Capítulo 28: RESTABLECIENDO LAZOS

Mientras tanto… en el departamento de Confederación Internacional de Magos, Sede Británica. William rememoraba la conversación que había tenido con Terry el pasado viernes en Hyde Park.

La seguridad y confianza que su amigo tenía, era sin duda envidiable. Ojalá él hubiera tenido su determinación años atrás, cuando recién descubrió la atracción que sentía por Hermione, cuando el cariño se transformó en algo mucho más simbólico.

Y, sin embargo, no fue así. Pensó con un dejo de auto recriminación.

Terry había desperdiciado valioso tiempo para conquistar a Luna, mas a pesar de eso él sí dejó ver sus intenciones, aunque sea un poco.

No como él. Sólo había desperdiciado valioso tiempo al no conquistar a Hermione; si al menos hubiera actuado antes… Pero no. Se conformó con ser el amigo. Nada más.

Esperaba que Terry corriera con mejor suerte que él. Ojalá y fuera así… o que al menos no se dañara en lo absoluto su relación con Luna. Porque si se refería a él y Jean; bueno… no había mucho que decir. Eran amigos, por supuesto. No obstante, las cosas obviamente no volvieron a ser las mismas. Ahora ella salía con Harry, y él… aguantándose.

Además, ésos días que no la había visto eran simplemente una agonía para él. La echaba de menos; tanto que le dolía; y no a la novia o compañera, sino a la amiga. A aquella sonrisa cálida que lo reconfortaba solamente por existir.

Y como si no tuviera suficiente trabajo para toda la semana, y demasiadas cosas en que pensar, la puerta se abrió en ése instante y casi una docena de Memorandos Ínter departamentales entraron volando para aterrizar con un golpe seco sobre su atestado escritorio.

— Genial — masculló Will por lo bajo, recargándose en el respaldo de la silla con gesto fastidiado.

Cinco minutos después y aun sin animarse a abrir un pergamino, se dio por vencido. Se incorporó, tomó su túnica y atravesó la sala para salir de ahí.

Después de todo eran amigos, no tenía nada de malo ir a visitarla, se dijo.


Bien, en primera instancia la intención de Hermione no había sido alejarse de todo el mundo durante ésos días, pero es que al fin tenía su mente despejada, sin preocupaciones…

Flash Back

Si bien el plan había sido despedirse de Ginny y Neville para poder irse a la casa de alguno de los dos y hablar tranquilamente; Harry y Hermione encontraron imposible irse de la fiesta.

En primera, por el gran alboroto que se armó luego de que Luna hubiera atrapado el ramo. Harry, quien pacientemente tuvo que explicarle a Ron que no era obligatorio que se casara con la rubia, lo tuvo que escuchar antes durante casi una hora hasta que se hubo calmado.

Después, el gran misterio de la liga. ¿Quién la había atrapado?, era un completo misterio… O al menos lo fue durante hora y media, hasta el momento en que Ron buscara en su bolsillo quien sabe qué cosa y se hubiera encontrado únicamente con la prenda. El chillido que pegó fue tal que los pobres invitados por poco sacaban su varita. Mas los gemelos, apostados en una esquina con su inseparable amigo Lee Jordan, sólo soltaron tremenda carcajada al escucharlo. Y el misterio de la liga fue resuelto. No así para el pobre Harry, quien tuvo que explicarle a Ron de nueva cuenta que no, él no debía casarse sólo por eso.

Luego de eso, cuando al fin parecía haber un momento de paz y tranquilidad, y todos degustaban la cena; Harry y Hermione empezaron a creer que finalmente podrían irse. Pero "Oh, sorpresa" … el pelinegro había olvidado el momento del brindis al igual que la castaña, y tuvieron que improvisar sus discursos, pues con todo lo anterior habían olvidado por completo que habían planeado decir.

Y si bien dicen que la tercera es la vencida, Harry y Hermione no desistieron… hasta la quinta. Cuando decidieron dejarlo por la paz.

Así que ahí estaban ahora, sin la estresante necesidad de querer correr de ahí y ocultarse de todo el mundo. Tan sólo disfrutando el uno con el otro sin importarles nada más. Sin hacerle caso a la decena de miradas curiosas que tenían encima. O escuchar los murmullos que crecían a su alrededor.

Con Harry hablándole al oído a Hermione, excusándose por la música fuerte y no poder escucharla bien. Aunque no es que eso le molestara de alguna forma a la castaña, quien parecía más bien satisfecha de sí misma.

— Estaba recordando la boda de Bill y Fleur, ¿recuerdas? — le preguntó al oído el pelinegro.

Hermione asintió con una sonrisa.

— Es increíble todo lo que ha pasado desde entonces. Es decir, Ginny y Neville apenas y se hablaron el uno al otro ése día, y ahora míralos… — les señaló a sus amigos.

Hermione los regresó a ver con cariño. Los mencionados ni se daban por aludidos, estaban perdidos el uno en el otro en la pista de baile.

— Y Ron era un inseguro tratando de encontrar la manera de invitar a Luna a bailar, y míralo ahora — comentó Hermione, viendo a su pelirrojo amigo extenderle la mano a Luna y señalando la pista con un gesto de cabeza mientras la rubia lo veía con extrañeza. Chasqueó la lengua con desaprobación.

— Bueno, en eso no ha cambiado mucho — se burló Harry.

— Tal vez… — concedió Hermione volviendo a sonreír al mirar a sus amigos dirigirse finalmente a la pista de baile y empezar a comenzar a balancearse sobre sus pies, ajenos al mundo — pero les doy algo de crédito a ambos. Superaron todos los obstáculos y ahora están juntos — añadió con un dejo de melancolía.

— Herm… — musitó sin aliento.

— A ver señor Jefe de Aurores, no se quiera acaparar a Hermione para usted solo. Deje que baile conmigo ésta canción — los interrumpió Fred, extendiéndole una mano a la castaña.

Harry apenas y pudo arrugar el entrecejo ligeramente desorientado.

— Además ya la tuviste mucho tiempo aquí sentada. Vamos Hermione, a mover el bote — le pidió cómicamente.

— En realidad nosotros estábamos… — intentó negar Hermione.

—… por ir a bailar. Así que si nos disculpas… — se adelantó Harry, poniéndose de pie y tendiéndole una mano a Hermione. Ésta lo miró ligeramente confundida y miró de reojo a Fred, el cual tenía una confabuladora sonrisa en los labios — ¿Herm?

Hermione sonrió para sus adentros, tomando la mano de Harry y poniéndose de pie.

— Lo siento Fred, ya será en otra boda de tu familia — le comentó con gracia, agradeciéndole silenciosamente por lo que acababa de hacer.

— Mmm, pues ésa será la de Ronnie. Aparte de Charlie, es el único de la familia al que veo posible que se case… — se rio el pelirrojo, haciéndola chasquear la lengua — Bueno, también Harry — añadió con malicia.

— Sólo porque tu mamá te mata si le comunicas que tú y George quieren casarse con Lee — le espetó el ojiverde fingiendo molestia, haciendo reír a Hermione.

— ¡Exacto!… — suspiró con aparente tristeza el gemelo — En fin, ustedes vayan muchachos, diviértanse, bailen, tómense una copa, y si necesitan que les eche aguas ustedes sólo digan… — les guiñó el ojo. Éstos se soltaron de la mano de forma nerviosa — Ya saben, mi antiguo cuarto está disponible para ustedes — los miró de manera sugerente, y se fue escabulló rápidamente de ahí al ver la mirada fulminante que le había dirigido Harry.

— Antes me preguntaba porque no eran capaces de tener una relación seria. Pero ya no más — lo escuchó mascullar Hermione, mirándolo divertida.

— Finalmente alguien me entiende — le dijo.

Harry la regresó a ver sonriendo tenuemente.

— ¿Quieres bailar conmigo? — le tendió la mano, mirándola de manera significativa. De aquella misma forma en que lo hizo hacia años.

Hermione no pudo más que sonreír, sus ojos miel brillaron al momento de entrelazar sus dedos con los de él.

Fin Flash Back

¿Si se besaron ésa noche?
Bueno, la sonrisa que tenía en los labios al recordar la velada no era por nada. El beso que compartieron mientras bailaban fue mejor que una buena dosis de adrenalina, y que la mejor poción de amor: fue magia pura.

Pero ¿si se reconciliaron ésa noche?… No.

Lamentablemente no había sido así. No aun, por lo menos.

Por lo pronto lo que Hermione debía hacer era enfocarse en la P.E.D.D.O. La había relegado por mucho tiempo, y no podía seguir haciéndolo. No si quería cumplir con su sueño.

Fue por eso que durante aquella noche se acercó a Percy y le informó que estaba lista para volver; si bien el pelirrojo la vio con algo de suspicacia al principio, al observar su mirada segura y a la vez serena, se obligó a asentir a su pesar. "Pero ya no quiero que vuelvas a cometer el mismo error", le había dicho. "Después de todo, éste es tu proyecto". Luego le había sonreído sin dejar atrás el rasgo diplomático de siempre.

Así que dicho y hecho, el lunes a primera hora hizo acto de presencia en el Ministerio. Muchísimo antes de que iniciara su jornada laboral. Sólo se centró en los informes pendientes del tratado de Francia y firmó cerca de una docena de pergaminos que Amy le llevó durante el día.

El martes no fue muy distinto: hizo un par de llamadas por la red flu y consiguió comunicarse con el Ministro Francés. También recibió la visita de Luna, quien al parecer estaba deprimida por algo que no alcanzó a entender; por estar demasiado ocupada no recordaba siquiera de que habían hablado; bueno, mejor dicho, que le había contado su amiga, ella sólo asintió de vez en cuando, hasta que la regresó a ver y se dio cuenta que estaba sola.

El miércoles Amy casi la obligó a atender una entrevista del Diario El Profeta, pero ¿qué se le podía hacer?, Percy ya había sido entrevistado y los periodistas querían a la líder del grupo. Al menos Skeeter ya no trabajaba más en ésas secciones del periódico, había pensado aliviada conforme contestaba las preguntas y se dejaba fotografiar un par de veces.

El jueves ya tenía casi todos los pendientes realizados y había contestado la mayoría de los pergaminos que había recibido; entre ellos uno de Legolas quejándose nuevamente de Dobby. Al parecer el pequeño elfo había hecho una de las suyas al comienzo de las vacaciones de semana santa junto a Peeves, y quien sabe cómo le hicieron para dejar todo el tercer piso inundado, papel higiénico colgando de las paredes y todas las sillas de las aulas regadas por los pasillos. Todo por haberse dejado influenciar por el poltergeist y permitirle conducir su "auto".

El viernes tuvo una junta con los miembros de la P.E.D.D.O. (se aseguró de sentarse lo más alejadamente posible de McLaggen) y se enteró de la fecha de la firma; la cual se llevaría a cabo en dos semanas más, en la ciudad de Francia. Por desgracia su intención de alejarse de Cormac no funcionó, pues éste prácticamente la abordó a la salida y no pudo hacer nada para evitar que su ex compañero la invitara a un bar. No obstante, gracias a Remus, quien apareció en el momento justo y la invitó a su vez a cenar en su casa con Tonks y Teddy, Hermione se salvó de Cormac y aceptó la invitación de Lupin. Pero cuando McLaggen salió de la sala, declinó la oferta de su ex profesor argumentando mucho trabajo y se despidió dándole las gracias y mandándole saludos a Tonks y Teddy.

Durante el sábado y el domingo se la pasó en su casa en compañía de su fiel Crookshanks. Organizando aparte de algunas cosas del trabajo, su hogar.

El lunes prefirió quedarse en casa trabajando que ir a la oficina; donde Amy le advirtió que Cormac McLaggen se había plantado a esperarla.

Y finalmente ése día, martes, no podía estar más estresada.

Lo primero que había encontrado en su oficina ésa misma mañana había sido un documento redactado por Cormac; quien al parecer lo había hecho a última hora, por el deplorable estado en el que estaba.

En un trozo de pergamino arrugado y viejo, escrito con tinta roja, e incontables errores ortográficos. Hermione no pudo evitar fruncir el ceño con molestia. Por un momento pensó que el mismísimo Ron se lo había mandado como broma, quizás alguna manera de hacerla rabiar. Pues bien, no había sido una broma de Ron; oh, ¡pero vaya que la había hecho rabiar!

¿Es que ahora aparte de tener que aguantar las zalamerías de Cormac, también tenía que aceptar su deficiente trabajo?, se preguntó con exasperación.

Ya tenía suficiente de él.

Con pluma en mano, tintero al lado y un largo pergamino frente a si, Hermione transcribía de nuevo todo lo escrito por McLaggen; tratando de salvar todo lo humanamente posible. Sin poder evitar refunfuñar de vez en cuando ante su fastidio. Por Merlín, que si se topaba a ése… cerebro de chorlito ése día, ya sabía que contestarle si la invitaba a salir.

¡Le haré una muy buena sugerencia de por dónde puede meter su invitación, y a donde puede irse también!, pensó malhumorada.

La puerta sonó justo en ése momento, antes de que se asomara la cabeza de Amy.

— Emh… ¿señorita Granger?… — vaciló al llamarla. Hermione gruñó algo que más bien sonó a "¿Mmm?" — su… la buscan — titubeó de nuevo.

— Si es el tonto de Cormac dile que no acepto tomar un café, una copa, ¡o lo que se le ocurra!; y por mí se puede ir mucho a la… ¡China! — refunfuñó sin levantar la mirada.

Una risa masculina le congeló los nervios, volviéndola insensible de todo estrés al instante.

— ¿Qué hizo ése egocéntrico de McLaggen ahora, Jean? — sonrió Will desde la puerta. Había entrado al ver que Amy sólo balbuceaba sin sentido.

Hermione no pudo más que sonreír. Amy se limitó a escurrirse fuera de la habitación dejándolos solos.

— ¿Y qué?, ¿no me saludarás? — inquirió con gracia el pelinegro.

— Por supuesto que sí, Will… — le sonrió radiante incorporándose para encaminarse hacia él y envolverlo en un cariñoso abrazo — ¡Te he echado de menos!, — le confesó aun abrazándolo. Will sonrió para si — ¿dónde has estado eh? — le cuestionó viéndolo a los ojos.

— Por aquí y por allá, ya sabes — se encogió de hombros, restándole importancia.

— ¿Y cómo es que jamás pasas a visitarme? — le preguntó, deshaciendo el abrazo con cierto pesar.

— Ya sabes, trabajo — murmuró con fastidio.

— Terry de nuevo ¿eh? — se burló.

— No tienes ni idea. Me ha relegado su trabajo desde el viernes — no pudo evitar la queja en su voz. Cual niño berrinchudo.

— ¿Se enfermó, o…?

— ¡Ja!, pues si está enfermo yo diría que es de "Lunático" — ironizó, una sonrisa bailando en sus labios.

— ¿Luna? — se desconcertó.

— Si, — asintió el pelinegro — al parecer nuestro amigo está intentando conquistar a la pequeña Lu.

— Pero… Lu sale con Ron — balbuceó confundida.

— Pues ya ves.

— Vaya. ¿Y Ron no dice nada? — murmuró casi para sí, realmente extrañada ante eso.

— ¿Qué puede decir?, si tu… amigo Harry lo envió a una misión desde el martes. En lo que a Terry respecta, es la oportunidad perfecta para acercarse a Luna — le contó.

Hermione no dijo nada, arrugó el entrecejo, mordiéndose el labio. Will hizo un esfuerzo sobrehumano para no abalanzarse sobre ella. La castaña no tenía ni una remota idea de lo que causaba ése gesto involuntario en el sector masculino.

— Así que… — se aclaró la garganta Will, desviando la mirada a otro lugar que no fuera su rostro — todo depende de Luna ¿no?… Supongo que, si algo llega a pasar, es porque así lo quisieron ambos.

Flash Back

—… ¡imbécil!, — continuaba despotricando con exaltación Luna mientras Hermione se desternillaba de la risa recostada en el sillón de la sala en el departamento que compartían en Berlín — ¡¿qué se creyó el muy…?!… — sus mejillas estaban sonrojadas de pura indignación — ¡¿Qué puede ir por ahí besando a quien se le pegue la gana?!… ¡Si cómo no! — gruñó molesta.

Hermione intentó controlarse, mas una nueva risotada salió de su boca.

— ¡En la vida me había hablado, y luego viene y…!… ¡Agh!… ¡Menudo imbécil!… — blasfemó, mirándose su enrojecido labio en el espejo — ¡Si ni siquiera lo conozco al muy…!

— Se llama Michael. Y según me dijo un día: está loquito por ti… — le explicó Hermione sonriendo divertida. Luna hizo un sonido desdeñoso, al parecer el que se llamara Michael, Thomas o Dimitri le importaba un rábano — Pobre chico. ¿De verdad era necesario que le dieras un rodillazo? — le preguntó.

— ¡Claro que sí!… — asintió con vehemencia Luna, botando el espejo a un lado y suspirando con exasperación — ¡Ése no es motivo para que venga e me bese!… — replicó indignada — Si de verdad sintiera algo por mí me lo hubiera dicho antes. No venir e besarme sin más… ¡Irrespetuoso!… Terry no fue tosco como él cuando me besó — soltó sin darse cuenta. La risa de Hermione se cortó de golpe.

— ¡¿Te besaste con Terry?! — respingó incorporándose de un salto. Sus ojos dilatados de sorpresa.

Luna se mordió el labio inferior, nunca antes había sentido sus mejillas tan calientes como en aquel instante.

— Bueno… — aparentó inocencia, haciéndose la desentendida.

Fin Flash Back

Eso era lo que Hermione temía. Que Luna terminara haciendo algo de lo que después se arrepintiera… Tal como le había pasado a ella. Quien terminó hiriendo a dos hombres maravillosos por su inseguridad y sus malas decisiones.

— En fin. ¿Tú que has hecho?, ¿algo nuevo que deba saber? — la miró con una ceja alzada.

Hermione suspiró pesadamente… ¿Por dónde empezar?, se preguntó.


En tanto, en la oficina que ocupaban Harry y Ron…

La puerta se abrió con una brusquedad desmedida haciéndola rebotar contra la pared y cerrarse de nuevo de golpe, no sin antes darle paso a un enfurruñado Ron Weasley; ocasionándole un respingo a Harry, quien estaba sumergido en la lectura de un pergamino. El pelirrojo ni se dio por enterado, únicamente tomó su túnica, unos pergaminos encima de su escritorio y se encaminó a la chimenea tomando un puñado de polvos flu en el proceso, rumiando entre dientes. Con Harry siguiéndolo con la mirada.

— ¿Qué te…? — empezó a preguntarle.

— Me peleé con Luna y no quiero hablar al respecto — masculló sin detenerse. Se metió a la chimenea, arrojó los polvos flu, y exclamó con frenesí "¡Ottery Saint Catchpole!", siendo tragado por las llamas verdes.

Harry se quedó ahí lo que parecieron unos minutos eternos, hasta que soltando un bufido de exasperación fue en pos de su amigo.

No habían pasado ni dos minutos desde que Ron había Aparecido en su casa, despotricando en la sala contra todo el mundo mientras limpiaba casi a golpes el hollín en su ropa, cuando el chasquido de una Aparición tras su espalda lo hizo gruñir de molestia.

— Déjame en paz, Harry — masticó las palabras, crispando los puños.

— ¿Qué le soltaste a Luna, ah? — lo encaró éste a su vez.

Ron abrió la boca dispuesto a soltar una desdeñosa respuesta de "¿A ti que te importan mis problemas con Luna?" y "¡Tú no entiendes a mi novia, así que no hables!", cuando la cerró de golpe y se giró a verlo incrédulo. ¿Él a Luna?, se preguntó con indignación. ¿Él a Luna?, ¡si fue ella la que salió con el estúpido de Boot mientras él no estaba!

¡¿Qué se creía Harry para soltarle aquello?!… ¡El que debería estar indignado y enojado era ÉL!, ¡no Harry!, ¡no Luna!… Merlín, ¿qué diablos le pasaba al maldito mundo?, se cuestionó.

— ¡¿Cómo que yo a Luna?!… — inquirió sulfurado — ¡Y a todo esto, ¿tú porque te metes?! — le espetó lanzando chispas por los ojos.

— En primera: los dos son mis amigos. En segunda: Luna no tiene por qué pedirte permiso o darte explicaciones de porque sale con sus amigos. Y en tercera: ¡porque conozco tu maldito genio de los mil demonios y sé que lastimas bastante a las personas cuando abres tu enorme bocota! — enumeró y reprochó al mismo tiempo, viéndolo con el entrecejo fruncido.

— ¡Ahora resulta!… — satirizó Ron, levantando los brazos con gesto dramático — Primero Luna, luego tú, ¿quién sigue?, ¿mi madre? — inquirió con exageración.

Harry reprimió el deseo de zarandearlo. ¿Cuándo madurará?, se preguntó en silencio.

— Pues si es la única que te hace entrar en razón, con gusto voy y le llamo — replicó, cruzándose de brazos.

— No te atrevas Potter — lo amenazó con la mirada. Si uno de los Aurores novatos estuviera viendo ésa mirada de seguro que renunciaban en un santiamén al servicio. Pero a Harry aquello sólo le causó fastidio.

— No, ¡entiende tú!… — le espetó.

Ron desvió la mirada completamente exasperado por la situación, y apretó la mandíbula, enojado porque no lo dejara en paz.

— Ron, soy tu amigo, y por eso es mi deber decirte, aunque te enoje, que eres un idiota — soltó sin vergüenza.

— ¡¿Cómo te atreves?! — lo regresó a ver de golpe, inmensamente indignado.

— Ya va siendo tiempo de que madures Ron, te lo digo como un consejo. Porque no querrás perder a Luna de nuevo por tus arranques infantiles, ¿o sí? — aquella pregunta desarmó por completo a Ron.

A su mente acudieron los recuerdos de Hogwarts, cuando su estupidez actuada por voluntad propia y terminaba riendo de las bromas de todo el mundo hacia Luna y su supuesta locura. Cuándo él mismo era uno de los creadores de dichas bromas.

Negó casi imperceptiblemente.

Mas su atrofiado cerebro le mostró imágenes distorsionadas de él en Escocia, y Luna y Terry felices de la vida paseando por las calles de Londres alegres con su ausencia.

Y se encerró en su habitación dando un portazo. A lo lejos escuchó un grito de Harry sonando a algo como: "¡Niño inmaduro!", pero no le prestó ni la más mínima atención. Sólo fue silencio después del chasquido de la Desaparición del pelinegro.


Justo cuando el reloj marcaba el final de otro día de trabajo, Harry salió de su oficina y cansado se dirigió a los ascensores para abandonar el Ministerio; mas se quedó congelado a mitad de camino cuando al doblar una esquina vio como Hermione, junto a William, venía platicando animadamente e ingresaban al ascensor que él pensaba abordar. Dándole a Harry un último vistazo de como Will le susurraba algo en el oído y la castaña reía, antes de que se cerraran las puertas y empezara a subir. Dejándolo tan petrificado como si hubiera visto un basilisco.

Bueno, eso no tenía que significar algo; Will era su amigo ¿no?, los amigos pueden salir, pueden irte a visitar al trabajo. Pueden… susurrarte cosas al oído.

¿Ahora me darás la razón?, le espetó con sorna una voz al oído, identificándola de inmediato como la de Ron.

¡Ahh!, pero ¿qué demonios fue a hacer ése tipo a ahí?, se preguntó. Y de pronto una suposición le cayó como balde de agua fría. ¡¿Sería que habían vuelto?!

De sólo imaginarlo sintió una arcada. No, no podía ser eso. Es decir, el beso que habían compartido en La Madriguera no pudo haberlo imaginado. La manera dulce y cariñosa en que Hermione lo había mirado mientras bailaban… La forma enardecida en que momentos atrás le reprochaba su lentitud.

Se dirigió presuroso al ascensor y lo llamó con desesperación. Merlín, ojalá todavía no hubieran abandonado el edificio, deseó.

¿Y qué harás?, ¿espiarlos?, se mofó de nuevo la voz de Ron.

Sin embargo, el ascensor que abordó Harry se detuvo un piso más arriba, y su decisión se vino abajo. Los apagados ojos de Luna le sonrieron tenuemente al verlo ahí.

— Hola — murmuró escuetamente la rubia.

Harry trató de armar una sonrisa cuando Luna ingresó y se situó a su lado, mas únicamente consiguió exhibir una tenue mueca.

— No viene Hermione — murmuró de nueva cuenta la rubia, viendo que eran los únicos ahí. "Con nosotros no, tenlo por seguro. Está más que a gusto con su amiguito", quiso contestarle Harry.

Se limitó a encogerse de hombros.

— Bueno, ya la veré más tarde… — suspiró la ojiazul viendo cómo se cerraban las puertas — Tengo que hablar con ella — murmuró más para sí que para Harry.

¿Ahora si no dices nada, no amigo?, ironizó Harry en su mente hacia Ron. Cobarde, le soltó.

— Me enteré de lo de Ron. Yo… de verdad lo siento. Si no le hubiera dicho que… — la miró de reojo, apenado.

— Descuida Harry, de todas formas, se hubiera enterado… — le restó importancia — Y aunque lo hubiera sabido por mí, no cambiaría nada. Ya sabes cómo es de impulsivo — agregó con pesadumbre. Su voz se escuchaba igual que el brillo en su mirada: apagada.

— ¿Estás bien? — le preguntó suavemente.

— Bien, supongo — se encogió de hombros. No volvió a hablar.

El ascensor se detuvo finalmente y, junto a otros tres magos que habían abordado un piso abajo, salieron al Atrio. De inmediato notaron la cabellera castaña de Hermione en la fila para Desaparecer por la red flu, mas Harry frunció el entrecejo con molestia cuando vio la pelinegra de Will a su lado. Segundos después ambos habían Desaparecido entre las llamas verdes.

Luna suspiró con un dejo de cansancio y miró de reojo a Harry.

— Tú no hagas un show como Ronald, ¿de acuerdo? — le pidió simplemente, encaminándose sin más a las chimeneas. Harry la siguió.

— No pensaba hacerlo — mintió descaradamente.

Luna lo regresó a ver sobre su hombro. Por como rodó los ojos y meneó la cabeza, Harry supo que no le creyó en lo absoluto.

— Bueno, ¡pero es que tampoco entiendo porque sale con él!; Es decir, se suponía que había algo entre… nosotros — ni el mismo pudo notar algo de seguridad en aquella declaración. Tal vez fue por eso que Luna se detuvo y lo miró con algo de ternura antes de comentar:

— Ella te ama Harry… — el pelinegro no pudo más que sonrojarse como un joven enamoradizo. La ojiazul sonrió para si — ¿Tienes hambre?, a mí se me apetece una pizza grande y una buena dosis de cerveza de mantequilla — lo invitó.

Cuidado con aceptar Potter, reapareció Ron en tono de advertencia.

— Ya somos dos — le sonrió. Y en su mente agrego: "Trágate ésa pelirrojo".

— Vamos a mi departamento, ahí ordenamos — y se metieron en una chimenea Desapareciendo del lugar.


—… pero en serio, no fue mi culpa que se cayera. Fue de él por no haberse fijado en mi pie — se seguía defendiendo Will ocasionando la risa de Hermione.

— Lo hubiera visto sino lo hubieras puesto en el preciso instante en que él pasaba — le acusó risueña.

— Bueno, viéndolo de ése modo — sonrió con travesura.

— Ya me imagino su cara… — se rio Hermione — ¡Pobre Cormac! — lamentó fingidamente.

— Se recuperará, no te preocupes. Después de todo, la caída no fue fuerte. El golpe al orgullo, bueno… supongo que eso si traerá secuelas. ¡Sobre todo cuando se le abrió la túnica y se le vio el bóxer!… — se carcajeó. Hermione se le unió.

Estaban en el departamento de la castaña, específicamente en la cocina, preparando juntos la cena: pasta con albóndigas de carne en salsa roja.

— Además, eso no es nada. ¿Recuerdas la broma que le hicimos a Susan y Ernie en Halloween?, ¡eso sí que fue fenomenal! — subrayó.

— Un poco. Nada nos faltó para ocasionarles un infarto. Tú y Terry tienen un sentido del humor muy pesado ¿sabías? — lo regresó a ver mientras hacía las bolitas de carne con las manos. Will estaba colocando a hervir la pasta.

— No te oí quejarte ni una sola vez entre tantas risas que soltabas junto con Luna — acusó bromista.

— ¡Les pedí como quince veces que no lo hicieran! — lo miró indignada.

— No sé, tal vez si hubieran sido dieciséis, puede que nos hubiéramos retractado.

— Ahí si me da lástima; les arruinamos su cita — torció la boca Hermione.

— Pues ¿a quién se le ocurre ir en plan romántico un 31 de octubre?… — le preguntó Will como si encontrara la situación muy extraña.

Flash Back

— ¿No es genial que a Dumbledore se le ocurriera hacer la fiesta de Halloween en los terrenos? — comentaba Ginny con emoción mientras salían del castillo.

— Si, ¡genial! — apoyó Luna caminando a su lado junto a Hermione.

— Uy sí, ¡estupendo!, sobre todo estando tan cerca del bosque, en donde unas arañas del tamaño de autos pueden salir a dar su "paseo nocturno" en cualquier momento — replicó Ron con ironía. Harry y Hermione sonrieron.

— Oh, ¡vamos Ron!, no sé porque sigues con ése trauma — resopló con fastidio Ginny.

— Como no fue a ti a la que… Olvídalo — se metió las manos en los bolsillos.

— ¿Por qué le temes a las arañas? — le preguntó Luna.

— Verás… — empezó la pelirroja.

— Por algo que nos pasó en segundo año con una Acromántula y sus crías. Estuvieron a punto de matarnos aquella noche. ¿Cierto Ron? — salió en su rescate Harry. Hermione compartió una mirada cómplice con los chicos.

— Si, si — se aferró a la respuesta de su amigo cual si fuera un salvavidas.

Ginny rodó los ojos.

— ¿Acromántulas?, ¡vaya! — exclamó Luna impresionada. A pesar de la penumbra en los terrenos, el tono rojo en las orejas de Ron no pasó desapercibido para Harry, quien sonrió burlón.

— No fue nada, en realidad — fingió indiferencia. Su andar se transformó de pronto en un paso desenvuelto y seguro. Aunque a Hermione y Ginny le recordó al estilo de caminar de Malfoy, siempre regodeándose de sí mismo.

— Fuiste muy valiente… — lo miró con admiración brillando en sus ojos azules.

— Si, bueno… cuando entramos al bosque aquella noche… — y mientras Ron se perdía rememorando aquel lejano día en el que tuvieron que enfrentarse a hambrientas arañas gigantes; Luna lo escuchaba atentamente, cautivada por cada palabra que decía.

— Y, además, así da más oportunidad de desaparecer con quien queramos y nadie se da cuenta — le murmuró por lo bajo Ginny a Hermione, mirando con un brillo cómplice a su hermano y mejor amiga alejarse sin siquiera darse cuenta que los dejaban atrás.

— ¡Ginny! — le censuró, sin poder evitar sonreír.

— Ay, como si ninguna lo hubiera pensado — replicó sinvergüenza. Apresurando el paso para darles alcance a los demás.

— No veo porque apurarse, — replicó la voz cansada de Harry mientras igualaba el paso de Hermione y cargaba la mochila en el hombro, donde un par de mantas habían sido guardadas para tenderlas en la fría hierba — siendo el profesor Binns quien narrará las historias, no dudaría que nos diera una extensa charla de lo que fue su vida — comentó con humor.

La castaña soltó una risita, aunque trató de mirarlo con reprimenda.

— Sería más interesante contar aquella historia de segundo ¿no crees? — le sonrió con complicidad.

— Y yo que pensaba que no te gustaba la fama — se burló Hermione, mirándolo de reojo.

— La fama no. Además, por qué hicimos ésa locura de entrar en el bosque, tenía un muy buen motivo — la miró significativamente.

— Hubiera estado perdida sin ti, Harry — apenas musitó la castaña. Harry quedó sin aliento. Cuándo pudo recuperar el habla, un grupo de niños de primero pasó corriendo por su lado empujándolos y ocasionando que quedaran lado a lado. Inevitablemente sus manos se rozaron. Acción que inconscientemente aprovechó Harry para entrelazar sus dedos suavemente con los de Hermione, brindándoles un agradable cosquilleo en la boca del estómago.

Harry sonrió. Y Hermione se mordió el labio con nerviosismo. Hasta ése momento es que se daba cuenta de la penumbra de la noche, apenas iluminado por la lejana fogata y el resplandor tenue de sus varitas. La palabra "Nox" le cosquilleó en la punta de la lengua y las palabras de Ginny hicieron eco en su cabeza.

¿En que estaba pensando?, se reprendió. Aun en la penumbra, estaban en un lugar público.

A regañadientes, soltó con disimulo la mano de Harry y se alejó un par de pasos disimulando su acción con apartarse un mechón de cabello del rostro.

— Por poco nos tiran ¿no? — comentó como quien dice "No puedo ser más estúpida".

— Aja… — musitó Harry roncamente.

Fin Flash Back

Hermione sonrió al recordar la fogata que habían hecho en su último año en Hogwarts, aquella lejana noche en donde ella y Harry habían pasado toda la velada uno al lado del otro, escuchando las narraciones del profesor Binns y veían divertidos los fallidos intentos de Ron por recuperar la atención de Luna, quien estaba más atenta de lo que decía el fantasma. Y como Ginny se la pasaba riendo junto a un tímido Neville que hacía lo posible por no quemar los bombones que ponían al fuego.

—… por Merlín, ¡es el día oficial de hacer bromas y comer dulces hasta atragantarte! — enfatizó Will, trayéndola de vuelta a la tierra.

— ¿El qué? — le preguntó confundida.

Will la miró con las cejas alzadas.


— Perdona el desastre, es que no he tenido tiempo de limpiar. Además, los únicos que vienen a aquí son Herm, William y Terry, y ellos ya saben a qué atenerse — se disculpó Luna recogiendo la ropa y vasos que había tirados en su sala.

— No te preocupes — respondió Harry sentándose en el sofá. Pegando un brinco inmediatamente al sentir algo puntiagudo enterrarse en su retaguardia. Encontrándose con una extraña varilla de plata.

— Ay, ¡lo encontraste!, llevaba días buscándolo. Gracias — le sonrió feliz Luna arrebatándosela de la mano.

— ¿Qué es eso? — le preguntó Harry sin poder resistirse, volviendo a tomar asiento.

— Un báculo… — le respondió acercándose a una repisa en donde colocó la varilla en la mano de una figura de hermosa mujer con el cabello suelto y enfundada en un vestido que les llegaba a los pies — ¿Ves?, es el arma de Atena.

— ¿Ah? — la miró confundido. Luna soltó una risita.

— Es una figura de acción, de los "Caballeros del Sobaco" … — le explicó.

Harry arrugó el entrecejo. ¿Sobaco?, ¿qué no eran "Zodiaco" ?, se preguntó confundido. Prefirió no corregirla, después de todo, ¿qué sabía él de eso?

— Lo vi un día en una tienda, me gustó, y Terry me lo dio de regalo… — le contó Luna — A mí me gusta mucho… — miró con cariño la figurita. Harry dedujo que le tenía más aprecio por ser un obsequio de Terry, que por haberle gustado. No comentó nada — En fin, deja ordeno la pizza, cerveza todavía tengo en el refrigerador — y se encaminó a la cocina.

— ¿Necesitas ayuda? — le preguntó haciendo el ademán de pararse.

— No, tú ve la televisión si quieres. Además, si entras a la cocina quizás y te dé algo al ver el tiradero. Mejor no arriesgarnos — le comentó con gracia. Harry sonrió, meneando la cabeza.


— Halloween… — le respondió con gesto obvio Will — ¿No me estabas escuchando? — le preguntó de pronto con cierto reproche.

— Ah… eh, si, sí. Bromas y dulces — musitó atropelladamente.

— De acuerdo… — murmuró inseguro. Olvido el asunto cuando escuchó el hervir del agua, indicándole que la pasta estaba lista. Hermione acababa de meter las bolitas de carne en aceite.

— Will… — lo llamó insegura Hermione luego de varios minutos. Acababa de sacar las albóndigas ya listas, y estaba preparando dos platos, poniendo la pasta, las albóndigas, para finalmente bañarlas en salsa.

— Dime — le dijo éste, mientras destapaba una botella de vino y servía dos copas.

— ¿Tú crees…?… — se aclaró la garganta, dejando los platos listos a un lado y mirándolo de reojo mientras se apoyaba en la mesa — ¿Tú crees que Harry… está enamorado de mí, a pesar de todo? — le preguntó, sintiendo un vacío en la boca del estómago.

El ojiazul la regresó a ver desconcertado.

— ¿Por qué me lo preguntas? — le cuestionó a su vez, dejando la botella a un lado.

— Sólo, contesta mi pregunta — lo miró nerviosa.

Will suspiró, desviando la mirada.

— Si, Jean. Él está enamorado de ti… — le contestó pausadamente — Pero, ¿qué te hace dudarlo?, ¿jamás te lo ha dicho? — enarcó las cejas.

— No, digo, sí. Si lo ha dicho, pero… — suspiró pasándose una mano por el cabello con desesperación — No lo sé. Cada vez que las cosas están más claras en mi mente, un millón de dudas e inseguridades me aplastan y… Simplemente, no lo sé — murmuró abatida, dejándose caer en una de las sillas que tenía junto a la barra.

— ¿Temes que te dañe de nuevo? — le preguntó sentándose a su lado.

— Tal vez — murmuró insegura, bajando la cabeza.

— Jean — la miró con ternura.

— Olvídalo, fue una pregunta tonta. No importa — desvió la mirada, incorporándose. Will la tomó de las manos, acercándola a él. Hermione evadió su mirada.

— Eres mi mejor amiga y no quiero que cometas un error — replicó con suavidad, tomándola de la barbilla.

— Entonces ¿consideras un error que esté con Harry? — lo regresó a ver angustiada.

Will sonrió amargamente.


— ¿Cómo es que te trajeron la pizza en 15 minutos?… — le preguntó Harry después de darle una buena mordida a su pizza de extra queso con peperonni — ¿Qué el local está a la vuelta de tu casa o…?

— ¿Has escuchado el término "Cliente frecuente" o "Cliente distinguido"? — le cuestionó con una sonrisa astuta antes de darle un bocado a la suya: peperonni con piña y jalapeño.

— Entonces deberías de darme una buena carta de recomendación… — se rio Harry — Cuándo Ron y yo ordenamos se tardan una eternidad; y eso que tenemos que ir directo al local, porque en Ottery ni como nos las traigan — se quejó.

— Con gusto te presento — les sonrió a penas. Le dio un largo trago a su cerveza de mantequilla tratando de quitarse el sabor amargo que sintió cuando lo escuchó nombrar a Ron. El ojiverde ni se dio por enterado, degustaba alegremente su pizza.

— Y… en esto del "Cliente frecuente", ¿también contribuye Hermione un poco? — comentó como quien no quiere la cosa.

— Harry… — le entrecerró los ojos con reprimenda — Mira, vamos a hablar sólo de nosotros ¿de acuerdo?, nada de Herm, nada de Ronald. Que al fin y al cabo sólo vuelven nuestros mundos de cabeza… — comentó con un dejo de amargura. Harry arrugó el entrecejo — Hermione a ti, Ronald a mí — especificó, como si hablara con un niño de seis años.

Harry hizo una mueca.

— De acuerdo — concedió.

— Así que dime, ¿saliste con alguien durante éstos seis años? — le preguntó con fingida indiferencia.

— ¿Le dirás a Hermione? — la atajó Harry, mirándola inseguro.

— ¡Por supuesto que no! — exclamó. Por desgracia el ojiverde no vio como la rubia se llevaba una mano a la espalda y cruzaba los dedos.

— Bueno… Hubo una chica que…

Y mientras Harry le contaba de una acosadora que había tenido en la Academia de Aurores, Luna reía alegremente después de lo que parecieron semanas después de su pelea con Ron, escuchando como aquella mujer se había metido incluso al vestidor un día, sólo para verlo en paños menores.

Tiempo después comentaban amenamente de sus vidas en la actualidad. Y poco a poco la comida fue desapareciendo, al igual que aquella barrera que se había interpuesto entre ellos por la larga separación.

Restableciendo lazos.


— No, — respondió Will al cabo de un tiempo — lo sería si no lo haces… — se limitó a contestar. Hermione se apoyó en su hombro. El pelinegro pasó una mano por su espalda, abrazándola tenuemente — Hagamos algo, dime tres cosas, sólo tres cosas por las que no podrías estar con Harry, y después una por la que sí. Ya veremos cual vale más.

— Por las que no podría… — suspiró Hermione cerrando los ojos. Concentrándose — Por… — meditó — Bueno… — se mordió el labio, tratando de concentrarse — Tal vez… — de recordar algo — Es que…

¿Daño?, ¿sufrimiento?, ¿abandono?, ¿engaño?

Nada de eso existía más en ella. Todo había quedado atrás. Ni siquiera una sombra quedaba de aquello.

— Dime porque debes estar con él — la interrumpió Will al no escuchar ninguna respuesta de su parte. Hermione abrió los ojos, así como el alma.

— Porque no podría vivir sin él… Porque es muy importante en mi vida… Porque quiero envejecer a su lado… Quiero formar una familia a su lado. Quiero… ser su esposa, su compañera… — declaró sintiendo que el corazón le saltaba del pecho — Quiero que sea lo primero que vea al despertar y lo último al acostarme… — cerró los ojos, abrumada por todo lo que sentía en aquel momento, pero más que nada… — ¡Porque lo amo!, ¡porque lo amo como jamás había amado antes y no sé qué sería de mi vida sin él a mi lado!, ¡no podría soportar otros seis años alejada de él!, ¡simplemente no podría estar lejos!, ¡no podría ser feliz al lado de otro porque sólo él me conoce como nadie!, ¡y porque me ama igual o más de lo que yo lo amo! — finalizó con pasión. Sus ojos se anegaron de lágrimas y su corazón se disparó como si lo hubieran llenado de fuegos artificiales.

— Ahora dime, ¿por qué no puedes analizar todo lo que has dicho y le encuentras una lógica?… — la separó de si para verla de frente — Jean, no hay nada que te impida estar a su lado. Eres libre. Lo amas. Él a ti. Nada ni nadie puede romper eso — le acarició afectuosamente la mejilla.

— ¿Qué haría sin ti, Will? — se preguntó en voz alta.

— Seguir siendo un enredo de inseguridades — sonrió con melancolía su amigo. Cada palabra había sido igual que una puñalada en su pecho. Todo eso se asemejaba perfectamente a lo que sentía por ella; lástima que jamás ésas palabras serían para él.

Hermione bajó la mirada, mordiéndose el labio inferior.

— A veces me pregunto cómo es que soy capaz de merecerte… — le dijo — Lamento tanto hacerte daño Will… — lo regresó a ver afligida. Will la soltó lentamente, sin poder omitir el gesto de dolor en su mirada — Si hubiera una forma de…

— Sólo sé feliz. Es lo único que quiero… — la interrumpió, sonriéndole casi imperceptiblemente — Y si ésa felicidad es al lado de otro, yo no soy quien para entrometerme — la miró decidido.

— ¡Eres el hombre más maravilloso que he conocido jamás! — declaró solemnemente, abrazándolo del cuello, refugiándose en sus brazos.

— Si, bueno. Eso lo he sabido siempre… — murmuró con humor, haciéndola reír suavemente. En sus ojos azules el dolor por su decisión — Ahora, ¿qué te parece si vamos a algún bar y nos tomamos unos tragos después de terminarnos ésta deliciosa pasta? — le propuso sin más una vez se separaron, acercándole su plato.

— Pues si a eso vamos, no creo que salgamos de aquí en un buen rato. ¿Ya viste todo lo que hicimos?, parece que vamos a alimentar a todo un regimiento — le dijo con una sonrisa.

— Todo un regimiento no. Más bien a Terry y Luna. Ésos dos comen como si fuera su último día en la Tierra… — repuso con humor. Hermione asintió dándole la razón — Aunque, podrías usarlo de excusa e ir a visitar a Harry llevándole algo… — le sugirió en tono burlón, como quien no quiere la cosa. La castaña le dio un golpe en el brazo — Yo sólo decía — se masajeó la zona. Hermione chasqueó la lengua, mas sonrió para sí, pensando en que no era tan mala idea.

Mientras Will se le quedaba viendo pensando que ya no podía posponer más un asunto pendiente que tenía. Sí, ya era hora de que hablara frente a frente con Harry Potter.