Capítulo 22: CERCA DE TI

— ¡Agh!, ¿qué es ése olor? — fue lo único que pudo pronunciar Harry aquella tarde cuando arribó a su casa y un pestilente olor le entró en las fosas nasales. Se cubrió la boca y nariz con una mano y se dirigió a la habitación de Ron, donde el olor se intensificaba conforme avanzaba.

En el interior, un inquieto pelirrojo se alisaba el cabello con las manos, mirándose en el espejo con gesto desesperado. Harry abrió por completo la puerta y casi tuvo que sostenerse del marco cuando el intenso hedor lo mareó…

— Ron, pero ¿qué diablos pisaste? — inquirió con los ojos casi lagrimeándole.

— ¿De qué hablas?, yo no pisé nada… — lo regresó a ver acomodándose el cuello de la camisa a rayas que usaba — Además yo no huelo nada; te habrás echado uno y me quieres echar la culpa — le acusó en tono burlón.

— Pues a menos de que me haya comido un animal muerto durante el almuerzo, dudo mucho que se trate de mí. Además, yo no soy tan asqueroso como tú, que ni avisas — le recriminó.

— ¡Ahora resulta! — le dio la espalda indignado. Tomó la colonia que tenía en el peinador y se echó un poco en las manos para después ponérsela a lo largo del cuello y mejillas. Harry no necesitó más para saber que despedía aquel pestilente olor, cuando éste incrementó en el mismo instante en que Ron destapaba aquella pequeña botellita.

— ¡Iugh!, ya sé a qué huele… — se acercó Harry. A pesar de tener casi la mitad del rostro cubierto, eso no evitó que el olor llegara a su nariz — Pero, ¿de qué demonios está hecho esto eh? — le preguntó apuntando la botella.

— ¿Y ahora qué? — se impacientó Ron.

— Ésa cosa pestilente que acabas de echarte. Merlin, ¿qué no tienes olfato? — lo miró incrédulo.

— ¡Claro que tengo!… — exclamó el ojiazul — Y "esto" como tú lo llamas, es mi nueva colonia, la compré hace un par de horas en el pueblo.

— ¿En qué pueblo?, ¿Saint Edorlandia?… — inquirió con mofa, alejándose de su amigo — Apesta a calcetines sucios y desechos humanos — le espetó.

— ¡Hey!, yo no me quejo de tu colonia que huele a mezquite — objetó Ron con el entrecejo fruncido.

— Madera, madera, Ron… — repuso Harry — Y, además, no tiene comparación alguna con tu… "Brisa marina con canela", — leyó de la etiqueta, enarcando una ceja con sarcasmo — si como no, más bien aliento de elfo con excremento de lechuza — satirizó.

Ron le entrecerró los ojos con advertencia.

— ¿Quién te la vendió eh? — le volvió a preguntar.

— Ya sabes, la tienda ésa de colonias, perfumes y velas aromáticas que está en el centro del…

— ¿Aquella donde trabaja el mocoso al que le pateaste el perro? — lo miró con un dejo de incredulidad.

— Si… Pero yo no le hubiera pateado el maldito perro si éste no me hubiera mordido — se defendió al instante.

— Si serás Ron, sólo a ti se te ocurre… — rodó los ojos Harry con exasperación.

— ¿Y ahora que hice? — suspiró fastidiado.

— ¡Confiarte de ése mocoso, tarado!, ¿no ves que cambió tu colonia por ésta… cosa pestilente? — le señaló.

— Vamos amigo, no huele tan… — empezó a decirle, tomando la botellita y olfateándola. Su rostro se desfiguró en una mueca de repulsión — ¡Merlin!, — apartó la botellita rápidamente — ¡Ése hijo de…!… ¡Es peor que el aliento de Snape! — añadió con aversión.

— Te lo dije — murmuró Harry.

— ¡Agh!, ¡qué asco! — se estremeció restregándose el cuello, intentando inútilmente deshacerse del olor.

— ¿Cómo no te habías dado cuenta antes eh? — le preguntó. Desapareciendo la "colonia" con un hondeo de su varita.

— Estaba ocupado tratando de decidirme por la ropa… — respondió señalando el desastre de camisas, pantalones, sudaderas y demás prendas sobre su cama. Harry enarcó una ceja — Tengo una cita con Luna, — le explicó al ver su expresión — ¡iremos al cine! — añadió emocionado.

— Pues tendrás que darte otro baño si no quieres que la pobre de Luna salga corriendo apenas te vea — le recomendó seriamente el ojiverde.

— Tienes razón — repuso Ron con expresión angustiada. Sin pensarlo un segundo más, tomó otra muda de ropa y salió disparado al baño.

Harry se dispuso a salir rumbo a su cuarto luego de que escuchó el correr del agua, mas apenas destapaba su boca cuando el aroma lo mareó haciéndolo fruncir el ceño de repulsión al sentirlo impregnado en toda la habitación.

— ¡Y por favor echa algo para que ya no huela a…! — le empezó a pedir.

— Está bien, está bien — replicó de manera ahogada la voz de Ron desde el baño.


— Entonces… ¿qué tal ésta? — le preguntaba Luna a Hermione mostrándole una blusa amarilla, de hombros descubiertos y un ligero estampado de flores blancas en la cintura a modo de cinturón. Estaban en la habitación de la rubia.

— Mmm… — Hermione miró de manera analítica la prenda — creo que si eliges ésa tendrías que cambiar el pantalón por la falda blanca de holanes y las zapatillas amarillas con blanco, ¿no crees? — dio su opinión.

— Tienes razón… — meditó Luna, descartándola — ¿Entonces qué tal ésta otra? — le mostró una café, estilo vaquera con cuadros y de botones.

— Es demasiado…

— Cierto, — la cortó sin dejarla terminar — ¿Y ésta? — le mostró una blanca…

— Pues…

— No, de acuerdo. ¿Qué hay de…? — tomó al azar una blusa del montón de ropa desparramada sobre la cama.

— ¡Luna!, — la llamó exasperada Hermione. Luna se detuvo en su labor de buscar entre su ropa y la regresó a ver — llevamos aquí casi toda la tarde, o te decides ya, o no estarás lista a tiempo. Son las 6, Ron quedó de pasar por ti a las 7 y tú ni siquiera te has bañado — le recordó.

— ¡Oh por…! — cayó en cuenta, quedándose repentinamente pasmada.

Hermione suspiró resignada, y armándose de paciencia la tomó de los hombros y la dirigió al baño.

— Tú sólo métete a bañar, yo arreglo éste desorden que hiciste. Y te pones la primera opción que querías… — le indicó.

— La blusa blanca de tres cuartos con escote sencillo, el pantalón negro y los zapatos de tacón alto — murmuró distraída, asintiendo.

—… y estarás lista a tiempo — la tranquilizó.

— Pero ¿qué hay de la bolsa?, ¡la única bolsa que tengo que combina la dejé olvidada en tu casa! — respingó de pronto.

— Tú sólo báñate. Además, ¿desde cuándo te importa tanto la apariencia física eh? — la miró con los ojos entrecerrados.

Luna no le contestó, se limitó a encerrarse en el baño.

Hermione rodó los ojos. Si Ron era el causante de ése nuevo cambio en Luna, más le valía que no la terminara lastimado, de lo contrario ella se encargaría de defender el honor de su amiga. ¡Faltaba más!

Sin perder tiempo, preparó antes que nada la muda de ropa que su amiga iba a usar y la dejó en una silla junto a la cama para después ponerle sobre el peinador el maquillaje, los cepillos, cremas, accesorios y demás cosas que iba utilizar. Por último, empezó a recoger la ropa de su amiga que estaba regada en la cama y unas cuantas en el suelo mientras se escuchaba el correr del agua en la ducha.

Jamás había visto a Luna tan nerviosa, se encontró rememorando. Ni siquiera la primera vez que tuvo una cita en la Universidad con aquel chico castaño. ¿Cuál era su nombre?; ni idea. Pero por lo que escuchó después de labios de Luna fue que el tipo sólo quería "pasar el tiempo". En fin, él se lo perdió. Después fue el chico de ojos grises que trabajaba en la cafetería cerca del campus; había sido más caballeroso, la trataba mejor, le regalaba cosas… pero justo cuando se le declaró, Luna descubrió que en todo ése tiempo que estuvieron saliendo jamás hubo química. Meses después de eso fue que la rubia se dio por vencida con el asunto de las citas… Hasta que regresaron a Londres y se reencontró con Terry.

Recordaba claramente haberle preguntado muchas veces que era lo que pasaba exactamente con el rubio, mas Luna siempre evadía el tema argumentando que sólo eran amigos.

Y ahora con éste reciente acercamiento con Ron; bueno, sólo esperaba que Luna no le hubiera mentido. Además, una parte de ella se alegraba de que sus amigos al fin tuvieran una oportunidad. Se lo merecían más que nadie en el mundo.

Salió de sus cavilaciones cuando su celular empezó a sonar desde su bolsa. Sacó el aparato, un número desconocido aparecía en la pantalla. Extrañada oprimió el botón de contestar.

— ¿Diga? — replicó colocando el celular entre su hombro y oreja mientras doblaba distraídamente una blusa.

Hermione — contestó una voz masculina al otro lado de la línea a manera de saludo.

— ¿Harry? — indagó torpemente, sujetando el teléfono con fuerza contra su oído. El corazón se le aceleró.

Si, ¿cómo estás? — Hermione casi juraba que estaba sonriendo al otro lado.

— Bien, ¿y tú?… Un segundo, ¿cómo tienes mi número? — cayó en cuenta.

Ehh, bueno… — lo escuchó suspirar de manera nerviosa — Fue Ginny — contestó resignado.

Hermione meneó ligeramente la cabeza. Era de esperarse. ¿Cómo pudo creer ilusamente que sus amigas no se meterían en el asunto?

— De acuerdo — se limitó a decir.

Y… ¿qué haces? — quiso saber, buscando un tema de conversación.

— Nada, en casa de Luna, la ayudo a arreglarse para una cita…

Con Ron, ya sé, yo igual — replicó Harry.

— ¿Tú también tienes una cita con Ron? — inquirió con fingida sorpresa Hermione.

¡Merlin, no!; — se escandalizó. La ojimiel se rio — Ya tengo con el malentendido con tus padres en Australia… — lamentó — Además, no es mi tipo, si sabes a lo que me refiero — repuso, haciéndola reír de nueva cuenta.

— ¿Demasiado pelirrojo? — sonrió.

Exacto, ¡hasta que alguien me entiende!… — comentó fingiéndose realmente aliviado. Hermione volvió a reír — Además, me gustan más castaños… — añadió insinuante. La sonrisa de Hermione se ensanchó. No comentó nada — ¿Y te tiene muy ocupada? — retomó el tema.

— Algo… — musitó Hermione mirando con ironía el montón de ropa que había desparramada en la cama — Apuesto a que al menos tú no estás batallando con él como yo con Lu — añadió.

¿Bromeas?, apenas llegué a casa y se me tapó la nariz por la peste de su colonia — le contó.

— Pues eso no es nada, — le restó importancia Hermione — yo estoy aquí desde las tres de la tarde, ¡y hasta ahora Luna se ha decidido porque ponerse!, y únicamente porque me cansé y le dije, sino… — meneó la cabeza.

Vaya con nuestros amigos ¿eh? — sonrió Harry.

— Vaya con nuestros amigos — apoyó Hermione sonriendo. Se olvidó por completo de la ropa de Luna y se sentó en la cama, jugando inconscientemente con la orilla del edredón.

¿Y tú tienes planes con alguien? — aventuró como quien no quiere la cosa el pelinegro. Hermione sonrió para sí.

— Tal vez — musitó con un dejo travieso. Algo que Harry no notó.

¿Tal vez?, — sonó algo contrariado — oh, qué bien — se escuchó decepcionado.

— Si, Crookshanks en verdad es buena compañía — añadió ocultando la risa.

¡Oh!, Crookshanks, tu gato — respiró aliviado.

— Pues claro, ¿en quién pensabas ah? — acusó riendo.

En nadie en particular… — aseguró aclarándose la garganta — Es sólo que como eres muy atractiva, no creo que a cualquiera de tus compañeros del trabajo o un vecino vivillo se les haya pasado invitarte a cenar o algo — añadió con un dejo de coquetería.

— Bueno… — empezó como quien no quiere la cosa — pues de hecho mi vecino, un muggle de 25 años, muy guapo, por cierto, de ojos grises, cabello castaño, y que es ingeniero, me invitó a cenar a su departamento…

¿En serio? — exclamó atónito.

— Cómo lo oyes — subrayó Hermione.

¿Y qué le respondiste? — le preguntó con la voz ligeramente tensa.

— Bueno, lo estuve considerando un tiempo ¿sabes?, — al otro lado de la línea se escuchó un sonido desdeñoso haciéndola sonreír sin poder evitarlo — sólo que había un pequeño inconveniente — se mordió los labios para no reírse.

¿Ah sí?, ¿y cuál? — inquirió casi masticando las palabras.

— Que iba a haber otro hombre…

¡¿Que QUÉ?! — casi gritó. Hermione apartó el celular un poco de su oído por el chillido.

— Pues si…

¡¿Qué se cree ése idio…?! — empezó a maldecir.

—… su novio — completó Hermione.

¡¿…ta?!… ¡¿qué puede… ir…?!… — se calló de pronto. La castaña aguantó la respiración — ¿Su novio? — repitió escéptico.

Si, un muggle también muy simpático, si por mí fuera hubiera aceptado; pero bueno, no quería ser mal tercio — replicó como si en verdad lo lamentara.

¿Su novio? — murmuró Harry más para sí que para ella.

— ¿Harry? — lo llamó Hermione al sentir que se había quedado divagando.

Te invito a cenar — soltó de pronto.

— ¿Qué? — arrugó el entrecejo.

Te invito a cenar, hoy, a las 8:30. ¿Qué dices?, puede ser en mi casa o en tu casa, si no quieres salir; o donde quieras — repuso.

— Es…

— ¡Lista!… — exclamó de pronto la voz de Luna saliendo del baño, haciéndola pegar un brinco — ¿Con quién hablas? — le preguntó al verla con el celular en la mano.

¿Hermione? — cuestionó la voz de Harry al otro lado de la línea.

— Espera un segundo Harry… — le pidió.

De acuerdo — concedió.


Hermione puso una mano sobre la bocina del celular y se volteó hacia Luna con una mirada entre alegre, nerviosa y ansiosa.

— Harry me está invitando a cenar a las 8:30. ¿Qué le digo? — le urgió.

— ¡Que si, por supuesto! — señaló obvia con una sonrisa emocionada.

— ¿Si? — la miró insegura, vacilando.

— ¡Si, tonta!, — la animó sentándose a su lado — anda, dile… — pegó la oreja al otro lado del celular — ¡Vamos! — le pinchó un costado.

— Au, — se quejó Hermione — está bien, está bien, ya voy. No hagas ruido — agregó destapando la bocina. Luna rodó los ojos.


Mientras tanto al otro lado de la línea, en la habitación de Harry. Conforme Hermione le contaba aquello a Luna, Ron ovacionaba a Harry al escuchar la propuesta que le hizo a la castaña.

— ¿Conque aquí o en su casa eh?, ¡picaron! — le sonrió travieso.

— Ron… — meneó la cabeza Harry tapando la bocina para que Hermione no escuchara — sólo es una cena — señaló.

— En donde el plato fuerte será Herm — se rio con ganas. Harry lo fulminó con la mirada.

— Y donde tú serás el postre de Pig y Hedwig si no te callas — lo amenazó.

— Está bien, — amortiguó la risa — mientras no nos encontremos en la calle soy feliz. No quiero que luego a Luna o Hermione se les ocurra una tontería como "cita doble" — ironizó.

— Conociéndolas — murmuró Harry con sarcasmo.

— Organízale algo aquí en la casa o en el pueblo, en la posada cocinan muy bien — le aconsejó su amigo.

— Ya sé, ya sé. Ése es mi plan.

— O podrías…


¿Harry? — se escuchó la voz de Hermione al otro lado.

Éste le hizo una señal a Ron para que guardara silencio.

— ¿Si? — preguntó tratando de no sonar muy ansioso.

Está bien, lo de la cena — aceptó.

Harry sonrió feliz y le levantó un pulgar a Ron en señal de triunfo. Éste levantó los brazos al cielo a modo de victoria.

— ¡Genial!, entonces paso por ti a las 8:30. Hasta entonces.

Hasta luego — y colgaron.


— ¡Brillante compañero!, ya empezaste con el paso número uno, ahora empieza a conquistarla de a poco — le alabó Ron palmeándole la espalda.

— Y eso haré — aseguró sonriendo radiante.


— ¡Muy bien Herm!, ahora sólo queda arreglar las cosas, y antes de la boda de Ginny ya estarán juntos al fin — abrazó Luna a Hermione.

— Eso espero — suspiró anhelante. En ningún momento su corazón había dejado de latir emocionado.


En punto de las siete, a unos cuantos kilómetros de la casa de Harry, específicamente en la Madriguera Weasley, Molly se disponía a preparar la cena con la ayuda de su hija, mas cual fue su sorpresa al subir a su habitación, encontrarla vacía y sin rastro de Ginny por ninguna parte. Con el ceño ligeramente fruncido, bajó de nuevo encontrándose con su marido en la sala, aparentemente sumergido en la lectura del diario El Profeta.

— Arthur, querido, ¿has visto a Ginny? — le preguntó a su marido.

— No, querida, pero debe estar con sus amigas o en la tienda de los gemelos, ya sabes lo que le gusta ir — le respondió escondiendo la cabeza en El Profeta para que su mujer no viera la sonrisa cómplice de su rostro.

— Si, debe ser eso… — comentó para sí sentándose a su lado — ¿Y qué hay de nuevo con ésa Skeeter? — quiso saber.

— No lo vas a creer… — la miró emocionado.


Lejos de ahí, en los solitarios campos de Hogsmeade, un joven pelinegro se Aparecía enfundado en una túnica negra ocultando su rostro y sacándole un respingo a la joven pelirroja que estaba ahí esperando por él. Ésta se giró para mirar al causante de su susto con una expresión entre miedo, reproche… y alegría.

— ¡Nev!, ya te he dicho mil veces que no hagas eso, ¡casi me causas un infarto! — lo reprendió alterada, con una mano en el pecho, al muy estilo Molly Weasley, aunque con la variación del carácter de Ginevra.

— Lo siento Ginny, no quise hacerlo — se acercó a abrazarla, una mirada alegre en su rostro. Ginny se refugió en sus brazos.

— ¡Te eche de menos! — le confesó, aspirando el peculiar aroma a tierra mojada y hierbabuena que despedía su prometido y la dejaba embelesada.

— ¡Y yo a ti!, no sabes cuánto — se sinceró, oliendo aquel perfume de flores silvestres que lo hechizaba. Uniendo sus labios a los suyos…

Flash Back

— ¿Neville?, ¿estás aquí?… — resonaba la voz de Ginny en los invernaderos, caminando insegura entre tantas hierbas en busca de su amigo — Ron me dijo que estarías aquí en tu hora lib… ¡Au! — tropezó con una raíz, y con tal mala suerte de pegarse al mismo tiempo en la cabeza con una maceta que colgaba del techo.

— ¿Ginny?, ¿eres tú? — indagó Neville desde algún sitio.

— Si, — musitó adolorida, sobándose la cabeza — ¿dónde estás? — escudriñó con la mirada el lugar.

— Espera, no te muevas, ya voy.

Se escucharon algunos pasos en la tierra, junto al movimiento de algunas ramas siendo apartadas antes de que Neville saliera de entre unos matorrales sosteniendo unas pinzas para podar en sus enguantas manos y unos lentes protectores semejantes a unos visores de buzo cubriéndole los ojos. El rostro cubierto de barro y la túnica adornada por algunas pequeñas ramas, hojas y motas de polvo.

Ginny se desternilló de la risa ante lo cómico de su apariencia sin poder evitarlo. En especial por ésos ojos cubiertos por unos lentes que bien podrían ser los de Trelawney.

— ¿Qué? — la miró desconcertado, pasándose la manga de su túnica por la boca para limpiar la suciedad, mas sólo consiguió que una fina línea de barro quedara sobre su labio superior pareciendo un bigote.

— Tu cara — apenas pudo pronunciar entre risas la pelirroja, agarrándose el estómago.

— ¿Eh? — enarcó las cejas.

— Ay Neville… — aguantó la risa Ginny, acercándose a él — Estás lleno de barro, — le explicó — ven acá — y acto seguido lo halaba hacia ella del único pedazo limpio de su túnica; extrayendo un pañuelo de su bolsillo, le quitaba los lentes y empezaba a limpiar su rostro. Sin saber de dónde nacía ése gesto.

— Oh — musitó, al fin entendiendo a que se refería. Ginny le sonrió. Limpió una pequeña mancha en su barbilla, mas arrugó el entrecejo al no conseguirlo del todo.

— Pero, ¿por qué no…? — talló con un poco más de fuerza.

— Creo que eso es mío — comentó Neville como quien no quiere la cosa, mirándola con un dejo de incomodidad.

— ¿Tuyo?… — lo miró confundida, dándose cuenta de pronto de lo que era — ¡¿Tienes barba?!… — respingó pasmada — ¡pero, ¿desde cuando tienes barba?! — exclamó atónita.

— Un par de años, sólo que me afeitaba — se encogió de hombros restándole importancia.

— ¡Vaya! — susurró realmente impresionada. Como quien mira un milagro producirse frente a sus ojos.

— ¿Qué se te ofrecía Ginny? — cambió de tema. Se sentía incómodo por su mirada escudriñadora.

— Ah… si… — parpadeó un par de veces, alejándose dos pasos y guardando su pañuelo nuevamente — Es que tengo examen de Herbología la semana que viene y quería saber si serías tan amable de ayudarme a estudiar — le explicó. Sonriendo inocentemente.

— Claro, cuenta conmigo — accedió brindándole una suave sonrisa.

— Genial, bueno, entonces. Mmm… te dejo haciendo lo que… — se empezó a dar media vuelta para irse.

— Espera — Neville la tomó del brazo haciendo que se detuviera.

Ginny no supo porque el carmesí cubrió sus mejillas al verlo a los ojos.

— No me has dicho cuando quieres que te ayude — le dijo Neville arrugando el entrecejo, confundido.

— Oh, es cierto… — balbuceó la pelirroja — ¿Cuándo puedes? — le cuestionó a su vez.

— ¿Por qué no empezamos ahora? — le sugirió.

— ¿Seguro? — miró las pinzas en su otra mano. No quería importunarlo.

— Por supuesto. Además, ya terminé aquí. Vamos… — la animó conduciéndola hacia la primera planta, listo para comenzar a enseñarle.

— Pero creí que iríamos a la Biblioteca — lo siguió Ginny, cuidando donde pisaba.

— Los libros después puedes consultarlos… — le restó importancia Neville — Aquí, es donde verdaderamente la Herbología cobra vida… — le sonrió señalando alrededor.

Ginny sonrió cuando Neville empezó a explicarle con una emoción y un conocimiento increíbles sobre aquellas plantas. Y mientras estaba ahí, junto a él en aquel florido recinto, por primera vez en mucho tiempo, se sintió como en casa. Sintió que pertenecía a ése lugar.

Y empezó a gustarle la Herbología.

Fin Flash Back

Ginny suspiró con una sonrisa cuando volteó a ver aquellos ojos que le encantaban.

— ¿En qué piensas? — le preguntó curioso Neville, jugando con un mechón de cabello de su prometida.

— En que haber ido a pedir tu ayuda para aquel examen de Herbología fue lo mejor que he hecho en toda mi vida — manifestó sonriendo. Neville sonrió también, dándole un beso en la sien.

Flash Back

— ¡Neville!, ¡Neville! — exclamaba Ginny con alegría aquella tarde apenas cruzó el retrato de la Dama Gorda y entraba a la sala común. Lo localizó de inmediato, parado frente a un estante de libros en un rincón de la sala.

Neville al escuchar su nombre se giró, dejando el libro donde estaba con gesto distraído.

— ¡Lo conseguí!, ¡lo conseguí!… — chilló la pelirroja lanzándose a sus brazos con una reluciente sonrisa — ¡Saqué Extraordinario!, ¡la profesora Sprout me felicitó y dijo que estaba orgullosa del gran avance que mostré!, ¡además me dio 15 puntos para Gryffindor!… — le decía atropelladamente producto de la emoción, mirándolo de frente. Sus brazos aun rodeando su cuello. Neville se sentía aturdido por tanto grito — ¡Y todo gracias a ti!… — declaró solemne. Y en un impulso, y presa de la alegría del momento, le dio un corto beso en los labios tomándolo por sorpresa — ¡Muchas gracias Nev!, no sé qué hubiera… hecho sin… ti… — musitó, su voz cada vez más débil — ¡Oh por Merlin! — calló de pronto, dándose cuenta de lo que había hecho.

Y cual, si Neville fuera una fuente de corriente eléctrica, se soltó con rapidez de él, retrocediendo un par de pasos, al sentir como si un rayo la hubiera golpeado justo en el estómago dejándola aturdida.

— ¡Perdón, yo…!… Me dejé llevar… — sacudió la cabeza, mirando a cualquier lugar que no fuera sus ojos — Merlin, — le dio la espalda, escondiendo su enrojecido rostro entre las manos — Perdona, perdona — volvió a repetir de manera automática.

Neville, aun en estado de shock, dejó salir un suspiro.

— También soy bueno en Defensa, para cuando necesites estudiar — se limitó a decir. Sus ojos vidriosos.

Ginny se giró a verlo tan rápido que se sintió mareada, mirándolo con los ojos como platos. En los ojos de Neville se observaba un ligero brillo de emoción.

Fin Flash Back

— ¿Sabías que literalmente me robaste el primer beso de mi vida? — le comentó Neville como quien no quiere la cosa minutos después. Se habían acercado a la valla y Ginny estaba sentada sobre ésta, Neville le rodeaba el estómago con los brazos y recargaba la barbilla en su hombro.

— ¿Qué?, — lo regresó a ver incrédula. Neville le sonrió un tanto avergonzado — pero creí que… Es decir, se decía que salías con Hannah Abbott… ¿Entonces…? — balbuceó.

— Tuvimos una cita, si, — repuso Neville — pero sólo eso. Nada pasó — le aseguró.

— Vaya… — murmuró para sí, regresando la mirada hacia el frente — Entonces sólo a mí has besado ¿eh? — señaló con un dejo de picardía y satisfacción.

— Aja — asintió Neville dándole un suave beso en la mejilla.

— Pues para no haber besado a nadie antes, no lo hiciste nada mal — le acusó pícara.

Neville sonrió avergonzado.

— Tal vez fue por eso que acepté ser tu novia dos semanas después del primer beso — murmuró pensativa.

— ¡Oye! — se quejó Neville, sonriendo incrédulo.

— ¿Qué?, besabas bien — se encogió de hombros, una sonrisa jugando en sus labios.

Flash Back

Dos semanas, era el tiempo que había pasado desde aquel lejano día en que Ginny había besado por accidente a Neville… y era justo el tiempo que llevaba evitándolo.

Fue un gran alivio para ella que luego de haberlo besado, Colin hubiera aparecido clamando su atención para hablar de los deberes de Pociones.

Y pese a que no había visto a Neville de frente durante ésos días, no podía sacárselo de la cabeza. Cómo película rallada, la escena de su beso se reproducía a cada momento. Y es que, si pensaba detenidamente acerca de ello, llegaba a la misma conclusión: no le había parecido indiferente.

Merlin, se pasó una mano por el rostro con frustración. ¿Sería que le gustaba Neville?, se preguntó con un dejo de angustia.

Guapo, nunca antes lo había notado… hasta ahora.

Lindo, en cada momento y cada gesto que hacía.

Inteligente, por supuesto.

Valiente, ¡de qué manera!

Suspiró de manera entrecortada, sintiendo una opresión en el pecho cuando el recuerdo de sus labios la llenó.

Tenía que hacer algo, hablar con él. Ella no era una cobarde, debía afrontar las consecuencias. Decirle que… que el beso había sido un error… pensó poniéndose de pie y encaminándose de nuevo a la salida de la Biblioteca.

Que ella sólo había querido agradecerle, mas en sus planes jamás estuvo el…

… Toparse con él frente a frente antes de poder salir de su escondite.

— Nev… hola… — musitó Ginny de manera nerviosa, sintiendo como le empezaban a temblar las piernas — Yo ya… ya me iba, así que… — pasó saliva.

No obstante, la idea de irse desapareció de su mente cuando las manos de Neville la tomaron suavemente por las mejillas y atrajo su rostro hasta el suyo, sellando sus labios…

Definitivamente algo tenía Neville que podía causar que su cabeza y corazón salieran volando de su cuerpo, pensó cuando entrelazó sus brazos en su cuello y se rindió a su beso abandonando sus dudas.

Fin Flash Back

— Pues para besar bien, te tardaste mucho en decirme que sí te casabas conmigo ¿no te parece? — le acusó.

— No, fuiste tú el que se tardó en preguntar — señaló riendo. Neville meneó la cabeza.

— Me pasé casi la mitad de la carrera tratando de pedírtelo, pero siempre que estaba por hacerlo me echaba para atrás — le confesó.

— ¿Por qué? — quiso saber, girando el rostro para verlo.

— No lo sé. Por esto y lo otro, — arrugó el entrecejo — quizás una ligera duda a que aceptaras… No sé.

— Nev… — acarició su mejilla con ternura.

— Y luego lo arruino cuando te lo pido — meneó la cabeza, enojado consigo mismo.

Flash Back

— De verdad que no entiendo porque te enojas. Te digo que él es sólo un compañero de clase Nev, no tienes por qué ponerte celoso — le decía Ginny a Neville. Estaban fuera del dormitorio de ésta y discutían en susurros para no alertar a las demás habitantes; eso sin mencionar que estaba estrictamente prohibido la entrada de hombres durante la noche. Y ya pasaban de las once.

— Sí, claro — satirizó éste de brazos cruzados, negándose a verla a los ojos.

Ginny apretó los dientes para no soltar un gruñido. Tomó aire para controlarse.

— Mira, ya te lo expliqué hasta el cansancio, pero si tú no quieres entender es tu maldito problema; ya nos veremos mañana cuando se te bajé tu ataque de celos, mientras tanto, ¡buenas noches! — sentenció enojada. Introdujo la llave en la cerradura, mas antes de darle vuelta Neville pronunció algo que la hizo quedarse donde estaba.

— ¡Estoy enojado porque por culpa del estúpido ése y que nunca te dejaba en paz, perdí la reservación y todo lo que había organizado para ésta noche y ya no pude preguntarte si querías ser mi esposa! — soltó sin pensar.

— ¿Qu…? — apenas murmuró Ginny. Sintiendo toda la sangre correr a sus extremidades.

— Oh… — musitó Neville cayendo en cuenta. Ginny se giró hacia él. El rostro de Neville era una mezcla de verde grisáceo. Y el de Ginny estaba teñido de escarlata.

— ¿Qué dijiste? — quiso estar segura de no haberlo imaginado.

— Yo… — pasó saliva — verás… — murmuró nervioso. Su mirada vagando de sus ojos a sus zapatos — Ay Merlin, ¡se supone que esto no debía ser así! — se pasó una mano por el cabello. Las manos le sudaban.

— Neville…

Sus palabras se perdieron cuando su novio tomó sus manos entre las suyas, soltando un suspiro y mirándola a los ojos.

— Ginny, yo… — respiraba agitado — ¿quieres… quieres…?… Espera un segundo ¿sí?… — le pidió. Se aflojó un poco el cuello de su camisa, sentía que se asfixiaba. Ginny estaba igual o más alterada que él — Ginny, — volvió a tomar sus manos — escucha, yo…

— ¡Neville, con un demonio, dilo ya o me vas a matar de un infarto! — se exasperó la pelirroja. Mirándolo desesperada.

— ¿Te casas conmigo? — apenas y exhaló.

Ginny se lanzó a besarlo, asintiendo vehemente incapaz de encontrar su voz. Las lágrimas deslizándose por sus mejillas.

Fin Flash Back

— Sin duda fue muy extraña la manera de comprometernos — musitó Ginny volviendo a mirar al frente.

— Y que lo digas, — le respondió Neville con ironía — sobre todo porque después vino tu hospedera y me sacó a punta de varita. ¡Qué horror!, por un momento pensé que me iba a castrar o algo por el estilo. Y luego ésa cosa verde que traía en el rostro. ¡Agh!, ¡asqueroso! — se estremeció. Ginny soltó una carcajada.

— Eso te pasa por entrar de noche sabiendo que estaba prohibido — le acusó con gracia.

— No recuerdo que te quejaras cuando lo hacía después de que tu compañera se quedaba dormida — comentó malicioso.

— Bueno… — vaciló Ginny, sus mejillas sonrojadas — era diferente — trató de defenderse.

— MUY diferente… — subrayó Neville — Tu compañera estaba dormida, la encargada no sabía que yo estaba ahí, y ambos estábamos bien acurrucaditos en tu cama — señaló travieso.

— Nev… — sus mejillas se sonrojaron.

— No sabes cuánto ansío porque sea ya el día de la boda, — le susurró al oído. Ginny sonrió — así ya no tendríamos que vernos de vez en cuando. Viviríamos juntos. Dormiríamos todas las noches en la misma cama. Serías lo primero que vería al despertar… — le dio un beso en la mejilla — Y podríamos… — las mejillas de Ginny se tiñeron de rojo al escuchar sus palabras. En definitiva, aquel chico tímido que conoció en Hogwarts se había ido junto a la cabeza de Nagini. Y le encantaba.

— No tenemos que esperar hasta estar casados para… — empezó a decirle de manera insinuante.

— Si, a menos que quieras quedar viuda antes de la boda… — se rio el pelinegro — No creo que tus hermanos se tomen muy bien eso de las relaciones fuera del matrimonio. Además, nos tienen vigilados todo el tiempo. Bien podrían estar ahora escondidos en aquellos matorrales — señaló a su costado con la cabeza, escudriñando con la mirada como si en verdad pensara eso.

— Tú ganas — asintió de manera desganada la pelirroja.

Neville le robó un beso, mirándola con amor. El rostro de Ginny se relajó.

— Te amo, Nev — le acarició la mejilla.

— Y yo a ti, Ginny — se inclinó a besarla. Ésta vez su novia impidió que se alejara de ella, tomándolo por la nuca enredó sus dedos en su cabello haciéndolo sonreír sobre sus labios.


En punto de las 8:20 de la noche Hermione le abría la puerta a Harry.

— ¿Lista? — le preguntó con una sonrisa.

— Si — asintió.