Capítulo 33: ¿DÓNDE ESTARÁS AHORA?

— ¡Hasta que llegas!… — fue el recibimiento que tuvo Hermione un par de horas después en su casa, ocasionándole un respingo al ver a Luna salir de entre las sombras. Apenas tuvo el tiempo suficiente para sorprenderse cuando la rubia se fue contra ella de nueva cuenta — ¡¿Qué no recibiste mis cartas?!… ¡¿Dónde diablos te metiste eh?!… ¡¿Y POR QUÉ DEMONIOS APAGASTE TU MALDITO CELULAR?! — bramó exaltada.

Crookshanks salió como alma que lleva al diablo de la cocina y saltó sobre ella en cuanto la vio, Hermione lo atrapó en el aire. Al parecer el pobre minino había escuchado muchos exabruptos por parte de su amiga los últimos días; y por la forma en que se restregaba contra su pecho y sentía su agitado corazón en la palma de la mano, estaba más que feliz de verla de nuevo.

— ¡Bueno ¿y qué esperas?!… ¡Muévete! — le urgió mirándola con exasperación.

— ¿Qué tienes? — apenas pudo musitar Hermione, cual si fuera la primera vez que la viera. Crookshanks soltó un chillido de molestia cuando Luna lo arrebató de los brazos de Hermione y lo depositó sin cuidado alguno en el suelo, dándole un "ligero" empujoncito con el pie para que se fuera de nuevo a la cocina. La castaña la tuvo que mover a un lado cuando la afilada garra del minino se lanzó sin misericordia sobre una de las piernas de la rubia con coraje; arañaron el aire. Indignado, Crookshanks se marchó con la cola en alto a las habitaciones.

— ¿Qué tengo?, ¡¿qué tengo?!… — repitió la rubia sin darse cuenta de nada — ¡Pasa que te vas por cinco días!, ¡CINCO!, ¡no me dejas un teléfono al cual comunicarme contigo!, ¡apagas tu celular!, ¡y encima te mando cartas vía lechuza esperando te llegaran y no lo hacen!, ¡¿Y DICES QUE ME PASA?! — explotó. Sus mejillas se sonrojaron.

— ¡Lu, dime que pasa! — exigió saber, perdiendo la paciencia.

— ¡Pasa que Will se va!… — soltó sin anestesia — ¡Pasa que pidió un traslado a Irlanda hace dos semanas y no nos lo informó!; ¡Pasa que me enteré hace cuatro días!; ¡Pasa que traté de comunicártelo y no pude!; ¡Pasa que nos mintió diciendo que se iría en una semana más y no es cierto!… ¡La fecha del traslado es en ésta semana, Hermione!… ¡HOY! — terminó gritando, respirando agitadamente.

Hermione sintió como si su cuerpo se hubiera hecho de plomo; la cabeza le dio vueltas. Sólo cuatro palabras hicieron eco en su cabeza: Will… Traslado… Irlanda… ¡Hoy!…

Cuándo reaccionó la cabeza aún le daba vueltas, pero aparte de eso sentía una ligera molestia en la nuca. Desconcertada, vio a Luna con varita en mano mirándola preocupada; pero lo que la alteró aún más fue que tuvo que levantar la mirada para enfocarla. Y ahora que lo pensaba, ¿qué hacía recostada en ése… sofá?

— ¿Qué… que pasó? — le preguntó desorientada. Se enderezó con lentitud frotándose la nuca.

— Te desmayaste, — le explicó Luna sentándose a su lado — ¿estás bien? — añadió con preocupación, hablándole suavemente. Cual si hablara con un paciente gravemente enfermo.

— Eso creo — replicó insegura. ¿Me desmayé?, se preguntó en silencio. Su rostro intranquilo alteró a Luna.

— Mejor te llevo a San Mungo. ¿Puedes caminar? — se levantó con rapidez, tomándole suavemente un brazo para ayudarla a incorporarse.

— No, no; es decir, si, si puedo caminar, pero no es necesario. Estoy bien, en serio — le aseguró.

— ¿Hace cuánto que comiste? — la miró con reprimenda.

— Un par de horas — murmuró vagamente.

— ¿Qué comiste? — insistió.

— Luna, estoy bien. De verdad — repitió Hermione.

No le gusto que Luna le dedicara una mirada perspicaz. Pero es que la rubia tuvo la culpa de su desmayo en primer lugar. ¿A quién se le ocurría soltar todo aquello de que Will…?

El alma se les vino a los pies. Palideció al instante.

— ¡Will!… — chilló de manera ahogada poniéndose de pie de un salto. Luna la sostuvo al verla tambalearse — ¡¿Cómo que se va?!… ¡Tengo que ir a verlo!; ¡¿Dónde está?!… ¡No se puede ir así sin más! — y conforme farfullaba todo aquello, buscaba su varita entre sus bolsillos para Aparecerse así sea en Irlanda misma.

— No vas a ir así… — replicó Luna con seriedad, tomando la varita de Hermione de encima de la mesita de centro antes de que ésta la alcanzará — Herm, te acabas de desmayar, — le recordó — estabas apunto de hacerlo de nuevo. ¿Y piensas Aparecerte?, ¡claro que no! — refutó.

— Luna, dame mi varita — le pidió, tendiéndole la mano.

— Estás loca si piensas que lo haré — le respondió la rubia cruzándose de brazos.

— ¡Luna!, — la miró exasperada — ¡no tengo tiempo!, ¡TENGO QUE IMPEDIR QUE WILL SE VAYA! — los ojos se le empañaron por las lágrimas. Un nudo se formó en su garganta. Y antes de poder decir algo más, los sollozos sacudían su cuerpo. Luna no dudo en abrazarla; descuidándose… momento que aprovechó Hermione: Arrebatándole la varita, se concentró, y con un ¡Plin! se había ido.

— ¡Castaña tramposa! — exclamó Luna con frustración, como si pudiera oírla.

Crookshanks regresó a la sala, y al ver sólo a Luna, sus orejas cayeron a los lados.

— ¡Oh, vamos Crookshy!; ahora vuelve… — lo trató de animar — Anda, creo que se le pasó a todo el mundo darte de comer éstos días ¿no?, — le sonrió apenada — vamos a la cocina. Herm vuelve pronto… — repitió. El minino la miró con desconfianza — Anda, gatito, gatito, gatito… — y se fue llamándolo. Sólo cuando se escuchó el sonido de la comida caer al plato, Crookshanks se atrevió a seguirla. Su estómago gruñía en protesta desde hacía varias horas, luego de cazar el último ratón de la casa del vecino.


El corazón le dio un vuelco a Hermione cuando comprobó que lo dicho por Luna era cierto.

El siempre colorido y adornado departamento de Will estaba completamente vacío. Los cuadros de las paredes que ella y Luna habían colgado se habían ido a quien sabe dónde. Los muebles de la sala que Terry y Will eligieron un día en un centro comercial de seguro ahora estaban camino a Irlanda. Las fotos que se tomaron en cada aventura habían sido removidas. Incluso la vieja y manchada alfombra en donde una vez Luna había tirado sus nachos por el susto que le causó una película de terror, había desaparecido. Sólo quedaban paredes vacías, pisos desnudos… y recuerdos abandonados.

Las lágrimas se precipitaron por su rostro, dejándose caer de rodillas cuando las fuerzas la abandonaron. Se había ido, aquella realidad le cayó de golpe. Se había ido y ni siquiera había podido decir adiós. Se había marchado a Irlanda.

La había dejado.

Su cuerpo se convulsionó por los sollozos, ocultó el rostro entre las manos, sintiéndose frustrada por no haber llegado a tiempo. Por no haberse dado cuenta antes de lo que pasaba…

— ¿Por qué te fuiste Will? — preguntó entre sollozos.

— Aun sigo aquí.

Levantó la cabeza tan rápido que creyó haberse roto el cuello, mas la sonrisa que mostró su rostro al ver a Will frente a ella, en el pasillo que conducía a su habitación, pudo borrar cualquier dolor; llenándola de un alivio momentáneo.

— ¡Will! — se levantó de un salto y se abalanzó sobre él. El pelinegro retrocedió un paso por el impacto, mas no dudo en abrazarla con el mismo frenesí que la castaña, enterrando la nariz en su cabello, grabando en la memoria su aroma.

Las lágrimas aun corrían sin pausa alguna por las mejillas de Hermione, sorbió la nariz antes de levantar el rostro y mirar ésos ojos azules que por un momento creyó perdidos. Una sonrisa esperanzada en sus temblorosos labios.

Sin embargo, la mirada que recibió le estrujó de una manera dolorosa el corazón. Una sentencia de despedida. De adiós.

— Te irás ¿no es así? — musitó con la voz quebrada. Otro río de lágrimas viajó por su rostro. Will le sonrió sereno, asintiendo a la vez.

— Me voy en una hora. El traslador ya está listo — señaló a su izquierda. La única prenda que había en la casa: una vieja gorra del Chelsea reposaba sin gracia en el solitario suelo.

El labio de Hermione tembló al igual que toda ella.

— ¡Pero yo no quiero que te vayas! — soltó de manera llorosa, con el mismo dolor de quien pierde para siempre a un ser amado.

El pelinegro la volvió a encerrar con fuerza en sus brazos, pegándola a su pecho unió sus labios a la frente de Hermione, respirando entrecortadamente, buscando la determinación de su decisión.

— ¡Te voy a extrañar mucho!… — le confesó con profunda tristeza Will — Quiero que sepas, que amé cada minuto que pasé a tu lado. Formaste una parte indispensable en mi vida, Jean; ¡y así será siempre!… — se le quebró la voz, las lágrimas se deslizaron sin compasión por su rostro, cayendo como cascada en el hombro de la castaña. Hermione se sacudía en suaves sollozos — No me olvides ¿quieres? — le pidió con una sonrisa temblorosa.

— ¿Por qué haces esto Will?, ¿por qué no me lo dijiste antes?, ¿por qué me ocultaste tu partida? — le preguntó sin poder evitar el tono de reproche en su voz. Sujetándose fuertemente a su camisa.

— Porque así no tendríamos que pasar por lo que estamos pasando ahora. Las cosas serían más sencillas. No quería despedirme de ti… porque no puedo — otra rebelde lágrima se deslizó por su mejilla hasta caer en su cabello.

— ¿Y crees que fue lo más sensato?, ¿qué por no despedirte me ahorrarías el dolor? — le recriminó sin poder contenerse, apartándose de él.

Asintió avergonzado.

— ¡Eres lo más importante que me ha pasado en mucho tiempo! — declaró con exaltación Hermione.

Pero no en la vida Jean, pensó con dolor Will.

— ¡Estoy perdida sin ti! — la voz le tembló. Los ojos los tenía rojos e hinchados por las lágrimas que seguían fluyendo.

— No digas eso — se acercó a ella, tocándole la mejilla; el simple contacto le provocó una llamarada en el interior.

— Es la verdad — sollozó, su mirada nunca dejó de verlo suplicante. Will bajó la mano, cabizbajo.

— Yo ya no encajo aquí, Jean. Mi vida está en Irlanda y tú lo sabes — murmuró como excusa.

— ¿Romperás tu promesa? — aquella pregunta dolorosa caló hasta en lo más profundo de su alma.

— Nunca con intención — replicó con la voz áspera.

— Dijiste que jamás me harías daño… y ahora lo haces — acusó Hermione de forma infantil. La barbilla le temblaba.

— No puedes retenerme por ésa promesa aquí, lo sabes… — suspiró profundamente. Los minutos corrían veloces, estaban balanceándose sobre el hilo del tiempo.

— No volverás ¿verdad? — un torrente de lágrimas salió de sus ojos al observar que se quedaba en silencio.

— Haberte conocido, Hermione Granger, ¡fue lo mejor que pudo haberme pasado en la vida!, y daré gracias por ello el resto de mis días… — declaró tomándola con delicadeza de los hombros, mirándola profundamente con aquellos ojos azules — Me hiciste mejor persona de la que ya era.

— ¡Por favor no te despidas!, — sollozó Hermione tomando su camisa entre sus temblorosas manos — no quiero que esto termine… ¡Quédate por favor! — le suplicó en un lamento.

— Mi promesa siempre existirá Jean… — le colocó una mano a un lado del rostro, trazando círculos sobre su sonrojada mejilla, borrando por segundos el rastro de su llanto, para sentir de nuevo la humedad de sus lágrimas en sus dedos — Jamás dejaré de ser tu amigo; no importa dónde ni que tan lejos esté, siempre estaré contigo. ¡Fue un placer haberlo sido durante todos estos años! — las lágrimas bañaron sus ojos azules. Tuvo que tomar aire unos instantes para calmarse.

Hermione no dejaba de sollozar entrecortadamente y dejar salir lágrimas.

— ¡No quiero perderte! — exhaló con angustia.

El recuerdo de la noche en que Will la encontró en brazos de Harry viajó a su mente a la velocidad de la luz. Aquellas mismas palabras, por motivos distintos. No pudo evitar sonreír sinceramente; a pesar de que ahora sufriera por su ausencia, tenía el alivio de que no la dejaría sola.

— No te dejo sola — la miró significativamente.

— Pero no es lo mismo… — contradijo la ojimiel — ¡Te quiero mucho! — replicó con dolor.

— ¡Y yo a ti Jean!, yo a ti — y la encerró en sus brazos como si su vida dependiera de ello. Las lágrimas se deslizaron de nuevo por sus mejillas cuando notó el acelerado corazón de Hermione contra el suyo, sintiendo su respirar entrecortado en su cuello y las lágrimas mojándole la camisa.

— Siempre serás mi mejor amigo…

— Siempre serás mi mejor amiga…

Prometieron al unísono.

Las campanas del reloj de Londres empezaron a replicar en aquel entonces. Rompiendo con el momento. Un sonido de condena para sus oídos.

— Es la hora — dictaminó Will con voz rasposa.

— ¿Nos veremos otra vez? — le preguntó Hermione en el último momento, aferrándose un momento más a él, temiendo el inminente momento de su partida.

William permaneció en silencio unos segundos disfrutando del abrazo. Otro par de campanadas se escucharon. La gorra empezó a titilar…

— Si — contestó de forma vacilante.

— ¿Lo prometes? — se apartó para mirarlo a los ojos.

— Lo prometo — y sin poder resistirse le dio el último beso. Grabando para siempre en su memoria la textura y el sabor de sus labios. Llevándose consigo la calidez de su abrazo. El aroma de su esencia.

Segundos después Hermione lo veía desaparecer en un torbellino de colores. Un gesto de despedida en su mano. Una suave sonrisa en sus labios.

— Se fue — fue lo único que pudo pronunciar Hermione cuando entró a su casa. Luna y Crookshanks la regresaron a ver al mismo tiempo. Su mirada ida, el rastro de lágrimas en su rostro, sus ojos rojos e hinchados, además de su voz rasposa inquietó de sobremanera a su amiga. Pero fue más al ser consciente del significado de sus palabras.

William se había ido.


Cuatro días después y Hermione seguía tirada en su cama usando la ropa de dormir que, aunque ya pasaba del mediodía, se rehusaba a quitarse. En la mesita de noche aun reposaba lo que Luna le había servido de desayuno, intacto como la cena de anoche. Crookshanks dormitaba sobre su vientre, moviéndose de vez en cuando al percibir una distraída caricia por parte de la castaña.

Su estéreo seguía reproduciendo una y otra vez la misma deprimente canción "Need" de Hana Pestle…

I'm not quite sure how to breathe

Without you here

I'm not quite sure if I'm ready to say goodbye

To all we were

Cuantas veces había estado deprimida en el pasado y William siempre iba y la animaba. Ahora era él el causante de dicha tristeza. Todo porque se había marchado.

Be with me

Stay with me

Just for now,

Let the time decide

When I won't need you

Las lágrimas se asomaron en su miel mirada. Y ni siquiera la había preparado para decirle adiós. Tal vez… quizás… si tan sólo le hubiera previsto antes de su partida, no le doliera tanto como ahora.

My hand searches for your hand

In a dark room

I can't find you

Help me

Are you looking for me?

Musitó un sollozo ahogado. No. Ni aun así lo hubiera dejado ir. Él era una parte indispensable en su vida. ¿Cómo se suponía ahora que continuaría?

Can I feel anymore?

Lie to me, I'm fading

I can't drop you

Tell me, I don't need you

Irónicamente. Ahora sabía un poco como se habían sentido sus amigos cuando ella misma los abandonó en el pasado.

Quizás sólo estaba pagando por el daño que había causado en el antaño.

My hand searches for your hand

In a dark room

I can't find you

Help me

Are you looking for me?

Cruel destino. Una lágrima se deslizó por su mejilla.

Ella ya había sufrido lo suficiente. Justo ahora cuando era más feliz que nunca la vida se agraviaba contra ella quitándole lo más malditamente bueno que le había pasado en años.

¿Y ahora qué?, ¿continuar?

La simple idea parecía inverosímil.

Etch this into my brain for me

Tell me, how it's supposed to be,

Where everything will go,

And how I'll be without you by my side?

"Jamás dejaré de ser tu amigo; no importa dónde ni que tan lejos esté, siempre estaré contigo"

Él lo había dicho. Pero ¿cómo cumplirlo si estaba en otro país, y tan lejos de ella?

Sólo le había mentido para aligerar el momento de su adiós. Cual iluso era si pensó por un segundo que funcionaría.

Aquella frase no era más que un tormentoso recuerdo de su alejamiento.

My hand searches for your hand

In a dark room

I can't find you

Help me

Are you looking for me?

Y todo era su culpa ahora. Porque, al igual que siempre, el "hubiera" no existió, y no pudo evitar que se marchara.

No importaba cuanto buscara su mano en la oscuridad… él no estaría ahí para tomarla.

Al igual que no estaría en el futuro.

My hand searches for your hand

In a dark room

I can't find you

Help me

Are you looking for me?

Sus párpados se cerraron sin darse cuenta, cayendo en la inconciencia… Con el rostro de su mejor amigo gravado en la memoria… y, dolorosamente, en el corazón.


Horas más tarde Luna entraba a la habitación cargando una bandeja repleta con platos de comida y dos vasos de jugo, llamando a Hermione. La ojimiel se restregó los ojos con somnolencia, apenas dándose cuenta que su amiga le dejaba la comida a un lado y se sentaba junto a ella. Crookshanks dormitaba a un costado, usando la almohada como una mullida cama.

Hermione había dormido por varias horas, y eso sumado a la nula alimentación, la tenían débil y adormilada, por lo cual ni siquiera se sentó en la cama, sólo permaneció recostada sobre su espalda.

— No probaste el desayuno — le reprendió Luna con seriedad, mirando los platos intactos en su mesita de noche.

Hermione no dijo nada. Si bien al principio cuando vio el plato durante la mañana tuvo ganas de abalanzarse sobre él y comérselo todo; una repentina náusea se había anidado en su vientre y garganta amenazándola silenciosamente a no probar bocado.

— Herm, tienes que comer. No es bueno que no te alimentes. Anoche tampoco cenaste… — le recordó con reprimenda. La castaña sólo la regresó a ver. Luna soltó un suspiro resignado al saber que no obtendría respuesta de su parte — Te preparé un poco de caldo de pollo, necesitas energía — le acercó el plato en la bandeja.

Aun cuando sabía que nadie como Luna preparaba mejor ése platillo, la boca no se le hizo agua como las anteriores ocasiones.

— También traje algo de fruta — le señaló otro plato, donde pedazos de manzana, durazno, mango y uvas reposaban bajo una fina capa de crema batida y chocolate fundido.

Hermione apenas y parpadeó. La angustia aplastante de haber perdido a su amigo era la que le cerraba el apetito últimamente.

— Tienes que superarlo Herm… — le aconsejó Luna sin poder contenerse — No puedes pasar el resto de tu vida postrada en ésta cama como si el mundo se hubiera acabado… — le riñó.

Hermione no pudo evitar una pequeña mueca de ironía. Así era justo como se sentía.

— William se fue, lo entiendo. Y Terry también lo comprende. Recuerda que no sólo tú perdiste a un amigo… — le subrayó mirándola con el entrecejo fruncido. Mas ninguno de ellos lo quería en la forma en la que lo hacía ella, pensó la ojimiel — Tienes que seguir adelante, Herm. Sumirte en la tristeza no ayudará en nada. Tampoco el que te lamentes por él como si hubiera muerto… — añadió.

— Él se fue — musitó ásperamente.

Luna frunció la boca con frustración.

— Si, él se fue, — concordó — mas no murió… — replicó duramente. Hermione la regresó a ver — Entiende esto Herm: él está vivo, no murió; así que no tienes que comportarte como si lo hubieras velado ayer ¿de acuerdo?… — suavizó el volumen de su voz — William no querría que sufrieras por él. Él espera que sigas adelante y seas feliz. ¿Lo piensas decepcionar?

Hermione volvió a contemplar el techo. Luna se levantó, resignada.

— Por lo menos prueba la fruta. Te hará daño no alimentarte — le dedicó una mirada significativa antes de salir.

"Él está vivo, no murió" …

Entonces ¿por qué duele tanto tu ausencia?, se preguntó.

Simple: porque Will era una parte indispensable de tu vida. Gracias a él te sobrepusiste de lo de Harry. Por él sonreíste sinceramente en mucho tiempo. Porque te dio algo porque vivir. Te enseñó a vivir, le respondió una vocecita al oído.

Flash Back

— Esto debe ser una broma — fue lo único que pudo decir Hermione cuando el ascensor se detuvo en el quinto piso.

Igual de estupefacto, pero al mismo tiempo divertido; William se le quedó viendo con la boca ligeramente abierta.

— Así que aparte de amargada también eres bruja — aquel comentario lleno de ironía fue como una bofetada para la castaña.

— ¡Una bruja suficientemente capaz para desproveerte de varita y otra cosa! — le soltó con acritud.

Enarcando las cejas y sonriéndole con reto, el pelinegro entró al ascensor sin intimidarse en lo absoluto por su respuesta. Las puertas se cerraron.

— Entonces… — empezó a decir Will mirándola de reojo.

— Limítate a guardar silencio; ya es suficiente con tu desagradable presencia — le espetó Hermione sin siquiera mirarlo.

— Y yo pensaba que los ingleses se caracterizaban por sus modales "refinados" — comentó el ojiazul haciendo un gesto de comillas con los dedos.

— Eso también se aplica a ti — le espetó con mofa.

— Ahí si te equivocas castaña. ¡Yo!, — se señaló con orgullo — soy irlandés. Y créeme; lo único que tengo de los ingleses es el gusto por el té — increpó levantando la barbilla de modo arrogante, casi infantil.

Hermione suspiró con fastidio.

— Y yo que no tenía nada contra los irlandeses. ¡Qué pena que lo hayas mencionado! — dramatizó.

— Va por partida doble — le subrayó el ojiazul.

— ¡Mira, tonto!… — se giró a verlo cruzándose de brazos, con exasperación brillando en sus ojos miel — En primera, no sé qué haces aquí. En segunda, espero no me estés siguiendo porque haré que te arrepientas. Y en tercera, no quiero que me dirijas la palabra así seas el último hombre sobre la faz de la tierra. ¡Déjame-en-paz! — terminó masticando las palabras, fulminándolo con la mirada.

— En primera, castaña, — se dirigió de igual forma a ella. Hermione frunció los labios al escuchar la forma en que la nombraba — trabajo aquí. En segunda, serás tú la que me sigue porque créeme que lo último que esperaba era toparme con una vieja amargada y grosera como tú… — la mandíbula de Hermione pegó al suelo — Y en tercera, si por mi fuera, ¡no respiraría ni el mismo aire contaminado que tú! — aquello fue la gota que derramó el vaso.

Antes de saber lo que hacía y que el otro se diera cuenta de que pasaba, la mano de Hermione se estrelló contra la mejilla de William volteándole el rostro con tanta fuerza que le dejó la marca de su mano impregnada.

Hermione sintió sus mejillas arder por su propia osadía. Will abrió la boca para decir algo, ¿qué cosa?, ni él mismo lo sabía. Pero en eso se abrieron las puertas, habían llegado al Atrio. La castaña ni lo pensó dos veces, y saltó fuera del ascensor como una exhalación, abrazando los pergaminos que cargaba contra su pecho. Mientras el pelinegro la miraba con ojos incrédulos mezclarse entre la multitud.

Fin Flash Back

No habían iniciado de la mejor manera, pero, aun así, no lamentaba ninguno de ésos momentos a su lado.

Y es que desde ése día los encuentros siguieron al pasar de los días; mínimo se lo encontraba dos veces a la semana. Si se le ocurría salir de la oficina para ir a consultar algo con Percy, o se lo topaba en el ascensor o en algún pasillo; si se iba por red flu desde el Atrio, le tocaba la mala suerte de tenerlo a un lado. En fin, sólo le había faltado topárselo en la sopa o el baño de damas.

Flash Back

—… te lo digo Lu, es la persona más engreída y maleducada que jamás haya conocido — le decía Hermione a Luna, iban rumbo a los ascensores. Ése día había utilizado la red flu del Atrio para llegar ya que las chimeneas de las oficinas estaban dañadas.

— ¿Más que Draco Malfoy? — le preguntó un tanto escéptica, sumergida en su lectura del Quisquilloso.

— Mucho más, ¡créeme!… — remarcó — Y luego está el hecho de que cuando menos lo espero, ¡me lo encuentro!; — replicó con exaltación — Hasta pareciera que me sigue — siguió hablando. Luna la regresó a ver con interés.

— Te encuentras con un completo desconocido ¡aquí!, en el ¡Ministerio!, el último lugar donde esperabas verlo; ¿pero no te topas nunca con… otras personas? — inquirió en un titubeo.

— Exacto. Yo digo que me sigue — volvió a decir completamente segura.

— Pues yo digo que es destino — se encogió de hombros restándole importancia; como quien dice que va llover en Londres.

— Lu, ¿cómo rayos crees que sea destino encontrarme con William? — refutó la castaña, enarcando una ceja.

La rubia sonrió discretamente. Para ser un desconocido que le caía mal, bien que recordaba su nombre, pensó con diversión.

— Además, aunque así fuera, ¡y créeme que no es así!, — se apresuró a añadir — jamás me volvería amiga de un tipo como él. Es decir, es un completo cavernícola que no sabe cómo tratar a las mujeres. Es engreído. Tonto. Grosero… — y mientras seguía diciendo todo aquello un pelinegro pasó por su lado.

— Lo mismo digo castaña — le comentó por lo bajo apenas dedicándole una fría mirada con sus ojos azules.

Luna se mordió los labios para callar la sonrisa. Hermione se sintió enrojecer.

— Y guapo, se te olvido decir — comentó como quien no quiere la cosa Luna una vez se perdió de vista.

— Bueno, sí, pero… — se mordió la lengua. ¿Qué demonios había dicho?, se reprendió. Evitó por todos los medios mirar a Luna, la cual de seguro ya la estaba viendo acusatoriamente — ¡Y no es destino! — zanjó enojada apresurándose para llegar al ascensor.

Luna la miró con gracia. A lo lejos juro ver una conocida cabellera negra azabache Desaparecer en una de las chimeneas. Meneó la cabeza con ironía.

— Si lo es — murmuró, y siguió a su amiga.

Fin Flash Back

Fue la primera vez en que ella hubiera reconsiderado la idea del destino, cuando Percy se presentó a su oficina ésa misma semana presentándole a William Reeves… su compañero de trabajo.

Flash Back

— Mira castaña, ni creas que para mí es menos molesto esto; pero mi jefe me encargó éste trabajo explícitamente a mí; así que tú decides. O te ayudo y me dejas ayudarte. O me largo. Que al fin y al cabo a la que le incumbe más esto es a ti — le espetó Will con fastidio. Llevaban más de una hora discutiendo el asunto y ambos estaban hartos. ¿Qué más me queda?, se preguntó Hermione con resignación.

Si no trabajaba con él su trabajo estaría truncado. Y necesitaba su ayuda irremediablemente. Por algo tenía relaciones con los Ministerios Internacionales. Era de suma importancia su ayuda; o sino la P.E.D.D.O. no podría hacerse valida en toda Inglaterra, tal cual ella quería ahora. Y además a la larga… Suspiró hastiada. Quisiera o no quisiera, iba a depender mucho de él.

— De acuerdo — concedió soltando un suspiro resignado.

— Bien, — asintió complacido el otro — te espero entonces mañana en el café que está en la esquina. Necesitamos considerar algunos puntos y…

— Espera, espera, espera. Acepto trabajar contigo, ¡no salir contigo! — subrayó Hermione cruzándose de brazos.

— ¡Y dale con lo mismo, castaña!… — se exasperó Will — ¿Sabes qué?, ¡allá tú!; estaré en el café a las nueve en punto, te espero 15 minutos y me marcho. Tú sabes lo que haces — sentenció. Tomó los pergaminos que había llevado y se dirigió a la puerta.

— ¡Bien!, — escupió Hermione sin otra opción — ¡pero deja de llamarme "castaña" !, tengo nombre ¿sabías?, ¡es Hermione Jean Granger! — remarcó con exasperación.

— ¡Y el mío es William!, no "tonto", "engreído", "cabeza de chorlito", o cualquier otro de los mil apodos que me has puesto — le recriminó de vuelta.

Fin Flash Back

Y así trabajaron durante días, y pronto los días se transformaron en semanas. Cada día que se reunían, Hermione había empezado a conocerlo mejor. Y William a ella.

Ella se enteró de cosas de su vida personal; como que vivía en Londres desde hacía dos años, era de Irlanda, como él se lo había mencionado alguna vez; hijo único, y no porque sus padres no quisieron darle hermanos o hermanas, sino porque cuando cumplió siete años éstos murieron en una excursión; su única familia existente eran sus abuelos maternos así que se crio con ellos desde pequeño. También supo detalles específicos como que odiaba las ensaladas, las cosas que contuvieran cebolla y ajo, la música electrónica, las tormentas eléctricas (de esto presentía que era por las circunstancias en las que murieron sus padres en un río fuera de cauce, mas no hizo mención alguna), e incluso que no había tenido una relación seria desde la Universidad, aunque de eso tampoco habló mucho.

Y Will conoció un poco de la vida de Hermione; hablaron acerca de su origen muggle, de sus padres, donde estudió… claro que no pasaron ni dos segundos para que el pelinegro captara que prácticamente era un tema tabú; conoció más cosas de ella, e incluso de Luna (a quien se la había presentado luego de varios días). Su gusto por la lectura, en especial los libros que eran casi imposibles de leer. Su fascinación por las Runas. Y el amor por su gato Crookshanks.

Pronto el desagrado se transformó en agrado. Después en aprecio. Y finalmente, todo se transformó irremediablemente en cariño.

Flash Back

— En serio Hermione, ¿tu gato seguro que es gato?… — le comentaba Will aquel día que habían decidido trabajar en la casa de la castaña. Estaban sentados en la sala terminando de leer unos informes que había traído consigo el ojiazul, mientras comían comida rápida que habían ordenado, y Crookshanks recogía las migas que caían en el sofá.

Hermione levantó la mirada para verlo con el entrecejo fruncido.

— Es decir, mira ésa cola esponjada, la cara aplastada, sus ojos pequeños, su pelo. Todo da a entender que más que macho, tu gato es hembra… — comentó tomando a Crookshanks entre sus brazos y analizando meticulosamente. El minino lo miraba con enojo por no dejarlo recoger la comida que él quería, mas no podía evitar maullar de satisfacción cuando le acariciaba el lomo y detrás de las orejas.

— Es macho, Will. Y ya deja en paz al pobre Crookshanks — le reprendió Hermione tratando de aparentar seriedad.

— ¿Macho eh?, a ver, dime, ¿cuántas veces lo has visto con una gata? — le cuestionó.

— Bueno… — musitó la castaña. Ninguna. Ni una sola vez.

— ¡Ahí lo tienes!, no le gustan las gatas — señaló regresando a ver a Crookshanks.

— Ahora vas a empezar a tacharlo de gay — lo miró con reprimenda.

— No, yo sólo señalo lo obvio — replicó Will.

— ¿Y qué es eso, según tú? — lo retó a contestarle.

— Bueno, es obvio. "El pequeño" Crookshanks, ¡es hembra! — remarcó, cual cartelera de cine.

Hermione rodó los ojos.

— Además, el nombre que tiene — musitó ahogando una carcajada.

La castaña lo miró con advertencia.

— ¿De verdad no se te ocurrió algo más, no sé… varonil? — le enarcó las cejas con gracia.

— ¡Oh, tráeme acá a mi gato!, tú sólo lo molestas — se lo arrebató de los brazos, mirándolo enojada.

— Cuidado, le harás daño a la… al pobre Crookshanks — corrigió con intención.

— Es macho — objetó Hermione.

— Hembra — contradijo William.

— ¡Macho!

— ¡Hembra!

— ¡Oh por el amor a Merlín!… — exasperada, tomó a Crookshanks poniéndolo panza arriba sobre su regazo y le separó ligeramente las patas — ¿Ahora me crees? — inquirió con suficiencia una vez soltó al minino, quien indignado se marchaba a la cocina.

— Hermione, — la regresó a ver con absoluto asombro — ¡tienes un kneazle hermafrodita! — manifestó boquiabierto.

Hermione se pegó con la mano en la frente con exasperación. La risa de Will llenó la sala.

Fin Flash Back

Cuándo menos lo pensó, Will no sólo se había convertido en un gran amigo para ella, sino también para Luna y Terry.

Flash Back

— Te lo digo amigo, yo siempre había dicho que las compras eran para mujeres, pero ahora estoy en completo desacuerdo. ¿A poco no, ésta bufanda hace resaltar el color de mis ojos? — le preguntó Terry a Will moviendo las pestañas con coquetería, y agitando la mascada color turquesa anudada en su cuello.

— Y ésta blusa me hace ver más esbelto ¿no es así? — señaló el pelinegro luciendo un top rosa.

Luna y Hermione se rieron.

— ¡Uy sí!, ¡divina!, pero yo digo que necesitamos algo más… — meditó el rubio.

— ¡Ya sé! — exclamó Will.

— ¡Zapatos de tacón! — aplaudieron.

Las chicas soltaron una carcajada. Pero una tos a sus espaldas los calló de inmediato a los cuatro.

— Disculpen, pero la sección de caballeros está por allá… — les indicó una empleada a los chicos — Aunque también tenemos la sección para, ya saben, personas que desean cambiar de sexo — sugirió como quien no quiere la cosa señalándoles a sus espaldas.

Y las chicas se cayeron de la risa al ver los rostros azorados de Terry y Will mientras trataban de negar y la empleada los conducía del brazo hacia dicha sección.

Fin Flash Back

Y ahora, a poco más de tres años de conocerlo, Hermione apenas se daba cuenta que en los primeros meses de conocerlo jamás había pensado en el pasado. Hasta aquella víspera de Navidad… en donde Will cambió todo. Dónde le dio la paz que buscó durante ésos largos años.

Siendo Jean.

Trasformando la soledad y desasosiego que tenía su corazón en algo puro durante los siguientes años.

Acompañándola desde ése día…

Flash Back

— ¿Segura que quieres hacerlo? — le preguntó Will aquella ventosa tarde de 14 de febrero.

Hermione asintió regalándole una tenue sonrisa.

— Ya no los necesito — replicó suavemente.

— ¿Y si algún día te arrepientes?, ¿si cambian las cosas y quieres tenerlo de vuelta? — cuestionó no muy seguro.

Hermione observó la caja que tenía a sus pies: libros, túnicas, botones de la P.E.D.D.O., álbumes de fotos, cartas, dibujos, bufandas… Siete años estaban ahí guardados. Siete años de pasado. De recuerdos. De uno sólo: su dolor.

Meneó la cabeza sonriéndole ligeramente a su amigo.

— Te tengo a ti Will, con eso me basta… Eres mi mejor amigo… — manifestó solemne. Will le sonrió agradecido — Pero en caso de que llegue a retractarme de esto… — señaló el baúl con un gesto de la mano — bueno, siempre te tendré a ti para aconsejarme ¿no? — lo miró con cariño.

— Siempre — asintió Will sonriéndole.

Y cerraron juntos el baúl.

Fin Flash Back

Siempre juntos.

Siempre amigos.

Siempre unidos.

Siempre un apoyo.

Siempre una reprimenda.

Siempre un hombro en que llorar.

Siempre un pecho en que reír.

"Siempre"

Palabras que cumplió desde ése día al pie de la letra… Hasta ahora.

Flash Back

— ¿Nos veremos otra vez? — le preguntó Hermione en el último momento, aferrándose un momento más a él, temiendo el inminente momento de su partida.

William permaneció en silencio unos segundos disfrutando del abrazo. Otro par de campanadas se escucharon. La gorra empezó a titilar…

— Si — contestó de forma vacilante.

— ¿Lo prometes? — se apartó para mirarlo a los ojos.

— Lo prometo.

Fin Flash Back

"Lo prometo"

Él lo había prometido, así que tenía que cumplirlo. Lo haría cumplir su promesa.

Su estómago emitió un gruñido y la boca se le hizo agua cuando volvió a contemplar los platos de comida que le había llevado Luna.

Era muy afortunada de tenerla, pensó, rememorando la verdad en sus palabras.