Capítulo 30: A TU LADO
Las vacaciones de semana santa estaban por terminar, y aunque varios de sus colegas iban a regresar a la oficina y la carga de trabajo disminuiría considerablemente, a Harry poco le importaba eso.
No había podido dormir bien desde la visita de William a su casa. Gran parte de las noches se la pasó contemplando el techo de su habitación rememorando la conversación que habían tenido; y en otras ocasiones, cuando el cansancio lo vencía, únicamente lo hacía para atormentarlo con pesadillas en las que observaba a Hermione refugiarse en los brazos del otro, dejándolo a él en el olvido.
Cuándo amanecía las cosas no iban mejor. Si bien la conversación con Will había disipado un poco la laguna mental de aquellos seis años lejos de Hermione. El remordimiento y culpa no lo dejaron ni a sol ni sombra. Que idiota había sido.
Y lo peor es que el "hubiera" no existía. No podía hacer nada para borrar ése dolor en Hermione. Sólo le quedaba luchar por ella en el presente. Y recompensarle todo con el futuro. Juntos. Porque de algo estaba más que seguro ahora. Ella también lo amaba. Y un sentimiento como ése no podía borrarse de la noche a la mañana. Pelearía por ella. Se aferraría a cualquier mínima señal y ganaría su amor de una vez por todas.
No, Hermione Granger no lo evadiría ésta vez. O hablaban, ¡o hablaban!
Ya era tiempo de ponerse en marcha. No volvería a caer nuevamente en el error del pasado. No. Dejaría de ser para siempre el "Niño Que Vivió"; ahora sería un hombre; tal como el que ella necesitaba a su lado. Uno que luchara y defendiera su amor, que no se quedara cruzado de brazos o se diera por vencido al más mínimo obstáculo.
Además, ¿qué podía perder?, nada. Nada comparado con lo que perdió ésos seis largos años alejado de su lado. Nada en comparación con lo que podía ganar.
A Hermione.
Dios, ¿cómo había sobrevivido ésos seis largos años sin ella?, se preguntó.
No tenía idea, pero de algo estaba seguro ahora; no volvería a tener que replantearse la pregunta en un futuro cercano. ¡Jamás!; su vida siempre había estado labrada en piedra, incluso desde el momento de ser concebido, y por ello muchas veces fue privado de cosas que todo ser humano necesitada; entre ellas el amor, una familia. Pero juraba por la memoria de sus padres que no volvería a pasar. Ellos quisieron cambiar el destino desde el momento en que supieron de su espera, pero por golpes de la vida no pudieron concluir la tarea. Ahora era su turno.
Les demostraría a todos quien era Harry James Potter Evans. Hijo de James Potter y Lily Evans.
Le mostraría a Hermione que era digno de ella. Y que no había porque dudar. Le grabaría a tinta permanente en su cabeza y corazón que él la amaba como a nadie.
Aquella tarde, Hermione no podía comprender el motivo por el cual estaba en aquel lugar. ¿Por qué, en primer lugar, William la había citado ahí?; en su nota sólo había mencionado que necesitaba hablar con ella urgentemente, además adjuntaba una tarjeta electrónica de una habitación en un hotel. Ésa fue su segunda gran interrogante. ¿Por qué quería verla en un hotel?, bien podrían hablar en su casa o el departamento de él, no era necesario verse en ése edificio.
Y luego estaba la forma en como redactó la carta. Era su letra, estaba segura. Incluso su forma de escribir. Pero no por algo ella había sido una de las mejores en su clase y descubierto infinidad de acertijos; recordaba perfectamente cuando mandaban cartas fuera de Hogwarts con mensajes ocultos para que en caso de ser interceptados no pudieran descifrarlos, fue por eso que le pareció extraño que citara aquello de:
"Es sobre lo que hablamos el otro día. Encontré la solución. Encuéntrame en donde una vez cenamos durante mi cumpleaños en Londres. Ten la mente abierta".
¿Mente abierta?, se preguntó cuándo abordó un ascensor. Pues claro que su mente estaba completamente despabilada. Pero con que fuera una bromita de su amigo, y ya se las arreglaría para que se arrepintiera.
Además, ¿a qué demonios se refería con "lo que hablamos el otro día" ?, ya ni recordaba que habían hablado, pensó mientras salía al pasillo y miraba los números de las habitaciones al avanzar.
Fue algo de la P.E.D.D.O. ¿quizás?, se preguntó deteniéndose frente a la marcada con el número 1745.
Extrajo la tarjeta de su bolso, meditando de nuevo.
No, no fue algo de la P.E.D.D.O., negó.
Pasó la tarjeta electrónica por la pequeña abertura en la puerta y ésta se abrió al instante.
Empujó la puerta al tiempo que guardaba la tarjeta en su bolso. Y entró a la habitación tratando de recordar acerca de que había hablado con Will… Sus ojos se abrieron sorprendidos al comprenderlo.
— Harry — musitó aturdida. La respuesta frente a sus ojos.
Fue como si una corriente eléctrica recorriera su cuerpo al ver a Harry frente a ella, sintiendo como sus rodillas flaqueaban un poco, pero fue más evidente al ser consciente de que el pelinegro había cerrado la puerta mágicamente a su espalda.
— Hola Hermione — le sonrió Harry.
— ¿Qué haces aquí?… — balbuceó la castaña, alejándose dos pasos de él inconscientemente — ¿de qué se trata esto?, ¿dónde está Will? — inquirió con un dejo de recelo. Escuchando su corazón acelerado tronando sus oídos.
— Tu amigo William me hizo el honor de citarte aquí porque yo se lo pedí — explicó con frescura.
La mandíbula de Hermione prácticamente pegó al suelo.
— Él no haría eso — replicó con un dejo de incredulidad.
— Pues yo pensé lo mismo, pero ya ves… — se cruzó de brazos viéndose complacido de sí mismo — No todo es lo que aparenta — sonrió con suficiencia. El verla ahí, tan nerviosa, le provocaba un sentimiento de satisfacción al saber que era él quien causaba eso en ella. Otra muestra de su amor.
Hermione frunció los labios, sin saber que decir.
Decir que no le complacía que Harry hubiera armado todo eso nada más para verla y hablar con ella, era una reverenda mentira. La verdad sea dicha; no sabía qué hacer. Si correr hacia Will y agradecerle ése maravilloso gesto que había hecho. O simplemente terminar con ésa agonía y abalanzarse sobre Harry para confesarle al fin sus sentimientos y dejarse de tonterías.
— Además, aquí tendremos mucha más privacidad que en cualquier otro lado — la miró significativamente.
Nuevamente las piernas de Hermione temblaron y su corazón se fue a danzar alocado. Mientras su yo interno daba brincos de alegría y expectación.
Y sin vacilación, Harry se acercó a ella, y tomándola suavemente de la mano la dirigió a la cama dejándola sentada sobre ella, acuclillándose frente a ella. Su mirada un poco más debajo de ésos ojos mieles. Hermione sólo lo miró, sin saber que decir, que hacer; pero deducía que, si el corazón le seguía palpitando a ésa velocidad, más tardaría en decirle "Te amo", que en darle un infarto.
— Hablé con William, me contó todo — le comentó Harry sin soltar su mano.
Aquel comentario la trajo a la realidad de golpe. El corazón le dio un vuelco en el pecho.
— ¿Eso qué quiere decir? — musitó nerviosamente, pasando saliva. Si seguía viendo ése mar esmeralda de sus ojos jamás podría seguir el hilo de la conversación, pensó, desviando la mirada un momento.
Harry, entendiéndola como siempre, sólo continuó:
— Me contó de ustedes. Desde que se conocieron. Cómo se hicieron amigos. Todo lo que vivieron juntos. El apoyo incondicional hacia ti… De su promesa — la observó esperando su reacción.
Hermione lo regresó a ver después de unos segundos y soltó un imperceptible suspiro.
— ¿Lo buscaste? — le interrogó con voz serena.
— No, en realidad fue él quien vino a mí… — le confesó. La castaña asintió en silencio, como aceptando su respuesta — Ahora entiendo porque lo quieres tanto — no pudo evitar la nota de molestia en su voz.
— Harry… — lo miró avergonzada.
— Está bien, lo entiendo. Fui un idiota Herm, lo sé con más seguridad ahora… — se atrevió a posar la otra mano en su mejilla.
— Ambos lo fuimos; yo no fui lo suficientemente inteligente para darme cuenta que Ginny y tú serían incapaces de hacerme daño, de ocultarme algo… Sé que no tengo excusa, malinterpreté las cosas y no quise escuchar de razones y sólo hui, pero…
— Has vuelto, es lo único que importa — la interrumpió Harry, acariciando su mejilla y sintiendo como su corazón se aceleraba.
— ¡Lo siento tanto Harry!… — tomó su mano entre la suya — Debí confiar en ti, escucharte… — el ojiverde negó con la cabeza, entrelazando sus dedos — Pero estaba tan molesta conmigo misma también, porque sabía que de alguna forma yo me lo había buscado al no confesarte antes cuanto te amaba… cuanto te…
— Ya no hay porque hablar del pasado… — la interrumpió de nuevo Harry, sin darse cuenta que había evitado una palabra trascendental en su relación — Sólo debemos luchar por el presente, por lo que nos espera… — le sonrió — Tal vez debíamos separarnos para madurar, para crecer como personas el uno alejado del otro; pero ahora estamos juntos de nuevo y es lo único que importa… Lo que de verdad cobra significado para mí — le confesó.
Hermione sintió sus ojos anegarse de lágrimas ante sus palabras. Quizás él tenía razón, la vida los había separado por un malentendido, mas era su amor el que los estaba uniendo de nuevo. El que siempre los había mantenido juntos aun sin estarlo físicamente. Y el saber eso, era más valioso que todo. Más importante que un tonto beso de un impulso adolescente.
— Te amo Herm. Te he amado la mitad de mi vida. Y planeo hacerlo por lo que me queda de existencia… — le besó la frente. Hermione cerró los ojos al sentir sus labios y dejo escapar un suspiro entrecortado ante tantas emociones juntas — Pero estoy dispuesto a alejarme de ti para siempre, si eso es lo que quieres — la miró intensamente, su voz un abismo de emociones.
— ¿Qué, en todo lo que te contó Will, no entendiste?… — le recriminó con suavidad, acercándose más a él. Harry la miró sin comprender — ¡Ya no puedo estar sin ti, Harry! — declaró, sus ojos brillando de sinceridad.
— Herm, yo… — su corazón perdió un latido del revuelo que causó ésa confesión.
— Creo que nunca te lo había dicho, y si alguna vez lo dije fue en tiempo pasado, pero la verdad es que… — murmuró con nerviosismo. La boca de Harry se secó por la expectación — ¡Te amo! — exclamó con la voz temblando de sentimiento.
Harry suspiró pesadamente, el corazón le dio un vuelco.
— ¿Me…?
— ¡Te amo Harry!, siempre lo he hecho. Y el haber estado alejada de ti, sabiendo cuanto te amo, es lo peor que he sentido. Yo… De verdad te amo — y antes de darle tiempo de pensar en algo más, se inclinó hacia él y lo besó como había soñado muchas veces que lo besaría luego de haberle confesado sus sentimientos. Harry la rodeó con sus brazos.
— ¿Entonces no estás enojada por citarte aquí, y todo el pasado? — atinó a preguntar torpemente una vez se hubieron separado.
— Tonto, — le pasó una mano por el cabello, descubriendo por un segundo ésa cicatriz que había sido su martirio por muchos años. Soltó un ligero suspiro y la cubrió con su flequillo distraídamente. Harry esperaba impacientemente su respuesta — todo eso quedó en el pasado ¿recuerdas?, ése era el punto de discutir… — chasqueó la lengua, como si le explicara a un niño que dos más dos es cuatro. Harry sonrió extasiado, y se permitió disfrutar de ése gesto; había extrañado tanto verlo, el cual, por cierto, la hacía ver adorable — Aunque, — prosiguió Hermione posando su otra mano en su mejilla viéndolo con inmensa ternura — ¿qué más podía esperar de ti al organizar esto?, — señaló mirando alrededor. La mirada de Harry se transformó en desconcierto — siempre has sido un impulsivo — le acusó en broma.
— Oye, pero… — mas sus réplicas fueron calladas cuando los suaves y tibios labios de Hermione hicieron contacto con los suyos luego de halarlo suavemente por la nuca — ¡Te amo! — murmuró contra sus labios arrancándole una sonrisa en medio del beso.
— ¡También te amo!, ¡ayer, hoy y siempre! — y con ésas palabras le regresó el alma al cuerpo. Y selló aquella promesa uniendo sus labios de nuevo.
Harry sonrió feliz cuando sus labios volvieron a estar juntos, su corazón bombeaba tanta sangre por su cuerpo y a una velocidad asombrosa que pensó todo el mundo lo escucharía. Su estómago era un remolino de emociones. Sentía como si probara el agua por primera vez en mucho tiempo. Era alucinante lo que Hermione le hacía sentir con un beso. Con sus brazos entrelazados en su cuello, sus labios moviéndose en sincronía con los de él, aumentando y bajando la intensidad cuando el oxígeno se los permitía y según él se lo pedía silenciosamente, alborotándole el cabello más de lo que ya estaba.
Para Hermione era como volver a respirar luego de estar sin aire durante mucho tiempo; era salir a la superficie. Con los brazos de Harry bien sujetos de su cintura trazando círculos distraídamente, con su caliente y húmeda boca abriéndose sobre la suya pidiéndole a gritos dejarlo explorarla como hacía días no lo hacía. Alimentándose de su sabor, sin encontrar la saciedad, queriendo permanecer ahí el resto de su vida. Con sus bocas fusionadas, las mejillas sonrojadas, y la respiración entrecortada mientras sus lenguas danzaban a la par y sus manos se aferraban al otro.
Por desgracia para ambos siempre había un entrometido que les entorpeciera el momento. Y ésta vez fue el clamado oxígeno que exigía llegar a sus pulmones hambrientos.
— Esto quiere decir… que… ¿ya está todo bien? — le preguntó Harry con la respiración entrecortada. Sus ojos brillaban de una manera que Hermione sólo había visto dirigida a ella, haciéndola sentir especial. Sus frentes al igual que sus corazones estaban unidos, y sus brazos se sujetaban al otro con vehemencia.
— No, — negó lentamente recuperando el aliento. La mirada de Harry se opacó… — ¡estamos excelente! — para brillar con más intensidad de ser posible.
— Herm, ¿entonces el hablar con tu amigo no sirvió de nada? — le preguntó dudoso.
— Si sirvió, así pudiste comprender porque Will es tan especial para mí.
— Dejémoslo en amigo, ¿de acuerdo? — repuso en tono bromista.
Hermione chasqueó la lengua, mas la sonrisa en sus labios era incapaz de ocultar, al igual que la de Harry.
— Nunca pensé que llegaría el día en que me celaras. Lo hubiera pensado de Ron, pero de ti — lo miró divertida.
— Es totalmente diferente. Ron se pone celoso como hermano. En cambio, yo… — replicó en un bufido.
— Tú como mi enamorado celoso — le dio un suave beso en el ceño.
— Además tengo motivos, si mal no recuerdo, porque por desgracia recuerdo muy bien; — remarcó con ironía — él y tú fueron novios — expuso a regañadientes.
Hermione rodó los ojos.
— Pero al que quiero es a ti — lo tranquilizó.
— Ah, ahora resulta que "me quieres". Hace rato era amor. ¡Vaya con las mujeres!, sí que son susceptibles en cuando a sus sentimientos. No, si ya me imagino, ¡al rato vas a decir que me odias! — dramatizó con broma.
— Harry…
— ¿Qué? — le sonrió inocente.
— Ya cállate — y lo besó.
Si esto gano con hablar, por supuesto que me tendrás hablando toda la noche Hermione, pensó con gusto el ojiverde, respondiendo a su caricia.
— Pones mi mundo de cabeza Herm — le rozó suavemente los labios.
— Espero en el buen sentido — sonrió regresándole la caricia.
— ¡En el mejor!, ¡te amo!… — la besó por unos segundos — Dios, ¡cuánto te amo!, y no me cansaré de decírtelo, así pasen mil años — manifestó con fervor.
— Que bueno, porque jamás me cansaré de escucharte decirlo — le dio un beso en la barbilla ocasionando un suspiro por parte de Harry.
— Y me vuelves loco — añadió como confesión el ojiverde apresando su rostro entre sus manos.
— ¡Te amo Harry! — lo miró intensamente, sus ojos brillantes y las mejillas con un ligero color carmesí.
— ¡También te amo Hermione! — y la besó con tanta pasión y vigor que su peso hizo ceder a Hermione quedando recostados con la mitad de su cuerpo fuera de la cama. Cosa que solucionó Harry al instante; tomándola ágilmente de la cintura y las piernas, la haló hacia arriba con delicadeza hasta dejarlos tendidos en medio de la inmensa cama de sábanas color perla con encajes dorados y enormes almohadones del mismo diseño.
Se separaron con la respiración agitada, sin importarles ni cohibirse en absoluto por la posición en la que estaban. Sonriendo con embeleso, Harry le acarició suavemente el rostro, haciendo sonrojar a Hermione cuando le dijo: — ¡Eres tan hermosa! — con tanto ahínco que le hizo perder un par de latidos a su corazón.
— No sé cómo no me di cuenta durante todos estos años lo que tenía frente a mí, — siguió hablando Harry. Confesándose — tuve que estar a punto de perderte para saber que mi vida jamás sería la misma sin ti. Para darme cuenta que no podría verte de nuevo sólo como mi mejor amiga otra vez. Siempre estuviste conmigo cuando más lo necesité. Apoyándome. Aconsejándome. ¡No tienes idea de cuánto te amo Hermione!… — le besó suavemente la frente, con devoción, antes de bajar el rostro y susurrar en su oído algo que por poco le ocasiona un infarto a la castaña — ¡Quiero pasar el resto de mi vida contigo! — manifestó seguro, su voz tembló por la emoción y la verdad de dicha declaración.
Los ojos de Hermione se llenaron de lágrimas y lo abrazó fuertemente contra sí, sintiendo su cuerpo por completo. Escuchando y apreciando el palpitar de su desbocado corazón apoyado junto al de Harry. Y había dudado antes del amor de Harry. Dios, se sentía tan estúpida ahora.
— ¡Yo también quiero pasar el resto de mi vida contigo, Harry!, — expresó con la voz y la barbilla temblándole de emoción — ¡te amo mucho!, más de lo que llegué a imaginar podría amar a alguien. Todo el tiempo que estuve lejos por más que me empeñé a negar lo que sentía, no pude. Porque esto que siento es tan real, verdadero y puro que nada lo va acabar. ¡Te amo!, ¡te amo!, ¡te amo!… — repitió hasta la saciedad en su oído sintiéndolo estremecerse.
Buscaron los labios del otro con urgencia, queriendo fusionar sus almas con ése beso lleno de amor. Las manos de Harry se dirigieron sin prisa a la cintura y espalda de Hermione, acariciándola apenas imperceptible al tacto mientras las de Hermione se dedicaban en perderse una en su cabello apretándolo suavemente y la otra a acariciar su pecho, entreteniéndose con los botones de su camisa.
Pronto se dejaron llevar por el momento y los besos ya no eran un simple roce de labios, sus lenguas recorrían la boca del otro con una maestría y audacia arrancando suspiros varios. Las manos no se quedaban en un sólo lugar y parecía que trazaban senderos sobre las ropas y la piel que encontraran en el camino. La camisa de Harry estaba completamente arrugada, con el cuello hacia arriba y desabotonada del pecho al estómago, dejando un sólo botón en su lugar; del cual se ocupó el mismo Harry para después lanzar la prenda lejos, aprovechando para quitarse los zapatos y calcetines, sin desatender en algún segundo los labios enrojecidos de Hermione. La cual, por cierto, estaba casi en las mismas condiciones; con el cabello desparramado sobre la almohada como una nube castaña, sin zapatos y con la blusa recorrida casi hasta la línea de su sostén, dejando la piel del abdomen a merced de las diestras manos de Harry, las cuales delineaban cada línea de sus costillas, cada curva que encontraba, y entreteniéndose con subir un poco más su blusa; sin ninguna objeción por parte de la ojimiel.
— Aguarda — se separó de golpe Hermione.
— ¿Qué? — preguntó Harry torpemente, con la voz enronquecida.
Mas Hermione sólo se incorporó un poco, tomó el extremo de su blusa y tiró hacia arriba. Harry la ayudó rápidamente, sustituyendo sus pequeñas manos con las suyas, haciendo la tarea con algo de torpeza por la nula práctica, pero consiguiéndolo al final, junto con una suave sonrisa de Hermione antes de quitarle su blusa de las manos y lanzarla junto a la camisa de él para después recostarse lentamente, llamando a Harry con la mirada.
Y nuevamente se besaron.
Ya sin las prendas superiores estorbándoles, se permitieron recorrer con sus manos al otro con mayor libertad. Las manos de Hermione recorrieron de arriba abajo el pecho de Harry y una se coló a su espalda, clavándole débilmente los dedos en la columna cuando los labios del ojiverde abandonaron los suyos y se apoderaron sin misericordia de su cuello. Hermione ahogó un jadeo, mas no pudo evitar estremecerse por el torrente de emociones que la embargaron con aquella caricia por parte de sus labios, lengua y dientes. Arqueó la espalda tratando de aligerar la presión que sentía en el pecho cuando Harry colocó una mano en su seno, y un pronunciado suspiro escapó de sus labios entreabiertos.
Harry no podía creer lo que causaba en Hermione, sólo se estaba guiando por su instinto y su deseo de probar todo de ella; así que envalentonado por su respuesta una mano se coló en su espalda, ascendiendo hasta topar con el broche de su sostén y deshacerse de él. A pesar de los nervios y la ansiedad que seguramente sentía Harry, Hermione pudo notar claramente la seguridad y dulzura de sus movimientos; fue por eso que no se sintió apenada cuando aquellos ojos esmeraldas se conectaron con los suyos una vez el sostén fue arrojado fuera de la cama. La mirada del pelinegro se dirigió lentamente a sus senos; admirándolos.
— Merlín… — no pudo evitar soltar Harry del asombro. Tragó saliva y sintió de inmediato las manos empezar a transpirarle. Hermione se mordió el labio un tanto insegura — Eres hermosa, Hermione. ¡Realmente lo eres! — declaró mirándola a los ojos.
Las mejillas de Hermione se sonrojaron y cerró los ojos cuando lo sintió descender a su rostro, casi al instante sintió sus cálidos labios sobre los suyos, pidiéndole permiso para degustar su boca. Y justo cuando su lengua chocaba con la suya, una mano se posicionó sobre su pecho desnudo. Ambos gimieron.
— ¡Te amo! — murmuró Harry, comenzando un camino de besos de sus labios a sus hombros, pasando por su barbilla, quijada, cuello y la línea de su clavícula.
Mientras tanto Hermione dirigía de nuevo sus manos a su pecho y descendía en movimientos astutos por todo su tórax, tocando sus costados acelerándole la respiración; hasta llegar a su abdomen, pasando sus uñas desde su diafragma hasta debajo de su ombligo; a la línea del pantalón; para volver a subir y clavar tenuemente sus dedos en sus pectorales. Harry no pudo evitar soltar un suave gemido. Y le dirigió la misma atención a su otro seno, mientras con la otra mano recorría desde la pantorrilla hasta la cadera, la pierna que había flexionado Hermione.
¿Cómo podía haber tanto calor en ésa habitación acondicionada?, se preguntaron. Las frentes ya tenían una ligera capa de sudor.
Sentían el cuerpo en llamas, la boca la tenían seca y húmeda a la vez. Seca, como si hubieran corrido un maratón. Y húmeda, ante la expectación de lo que les faltaba por probar.
Y sus corazones parecían haberse ido a otro planeta. Nunca antes habían sentido tanta emoción. Era como descubrir el mundo de la magia de nuevo.
Era… era como…
Mas ya no pudieron hacer comparación alguna, porque cuando la boca de Harry se apoderó de un seno de Hermione, el mundo dejó de existir. Sus cuerpos se incineraron. Y soltaron sendos suspiros que bien podrían haberlos escuchado hasta en la recepción. Sin tener idea de cómo lo habían hecho, o si fue uno o el otro, un resplandor inundo el cuarto un par de segundos y después se extinguió como si nunca hubiera estado ahí. Se había insonorizado la habitación.
— ¡Harry, te amo! — exclamó Hermione apresando su cabello con una mano, sus ojos se pusieron cristalinos y el estómago le dio un golpe contra la garganta.
En un momento de desesperación, las manos de Harry se dirigieron al pantalón de Hermione y con un poco de ayuda por parte de la castaña, se lo quitó por completo, quitándose él a su vez el suyo y arrojarlos juntos al suelo. Contuvieron el aliento al apreciar el cuerpo del otro. Y con delicadeza, Harry recostó la mitad de su cuerpo sobre el de Hermione, sus pieles entrando en contacto cortándoles el aliento.
Se besaron de nuevo en los labios y dejaron que sus caricias hablaran por si solas. No podían concebir la dicha que los embargaba en aquel momento. Nunca en la vida, pensaron que algo así podría pasar entre ellos. Que llegaran a estar en ésa situación, pero por nada del mundo lo cambiarían. Era el paraíso.
La pasión se vio opacada con el pasar de los minutos con la ternura y devoción de sus caricias y besos; los gemidos entrecortados de transformaron en suspiros ahogados. La desesperación pasó a transformarse en una tranquilizante suavidad de sus movimientos. De su entrega.
Simplemente estaban haciendo el amor. Se estaban entregando en cuerpo y alma al otro. ¿Qué importaba sino se consumaba la unión?, ya sería después. No tenían prisa alguna. Tenían aun muchos años para vivir. Juntos.
Ahora sólo tenían ése momento para disfrutar. Con Harry depositando suaves besos en el cuello de Hermione, acariciando su cuerpo; los ojos cerrados, permitiéndose sentir aún más. Ahogándose en sus cinco sentidos.
— Te amo — fue él quien lo dijo, o tal vez ella. Los corazones se sincronizaron cuando una extrema añoranza les arañó cada poro de la piel. ¿Y si…?
Pero antes de que Harry pudiera interrogarla o decidirse a actuar, la voz de Hermione, llena de seguridad y anhelo hizo que perdiera el aliento como por arte de magia.
— Hazme el amor, Harry — le pidió en un suspiro.
El pelinegro se apartó de su cuello para mirarla a los ojos.
No necesitó respuesta alguna, había aprendido a lo largo de los años a interpretar cada gesto, cada mirada. No obstante, Hermione asintió en silencio y soltando un suspiro cerró los ojos, dejándole espacio entre sus piernas. Y Harry se dejó llevar…
A partir de ése momento, el mundo desapareció de su alrededor. Se sintieron reposar sobre algodón. En el momento en que uno formó parte del otro y sus almas se conectaron se juraron en silencio que jamás dejarían que algo más los separara. Con sus labios unidos. Las manos entrelazadas. El respirar agitado. Y el corazón desbocado. Bailaban un vals casi terrenal que sólo algunos privilegiados lograban conocer. Llevándolos al cielo juntos. Para regresar tomados de la mano. Dándole la bienvenida a ése abismo de emociones con los brazos abiertos. Acogiéndolo en cada parte de sus cuerpos. En su alma.
Si permanecieron unidos por minutos u horas, no importó. No cuando la sensación de satisfacción y amor aun reinada sus corazones. Las sonrisas jamás abandonaron sus rostros. Harry rodeaba a Hermione tan estrechamente que no se sabía dónde comenzaba uno y donde terminaba el otro; quería fundirse en ella. Permanecer a su lado siempre, tal cual había dicho hacia poco.
Hermione no concebía la plenitud que la invadía, estaba viviendo su utopía, junto a Harry. Era como un cuento de hadas. Uno por el que se aferraría para que siguiera existiendo.
El cansancio se hizo presente casi al instante, y justo cuando sus párpados empezaban a cerrarse Harry usó lo último que le quedaba de fuerzas para girar un poco la cabeza y susurrarle al oído a Hermione:
— ¿Quieres ser mi novia?
— ¿Tú que crees?, — le respondió Hermione soltando una corta risa alegre a pesar del cansancio — llevo esperando que me hagas ésa pregunta desde sexto grado.
Harry sonrió y la estrechó más entre sus brazos.
— No tendrás que esperar más, nunca más — replicó el ojiverde.
Hermione sonrió, cerrando los ojos lentamente.
— Hermione, — la llamó antes de quedarse dormido. La castaña abrió los ojos para verlo — no vuelvas a huir de nuevo; pase lo que pase, lo enfrentaremos juntos, ¿de acuerdo? — le pidió. Hermione le sonrió.
— No esperaba hacerlo de otra forma.
Y dándole un suave beso en los labios, viajaron al mundo de Morfeo con una sonrisa esculpida en sus rostros.
Al fin la espera había terminado. Finalmente estaban juntos.
