Capítulo 27: NUNCA ES TARDE
Si había un dicho que Terry Boot pensaba que estaba totalmente en lo cierto era: "Nunca es demasiado tarde para actuar". Por eso, y aun sabiendo de la nueva relación de su amiga Luna con Ron Weasley, jamás perdió las esperanzas con ella.
Sabía y tenía mucha conciencia de que le gustaba a la rubia. Sólo era necesidad de un empujoncito ¿no?… Demostrarle cuales eran sus verdaderas intenciones para con ella. Él no iba a permitir pasar la oportunidad de ganarse su corazón.
Así que, ésa mañana, después de ir a correr con William como todos los viernes, compró un ramo de margaritas en el puesto de flores a un costado de su edificio y se las envió vía lechuza, usando un sencillo hechizo para que llegaran en perfecto estado.
La conquistaría. Ron no la merecía y eso él muy bien lo sabía. Ella merecía algo mejor. Alguien que la conociera como nadie. Alguien quien hubiera estado ahí, junto a ella, en las buenas y en las malas. Alguien que la hiciera reír, y jamás llorar. Quien escuchara cada palabra que quisiera decir. Que velara incansablemente por su bienestar y felicidad.
Y ésa persona era él: Terry Boot.
Luego de mandar el presente a su amiga ojiazul tomó una ducha fría, y al mediodía se dirigió sin prisa al Ministerio. La invitaría a almorzar y ya después, tal vez a cenar o bailar; según viera como marcharan las cosas.
Después de todo, no tenía nada que perder; mas si mucho que ganar. Tal como le dijo a Will horas antes…
Flash Back
— Estás loco — fue lo único que dijo Will luego de que Terry le contara sus planes, pero sonriendo por el entusiasmo de su amigo.
— Loco no, más bien lento me vi al no haberla conquistado a tiempo… — repuso Terry mientras se detenían — O si al menos le hubiera dicho de mis sentimientos, tal vez esto no hubiera pasado y no estaría en ésta situación justo ahora… — agregó con la respiración agitada.
Se sentaron en una banca cercana sacando sus botellas de agua y dándoles un buen trago.
— Sigo pensando que estás loco. ¿Has pensado en qué pasará si Ron se entera? — le preguntó secándose el sudor de la frente, apartándose el cabello húmedo de los ojos.
— Si, y no me importa, — se mostró indiferente el rubio — soy amigo de Lu desde años. ¿No dicen que se tiene derecho de antigüedad? — sonrió con gracia.
Will se rio, meneando la cabeza.
— Olvidas que él la conoce desde Hogwarts — señaló el pelinegro.
— Y tú olvidas que yo también… — expuso a su vez, testarudamente — Además, conviví mucho más tiempo con ella. Recuerda que estábamos en la misma casa… — le dio otro trago a su botella. Se secó el sudor que corría por su cuello.
— Bueno, eso si — concedió el pelinegro volviendo a darle un trago al agua.
— Además, yo fui quien estuvo ahí para ella cuando me necesitó. No él. Él sólo fue quien hizo que necesitara de alguien; fue quien la hizo sufrir… — replicó con amargura — En serio que no entiendo cómo pueden perdonarlos.
Aquel comentario claramente englobaba a Hermione. Mas aun así no fue culpa de Terry el que Will se sintiera incómodo al escucharlo. Ya habían pasado varios días desde la ruptura de éste con Hermione, pero aún le dolía no haber podido ganarse el corazón de la ojimiel por más que intentó.
—… en el colegio Ron siempre quiso hacerla de payaso y terminaba llevándose a Lu entre las patas — lo escuchó seguir mascullando.
— En el corazón no se manda — se limitó a decir Will con un dejo de pesar en la voz.
— Supongo que no… — acordó Terry unos momentos después — En fin; en lo que a mí respecta, aún tengo mucha batalla que dar — se puso de pie.
— Terry, pero ¿y si…? — lo miró intranquilo. No quería que su amigo sufriera lo mismo que él.
— Will, no tengo nada que perder. En cambio, si mucho que ganar — le sonrió tranquilamente.
El ojiazul dejó salir una corta sonrisa y se puso de pie también.
— Demos una última vuelta. No querrás gastar más tiempo aquí cuando puedes estar acompañando a Lu, ¿verdad? — y emprendieron la marcha con la fresca brisa primaveral agitándoles ligeramente el cabello y la ropa deportiva.
Fin Flash Back
William había tenido razón en una cosa: Terry no quería gastar más tiempo si podía estar junto a Luna.
Luna no pudo evitar maldecir su suerte ésa semana, parecía que Harry si se había molestado con su mejor amigo por la interrupción con Hermione el día de la boda de Ginny y Neville, y lo había mandado por eso a una misión a Escocía durante una semana completa. Había salido desde el martes, eso significaban siete largos días que no lo vería hasta el próximo martes. Y apenas era viernes. Dios, ¡como se había acostumbrado a su presencia!
Estaba tan aburrida sin él. Se sentía tan sola. Y ahora con la ausencia de Ginny y el repentino ermitaño de Hermione ni como armar planes de salir con alguna. La pelirroja se había marchado junto a su esposo Neville a su luna de miel aprovechando las vacaciones de semana santa. Y la castaña había regresado al trabajo un día antes de la partida de Ron.
Eso sólo se traducía en una frase para Luna: "Cero diversiones".
Suspiró con aburrimiento. Hasta las comunes peleas con el Departamento del Uso indebido de la magia, donde sacaba a Susan de sus casillas, le resultaban ahora tediosas e innecesarias.
Estaba a la deriva. En la oficina no había trabajo que hacer, parecía como si de repente todo el mundo acatara las leyes y ninguna criatura mágica se metiera en aprietos.
¿Qué haría para poder distraerse, para hacer más ligera la larga espera?
Merlín, y de sólo recordar que ya estaba iniciando el fin de semana, se deprimía al imaginarse completamente sola en su departamento durante ésos dos días.
Además, ni modo que fuera con Harry y organizaran una ida al cine o a cenar. No señor. En primer lugar, era por el pelinegro que Ron no estuviera con ella; y eso sin contar que aún estaba impaciente por verlo al fin junto a Hermione.
Merlín, ¿cuánto tendría que pasar para verlos por fin juntos?, se preguntó con tono hastiado.
Meneó la cabeza. De nuevo estaba divagando. Eso era lo que le pasaba ahora que sus amigos la abandonaban y su novio no estaba.
¿A quién podía llamar?, ¿una ex compañera de la escuela?, ¿de su misma casa?; Si, claro. Ya se imaginaba hablándole a la insufrible de Cho Chang y su amiga Marietta diciendo algo como: "Hey Cho, habla Luna, no sé si te acuerdes de mí, pero… Sí, la rarita de los snorkack. Bueno, me preguntaba si quieres salir, es que mis amigas están ocupadas y… Sí, aun hablo con Harry… Claro, yo le doy tu recado… No puedes, de acuerdo. Adiós."
— Muy bien Luna, divagando de nuevo… — masculló, masajeándose las sienes con cansancio — Ahora sí que les doy la razón a todos. Ya estoy lunática — ironizó.
— Tú nunca has sido lunática, — contradijo una voz desde la puerta haciéndola pegar un respingo del susto. Regresó a ver al intruso y su rostro se iluminó al instante — tal vez algo curiosa, pero nunca lunática — completó Terry sonriendo afable.
— ¡Terry! — exclamó emocionada abalanzándose sobre él. El rubio sonrió radiante, estrechándola entre sus brazos.
— ¿Cómo has estado, Lu? — la saludó.
— Extrañándote, tonto. ¿Por qué no me habías llamado? — le reprochó con una sonrisa, soltándolo y acomodándose un rebelde mechón de cabello tras la oreja. Terry sonrió encogiéndose de hombros.
— Trabajo — se limitó a decir.
Luna chasqueó la lengua.
— Si jamás te paras en tu oficina — observó con gracia. El rubio sonrió sin una pizca de vergüenza.
— Ya sabes que odio el papeleo. Además, Will siempre me cubre ¿qué no? — le restó importancia.
— Al paso que vas, William empezará a recibir tus galeones. Que bien merecidos se los tiene — le acusó.
— ¡Oye! — fingió indignación.
Luna se rio con gracia.
— A todo esto. ¿Por qué decías que estabas loca? — le preguntó arrugando ligeramente el entrecejo.
— Ah, eso… — hizo un gesto restándole importancia, sentándose en una de las sillas frente a su escritorio. Terry se sentó en la otra, volteándola para obsérvala de frente — Es que estaba aburrida y no tenía con quien salir y empecé a divagar…
— ¿Con quién o qué? — la miró interesado.
— Con Cho, ¿puedes creerlo? — torció la boca. Terry se rio.
— ¿Cho?, pero que recuerde ustedes nunca se hablaron… — señaló — Además, desde quinto que no puedes ver a su mejor amiga, Marietta "La Granola" — mencionó el apodo que empezaron a decirle secretamente los chicos a Marietta Edgecombe luego de haberlos traicionado con Umbridge. Luna sonrió brevemente al escuchar el apelativo de la ex Ravenclaw.
— Lo sé, pero ya ves. Hasta pensé en invitarla a salir. Fue ¡ho-rri-ble! — se estremeció.
— Haberme hablado antes y te hubiera ahorrado ésa… desafortunada alucinación — comentó su amigo.
— Se me pasó por completo — reconoció algo avergonzada.
Terry suspiró, sonriendo tenuemente. Se sentía tan bien estar a su lado.
— También te eché de menos Lu — declaró ligeramente nostálgico. Luna no dijo nada, sólo le sonrió.
— Y dime, ¿a qué has venido? — le preguntó.
Terry únicamente le sonrió.
— Cuándo me invitaste a almorzar, pensé en, bueno, ya sabes, comida — le decía Luna a Terry media hora después.
— ¿Qué?, ¡esto es comida! — señaló el rubio al enorme tazón de helado que tenía enfrente. Bolas de nieve sabor vainilla, chocolate, fresa, nuez, frambuesa, mora, y demás; además de chispas de chocolate y nuez picada, galleta, mermelada, chocolate fundido decorándolo, formaban una torre casi imposible de concebir. El infarto diabético sin duda.
Terry sonrió travieso tomando otra buena cucharada de la golosina relamiéndose los labios con gusto. Luna le sonrió burlona.
— Te diría, comételo rápido que se te va enfriar, pero en vista de que es helado: comételo rápido que se va hacer sopa — le recomendó el rubio riendo.
— Hacia años que no comía uno de éstos — le confesó Luna tomando un trozo de galleta con helado encima.
— De lo que te pierdes Lu. Yo me como uno de éstos cada semana… Bueno, excepto cuando es tu cumpleaños, hay si serían dos: uno ése día y otro después — repuso.
— Ay, mi cumpleaños, ni me lo recuerdes. La última vez tuve que pasar un día completo en mi casa, creí que mi cerebro se había congelado — torció la boca. Terry se rio.
— Tú la cabeza, y Will y Hermione el estómago. No aguantan nada — se burló.
— Mira quien lo dice. Porque que yo recuerde tú no aguantas la comida mexicana. ¿O ya olvidaste el último cumpleaños de Will? — le acusó intencionalmente.
— ¡Agh!, ni me hagas recordarlo. Sólo puedo describir ése día como: "ardiente". En mi vida una comida me había picado como aquella. Sentía que me quemaba por dentro… — se comió otra cucharada de helado — Ése día ustedes si se merecieron mis ovaciones de pie. Yo muy apenas pude con ésas… ¿qué eran? — se mordió el labio con gesto pensativo.
— Enchiladas. Y fue tu culpa, las pediste con jalapeño — se rio de sólo recordarlo.
— Poco me faltó para llegar a San Mungo. Lo bueno es que me diste aquella poción y listo. ¡Fresco como lechuga!
— ¿Qué sería de ti sin mí? — le preguntó Luna con cierta petulancia.
— Mi vida estaría al revés — le tomó la mano encima de la mesa.
Flash Back
— Pero… ¿te irás?… ¿Por qué? — la voz apagada y el rostro desconcertado de Terry ocasionaron que inevitablemente los ojos de Luna se empañaran por las lágrimas que tanto tiempo retuvo.
— Es una gran oportunidad Terry. Iría a estudiar al extranjero. No todos tienen ésa oportunidad — trató de explicarle.
— Pero… es que no entiendo Luna. En Berlín no hay nada ni nadie que te espere. Tú única familia está aquí. Yo estoy aquí… — tomó su mano instintivamente.
Luna se mordió el labio inferior, desviando la mirada.
— Quédate. Quédate conmigo — la súplica se hizo ver en sus palabras y en sus ojos.
— Yo… — lo regresó a ver sorprendida.
— Puedes estudiar la Universidad mágica conmigo. Sí, yo te llevaría un año, pero igualmente estaríamos juntos. Si es por Hermione que haces esto, entonces yo te ayudo a convencerla de regresar. Puedo… puedo intentar… — sus palabras desesperadas perdieron fuerza al ver la determinación brillando en los ojos azules de su amiga — No puedo hacer nada, ¿verdad? — su mano cayó sin fuerza al verla negar.
— Todo está listo. Al finalizar Hogwarts me iré.
Aquella trémula noticia paralizó el pobre corazón del Ravenclaw, dejándolo sin aliento. Las palabras se quedaron atoradas en su garganta, sin sentido alguno.
De pronto Hogsmeade le pareció un lugar lúgubre, frío. Pensar que ésa sería la última vez que la viera le estrujaba el corazón. Qué ironía el recordar su alegría al despertar ésa mañana, pensando en que pasaría todo el día con Luna, después de meses sin verse.
Ahora todo se estaba transformando en una amarga despedida.
— Me podrás escribir… — añadió Luna tratando de sonreírle, consiguiendo únicamente una lastimera mueca. Terry bajó la mirada — Sólo si tú quieres, claro — agregó malinterpretando su gesto.
El rubio sonrió irónicamente. Escribir. Era lo que llevaba haciendo durante un año. Escribir y escribir cartas contándole de lo maravilloso que le iba fuera de Hogwarts con su carrera en la Universidad y las vacantes que estaban abiertas para ellos en el Ministerio apenas la terminaran.
Él ya no quería escribir más. Pensó que, a partir del siguiente año, Luna se uniría a él, pasarían más tiempo juntos, podrían… ¡Que iluso fue!… Ella ya había tomado la decisión de irse a Alemania.
Pero ¿por qué tan lejos?, ¿por qué a un lugar que jamás en la vida habían visitado siquiera?, ¿por qué…?
La regresó a ver.
— ¿Por qué haces esto? — le cuestionó de pronto.
Luna pasó saliva.
— Ya lo sabes. Es una gran oportunidad — el gesto nervioso de arreglarse el cabello la delató sin piedad.
— ¿Qué me ocultas? — arrugó el entrecejo, mirándola suspicaz.
— Pero ¿qué dices?, por supuesto que no oculto nada — trató de parecer segura. Su mirada acorralada.
— Luna… — insistió.
La rubia desvió la mirada. Algún día lo sabría, ¿no?, pensó con resignación.
— Yo… — empezó. Tomó aire, armándose de valor — Estoy enamorada de Ronald Weasley… — aquella confesión trajo consigo una rebelde lágrima que viajó a lo largo de su mejilla — Y sé que haga lo que haga, y pase lo que pase, él jamás… jamás… podrá quererme de la misma forma en que lo hago yo. Y ya no puedo Terry… — lo miró con dolor. Otra lágrima salió de sus ojos — He intentado tantas veces sacármelo del corazón, repitiéndome que él no merece que espere por él, recordándome las veces que se ha burlado de mi sin misericordia… Diciéndome que jamás me mirará como a las demás chicas… Que nunca me tomará de la mano frente a los demás… Que es imposible que él venga un día y me bese y… — sus palabras fueron acalladas cuando los labios de Terry sellaron los suyos en el que sería el primer beso de su vida. Cerró los ojos de forma nerviosa, intentando olvidar, aunque sea por unos segundos la tristeza que la corroía por dentro. Sólo concentrándose en los brazos del rubio rodeándola de forma protectora. Y el palpitar de su frenético corazón. Obviando el hecho de que amaba a otro.
Pocos segundos después de separaron. Abriendo los ojos al mismo tiempo. Las mejillas de ambos tenían una fina capa carmesí.
— Si él no es capaz de ver lo que tiene enfrente, es un ciego y un imbécil. Pero yo no lo soy Lu. Yo puedo ser ése que te haga feliz. Puedo ser ése que jamás te haga llorar. Que tome tu mano todo el tiempo. Que te mire como si no hubiera otra persona más en el mundo. Sólo… sólo quédate conmigo — acarició su mejilla. Su respiración agitada. Expectante de su respuesta.
— Tú no me amas Terry. Y yo no te amo más que como amigo. Hacer esto ahora. Cómo un consuelo… — le indicó con una mirada que la dejara continuar al ver su intento de replicar — No es algo que quiera arriesgar. Tu amistad es una de las cosas más valiosas que tengo en mi vida.
Terry bajó la mirada, alejándose un paso de ella. Ella tenía razón. ¿Qué más le quedaba por hacer?… Suspiró con consternación.
— Te escribiré — los brazos de Luna lo envolvieron de forma famélica, cual si fuera el último abrazo que tuvieran. Terry la abrazó estrechamente, no queriendo dejarla ir. Un par de lágrimas bajaron por sus varoniles mejillas perdiéndose en la cabellera rubia de su amiga, la cual temblaba débilmente por sus sollozos ahogados.
— Jamás dejaré de ser tu amiga Terry. ¡Lo prometo!
Fin Flash Back
Luna le sonrió, ahogando la nostalgia que acudió a su corazón al recordar el día en que le comunicó a Terry que se iría. Aquel día él había estado dispuesto a iniciar una relación con ella sin importar nada. Incluso la había besado por primera vez en su vida. Pero, aun así, ella no pudo sentir otra cosa que no fuera cariño.
Amaba a Ronald en aquel entonces. Y lo seguía amando ahora.
Se deshizo de su agarre con sutileza fingiendo tomar una servilleta para limpiarse la boca.
— Sabes que, ¿por qué no vamos hoy a ése restaurante?, en la noche. ¿Qué te parece?… — le propuso de pronto Terry — Podríamos recordar los viejos tiempos — le sonrió con complicidad.
Flash Back
— Aun no puedo creer que estés aquí — decía Terry mientras caminaban por las calles londinenses. Ése noche habían salido solos. Hermione no había querido acompañarlos pues estaba muy ocupada con el movimiento de la P.E.D.D.O.
— Pues créelo, porque no me volveré a ir — le sonrió, colgándose de su brazo. El rubio sintió su estómago sacudirse de nervios ante su cercanía.
— Tengo todas tus cartas ¿sabes? — comentó de improvisto.
— ¿En serio? — lo miró sorprendida.
— Aja. Me entretenía mucho leyéndolas cuando las enviabas. Incluso días después aun las leía. Era, no lo sé, me hacía sentir bien saber de ti — la miró de reojo.
Luna le sonrió.
— Unas eran de cosas de la Universidad. De tus compañeros. De tus profesores que no te entendían. Otras de los lugares que habías conocido junto a Hermione. Algunas sobre tus sentimientos… — dejó salir una corta risa al recordar una — Y una sola carta acerca de un tipo de la Facultad que intentó besarte sin más un día saliendo de clase… — se empezó a reír. Las mejillas de Luna se sonrojaron — Pobre tipo. ¡La que le ha de haber dolido el rodillazo que le diste! — se carcajeó.
— Él se lo merecía, — trató de defenderse Luna — ¡pues vaya con él!, ¿a quién se le ocurre besar a otra persona así sin más, sin que ésta se lo espere?… — se mostró indignada. La risa de Terry se cortó al instante y en su lugar apareció una mirada significativa, una sonrisa bailando en sus labios — Oh — apenas musitó Luna.
— Me pregunto qué hubiera pasado si hubieras dicho que sí aquel día.
— No era nuestro tiempo Terry — replicó Luna, tratando de dejar el tema por la paz.
— ¿Y ahora? — se detuvo de pronto.
Luna se quedó sin palabras, las luces parpadeantes de los escaparates de las tiendas iluminaban por momentos sus rostros, haciendo brillar sus ojos en aquella nublada noche. Casi pegó un brinco para atrás cuando la mano de Terry acomodó un mechón de cabello tras su oreja, dejando la mano en su mejilla.
— No lo quiero arruinar tampoco. Apenas te recuperé. No dejaré que te alejes de nuevo — y bajó su mano, entrelazándola con la de ella para guiarla al viejo establecimiento de comida mexicana frente a la calle.
Algo parecido a la decepción fue lo que cruzó por la cabeza de Luna.
Fin Flash Back
— ¿Qué? — se le quedó viendo desorientada.
— Anda. Además, ya no cometo ése error. Ahora ordenaré tacos — le aseguró Terry.
— Hoy… — meditó Luna, insegura.
— ¿No puedes? — arrugó el entrecejo.
— No, es decir, si, pero… — balbuceó — No lo sé Terry. Tengo novio. No creo que sea buena idea… — titubeó.
— Oh, vamos… — la miró como quien dice "¿Y eso que importa?". Gesto que a Luna le sacó una sonrisa — Además, es no-vio, no esposo — remarcó con un tono conspirador.
Luna entrecerró los ojos, meditándolo unos segundos.
— ¡Oh, vamos Lu!, — insistió — hace mucho tiempo que no salimos. Me lo debes, y lo sabes — le sonrió condescendiente.
Flash Back
Las luces centelleantes de múltiples colores, la bruma artificial y la música que casi te reventaba los oídos era lo que más se apreciaba en la pista de baile de aquel pub que habían ido a conocer aquella noche de sábado. En la pista, William intentaba inútilmente que Hermione siguiera su extraño paso, arrancándole sonrisas a su pareja de baile. Mientras en la mesa que habían reservado, Luna y Terry se tomaban un rápido trago para volver "al ataque" junto a sus amigos.
— ¡Estoy exhausta! — le dijo Luna a Terry elevando la voz para que la escuchara por encima de la música.
— ¡¿Quieres sentarte un rato?! — le sugirió en la misma modulación.
— ¡No, sólo digo que estoy exhausta!, ¡pero me estoy divirtiendo como no tienes idea!… — sonrió alegre — ¡Además, al paso que va Will, probablemente termine pisando o tirando a Hermione! — señaló hacia la pista, en donde el mencionado daba una vuelta sobre sí mismo con tal brusquedad que empujó sin querer a una pareja que bailaba cerca de ellos. Terry se rio de su amigo.
— ¡¿Vamos entonces?! — estiró el brazo, indicándole que avanzara primero.
Luna empezó a bajar los tres escalones que dividían la pista de la zona de mesas y sintió como Terry la sujetaba por detrás tomándola de la cintura al avanzar entre la pista de baile. Giró el rostro para decirle algo. Tiempo necesario para tropezar con un tipo que bailaba casi en el suelo, y no se fue de bruces porque Terry la alcanzó a halar hacia él, dejando sus rostros sin querer a un palmo de distancia.
Fue como si de pronto todas las luces se hubieran puesto sobre ellos. Todo el mundo desapareció. La música seguía retumbando en sus oídos sin saber que decía exactamente la melodía. E inevitablemente Terry se encontró descendiendo su rostro hacia los labios de Luna. Haciendo añicos aquella fuerte muralla que se había construido entre los dos y se llamaba Amistad.
— ¡Cielos Luna, casi me dejas sin nariz! — el reproche de Will los trajo de golpe a la realidad. Evitando sin darse cuenta la consumación de la proeza del rubio. Separándose de Terry con las mejillas sonrojadas, Luna se giró para descubrir a su pelinegro amigo sobándose una mejilla mientras ella era observaba suspicazmente por Hermione. No le pudo sostener la mirada por más tiempo… ni ella misma sabía que había pasado.
¿Así de moldeable se había convertido su relación con Terry en un segundo?, se preguntó.
Fin Flash Back
— Está bien… — concedió de forma insegura al cabo de un momento. Terry la miró radiante — pero que si se llega a enterar Ronald y se me arma un drama por tu culpa… — empezó a advertirle.
— Si, si, asumiré toda la responsabilidad con la cabeza hueca de tu novio — rodó los ojos con fastidio.
— Terry… — le entrecerró los ojos. El rubio la miró con inocencia.
— Al mal paso darle prisa ¿no?; antes de que regrese. Vamos — le sonrió juguetón.
— ¿Te estás llamando mal paso? — bromeó.
— Pues yo no veo que te des prisa, así que no — señaló fingiendo un bostezo.
Luna meneó la cabeza, sonriendo.
— De acuerdo — accedió.
Al martes siguiente Luna ni recordaba que Ron volvería ése día, se había olvidado por completo del asunto gracias a Terry. No sólo salieron el viernes cuando él la fue a buscar a su oficina. El sábado por la mañana recibió una llamada invitándola a ir de compras por el centro tal y cual acostumbraban hacerlo; claro que no iban a tiendas o centros comerciales conocidos; se iban al mercado que había cerca del London Eye. Se divirtieron tanto ése día, probándose estrafalarias vestimentas y ridículos anteojos y accesorios; hasta que salieron con al menos tres bolsas cada uno. Todo el día estuvieron juntos.
El domingo cuando estuvo a punto de sentarse en su sala a ver alguna película en el televisor o llamar a Hermione y tratar de que salieran; Terry llegó a su casa con dos bolsas con comida chatarra y un buen número de películas bajo el brazo junto a una botella de vino. Nuevamente pasaron el día juntos.
Y el lunes, cuando llegó a su oficina luego de un maravilloso fin de semana en el que lo único que pensaba era lo genial que se la pasaba con Terry y cuanto lo había echado de menos; no tuvo que pensar en cuanto lo extrañaría hasta la siguiente vez que se verían, pues cuando atravesó su puerta lo vio feliz de la vida admirando su colección de libros con gesto interesado. La acompañó todo el día y al final de la jornada se fueron a tomar un par de tragos a un bar muggle cerca del Ministerio.
Por eso fue que no pensó por ningún momento en su pelirrojo novio. Hasta que cerca del mediodía, éste entró colérico a su oficina abriendo la puerta de un sonoro portazo.
— Ronald… ¡volviste! — aquella exclamación sonó tan extraña para sus oídos como para los de su novio. Fue una mezcla de alegría por verlo a salvo, decepción por no esperarlo a él en la puerta, y confusión por sentir todo aquello.
— ¿Te divertiste con Boot en mi ausencia? — aquella punzante pregunta la desestabilizó.
Flash Back
— ¡Ron, compañero!, ¿cómo te fue? — lo saludó Harry por la mañana, cerca de las 10, dándole un fuerte abrazo. Al parecer ésa semana le había ayudado para olvidar el disgusto por lo acontecido en la boda de Ginny.
— Bien, supongo; no hubo mucho que hacer — se encogió de hombros quitándose la túnica y arrojándola sobre su silla.
— Eso es bueno — comentó Harry.
— Aburrido querrás decir… — corrigió pasándose una mano por su aun húmedo cabello. Había pasado a su casa para darse un merecido regaderazo en su baño y aprovechó para comer algo que no fuera comida rápida como llevaba haciendo ésa semana fuera — ¿Qué tal todo por aquí? — le preguntó, entregándole un buen número de pergaminos.
— Normal — se limitó a decir regresando a su escritorio y desenrollando los pergaminos.
— Normal quiere decir entonces que no me perdí ningún avance con Hermione ¿no? — comentó como quien no quiere la cosa.
Harry meneó la cabeza con una mueca como sonrisa. Su amigo suspiró.
— ¿Y Luna?, ¿la has visto?… — le preguntó con mucho interés — aún no he ido a su oficina. Quiero darle una sorpresa al mediodía, invitándola a almorzar… — empezó a decir. Harry frunció la boca con incomodidad — ¿Y bien?, ¿la viste? — lo regresó a ver.
— Luna… emh, claro. Un par de veces — titubeó.
— ¿Qué pasó? — se intrigó.
— Nada — contestó en el acto desviando la mirada.
— ¿Le pasó algo a Luna?, ¡ella está bien ¿verdad?! — se alarmó ante el semblante esquivo de su amigo.
— No, no, ella está bien. No le pasó nada — lo tranquilizó de inmediato, regresando a verlo.
— ¿Entonces?… — arrugó el entrecejo — ¿Harry?… — insistió — ¿me ocultas algo? — se acercó a su amigo apoyándose en el escritorio.
— No te enojes ¿quieres?, y no armes un drama. Sé cómo eres, así que ni se te ocurra hacer una de las tuyas tal cual lo hacías con Ginny y Hermione ¿de acuerdo?, o de otro modo no te diré nada — le advirtió.
— ¿De qué estás hablando?; además, ¿qué tienen que ver Ginny y Hermione en esto? — se confundió.
— Tengo entendido que Luna salió con Terry ésta semana que no estuviste. Si bien no sé si fueron todos los días, me comentaron que la vieron con él el viernes en el Callejón Diagon — le contó.
El rostro de Ron se desfiguró de puro desagrado.
— ¿Estás seguro? — le preguntó con el ceño fruncido.
Harry asintió mirándolo con desconfianza.
— Pero Ron, no tienes por qué enojarte… — el pelirrojo resolló con sarcasmo, crispando los puños — Es decir, Terry ha sido su amigo por años y es natural que salga con él, ¿no te parece? — trató de hacerlo razonar.
— ¡¿Y a ti te parecería que Hermione saliera con William?! — inquirió con vehemencia, golpeando el escritorio con un puño.
— Eso es diferente — replicó, el estómago le dio un vuelco de sólo imaginarlo.
— Claro, diferente porque Hermione no es tu novia y en cambio Luna SI lo es mía. ¡Es la misma situación Harry! — masculló viendo con rabia hacia la puerta.
— Mira, es diferente, porque según tenemos entendido, Terry y ella sólo han sido amigos. Nada más —remarcó.
— Por supuesto. "Amigos" — satirizó enderezándose.
— Ron, Luna sería incapaz de…
— ¡Pero Boot sí!… — exclamó celoso — Ya verá el muy… — y salió a zancadas de la oficina.
Fin Flash Back
— ¿De qué hablas? — Luna lo miró extrañada.
— ¡Hablo de que me voy una semana y regreso encontrándome con la "agradable sorpresa" de que MI novia tuvo una cita romántica con el idiota de Terry Boot! — masticó el nombre.
Luna sintió algo pesado caer en su estómago.
— No fueron citas románticas — fue lo único que se le ocurrió decir.
— ¿Citas?, — la miró aún más enojado. Luna se dio patadas mentalmente — ¡así que fueron más de una!… Genial. ¡Simplemente genial! — satirizó.
— Bueno, si salimos, pero… — trató de remediar.
— ¡Entonces lo aceptas! — se exaltó mirándola indignado.
— Ronald, el que salga con Terry no tiene nada de malo. Es como si lo hiciera con Hermione, Ginny, William o Harry mismo — replicó con tranquilidad.
— No, ¡no es igual! — contradijo empezando a caminar de un lado para otro cual león enjaulado.
— ¿Y por qué no lo es, según tú eh? — inquirió la rubia cruzándose de brazos. Retándolo a contestar algo racional.
— ¡Porque Hermione y Ginny son chicas!… — replicó con obviedad — ¡Además Harry es mi mejor amigo, sería incapaz de…! — calló apretando los puños.
— ¿De qué?, — le entrecerró los ojos con advertencia — ¿qué estás pensando Ronald Weasley? — inquirió con las manos en la cintura.
Las orejas de Ron se sonrojaron de coraje y celos; mas Luna lo adjudicó a vergüenza.
— ¡De propasarse contigo, de eso! — le espetó.
Luna hizo un descomunal esfuerzo por no rodar los ojos. Se le quedó viendo tratando de mantener la calma.
— Eso es una reverenda tontería — le respondió.
Ron si rodó los ojos con exasperación.
— No confió de Boot, Luna. Así que si alguien viene y me dice que saliste con él, no es mi culpa pensar mal — rumió entre dientes.
— Ah, pero es que entonces no confías en mí tampoco. ¿Es eso? — lo miró con indignación.
— ¡No!, por supuesto que en ti sí confió… — apretó los puños con frustración — Pero en él no. Podría pasarse de listo y yo ni enterado. Además, es muy inteligente el estúpido. A ver, ¿por qué no te invitó a salir mientras yo estaba aquí?; No, si el muy idiota tuvo que esperar a que estuviera fuera. Ah, pero ya me las cobraré también con Harry por mandarme lejos. Gracias a él pasó todo esto. ¡Si no me hubiera enviado a Escocia, yo no…! — empezó a mascullar para sí.
— ¡Ronald, lo que dices no tiene ningún sentido! — lo miró exasperada.
— Ah, ¿sin sentido eh?… — la miró sulfurado — como se nota que no te has dado cuenta de sus verdaderas intenciones — le espetó con burla.
La rubia se pasó una mano por el cabello. Ya se estaba hartando de ésta actitud infantil de su novio.
— ¡Luna, se necesita ser estúpido para no darse cuenta que está enamorado de ti!… — exclamó celoso. Luna se limitó a suspirar con cansancio — No quiero que lo vuelvas a ver — ordenó sin más.
— ¡¿Qué?! — respingó Luna mirándolo estupefacta.
— No quiero…
— ¡Te escuché perfectamente!… — lo cortó con irritación — ¿A qué viene ésta estupidez?, ¡él es mi mejor amigo, Ronald!, ¡no puedes prohibirme ver a mi mejor amigo! — zanjó con la respiración agitada, tratando de controlar el coraje.
Un coraje que tenía enceguecido al pelirrojo.
— ¡Pues es él o soy yo! — vociferó con dureza.
Un silencio de sepultura le siguió a aquella exclamación. Luna aguardó un par de minutos esperando que se retractara, pero eso no pasó. Su propio carácter salió a flote en un santiamén llenándola de indignación. ¿Qué se creía que era?, ¿su padre?; Ella ya era lo suficientemente grande e independiente para tomar sus propias decisiones. No necesitaba de un… tonto como él para que le dijera, no, mejor dicho, ¡le ordenara!, lo que debía hacer.
¡Eso era el colmo!
Todo aquello lo pensó en una milésima de segundo.
— Más vale que te retractes de eso ahora mismo, Ronald Weasley, porque créeme que las tienes de perder… — su mirada y su voz se tornaron gélidas — Terry ha sido mi amigo por años y tú eres mi novio de semanas. Además, una persona que en verdad te quiere y valora, jamás, óyelo bien y métetelo en ésa cabeza hueca tuya, ¡jamás!, te obligaría a elegir. ¡Y Terry nunca lo ha hecho! — subrayó.
Ron frunció la boca y desvió la mirada. Aquel comportamiento infantil que tanto fastidiaba a sus amigos y familia salió a la luz en ésos momentos haciéndolo actuar de una manera impulsiva y tonta.
— Estoy esperando — se cruzó de brazos Luna, mirándolo con advertencia.
— Yo… — apretó la mandíbula — Lo siento — masculló con los dientes apretados. Sin sentirlo realmente.
Luna no le creyó, mas prefirió omitir aquel tonto comentario.
— Y sobre Terry… — Ron sintió la sangre acumularse en su cabeza, como odiaba que lo nombrara — seguiré saliendo con él, así que es mejor que te vayas acostumbrando porque eso no va a cambiar — le aconsejó.
— ¡Bien!… — espetó regresando a verla — pues que te aproveche — y le sacó la vuelta. Luna se sintió mal.
— Ronald… — lo llamó ligeramente arrepentida.
— No me interesa lo que tengas que decirme, ¡me queda perfectamente claro que lo prefieres a él sobre mí! — y sin despedirse, salió sin mirar atrás.
Luna cerró la puerta de su oficina con un cortante portazo cuando los curiosos empezaron a mostrarse en el pasillo, queriendo averiguar qué había pasado. Se pasó la mano por las sienes ahogando el nudo que se formó en su garganta, e hizo acopio de toda su entereza para mantenerse firme en su decisión.
No le quedaba de otra que esperar a que se le pasara el berrinche a su novio. Tarde o temprano tendría que entender que él no tenía voz ni voto para obligarla a hacer las cosas sólo por sus estúpidas inseguridades.
Terry era su mejor amigo. Ronald su novio y amor de la vida.
Sólo esperaba que éste lo tuviera bien claro, pensó acongojada, dejándose caer en su silla.
