Capítulo 20: ¿HE PERDIDO TU AMOR?
Apenas plantó la pequeña maleta a un lado de la puerta y dejó caer sus llaves en la mesita de la entrada, Hermione soltó un suspiro cansado. Había sido el fin de semana más largo y abrumador de su vida, rememoró. Deseó que ésa semana fuera más…
— Hola hermosa — pegó un respingo cuándo, salida de la nada, una voz familiar le habló.
… tranquila, terminó con su pensamiento de forma aturdida.
— ¡Will!… — apenas pudo exhalar de manera chillona. Sus labios quedaran apresados inmediatamente por los de su novio en un beso lleno de sentimiento.
Una vez superada la sorpresa, Hermione sonrió con alegría por volverlo a ver y estar en sus brazos de nuevo, le rodeó el cuello sin pensar y empezó a corresponder a su beso sin vacilar. Su parte racional parecía haberse tomado vacaciones. La charla con sus amigas se borró de su memoria ante la analgésica sensación de los labios de Will.
Muy difusamente, Hermione se dio cuenta que la distancia entre ellos y el sofá se reducía considerablemente mientras el pelinegro la hacía avanzar lentamente. No obstante, justo cuando se sentaban sobre el mueble, Hermione se preguntó vagamente si Harry habría estado en el pasado con alguna mujer en la misma situación. Detuvo el beso casi con brusquedad, asqueada de pronto. Los ojos azules de Will se abrieron para mostrarse apenados por pensar haberla incomodado.
— Perdona — le dijo, separándose un poco de ella.
— Está bien — musitó taciturna la castaña. Un pesado nudo de repulsión se había alojado en su estómago.
— Te extrañé — exteriorizó Will acariciándole la mejilla, sacándola de sus pensamientos.
— Y yo a ti — confesó Hermione, regresando a verlo. Un brillo de vacilación en sus ojos mieles. La semilla de los celos e inseguridades sembrándose en su pecho.
— Y ¿cómo te la pasaste con las chicas? — quiso saber, pasándole un brazo por los hombros y abrazándola hacia sí.
Will no pudo notar como el color subía a las mejillas de su novia, ya que ésta había ocultado el rostro en su pecho.
Si supiera…
— ¡Estúpidos mocosos remedos de Auror!… — maldecía aquella mañana Ron Weasley mientras desayunaban. Se metió otra cucharada de cereal a la boca y habló sin siquiera tragar — "mia te po su cupa no" … — pasó la comida. Harry le había mandado una mirada de asco — mira que por su culpa no pudimos estar con Luna y Hermione… — gruñó con indignación — Además ¿por qué llamarnos a nosotros?, bien pudieron llamar a cualquier otro, ¡pero no señor!, a Kingsley sólo se le ocurrió Potter y Weasley, hay veces que quisiera… — hizo un gesto amenazador con el puño.
— Sabes que no pueden mandar a otros Ron, — le explicó con paciencia Harry, quien ya había terminado de comer hace mucho — yo soy el Jefe de Aurores y tú el segundo al mando, así que los aprendices recaen bajo nuestra responsabilidad — señaló con obviedad.
— Malditos mocosos entrometidos — maldijo al quedarse sin alegatos posibles.
Harry meneó la cabeza.
¿Qué estarás haciendo Herm?, se preguntó en un suspiro.
— ¡Vaya, vaya, vaya!, ¡pero si no es otra que la mismísima Hermione Granger, Doña Responsabilidad en persona!… — exclamaba teatralmente Percy horas más tarde, cuando Hermione se asomaba a su oficina.
La sonrisa con la que lo había empezado a saludar, vaciló en los labios de la castaña.
— Creí que la señorita Compromiso se había tomado un año sabático. Después de todo, ¿no ha sido así las últimas semanas?… — la miró de forma acusatoria a través de sus gafas. Hermione se sintió avergonzada, sin poder encontrar manera de defenderse — Y dígame, Doña Puntualidad, ¿a qué se debe tan honorable visita? — inquirió con arrogancia.
El reloj que colgada a un costado de Percy marcaba ya cuatro horas luego del inicio de la jornada laboral de Hermione.
— Pues… — las mejillas de la ojimiel se sonrojaron.
— Oh, ¡ya sé!, vienes a cederme toda la responsabilidad de la P.E.D.D.O. y a decirme que estoy cordialmente invitado a tu fiesta de despedida pues has presentado tu renuncia — la cortó mirándola con sorna.
— Percy… — empezó a molestarse, el pelirrojo no le daba siquiera la oportunidad de expresarse.
— Percy nada, Hermione — la cortó con acritud, levantándose de su asiento.
— Si me dieras la oportunidad de… — quiso alegar.
— Es suficiente… — señaló tajante. Hermione calló en el acto. Percy suspiró profundamente antes de rodear su escritorio — ¿Sabes?, cuando me pediste apoyo sobre la P.E.D.D.O. yo dudé un segundo, ¡sólo un segundo!, en ofrecértelo, pues tú no sabías absolutamente nada de leyes mágicas y apenas y terminabas de cursar Hogwarts; pero, al ver el empeño que pusiste y el enorme compromiso que demostrabas en éste proyecto, pensé: "Bueno, ella tal vez tiene una idea de lo que hace y puede lograrlo con un poco de ayuda" … — empezó a caminar de un lado a otro.
— ¿A qué viene esto? — inquirió Hermione, confundida.
— Fue cuando decidí apoyarte Hermione… — continuó, mirándola con seriedad. La castaña volvió a callar — Te di ésta información sobre aquella prestigiada escuela en Berlín y tú ni siquiera dudaste, inmediatamente aplicaste para un puesto…
Se detuvo en su pequeña marcha. Se cruzó de brazos.
— Y mis esperanzas en ti crecieron más. Después, cuando supe que no sólo habías terminado la carrera en la mitad de tiempo, sino además con las mejores calificaciones y recomendaciones de la Universidad; pensé que habías demostrado tener carácter y disciplina para llevar ésta gran responsabilidad… — se colocó frente a ella mirándola con un dejo de ironía, por el curso que habían tomado las cosas — Un año más, sólo eso te tomó para convertirte en lo que eres hoy en día. Sólo 12 meses en los que te volviste miembro honorario de Winzegamot y llevaste a la P.E.D.D.O. a su cúspide aquí en Gran Bretaña… — Hermione desvió la mirada — ¡Que ahora has relegado a segundo plano!… — no pudo evitar el tono de reproche en su voz — Y es cuando me pregunto: ¿Qué pasó con aquella apasionada Hermione que estaba interesada más en los derechos de los elfos que en sus propias necesidades? — la miró con el entrecejo fruncido.
— Yo…
— Porque si esto es un juego para ti, ¡sólo dilo!; detendremos todo, la Ley sólo será válida en Inglaterra y ¡punto! — la interrumpió con frialdad.
— ¿Qué?, ¡Percy!… yo no… — lo miró horrorizada.
— ¡¿Entonces qué diablos te pasa eh?!… — la reprendió con agresividad — ¿Dónde quedó tu empeño?, ¿tu carácter?, ¿tu sentido de responsabilidad y solidaridad para con la P.E.D.D.O.? — le espetó Percy, su ceño fruncido.
— Es que yo… — se mostró intranquila.
— ¡Ése es el punto Hermione!… — exclamó con gesto obvio el pelirrojo, levantando las manos al cielo con exasperación. Hermione lo miró sin comprender — ¡Tú!… No tienes ninguna meta. Pareciera como si aquella mujer entregada y al servicio de los elfos se la hubiera llevado ésta ingenua e insegura chica… Y por el bien de esto, será mejor que reacciones de una vez — replicó con sentencia.
— Eso intento, pero… — trató de justificarse.
Percy la calló negando con la cabeza. Obviamente él no veía ninguna dedicación por parte de ella.
— Hablaré con Kingsley. Aplazaré esto lo más que pueda… — le dijo mientras se dirigía de nuevo a su silla. Hermione contuvo el aliento, de pronto visualizó su valiosa P.E.D.D.O. derrumbándose como un mero castillo de naipes — Mientras tanto, te tomarás un tiempo. Un par de días, semanas, lo que te tome aclarar éste embrollo que tienes en la cabeza… — continuó Percy, sentándose — Y cuando regreses, el mando de la P.E.D.D.O. se te será regresado, mientras tanto yo estaré a cargo, no faltan muchas cosas, el trato con el Ministerio Francés está más que pactado, sólo faltan unos detalles de los cuales nos podemos encargar sin ayuda. Tú, por lo tanto, encárgate de lo que te dije. Cuándo vueltas… — suspiró con cansancio antes de corregir — Si vuelves, podremos continuar con éste proyecto, si eso es lo que quieres realmente — finalizó. Tomó unos pergaminos que estaban sobre su escritorio y se sumergió en la lectura.
Hermione se quedó sin habla, contemplándolo en silencio mientras procesaba aquella avalancha de información. Finalmente, y al ver que Percy no le dirigiría la palabra nuevamente, dio media vuelta y salió de la oficina, sintiendo sus pies tan pesados cual si fueran de plomo. Irónicamente, imaginó una nube de tormenta coronando su cabeza a cada paso que daba. ¿Qué más podía salir mal?, se preguntó con pesadumbre.
Percy levantó la mirada al escuchar la puerta cerrarse y suspiró con resignación quitándose las gafas. Se restregó los ojos con cansancio.
— Espero que éste tiempo no sólo te ayude a ti, sino a mis hermanos… — murmuró débilmente — Después de todo, es lo menos que puedo hacer por haber callado tantos años — musitó con remordimiento.
Aturdida, Hermione salió del Ministerio a las calles londinenses; ni siquiera pareció notar cuándo, por la cabina en que acababa de salir, emergía detrás de ella un pelinegro de ojos verdes.
— No puedo creerlo — murmuró para sí Hermione mientras se colgada el bolso al hombro.
— Ni yo — comentó una voz a su espalda ocasionándole un respingo.
¡Merlín!, ¿qué acaso todo el mundo quería ocasionarle un infarto?, se preguntó exaltada y enojada mientras se daba media vuelta dispuesta a encarar a su "agresor", con una mano sobre el pecho tratando de calmar su asustado corazón.
— Hola — la saludó Harry con una sonrisa de oreja a oreja.
— ¡Harry!, — casi grita, ésta vez de alegría — hola — musitó débilmente.
— Nunca te había encontrado en el Ministerio… — le sonrió el pelinegro. Hermione asintió atropelladamente, bajando su mano — Oh, perdón, no quería… — agregó al ver su expresión asustada.
— Descuida, iba distraída — le restó importancia.
— ¿Vas a algún lado en especial? — quiso saber.
— Bueno… — dudó. Aparte de su casa, no tenía un lugar más interesante al cual ir. Y la idea de ir a visitar a sus padres tampoco le apetecía, no cuando llevaba ya mucho tiempo sin visitarlos y probablemente todo terminaría en soltándoles la bomba de su casi despido del trabajo. Aunque, ahora que lo pensaba, la invitación del profesor Lupin y Tonks aún seguía de pie, quizás podría ir a jugar un rato con Teddy… llevaría a Crookshanks. Sí, eso sería perfecto.
— ¿Bueno…?… — la incitó Harry — Porque si no tienes algo que hacer… — una nota de esperanza en su voz. Los planes de Hermione se borraron automáticamente de su cabeza. Ya podría ir otro día a ver a Teddy, y Crookshanks ni enterado estaba, no se molestaría en lo absoluto.
— Pues iba a trabajar todo el día, pero… — sonrió con un dejo de ironía — Digamos que Percy me dio el día — le explicó, su voz ocultando el sarcasmo.
— ¿Va algo mal Herm? — la miró con cierta preocupación. La castaña ocultó una sonrisa, el entendimiento entre ellos siempre había sido muy especial. El que Harry aun lo sintiera únicamente lo hacía aún más. Aunque, bueno, no siempre fue así, sus sentimientos nunca los pudo descifrar, pensó.
— No, nada… — le dijo — Y respondiendo a tu pregunta; no, no voy a ningún lado en especial.
— ¡Genial!, — sonrió Harry entusiasmado — yo tampoco tengo nada que hacer… — mintió. En 10 minutos tendría una junta. Pero, ¡qué diablos!, al fin la suerte parecía sonreírle. Ya después hablaría con sus Aurores y el profesor Lupin. Además, seguro Ron se encargaría de todo, pensó todo aquello en una milésima de segundo — Así que, ¿quieres ir a…?
— ¿No tienes nada que hacer?, — se extrañó Hermione, interrumpiéndolo sin querer — ¿pero que no eres el Jefe de Aurores?
— Si, pero… — se rascó la frente con gesto acusador. La ojimiel ocultó una sonrisa — Dejé a Ronald a cargo, así que… — carraspeó de manera nerviosa — ¿Te gustaría ir a… tomar un café con… migo? — la invitó de forma pausada. Aguantando la respiración.
Hermione se mordió el labio. Le había mencionado a Will la noche anterior que no lo podría ver ése día porque estaría muy ocupada en el trabajo. ¿Qué pasaría si se enteraba de que no sólo no había trabajado, sino que además se había marchado con Harry?
Desechó aquella inquietante cuando vio el brillo esperanzado en los ojos de Harry. El corazón se le desbocó de la adrenalina por lo que sus siguientes palabras podrían desencadenar.
— Me encantaría.
Unos suaves golpes a la puerta ocasionaron que Luna levantara la mirada del libro que leía con atención.
— Adelante — indicó, dejando el libro a un costado.
Una cabellera pelirroja y unos ojos azules iguales a los suyos entraron a la oficina.
— Hola — la saludó Ron con una tenue sonrisa.
— Ronald, ¡hola!… — le sonrió Luna, levantándose con torpeza y pegándose con la orilla del escritorio sin querer — Au… — se masajeó la pierna haciendo una mueca — Emh… ¿cómo estás? — lo saludó.
— Yo bien, pero ¿y tú? — la miró con gracia.
— Adolorida — le sonrió con una mueca. Ron soltó una corta risa.
— Te venía a invitar a almorzar — dijo sin más.
— Pero si apenas son las 10 — señaló distraída.
— Me refería a más tarde — se explicó el ojiazul.
— Oh… — balbuceó Luna — bueno.
— ¿Eso es un sí o un no? — le preguntó Ron con una sonrisa vacilante jugando en sus labios.
— ¿Qué cosa?… — le cuestionó confundida — ¡Ah!, — cayó en cuenta — sí, claro, por supuesto, quiero ir a almorzar contigo.
— Está bien… — sonrió con gracia Ron — Entonces paso por ti a las 12, ¿de acuerdo?
— Claro, a las doce, si, genial, perfecto — volvió a balbucear la rubia.
— Hasta entonces — le sonrió Ron suprimiendo una sonrisa.
— Si, hasta… — pero Ron ya se había marchado.
Luna se dio un golpe en la frente antes de pasarse la mano por el rostro con exasperación.
— ¡Que elocuente Luna Lovegood!, un poco de baba y pensaría que tienes cerebro de trol — meneó la cabeza abochornada. Y todo por escuchar a su amiga Ginny, pensó malhumorada.
— ¿Aquí está bien o quieres ir a…? — le preguntó Harry a Hermione mientras corría la silla para que se sentara.
— Aquí está perfecto — le respondió, sintiéndose alagada por su trato. Harry se sentó frente a ella.
— Y… umh… ¿qué te apetece…?
— Buenos días, aquí tienen el menú, y por la hora, les recuerdo que sólo tenemos desayunos — lo interrumpió el camarero, dejándoles una carta del menú a cada uno.
— Oh, — suspiró Harry por lo bajo, no había considerado aquello — si quieres otra cosa podemos ir y… — empezó a sugerirle a Hermione.
— Está bien Harry, sólo quiero un café — lo tranquilizó con una sonrisa.
— Ah, bien, yo igual — se relajó.
— Su cappuccino y su café con canela — les dejó los cafés en la mesa el mesero un par de minutos después.
— Gracias — dijeron al unísono.
— Con permiso.
— ¿Y cómo se la pasaron luego de que nos tuvimos que ir?… — quiso saber Harry, mientras soplaba su café.
— Pues bien. La señora Weasley no regresó hasta la noche del domingo, antes de que nos marcháramos. Y no hicimos gran cosa, en realidad. Aunque Fleur le mandó a Ginny unos catálogos de vestidos de novia, hermosos, para que los viera — le contó, dándole un pequeño sorbo a su café.
— ¿Y ya escogió uno?
— ¿En un día? — se mostró divertida Hermione.
Harry sonrió meneando la cabeza.
— Tienes razón. Con Ginny nunca se sabe… — le dio un sorbo a su café. Hizo una mueca dejándolo en la mesa de inmediato — ¡Agh!
— ¿Qué? — lo miró Hermione con extrañes.
— No le puso azúcar… — se estremeció el ojiverde, añadiéndole dos cucharadas de azúcar — ¿Qué? — preguntó al captar la mirada de Hermione mientras revolvía su café.
— ¿No crees que es demasiada azúcar? — le preguntó enarcando las cejas.
— No — meneó la cabeza.
— Pero ya tiene canela — señaló.
— Aun así, está amargo… — indicó el ojiverde — Además, una cucharada más, una menos, ¿cuál es la diferencia? — sonrió con travesura.
— Te puede dar Diabetes — mencionó la castaña seriamente.
— ¿Diabetes?, — la miró desconcertado — pero si eso sólo les da a los muggles — refutó con desdén.
— ¡Harry!… — Hermione lo miró escandalizada observando alrededor por si los habían escuchado.
— Ups — se encogió en el asiento.
— Además la Diabetes no ataca sólo a… las personas normales… — contradijo Hermione regresando a verlo — puede…
— Herm… — la cortó Harry levantando una mano — ¿En serio vamos a hablar de padecimientos metabólicos provocados por la ingesta excesiva de glucosa? — enarcó las cejas.
— No… — sonrió la castaña un tanto apenada — Y ¿de qué quieres hablar? — le cuestionó dándole un trago a su cappuccino.
— De nosotros — le tomó la mano. Hermione se ahogó con el café.
Y al mismo tiempo, en la oficina de la castaña, y ajeno a todo lo que acontecía, Will escuchaba desconcertado a Amy…
—… pero, ¿estás segura? — volvió a preguntar el pelinegro.
— Si, ella no ha venido a trabajar en días. De hecho, estoy tratando todos los asuntos de la P.E.D.D.O. directamente con el señor Weasley desde entonces — le dijo Amy, apenas mirándolo fugazmente mientras escribía en un pergamino.
Will hizo una mueca de molestia, arrugó el entrecejo.
— Bien, si la llegas a ver, dile que me busque. Es importante — le pidió, por último.
La secretaria de Hermione asintió sin más.
Will se marchó de nuevo rumbo a los ascensores. Luna debe saber, pensó encaminándose hacia la oficina de la rubia. Seguramente Amy no había visto a Hermione, no había otra opción posible, no cuando la misma castaña le había mencionado hacía apenas menos de 24 horas que estaría ocupada todo el día en su oficina. Y ella nunca le había mentido.
— ¿Estás bien? — la miró con gracia Harry. Se había arrodillado a su lado y estaba palmeándole la espalda suavemente, mientras Hermione se recuperaba del ataque de tos.
— Si… — le respondió — sólo… sólo bebí muy rápido — se justificó.
— ¿Sólo eso? — sus ojos verdes brillaron de complicidad.
— Si, — lo miró mal Hermione — y no es necesario que me estés "palmeando" la espalda, ya estoy bien — le comentó con acidez. Desde hacía rato que lo único que Harry hacía era acariciarle la espalda.
— Perdona, yo sólo… — retiró su brazo y se sentó frente a ella nuevamente.
— Se te enfriará el café — lo cortó con acritud Hermione.
Harry suspiró desganado y le dio un trago al susodicho café. Con malicia, estiró de nuevo la mano hacia el tarro de azúcar, para observar la reacción de la castaña. Hermione lo miró con reprimenda, haciéndolo sonreír y desistir de su intención.
Minutos después, volvieron a llamar a la puerta. Luna observó de reojo su reloj. Las 11:30 del mediodía.
— Falta media hora… — se extrañó — Adelante… — concedió a la vez que se levantaba.
— Hola Lu — la saludó Will, dejando la puerta entreabierta.
— Ya decía yo que Ronald no conoce de puntualidad… — murmuró para si — ¿Cómo estás Will? — lo saludó con un beso en la mejilla.
— Bien. Oye, venía a…
— Luna, ¿estás… — Ron se detuvo abruptamente en la entrada viendo con molestia a William — lista? — terminó con irritación.
— Si, un segundo… — le indicó Luna, sin darse cuenta de la hostilidad del pelirrojo. Tomó su bolsa, girándose hacia William — Will, quedé en ir a almorzar con Ronald… — lo miró apenada.
— Descuida, sólo venía a preguntarte si sabes si Jean vino a trabajar — resumió. Dedicándole una breve mirada al pelirrojo.
— Herm… mmm… no, no la he visto… — meditó — ¿Ya fuiste a su…?
— Si, pero Amy me dijo que no ha venido en varios días y honestamente ya no sé qué pensar; apenas ayer ella me dijo que vendría a trabajar y resulta que no la encuentro… — replicó confundido.
Ron miró el reloj de bolsillo que le habían regalado sus padres cuando cumplió 17 años con gesto aburrido e irritado.
— Que raro… — comentó para sí Luna, intrigada — ¿Estás seguro que ella…? — empezó a preguntar. Will asintió de inmediato.
— ¿Tú no sabes en donde pueda estar? — le cuestionó.
— No, lo siento Will, no tengo idea de dónde…
— Conque no aparece Hermione ¿eh?… — comentó Ron de pronto con un tono de malicia oculto. Will y Luna se giraron hacia él — Mira, que casualidad — dijo como sin querer la cosa.
— ¿Por qué casualidad? — le preguntó Will, armándose de paciencia.
— Porque Harry tampoco se ha parado por el trabajo hoy… — le contó. Luna arrugó el entrecejo y Will se mantuvo impasible — y eso que llegamos juntos, pero justo cuando nos dirigíamos a los ascensores Harry vio algo… ¡o a alguien!… — agregó con cizaña — y se regresó… Y ya van varias horas de eso — comentó distraídamente, viendo su reloj como consultando la hora.
— ¡Will espera, ella no…! — exclamó Luna tratando de detenerlo, mas Will no le hizo caso y salió hecho una furia por la puerta dándole un buen empujón al pelirrojo al pasar por su lado.
Ron sonrió socarrón cuando dejaron de escucharse las pisadas fuertes del pelinegro. Luna lo estaba acribillando con la mirada.
— ¿Qué?, — le sonrió haciéndose el desentendido — él quería saber dónde estaba Herm, yo sólo le conté algo que pensé era importante — se encogió de hombros, ocultando una sonrisa.
— Eres… — Luna hizo ademán de querer ahorcarlo.
— ¿Y yo que hice? — levantó las manos en gesto inocente.
— Si serás… — masculló Luna con exasperación, colgándose descuidadamente el bolso al hombro — Tendrás suerte si Hermione no te mata o te amputa un miembro por ir de chismoso, ¿sabías? — lo jaló del brazo y lo dirigió a la puerta.
Automáticamente la sonrisa de Ron vaciló. O si Harry no me tortura por advertirle a ése imbécil que ellos posiblemente estén juntos, pensó. Pasó saliva con dificultad cuando las puertas del ascensor se cerraron y Luna oprimió el botón para el Atrio.
Cerca de las cuatro de la tarde, Hermione y Harry aún estaban juntos y divirtiéndose por mayores. En ése momento se encontraban en un parque cerca de la casa de la castaña y reían alegres al recordar sus aventuras en Hogwarts…
— ¡Que tiempos! — suspiró Hermione con nostalgia mientras se limpiaba las lágrimas de risa que se habían acumulado en sus ojos, el rostro lo tenía tenuemente sonrojado.
— Si… — concedió Harry pasándole un brazo sobre los hombros y acercándola a él. Hermione se removió incómoda — ¿Qué pasa?, ¿no puedo abrazarte? — la miró extrañado, pero sin hacer amago de soltarla.
— No, claro que no, puedes abrazarme. Es sólo… — lo miró a los ojos.
— En el colegio te abrazaba todo el tiempo — señaló Harry.
— Si, en el colegio, — remarcó Hermione — pero ahora… éstas… muestras de cariño, — se trabó — tienen otro significado para ambos, y no quiero que lo malinterpretes — le explicó.
— ¿Malinterpretarlo de qué forma? — le preguntó intencionalmente, acercándose más a ella, Hermione estaba recargada en su pecho con el rostro girado hacia él mirándose a los ojos, y el brazo de Harry reposaba en su hombro mientras con la otra mano empezaba a acariciarle la mejilla.
— Harry… — lo miró significativamente, dándole a entender que él sabía.
— Te extrañé todos éstos años Herm — le confesó, trazando círculos sobre su mejilla con el pulgar.
— Yo… — sus ojos se mostraron vulnerables.
— Y sé que, aunque lo niegues tú también lo hiciste — manifestó seguro.
— Harry, esto no… — Hermione tomó la mano que Harry tenía sobre su mejilla y lo miró con súplica.
— Cómo también sé ahora que mis sentimientos siempre fueron correspondidos… — entrelazó sus dedos. La castaña bajo la mirada, nerviosa.
— Eso ya está en el pasado — musitó con la voz débil. El corazón lo tenía hecho un puño, expectante.
— En mi vida siempre estarás en todos los tiempos… — soltó su mano y la tomó de la barbilla haciéndola mirarlo — En mi pasado… presente… y futuro… En todos siempre estarás… — la miró con ternura.
Estaba desesperado… y lo tenía que admitir… también estaba angustiado. Había pasado todo el día tratando de localizar a su novia y no había podido dar con ella, era como si se la hubiera tragado la tierra.
O Harry Potter, le soltaba con cizaña una vocecita en la cabeza haciéndolo rabiar.
No sabía en donde podría estar, en el Ministerio era obvio que no, ya había estado ahí en la mañana y ni su secretaria y Luna habían podido decirle nada. Después había intentado en su casa, albergando la esperanza de que estuviera ahí, pero sólo Crookshanks lo había ido a recibir. Intentó en el Callejón Diagon, aunque eran contadas las veces que Hermione iba, pero fue como buscar una aguja en un pajar. Quiso llamar a la casa de sus padres, pero se arrepintió en el último momento, no quería que su suegro le soltara con reproche algo como: "¿Y nosotros que sabemos?, es tu novia, es tu deber estar al pendiente de lo que le pasa, tú la ves todos los días".
¿Dónde estaría?
Le preguntó a Terry también, pero éste dijo que no la había visto en días. Después pensó que podría estar en alguna Biblioteca, con lo que le gustaban, pero tampoco la encontró en su favorita.
Merlín, ¿dónde se había metido ésa mujer?, se preguntaba Will mientras daba una vuelta por el parque que frecuentaban cerca de su casa.
Si al menos supiera donde estaba… o con quien.
— Tú también estarás siempre en mi vida… — soltó sin pensar Hermione, un segundo después se dio una patada mentalmente, pero el "daño" ya estaba hecho, y eso estaba remarcado por la sonrisa feliz de Harry.
— Lamento haber sido tan tonto en el colegio, — se disculpó, su mano volvió a acariciar su rostro, las de Hermione yacían en su regazo — si te hubiera dicho desde antes cuanto te amaba, nos habríamos ahorrado tantos momentos de desdicha — se lamentó.
— El "hubiera" no existe — replicó Hermione casi con amargura. Sus miradas estaban conectadas, no se daban cuenta de lo que pasaba alrededor, sólo eran ellos dos, en ése momento.
— Tienes razón, — comentó apesadumbrado, deteniendo sus caricias — y no sabes cuánto me lamento por eso cada día — confesó.
— Harry…
— No tienes ni idea de lo difícil que es estar contigo, pero a la vez no estarlo — declaró con dolor.
— Harry, yo… — se le quedó viendo sorprendida — Siempre he estado contigo — colocó su mano en su brazo, cual indicándole que ahí estaba.
— ¿entonces porque sigues con… William?… — casi masticó el nombre, viéndola desconcertado — Tú no lo amas — manifestó con seguridad. Hermione perdió el aliento.
Pero la respuesta a todas las inquietudes de Will sobre el paradero de su novia y sus dudas sobre si estaría con Harry Potter quedaron disipadas al verla sentada cómodamente entre los brazos de éste, con sus rostros a un palmo de distancia, refugiados en la sombra de un frondoso árbol y sin ningún testigo a su…
¿Engaño?, ¡ja!, el engañado era él, por idiota. Él mismo lo había dicho, sólo era una oportunidad para poder enamorarla.
Tonto. ¿Quién puede enamorar a una persona que ya está enamorada de otra?: Nadie, se recriminó.
— Yo lo quiero — expresó Hermione desviando la mirada.
— Pero no lo amas — declaró Harry con seguridad.
— Ha estado conmigo en los momentos más difíciles — no negó la declaración de Harry.
— Pero valen más los felices — volvió a contraatacar el pelinegro. No estaba dispuesto a darse por vencido tan fácilmente.
— No cuando son ésos los que te dañan — sonrió Hermione con lacerante irónica, bajando la cabeza.
— Herm, sabes que mi intención nunca fue… — la miró preocupado.
— Lo sé… — suspiró con pesadumbre — ahora lo sé… — murmuró por lo bajo.
— Aquella tarde en Australia ambos dijimos muchas cosas, — empezó Harry sintiendo su mano transpirar. Buscó su mirada, mas Hermione la desvió a su regazo — y no sé si todo fue producto del dolor y la ira, pero… — suspiró, armándose de valor — Hermione… — la tomó de la barbilla levantándole el rostro para que lo viera — ¿he perdido tu amor? — le preguntó con un nudo en el estómago.
— Harry, yo… — sus ojos se desorbitaron, mirándolo angustiada.
— Porque yo siento en mi corazón que no es así… — colocó la mano de Hermione sobre su pecho — Al igual que tú siempre has tenido mi amor — declaró acercándose más, sus rostros a escasos quince centímetros. Hermione sintió sus mejillas teñirse de rojo.
— No podemos hacer esto… — balbuceó, pasando la mirada alternativamente de sus ojos a sus labios.
— ¿Qué nos lo impide? — su aliento acarició sus labios, su mirada fija en ellos.
— Tengo novio… — apenas musitó.
— Al que no amas…
Y unió sus labios a los suyos atrayéndola de la barbilla.
— Harry… — lo apartó al instante empujándolo débilmente por el pecho, sus ojos aun cerrados.
— Me amas, lo sé — juntó su frente con la de ella, respirando pausadamente con los ojos cerrados. Y se inclinó a besarla de nuevo cuando la sintió hacer un débil movimiento afirmativo… o tal vez fue ella la que se ladeó el rostro resbalando su frente por la de él hasta conseguir la unión de sus labios… ninguno lo supo.
Sólo Will, que con el corazón destrozado vio cómo su novia, mejor amiga, y la mujer que amaba, se entregaba por completo al beso que le daba aquel que alguna vez le rompió el corazón, tal como ella lo estaba haciendo ahora con él.
Pero no podía reprocharle nada, sería ridículo, él sabía los términos de aquella relación, y estaba seguro desde el principio que Harry y Hermione terminarían juntos, pero por Merlín, ¡como dolía!
Dolía porque sabía que la perdía para siempre, por saberla amar a otro, por ver la forma en que se refugiaba en sus brazos mientras entregaba su alma en aquel beso… pero, sobre todo, por como lo buscaba al finalizar el beso por otro más.
En fin, ¿de qué le servía ya estar ahí?, ya tenía suficiente. Así que, recogiendo los pedazos de su corazón, su orgullo y dignidad; dio media vuelta y se marchó… tal como debió haber hecho desde el principio.
Y francamente poco importaba ahora. Si con el simple roce de labios que habían tenido en Australia sintieron que se les salía el corazón del pecho, con el primero que se dieron se sintieron en las nubes, ahora nada era comparado a un beso en verdad.
Sus labios conociéndose y explorándose mutuamente como quisieron hacerlo hacia años, delineando cada pequeño pliegue, memorizando el sabor y la textura, sintiéndose completamente. Esto era sin duda sólo una muestra física de lo que se necesitaban y querían… Y pensar que cuando niños se les hacía asqueroso ver a los mayores hacerlo, ¡que ilusos!
Años desperdiciados, besos fallidos, no consumados. Cuanto maldecían ahora al destino, ¡esto era la gloria!
Con sus labios fusionados, sus brazos entrelazados en el otro sin saber dónde terminaba uno y donde empezaba el otro, aunque estaban seguros eran uno sólo.
Un sólo corazón, una sola alma que festejaba con fuegos artificiales explotando en sus interiores y música retumbando en sus oídos al sentirse por fin reunidos. Dejando atrás las inseguridades, los caprichos, los malentendidos.
Dejando salir un suspiro emocionado junto a una sonrisa, separando sus labios de Hermione sólo un par de segundos para recuperar el oxígeno, Harry se permitió contemplarla aquel tiempo para maravillarse con sus mejillas carmesí, sus pestañas castañas bloqueando la vista de sus ojos miel, y ésos labios, ¡ésos benditos labios!, rojos e hinchados, curvados en la más encantadora de las sonrisas.
— Te a… — pero su amor se lo llevó Hermione en un beso.
¿Cómo había sido tan ciega?, se preguntó Hermione. Ciertamente no lo sabía. Sólo tenía la certeza de que si en ése momento se le ocurría a alguno de sus amigos interrumpirlos como lo habían hecho muchos años atrás antes de siquiera rozar sus labios, ¡por Merlín que los mataba!
"Siempre estaré aquí para ti"
Hermione arrugó el entrecejo durante el beso, creyendo haber escuchado algo.
"Herm… ¿qué sentiste cuando te besó?; es decir, ¿sentiste algo?"
El sabor a menta se mezcló con la canela de los labios de Harry.
"Yo no sé amiga. Estoy muy segura de a quien quieres… el punto es: ¿lo estás tú?"
No, eran sólo ideas suyas. No había nada ni nadie que la hiciera olvidarse de lo que estaba viviendo en ése momento.
"Y acerca de… tú sabes… ¿todavía sientes algo por él?"
"Si"
Lo amaba, no tenía ninguna duda, pero… ¿entonces porque de pronto sentía que le faltaba algo?, ¿por qué ése vacío en su pecho como si estuviera perdiendo algo muy valioso?, como si hubiera tenido un enorme hueco en su corazón y de pronto le quitaran la cubierta que evitaba se abriera.
"Vaya, vaya, vaya; al parecer alguien está nerviosa"
Y de nuevo ésa voz retumbó en sus sentidos. Pero ¿qué demonios estaba pensando?, o, mejor dicho, ¿por qué diablos estaba pensando?, estaba en los brazos de Harry, no tendría porque…
"¡Eres un…!"
"¿Lindo?, ¿hermoso?, ¿guapo?"
"¡Tonto!, ¡irritante!, ¡petulante!"
Rompió el beso un segundo, algo estaba mal, no sabía que era, pero algo iba mal, lo sentía. Mas su cerebro se volvió a nublar al sentir los labios de Harry reclamando los suyos en otro beso. Suspiró emocionada y le alborotó aún más el cabello.
"Sé todo lo que has sufrido, todo lo que viviste por culpa de Potter, pero yo nunca Jean, ¡NUNCA te lastimaría como lo hizo él!"
¿Sufrir?, en definitiva, su cerebro le estaba jugando malas pasadas. Ella no recordaba ningún sufrimiento. Merlín, ¡apenas y recordaba su nombre!… Pero ¿qué diablos le pasaba?, ¿por qué sentía olvidar algo… algo muy importante?
Los labios de Harry se movieron sobre los suyos buscando una respuesta, ni siquiera se había dado cuenta que había dejado de besarlo, de inmediato le regresó la caricia…
"No te estoy pidiendo que me correspondas de un día para otro; sólo te pido que me dejes amarte… Quiero estar junto a ti; no importa si es como amigo, novio, lo que sea. Sólo… déjame ocupar un lugar en tu corazón. Es lo único que pido."
Y de pronto se sintió despertar, todo empezó a tomar forma a su alrededor, volvía a sentir en donde estaba…
"Si, acepto ser tu novia"
Fue como si su cerebro se encendiera rápidamente y le enviara un mensaje de alerta.
¡Will!, fue el chillido que le dio su atrofiada cabeza.
Bruscamente, Hermione se apartó de Harry con rapidez y se levantó de un brinco con el corazón latiéndole a mil por hora; su cerebro enviándole mensajes de alerta uno tras otro, todos diciendo lo mismo: "¡Aléjate, ¿qué demonios haces?!". Mientras tanto Harry se incorporaba viéndola confundido, pero con una suave sonrisa en los labios; era la primera vez que besaba a la castaña y nunca en su vida había sentido tanto con un beso, era como una adicción, quería hacerlo de nuevo, y planeaba hacerlo de nuevo; mas sus esperanzas se vinieron abajo cuando captó la mirada de Hermione. Se había arrepentido.
— Herm… — empezó a decir avanzando un paso hacia ella. No podía permitirse perderla de nuevo. Mas la ojimiel se giró y empezó a irse — ¡Espera! — la detuvo con presura tomándola del codo.
— Lo siento Harry… — murmuró la castaña con una voz que no parecía la suya, el entusiasmo que había sentido minutos antes se había esfumado como por arte de magia. Qué ironía. Justo eso había sentido en sus brazos. Magia — esto no debió pasar… — sentenció duramente. Los ojos se le anegaron en lágrimas de impotencia sin saber por qué.
— Pero… — la miró con angustia, la estaba perdiendo de nuevo. No obstante, Hermione siguió hablando, dándole el golpe de gracia, sin siquiera mirarlo a la cara.
— William es mi novio… y nunca… haría algo para lastimarlo — expresó con un muy disimulado nudo en la garganta. Una lágrima rodó por su mejilla en el momento en que sintió como Harry la dejaba ir sin decir más, y se fue. No podía reprocharle no detenerla, sería egoísta; además, ésta vez era por su culpa, si hubiera detenido las cosas antes…
Meneó la cabeza, ella misma lo había dicho muchas veces: el "hubiera" no existe. Sólo le quedaba resignarse, y afrontar responsabilidades. Ella había decidido a Will, bien, tendría que resignarse a eso.
Aun cuatro horas más tarde, al verlo en la entrada de su casa, ya no sintiera la misma alegría que antes le producía tenerlo ahí.
— Will, hola, — lo saludó Hermione tratando de que su voz sonara normal. Fallando olímpicamente. El remordimiento marcado en cada letra de ésas dos simples palabras. Se pasó una mano por el cabello — ¿cómo estás? — le intentó sonreír. A duras penas consiguió una mueca.
— ¿Te divertiste hoy?… — fue la respuesta amarga de su novio entrando al recibidor y girándose a verla — ¿Mucho trabajo eh?… — añadió sin preámbulo. Hermione sintió algo pesado caer a su estómago. La mirada de Will estaba cargada de reproche. Sólo podía significar una cosa: él lo sabía — Digo, como eso fue lo que me dijiste ayer cuando te pedí que saliéramos: "Estaré muy ocupada" … — citó con ironía — Aunque no creo que hayas mencionado a Potter en aquellas "ocupaciones" … — la mirada gélida que le dedicó Will le cayó como un balde de agua fría a la castaña, quien automáticamente quedó sin habla — ¿No dices nada? — le preguntó mirándola con el entrecejo fruncido producto del coraje acumulado.
— Yo… — pasó saliva, de pronto su garganta era como un árido desierto — Will no es… — trató de defenderse.
— ¿Lo que creo?, — sugirió con sorna — porque lo que yo "sé", — remarcó apretando los dientes — es que te vi muy bien acompañada por Harry Potter hace menos de cinco horas y como después correspondías a su beso. ¿O acaso me dirás que sufro de alucinaciones? — inquirió celoso.
— Escucha, yo sólo… — se trató de acercar. El ojiazul sólo le sacó la vuelta.
— Y creí que no eras de ésa clase de personas… — meneó la cabeza con lástima — Que equivocado estaba ¿no?… — sabía bien que no tenía derecho, ninguno en absoluto, de reclamarle todo aquello. Pero Merlín, como odiaba sentirse así con ella y con él mismo. Suspiró profundamente — Ahora es cuando lamento haberte pedido una oportunidad, era obvio que sólo sería un error cuando tú nunca has dejado de amarlo — sentenció cruelmente.
— No Will, escucha, dame la oportunidad de explicarte. Sólo cometí un error, pero por favor, esto que tenemos nosotros es real, lo que pasó con Harry fue sólo… — trató de explicarse, sus palabras saliendo de manera atropellada a causa de la angustia de perderlo — No sé cómo ni porque… yo sólo…
— Actuaste con el corazón Jean… — le aclaró Will, su mirada se tornó compasiva… resignada — como cualquier persona enamorada — manifestó abatido.
— Pero yo te… — lo miró suplicante.
— Me quieres, lo sé… — la interrumpió antes de que dijera una mentira de la que se arrepentiría luego — pero eso no se compara de ninguna forma al gran amor que sientes por él… — repuso el pelinegro suspirando profundamente. Dejando atrás el resentimiento. Lo que ella siempre necesitó de él fue su amistad. Fue su culpa el enamorarse de ella. Fue su error haberla metido en ése absurdo. Ahora era su deber corregirla, guiarla — Mira, — la miró neutral, respirando pausado. Se maldijo por sucumbir siempre ante aquellos ojos miel — no quiero que cometas el mismo error, y no quiero ser yo la causa de ello; así que, lo mejor será que…
— No quiero terminar — se opuso Hermione de inmediato, angustiada.
— Ni yo… — se sinceró el ojiazul mirándola triste — pero es lo mejor para todos.
— Por favor Will, sólo… ¡sólo dame otra oportunidad!, ¡te prometo que… que haré mi mejor esfuerzo para que esto funcione!, pero por favor… ¡por favor no me dejes! — se quebró, dejando salir las lágrimas.
— Sabes que nunca lo haré Jean… — la abrazó rápidamente, refugiándola en sus brazos y apoyando la barbilla en su cabeza mientras ésta se prendía fuertemente a su espalda y hundía la cabeza en su pecho — y siempre estaré contigo, pero…
— Quiero estar contigo, ¿es que no lo entiendes? — habló de manera entrecortada, casi desesperada, abrazándolo famélicamente.
— Eres tú la que se niega a ver las cosas cariño… — le levantó el rostro para mirarla a los ojos — No te estoy pidiendo otra oportunidad, ni rogándote por un cambio, solamente te pido que abras tu corazón y te des cuenta de lo que quieres antes de que cometas el mismo error otra vez…
— Ya decidí Will… — lo silenció Hermione poniendo un dedo sobre sus labios y sintiendo como se oprimía su corazón antes de decir: — Y te elijo a ti — uniendo sus labios con los de su novio.
Ya después vería como ser feliz de nuevo.
