Decleimer: Adaptación de la novela Sombra y Estrella (The Shadow and the star). Todos los personajes de Inuyasha pertenecen a Rumiko Takahashi

—Oh Rin! Yo sé que ya lo he dicho, pero me alegro mucho de verte casada con alguien que te quiere tanto y que va a cuidar de ti.

Antes de que Rin pudiese darle las gracias, la sacerdotisa Kagome se extendió en un relato del ensueño romántico que al parecer creía que era el matrimonio de Rin, aprovecho para comparar a Inuyasha con su hermano reclamándole por su falta de romanticismo en el momento de su unión. Toda una lista de las faltas de Inuyasha amenizó el camino desde el salón hasta las puertas del palacio donde Rin se despediría de sus amigos.

—Me temo que el matrimonio es algo muy complicado. Pero no te asustes pequeña, mi cuñado sabrá cuidar de ti, estoy segura- dudo un poco antes de continuar—Bueno, no quiero que te preocupes sin razón, así que quiero decirte lo que en realidad pienso del matrimonio. Creo que si los casados, tanto el hombre como la mujer, piensan siempre en el otro en los momentos difíciles, y acuden siempre al otro en busca de felicidad en tiempos mejores, entonces todo les irá muy bien —explicó con una sonrisa y cierto brillo en los ojos—. Eso es lo que deseo para ti, Rin.

De regreso en el salón principal Rin estaba sentada en compañía de Irasue que no daba señales de haber notado su presencia. No se la notaba hostil, pero se sentía rechazada de alguna forma por la misma Irasue que solo unos días antes la creía la criatura más divertida de todo el mundo.

—Rin…- la llamo la demonio sobresaltándola- ¿sabías que ahora eres mi prima? Tengo que hablar contigo aprovechando que estamos a solas.

El tono de emoción contenida de su voz hizo que Rin la mirara con cierto recelo.

—Por supuesto —murmuró.

—Supongo que habrás pensado que no he estado muy… bueno, muy amigable contigo estas últimas semanas.

Rin agachó la cabeza y se contempló los dedos. Se sentía culpable pues ella le había robado a su casi prometido

—No me había dado cuenta.

—Claro, porque has estado muy ocupada.

—Sí, ha pasado todo muy deprisa.

—Rin, me cuesta mucho decir esto pero…, verás, cuando Sesshomaru y tú os prometisteis, pensé que el quería robarte.

Rin guardó silencio, mortificada.

—Creo que lo que me pasaba era que estaba celosa —confesó lady Inojuye con toda naturalidad—. No quería quedarme sin nadie con quien divertirme si te ibas con Sesshomaru.

Rin levantó la cabeza.

—¿es eso?

—El Lord Haye de los demonios del norte me ha pedido en matrimonio, y he aceptado. El me aseguro que nunca me faltara una humana divertida. Así que…

— ¿Os habéis prometido? —preguntó Rin quedándose casi sin aliento y pensando rápidamente en Sesshomaru.

—Sí. Lo voy a anunciar esta noche. Irasue me dijo que esperara hasta que os casarais.

—¡Vaya!

—Espero que no te importe, Rin. Quiero decir ya no tendré lugar para ti.

—¡No! ¡Claro que no! Me parece estupendo por lo que a mí respecta. Espero que seáis muy felices.

—¿Y crees que Sesshomaru intentara llevarse todos mis humanos? —Preguntó lady Irasue juntando de nuevo las manos—. Últimamente tú lo conoces mejor que yo, claro.

Rin se sentía incapaz de mirarla a la cara.

—Creo que últimamente no conozco muy bien a nadie. Ni a mí misma.

—Lo entiendo —dijo lady Irasue—. Entiendo muy bien lo que quieres decir.

Pero Rin pronto descubrió que lo conocía bastante bien. En cuanto lo vio de pie junto al fuego, tras entrar lady Inojuye y ella en el salón, supo que ya se lo habían dicho.

Dio la enhorabuena por el compromiso con la misma compostura que había mantenido a lo largo de toda la boda. Lady Inojuye de inmediato lo abordó con el asunto de sus humanos.

—¿Y qué pasa con lo de Rin? —dijo lady Inojuye, que no estaba dispuesta confiar tan fácilmente en que Sesshomaru no intentaría casarse con sus otras humanas.

El no contestó. Permaneció inmóvil con las manos a la espalda, mientras Rin se extrañaba de que lady Inojuye no reconociera la expresión de su cara.

—¡Sois muy desagradables, los dos! —exclamó esta—. Esperaba que rieras, y que me llevaras de un lado a otro de la habitación embargado por la felicidad y, sin embargo, actúas como si te hubieran cortado un brazo. Por favor, ¿no vas a sonreír, por lo menos?

Él inclinó ligeramente la cabeza a un lado. Luego, hizo una gran reverencia, de la que se incorporó sonriendo.

—Por supuesto, señora. Sus deseos son…

Lady Inojuye dio una palmada mientras emitía un gritito de alegría. Fue corriendo hasta él y lo abrazó muy fuerte.

—¡Así me gusta! Ese es mi Sesshomaru. Sabía que no estabas enfadado de verdad. ¿Te mantendrás alejado de mis humanos?

—Sí.

Lady Inojuye le dio un sonoro beso en la mejilla.

—Bien. Voy a buscar a lord Haye. Seguro que se pone muy contento.

La habitación pareció quedar en un profundo silencio cuando se marchó. Solo se oía el chisporroteo del fuego. Rin no levantó la cabeza cuando él fue hasta la ventana que había a espaldas de ella.

Lo siento, quería decirle Rin, lo siento mucho, por más que estaba convencida de que habría sido lo más horrible del mundo si Sesshomaru hubiera llegado a pedirle a lady Inojuye que se casara con él.

—Nos marchamos mañana —anunció él—. Tengo importantes asuntos que atender en mis territorios.

El tono burlón de su voz estaba en consonancia con la reverencia que había hecho a lady Inojuye.

Las tierras del oeste. Un lugar a una distancia inimaginable, totalmente aislado, inaccesible para los humanos. Muy lejos de su aldea y sus amigos. Rin respiró profundamente.

—Estaré encantada de acompañarte a donde quieras ir, mi querido señor.

Notó que se acercaba a ella por detrás. Sesshomaru le acarició la nuca y con el dedo dibujó una línea desde debajo de su oreja hasta el final del ángulo de la barbilla. Después apoyó la mano sobre su rostro, y el calor de su piel perturbó los pensamientos de Rin del mismo modo que la perturbaba el recuerdo de las cosas que le había hecho la noche anterior.

—Gracias —dijo él, antes de marcharse de la estancia.

No lo volvió a ver hasta la cena, en la que la conversación se centró en Inojuye, quien insistió en que, cualquiera que fuese la razón por la que Sesshomaru y Rin tenían que irse en esos momentos, debían regresar en 5 lunas para asistir a la ceremonia de su boda.

Pero ya tarde esa noche, después de los brindis por el compromiso, mucho después de que los hombres se hubieron retirado y las damas a la cama, él entró sigilosamente en su habitación. Tocó su cuerpo como lo había hecho la noche anterior, lleno de excitación y un febril deseo de posesión y, a continuación, la abrazó muy fuerte y se quedó dormido con la cara apoyada en su hombro.

Rin permaneció despierta largo tiempo, observando el reflejo del rescoldo del fuego en el dosel sobre sus cabezas, pensando en lo que había dicho Kagome del matrimonio, y esperando que así fuera.