Capítulo 19: ABRE TUS OJOS

Harry no podía creer la suerte que tenía, y la dicha que lo llenaba en aquellos momentos.

¡Hermione había querido que la besara!, ¡eso era muchísimo mejor que ganar un campeonato de Quidditch y la copa de las casas en su época de estudiante!… Estaba seguro que, si a los 17 años hubiera sabido eso, por Merlín que hubiera sufrido un infarto.

Sin embargo, lo primordial era que ella quería que la besara… ¡Sin importarle siquiera que supuestamente tuviera novio!

Ahora ya no sólo tenía esperanzas de poder hablar con ella durante su estancia en La Madriguera. No señor. Se arriesgaría el todo por el todo, y muchísimo más. No importaba cuanto le costara, estaba decidido: ¡enamoraría a Hermione Jean Granger o se dejaría de llamar Harry James Potter!

Además, ¿qué mejor forma de comenzar que consintiéndola todos los días con sus dotes culinarios?… Si sus tíos supieran que el haberlo obligado a cocinar durante años ahora le servía para ser feliz; sonrió ante la cómica ironía de la situación.

— Manos a la obra — se dijo Harry aquella mañana saltando de su cama con entusiasmo y dirigiéndose a la cocina…


— ¡FUEEEEEEEGOOOOOOOOOOOOOOOOO!… — minutos después, el bramido alarmado de Ron despertaba de golpe a Ginny, Hermione y Luna. Las chicas se sobresaltaron de inmediato al darse cuenta que por debajo de la puerta una fina capa de humo negro se abría paso sin problemas. Respingaron cuando escucharon de nuevo la voz de Ron, ésta vez golpeando las escaleras con algo, intentando llamar su atención — ¡FUEEEEEEEGOOOOOO!… ¡GINNY, LUNA, HERMIONE!… ¡SE QUEMA LA CASA!… — decía entre golpes.

Las chicas no lo dudaron, poniéndose de pie de un salto, apenas tuvieron tiempo de calzarse los zapatos y una bata antes de abrir la puerta. Su vista quedó obstaculizada al instante por el denso humo que cubría ya todas las escaleras. Muy difusamente notaron la cabellera pelirroja de Ron al final de éstas, aguardando por ellas. En ningún momento había dejado de gritar, tosiendo más seguidamente.

Hermione no lo pensó dos veces, tomando de un brazo a Luna, y empujando a Ginny para que empezara a bajar, las fue conduciendo a través de los invisibles escalones. La pelirroja al frente de la marcha casi con los ojos cerrados por el irritante humo y cubriéndose nariz y boca para no inhalar nada. La castaña en medio jalando a la rubia tan cerca de ella que casi le pisaba los talones, temiendo perderla entre la densidad; una mano en el hombro de Ginny.

Ron sonrió entre aliviado por verlas bajar, y divertido por como saltaban de dos en dos las escaleras.

— ¡Sálvese todo el mundo!… ¡Mujeres y niños primero! — vociferó con menos fuerza entre toses, ocultando una sonrisa burlona en los labios. Imaginándose con anticipación la cara que pondrían cuando supieran el motivo del humo.

— ¡¿Qué pasó?! — le inquirió con preocupación Hermione al encontrárselo al pie de las escaleras. El rostro del ojiazul ligeramente sucio por el humo.

— ¡Todo el mundo fuera, se quema la cocina! — la apremió agarrándola del brazo y tirando de Luna con el otro mientras le hacía señas a Ginny para que lo siguieran fuera de la casa.

— ¡Ron, ¿qué demonios pasó?, ¿dónde está Harry?! — exigió saber Hermione apenas pudo liberarse de su agarre una vez fuera. Un nudo de preocupación le impedía pensar con rapidez.

Mas recibió la respuesta cuando, de entre el humo, un sucio, desalineado y tosiente Harry, salía por la puerta tratando de recuperar el aliento.

— ¡Harry!… — Hermione se abalanzó a abrazarlo. Sin notar la mirada risueña de su amigo pelirrojo a sus espaldas. Luna y Ginny se secaban las lágrimas de sus irritados ojos — ¿Estás bien?, ¿qué pasó? — lo miró con aprensión, alejándose un poco de él para permitirle respirar.

Los ojos del ojiverde estaban rojizos debido a la irritación del humo, y la respiración entrecortada que salía de su boca se escuchaba áspera. Su rostro era una mancha de ceniza.

— Sólo quería… — consiguió decir, tomando aire profundamente. Empezó a toser de nuevo — sólo quería hornearte un pastel… — trató de explicarse, tomando grandes bocanadas de aire — co-cómo los que te gustaban… en Hog-Hogwarts — finalizó con la voz áspera, tosiendo.

— Pues yo diría que más bien lo hiciste al carbón, hermano — se empezó a reír Ron, quien parecía haberse estado conteniendo todo ése tiempo.

Ginny y Luna rodaron los ojos exasperadas y somnolientas; y con un hondeo de la varita, la pelirroja desvaneció el humo.

Hermione sin embargo miraba a Harry con una mezcla de dulzura y reproche en sus ojos miel. Éste, avergonzado, bajó la cabeza. Ron continuaba riendo estruendosamente, agarrándose un costado por el esfuerzo, los ojos lagrimeándole.

— ¡Lo hubiera visto!… — se le escuchó decir a Ron, volviendo a reírse. Olvidando el hecho de que bien pudieron haber muerto por intoxicación — ¡Ay!… — se secó las lágrimas, respirando entrecortadamente.

— Para la otra sólo dale flores, hay muchas en el jardín, así no tendríamos que sufrir nosotros por tus "dotes en repostería" — le espetó con ironía Luna al ojiverde, ganándose una mirada mal por parte de Hermione. Ron se rio con más ganas. Harry enrojeció levemente y se separó de la castaña, aún más apenado.

— No quise… — quiso disculparse.

— Ahora imagínate si se le hubiera ocurrido hacer todo el banquete — soltó Ginny sin darse cuenta. Ron se burló entre un aullido de dolor por sus irritadas costillas.

— ¡Ya basta!… — los calló Hermione sin poder contenerse un segundo más — ¿es que no se dan cuenta de lo que pudo haber pasado?… — les espetó mirándolos fulminante — ¡Harry pudo fácilmente quedar atrapado entre el humo y haberse ahogado! — los reprendió con las mejillas sonrojadas de indignación.

— Hombre, tampoco es para tanto. Yo estaba con él — replicó Ron recuperando la seriedad.

— Sí, me doy cuenta de cuán grande fue tu ayuda, Ronald — atajó mordaz.

Las orejas de Ron enrojecieron.

— Bueno, ustedes estaban dormidas… Alguien tenía que levantarlas ¿no?, prevenirlas — añadió en su defensa. Cuál hubiera sido el héroe de aquella proeza.

— Claro, prevenirnos. Nos dimos cuenta de cómo de seria tomaste la situación. Riendo como si fuera toda una broma — le empezó a discutir.

Luna, Ginny y Harry los veían en silencio. Hacía mucho tiempo que no se enfrascaban en una discusión como aquella. Era como ver a dos niños peleando por un juguete.

— Tú tampoco te opusiste cuando te saqué — le espetó Ron sintiendo sus orejas arder.

— ¡Porque me sacaste a rastras, Ronald! — le recriminó con vehemencia.

— ¡Ahí lo tienes!, hasta tú sabes que tengo razón — rebatió Ron sin sentido alguno.

— ¿Pero de que rayos estás hablando?… — lo miró cual si hubiera perdido el juicio — ¡Por supuesto que no tienes razón! — le contradijo.

— ¡Que sí! — insistió Ron.

— ¡Que no! — refutó Hermione.

— ¡Que SI! — exclamó con ímpetu el pelirrojo, una sonrisa burlona escondiéndose en sus labios. Disfrutando el hacerla rabiar.

— ¡Que NO, y mil veces más, NO! — soltó infantilmente Hermione.

— ¡Que SI, y un millón de veces más sobre la cantidad que digas!… — añadió rápidamente Ron sacándole la lengua. Se rio cuando la castaña frunció los labios con frustración, quedándose sin argumentos — ¡Aja!, ¡te gané, te gané, te gané, te gané!… — empezó a canturrear sonriendo con suficiencia. Pavoneándose frente a la ojimiel.

Hermione chasqueó la lengua, mirándolo con ganas de darle un golpe. Ginny y Luna se rieron también, pero al ver la expresión enfurruñada de su amiga.

— Cómo extrañaba esto — sonrió Harry sin poder evitarlo, mirando de una a otro.

Hermione se hizo de oídos sordos, mas no pudo evitar contagiarse de las risas de sus amigas a los pocos segundos. Sobre todo, al ver el ridículo baile que acababa de inventar Ron.


Tiempo después, Ginny y Luna se encargaban de ordenar el desastre que se había hecho en la cocina siendo "ayudadas" por Ron, quien únicamente buscaba quedar bien con la segunda. Mientras en el piso de arriba, Harry se lavaba el rostro siendo observado por Hermione desde el marco de la puerta; quien supuestamente lo había acompañado como precaución a su reciente traumatismo.

Hermione no pudo evitar sonreír interiormente al recordar el argumento que le había dado Harry. Así que el reciente incidente había sido causado por un fallido pastel, rememoró con gracia. Se mordió el labio inferior al observar a Harry, preguntándose en silencio como y cuando habían cambiado tanto las cosas entre ellos.

Ahí estaban ahora, en La Madriguera, donde pasaron juntos tantos veranos. El lugar donde junto a Ron y su familia compartieron muchos momentos alegres en sus vidas.

Dónde pasaron de la infancia a la adolescencia. Y dónde, irónicamente, Ronald había intentado hacerla de cupido en varias ocasiones durante aquella lejana Navidad en séptimo grado.

Cuanto habían cambiado las cosas desde entonces, pensó con un dejo de nostalgia.

Mas hasta hacia media hora antes, cuando recién despertaba por los gritos de Ron, todo seguía igual de nebuloso que como se encontraron… Hasta después de cinco minutos, cuando la sola idea de perderlo le estrujó el corazón por interminables treinta segundos, justo cuando salía…

Y todo por un pastel que él recordaba ella adoraba. Sonrió al pensarlo.

Si supiera que no era el pastel lo que ella valoró de su gesto. Sino su conocimiento de ella.

Estaban siendo los mejores minutos de su vida. Pues estaba contemplando a aquel Harry bondadoso, amigable, y detallista que recordaba; y del cual ella se había enamorado.


— ¿De verdad todo fue por hornearme mi pastel favorito? — le preguntó Hermione a Harry con una nota de escepticismo en la voz, mientras éste terminaba de lavarse el rostro y cerraba la llave del agua.

— Si, pero ya ves, no salió muy bien — tosió de nuevo. Tomó una toalla y se secó el rostro descuidadamente. Sus ojos seguían igual de irritados. Hermione sonrió compasiva.

— Quizás debería revisarte alguien — le sugirió con preocupación.

— No, estoy bien. Además, seguro Ginny puede darme alguna infusión… — le restó importancia girándose a verla. Apenas se daba cuenta que la castaña vestía su pijama y traía una bata encima cubriéndola descuidadamente; unas pantuflas color beige cubrían sus pies. Hermione no había notado siquiera que se las había calzado al revés — Ron debió asustarlas cuando empezó a gritar — le comentó señalándole las pantuflas.

Hermione bajó la mirada, sonriendo apenada. Se descalzó, volviendo a ponérselas ésta vez en el pie correcto cada una.

— Me asusté más cuando salimos y no te vi por ningún lado — se encontró diciendo, mirando distraídamente un punto fijo de la habitación.

Harry sonrió irónicamente. Después de todo, algo bueno había salido de eso, pensó.

— No quise preocuparte… De hecho, no quise quemar la cocina — añadió con gracia haciéndola sonreír.

— Con una simple galleta, aunque fuera de cualquier tienda, me hubiera conformado Harry — le comentó en broma, regresando a verlo.

Harry meneó la cabeza sonriendo.

— Entonces ya no se notaría que realmente me esfuerzo por recuperarte ¿no crees? — se atrevió a expresar, un brillo cómplice en su mirada.

— No tienes que esforzarte — murmuró quedamente, perdiéndose en aquellos ojos. "Nunca me has perdido", quiso agregar.

— Pero sólo conseguí prenderle fuego a la cocina — se mofó Harry de sí mismo. No había alcanzado a escuchar lo que había dicho Hermione.

— De todas formas, la intención es la que cuenta — le sonrió reconfortante, tratando de animarlo.

— Supongo — hizo una mueca apesadumbrado, desviando la mirada.

Hermione suspiró al verlo tan decaído.

— Bueno, lo hayas quemado o no, creo que por el esfuerzo mereces una recompensa — le sonrió, como quien se trae algo entre manos, acercándose a él. Harry arrugó el entrecejo, regresando a verla.

¿A qué estás jugando castaña?, le preguntó su molesta parte racional. Recuerda que el que juega con fuego

¡Shh!, la calló la emocionada voz de su corazón, expectante de lo que pudiera pasar.

— ¿Si? — la miró de pronto ilusionado. La sonrisa de Hermione se ensanchó; a pesar de los años, Harry seguía teniendo aquel espíritu de niño inocente del cual quedó cautivada, capaz de poner una carita de regañado cuando pensaba estaba en problemas y luego una de travesura cuando hacía una de las suyas; mas ésa era la que más le encantaba, con aquel brillo ilusionado en su mirada haciéndolo sonreír esperanzado.

Sin detenerse a pensar un segundo más, Hermione acortó la escasa distancia que los separaba y le dio un suave beso, que, si Harry no se hubiera movido en el último segundo, hubiera sido en la mejilla, y no en la comisura de los labios, como justo acababa de ser.

— Herm… — murmuró, haciendo ademán de retenerla a su lado. Hermione retrocedió dos pasos hacia atrás, sintiendo su corazón palpitándole con fuerza contra las costillas.

— Yo… Creo que… — se aclaró la garganta, desviando la mirada. La sangre les subió a las mejillas — Deberíamos bajar… — le dijo sin mirarlo — Debemos ayudarles a limpiar la cocina… — se acomodó un mechón de cabello tras la oreja, mordiéndose el labio. Harry asintió por instinto. Hermione estaba nerviosa e incómoda ante lo que acababa de pasar, así no conseguiría hablar con ella, dedujo fácilmente. La siguió en el momento en que ella salía de la habitación. El ojiverde no pudo evitar sentirse flotar en una nube ante el enorme paso que habían dado.

Mientras escalones más abajo, Hermione trataba de no trastabillar al no sentir el suelo firme bajo sus pies.


Mas la llegada de un trozo de pergamino, cerca del anochecer, ocasionó que Hermione pisara tierra firme de nuevo…

"Amor, ¿cómo estás?, lamento tanto haber estado ausente durante éstos últimos días, pero me saturé de trabajo. Por fortuna el lunes estaré de nuevo libre, apenas me desocupe te iré a visitar y te compensaré por éste tiempo con creces.

Te amo.

Will."

Te lo dije, le espetó de nuevo aquella molesta voz. Tienes novio, más vale que lo vayas asimilando, porque no querrás que las cosas se arruinen con Will sólo por un arranque del corazón, ¿verdad?, le acusó su parte racional.

Cómo si otra persona le hubiera preguntado, y no ella misma, la castaña negó perturbada ante aquella posibilidad.

Eso pensé.

Siempre nos arruinas todo y nos haces sufrir ¿sabías?, le reclamó la voz del corazón de manera dolida.

Yo sólo velo por nuestro bienestar. ¡Cosa que tú no hiciste hace años y nos obligaste a huir de ésa manera tan estúpida!, le espetó a su vez con reproche.


Mientras tanto cerca del huerto, un celoso Ron veía desde lejos como una sonriente Luna hablaba sin parar por celular, completamente seguro de que era con Terry Boot con quien se comunicaba la rubia.

—… me has tenido muy abandonado eh — le reprochaba Terry a Luna de manera juguetona. Ésta sonrió apenada para después responder:

— Lo sé, perdona, es sólo que con esto de que Ginny, Herm y yo somos otra vez amigas, pues…

Ya sé, ya sé. Quieren recuperar el tiempo perdido — la interrumpió el rubio al otro lado de la línea.

— Pero prometo que apenas regrese a casa organizamos algo y salimos ¿sí? — le propuso de inmediato.

Bueno… — no sonó muy conforme, mas trató de disimular — pero no me vayas a quedar mal — añadió sin poder resistirse.

— Oye, ¿cuándo te he quedado mal eh? — le reclamó bromista.

De acuerdo, nunca lo has hecho… — concedió — Es solamente que he estado muy abandonado éstos últimos días. Con eso de que tú y Hermione se la pasan con Ginny. Y que Will y yo apenas tenemos tiempo de comer una comida decente entre tanto papeleo. Estoy muy aburrido. Extraño salir con ustedes… — se sinceró — En fin, no te quiero agobiar con esto. Dime, ¿cómo has estado? — cambió de tema.

— No importa Terry, sabes que puedes hablarme de lo que sea. Para eso estamos los amigos… — le dijo. Lo escuchó soltar algo semejante a un "Lo sé" — Y pues, ¿qué te puedo decir?… — su voz se escuchó animada de nuevo — ¡Estoy genial!, no tienes idea de cuán feliz estoy de que Herm y Ginny se vuelvan a hablar. Por un momento pensé que había perdido a ése par en el lado oscuro, — escuchó al otro lado de línea a Terry reírse por su ocurrencia — ¡en serio!… — trató de aparentar seriedad.

Lo que digas Lu… — sonó animado Terry.

— En fin, no podía mencionar a Ginny con Herm, porque Herm se enojaba. Y a Herm no la podía mencionar con Ginny porque ésta luego, luego me preguntaba cosas que a mí no me incumbían discutir con ella, sólo a Herm — le siguió contando.

Debe ser un gran alivio para ti tenerlas por fin unidas — comentó su amigo.

— Y que lo digas… — suspiró Luna — ¡Recuperé a mis hermanas! — chilló con alegría.

¡Hey!, ¿dónde quedamos Will y yo en esto eh? — le acusó con fingido tono dolido.

— Es diferente Terry. Ustedes son chicos… — le explicó — De vez en cuando es agradable hablar con alguien de nuestro mismo sexo ¿no crees? — le preguntó.

Chicas… — resopló el rubio haciéndola sonreír — Y debo suponer que como has estado ocupada con ellas ni siquiera te has acordado de mi ¿no? — habló con fingida indiferencia.

— ¡Por supuesto que me acuerdo de ti, tonto!… — se rio Luna — Sabes que eres muy importante para mí. ¡Te quiero mucho Terry, no lo dudes nunca!

Yo también te quiero mucho — se escuchó desanimado.

— ¿Sucede algo? — enarcó una ceja Luna, intrigada.

No, nada. Es sólo que te extraño — le mintió a medias.

— Y yo a ti — suspiró Luna con nostalgia.


Ron suspiró a la vez con agotamiento, contemplándola una última vez, dio media vuelta regresando a la casa. El cielo empezaba a verse estrellado. Ya había terminado el día. Quizás mañana correría con mejor suerte, pensó esperanzado.


Y el sol brillo para Ron al día siguiente, otorgándole la perfecta excusa para acercarse a Luna.

— ¡Quidditch! — anunció apenas hizo acto de presencia en la cocina.

Hermione, Ginny, Luna y Harry, quienes apenas empezaban a servirse su desayuno lo regresaron a ver a la vez. Cada uno con diferente grado de confusión.

— ¿Qué? — le dijo Harry con extrañes.

— Quidditch. Ya sabes ex cuatro ojos… — se acercó arrebatándole el pan tostado que tenía en la mano y dándole un mordisco ante su atenta mirada. Harry lo miró con el entrecejo fruncido, molesto no sólo por el apodo, sino por lo que acababa de hacer — Se juega sobre escobas, hay tres tipos de pelotas. ¿Recuerdas, o aún no se te sale todo el humo de ayer de la cabeza?… — una cuchara salió volando contra su cabeza, mas alcanzó a verla justo a tiempo, esquivándola muy apenas — ¡Hey!… — reclamó mirando hacia el lugar de donde provino aquella agresión; se sorprendió al ver a Hermione levantada mirándolo de mala manera — ¿Conque defendiendo a tu hombre eh?, pues a ver si lo sigues haciendo en el campo de juego… — la retó. La mirada de Hermione vaciló — No tendrás miedo… ¿O sí? — la miró burlón.

— Ron… — le advirtió Harry levantándose también, todo el mundo conocía muy bien la fobia de Hermione a las alturas, pero en especial él, que la había vivido de cerca durante su tercer año en Hogwarts. Aun recordaba la mirada aterrada de Hermione junto a sus constantes gemidos de angustia en su oído mientras volaban en el lomo de Buckbeak.

— Entonces ¿qué dices Granger?… — siguió provocándola Ron, ignorando olímpicamente a Harry. Éste gruño molesto — ¿Aceptas o no? — la miró malicioso.

— Vamos Herm, es hora de que le calles el hocico a mi queridísimo hermano — la animó Ginny, entusiasmada ante la idea de ver a Ron perder contra Hermione en el deporte que tanto amaba.

— Si Herm, puedes con esto y más — la apoyó Luna. Sin ser consciente de que sólo la empujaban más a hacer algo que no quería, y que el único ganador sería Ron.

Harry les mandó sendas miradas de reprobación y una asesina al pelirrojo. Sin embargo, Hermione se mantuvo impasible al responderle al pelirrojo:

— No, no acepto, porque de hacerlo sólo seguiría tu ridículo juego infantil y de todas formas te saldrías con la tuya… — expresó con gesto de superioridad, volviendo a sentarse — Además, hay cosas más importantes que el Quidditch — añadió tajantemente. Harry sonrió con satisfacción ante sus palabras, tomando asiento de nuevo. Luna y Ginny se mostraron conformes ante su respuesta. No así Ron, quien frunció la boca en muestra de disconformidad.

— Ahí lo tienes amigo infantil… — se burló Harry de Ron — No "aceptamos" jugar — subrayó. Hermione lo volteó a ver sorprendida. Harry le sonrió en muestra de apoyo.

— ¿Qué?, ¡oye!, no, Harry… — se desanimó Ron — Pero si la cosa era con Herm, amigo. No aguantas nada — se cruzó de brazos, berrinchudo.

— Lo que es con mi… amiga, es conmigo — se corrigió al último segundo. A punto de decir "con mi Herm".

— Bien, ustedes se lo pierden. Par de aburridos… — les espetó con desdén, callando cualquier cosa que fuera a decir la castaña — ¿Y qué hay de ustedes, chicas? — se giró hacia Ginny y Luna.

— Yo paso, necesito mandarle una lechuza a Nev para ponernos de acuerdo en su próxima salida a Hogsmeade e ir a ver algunas cosas que conciernen a la boda — replicó la pelirroja, volviendo a enfrascarse en su desayuno sin prisa.

— A mí me gusta más narrar… — comentó de forma vacilante la rubia. Ron bajó la mirada, desilusionado — Aunque, volar un rato no me caería mal — le sonrió amable.

— ¡Eso es todo! — aplaudió Ron, recuperando la sonrisa radiante con la que había amanecido. Se sentó a un lado de Luna, arrebatándole a Hermione el vaso con jugo que apenas se llevaba ésta a los labios, y se lo acabó de un solo trago ante la estupefacta mirada de la castaña. Harry rechinó los dientes.

— ¡Eres tan…! — lo acribilló con la mirada la ojimiel. Ron se limpiaba el labio sin hacerle caso, tendiéndole el vaso ahora vacío.

— Ahí tienes.

Hermione lo miró con el entrecejo fruncido, arrebatándoselo de mala manera y volviendo a llenarlo con jugo de naranja.

Harry le dio un puntapié por debajo de la mesa a Ron cuando éste hizo ademán de quitarle un pedazo de tocino a la castaña de su plato. Por la mirada que Hermione le dirigió a Ron, más le valía que ni siquiera lo pensara.

— Sólo te olvidas de un insignificante detalle hermanito… — comentó como sin querer la cosa Ginny, untando mermelada en su pan tostado, indiferente a lo que acababa de pasar. Ron la regresó a ver. Su hermana le sonrió con un dejo de burla — Mamá tiene sus escobas bajo llave — señaló con una risa.

— ¡Oh! — musitó desalentado cayendo en cuenta.

— ¿Bajo llave? — le preguntó Hermione extrañada, cuidando de mantener su plano lo más alejadamente posible de Ron.

— Larga historia… — cortó Harry el asunto, luciendo serio — Nada importante — añadió tajante, mandándoles una significativa mirada a los hermanos Weasley.

— Pues en ése caso podemos ir sólo a caminar ¿no? — le propuso Luna a Ron tratando de animarlo. El pelirrojo ya se encontraba devanándose los sesos para crear un plan y recuperar su preciada escoba sin que su madre se diera cuenta de nada.

¿Caminata?, que aburrido, y cansado, comentó su parte perezosa haciendo un berrinche.

Pero "solo" con "Luna", remarcó otra vocecita.

— ¡Perfecto! — exclamó nuevamente emocionado. Harry y Ginny se sonrieron con burla. Hermione miró cómplice a Luna.


Horas más tarde, sentados bajo la sombra de un enorme roble, Ron y Luna observaban el atardecer. El pelirrojo apoyando la espalda en el tronco del árbol y con uno de sus brazos rodeando los hombros de Luna, quien permanecía recargada cómodamente en la mitad de su pecho.

Sintiendo la paz del ambiente, el fresco aire acariciar sus rostros y jugando con su cabello; no podían desear otra cosa.

Era como regresar a la imagen de aquella cabina de fotos, en la que se habían quedado abrazados durante el último flashazo. Dónde sus rostros eran una perfecta armonía de lo que sentían sus corazones.

— Hacia mucho que no estábamos así… — comentó Ron, su voz apenas un murmullo mientras veían el horizonte — desde Australia.

Luna no dijo nada, sólo suspiró tenuemente.

— Te he extrañado mucho… — le confesó el pelirrojo regresando a verla. Colocó un rebelde mechón de cabello rubio tras la oreja de Luna, acariciándole en el proceso la mejilla.

— Y yo a ti — lo regresó a ver con una sonrisa.

— ¿entonces porque me evitas? — la miró con el entrecejo fruncido, necesitaba saber que había hecho mal.

— Yo…

— ¿Te arrepientes de lo que pasó en Australia?… — le cuestionó, interrumpiéndola sin planearlo — Luna, sabes cuales son mis sentimientos hacia ti, — siguió hablando sin dejarla decir nada — pero yo no sé los tuyos… — la tomó de la barbilla haciéndola mirarlo cuando ésta evadió su mirada — ¡Te amo Lu!… — acercó su rostro al de ella lentamente — Y espero poder hacer que me creas… — se inclinó para besarla. Sin embargo, Luna giró el rostro en el último segundo, justo cuando sus labios se rozaron; levantándose del suelo con prontitud.

— Será mejor volver — se limitó a decir. Su corazón palpitaba fuertemente en su pecho y sentía las piernas de gelatina. Mas su parte racional, aquella que sólo nos provocaba sufrimiento, le gritaba que huyera antes de dejarse al descubierto y permitir que la dañara como había hecho hacia años.

— Pero… — se incorporó Ron a su lado mirándola desconcertado. Suspiró frustrado cuando la miró evitarlo con la mirada — Lamento si voy demasiado rápido. Si te he desconcertado… o incomodado con lo que siento… — empezó a decir quedamente, escondiendo las manos en los bolsillos — Pero honestamente, no encuentro otra forma de dejar salir lo que siento dentro cada vez que pienso en ti… que te tengo a mi lado… — se mordió el labio, expectante ante su respuesta.

Luna lo escuchaba en silencio, viendo el horizonte.

— Luna… desde el momento en que te fuiste, perdí la razón… — soltó con un tono ligeramente perturbado — Y no en el mal sentido, en el bueno… Merlín, ¿qué estoy diciendo?… — sonrió nervioso, pasándose una mano por el cabello — No soy bueno con las palabras, nunca lo he sido. Y tal vez fue por eso que siempre me escudé en la imagen del chico bromista y despreocupado… — comentó con amargura — Sé que en el pasado te dañé… y quizás por eso no confíes en mi ahora… o en el futuro… — su voz se fue apagando — Pero yo… Sólo necesito que creas Lu. Necesito que me creas cuando prácticamente te estoy ofreciendo mi corazón en una bandeja de plata. Tal vez no sea mucho lo que te ofrezco, pero… — empezó a balbucear.

— Ronald… — lo cortó. Dándole la espalda aún. Ron esperó paciente a que continuara — No es acerca de si te creo o no. Es… — dirigió la mirada un momento al firmamento, suspirando profundamente. Tenía miedo. Sin querer, e irremediablemente, Luna sentía miedo de lo que pudiera pasar en el futuro. De lo que pasaría si aceptaba lo que Ron le ofrecía y ella no estaba segura de querer arriesgar una vez más.

Años atrás, sin palabras y ciegamente, ella le había entregado su corazón sin él saberlo. Y Ronald lo había dañado de la peor manera posible. Por primera vez en su vida había conocido la infelicidad, y había sido su causa.

Cuantas veces se había llamado débil al llorar por sus desplantes.

Cuantas lágrimas había derramado en la oscuridad de su habitación por culpa de las burlas de Ron.

Fingir que aquello simplemente no había pasado era muy complicado. No se trataba de ningún malentendido como el asunto de Ginny, Hermione y Harry; esto era mucho más. Ella había presenciado muchas veces como el pelirrojo se pavoneaba con sus amigos burlándose de ella.

Sinceramente, no se sentía tan fuerte como para afrontarlo de nuevo. A pesar de que su amor aun viviera en ella.

A pesar de sí misma, de ellos mismos, debía ver por el bienestar de su maltrecho corazón.

— Necesito tiempo Ronald… — se giró, teniendo que alzar la mirada para encontrarse con aquellos ojos azules — Hay demasiadas cosas que… — negó con la cabeza. La tenía hecha un lío — Escucha, sólo necesito aclarar lo que siento, ¿de acuerdo? — le pidió.

— ¿Es por Boot?… — le preguntó de pronto. Luna lo miró nerviosa, ése era otro tema que necesitaba aclarar y pronto. No podía permitirse dos errores en su vida — ¿Tiene algo que ver lo que dijo aquel día?… — la sacó de sus pensamientos — ¿Luna es cierto que le pediste…? — sus ojos se opacaron.

— Habrá tiempo para hablar de esto, pero ahora no estoy lista… No aun — lo evitó, su mirada vagó a sus zapatos.

Luego de unos minutos en los que los últimos rayos de sol se extinguieron en el horizonte, Ron asintió. Ya la había estado esperando durante seis años, unos cuantos días más no serían demasiado problema ¿no?

Suspiró resignado.

— De acuerdo.


Domingo, el último día de la semana, y como tal, el último día en la Madriguera. Para desgracia de Harry y Ron, tuvieron que marcharse la noche del sábado por un comunicado urgente del Ministerio, nada grave, sólo problemas con los aprendices de Aurores que quisieron hacerse los héroes y por poco acaban en San Mungo por culpa de un mago ebrio que exigía ver al Ministro para decirle unas que otras palabras y terminó lanzando hechizos a diestra y siniestra sobre los valientes estudiantes.

Así que, en vista de que no había más testigos en la casa que el trío de amigas; pues Molly y Arthur Weasley se habían marchado a visitar a su hijo mayor Bill. Ginny no encontró mejor momento para aprovechar que ése para acorralar a sus amigas y aclarar el asunto que tanto le intrigaba: las relaciones entre Harry y Ron para con ellas.

Es por eso que no escatimó en reparo alguno para encerrarlas en su habitación, sin que éstas se hubieran dado cuenta aún. Si querían salir por ésa puerta, tendrían que hablar, dictaminó para sus adentros.

Ya era hora de volver a revivir el pasado… y traer un poco al presente.

— Así que… — empezó a decir Ginny con aparente despreocupación, cual si fuera a hablar del clima; mientras fingía darle el visto bueno a su nueva manicura — ¿cómo vas las cosas con Harry y Ron? — las miró de reojo para leer sus expresiones. Se encontraba sentada en el banquillo frente a su peinador mientras Hermione sobre la cama y Luna en un cómodo sillón en medio de la habitación.

— Bien — contestó escuetamente Hermione.

— Igual — se encogió de hombros Luna.

— Ahh… — pronunció la pelirroja ahora jugando con su pelo. Quizás el haber convivido tanto tiempo con Tonks ya le estaba afectando en sus dotes de investigadora. Se mostraba demasiado obvia — Entonces… por "bien" podríamos referirnos a todos los gestos "desinteresados" — remarcó entre comillas — de Harry para contigo Herm; y los inútiles esfuerzos de Ron por acercarte a ti, Lu. ¿No?…

Hermione y Luna la regresaron a ver al mismo tiempo, ante la clara ironía en la voz de su amiga.

— ¡O ya sé!… — exclamó de pronto Ginny dejando atrás la indiferencia y empezando a ser directa — se refieren a su forma tan sutil de coquetear con ellos y hacerlos babear mientras sus "novios" las esperan en casa — subrayó.

— ¡Ginny! — exclamó Hermione escandalizada. ¡Por supuesto que ella no hacía tal…!

— ¡Terry no es mi novio!… — soltó Luna ahogando su indignación. Un segundo después la rubia se daba un golpe en la frente por su lengua suelta. Hermione le lanzó una mirada de irritación — Quiero decir, nosotras no hacemos tal cosa — se corrigió de forma automática.

— ¿Ah no?, — una sonrisa irónica jugaba en los labios de Ginny — ¿entonces qué ocurre si no? — inquirió directamente.

— Pues… — balbuceó la rubia.

— ¿Aja? — la alentó a continuar.

— ¿Y a qué viene todo esto? — saltó Hermione con brusquedad.

— Viene, querida amiga… — Ginny clavó toda su atención en la castaña y siguió hablando conforme se incorporaba y caminaba del peinador al enorme diván junto a la ventana — a que ustedes traen algo entre manos y no son lo suficientemente amigas como para compartirlo conmigo… — le espetó con un dejo de dolor. Hermione abrió la boca para protestar, mas Ginny continuó, sentándose — ¡O!, ni siquiera ustedes saben lo que pasa… — aquello calló con cualquier replica por parte de la castaña y la rubia — Justo en el blanco ¿verdad?

Luna suspiró derrotada y se hundió pesadamente en el sillón. Hermione en cambio tomó uno de los tantos cojines de la cama de Ginny y lo abrazó contra su pecho como buscando refugio mientras bajaba la mirada y deseaba que el colchón se la tragara en aquel momento.

— ¿Qué sucede con ustedes eh? — les preguntó Ginny realmente intrigada, pasando la mirada de una a otra.

— Si al menos lo supiera — suspiró con pesadumbre Luna, clavando su mirada en ella.

— Van las cosas mal con Terry y William, ¿o…?

— No, no, para nada… — se adelantó en responder Hermione — Es sólo que… — volteó a mirar a Luna buscando ayuda.

— ¿El corazón no entiende del pasado y el presente? — sugirió de manera melancólica.

— ¡Entonces yo tenía razón!… — exclamó Ginny, de pronto entusiasmada — Vamos, cuenten, cuentes. Aun quieren a mis hermanos ¿verdad? — las miró con anhelante expectación.

— Creo que es más que simple cariño… — murmuró Hermione pasándose una mano por el cabello — Sigo enamorada de Harry — confesó con cierto pesar.

— Y yo de Ron — concedió Luna sin más remedio.

Ginny soltó un gritito emocionado. Eso era muchísimo más de lo que hubiera esperado. En su cabeza un montón de posibilidades.

— Pero ¿entonces que esperan par de tontas?… — las empezó a reprender sin darse cuenta — ¡Los aman!, ¡ellos a ustedes!, ¿cuál es el maldito problema? — les cuestionó impaciente.

— ¿Will? — sugirió con obviedad Hermione.

— Bueno, técnicamente Terry y yo sólo somos amigos, pero… — respondió de forma nerviosa Luna. Hermione rodó los ojos ante aquel comentario, como quien dice "Si, claro".

Ginny se pasó una mano por el rostro con exasperación.

— Ay, por favor. A ellos no los usen de pantalla. Aquí hay algo más. Porque créanme que por mucho que me digan querer a Terry y William, ése no es motivo para acallar sus verdaderos sentimientos — replicó Ginny.

— ¡Por supuesto que los queremos! — saltaron a la defensiva sus amigas.

— ¿Ah sí?, ¿entonces porque engañarlos y engañarse a sí mismas, ah?… Cuándo realmente quieres a alguien, lo que buscas es su felicidad, no cumplirles un capricho — les hizo ver.

— ¿Nos estás llamando un capricho?, ¿crees que eso somos para ellos? — la miró indignada Hermione. Luna tenía el entrecejo fruncido.

— No tan literal. Pero si… — asintió sin tapujo alguno.

Hermione bufó molesta. Obviamente Ginny no conocía a William y Terry como ellas si lo hacían, de otra forma jamás hubiera dicho semejante estupidez.

— Capricho o no, es nuestro deber… — empezó a rebatir la castaña.

— ¡Ahí lo tienes!… — saltó de nueva cuenta la pelirroja — Deber. Por Merlín, ¡el amor no se trata de deber Herm!… — la miró con frustración — Y yo que creía que ya había visto todo grado de estupidez en Harry y Ron, ¡pero esto ya rebasa niveles! — exclamó exaltada.

— ¡Oye! — se indignaron sus amigas. Hermione le lanzó el cojín que abrazaba, estampándoselo en el rostro con muy buen acierto. Luna estaba tan indignada que ni siquiera encontró cómica la escena.

— Sólo digo lo que veo… — señaló sin inmutarse. Le lanzó una mirada mal a Hermione mientras levantaba el cojín y lo dejada a un costado por seguridad — Y ni, aunque me avientes toda la cama conseguirás cambiarlo eh… — le advirtió a la castaña con seriedad. Hermione evadió su mirada en señal de frustración — Así que lo que tenemos que hacer, o, mejor dicho, tienen que hacer, — prosiguió — es aclarar de una vez lo que sienten. ¡Por Merlín, tienen que abrir los ojos de una buena vez y saber a quién aman en verdad! — exclamó ofuscada.

— ¿Y crees que no lo intentamos?, — la miró mal Hermione — es muy sencillo decirlo, pero hacerlo es realmente duro… — le espetó enojada — Y más cuando a uno lo has amado prácticamente toda tu vida y por cosas del destino o lo que sea, termina rompiéndote el corazón en mil pedazos… Y luego aparece éste maravilloso hombre que iría hasta al mismísimo fin del mundo para hacer que deje de llover en Londres si eso te hace feliz o te saca una simple sonrisa… Y sólo te conquista más con sus gestos desinteresados y te hace creer que al final del día todo estará bien por el simple hecho de tenerlo a tu lado… — tuvo que tomar aire profundamente, tratando de tranquilizarse cuando el corazón le dio un vuelco. Los ojos se le habían anegado en lágrimas — Tú no sabes qué es eso — sentenció.

Ginny quedó anonadada al escuchar sus palabras. Luna sonrió con pesadumbre, ella sabía exactamente como se sentía Hermione; Terry había sido para ella su pilar en los momentos difíciles, alguien que hacía lo que fuera por verla sonreír, por alegrarle cada instante; y en definitiva no podía y no quería perder aquello, era dejar atrás los seis años más largos de su vida, y quizás los más insoportables si Terry no hubiera estado ahí para ella. Era por eso que la sola idea de dejarlo ahora por Ron era una infamia, una canallada. No se lo merecía. Ninguno de los dos lo merecía.

Pero ¿y sus corazones?, ¿cómo callar lo que era gritado?, ¿cómo ignorar todo aquel amor dividido?… Simplemente no se podía. No había ninguna salida. Eran presas de sus propios sentimientos.

— Te entiendo — suspiró Luna.

Ginny las miró con un dejo compasión. En definitiva, tenía que ayudarlas a darse cuenta de su error antes de que seis vidas quedarán arruinadas: las de sus amigas, la de Harry, Ron, y por desgracia, también las de Terry y William. Porque nadie merecía conformarse con un amor de fraternidad cuando el verdadero estaba sólo al abrir los ojos.

— Tienes razón, no sé qué es eso porque nunca lo he vivido y espero nunca hacerlo… — habló la pelirroja, rompiendo con el pesado silencio — Pero lo que sí sé y de lo que estoy 100% segura es de que ustedes no los aman… — replicó con la voz más suave que pudo encontrar. Hermione y Luna la regresaron a ver con el entrecejo fruncido. Deseosas de que ésa charla terminara ya — Sólo se creen en deuda por todo lo que han hecho por ustedes, pero no es más que agradecimiento y cariño lo que ustedes sienten por ellos. Porque a los que realmente aman, amaron y amarán, serán a Harry y Ron. A aquel par de inmaduros que lo único bien que han hecho en sus enredadas vidas es corresponder sus sentimientos.

La castaña y la rubia la contemplaron en silencio. Sin saber que decir.

— Y créanme que, si ustedes no hacen algo para demostrarles que también los aman, terminarán con todo ése amor que ellos aun sienten por ustedes ahora… Porque después de todo, el amor si no se alimenta, terminará consumiéndose — finalizó con un dejo de amargura.

Luna pasó saliva con dificultad, buscando deshacerse de aquel molesto nudo que se formó de pronto en su garganta. Hermione sintió un hueco en el pecho al escuchar aquellas últimas palabras.

— Pero… — empezó a decir.

— Ay Hermione, — suspiró cansada la joven Weasley — llevo la mitad de mi vida conociéndote y te juro que sé perfectamente lo que pasa por tu cabeza en éste momento, y no es confusión o algo por el estilo, es sólo miedo, miedo a salir herida de nuevo, a desilusionarte, a sufrir, pero de una vez te pregunto lo siguiente… — la miró con seriedad — ¿Qué vale más?, ¿tu amor por Harry, o tu conformismo por una felicidad artificial?… — le inquirió — ¿O es que prefieres refugiarte en tu miedo por masoquista? — la provocó sin más remedio. Buscando así hacerla entrar en razón de una vez por todas.

— ¿Cómo puedes decirme eso? — le reprochó indignada, enderezándose sobre la cama.

— Yo sólo digo lo que…

— ¡Tú no puedes ir y decirme algo que no sabes en absoluto Ginevra Molly Weasley!… — la cortó con aspereza, lanzándole una mirada dolida. Luna se mantuvo alerta observando a sus amigas, lista para actuar de ser necesario — ¡Tú no has vivido lo que Luna y yo!… ¡No pasaste casi seis años de tu vida pensando que el amor de tu vida, tu única razón de ser, y a quien aparte considerabas tu mejor amigo, te traicionó con otra de tus mejores amigas!… — exclamó exaltada, con la respiración acelerada — ¡No tienes idea de cómo se siente despertarte todos los días con la imagen de quien más amas besándose con quien más confiabas!… — le espetó con furia.

— ¡Dios, ya te dije como fueron las cosas! — vociferó enardecida Ginny.

— ¡PERO ESO NO CAMBIA NADA!… ¡NO BORRA TODO LO QUE SUFRÍ! — gritó perdiendo los estribos y levantándose de la cama. Luna también se puso de pie.

— ¡¿Y CREES QUE NO LO SÉ?!… — no se quedó atrás la pelirroja, se incorporó a la vez que sus amigas. Si con gritos y haciéndola rabiar conseguía que abriera los ojos, por Merlín que la provocaría todo lo que pudiera — ¡No soy idiota, Hermione!, — le refutó. Las mejillas de Hermione estaban rojas de indignación — ¡sé perfectamente que nada se borra con aclarar las cosas!… ¡PERO EL DAÑO YA ESTÁ HECHO Y NO SE PUEDE HACER NADA! — sentenció cortantemente con crueldad.

Hermione hizo ademán de querer abalanzarse sobre ella, mas Luna se interpuso a tiempo poniendo un brazo frente a cada una, reteniéndolas.

— ¡Ya basta!… — exclamó mirándolas alternativamente con desaprobación — ¡Es suficiente Ginny, deja de actuar tan cruel!… — le exigió a la pelirroja — Y tú, contrólate Hermione — le agregó a la castaña con seriedad.

— ¡Lo haré cuándo…! — empezó a decir con fiereza.

— ¡Ahora mismo! — zanjó Luna autoritariamente. Hermione frunció la boca con enojo, mas no hizo ademán de querer abalanzarse sobre Ginny de nuevo. Ésta por su parte la observaba con provocación. Luna bajó lentamente los brazos, mandándoles una clara mirada de advertencia e indicándoles que no dudaría en sacar su varita.

Respirando profundamente y tragándose el coraje, Hermione se dejó caer en la orilla de la cama intentando tranquilizarse.

— Sabes que tengo razón — intervino Ginny de nuevo. Luchando por ocasionarle otro exabrupto.

— Ginny… — le advirtió Luna ceñuda.

— No entiendo cómo puedes ser tan cobarde… — le espetó Ginny con desdén a la castaña, ignorando a Luna. Hermione se negó a mirarla, mas crispó los puños al escucharla — Siempre te mostraste valiente. Pero ahora… — hizo un sonido de desprecio — Al menos una parte de mí se alegra, ¿y sabes por qué?, porque no te mereces a Harry en lo absoluto — sentenció sin más.

Sin poder contenerse más y agarrando con la guardia baja tanto a Luna como Ginny, Hermione le volteó la cara a la pelirroja de una sonora bofetada luego de llegar hasta ella en tres largas zancadas. Ginny, una vez superada la sorpresa, se preparó para responderle, más la mano de Luna alcanzó a detener la suya.

— ¡NO! — exclamó con pánico al ver la forma en que forcejeaba. Hermione a su vez luchaba por seguir golpeándola. Luna había quedado literalmente atrapada entre ambas.

— Tú no… tú no tienes ningún derecho Ginevra… — le decía con frenesí. La rubia se las ideó para separarlas nuevamente, levantando un escudo protector entre ambas con rapidez — ¡Tú no tienes ningún derecho de hablarme así!… — habló con la voz quebrada, sus ojos brillantes por las lágrimas — No lo tienes — apenas exhaló. La barbilla le tembló.

— ¡Ni Harry de sufrir por tu orgullo herido! — agregó con vehemencia Ginny mirándola enojada. Su mejilla tenía marcada la mano de la castaña. Retrocedió dos pasos, pues la barrera que había puesto Luna la tenían prácticamente en las narices.

— ¡¿Y mi sufrimiento no importa?! — inquirió Hermione con indignación. Barriendo furiosamente las lágrimas que se asomaron en sus ojos.

Luna respira agitada a un costado de Hermione, con la varita en alto.

— ¡¿PERO ES QUE NO ME ESCUCHAS O QUE?!… — perdió los estribos Ginny — ¡Sólo sufres porque quieres Herm!… ¡Si por ti fuera, desde el momento en que te reencontraste con Harry ya estarías con él, pero te has negado constantemente a eso!… — la miró con exasperación — ¡ÉL TE AMA, MALDITA SEA!, ¡y tú sólo consigues herirlo más cada vez con tu desprecio!… — le recriminó. Tomó aire, tratando de tranquilizarse. Hermione no había dicho nada — Hablas de tu sufrimiento como si únicamente tú lo sintieras, pero lo cierto es que lo sentimos muchas personas. Todos sufrimos con ustedes. Harry sufrió por ti durante años, y aun lo sigue haciendo, incluso quizás más que antes… — le reclamó — Y no me vengas con que eso no es cierto porque ¡te juro que te regreso el golpe!… — le advirtió al verla abrir la boca para replicar.

Luna, aunque sintiéndose un poco más segura de que no se abalanzarían una sobre la otra, no quito el escudo.

— Tú huiste Herm, sin decirnos nada, sólo tomaste tus cosas, abordaste el tren y desapareciste durante seis años… — sus ojos la miraron dolida — Seis malditos años en que no veías a Harry buscarte desesperado. Seis malditos años en que no presenciabas como llegaba a casa ahogado de borracho. Seis malditos años en que no lo escuchabas llorar cada día que pasaba… — Hermione evadió su mirada — Hablas de sufrimiento, pero lo cierto es que sólo hablas de TU sufrimiento… — le hizo notar — Tal vez si te pusieras en los zapatos de Harry un segundo te darías cuenta de todo lo que te ama y extraña. Porque hasta él mismo lo ha dicho: "Regresó, pero es como si jamás lo hubiera hecho". Así que no hables sin saber — le espetó dejándose caer de nuevo en el diván.

Hermione guardó silencio, sin saber que alegar contra eso. El enojo se había evaporado con las palabras de Ginny. Lo que burbujeaba ahora en su estómago era la carga de la culpa.

— Es que… es demasiado bueno para ser verdad… — murmuró quedamente luego de un rato — La mitad de mi vida enamorada de mi mejor amigo, y… me parece tan irreal que ahora él venga y me diga que él también me ama… — le confesó.

— Tal vez si analizaras todo desde el principio, te darías cuenta de que es sincero… — le señaló retomando su habitual tono de voz.

Flash Back

— ¿Estás bien?… — la preocupada voz de Hermione sacó a Harry de sus pensamientos. La castaña lo había notado extraño desde hacía varios, y eso la inquietaba. Además, el que lo encontrara ahora escondiéndose en la lechucería no ayudaba mucho en su tranquilidad.

Si bien Hermione lo había notado más reservado al comienzo de ése año, no había querido comentar nada pensando que se debía a la reciente perdida de Sirius. Mas ya no podía más con la inquietud que sentía cada vez que lo veía taciturno.

Harry se giró para verla. Y la ojimiel al ver la tristeza reflejada en sus ojos verdes sólo pudo preocuparse más.

— ¿Qué pasa?… — le cuestionó suavemente, acercándose a él — ¿Te sientes mal? — se colocó frente a él.

Harry asintió sin más remedio. Pero, ¿cómo decirle que el dolor que sentía lo percibía aún más fuerte al tenerla tan cerca?… Desvió la mirada hacia los terrenos, colocando una mano en un muro buscando la estabilidad que tanto necesitaba en su vida.

— ¿Te duele algo? — lo miró con ansiedad. La idea de que tuviera alguna secuela por las heridas que no quiso curarse durante el curso pasado, causadas en la irrupción al Ministerio; le revolvía el estómago de preocupación y reproche por no haber querido ser atendido.

— Aquí — se sinceró Harry, señalando justo donde estaba su corazón.

— ¿Qu…? — lo miró desconcertada.

— Me duele el corazón Hermione, porque es tanto lo que siento en el que creo me va a estallar — murmuró con pesadumbre. Regresando la mirada a la ventana por la cual observaba el atardecer.

— ¿Qué sucede Harry? — le preguntó nuevamente Hermione, haciéndolo mirarla colocando su mano sobre su mejilla. Harry cerró un momento los ojos ante su suave tacto. El dolor se había evaporado de pronto.

— No lo sé… — se sinceró, una nota de angustia en sus ojos verdes — Es extraño, me siento extraño… — trató de explicarle — Asustado y feliz al mismo tiempo. Como si no pudiera sostenerme de pie… como si sintiera vértigo todo el tiempo… Con ganas de gritar… de llorar… — meneó la cabeza, avergonzado. Tenía miedo de estarse volviendo loco. Pero aún más. Estaba aterrado de que la posibilidad que lo había estado carcomiendo durante el verano fuera verdad. Fuera cierto y estuviera enamorado de ella — Y lo peor… — suspiró con la mirada triste y una sonrisa irónica — es que me siento vivo con todo esto.

— ¿Y sabes a que se debe?… — le preguntó. Harry hizo el intento de negar, mas su amiga añadió — ¿O a quién?

— ¿A quién? — la miró desconcertado, dando un paso atrás. Sintió de nuevo dolor cuando la mano de Hermione dejó de tener contacto con su piel. Extrañándola con cada uno de sus poros inmediatamente.

— Creo que estás enamorado, Harry — le dio la respuesta Hermione, algo de tristeza y alegría en su voz. Tristeza sin saber por qué. Y alegría porque a pesar de todo sabía que debía ser correspondido por aquella chica. Y porque al fin tendría algo de felicidad en su vida.

— Entonces es cierto… — murmuró Harry para si — Estoy enamorado… — se dio la vuelta, un calor muy conocido se extendió por su pecho. Fijó la mirada en la maravillosa vista que le daba la lechucería desde ahí de los terrenos y el castillo. Dándose cuenta de pronto que la iba a perder. De que aquel sentimiento que sintió cuando la vio tendida inconsciente en el Ministerio tenía nombre, aunque se rehusara a aceptarlo. De que lo único que podía ofrecerle era infelicidad. Hundiéndose de nuevo en su tristeza — Estoy condenado — añadió en un suspiro angustiado.

— ¿Condenado?, — se extrañó la castaña — el estar enamorado no significa que… — se colocó a su lado negando con la cabeza.

— Si lo significa, — impugnó Harry girando la cabeza para mirarla — porque ahora sé que nunca sentirás… ¡sentirá…! — se corrigió rápidamente abriendo los ojos como platos por su metedura de pata.

— ¡Hey chicos!, — los interrumpió la voz de su amigo Ron — ¿van a bajar o qué? — los llamó desde la puerta.

— Si, en un minuto — musitó débilmente Hermione, un nuevo brillo en sus ojos. Harry desvió la mirada, se sentía impuro por amar a su mejor amiga. Sentía que la había traicionado. Culpable por tener ésos sentimientos cuando sabía que, irremediablemente, traían una condena escritos. No podía arriesgarla a eso.

— Nada de un minuto, aquí huele a pura mierda de lechuza… — añadió con asco el pelirrojo.

— ¡Ron! — lo censuró Hermione mirándolo enojada. Éste le sonrió con burla.

Fin Flash Back

— Sólo tienes que abrir los ojos. Fue sincero antes y lo es ahora Herm… — la voz de Ginny sonó lejana para sus oídos.

Flash Back

— Entonces, ¿ya hablaste con aquella chica? — quiso saber Hermione, una sonrisa jugando en sus labios al verlo trastabillar por su pregunta. Ya habían pasado varias semanas desde aquella tarde. Iban rumbo a las mazmorras, Ron se había adelantado pues Lavender quería hablar con él antes de entrar a clases.

— Eh… — se aclaró la garganta Harry — No, y creo que no lo haga — le respondió sinceramente. Cual si hablara acerca de otra persona.

— ¡¿Qué?!… ¡¿por qué?!… — se detuvo Hermione de golpe, mirándolo desilusionada. Harry la miró con extrañeza por su actitud — Es decir, creí que…

Harry meneó la cabeza.

— Lo nuestro es imposible… — le sonrió resignado — Además, ella sólo me ve como su amigo — añadió con pesadumbre, desviando la mirada.

— ¿Y cómo lo sabes?… — lo miró confundida. Harry se encogió de hombros. Hermione se mordió el labio, y armándose de valor Gryffindor y unas cosas aprendidas de sus amigas Luna y Ginny, se atrevió a añadir: — Quiero decir, si yo fuera ésa chica estaría encantada de que alguien como tú me confesara que está enamorado de mí — sus mejillas se tiñeron de rosa al terminar. Pero nada comparado al escarlata de las de Harry.

— ¿En… en serio? — se enredó con las palabras, una mirada aturdida en sus ojos.

— Te lo juro — levantó la mano con gracia. Una sonrisa sincera en sus labios al ver su reacción.

— Hermione, yo… — pasó saliva con dificultad.

— Vamos a clase Harry… — se colgó de su brazo y lo hizo andar. Sin importarle lo que pensarían los demás al verlos así. Aunque anhelando interiormente escuchar rumores sobre una posible relación entre ellos — Estoy segura que aquella chica te esperará hasta que estés listo para decírselo… Yo lo haría — le volvió a sonreír. Y su sonrisa se formó en una carcajada al sentirlo trastabillar de nuevo.

Fin Flash Back

— Pero fue el destino el que nunca les permitió estar juntos en el pasado, no al menos de la forma que querían…

Flash Back

— ¿Es para mí? — le preguntó Hermione a Harry entre alagada y extrañada, recibiendo la rosa blanca que éste le tendía con una sonrisa nerviosa bailando en sus labios.

— Si — apenas se escuchó la voz del pelinegro.

— ¿Por qué? — le volvió a preguntar, ésta vez confundida. Mirándolo con una sonrisa.

— Porque gracias a ti y tu apoyo al fin he conseguido el valor necesario para declarármele a la chica que quiero — le sonrió nervioso.

— ¿De verdad? — Hermione sonrió ampliamente, sintiendo un nudo de expectación en la boca del estómago.

— No veo porque alargarlo más… — se sinceró Harry sentándose a su lado bajo la sombra del gran roble junto al lago — Después de todo, es nuestro último año. Ya no existe un Voldemort que busque mi muerte cada segundo. Y, además, algo me dice que mis sentimientos son correspondidos — comentó con un dejo cómplice.

— ¿Ah sí? — las mejillas de Hermione se tornaron rojas al verlo sonreír de aquella forma, evadió su mirada un instante, pero rápidamente regresó a ver sus verdes ojos. No queriendo perderse algún detalle de ése maravilloso día.

— Así que… — tomó una de sus manos entre las suyas, trazando círculos con su pulgar sobre el dorso — Herm, quería decirte que…

— ¡Conque aquí estaban par de tórtolos!, — los sorprendió Ron haciéndoles pegar un respingo — y yo buscándolos en la sala común y en la Biblioteca… — se quejó dejándose caer con despreocupación a su lado. Notando apenas sus manos entrelazadas. Sus amigos se soltaron en el acto — ¿Qué hacían? — les preguntó pícaro, haciéndolos sonrojar.

— Ahora gracias a ti, ¡nada! — soltó sin pensar el ojiverde, acribillándolo con la mirada.

Ron soltó tremenda carcajada al ver el cambio súbito de sus amigos, cuyos rostros se tiñeron de rojo y evitaron verse el uno al otro.

— Pues hubieras avisado amigo, así hasta les hecho aguas — continuaba riéndose el pelirrojo.

— ¡Ron! — exclamó Hermione escandalizada.

— ¿Qué?… — inquirió santurrón — Yo esperaría que hicieran lo mismo por mi cuando esté en ése plan con una chica — se encogió de hombros.

Fin Flash Back

— Sin embargo, ahora todo puede cambiar, pueden luchar por su amor… — siguió alentándola Ginny.

Flash Back

— Harry ¿a dónde me llevas? — le cuestionó Hermione entre una risa nerviosa mientras era conducida por éste entre la oscuridad, pues la guiaba cubriéndole los ojos con una mano.

— A un lugar donde nadie nos pueda interrumpir… — le respondió al oído, con un dejo travieso en la voz. Hermione se estremeció inevitablemente — Hace mucho tiempo que he estado tratando de decirte algo y por azares del destino, o, mejor dicho, por nuestros entrometidos amigos que aparecen en el momento más inoportuno, es que no lo he podido hacer… — siguió diciéndole — Es por eso que pensé que aquí nadie nos interrumpiría — señaló descubriéndole los ojos al llegar.

— ¿Un muro?… — lo regresó a ver con burla, mas con un brillo cómplice centellando en sus ojos miel. Harry le entrecerró los ojos — Está bien, está bien, no es "sólo" un muro… — concedió suprimiendo una sonrisa — Así que, ¿qué se supone que debamos pensar? — lo miró significativamente.

— El mejor lugar para decir lo que sienten nuestros corazones — le sonrió con complicidad. Hermione perdió el aliento.

Tres vueltas después, una puerta se materializó frente a sus ojos.

— Las damas primero — indicó Harry haciendo un gesto de caballerosidad, abriéndole la puerta.

Hermione no pudo suprimir la sonrisa que cruzó su rostro al avanzar un paso hacia él…

¡RIIIIIIIIINNNNNNNNNNNNNNNNNGGGGGGGGGGGGG!

— ¡Tiene que ser una broma! — exclamó Harry con frustración.

— "A todos los alumnos de séptimo, se requiere de su inmediata asistencia al Gran Comedor para debatir asuntos acerca de la graduación. Preséntense en menos de 15 minutos" — se escuchó la voz de la profesora McGonagall.

Y la magia se rompió en el ambiente. La puerta que antes sostenía Harry, desapareció.

Sonriéndose con tristeza, se dirigieron al comedor.

Fin Flash Back

— En realidad si hubo un montón de veces en que trato de decirme lo que sentía, — les contó Hermione con nostalgia — pero siempre se nos escapaba el momento — se quejó débilmente.

Ginny y Luna la vieron con pena. Desde hacía varios minutos que la rubia había quitado el hechizo protector, y ahora las tres estaban sentadas en el diván junto a la ventana.

— Pero han pasado años Herm, seis para ser exactas, ahora pueden corregir las cosas — le dijo Ginny.

— El pasado no importa… — comentó Luna — Hay que vivir en el presente y ver por el futuro ¿no? — sonrió cómplice a sus amigas.

— Si — asintió Ginny con una sonrisa. Al menos la rubia ya lo había entendido.

— ¿Entonces? — le preguntó Luna expectante a la castaña.

— No lo sé… — se sinceró. Luna y Ginny suspiraron con frustración.

— Pero Herm, ¿es que…?

— Si lo entiende Ginny… — la cortó la rubia — Pero nosotras no podemos hacerla cambiar de opinión, esto sólo está en manos de Harry y Will. Sólo ellos tienen la decisión de Herm sobre con quien quedarse.

— Entonces hablaré seriamente con Harry al respecto — se cruzó de brazos la pelirroja mirando al frente con decisión.

Hermione suspiró resignada.

— En cuanto a ti… — se volteó Ginny hacia la rubia.

— Mmm… pensé que ya te habías olvidado de eso… — se lamentó ésta.

Hermione sonrió con gracia.

— No sé qué tienes en la cabeza Luna Lovegood, pero lo que te puedo decir es que mi hermano te ama y…

Hermione dejó de escucharla, se perdió en más recuerdos de Hogwarts, rememorando la manera tan dulce en que Harry la había estado tratando ésos días. Mas su cabeza se dividió al mandarle el claro mensaje de que, aunque no quisiera dañar a alguien, lo terminaría haciendo. Porque cualquiera que fuera la decisión que tomara; a la larga, irremediablemente, heriría a alguien. Ya sea Will. O ya sea Harry.

Porque al final, como había dicho Ginny, tendría que abrir los ojos, y no sólo los del cuerpo, sino los del alma y corazón.

No podía permitirse perderlo toda una vez más.