Capítulo 14: ¿POR QUÉ ME ODIAS?
Después de aquel día en que por accidente le dijo "Harry" a William, Hermione procuraba evitar mencionar algo que relacionara sus nombres por temor a volver a confundirlos. Pero es que ella no tenía la culpa de que se parecieran tanto. Merlín, ¡sólo los ojos los tenían de color diferente!
En fin… tenía que evitar la tentación, y eso sea traducido en evitar a Harry.
Pero como la paciencia no es una de las virtudes del ojiverde, la castaña no pudo evitar verse "secuestrada" por él aquella tarde a bordo de un taxi muggle. Y no recibió respuestas suyas hasta que ya alejados del hotel, en el muelle de botes, Harry le indicó al taxista detenerse y jaló a Hermione fuera de éste.
— Harry, espera. Con calma. Apenas puedo caminar — forcejeó contra él en un intento de liberarse mientras era conducida a través del muelle.
El ojiverde no le prestó atención, la siguió guiando del brazo haciendo exasperar a la castaña.
— ¡Ya está bien!, — se liberó de su agarre respirando agitadamente — ¿se puede saber qué demonios hacemos aquí? — inquirió mirándolo con recriminación. Como eran apenas las diez de la mañana, no había nadie merodeando por ahí, fue por eso que el ojiverde había elegido ése lugar.
— Debemos hablar — le dijo Harry.
— ¿Hablar de que, Harry?… — se exasperó, sobándose la muñeca inconscientemente — Además, ¿para eso tenías que traerme a aquí? — señaló a su alrededor.
— Pues al parecer sí, ya que tu noviecito no te quita los ojos de encima en todo el maldito día — gruñó mirándola con los brazos cruzados, como reprochándole aquello.
Hermione prefirió ignorarlo.
— ¿Y de que supuestamente "debemos hablar"? — le preguntó con un dejo de ironía.
— De ti y de mí.
— ¿Qué hay acerca de nosotros? — se hizo la desentendida.
— ¿Qué no hay acerca de nosotros?; — repuso Harry con gesto irónico — quiero que me expliques primero que fue aquello que me dijiste en Navidad, cuando mencionaste a Ginny — le recordó.
Hermione desvió la mirada con molestia.
— En eso tú debes estar muchísimo más enterado que yo, ¿no te parece? — satirizó.
— No, no me parece. Más bien lo que yo pienso es que tú crees que entre Ginny y yo hubo o hay una relación "inexistente" como pareja — subrayó.
— Claro — sonrió sarcástica la ojimiel.
— Hermione, ¡te juro que entre ella y yo no hay, hubo, ni habrá nada! — la tomó con desesperación de los hombros, mirándola directo a los ojos.
— Es fácil decirlo — esquivó su mirada.
— ¡Porque es la verdad!… — se exasperó — En cambio tú si estás con William — masculló entre dientes, soltándola.
— No metas a Will en esto — le amonestó.
— Hermione, no lo amas, ¿por qué estás con él?, ¿por qué no conmi…? — calló abruptamente.
— ¿Contigo?, — terminó la frase la castaña con sarcasmo — ¿para qué estar contigo? — le preguntó con frialdad.
— Sabes que mis sentimientos por ti cambiaron radicalmente en nuestro quinto año en Hogwarts, — declaró el ojiverde — si bien nunca te lo expresé abiertamente, lo sabes… lo sientes… — colocó una mano de Hermione sobre su corazón.
— Ahora eso no importa — manifestó la castaña, soltándose de su agarre, retrocediendo un par de pasos.
— Si importa; — contradijo Harry acercándose nuevamente — importa porque aún podemos ser algo más que amigos, podemos ser felices, juntos. Podemos… — empezó a decir casi con desesperación.
— ¡Harry esto no puede ser, entiéndelo!, ¡tengo novio! — se exasperó Hermione.
— ¡Eso no cambia nada! — zanjó con vehemencia.
— ¡Eso lo cambia todo!, — contradijo respirando agitadamente. Los ojos se le aguaron sin poder evitarlo; desvió la mirada — Will es mi novio, es con quien estoy y con quien debo estar, ¡lo quiero, maldición! — rechinó los dientes.
Harry apretó la mandíbula al ver su terquedad.
— ¿Y piensas condenarte a una vida de vacío cariño sólo porque es con quien "debes estar"?… — le acusó mirándola con incredulidad. Hermione le dio la espalda — Te desconozco completamente — murmuró con pesadumbre.
— ¿Me desconoces?, — se giró a verlo — ¿tú me desconoces a mí?… — repitió con un dejo de lacerante ironía. Harry arrugó el entrecejo — Fui yo la que pensó conocerte mejor que nadie; fui yo la que creyó estúpidamente que te conocía, mientras tú… — se mordió el labio, callándose.
— ¿Mientras yo que? — la alentó a seguir.
Hermione meneó la cabeza.
— Olvídalo… — Harry bufó con exasperación — Debo volver — añadió queriendo marcharse.
— ¿A los brazos de él? — mascó las palabras, sus ojos brillando de ira contenida mientras la sujetaba del brazo.
— Él, como tú lo llamas, es la persona con la que decidí estar. William es con quien debo estar — sentenció. Su mirada reflejó por un momento pesadumbre, más desapareció tan rápido como apareció, y refulgieron en determinación.
— Ni siquiera te escuchas; — soltó Harry con frustración — tú misma lo has dicho; debes, mas no quieres. ¡Por favor, deja de ser tan testaruda!, — le espetó con fastidio — ¡no lo amas! — rebatió crispando los puños. Aun la mantenía sujeta del brazo.
— ¡Lo haré! — manifestó Hermione muy segura.
— ¿Lo harás?; Hermione, nadie puede obligarse a amar a alguien. Así no funciona… — rebatió con cansancio.
— Y cómo funciona según tú ¿eh?, ¿cómo?… — le espetó con enojo — ¿Formando una amistad?, ¿estar ahí en las buenas y en las malas?, — sus ojos se cristalizaron de nuevo. Harry asentía con seguridad cada cosa que ella decía — ¿y luego que, ah?… — el ojiverde la acercó sintiendo como temblaba en sus brazos — ¿Felices por siempre? — satirizó, su voz sonó entrecortada.
— Si, si a todo eso y más… — inclinó su rostro hacia ella queriendo besarla. Hermione se alejó de él a tiempo.
— Si algo me enseñó la vida, es que ésos sólo son meros cuentos de hadas — se liberó con delicadeza de su agarre.
Harry la miró con tristeza.
— Recuerdo que mi mejor amiga solía creer en ellos.
— Hace años creía en muchas cosas — rebatió la ojimiel con dolor.
— ¿Qué fue lo que te pasó, Hermione?
La castaña no le respondió. ¿Decirle que él era el causante de todo?, ¿qué por su culpa tuvo que huir para no sufrir más?… ¿para qué hacerlo?, ¿de qué servía ya?
El daño estaba hecho y nada podía repararlo. Nadie podría limpiar las heridas que tenía su alma. Salvo Will, quien con paciencia, cuidado, dedicación y cariño poco a poco lograba cicatrizarlas.
— Debo volver — volvió a decir. Tratando de permanecer firme en su decisión. De cerrar ése capítulo de su vida.
— ¿Es esto lo que quieres realmente?… — Hermione asintió en silencio. Un nudo en la garganta le impedía hablar. Era lo mejor; alejarse definitivamente — ¿Y te olvidarás de mí? — le cuestionó incrédulo.
— En mis planes jamás estuvo el encontrarme de nuevo contigo, Harry, — confesó desviando un momento la mirada — y lo hicimos… pero, aun así, ya es tarde — declaró.
— No es tarde Hermione. ¡Nunca es demasiado tarde! — la tomó con desesperación de las manos. Sentía que la perdía de nuevo.
— Para nosotros sí… — replicó con tristeza. Odiándose por verse débil frente a él — Perdóname Harry, pero no puedo…
— ¿Acaso me odias?, — inquirió de pronto Harry con desaliento — ¿me llegaste a odiar, que no puedes perdonarme el no haberte traído de vuelta antes?
— Debo irme, Will me está esperando — Hermione se soltó de su agarre y caminó decidida en busca de un taxi.
— ¡Hermione por favor!… — suplicó, tomándola de la mano, impidiéndole la huida. Su voz cual violín mal afinado — ¿Me odias por no haberte encontrado antes?, ¿es eso?; ¿eso es lo que nos separa y no William? — le cuestionó con angustia.
Hermione se mordió el labio. Apretaba los ojos para no derramar las lágrimas que estaba segura terminaría liberando frente a él.
— Si, — confesó en un murmullo — es eso.
A Harry se le oprimió el corazón. Fue mil veces peor de lo que imaginaba. Los ojos se le cristalizaron y un nudo se anidó en su garganta.
— Tú no tienes ni la más mínima idea de todo lo que yo sufrí por tu culpa… — lo miró de frente, sus ojos estaban cristalinos; se soltó de su mano — Fueron años esperando que al final llegaras un día a mi casa pidiéndome que volviera, dándome explicaciones a tu tardanza, pero nunca fuiste. ¡Esperé por ti!, ¡esperé por ti incluso antes de salir de Hogwarts!, — barrió con furia una lágrima que bajó por su mejilla — ¡esperé por ti mientras tú estabas con otra!, ¡con la que supuestamente era mi mejor amiga!, — apretó los ojos reprimiendo las lágrimas, la barbilla le temblaba — ¡YO TE AMABA, MALDICIÓN! — le confesó en un grito. Harry contuvo el aliento, sintió como el mundo se detenía abruptamente bajo sus pies luego de ésa declaración, haciéndolo tambalearse.
— Yo aún te… — se acercó. Pero la castaña se alejó nuevamente.
— ¡Pero tú nunca me miraste diferente que como "la amiga" !, — no lo dejó terminar la frase. No quería escuchar sus mentiras. Suficientes habían sido los años de engaño que sufrió en la escuela — ¡siempre fue "la buena Hermione" !, ¡la tonta Hermione que me ayuda a salir de los problemas!, ¡la estúpida Hermione que me apoya cuando estoy por cometer una pendejada!, ¡la "inteligente" Hermione que siempre se las arregla para hacerme la vida más fácil!… — le escupió con ironía. Harry negaba constantemente, más la castaña no lo escuchaba, estaba enceguecida por la ira acumulada — ¡La que nunca necesita de mi cariño!, ¡la que está ahí incondicionalmente!… — Harry volvió a negar enérgicamente con la cabeza. Pero Hermione no le prestó atención, dejó salir todo lo que sentía — Pues ¿sabes qué?, ¡te equivocaste Harry!, ¡siempre necesité de ti como algo más que un amigo!, ¡pero tú fuiste tan tonto que jamás te disté cuenta!… — respiraba agitadamente mientras le sostenía la mirada, por sus mejillas ya rodaban lágrimas de dolor, fueron años callando lo que sentía. El ojiverde sintió una opresión en el pecho, la garganta le escocía — Y luego, cuando pensé que al fin albergaba una pequeña esperanza contigo… — su voz se quebró — te vi besando a Ginny — apenas y exhaló, una mueca de dolor en su rostro.
— ¿Qué?, — respingó alarmado — ¡No!, ¡no, no, no, no, no!; — contradijo rápidamente, su voz saliendo atropellada — ¡Hermione, no fue así, fue ella quien…! — intentó tomar su mano, pero ella se alejó rápidamente.
— No me importan ya tus explicaciones, — zanjó limpiándose las lágrimas con brusquedad — las estuve esperando por años, pero ya no más… — desvió la mirada, sentía que en cualquier momento se les iría a los golpes, y ella no se iba a rebajar a tanto. Aunque bien se lo merecía — Mi vida es mucho mejor sin ti en ella — soltó sin pensar. Harry sintió sus ojos humedecer, su corazón perdió un doloroso latido.
— Entonces esto ya no tiene arreglo, ¿verdad?… — le preguntó sin esperanza alguna, aguardando que Hermione lo viera de frente… cosa que no sucedió — Lo siento — y con un plin, Desapareció.
"Lo siento", que fácil es para ti decirlo, pensó la castaña mientras observaba el paisaje desde su habitación en el hotel, sumida en su dolor.
Ni siquiera le había importado si el ruido de la Aparición alertó a sus vecinos de cuarto cuando decidió hacerlo. Únicamente quería refugiarse en ése lugar. No quería ver a nadie.
Pero ya no basta para mí. ¡Te odio Harry Potter!… una lágrima se deslizó por su mejilla. ¡Te odio… porque a pesar de odiarte… aun te amo!
Con amargura, se limpió la lágrima que había brotado de sus ojos miel. Queriendo llevarse así lo que sentía. Deseando poder olvidar todo. Implorando desaparecer para siempre… lejos de Harry.
— ¿Por qué tuviste que regresar a mi vida?, ¿por qué ahora?… cuando al fin estaba siendo feliz de nuevo… — suspiró pesadamente, sintiendo la brisa del viento acariciar su cuerpo, haciendo bailar su cabello suelto.
"Entonces esto ya no tiene arreglo, ¿verdad?"
Sus palabras resonaron como taladros en su cabeza.
¡Por supuesto que no!, ya nada tiene arreglo, se dijo. Todo lo arruinaste aquella tarde. Si no sentías nada por mí, no debiste darme falsas esperanzas. No eres más que un maldito niño que necesita atención. Y como yo nunca te la negué, no te importó en absoluto lo que sentía mientras estabas con ella… golpeó con el puño el barandal.
— Pero la culpable soy yo, — se reprendió — por dar todo sin recibir nada a cambio. Compadeciéndome de ti por tu terrible pasado. Queriéndote por la forma en que afrontabas las cosas, siempre tan valiente y firme. Preocupándome cuando te encontraba triste y angustiado. Cuidándote de aquellos que querían hacerte daño… — apretó los dientes y cerró los ojos con dolor — Y amándote, porque simplemente es imposible no hacerlo, ¡porque con tus escasas muestras de cariño me robaste el corazón!… — su voz se quebró.
¡¿Por qué tengo que odiarte y amarte a la vez?!… se preguntó con dolor.
— ¡Desearía poder arrancarme el corazón!, ¡hacerte daño como tú me lo hiciste a mí!, ¡te odio Harry!…
Se dejó caer de rodillas, ya sin poder ocultar su dolor, sollozando mientras las lágrimas fluían a través de sus mejillas.
¡Tantas veces que estuve ahí para ti!, ¡tantas noches en vela ayudándote!, ¡días enteros en la Biblioteca intentando pensar en otra cosa que no fueran los peligros que te acechaban!… ¡tardes frente al lago maldiciéndome en silencio por lo que empezaba a sentir por ti!…
Escondió el rostro entre sus manos, meciéndose por la fuerza de su llanto.
— ¡Te odio!, — volvió a maldecir — ¡te odio!… — se mordió el labio inferior, tratando se suprimir el llanto, pero éste solamente se hizo más intenso. Apretó los puños sobre su frente, estrujando su cabello producto de la desesperación — ¡Ojalá nunca te hubiera conocido!… — deseó con pesar — ¡ojalá pudiera arrancarte de mi corazón tan fácil como te fue a ti traicionarme con mi mejor amiga! — sollozó.
— ¿Jean? — la voz preocupada de William, desde el marco de la puerta, hizo que Hermione levantara la mirada.
— ¡Will! — se levantó de golpe, corriendo a sus brazos para refugiarse en ellos. El ojiazul la estrechó contra sí.
— Tranquila cariño, estoy aquí… — le acarició el cabello, besándole suavemente la cabeza — siempre estaré aquí — le prometió.
Hermione sólo pudo aferrarse con todas sus fuerzas a aquel hombre que le transmitía tanta paz, una que necesitaba con locas ansias en ésos momentos.
— ¡Lo odio! — sollozó contra su pecho, su voz entrecortada.
— Shh… tranquila — la meció suavemente su novio.
La castaña únicamente permaneció ahí, entre sus brazos, desahogándose como tantas veces había hecho antes.
— ¿Por qué tengo que amarlo? — preguntó con dolor en medio del llanto.
— No lo sé, Jean… — le respondió el pelinegro, ocultando su propio dolor — El corazón no nos da a elegir a quien amar y a quien no… sólo lo hace y ya…
— ¡Desearía sólo amarte a ti, Will!, tú nunca me harías daño — murmuró la castaña, su llanto iba cesando poco a poco.
William no dijo nada. Él también quería que ella lo amara, aunque sea un gramo de lo que amaba a Harry Potter. Merlín, si lo tuviera enfrente en ése momento estaba seguro que lo mataba con sus propias manos. Era tan tonto que jamás pudo darse cuenta de lo que tenía.
— ¡Te amo, Jean!… — le besó la frente, cerrando los ojos. La castaña suspiró. Estaba cansada, le pesaban los párpados — Vamos, duerme un poco, te hará bien… — la guio a la cama.
— ¿Te quedarás conmigo? — le pidió, su voz débil, soltando pequeños sollozos de vez en cuando.
— Igual que siempre — la tomó en brazos y la depositó suavemente en la cama para después acostarse a su lado, acurrucándola sobre su pecho, acariciándole el cabello, arrullándola.
— Will… — lo llamó medio adormilada.
— Dime.
— ¿Cómo supiste que…?
— Siempre sé cuándo me necesitas… — se limitó a decir, besándole la frente con devoción — Duerme, aquí estaré.
Y se dejó llevar por los brazos de Morfeo. Te quiero mucho Will, ojalá pudiera amarte, fue su último pensamiento.
Las puertas de La Cabeza de Puerco se abrieron con un chirrido para dejar pasar a un pelinegro de ojos verdes arrastrando los pies, dirigiéndose inmediatamente hasta la barra.
— ¿Potter?, ¿qué te trae por aquí?, hacía varias semanas que no venías — fue la pregunta en forma de saludo que recibió por parte de Aberforth Dumbledore, pero Harry lo ignoró.
— Dame una botella de whiskey de fuego — solicitó sin más, poniendo unas cuantas monedas sobre la vieja barra, dejándose caer sin ánimos en una silla.
Negando algo apesadumbrado por su estado, el hermano de Albus le trajo la botella junto a un vaso.
Harry ignoró el vaso, quitó el corcho de la botella y bebió directamente de ella queriendo ahogarse. Por un momento disfrutó de la abrasante sensación del licor al pasar por su garganta; cauterizando el nudo que sentía en la garganta. Ni siquiera hizo gesto alguno, parecía ya estar acostumbrado a aquella sensación.
Y es que era cierto. Recordaba haber visitado aquel bar muchas veces después de la desaparición de Hermione para ir a ahogar sus penas; solamente se iba cuando el señor Weasley y Ron llegaban por él luego de que Aberforth les informara que ahí se encontraba.
Se sentía fatal, no recordaba nunca haber tenido una pelea con Hermione como la acontecida apenas hacia unas cuantas horas. Las cosas que le dijo la castaña rondaban su mente atormentándolo cada vez más.
"¡YO TE AMABA MALDICIÓN!"
Aquella frase era la que más dolor le causaba, más que cualquier maldición, cualquier insulto, todo. Ello lo amó en el pasado. Pero ya no más.
— Ya no más — se repitió.
Apresuró el líquido hacia su boca, bebiendo una buena cantidad del licor; ya las consecuencias las pagaría luego. Ahora no importaba. Sólo Hermione. Y lo que alguna vez sintió por él.
Flash Back
— ¡Alto ahí! — les exclamó Ron a Harry y Hermione antes de que dieran un paso más.
— ¿Qué? — lo regresaron a ver desconcertados.
— Reglas son reglas… — les señaló arriba de sus cabezas, con una sonrisilla maliciosa. Ambos pegaron respingo al ver una rama de muérdago sobre ellos — Eso es un beso obligado aquí y en el mundo muggle. Así que al mal paso darle prisa. ¡Beso!, ¡beso!, ¡beso!… — empezó a canturrear con entusiasmo. Harry y Hermione enrojecieron. A sus espaldas se escucharon las risas burlonas de los gemelos.
— Ándale Harry, que Hermione no muerde — lo alentó Fred.
— Dale tú el beso Hermione, que sepa lo que es bueno — la animó George.
— Chicos no creo que… — empezó a decir Harry sumamente nervioso, sentía su rostro arder.
— Uhhh, no, no, no, Harry, no se vale echarse para atrás; — lo reprendió Ron — eso es muérdago, — señaló sobre sus cabezas — así que sólo significa que le tienes que dar un beso — sentenció, la sonrisa no abandonaba su rostro.
— Yo… — balbuceó de nuevo el ojiverde pasando saliva con esfuerzo.
— Listo, ¡me harte!, para que veas que yo si soy valiente… — y empujando a Harry lejos de Hermione, Fred tomó a la castaña del rostro y le dio un sonoro beso en la mejilla, sonriendo radiante por su proeza. Ésta lo miró en cierta forma aliviada por salvarla de aquella comprometedora situación, mirada que nadie captó excepto el gemelo, quien le sonrió cómplice.
Harry lo miró ceñudo, enojado por haberlo hecho Fred y no él. Tonto, tonto, tonto, se maldijo interiormente.
— Ahora sí, vámonos, nos están esperando — los empujó George, sacándolos de la casa.
— Idiota, ¡ÉSA era tu oportunidad!, — le riñó Ron a Harry cuando Hermione se alejaba para ayudar a la señora Weasley a poner la mesa en el jardín — ¡fue inútil que me adelantara para conjurar el muérdago! — bufó.
— ¡¿Fuiste tú?! — respingó sorprendido.
— No baboso, fue el fantasma del ático… — satirizó — ¡Obvio fui yo!
Fin Flash Back
— Tantas oportunidades que dejé pasar… tantos momentos en que pude robarte un beso… decirte algo… pero no… mi maldita inseguridad y nerviosismo podían más… — hipó.
Flash Back
— ¿Sabes si Hermione irá al baile de San Valentín? — la preguntó insegura de Harry hizo que Ron lo volteara a ver rodando los ojos.
— ¿Ya la invitaste? — le cuestionó a su vez.
— ¿Qué?, ¿yo por qué?, — quiso hacerse el desentendido — bueno… — titubeó, jugando con su varita entre los dedos. Estaban sentados frente a la chimenea de la sala común, era pasada la medianoche.
— Harry, honestamente, ¿cuándo rayos van a aceptar lo que sienten por el otro y ser pareja?, — inquirió exasperado — al paso que van voy a ser abuelo, ¡y eso que ni siquiera soy padre ni tengo novia! — ironizó regresando su mirada al fuego. Por lo cual no pudo notar el repentino sonrojo de su amigo.
— No sé de qué ha…
— Aja, si claro. No sabes de que hablo… — musitó con sarcasmo — Merlín, Ron, ¿de dónde sacas éstas tontas ideas?, ¡Harry no está enamorado de Hermione!, ¿qué te hace pensar eso?… Oh, no sé, tal vez el hecho ¡de que se le queda viendo todo el tiempo con una cara de idiota embelesado! — exclamó con ironía.
— Yo no… — lo miró con hastío.
— Lo que digas amigo, — lo calló Ron, algo aburrido — pero sólo te digo una cosa, ella te corresponde, así que apresúrate, porque nadie puede esperar para siempre…
Fin Flash Back
— Que razón tenías Ron — musitó con pesadumbre, volviendo a beber.
Flash Back
— Harry… — el tibio aliento de Hermione le acarició los labios mientras se acercaban cada vez más. Podía ver cada peca de su rostro, apreciar cuán miel era su mirada, como de castaño era su cabello… sentir su irregular respirar mientras la distancia se extinguía lentamente. Estaba decidido, nada impediría que la besara. Además, estaban alejados de todo el mundo en aquella casi desierta Biblioteca. Nada podía salir mal ¿no?
Al fin estuvieron lo suficientemente cerca y empezaron a cerrar los ojos, una mano de Harry acarició la mejilla de Hermione hasta posarse suavemente sobre su nuca, halándola hacia sí. Un centímetro… sus labios entreabiertos expectantes…
— ¡¿Qué creen que están haciendo jóvenes?!… — una exclamación de la señora Pince, un respingo por parte de ambos, y el momento se les esfumó de las manos — ¡Salgan de aquí inmediatamente!, ¡años en ésta Biblioteca y siempre hacen lo mismo!, ¡muchachos alborotados!, ¡siempre se dejan guiar por sus hormonas!, ¡ah pero siempre tienen que venir aquí!, ¡pareciera que no hay otro lugar al que pudieran ir para…! — y mientras la bibliotecaria continuaba hablando incoherencias, unos sonrojados y muy apenados Harry y Hermione salían a paso torpe del recinto en completo silencio, evitando mirarse directamente.
Fin Flash Back
— Y ahora ya es demasiado tarde… — dejó la botella sobre la barra, recargando los brazos sobre ésta y agarrándose con desesperación el cabello — ¡Te perdí Hermione!… te perdí — una lágrima se deslizó por su mejilla.
¡Te amo!, exclamó para sus adentros.
— Soy un imbécil — musitó. La botella de nuevo en sus temblorosas manos…
