Heeeello mundo~ Espero estén excelente y que su semana termine muy bien, con harta felicidad :D.
Como ya saben, este FF se centra principalmente en el "Amor obsesivo", a veces pensamos estar enamorados cuando en realidad sólo estamos haciéndonos daño, confundiendo el "Amor" con otra cosa totalmente aparte, nos aferramos tanto a eso que no podemos ser libres. Pero debemos darnos cuenta y soltar cualquier cosa que nos lastime para vivir plenos, libres y felices.
La canción que canta Lapis es de Sia - Bird Set Free, así es, tiene el mismo nombre que la canción el título, ¿Por qué? Porque resulta que cuando termine de escribir entero el One-Shot (En este caso Two-Shot(?)), me gustaba mucho esa canción, entonces vi la traducción en español, ¡Y coincidió con lo que escribí! Obviamente las canciones tienen variadas interpretaciones, pero en mi caso, la interprete de esta manera. Escuchen a Sia, una artista que vale la pena que se desangren sus oídos por escucharla a todo volumen y que sus vecinos los puteen por el volumen tan alto.
Un saludito especial a todas las personas que le dieron Follows, Favs y que comentaron, agradecida eternamente porque por ellos pude alimentar a mis gatos este mes, eternamente suya chicos.
Un saludin especial a Eliln que me dio unas ideas y respuestas geniales, ¡Gracias! :D.
Aquí la segunda parte y la parte final, espero les guste.
Ya saben, ¡Sus comentarios les dan comida a esta vagabunda! ¡Y a sus gatos también!
Bird Set Free.
—El trabajo estuvo pesado —se estiro y dejo su mochila en el sillón, de ésta saco una bolsa.
Fue al refrigerador y extrajo una lata de bebida. Cuando miró la mesa de la cocina, se dio cuenta de un plato junto a una nota que decía: "Tu comida favorita. Estoy en la habitación", era la primera nota que decía "La habitación" en vez de "Mi habitación", claro estaba que Peridot reconocía que ahora la habitación no era tan sólo de ella, sino, también de Lapis.
Recordó la primera vez que durmió junto a ella.
Flash Back.
Estaba echada en el sillón de la chica que le había tendido la mano cuando ella no quería ayuda de nadie. Miraba la TV sin prestarle mucha atención, toda la programación había estado aburrida desde que termino el episodio de estreno de Mayordomito, el cual vio junto a Peridot, Amatista y Steven comiendo doritos y pizza. Hubiera sido un capítulo que lo vería, reiría, pasaría el tiempo y jamás lo recordaría, pero esté fue diferente, compartió con amigos, sus amigos.
Sus ojos lentamente se fueron cerrando, una sonrisa estaba plasmada en su rostro, se durmió con ella. La puerta se abrió, dejando ver a una furiosa Jasper entrar en busca de ella, sus ojos estaban fuera de órbita, su cuerpo entero se congelo, debía ser mentira. Se levantó, corriendo hacia las escaleras del segundo piso, pero fue jalada de su cabello, tirándola al piso, luego la levanto y la tiro contra la pared.
—P-Por favor —imploró sollozando.
—Tú sabes lo que pasa cuando lloras, amor.
El primer golpe en su mejilla, el segundo en su estomagó, quitándole la respiración. Una patada golpeaba una y otra vez su espalda, diversos combos en su rostro, brazos y piernas. Su llanto no podía salir de su garganta, no podía respirar, sus lágrimas caían de sus ojos hasta mojar el suelo, cerró sus ojos, moriría, ¿Bajaría los brazos otra vez?
—¡Lapislázuli! ¡Lapislázuli!
Y la voz de Peridot resonó en ese momento, fue el detonante de que no bajaría nunca más los brazos, se defendería.
—¡No! ¡Suéltame! —la empujo, abrazándose a sí misma.
—Está bien, soy yo, Peridot, todo fue una pesadilla —encendió la luz y se sentó frente a ella, mirándola con una sonrisa torcida.
—Odio cuando me miras así —escondió la mitad de su rostro con la sabana, dejando a la vista solo sus orbes.
—¿Cómo te miro? —frunció el ceño confundida.
—Como una tonta digna de lastima.
—No siento lastima, pero ¿Cómo se mira a una tonta? —pregunto divertida.
—Cállate, cuatro ojos —sonrió y limpió sus lágrimas.
—Me olvide de algo, ven.
Con entusiasmo la más baja la guio hasta la habitación, era la primera vez que entraba, visualizo una hilera de libros de distintos tamaños en una repisa y esparcidos al lado de la cama, algunos posters de juegos, películas y algunos dibujos que se parecían a los de Steven, sonrió, era una habitación madura pero inmadura a la vez, se adaptaba a la personalidad de la chica que abrió la puerta de su baño y la hizo entrar.
—Quítate la ropa.
—Primero un café, ¿No crees? —rio divertida.
—¿Tanto dinero debo gastar? —pregunto con fingida sorpresa.
—Creo que eres un cliente sin potencial —se encogió de hombros.
—Já, te dejaré ganar esta vez —sonrió.
—Espera, ¿Qué hará-
—Lapislázuli, por favor, déjame ayudar, compre estas cremas y pastillas —señalo una bolsa plástica blanca que estaba en la encimera del lavamanos.
—¿Qué pretendes con todo esto? Peridot, estaba equivocada contigo.
—Ayudar, ¿Por qué dices eso? —tomo un recipiente redondo, llenándolo de agua tibia, dándole la espalda a la peliazul.
—Pensé que eras egoísta, esa era la sensaci-
—Lo era, tú lo dijiste —entrecerró sus ojos— tú… cambiaste eso —se dio vuelta.
—¿Yo? —pregunto incrédula.
—Cuando tuvimos esas vacaciones, me hiciste sentir algo agradable y sí, siempre te veía entrar al baño a la misma hora en el trabajo —dijo con fastidio recordando lo peor— y cuando te vi maquillando en el baño de mi habitación de hotel todos esos golpes, algo en mi interior me dijo que debía ayudarte, porque sabía que algo ocurría contigo desde que te veía todos los días yendo al baño —explicó mientras miraba esos cautivantes azules.
—No lo sabía —se ruborizó, desviando su mirada de los verdes.
—¿Se terminó el maquillaje que te presto Steven? —tomo un pequeño trapo, desviando el tema.
—¿De dónde los saco? ¿Sadie? —Peridot asintió— recuérdame darle las gracias.
—Lo haré, compré más, esta todo en el otro baño, ahora la ropa —levantaba las cejas.
Lapislázuli sólo asintió con diversión, sentirse agradecida era poco, jamás se había sentido tan mimada por alguien, tan querida, no sólo por Peridot, sino por todas las personas que se habían integrado recientemente a su vida, como una especie de familia, algo que jamás tuvo. Se fue despojando de sus prendas, quedando sólo con la parte baja de la ropa interior, dándole la espalda a la rubia y tapando con sus brazos sus pechos, no entendía por qué su corazón había subido acelerado hasta su garganta.
—¿Cómo puedes ocultar esto con una sonrisa…?
Sonrió con pesadumbre, encogió sus hombros en respuesta, su espalda estaba marcada por hematomas de diferentes tonalidades al igual que partes de sus piernas, de sus bíceps hacia atrás también y un poco de su rostro. Peridot con sutilidad dispersaba el trapo sobre los hematomas, sacando el maquillaje que los camuflaba de la vista de todos, camuflando el infierno que vivió.
Las suaves manos pasaban el trapo temiendo algún contacto directo con la zona dañada, ya que hace poco noto que el contacto físico asustaba de una manera inimaginable a Lapis, las veces que la tomo del brazo o la muñeca firmemente, su cuerpo entero se tensaba, sus piernas tiritaban y su respiración se alteraba, comprendía que Lapis lo intentaba manejar.
—Eres increíble… —susurro.
—Peridot, no estoy para tus sarcasmos.
—No, es verdad —se puso delante de ella— pudiste soportar esto sin nadie a tu lado, eres increíble —le brindo una cálida sonrisa.
Las lágrimas recorrieron su rostro una vez más, no había sentido nunca antes esa calidez que le brindaron los verdes brillantes. La estrecho en sus brazos, liberando ese desgarrador llanto que le pesaba en el alma, botando cualquier llanto reprimido que le acongojaba desde que no podía llorar, no se lo permitía, no podía ser débil ante nadie, pero ahora, entendió que no era signo de debilidad, sino, de fortaleza. Unos brazos rodearon su cintura con temor, los sintió temblar, y se alejó unos centímetros para poder visualizar el avergonzado rostro, olvido el pequeño detalle que nada cubría sus pechos.
Instintivamente Lapis la empujó, cortando cualquier cercanía, su cuerpo reaccionó de la manera en la cual lo haría con otra persona. Estaba temblando, se abrazó así misma fuerte, intentando controlarse, había sido casi automático el buscar ese abrazo reconfortante, olvidando por brevedad su fobia. Miró entristecida esos ojos, tratando de disculparse, pero Peridot sólo sonrió tranquilizándola.
Cuando Peridot por fin termino de quitar todo el maquillaje, le dio algunas pastillas para el dolor y la inflamación, luego esparció una crema en cada uno de los hematomas con un nuevo trapo, el cuerpo aun temblaba, sin poder calmarse.
—Gracias Dot —susurro.
—¿Dot? —dejo las cosas en el lavamanos.
—Todos te dicen Peri, así que yo te diré Dot o Dorito —le dijo divertida.
—¿Lázuli o hamburguesa? —preguntó mientras se limpiaba las manos.
—¿Lapis? —apoyó con cuidado su hombro en la pared.
—No, todos te dicen así —se encogió de hombros— me quedaré con Lázuli, ten —le tiro una polera mangas cortas— me queda grande.
—¿Un alie- me acabo de dar cuenta que estas usando unos shorts de alíen —rio burlándose de la más baja.
—Oh cállate —rodó los ojos y se metió a la cama— apaga la luz del baño y ven a dormir.
—¿Q-Qué?
—Oh vamos, no creo que sea la primera vez que duermas con una chica —arqueo una ceja.
—¿Qué estas insinuando? —apago la luz, y se dirigió al borde de la cama.
—Mmmm, ¿Calienta camas? —ahora fue su turno de reír.
—Nerd —gateo hasta llegar a la cabecera y cubrirse con las sabanas.
Cuando la pequeña luz de la lámpara de noche se extinguió, la oscuridad las acompañaba en sus conversaciones, en sus risas y en sus proyecciones a futuro, conociéndose cada vez más, compartiendo algo íntimo que ninguna de las dos pensó en compartir nunca. Lapis le dio la espalda, sin dejar de hablar. Peridot sintió la sensación impulsadora de abrazar esa espalda, abrazar a la chica, abrazarla tan fuerte para transmitirle que ella la cuidaría, la protegería, la ayudaría como jamás ayudo a nadie, ese sentimiento nunca lo experimentó, hasta ahora, quería hacer desaparecer esa horrible conexión del pasado que significaban los hematomas, esa era su misión más importante.
—Gracias, Dot… —cerró sus ojos.
—De nada… Lázuli…
End flash back.
Sonrió al recordar lo sola e infeliz que antes estaba, ahora todo era diferente, estos meses junto a Peridot, Steven, Amatista, Garnet y Perla le hicieron entender que tenía personas en quienes se podía sostener y que la sostendrían si caía, ellos no le fallarían, se sentía feliz, su vida había vuelto a la normalidad, aunque no recordaba haber estado tan emotiva en algún momento.
Caminó con animo a la ubicación leída, estaba frente a la puerta, inhaló y exhaló, relajando su tenso cuerpo, dio algunos toques, cuando escucho una respuesta positiva, entro.
—Hola, te traje esto —dejo la bolsa a su lado.
—¡¿Los nuevos doritos?!
—Oh y esto —le dio la lata.
—Estoy pensando que quieres hacerme engordar para luego comerme —abrió la bolsa como cuando un niño abre un juguete, sus ojos brillaban.
—Quien diría que eres tan infantil detrás de tu faceta de chica seria —se sentó en la cama.
—Cállate —comió una porción— esto es el paraíso.
Lapis veía enternecida la escena, aprendió a conocer muy bien a esa pequeña. Lo más irónico era que pensó en odiarla a más no poder, pero ahora, había descubierto un hallazgo subliminal, descubrió a una Peridot infantil, alocada y en ocasiones ridícula, obviamente todo eso mezclado con su sarcasmo.
—¿Qué hacías? —apoyó sus codos en las rodillas, usando sus manos de soporte para mantener su rostro.
—Estoy soldando esta pieza, debo hacerlo con mucho cuidado —dejo la bolsa y la lata a un lado para volver a tomar su herramienta.
—¿Trabajo en casa?
—Algo así.
—Hoy vi a una chica —miro la espalda de Peridot— estaba buscando un nuevo procesador y… ¿Me estas escuchando? —la rubia asintió, sabía que hablar con ella cuando estaba trabajando era difícil, pero sonrió al recordar que ella era la excepción— ¿Sabes lo que me gusta de las chicas? —se levantó, y se fue al lado de la pequeña.
—No, ¿Qué? —estaba muy cerca de empezar a soldar, debía tener precisión, su concentración estaba ahí, en esa pieza electrónica.
—Su lengua.
Lapis mordió su labio inferior divertida, aguantando su risa cuando los ojos de Peridot la miraron y su rostro se ilumino como pirotecnia, hasta las pecas salpicadas en su rostro se habían puesto carmesí. Soltó una carcajada al recibir un almohadón en su rostro cuando la rubia giro su silla.
—Demonios, casi fundo la maldita pieza —suspiro, poniendo su pulgar y medio en sus sienes, sobándolas.
—Debiste ver tu rostro —aun reía.
—Estás loca, ¿Sabes? —movió su cabeza negativamente.
—Hoy la vi.
La risa despreocupada y cargada de burla fue descendiendo gradualmente, la pelirrubia levanto su vista, buscando los ojos azules, no los encontró, nuevamente se refugiaron detrás de ese flequillo como cada vez que intentaban entablar una conversación del tema.
—Pude verla sin temblar, maneje mis emociones, me controle a mí misma, pero…
—¿Pero? ¿Te hizo algo? ¿Te golp-
—No, nada de eso, sólo la vi de lejos —se puso frente a Peridot— una ira se apodero de mí, quería… quería gritarle todo lo que no pude, herirla de alguna manera, me acerque lo que más pude sin que lo notará… —se arrodillo, descansando su cabeza en las piernas de la ojiverde.
—No pudiste porque sabías que serías igual que ella… —movió uno que otro mechón azul desparramado en sus muslos.
—Sí… ¿Crees que está bien? ¿Crees que debería vengarme?
—No, esa no es la solución, lo hiciste genial.
—Gracias, pero ¿Desde cuándo me estas ocultando todo?
—¿Qué?
Se levantó, los azules estaban enojados, Peridot no podía reflejarse en ellos como tanto le gustaba. Los verdes se desviaron, soltando un suspiro y levantándose para quedar a la altura.
—Esto —tomo los sobres del cajón del escritorio que con anterioridad la rubia estaba ocupando para soldar.
—Son tonterías, ¿Qué podría hacer? —le arrebato los sobres, botándolos.
—¡Son cartas de amenaza de muerte! Peridot, ella es capaz de todo, sabe dónde estamos— yo tengo miedo de que te ocurra alg-
—Sabía a lo que me exponía, no estás sola.
Los verdes le otorgaban seguridad, intentando transmitirle que estaba junto a ella a pesar de miles de sobres con palabras amenazadoras, grotescas e indecentes.
—Aaawww~ son tan tiernas.
Azul y verde se desviaron a la puerta, encontrándose con el pulgar arriba de Garnet, los ojos brillantes de Perla y las sonrisas burlescas de Steven y Amatista, no recordaban haberse acercado tanto, así que pausadamente se alejaron avergonzadas.
Peridot como siempre corrió tras los dos pequeños, quedando Lapis, Perla y Garnet.
—¿Son una fusión ya?
—¿Fusión? —pregunto intrigada Lapis.
—Garnet se refiere a que si son una sola —explico Perla— una fusión, es lo que nosotras conocemos como una pareja —carraspeo ruborizada— saben sus gustos, ríen, son cómplices, pelean pero aun así vuelven a reencontrarse para unirse a su amor.
Lapis nunca lo pensó así, ¿El amor? ¿Qué era ese sentimiento? Evocó los momentos vividos con Jasper, aunque no quisiera creerlo, en un tiempo lejano fue feliz. Con pena embozó una sonrisa amarga, le parecía jocoso recordarla como algo feliz que en algún momento murió, saliéndose de sus manos, la intento ayudar, intento que la oscuridad no la destruyera, intentó que su luz no se consumiera, lo intentó y fracaso, porque Jasper, no quería ayuda y así, Lapislázuli también se entregó a la oscuridad de ese calvario que nunca le perteneció, y que ahora, se daba cuenta.
Ya abajo, todos miraban la TV, menos la peliazul que sus pensamientos estaban divididos, no prestaba atención a la película, sino, a una rubia de ojos verdes, sonrió, le parecía ayer cuando la conoció, sin ella no hubiera comprendido el significado de lo malo y lo bueno. Y comprendió lo más importante, no puedes ayudar a quien no se quiere ayudar.
Se sonrojo al sentir la tibia mano de Peridot aferrándose a la suya con cuidado, bajó la pequeña manta que la cubría, como si estuviera leyendo sus pensamientos, le dio ánimos estrechándola despacio. Y en un característico gesto que todos usaban, revolvió su cabello y dejo reposar con una sonrisa, su cabeza en el hombro, rompiendo un poco más su fobia al contacto.
Se sentía como una "Fusión".
—o—
Reprodujo su canción favorita en su celular, mientras ponía sus azules audífonos en sus oídos, envolviéndose en la música e ignorando los ruidos de la ciudad. Le encantaba ir caminando con su música, disfrutaba mirar a su alrededor, los edificios, árboles, gatos, todo, pero ahora sus pensamientos los acompañaba una chica de ojos azules que eran su deleite cada vez que se reflejaba en ellos, haciéndola sentir única y especial, ¿Qué era aquello? Ese sentimiento cálido la invadía cada vez que miraba a esa mujer de cabello azul. Cerró sus ojos por un breve momento, cuando los abrió estaba en un callejón oscuro, su espalda impacto fuertemente con la pared de cemento, un pequeño gemido de dolor salió de su garganta cuando cayó al piso.
—¿Por qué la ayudas? ¿Crees que te puedes aprovechar de su debilidad y enamorarla?
—¿Q-Qué?
Le faltaba la respiración, levantó sus verdes ojos, localizando a la dueña de su paliza, gruño enojada y débilmente tomo su celular junto a sus audífonos que fueron arrebatados. Se levantó rápido para quitarle sus cosas, inútil fue, un golpe en su rostro la hizo volver a estamparse con la pared.
—Mira lo que le haremos a tu maldito celular, nerd —con su sonrisa sádica, tiró el aparato contra la pared, muy cerca de la cabeza de la rubia— ahora repetirás lo que yo diga —se acercó y se hinco, tomándola de las solapas del poleron— dejaré a Lapis y la echare a patadas de mi casa.
—Púdrete, maldita imbécil —le escupió.
Jasper la golpeo repetitivas veces, sus puños impactaban contra la sensible piel que comenzaba a enrojecer y a inflamarse, rompió un poco de su labio, dejando sangre resbalando en su mentón.
—¿Harás lo que te digo? —jalándola del pelo levantó su rostro.
—¿Q-Quieres ahora un escupe con sangre?
—Que divertida eres —la levanto para volver a golpearla— ¡Vamos no te caigas! ¡Defiéndete!
Peridot tenía sus ojos entrecerrados, sus lentes estaban molidos en algún lugar del húmedo y asqueroso suelo del callejón, su cuerpo entero no temblaba, no le tenía miedo, era cierto que los golpes dolían y seguirían doliendo quizás hasta que la gran mujer se cansara o la matará, y dudaba que la primera opción fuera cierta. Sintió como un cabezazo colisionaba, haciéndola caer de rodillas, escupió un poco de sangre y nuevamente se levanto.
—E-Eres una mierda —le levanto el dedo de al medio.
—Maldita enana.
Con furia la golpeo por todo el cuerpo, desquitando toda su frustración e ira hasta que cayó al suelo, no se detuvo, no tuvo piedad, no se tomó la molestia en volver a levantarla, ni si quiera se hincó, sus pies hacían el trabajo, golpeando sin parar, sin perder fuerza ni constancia, golpeando como si su vida se fuera en ello.
—Nos veremos en otra, para ver si recapacitas, gracias por los audífonos —salió corriendo del callejón.
Su conciencia no la abandono en ningún momento, poco a poco fue levantándose, oprimiendo su brazo que era lo que más dolía, podía sentir su cara inflamada, la tibia sangre corriendo de su labio y nariz hasta unirse en su mentón. No veía nada, sus ojos ardían, al parecer también había sangre escurriendo de su frente o cabeza, no lo sabía y en estos momentos tampoco le importaba. Su respiración era difícil de manejar, con firmeza dio tres pasos apoyando su hombro en la pared que ahora era su ayuda cuando antes fue su enemiga, debía salir de ese callejón y pedir ayuda, sólo cinco pasos más y estaría fuera de esa penumbra.
Lamentablemente cayó sobre sus rodillas, maldiciendo a su atacante, cerró con firmeza sus ojos, intentando sacar fuerzas y lo único que atacó sus pensamientos fueron unos ojos azules felices, esa sonrisa divertida y ese característico gesto cuando estaba a punto de reírse y mordía su labio inferior, se levantó con más fuerza y cuando dio el último de los cinco pasos, ya estaba afuera y vio como un joven policía corría en dirección a ella.
—¡¿Se encuentra bien?! —preguntó asustado, tomándole el pulso.
—S-Sí, estoy besando el suelo —su sarcasmo jamás se iría— t-trabajo a dos cuadras de aquí, en Electronic Universe —intentó divisar lo que sucedía, pero no podía mover su cabeza, todo su cuerpo estaba tirado en el suelo— a-avísele a L-Lapislázuli o a P-Perla.
—¡Llamen a una ambulancia! —gritó el policía— lo haré cuando llegue la ambulancia.
La rubia iba a debatir la respuesta del policía, se notaba que era joven por su voz y también por su inexperiencia, ya que cuando le tomo el pulso su mano temblaba, quizá Peridot había sido su primer "Caso" traumante, le parecía estúpido estar pensando en esas cosas cuando todo su cuerpo no respondía. Bufo molesta al escuchar a tanta gente a su alrededor, cerró sus ojos intentando pensar en cosas lindas, y para su suerte la ambulancia llego, los paramédicos la tomaron con cuidado y la subieron a la camilla, agradeció no tener sus lentes, sino, vería miles de miradas lastimosas y cínicas dirigidas a ella.
Cuando abrió sus ojos, ya estaba en la sala del hospital, no recordaba nada de lo que había pasado en la ambulancia o al llegar a la residencia actual. Una luz blanca la cegaba, intentó sentarse en la cama como pudo, ignorando cualquier dolor, pudo notar que muchas flores adornaban su habitación, unos dibujos de Steven y Amatista estaban en el velador junto a la cama. Su rostro dolía y levanto sus manos palpando las vendas en su cabeza, no había sido una pesadilla.
—¿P-Peridot?
—Hola, ¿Por qué están todas estas cosas aqu-
—Pensé que jamás ibas a despertar —quedo frente a ella, sollozando, intentaba reprimir sus lágrimas refregando sus ojos, pero era inútil.
—Hey Lázuli, tranquila —estiró su mano, rozando con cuidado las yemas de sus dedos con el brazo de la más alta.
—E-Estuviste un mes en coma, ¿C-Cómo quieres que esté tranquila? —aparecía una pequeña niña asustada por algo que hizo mal.
Peridot frunció el ceño confundida, no le importaba el tiempo que estuvo en coma, sino, que la chica de cabellos azules lloraba, ¿Por ella? Se reprendió mentalmente estar analizando esas cosas sin sentido en un momento tan emotivo, Lapis la estaba abrazando mientras lloraba, su cuerpo no temblaba como las demás veces.
—Quién diría que me tendría que quedar en coma para que me pudieras abrazar así —sonrió, aferrando sus manos en la cintura.
—Peridot —la reprendió— no digas esas cosas, pensé que te perdería, pensé que me dejarías sola… —cerró sus ojos fuerte, escondiendo su rostro en el espacio del cuello y el hombro.
—Estoy aquí, contigo —con temor subió su mano hasta acariciar esos rebeldes cabellos— hace mucho quería enredar mis dedos —confesó ruborizándose.
—Puedes hacerlo las veces que quieras, si me dejas abrazarte siempre desde ahora —se alejó, bridándole una radiante sonrisa.
—Creo que eso no deberías ni si quiera proponerlo —rio mientras limpiaba los restos de lágrimas de ese rostro que se había vuelto su adicción.
Palabras cursis, cariños, se entregaron a esos pequeños detalles, como si fuera normal hacerlo, como si lo hubieran hecho desde que se conocieron, pero no, ellas no notaron como algo crecía en su interior expandiéndose por sus estómagos, haciéndoles cosquillas que se manifestaban en sus sonrisas radiantes.
—¡Beso! ¡Beso! ¡Beso!
—Oh demonios, siempre en el momento apropiado, Steven y Amatista —ambas se alejaron sonrojadas, pero con una sonrisa como solían hacerlo.
—¡Peridot!
Tanto Amatista como el pequeño Steven se tiraron encima de la ojiverde, ganándose un largo discurso de Perla y Garnet sobre que debían comportarse con ella, ya que estaba con todo su cuerpo adolorido.
—No tienes ningún hueso roto, pero si muchas contusiones —explicó Garnet.
—El doctor te dará de alta pronto, te vendremos a buscar —dijo una sonriente Perla que a los segundos se puso seria— ¿Fue Jasper?
—¿C-Cómo lo saben? —frunció el ceño, mirando a Lapis.
—Les conté todo… —le dio una débil sonrisa— a la policía también —entrelazo la mano de ella con la de la rubia— estoy lista Dot.
—Lapis…
Estaba sorprendida, ¿Tanto podía pasar en un mes? Se sentía feliz de que los pequeños traumas de Lapis comenzaran a curarse, al igual que sus heridas tanto físicas como psicológicas. Sólo azul y verde existían en esa sala de hospital, reflejándose en sus ojos brillantes de emoción y felicidad, no bastaron palabras para describir lo que sentían.
—La están buscando, estarán más seguras de ahora en adelante —dijo un emocionado Steven— papá se hará cargo de tu caso.
—¡¿Desde cuándo tu padre es detective?! —preguntaron todos sorprendidos.
—No lo sé —se encogió de hombros— pero ¡Es el mejor de ciudad Playa! Yo y Connie lo ayudaremos a patrullar junto a león.
—¿León? —preguntó Amatista, frunciendo el ceño confundida.
—Es como llamamos al auto.
—No sabía que Gregory era un detective —Perla miró a Garnet que sólo se encogió de hombros— bien, las dejaremos solas, deben hablar de mucho —le guiño a Lapis.
—Buuuu~, ¡Queremos quedarnos!
—Suerte Lapis —dijo Garnet quien tomaba al pelinegro y a la peliblanca en sus hombros, saliendo junto con Perla.
—¿Qué fue todo eso? —frunció sus labios mientras arqueaba una inquisitiva ceja.
—Te lo explicaré, cuando estemos en casa.
Los verdes miraron esa sonrisa radiante y tomando mucha atención a las palabras "Estemos en casa", se sentía cálido, un sentimiento familiar y poco común la abarco.
—Extrañaba revolver tu cabello y…
—Me extrañaste, lo sé —dijo con egocentrismo.
—Agradece que no puedo golpearte —puso los ojos en blanco divertida.
—Gracias, pero no quiero más palizas —suspiro— tú me salvaste —estrechó el agarre de sus manos.
—¿Qué?
—Cuando Jasper me golpeó en el callejón y me dejo tirada, me levanté cuando se fue, pero mis piernas fallaron, iba a rendirme y quedarme en ese callejón, quién sabe cuándo me encontraría alguien… y vi tus ojos —levantó su mano libre recorriendo con la yema de sus dedos la suave mejilla.
—Me pregunto por qué siempre haces que me ruborice —escondió su mirada sonrojada en su flequillo, ese gesto antes lo odiaba, pero ahora, se había vuelto el favorito de la rubia— tú también me salvaste, puedo tocar a la gente sin sentir miedo y que ellos me toquen a mí, puedo dormir tranquila a tu lado, sin tener ninguna pesadilla y me enseñaste que era el significado de tener una familia —se sentó al borde de la cama— gracias por todo Dot, sólo quiero estar tranquila, sin esta angustia que llevo dentro —uno de los miles de suspiros salió y apoyo su cabeza en el hombro que siempre estaba para ella.
—Te ves bonita cuando te sonrojas —halago con un poco de vergüenza, nunca lo había hecho y se sentía estúpida— me gusta cuando estamos así, hablando y diciéndonos todo, sin tener miedo, sin mirar el tiempo, sólo estando tu y yo —poco a poco fue cerrando sus ojos— me gusta esta sensación cálida y tranquila…
—Me gustas Peridot… —levantó su mirada, encontrándose a una dormida rubia, todas esas palabras calaron en lo más profundo de su alma, haciéndola revivir el bombeo agitado de su corazón.
—o—
—¿Tus lentes nuevos te quedan bien? —le paso el pequeño trapo para que los limpiará.
—Sí, gracias —los limpió y se los puso— hola HD —ambas rieron.
—No entiendo cómo puedes perder ocho veces seguidas en la misma etapa —la molesto picándole la mejilla.
—Oh, será por qué hay un fantasma detrás mío desconcentrándome, no, no lo creo —tomo nuevamente su nuevo celular y se acomodó en los cálidos brazos que la rodeaban.
—¿Te desconcentro? —preguntó divertida, escuchando el "Game Over".
—Oh vamos, esa era la vida cero —gruñó, y dejó el celular a un lado junto a sus lentes.
—¿Ya pasaste tu música? —rio al ver la rubia cruzaba sus brazos de forma infantil.
—Sí, no debiste comprármelo, menos con estos juegos, ni si quiera dormiré en la noche —tomo el flequillo de Lapis, jugando con él como un gato juega con una bola de estambre— ¿Quién llamo antes?
—Garnet, unos policías intentaron detenerla, pero no lo lograron —estrecho más el agarre, apegando a la pequeña a su cuerpo.
Peridot sólo asintió callada, ¿Cómo podía concentrarse cuando sus sentidos jugaban con ella? El cuerpo de Lapis estaba tan pegado al de ella, sintiendo todo lo que podía, ella le estaba hablando de un tema importante y su estúpido cerebro le hacía caso a su sistema nervioso, entregándole el mando. Constantemente se preguntaba de donde emergían esas sensaciones, no le molestaban, la hacían sentir bien
—Iré a preparar la cena —revolvió el cabello rubio y se levantó de la cama dejando la cabeza de la rubia en la almohada.
—Espera —la llamó antes que saliera de la habitación— ¿Estas bien?
—Sólo estoy un poco asustada…
Peridot sólo vio la espalda perderse en el pasillo, refunfuño irritada, quería estar tranquila sin pensar en que Jasper pudiera aparecer y atacarlas, salir a tomar un poco de aire, no tenía nada en contra de quedarse en la casa viendo series, risas, comida, pero quería salir sin que Lapis sintiera ese peso en sus hombros de que algo les pasaría, quería devolverle la vida libre que merecía.
Pasado unos minutos, la rubia aburrida fue a la planta baja, quería molestar a la ojiazul, así que la asustaría, camino en puntitas, entrando a donde estaba dándole la espalda, pero no pudo asustarla, se quedó embobada escuchando.
Ahora vuelo, rompiendo las notas altas
Tengo una voz, tengo una voz, escúchame rugir esta noche.
Me retienes,
Pero yo me defendí en voz alta.
Pero hay un grito por dentro que todos intentamos ocultar
Nos aferramos tan fuerte, no lo podemos negar
Nos come vivos oh, nos come vivos.
Sí, hay un grito por dentro que todos intentamos ocultar
Nos aferramos tan fuerte, pero no quiero morir,
No, no quiero morir, no quiero morir.
Y no me importa si canto desafinada,
Me encontré a mí misma en mis melodías,
Canto por amor, canto para mí,
Gritaré tan fuerte como un pájaro libre.
—Lapislázuli…
—¿Q-Qué haces aquí?
Sus verdes ojos conectaron con los brillantes azules avergonzados, derritiéndose por completo, jamás encontró una voz más melodiosa que la que sus oídos escucharon ahora. Estaba sorprendida, quería volver a escuchar esa canción, ese tono alto y sentir como su piel se erizaba.
—Siento interrumpirte, pero tu voz —le sonrió emocionada— cantas genial.
—Hace mucho no lo hacía, no podía, ant-
—Oh, iré abrir, deben ser los chicos, seguiremos hablando de esto más tarde.
Peridot fue animada corriendo hacia la puerta, estaba descubriendo tantas cosas de Lapis que le encantaban, era como una caja llena de sorpresas, cada vez que iba más profundo en ese mar azul, más tesoros iba encontrando, los atesoraría por siempre. Abrió la puerta y unas gigantes manos la empujaron hacia dentro, cerrando con brusquedad la puerta.
—Hola enana.
—Maldición.
Se levantó rápidamente, esquivando el agarre de la más grande, corrió lo más rápido que pudo hacia la cocina, tomando la mano de Lapis una vez más para salir de esa interminable tortura, tarde fue cuando la rubia fue golpeada, alejándola de la chica que quería proteger.
—Lapis, debes escucharme —la tomo por los hombros, agitándola desesperada.
—Jasper, suéltame —intentó alejarse, percibió el olor a alcohol.
—Ya no tiemblas, que novedad —sonrió con sarcasmo, acercándose para besarla.
—¡Suéltame! —gritó mientras la empujaba.
La grande mujer se tambaleo, perdiendo por poco el equilibrio y en ese preciso momento, Peridot la tacleo, botándola y dándole tiempo de huir junto a Lapis, pero la rubia prontamente fue directo al suelo, la peliblanca había agarrado su tobillo, tirando de ella.
—¡Peridot!
—¡Llama a la policía! ¡Rápido!
—¡No! ¡No te dejar-
—¡Hazlo, antes que se levante! ¡En la cama está el celular!
Lapis cerró fuertemente sus ojos, no podía quedarse parada, subió las escaleras, aquellas infernales escaleras que aunque eran otras, nuevamente dependía su vida de ellas.
—¡No irás tras ella!
Peridot se lanzó sobre Jasper, botándola nuevamente al suelo, el efecto del alcohol estaba pasando rápido, la fuerza de aquella mujer estaba volviendo. Se puso encima de ella, golpeándola, reabriendo la herida de su labio, cuando dejo de golpearla comenzó a reír, Peridot abrió sus ojos asombrada, estos se reflejaban en el largo y ancho cuchillo que estaba levantado, cuando bajo con fuerza, sus manos tomaron la muñeca, evitando la primera puñalada, todos sus músculos aun dolían, paso sólo un mes desde que salió del hospital, su cuerpo no se recuperaba con totalidad.
No podía darse por vencida, debía sacar fuerzas de algún lugar, sus músculos no podían abandonarla ahora, cerró sus ojos, concentrándose sólo en que el cuchillo no la atravesara hasta que consiguió con sus rodillas golpearla en el estómago, dejándola sin aire, escuchó como el metal resonaba al caer, lo tomo y se levantó.
—Maldita bastarda —apoyó su mano en el suelo para ayudar a levantarse.
Sus verdes ojos estaban fulminándola al igual que los miel a ella, se analizaban mutuamente, ninguna quería dar el primer movimiento, Jasper porque estaba desprotegida y Peridot porque todo su cuerpo ya estaba agotado.
—¿Por qué haces todo esto…?
—No lo entenderías, nadie entendería que yo la amo y que junto a ella me siento tan poderosa, su amor me hace sentir que puedo alcanzar todo —miro sus manos, apretándolas.
—Es un amor obsesivo, ¿Crees que es sano? —movió su cabeza negativamente, muy al fondo de su corazón sentía lastima por la mujer que tenía en frente— ¿Eres feliz?
—¿Por qué preguntas ridiculeces? Esto no es una sesión de psicología barata —se acercó.
—Retrocede Jasper —empuño la cuchilla con ambas manos— tienes que entender que el amor nos hace sentir felices, la obsesión no.
—¡¿Qué sabes tú?! ¡Yo la amo! ¡Y si no está conmigo, no estará con nadie! —con un solo movimiento, le arrebató el cuchillo— ¿Qué harás ahora?
Esa sonrisa maquiavélica se iba acercando más y más, miro hacia todos lados, buscando algo con que defenderse, no encontró nada, Jasper se inclinó en un rápido movimiento hacia delante, rosando la punta del cuchillo en su polera, rasgándola, intento esquivar todas las cuchilladas, pero era imposible, una alcanzó su antebrazo, abriendo su piel como si cortará una hoja de papel. Otra alcanzó la palma de su mano, la sangre goteaba, no podía hacer nada, tenía que hacer tiempo, pronto llegarían, lo sabía.
—¿Qué se siente saber que morirás? —la empujo, estrangulándola entre su antebrazo y la pared— morirás, al igual que Lapis y cuando las mate, me mataré —su sonrisa jamás se iba y reía de una forma endemoniada cuando la punta de la cuchilla bailaba en el abdomen de la rubia.
No podía gritar, su respiración no llegaba con totalidad a sus pulmones, sentía como su piel se abría cada vez que la cuchilla se levantaba y empezaba un nuevo trazo torturándola. Tenso su mandíbula y recordó esa melodiosa voz con esos ojos, cantándole, veía a Lapis sonreírle, la tomaba de la mano y la llevaba a un hermoso jardín para luego tirarse encima de ella y rodar por el pasto riéndose.
—¡Peridot! ¡No te rindas!
Sus ojos se abrieron de golpe, sacando sus últimas fuerzas tomo el cuchillo, deteniéndolo, el antebrazo fue sacado de su cuello para evitar que le arrebataran el arma blanca. La ojiverde tomo una bocanada de aire y empujo a la más grande, soltando el cuchillo.
—¡Si no mueres tú, morirá ella!
Con todas sus fuerzas Jasper se abalanzo sobre Lapis, pero Peridot tomo su hombro y la volteo como pudo, un nuevo corte en su polera y abdomen se hicieron presentes, éste fue más profundo que los anteriores. La peliblanca le dio una patada en el estómago, dejándola totalmente tirada en el suelo, ahora sí podría estar tranquila con Lapis, pero nunca fue así, fue golpeada por un macetero de vidrio que se quebró en su cabeza, cayó de rodillas, ambas manos fueron a la zona golpeada, estaba sangrando, eso la enfureció, se levantó y soltó el cuchillo, tomando por el cuello a la peliazul, primero la impacto contra la pared y luego la estaba estrangulando, sus pies no tocaban el suelo, gozaba viendo como se retorcía, como sus pies intentaban golpearla, la mataría y estaba feliz, por fin podrían estar juntas sin que nadie se interpusiera, volviendo a esa tumba que ambas construyeron en algún pasado.
Los ojos verdes miraban la escena y no podían hacer nada más que llorar, llorar de rabia e impotencia, era inútil, su cuerpo no respondía.
—¡Lapislázuli!
El grito desesperado de Peridot resonó por toda la casa al igual que un disparo que impacto en el hombro de Jasper, aun no la soltaba, otro disparo seguido de otro, hasta que cayó junto con Lapis. Desesperada se arrastró por el suelo, estirando su mano para tomar la de la chica.
—E-Estamos a salvo —le dio una débil sonrisa.
—P-Peridot —dijo con un hilo de voz mientras sus lágrimas escurrían por sus mejillas.
—Greg, que entren los paramédicos, ¡Rápido! —dijo Perla que se acercaba con Garnet a auxiliar a ambas.
—Todo termino chicas —dijo Garnet mientras les sonreía y se arrodillaba a su altura, ayudando a Peridot a levantarse y salir del charco de sangre, al igual que lo hizo Perla con Lapis.
—o—
Los recuerdos siempre estarán en tu memoria, malos, buenos, alegrías, tristezas, llantos, melancolía, todos esos sentimientos evocarás en algún momento de tu vida, trayéndolos a tu presente, tú deber es no torturarte con ellos, porque puede que te hundas en lo profundo de un abismo sin final con tus recuerdos de ancla, no debes olvidarlos porque ellos te dejan lecciones, debes superarlos, eso siempre lo pensó Peridot, quien miraba a Lapislázuli divertida mientras jugaba al béisbol con su gorra, su sonrisa era feliz, sus ojos ya no ocultaban nada, ya no eran cínicos, mostraban vida y calidez.
—¡Peridot! —se lanzó sobre ella.
—Siempre tan oportuna —rio mientras la abrazaba con fuerza— ¿Cómo me dijiste que te llamabas? —le miró divertida, ambas estaban recostadas en el pasto, Lapis encima de la rubia.
—Bob, mi gorra lo dice —se encogió de hombros— no me gusto para nada ese peluche de alíen, me arrepiento de haberlo ganado —hizo una sonrisa torcida.
—Bien Bob, no seas celosa, el alíen no te quitará el lugar en la cama —arqueo una ceja.
—Tonta —la golpeo en el hombro e invirtió posiciones— te quiero Dot.
Azul y verde brillaban, ambas sonrojadas sintiendo sus corazones agitados, su respiración colisionaba formando una, no querían separarse, podían estar así para siempre, siendo esa su forma de reencontrarse y perderse en la profundidad de sus ojos. Lentamente se acercaron fundiendo sus labios, disfrutando del contacto y de la contextura de estos, el viento soplaba en sus rostros y el sol las abrigaba con sus rayos, hasta que el oxígeno les falto.
—Ve a hacer un jonrón, Bob —acarició la nariz con su nariz.
—Ya lo verás, no me engañes con el alíen —rio mientras se levantaba.
—Ridícula —movió su cabeza negativamente y antes que se fuera, la tomo de la muñeca— también te quiero, Lázuli.
—¡Apresúrate! —gritó Amatista.
—¡Dejen de besarse! —gritaron Connie y Steven.
—Son tan hermosas —dijo Perla mientras aplaudía emocionada.
—Ahora son una fusión —les levantó el pulgar Garnet.
Unas sonrisas cómplices y ojos brillantes se despidieron, atesorando ese recuerdo como sólo ellas conocían.
