Capítulo 40: TE ODIO PORQUE TE AMO

Dicen que la prueba de fuego en cada matrimonio se da durante la convivencia en los primeros tres meses después del enlace. Y Harry actualmente podía afirmar que la había pasado… ¡Raspando!

Jamás en la vida había vivido con Hermione, y el verla cada día, despertar a su lado, había sido maravilloso… Obviando por sus múltiples manías.

Parecía que ya se hubiera convertido en una rutina diaria el despertar con un corto beso en los labios, un dulce buenos días… y una reprimenda al minuto siguiente.

Que Harry, dejaste la tapa del inodoro levantada.

Que Harry, se secará la pasta dental si la dejas abierta.

Que Harry, no uses el baño mientras me ducho, se corta el agua caliente.

Que Harry, no dejes que Hedwig vuele por toda la casa.

Que Harry, por favor recoge tu ropa.

Que Harry, no puedes ir al partido de Quidditch con Ron, quedamos en ir a almorzar con mis padres.

Que Harry…

Que Harry…

¡Que Harry…!

Merlín, ¿siempre había sido tan controladora y mandona, o es que apenas se daba cuenta?, se preguntaba desconcertado. Bien se lo había dicho su amigo Ron en el pasado un millar de veces, mas nunca lo quiso escuchar.

Oh, y ni se diga de sus sagrados libros. No podía siquiera voltear a verlos porque se iniciaba la Tercera Guerra Mundial.

Flash Back

Harry suspiró pesadamente mientras guardaba en una caja sus posters de Quidditch autografiados por los Chudley Cannons. El lugar que ocupaban anteriormente en la pared, estaba cubierto ahora por un gran estante para libros. Libros que Hermione había colocado hacia unos momentos junto a otros tres estantes nuevos.

En definitiva, su estudio personal ya no era el mismo, pensó cuando pasó la mirada por el lugar.

Los posters, sus pesas, el enorme televisor, el sofá individual, la ventana de persianas, algunos trofeos que ganó en Quidditch en Hogwarts y McGonagall le había regalado. Todo, o casi todo, estaba ahora abarrotado sin misericordia en un rincón, e incluso en cajas, mientras los libros de Hermione salían como cascada de una decena de cajas para acomodarse en los estantes. Un escritorio antiguo, como el que usaba Dumbledore en la dirección, y una pequeña sala, adornaban ahora la habitación.

Lo bueno es que Ron se había mudado hacía dos semanas y vivía con Luna en un nuevo departamento que compraron para los dos en Londres; porque si viera ahora lo que quedaba de su casa; Merlín, seguro se estaría revolcando de la risa.

Un repentino ruido, como de quien corta un trozo de papel, lo hizo darse media vuelta para descubrir con espanto como Hermione sostenía en sus manos lo que alguna vez fue una foto autografiada por una modelo de escobas.

— ¡Hermione!, pero ¿qué has hecho? — musitó de manera ahogada, mirándola con los ojos dilatados. La castaña tiró los dos trozos de papel al suelo, sacudiéndose las manos con satisfacción.

— No creo que necesites eso. Además, es de mal gusto — le restó importancia.

— Pero… pero… — se acercó tomando la maltrecha fotografía del suelo. Incluso parecía que la hubiera decapitado a propósito, pues al ser en movimiento, en un segundo se podía apreciar como solamente la cabeza salía suspendida del otro lado.

— Honestamente Harry, ¿esperas que tenga pegada en la pared de mi estudio una foto de ésa… mujer? — señaló despectivamente, mirándolo sobre su hombro.

— Es que… ¡era mi foto! — chilló de manera infantil.

— De tu EX novia, déjame recordarte — le espetó, cruzándose de brazos. Harry abrió la boca para replicar, mas no encontró palabras.

Hermione le dio la espalda, satisfecha por hacerle entender. Tomó otro libro de la caja, y sonrió al darse cuenta de que era su viejo libro de Aritmancia, el que Harry le había dado en el colegio. Lo dejó a un lado; ése ocuparía un lugar muy especial en su mesita de noche.

— Cho nunca fue mi novia y tú lo sabes… — habló luego de un rato Harry — Además, la foto la conservo porque es muy famosa ahora. No la veo a ella, sino lo que representa. Merlín, Hermione, ¡es la nueva Saeta de Fuego!, ¡toda una compañía! — exclamó.

— Y supongo que el que modele en ésa escoba casi sin ropa y de ésa manera tan vulgar no tiene nada que ver ¿no? — replicó con ironía. Retándolo con la mirada a que la contradijera.

Harry se sintió acorralado cuando sintió sus mejillas sonrojarse.

— Siempre me han gustado las Saetas — consiguió decir.

Hermione enarcó una ceja de manera sarcástica.

— ¿Estás seguro de eso?, porque si no mal recuerdo, lo que siempre te ha gustado es Cho Chang — escupió mordaz.

— Eso no es… Sabes bien que… — gruñó con exasperación al no encontrar una defensa que valiera — Escucha, Cho es… sólo es una ex compañera del colegio, nada más. Se me hacía atractiva, si, lo confieso… — su esposa le entrecerró los ojos — ¡Pero la que me ha traído babeando desde quinto año eres tú!… — añadió rápidamente — Además, por sobre Cho y cualquier otra; tú siempre me has parecido hermosa. Por dentro, y por fuera — completó.

Hermione se sonrió complacida.

— Y a todo esto. ¿Cómo es eso de "mi estudio" eh? — inquirió el ojiverde olvidando el asunto de la foto, botándola a un lado con indiferencia.

La castaña lo observó con una mirada delatadora.

— ¿No dicen que: "lo tuyo es mío, y lo mío es mío"? — le sonrió inocentemente.

— Hermione… — le advirtió con el entrecejo fruncido.

Fin Flash Back

Ah, pero eso si ¿verdad?; ella bien que podía maltratar sus cosas de Quidditch.

¿A dónde había ido a parar su hombría?, se preguntó. Solamente le faltaba que tuviera que pedirle "permiso" para poder salir a jugar con Ron, pensó con sarcasmo.

Se rumora entre los recién casados que los primeros meses del matrimonio son de completa luna de miel. Besos, caricias, palabras insinuantes susurradas al oído son el afrodisíaco durante todo el día.

Bueno, Hermione sólo podía pensar: Que gran ¡error!

Sólo fueron dos semanas. Dos malditas semanas para que todo se viera truncado por los modales de Harry.

¿Es que no podía esperar para aflorar ése comportamiento tan "a la Ron"?

Si durante la mitad de su vida había criticado a su amigo pelirrojo por sus modales a la hora de la comida; en nada se comparaba a como era Harry. Simplemente no sabía cuándo había cambiado; quizás los años separados y la compañía diaria de Ronald lo había ocasionado. Pero el punto es que no podía soportarlo.

Si bien durante la luna de miel; aquellas maravillosas y mágicas dos semanas en el caribe; había sido lo mejor que le había pasado en la vida. Desayunos en la cama, almuerzos en la habitación, comidas en restaurantes, cenas en la terraza o playa. Todo se esfumó tan pronto pusieron un pie en su casa en Ottery Saint Catchpole. Especialmente ésos martirizadores viernes por la noche.

¡Malditos televisores y sus partidos de fútbol!, blasfemaba.

Flash Back

— ¡GOOOOOOOOOOOOOOL! — el alarido de Harry, desde la sala, hizo que Hermione pegara un respingo en la cocina y soltara un gruñido entre dientes. Si sus cuentas iban bien, el equipo al que le iba su esposo ya llevaba dos anotaciones durante la cena. Cena, que ella comía sola. En la cocina. Mientras ése… desconsiderado, seguramente estaba manchando la alfombra que había comprado el pasado fin de semana, y con la comida que ella tan cariñosamente le había preparado por la fecha que era.

— Ya me lo decía mi madre: "Te casas con ellos Hermione, pero siempre te engañarán con un montón de hombres sudorosos que corren tras una pelota" — satirizó por lo bajo. Le dio un sorbo a su copa de vino.

Al menos tenía a su fiel Crookshanks para acompañarla ésa noche. El minino reposaba a sus pies mirándola con sus ojos saltones.

Meneó la cabeza con ironía. Casada, pero en compañía de un gato. Genial.

Las fajitas de pollo empanizados, el puré de papa, la pasta y la ensalada le sabían insípidos en ése momento. Vagamente se preguntó si a Harry le habría gustado. Pero por la manera torpe en que se escuchaban los cubiertos en la sala, suponía que sí. O estaba tan entretenido con su tonto juego que ni tomaba cuenta de que comía, pensó con sarcasmo.

Le dio otro sorbo a la copa de vino. Crookshanks la miró con las orejas levantadas.

— Me entenderías si tuvieras pareja — le espetó a su gato.

El minino al parecer le entendió, porque levantándose, alzó la cola en toda su extensión, y se marchó con el pelo crispado con dirección a la sala.

Traidor, chasqueó la lengua. Dejó la copa de lado y se comió lo que quedaba de su cena, ahora fría.

— ¡Con un demonio! — blasfemó el ojiverde a lo lejos.

Hermione se encontró sonriendo con malicia. Casi aplaudió de satisfacción. El otro equipo los había superado ya en anotaciones: 3-2.

Bien merecido se lo tenía, sentenció levantándose y yendo a lavar los trastes que había ensuciado.

— ¡Eso, así, corre, corre!… ¡Vamos, vamos!… ¡No!… ¡Eso es penalti, arbitro estúpido!… — lo escuchó de nuevo, mientras ella aguantaba la respiración — ¡¿Cómo que… como que…?!… ¡VENDIDO! — gritó indignado.

La castaña tuvo que morderse los labios para acallar la risa cuando lo escuchó dejarse caer en el sillón mascullando por lo bajo.

Pero poco le duró la sonrisa, cuando, con un chasquido que probablemente se escuchó hasta la casa vecina, Ron Apareció en medio de la cocina, con gorra, playera y shorts en conjunto adornándolo.

— ¡Se me fue el estúpido cable, ¿cómo van?! — fue lo primero que le soltó a Hermione. Como si a ella…

— ¡Nos anularon un penal! — le contestó Harry desde la sala.

— ¡¿Qué?! — saltó igual de indignado que el ojiverde. No perdió tiempo para correr hacia la sala.

Respira Hermione, no hagas ninguna tontería, respira, calma, se decía la castaña apretando con demasiada fuerza el plato que tenía en la mano.

Aunque en buena hora a Ron Weasley se le ocurría gustarle el fútbol. ¿Qué no lo odiaba en la escuela cuando Dean trataba de explicárselo?

— Hermione, amor… — la llamó Harry de pronto, sacándola de sus pensamientos. Hermione agudizó el oído, más le valía que dijera algo importante, porque si no… — Cervezas.

Se hubiera quedado en el "amor". Pero no. Tuvo que decir la palabra mágica.

Estirando la mano hacia el refrigerador y abriendo la puerta con una ráfaga de viento, Hermione hizo levitar un par de cervezas a su mano y, sin medir en las consecuencias de sus actos, se dirigió colérica hacia la sala, destapando las latas en el corto camino.

Harry y Ron apenas y le dirigieron una corta mirada a Hermione cuando ésta entró en la sala; pero si lo hicieron cuando la castaña se sitúo frente a ellos obstaculizándoles la vista hacia el televisor. Y antes de que siquiera pudieran quejarse, la ojimiel vertió todo el contenido de las latas sobre sus cabezas, zarandeándolas para no dejar ni una gota desperdiciada.

— ¡Hermione!, ¡¿pero qué demonios…?! — respingaron, levantándose de un salto y sacudiéndose cual cachorros remojados.

— Feliz primer mes de aniversario, amor — le espetó Hermione con desdén a su marido.

— Oh… — apenas pudo pronunciar el aludido.

Fin Flash Back

¿Infantil?, se preguntó la castaña. ¡Ja!, que le contestaran una vez pasaran por la misma situación.

Mira que olvidar su primer aniversario de ésa manera. Vaya hombre que tenía por marido.

¿Acaso alguien podía ser tan desesperante?, se preguntaban hoy en día.

Sin duda la respuesta era un rotundo "¡Sí!"

Pero no importaba, reponían. Porque de igual forma se amaban. Con defectos. Con virtudes. Simplemente se amaban por cómo eran… Por cómo, a pesar de todo, lograron estar juntos.

Y es que sencillamente adoraban el despertar el uno al lado del otro después de hacer el amor…

Flash Back

Las velas extintas, los pétalos de rosas regados por el suelo, las copas de vino casi vacías y dejadas sin gracia sobre la mesa… además de la cama matrimonial ocupada por unos desnudos Harry y Hermione durmiendo en brazos del otro, con una fina sábana apenas cubriéndolos; fue el panorama de aquella mañana.

Una suave brisa marina entraba por la ventana abierta haciendo danzar la cortina y mecer uno que otro pétalo de rosa.

Había sido una noche tan larga. Extenuante y embriagadora. La primera noche como marido y mujer. La primera del matrimonio Potter Granger.

Hacer el amor había sido simplemente alucinante. Descubrieron tantas formas nuevas de estremecerse a través de besos y caricias. De llegar más allá de lo sublime. La palabra Magia tuvo otro significado ésa noche mientras sus cuerpos se acoplaban con una armonía casi celestial. Mientras sus labios se unían en búsqueda de un beso más, sin poder encontrar la saciedad. Con sus manos recorriéndose, trazando cálidos senderos en la piel. Los murmullos de sus respiraciones entrecortadas, de las palabras susurradas al oído, haciendo enloquecer los sentidos.

Una vez que todo hubo terminado; cuando el cansancio hizo mella en ellos; al fin pudieron abandonarse al sueño con un beso. Uno que prometía no ser el último. Ni el primero. Sólo uno más de la hermosa vida que les deparaba el mañana.

Sonrieron entre sueños ante aquel recuerdo. Sus cuerpos saliendo lentamente del letargo, apreciando el contorno del cuerpo en el cual descansaban, escuchando la respiración del otro cerca de su rostro, el suave subir y bajar de sus pechos, la tenue caricia del cabello de Hermione sobre el pecho de Harry, la manera en que sus brazos parecían no querer dejarla ir jamás.

La brisa marina recordándoles donde estaban. Su luna de miel.

Hermione no pudo más que suspirar de emoción, erizando la piel descubierta de su marido. Parecía que, al fin, habían conseguido su final feliz. Su propio cuento de hadas. Harry acarició con su mejilla el cabello de Hermione, como si se arrullara, negándose a despertar del todo.

O quizás el cansancio era demasiado aun para él, después de todo, fue Harry quien hizo el mayor ejercicio durante la noche y parte del alba. Aquel recuerdo tiñó de un suave rosado las mejillas de Hermione.

Si Harry no quería despertar aun, ella no sería quien lo obligara. Además, ni ella misma estaba segura de estar del todo despierta. Todo era tan maravilloso, que parecía una especie de utopía.

Mas el suave beso que recibió en la frente, le hicieron notar que Harry estaba despierto. ¿Desde cuándo?, sólo él lo sabía. Levantó el rostro hasta apoyarse en su hombro, y poder mirarlo directo a los ojos. Su mirada lucía cansada, pero extremadamente feliz; los labios de Hermione se curvaron en una sonrisa cuando acarició la mejilla de su esposo; Harry depositó un breve beso en la palma. El pulso de su esposa se aceleró.

Un simple beso mandaba a su corazón a volar.

— Hola — musitó Harry en un susurro apenas audible.

— Hola — le contestó de vuelta la castaña. Sus mieles ojos irradiaban un brillo tan intenso que bien podría iluminar la habitación.

Y no pudieron más que sonreírse el uno al otro.

Fin Flash Back

Amaban la forma en como una discusión sin sentido terminaba en una batalla de besos…

Flash Back

— ¿Nuestro? — titubeó Hermione, no muy conforme.

— Pues al paso que vamos, será solamente tuyo ¿no crees? — le comentó mordaz Harry, señalando todas sus cosas amontonadas en un rincón.

Hermione se mordió el labio al ver el desorden que había causado con las cosas de Harry; nada comparado al orden y cuidado con el que estaban acomodados sus libros. Suspiró culpable.

— Supongo que, si quitamos éste estante de aquí, y lo ponemos en aquella pared de allá… — meditó la castaña — podríamos hacerle espacio a ése póster de los Chudley Cannons.

— Y si ponemos la sala más en el centro, y separamos un poco más éstas dos mesas que pusiste aquí, podríamos colocar la televisión incrustada en la pared — observó Harry.

— Un candelabro en el centro de la habitación no se vería mal — comentó Hermione mirando el techo de manera analítica.

— Aunque sería mejor una chimenea. Poner los sillones en rededor — añadió el ojiverde.

— Ocupar un estante… o mejor, traer una vitrina, y podríamos dividirla en dos. En un lado tus trofeos. En el otro los míos…

— Además de los títulos, las fotos familiares y de nuestros amigos… — acordó Harry acercándose a ella.

Hermione sonrió cuando Harry la envolvió con sus brazos situándose tras su espalda, las manos del ojiverde reposando sobre su estómago.

— Una cabeza piensa bien… — giró el rostro, sonriéndole.

— Pero dos piensan mejor — completó Harry descendiendo para besarla.

El cómo terminaron sobre el escritorio después del beso no lo supieron; pero a Harry empezó a gustarle que estuviera en ésa habitación mientras besaba con pasión a Hermione y la sentía quitarle la camisa, pasando las manos por su espalda desnuda.

— ¿Nuestra? — le preguntó, levantando la camisa de la castaña y besando su vientre ocasionándole escalofríos.

— Nuestra — acordó en un suspiro. Y lo haló con impaciencia a sus labios…

Fin Flash Back

Les encantaba como cada gesto, cada sonrisa, parecía iluminar sus vidas…

Flash Back

Abrazada a sus rodillas en medio de la cama de su habitación, era como se encontraba Hermione, mirando ceñuda hacia la puerta.

Sabía que el exabrupto que había sufrido hacía pocos minutos había sido completamente innecesario e infantil; mas no había sido capaz de contenerse. El mero hecho de recordarlo ahora, le provocaba rabia contra Harry. Una cosa era que él quisiera ver un partido junto a Ron. Pero otra muy distinta es que hubiera olvidado su primer mes de aniversario.

¿Qué acaso el sutil mensaje que le dio en la mañana no había servido para nada?, ¿el beso que recibió al despedirse en el Ministerio no le dijo algo?; Merlín, ¿es que ni siquiera la cena romántica que había planeado había suficiente para que lo recordara?

Bueno, al parecer no.

Y ahora él simplemente quería que ella también lo olvidara. Bien, pues no era así de sencillo, sentenció indignada.

Apartó la mirada de la puerta cuando lo escuchó subir las escaleras.

La indignación aun burbujeaba en el estómago de Hermione con molestia cuando Harry entró en la habitación cerrando la puerta tras de sí.

Lo escuchó aclararse la garganta de manera incómoda, y, a través de su reflejo en el espejo, lo vio estrujarse el cabello con nerviosismo.

— Ron se acaba de ir. Dijo que iría a la taberna a ver el final del partido — le dijo el ojiverde.

Hermione dejó salir un sonido de exasperación. Lo último que quería escuchar en ése momento era algo referente a Ron y el partido. Se levantó de la cama de forma brusca y se dirigió a la puerta sin más. La idea de dormir en la habitación de huéspedes le apetecía de sobremanera.

— Herm, espera, yo… — la alcanzó a detener Harry cuando pasaba por su lado.

— Me importa un bledo Ron y tu estúpido partido en éste momento. Pero me importa mucho menos escucharte o verte justo ahora… Así que, por favor, suéltame y déjame ir — le replicó con frialdad, sin siquiera verlo a la cara.

Harry se quedó de piedra después de escuchar aquello. La garganta se le cerró impidiéndole hablar. La mano que sostenía su brazo cayó sin fuerza, mientras asentía taciturno, dejándola marcharse.

Hermione se mordió el labio, dudando un segundo mientras giraba el picaporte de la puerta; mas al no escuchar su llamado, la abrió con decisión y cruzó el pasillo abriendo la puerta de la habitación de huéspedes…

… únicamente para quedar estupefacta en el umbral de la misma.

En medio de la habitación: una enorme caja de regalo, casi de su estatura, recargada en una de las columnas de la cama.

Sus ojos se llenaron de lágrimas. Se mordió el labio inferior con vergüenza y giró el rostro hacia un costado, donde Harry se había situado segundos después que ella.

— No podía esconderlo en nuestra habitación porque lo habrías visto. Llegó apenas anoche, antes de que volvieras de casa de Luna. Ella me ayudó junto con Ginny para elegirlo. Nunca he sido bueno con los regalos, así que pensé… — se calló cuando los labios de Hermione se estrellaron contra los suyos besándolo con exquisitez. Buscando una disculpa. Preguntándole si había molestia aun en su ser. Obviamente no encontró otra cosa que fuera amor. Sus labios se separaron minutos después, una vez el oxígeno fue necesario — No olvidé nuestro aniversario, Herm. Jamás podría — se sinceró, acariciando su mejilla con ternura.

— Tonto… — le sonrió su esposa, pasando los dedos por aquella cicatriz en forma de rayo en su frente — Entonces ¿por qué el partido? — no pudo evitar la nota de reproche en su voz.

— Le apostamos a los gemelos 200 galeones entre Ron y yo — le confesó avergonzado.

Hermione chasqueó la lengua. El brillo en sus ojos, sin embargo, demostraba que no estaba enojada en absoluto.

Harry depositó un beso en su frente, duró ahí más tiempo del necesario. Hermione meneó la cabeza tenuemente de un lado a otro haciéndolo sonreír. Después fue la castaña quien suspiró, acariciando su mejilla con su frente; el pelinegro le dio un beso más, ésta vez en la mejilla, cerca del ojo. Una serena sonrisa bailó en los labios de la ojimiel. Únicamente ellos sabían lo que se comunicaron con ésos gestos.

El que contenía la caja restó importancia para Hermione cuando los labios de su esposo trazaron un camino de besos de su mejilla a su cuello. La ojimiel pasó las manos por su cabello, desordenándolo; se apartó de Harry arrugando el entrecejo al notarlo pegajoso, para luego recordar que lo había empapado con una lata de cerveza.

— Se arregla con un baño — le restó importancia el ojiverde.

— Un baño no nos caería mal — le sonrió Hermione abrazándolo del cuello, besando su barbilla como sólo ella podía hacer: las piernas de Harry temblaron haciéndola reír complacida.

Fin Flash Back

Les fascinaba la manera en que una mirada podía decir lo que no pronunciaban las palabras…

Flash Back

El aire otoñal se respiraba de nuevo en Inglaterra. Las hojas de los árboles caían con gracia al suelo cada vez que una ráfaga de viento azotaba sus ramas. El aroma a humedad inundaba cada campo. Un ligero soplo de vapor salía de las bocas de los transeúntes madrugadores. Y por la noche, no había mejor labor que hacer más que recostarse en la sala, calentándose cerca de la chimenea crepitante.

Pero ésa tarde, Harry y Hermione no encontraron mejor forma de pasar su día libre que en el campo. Un simple picnic campirano en Ottery Saint Catchpole, bajo la sombra de un árbol y en compañía del fiel Crookshanks.

A unos cuantos metros, una joven pareja jugaba con su pequeño bebé haciéndole gestos y soltando suaves chispas de sus varitas ocasionando los suaves gorgoteos del infante.

Crookshanks, recostado a un costado de Hermione, meneaba la cola viendo las chispas. Hermione le acariciaba distraídamente el lomo, recargada sobre el pecho de Harry.

La risa de los padres atrajo su atención: el bebé había alcanzado a tomar la varita de la mano de su padre y la agitaba con vigor, balbuceando.

Harry se encontró sonriendo ante aquella escena, y posó distraídamente una mano sobre el vientre de Hermione.

Una familia. Lo que él siempre quiso. ¿Qué se sentiría tener un hijo?, se preguntó. Compartir algo tan personal y especial como un hijo con Hermione. Dar amor y cuidado a aquel pequeño ser. Velar por su bien. Protegerlo de todo y de todos. Suspiró. Seguramente, sería maravilloso cuando sucediera.

Hermione sonrió para sí cuando observó el brillo especial en los ojos de su esposo.

Un hijo. Una parte de ella y de Harry. Eso era lo que quería. Se mordió el labio. Bueno, no estaba en sus planes ser madre aun, pero… ¿Cómo sería?, no pudo evitar preguntarse. ¿Cómo sería sentir crecer un pequeño ser en su interior?, verlo crecer, dar sus primeros pasos, pronunciar sus primeras palabras. Si fuera niño o niña. Su mirada se dirigió a la familia frente a ellos.

El pequeño estaba ahora en brazos de su madre recibiendo besos en el rostro mientras su padre los observaba con absoluta adoración… como si no hubiera nada mejor en el mundo.

Una sola mirada a su esposa hizo que a Harry le diera un vuelco el corazón al ver ésa misma añoranza en sus mieles ojos. Hermione le sonrió y lo besó largamente en los labios, dejándolo sin aliento.

Sólo se separaron cuando Crookshanks saltó al regazo de su ama, rogando por más atención. Harry no pudo evitar reír al igual que Hermione al notar los celos del minino.

Fin Flash Back

Les cautivaba compartir juntos cada momento del día…

Flash Back

La cocina era un desastre, desde el piso cubierto de harina para hornear, la mesa llena de utensilios sucios, hasta las paredes salpicadas con toda la mezcla lista para un pastel de chocolate.

No obstante, a pesar del desastre, cualquiera pensaría que el horno estaba cocinando, aunque sea una parte de dicha mezcla. Salvo que ésta se había quedado desparramada por todas partes excepto el lugar donde se suponía debía ir.

Y cubiertos de pies a cabeza, Harry y Hermione reían sin parar desde el suelo, después de que el primero hubiera caído por pisar un huevo y se llevara a su esposa en el proceso.

— Sigo esperando mi pastel ¿sabes? — comentaba risueña la castaña.

— Oye, no es mi culpa que se empezara una pelea. Fue Crookshanks el que vino y me provocó primero… — se defendió el aludido.

— Sólo porque le diste chocolate a Hedwig y a mi Crookshanks lo ignoraste… — le recordó con fingida reprimenda — Eso te pasa por consentir a uno y al otro no — le sacó la lengua, burlona.

— Si, bueno… ¿Yo cómo iba a saber que Crookshanks si comía chocolate? — trató de defenderse Harry.

Hermione negó con la cabeza.

— Harry, te recuerdo todas las veces que te atrape dándole de comer en la sala común — le dijo.

A pesar de que gran parte del rostro de Harry estaba cubierto de harina, Hermione pudo darse cuenta cuando sus mejillas se sonrojaron tenuemente, haciéndola reír.

— No es mi culpa que tú le enseñaras como engatusarme — repuso como defensa.

— Ah, así que yo le enseñé ¿no?

— Si, porque ustedes dos pueden hacer ésa miradita suya que hace que me sea imposible negarles nada — se cruzó de brazos con aparente molestia.

Hermione sonrió de medio lado.

— Bueno, al menos ésta vez puedo decir que no quemaste la cocina — no pudo evitar reír.

— ¡Dios!… — murmuró avergonzado Harry, escondiendo el rostro entre sus manos. Recordando aquel lejano día en que por poco deja en cenizas La Madriguera Weasley — ¿Cómo un simple pastel puede ser tan complicado de preparar? — dramatizó, pegándose en la parte de atrás de la cabeza al recargarse en el gabinete. Una cuchara llena de la mezcla le cayó en la cabeza ensuciándole todo el cabello. Hermione se volvió a reír.

— Mejor date por vencido Harry y ya cómprame mi galleta — se burló sonriendo graciosamente.

— No. Estoy… — se detuvo arrugando el entrecejo — Oye, es cierto. Ya no estoy tratando de conquistarte… — expresó cayendo en cuenta de pronto — Entonces ¿por qué diablos continúo intentando hornearte un pastel? — se preguntó a sí mismo.

Hermione le sonrió con coquetería, mirándolo con un dejo de picardía y suficiencia.

— ¡Ah!, ya me acorde — volvió a decir el pelinegro, contemplándola embobado.

La castaña no pudo más que volver a reír.

— Dejemos ya el asunto del pastel. No creo poder limpiar toda la cocina una vez más. Además, ésa mancha del techo no se quiso quitar desde la vez pasada… — señaló distraídamente, apuntando una gran mancha marrón encima de sus cabezas — Ni siquiera recuerdo que estuviera ahí ése día — murmuró pensativamente.

Harry desvió la mirada con culpabilidad. Por su propia salud física y mental, era mejor no mencionar aquella vez que, mientras su esposa estaba en cama con gripe, él le cocinaba unos hotcakes en la cocina mientras cantaba alegremente una canción, y como en un momento de emoción había arrojado el hotcake hacia arriba con tan mala suerte de dejarlo pegado en el techo de la cocina.

Sin duda aquel día quedaría grabado en su memoria, pues con Hermione en cama casi todo el día, él estuvo toda la mañana arriba de una silla con cepillo en mano tratando de despegar su fallido hotcake del techo. La marca marrón que ahora estaba ahí, únicamente le recordaba la dulce mirada con la que su esposa le había agradecido sus atenciones.

No. Definitivamente si a Hermione se le ocurría algún día querer remodelar la cocina, él le pediría como única petición no deshacerse de ésa mancha.

Cuando Harry volvió de sus recuerdos, notó embelesado como Hermione estaba quitándole con una servilleta parte de la mezcla de la mejilla.

Ciertamente no había mejor recompensa que ésa, pensó. Tener a su Hermione junto a él. Sonrió con plenitud. Quizás, algún día, luego de muchos años de matrimonio, le contaría el secreto que guardaba ésa mancha en el techo. Ya entonces vería si su gesto habría tenido un castigo… o una recompensa.

Fin Flash Back

Y, sobre todo, amaban poder decirse a sí mismos y a todo el mundo, que se pertenecían.

Hermione reía sin poder evitarlo mientras giraba en los brazos de Harry y trataba de seguirle el paso. En la radio, una canción muggle se escuchaba, y su esposo trataba sin mucho éxito marcar el ritmo.

— Oye, no te burles, hago mi mejor intento — la reprendió Harry con una sonrisa cuando chocaron accidentalmente barbilla con frente. Hermione soltó otra carcajada.

— Cuando Parvati dijo que eras un pésimo bailarín, no le creí, e incluso te defendí. Pero ahora… — lo miró con burla.

— Ya sabes que tengo dos pies izquierdos — se rio el ojiverde tomándola de la cintura, siguiendo moviéndose por toda la habitación.

— Eres bueno, sólo que…

— No tan bueno — acordó Harry.

El ritmo de la música volvió a ser lento, y Harry la acercó más a su cuerpo. Hermione descansó la cabeza en su hombro, entrelazando los brazos tras su cuello. Tal vez fuera malo con las canciones movidas, pero con las baladas. Merlín, tenía un poder oculto que hacía que sus piernas temblaran.

Nunca, jamás, habían sido tan felices como en ése momento. En su hogar. Entre sus brazos. Todo era mágico. Tal cual había sido desde un principio.

— Te amo, señora Potter — le murmuró al oído Harry, haciéndola sonreír.

— Te amo más, esposo mío — se separó lo justo para unir sus labios.

Segundos después Hermione rompía el beso solamente para volver a reír cuando el ritmo de la canción aumentó de nuevo y Harry la cargaba en brazos haciéndolos girar por la habitación, riendo con tanta alegría como jamás antes lo había hecho.