Capítulo 34: TU AMOR ES UNA MENTIRA

Iracundo. Así es como se sentía Harry. E inmensamente decepcionado. No podía concebir siquiera lo que le había hecho pasar Hermione.

Venía saliendo como alma que lleva el diablo de un lujoso restaurante de Londres, en donde supuestamente se encontraría con ella; mas luego de esperarla durante dos horas, ¡dos malditas horas en las que no se presentó, por cierto!, pagó lo que había ingerido y salió rumbo a su casa en Ottery Saint Catchpole.

Era inconcebible que Hermione no se hubiera presentado a su cita. La habían planeado desde el lunes; que por cierto fue el único día que pudo verla ésa pasada semana, pues su oficina era un desastre en cuanto a organización y se le habían acumulado varios montículos de pergaminos; eso sin contar la notoria ausencia de su novia durante ése tiempo. Se suponía que irían a cenar y después a tomar una que otra copa a la casa de alguno de los dos. Y le salía con esto. Refunfuñó por lo bajo.

¿Qué acaso no merecía siquiera una llamada previa diciendo que no podría asistir a su cita?

No, en lugar de eso tuvo que pasar dos horas sentado ahí como un tonto. Soportando las miradas de todo el mundo; que si bien, aunque eran muggles, de inmediato notaron que su acompañante lo había dejado plantado, no fue necesario que notaran la maldita cicatriz en su frente marcándolo como héroe.

¿No pudo por lo menos llamarlo durante el tiempo que estuvo ahí para decirle que llegaría tarde, o algo se había presentado y le era imposible acudir?

Algo como: "Hola Harry, lamento no poder ir, surgió algo con el asunto de la P.E.D.D.O. y no podré acudir". O un: "De verdad lo siento, no podré ir. Te lo compensaré luego".

¡Ja!, ésas eran puras patrañas.

Eso y nada más, hubieran sido sus excusas, pensó con rabia Apareciéndose en su casa, importándole un reverendo cacahuate si alguien lo veía.

Apenas se escuchó el chasquido de su Aparición en la casa cuando el abrigo salió volando hacia un rincón mientras tiraba la varita con furia sobre el sillón y se caminaba al pequeño estante que tenía sus más selectos vinos. Sin pensar mucho que escoger, Harry tomó la primera botella de whiskey de fuego que encontró y, pensando que aquello no sería suficiente para desahogarse, también agarró una botella que un amigo extranjero le había dado hacía meses: Tequila.

Y pisando fuerte se dirigió a su habitación encerrándose de un portazo.

Sólo lo había dejado pasar como un idiota. Un plantado e inminentemente idiota; gruñó destapando el whiskey y dándole un largo trago sin importarle siquiera el tomarlo directo de la botella. El licor precipitándose por su garganta.

¿Qué demonios quería de él ésa mujer?, se preguntó dejándose caer en un sillón junto a la ventana.

Lo había plantado, está bien, eso se lo perdonaría, si únicamente hubiera sido eso; pero la verdad es que ya llevaba días sin poder hablarle. No contestaba sus llamadas, no respondía a sus cartas; incluso las dos veces que fue a buscarla a su casa, no la encontró… o al menos así pareció pues por más que insistió golpeando a su puerta no obtuvo respuesta alguna.

Y ésa noche se había presentado al restaurante tal y como habían quedado; esperó y esperó. Y nada. Ni señales de Hermione.

¿Acaso había hecho algo mal?, era su segunda interrogante.

— Si, como no — rumió entre dientes.

Por supuesto que no. Le decía que la amaba a cada momento para darle seguridad de sus sentimientos. La besada y abrazaba cada que tenía oportunidad, sin llegar a ser empalagoso. Le daba espacio cuando lo requería; procurando estar ahí cuando lo necesitaba.

Entonces, ¿por qué se portaba así con él?

Le dio otro trago al whiskey.

Simplemente no la entendía; llevaban apenas dos semanas de novios, en las que todo fue viento en popa; pero ahora parecía que hubieran regresado un par de meses en el tiempo; años luz de lo que tenían.

Era como tratar de nuevo con aquella fría Hermione que encontró hacia casi seis meses; como si topara contra un muro cada que quería acercarse.

¿Por qué su indiferencia?

¡Y no estaba exagerando, por Merlín!, pensó exasperado para sí, como si alguien lo estuviera juzgando por paranoia.

Si la situación fuera otra; si al menos hubieran peleado entendería que ése sería el motivo de su distanciamiento. Pero no era así. Era… sólo era…

Dios, ni siquiera sabía que era; se pasó una mano por el rostro con frustración.

Su cabeza era una maraña de confusión. No entendía que había hecho, o en otro caso, que no había hecho. Es que si al menos le dijera algo… si le explicará que ocurría.

Si no se topara con el muro de su desdén. Suspiró con frustración. El whiskey apenas le hacía cosquillas en la garganta.

Y de pronto la mayor interrogante lo sacudió: ¿Qué pudo cambiar ésos días para que lo apartara de ésa forma?

— Ay Herm… — suspiró Harry cerrando los ojos unos segundos — ¿qué pasa contigo? — preguntó en voz alta dejando caer la cabeza en el respaldo del sofá.

No había explicación alguna. No podía concebir algo que hubiera cambiado en tan poco tiempo.

Dio un nuevo sorbo al whiskey y desvió su mirada hacia fuera. Atravesando la ventana, el reflejo de la luna menguante lo saludó a través de unas grises nubes. Justo como estaba él en su interior. Nebuloso.

Genial, ironizó.

Se pasó una mano por el cuello y nuca tratando de despejar su atrofiado cerebro y aligerar la tensión que sentía en la cabeza. Obviamente, no le adjudicó la culpa al viejo y reconfortante amigo whiskey. Su efecto ya lo tenía irreflexivo.

Tú atormentándote aquí y ella seguramente descansando de lo lindo en su cómoda cama, le susurró con ponzoña una vocecita al oído.

Aquello lo hizo gruñir de coraje.

Bien, pues si él no podía estar tranquilo ésa noche, ¡ella tampoco!; manifestó sin sentido común.

Así que torpe buscó el celular en el bolsillo de su pantalón, y comenzó a marcar; no fue de ayuda que los números se movieran de un lado a otro como si se burlaran de él. Agitó la cabeza para espabilarse un poco.

Sí, claro; ya te contestará. Si no lo hizo las primeras quince veces, dudo mucho que lo haga ahora, le espetó con ironía su sentido irracional.

Apretó los labios y botó el celular contra la pared haciéndolo añicos. Poco le importó.

Ésa era otra cosa que lo tenía molesto, pero con justa razón. Y es que, aparte de tener que lidiar con ésas tormentosas dos horas de espera, la había llamado con preocupación pensando que le había pasado algo; sin embargo, al no recibir respuesta optó por mandarle incontables mensajes de texto y nuevamente no respondió a ninguno. Por supuesto, existía la posibilidad de haberse descompuesto su teléfono; mas descartó aquello al deducir que si así fuera, en primer lugar, éste no hubiera recibido sus llamadas hasta mandarlo al buzón de voz. La otra opción era que se le hubiera extraviado. No obstante, eso sonaba aún más difícil de creer. Con lo organizada que era bien podría encontrar una aguja en un pajar. Y, de habérsele perdido se lo hubiera dicho antes; eso no era excusa. Pues de todas formas leería las notas que le mandaba; sus llamadas en la contestadora de su casa. ¡Su vecino le diría que había ido a verla!

Ah, porque hasta el vecino lo había encontrado un día afuera de la casa de Hermione queriendo forzar la cerradura con el "Alohomora"; obviamente el noble tipo sólo pensó que trataba de dejarle algo. ¿A que muggle se le ocurriría que aquella varita tan preciada por los magos fuera su fuente de magia?; sólo a los "excéntricos" que creían en "cuentos de hadas".

Un cuento de hadas que al parecer se le estaba esfumando de las manos.

— Hermione… — murmuró con un dejo de reproche.

Crispó los puños, apretando la botella de whiskey en su mano. Uno, dos, cinco largos tragos más y dejó la botella casi vacía en el suelo. Sus párpados pesados, sus sentidos aturdidos, sus movimientos torpes y su mente confundida denotaban el efecto del alcohol.

La idea de Aparecerse en la casa de Hermione se le antojó de sobremanera, mas lo desechó cuando al ponerse de pie por poco se va contra la ventana por su falta de equilibrio. Si se le ocurría Aparecerse en ése estado lo más probable es que una parte de su cuerpo terminaría esparcida por toda la sala de la castaña y la otra parte en la India. Eso sí corría suerte; de lo contrario su habitación quedaría hecha un asco por su cuerpo mutilado.

Hizo un esfuerzo sobrehumano para poder volver a sentarse en el sofá; el abrir la otra botella de alcohol no fue mucho problema, no cuando prácticamente le reventó el pico contra la pared. Se la empinó sin medir la posibilidad de poder cortarse los labios.

Que al fin y al cabo no sería lo único que tengo herido ahora, pensó con amarga ironía.

Hermione y sus desplantes. Pues que les dieran por…

Le dio otro trago al tequila. Él no era juguete de nadie.


Mientras tanto en la casa de la castaña; ajena a todo aquello que le pasaba a Harry y, en general, de lo que ocurría en el mundo. Hermione permanecía recostada sobre un sillón de la sala. Luego de su charla con Luna, en la que se obligó a si misma a alimentarse, decidió abandonar la habitación por la tarde, no sin antes darse una necesaria ducha, y se sentó en la sala. Contempló el portarretratos que tenía en las manos, donde aparecían Will y ella.

Recordaba claramente aquel día; tan claramente como si hubiera sido ayer.

Habían salido ésa noche con planes de ir a una obra de teatro que Hermione quería ver desde hacía varias semanas, así que cuando llegaron al recinto donde supuestamente estaba en escena, ni se molestaron en ver los afiches pegados en frente, ni el gran anuncio que indicaba "¡Desde América: "Smack Down" HOY! 21:00 – 24:00 hrs.". Que gran sorpresa se llevó aquella noche.

Sonrió con nostalgia al recordarlo. La imagen ante sus ojos le proyectó a ella misma siendo cargada sobre los hombros de Will, quien vestía una playera de John Cena; en la mano de ella, un gran guante de espuma con el número 1 impreso, una enorme sonrisa plasmada en sus rostros.

Y ahora ya no estaba a su lado… físicamente. Pues seguía con ella. En el corazón. Cómo siempre.

Suspiró dejando la foto en donde estaba. Era momento de levantarse. No lo decepcionaría; viviría su vida. Tal como Luna le había aconsejado. Tal como él lo estaba haciendo.

Empezando de nuevo…

Se recostó en su cama. Por lo pronto, dormiría pacíficamente ésa noche, sin pesadillas, sin tormentos; sólo pensando en los buenos momentos. Pensando en… Justo cuando cerró los ojos, como un rayo, la imagen de Harry le cruzó por la cabeza haciendo que los abriera de golpe.

"El viernes por la noche eh; no lo olvides, te estaré esperando"

— Por Merlín, ¡lo olvidé! — exclamó levantándose de un brinco.

Giró bruscamente la cabeza hacia el reloj en su mesita de noche escuchando el chasquido de queja por parte de su cuello, pero no le prestó atención. Los titilantes números color azul marcaban las 11:23 p.m.

— ¡Oh, demonios!… — maldijo lanzando las sábanas a un lado con brusquedad y levantándose de un brinco. Prácticamente corrió hasta su armario y tomó descuidadamente una muda de ropa, deshaciéndose en el proceso de su pijama para salir corriendo a la casa de su novio — Por favor, por favor, no estés dormido — rezaba conforme se pasaba la blusa por la cabeza y se subía los pantalones de un jalón.

Se recogió rápidamente el cabello en una coleta alta y tomó la varita del estuche que le había dado Luna. El celular lo tomó de paso de la mesita de noche mientras se calzaba unos zapatos deportivos descuidadamente conforme caminaba.

Horrorizada se dio cuenta que el teléfono marcaba diecisiete llamadas perdidas de Harry. Eso sin contar los quince mensajes sin leer.

— Ay no — murmuró por lo bajo.

Indecisa entre salir corriendo ya o leer los mensajes hizo lo más oportuno: guardar el celular en un bolsillo de su abrigo y Desaparecer.


No pasaron ni dos segundos desde que se Apareció en la sala de la casa de Harry, cuando a sus oídos llegaron los lejanos ronquidos de Ron; respiró aliviada al no haberlo despertado, pero por un segundo pensó con gracia que ni, aunque le hubiera puesto un vociferador en la oreja lo hubiera logrado.

Se mordió el labio con nerviosismo. ¿Harry también estaría dormido ya?

Armándose de valor caminó cautelosa hasta la habitación de su novio sin hacer ruido. Pero ¿y si lo estaba?; sería descortés de su parte levantarlo a ésas horas de la noche; además seguro estaría cansado por el trabajo ¿no?

Búscate excusas, miedosa, sabes bien que lo único que ha de sentir ahora es enojo contigo, le espetó una voz al oído.

Bueno, tal vez si sólo tocaba un par de veces a su puerta… pensó conforme dirigía su mano a ello.

Te saque a patadas por haberlo dejado plantado, completó aquella molesta voz.

Suspiró y giró el picaporte. Al instante abría la puerta…

— Harry, ¿estás despierto?… — llamó con suavidad asomando la cabeza con cuidado.

Suspiró entre aliviada y nerviosa al distinguir su silueta junto a la ventana. Entró cerrando tras de sí, acercándose a él.

— Harry, lo siento tanto, — empezó a decir mirándolo apenada — olvidé por completo la cita, justo ahora me doy cuenta de la hora y… — se detuvo en seco al ver su postura tambaleante, sus ojos vidriosos y el hedor a alcohol que despedía.

— ¡¿Estás borracho?! — respingó atónita. Ni en sus años en el colegio la cerveza de mantequilla le había afectado, incluso la única copa de whiskey que bebieron una vez a escondidas en La Madriguera… Y ahora lo encontraba borracho. Por Merlín, ya no era un niño que no medía de sus actos, pensó pasando del asombro a la reprobación.

Harry soltó algo semejante a un gruñido irónico y se giró por completo hacia la ventana, dándole la espalda.

— ¿Por qué estás borracho? — exigió saber cruzándose de brazos olvidándose por completo de sus disculpas. Su instinto de desaprobación se activó en el acto.

— Déjame solo — masculló el pelinegro apoyando un brazo en la pared.

La habitación le daba vueltas… ¿O era él quien no dejaba de moverse?… ¡Qué más da!, espetó con fastidio para sí.

— No, si ya me imagino para que querrás estar solo… — ironizó la castaña acercándose nuevamente. Lo tomó del brazo girándolo hacia ella — ¿Por qué tomaste? — inquirió mirándolo con una ceja alzada.

Le dio un vuelco el corazón al darse cuenta de todo lo que trasmitía su mirada.

— Ahora si te preocupas ¿no?, ahora si vienes y actúas como la novia preocupada… — le espetó con desdén, su contaminado aliento chocando contra el rostro de Hermione.

Ésta frunció aún más el entrecejo, desconcertada.

— Mira, ahórrate el numerito y vuelve a tu casa, yo estoy bien, lo he estado durante todos estos años. No te necesito — sentenció con frialdad, liberándose bruscamente de su agarre.

Hermione retrocedió un par de pasos, cual si la hubiera abofeteado.

— ¿Por qué me dices todo esto? — logró decir, acallando el nudo en su garganta.

— Porque es la verdad… — comentó sin miramientos — Vete Hermione, — replicó nuevamente — sólo vete como hace seis años. Pero ésta vez hazlo y no vuelvas — le pidió con la voz apagada, evitando a toda costa mirarla.

— Escucha… — empezó a decir Hermione con vacilación, queriendo echarle la culpa al alcohol de su falta de tacto. No obstante, una parte de ella se sentía herida — sé que estás molesto por haberte dejado plantado, pero tiene una explicación… — su voz adquirió un dejo de desesperación — Éstos días han sido…

— Para darme cuenta que no te importa en lo absoluto ésta relación — la cortó, apoyándose en el marco de la ventana.

— ¡Por supuesto que me importa!… — replicó con vehemencia. Sus ojos miel se tiñeron de indignación. ¿Por qué la juzgaba de una manera tan cruel?, se preguntó.

— Mira, solamente estás diciendo éstas cosas porque estás borracho y dolido por no haber llegado a nuestra cita, pero… — trató de hacerlo razonar, dando un paso hacia él.

— No estoy borracho — soltó de inmediato el otro, golpeando el marco de la ventana con la palma de la mano.

Hermione lo miró como diciendo: "Si claro, el olor a alcohol es sólo por gusto".

— Lo mejor es que te des una ducha fría y se te baje la borrachera para poder hablar con tranquilidad — le señaló.

— Lo mejor es que des media vuelta y salgas por ésa puerta — repuso el pelinegro sin pizca de emoción en su voz.

Hermione sintió sus ojos humedecerse por la frialdad en sus palabras; quería que le gritara, que le reclamara por haberlo tenido tan olvidado ésa semana; pero eso… eso no podía soportarlo.

— ¿Eso es lo que quieres realmente? — le preguntó restregándose distraídamente los ojos.

Harry asintió en silencio.

— ¿Ya no me amas acaso? — su voz se escuchó desafinada al preguntar aquello. Los ojos se le anegaron de lágrimas con precipitación.

— Amor, — sonrió con ironía Harry, sintiendo sus propias palabras calcinarle el alma — es lo único que jamás sentiste por mí — escupió regresando a verla.

— ¿Cómo puedes…?… — perdió la voz por un momento — ¡¿Cómo puedes siquiera decirme eso?! — exclamó con los ojos dilatados de indignada sorpresa.

— ¡Es la verdad!… — replicó con vehemencia en un arranque de ira — ¡Jamás me amaste!, para lo único que te serví fue para cobrar tu maldita revancha ¿no?… — Hermione abrió los ojos con confusión.

— Querías que sufriera lo mismo que tú en el colegio, sufrir todo el dolor que pasaste éstos años lejos ¿verdad?, — le soltó sin sentido alguno — ¡pues felicidades señorita Granger, lo ha logrado!… — le aplaudió mostrando una irónica sonrisa — ¡De nuevo eres la mejor en algo!, ¡50 puntos para Gryffindor!… — ovacionó con sarcasmo. La castaña crispó los puños; que fuera él quien hiciera ésas burlas la dañaba más de lo que quería aparentar — Has logrado acabar con la Hermione buena y tierna que alguna vez fue mi mejor amiga. Tú sólo eres una… — su comentario lleno de desdén voló junto a lo último que le quedaba equilibrio cuando la mano de Hermione se estampó contra su mejilla mandándolo al suelo.

Apoyado sobre la rodilla izquierda y deteniéndose con una mano, fue como quedó Harry respirando agitadamente con la mejilla palpitándole de dolor.

Hermione se tuvo que morder los labios para callar los sollozos que agitaban su pecho, el nudo en su garganta creció a tal punto de obligarla a respirar por la boca para conseguir el suficiente aire y unas furtivas lágrimas se deslizaron por sus mejillas, barriéndolas con fiereza antes de que las viera. No le daría el gusto, pensó orgullosa.

— Vine a aquí a disculparme contigo por no llegar a nuestra cita, pero lo único que encuentro es a ti borracho y diciendo un montón de sandeces… — empezó a decir.

— ¡Sandeces es lo que tú me has estado haciendo a mí! — le recriminó el ojiverde apoyándose en la pared para poder incorporarse.

— ¡¿Y según tú que es eh?!… ¡¿QUÉ?! — perdió los estribos. Las manos le temblaban.

— ¡Usarme!, ¡dañarme!, ¡ENGAÑARME!… — le gritó en la cara — ¡Hacerme creer que me amas para poder vengarte por el estúpido malentendido del colegio!, ¡hacer que pierda la cabeza por ti para luego regresarme al suelo de un sólo golpe cual si fuera peor que un perro!… — se le acercó respirando bruscamente — Aunque eso ya lo acabas de hacer literalmente hace un momento ¿no? — añadió con ponzoña. Hermione no retrocedió.

— ¿Usarte?, ¿realmente me crees capaz de eso? — lo miró dolida. Una pequeña gota de racionalismo golpeó a Harry, no obstante, su carácter explosivo la mandó al demonio.

— Si.

Una lágrima se deslizó por la mejilla de Hermione, la barbilla le tembló. Retrocedió otro par de pasos.

— Bien, bien, — se pasó una mano por la mejilla barriendo con suavidad las lágrimas — si eso es lo que piensas, así es… — manifestó con la voz rasgada. Sacó su varita dispuesta a Desaparecer de ahí lo antes posible. Harry ni se inmutó, era tanto el dolor que sentía que prácticamente estaba cegado, y el alcohol y la decepción corriendo por sus venas sólo eran como un explosivo en llamas.

— Sólo quiero que analices esto Harry… — comentó por último sin querer mirarlo a la cara — ¿crees que una persona que usa a la gente es capaz de entregarse a ella sin más?, ¿qué perdonaría y olvidaría todo el pasado por más difícil que fuera?… ¿crees que seguiría amando incondicionalmente al otro?… Yo no lo creo — zanjó mirándolo con pena. Un segundo después ya no estaba.

No así fue el tiempo que tardó Harry en darse cuenta del error que había cometido. El demonio de la inseguridad nubló su juicio. Ahogó su error en el alcohol.


Apenas estuvo de nuevo en su cuarto, Hermione se despojó con furia de su ropa y se vistió de nuevo con su pijama, todo el tiempo apretando los labios suprimiendo los sollozos, restregándose los ojos con rabia cuando sentía la tibieza de las lágrimas querer deslizarse por sus mejillas, forzando a su garganta para no soltar el lastimero alarido que tenía atorado en la laringe y luchando por no sucumbir al llanto.

¿Cómo pudo haber dicho ésas cosas tan hirientes?, se preguntó herida cuando terminaba de ponerse los pantalones del pijama.

Dudar de ella así, de ésa forma tan… inhumana.

"No te necesito"

— Pues yo tampoco te necesito — espetó en voz alta con orgullo herido, metiéndose de nuevo entre las sábanas y dándole un par de golpes a la almohada para al final abrazarla bajo su cabeza. La frustración e indignación burbujeando en su vientre.

Crookshanks apareció en la habitación saltando ágilmente arriba de la cama, acostándose a la altura de su vientre haciéndole una suave caricia con su aplastada cabeza. Hermione intentó brindarle, aunque sea un mimo, pero desistió, volviendo a estrujar la almohada. ¿Cómo brindarle cariño a su gato cuando estaba que se la llevaba la mier…?

Encendió el equipo de sonido de su cuarto queriendo distraerse con algo… Y fue mucho peor. La canción "Porcelain heart" de Barlow Girl era una interpretación de lo que sentía.

Broken heart one more time

Pick yourself up, why even cry

Broken pieces in your hands

Wonder how you'll make it whole.

"Sólo vete como hace seis años. Pero ésta vez hazlo y no vuelvas"

— Tal vez te conceda el gusto — masculló con los dientes apretados, acostándose sobre su espalda.

Crookshanks se hizo a un lado escudriñándola con sus inquietos ojos amarillos.

Hermione soltó un suspiro de frustración.

You know, you pray

This can't be the way

You cry, you say

Something's gotta change

And mend this porcelain heart of mine… of mine.

Le molestaba no sólo el hecho de que hubiera dicho aquellas cosas, sino la forma de decirlas y lo que significaban. Vaya confianza que le profesaba, pensó con ironía.

Poner en duda así sus sentimientos, sin medir las consecuencias. Sin analizar nada. ¡Es que era tan inmaduro!, bufó con exasperación.

Ah, pero si creía que lloraría por él estaba muy equivocado. No señor. Ni una sola lágrima derramaría por él. Ya no valía la pena… nunca lo valió. Cómo una vez le dijo su mejor amigo Will: "Nadie merece una de tus lágrimas".

Someone said 'A broken heart

Would sting at first then make you stronger'

You wonder why this pain remains

Were hearts made whole just to break.

"Ahora si te preocupas ¿no?, ahora si vienes y actúas como la novia preocupada"

— Preocupada, claro. Así he estado por ti toda mi vida. Siempre a tu lado. Incondicional. Apoyándote… Y cuando necesito lo mismo de tu parte ¿qué recibo a cambio eh?… — replicó en tono mordaz — nada más que desprecio y reclamos infundados — pensó en voz alta. Se sorbió la nariz. La garganta le escocia al igual que los ojos por el esfuerzo sobrehumano que hacía por permanecer impasible.

You know, you pray

This can't be the way

You cry, you say

Something's gotta change

And mend this porcelain heart… of mine.

"Para lo único que te serví fue para cobrar tu maldita revancha ¿no?"

La barbilla le tembló cuando sin querer una rebelde lágrima se liberó de sus ojos miel y se perdió hasta su cabello. La barrió con crudeza.

— Si eso es lo que crees de mi — apretó los labios deteniendo un momento el temblor de su mentón.

Creator, only You take brokenness

And create it into beauty once again.

— ¿Dónde estás Will?, — se preguntó de pronto sintiendo que el nudo en la garganta le cortaba el aire — sólo tú me harías sentir bien en éstos momentos… — otro par de lágrimas se escaparon de sus ojos. Y así le siguió otro par… y otro… hasta que se encontró a si misma sucumbiendo a los sollozos.

"¡Usarme!, ¡dañarme!, ¡ENGAÑARME!"

— Te equivocaste en eso Harry… — murmuró con la voz entrecortada presa de un llanto amargo — la engañada fui yo… — musitó con sufrimiento — la engañada fui yo al creer que jamás me dañarías… que nunca me herirías… ¡Fuiste tú el que engañó, no yo! — exclamó con ira limpiándose las lágrimas.

You know, you pray

This can't be the way

You cry, you say

Something's gotta change

And mend this porcelain heart…

Cause and mend this porcelain heart of mine… of mine

No llores, no llores, no llores, se repetía mentalmente pasándose las manos por el rostro una y otra vez barriendo las lágrimas.

Terminó recargando la espalda en la cabecera de la cama respirando profundamente para alejar el tormento en su pecho.

Arrojó con furia la almohada contra la pared y escondió el rostro entre sus manos, sollozando.

Y ahí estaba ella de nuevo. Llorando. Y todo por alguien que ya no merecía sus lágrimas, pensó enojada.

Suspiró profundamente, recargando la cabeza en la cabecera.

— ¡Eres un estúpido, Harry Potter!, — blasfemó limpiándose las lágrimas con fiereza — ¡pero yo soy más estúpida por no poder odiarte!… — otro río de lágrimas se deslizó por sus mejillas — Por saber que te perdonaré de todas formas — sollozó.

Crookshanks no lo dudó para acercarse a ella y restregarse confortante contra su vientre; a pesar del dolor que sentía, Hermione no pudo evitar que una sonrisa agradecida surcara sus labios.

— Tú sí me necesitas, ¿verdad Crookshanks? — le preguntó con cariño, tomándolo en brazos, mirándolo a través de sus pestañas humedecidas. El minino maulló suavemente ladeándole su aplastada cabeza a un lado.

Hermione le sonrió agradecida y se limpió otra lágrima de la mejilla.

— Yo también te necesito — le dijo con dolor.

Crookshanks se acurrucó contra su pecho brindándole el calor y cariño que necesitaba en aquel momento.

Después de todo, sólo él conocía plenamente a su ama y amiga.