Capítulo 36: EL OTRO LADO DE LA HISTORIA

Las cosas en Irlanda iban de mal a peor, era la conclusión de William cada día.

Si bien la distancia le estaba ayudando de sobremanera a lidiar con sus sentimientos hacia Hermione, era esto mismo lo que lo tenía confundido.

La convivencia con Sam, su ex novia, era algo que lo tenía con los nervios de punta. Y es que ni siquiera sabía cómo llamarla.

Había veces, como ésa mañana, en que ella solamente entraba a su oficina y le daba un informe semanal tan profesionalmente que él extrañaba a aquella Sam entregada y alegre que lo había acompañado durante su estancia en la Universidad.

Otros, como el día anterior, en que ella no le dirigía la palabra a no ser que fuera necesario.

En ocasiones el destino era piadoso, como cuando Andrew estaba cerca de Sam, y bromeaban y reían, y él podía escuchar su risa a través de la puerta entreabierta.

Pero la frialdad era lo que prevalecía entre ellos. Aunque claro, no podía culparla. Después de todo, él había sido el causante de orillarla a eso. Él y sus malditas decisiones.

Y ahora ahí estaba él, en aquel viejo cobertizo que alguna vez usaron como su lugar para estudiar y su escape de la realidad. Sólo sumergiéndose en la ambrosía que había sido su amor. Y Will no podía más que suspirar con pesadez, sumergiéndose en los recuerdos.

Flash Back

Con el corazón palpitándole dolorosamente en el pecho, Will entró a su primera clase en la Universidad mágica. No había mentido a sus abuelos al expresar sus deseos por estudiar una carrera. Pero ya ahí, con decenas de ojos puestos sobre él por ser el chico nuevo, era otra cosa. Y no ayudaba mucho el que el curso ya llevaba un mes iniciado.

Las piernas empezaron a temblarle y las manos a transpirarle cuando el profesor detuvo su explicación y se giró hacia él.

— Usted debe ser el señor ¿Reed? — lo llamó el profesor.

— Reeves — le corrigió con la voz ronca.

— Reeves… — repasó éste, anotándolo en la lista — Bien, señor Reeves, tome asiento y sea bienvenido… — le señaló. Will avanzó y tomó asiento en un banco de la fila delantera — Cómo les iba diciendo… — prosiguió sin más preámbulos.

— Es la página 54 — le comentó la muchacha sentada a un costado.

Will la regresó a ver, notando su cabello negro ondulado sobresalir bajo una gorra blanca de lana, y unos impresionantes ojos grises mirándolo.

— Gracias — le dijo, yéndose a la página que le había mencionado.

La clase finalizó minutos después. Ciento veinte minutos de pura tortura, especificó William para sí una vez terminó de guardar sus pocos apuntes y esperaba su turno para salir por la arremolinada puerta. Dos ensayos que entregar para la siguiente clase sobre algo del Comercio del siglo XVI al XXI. Un reporte para dentro de tres días sobre los Cambios en la implementación de leyes de hace 500 años, a la actualidad. Y un trabajo en equipo para dentro de dos semanas acerca de Recursos naturales y materiales entre las diferentes civilizaciones de Inglaterra, Irlanda y Escocia, y como la guerra había interferido en cada país para su exportación y tratados ecológicos.

Y él apenas y había podido entender algo de la explicación del profesor. Merlín, ¿cómo se supone que haría para pasar el semestre?, se preguntó desalentado una vez salió y se dirigía a su próxima clase.

Maldijo su suerte aún más cuándo, afuera, una llovizna de agua nieve lo empapó, haciéndolo tiritar de frío mientras se apresuraba al edificio continuo.

¿Qué más podía salirle mal en ése su primer día?, se preguntó molesto. ¿Un rayo, quizás?

Levantó la mirada al cielo casi con ironía cuando vio cruzar uno el firmamento, mas cual fue su sorpresa cuando el agua dejó de mojarlo.

— Llueve muy seguido por éste lugar, es por eso que siempre debes traer un gorro y la varita. Los de Encantamientos se la pasan experimentando con toda la Universidad el día completo — le dijo una voz a su espalda.

— Ya veo… — se encontró diciendo Will, sin saber que decir realmente. Era la misma chica que lo había instruido en clase — No te agradecí por lo de…

— Descuida — le sonrió cálidamente.

— Y, ¿las clases son siempre así? — no pudo evitar preguntarle.

— ¿Te refieres a la tarea y que sólo entendemos el 10% de todo lo que el profesor nos explica?… — resumió ella con un dejo de humor — Si, por lo general siempre son así — asintió.

Will suspiró abrumado.

— De haber sabido antes… — comentó por lo bajo.

— ¿Cómo? — lo miró con curiosidad.

— En realidad entre en ésta carrera porque pensé que serían menos cosas que memorizar, ya sabes, no tantos trabajos y eso, pero veo que me equivoque — ironizó Will.

— Son casi las mismas materias que los de Leyes Mágicas, sólo que abarcamos más campos, y menos cosas legislativas — dijo ella.

Will respingó cuando el sonido como de un cañón hizo vibrar los cristales del edificio.

— Y esos son los Aurores… — le explicó su compañera — Te acostumbrarás con el tiempo — comentó con gracia.

— Si, bueno, empiezo a hacerme una idea de lo que me espera aquí.

— Bienvenido — le sonrió con humor.

Will sonrió sin poder evitarlo.

— Soy William — le ofreció su mano.

— Sam. Sam Blackwood — le estrechó la mano, sonriéndole.

Bueno, quizás la Universidad no era tan mala, pensó Will para sí. Parecía que la suerte empezaba a sonreírle.

Fin Flash Back

No. Aquella Sam sonriente y vivaz ya no estaba.

Ahora no le quedaba más que envidiar el cómo las cosas siempre fueron tan simples entre ellos. Desde aquel primer encuentro en la Universidad, hasta la pronta amistad que formaron.

Con ella nunca hubo drama, siempre supo lo que Sam quería y lo que ambicionaba ser en la vida. Incluso el infinito cariño que sintió por él desde el principio. Al igual que él por ella.

O al menos… eso pensó.

Pues al igual que el clima, su relación cambió.

Flash Back

Casi tres meses en la Universidad, más de treinta trabajos entregados y bien calificados, y Will estaba convencido en que la suerte si le había sonreído.

O al menos, eso era lo que pensaba mientras veía a Sam reírse de uno de sus chistes acerca del profesorado y como parecía que llevaran más de un siglo impartiendo clases.

Sentados en un par de sillas que tenía en el viejo cobertizo de su casa, y utilizando una roída mesa como escritorio, ambos terminaban el tercer informe semanal que les habían encargado de tarea. Mientras afuera, el cielo se poblaba de nubes negras amenazando con una fuerte tormenta cada vez que los rayos y truenos se escuchaban más consecutivos.

—… es en serio. No me extrañaría que en lugar de pedirnos un informe sobre, no sé, la historia de las pirámides egipcias, nos pidieran una reseña de su árbol genealógico. ¿No te has dado cuenta incluso de cómo tardan para recordar nuestros nombres?… — le seguía diciendo Will con fingida seriedad — Yo creo que al profesor Harper le va a dar un aneurisma en cualquier momento por tratar de recordar; por eso cuando toma lista yo siempre me le adelanto — sonrió con burla.

— Eso es porque eres el payaso de la clase, Will — repuso Sam riendo.

— Payaso no, buen samaritano — le corrigió con gesto de sabiduría.

Sam le sonrió, meneando la cabeza. Un escalofrío la recorrió cuando una fuerte brisa entró al cobertizo mandando a volar las hojas que tenían en el escritorio y al mismo tiempo la lluvia empezaba a caer afuera con fuerza, mojando la tierra. Mientras Will se incorporaba de un salto y atrapaba las hojas antes de que salieran y terminaran arruinadas por el lodo.

— Y creo que la hora de hacer tarea oficialmente ha acabado — replicó cómicamente Will, cuando volvió a su lado.

— ¿Tú crees? — ironizó Sam, deteniendo un par de pergaminos.

Un trueno se escuchó cual cañón haciéndola pegar a ella un respingo y que Will se cubriera los oídos ante el estruendo.

— No creo que esos sean los Aurores practicando — comentó éste.

— Ni los de Encantamientos jugando con el clima — señaló Sam mientras guardaban las cosas apresuradamente.

Corrieron más adentro del cobertizo cuando una nueva ventisca entró, ésta vez con una fuente de agua. Sam se apresuró a cargar las sillas más hacia el interior al mismo tiempo que Will se llevaba la mesa.

— Debería irme — comentó Sam una vez pusieron todo a resguardo.

— ¿Estás loca?, no puedes irte — rebatió Will, mirándola seriamente.

— ¿Por qué no? — lo regresó a ver Sam con extrañes.

— ¿Qué no has visto la tormenta que está allá afuera?; debemos quedarnos aquí hasta que termine. Además, por si no te has dado cuenta, ninguno de los dos trae varita. ¿Cómo se supone que nos Aparezcamos fuera de aquí eh? — le señaló.

Sam suspiró pesadamente, dándose cuenta de eso apenas.

— Entonces…

— Creo que pasaremos aquí toda la tarde, y eso si tenemos suerte. De lo contrario tendremos que pasar la noche también — comentó Will dirigiendo su mirada hacia el exterior, donde el cielo parecía caerse en pedazos.

— ¿Tú crees?, tal vez sólo sea una… — su voz quedó amortiguada cuando el sonido de un trueno retumbó por todos lados — lloviznita — completó débilmente.

— Así que… — empezó a decir Will, gratamente divertido de la situación.

— De no ser porque conozco el clima irlandés, créeme que te culparía de esto — lo regresó a ver Sam, sonriendo a pesar de sí misma.

Will sólo sonrió. Sam suspiró con amargura cuando un nuevo trueno resonó.

— Y a todo esto, ¿qué tienen éstas cajas eh? — le preguntó con curiosidad, señalando los montones de cajas que tenían por todo el cobertizo. El ojiazul regreso a verla.

— Sólo es basura, no importa — le restó importancia, repentinamente serio.

Sam arrugó el entrecejo, y extrajo un marco que sobresalía de una de ellas. Era una fotografía de una pareja con un bebé en brazos. No necesitó preguntarle quienes eran, el parecido era indudable: sus padres y él, Will. La depositó de nuevo en su lugar y se giró hacia él; Will se había movido y ahora estaba casi en la entrada, contemplando como la lluvia seguía cayendo.

Sam se acercó a él.

— Tal vez si esperamos que pase un poco, podamos correr a casa y te puedo prestar nuestra chimenea para que te aparezcas en tu casa, seguro Kelly te necesita — le dijo Will, dándole la espalda.

— Creo que estará bien un momento más. Además, siempre está dormida a ésta hora — replicó sin darse cuenta.

Will se giró a verla.

— No me preguntaste quienes eran — le señaló, mirando furtivamente la caja.

— Puedo esperar — lo miró cálidamente, situándose a su lado.

— Sam… — musitó roncamente.

Un trueno, igual de fuerte que el primero, los hizo brincar del susto.

— Oye, cuando estudiamos la historia de Irlanda, en ninguna parte señalaban incidencias de tornados, ¿verdad? — le preguntó Sam con humor, tratando de aligerar la seriedad en los rasgos de Will. Lo hizo sonreír.

— No. Además, cuando es un tornado, generalmente siempre hay granizo antes — le indicó.

Un segundo después pequeñas, pero fuertes bolas de hielo, empezaron a caer junto a las grandes gotas de lluvia.

— ¿Decías? — rebatió sarcásticamente, mirando el hielo con incredulidad.

— No es un… ¡Ay! — exclamó cuando una le golpeó cerca del ojo, en la ceja.

— Alejémonos de aquí antes de que… — le empezó a decir Sam mientras lo tomaba del brazo y se dirigían a donde estaban anteriormente. Mas ninguno contó con que donde estaban parados ya estaba lleno de agua, y como pequeños charcos se habían formado, haciendo resbalarse primero a Sam, quien por instinto se sujetó con más fuerza de Will, quien a la vez terminó cediendo ante su propio peso y el de la ojigris; cayendo ambos en el suelo.

El primer impulso de ambos fue quejarse de dolor ante la dolorosa caída, mas al ver el gesto asustado en la expresión del otro no pudieron más que romper a reír; olvidando el hecho de que Will estaba con la mitad de su cuerpo encima de Sam, y como sus rostros estaban a un palmo de distancia. Con las ropas manchadas de barro y el rostro salpicado por unas cuantas gotas de agua sucia, apenas percibieron que la lluvia los estaba mojando cuando pararon de reírse minutos después y sus miradas se conectaron.

Un nudo se formó en la garganta de Will al verse reflejado en los grises ojos de Sam. Viendo como estos parecían brillar con más intensidad que los rayos que en ése momento tocaban las tierras irlandesas.

¿Qué se puede hacer cuando la fuerza de gravedad y los impulsos te devuelven y te elevan al mismo tiempo de la Tierra?; fue una pregunta hecha por el universo. Te encuentras a ti mismo suspendido en el espacio, sin saber cómo reaccionar, como pensar o actuar. Una mirada expresa emociones, al igual que alimenta el alma. Pero una mirada compartida por esos ojos azules y otros grises, sólo pueden desencadenar sentimientos ocultos. No descubiertos…

— Sam… — murmuró Will, sintiendo su agitado corazón reposar junto al de ella.

— ¿Si? — le preguntó ella, con los nervios a flor de piel.

— Eres hermosa — expresó, antes de terminar con la escasa distancia, cerrar los ojos, y besarla. Abandonándose al sentimiento.

Y Sam no pudo más que cerrar los ojos y olvidar todo. La tormenta, la tierra húmeda en la que estaba reposando, o las posibles consecuencias que tendría ése acto. Por primera vez en su vida, se permitió sentir. Se permitió disfrutar como la mujer que era. No como la hermana, la amiga, la responsable y calculadora. Sólo como la mujer que tenía sentimientos. Y desafortunadamente, acaba de descubrir, el fruto prohibido de compartir un beso con tu mejor amigo.

No. Era más que gravedad. Era más que un impulso, pensó Will mientras entreabría sus labios y sentía a Sam hacer lo mismo. Mientras la aferraba a sí, incapaz de querer dejarla ir. De querer hacer ése momento interminable, imborrable. Era más que la sacudida que experimentaba en el estómago. Era…

— ¿William?, ¿Samantha?, ¿están ahí chicos?; vengan, vamos adentro, se van a resfriar — la voz de William, el abuelo de Will, los trajo a la realidad, obligándolos a separarse de golpe.

— Es mi abuelo — murmuró mecánicamente Will, sintiendo como el color subía a su rostro. Sam asintió, respirando agitadamente.

— ¿Will?, ¿Sam? — se escuchó más cerca.

— ¡A-aquí estamos! — exclamó Will en un tartamudeo hacia la voz, levantándose con rapidez y ayudándole a Sam a incorporarse.

— Bien, no se muevan. Yo voy hacia ustedes — les indicó.

— ¡De… de acuerdo! — replicó Will, con la voz entrecortada.

Y sólo basta una señal para mandar todo abajo.

— ¿Estás bien? — le preguntó Will con la respiración agitada.

Sam asintió de manera torpe, sacudiéndose la ropa rápidamente y poniendo algo de distancia entre ambos mientras sentía sus mejillas sonrojarse.

La cuestión "¿Nos habríamos detenido de no ser por la interrupción?" fue algo que les causó un vuelco en el corazón.

Fin Flash Back

No fue una decisión lo que ambos tomaron. Fue el camino hacia algo más fuerte que ellos, lo que siguieron.

Antes de echarlo a perder. Antes de que su corazón lo dominara y lo hiciera pasar como un idiota. Ante ella. Ante el mundo. Y ante sí mismo.

Flash Back

Después de compartir un beso con tu mejor amiga y descubrir que existe química entre ambos, ¿cómo reaccionarías?

Will no tenía una respuesta para eso. Pero ver a Sam, y sentir como las cosas habían cambiado entre ellos desde aquel pasado fin de semana, le empezaba a preocupar.

Habían compartido más de una clase ésa semana, incluso eran compañeros de equipo en varias, mas aun así, Will notaba la incomodidad en Sam cada vez que la veía de reojo.

¿Qué hacer ahora?, era la segunda cuestión.

Esperar, aguardar. Ser paciente. Esperar nuevamente.

Tan pocas opciones. Tan pobres.

No se podía esperar, pensaba Will mientras seguía a Sam a la siguiente clase y ésta aceleraba el paso cada vez que lo sentía más cerca de ella.

¿Volver a ser los mismos?, ¿fingir que nada había pasado?

Eran otras opciones. Pero, ¿realmente Will quería eso?

Observó los reflejos del sol impactar en el cabello de Sam y no pudo más que desear ser uno de ellos para percibir, aunque sea una vez más ésa suavidad.

No. Él no quería fingir que nada había pasado. Simplemente porque había descubierto que la química entre ellos sobrepasaba la amistad. Y estaba dispuesto a intentarlo, dictaminó, acelerando el paso.

— ¡Sam!… — la llamó sin poder resistirse un minuto más.

Esperar tampoco era más una opción. No cuando sus pasos cobraron velocidad y su mano encerró el brazo de Sam, haciéndola detenerse y girarse hacia él.

¿Y ahora qué?

La mente de Will se puso en blanco apenas conectó sus ojos con los de ella. Sam lo miró interrogante, y él no pudo más que abrir ligeramente la boca, incapaz de emitir sonido. Pero un gesto vale más que mil palabras, se encontró diciendo para sus adentros.

E igual que la primera vez, la besó sin importarle las consecuencias. Sin atender a su sonido de sorpresa antes de que posara sus labios sobre los de ella. Sin apartarse, aunque ésa fue la primera intención de Sam, antes de entrelazar sus dedos en su cabello y acercarlo a ella.

La cabeza les dio tantas vueltas que se sintieron mareados ante las sensaciones que un beso pudo desencadenar en sus pechos. La urgencia con la que se abrazaron sólo podría ser descrita por las demás personas como la muestra de cariño que expresa alguien al reunirse con su ser amado después de muchos años separados. Y la suavidad con la que sus labios se movían sobre el otro, era casi con la misma con la que tratas algo que amas y temes dañar.

Y de eso se dieron cuenta Will y Sam cuando unieron sus frentes, sintiéndose incapaces de separarse.

— ¿Y ahora qué? — se preguntó inconscientemente el ojiazul mientras rozaba sus labios con los de Sam en una fina caricia.

— Esperaba que tú tuvieras una idea, porque yo no sé qué hacer con esto que siento — murmuró Sam de manera temblorosa.

Will suspiró, abriendo los ojos.

— ¿Will? — insistió, sin atreverse a abrir los ojos.

— No lo sé… — se sinceró. La pelinegra lo miró — Nunca he sido bueno con las palabras. Sólo sé que el alejarme de ti, o fingir que esto jamás pasó, es algo que no quiero hacer… No cuando quizás podamos perdernos de algo superior a nosotros — expresó, sintiendo como su corazón se aceleraba nuevamente.

— Entonces, ¿tú quieres…? — lo miró insegura, una sonrisa bailaba en sus labios.

— Sólo si tú quieres — murmuró roncamente, asintiendo sin vacilar.

Sam arrugó el entrecejo en un gesto de muda concentración.

— Y si no funciona… no nos adelantemos a eso. Dejemos que todo siga su curso — añadió Will al notar su titubeo.

Sam se mordió el labio, suspirando profundamente.

— De acuerdo… — aceptó finalmente, sonriendo. Will suspiró, colmado de maravillosas sensaciones — pero no te vayas a enamorar de mi tan rápido, Reeves. Hay que ir con calma — le dijo bromista cuando él se inclinó a besarla.

Will sólo sonrió por su comentario.

— Lo mismo digo. Y no te vayas a poner celosa, pero me gusta mucho mi compañera de clase — le siguió el juego.

— Pues tú no… — calló cuando su novio le robó un beso, al cual correspondió sin dudar.

El cómo terminaría todo, no fue algo que se cuestionaron. No cuando el presente era mucho más valioso y prometedor.

— ¿Sabes que es lo mejor de esto? — le preguntó Will, cuando se separaron.

— ¿Qué? — lo miró con curiosidad.

— Que finalmente no tengo que preguntarme el porqué de ésta necesidad loca por besarte y estar contigo todo el tiempo — se rio, atrayéndola hacia sí.

— Si, en definitiva, eres malo con las palabras — comentó con fingida resignación Sam, haciéndolo fruncir el ceño molesto, antes de que ella rompiera a reír.

Fin Flash Back

Y ahora estaba ahí, solo. Sabiendo que haber iniciado una relación con Sam hace años, no había sido un error. Sino una condena lo que él mismo fabricó. Algo de lo que, por más que quiso y deseo, no fue lo suficientemente hombre para sostener.

Aun a pesar de todo su amor.

Flash Back

— Debemos decirles que somos novios Will, en cualquier momento voy a equivocarme y confesar todo. Además, Kelly… no puedo mentirle a ella — le decía aquella tarde Sam a Will mientras "estudiaban" en el cobertizo de la casa del último.

— Lo sé, lo sé. Yo por poco me delato ésta mañana con mi abuela — comentó Will, acariciando la mejilla de Sam.

— O a menos que esto no sea serio… que sólo… — lo miró inquieta.

Will negó rápidamente.

— En Año Nuevo. En Año Nuevo lo haremos oficial. Ven con Kelly, pasen las fiestas con nosotros, a mis papás les encantará, y amarán conocer a tu hermana — le propuso.

— ¿Seguro? — seguía ligeramente intranquila.

— Totalmente… — le sonrió con serenidad. Sam suspiró, sonriendo.

— En Año Nuevo entonces… — murmuró, entrelazando sus brazos alrededor del cuello de Will.

— En Año Nuevo — asintió, besándola.

Fin Flash Back

Parecía como una burla del destino el que reviviera todo ahora. A poco tiempo de haber proclamado su amor por Hermione Jean Granger. Pero sabía que, aun así, era poco su castigo.

No, ni siquiera el peso de la vergüenza podría ser suficiente condena para él.

Mas el rechazo e indiferencia de Sam… era la más cruel y mezquina forma que encontraba para auto castigarse por su insolencia. Por sus arrebatos inmaduros.

Flash Back

Y ahí estaban ahora… sin saber cómo había iniciado todo y como ellos mismos se habían delatado al besarse bajo el muérdago que colgaba de la puerta; beso que continuaron hasta la sala, donde Catherine, la abuela de Will, los había descubierto.

— En definitiva, el Año Nuevo trae cosas nuevas ¿eh? — comentó William una vez Will y Sam les contaron acerca de su noviazgo. Su nieto no pudo más que sonreír, entrelazando sus dedos con los de Sam; quien miró con alegría como su hermana le sonreía de vuelta.

Una vez Kelly se hubiera despedido de ellos y entrado a la casa, después de que Will las fue a dejar en la camioneta de su abuelo; él y Sam no pudieron más que reír cuando se sentaron juntos en la banca de la entrada, viendo como nevaba.

— Y pensar que esperamos tantas semanas para decirles de nuestra relación — comentó Will una vez se calmaron.

— Tu culpa. Yo hubiera preferido decirlo desde el principio — le acusó Sam, recargándose en su hombro. Will sólo sonrió.

— Valió la pena. Así te tenía para mi solito — comentó con un dejo de inocente presunción.

— ¿Y ya no? — se enderezó Sam para mirarlo de frente.

— Vamos a estar más vigilados ahora. Además, con lo mucho que te quieren mis papás, tendré suerte si te dejan en paz cuando estemos juntos en mi casa — le dijo, acomodándole el gorro de lana que casi siempre usaba y le encantaba.

— Entonces habrá que aprovechar el tiempo ¿no crees?… Además, aquí no hay nadie — le susurró cual secreto.

Will sonrió, antes de posar una mano en su mejilla y acariciarla a pesar de usar guantes. No pasó mucho tiempo para estarse besando.

— Te amo, Sam — murmuró contra sus labios por primera vez.

— Te amo, Will — le correspondió, entrelazando una mano en su cabello.

El cuanto tiempo duraron besando fue algo de lo que no tuvieron idea. La euforia por sus anteriores palabras aún estaba intacta en sus corazones, haciéndolos suspirar complacidos, y sonreír extasiados cuando se separaron.

— Hay algo que quiero darte. Pensaba dártelo hasta San Valentín, pero bueno, no importa mucho la fecha. Sino lo que representa — le dijo Will mientras sacaba una pequeña caja negra de su bolsillo.

Sam lo miró, sintiendo como se le aceleraba el corazón.

Con las manos casi temblándole, Will abrió la cajita mostrando un pequeño anillo de plata con una piedra cristalina como único adorno.

— Estaba entre las cosas de mis padres, es lo único que me he atrevido a tener conmigo, y ahora quiero dártelo a ti… — le dijo, sacándolo.

— William… — murmuró, sintiendo como perdía el aliento — ¿Estás seguro? — le preguntó. Su novio le sonrió como única respuesta.

— Quiero que éste con mi otro gran tesoro — exteriorizó.

— ¿Qué intentas decir? — lo miró Sam con los ojos brillantes.

Will sintió su corazón acelerarse al verse reflejado en sus grises ojos.

— Es una promesa… — le respondió, mientras tomaba su mano y le quitaba suavemente el guante para luego deslizar el anillo en su dedo — Es una promesa de que siempre te voy a amar, y estaremos juntos toda la vida… — la miró a los ojos. El corazón le dio un vuelco por milésima vez en ésa noche al ver sus ojos anegados en lágrimas, y se preguntó si Sam terminaría causándole un infarto por todas las emociones que le hacía sentir. Fue eso lo que lo motivó a pronunciar las siguientes palabras, seguro de su amor por ella — Es una promesa de convertirte en mi esposa algún día, y formar nuestras vidas juntos… — Sam se mordió los labios, sintiendo como su corazón golpeaba en su pecho con fuerza al escucharlo — Es la promesa que te hago ahora de amarte por el resto de mis días Sam, sólo a ti — y se inclinó a besarla, sintiéndola temblar en su abrazo.

— Quédate conmigo ésta noche — fue lo último que alcanzó a murmurar Sam antes de que Will la besara. Una sonrisa en medio del beso fue lo que obtuvo como respuesta.

Fin Flash Back

Pues mucho antes de que su mismo egoísmo e hipocresía saliera a relucir… El amor que sentía por Sam, por lo que habían construido juntos, y lo que esperaban llegar a ser; él no había sido merecedor de tal dicha.

Ahora lo comprendía.

Flash Back

Aquella tarde Will sólo podía describirla como la mejor de vida. Luego de una reunión con el Coordinador de la Universidad, en la que hubiera esperado de todo menos una propuesta de irse de intercambio al mejor programa de estudios en Londres, Inglaterra; Will no dudó en correr con sus padres para contarles.

Catherine fue la primera en respingar cuando de la nada su nieto se materializó frente a sus ojos, y el chillido que soltó cuando éste la levantó en brazos riendo alegre fue lo que llamó la atención de William, quien entró corriendo por la puerta trasera de la cocina.

— Pero ¿qué…? — fue lo único que atinó a decir, blandiendo, sin darse cuenta, un azadón en la mano.

— ¡Me ofrecieron una beca! — les soltó de golpe Will, soltando a su abuela y yendo a abrazar a su abuelo.

— ¿Qué?, ¿cuándo? — le preguntó Catherine, desconcertada.

— Hoy, el Coordinador me llamó en plena clase, así que fui a verlo; — les empezó a contar, dando vueltas por la cocina y hablando aceleradamente producto de la emoción — Me dijo que hay un programa, recién creado, entre las Universidades mágicas de Irlanda, Escocia, Inglaterra, Alemania, Francia y América, en el que uno manda un alumno a estudiar al extranjero por uno o dos años; dependiendo de lo que ellos desean y como sea su rendimiento allá; y ellos a su vez mandan a uno a aquí. Muchas Facultades participan, pero la nuestra jamás lo había hecho, hasta ahora. El nuevo Coordinador abrió la posibilidad de que se realice, al menos con un alumno. Te dan alojamiento, comida, todo. Estudias con los mejores profesores, en las mejores instalaciones y entre los mejores… — se giró a verlos — El Coordinador ya había elegido a alguien, pero éste lo rechazó. Así que postuló a alguien más. ¡Y el Coordinador me eligió a mí de entre todos!, ¿pueden creerlo?… — exclamó extasiado — ¡Quiere que vaya a Inglaterra!, ¡quiere que estudie en Londres! — rio.

Si esperó por un segundo recibir la misma respuesta eufórica por parte de sus abuelos, recibió una gran decepción cuando no fue así.

— ¿Qué pasa?, ¿no les alegra? — arrugó el entrecejo, desconcertado.

— Por supuesto que nos alegra. Dices que es una gran oportunidad — asintió su abuelo, mirando intranquilo a su esposa.

— ¿Entonces? — se dejó caer con pesadez en una silla.

— Es sólo que no lo esperábamos. Es tan… repentino. ¿Cuándo se supone que te marchas, si es que has aceptado la beca?, ¿y por cuánto tiempo?… Son muchas cosas, Will — le explicó su abuelo.

— Lo sé, lo sé. A mí también me tomó por sorpresa. Pero traten de entender, es algo enorme, una gigantesca oportunidad que quizás se te presenta una vez en la vida. Y rehusarla… — meneó la cabeza.

— Tampoco queremos que lo hagas hijo. Sólo… — se apresuró a decir William.

— ¿Qué pasa papá?, no es como que me vaya a ir definitivamente. A lo máximo serán uno o dos años. El programa de allá es más avanzado, así que terminaré más rápido. Después podré buscar un trabajo aquí o allá, dependiendo de que tan bien me vaya…

— Para ser tan repentino sí que has tenido tiempo de pensar en ello ¿no te parece? — replicó con seriedad su abuela.

— Sólo soy realista mamá… — la contradijo — Escuchen, si me quedo aquí, me faltarían hacer muchos méritos para graduarme antes, en cambio allá, podré hacerlo en la mitad de tiempo. Y tendría mejores ofertas de trabajo al ser tan joven.

— Entonces también estás viendo la posibilidad de trabajar allá — le acusó Catherine.

— No… — volvió a contradecirla con algo de impaciencia — ¿Es que no entienden lo que les digo?

— "Gran" oportunidad. "Gran" programa de estudios. "Gran" oferta de trabajo. ¡Lo entendemos muy bien! — replicó mordazmente su abuela.

— Catherine… — intervino su esposo.

Su esposa lo regresó a ver con una clara mirada de enojo.

— Iré a recostarme un momento — anunció sin más, dirigiéndose a la puerta.

— Mamá… — la llamó Will. Pero ésta se marchó sin atender a su llamado.

Con un gesto de pesar en el rostro, Will se le quedó viendo a la puerta por la cual había desaparecido su abuela hacia un momento. Y fue entonces cuando cayó en cuenta de algo más, haciéndolo quejarse en voz alta al mismo tiempo que se llevaba las manos a la cara.

— Te entenderá — le palmeó la espalda su abuelo.

— No es eso… — replicó Will, regresando a verlo — ¿Cómo se lo diré a Sam? — le preguntó desolado.

Su abuelo lo contempló con seriedad antes de suspirar con cansancio.

— Supongo que ella deberá entender… — meditó — Pero la decisión está en ti, hijo. ¿Realmente quieres irte a Inglaterra? — le preguntó directamente.

Will guardó silencio.

Fin Flash Back

Y ahora lo entendía.

Quizás, el destino si había sido piadoso, después de todo. Pues le permitió ser feliz por un tiempo.

Le permitió dejarla libre. Augurándole algo mejor.

Permitiéndole madurar, lejos de ella. Y por ella. Por aquel que él creyó fue su tiempo, no lo había sido completamente.

Flash Back

La lluvia caía sin piedad afuera, al igual que aquella primera vez que se besaron en ése mismo cobertizo. Y dentro, se desarrollaba una tormenta aun mayor…

— Sam, no lo entiendes, es una oportunidad entre un millón. Puedo aprender muchas cosas, conocer demasiado, puedo…

— Sé perfectamente lo que puedes hacer allá, ¿crees que no tengo idea?; ¡el mismo Coordinador me lo explicó cuando intentó convencerme de ir! — lo cortó con arrebato.

Will arrugó el entrecejo. ¿Entonces ella era…? Abrió los ojos, estupefacto.

— Pero ¿sabes por qué no accedí?, ¿sabes por qué?… — lo regresó a ver Sam con los ojos anegados en lágrimas — Porque eso significaría que tendría que alejarme de Kelly… y de ti. Y era algo que no podría soportar sabiendo lo mucho que los amo — le dio la espalda, mordiendo sus labios con dolor. Y pensar que ella se había sacrificado por él… pensó con amargura.

Will la miró pasmado, sintiendo que algo filoso bajaba por su garganta, desgarrándolo por dentro.

— ¿Tú eras…? — musitó sin aliento.

— Pero no tienes por qué preocuparte. No te haré las cosas difíciles… — le espetó, limpiándose disimuladamente las lágrimas antes de darse media vuelta para verlo de frente — Vete a Inglaterra, lo nuestro se acabó — dio un paso al frente dispuesta a irse, mas Will se interpuso en su camino, haciéndola retroceder.

— Sam, espera… — intentó acercarse nuevamente.

— ¿Qué quieres William?, ya no hay nada de qué hablar, la decisión está tomada. Te irás y lo harás por tu bien. No es tan difícil de comprender ¿sabes? — ironizó, tratando de así disfrazar su dolor.

— No, yo… no sabía, no tenía idea de que tú eras quien debía ir. Si es así, no quiero ocupar tu lugar. A ti te lo ofrecieron primero, debes ir… — se detuvo cuando observó la sonrisa de amargura en los labios de Sam.

— No lo entiendes ¿verdad? — lo miró decepcionada.

Will la miró con confusión.

— No quiero arruinar tu sueño — le dijo.

— ¿Mi sueño?… — repitió Sam sin dar crédito a sus oídos — Mi sueño estaba justo aquí, en Irlanda, contigo y con Kelly, siendo felices, envejeciendo juntos, tal como lo prometiste algún día. No en otro país… — negó tajantemente.

— Pero, yo creí que…

— Que decepción me causa darme cuenta que al final de cuentas jamás pudiste conocerme. Y, es más, porque lo que yo creí era la persona que amaba, era sólo alguien ambicioso y sin sentido de compromiso, que al final, resultó ser sólo es uno más del montón que existen en éste planeta — declaró, sintiendo que el corazón se le estrujaba con cada palabra pronunciada.

— Sam, por favor… — sus ojos se pusieron cristalinos.

— Sólo vete a Inglaterra, William — lo cortó.

— ¡Pero yo te amo! — expresó con dolor.

Una rebelde lágrima viajó por la mejilla de Sam, perdiéndose en su cuello.

— Dime que no me vaya, dime que no acepte ésa beca… — se precipitó a tomarla en sus brazos. La ojigris cerró los ojos, sintiendo como las lágrimas mojaban su rostro — ¡por favor Sam! — la besó.

Sam apretó los ojos, regresándole el beso cual si fuera el último. Algo de lo que, lamentablemente, estaba segura que así sería. Él le había enseñado a amar. Le había enseñado a confiar. A recibir sin esperar nada a cambio.

Entonces ¿cómo haría ahora para retenerlo cuando su corazón estaba tan dividido entre el dolor, la decepción y el amor?

— Te amo… — murmuró Will sobre sus labios, igual que la primera vez que lo dijo — Pídeme que no te deje — le suplicó.

Sam abrió lentamente los ojos, encontrándose con esos lagos azules que la hipnotizaban. Pedir era algo tan fácil como tan complicado a la vez. Pues el amor no era algo que se pidiera así porque sí. Era algo que se ganaba, y desafortunadamente se daba cuenta ahora que el suyo no había sido tan fuerte.

— Ve a Inglaterra — fue lo único que dijo.

— Sam… — perdió el aliento. La pelinegra dio un paso atrás, liberándose de su abrazo.

— Yo no tuve dudas en ningún momento cuando me ofrecieron la beca Will, porque sabía que en Inglaterra no había grandeza o lo que fuera que me ofrecieran, sólo habría un vacío al saber que tú no estarías ahí conmigo… — le empezó a decir, sintiendo como las lágrimas le ganaban la batalla — En cambio tú, tú no tuviste dudas para aceptarla sin pensar. El ¿por qué?, creo que está más claro para ti que para mí. No seré yo quien te diga lo que tienes que hacer, ni quien te detenga aquí; cuando eres tú mismo quien ha decidido que no quieres estar aquí… — las lágrimas siguieron bajando por su rostro sin darle tregua — Ve a Inglaterra — repitió con más convicción.

— No quiero perderte. No quiero… — apretó la mandíbula con impotencia. Sin saber que decir para mantenerla a su lado.

La decisión estaba tomada y él lo sabía muy bien. Quizás era egoísta y cruel al pedirle que tomara la decisión por él, pero interiormente sabía que sólo lo hacía para permanecer más tiempo con ella, aun cuando después le destrozara el corazón al irse y dejarla.

Una lágrima se deslizó por su mejilla al comprender la verdad en sus palabras. Ella había puesto confianza ciega en su amor, en él, pero solamente había resultado traicionada. ¿Cómo retenerla a su lado si ni siquiera era capaz de ser fiel a sus palabras y promesas?

— De verdad te amo — expresó mas para sí mismo que para ella.

Sam bajó la mirada a la delicada argolla que portaba en su mano. Con la mano temblorosa, la deslizó fuera de su dedo y la miró una última vez.

— Te deseo lo mejor — le dijo, poniendo el anillo en su mano. No lo miró una última vez, sólo le sacó la vuelta y salió del cobertizo, hacia la lluvia. Un segundo después Desapareció, sin mirar a atrás en algún momento.

— ¡Sam! — la llamó inútilmente Will, saliendo tras ella, sintiendo como el agua de lluvia se mezclaba con sus propias lágrimas.

Fin Flash Back

Gritó con rabia, sintiendo su garganta y corazón desgarrarse por dentro.

¿Cómo había sido tan idiota, ruin y desalmado al dejarla?, se reprochó Will. Él la amaba, la había amado con toda su alma, y sin embargo no dudó siquiera un segundo al momento de abandonarla por irse a Inglaterra.

Sam tenía razón al estar molesta con él. Él mismo se odiaba ahora.

William

Giró la cabeza tan rápida que su cuello emitió un sonido seco, mas el dolor que sintió después no pudo siquiera compararse con el de la decepción al darse cuenta que Sam no estaba ahí. Y que nunca más lo estaría.

Pues no, ella ya no lo buscaría más, de eso estaba seguro ahora.

— Lo siento, Sam — murmuró débilmente, sintiendo sus ojos empañarse de lágrimas.

Tenía que hacer algo. Enmendar sus errores. Definir sus sentimientos… Porque, aunque no lo quisiera, Sam había vuelto a su vida, y con eso, el recuerdo de su amor por ella.

El sentimiento.


Si había algo que odiara Terry con toda el alma, era hacer papeleo. Pero ahí, en la vieja oficina que compartía con su mejor amigo Will, incluso eso le resultaba ahora placentero.

Su amigo se había ido hacía ya varias semanas, lo que había implicado varios cambios en su departamento. El más notable, obviamente, era el escritorio vacío que aun adornaba el lugar.

Al principio, la intención de Kevin había sido removerlo y acomodar todo para volverlo en una oficina individual para Terry; mas éste declinó la oferta apenas se lo sugirió. El remover el escritorio sería como una afirmación de que Will ya no regresaría, y eso, era algo que el ex Ravenclaw aún no estaba dispuesto a aceptar.

No mientras aún tenía esperanzas porque él regresara.

Por otra parte, estaba el asunto con Luna. De quien estaba enamorado desde hacía varios años.

Levantó la mirada cuando tocaron a su puerta. El común "Adelante" salió de sus labios sin ánimo alguno, antes de regresar a su lectura y pensamientos.

Casi al instante ingresó Susan Bones, su ex compañera del ED.

— Hola — le sonrió Susan.

— Hey — le respondió casi escuetamente, regresando a verla.

— Vengo porque tengo un problema… — comenzó sin preámbulos. Terry asintió, escuchándola — Verás, se acerca el fin de año y muchos estudiantes regresaran a sus casas, y pues sabes que no todos son de Inglaterra; por lo cual no podremos monitorearlos tan fácil como a los que viven aquí; y quisiera saber si…

— Puedo comunicarte con los Ministerios de Magia extranjeros para que les puedan aplicar el Rastro a los menores de edad — terminó Terry.

— Si, — asintió Susan — sé que es mucho trabajo, pero sino… — se estrujo las manos.

— Entiendo, no te preocupes, no tienes que explicarme… — sacó un pedazo de pergamino, comenzando a garabatear algo en el — Puedo comunicarte con ellos el próximo martes ¿te parece bien?, la hora después te la confirmo.

— Está perfecto — sonrió Susan, contemplándolo frente a su escritorio.

Terry continuó escribiendo.

— ¿Aproximadamente cuantos alumnos son? — le preguntó.

— Varios cientos — suspiró.

— De acuerdo. Pero probablemente necesitaré un listado Susan, algo más específico. ¿Crees poder conseguirlo? — la regresó a ver.

— Sí, claro. Hablaré con la profesora McGonagall para que me lo haga llegar… — convino sin dudar. Terry asintió, regresando a su escritura — En realidad fue ella quien me pidió éste favor, ya sabes que desde la guerra hemos tenido dificultades para aplicar el Rastro a los menores de edad — le explicó.

— Y que lo digas. Aún recuerdo la bronca que se les vino encima el año pasado — recordó con un dejo de humor.

Susan chasqueó la lengua.

— Ni me lo recuerdes. Creo que cualquier cosa es un incentivo para que tu amiga Luna venga a meter sus narices donde no la llaman. Especialmente si es algo referente a mi departamento — gruñó con molestia.

El rubio no comentó nada, pero de buena fuente sabía que Luna sólo molestaba a Susan porque lo encontraba de lo más divertido.

Susan pasó la mirada por el lugar para gastar el tiempo en lo que Terry la ayudaba. A pesar de haber estado ahí muy pocas veces, de inmediato notó la diferencia que marcaba el lugar vacío del ex compañero de Terry, William Reeves. No le costó mucho esfuerzo saber el porqué de la seriedad de Terry, después de todo, no todos los días se va un amigo.

— Supe que transfirieron a William… — comentó insegura, sin girarse a verlo. Terry asintió — Lo siento, sé que son mejores amigos. Pero supongo que el regresar a Irlanda era lo que él necesitaba. Después de todo, allá está su familia ¿no? — le preguntó distraídamente.

Terry dejó de escribir, sintiendo como la misma respiración se le cortaba y la regresó a ver. Susan contemplaba el viejo lugar que ocupaba Will.

— Eres la primera persona que se refiere a él como mi amigo, — comentó — todo el mundo dice "era".

— El no estar juntos no significa que su relación se haya roto… — replicó Susan, regresando a verlo — Al menos, yo no lo creo así — se encogió de hombros.

— Gracias — dijo Terry al cabo de unos minutos, sonriéndole sinceramente. Susan le sonrió de vuelta.

Momentos después, Susan recibía feliz de manos de Terry todas las indicaciones que necesitaría para llevar a cabo su misión. Y después de agradecerle, se marchaba de la oficina…

— Tal vez deberíamos salir alguna vez, hace mucho que no hablamos — comentó cuando se dirigía a la puerta.

Terry sonrió a su espalda.

— Eso sería estupendo — le dijo antes de que se marchara. Susan se detuvo sólo un segundo en el marco para sonreírle.

Y Terry se quedó ahí, contemplando la puerta con gesto ensimismado. Sacudió la cabeza al cabo de unos segundos y regresó a su lectura.

No, aun no era tiempo. Pero algo le decía, que pronto lo sería.