Capítulo 18: PLANEANDO BODA

Los fuertes rayos del sol entrando por la ventana fue lo que, según Hermione, la había despertado aquella soleada mañana, aunque una vez estuvo en sus cinco sentidos se dio cuenta que no había sido otra cosa más que un tremendo dolor en el costado.

— ¡Ay!… — exclamó ahogadamente una voz femenina, al otro lado de la cama, a los pocos segundos.

Desconcertada, Hermione abrió los ojos encontrándose con una situación… ¿extraña?… Debo estar soñando, fue su primer pensamiento. Pero éste se le borró de la cabeza al recibir un certero manotazo en la cara despertándole los sentidos y sacudiéndole la memoria.

— ¡Luna! — se quejó sentándose en la cama, sobándose su enrojecida nariz.

Ginny, al otro lado, aun se masajeaba la pierna, en donde había recibido un rodillazo de la rubia, y la miraba ceñuda.

— Duerme como un tronco — expresó adolorida.

— Pues no conozco a ninguno que pegue como mula… — se mofó Hermione.

— ¿El sauce boxeador? — señaló Ginny con una risita. La castaña chasqueó la lengua, aunque sonrió.

— Buenos días, Ginny — la saludó.

— Buenos días, Herm — le sonrió.

Después de haber pasado todo el día anterior hablando de las cosas que habían hecho durante el tiempo que no se vieron, Luna había propuesto entusiasmada hacer una pijamada, Ginny y Hermione habían aceptado felices, después de todo, tenían seis años sin verse y querían pasar el mayor tiempo posible juntas. Pero ésa mañana, al despertarse por su dormida amiga y sus "delicados" movimientos, estaban empezando a arrepentirse de haber accedido.

— ¿Qué horas son? — musitó la rubia, despertando en ése instante, y restregándose los ojos, pero negándose a abrirlos.

— Ocho y media — le contestó Hermione luego de consultar el reloj sobre su mesita de noche.

— ¡Mmm!, — se quejó Luna en un bostezo, dándose media vuelta y colocándose bocabajo — tengo junta a las nueve y cuarto — murmuró somnolienta.

— ¿Y qué esperas? — la reprendió de inmediato la castaña.

— Cinco minutitos Herm. Anda, no seas malita — le pidió hundiendo la cabeza en la almohada. Hermione le mandó una mirada ceñuda mientras Ginny estaba ya calzándose los zapatos a la orilla de la cama.

— Nada de cinco minutos, tú no conoces ése término Lu… — le refutó. Mas Luna sólo estiró la mano y haló la sábana hacia si — Vamos, se te hará tarde. ¡Arriba, arriba!… — la empezó a apremiar quitándole las sábanas de encima. Se levantó y fue a abrir la llave de la regadera; cuando regresó Luna seguía tumbada, ésta vez sobre su espalda y trataba de enfocar la mirada alrededor. Ginny alisaba su lacio cabello, ahora ondulado — Luna… — la volvió a llamar con insistencia, entrecerrándole los ojos.

— ¡No quiero ir! — sollozó falsamente. Hermione chasqueó la lengua y Ginny suprimió una sonrisa al ver el gesto infantil que había adoptado su rubia amiga.

— Irás y no hay peros que valgan — sentenció firme.

— Por favor… — pidió con las manos a voz de ruego — Herm, no quiero ir. Invéntale al Ministro que tengo una enfermedad rara, lo que quieras, pero por favor. ¡No quiero ir! — le suplicó.

— ¿Cómo crees que haría algo así?, ¡¿y a Kingsley?!… — abrió los ojos como platos — Estás loca… — replicó — Vamos, ¡arriba! — la jaló del brazo intentando levantarla.

— Anda… — volvió a pedir Luna aferrándose al colchón con uñas y dientes prácticamente — Además no es la primera vez que haces esto por mí — agregó de manera acusatoria a través de la almohada que abrazó en busca de refugio.

Hermione se sintió enrojecer. Ginny la miró mitad sorprendida, mitad indignada, pues con ella nunca había hecho eso y rápidamente se lo hizo saber.

— ¡Hey!, ¡a mí nunca me hiciste ése favor! — se cruzó de brazos de forma indignada.

La castaña rodó los ojos fastidiada.

— ¡Fue sólo una vez, por Merlín!, y me sigo reprochando eso — se defendió.

— Mmm… — masculló inconforme la pelirroja.

— ¡El punto es que no puedes faltar! — le espetó a la rubia.

— No, claro que puedo, otra cosa es que no deba… — aclaró ésta — ¡Ginny…! — se volvió hacia ésta mirándola suplicante mientras Hermione la volvía a halar del brazo y ella se aferraba con más fuerza al colchón.

— Tráeme acá un pergamino, una pluma, y yo te hago la dichosa nota — cedió la chica Weasley, más indulgente.

— ¡Gracias!… — se levantó de golpe consiguiendo que Hermione se fuera de espaldas contra el suelo y ella cayera con medio cuerpo fuera del colchón, perdiendo el aliento por el golpe — Au — logró musitar.

— ¡Luna!… — se quejó Hermione masajeándose el brazo mientras era ayudada por una risueña Ginny a ponerse de pie — Y tú, alcahueta — miró con acidez a su otra amiga. Ésta sonrió inocentemente.

— ¿Y se puede saber qué harás en todo el día? — le preguntaba Hermione a Luna una hora después mientras desayunaban en la cocina en compañía de Ginny.

— Haremos, querrás decir… — se adelantó la última, callando cualquier respuesta de la rubia, y dándole otro trago a su jugo — Iremos de compras hoy, mañana, pasado mañana, y el resto de los días durante los siguientes dos meses. ¿O es que ya se olvidaron que tenemos una boda que planear? — les sonrió con picardía.

Luna aplaudió entusiasmada y Hermione suspiró derrotada.

— Pero primero tenemos que ver que nos adelanten algo de la paga — replicó la rubia, cayendo en cuenta de que no tenía dinero.

— ¿Te terminaste todo el dinero?, ¡pero si apenas es miércoles! — exclamó Hermione.

— Si. Ay, pero había un pago por evento en la televisión que… — comenzó a justificarse.

— ¿De cuánto?, ¿200 galeones y más de 3,000 libras? — le espetó.

Luna hundió los hombros.

— Bueno, quizás fui de compras… — bajó la mirada. Hermione la contemplaba con reprobación — con Terry — agregó en un murmullo.

Y la castaña soltó un suspiro. Por ahí hubiera empezado. Compras con Luna, era una cosa. Pero Terry, Luna, y compras, era una mezcla totalmente diferente.

Ella aun recordaba la única y última vez que se fueron de compras; extrañada en primer lugar porque la rubia le había dicho que se llevara todas sus tarjetas de crédito, en especial las que tuvieran más. Pero después lo comprendió todo: Burbery, Prada, Gucci, Dior… Merlín, incluso visitaron a la gran amiga de Luna: Victoria's secret.

Aun en la actualidad Hermione lamentaba tanto ése día; quizás era parte de su remordimiento el que el recibo de la suma total de sus compras permaneciera pegado en la puerta del refrigerador como recordatorio de que no debía, bajo ninguna circunstancia, ir de compras con Terry y Luna, nunca más.

— ¿Entonces…? — las llamó Ginny, quien no pudo evitar sentirse excluida.

— Hablaré con mi jefe, después de todo, ser supervisora debe tener alguna ventaja ¿no? — sonrió Luna.

Hermione suspiró. Definitivamente las cosas volvían a ser como antes, pensó con cierta nostalgia.


Si Hermione pensaba que Luna era una compradora indecisa, excéntrica, nada se comparaba a lo compulsivo de Ginny. Y es que sólo bastó con que entraran a la primera tienda de vestidos de novia para que la pelirroja se volviera loca, y más aun con ellas… O con Hermione, mejor dicho.

Aun sentía la cabeza aturdida de tantos tirones que recibió al pasarse uno tras otro los vestidos de damas que le pasaban Ginny y Luna por la abertura del vestidor. Y los colores, ¡Merlín!, juraba por Dios que si la abuela de Neville la viera en aquellas piltrafas de vestidos seguramente la invitaría a ir de compras antes de siquiera decir un rotundo "¡No!". Y es que sólo a su amiga pelirroja se le ocurría siquiera pensar en colores como: verde musgo, amarillo canario, rosa pastel. Dios, y el peor de todos: ¡naranja!, ¡tan naranja como el mismísimo pelo del payaso del autoservicio McDonald's!… Aunque tampoco ayudaba que Luna alentara a Ginny con tanto entusiasmo, incluso dándole pie cuando veía unos vestidos de diseño de lo más excéntricos, comentándole que era la última moda. ¡Ja!, "la última moda", si, pero hace mil años. Era como si Hermione les hubiera hecho algo realmente malo y la única forma que encontraban para cobrárselas era la "moda". Pero ¿moda eso?, ¡por favor!

En fin, no habían pasado ni dos semanas desde el inicio de aquella "Selección del vestido de los sueños de toda dama de honor" (como bien había dicho Luna luego del decimoquinto vestido), y estaba empezando a sospechar que las chicas lo usaban como venganza a sus constantes quejas. Era casi una ley que si Hermione decía: "Éste no me gusta", ellas buscaran uno aún más horroroso, ¡y eso era mucho ya!; o que cuando comentara: "¿No les parece que es un poco pronto para elegir vestido?", ellas le mandaran sendas miradas de exasperación y la obligaran a calzarse unos zapatos aún peores que el vestido, si es que ésos harapos súper caros podían llamarse así.

¿Pero ya que le hacía?, separadas eran controlables, pero juntas, ¡oh no!, definitivamente eran de armas tomar. Aunque lo irónico de todo, es que le encantaba; llámenla masoquista si quieren, pero cuanto había echado de menos el grupito que conformaban.

Y aunque todo era casi color de rosa para Hermione, no lo era del todo; pues una cosa que lamentaba aquellos días era que había estado alejada de William pues a éste se le saturó el trabajo, lo cual trajo como consecuencia que ella anduviera de un humor demasiado irritable. Lo extrañaba. ¡Vaya que lo hacía!… Y bueno, tenía que admitir que además de extrañar su compañía y apoyo también echaba de menos sus abrazos y besos. Parecía como si la hubiera malacostumbrado a por lo menos un beso diario. Pero ya se las cobraría después, ¡y con creces!, pensaba con picardía.

Por lo pronto tenía que tratar de sobrevivir al tornado que eran sus amigas. Y hablando de…

—… se los digo, el último vestido que me probé no va mucho con mi estilo, — decía Luna mientras caminaban por las transitadas calles londinenses. Hermione enarcó una ceja. ¿Luna tenía un "estilo" ?, se preguntó con humor Ginny — ya saben, demasiado… — hizo un gesto desdeñoso con la boca.

— ¿Sencillo? — aventuró Hermione.

— ¿Normal? — soltó por lo bajo Ginny con una sonrisilla; Hermione, que la había escuchado, la pellizcó nada disimuladamente en un costado.

— Extraño — contempló la rubia.

— ¡¿Extraño?! — sus amigas sí que sonaron extrañadas de aquel comentario.

— ¡Pero si estaba hermoso Lu!, ¿cómo va a ser extraño? — comentó Hermione. Ginny se sobaba disimuladamente donde ella la había agredido.

— Además es justo el color que quería y se te veía genial — añadió Ginny.

— Pues por eso, — señaló Luna con obviedad — me vería igual que todas las damas de las bodas — agregó con aburrimiento.

— Se supone que ése sea el propósito — le replicó la castaña.

— ¿Si?, — las regresó a ver desconcertada. Éstas asintieron — ¡vaya!, y yo creí que como no se ponían de acuerdo terminaban llevando siempre el mismo vestido — comentó para si realmente sorprendida.

Hermione blanqueó los ojos exasperada y Ginny convirtió una risa en una improvisada tos.

— Con razón la cara de la vendedora cuando le dije que su vestido era de lo más común y copiado que había visto en mi vida — siguió diciendo Luna.

— ¡¿Qué tú que…?! — exclamó Hermione abriendo los ojos como platos. Ginny soltó tremenda carcajada ocasionando que el hombre que pasaba en ése momento junto a ellas pegara un brinco y la viera con irritación. Luna sólo sonrió con inocencia, encogiéndose de hombros como restándole importancia al asunto.


Ésa misma noche mientras Luna y Ginny hablaban animadamente en la cocina de Hermione y preparaban la cena, la castaña llamaba al celular de Will desde su habitación por quinta vez en el día.

"Hola, soy Will, en éste momento no te puedo contestar, deja tu mensaje y yo te llamaré"

Suspirando frustrada y un tanto triste, colgó el teléfono y salió del cuarto para encontrarse con sus amigas.

—… por lo pronto podemos dejar lo de las compras unos días… — se escuchaba la voz de Ginny conforme se acercaba; eso le levantó un poco el ánimo — Mi mamá me dijo que empezara a ver lo de la recepción… — Hermione entró en la cocina y Ginny le brindó una sonrisa en señal de bienvenida a la conversación — Ya saben, vajilla y ésas cosas. Así que habló con mi "queridísima" tía Muriel, — rodó los ojos al nombrarla — y ella nos dará varias sugerencias, claro que no en persona, ¡gracias a Merlín!, — murmuró a lo bajo con gran alivio. Luna sonrió con gracia — mamá dijo que le envió varias muestras de vajillas, por lo cual vamos a estar éstos días metidas en la Madriguera viéndolas — finalizó.

— ¿En la…? — empezó a decir Hermione.

— ¿Sólo nosotras? — la interrumpió Luna, ambas parecían nerviosas.

— Sip… — contestó Ginny tomando un poco de salsa en una cuchara y llevándosela a la boca para darle el visto bueno — Mmm, ¡delicioso! — alabó.

— Solas, solas, ¿o…? — cuestionó de nuevo la rubia.

— Solas, solas… — respondió, luego meditó — Bueno, — las otras dos aguantaron la respiración — también mi mamá — y volvieron a respirar.

— Ah — apenas exhaló Hermione.

— Aunque estaba pensando que como ya nos hablamos otra vez, pues podíamos juntar a la bolita otra vez ¿no?; es decir, invitar a los chicos, no creo que Harry o Ron se opongan a ausentarse unos días del trabajo… — comentó como quien no quiere la cosa — Claro que, si ustedes no quieren que ellos no estén, pues…

— ¡No!, — exclamaron al unísono con rapidez — Es decir… no, no es… problema… — siguieron hablando de manera atropellada y al unísono. Ginny sonrió con disimulo, ésos cuatro estaban enamorados hasta los huesos y por sus tontos caprichos no estaban juntos, pero ya vería ella la manera de unirlos, como que se llamaba Ginevra Molly Weasley, pensaba para sí mientras servía la cena y sus amigas seguían diciendo incoherencias sin darse cuenta que hacia minutos había dejado de hablar ella.


Harry sonrió para sí mientras alistaba una pequeña mochila con sus neceseres personales junto a varias mudas de ropa en su habitación, y escuchaba a Ron hacer lo mismo al otro lado del pasillo, donde él dormía.

La nota de Ginny, encima de la mesita de noche, no les pudo traer más alegría a él y al pelirrojo.

Flash Back

"Tontos…"

Harry había fruncido el ceño al escuchar aquel "saludo" inicial y Ron sólo había bufado molesto mientras la leía en voz alta.

"… Si es cierto que aman tanto a MIS amigas, ah, porque les aclaro que ya lo somos de nuevo eh…"

Harry y Ron enarcaron las cejas, completamente sorprendidos.

"… les voy a dar la oportunidad perfecta para estar cerca de ellas, pero me la van a deber de por vida… En fin, sabiendo que ya están impacientes por saber a qué me refiero, pues bien. La próxima semana Herm y Lu se quedarán conmigo en la Madriguera para ver asuntos de la boda y sabiendo que a ustedes les vale un cacahuate esto, mamá había dicho que ni para que invitarlos…"

Ron soltó un gruñido y saltó indignado diciendo:

— ¡¿Pero que se cree?!… ¡soy su hijo y no me invita!

— ¡Sigue leyendo! — lo calló Harry.

"… ¡pero!, como soy buena hermana, la convencí diciéndole bla, bla, bla… Ya saben, una sonrisita inocente, un pucherito de dolida, ¡y bingo!, mamá los invitó… Acá entre nos fue con éste gesto que le saqué a Neville un… Bueno, eso no les interesa."

— ¿Un qué? — se preguntó Ron con intriga dándole vueltas al pergamino buscando aquella información.

— ¡Ron!, ¡o sigues leyendo o yo te voy a sacar un…!

"Así que agarren sus cosas, dejen tirado su orgullo en la basura y vengan acá a recuperarlas. Bueno, no tanto recuperarlas, recuperarlas; sino conquistarlas… Porque algo me dice que…"

— ¿Algo me dice que…?… ¿algo me dice que?, — zarandeó Harry a Ron.

— No dice, — se desesperó éste — ¡Pig le arrancó ése pedazo!… — señaló dándole el pergamino — ¡Cuándo atrape a ése animal…!

Fin Flash Back

Y ahí había quedado todo, apenas terminó de escuchar aquello y rápidamente envió una lechuza al Ministerio diciendo que él y Ron se ausentarían por asuntos personales durante una semana. De algo servía ser el Jefe de Aurores ¿no?

Era la oportunidad perfecta para enmendar todo, para conquistar a Hermione, recompensarla por todo lo que sufrió por su silencio y su supuesto engaño. Porque al menos de algo estaba seguro ahora, ella también lo amó, y por Merlín que la recuperaría a ella y su amor.


En definitiva, te deberé esto por el resto de mi vida Ginny, pensó Harry horas más tarde cuando Aparecieron por la red flu en la Madriguera y se topó con unos ojos mieles mirándolo sorprendida.

— ¡Hola! — le sonrió conteniéndose las ganas de correr a abrazarla.

— Hola — le respondió con un dejo de incomodidad. A su mente vinieron los recuerdos de Australia y la pelea. Sintió sus mejillas sonrojarse.

— ¡Hola familia!… — saludó eufórico Ron. Abrazó fuertemente a Ginny levantándola unos centímetros del suelo ocasionando que se quejara por su poco tacto. Después se dirigió a Hermione y le dio un sonoro beso en la mejilla, ésta lo miro ceñuda. Y finalmente le dio un ligero beso a Luna en la comisura de los labios, ésta se removió incómoda — Así que, ¿en qué ayudamos? — se frotó las manos Ron, listo para la acción.

— Pues ahora que lo dicen, mamá quiere que desgnomicen el jardín otra vez — comentó con gracia Ginny.

— ¡¿Otra vez?!… ¡no!… — se quejó de inmediato — Yo pensé que necesitaban la opinión masculina en eso de sus vestidos — agregó con picardía.

— Ja, ja, ja, que gracioso Ronnie… — ironizó su progenitora entrando en ése momento — No las verán sino hasta la boda, y agradece que acepté que vinieran. Mira que todavía no me tienen muy contenta eh. Hola, Harry, cariño — le besó la mejilla al pelinegro.


— Que tonto… — se reía Ginny minutos después, observando desde la ventana de su habitación como Ron maldecía a un gnomo y se chupaba el dedo que le acababa de morder y Harry negaba con la cabeza mientras hacía girar a cinco gnomos a la vez y los lanzaba fuera de la valla — años haciendo eso y aun lo muerden — volvió a reír la pelirroja sin perder detalle de su colérico hermano.

— Entonces debe ser muy afortunado, porque la saliva de gnomo es… — empezó a decir Luna, a un lado de ella y contemplando al ojiazul maldecir.

— ¡Asquerosa!… — hizo una mueca Ginny. Volvió a reír cuando Ron tropezó con un torpe gnomo que corría despavorido entre sus piernas y lo hizo caer — Es aquí cuando desearía tener la cámara de Colin para tomarle una foto — se carcajeó.

— Ginny… — se aventuró Hermione un tanto insegura — ¿por qué antes tu mamá dijo que aún no estaba muy contenta con ellos?

— Ah, "eso" … — regresó la mirada hacia ella, dándole la espalda a la ventana — por algo que pasó hace unas semanas — se limitó a decir.

— ¿Qué pasó? — le preguntó Luna.

— Nada, cosas de ésos dos — les sonrió nerviosa. Hermione enarcó una ceja.

— ¿Qué cosas? — la animó a continuar Luna.

— Ya saben… — se acomodó un mechón de cabello tras la oreja — "cosas".

— Ginny… — le insistió Hermione.

— Está bien, está bien. Creo que de todas formas terminarán enterándose… — comentó más para si — Por algo que hizo Harry.

— ¿Harry? — se extrañaron las dos.

— Si. Sólo digamos que en pocas palabras agarró una borrachera de campeonato y Ron no pudo evitarlo, así que mamá se enojó con él por eso también, y pues aún no se le baja el enojo… o al menos, no quiere que piensen que ya lo hizo — les respondió.

— ¿Por qué se emborrachó? — le ganó la pregunta Luna a la castaña.

Ginny le dirigió una mirada nerviosa a Hermione, pero no contestó. Sin embargo, ésta de inmediato sacó conjeturas.

— Fue cuando regresaron de Australia, ¿verdad? — le preguntó con una mira de culpabilidad. Ginny asintió.

— No sé los detalles completos porque no ha querido hablar mucho de ello con Ron y conmigo. Pero si te puedo decir que él de verdad te quiere, Herm. Deberías darle la oportunidad de hablar, ¿no crees?

Hermione se mordió el labio sintiéndose mal.

— ¡Conque aquí están!, — abrió la puerta de improvisto la señora Weasley sacándoles un respingo — y yo buscándolas abajo, anden, vamos a empezar a ver lo de la boda. Vamos Ginny, — la apremió y empezó a bajar diciendo en voz alta — ¡recuerda que la que madruga…! — y se perdió en las escaleras.

— Amanece con ojeras — completó con sorna la pelirroja siguiendo a su madre en compañía de sus amigas.


Al día siguiente, cuando eran en punto de las ocho de la mañana Hermione se levantó a asearse para bajar a ayudar a la señora Weasley en la preparación del desayuno; pero cuál fue su sorpresa minutos después, al encontrarse a Harry enfundado en una camisa blanca y un delantal marrón poniendo cerca de una docena de huevos en el fogón.

El ojiverde, sin darse cuenta aun de la presencia de la castaña, siguió preparando los huevos revueltos con salsa verde mientras empezaba a cantar su canción muggle favorita: "Far away" de Nickelback.

— "This time, this place

Misused, mistakes

Too long, too late

Who was I to make you wait?"

Sin darse cuenta que Hermione lo escuchaba en silencio.

— "Just one chance

Just one breath

Just in case there's just one left

Cause you know, you know, you know…"

Hermione aguantó la respiración.

— "I love you

I have loved you all along

And I miss you

Been far away for far too long

I keep dreaming you'll be with me

And you'll never go

Stop breathing if

I don't see you anymore"

Tomó el sartén y en un rápido movimiento los huevos salieron volando unos cuantos centímetros por el aire y regresaron todos impecablemente al sartén. Hermione sonrió con gracia.

— "On my knees, I'll ask

Last chance for one last dance

Cause with you, I'd withstand

All of hell to hold your hand

I'd give it all

I'd give for us

Give anything but I won't give up

Cause you know, you know, you know…"

Inconscientemente, Hermione se fue acercando un poco, pero deteniéndose en un extremo de la mesa para que no la notara, queriendo escucharlo cantar aquella canción, que curiosamente, era también su favorita.

— "I love you

I have loved you all along

And I miss you

Been far away for far too long

I keep dreaming you'll be with me

And you'll never go

Stop breathing if

I don't see you anymore."

Eran tantas cosas las que pasaban por sus cabezas, todos los recuerdos de Hogwarts, su amistad, sus aventuras, el compañerismo incondicional, los peligros que vivieron juntos y que sólo los unieron más…

— "So far away

So far away

Been far away for far too long

So far away

So far away

Been far away for far too long

But you know, you know, you know…"

La pelea en Australia… aquel "¡Yo te amaba!" gritado por Hermione.

— "All I wanted

I wanted you to stay

Cause I needed

I need to hear you say:"

Y que aún lo seguía haciendo.

— "That I love you

I love you

I have loved you all along

And I forgive you

And I forgive you

For being away for far too long.

So keep breathing

Cause I'm not leaving you anymore

Believe it

Hold on to me and never let me go."

Pero como aquella canción, Harry la perdonaba por sus palabras hirientes y la entendía, le había causado daño; mas eso no importaba, porque sin importar que, su amor era lo único que nunca los dejaría; lo que los mantendría unidos.

— "Keep breathing

Cause I'm not leaving you anymore

Believe it

Hold on to me… never let me go

Keep breathing"

Por supuesto que le creía, a pesar de su testarudez, de sus arranques de ira, sus celos, todo, ella sabía que Harry jamás la dejaría, aunque ella misma se lo pidiera, tal como ella nunca lo hizo cuando él quiso alejarla para evitar que Voldemort le hiciera daño.

— "Hold on to me… never let me go

Keep breathing"

Lo había seguido incondicionalmente, y lo seguiría haciendo, porque a pesar de que lo negara y se rehusara a aceptarlo, lo amaba, y por Merlín, ¡que jamás lo dejaría de hacer!

— "Hold on to me… never let me go"

— Bonita canción — dijo Hermione sin poder contenerse, tratando de hacer sonar su voz normal y alejando aquel nudo en su garganta.

— ¡Hermione!, — Harry pegó un brinco y la regresó a ver con el respirar agitado apoyando sin darse cuenta una mano en la sartén, quemándose — ¡Auch!… — se llevó los dedos enrojecidos a la boca — Buenos días — sonrió atontado agitando su adolorida mano.

— ¿Estás bien? — se acercó de prisa tomando su mano para revisar el daño.

— Sí, claro… — le restó importancia, pero cuando Hermione tocó sus dedos ligeramente, dio una sacudida — Bueno, duele un poco, — agregó al ver su mirada de desaprobación — no es nada — le aseguró.

Hermione lo miró a los ojos perdiéndose momentáneamente por unos segundos. Desvió la mirada ante la "peligrosa" situación.

— Emh… — le soltó la mano alejándose, fingiendo revisar algo en la mesa — ¿y la señora Weasley?

— Salió, — señaló el trozo de pergamino en la mesa — fue a visitar a Fred y George — añadió al verla tomar el papel y leerlo descuidadamente.

— Ya veo — se limitó a decir.

Harry apagó el fuego antes de que el desayuno se convirtiera en carbón y retiró la sartén del calor; después tomó una jarra del fregadero y se aproximó a la canasta de naranjas.

— Te ayudo — se ofreció Hermione acercándose.

— Si quieres — se encogió de hombros Harry, aunque por dentro casi saltó de alegría.

Luego de media docena de naranjas cortadas a la mitad empezaron a exprimirlas para sacar el jugo.

— Y… ¿cómo has estado? — le preguntó Harry, mirándola de reojo.

— Bien, he estado trabajando y ésas cosas… — le respondió escuetamente Hermione — ¿Y tú? — quiso saber.

— Pues bien, supongo — "Extrañándote", quiso decir.

— ¿Supones? — lo regresó a ver, oprimiendo una naranja en su mano y dejando caer el jugo en la jarra.

— ¿Qué son exactamente "y ésas cosas"? — la atajó con otra pregunta.

— Yo pregunté primero — lo miró enarcando una ceja.

— Tú dijiste primero "y ésas cosas" — le señaló.

— Me refería sólo a trabajo, ya sabes, papeleo y todo lo referente al trabajo — le aclaró.

— Lo supongo porque Ron dice que he andado con un humor de los mil demonios — respondió Harry a su pregunta.

— ¿Y lo has andado?

— Creo que tendría motivos de sobra, ¿no crees? — la miró significativamente. Hermione oprimió con más fuerza de la necesaria la naranja y una gota amarga de la cáscara voló directo a su ojo.

— ¡Ay! — soltó la naranja tallándose el ojo, siéndole imposible ver por las lágrimas que empezaron a empañarle la mirada.

— Déjame ver — se acercó Harry tomándola de la barbilla.

— No puedo abrir el ojo — se quejó de manera adolorida con el ojo lagrimeándole.

— Espera… — tomó su rostro con una mano; con la otra agarró un pequeño pañuelo que había dentro del delantal y le limpió las lágrimas junto a cualquier residuo de jugo de naranja del rostro — ¿Mejor? — su aliento rozó los labios de Hermione.

— Un poco… — concedió la castaña, restregándose el ojo. La cercanía con Harry le estaba alterando los nervios — ¿Ya no tengo más?

¡Traicionera, tienes novio!, le espetó su parte racional de manera indignada, pero la hizo callar.

— No estoy seguro… — comentó Harry como quien no quiere la cosa — necesito estar más cerca — las puntas de sus zapatos pegaron con los de Hermione al dar otro paso.

— Harry…

— ¿Si? — murmuró quedamente.

— Ése día en el muelle… yo… — lo miró avergonzada.

— No importa — acarició su mejilla. Ya no recordaba ni cómo es que había terminado tan cerca de ella.

— Pero es que… — el ojiverde la silenció colocando un dedo sobre sus labios. Se inclinó hacia ella…

— Mamá, ¿qué hay de desayunar? — preguntó de pronto Ron con somnolencia entrando en la cocina, sin darse cuenta de que acababa de interrumpir un momento crucial entre sus amigos. Hermione se separó bruscamente de Harry y éste le lanzó una mirada asesina al pelirrojo mientras sus brazos caían inertes a los lados al sentir la perdida de la castaña.

— Buenos días — lo saludó Harry con los dientes apretados, obviamente para él ya no tenían nada de buenos con la interrupción de su mejor amigo.

— Oh, oh… — se quedó estático en el umbral, sin saber a cuál mirar; al final se decidió por el ojiverde — Lo arruiné ¿verdad? — le sonrió nervioso. Harry le mandó una mirada furibunda. Hermione se colocó un mechón de cabello tras la oreja con las mejillas sonrojadas.

— ¿Qué arruinaste? — preguntó Ginny llegando en ése momento acompañada de Luna.

— Buenos días — saludó la rubia.

— ¿Qué arruinaste? — volvió a preguntar Ginny con insistencia.

— Nada, — se adelantó Hermione a contestar evadiendo la mirada dolida y frustrada de Harry — siéntense, el desayuno está listo — añadió sin más preámbulos.


— Ahora sí, dinos ¿a qué se refería Ron cuando dijo que lo arruinó ésta mañana? — le cuestionaba Ginny a Hermione, se encontraban en el estudio del señor Weasley acomodando varias cajas para darle espacio a las cosas que había mandado la tía Muriel durante la noche.

Harry, que se encontraba más cerca de las chicas que Ron, agudizó el oído, aprovechando la tarea de amontonar un par de cajas una sobre otra como distracción.

— A nada, sólo estábamos hablando — nerviosa, fijó toda su atención en la caja que revisaba para saber si sería desechada o reciclada.

— ¡Mientes con todos los dientes!… — señaló Luna segura — Escúpelo Hermione — la apremió empezando a hablar en susurro.

Harry maldijo su suerte. Se acercó un poco; tomó otra caja sin siquiera mirar su contenido y la puso sobre las que había amontonado descuidadamente.

— Ya les dije, hablamos… — las miradas suspicaces de sus amigas la hicieron suspirar con resignación — Y bueno, le estaba ayudando a preparar el desayuno…

— ¿Y? — la alentó a seguir Ginny, realmente interesada. Luna se inclinó más hacia ellas para no perderse nada; y Harry inconscientemente hizo lo mismo. Mientras al otro lado de la habitación, Ron ni se daba por enterado, olfateando una vieja botella de whiskey de su padre.

— Por accidente me cayó algo de jugo en el ojo y él se acercó a ver, y pues…

— ¡Se besaron! — apuntó en un susurro emocionado Ginny. Luna abrió los ojos como platos.

— ¡No! — contestó Hermione con más fuerza de la necesaria. Sus mejillas se tiñeron de rosa.

El pelinegro tomó las tres cajas en brazos simulando que las iba a cambiar de lugar, sólo para fingir que realmente hacía algo.

— Pero bien que querías que si — comentó Luna con voz traviesa.

— Pues…

Harry agudizó más el oído y le dejó de poner atención a las cajas que sostenía precariamente en las manos.

— Admítelo Hermione, sabes que te mueres por besarlo — volvió a decir la rubia con una sonrisa risueña. Ginny soltó un gritito emocionado cuando la vio asentir.

— La verdad es que si — dejó salir en un susurro, mordiéndose el labio.

¡CRASH!

Las cajas que tenía Harry en las manos se fueron al suelo al oír aquellas últimas palabras.

— ¡Lo siento!, ¡lo siento!, yo… ¡perdón! — exclamó torpemente mientras recogía las cosas que quedaron desparramadas por el suelo y las depositaba sin orden alguno en las cajas a la vez que trataba de borrar la sonrisa boba que estaba seguro tenía en el rostro. Mientras Luna y Ginny lo miraban con gracia; y Hermione sólo fruncía el ceño, desconcertada.

— Yo creo que mejor separamos a Harry de Hermione, de lo contrario terminará rompiendo hasta mi vestido de novia de lo nervioso que se pone — comentó Ginny como quien no quiere la cosa, aunque lo suficientemente alto para que la escucharan todos.

Luna empezó a reírse a carcajadas y Ron improvisó una tos para callar su propia risa. Mientras Harry y Hermione enrojecían hasta la raíz del cabello y la castaña evitaba ver al primero a toda costa.

— En definitiva, ésta será una laaaarga semana — subrayó Ron con gesto santurrón, mirando burlón a sus amigos.