo sabes; una mujer enojada puede ser capaz de cualquier cosa para herir a quien la dañó — observó Ron con sabiduría.
— ¿Y una mujer sería capaz de decir que si no se hubiera dedicado tanto a su trabajo ahorita estuviera casada con un tipo al que conoció apenas hace tres años porque lo ama, sólo para herir? — ironizó, regresando a verlo con los ojos enrojecidos.
— ¡¿Ella te dijo eso?! — respingó Ron.
— En resumen — musitó abatido el ojiverde, cabizbajo de nuevo.
Hermione no pudo escuchar más. Tocó a la puerta…
— ¿No me digas que ya estrenaste el servicio a la habitación? — se burló Harry mientras su amigo se encaminaba a la puerta.
— No… — farfulló, sus orejas rojas — aun — comentó por lo bajo, abriendo la puerta.
— Yo… — tragó saliva Hermione. Ron suspiró cediéndole el paso. Harry no había levantado la mirada.
— Ex cuatro ojos, tienes visita. Estaré abajo — anunció el pelirrojo saliendo y cerrando la puerta tras de sí, sin más.
Harry se puso de pie cuando vio a Hermione acercarse dos tentativos pasos hacia él. El arrepentimiento se leía en cada parte de su cuerpo; asimismo la incomodidad. Y se sintió más enfadado aún.
— ¿Qué?, ¿acaso olvidaste decirme que estaba "cordialmente" invitado a tu boda? — ironizó el ojiverde, sin inmutarse en su presencia.
— No, yo no… — balbuceó Hermione — Mira Harry, ni siquiera sé porque hago esto, pero… — se abrazó a sí misma.
— Pero ¿qué? — la alentó exasperado.
— Mentí ¿está bien?, lo que dije hace un momento no fue cierto, sólo quería… sólo quería decirte algo hiriente. La verdad es que… — se mordió el labio, mirando a cualquier lado excepto sus ojos, se sentía nerviosa, acorralada — Escucha; únicamente quería aclarar esto, sé que te molesto, de otra forma no te hubieras marchado de aquella forma. Así que, bueno, ya lo aclaré, es a lo que vine, así que… Adiós — se dio media vuelta para irse, más la voz de Harry la detuvo.
— ¿Lo amas?
— ¿Qué? — volteó a verlo rápidamente, su boca transformándose en un árido desierto. Harry avanzó hacia ella.
— ¿Lo amas? — repitió. Una nota de esperanza en su voz.
— Lo quiero mucho — contestó la castaña.
— ¿Lo amas? — insistió.
— ¿A dónde quieres llegar con esto? — le espetó Hermione a su vez.
— Sólo es una pregunta. No veo porque no me puedas responder — observó el pelinegro.
Hermione pasó saliva con dificultad cuando tuvo a Harry frente a sí.
— Si estás tratando de… — empezó a advertirle con voz temblorosa.
Un estremecimiento la sacudió cuando Harry la rodeó con sus brazos.
— Sólo responde mi pregunta… — le pidió Harry, sintiendo un escalofrío al sentirla temblar en sus brazos — ¿Lo amas? — la miró a los ojos.
— Lo estimo — se encontró diciendo Hermione, perdiéndose en ésa mirada esmeralda, hasta ahora se daba cuenta cuán profundo era el verde en sus ojos, pareciera como si aquellas gafas que usó tanto tiempo hubieran opacado el brillo de su mirada, pero ahora sin ellas y a una distancia casi inexistente, no pudo evitar desear perderse en ésa laguna verde para siempre.
— Pero no lo amas — negó Harry, recargando su frente en la suya, sus brazos rodeándole la cintura.
— Harry… — el pelinegro se estaba acercando precariamente a sus labios — esto no es correcto — atinó a decir, viendo lo inevitable.
— No me importa — susurró, rozando sus labios.
¡William!, le chilló una vocecita al oído a la castaña, liberándose rápidamente de los brazos del ojiverde y retrocediendo hacia la puerta.
— ¡Tengo que irme!, — chilló de manera atropellada, tanteando el picaporte de la puerta para salir, sentía su corazón latir frenéticamente y sus piernas de gelatina. Harry avanzaba hacia ella — adiós Harry — y, sin detenerse, abrió la puerta y se dirigió rápidamente a su habitación con el ojiverde pisándole los talones; alcanzó a entrar antes de que éste la alcanzara y le cerró la puerta prácticamente en la cara.
Con la respiración agitada Hermione recargó la frente en la puerta y se llevó una mano al corazón tratando de controlar sus latidos; mientras al otro lado de la puerta Harry hacía lo mismo, sólo que su mano estaba posada suavemente en la puerta, como si le rogara que lo dejara pasar para poder estar junto a ella. Una sonrisa se adueñó de sus labios al mismo tiempo al sentir aun ésa ligera tibieza de los labios del otro.
Apenas un roce, pero al fin, un contacto. Si eso se sentía únicamente con un roce. ¡Sólo Merlín sabía lo que era un beso en toda la extensión de la palabra!
— Nunca es demasiado tarde — pensó en voz alta Harry, sonriendo con esperanza.
La noche del 24 de diciembre no pudo ser más perfecta ése año para Harry, Hermione, Ron y Luna. Por "azares del destino", habían coincidido en la solitaria playa donde la castaña y la rubia habían decidido recibir la Navidad junto a sus familias; quienes apenas vieron aparecer en ése lugar a Harry y Ron inmediatamente los invitaron a tomar parte de la celebración junto a ellos.
Hermione había casi gritado de alegría, y se hubiera puesto a bailar sino es porque Luna le dio un nada disimulado codazo al ver que se quedaba en su mundo. Pero el hecho pasó casi desapercibido cuando el señor Lovegood les preguntó que hacían tan alejados del hotel, y solos. Ron fue el que había respondido al decir que: "Sólo queríamos disfrutar de la maravillosa noche", ocasionando un comentario sorpresivo del progenitor de Luna: "Pues vaya sorpresa, y yo pensaba que ustedes eran… Pero, en fin, ¡me alegra que encontraran el amor!". Hermione aun soltaba risitas de vez en cuando al recordar a Harry completamente rojo tratando de negar mientras movía enérgicamente la cabeza, contradiciendo aquella descabellada idea, mientras a su lado, un despistado Ron comentaba: "Así es, ¡estamos enamorados!" … fue justo en ése momento en el que Luna se había dejado caer al suelo llorando de la risa junto a Hermione mientras los adultos los veían con los ojos desorbitados.
En fin, faltaban escasos 30 minutos para Navidad y estaban disfrutando amenamente de la velada, escuchando una estación muggle de música. Ron y Luna se encontraban caminando bajo la luz de la luna, disfrutando de las pequeñas olas que empapaban sus pies a la orilla de la playa. Mientras Hermione había decidido por irse a sentar, algo alejada de la vista de sus padres, sobre un tronco varado por la marea.
— ¿Qué haces aquí tan sola? — le llegó la voz de Harry a su espalda. Hermione sonrió para si cuando lo sintió rodeándola con sus brazos. El recuerdo de aquel roce de labios viajó a su mente haciendo brillar sus ojos.
— Sólo observo… — contestó, mirando al inmenso mar. Exhaló una sonrisa cuando Harry se sentó junto a ella y volvió a colocar una mano alrededor de su cintura — Si Ron te ve abrazándome se va a poner celoso — le advirtió con tono de burla.
— ¡Él y yo no tenemos ningún tipo de relación amorosa!, ¡de verdad!… — la soltó rápidamente, sus mejillas tornándose rojas. Hermione lo miró de reojo sin poder contener su risa — No soy gay — contradijo con desdén.
— Pues, para no serlo, te pones muy nervioso cada vez que te mencionan a Ron, ¿no te parece? — le siguió provocando.
— ¿No será que eres tú la celosa?, — le preguntó de vuelta, volviendo a rodearla con sus brazos — porque mira que, aunque no me gustan los hombres, no puedo evitar notar que Ron tiene sus "encantos" — movió las pestañas con aire coqueto. Hermione estalló en carcajadas.
— Vaya, vaya, Potter, parece que te has enamorado — le sonrió genuinamente.
— Desde hace más de siete años que sé eso — la miró directo a los ojos. La sonrisa de Hermione palideció al recordar la escena que vio en séptimo año, y volvió a esquivar la mirada. La memoria del casi beso entre ella y Harry se rompió frente a sus ojos como si fuera una bola de cristal perdiéndose en el vacío.
— Debe ser duro para ti ver que Ginny se va a casar — comentó como sin querer la cosa, regresando la vista al frente.
— ¿Por qué lo dices? — la miró extrañado.
— No te hagas, sabes a que me refiero — le espetó, liberándose de sus brazos y poniéndose de pie.
— Hermione, si supiera de que me hablas creo que no te estaría preguntando — observó con gesto obvio, mirándola sin comprender.
— Tú la amabas ¿no? — le acusó directa. Se mordió el labio inferior esperando su respuesta.
— ¡¿Qué?!… — exclamó Harry, sus ojos dilatados de estupefacción — ¡por supuesto que no!… — refutó con vehemencia. Hermione se negó a mirarlo — Es decir, es como mi hermana, la quiero, sí; pero no en un plan… romántico… — desmintió rápidamente, poniéndose de pie — ¿Por qué piensas…?
¡Crack!, ¡crack!
El sonido de dos Apariciones calló sus palabras.
— ¡¿Quién llegó?! — exclamó la voz de Ron a lo lejos.
Hermione y Harry se regresaron a ver apenas un segundo antes de emprender carrera hacia donde escucharon el ruido, justo donde estaban los padres de la castaña y la rubia. Luna y Ron los siguieron…
— ¡Mamá, papá, ¿están…?! — empezó a exclamar Hermione conforme se acercaba.
— Hermione, hija, ¡mira quien logró venir! — la interrumpió su madre con emoción.
— Hola Jean.
— ¡Will!… — musitó ahogadamente la castaña cuando llegó hasta ellos y la luz de la fogata iluminó a Will y Terry.
El pelinegro ojiazul sonrió ampliamente al notar la sorpresa en su novia y acercándose rápidamente a ella la estrechó en sus brazos con emoción, dándole un emotivo beso en los labios; frente a una conmovida Jean, un incómodo Hugh, un confundido Xenophilus, un sonriente Terry. Y un Harry, que crispando los puños y entrecerrando los ojos con celos y dolor, desvió la mirada hacia otro lado, incapaz de soportar ver aquella escena frente a sus ojos.
— ¡No pude permanecer tanto tiempo alejado de ti!, por eso cancelé mi compromiso con mi familia y vine inmediatamente — le confesó apenas la soltó. Hermione sonrió nerviosa, evitando ver a toda costa hacia su costado, donde un herido Harry era testigo mudo de su encuentro.
— ¿Quiénes llegaron? — preguntó Luna llegando junto a Ron, luego de una maratónica carrera.
— ¡Luna! — exclamó la voz alegre de Terry corriendo hacia su amiga y envolviéndola en sus brazos para darle un efusivo beso en la mejilla.
— ¡Terry!, — chilló la rubia entre sus brazos — ¡qué bueno que pudiste venir! — expresó alegre. Lo había invitado desde hacía una semana al viaje y por un segundo pensó que éste no pudo cancelar sus compromisos para pasar la Navidad con ellas.
— Boot — masculló Ron por lo bajo, fulminándolo con la mirada.
— Creo que aquí hay triángulos amorosos — le comentó contrariada Jean a su esposo, mirando recelosamente la escena. Hugh se limitó a gruñir, pensando que, si la decisión estuviera en sus manos, mandaría a volar a Potter y Hermione se quedaba con William. Porque de algo estaba seguro, si Hermione no había vuelto a hablar de él, era porque algo le había hecho. Lo miró con irritación, no iba a permitir que se acercara a su hija, y mucho menos para dañarla de nuevo. De eso se encargaba él.
Y los planes de Harry y Ron se vinieron abajo al ver la alegría brillando en los ojos de sus respectivos amores; y no precisamente dirigida a ellos.
La mañana del 25 de diciembre Will y Hermione decidieron dar una vuelta por las casi desiertas calles de Perth, aprovechando que podían disfrutar solos de ése tiempo.
Con el brazo de Will rodeando su cintura y su cabeza apoyada sobre su pecho masculino, Hermione no pudo más que sonreír de puro gusto al disfrutar de ésa paz que su novio siempre le ofrecía sin reservas.
— Y… — empezó a decir el ojiazul no muy seguro — ¿cómo es que Harry está aquí? — quiso saber.
— No lo sé, nos los encontramos el mismo día que nosotros llegamos a Perth — le respondió. Omitiendo sus sospechas de la investigación del ojiverde.
— ¿Te ha molestado? — indagó temeroso.
— No. Se ha portado… agradable, conmigo — confesó, titubeando un poco. Muy agradable diría yo, añadió para sus adentros.
— ¿Agradable en qué sentido? — temía que las cosas hubieran avanzado entre ella y Harry, dejándolo a él en segundo plano.
— Como era antes.
— Ah… — se sintió inseguro — Jean, ¿si existiera la posibilidad de que Harry…?
— Soy tu novia Will, y eso no planeo cambiarlo en mucho tiempo, ya lo sabes — lo detuvo girándose para verlo de frente.
— Lo sé, es sólo que… — la miró sintiéndose inseguro.
— No tienes por qué preocuparte… — le sonrió tranquilizadora dándole un suave beso en los labios, apenas un roce — ¡Te quiero, Harry!, — lo abrazó. Se separó abruptamente al darse cuenta de su metida de pata, abriendo los ojos como platos — yo, ¡perdón!, ¡me confundí!, — se apresuró a disculparse, sintiendo algo helado bajar por su garganta — es que como estábamos hablando de él, me enredé. ¡Lo siento, Will!, ¡perdón!, no quise… — agregó atropelladamente, mirándolo avergonzada.
— Veo que si te trató como antes — se limitó a decir, mirándola consternado.
— Yo… — lo miró apenada.
— Así déjalo. Sólo discutiríamos. Olvidémoslo — acordó con aire abatido.
— Pero… — Will evitó su mirada y Hermione se sintió peor — De acuerdo. Olvidémoslo.
Y con un suave beso en la mejilla, Hermione dio por finalizada la conversación.
Mientras en las sombras de un callejón, Harry observaba como el amor de su vida se alejaba en los brazos de otro.
