Capítulo 39: DESDE HOY Y PARA SIEMPRE

Dos meses después…

"¡SÍ!"

El grito de alegría de Hermione parecía resonar en la cabeza de Harry mientras llenaba el último papeleo del día.

Aun no lo podía creer del todo, cuando le pidió a Hermione que se casaran, pensó que tal vez ella no aceptaría, pero lo que recibió de respuesta lo hizo sinceramente el hombre más feliz del mundo.

¡Sería su esposa, por Dios!, pensó con una gran sonrisa.

Flash Back

Quizás fueron otros seis años los que Harry tuvo que esperar hasta que Hermione asumiera lo que le estaba pidiendo, hasta que finalmente, soltando un suspiro entrecortado, y pasando saliva con dificultad, la castaña parpadeó, volviendo a la realidad.

— Dijimos que nada de arrebatos — fue su débil voz la que lo intranquilizó.

— ¿Entonces…? — le preguntó con un nudo en la garganta, sintiendo que en cualquier momento lo rechazaría. Su cerebro empezó de pronto a trabajar a toda marcha. Viendo los pros y los contras de aquella decisión. Y lentamente fue sacando conclusiones del porqué de su respuesta…

— Si… — susurró Hermione, asombrándolo y sorprendiéndose a sí misma. Harry la regresó a ver, creyendo haber oído mal. El corazón le dio un vuelco cuando la observó asentir constantemente mientras le sonreía con los ojos anegados en lágrimas — Si, — repitió con más convicción, haciéndolo sonreír. Una lágrima se deslizó por la mejilla de Hermione — Merlín, ¡si, si, si quiero ser tu esposa!, ¡SI! — terminó gritando sin darse cuenta, abalanzándose sobre él y arrancándole un chillido que pudo interpretarse tanto de júbilo, como de dolor cuando ambos aterrizaron en el suelo.

Y eso no pudo compararse a lo que sintió cuando besó por primera vez los labios de su prometida.

Fin Flash Back

Al fin, y después de tantas adversidades, podían tener la felicidad que siempre soñaron. Eso y mucho más.

No más piedras filosofares que salvar. No más cámaras de los secretos que descubrir. No más Dementores que los atormentaran. No más torneos donde los pusieran en riesgo. No más delegados del Ministerio que les impidiera estar juntos. No más batallas y pérdidas. No más Voldemort.

No más separaciones.

Suspiró con emoción. Solamente un par de semanas más. Es todo lo que faltaba para poder llamarla suya ante todos.

Para hacerla su mujer… de nuevo. Ése último pensamiento lo hizo soltar una sonrisa de gracia, meneando la cabeza. Y es que aún no podía creer que lo tuviera a pan y agua durante ése tiempo, pensó con humor. Pero si así lo quería, estaba bien; él sería paciente.

Flash Back

— Quédate conmigo ésta noche — le pidió Harry con sus labios unidos. La sintió sonreír en medio del beso.

— Está bien… — aceptó. Una mano del ojiverde se posicionó sutilmente en su cintura — pero no haremos nada — lo cortó en el acto, deteniendo su mano y alejándose con renuencia de sus labios.

— ¿Qué?… — la miró con incredulidad.

— Estás convaleciente — le señaló, mirándolo seria.

— No pasa nada, no me duele — replicó en el acto haciendo el intento de besarla de nuevo.

— Harry… — tomó su rostro entre sus manos, viéndolo fijamente a los ojos, solemne — No.

— Hermione… — la miró agonizante. Cual si le dijeran a un niño que ése año no habría Navidad.

— Tus costillas no sanan aun, te harás daño — trató de hacerlo entender. Aunque por la forma en que lo decía, parecía que se lo estuviera repitiendo a ella también.

— No si tú estás arriba… — repuso el ojiverde con desenvoltura. Hermione lo miró escandalizada, y fue cuando Harry se dio cuenta de lo que había dicho, sonrojándose en extremo — No era… Quise decir… — intentó remediar su boca suelta.

— Aun así, no es buena idea, porque nos podemos dejar llevar por… la pasión, y… — comenzó a balbucear Hermione de manera atropellada, sonrojándose. Harry juraba que su rostro estaba ya a punto de quedar calcinado, lo sentía en llamas — Ay, no me hagas repetirlo — musitó incómoda.

— ¿De todas formas te quedas? — no pudo evitar preguntarle.

Hermione lo pensó unos segundos, que fueron una tortura para Harry, hasta que finalmente asintió.

— Si… Pero sólo a dormir — añadió con rapidez. Harry no puso objeción alguna.

— Está bien, solamente quiero estar contigo — sonrió sin poder evitarlo. Aquella frase le dio por recompensa un beso igual de emotivo que el primero.

Fin Flash Back

Después de todo, si algo le había enseñado la vida, es que esperar, siempre le traía cosas buenas.

Así que en definitiva lo valía.


Una soleada mañana le dio la bienvenida a un nuevo día a Will. Quien, en la cocina de una colorida casa, degustaba un humeante café mientras leía el periódico matutino como cualquier otra persona. Ya habían pasado tres largos meses desde su arribo a casa; tan rápido, y sin darse cuenta. Pues el tiempo era algo que no había valorado hasta ése entonces. No cuando el alma está más entretenida viviendo el presente.

Tantas cosas habían cambiado en ése tiempo… otras, sólo habían sido reveladas. Cómo el infinito cariño que sentía por Jean; y el irrevocable amor hacia su Sam…

Flash Back

Cinco semanas de constantes citas y de recuperar la confianza de Sam, y aun así Will no encontraba las palabras correctas para describir lo que sentía por ella.

¿Era aprecio?, ¿afecto?… ¿Cariño?, suspiró abrumado.

No. Era algo más. Algo que no sabía explicar, pero le estrujaba de manera dolorosa el corazón cuando no la tenía a su lado. Algo que le aceleraba el pulso cuando la tenía frente a sí. Que lo mantenía las noches en vela contando las horas para verla una vez más. Y que sin duda lo dejaba sin aliento cuando la veía sonreír o escuchaba el sonido de su risa.

No, no era cariño. De eso estaba seguro.

Se puso de pie, empezando a caminar por su oficina, rememorando su relación con ella…

La primera cita que tuvieron fue una cena en un tradicional restaurante de Irlanda, donde después de poco más de una hora de completo silencio e ingerir alimentos, apenas y se dirigieron la palabra, no se diga de verse de frente. Al final, Sam le permitió pagar la cuenta, agradeciéndole la cena, y se marchó sola a su casa.

La segunda cita; algo que Will aún no sabía ni como había conseguido; fue una caminata por el pueblo al atardecer. Dos horas en las que Sam intentaba por todos los medios no desviar la conversación a algo que no fuera trabajo; aunque para el final del recorrido terminó riendo junto al ojiazul de una anécdota contada por el pelinegro acerca de su antiguo empleo en Inglaterra.

Para la tercera cita; la cual constó de una visita al cine; Will se encontró a si mismo hablando con una Sam mucho más relajada e incluso participativa en la conversación, que no sólo se reía de sus bromas, sino que le sonreía con un dejo de calidez cuando lo veía clasificar sus golosinas por colores y sabores, algo que tenía la costumbre hacer desde la niñez.

La cuarta fue muchísimo mejor, pensaba actualmente Will; no sólo habían hablado, reído, e incluso bromeado un poco; sino que Sam no se opuso a que la acompañara a casa, y terminó agradeciéndole la velada con un breve abrazo y un beso en la mejilla que hizo que ambos se quedaran viendo a los ojos durante largos minutos antes de despedirse finalmente.

Pero la quinta cita, aquella misma cita de ése pasado fin de semana; fue la bomba que desató el revuelo de emociones en él. Habían quedado en ir a cenar, mas Sam le canceló a última hora diciendo que no podría pues debía cuidar de Kelly y su sobrino Scott; y Will se encontró a si mismo sin poder evitar resistirse a ofrecerse de voluntario para ayudarla… Luego de horas y horas en las que habló con Kelly y rio junto a Sam al observar los múltiples gestos que hacía Scott cuando le tocabas la naricita y barbilla; fue la hora de decir adiós nuevamente. Y todo lo que Will pensó recibiría ésa noche fue destrozado por completo ante la avasalladora sensación que lo recorrió cuando Sam se lanzó a sus brazos y lo besó con una ternura, pasión y delicadeza increíble que lo dejaron sin aliento, con las rodillas temblando y el corazón acelerado, viendo todo sacudirse a su alrededor.

Suspiró de nuevo, pasándose ésta vez una mano inconscientemente por los labios, sintiendo aun el sabor y la tibieza de los de Sam.

Ése beso fue inesperado y sorprendente. Ni en sus mejores sueños pensó que volvería a besar a Sam alguna vez, pero ahora que había descubierto seguía sintiendo lo mismo con sus besos, no podía estar más confundido.

Sólo tenía la certeza, de que, si no averiguaba rápidamente lo que sentía realmente, terminaría volviéndose loco.

Pegó un brusco respingo cuando la puerta de su oficina se abrió de par en par antes de que la intrusa la cerrara con llave a su espalda.

— ¡Sam! — musitó ahogadamente. La "villana" de su historia frente a él, mirándolo seriamente.

— Escucha, sé que las cosas han sido… confusas, los últimos años. Tú te fuiste. Luego regresaste. Y después te disculpaste y me pediste una oportunidad para recobrar mi confianza, pero… — ni siquiera lo saludó, los ojos grises de Sam brillaban con tanta determinación, y sus palabras se escuchaban tan seguras, que Will pasó saliva, sintiéndose minúsculo en aquella espaciosa habitación — Pero Will, Dios, desde que regresaste sacudiste mi mundo de nuevo… — terminó confesando, dando un tentativo paso hacia él.

Will pasó saliva, el corazón se le aceleró como siempre que la sentía cerca, y sus ojos vagaban de sus grises ojos a sus rosados labios.

— Y estos días que pasamos juntos no fueron más que para confirmarme lo que llevo sabiendo hace años y me negaba a aceptar, y es que… — suspiró, mordiéndose la punta de la lengua cual si quisiera callarse a sí misma antes de arriesgarse a decir algo que terminaría dañándola. Se detuvo frente a él y lo miró con vacilación — ¡Yo aún te amo! — musitó frágilmente. Perdiendo la confianza de golpe.

Dicen que las acciones nos hacen mover montañas, incluso atravesar océanos. Pero Will no podía estar en mayor desacuerdo en ése momento. No fueron sus acciones las que lo hicieron viajar a Inglaterra. No fueron sus acciones las que lo hicieron atravesar todo el país para volver a Irlanda. Ahora lo sabía.

Habían sido sus decisiones. Su amor.

Las acciones nos hacen equivocarnos, fallar y después volver a errar si no se piensa. Pero el amor… el amor que ahora Sam le manifestaba era el único que sabía Will podía mover montañas, atravesar océanos, incluso sacarlo de orbita.

Su decisión a arriesgarse nuevamente con él. A pesar de haber accionado mal. Su amor que le permitía perdonarlo. Su decisión que la impulsaba a darle una segunda oportunidad. Su amor…

Y fue ahí que Will supo que irremediablemente su amor del pasado ya no existía… Pues la verdad sea dicha, jamás estuvo ahí… sino en ella. En Sam.

Restando el escaso metro que los separaba, se lanzó sobre ella besándola de lleno en la boca, sintiendo como si respirara aire puro después de muchos años. Definitivamente un beso lo puede cambiar todo, pensó mientras entrelazaba sus manos en su cabello negro y su espalda, acercándola a él con urgencia. Te pueden abrir los ojos del corazón… y del alma.

— ¡Yo también te amo! — le dijo apenas separándose un par de segundos de sus labios antes de que la propia Sam lo atrajera hacia ella nuevamente.

No, nunca fue cariño, resolvió Will para sí mientras estrechaba a Sam entre sus brazos. Siempre había sido amor. Fue él quien se negó a aceptarlo. Pero ya había madurado. Ahora era merecedor de ella. De su amor.

Fin Flash Back

Sonrió ante aquel recuerdo. Mas arrugó el entrecejo al observar un sobre en la mesa con su nombre escrito sobre él. Rasgó el sobre y extrajo el pergamino que había dentro, comenzando a leerlo… Su rostro fue pasando del desconcierto al escepticismo, hasta que finalmente sus ojos brillaron con jovial alegría.

— ¿Quién lo hubiera dicho…? — murmuró en voz alta.

— ¿Qué cosa? — le preguntó una mujer que recién entraba a la cocina, vestida con una túnica beige con negro.

Will se giró para recibir a la recién llegada extendiendo sus brazos para permitirle sentarse en su regazo. Un suave beso en los labios le arrancó otra genuina sonrisa.

— Exactamente, ¿qué planes tienes para dentro de dos semanas? — le preguntó de manera sugerente a Sam.

La ojigris arrugó el entrecejo.

— ¿Por qué? — la emoción se percibió en sus rasgos alegres.

Will le tendió el pergamino que leía…

"Estimado señor William Reeves:

Hermione Jean Granger & Harry James Potter

Lo invitan cordialmente a su enlace nupcial.

El día 15 de agosto en punto de las 7 p.m. en la abadía de Westminster.

Posteriormente a acompañarlos en la recepción en Ottery Saint Catchpole."

Al igual que como le había sucedido a su novio, Sam fue expresando diferentes emociones en su rostro, hasta que finalmente suspiró con una sonrisa y se recargó en el hombro de Will.

— Si algún día te aburres del trabajo en el Ministerio, ser casamentero no sería mala opción — le comentó con un dejo de burla, haciéndolo reír.

— Me he retirado del negocio… — lamentó Will, siguiéndole el juego — Aunque, quizás pueda hacer un último trabajo — añadió, mirándola de forma especial, insinuante.

Sam sonrió ampliamente y le dio un largo beso en los labios.

— Te amo… — murmuró Will contra sus labios.

— Yo también — dijo Sam.

— Ven conmigo a Inglaterra. Acompáñame en éste día tan especial para Jean y para mí — le pidió. Sam no pudo más que asentir con una sonrisa.


Mientras tanto, Hermione se embarcaba en el laborioso mundo de los preparativos de boda en compañía de Luna y Ginny, quienes, si fuera posible, estaban más frenéticas e imparables que cuando planearon el enlace entre la pelirroja y Neville.

—… ¿cómo que confirmar el pedido del pastel?, ¡faltan las invitaciones! — saltó Luna escandalizada cuando Ginny propuso ir a una elegante repostería en Londres y elegir el pastel de bodas.

— Lu, las invitaciones fueron enviadas hace ya una semana. Para el día de hoy ya todos tienen la suya — le dijo Ginny.

— ¡Un segundo!… — saltó de nuevo, deteniendo su caminar — ¿Todas, todas? — enfatizó. Ginny asintió.

Con una mirada de dolor y reproche, la rubia se giró a encarar a Hermione, quien dedujo lo que se le venía.

— ¿No me piensas invitar a tu boda?, — fue su dolida acusación — ¿a mí?, ¿a mí que te he acompañado en todo momento?, ¿qué secundé todas tus estupideces sin juzgar?, ¿que fui tu pañuelo de lágrimas?, ¡¿tu supuesta mejor amiga?!… — musitó en un hilito de voz lo último, sus ojos brillantes — Porque si ya no quieres ser mi amiga tampoco, mejor dímelo ahora y ahórrame el dolor después — medio sollozó.

— ¿Qué? — fue lo único que pudo decir Hermione, desconcertada ante su sensibilidad.

Ginny las miró insegura, preguntándose en silencio si debía intervenir o no.

— Claro, supongo que ahora sólo Harry forma parte de tu vida, como ya se van a casar — la barbilla le tembló.

— ¿Qué? — volvió a repetir Hermione, ésta vez con incredulidad de sus palabras.

— Ocho años de amistad a la basura. Pero debí haberlo previsto, a él lo conoces más tiempo, es natural que ahora ocho años te parezcan ocho días — murmuró con amargura.

— Pero ¿de qué rayos estás hablando?… — inquirió la castaña. La rubia desvió la mirada con soberbia — Luna, la invitación a la boda se la enviamos a Ron porque es tu pareja, irás con él ¿no?; supusimos que no había necesidad de mandarles una a ti y otra a él, sería raro — le explicó contemplándola con el entrecejo fruncido.

— Pues sí, si iré con él. ¡Pero si iban a hacer eso, ¿no me la pudiste haber enviado a mí?!… — la regresó a ver con reproche — Ahorrarme todo el dolor que me haces pasar al hacerme creer que ya no te importo, que ya no me quieres — la miró afligida.

Hermione suprimió el deseo de rodar los ojos.

— De acuerdo. Perdona, es sólo que no lo pensamos en ése momento. Luego te doy una exclusivamente para ti. ¿De acuerdo? — acordó.

Luna chilló feliz, olvidando por completo que hacia menos de un minuto estaba a punto de tirarse al Támesis para ahogarse en su supuesta pena.

— ¿Y de dónde sacas que te dejaré de querer sólo porque me voy a casar con Harry? — inquirió la ojimiel.

— Sólo lo dije para tener mi invitación… — confesó sin vergüenza — Además, admitámoslo Herm, entre él y yo, llevo las de ganar — le guiñó un ojo, entrelazando su brazo con el suyo.

Ginny puso los ojos en blanco.

— ¿A la imprenta entonces? — le preguntó a Hermione. Suspirando con cansancio, la castaña asintió.

Faltaban dos semanas para la boda. Habían acordado por mutuo acuerdo que la recepción se llevaría a cabo en la casa de Harry; después de todo, tenía un gigantesco patio trasero, quizás igual de grande que el de La Madriguera. La ceremonia religiosa, por otro lado, y cumpliendo a un capricho de Hermione y Jean Granger, sería en la abadía de Westminster. Hermione no quiso ni preguntar cómo es que Harry había conseguido aquel lugar que se destinaba únicamente a la realeza, aunque tampoco es que se hubiera quejado cuando su prometido le comunicó que se casarían ahí…

Flash Back

— ¡Estás bromeando! — soltó Hermione entre el escepticismo y la perplejidad.

Jean, su madre, tenía los ojos dilatados de sorpresa, sin creer lo que sus oídos habían escuchado; y Hugh, se padre, sólo fruncía el entrecejo molesto, sin saber porque era tan importante aquel lugar.

— Claro que no. El 15 de agosto tenemos reservada la… — sus palabras quedaron opacadas por los chillidos de su prometida y su próxima suegra.

— ¡Dónde se casa la realeza! — chilló la señora Granger, sin poder concebirlo aún.

— ¡Estás mintiendo! — volvió a exclamar Hermione, pero ésta vez con euforia. Harry negó con la cabeza, y terminó contagiándose de su misma alegría cuando la castaña se abalanzó sobre él, besándolo con tanta pasión que sintió sus mejillas sonrojarse, y sonrió atontado. Vagamente recordó que estaban sentados en la sala de la casa de sus suegros, y más importante, que ellos estaban ahí.

Hugh sólo pudo gruñir con molestia al observar la escena, y se aclaró la garganta con vigor con la intención de separarlos. Jean, su esposa, le dio un codazo en las costillas, censurándolo, mientras veía la escena con los ojos anegados en lágrimas de alegría por su hija.

— ¡Te amo, te amo, te amo, te amo!… ¡Te amo!… — le decía entre beso y beso Hermione a Harry.

El padre de la castaña volvió a toser con más fuerza.

— ¡Oh por favor!, déjalos ser — le amonestó la señora Granger. Y fue ése comentario el que los hizo separarse, sólo para reír. Harry comprendió entonces de donde venía ése carácter tan cambiante de Hermione.

— ¿Entonces no estás molesta por haber adelantado la boda dos meses? — le preguntó con inocencia a la ojimiel.

Ésta negó con la cabeza, aun rodeándole el cuello con los brazos.

— Me parece perfecto. Ya no aguanto más para ser tu mujer — soltó sin pensar.

— ¡Hermione Jean Granger! — saltó su padre enrojeciendo de coraje.

— Es una forma de decir, papi — le sonrió inocentemente, rompiendo el abrazo con su prometido.

Pero eso no calmó a su padre, quien fulminó al ojiverde con la mirada. La clara amenaza que expresaban sus ojos lo hicieron sudar frío.

— Hoy regresas a ésta casa — dictaminó Hugh con firmeza. Ingeniándoselas para dedicarle una mirada autoritaria a su hija, y una fulminante al ojiverde.

— Papá… — lo miró incrédula. El pelinegro se encogió en el asiento por la hostilidad que percibía por parte de su suegro.

— El centro de Londres es muy peligroso. Más si vives sola… — se justificó, viéndola un par de segundos. Y sin poderse contener miró a Harry añadiendo: — Quien sabe qué clase de tipos existan que puedan meterse a tu departamento mientras duermes.

El mensaje subliminal de la oración no pasó desapercibido por nadie. Jean chasqueó la lengua. Hermione fingió sentirse ofendida, mas sus mejillas se sonrojaron, delatándola. Y Harry… el pobre ojiverde palideció, sudando frío.

— Y Harry no querrá eso… ¿Verdad? — añadió mordaz.

— ¿Qué?… Oh, eh, no, no. No, por supuesto que no, señor Granger — replicó el ojiverde con rapidez. Hermione lo miró molesta. Pero era mejor que lo mirara así ahora, a quedar viuda antes de la boda, pensó para si su prometido.

— Así sea entonces — asintió con aire satisfecho el señor Granger.

— ¡Hugh! — le amonestó Jean.

— Es por el bien de la niña, Jean. ¿O no… Harry? — se dirigió de manera amenazadora al pelinegro, casi deletreando su nombre al pronunciarlo.

Sin poder encontrar su propia voz, éste asintió.

— ¡Harry! — le recriminó su novia. El pelinegro no pudo más que sonreírle de forma vacilante… temeroso por la insistente mirada de Hugh Granger.

— Hermione puede quedarse en su casa. Si no ha pasado nada en el tiempo que lleva ahí, no creo que pase ahora. Además, el barrio en el que vive es muy pacífico — Hermione asintió dándole la razón a su madre. Aferrándose a su argumento cual si fuera un salvavidas.

— Yo no estoy tan seguro. ¿Qué tal que entra un mago, a ver, qué eh?… — la retó a responderle — Es mejor prevenir, Jean.

— Cariño… — le dijo entre dientes — con todo lo que ha pasado los siete años que estuvo en Hogwarts, ¿de verdad todavía dudas de sus habilidades como bruja? — le espetó de vuelta. Las mejillas del señor Granger se tiñeron de rojo.

— Bueno, no. Por supuesto que no, pero… — intentó argumentar.

— Y mi departamento está protegido contra magos y muggles — añadió con rapidez Hermione, tomando la mano de Harry en busca de apoyo.

El ojiverde abrió la boca para interferir, más la cerró en el acto cuando su suegro lo acribilló con la mirada nuevamente.

— ¿Lo ves?… — le preguntó su esposa — Deja de ser tan desconfiado — le susurró por lo bajo.

— ¡Pero Jean…! — saltó su esposo de manera inconforme.

— Jean, nada. Es la vida de Hermione, y ya es lo suficientemente grande para saber que está bien… y que está mal… — añadió con una significativa mirada a su hija. Ésta fingió no haber escuchado — Pero si es para que puedas respirar tranquilo; pues que se quede con Luna, así las dos se harían compañía — resolvió en voz alta.

El señor Granger estuvo a punto de protestar, pero un pisotón de su esposa le valió para mantener la boca cerrada.

Fin Flash Back

— Anda Herm, vámonos. Te nos quedas en las nubes. Además, debemos regresar pronto a mi departamento… — la llamó Luna, cuando horas más tarde se quedaba sumergida en sus recuerdos — No vaya a ser que llamen tus papás y empiecen a suponer cosas — añadió con burla.

— Muy graciosa… — miró mal a la rubia. Ésta le sonrió con inocencia.

Flash Back

Hermione no podía más que maldecir por lo bajo mientras dejaba un par de maletas en la habitación de huéspedes del departamento de Luna, y escuchaba a la rubia carcajearse desde la sala.

Ésta vez su padre sí que se había extralimitado. ¡Mira que no confiar en ella y obligarla a quedarse con ellos o con Luna!

Oh, pero ya se enteraría Hugh Granger quien era ella.

Con tanto orgullo que hablaba siempre de ella con sus amistades y familiares. Resaltando sus valores. Sus cualidades. ¿A dónde había ido a parar todo eso ahora eh?, se preguntó con molestia, dándole una patada de frustración a su maleta.

Puras patrañas. Si de verdad sentía toda ésa confianza hacia ella, ¿por qué entonces no la manifestaba cuando se refería a su relación con Harry?

— ¿Te ayudo con eso? — salió de sus pensamientos cuando Luna la llamó desde la puerta. A leguas se notaba que se estaba conteniendo para no soltarse a reír.

— No — masculló ceñuda.

— Vamos Herm, no es tan malo. De veras, a todo el mundo le pasa… — se le escapó una risa amortiguada — Mi papá lo hizo cuando se enteró que Ronald y yo andábamos de novios… ¡Sólo que no me mandó a aislar!… — rompió a reír sin aguantarse más.

Hermione gruñó con fastidio. Luna también se las pagaría, se prometió.

— Ay… que risa con tu papá… — se carcajeaba la rubia, con lágrimas en los ojos — Sospechando de Harry… ¡Ay, si supiera!… — se dejó caer en la cama de la castaña sin poder soportar más su peso.

— Ni te atrevas — le advirtió Hermione, mirándola seriamente.

— Dime una cosa. No sabe nada del viaje a Hawaii, ¿verdad?, — le preguntó con una sonrisa burlona. Las mejillas de Hermione se tiñeron de un suave rosado — que va. Y mucho menos acerca de aquel fin de semana que pasaron juntos. O que te acompañó a Paris… — se volvió a reír — Ya me imagino que hicieron allá pillines: ¡escribirle a la cigüeña! — se carcajeó, secándose las lágrimas. Hermione la fulminó con la mirada, sus mejillas se sonrojaron en extremo.

— De haber sabido que te comportarías así, me hubiera ido con Ginny — le espetó.

— Ya, ya. Olvídalo. Es sólo que es muy gracioso… — suprimió la risa — Está bien, ya pasó… — respiró profundo — Bueno, si necesitas algo ya sabes dónde está todo. En cuanto al alquiler, luego lo revisamos en tu contrato… — le embromó. Hermione la miró con hastío — Pero eso sí, cero visitas nocturnas; solamente durante el día. Y por favor, si van a hacer algo, que no sea en mi cama. O la ducha. O la mesa de la cocina. O la barra… — se estremeció — ¡Merlín!, ya te di ideas. Sólo, no lo hagan en mi departamento — le suplicó con fingida dramatización.

— Me hubiera quedado con mis padres — se lamentó Hermione. Y Luna no tardó en volverse a reír.

Fin Flash Back

— ¿En qué íbamos? — les preguntó Hermione, saliendo de sus pensamientos.

— A confirmar ahora la vajilla — le recordó Ginny.

— Claro…

— Luna, la ceremonia es dentro de semana y media, ¿y no has conseguido un vestido? — la reprendía Ginny un par de días después.

— Si conseguí. Pero ya no me gusta — se justificó la rubia.

— Honestamente… — suspiró Ginny como quien dice: "¿A ti cuando algo te convence?"

— Además soy una de las damas. Debo resaltar — volvió a decir mientras pasaba los vestidos, observándolos con ojo crítico.

— Pues más te vale que te apures en elegir, porque si no lo tienes para el día de mi boda… — le empezó a decir Hermione.

— Ah, eso no es mi culpa… — saltó en el acto la rubia — Ustedes que son unos desconsiderados, ¡mira que planear todo para dentro de dos meses y medio!, ¿cómo creían que nos las arreglaríamos nosotros para prepararnos para la boda eh? — se quejó Luna.

— ¡Oye!, si la boda es de Harry y mía… — se indignó Hermione — Se supone que somos nosotros quienes debemos estar preparados.

— Pero es como si fuera nuestra… — se señaló a ella misma y a la pelirroja — Francamente Herm, ¿quiénes son las que siempre hacen todo el trabajo? — la miró significativamente.

— Bueno, pues… pues… ¡Ashh!, ¡ustedes!, ¿de acuerdo? — se exasperó. Ginny y Luna se sonrieron con suficiencia.

— Ahí lo tienes. Así que no me andes apurando… — zanjó finalmente, terminando en su inspección con un suspiro de inconformidad — Anda, vamos a aquella de allá. También se ven unos lindos — les señaló la boutique de enfrente.

— Primero a comer… — se precipitó Ginny a decir. Sus amigas la vieron extrañadas, apenas hacia hora y media que lo habían hecho — Tiene hambre, ¿qué puedo hacer? — se justificó señalándose el vientre. Hermione y Luna le sonrieron con entendimiento. El bebé Longbottom Weasley necesitaba alimentarse para crecer sano y fuerte.

Flash Back

—… Además, una boda es un excelente augurio, traen suerte… — le comentaba Luna a modo de confidencialidad aquel día. Hermione y Ginny se sonrieron entre sí. Su amiga nunca cambiaría, pensaron — Incluso en algunas partes se dice que anuncian la llegada de un niño — murmuró distraída.

Hermione y Ginny se atragantaron con su propia saliva, mas fue la pelirroja quien tuvo problemas para respirar.

— ¿Estás bien? — le preguntó la castaña, palmeándole la espalda. Luna se giró a verlas arrugando el entrecejo. Ginny asintió respirando entrecortadamente, las mejillas se le habían sonrojado por el esfuerzo de respirar.

— Sí, sí. Sólo fue… Estoy bien… — repuso tomando aire profundamente. Luna se encogió de hombros, restándole importancia al asunto. Mas Hermione la contempló con recelo.

— Aunque, claro, es sólo un mito. De ser verdad, con la boda de Neville y Ginny, hubiera salido alguien embarazada al poco tiempo ¿no? — volvió a decir la rubia.

Ginny le sonrió titubeante cuando se giró hacia ella. Hermione por alguna razón aparentó estar muy interesada en un juego de servilletas que había en una mesa.

— Así que… ¿Qué se te antoja Herm? — le preguntó repentinamente Luna a la castaña.

— ¿Antojar?, ¿por qué debería de antojárseme algo? — respingó nerviosa. Luna arrugó el entrecejo.

— Servilletas. Adornos de mesa. ¿Recuerdas porque estamos aquí, no es así?

— ¡Oh!, sí, claro… — se acomodó un mechón de cabello tras la oreja.

— ¿Y? — insistió con impaciencia Luna. Ginny se había quedado pensativa.

— Bueno, pues… — titubeó — No sé, todas son muy bonitos. ¿Ustedes que opinan? — les preguntó.

— Que estás muy extraña… — replicó la rubia por lo bajo — Oye, y a todo esto. ¿Qué está haciendo Harry?, nunca viene con nosotros — le señaló, frunciendo el entrecejo con desaprobación.

— Está trabajando Lu. Y si ayuda. ¿Recuerdas la vez que lo tuvimos hasta las dos de la mañana viendo catálogos de comida y no sé qué más?

— Cierto. Lo había olvidado… — recordó la ojiazul — ¿Y tú, Ginny?, ¿qué opinas? — se giró a su amiga pelirroja. Quien veía distraída un punto fijo en el horizonte.

— Sí, sí. Ése está perfecto — comentó inconscientemente.

Sus amigas la vieron con extrañes.

— Aun no decidimos nada… — le dijo Hermione, trayéndola a la realidad — ¿Todo bien?

Ginny se mordió el labio, regresando a verlas. Sus ojos brillantes.

— Tengo que decirles algo. Yo… Bueno, Neville y yo… — se corrigió en un balbuceo, haciendo un ademán nervioso con las manos.

— ¿Quieren ser los padrinos?… — la atajó Luna en el acto — Ah no. Ni lo sueñes, ésos seremos Ronald y yo. ¿Verdad Herm? — la regresó a ver de golpe. Hermione pasó la mirada de una a otra, nerviosa, sintiéndose acorralada.

— No, no es eso… — la cortó Ginny, restándole importancia — Además lo más seguro es que los elijan a ustedes, ni para qué preocuparse — le dijo a Luna.

— ¡¿En serio?! — regresó a ver a Hermione con los ojos brillantes.

— Bueno, no hemos decidido nada aun, pero hablamos y creemos que…

— ¡Ahh!, ¡yo encantada Herm! — soltó un gritito, abrazándola.

— ¡Oigan!, ¿podrían prestarme atención? — les llamó la atención Ginny con los brazos en la cadera. Por un momento sus amigas visualizaron a la señora Weasley.

— Si, perdona Ginny. ¿Qué decías? — le preguntó Hermione.

— De acuerdo, bien, pues…

— Habla ya — la apuró Luna con gesto impaciente.

— Está bien, está bien. Es sólo que… pues nunca he dado una noticia como ésta, es la primera vez y quiero que sea algo que recuerde, así que… — tomó aire. Hermione la miró preocupada.

— No te estarás echando para atrás en lo de dama, ¿verdad? — le acusó la rubia con los ojos entrecerrados.

— ¿Qué?, no, por supuesto que no… — negó, pasándose una mano por el rostro con exasperación — Por Merlín, ¿podrías dejar de pensar por un segundo en la boda y prestarme atención?; además no sé qué tiene que ver eso con el hecho de que ¡esté embarazada!… — soltó en un exabrupto.

Sus amigas enmudecieron en el acto ante aquellas palabras. El silencio fue roto al cabo de un minuto por el sonido de un golpe, como quien se golpea la frente por su metida de pata.

— Se supone que así no lo diría — se lamentó Ginny con la mano aun en la frente.

— ¡Estás embarazada! — chillaron a la par Luna y Hermione, abalanzándose sobre ella en un eufórico abrazo. Ginny no pudo evitar sonreír de oreja a oreja.

— De ocho semanas — añadió con orgullo materno.

— ¡Ginny, esto es fantástico!, ¡muchísimas felicidades! — aclamó Hermione secándose un par de lágrimas de emoción.

— ¡El primer bebé del grupo! — ovacionó Luna a su vez, haciéndolas reír.

— Lo sé, lo sé. Aun no puedo creerlo… — Ginny sonreía ampliamente — Al principio pensé que era un simple retraso, ya saben, algo normal; pero después, hace un par de días me sentí mal una mañana y no le quise dar importancia. Hasta que fui a visitar a la abuela de Neville y ella me comentó algo que me dejó con la duda, porque dijo que me veía diferente, radiante o algo así… Y bueno, al siguiente día le comenté a Neville que tenía ciertas dudas, y él me llevó de inmediato a Hogwarts con madame Pomfrey… — sus ojos brillaron. Que hubiera sido en Hogwarts donde recibieran la noticia, había sido muchísimo mejor — El pobre casi sufre un infarto cuando nos dijo que estoy embarazada… — terminó con los ojos anegados de lágrimas y la voz temblándole de emoción — Por Dios, ¡voy a ser mamá! — chilló emocionada.

— ¡Voy a ser tía! — saltó Luna al mismo tiempo, ocasionando la risa de las tres.

— Entonces eso quiere decir que fue durante su luna de miel ¿no? — le preguntó Hermione, haciendo cuentas.

— Si — sonrió un tanto sonrojada.

— ¡Vaya!, sí que les rindió la luna de miel eh… — exclamó Luna con picardía. Hermione chasqueó la lengua con reprimenda. Ginny sonrió nerviosa — Quien lo hubiera pensado del tímido Neville — aquel comentario detonó el sonrojo de la señora Longbottom.

— ¡Luna! — le censuró la castaña.

— ¿Y para cuando nace? — quiso saber la aludida.

Fin Flash Back

— ¿Qué es eso? — le preguntó Ginny a Luna cuando ocupaban una mesa de un local de comida en Piccadilly Circus y la rubia sacaba una enorme lista del fondo de su bolsa.

— La lista de los invitados que confirmaron su asistencia a la boda — comentó distraídamente, pasando la mirada por la hoja con concentración.

— ¿Y porque la tienes tú? — le preguntó confundida.

— Porque estoy buscando algo — se limitó a decir.

Ginny la miró con el entrecejo fruncido, mas le restó importancia al asunto cuando se acercó el mesero con su orden de comida.

Hermione sin embargo no le quitó la mirada de encima a su amiga ojiazul, contemplándola con preocupación cuando la escuchó emitir un suave suspiro de consternación al darle la vuelta a la hoja cuando no encontró lo que buscaba.

— Tal vez ha estado ocupado, sabes que ahora que Will no está… — empezó a decirle.

— No ha respondido mis llamadas, ni mis cartas… — la cortó Luna sin siquiera mirarla — Las veces que fui a su oficina o su casa, solamente me recibió dos veces. Dos veces, Herm. ¿En que podría estar ocupado para ni siquiera tener tiempo para mi eh? — sin querer su voz se escuchó brusca. Y suspirando, regresó a ver a su amiga con culpabilidad.

— Tal vez sólo necesita tiempo — opinó la castaña.

— Claro… — sonrió Luna con amargura — Tiempo de mi — completó.

— Terry irá a la boda Lu, me lo confirmó vía lechuza… — la tranquilizó — Ahí podrán hablar. Por lo pronto trata de entenderlo, se está dando una oportunidad. Quiere empezar de cero — le hizo ver.

Luna mordió sus labios con impotencia. Tiempo. Eso era lo que él necesitaba. Pero ¿qué había de ella?… Lo único que quería era saber de él. Cualquier cosa. Simplemente poder verlo… escuchar su voz.

Habían pasado ya varias semanas desde la última vez que hablaron con normalidad, y extrañaba a su mejor amigo. Extrañaba a Terry.

Pero él ahora la evitaba, y aunque trataba de comprenderlo, se rehusaba a hacerlo por su terquedad. Aun cuando una parte de ella le reprochaba ser ella la causante de ésa actitud en él. Todo porque no lo podía amar de la manera en que Terry lo deseaba.

Suspiró con pesadumbre, volviendo a guardar la lista. Rogando para sus adentros para que de verdad ése tiempo lejos de ella le estuviera sirviendo a su amigo; porque en lo que a ella respectaba, estaba descubriendo que un minuto sin él a su lado, era como caer en un pozo sin fondo al segundo siguiente.

Ginny llamó su atención minutos después cuando les propuso ir a visitar a los chicos al Ministerio; sabiendo de antemano que, si le mencionaba a su hermano, los ánimos de Luna volverían a ella. Y no se equivocó cuando la vio sonreír.

Hermione pagó la cuenta alegando que desde ése momento ella y Luna se ocuparían de consentir al pequeño que estaba esperando su amiga. Y Ginny no pudo más que reír ante tal comentario.


Y el tiempo cobró su cuota…

El 15 de agosto arribó con un soleado día en Londres. Todo estaba listo, desde los arreglos florales en la abadía Westminster, hasta los trasladores que tomarían los invitados para llegar a Ottery Saint Catchpole.

Y dentro de la abadía, en unas filas que parecían casi interminables, los compañeros de aventuras, de escuela, de la vida de Harry y Hermione estaban sentados platicando amenamente en lo que daba inicio la ceremonia; poniéndose al corriente luego de tanto tiempo sin haber estado reunidos. Y si bien es la tradición dividir los invitados por novio y novia, en éste caso era la excepción, pues todo el mundo era una persona importante en la vida de ambos.

Aunque se podían distinguir pequeños grupos: Tonks en compañía de Molly, Arthur, Bill, Fleur y la pequeña Victoire Weasley estaban sentados en la segunda fila del lado derecho. La rubia madre acomodando la delicada falda del vestido que usaba su hija, y dándole el último visto bueno a la pequeña tiara que adornaba su rubio cabello, siendo observadas por un orgulloso padre. Mientras Tonks y Molly comentaban emocionadas lo contentas que estaban porque hijo y nieta, respectivamente, hubieran sido elegidos por Harry y Hermione para interpretar a los pajecitos; Arthur asentía de vez en cuando, dándole una palmada en la espalda a su hijo Bill con cariño.

En unos asientos a la izquierda, Minerva McGonagall (con su habitual semblante tranquilo, observaba con un brillo de orgullo y alegría en sus ojos), junto a los profesores Rubeus Hagrid (el cual tenía los ojos enrojecidos e hipaba de vez en cuando sobre un gran pañuelo de tela a cuadros), Flitwick, Sprout, Pomfrey (quienes recordaban entre risas las aventuras que habían pasado junto a sus estudiantes, rememorando las incontables veces en que alguno paraba en la Enfermería, batiendo cualquier récord existente), y Slughorn (quien parecía estar regodeándose de sí mismo por asistir al evento, que él juraba, era el más importante luego de la fiesta de celebración a la caída de Lord Voldemort).

Más atrás, en la fila detrás de Molly y Arthur Weasley, Fred, George, Charlie, Percy, junto a sus respectivas parejas Angelina, Katie y Penelope (Charlie había asistido solo), platicaban alegremente acompañados de Neville. Riendo de vez en cuando al ver el sonrojo del señor Longbottom por las constantes bromas de los gemelos acerca del embarazo de Ginny. Mientras Molly se giraba en más de una ocasión para chistarles a sus hijos, y mirarlos con reprimenda por sus estruendosas risas.

En otro extremo del salón; y quien hubiera pasado imperceptible a la vista de no estar rodeado por un montón de chicas que murmuraban extasiadas por estar sentadas junto a un famoso jugador de Quidditch; Viktor Krum observaba desde los viejos amigos de Hermione y Harry, hasta los familiares de la castaña. Sonriendo irónicamente para sus adentros por haber tenido el valor de asistir a aquel evento. Si tan sólo se hubiera ganado el corazón de la castaña…, pensó de pronto. Una mano tomando la suya le borró automáticamente aquella idea. Su esposa Montserrat le sonrió a través de sus ojos negros. Viktor sonrió entrelazando una mano alrededor de su abultado vientre. No, aquellos sentimientos ya no habitaban más en él.

Cientos de amigos, casi todos en su mayoría con estrafalarias vestimentas, y la familia de Hermione no pestañeaba siquiera de desconcierto. El efecto del Filtro de Paz que Luna y Ginny les habían aplicado mediante un improvisado hechizo, antes de ingresar a la abadía, les duraría mínimo dos días. Así no tendrían que preocuparse por sus expresiones al ir a Ottery Saint Catchpole mediante un traslador.

Y ajena a todo lo que acontecía dentro de la abadía, en una habitación conjunta y parada frente a un inmenso espejo de cuerpo entero en tres piezas; Hermione observaba con una expresión aturdida en el rostro su reflejo proyectado tres veces, sintiéndose mareada. Un nudo en la boca del estómago: era el día de su boda.

Suspiró profundamente, tratando de infundirse valor Gryffindor.

Y así como estaba, con las emociones a flor de piel, pegó un brinco cuando por el espejo vio el reflejo de su madre a su espalda, espantándola al no haberla escuchado entrar. Pasó saliva. Tragó nervios.

— ¿Lista? — la llamó Jean suavemente.

— Eso creo — apenas logró formular la oración. No se había dado cuenta que las manos le temblaban hasta que intentó tomar el ramo y éste vibró entre ellas. Su madre rio enternecida por el aspecto asustado de su hija.

— Recuerdo claramente los nervios que yo sentía ése día… — le empezó a contar acercándose a ella. Vieron el reflejo frente a ellas. Madre e hija. Jean suspiró con nostalgia recordando a aquella bebé castaña que muchos años atrás tuvo en sus brazos y dependía de ella para todo. Sin quererlo sus ojos se empañaron por las lágrimas.

Hermione tenía la mente demasiado aturdida para darse cuenta. El que la tarde-noche anterior hubieran sido sus despedidas de soltero, la deberían de haber tranquilizado un poco, distraerla. No obstante, había sido todo lo contrario. Por la madrugada, luego de que ella, Luna y Ginny se hubieran quedado solas en la casa de la rubia y sus amigas se hubieran quedado dormidas, Hermione no había podido pegar un ojo hasta casi el alba.

Por primera vez en su vida tenía miedo por sus acciones.

Si tan sólo pudiera ver a Harry…

Pero no había visto a su prometido desde la pasada mañana, cuando prácticamente lo acribilló con una mirada de advertencia de "Más vale que te comportes en tu despedida o me las pagarás con creces durante todo el matrimonio". Bendito Ron y sus aún más benditas ideas, satirizó para sus adentros. Pero que si se le ocurrió llevarlo a un club nudista…

— Hermione, hija… — la llamó su madre. Nuevamente se sobresaltó. Merlín, necesitaba hacer algo, el empezar a divagar no estaba ayudando en nada, pensó con el corazón acelerado.

Hermione se alejó del espejo, su propio reflejo la aturdía. De pronto la habitación se le hacía demasiado pequeña. Y demasiado grande el vestido. Ambos no podían caber en la misma habitación, dictaminó seriamente.

— Toma, esto te ayudará… — la volvió a llamar Jean. Si fue ácido lo que tomó del vaso que le tendió su madre, Hermione no se dio cuenta — ¿Mejor? — le preguntó.

Hermione asintió distraídamente. De pronto una vocecita le susurró al oído "Tranquilízate, todo saldrá bien". Y ella le creyó ciegamente. Respiró con normalidad después de lo que parecieron meses.

Jean no hizo comentario alguno acerca del Filtro de Paz que Ginny le había entregado para dárselo a Hermione de ser necesario.

— Yo tenía la misma mirada asustada que tú tienes ahora el día de mi boda con tu padre… — le sonrió Jean serenamente. Hermione hizo una mueca de vergüenza, ya superada la crisis nerviosa — Recuerdo que como no había manera de tranquilizarme, me encerré en el baño de la habitación por casi media hora… — se rio al recordarlo — El pobre de tu padre nunca supo nada, claro está… — agregó rápidamente. Hermione la regresó a ver — Así que todo el mundo estaba alterado porque yo me rehusaba a salir del baño, mientras tu padre me esperaba en el altar. Pero entonces… — sonrió con humor al recordarlo, su mirada en algún punto del pasado — vino tu abuela y prácticamente derribó la puerta…

— ¿En serio? — sonrió Hermione de tan sólo imaginarlo.

— No, la verdad no. Pero hubiera sido más divertido aun… — repuso su madre — Lo que sí hizo fue sacarse una horquilla del cabello y abrir la puerta con eso. Creo que lo había visto en alguna película, o algo así… — se encogió de hombros, restándole importancia — El punto es, que ahí estaba yo frente al espejo, prácticamente hiperventilando, y ahí entraba tu abuela… Todos pensarían que con un buen argumento o algo por el estilo para infundirme valor… Pero lo que único que hizo fue sacar un enorme racimo de uvas y metérmelos en la boca a la fuerza apenas tuvo oportunidad, alegando que según el azúcar calmaba los nervios.

— Tú nunca me has dejado comerlas — le señaló Hermione con el entrecejo fruncido, cual anhelo infantil no cumplido.

— Ya sabes, el azúcar. Y no lo sé, ahora que lo pienso, creo que desde ése día fue que empecé a aborrecerlas. Por poco me ahogó… En fin, — suspiró, mirándola — tu abuela sigue jurando hoy en día que fueron las uvas las que me calmaron, pero en realidad fue lo que me dijo — sonrió con nostalgia.

— ¿Qué eran buenas para los nervios? — se extrañó Hermione.

— No… — le sonrió su madre acercándose a ella. Sus ojos brillantes — Que, si al último momento me arrepentía, podía fingir un desmayo y enseguida me sacaba de ahí — le respondió.

— ¡Mamá!… — se quejó al notar la burla en su voz — Estoy segura ¿de acuerdo?, ¡amo a Harry!, lo he amado hace tanto que ya no sé ni cómo era sentir sólo amistad por él. ¡Quiero pasar el resto de mi vida a su lado! — manifestó segura.

— Si, eso fue justamente lo que yo respondí — le sonrió Jean con orgullo.

— ¿Qué? — Hermione arrugó el entrecejo.

— Aunque también tenía un incentivo — añadió cual confesión, con las mejillas ligeramente sonrojadas.

— ¿Cuál?… — su madre la miró de manera significativa — Estabas… ¡estabas embarazada de mí! — respingó Hermione en un balbuceo, sus ojos dilatados.

— Así es… — le sonrió, acariciando su mejilla — Me acababa de enterar dos días antes de la boda que estaba embarazada de ti, y obviamente tu padre aun no sabía nada. Se lo dije justo en el momento en que dijimos nuestros votos. Ya te habrás imaginado la cara que pusieron tanto tu padre como tus abuelos… — sonrió con humor. Hermione la escuchaba sin poder creerlo — El pobre se puso como loco… — se rio con gracia — ¡Fuiste y eres el mejor regalo que la vida nos pudo dar, Hermione!, ¡y estoy tan orgullosa de la persona en que te has convertido!… — declaró, sus ojos brillantes de lágrimas. A la castaña se le hizo un nudo en la garganta — Y estoy feliz por ti hija, no sabes cuánto, porque al conocer a Harry y ver lo mucho que te ama y vela por tu bien y felicidad, sé que te dejo en excelentes manos. Él de verdad te merece — finalizó.

— Yo… — murmuró de manera ahogada — Gracias, mamá… — apenas pudo pronunciar — ¡Te quiero mucho! — la abrazó. Jean la envolvió con sus brazos, conmovida.

— Y yo a ti cariño… — le susurró al oído — Pero anda, vamos; alegra ése rostro… — le pidió una vez se soltaron y se limpiaban las lágrimas acumuladas — Es tu día, disfrútalo. Ah, pero eso sí. No quiero escuchar que le des a Harry la misma noticia que yo a tu padre eh… — le advirtió en tono juguetón, mas Hermione se dio cuenta que hablaba muy en serio — Esperen al menos un par de meses, me muero de ganas por ser abuela, sí, pero es mejor que disfruten solos de la primera etapa del matrimonio — le aconsejó.

— No te preocupes, — la tranquilizó Hermione — así lo haremos.


Mientras tanto, en otra de las habitaciones…

Harry caminaba como león enjaulado de un lado para otro sin saber qué hacer. La espera se le estaba haciendo eterna; faltaban 20 minutos, veinte tormentosos minutos para que al fin comenzara la ceremonia y lo único que quería hacer ahora era irrumpir en la habitación donde sabía estaba Hermione y hablar con ella. La necesitaba, únicamente ella sabría cómo tranquilizarlo.

Merlín, Hermione había estado en cada momento importante de su vida; y el que no lo estuviera ahí… Bueno, si lo estaba, repuso. De hecho, ella era parte de ése instante. Al fin la haría su esposa. Podría llamarla "señora Potter". ¡Pero aun así faltaba mucho!, ¡20 minutos!

Suspiró con pesadez, las gotas de sudor brillaban en su cuello, nuca y sienes.

Quien hubiera dicho que el tormento era hacer una propuesta de matrimonio y no en si la ceremonia, era un completo idiota. Si lo viera en ése instante, se retractaría en menos de un segundo de sus palabras.

Ésas cuatro paredes parecían incluso más grandes que las que alguna vez vio en su audiencia en el Ministerio. Se sentía en un calabozo.

Y su suplicio era no poder estar con ella. La quería, la amaba, y la deseaba a su lado. Mas la estúpida superstición de no ver a la novia el día de la boda, antes de la ceremonia, con el vestido puesto. Merlín, mataría al siguiente que osara a repetírsela. Ya eran suficientes las siete de Ron, las cuatro del señor Weasley, las ocho de los gemelos, las tres de Percy, Bill y Charlie, ¡y obviamente las veintitrés de la señora Weasley!

Al diablo con la superstición, pensó en un momento de desesperación. Él la vería, y lo haría ¡ahora!

Se encaminó con paso decidido a la puerta…

Sólo para ser detenido por Remus, quien iba entrando en ése preciso instante con el pequeño Teddy, de cinco años, tomado de su mano.

— ¿A dónde? — le acusó risueño su ex profesor. Harry gruñó enojado. Lo que le faltaba, ¡que vinieran a burlarse!

— ¡Falta mucho Remus! — se quejó, cual niño pequeño.

Remus lo miró con gracia. La imagen de James Potter se proyectó frente a sus ojos con claridad.

— Vamos, siéntate. Hablemos — le indicó sentándose en una silla. Teddy se mantuvo de pie a su lado, mirándolo con atención por su aspecto ansioso.

— No quiero hablar, quiero ver a Hermione — se negó Harry de manera testaruda.

— Tanto tú como yo sabemos que eso no será posible hasta que estén en el altar. Anda, siéntate — le repitió.

Harry suspiró pesadamente. Odiando que Remus tuviera razón.

— Ustedes y sus tontas supersticiones — maldijo dejándose caer en un sofá frente a Lupin. Teddy no dudó en caminar hacia Harry y sentarse con completa confianza en su regazo, sonriéndole angelicalmente.

Harry no pudo evitar sonreír cuando lo cargó. Su ahijado sabía calmarlo.

— Hola — le dijo el pequeño.

— Hola — le respondió con cariño, alborotándole su azulado cabello y haciéndolo reír. Remus los miró con cariño paterno. Sonrió con gracia cuando la mirada de Harry se dirigió de nuevo a la puerta.

— Aun falta… — le dijo — Además, es tradición que la novia llegue un poco más tarde — comentó como sin querer la cosa. Harry abrió los ojos como platos, hundiéndose en el sillón y suspirando con pesadumbre.

— ¿Por qué?, ¿dónde está mi madrina Hermione?… — les preguntó Teddy de pronto, mirándolos con interés.

Remus le sonrió vacilante a su hijo, evadiendo la mirada de Harry. Quien lo contempló a él con el entrecejo fruncido, mitad desconcertado, mitad enojado por aquella información.

— Está en otra habitación, arreglándose — le respondió Remus.

— Ah… — dijo el pequeño, balanceando sus cortas piernitas desde el regazo de Harry — ¿Y tú la quieres mucho, verdad padrino? — le preguntó con inocencia al ojiverde. Las mejillas del aludido se sonrojaron, haciendo reír a su ahijado.

— Si, la quiere mucho. Igual que el tío James quería mucho a tía Lily — le volvió a responder su padre.

— Ah… — exclamó con comprensión — Y ellos no vendrán, ¿verdad? — añadió triste.

Harry desvió la mirada, sintiendo una opresión en el pecho.

— No, amor, ellos no vendrán… — titubeó Remus, hablando con voz suave — ¿Teddy, porque no vas con mamá?, seguramente está con Victoire. ¿No la quieres ver? — le preguntó, sabiendo que si le mencionaba a la hija de Bill y Fleur iría de inmediato.

— ¡Si! — exclamó el niño con emoción, antes de bajarse de un brinco del regazo de Harry y despedirse de ambos agitando la mano mientras salía a paso veloz de la habitación.

Harry permanecía cabizbajo. El anhelo que sentía por conocer a sus padres jamás podría ser realizado. No cuando ellos ya no habitaban ésta tierra.

— ¿Estás bien? — le preguntó Remus, mirándolo preocupado. Se sentó a su lado.

— Es en éstos momentos, cuando más los extraño… — confesó Harry sin importarle que su voz se escuchara desafinada — ¡Me hacen tanta falta, Remus! — lo miró con los ojos anegados en lágrimas.

— Lo sé, hijo. A mí también me hacen falta — lo abrazó, reconfortándolo.


— Herm, señora Granger, ya está todo listo — entraron Ginny y Luna de pronto.

Jean sonrió entusiasmada. Mas Hermione suspiró profundamente, sus piernas se habían vuelto de gelatina otra vez.

— El novio está hecho un manojo de nervios — añadió Luna sin poder contenerse, haciendo reír a Ginny y Jean. Hermione sonrió comprensiva.

— Vamos, se supone que en 5 minutos saldrá Harry — le señaló Ginny a la castaña.

— Pero antes, creo que me merezco unas palabras con la novia, ¿no les parece? — las interrumpió una voz varonil desde la entrada.

Hermione se quedó congelada durante un par de segundos al reconocer a quien pertenecía aquella voz, se giró sintiendo un nudo de expectación en la boca del estómago. Will, pensó para sí.

— Estás aquí — musitó de manera ahogada. Viéndolo con los ojos vidriosos.

— Por supuesto que estoy aquí… — le sonrió Will con aquella perfecta sonrisa que podría derretir un iceberg sin problemas — ¿No creerías que no iba a estar en el día más importante de la vida de mi mejor amiga, o si? — le acusó juguetón.

— ¡Will! — chilló emocionada saliendo de su estupor y abalanzándose sobre él en un famélico abrazo. Los ojos se le anegaron de lágrimas nuevamente. El pelinegro la estrechó lo más cerca que pudo sintiéndola temblar en sus brazos, se le estrujó el corazón de sólo recordar lo mucho que la había echado de menos.

— Hola Jean — le susurró al oído.


— Ellos estarían orgullosos de ver el hombre en el que te has convertido Harry. Tal como yo lo he estado desde que te conocí — le decía Remus palmeándole la espalda, dejando que se desahogara.

— Es tan difícil — consiguió murmurar. Las lágrimas deslizándose por sus mejillas.

Remus carraspeó con molestia al sentir un nudo en la garganta cortándole la respiración. Por supuesto que era difícil, él mejor que nadie lo sabía. De aquel maravilloso cuarteto que formaron junto a Sirius ya únicamente quedaba él. No había habido un día en que no se sintiera miserable por haberlos perdido; hasta que la vida lo había recompensado con Nymphadora y Teddy. Ahora tenía una familia. Tal cual Harry la tendría pronto con Hermione. No había mejor mujer para él que ella. Y no había mejor hombre para Hermione que Harry.

Sonrió, a pesar del dolor que sentía por verlo sufrir ante la ausencia de sus padres, sabía que Harry ya era feliz. Que no estaba solo y nunca lo estaría.

— Incluso ahora me recuerdas mucho a ellos… — le dijo — Eres tan parecido a ellos. No sólo en el carácter o el color de los ojos, — añadió antes de que replicara algo — sino en las vivencias que pasaron — le explicó.

Harry se apartó de él para mirarlo, limpiándose las lágrimas.

— Recuerdo que Sirius y yo estuvimos hablando con James el día que se casó con Lily. Al igual que tú hace unos momentos, James estaba como loco por la desesperación de verla, no conseguíamos como tranquilizarlo… — recordó con melancolía — Hasta que finalmente se calmó solo. Y como ahora, a él también le hicieron falta sus padres el día de su boda… — le sonrió triste. Harry lo escuchó con atención, eran muy pocas las cosas que sabía de sus padres, y que Remus le hablara de ellos el día de su boda sólo lo hacía más especial — Pero eso no significa que ellos no estén aquí ahora Harry, — replicó tomándolo de las mejillas. El ojiverde hizo una mueca de aflicción — siempre lo estarán, en cada momento de tu vida. Aquí — colocó una mano sobre su pecho. Encima del corazón.

— ¿Y cómo lo superó mi papá? — le preguntó restregándose los ojos.

— Con apoyo, y con las mismas palabras que ya una vez te dijo Sirius: quienes nos aman jamás nos dejan Harry, y siempre podrás encontrarlas en tu corazón… — le recordó — El lugar más seguro en el mundo… — complementó — Y no estás solo, — le cortó antes de que hablara — me tienes a mí y a todas las personas que están allá afuera. Somos tu familia. Y tú eres mi hijo. Así lo has sido desde el momento en que llegaste a nuestras vidas — le dio una suave palmada en la mejilla, mirándolo con cariño.

Harry no supo que decir, se conmovió de sobremanera por sus palabras. Sirius había sido lo más cercano que había tenido a un padre. Mas nunca, hasta ése momento, había notado que Remus había entrado a su vida en el mismo instante en que lo hizo su padrino. Y que él era igual de importante que como lo fue Sirius, o lo fueron sus padres.

— ¿Entonces me das un abrazo… papá? — añadió con voz temblorosa.

Remus le sonrió con ternura, estrechándolo contra su pecho.

— Vamos hijo… — se aclaraba la garganta segundos después, mientras Harry barría el camino de lágrimas de su rostro — Hay una boda que debe realizarse — lo alentó incorporándose y acomodándole bien el cuello de la túnica.

Harry dio un suspiro, mirándolo agradecido. Al fin su espera había terminado, pensó. Y no refiriéndose únicamente a su boda con Hermione. Sino a la espera de un padre. De una familia.


Hermione permaneció abrazando a Will por lo que parecieron horas, y el ojiazul no puso resistencia alguna. Él también la había extrañado demasiado ésos meses lejos. Lo último que quería ahora Hermione era dejarlo ir.

Jean, Ginny y Luna miraban la escena con una sonrisa. Pues sabían cuán importante era William en la vida de Hermione.

La castaña soltó un suspiro ahogado, reteniendo las lágrimas de alegría en sus ojos al dejarlo ir. Will le sonrió comprensivo, él sentía exactamente lo mismo.

— Así que mi Jean al fin tendrá su final feliz — le sonrió con cariño.

— Eso parece — sonrió sin poder creer que en verdad fuera así.

— Te lo mereces… — la felicitó. Las lágrimas llegaron nuevamente a los ojos de Hermione — No llores, — le acarició la mejilla buscando reconfortarla — ¿no ves que se te arruinara el maquillaje?, además Luna me mata si pasa eso. ¿No es así Lu? — se dirigió a la rubia. Luna asintió seriamente, ocultando una sonrisa; los saludos sobraron entre ellos dos, ya lo había recibido cuando llegó a su casa durante el mediodía.

— ¿Y cómo has estado?, ¿qué has hecho?, ¿y el trabajo?, ¿cómo te tratan? — lo bombardeó de preguntas la castaña apenas siendo capaz de tomar aire entre cada una.

— Tranquila, tranquila. Todo bien. El trabajo es genial, muchísimo menos saturado que aquí. Y mis compañeros son estupendos también… — un extraño brillo se reflejó en sus ojos. Hermione enarcó una ceja, interrogante — Y hablando de… — le sonrió enigmático, separándose de ella y dirigiéndose a la puerta — Quiero presentarte a alguien — anunció. Se asomó por la puerta, haciéndole señas a alguien que permanecía afuera. Hermione arrugó el entrecejo, intrigada.

Al instante una guapa pelinegra de ojos color gris entraba, tomando de la mano al ojiazul. Hermione no sabía si sonreír o mirar la escena confundida.

— Jean, te presento a Sam Blackwood, mi novia y la mujer que amo… — le presentó Will acercándose a ella, sonriendo emocionado. Y Hermione se inclinó por la perplejidad — Sam, ésta es mi Jean, la mejor amiga que puedo tener — se dirigió a la ojigris.

— ¿No-novia?… — tartamudeó Hermione sin dar crédito a sus oídos. Will asintió sin dejar de sonreír. Sam se mostraba cohibida, y, hasta cierto punto, incómoda de estar ahí — ¡¿Y hasta ahora me lo dices?! — saltó con recriminación.

— Bueno, pues… — se rascó la nuca sonriendo con vacilación.

— Chicos, la boda. Se nos hace tarde… — los llamó la señora Granger con voz contrariada.

— Oh William Reeves… — masculló con los dientes apretados — Tenemos tanto de que hablar… — lo miró fulminante, antes de girarse hacia la ojigris — Mucho gusto Sam — le sonrió a la pelinegra amigablemente. Sam le contestó el gesto con una sonrisa más reservada, vacilante.

— Hermione, hija… — la volvió a llamar su madre, ésta vez con impaciencia.

La castaña suspiró resignada, por no poder seguir la conversación con Will.

— ¡Y tú!, ya hablaremos — le amenazó al ojiazul.

— Y lo harán, pero en un par de horas… — zanjó Terry entrando en ése momento junto al señor Granger. Éste se quedó aturdido en la puerta viendo a su hija, como si fuera la primera vez que lo hiciera — Lu ¿por qué tardan?, Harry acaba de salir — le apuró.

— ¡Oh, Merlín!… — exclamó la rubia aceleradamente — Herm, muévelas, tenemos que llegar a tu boda, ¡anda, anda! — la empujó en dirección al señor Granger, sin atender a sus alegatos. Jean suspiró aliviada, siguiéndolas. Ginny iba detrás de Hermione acomodando la cola del vestido apresuradamente.

— ¿Segura que te quieres casar? — se escuchó el susurro inseguro del señor Granger dirigido a su hija mientras le ofrecía su brazo.

— ¡Papá! — le recriminó indignada.

— Sólo probaba mi suerte — murmuró apesadumbrado, guiándola.

— Apresúrense, ya deberían estar allá… — les indicaba Terry cuando estuvieron todos en el pasillo — Will, ustedes van conmigo, nos están guardando lugar… — le dijo rápidamente al ojiazul. Éste asintió, sin soltar de la mano a Sam — Chicas, rápido. Además, tengo que volver a mi asiento. Ya vi a Macmillan echarle un ojo a mi pareja — les decía conforme salían de la habitación.

— ¡¿Invitaste a Susan Bones?!… — alcanzó a respingar Luna antes de que Ginny la tomara del brazo y la hiciera avanzar — ¡Oh, Terry Boot!, tú y yo tenemos una charla pendiente… — le advirtió antes de separarse. Su amigo sólo rio con un dejo de malicia.

— ¡La tendrás que aceptar, al igual que yo acepté a Ronald! — le respondió con gracia antes de perderla de vista. Luna estuvo dispuesta a seguir alegando, más la pelirroja se la llevó prácticamente arrastrando.


La abadía de Westminster resplandecía en su apogeo, lista para celebrar una boda. Las filas y filas de sillas estaban repletas: familiares, amigos, profesores, directivos, ex compañeros del colegio, compañeros del Ministerio. Todas y cada una de las personas que los habían apoyado alguna vez en lo largo de su historia, estaban ahí. Felices de ver al fin triunfar el amor de Harry y Hermione. De poder apoyarlos una vez más. Y presenciar su unión.

Harry ya estaba al frente en compañía de Ron, como su padrino, y Remus del otro lado como el otro padrino. Kingsley estaba también ahí, sería él quien oficiaría la ceremonia. Algo que nunca había hecho en la vida, pero tratándose del Salvador del mundo, bueno, cualquiera podía hacer sus excepciones ¿no?

— ¿Nervioso? — le preguntó en un susurro Ron a Harry.

— No tienes idea… — le respondió soltando el aire contenido — He esperado por esto casi la mitad de mi vida. No puedo creer que realmente esté pasando — se sinceró, mostrándose aturdido.

Ron sonrió para sí.

— Siempre supe que eran el uno para el otro ¿sabes?… — le dijo en forma de confesión. Harry lo miró de reojo — Todas ésas miraditas, los gestos, las sonrisas. Era más que obvio. El mundo entero desaparecía cuando estaban juntos. Se podían decir tantas cosas sin hablar. Con sólo una mirada parecía que se explicaban el universo entero… — sonrió tenuemente — Me alegré por ustedes… — le confesó sonriéndole con tranquilidad — Y luego cuando ella se fue… — suspiró desviando la mirada, una mueca de culpabilidad en sus labios — Lamento lo que dije aquel día Harry, no fue tu culpa el que se haya ido.

— Descuida — le restó importancia. Regresando la mirada al frente.

— Pero si el que volviera — replicó con un brillo de complicidad.

— ¿Cómo dices? — lo regresó a ver confundido.

Ron se encogió de hombros. Mostrándose misterioso.

— Aquí vienen — le señaló, regresando la vista al frente.

Harry se giró de inmediato con un nudo en la boca del estómago justo en el momento en que una suave melodía se empezaba a escuchar en la abadía y las enormes puertas eran abiertas con una letanía que le detuvo por un momento el corazón…

Heart beats fast

Colors and promises

La primera en ingresar fue Ginny, quien con un hermoso vestido verde manzana, casi blanco, que se ajustaba hasta su cadera y caía hasta sus pantorrillas; empezó el recorrido hacia donde estaban ellos, arrancando uno que otro sonido de aprobación por parte de los invitados; en especial de los primos solteros de Hermione y alguno que otro ex compañero del colegio que se encontraba por ahí. Mas fueron ignorados olímpicamente por la señora Longbottom, cuyos sus ojos estaban dirigidos únicamente a su esposo Neville sentado en las primeras filas esperándola con una sonrisa en los labios y un brillo de complicidad en sus ojos al posarlos sobre el apenas visible vientre de su esposa, en donde resguardaba con amor a su primer hijo.

— Te ves hermosa — lo vio pronunciar entre labios Ginny, haciéndola ampliar su sonrisa. Sus ojos brillaron.

How to be brave?

How can I love when I'm afraid to fall?

Y después apareció Luna, Harry escuchó como Ron suspiraba entrecortado y no pudo más que sonreír al notar el efecto que causaba la ojiazul en su amigo. La rubia usaba un hermoso vestido en tono azul claro, casi níveo, que se ajustaba desde el escote a su cintura para caer en una larga falda que llegaba hasta el suelo, sus ojos brillaban más de ser posible por la fina capa de maquillaje que usaba, y los comunes pendientes que siempre utilizaba en el colegio habían sido remplazados, al igual que el collar de corchos, por un fino conjunto de pendientes y gargantilla de oro blanco.

But watching you stand alone

All of my doubt suddenly goes away somehow

— Durante la recepción, le pediré que viva conmigo… — murmuró Ron de manera ahogada. Harry lo regresó a ver — ¿Tú crees que acepte? — le preguntó nervioso.

— No tengo dudas de ello — le animó. Ron asintió tembloroso.

Las dos chicas llegaron hasta ellos, poniéndose del lado contrario, esperando a Hermione…

One step closer

Y entonces, en lindos trajes a juego, ingresaron Teddy y Victoire, uno con un cojín sosteniendo los anillos, y la otra con una canastilla lanzando pétalos de rosas por la aperlada alfombra. Las mujeres soltaron suspiros de ternura al ver a los pequeños; éstos se hicieron los omisos, tomaban tan en serio sus papeles que sus angelicales rostros estaban marcados por la concentración de avanzar al mismo paso y no tropezar.

A Harry se le hinchó el pecho de orgullo al ver a su ahijado. Pero tan rápido como se le infló, se desinfló cuando la marcha nupcial empezó a escucharse en ése momento. Suspiró pesadamente, como si hubiera estado reteniendo el aliento todo el tiempo sin darse cuenta; Ron le dio un suave codazo en el brazo en señal de apoyo.

De pronto otra música empezó a llegar a sus oídos. Una que había escuchado alguna noche en un bar karaoke del centro de Londres en compañía de Hermione.

I have died everyday waiting for you

Darling don't be afraid I have loved you

For a thousand years

I'll love you for a thousand more

Y un cegador ángel blanco entró en la abadía del brazo de Hugh Granger: Hermione.

Harry tuvo que parpadear un par de veces, suprimiendo el deseo de pellizcarse para comprobar que no estaba soñando.

Time stands still

Beauty in all she is

Hermione. Su Hermione. Usaba el vestido de novia que alguna vez portó su madre en su propia boda. Aquello le mandó su corazón a correr de regocijo. Ni siquiera se preguntó cómo lo tenía; el simple hecho de que lo usara era ya mucho para su conmovido corazón. Dio un paso al frente sin darse cuenta, mas Ron lo retuvo a tiempo, sonriendo burlón al ver su mirada bobalicona.

— Herm… — balbuceó con la voz amortiguada.

I will be brave

I will not let anything take away

What's standing in front of me

A lo lejos la observó sonreírle. No lo dudó para contestarle el gesto.

— Espera un segundo, hermano… — lo detuvo su amigo sonriendo con gracia — Ella es la que debe llegar. Tú ya la trajiste hasta aquí, ahora le toca a ella cruzar la meta — le indicó.

Harry sólo percibió algo como un murmullo tras él; no quiso saber que decir, o quien lo decía; no había otro sonido que escucharan sus oídos más que los latidos frenéticos de su corazón.

Every breath

Every hour has come to this

Mientras, al otro lado del estrado, Hermione caminaba de manera segura hacia Harry; con el brazo firmemente sujetado por el de su padre, en una caminata demasiado lenta para su desesperación, se aproximaba a su amor.

One step closer

Claramente podía sentir el ligero temblor del cuerpo de su padre; no lo culpaba, iba entregar a su "nena". La niña de sus ojos. Mas los movimientos por parte de Hermione eran de completa seguridad; no quería otra cosa más en el mundo que ser la esposa de Harry. Merlin, ¡lo amaba tanto!

I have died everyday waiting for you

Darling don't be afraid I have loved you

For a thousand years

I'll love you for a thousand more

Un par de segundos después, los más largos de sus vidas. Al fin, el amor de su vida estaba frente a ellos. Tembloroso, Harry dio un torpe paso al frente y le ofreció su mano, Hermione no dudó en tomarla. Miel y esmeralda brillando de emoción.

— Cuídala bien — escuchó decir al señor Granger con la voz forzada a la vez que dejaba ir a Hermione.

Asintió torpemente. "Bien" era una palabra tan insignificante ahora. La correcta sería simplemente "Perfecto". Más que perfecto. ¡Mágico!

And all along I believed I would find you

Time has brought your heart to me

I have loved you

For a thousand years

I'll love you for a thousand more

— Te ves… Dios, ¡te amo tanto! — consiguió pronunciar.

Hermione lo miró con los ojos anegados en lágrimas. Su corazón latía frenético en su pecho. Las mejillas se le sonrojaron.

One step closer

Y empezó la ceremonia…

— Los anillos por favor — pedía el Ministro momentos después.

Teddy se acercó en el acto con las argollas reposando sobre una delgada almohadilla.

One step closer

Harry tomó el primer anillo y lo deslizó por el dedo anular de Hermione sin perder el contacto con sus ojos…

— Yo, Harry James Potter. Te tomo a ti, Hermione Jean Granger, como mi esposa. Prometo serte fiel. Estar contigo en lo próspero y en lo adverso. En la salud y la enfermedad. Para amarte, cuidarte y respetarte. Hasta que la muerte nos separe — pronunció con la voz enronquecida de emoción. Hermione le sonrió mordiéndose el labio por un segundo. Tomó el otro anillo.

— Yo, Hermione Jean Granger. Te tomo a ti, Harry James Potter, como mi esposo. Prometo serte fiel. Estar contigo en lo próspero y en lo adverso. En la salud y la enfermedad. Para amarte, cuidarte y respetarte. Hasta que la muerte nos separe — musitó con la voz temblándole de emoción. Sus ojos anegados en lágrimas.

I have died everyday waiting for you

Darling don't be afraid I have loved you

For a thousand years

I'll love you for a thousand more

— Con el poder que me confiere el Ministerio de Magia; los declaro… marido y mujer… — expresó Kingsley con ésa pausada voz tan característica de él — Puedes besar al fin a la novia, Harry — le sonrió con gracia al ojiverde ocasionando unas cuantas risas en los invitados.

And all along I believed I would find you

Time has brought your heart to me

I have loved you for a thousand years

Harry no perdió tiempo e hizo de su presa a aquellos rosados labios de Hermione entre los suyos, rodeándole la cintura sintiendo como ella entrelazaba sus brazos en su cuello, escuchándose el resonar de los aplausos en la abadía mientras continuaban besándose durante unos instantes más. El primer beso. El primero como marido y mujer. Sonrieron entre el beso.

— Te amo — se murmuraron entre labios uniendo sus frentes.

I'll love you for a thousand more

— Ahora pongámonos de pie para recibir al matrimonio: ¡Potter Granger! — aplaudió el Ministro. Harry y Hermione sintieron sus mejillas sonrojarse por la atención recibida, mas las sonrisas en sus rostros eran imposibles de borrar. Una repentina luz los iluminó, y no dudaron de que hubiera sido Colin con su cámara fotográfica.

— Hasta que se les hizo ¿eh? — los abrazó Ron de improvisto, antes de que alguno se le adelantara.

— Y que lo digas — comentaron con un suspiro de satisfacción. Escuchando el eco de los aplausos extinguirse lentamente.

— ¡Felicidades chicos! — se les unió Luna, abalanzándose sobre ellos.

— Sólo encárgate de hacerla feliz… — le dijo Ron a Harry dándole una palmada en el hombro — Y la amenaza seguirá en pie siempre, recuérdalo… — le advirtió mitad en serio, mitad en broma — Lo mismo va para ti castaña, — se giró hacia la susodicha con una sonrisa burlona oculta en sus labios — ya deja de ser caprichosa y encárgate de darle la familia que siempre ha merecido éste cuatro ojos — le aconsejó, cual hermano mayor.

Hermione chasqueó la lengua, sin poder dejar de sonreír.

— Y que si vuelves con un malentendido — amenazó a su vez Luna a Harry, pasándose un dedo por el cuello.

— No te preocupes, cero malentendidos… — replicó Harry, incapaz de borrar la sonrisa de sus labios.

— Nada de inmadurez — completó Hermione besando a Harry en la mejilla.

No pudieron evitar separarse cuando los señores Weasley y Granger se acercaron para felicitarlos.

Los primeros fueron los señores Weasley, que al igual que Ron, se adelantaron antes que los demás.

— ¡Muchas felicidades, chicos!, ¡estamos muy orgullosos de ustedes! — les felicitó la señora Weasley limpiándose las lágrimas con un pañuelo luego de abrazarlos mientras su esposo le rodeaba los hombros con un brazo.

— Les deseamos lo mejor. Se lo merecen… — completó el señor Weasley — Oh, disculpen — añadió al ver a los padres de Hermione, se hicieron a un lado.

— ¡Hermione, mi niña! — la abrazó su madre derramando lágrimas de alegría.

La castaña sonrió conmovida.

— Sólo me case mamá, no es que como que me fuera a ir al otro lado del mundo — intentó bromear.

— Es por eso que llora, pensó que se iba a quedar para vestir santos. La pobre está en shock — se rio por lo bajo Ron.

Luna rodó los ojos.

— Honestamente Ronald, ¿ni en la boda de tus mejores amigos puedes comportarte?… — lo reprendió en voz baja — Además, jamás Herm y yo tuvimos problemas para gustarle a los chicos. Eran tú y Harry los que debieron haberse preocupado — añadió mordaz.

— ¡Hey! — se quejó con las orejas sonrosadas. Luna sonrió para sí al ver que lo había puesto en su lugar.

Una vez la señora Granger la soltó, siguió el señor Granger para abrazar y felicitar a su hija.

— Espero que seas muy feliz, mi cielo — le deseó.

— Lo soy — le aseguró, sonriendo.

Hugh frunció la boca en desacuerdo.

— Papá, siempre voy a ser tu hija. Pero aquella bebé ya no puede estar en mí, ¿lo entiendes verdad? — le preguntó con suavidad.

— Si, bueno… creo que tendré que hacerme a la idea — la miró con nostalgia, dándole un último beso en la frente haciéndola sonreír.

— Felicita a Harry… — le susurró Hermione — Anda — lo apuró.

Escuchó a su padre gruñir por lo bajo, mas se alejó de ella para acercarse a su yerno, ofreciéndole la mano. Hermione rodó los ojos. Hugh se tragó su irritación y accedió a darle un medio abrazo, desconcertando al pelinegro.

— Hazla feliz… — le dijo. Harry asintió, mas su sonrisa decayó cuando, en volumen para que solamente él pudiera escuchar, su suegro añadió: — Y no es una petición — triturándole la mano.

— Eh… gra-gracias señor Granger — balbuceó al captar la mirada recelosa de Hermione. Ésta les sonrió tranquila.

— Harry, ¡bienvenido a la familia hijo!… — lo abrazó con afecto Jean Granger — Cuida a mi bebé, ¿de acuerdo? — le pidió con los ojos brillantes de lágrimas.

— Así lo haré, no se preocupe… — la tranquilizó — ¡Ella es mi vida! — añadió mirando profundamente a su esposa.

Su esposa. Suya. Sonrió, sintiendo como se le hinchaba el pecho de satisfacción al poder decirla suya, y sin importarle que todo el mundo los viera o se estuvieran peleando por correr a felicitarlos, tomó a Hermione entre sus brazos y la besó con amor. Los invitados rompieron en aplausos, soltando chillidos emocionados.


Minutos después, aun recibiendo los buenos deseos de algunos y los abrazos de otros, Harry buscó con la mirada a Remus, localizándolo de inmediato cerca de la entrada con su familia; el ex profesor le hizo una seña con la mano, como si todo estuviera listo, y Harry sonrió para sí.

— ¿Nos vamos? — le preguntó a Hermione al oído.

Ésta asintió azorada mientras recibía uno de los comunes pellizcos en las mejillas por parte de su tía abuela.

— Corriendo de ser posible — añadió con gracia.

Harry sonrió para sí. Tal vez no sea necesario, pensó.

Se abrieron paso entre la multitud riendo alegremente mientras chispas de múltiples colores estallaban sobre sus cabezas producto de un nuevo sortilegio de los gemelos. Hasta que al fin salieron al exterior; Hermione frenó de golpe…

Buckbeak. El hipogrifo en el que una vez viajaron para salvar a Sirius de ir a Azkaban, estaba parado con las alas desplegadas a un costado de la abadía, con una silla de montar en el lomo, y unas riendas doradas anudadas al cuello.

Se asombró aún más cuando el ojiverde se aproximó con total confianza al animal sin necesidad de hacer la común reverencia, y tomó las riendas pasándolas a un lado, brindándole una corta caricia en el cuello al hipogrifo.

— ¿Lista, señora Potter? — le sonrió Harry tendiéndole la mano, invitándola a unírsele.

— Pero ¿cómo…? — balbuceó con una sonrisa aturdida.

— Tómalo como tu primer regalo de bodas, — le sonrió con plenitud — algo que sea valioso no en el sentido material, sino emotivo. Nuestro primer vuelo juntos fue en Buckbeak, y dicen que los hipogrifos son criaturas que representan la suerte y…

— El amor — completó Hermione mirándolo sobrecogida.

— Contigo he vivido cada una de mis primeras veces, Herm. Buckbeak nos unió en tercer año de una forma que no podría explicar ni con todas las palabras y el tiempo del mundo; sólo te puedo decir, que, si hay una estupenda manera de empezar ésta nueva etapa en nuestras vidas, es ésta — señaló, sonriendo feliz.

— Harry… — consiguió pronunciar con extrema ternura.

— ¿Vienes conmigo? — le preguntó el ojiverde. Su mirada transmitiendo tantas cosas.

— Hasta el final… — le tomó la mano la ojimiel, restando la distancia que los separaba — Recuerda… — le dijo una vez estuvieron en el lomo de Buckbeak, y Harry entrelazó sus brazos en su cintura — estamos juntos en esto.

Y se elevaron en los cielos con el viento azotando en sus rostros, la gente y la ciudad desapareciendo a sus pies, sintiendo el batir de las alas del hipogrifo.

Las alas de su amor.