ADVERTENCIA: MATERIAL COQUETO EXPLICITO.
Ya era tarde, estaba solo en mi cuarto y ya estaba dando por hecho que Ryo-san no se presentaría. Pero, en ese mismo instante tocaron la puerta y me puse nervioso de inmediato. ¿Ahora qué hago? Obviamente abrir la puerta, estúpido. Me conteste a mí mismo.
Abrí la puerta y vi a Ryo-san. Iba a cuestionarme como saludarlo o algo por el estilo pero él entro rápidamente y me beso antes de poder formular un pensamiento coherente, bueno, él fue directo al punto y me dejo bastante en claro que no desperdiciaría esta oportunidad, supuse que así debía de ser, solo dejarme llevar y hacer todo sin siquiera preguntarme si estaría bien o mal.
El me empujo y me acorralo contra la puerta, se pegó a mí, sus labios se movían rápidamente y con precisión sobre los míos, una de sus manos viajo hacia mi sudadera y la metió bajo esta, acariciando mi abdomen. Por mientras, su otra mano se mantenía firmemente en mi hombro.
Yo por otro lado no sabía qué hacer ni dónde poner mis manos, más bien, me concentraba en el beso que manteníamos y en no morir por asfixia. Solté un suspiro y me decidí a moverme. ¿Dónde quería poner mis manos? Me pregunte. La respuesta era clara así que solo lo hice. Puse una de ellas en su nuca, profundizando el beso y dejando en claro que ahora era yo el que mandaba en este. La otra la deje en su cadera pero poco tiempo duraron ahí. Lleve mis dos manos a su cadera y lo apreté contra mí, lo gire y ahora él era el que estaba contra la puerta siendo arrinconado por mí.
La mano que el mantenía apoyada en mi hombro desapareció y la volví a sentir, y vaya que la sentí, cuando ya estaba cerca de mi pantalón, él la movía lentamente, haciéndome desesperar, pero fue mi perdición cuando sentí esa mano ya sobre mi notable erección. La acariciaba sobre la ropa y me robaba suspiros que me obligaron a separarme del beso.
Lo miro a los ojos y casi me congelo, él por lo general no muestra esos hermosos ojos a cualquiera pero en este minuto puedo verlos y están llenos de pasión y excitación. Él comienza a empujarme entre besos y me lanza sobre la cama. Yo solo me dejo, pues, me encanta que él vuelva a ser el que controle esta situación, aunque sé que dentro de poco yo volveré a tomar el mando, por así decirlo.
En cuanto caigo sobre la cama él se pone a horcajadas sobre mí, me quita rápidamente la sudadera, con la cual cometo el error de enredarme, y procede a besar mis labios, viaja lentamente hacia mi cuello y lo recorre, lo marca y muerde más de una vez. Estoy acostado y mis manos están firmes en sus caderas, las dejo bajar por su cintura, termino por dejar una en esta y la otra viajar hasta su trasero, donde me preocupe de masajear y apretar. Cosa que nunca antes había hecho.
Él estaba sentando sobre mi erección y movía sus caderas lentamente sobre esta. Con mis manos lo guiaba y soltaba gemidos en voz alta. Ryo-san soltó una pequeña risa ante esto, la cual, lo único que hizo fue encenderme más, y comenzó a repartir besos por mi clavícula, bajo lentamente, se entretuvo en mi abdomen y se acomodó entre mis piernas. Yo sabía lo que vendría ahora. Me incline hacia adelante para ver que estaba sucediendo ahí abajo y cuando vi como Ryo-san desabrochaba mi pantalón solo lo confirme, arquee mi espalda para ayudar a que el me lo quitara junto con mi ropa interior, admito que me avergonzó estar totalmente desnudo ante él, pero esto paso de inmediato a segundo plano cuando sentí como el comenzaba a besar mi ingle, sin tocar mi erección. Definitivamente me estaba torturando.
Apreté el cobertor de la cama que estaba bajo mío y no sé qué expresión debía estar haciendo pero vi la sonrisa burlona de él. Volví a sentirme avergonzado y lo único que quería era que el procediera porque mi erección me estaba palpitando e intentaba llamar mi atención para que la atendiese.
Me tense cuando sentí que su mano comenzó a masturbarme de manera lenta y luego me relaje, no quería ni siquiera pestañar para no perderme ningún movimiento de él, su expresión de autosatisfacción al ver cómo me tenía a su merced no tenía precio. Y no me importaría repetir esta situación para volver a verla.
- ¿te gusta? – el que use esa voz tan seductora en este minuto solo hacía que me dieran ganas de lanzarlo contra la cama y hacerlo mío de inmediato
- Mierda. Si – mi voz sonó ronca y apenas pude articular palabra. El me regalo una risa traviesa.
Y se me corto la respiración. El acelero el ritmo, no sabía cómo lo hacía tan bien, bueno, claro que si sabía cómo lo hacía tan bien, después de todo él también era hombre, pero aun así, yo también lo era y nunca había logrado una reacción como la de ahora. Definitivamente él debía tener un truco.
Mantenía el ritmo cada vez más rápido, luego iba más lento, apretaba un poco, sin llegar a lastimarme y continuaba aumentando el ritmo. Yo me retorcía de placer y arqueaba mi espalda, ya ni siquiera hacia el intento de reprimir mis gemidos. Y cuando creí que me vendría, y era lo que más quería hacer, el paro. El paro. ¿Por qué me hace estas cosas?
Levante la vista, él sabía lo que había hecho, y no se molestaba en reprimir su orgullo al verme. Yo sabía que tenía una expresión de súplica en mi rostro y, también, sabía que a él eso le gustaba.
- Oh… Ryo-san, por favor – sí, le rogaba que por favor continuase y me dejara venirme. Pero él no tendría piedad. No por el momento.
- ¿Qué quieres Mochi? – se le da excelente este juego de la seducción.
- Sigue con lo que estabas haciendo, por favor
- Mmmh… ¿y no quieres que mejor haga otra cosa? – dios no, el saco su lengua y lamio desde la base hasta la punta de mi erección. No conteste nada aparte de un gemido de aprobación – ¿quieres que continúe?
- S-si – apenas pude decir algo tan simple como un "si" y ya me sentía de vuelta al paraíso.
Lamio la base lentamente y beso la zona, se tomaba su tiempo y a mí me hacía desesperar. Luego, comenzó a subir lentamente por toda mi erección besando, se detuvo especialmente en la punta y con su lengua jugaba allí, mientras, su mano me masturbaba. No durare absolutamente nada si continúo así.
Vi como mi erección desaparecía en su boca, solté un gemido más alto que el resto de los que había lanzado. Era tan tibio y húmedo, él continuaba jugando con su lengua ahí adentro. Sonreí, pues, se sentía de maravillas. Como siempre, el empezaba lentamente para luego subir el ritmo. La habitación se llenó de los ruidos húmedos y mis numerosos suspiros.
Hasta que no pude más. Lleve mi mano hasta el cabello de Ryo-san e intente frenarlo, el entendió de inmediato que iba a venirme, pero aun así, no hizo ni el menor intento de separarse, más bien, acelero el ritmo. Él tenía un pequeño sonrojo, sus ojos los mantenían clavados en mí y soltaba suspiros de vez en cuando también. Entrecerré un poco los ojos y sentí como terminaba por expulsar todo dentro de su boca.
Y otra de las escenas que se quedaron grabadas en mi mente y me negaba a borrar más que nada en el mundo, fue cuando Ryo-san se separó de mí, vi como tragaba mi semen, se lamio los labios y sus comisuras, ya que, habían quedado algunos restos ahí. Gracias a este hermoso y erótico panorama, mi amigo de ahí abajo estuvo contento y listo de inmediato para repetir.
Me concentré en recuperar el aire primero.
Me senté en la cama, ahora yo debía hacer algo, pues, me negaba a dejar que Ryo-san me diese placer y yo solo quedarme allí sin hacer nada. Además, él estaba incluso aun con ropa, lo cual, lo consideraba injusto.
Él continuaba sobre mí, asique, lleve mis manos a su playera y se la quite de inmediato, él se dejó, incluso, levanto los brazos para facilitarme la acción, al hacer esto despeine su cabello y este quedo desordenado, en especial su flequillo. No pude evitar pensar en lo sexy que se veía en ese minuto. Me fije con especial atención en su pecho ¡que ganas tenia de comenzar a besarlo y márcalo por completo, sin dejar ni un centímetro vacío!
Comencé a moverme y me levante de la cama, en el acto girando a Ryo-san y dejándolo ahora a él recostado. Bese su cuello, su olor ya lo conocía de memoria pero aun así lograba efectos en mi como si fuese la primera vez, pase a su clavícula y mordí en esa parte, baje por su pecho deteniéndome ahí unos minutos, saboreando y sacándole suspiros, baje lamiendo hasta su abdomen, volví a morder en la zona donde estaba su cadera. Me enderece y mire mi trabajo. Había dejado numerosas marcas alrededor de todo su cuerpo.
Lleve mi manos hacia su pantalón, dude unos segundos y lo mire pidiendo permiso. Él estaba apoyado en sus codos mirándome, solo asintió y yo continúe.
Desabroche rápidamente sus pantalones y lo despoje de estos junto con su ropa interior. Lo examine por completo, de pies a cabezas y pensé de inmediato que él era, sin lugar a dudas, algo perfecto. Note como sus mejillas se pusieron algo rosadas ante mi acto.
Baje de inmediato y comencé a repartir besos por sus muslos, su piel estaba tibia y era suave, note como el soltaba alguno que otro espasmo por mi contacto, como se relajaba y se tensaba simultáneamente, como su respiración aceleraba con cada segundo que pasaba lamiendo y mordiendo.
Lamí la zona interior de sus muslos y separe sus piernas, el no opuso resistencia alguna, me acercaba entre besos hasta su entrepierna y comencé a masajearlo, él estaba igual que yo hace unos minutos, decidí que debía comenzar a prepararlo, así, al menos, no sentiría tanto dolor. Lleve tres de mis dedos a mi boca y los lamí, no haría que Ryo-san los lamiera ya que este estaba bastante ocupado ya intentando controlar su respiración.
- Esa es una imagen bastante tentadora, Mochi, ¿quieres que cambiemos de roles acaso? – reí. Hasta en situaciones como esta se las arregla para avergonzarme de alguna forma.
- Preferiría que no, estoy disfrutando de esto – dije con sinceridad. Estaba bastante emocionado al tenerlo ahí acostado gimiendo y completamente entregado a mí.
Cuando ya estaba listo, me decidí por entrar uno de mis dedos. El gimió en voz alta por primera vez en la noche, y eso me hizo reaccionar de una forma bastante vergonzosa, si fuera por mí me tiraría encima y no lo soltaría hasta el amanecer pero le daba más importancia a que Ryo-san no sufriera y disfrutara también.
Simule embestidas, el interior de él era extremadamente caliente y apretado, el solo imaginar que mi miembro estaría allí dentro de poco me hacía temblar. Me saco de mis pensamientos una palabra que salió entre los suspiros de Ryo-san, el cual, al mismo tiempo movía las caderas. "otro". ¿Tan rápido? Me pregunte de inmediato, y decidí obedecerle.
Segundo dedo. Ryo-san, gimió un poco más alto y arqueo un poco la espalda, me gusto verlo como se retorcía en la cama. Sentía como mi erección ya estaba de nuevo al cien por ciento, pero ahora estaba ocupado atendiendo a Ryo-san.
Lamí su miembro y los recorrí por completo. Me dedique especialmente a jugar arriba y notaba como el cada vez le prestaba menos atención al dolor que le producían mis dedos. Numerosos suspiros volvieron a salir de sus labios. Abrió más sus piernas y me dio a entender que ya estaba listo para el siguiente.
La vista que tenía en ese minuto era algo inolvidable. Con la mano que tenía libre me dedique a recorrer sus piernas flexibles. Él tenía las suyas en mi cabello, tirando de él, a veces, pero no me quejaba.
Metí el tercer dedo, el gimió fuertemente. Espere a que se acostumbrase, a que el hiciese alguna señal que me indicara que podía comenzar a moverlos. Y así lo hizo luego de mover las caderas, había pasado por unos minutos en que ni siquiera quería respirar de la expectación que sentía. Ahora mis tres dedos bailaban y se movían dentro de él, expandiendo su interior en una constante frecuencia de sacarlos, pero no por completo, y meterlos de nuevo, cada vez más profundo.
Consideré que ya estaba listo, o más bien quise pensar eso ya que no podía aguantarme más, saque mis dedos. Vi como Ryo-san me miro por un segundo con reproche, pero no replico nada. Tome sus caderas y lo acerque más a mí. Me encontraba con las rodillas apoyadas en la cama, me incline para besarlo y volví a enderezarme.
Cuando ya estaba casi por entrar. Él se levantó de la cama, yo no pude evitar demostrar mi anhelo, por un minuto pensé que se había arrepentido, pero no. me dio un beso rápido en los labios y me dio la espalda, se apoyó en sus rodillas, su pecho contra el colchón y sus caderas pegadas a las mías, alzadas. Dios.
Mis manos estaban firmemente en sus caderas, tome mi miembro y roce su entrada con la punta. Solo quería hacerlo desesperar un poco.
- Fuerte – fue lo único que dijo y yo lo entendí de inmediato, en mi mente estaba saltando de la alegría.
- Como usted desee – atine a decir antes de introducir la punta, un calor embriagador me invadió de inmediato, lo había preparado pero aun así allí adentro se estaba muy apretado. Solté un gemido e hice acopio de todo mi control para no comenzar a moverme de inmediato.
Ryo-san estaba controlándose muy bien. Note como se estaba esforzando. Pegue mi pecho a su espalda y bese su hombro, subí por su cuello y me entretuve ahí. Hasta que el me dio la luz verde para comenzar a moverme. Sabía que en no podía moverme rápidamente desde un principio, así que, me moví lo más lento que pude. Se sentía condenadamente genial, tanto, que no podría compararlo con nada más en el mundo.
Sentí como era Ryo-san el que buscaba ahora más profundidad y algo de rapidez, estaba moviendo ahora él las caderas, así que, me puse manos a la obra para satisfacerlo.
Comencé a dar embestidas rápidas y profundas, los gemidos de Ryo-san eran como un combustible para mí. Lo sostenía de las caderas y lo guiaba. Podía ver como él se movía, también, buscando cada vez más. Y yo me esforzaba en darle en el gusto. Besaba constantemente su espalda y me preocupaba de dejar marcas en ella.
Pero no era suficiente. Sentí que algo faltaba. Entonces me separe de él y lo gire en la cama, lo recosté y separe sus piernas, me apoye en mis manos y me acomode para volver a entrar. Ahora si sentí que podría llegar hasta las nubes en cualquier minuto. Ryo-san me abrazaba y sentía como sus manos se paseaban por mi espalda, a veces arañando, sentía su calor y me besaba el cuello. Me envolvió más caderas con sus piernas y arqueaba su espalda numerosas veces. Repartí besos por todo su rostro, por cada trozo de piel que veía y me deje arrastrar por las numerosas sensaciones y sentimientos que me embargaron de golpe.
Entonces sentí como todo mi cuerpo se tensaba exquisitamente, su interior me apretaba y no tenia de otra más que gemir, no es como si pudiese evitarlo ahora, me relaje. Sabía que me había venido. Mi cuerpo estaba agotado pero satisfecho. Sentía como él temblaba bajo mi cuerpo y luego se relajaba también, dejando salir los mejores gemidos de la noche.
Ryo-san intentaba recuperar el aliento. Me besaba de vez en cuando y, aun, me tenía pegado a él, me abrazaba con ambas manos y sus piernas estaban enredadas alrededor de mis caderas, sin siquiera la intención de liberarme. No es como si me molestara, todo lo contrario en realidad. Su sonrisa estaba intacta, me acaricio el cabello y yo lo abrace.
GRACIAS POR LEER.
