Capítulo 26: MARIDO Y MUJER

Abril llegó en un parpadeo, cuando se dieron cuenta la Madriguera volvía a estar adornada para una recepción nupcial. El patio había sido desgnomizado hacía ya dos días por los gemelos; quienes, además, gracias a un hechizo repulsor, evitaron que éstos volvieran a su madriguera. Las botas que siempre adornaban la puerta trasera habían sido removidas y en su lugar estaban dos postes flanqueándola, formando un puente que terminaba en la inmensa carpa color perla y dorado en el jardín, en donde filas y filas de sillas se alineaban en unión con un pequeño arco al frente, en el cual en unos cuantos minutos un juez del Ministerio uniría a Ginny Weasley y Neville Longbottom en sagrado matrimonio.

Y en la habitación de la novia, ésta se contemplaba en el espejo por enésima vez…

— Llego el día — susurró para sí Ginny, soltando un suspiro.

Aquellos días donde se sentaba con sus amigos riendo y bromeando junto a un tímido niño de mejillas abultadas, ahora parecían lejanos. Habían pasado tantas cosas desde entonces; tantos cambios. Tenía 11 años cuando conoció a Neville, él tenía ya 12, mas por su tímido carácter y su aire siempre inocente y bondadoso bien podrían pensar que era más joven; no obstante, eso sólo fue otro motivo por el cual Ginny simpatizara más con él. Siempre había existido algo en la mirada de Neville que le proyectaba confianza, calidez y paz.

Tanta, que a lo largo de los años se llevó muy bien con él; hasta el punto de terminar siendo su pareja en el baile de navidad del Torneo de los Tres Magos. Aunque ciertamente por aquellas fechas Ginny sólo pensaba en lo afortunada que era al ser invitada al baile; ya que ella cursaba su tercer año y les habían prohibido ir a menos que fueran invitados por un alumno de grado superior; eso comenzó a restar importancia ante la buena compañía de su pareja. Y es así que, del brazo tembloroso y nervioso de aquel pelinegro, se dirigieron juntos a la fiesta.

Flash Back

El baile había comenzado; tan pronto como las demás parejas ingresaron a la pista de baile, Harry había aprovechado la oportunidad escapándose de ahí, jalando de la mano a una renuente Parvati que se negaba a ir a sentarse, mas no le quedó de otra cuando la mirada de Harry claramente decía: "O te vas conmigo o te dejo aquí sola".

En la pista, Hermione Granger y Viktor Krum eran unos de los muchos que bailaban alegremente. Entre los cuales estaban Fleur Delacour y Roger Davies, quienes se movían como si flotaran sobre el suelo.

Mientras unos pocos se rezagaban sentados en las mesas, como en el caso de Ronald Weasley y Padma Patil; o caminando alrededor de la pista, sin llegar a unírseles a sus amigos. Cómo era el caso de Neville Longbottom y Ginny Weasley.

Un baile, y no bailaban, pensaba con sarcasmo la pelirroja, viendo con añoranza hacia el montón de chicos que bailaban, reían y se divertían en la pista. Empezó a preguntarse por qué Neville la había invitado entonces.

El pelinegro, muy ocupado tratando de descifrar el patrón de pasos que bailaban en la pista, no se daba cuenta del aburrimiento de su pareja. En su mente marcaba el paso. Maldijo para sus adentros cuando la canción terminó y empezó otra melodía muchísimo más movida. Comenzó a contar de nuevo…

No obstante, fue más de lo que pudo soportar Ginny; se giró hacia Neville en el mismo momento en el que él la volteaba a ver…

— ¿Quieres bailar? — aquella anhelante y nerviosa pregunta le sacaron una sonrisa a Ginny, quien se limitó a asentir. Neville sonrió aún más dichoso, y ofreciéndole su mano, la guio a través de la gente hasta el centro de la pista.

Y siguiendo lo que sus cuentas le decían, Neville empezó a moverse. Ginny lo imitó, feliz de poder estar ahí al fin…

El joven Longbottom no podía creer su buena suerte. Estaba ahí, bailando al fin, por primera vez, en el Torneo de los Tres Magos, y lo mejor de todo, con pareja; pero no cualquiera, sino una hermosa, valiente, y agradable chica que parecía agradarle tanto como ella a él.

Nada podía salir mal, pensó alegremente olvidándose de contar, dejándose llevar…

Mas no fue hasta tres canciones después que Neville terminó pisando a Ginny sin querer. La pelirroja no pudo evitar dejar salir una pequeña queja de dolor.

— Yo… ¡perdón, lo siento!; — balbuceó Neville, sonrojado — Es que… dejé de contar… y… — quiso disculparse. Ginny arrugó el entrecejo.

— ¿Contar qué? — lo miró confundida, reteniendo la necesidad de sobarse el pie.

Las mejillas de Neville se sonrojaron aún más; desvió la mirada inconscientemente a los pies de la pareja de al lado. Ginny lo notó.

— ¿Estabas…?… ¿Tú estabas…?… — lo regresó a ver incrédula.

El pelinegro dejó caer los hombros con abatimiento.

— Nunca antes había bailado, — le empezó a explicar, sintiendo que su frente se perlaba de sudor — y mi abuela jamás baila, así que ella tampoco me enseñó… Pero mi tío abuelo dijo una vez que lo único que tenía que hacer era mirar a las otras parejas e imitarlos, contar cuantos pasos daban, hacia dónde, y era todo… Pensé que si lo hacía… — su voz se volvió apagada — Entiendo si quieres ir a sentarte… o regresar a la sala común — replicó finalmente, bajando la cabeza.

Ginny no pudo más que sentir compasión y ternura por él.

— Yo tampoco había bailado antes, Neville. Eres el primero con el que bailo… — le confesó — Tú me guiabas, Neville. No otra pareja. Sólo tú — le sonrió suavemente.

Neville se mordió el labio durante unos segundos antes de regresar a verla a los ojos.

— Entonces, ¿quieres bailar de nuevo? — le preguntó esperanzado.

Ginny sonrió. Había empezado a escucharse un vals. Asintió sin dudarlo.

Fin Flash Back

Ginny aun reía con ternura al rememorar las atropelladas disculpas de Neville cada vez que perdía el paso y terminaba plantándolo sobre alguno de sus pies; o como tenía que soltarla avergonzado para secar su transpirada mano en su túnica antes de volver a tomarla.

Pero la unión más grande que tendrían surgiría al siguiente año con el Ejército de Dumbledore; ya unos preadolescentes con la rebeldía naciendo en sus pechos, que no dudaron ni un segundo a la hora de quebrantar las reglas y arriesgar su vida por la vida de un hombre inocente.

Flash Back

— ¡Podrían expulsarnos por esto!… — exclamaba enardecidamente aquella noche Zacharias Smith en una de las reuniones del ED en la Sala de los Menesteres — ¡Umbridge está prácticamente respirando en nuestras nucas, siguiéndonos, observando todo lo que hacemos!, ¡y Filch y los mugrosos Slytherins no se quedan atrás!, ¡justo ayer tuve que esconderme prácticamente en el baño de chicas del tercer piso porque Malfoy, Crabbe y Goyle me seguían!… ¡Y si esto llega a oídos de Umbridge, no solamente tendremos que preocuparnos por la expulsión, sino por ir a Azkaban!… — muchos otros saltaron dándole la razón al Hufflepuff. Entre ellos sus compañeros de casa — Dices que tú arriesgas tu pellejo Potter, pero la verdad es que si nos descubren a cualquiera de nosotros… Si la lista que Granger nos hizo firmar llega a manos de Umbridge… — le lanzó una hostil mirada a Hermione.

— ¡No metas a Hermione en esto! — saltaron a la par Harry y Ron mirándolo fulminante. Hermione, en medio de ambos, los tomó de la túnica como precaución.

— La meto porque si ésa lista es revelada todos caeremos. ¡Yo no quería firmar en primer lugar! — subrayó enojado.

— ¡Pero nadie te obligó imbécil, tú solito lo hiciste! — le espetó Ron con irritación, jaloneándose del agarre de Hermione.

— ¡Porque me llamaron cobarde! — vociferó el Hufflepuff. Ron soltó un bufido despectivo.

— Pues no te veo muy valiente ahora — ironizó sin poder contenerse. Hermione apretó con más fuerza su túnica.

— Mira Weasley, el asunto no es contigo… — le espetó con brusquedad.

— ¡Lo que es con Harry y Hermione, es conmigo! — sentenció con fiereza.

Smith lo ignoró, se giró hacia Harry de nuevo.

— A veces me pregunto cómo es que tú eres capaz de guiarnos contra Quien Tú Sabes, si ni siquiera eres capaz de luchar contra Umbridge — le espetó, mirando despectivamente la cicatriz en su mano.

Harry dio un paso al frente dispuesto a golpearlo, mas Hermione se afianzó con sus dos manos a él. Momento que aprovechó Ron para saltar sobre Zacharias tumbándolo de un fuerte empujón en el pecho.

— ¡Ron! — exclamó la castaña cuando éste quiso irse de nuevo sobre el Hufflepuff, y se topó frente a frente con Ernie.

— Apártate Macmillan — le ordenó el pelirrojo, sacando su varita. Zacharias se levantaba del suelo resollando enojado.

— Guarda ésa varita Weasley, soy Prefecto y te puedo… — lo empezó a amonestar Ernie.

— ¿Olvidas que yo también lo soy, menudo idiota? — se burló, señalando la placa en su túnica.

Ernie crispó los puños. A su lado, Zacharias apretaba los dientes con tanta firmeza que éstos parecían rechinar.

— Guarda la varita Ron… — le pidió Hermione a su espalda, mirando la escena preocupada. Ron frunció la boca con rebeldía, haciéndose de oídos sordos — Ronald… — repitió con insistencia. El pelirrojo no le hizo caso, apretó con más fuerza la varita. Los demás en la sala contemplaban ansiosos la escena.

— ¿Qué harás Weasley?, ¿me hechizarás?… — se burló Smith — ¿O le harás caso a tu noviecita? — le dedicó una fugaz mirada a Hermione.

— ¡Harry no! — no fue el hechizo de Ron el que golpeó a Zacharias Smith en el pecho, sino el del ojiverde. Fue Hermione quien chilló al no haber previsto el movimiento rápido de su amigo. Los demás ahogaron exclamaciones sorprendidas cuando el Hufflepuff voló por los aires.

— Atrévete… una vez más… a meter a Hermione en esto… — empezó a mascullar Harry acercándose a Smith, apuntándole con la varita — y juro por Dios que te enviaré a San Mungo — lo amenazó.

— ¿Tú y cuantos más? — lo miró con burla, antes de sacar su varita y lanzarle un maleficio.

¡Protego! — cuatro hechizos diferentes bloquearon el de Smith.

El Hufflepuff se giró hacia el cuarto: Neville sostenía en alto su varita, mirándolo con reprobación.

— Tú no te metas en esto Longbottom; es entre Potter y yo… — le espetó Zacharias.

Hermione miró con preocupación el tenso ambiente. El asunto se había salido de sus manos sin poder evitarlo, y nadie parecía dispuesto a detener la disputa. Incluso Ernie que se había rezagado junto a los demás cuando volaron los hechizos. Y el colmo es que los gemelos ya empezaban a levantar las apuestas por lo bajo.

— El objetivo del Ejército de Dumbledore era crear un club para aprender a defendernos de los Mortífagos y Quien Tú Sabes, no entre nosotros mismos — señaló Neville levantando la voz para que todos escucharan. Bajó su varita y se acercó hasta posicionarse frente a Harry, cara a cara con Zacharias.

— Tú no sabes nada, a ti nadie te toma en cuenta — replicó éste despectivamente. Ron y Hermione se posicionaron lado a lado con Harry. El primero listo para saltar a la primera oportunidad.

— Todos aquí importamos, ésa es una de las cosas que hemos aprendido de Harry. Todos podemos hacer la diferencia — habló con seguridad.

— 2 galeones a favor de Neville — musitó quedamente Fred a su gemelo y Lee Jordan.

— 3 galeones a favor de Smith, y que se mete de nuevo Ernie — replicó Lee.

— 4 galeones a que Ron le salta encima otra vez al tejón — dijo George.

— ¿Diferencia?, ¿qué diferencia harías tú eh? — se burló Smith.

— Cuidado con lo que dices estúpido — le advirtió Ron dando un paso al frente.

George sonrió entusiasmado, no así su hermano y mejor amigo, que esperaban expectantes.

— ¡Defender lo que amo!, ¡por lo que todo el mundo está aquí! — exclamó Neville con fervor.

— ¿Defender?, ¿a quién quieres defender Longbottom?… ¿A tus padres?, todos aquí sabemos que están en San Mungo. Ni siquiera ellos pueden defenderte ahora, no son más que unos locos que no reconocen ni a su propio hijo… Y tú, tú no eres más que un cobarde — añadió con desdén.

Se escuchó una exclamación conjunta cuando Neville le apuntó con la varita directo al rostro. El Hufflepuff no tuvo tiempo de nada, su mirada clavada en la varita frente a sus ojos. Pasó saliva.

Fred se mordió los labios, sus ojos dilatados de sorpresa. Al diablo con la apuesta, pensó. Si Neville se atrevía a darle su merecido a Zacharias, el mismo le elevaría un monumento.

— Atrévete a llamar a mis padres locos de nuevo, y me encargaré personalmente de que así termines tú — le amenazó Neville, sus ojos centellando furia.

Ernie se posicionó a un costado sacando su varita rápidamente. Ron estaba debatiéndose entre ir y darle un puñetazo a Zacharias o correr a apoyar a Neville. Y las apuestas se empataron.

— Neville no lo hagas… ¡Harry has algo por favor! — le urgió Hermione. Harry no decía nada. Había dejado de ser su pelea desde que el Hufflepuff se atrevió a hablar de los padres de Neville.

— ¿Temes porque te atrapen, porque te descubran?… — le cuestionó con rabia Neville a Zacharias sin bajar la varita. Ignorando los comentarios a su alrededor — Llámame cobarde por luchar por lo que creo, por luchar por lo que mis padres defendieron en el pasado… ¡Llámame cobarde por buscar la destrucción de Voldemort!… — los ojos de los presentes se abrieron sorprendidos. Unos también soltaron exclamaciones admirados — Porque si eso significa para ti ser un cobarde, entonces sí, lo soy. ¡Y me enorgullezco de serlo, porque estoy seguro que mis padres también lo estarían!… — bramó con vehemencia — Porque seré el maldito cobarde que vengue a todos ellos… — apuntó a la foto de la vieja Orden del Fénix con su mano libre. Zacharias pasó su mirada nerviosa de la varita a un costado, donde Ernie dejaba caer los hombros, avergonzado. Neville tomó una profunda respiración antes de bajar la varita — Éste grupo es para cobardes que luchan contra la magia oscura Smith, no para estúpidos valientes que se preocupan por pasar una inservible materia impartida por el corrupto Ministerio. Y ya va siendo hora de que elijas quien quieres ser en ésta guerra — le espetó con acritud.

Zacharias no volvió a hablar, sólo desvió la mirada al suelo, apretando la mandíbula, avergonzado.

— Bien dicho Neville… — se atrevió a decir Hermione luego de unos minutos — Bien hecho — le sonrió reconfortante. Harry le palmeó la espalda apoyándolo. Ron lo miraba con una mezcla de estupefacta admiración.

— Si, ¡bien dicho Neville! — empezaron a decir los demás soltando palabras de apoyo, silbidos apreciativos y aplausos de admiración.

— ¿Quién lo diría?… — murmuraba Fred escuchando a sus amigos alabar a Neville mientras él recibía sus ganancias de manos de George y Lee, sonriendo burlón — nuestro Neville ya es todo un muchachón… — le dedicó una breve mirada de admiración — ¡Bueno, cobardes!, — alzó la voz — ¿qué esperamos?, los Mortífagos no están de holgazanes — bromeó, desenvainando su varita.

Todos empezaron a agruparse en parejas, mas Neville se quedó viendo la foto de la Orden, donde sus padres le sonreían. Deseó con todas sus fuerzas que sus palabras fueran ciertas y ellos en verdad estuvieran orgullosos de él; algo de lo que por desgracia nunca podría estar seguro ya que ellos ni siquiera lo recordaban. Desvió la mirada, nostálgico.

Mientras en un rincón de la sala, los ojos castaños de Ginny lo observaban con admiración.

Fin Flash Back

Fue ahí donde la opinión que tenía Ginny hacia Neville cambió radicalmente, si bien antes lo veía como amigo, casi hermano; la nueva personalidad confiada y valiente del pelinegro la cautivaron sin ella saberlo; sólo admirarlo en secreto.

Sin embargo, llegó sexto curso y fue donde su "embelesamiento" por Harry la llevó a cometer el error más estúpido de su vida poco después de las vacaciones de Pascua; un fallo que sin duda viviría siempre en su memoria y el cual traería demasiadas consecuencias en el cercano futuro. No obstante, cuando su burbuja se rompió y pudo al fin mirar hacia su alrededor fue que notó a Neville. Aquellas miradas, los gestos, las palabras, su interés, cuidado, cariño; todo lo cual ella aludía a simple cariño de amigos quedaron al descubierto cuando una tarde se encontró a si misma besándolo en los labios a modo de "agradecimiento".

Sonrió, ése sin duda era el recuerdo más valioso que tenía; gracias a ése acto explosivo de su parte fue que descubrió sus verdaderos sentimientos. Fue que todo inicio entre ellos.

Sin embargo, un año sería su prueba de fuego para saber si funcionaban como pareja. Ella regresó a cursar su último año, mas Neville tuvo ingresar a la universidad mágica para estudiar Herbología. No hubo día que no pensaran uno en el otro, ni semana que no se escribieran; pensaron por un leve segundo durante las vacaciones de verano, antes de empezar el año escolar, que las cosas no resultarían, la distancia los alejaría. Cual fue la sorpresa al unirlos más. Su cariño de niños se había trasformado en admiración con los años, y después en amor.

Flash Back

Ginny contemplaba impasible la carta que acababa de recibir de las Holyhead Harpies. Había pedido aplicar por un puesto casi inmediatamente después de haber cumplido la mayoría de edad, y lo había olvidado hasta ése día, en que la respuesta llegaba a ella.

"… nos complace informarle que ha sido elegida de entre cientos de aspirantes para realizar la prueba de selección para pertenecer al equipo…"

Ésa corta y simple oración era lo único de importancia en la carta. Cuanto habían cambiado las cosas desde aquel día, pensó, incapaz de sentirse igual de emocionada que como había imaginado.

Si en aquel entonces hubiera recibido de inmediato la contestación, seguramente le hubieran tenido que administrar una buena cantidad de Filtro de Paz para mantenerla tranquila. Pero ahora, era como si se sintiera… aliviada.

Soltó un suave suspiro. "Los sueños muy pocas veces se cumplen, y cuando tardan demasiado, éstos son reemplazados por otros." Había escuchado decir a alguien alguna vez.

Sonrió con ironía casi imperceptiblemente. El suyo se había evaporado por completo. El soñar ya no figuraba en su vida. No cuando era algo más maravilloso lo que vivía en el mundo real.

Aquella posible vacante sólo aparecería en su corta lista de los "Y si hubiera…". Algo en lo que nunca se detenía a pensar.

Mucho menos ahora que él había entrado en su vida y por primera vez todo encajaba donde debía ser.

— Serás la mejor cazadora del equipo — la voz cargada de orgullo de Neville susurrándole al oído, mientras entrelazaba los brazos en su cintura, le sacaron una sonrisa a Ginny.

Estaban en la habitación de la pelirroja, Neville había sido invitado por los señores Weasley a pasar un par de días con ellos ahora que ambos estaban de vacaciones.

— Tal vez lo sería si entrara — repuso Ginny, doblando el pergamino con firmeza.

— ¿A qué te refieres?, el equipo ya te ha aceptado para hacer la prueba. ¿Por qué no ir? — la miró desconcertado, dándole media vuelta para mirarla de frente.

— Yo… — mordió sus labios, desviando la mirada un segundo a sus zapatos. Suspiró profundamente antes de regresar a verlo, sus ojos brillaban de determinación — tomé una decisión en el colegio, y no ingresaré al equipo de las Holyhead Harpies.

— ¿Entrarás en otro?, creí que… — Neville arrugó el entrecejo, confundido.

— No, yo… no entraré a ningún equipo, Nev — completó.

— Pero, creí que era tu sueño. Es decir, siempre quisiste jugar Quidditch profesionalmente, era de lo que siempre hablabas en el colegio — la miró extrañado.

— Si, ya lo sé… — sonrió con un dejo de ironía — Pero en el colegio muchas veces mis decisiones no eran las que realmente quería, y no quiero equivocarme ésta vez. No en esto — lo miró significativamente.

— ¿De qué hablas? — murmuró temeroso. ¿Sería que la distancia si había hecho mella en su relación?, se preguntó para sus adentros.

— Éstos meses alejados me hicieron darme cuenta de muchas cosas Neville, de lo mucho que significas para mí, de cuanto te quiero… — añadió para su tranquilidad — De… — pasó saliva, pasó temores — de lo mucho que yo…

— ¿Qué sucede? — le preguntó intranquilo. Colocó una mano en su mejilla con suavidad.

¿Cómo se dice por primera vez que amas a alguien?, se preguntó Ginny, temblando ante su caricia. ¿Cómo puedes ponerlo eso en palabras?

Si ni siquiera había considerado que Neville le gustaba hasta que… La respuesta se materializó frente a si cuando contempló sus labios. Sólo necesitó ponerse de puntillas para robarle un beso, igual que el primero… Y entonces las palabras salieron por su boca directamente de su corazón…

— ¡Te amo!… — murmuró contra sus labios sintiéndolo suspirar entrecortado — Te amo y me iré contigo a estudiar Herbología, no porque tú lo hagas, sino porque yo así lo deseo. Y porque no puedo estar en otro lugar que no sean tus brazos — no le dio tiempo de alegar nada. Lo besó con todo el amor que había almacenado durante ésos tormentosos meses alejada de él.

Fin Flash Back

Un amor tan grande que pese a su sueño de ser Jugadora Profesional de Quidditch, Ginny se enamoró por la Herbología; un amor tan puro que, en un par de años, en medio de la carrera, Neville formalizara su relación pidiéndole matrimonio.

Y un amor tan verdadero que ahora la tenían en aquella habitación contando impacientemente los segundos para al fin ser la señora Longbottom. Aquello logró sacarle una radiante sonrisa, haciendo brillar sus ojos con euforia.

Ni siquiera se había dado cuenta cuando la puerta se abrió revelando a su madre con lágrimas corriéndole por las mejillas, apretando contra su pecho un pañuelo de encaje rosado, hasta que escuchó su débil sollozo entrecortado.

— ¡Ginny, cariño, pareces un ángel! — sollozó desde el marco de la puerta la señora Weasley, sin atreverse a entrar.

Su hija le sonrió un tanto tímida a través de su reflejo. Su cabello siempre llamativo ahora lucía simplemente espectacular recogido en aquel elegante moño y oculto por un suave velo color blanco; el maquillaje era mínimo, sólo hacían resaltar sus ojos castaños; y el vestido… Merlín, ¡le agradecería infinitamente a Luna y Hermione por el resto de sus vidas!… No encontraba adjetivos para describirlo, sólo: Extraordinario.

— Mamá, no llores, se te correrá el maquillaje de nuevo — le dijo con dulzura girándose hacia su progenitora. La señora Weasley ahogó un sollozo y le brindó una sonrisa temblorosa.

— Ya lo sé… — repuso sorbiéndose la nariz y limpiándose distraídamente las lágrimas con el pañuelo. Mientras entraba a la habitación — Es que no puedo evitar pensar que éste será el último día que te tendré en casa… — aquel pensamiento trajo consigo otro torrente de lágrimas y un sollozo en medio de una sonrisa melancólica — Dios, ¡has crecido tanto! — conmovida, Ginny fue hasta ella y la envolvió con sus brazos acariciándole la espalda suavemente.

— Mamá, ¿otra vez?, — se escuchó a sus espaldas la voz de Fred aparentemente fastidiado — ya lloraste ayer en la mañana…

—… a mediodía… — le siguió George poniéndose a su lado.

—… en la noche…

—… cuando despertaste…

—… y ahora…

— ¡Cuantas lágrimas madre!, — terminaron exclamando al unísono los gemelos — ¡vas inundar la casa! — dramatizaron con aparente pavor.

— Oh, siempre tienen que venir con sus comentarios — los empezó a reñir apartándose de su hija y secándose el rastro de lágrimas.

— Además no hay porque llorar, si nosotros siempre estaremos aquí, ¿qué no Fred? — cuestionó George a su gemelo.

— Por supuesto — manifestó éste seguro.

— ¿Matrimonio?, ¿nosotros? — se señaló George con exageración.

— ¡Ni hablar! — exclamaron con solemnidad.

Ginny suprimió una sonrisa y su madre los miró con las manos en la cadera.

— Si fuera por mi hace años que los habría casado, par de… — dejó el comentario abierto. Sus hijos la vieron con las cejas arqueadas — Pero créanme que aún no encuentro a alguien lo suficientemente loco y tonto para que los acepte — replicó con brusquedad.

— ¡Madre! — se indignaron, poniendo una mano sobre su pecho.

— ¿Cómo es así que la has hecho de casamentera? — inquirió Fred.

— Haberlo sabido antes y te llevamos con Rita Skeeter para que pusiera una nota nuestra en Corazón de Bruja — señaló George.

— ¡Brillante Georgie!… — le siguió el juego su gemelo — Y ya que lo piensas, a mamá se le da muy bien eso de casamentera. Oye mamá, ¿alguna vez has pensado en dedicarte a esto profesionalmente? — le preguntó con exagerada seriedad.

— ¡Fred! — le advirtió lanzando chispas por los ojos, sus mejillas sonrojadas.

— Imagínate la lista que tendría, Freddie; podemos incluso darle promoción con algún sortilegio de la tienda… — comentó George sin inmutarse.

— Especialmente para esto… — completó Fred — Aunque negocios son negocios, cobraríamos un ¿10…? — miró interrogante a su hermano.

— Que sea 15… — añadió éste.

— 15% de comisión por cada cliente. ¡Tú sólo piénsalo mamá! — agregó apresuradamente antes de salir corriendo de la habitación junto a su hermano esquivando el zapato que les había aventado su madre.

— ¡POR CIERTO, TE VES PRECIOSA GINNY! — alcanzaron a gritar.

La pelirroja soltó una carcajada y siguió riendo a pesar de la mirada de reprobación por parte de su madre.

— Sólo venía a informarte que Neville y Augusta ya llegaron — se limitó a decir la señora Weasley empezando a bajar las escaleras, cerrando la puerta.

Ginny suspiró con una sonrisa.


Mientras tanto en el estudio del señor Weasley, éste tomaba una copa de brandy en compañía de Neville y su próxima consuegra.

El pelinegro no podía evitar pegar un respingo cada que escuchaba algún golpe o grito del piso superior mientras se paseaba sin rumbo por la habitación, con los dedos golpeando la copa que sostenían sus temblorosas manos.

— Ya Neville, siéntate que nos estás mareando — le ordenó su abuela con voz fingidamente exasperada. Sus ojos brillaban con extremo cariño y comprensión.

— Si, si — balbuceó el aludido, sin escucharla realmente.

Su abuela sonrió para sus adentros. Neville le recordaba tanto en ése momento a su propio hijo el día de su boda. Rememoró con humor como Frank, aún mucho más nervioso, casi quemó el vestido de Alice por las chispas que brotaron de su varita inquieta.

— Vamos hijo, siéntate, es normal estar nervioso, a todos nos pasa. Pero si sigues así creo que me harás un hoyo en medio de la sala — le aconsejó el señor Weasley sin poder evitar soltar una risilla al decir lo último.

Neville asintió vehemente.

— Neville… — insistió su abuela.

Tembloroso, y pensando que sus piernas no lo sostendrían por más tiempo, el pelinegro se dejó caer pesadamente en el sillón más cercano, se escuchó una ligera protesta por parte del mueble. El rostro pálido de Neville alertó a su abuela, sino lo calmaba lo más seguro es que se terminaba desmayado en plena ceremonia. Ya se imaginaba los titulares matutinos. Sacudió la cabeza.

— Neville, ya cálmate. Has soñado con esto por años, todo saldrá bien. Vamos, respira — le indicó abanicándole con su horrendo sombrero marrón.

¡¿Respirar?!, se preguntaba Neville en un chillido para sus adentros. ¿Cómo hacerlo si de pronto sentía que la habitación se le venía encima?; miles de temores lo asaltaron sin piedad. ¿Y si resultaba que no era un buen esposo?, ¿si no la hacía feliz?, ¿si a la larga Ginny se aburría de él y se iba con alguien como… como Malfoy?; aquel último pensamiento le provocó una arcada. Su rostro pasó de gris a verde en un segundo.

Merlín, ¿qué todos se ponían así el día de su boda?, él no lo sabía, pero compadecía a los siguientes que pensaran en casarse. Si fue un tormento el encontrar la forma de pedirle que fuera su esposa, esto era mil veces peor. Sólo quería que empezara cuando antes. ¿No es lo que dicen siempre?; entre más pronto inicie, más pronto acabará.

Bueno, pues a él le urgía terminar con la expectativa.

— Necesito ver a Ginny — manifestó de pronto, incorporándose de golpe.

— ¡De eso ni hablar jovencito!, es de mala suerte… — irrumpió en la habitación la señora Weasley mucho más calmada que hace unos instantes — Además no tienes que preocuparte por nada, está igual de impaciente que tú porque esto empiece ya… — le sonrió maternalmente — Y se ve… ¡asombrosa!

Aquello calmó por unos segundos a Neville; pero no pasó mucho para que reanudara su caminata en la habitación. Augusta Longbottom rodó los ojos con cansancio y Arthur se tomó el resto de su trago con una sonrisa escondida en sus labios. Le caía muy bien ése muchacho, y estaba seguro que su hija había tomado la decisión correcta al aceptarlo como su compañero para toda la vida.


— ¿Se puede? — preguntaron tocando a la puerta.

Ginny les sonrió a Luna y Hermione mientras éstas ingresaban en la habitación enfundadas en sus elegantes vestidos de damas. Ellas a su vez le sonrieron con emoción al verla en su vestido de novia.

— Ginny te ves… — empezó a decir Hermione, sin saber que adjetivo pronunciar.

— ¡Despampanante!… — completó Luna — A Neville le va dar algo cuando te vea — añadió con gracia.

La pelirroja se rio por su comentario y la castaña chasqueó la lengua.

— ¿Lo han visto? — aventuró algo ansiosa.

— No, estaba en el estudio con tus padres y su abuela — le dijo Hermione sentándose en una silla cercana.

— Ya lo extrañas ¿eh pillina?… — acusó con picardía Luna — No te preocupes, que por la noche será TODO tuyo — le guiñó un ojo. Las mejillas de Ginny se tornaron escarlatas.

— ¡Luna!, deja de hacer ése tipo de comentarios — la censuró Hermione.

— ¿Qué?, si es la verdad — se encogió de hombros.

"Por la noche será todo tuyo". Ginny pasó saliva, no había pensado en "eso". Los nervios hicieron mella en ella.


— Uy hombre, que bueno que te rescatamos de aquel lugar, te ves fatal — le decía Ron a Neville en la antigua habitación del primero. Harry, quien también estaba ahí, le dio la razón a su amigo.

La frente del novio estaba perlada de sudor al igual que su labio superior y estaba notoriamente pálido.

— Gra-gracias — balbuceó. Sus amigos lo vieron con un dejo de preocupación.

— No te estarás retractando… ¿verdad? — inquirió con cierto recelo el pelirrojo. Mas una nota de esperanza en su voz.

— ¡¿Qué?!… — reaccionó como si le hubieran lanzado una descarga eléctrica directo a la cabeza, dejándolo aturdido — ¡Por supuesto que no!, ¡amo a Ginny!, ¡quiero que sea mi esposa!, ¡he estado esperando esto por años, no hay nada que quiera más!; ¡Quiero casarme con ella, envejecer a su lado y formar una familia juntos! — exclamó con tanta determinación que se sorprendió a sí mismo. Las preguntas tontas que se había hecho se esfumaron como por arte de magia.

— Bueno… yo sólo decía — se justificó Ron sentándose en su cama. Harry meneó la cabeza.

Los invitados empezaron a llegar en aquel momento y Harry y Ron tuvieron que bajar a atenderlos. Pese a eso, no fue hasta casi una hora más tarde, cuando Neville se encontró al frente de la recepción acompañado de Harry y el juez. El ojiverde sería el padrino de Neville y Hermione la madrina de Ginny.

— Cuenta hasta diez — le sugirió Harry a Neville en un susurro al verlo palidecer de nuevo.

— Si sirviera, ya voy en 1,237 — le respondió con ironía. Harry enarcó las cejas.

— Vaya. Bueno, aguanta la respiración — sugirió sin más.

— Harry, no tengo hipo, por si no te habías dado cuenta — le empezó a discutir en susurro mirándolo irritado.

— Un vaso de agua ¿quizás? — añadió como último recurso.

Neville abrió la boca para replicar, pero la cerró al instante y lo reconsideró.

— Mejor un whiskey — repuso.

— Está bien. Pero al terminar la ceremonia, ya va a iniciar… — y se acomodó por acto instintivo la solapa de la túnica. Neville pasó saliva.

— Ay Merlín — musitó por lo bajo soltando un profundo suspiro.


Una suave melodía se escuchó por el lugar y ése fue el incentivo para que los presentes guardaran silencio, mirando hacia la entrada de la carpa.

Al instante Hermione salía en procesión del cortejo vistiendo una túnica de gala color lila con un hermoso broche de plata adornando su escote, el cabello sujeto tenuemente por un moño bajo, dejando libres varios rizos castaños y, sujeto a un lado de su oreja, un ligero fleco cubriéndole parcialmente la frente; en sus manos un delicado ramo de lirios y tulipanes.

Harry sintió como su garganta se transformaba en un árido desierto apenas la vio, y no pudo quitarle la mirada de encima. Por un loco segundo se imaginó que era él quien la esperaba en el lugar que ocupaba ahora Neville, y que el juez estaba ahí para unirlos en sagrado matrimonio a ellos. Sin embargo, tuvo que romper el contacto visual cuando la castaña se colocó al frente. Ni siquiera había notado que Luna venía unos pasos tras ella vestida con una túnica azul cielo y el cabello sujeto con un lazo en un costado, su fleco al igual que la castaña lo tenía atorado tras la oreja. Luna les sonrió a ambos con algo de complicidad y a él le levantó las cejas sugerentemente, señalándole con los ojos a Hermione. Las mejillas de Harry se tiñeron de escarlata, mas prefirió ignorarlo; le devolvió una sonrisa igual o más nerviosa que la de Neville.

Ron por su parte aun no salía del aturdimiento al ver a su novia tan hermosa. Y Hermione repetía una y otra vez como disco rallado la mirada de amor que le dirigió Harry; aun sentía las piernas temblorosas y el estómago inquieto. Se ve tan guapo, pensó.

Y sacándolos del estupor, la marcha nupcial empezó sus primeros acordes; Neville palideció tenuemente y se estrujó las manos, ansioso.

Victoire, la hija de Bill y Fleur, hizo acto de presencia tirando pétalos de rosa sobre el camino dando graciosos brinquitos que ocasionaban los suspiros de las mujeres al ver a la hermosa niña. Sus padres, situados en la segunda fila sonrieron orgullosos. La niña ni tímida ni veloz caminaba como cualquier día en el parque sin prestar atención a nada que no fuera la tarea que le habían encomendado: repartir pétalos por doquier. Mientras a su lado, Teddy Lupin sostenía un cojín blanco con las argollas reposando encima, sonriendo a los presentes con una mirada tímida en sus ojos azules y las mejillas con un ligero rubor carmesí. Remus y Nymphadora no pudieron sentirse más orgullosos de su hijo.

Y todo el mundo se puso de pie automáticamente cuando la música llegó a los acordes centrales y Ginny aparecía del brazo del señor Weasley avanzando hacia ellos con pasos pausados y seguros.

Una seguridad que invadió a Neville por completo. Al fin estaba pasando, después de tantas aventuras juntos, de varios conflictos y arriesgar de vez en cuando la vida uno al lado de otro. Por fin, ése día, podrían decirse frente a ellos y al mundo cuanto se amaban.

Respiró profundamente, su mirada irradiaba tanto amor por aquella mujer pelirroja que se dirigía hacia él con una suave sonrisa en los labios, que estaba seguro podría repeler un millar de Dementores con tan sólo desearlo. No supo desde cuando él también estaba sonriendo y su corazón palpitaba al compás de su novia. Estaba viviendo su propia utopía junto a ella.

Ginny suspiró por un segundo conforme avanzaban, sintiéndose aturdida de tanta emoción. Era como aquellos lejanos días en los que se escabullían entre clases en la Universidad y se iban a pasear por las calles de Londres. Cómo aquellos días soleados en los que reposando sobre el pasto de algún parque se profesaban cuanto se amaban entre besos y palabras de amor. Los primeros meses construyendo el invernadero en La Madriguera, haciendo juntos su primer proyecto. Sólo ellos dos. Nadie más. Nada más.

De pronto pensó en arrastrar a su padre para que avanzara más rápido y llegar al fin junto al amor de su vida, pero lo descartó al instante: sólo dos pasos los separaban.

Sin perder la conexión visual, Neville tomó de la mano a Ginny asintiendo a la petición del señor Weasley sobre cuidarla… Y se posicionaron frente al juez derrochando felicidad y determinación.

— Estimados familiares, amigos e invitados, el día de hoy…

La ceremonia transcurrió sin problemas, si bien Ron tuvo el impulso de saltar cuando el juez dijo: "Si alguien tiene algún motivo para que ésta unión no se lleve a cabo, que hable ahora o calle para siempre". La mirada y el mensaje oculto que le dirigió su madre lo hicieron declinar; pudo observar perfectamente el "¡Hazlo y seré yo quien te calle para siempre Ronald Weasley!" que le transmitió su progenitora.

Se hicieron la entrega de alianzas y botos; las sortijas después del "Si, acepto". Y después el tan esperado: "Por el poder que me confiere el Ministerio de Magia británico, los declaro marido y mujer". Sellando todo con un armonioso beso y la felicitación de los presentes.


Y la recepción dio inicio…

— ¡Den la bienvenida al joven matrimonio!… ¡LONGBOTTOM WEASLEY! — vociferaron Fred y George al unísono dejando salir chispas de su varita.

Los mencionados entraron tomados de la mano recibiendo los aplausos de todo el mundo y se dirigieron sin prisa alguna a la pista para bailar el que sería su primer baile como esposos.

Un suave vals empezó a escucharse y Ginny y Neville comenzaron a bailar acoplándose como dos relojes suizos, como si uno fue una extremidad del otro. Minutos más tarde bailaron con los señores Weasley y la señora Longbottom; hasta que volvieron a reunirse. Varias parejas se habían unido también, comenzando a llenarse la pista…

Mientras a una orilla de la pista, cerca de la mesa de regalos, Harry contemplaba a Hermione desde la distancia, viendo con nostalgia como se divertía. Recordando aquellos días en los que él formaba parte de su alegría. Aquel lejano verano en el que bailaron juntos en la boda de Bill y Fleur.

I was young

But I wasn't naive

I watched helpless

As he turned around to leave

Flash Back

Al fin, y gracias a la buena vista de Ron, consiguieron sentarse en una mesa, la cual por "azares del destino" estaba siendo ocupada únicamente por Luna. Harry y Hermione no comentaron nada, mas la mirada sugerente que le dedicaron al pelirrojo, lo hicieron sonrojar mientras tomaba asiento junto a la rubia de ojos azules.

— ¿Podemos acompañarte? — le preguntó Ron.

— Claro, mi papá acaba de ir a darles a Bill y Fleur nuestro regalo de bodas — les sonrió, su mirada soñadora regresó a la pista de baile.

Harry les acercó una cerveza de mantequilla a cada uno de una bandeja que flotó por la mesa. Hermione le dio un pequeño sordo con gesto distraído, contemplando con atención hacia la pista.

— Me gustan mucho las bodas… — comentó de pronto Luna.

Ron la miró de reojo, jugando con la servilleta frente a él. Hermione observaba con una sonrisa hacia la pista de baile. Y Harry estaba demasiado ocupado tratando de tomar una cerveza de mantequilla sin derramarla sobre si al mismo tiempo que veía a la castaña.

— Bill y Fleur se ven muy felices — dijo Hermione, viendo como bailaban absortos el uno en el otro en medio de la pista.

— ¿Ella es veela, cierto? — le preguntó Luna a Ron.

— ¿Quién? — murmuró aturdido, sus orejas rojas.

Harry y Hermione sonrieron burlones.

— Fleur, tu nueva cuñada — lo miró arrugando el entrecejo.

— Oh, si… eso creo… supongo — balbuceó tontamente, sin darle importancia al asunto.

Luna no dijo más, pero se le quedó viendo largo rato. Tanto, que las mejillas de Ron se tornaron escarlatas, y sobre su frente apareció una fina capa de sudor.

— ¿Te sientes bien? — le volvió a preguntar Luna, mirándolo con detenimiento.

— ¿Quién? — volvió a tontamente.

— Lo mordió un gnomo hace rato — salió Harry en su ayuda luego de un ligero golpe en la pierna por parte de Hermione, quien veía a sus amigos mordiéndose los labios.

— ¿En serio?, — abrió los ojos sorprendida — ¡pero si eso es una maravillosa noticia!… — saltó en el acto. Harry arrugó el entrecejo. ¿Qué tenía de "maravilloso" que te mordieran el dedo?, se preguntó en silencio — Mi papá dice que la saliva de los Gernumblies…

— ¿Qué cosa? — dijeron los tres al mismo tiempo. Luna los ignoró.

—… es de buena suerte. A mí también antes de venir me mordió uno… — señaló mostrándoles un magullado dedo de su mano derecha, donde un pequeño corte era visible sobre la blanca piel — Te puedes sentir con ganas de proclamar una poesía, cantar… incluso bailar… — les confió, sus ojos brillantes — Ahora que lo pienso, me están dando ganas de bailar… — comentó más para sí misma que para los demás, mirando hacia la pista.

— Que coincidencia, justo eso nos decía Ron hace unos minutos. Que quería bailar — comentó como sin querer la cosa Hermione, dedicándole una significativa mirada al pelirrojo.

— ¡¿Qué yo que?! — respingó el aludido.

— Si Ron, no te cohíbas ahora. ¿Recuerdas que hace unos minutos nos decías que querías bailar, pero no encontrabas con quién? — casi le deletreó Harry, señalándole a Luna con una breve mirada.

— ¿En serio, Ronald? — lo miró ilusionada Luna.

— Bueno… — balbuceó el ojiazul. Harry y Hermione lo miraban de manera insinuante. El pelirrojo soltó un profundo suspiro antes de decirle: — ¿Te gustaría bailar? — sus mejillas se sonrojaron. Mas no recibió respuesta, sólo un jalón del brazo en el mismo momento en que Luna se incorporaba y se lo llevaba a la pista de baile. Lo último que Harry y Hermione vieron de Ron fue su sonrisa bobalicona.

Harry se giró hacia Hermione cuando la escuchó soltar un suspiro. Iba a preguntarle qué le pasaba, pero dos cosas pasaron al mismo tiempo. La primera, la castaña comentó algo como: "Espero que no lo arruine ésta vez". Y la segunda, Viktor Krum se aproximaba a su mesa.

— ¿Estás bien? — le preguntó Hermione cuando lo vio crispar los puños sobre la mesa.

— Yo… — alcanzó a decir. Viktor había llegado.

— ¿Puedo sentarme? — le preguntó el búlgaro directamente a Hermione. La castaña se giró a verlo sonriendo nerviosa; sus mejillas se habían sonrojado, para desagrado de Harry.

— Cla-claro — tartamudeó.

Y para mayor desagrado de Harry, Viktor acercó su silla considerablemente a la de Hermione, cruzando un brazo sobre el espaldar de la que ocupaba ésta.

El corazón de la ojimiel se desbocó de puros nervios. Su ex… su amigo Viktor a un lado. Y su… mejor amigo Harry del otro. Eso sin contar que la mirada que le dirigía Harry a Viktor era como si quisiera derretirlo ahí mismo.

— Quería hablar contigo desde que te vi al llegar… — empezó a decirle Viktor, llamando su atención.

— ¿En-en serio?… — murmuró sin saber que decir. Se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.

— Pensé que podríamos ir y hablar en privado. Ya sabes. Hay muchas cosas que quedaron en el pasado… y tal vez, podamos recuperar — la miró significativamente. Hermione se sintió enrojecer, evitó a toda costa la mirada de Harry.

— Viktor, yo… — lo miró incómoda.

Harry sintió como si le hubieran prendido pólvora por dentro. Antes de ser consciente que hacía, ya estaba de pie y se marchaba después de mascullar algo como: "Los dejo solos, no quiero ser mal tercio". Dejando a Hermione estupefacta y a Viktor gratamente satisfecho.

Sin embargo, no se había alejado ni dos metros cuando una pequeña mano tomó la suya. No tuvo que girarse para saber quién era. La suavidad de su tacto, la sutileza de su aroma siempre la delataban.

— ¿Por qué te fuiste? — le preguntó Hermione, mirándolo desconcertada a su espalda.

— Es obvio — masculló entre dientes dándose media vuelta para verla.

Hermione lo miraba confundida.

— ¡Mira, no voy a explicarte lo que es obvio, y si viniste a eso…! — atajó con agresividad. La castaña lo miró atónita por su exabrupto. ¿Qué no estaban apenas hacia cinco minutos confabulando para que Ron sacara a Luna a bailar?, ¿qué demonios había pasado para ése cambio de Harry para con ella?, se preguntó.

— ¿Qué te hice? — lo miró dolida sin poder evitarlo.

Harry apretó la mandíbula. Ella no le había hecho nada. Él acababa de ser el idiota en meter la pata.

— Sólo… necesito aire. Vuelve con… Regresa a la mesa — replicó con desgana, intentando tranquilizarse.

— Pero… — lo miró insegura — Harry si necesitas tomar aire, puedo acompañarte. Viktor puede… — por un segundo, sólo por uno, la furia que carcomía al ojiverde se evaporó. Mas aquella única mención del búlgaro encendieron la mecha de nuevo.

— No, gracias. Prefiero estar solo… — le espetó groseramente — Además, ¿qué no querían "recuperar el pasado"? — no pudo evitar la lacerante ironía en su voz. Hermione lo miró con las cejas arqueadas. Harry desvió nuevamente la mirada. Viktor Krum era un jugador profesional de Quidditch, en cambio él. ¡Ja!, ni siquiera había terminado de cursar el colegio. No podía ofrecerle nada.

Aquello sólo lo hicieron enfurecerse más consigo mismo. Se soltó de su agarre con brusquedad, y se fue directo a la casa.

Apenas y atravesó la puerta de la cocina escuchó como Hermione la cerraba de un portazo y lo detenía nuevamente del brazo, ésta vez de manera brusca, haciéndolo girar para verla de frente. Sus ojos mieles brillaban de pura indignación.

— ¡Me vas a explicar en éste preciso instante porque éste hosco comportamiento tuyo para conmigo!… ¡y porque actúas como un reverendo imbécil! — añadió al escucharlo gruñir mordazmente. Harry la regresó a ver enojado.

Jamás, en los años que llevaban de amigos, ella lo había insultado de ésa manera. Y el que tuviera que ver Viktor Krum en eso, sólo lo multiplicó por un millón.

— ¡Si estás enojada porque te separé de tu "valiente" Viktor, entonces vuelve con él!, ¡pero a mí no me llames imbécil! — le espetó con acritud. Los ojos de Hermione se abrieron sorprendidos.

— Escucha, no entiendo que tiene que ver Viktor en esto, pero si el problema que tienes es con él ¿entonces porque vienes y te desquitas conmigo? — le espetó a su vez.

— Ay, por favor, como si no supieras — replicó sarcástico.

— ¡Pues no, no sé! — se desesperó Hermione.

Harry se mordió los labios callando sus palabras. Intentó tranquilizarse, pero ¿cómo se puede tranquilizar uno cuando siente la sangre en llamas?; el sólo recordar aquel lejano baile del Torneo de los Tres Magos le provocaba arcadas.

La castaña hizo un descomunal esfuerzo por no soltarle una bofetada, o mínimo un insulto.

— Mira Harry, si lo que te molesta es que Viktor se haya acercado a saludar, no es mi problema. Así que a mí no me culpes de tu mal genio — le recriminó de nueva cuenta.

Harry desvió la mirada. Ella tenía razón… mas no le servía de nada saber eso.

— Deberías regresar a la fiesta… — le aconsejó luego de unos minutos en silencio, regresando a verla.

— ¿Eso es lo que quieres realmente?… — lo miró significativamente. Harry le sostuvo la mirada — ¿Harry? — insistió, su voz suave.

El ojiverde se mordió el labio por un segundo.

— Tal vez Viktor quiera bailar… — nuevamente su terquedad pudo más que la razón. Hermione frunció los labios, molesta — No querrás que continúe esperando ¿verdad?… — siguió Harry con ironía — Después de todo, para eso vino ¿no?; "recordar los viejos tiempos" … — satirizó — Bueno, yo no te detengo. Ve y baila con él… ve y…

— ¡¿Y quién dice que yo quiero ir con él?!… — explotó Hermione finalmente — Yo estaba contigo antes de que él llegara. Yo estaba contigo mucho antes que él apareciera en mi vida… — el claro mensaje de aquella oración lo dejó aturdido — Pero al parecer, eso ya no es suficiente para ti… — musitó tristemente. Se mordió el labio cuando lo vio desviar la mirada, sin decir nada más. Meneó la cabeza con pesadumbre — Te dejo solo — se dio media vuelta dispuesta a irse.

— ¡Herm, espera! — la detuvo con rapidez, tomando su mano con suavidad.

— ¿Ahora qué Harry? — le preguntó cansada. Un disimulado nudo en la garganta.

La música entraba a través de las ventanas abiertas. De vez en cuando un ligero resplandor iluminaba la cocina. Sólo estaban ellos en la casa. Con sus sombras danzando gracias a los fuegos artificiales que en ése momento los gemelos encendían maravillando a los invitados.

Y Harry se encontró diciendo la frase que quizás lo cambiaría todo en ésa mágica velada.

— ¿Quieres bailar conmigo? — Hermione, desconcertada, se giró para verlo de frente. Sus ojos verdes esmeralda brillaban de un modo especial. Ésa mirada que le cortaba el aliento y sabía era completa y únicamente dirigida a ella. Asintió en silencio.

No necesitó más. Seguro, Harry dio dos pasos al frente y sin dejar de verla a los ojos, colocó su mano libre sobre su cintura, acercándola a él. Dejando atrás la inseguridad y el desconcierto por la reciente pelea, Hermione puso su otra mano en su hombro. Y empezaron a balancearse sobre sus pies…

La música seguía escuchándose, una canción que jamás en sus vidas habían oído y sin embargo los transportaba a otro mundo. Muy lejos de ahí. Mordiéndose el labio con nervios por su siguiente movimiento, Hermione se acercó más a Harry y descansó su cabeza sobre el hombro del ojiverde. Harry contuvo el aliento, el corazón le dio un vuelco por ése tierno gesto. Soltó su mano, y la abrazó con ambas manos de la cintura, bajando la cabeza hasta reposarla entre el hueco de su cuello y hombro. Hermione a su vez le rodeó el cuello con ambos brazos.

De algo estaban convencidos, jamás en la vida se habían sentido tan seguros como en los brazos del otro.

La canción siguió sonando, hasta que al final, los últimos acordes entraron por la ventana… mas ellos siguieron abrazados, como si los brazos del otro fuera el lugar en el que quisieran permanecer el resto de sus vidas.

Luego de lo que parecieron horas, Harry se atrevió a mirarla a los ojos… Si esperó por un segundo encontrar enojo, éste se había evaporado hacía mucho tiempo. Lo único que vio brillar en ésos ojos miel era cariño, confianza… calidez. Y entonces pudo notar el cambio. Aquel anhelo escondido que le robaba el aliento. Aquella admiración que desbocaba su corazón. Y pudo darse cuenta que Hermione leía en sus ojos todo lo que ella causaba en él, tan fácil como si fuera un libro abierto. Sus labios a un palmo de distancia. Sus ojos conectados. La discusión de hacía unos minutos estaba muy alejada del momento que estaban compartiendo. Harry empezó a respirar con rapidez, sintiendo que el oxígeno no llegaba a su cerebro. Estaban ahí. Solos. Por Merlín, ¡ya no existía Voldemort!… ¿entonces porque no le decía lo que en verdad sentía por ella?, ¿por qué no arriesgarse a hacer un movimiento?

Sólo era necesario un ligero acercamiento, inclinar un poco la cabeza… justo como lo estaba haciendo… Verla cerrar los ojos esperando, expectante; exacto a como lo hacía ahora… Y sentir su resuello nervioso impactar en sus labios resecos… Todo para terminar en un…

…a interrupción de los risueños gemelos y su sonriente amigo Lee Jordan entrando a tropel por la puerta que antes estaba cerrada y ahora se azotaba contra la pared.

— Demonios — murmuró por lo bajo George, parando en seco. Las risas muriendo al instante.

Justo como acababa de suceder con la conexión que tenían Harry y Hermione. Liberándose de su abrazo, Hermione salió casi corriendo de ahí, dejando a Harry en mitad de la cocina. Sintiendo aun en sus brazos la tibieza de su abrazo. Y en su pecho el palpitar de su errático corazón.

Fin Flash Back

And still I have the pain I have to carry

A past so deep

That even you could not bury if you tried

Irónicamente, la misma canción que se escuchaba en aquel momento. "Blind" de Lifehouse. Justamente lo que había sido Harry en el pasado, un completo ciego.

— ¿Por qué no la invitas? — Harry pegó un respingo cuando Ron le habló, sacándolo de su ensoñación.

— Mejor luego — vaciló observando a Hermione platicar animadamente con los gemelos, Lee Jordan, las gemelas Patil y otros ex compañeros del colegio.

Ron rodó los ojos.

— Harry… — le empezó a decir.

— Ahí viene Luna — replicó, aprovechando para escabullirse dentro de la casa. Con una mirada miel siguiéndolo desde la distancia.

— ¿Y a éste que mosco le pico? — le preguntó la rubia al llegar junto a él.

— Ni idea, ya sabes cómo es de testarudo… — comentó con indiferencia envolviéndola entre sus brazos — ¡Te ves preciosa! — la halagó.

— Ronnie… — lo besó con emoción.


Ginny los vio desde la pista y sonrió aferrándose más a Neville; esperaba que pronto viera a Harry y Hermione igual de unidos que su hermano y amiga; o más aun, como ella y su esposo. Aquel último pensamiento la hizo sonreír ampliamente.

— No puedo creer que ya estemos casados — expresaron al unísono. Rieron al concordar.

— Me hubieras visto antes; un completo desastre, me dio un ataque de ansiedad durante todo el día y nadie podía calmarme — le confesó Neville a su esposa un tanto avergonzado.

— Yo tuve suerte de poder pegar el ojo anoche, sólo daba vueltas y vueltas en la cama sin saber que hacer — se sinceró.

— Pero ahora eso ya no importa, sólo que estamos juntos al fin… como marido y mujer — ocultó su rostro en su cuello, aspirando su suave aroma.

Marido y mujer, repitió para sus adentros Ginny. Y de pronto al volver a ver alrededor y encontrar a Luna no pudo evitar recordar la plática de la tarde.

— Hay algo que me comentó Luna hace un par de horas y en lo que no había pensado hasta ahora… — empezó a decir Ginny como sin querer la cosa.

— ¿Qué dijo? — quiso saber Neville.

— Que hoy… tú y yo… Ya sabes… — lo miró significativamente. Neville frunció el ceño, confundido — Tú serías mío, y yo sería tuya… En cuerpo y alma — completó pausadamente con las mejillas ligeramente sonrojadas. Su esposo sintió una fría gota de sudor recorrer su espalda.

— ¡Te amo, Ginny! — la abrazó, susurrándole al oído. Su aliento causó estragos en su esposa, poniéndola nerviosa.

— También te amo Nev, ¡hoy, mañana y siempre! — manifestó solemne.


Harry tomó una solitaria botella de whiskey que había sobre la mesa de la cocina y, con pasos erráticos, se dirigió al despacho del señor Weasley. Verla ahí, tan cerca pero tan lejos a la vez, y disfrutando de la fiesta como si él no existiera, ocasionaba que un profundo pesar le carcomiera el corazón. Los recuerdos de Hawaii tan nítidos en su mente le quemaban las entrañas. Merlín, de sólo recordar el sabor de sus labios, su aroma, la suavidad de su piel.

Se dejó caer en el viejo sofá y se empinó sin preámbulos la botella, sintiendo la abrasante sensación del licor.

Excusándose para ir al baño, Hermione se dirigió dentro de la casa; sabía dónde estaba Harry y ya era tiempo de hablar. Si bien el lugar no era el correcto, por ser la boda de sus mejores amigos, no existía un mejor momento que ése. Además, la casa estaba vacía, nadie se daría cuenta de su discusión, pensó envalentonada.

Ni siquiera tocó a la puerta, sólo giró el pomo y lo vio ahí sentado con gesto ausente y una botella en su mano mientras con la otra se estrujaba el cabello con frustración. No pudo evitar sentirse culpable. No obstante, se armó de valor. Estaba haciendo lo mejor para ambos, se dijo.

Harry no tuvo que levantar la mirada para saber quién era; tomó otro largo trago de whiskey y se puso de pie apoyándose en el escritorio del señor Weasley dándole la espalda a Hermione.

— ¿Qué haces aquí?, la fiesta es afuera — le cuestionó con voz carente de emoción.

— Podría decir lo mismo ¿no crees? — le respondió ésta deteniéndose a mitad de la habitación.

— Necesitaba aire fresco — apenas terminar de decirlo sonrió con ironía. Hermione también lo hizo.

After all this time

I never thought we'd be here

Never thought we'd be here

When my love for you was blind

But I couldn't make you see it

Couldn't make you see it

— Quería hablar contigo — le dijo al cabo de unos minutos en silencio.

— Tú dirás — se giró hacia ella dejando la botella sobre el escritorio y cruzándose de brazos.

Hermione tomó aire. ¿Ahora qué?, se preguntó. ¿Cómo se empieza una pelea?, ¿le grito?, ¿le reclamo?… ¿Lo abofeteo?

No, tampoco quería llegar a ésos extremos.

Tú y tus brillantes ideas Hermione, satirizó para sus adentros.

— ¿Por qué no me buscaste? — le preguntó sin más. Cero anestesia, cero preámbulos. Harry quedó ligeramente aturdido, desconcertado.

— Dijiste que necesitabas tiempo… — balbuceó inseguro.

— No, no hablo de eso… — negó Hermione con un gesto indiferente de la mano — ¿Por qué no me buscaste en éstos seis años?, ¿por qué no lo hiciste? — le pidió saber.

Aquello desequilibró a Harry por completo, algo se encendió en él como una mecha de pólvora con un fósforo.

— ¿Qué no te busqué?, — repitió sin dar crédito a sus oídos — ¡pero si lo hice mil veces Hermione!, ¡te escribí un millón de cartas y tú nunca contestaste! — le recriminó.

That I loved you more

Than you'll ever know

A part of me died

When I let you go

¡Bingo!, échale sal a la herida y tendrás tu pelea, le susurró al oído una voz llena de ironía.

— Lo hiciste, si, — concedió Hermione — pero nunca intentaste rastrearme, nunca hiciste más — subrayó.

— ¿Qué?, ¡¿cómo puedes decir eso?!… — vociferó indignado, respirando agitadamente — Además, ¿a qué viene esto ahora Herm?… — inquirió. La castaña no le dio respuesta, cosa que lo hizo exasperar — ¡Te busqué de mil maneras!; Sabes que le partí la cara a Percy por ocultarme tu paradero durante todos éstos años. ¡No me vengas con sandeces! — le espetó con enojo.

— No son sandeces… — replicó Hermione fingiendo indignación — Y no veo que me hayas buscado. Si lo hubieras hecho, o intentado al menos, te habrías dirigido al Ministerio o a la casa de mis padres pidiendo mi paradero — señaló con obviedad.

Harry la acribilló con la mirada, quiso tomarla entre sus brazos y zarandearla para hacerla entrar en razón.

— ¿El Ministerio?, ¿tus padres?… — repitió con mofa — ¿Cómo demonios iba a ir con ellos si ni siquiera sabía dónde vivían? — gruñó apretando los dientes.

— ¿Y el Ministerio qué?, ¿acaso no sabes dónde está? — inquirió con burla. Su propio enojo y dolor despertaron en un santiamén. La voz racional de su cabeza se había ido de vacaciones.

— ¡¿Al Ministerio para que iba a ir, maldita sea?! — perdió los estribos dando un paso en su dirección con los puños crispados.

— ¡Por si no lo recuerdas, cabeza de chorlito, existe un departamento que tiene el registro de todo mago y bruja de Gran Bretaña y su localización! — le escupió en la cara.

I would fall asleep

Only in hopes of dreaming

That everything

Would be like it was before

Eso fue un golpe bajo para Harry, tuvo que sujetarse con una mano del escritorio a su espalda viéndola estupefacto.

— ¿Qué? — apenas se escuchó. Un zumbido de recriminación lo dejó aturdido.

— No hiciste lo suficiente — repuso con abatimiento la castaña, mirándolo con profundo reproche.

— Pero… yo no sabía… no sabía que se podía ir al Ministerio y… — empezó a defenderse con desesperación, acercándose nuevamente a ella.

— ¿Y crees que eso remediará las cosas?… — se alejó los pasos que él había avanzado — Tu falta de ignorancia no es mi maldita culpa — le soltó con dureza.

— ¡¿Y mía sí?!… — exclamó con irritación. Hermione asintió segura. Harry bufó molesto — De todas formas, dime Hermione, si lo hubiera sabido y dado contigo, respóndeme esto: ¿Hubiera servido de algo?, ¿me habrías escuchado al menos? — inquirió deteniéndose a tres pasos de ella.

— Yo… — tomó aire tratando de aligerar la presión en su garganta — No — le respondió segura al cabo de un rato.

— ¿Lo ves?… — soltó una risa irónica, casi lacerante — Ya te había perdido desde hacía meses. Aquel día después de la graduación sólo fue una confirmación a eso, nada más — expresó.

— Hablas como si sólo tú hubieras sufrido ¡y no es así!… — replicó con ira — ¿Tienes idea de lo que yo pasé por tu culpa?, ¿todo el dolor que me causaste?, ¡no!, ¡no la tienes!… — lo cortó antes de que hablara — Pensaste que me tenías ganada ¿no?, ¿qué no eran necesarias las palabras?, ¡pues te equivocaste!… — se le empañó la mirada. En éste punto ya ni siquiera recordaba el fin de la discusión.

— ¡Lo sé!, — replicó Harry con amargura — ¡pero era un tonto!… — soltó con arrebato — Pensé que mis actos y muestras de cariño serían suficiente para darte a entender lo que de verdad sentía por ti — confesó, masticando las palabras.

— ¡Y vuelves con ésa maldita manía tuya de pensar que haces lo correcto siempre! — bufó con exasperación la castaña rodando exageradamente los ojos.

But nights like this it seems are slowly fleeting

They disappear

As reality is crashing to the floor

Harry se contuvo nuevamente. Ésa actitud suya ya estaba colmando su paciencia.

— Hablaremos otro día, ahora no estoy de humor — zanjó dando un paso para sacarle la vuelta, mas en un gesto impulsivo la castaña lo haló del brazo quedando frente a frente retándose con la mirada, respirando agitadamente.

— Si no hablamos de esto ahora, ya no habrá otro día. Será el fin de… nuestra relación — sentenció con voz firme.

El pelinegro apretó los dientes y se liberó de un brusco movimiento de su agarre regresando a donde estaba; se empinó la botella de whiskey y la botó sobre la mesa con fuerza.

— Si así lo quieres — se limitó a contestar con voz áspera.

Hermione abrió la boca para hablar, pero la volvió a cerrar al instante, su humor iba y venía como en una montaña rusa y esto la molestaba de sobremanera. Cuanto podía influir él en su vida.

— Con Ginny ya hablé de esto, me dijo que ella fue quien te besó y por qué lo había hecho… pero, quiero saber, ¿por qué no me lo dijiste tú?… — le cuestionó. Harry se quedó mudo — Digo, después de todo éramos amigos ¿no?, al menos esperaba confianza y honestidad de tu parte — comentó con cierta ironía.

— Las cosas habían cambiado entre nosotros, y Ginny era tu mejor amiga, si te decía lo que pasó sólo te causaría dolor — señaló obvio. Y era cierto, él no quería romper con una amistad.

— ¿Y no pensaste acaso que de una u otra forma lo sabría? — sugirió con sarcasmo.

— No, porque pensé que sólo ella y yo lo sabríamos… — suspiró antes de añadir en voz queda: — Dijimos que sería un secreto.

— ¿Un secreto eh? — replicó con mofa.

— Hermione ¿por qué haces esto?, — la regresó a ver, sus ojos opacos, carentes de emoción — ¿por qué ahora sacas a colación todo el pasado?, ¿qué no te ha quedado claro que todo fue un maldito malentendido y que a la única que amo es a ti? — le preguntó un tanto cansado.

After all this time

I never thought we'd be here

Never thought we'd be here

When my love for you was blind

But I couldn't make you see it

Couldn't make you see it

— Porque… — se apartó el cabello del rostro — ¡porque ya no puedo más con esto Harry!, — terminó exclamando — ¡es la única forma de estar juntos!, si sacamos todo lo que sentimos, los reproches, el rencor, entonces y sólo entonces seremos capaces de decidir si realmente estamos preparados para estar juntos… para perdonarnos — exteriorizó.

— No tiene lógica — arrugó el entrecejo.

— ¡Si la tiene!, — replicó con exaltación — tú no entiendes… — espetó rendida — Lo que tuve que pasar éstos años no se compara con nada. Son seis años de mi vida en los que cada uno de los días imploré odiarte… — le confesó. Harry la miró dolido. Hermione continuó — Cada noche mi único pensamiento era que al día siguiente al fin hubieras desaparecido de mi mente, de mi corazón. Las fechas especiales eran un suplicio para mí. Cada cosa, persona, todo me hacía recordarte. A la persona que más daño me había causado… — cada frase era como una puñalada en el pecho del ojiverde — Me prometí mil veces odiarte sin conseguirlo; pero eso no me impedía tener rencor, ira contra ti… — la vista se le nubló por las lágrimas — Pensando que estabas feliz al lado de Ginny mientras yo sufría profundamente por la sombra de tu recuerdo…

— ¿Feliz?, — la cortó, mirándola con tristeza — ¿feliz?… — le volvió a cuestionar — ¿Cómo demonios podía ser feliz si te habías ido de mi lado?… — sus ojos se anegaron en lágrimas al mismo tiempo que los de Hermione — ¿Cómo serlo si mi pecho se aplastaba cada día conforme tu ausencia se hacía más y más eterna?… ¡Herm no había día en que no pensara en ti!, ¡no había noche en que suplicaba porque volvieras!… — le confesó — ¿Y dices que fui feliz?, — inquirió dolido acercándose a ella — ésa palabra no tuvo sentido para mi hasta que volví a verte aquí, Herm — se sinceró tomándola de los brazos. Sus miradas conectadas.

That I loved you more

Than you'll ever know

A part of me died

When I let you go

— Ése día fue en el que deseé más que nunca odiarte, y por eso… — se mordió el labio. Sabía que las siguientes palabras le dolerían aún más, pero tenía que hacerlo. Por el bien de ambos. Para poder cerrar ése capítulo definitivamente — por eso le pedí a Will se hiciera pasar por mi novio aun cuando sólo éramos amigos y no tenía sentido para mí — le confesó.

— ¿Él no era…? — quedó boquiabierto. Hermione negó en silencio.

— Pero fue ése día cuando nuestra relación cambió — añadió.

¿Cómo olvidarlo?, él había presenciado su beso. Apretó los dientes de celos.

— Y tú estabas ahí, como si nada pasara, al lado de los Weasley, a quienes siempre consideraste una familia. Mientras yo… — se rio sin ninguna nota de gracia — Años alejada de ellos y todas las personas que estimaba ¡por tu culpa!… — le escupió, hizo el ademán de querer soltarse, pero Harry no se lo permitió — Siempre estuviste con gente que te quería mientras yo sufría… — lo miró con rencor — ¡Nunca supiste lo que fue eso!…

— ¡¿crees que no lo sé?!… ¡¿crees que no sé lo que se siente?!… — exclamó Harry perdiendo los estribos, ejerciendo más fuerza sobre sus brazos, pegándola por completo a su cuerpo. Hermione hizo una ligera mueca de dolor y trató de apartarlo empujándolo por el pecho — ¡La maldita desesperación que sentí cuando desperté a la mañana siguiente de la graduación y nadie podía decirme dónde estabas no se compara a nada que haya vivido!… — su mirada se nubló por las lágrimas — ¡Cuándo corrí al lago pensando que estabas ahí como todas las mañanas para por fin encararte de una vez y saber porque estabas tan distante de mí!, ¡cuándo…!

Flash Back

El retrato de la Dama Gorda dejó pasar a un acongojado y desesperado Harry a la sala común de Gryffindor, sólo para encontrarse con unos inquietos hermanos Weasley.

— ¿No la han visto? — fueron sus únicas palabras hacia ellos.

Ginny negó con la cabeza al mismo tiempo que bajaba la mirada, mordiéndose el labio. Ron sin embargo dando un suspiro, le indicó con un gesto de mano al pelinegro que se sentara.

— ¿Qué pasa? — lo miró con aprensión, negando a su solicitud.

— Hermione se fue, Harry… — declaró sin más Ron.

— ¿Qué? — balbuceó amortiguadamente Harry, retrocediendo un par de pasos por el impacto de la noticia.

— Fuimos a buscarla al Gran Comedor por si había ido… — negó con la cabeza, dándole a entender que no la encontraron. Tomó aire para continuar — Parvati nos dijo que se despertó durante la madrugada y Herm estaba despierta, ya lista para irse. Apenas y le dirigió la palabra mientras tomaba su baúl y salía de la habitación… — en éste punto su voz se empezó a escuchar como un violín mal afinado. Harry lo miraba con los ojos desorbitados sin poder creerlo, un sentimiento de angustia empezó a crecer precipitadamente en su pecho — Sólo le dijo algo como: "Ojalá nos volvamos a encontrar algún día, Parv, cuídate mucho, y despídeme de todos" … — se le rompió la voz. Su mirada se llenó de lágrimas — ¡Ella se fue! — musitó con dolor y consternación, estrujándose el cabello. Por las mejillas de Ginny corrían lágrimas silenciosas.

— Mientes… — sentenció Harry después de unos minutos, retrocediendo un paso. Sus amigos lo regresaron a ver. La mirada esmeralda de éste estaba completamente ida.

"Yo soy Hermione Granger, y ¿ustedes quiénes son?"

— Es mentira — meneó la cabeza.

"Hola… te he traído esto, ¿quieres dar un paseo?"

El suelo bajo sus pies empezó a derrumbarse con precipitación.

"Estamos juntos en esto"

Ella no podía haberse ido.

"Te quiero Harry"

No la podía perder. No. No podía. Era sólo una maldita pesadilla.

"Adiós Harry"

— ¡No es cierto!… — exclamó fuera de sí, sus ojos se tiñeron de dolor e ira.

— Harry… — lo miró con pena Ginny.

— ¡No!… — la silenció apuntándole con el dedo. Ron lo miró afligido — ¡ESO NO ES VERDAD!, — le escupió a su amigo, negándose a creerle — ¡ELLA JAMÁS SE HUBIERA IDO SIN EXPLICACIÓN!… — gritó perdiendo los estribos. Los ojos le escocían y un profundo nudo en la garganta le impedía respirar — ¡Ella…!… Ella no puede… — se pasó una mano por el cabello, desesperado. Una lágrima le ganó la batalla — No debe… — se le rompió la voz. Ron y Ginny lloraban en silencio al verlo tan desconsolado — ¡No la perderé! — manifestó. Y girando sobre sus talones salió corriendo de la sala mientras a su espalda una pelirroja lo miraba con lástima y un ojiazul dejaba salir un llanto lastimero al darse cuenta que no sólo había perdido a su mejor amiga, sino también a su mejor amigo.

Fin Flash Back

— Que desilusión recibí cuando no pude encontrarte… — la miró con dolor.

After all this why

Would you ever wanna leave it

Maybe you could not believe it

That my love for you was blind

But I couldn't make you see it

Couldn't make you see it

Flash Back

Dos horas después, Ron y Ginny encontraron a Harry vagando por los pasillos. En sus mejillas brillaban las lágrimas que aun liberaba. Corrieron hacia él sin dudarlo.

— Harry… — lo llamó Ron con preocupación.

— Filch dijo que ella se marchó muy temprano en un carruaje para Hogsmeade… — empezó a decir. Su voz y mirada carentes de emoción — Así que fui volando hasta allá esperando encontrarla, pero me dijeron que se había marchado con dos personas utilizando un traslador… — a Ron se le hizo un nudo en la garganta. Ginny se mordió los labios, llorando en silencio — Y no sé dónde está ahora — murmuró con pesadumbre. Una nueva línea de lágrimas cayó de sus ojos.

— La encontraremos Harry, ya verás que así será — lo trató de animar Ron, palmeándole la espalda.

— Ella no quiere que la encontremos Ron… Ella no… — un nudo en la garganta le impidió hablar. Las lágrimas volvieron a liberarse de sus ojos — ¿Qué haré sin ella?, ¿cómo podré vivir sin ella?… — se pasó las manos por el cabello con desesperación — ¡Yo la amo!… — aquella confesión lastimera le arañó el corazón — ¡Ron por favor ayúdame a encontrarla!… — le suplicó — ¡Por favor Ginny, ella tiene que estar en algún lugar!… — se giró hacia la pelirroja — ¡Tal vez si revisamos de nuevo los terrenos!, ¡si buscamos en todas las aulas!… — empezó a decir con angustia, entrando en shock.

— Harry, ¡Harry, escúchame amigo! — lo tomó Ron de los hombros mirándolo preocupado.

— ¡No!, — se lo intentó quitar de encima. Su amigo no lo dejaba ir, por sus ojos azules salían un torrente de lágrimas — ¡sólo estamos perdiendo el tiempo!; ¡Ella está allá afuera!, ¡me está esperando, lo sé Ron!; ¡Tengo que decirle que la amo!… ¡MALDICIÓN, DÉJAME IR O LA PERDERÉ! — lo empujó saliendo corriendo rumbo a los terrenos.

— ¡Harry! — lo llamó Ron incorporándose del suelo y corriendo tras él. Ginny se quedó en medio del pasillo dejándose caer al suelo sollozando.

Harry corría, corría tan rápido como jamás lo había hecho; buscando alejarse tal como Hermione lo había hecho. Quería borrar todo el dolor. Todas las lágrimas que le estaba causando. Tantas aventuras, tantos momentos vividos. Y a ella no le importó. Sólo salió corriendo. Justo como él estaba haciendo ahora.

— ¡Harry por favor detente! — lo llamaba Ron a su espalda tratando de darle alcance.

Hermione se había ido, Hermione se había ido y no volvería.

Sus sonrisas. Sus miradas. Sus abrazos. Sus palabras de ánimo. Todo se reproducía sin orden alguno en su cabeza. Cada momento junto a ella. Cada aventura. Cada recuerdo. Todos y cada uno de los momentos que tuvo la oportunidad de decirle que la amaba y por cobardía jamás lo hizo. Cada vez que estuvo a punto de perderla… y ahora se estaba cumpliendo.

¡No podía perderla!, ¡no podía dejarla ir!

¡Por favor Dios, no me la quites!, suplicó desesperado mientras corría. Las lágrimas mojando el cuello de su camisa. El viento cortándole la respiración. La amaba, tardó años en saber que lo hacía, y al fin cuando se disponía a decírselo ya era tarde…

Corrió más rápido. Tenía que alcanzarla… ¡tenía que decirle que la amaba como un condenado!

Unos brazos lo alcanzaron a tomar derribándolo al suelo. Sólo un sonido salió de su garganta…

— ¡HERMIONEEEEEEEEEEEEEE! — el grito lacerante de su indefenso corazón.

Fin Flash Back

—… así que no me vengas con que no sé lo que sentiste durante éstos años, cuando no tienes ni una mínima idea de lo que yo pasé por tu culpa — sentenció Harry luego de contarle aquello. La dejó libre de su agarre y retrocedió un par de pasos, desviando la mirada. Hizo un descomunal esfuerzo para no derramar las lágrimas acumuladas de sus ojos.

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A part of me died

When I let you go

— Pero al menos estabas aquí, con tu familia y amigos… — no pudo evitar objetar la castaña con amargada terquedad — ¡No en otro maldito país obviando el hecho de que dejabas todo lo que querías atrás! — pronunció con arrebato.

Flash Back

El avión aterrizó en las tierras alemanas cerca del anochecer, las calles estaban iluminadas ya por los faroles, y aquel paisaje siempre gigantesco y hasta cierto punto gótico de los edificios hicieron a Hermione encogerse en el asiento del taxi al apreciar las monstruosas sombras proyectadas por éstos.

Giraron en una esquina y el taxista le comentó algo, al parecer queriendo entablar conversación. Se sintió estúpida al no entenderle; limpiándose disimuladamente un par de lágrimas le sonrió apenas al señor cuando pararon en un majestuoso suburbio de departamentos.

El entrar a su nueva vivienda sólo hizo que el nudo en su garganta se apretara aún más. Quiso correr al teléfono y llamar a sus padres para que fueran por ella, pero se detuvo regañándose a sí misma.

Esto decidiste, ahora aguántate, le susurró una molesta voz al oído.

Era cierto, ésa había sido su decisión. El pecho se le oprimió de dolor. Pensándolo en brazos de su mejor amiga y sus seres queridos mientras ella lloraba su desilusión a miles de kilómetros de distancia.

Y lo que le faltaba en aquella triste y angustiosa noche sucedió unos pocos minutos después, el cielo se cubrió de nubes y un segundo después un rayo cruzaba el firmamento. Ignoró el hecho de que eso le recordó a Harry. Un trueno hizo vibrar los cristales y Hermione corrió a su cama refugiándose bajo las cobijas llorando como una niña pequeña.

Se sentía indefensa y sola.

Pero ahora no había marcha atrás, pensó entre sus entrecortados sollozos. Había huido, corrido a otro país, y tendría que vivir con eso. Tenía que olvidarlo a como diera lugar. Sin importar que estuviera sola en aquel territorio extraño…

Por lo pronto, lloraría hasta quedar rendida, pues ésa sería la última noche en que lloraría por ello, se prometió a sí misma.

Fin Flash Back

— Pero ¿de que sirvió haber estado aquí, en mi país, cuando no me sentía parte de nada? — inquirió el ojiverde.

— Fue porque tú lo quisiste así — le escupió Hermione dando un paso en su dirección. Disimuladamente se restregó los ojos acallando las repentinas lágrimas acumuladas.

— Fue porque así lo decidiste por mí — repuso Harry a su vez dando dos pasos hacia ella.

Se regresaron a ver casi retándose con las miradas. Ya no había reproches que decir. Se habían dañado, recriminado, agredido.

¿Y cuál era el siguiente paso?, se preguntaron en silencio. Sintiendo como el sentimiento de dolor y reproche era reemplazado por la añoranza de estar de nuevo juntos.

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A part of me died

When I let you go

Harry fue el primero en romper con la distancia al abalanzarse sobre Hermione estrellando sus labios con los de la castaña en un apasionado beso.

— ¡Te amo! — exclamó con pasión, sintiéndola temblar en sus brazos.

— Perdóname, Harry… ¡Siento tanto haber huido! — lo tomó de las mejillas, apartándolo un momento para poder mirarlo a los ojos.

Harry suspiró entrecortadamente. Aquellas palabras que tanto había deseado escuchar y hasta ahora se daba cuenta de ello, fueron como un bálsamo para su corazón. La tomó por la cintura besándola de lleno en la boca. Hermione rodeó su cuello rindiéndose en sus brazos, empezando a corresponder a su beso con el mismo entusiasmo que el ojiverde; buscando una manera de redimirse con ambos.

— ¿Harry?, me dijo Bill que te vio… ¡Oh, no otra vez!… — calló de pronto Ron al advertir que había entrado en muy mal momento. Harry y Hermione se habían separado de inmediato apenas escucharon la puerta abrirse, pero no a tiempo para que Ron no viera nada. Harry se giró a mirarlo fulminante y Hermione suspiró molesta con su amigo — Emh… ¿trágame tierra? — vaciló con una sonrisa nerviosa.

— Con permiso — pasó Hermione por su lado como un torbellino. Harry sólo pudo retener el aire entre sus dedos.

— ¡Amigo, te juro que no sabía!, Ginny dijo que habías entrado y… ¡Au! — se quejó luego de recibir un zape por parte de Harry antes de abandonar también la habitación en busca de la castaña.

— Ay Ronnie, te lo dije — se escuchó la voz de su novia a su espalda negando con la cabeza.

— ¿Ups? — musitó titubeante.

Suprimiendo el deseo de rodar los ojos, Luna se acercó a él y lo tomó del brazo mirándolo con reprimenda.


— ¡Hermione espera!, aún no hemos terminado de hablar — la detuvo Harry tomándola de la mano antes de que ésta se mezclara con la multitud. La castaña vio con nerviosismo a su alrededor, varias miradas estaban posadas sobre ellos con curiosidad.

— Creo que no es el lugar adecuado — replicó con una mirada significativa señalando alrededor.

Harry arrugó el entrecejo con inconformidad.

— Pero…

Hermione se mordió el labio de manera nerviosa.

— De acuerdo. Sólo… sólo déjame ir y despedirme de Ginny y… — Harry sonrió alegremente.

— ¡Herm, Harry!, aquí están… — llegó Ginny en compañía de Neville, interrumpiéndolos.

— Hola… — les sonrió Hermione brevemente — Escucha, Ginny, nosotros… — comenzó. A Harry se le aceleró el corazón ante la expectativa. Neville miró con una sonrisa como sus amigos estaban tomados de la mano.

— Luego me dices Herm. Vamos, es hora de aventar el ramo. ¡Debemos saber quién será la siguiente en casarse! — soltó en un chillido emocionado.

— Pero nosotros… — intentó disculparse Hermione, mirando a Harry.

— Aquí vienen Luna y Ron — les señaló Neville, rodeando la cintura de Ginny.

El pelirrojo y la rubia venían hacia ellos; por las mejillas sonrojadas de Ron, parecía que hubiera acabado de recibir una buena reprimenda; y por la mirada de suficiencia de Luna, ésta estaba más que satisfecha por algo.

— ¡Lu!… — chilló Ginny de nueva cuenta, visiblemente incapaz de poder dejar de sonreír al igual que su esposo — Vamos, estoy a punto de aventar el ramo y Parvati, Padma y Lavender ya están confabulando para ganárselo — la apuró.

— ¡Oh eso sí que no!, sobre mi cadáver. Ése ramo se ira directo a mi departamento — señaló solemnemente Luna.

— ¿Qué importancia tiene ése tonto ramo?, sólo es un montón de flores con listones. Si a eso vamos, ahorita voy y les traigo del jardín algunas y les amarro lo que sea — replicó con indiferencia Ron.

— Dicen que la que atrape el ramo es la siguiente en casarse — le explicó Neville.

— ¿Y tanto para…?… — enmudeció de pronto. Los ojos se le pusieron vidriosos — Luna, ¿para qué quieres tú el ramo? — musitó vacilantemente.

Mas su novia lo ignoró, tomando del brazo a Hermione, la arrastró hacia el centro de la pista; donde ya varias chicas estaban agrupándose; sin darse cuenta de que la había separado de Harry. Éste las miró irse con impotencia.

— No te preocupes hermanito. Que Luna se irá a su casa con éste ramo o me dejo de llamar Ginevra Molly Weasley — le dijo burlonamente Ginny a Ron.

— ¡Ginny, no! — exclamó amortiguadamente el pelirrojo. Sin embargo, nuevamente fue ignorado cuando el matrimonio Longbottom Weasley se mezcló con la multitud.


Ron suspiró abrumado cuando minutos después vio el ramo volar por los aires antes de aterrizar entre un montón de entusiastas solteras que obstaculizaron su vista, impidiéndole mirar quien había resultado ganadora.

— ¿Lo habrá atrapado Luna? — le preguntó con temor a Harry.

— A mí no me importaría que lo hubiera hecho Herm… — se limitó a contestar el aludido — Después de todo, creo que finalmente podremos estar juntos — una alegre sonrisa en sus labios.

Ron lo regresó a ver placenteramente sorprendido, ignorando el hecho de que su novia se acercaba corriendo hacia él con un ramo blanco en las manos y una extasiada sonrisa en los labios; seguida de una sonriente castaña ojimiel que no le quitaba de encima la mirada a Harry.