Capítulo 23: PELEARÉ POR TI
La estruendosa carcajada de Ron y Luna se escuchó sobre todas las demás risas de la sala. Transcurría poco más de la mitad de la película animada "Toy Story 3" y en casi todo ése tiempo no habían parado de reír. Y es que tenía de todo. Acción. Drama. ¡Y mucha comedia!
En la pantalla, se proyectaba la escena de Buzz hablando con acento español…
— ¡Que risa con ése muñeco! — le decía en un susurro Luna a Ron, con una sonrisa plasmada en su rostro.
— Lo sé… — reía Ron. Tenían un enorme bote con palomitas de maíz en las piernas y dos refrescos grandes en el apoyabrazos, además de chocolates, dulces, ya se habían comido un hot-dog cada quien, además de unos nachos; en fin, prácticamente habían comprado una cosa de cada uno en la dulcería, cuales niños en su primera vez en el cine.
— ¿Y a dónde vamos? — le preguntó Hermione colgándose el bolso al hombro, luego de haberse saludado y que Harry ingresara a su casa.
Hermione llevada puesto un corto vestido de cóctel color crema con bordados rosas, y el cabello completamente suelto salvo por la pequeña cinta adornándolo, como si fuera una diadema. Y con unos zapatos de tacón bajo, en cintas. Unos pendientes de color rosa, además de una fina capa de maquillaje.
— A Ottery Saint Catchpole — le respondió Harry. Éste iba vestido con un pantalón de vestir color negro y zapatos negros, con una camisa de botones en color azul rey con delgadas líneas plateadas. El cabello indomable como siempre. Pero ahora sin sus antiguas gafas redondas, sus ojos brillaban más que de costumbre.
Y ofreciéndole su mano a Hermione, Desaparecieron en un torbellino de colores.
Luego de aquellas cómicas escenas vinieron las de drama con "El Oso" traicionándolos y dejándolos a la deriva en aquel contenedor de desechos. El público aguantó la respiración durante toda la escena. Y justo cuando apareció la primera escena emotiva, donde los juguetes se daban por vencidos y se tomaban de las manos esperando su final, juntos; Luna no pudo reprimir un par de lágrimas. Ron la miró de reojo y le pasó un brazo sobre los hombros. Se escuchaban de pronto personas sorbiéndose la nariz. Otros aclarándose la garganta.
— ¡Es tan triste!, la forma en que dejan de luchar y sólo permanecen juntos… — musitó Luna con la voz cortada.
— Lo sé… — concordó Ron.
Las llamas se acercaban cada vez más cuando de pronto…
— ¡SIII!… — gritó un grupito de niños que estaba enfrente, vitoreando a los marcianitos verdes. Acto seguido musitaron a coro: — ¡Los han salvado, y estamos agradecidos!
Una persona silbó animada y otros cuantos aplaudieron y soltaron chillidos emocionados. Todos volvieron a respirar tranquilos.
— ¡Estuvo cerca! — musitaron al unísono Ron y Luna claramente aliviados.
El pelirrojo ya estaba sudando frío por la situación. Si los gemelos lo vieran… No, no, no; ni pensarlo; sería su comidilla ¡por años!
Una ligera explosión se escuchó en el centro de Ottery Saint Catchpole, pero los transeúntes que circulaban por las calles a ésas horas de la noche ni se inmutaron. Y es que la Aparición de algún mago o bruja en aquel pueblo no era ninguna novedad, no cuando en la historia de Ottery Saint Catchpole sólo figuraban personas mágicas.
Ése era el principal motivo por el cual Harry había decidido a Ottery Saint Catchpole como su hogar, ¡adoraba la magia!
Sólo un transeúnte se giró hacia ellos cuando Aparecieron, únicamente para dejar escapar un silbido de apreciación al ver a Hermione. Las mejillas de la castaña se sonrojaron. Harry fulminó con la mirada a aquel tipo y colocó de forma posesiva una mano alrededor de la cintura de la ojimiel.
— Viejo chiflado… — masculló por lo bajo, en tono celoso. Hermione sonrió de forma burlona — no es gracioso; — manifestó Harry, ceñudo, sin aligerar el agarre en su cintura — bien podría ser tu abuelo y en cambio ahí anda de libidinoso el muy…
— ¡Harry!, — lo cortó Hermione sonriendo tenuemente — sólo es un señor, déjalo tranquilo, no importa — le aseguró.
Harry gruñó inconforme.
— Además, mi abuelo es más grande que él — comentó como quien no quiere la cosa, sólo para molestarlo.
— ¡Ahora resulta! — se indignó.
Hermione suprimió la risa.
— Ya celoso, olvídalo — le pidió, deteniéndose; ya habían dejado a aquel hombre unos metros atrás.
El pelinegro abrió la boca para replicar, mas no encontró argumentos que valieran y simplemente volvió a cerrar la boca, haciéndole caso. Hermione sonrió complacida y se colgó de su brazo empezando a andar.
— ¿Me dirás a dónde vamos? — le preguntó de manera casual.
— Sorpresa, sorpresa — sonrió con misterio el ojiverde.
Entonces nadie pudo contener las lágrimas en la última escena. Por toda la sala se escuchaban las aclaraciones de garganta, las sorbederas de nariz, pequeños sollozos amortiguados. Y uno que otro más melodramático que lloraba a moco tendido.
Por las mejillas de Luna corrían sin tregua alguna las lágrimas y soltaba suspiros entrecortados de vez en cuando, mientras se refugiaba más en los brazos de Ron y éste la estrechaba contra sí. El pelirrojo hacía un esfuerzo sobrehumano para no ponerse a sollozar, y disimuladamente se quitaba las lágrimas cada dos segundos para que nuevamente volvieran a salir; la garganta le escocía y se la aclaraba intentando aligerar la presión.
— ¡Adiós vaquero!… — rememoraba Luna unos minutos después cuando salían del cine — y luego cuando le dice que ¡no lo abandonará nunca!… — sollozó. Ron no la había soltado en ningún momento, su brazo reposaba sobre los hombros de la rubia — ¡Ay, ¿por qué los dejó?! — se lamentó en un lloriqueo. Unos que venían saliendo de ver una película de acción, la regresaron a ver cuál si fuera una chiflada. Ron a su vez los fulminó con la mirada.
— No podía dejarlos solos en el desván, se hubieran sentido abandonados — le explicó con infinita paciencia.
Pero aquello no era ningún consuelo para la pobre ojiazul.
— Habría elegido una comedia si hubiera sabido cómo te pondrías — comentó Ron lamentándose.
— Era una comedia — medio sollozó, medio rio Luna.
— Bueno… — se rascó la nuca avergonzado — Mejor vamos a cenar, — propuso queriendo alejar ésa mirada triste del rostro de Luna — ¡conozco un lugar estupendo! — y alzando la mano, llamó un taxi. Mientras la rubia asentía distraída, secándose las lágrimas.
— Hace mucho tiempo que no venía a aquí ¿sabes?… — le comentó Hermione con cierta nostalgia mientras caminaban — Desde…
— ¿Aquella vez que vinimos con Ron?; — indagó Harry. La castaña asintió — entonces creo que acerté en el lugar — expuso con un dejo de suficiencia. Una sonrisa en sus labios.
— Ciertamente lo has hecho — concedió Hermione.
— Yo he venido un par de veces… — le confesó. Hermione lo miró con atención — más específicamente… — la guio hacia la derecha — a allá — señaló con un gesto de la cabeza. La ojimiel sonrió.
La posada "Joan Pablo's" seguía igual que como la recordaba. Con aquellas ventanas de cristal grueso. Las paredes de madera, la gran puerta de roble y sus chapas antiguas. El letrero en la entrada con el nombre del recinto. Los grandes rosales bajo las ventanas. Y el pequeño cerco de madera con figuras moldadas.
Resplandecía la vieja Italia en todo su esplendor.
— Sorpresa — le susurró Harry al oído. Sonrió satisfecho cuando vio el brillo en los ojos de Hermione al girarse para sonreírle.
— Cuándo dijiste "estupendo", creí que me llevarías a un restaurante ¿sabes?, no a entrar de hurtadillas a un monumento nacional — decía Luna con voz cansada mientras subía la desgastada escalera del interior del colosal Big Ben, iluminando el camino con la luz de su varita.
— Un restaurante, cualquiera, pero esto… — la regresó a ver sobre su hombro dedicándole una sonrisa misteriosa. En sus manos sostenía una bolsa con comida rápida que habían comprado unas calles atrás — Ya verás — dijo enigmático, un poco menos agitado que Luna.
— Además cuando cambie la hora empezará a sonar, no quiero quedar sorda ¿sabías? — replicó. Ron reprimió el impulso de rodar los ojos. Mujeres, pensó con cierto fastidio.
— No lo harás, hechicé el lugar. En cualquier caso, sólo sentirás una pequeña vibración cuando eso pase, pero en teoría, no escucharás absolutamente ningún estruendo — la tranquilizó.
— Conozco la capacidad de tus hechizos Ronald — canturreó a su espalda.
— Oye, no me lo vas a dejar fácil ¿eh? — se quejó mirándola sobre el hombro.
Luna se encogió de hombros.
— Y a todo esto, ¿por qué no nos Aparecimos directamente allá?, estás escaleras no me dan confianza — volvió a replicar.
— Porque imagínate la cara que pondría todo Londres cuando se escuchara el chasquido de nuestra Aparición multiplicado por mil desde arriba. Creerían que es una bomba o algo por el estilo — respondió con gracia.
— Bueno, eso sí… — repuso Luna — Aunque hubiera sido divertido — no pudo evitar comentar.
Ron sonrió.
— Sigue igual — declaró la castaña completamente maravillada.
— Y espera a verlo por dentro, no ha cambiado ni un poco desde aquella vez — le aseguró con una sonrisa.
Flash Back
— Anda Ron, ¿qué tanto haces?, ya deja de jugar con la puerta — lo llamaba Harry de brazos cruzados. Él y Hermione estaban en la entrada de la posada "Joan Pablo's" pero el pelirrojo se había retrasado en la verja. Hermione, al lado del pelinegro, se limitaba a menear la cabeza y chasquear la lengua con impaciencia.
— ¡Es ésta maldita puerta hechizada!… — se quejó el pelirrojo tratando de liberar su pantalón de la gastada madera del cerco y la traicionera puerta — intento soltarme, pero ésta porquería no-me-de-ja… — forcejeó — ¡Ahh!, ¡maldita porquería inservible! — perdió los estribos propinándole una patada a la puerta.
¡PLAF!, ¡PUM!
La puerta se había abierto con el golpe, mas Ron no había contado con el resorte de ésta hasta que la puerta regresó con la misma fuerza contra él, agarrándolo desprevenido y tirándolo al suelo.
Harry se desternilló de la risa, mientras Hermione hacia lo humanamente posible para parecer indiferente. Y Ron se incorporaba entre bufidos.
— ¡Ésa puerta!… pero ¿qué se cree?… — resollaba adolorido mientras se sacudía el pantalón y alcanzaba a sus amigos con las mejillas sonrojadas de vergüenza e indignación — ¡Y más le vale al tal John Polo que cocine bien porque si no…!
— Joan Pablo, es Joan Pablo, Ronald — lo corrigió Hermione chasqueando la lengua. Harry aun reía.
— ¿Qué más da?, Polo, Pablo, ¡es igual!… — soltó con desdén pasándolos de largo y abriendo la puerta. Se giró a verlos fingiendo impaciencia — Bueno, ¿y ustedes qué?, ¿van a quedarse ahí plantados o van a entrar?… — inquirió con brusquedad.
Hermione abrió la boca para replicar, mas su amigo añadió en el acto:
— ¿O es que se quieren fugar, tórtolos? — acusó con malicia. Harry y Hermione lo fulminaron simultáneamente con la mirada. Uno ceñudo. La otra sonrojada.
Fin Flash Back
— ¡Vamos! — lo alentó Hermione dándole un suave apretón en el brazo. Sus ojos resplandecían de excitación.
— Es aquí — señaló Ron con la emoción refulgiendo en su voz.
Y abrió la puertezuela frente a él…
Los rayos de la luna y la ciudad los cegó por un par de segundos, mas una vez se acostumbraron a la iluminación, una sola palabra pudo salir de los labios de Luna:
— ¡Wow! — exclamó de manera ahogada.
La iluminada ciudad Londinense les dio la bienvenida, luz tras luz, edificio tras edificio, puente tras puente. Era como sacado de un cuento de hadas, pensó Luna con el corazón desbocado.
— ¿Te gustó? — le preguntó Ron de manera titubeante.
— ¡Me encanta! — repuso Luna, sonriendo embelesada.
— ¿Recuerdas a Joan Pablo? — le preguntó Harry apenas entraron y se toparon con una foto del mencionado.
— Si, pero… ¿murió? — lo miró sobrecogida.
— Infarto al miocardio. Ni la magia pudo salvarlo de eso; — hizo una mueca — fue hace año y medio. El negocio pasó a manos de su esposa e hija automáticamente — le contó guiándola.
— ¡Harry! — lo saludó alegremente una joven de no más de 19 años apenas se acercaron al recibidor; sus mejillas sonrosadas.
— Hola Meg — le sonrió el ojiverde. Hermione vio con recelo aquella familiaridad.
— ¿Cómo está, señor Potter?… — lo saludó otra mujer, mayor — Meg, ya te he dicho que, aunque sean amigos tuyos no debes de tutearlos — reprendió con voz suave a la más joven.
— Si, mamá — replicó con cansancio la pelinegra.
— No la reprenda señora Ransing, a mí no me molesta que Meg me tutee — le pidió Harry, sonriéndole a la chica. Hermione arrugó el entrecejo, molesta de pronto ante aquella atención de Harry para con aquella… joven.
La señora Ransing no comentó nada, se limitó a mandarle una mirada de advertencia a su hija.
— ¿Una mesa? — le preguntó la joven, centrando su atención en Harry.
— Servicio para dos — especificó éste.
— Oh, claro… — le dedicó una fugaz mirada a la ojimiel — para ti… y tu… ¿hermana? — sugirió esperanzada.
— No, ella es mi… es… — se aclaró la garganta — Servicio para dos — repitió tontamente. Hermione enarcó las cejas pasando la mirada de Harry a Meg con desconfianza.
¿A dónde había ido a parar aquel Harry que "conquistaría su corazón" ?, se preguntó por ironía mientras seguía al ojiverde y aquella chica a una mesa. Escuchando sus risas. Ignorándola olímpicamente.
— Las damas primero… — la llamó Ron minutos después. Luna, que se había apoyado en una columna viendo todo a su alrededor, se giró a verlo con una sonrisa, la cual se ensanchó al ver que había tendido un mantel en el suelo y había depositado la comida para cada quien sobre éste — No es un restaurante cinco estrellas, pero… — empezó a decir incorporándose. Luna caminó hacia él.
— Es perfecto Ronald… — le sonrió, mirándolo con infinito cariño — ¡Gracias! — lo besó en la mejilla. Las orejas de Ron se sonrojaron.
— No hay de que — respondió ligeramente apenado mientras se sentaba a su lado. Sus ojos brillando de regocijo.
Ahora o nunca, se dijo para sus adentros.
— Luna, yo…
— Con razón decías que venías seguido, — no pudo evitar comentar Hermione una vez estuvieron sentados y veía a Meg retirarse — ya veo porque — añadió mordaz tomando su menú.
— ¿A que te refieres? — la miró desconcertado.
— Es obvio — replicó mirándolo mal.
— ¿Por qué estás enojada? — se extrañó Harry.
Hermione sólo frunció los labios y lo ignoró centrando su atención en el menú. Harry se lo quitó de las manos, viéndola interrogante.
— Dime Harry, el plan de venir a aquí, de salir, ¿exactamente cuál era el fin? — le preguntó haciendo acopio de su paciencia.
— Yo… te dije que intentaría conquistarte… — musitó desconcertado. ¿A que venía ésa hostilidad que veía en sus ojos?, se preguntó.
— Ah, ya veo… — le arrebató el menú de las manos sonriendo con fría ironía — Con razón me trajiste al restaurante donde trabaja tu ex novia — masculló con sarcasmo.
— ¡¿Mi qué?! — respingó Harry.
Hermione lo fulminó con la mirada por encima del menú. Se negó a repetir la oración. Ya si él quería hacerse el tonto era su problema, no el suyo.
— Aquí está la carta de vinos… — llegó la causante de la pelea: Meg. Con una sonrisa de lo más amigable, se la entregó a Harry — Oh, y olvidé decirte antes. Todavía tengo tu chaqueta, por si te la quieres llevar — y sin añadir nada más se marchó dejando a Harry confundido y a Hermione estupefacta.
— ¿Sabes qué?, ya no tengo hambre. Pero si quieres tú quédate, estoy completamente segura de que "Meg" estaría encantada de hacerte compañía… — se levantó de pronto Hermione dejando el menú con fuerza sobre la mesa y acribillando a Harry con la mirada — Y ten más cuidado de donde dejas tus cosas — añadió mordaz dispuesta a irse.
— ¡Hermione espera!… — se incorporó a tiempo Harry, tomándola del brazo — Esto no… Yo no… Ella y yo… No es… — balbuceó sin coherencia alguna. Preso de la angustia.
— Así déjalo Harry. Es obvio lo que pasa aquí. Yo fui la tonta al… — frunció los labios desviando la mirada.
— Pero es que no es… — intentó explicar.
— Y yo me chupo el dedo, ¿no?… — lo atajó con sorna, mirándolo enojada — Eres un idiota — soltó sin más.
Harry se quedó de piedra.
— Aquí está. La dejaste el otro día que viniste con Ron… — llegó de nuevo Meg sosteniendo una chaqueta negra en la mano y una libreta en la otra — ¿Y bien?, ¿listos para ordenar? — les sonrió, sin notar la tensión en el ambiente.
— Mira, sé que prometí darte tiempo para pensar las cosas, para que aclararas tus sentimientos, pero ya no puedo esperar más… — empezó a hablar de manera atropellada Ron — Estás semanas alejado de ti, desde aquella vez en Australia; Dios, han sido tan difíciles. No concibo estar un día más así Luna. Necesito saber que sientes por mí, si es que tengo una oportunidad… — la miró anhelante — Luna, ¿quieres ser mi novia? — soltó de pronto.
— Ronald… — se quedó sin aliento.
— No te arrepentirás, ¡te lo aseguro!, — se apresuró a añadir — me dedicaré a hacerte feliz cada día… ¡a amarte más de lo que ya lo hago!
— Es que hay tanto que aun… — intentó justificarse.
— Lo sé, lo sé… — la interrumpió — Tienes muchas cosas que pensar aún. Pero, Luna… — se acercó a ella — He cambiado, ¡lo juro!; ya no cometeré los errores del pasado. No seré más ése torpe niño inmaduro del colegio… ¡Te juro por Merlin que te amo!… — tomó sus manos entre las suyas — No soy nada sin ti… — la miró profundamente — No fui nada hasta que te conocí… Y yo… — los dedos de Luna lo silenciaron cuando se colocaron sobre sus labios.
— No tienes que asegurarme nada, lo sé — le sonrió.
— ¿Entonces? — la miró expectante.
— Si quiero ser tu novia, — le sonrió radiante — porque… ¡yo también te amo! — y sin dejarlo decir nada, lo tomó de las mejillas y lo haló a sus labios.
Ron suprimió un suspiro y la estrechó en sus brazos, correspondiendo feliz a su beso.
No fue hasta que ya estaban por terminar cada quien con su pasta que Hermione se atrevió a mirarlo de frente, aunque de manera disimulada. El entrecejo fruncido de Harry no le dio muchas esperanzas. Suspiró abatida y bajó la cabeza. Justo cuando Harry levantaba la mirada para observarla.
Y pensar que ésa había sido su fallida oportunidad para empezar a ganarse su corazón. Todo mandado al caño por otro tonto malentendido. Merlin, ¡hasta lo había llamado idiota!, que buen concepto se habría creado de él. Uno manchado y pisoteado en un parpadeo. Ahora sus posibilidades se reducían a cero. Apretó el tenedor en la mano.
¿Y ahora que haría?, la esperanza de que le concediera otra cita. Otra oportunidad. ¡Sería muy afortunado si eso pasaba!, pensó abatido.
Merlin, ¿cómo pudo ser tan torpe?; ¿por qué le tuvo que hacer caso de nuevo a su tonto corazón?; si hubiera escuchado a su parte racional. Pero no. Ahí va ella a cometer el mismo error de hacía seis años.
Y encima ahora lo llamaba idiota. Todo por sus estúpidos celos.
— Yo… lamento que no haya salido todo como queríamos… — decía Hermione minutos después, a unas calles del restaurante, estaba por Desaparecerse para ir a su casa. Habían acordado en que Harry no la acompañaría; mejor dicho, Hermione le había dicho a Harry que no necesitaba que la acompañara. Y de hecho quería irse sola, se moría de vergüenza.
— Yo lo lamento más — musitó Harry con una mano en el bolsillo, la otra tomando su chaqueta recuperada.
— Sobre lo que pasó… — empezó a decir apenada — Perdón por haberte llamado idiota — lo miró de reojo.
— No te preocupes — negó el ojiverde, restándole importancia.
— Es sólo que… — se mordió el labio. No dijo nada más.
Una sonrisa irónica cruzó el rostro de Harry antes de comentar:
— Al menos ahora tengo la certeza de que sientes algo por mí, de otra forma no te hubieras puesto celosa — aquel comentario hizo sonrojar a Hermione.
— Dios… — se puso una mano en la frente, avergonzada — Realmente se notó, ¿eh? — murmuró.
— Sólo un poco — le sonrió tenuemente Harry, atreviéndose a mirarla. Hermione le sonrió de vuelta.
— Creo que es hora de irme… — señaló desviando la mirada.
— Si. Ya es tarde — asintió abatido Harry.
— Cuídate.
— Tú igual… — le dijo. Hermione sacó su varita mirándolo por última vez, se preparó para Desaparecer — ¡Espera! — la detuvo de pronto Harry.
La castaña lo miró desconcertada.
— Sé que no fue la mejor cita del mundo, pero… — empezó a decirle. Tomó aire, sin saber de dónde salía aquella envalentonada idea que acababa de ocurrírsele. Se atrevió a exteriorizarla — Te propongo lo siguiente; — Hermione lo escuchó con atención — salgamos éste fin de semana; a cualquier lugar, no importa. Hablemos, pasemos tiempo juntos, y prometamos olvidar todo lo anterior. Aunque sea éste fin de semana. ¿Qué dices?, ¿aceptas? — propuso anhelante. Aguantando la respiración.
Hermione guardó silencio unos segundos…
La señora Weasley casi pegó un respingo cuando a entradas horas de la noche, la puerta trasera de la cocina se abrió y Ginny aparecía con una reluciente sonrisa en el rostro.
— ¡Ginny!, pero ¿dónde te habías metido niña?, te he buscado durante toda la tarde — le exigió saber, cruzándose de brazos.
— ¿Yo?, yo he estado aquí todo el tiempo mami — sonrió inocentemente, tratando de aparentar seguridad en sus palabras.
— ¿Ah sí?, ¿entonces porque vienes de afuera eh? — la miró inquisitiva. La sonrisa de Ginny vaciló.
— Ginny, cariño, ¿me trajiste lo que te pedí del cobertizo? — entró su padre en la cocina, con una vacía taza en la mano.
— Yo… — miró de reojo a su madre. La señora Weasley los miraba con recelo. Ginny carraspeó, girándose hacia su padre — no, lo busqué, pero no lo encontré — se agarró con uñas y dientes al salvavidas que le ofrecía.
— Bueno, por la mañana será más fácil de buscar — le restó importancia el señor Weasley.
— ¿Estuviste toda la tarde en el cobertizo?… — inquirió su madre de manera suspicaz.
— S…
—… porque yo pasé a buscarte también a ahí y no te vi — completó.
—… no… — se corrigió automáticamente Ginny — Yo, yo estaba ahí… pero me llegó una carta de Luna, vino a visitar a su padre, así que aproveché para ir a verla y pues me invitaron a merendar, no pude decirles que no; cuando me di cuenta ya había anochecido — mintió descaradamente.
— ¿Y te viniste sola desde la casa de los Lovegood? — cuestionó su madre con preocupación.
— No, el señor Lovegood y Luna me acompañaron hasta la colina — su padre la miró con las cejas arqueadas, preguntándose en silencio si con ésa misma facilidad alguna vez le habría mentido Ginny sin que él lo supiera.
— Ah, bien — añadió más tranquila.
La joven Weasley miró de reojo a su padre.
— Y, emh… ¿ya cenaron? — sonrió vacilante.
— ¿No dices que acabas de merendar? — la regresó a ver su madre nuevamente suspicaz. Ginny retuvo el impulso de pegarse en la frente por su metida de pata.
— Honestamente mamá, el señor Lovegood no se caracteriza por sus dotes culinarios. Con suerte logré tomar un sorbo de su reserva de gurdirraíz… — se estremeció — Además, hace hambre ¿no?
Su madre se preparó para replicar, mas su esposo se le adelantó interviniendo:
— Molly, querida, ¿quedó algo de ése delicioso chocolate que preparaste?
— ¿Más Arthur?, — lo regresó a ver con reprimenda — pero si ya te tomaste dos tasas.
El señor Weasley sonrió con aquella característica sonrisa que usaba Ginny cuando estaba en problemas. Molly suspiró resignada, tomando la taza y encaminándose al fogón, donde comenzó a calentar una ración de comida para su hija.
— Y luego dicen que de quien heredaron lo comelón — se escuchó mascullar por lo bajo a la señora Weasley.
Ginny y el señor Weasley se miraron con complicidad mientras se sentaban a la mesa.
— Y, ¿qué tal está Xenophilus? — le preguntó con intención a su hija.
Las mejillas de Ginny se tiñeron de rojo como respuesta, mirándolo agradecida por no revelar en donde realmente había estado la tarde, y con quien.
— Feliz de ver a Luna — se sonrió, encogiéndose de hombros. Arthur tuvo que morderse los labios para no reír.
La señora Weasley no los escuchaba, estaba demasiado ocupada en la cena.
— ¿Y cómo han estado los chicos? — le volvió a preguntar su padre, deslizando sutilmente El Profeta por debajo de la mesa.
Ginny arrugó el entrecejo con confusión, mas sus ojos brillaron al ver el artículo que su padre le señalaba.
"¡Se hace oficial!". Era el encabezado. Bajó aquellas resplandecientes letras aparecían tres diferentes fotografías: ella con Neville, con un círculo remarcando su anillo de compromiso; otra con Ron y Luna saliendo juntos del Ministerio; y finalmente una de Harry y Hermione almorzando en un café muggle.
Ginny no pudo contener la curiosidad y empezó a leer rápidamente la nota bajo la atenta mirada del señor Weasley.
"Finalmente y luego de muchas especulaciones, parece que el trío dorado, o, mejor dicho, el sexteto de oro (como se les llamó luego de la caída Del Que No Debe Ser Nombrado), ha encontrado su final feliz.
No es ninguna sorpresa ver a la señorita Ginevra Weasley al lado de su novio Neville Longbottom paseando por el pueblo de Hogsmeade los fines de semana (recuerden que el Herbólogo es profesor en Hogwarts, Colegio de Magia y Hechicería); no obstante, ¿alguno de ustedes había notado aquella sortija en la mano de la Herbologa Weasley?; apuesto a que no. Y si están sospechando lo mismo que todo el mundo, se los confirmo. Según fuentes muy allegadas a la pareja, todo indica que ésta poción está en su punto de ebullición pues los tórtolos contraerán nupcias en pocas semanas. Así que, a resignarse chicas y chicos, pues éstos dos se les han ido de las manos.
Por otro lado, siguiendo con éste carismático sexteto, hay que mencionar que Ronald Weasley (renombrado Auror) se ha visto acompañado últimamente por Luna Lovegood (subdirectora en el Departamento de Criaturas Mágicas), a quienes ustedes recordaran ser mejor amiga de la hermana del antes mencionado. Fuentes nos indican que los han visto juntos en el Ministerio de Magia, donde ambos laboran, y se dice que pasaron las fiestas navideñas con la familia de Lovegood en Australia. ¿Será que éste par pronto nos de la noticia de su compromiso también?; no lo sabemos. Pero al parecer todo indica que si, pues la cosa se ve muy seria entre ellos.
Y por si todo esto no fuera poco para tu pobre corazón. La primicia es el noviazgo de Harry Potter y Hermione Granger. Recuerden además que éstos tórtolos tuvieron algo durante su estancia en Hogwarts; no obstante, cierto jugador de Quidditch muy famoso (del cual no hablaremos pues se encuentra en Bulgaria y no vale la pena molestarlo), se interpuso entre éstos dos arrancándole prácticamente de las manos a Potter al amor de su vida. Pero como dicen por ahí: "¡Dónde fuego hubo, cenizas quedan!". Y es esto justamente lo que le pasó a Potter y Granger pues como verán en la fotografía, no sólo en el mundo mágico disfrutan de su amor, sino también en el muggle. Ahora la pregunta que se hace todo el mundo es: ¿Cuándo veremos al Elegido convertirse en el "elegido" para la vida de su mejor amiga, Hermione Granger?
Bueno, sólo nos queda esperar. Por lo pronto, no olviden atender al Profeta, recuerden que su amiga Rita Skeeter siempre les trae las primicias antes que nadie."
Ginny sonrió de forma delatadora sin poder evitarlo.
— Pues ¿qué te puedo decir papi?, ya sabes cómo es Skeeter — se hizo la desentendida. Sus mejillas se habían teñido de escarlata.
El señor Weasley meneó la cabeza, sonriendo imperceptiblemente.
Y ajenas a lo que se había publicado el día anterior en El Profeta, Luna y Hermione se contaban los pormenores de sus respectivas citas, en la casa de la castaña…
— ¡Espera, espera, espera!… — la cortó de pronto Luna, mirándola pasmada — ¿Un fin de semana?, ¿solos?, ¿juntos?, ¡¿éste fin de semana?! — terminó exclamando en un chillido. Sus ojos dilatados.
— Pues… si — murmuró Hermione, mordiéndose el labio.
Luna parpadeó un par de veces, empezando a atar cabos.
— Pasó algo más que no me has dicho ¿verdad? — le acusó muy segura.
— ¿Algo como qué? — arrugó el entrecejo Hermione con confusión.
— No sé, dímelo tú — la miró suspicaz.
— Lu, ya te lo he dicho; sólo cenamos, platicamos, y acordamos salir éste fin de semana… — le enumeró de nueva cuenta — No le veo lo malo a…
— Solos — remarcó Luna, interrumpiéndola.
— Para hablar y dejar atrás el pasado — repuso la ojimiel, mirándola un tanto exasperada.
— Claro… — ironizó su amiga rodando exageradamente los ojos — En primera: para hablar, amiga, no se necesita irse a ningún lado. Y en segunda: mucho menos estar a solas con la persona. Bien pueden hacerlo en cualquier lado… — le señaló — No lo sé. Para mí que lo que Harry quiere es llevarte a la cama — opinó sin una pizca de vergüenza.
— ¡Luna! — la censuró Hermione, indignada.
— ¿Qué?, cualquier hombre lo haría — se encogió de hombros. Cual, si anunciara algo obvio, como que ése día llovería en Londres.
— Él no es así… — refutó de inmediato, muy convincente — Hemos sido amigos por la mitad de nuestras vidas; me respeta y sería incapaz de…
— Un hombre enamorado es capaz de "cualquier" cosa, — subrayó Luna — y como Harry está que se derrite por ti, y contando lo impulsivo que es, no me sorprendería ni tantito que regresando vinieras corriendo gritando: "¡Luna, Luna, ¿a que no sabes?!… ¡¿Te acuerdas de lo que me dijiste el otro día en tu casa?!… ¡Pues es…!"
— Una reverenda tontería, ¡eso es! — zanjó tajantemente Hermione, mirándola mal.
— Reverendo tonto no vas a considerar a Harry — se burló la rubia. Las mejillas de Hermione se sonrojaron intensamente.
— Ni sé para que te lo dije. Sólo colocas palabras en mi boca que no son ciertas — gruñó molesta.
— Está bien, está bien, era broma Herm. Olvida lo que dije, solamente era una inocente bromita — se disculpó.
— "Bromitas", claro — masculló mordaz Hermione, cruzándose de brazos.
— Bueno, ya. Deja que te cuente ahora como me fue a mí con Ronald… — sus ojos brillaron apenas mencionó al pelirrojo. Hermione la miró interesada. En los labios de la rubia jugaba una gran sonrisa — ¡Adivina quienes son novios!… — chilló emocionada.
Cinco días después…
— Y lleva esto — añadió como quien no quiere la cosa Luna lanzándole un pequeño paquete a la maleta.
— ¿Qué es?… — le preguntó Hermione tomándolo para verlo con detenimiento mientras su amiga continuaba buscando entre su ropa — ¡Luna! — respingó escandalizada al notar las letras plateadas rezando "Preservativos" en el paquete que sostenía en sus manos.
— ¿Qué?, una nunca sabe… — le sonrió con inocencia, pero un brillo pícaro en los ojos — Además ya sabes que ninguna ha… — la miró insinuante.
— ¡Ya lo sé!, — la cortó abochornada — pero no importa, ¡no voy a llevar esto! — zanjó tirando los preservativos en la cama, sus mejillas sonrojadas intensamente. El corazón se le había desbocado.
— Sabes bien que, aunque sea la primera vez puedes quedar… — empezó a reprenderla Luna, tomando el paquete y guardándolo de nuevo en la maleta con sumo cuidado.
— ¡Luna!, — chilló entre dientes — ¡ya deja eso ahí!… — la empujo a un lado, volviendo a sacar la cajita y tirándolos al suelo cual si fuera una bomba que está a punto de explotarte en las manos. Luna la miró con desaprobación, meneando la cabeza de un lado a otro — No voy a llevarlos — sentenció tajantemente.
Mas con un simple hondeo de su varita, Luna los guardó de nuevo en la maleta y la cerró impidiéndole a Hermione desecharlos de nuevo.
— Los llevarás y punto. Ni Ginny ni yo queremos ser tías tan pronto.
— ¡Ahh! — exclamó Hermione con frustración.
— Bueno, entonces ya está todo listo. Así que, nos vemos el lunes… — se despedía Hermione minutos después, cuando Luna estaba por marcharse a su casa. Los labios de Luna temblaron antes de encerrarla en un famélico abrazo, cortándole la respiración a la castaña — Lu… — musitó de manera ahogada, desconcertada.
— La primera vez duele y lo sabes, es normal… — le dijo, respirando entrecortadamente. Cual si estuviera a punto de echarse a llorar en cualquier momento — Pero si crees que te duele más de lo necesario o si te retractas en el último minuto, hazle saber a Harry; y si no se detiene golpéalo en la entrepierna o llámame ¡y yo lo haré por ti!
— ¡Luna!… — la apartó de golpe, dándose cuenta que en realidad su amiga estaba intentando no echarse a reír — ¡ya te dije mil veces que no me voy a acostar con Harry! — masculló entre dientes, sus mejillas sonrojadas.
— No, si no es necesario estar acostados. Bien podrían estar sentados o parados… — repuso. Hermione sintió su mandíbula pegar al suelo — hay algunos que hasta a cuatro patas — finalizó sin reserva alguna. Como si hablar de sexo con Hermione fuera algo que hiciera a diario. Cosa que, por supuesto no sucedía, por el rostro azorado de la castaña.
— Ni para que intentarlo — musitó al final, y dándole un último abrazo le cerró la puerta.
Una vez estuvo a solas Hermione suspiró abrumada por tantas emociones encontradas. Recargó la frente en la puerta durante unos segundos. Su corazón se desbocó cuando se dio cuenta que en pocos minutos Harry iría a recogerla.
¿Qué pasaría a partir de aquel momento?, se preguntó. ¿Qué pasaba si a pesar de todo lo que tenía planeado Harry, su relación no podía salir a flote?; se estremeció de sólo pensarlo.
No podría con otra desilusión. Extrañaba a Harry. Echaba de menos a su mejor amigo.
Sólo esperaba, que, si no podía tener su amor, al menos recuperara su amistad. Pues era lo más valioso que había perdido en aquellos años.
