Disclaimer: Los personajes no son míos... pero la trama si es mía, aunque esta historia esta hecha sin fines de lucro
Ufff... a tiempo jejeje... mmm... este... bueno... el capitulo ya lo tenía escrito hace como tres días, pero me cortaron el internet, así que mis posibilidades de publicar antes se vieron arruinadas y bueno... aquí estoy otra vez y con otro capítulo ^^
¡Espero que les guste!
La princesa del castillo de oro
Cap. 3
- Me llamo Inuyasha…
La sonrisa de Kagome se apagó… llegó el momento… debía casarse para obtener su libertad… pero ¿Podría ser libre atada a un hombre?
- Sango, ¿Me podrías explicar qué fue lo que sucedió aquí? – murmuró conteniendo su mal humor para que el "huésped" no se incomodara
- Princesa Kagome, no es lo que cree, además, no es el Inuyasha que buscamos, puede que lo que dijo Irasue sea mentira – trató de convencerla.
- ¿Qué buscaron? – Agregó con una voz burlona – soy el único en el mundo, al menos, en este lugar que se llame así, a excepción de mi bisabuelo… - iba a seguir hablando irónicamente cuando la hermosa joven lo interrumpió
- ¿Cómo se llamó él? – preguntó la joven azabache, sabía que no era propio de su educación preguntar de esa forma pero necesitaba saber si era él, del que la bruja le mencionó, aunque, por un lado… no lo veía tan malo… estar casada con un hombre de cabello plateado, algo inusual, al igual que sus orbes doradas que en ese momento la miraban con intensidad y algo de rebeldía
- Su nombre, es, o mejor dicho, era InuYasha Taisho, antiguo marinero en las aguas del Atlántico, que más tarde se convirtió en InuYasha Taisho de Coventree, gracias a que él fue el honorable servidor del antiguo rey, quien no pudo tener hijos y le cedió su lugar a mi antepasado – relató, claro, no iba a contar como fue que el antiguo rey de Coventree conoció a su bisabuelo.
- Entonces, ¿Usted no debería ser un Taisho, también? – preguntó, todo dependía de su respuesta
- Si, lo soy, pero a mi padre no le gustaba aquel apellido por la fama que ganó el padre de mi padre cuando fue marinero, y menos, a mi bisabuela, soy uno de sus descendientes, y ahora que murió mi padre, el rey absoluto de Coventree – mencionó con una sonrisa algo maliciosa, pensaba que si a la princesa le gustaba el oro le encantaría saber que él era rey.
- no… No… NO!... no puede ser usted!, oh por Dios esto es inaceptable! – Inuyasha estaba en un error, entonces lo que dijo la joven Sango era verdad, la princesa Kagome se convirtió en una persona humilde, aunque estaba se estaba olvidando de algo… ellas hablaron de que no era el Inuyasha que buscaban…
- ¿De qué hablan? – miró a Sango por un momento y preguntó – Señorita, ¿De qué habla la princesa?
No hubo tiempo de contestar, la joven azabache se desmayó en el umbral de la cabaña, a plena luz del día
-.-
- Mamá, léeme la leyenda del amor prohibido, por favor – pidió la adorable princesita de 9 años, de cabellos azabaches que le llegaban apenas a los hombros y con los ojos chocolates transformados en los que usa un perrito pequeño– adoro la historia de la bisabuela Aome – mencionó mientras su madre la arropaba en su cama blanca con dosel
- Esta bien Kaggie, pero, ¿Prometes que luego de esto te duermes? – preguntó la adorable reina Naomi, era como la versión adulta de la joven Kagome, sus ojos marrones junto a su cabello azabache completamente ondulado la hacían ver más joven de lo que era, pero eso no fue precisamente por lo que el rey la desposó.
- Sí mami – respondió la jovencita, mostrando sus blancos dientes a través de su radiante sonrisa.
- Haber… - la reina se acomodó a su lado y empezó a relatar- "Había una vez, una mujer de una belleza incomparable. Tal era la situación que muchos de los hombres que la cortejaban pensaban que en verdad era un ángel caído del cielo, lamentablemente, el padre de esta no dejaba que ningún caballero se pasara con ella más de la cuenta, quería mantenerla pura y casta hasta el día se su casamiento, pero un día, no la encontró en su habitación como era costumbre, el capitán de un barco se la robó para tenerla como botín en aquel lugar…
- Mamá, omite los detalles, solo ve a la parte del romance… ¿Sí? – preguntó Kagome tan emocionada como siempre.
- A eso iba hijita – mencionó con una leve risa – Haber… ¿Dónde me quede?... Ah, si… aquella mujer una noche en la que iba a tirarse del barco, se encontró con uno de los marineros que cuidaban el lugar, al mirarse, ambos se enamoraron con una inmensurable fuerza y pasión. Cada día, ellos con una sola mirada se decían todo, ya sabían el sentimiento que guardaban el uno por el otro, así que en ello no había problema. Cuando el barco tocó puerto, aquel marinero se llevó a la mujer de nuevo a la tierra en donde pertenecía. Cuando el padre de la joven se enteró de que un tripulante del lugar donde la secuestraron, la llevó de nuevo a palacio, enfureció y desterró al joven para siempre, pero hay personas que decían que la joven tenía un túnel secreto bajo su vivienda, con el que cruzaba prácticamente, todo el país para verse con aquel joven que robó su corazón.
- Ellos dos se querían mucho, ¿No mami? – preguntó la niña con los ojitos entrecerrados.
- Claro que si Kagome – fue lo que le respondió, antes de que la niña quedara profundamente dormida
-.-
- ¡Por fin despiertas! – escuchó una voz, no sabía a quién le pertenecía, pero era de mujer. No podía enfocar muy bien el lugar, sus párpados le pesaban como si tuviera concreto en ellos. – Princesa Kagome, ¿Está usted bien? – Kagome quiso responder pero sus labios se negaban a responder a su mandato, es como si ella no tuviera posesión de su propio cuerpo, sentía que estaba acostada en su mullida cama de plumas… con eso fue obvio pensar que se encontraba en su dorada habitación, ya que ninguna otra habitación, a excepción de la de Sango, tenía un colchón y una almohada, hechas de plumas de ganso.
- Mioga, tú sabes algo de medicina, por favor, ayúdala – esa voz, era… era del tipo con el que tenía que casarse… le dijo que su bisabuelo fue marinero, y la historia que le contaba su madre de pequeña era de su bisabuela, ¿Acaso los protagonistas de aquel cuento con final de leyenda, eran ellos?... Entonces Irasue sabía que esto pasaría… sabía que la historia podría repetirse en el futuro con un desenlace diferente… pero ¿Cómo pudo saber ella sobre aquella historia?... Su cabeza le dolía de tanto pensar… hasta que sintió que algo frío cubría su frente.
Empezaba a recobrar el movimiento de sus extremidades, lentamente abrió los ojos, encontrándose con un par dorados, mirándola, examinándola ¿Tenía cara de payaso o qué?, movió la cara y a un lado estaba Sango con una cubeta de agua en las manos, pero al lado de ella había otra persona, un anciano… algo dentro de ella le decía que lo conocía, no sabía de donde, pero sabía quién era…
- ¿E-eres tú?... ¿Mi-Mioga?... – balbuceó la joven.
Inuyasha se sorprendió y miró al anciano, con una cara pálida y ojos muy abiertos… ¿Cómo es que ella conocía al viejo?... Se supone que la joven no podría salir de la isla, así que no tenía una explicación lógica para que ella sepa de él…, entonces…
- Sí, soy yo, jovencita Kagome – murmuró Mioga.
Hubo un gran silencio antes de que Kagome se acurrucara en su cama, como si hubiera visto al mismísimo diablo en persona.
- ¡Aléjate!
- Princesa, ¿Qué la pasa?, él solo es un pobre viejecito – trató de tranquilizarla Sango
- No, no… tu no lo entiendes… él – apuntó a Mioga – era el acompañante de Irasue, él la ayudó a embaucarme con todo esto, por la culpa tengo que casarme con este… este… torpe rey – dijo refiriéndose a Inuyasha, pero inmediatamente se volvió hacia Mioga – Dime tú, ¿Quién le dijo a Irasue sobre la historia de los enamorados?... Fuiste tú, ¿Verdad?... porque, tú sirves a la familia Taisho, y ella no tenía forma de saberlo, a menos de que se hubiese metido en mi memoria…
- Si, fui yo, pero créame señorita Kagome, que esto estaba escrito en el destino, estaba escrito en la Shikon – dijo con un tono de arrepentimiento
- ¿Qué tiene que ver la Shikon en todo esto? – preguntó Inuyasha, claro que conocía la historia de la famosa perla que concedía deseos… y dejaba ver el futuro de la persona que lo poseía.
- Señor Inuyasha, señorita Kagome… ustedes estaban destinados a estar juntos por mandato de la Shikon, yo busque la perla junto a Irasue, ambos vimos lo que sucedería si ustedes no estaban juntos…
- ¿Qué de malo puede tener que no me case con este… tonto? – musitó
- Hey… más respeto jovencita, le hablas a un rey – habló con orgullo de su posición social
- Por favor, tenemos la misma edad, así que no te creas el supremo Dios de todo el universo – le volteó la tortilla… claro, tenían la misma edad – eres demasiado inmaduro para ser rey.
- Y tú demasiado envidiosa por qué no lo eres – trató de devolverle el intento de insulto
- Reino aquí, además, no voy por ahí restregándole a todos que soy una princesa en un lugar y reina en otro – dijo, dejando perplejo al joven rey – Ahora… Mioga, dígame todo lo que sabe sobre lo que vio de… nosotros – dijo, apuntándose a sí misma y al su "futuro" esposo.
- No puedo hacerlo – se negó el viejo
- ¿Por qué? – trató de entender, Inuyasha estaba perdido en la conversación y todo lo involucrado a su sirviente… no puede creer que todo este tiempo haya estado en su palacio, cuidando de él cuando era un crío, pero ahora… no entiende mucho la situación
- La joya nos dio una advertencia, si divulgamos lo que vimos, nos convertiríamos en piedra – dijo con pesar – Además, no pueden negar que ustedes son el uno para el otro
- ¿Pero qué dices viejo? – Hablaron al mismo tiempo - ¡Deja de copiarme! – Sucedió de nuevo - ¡Torpe! – ambos parecían un coro, se miraban con rabia, como si quisieran desprenderse de su animal interior pero no pudiesen…
Sería un gran… GRAN… trabajo hacer que esos dos juntos estén juntos, antes de que las guerras entre los Taisho de Coventree y los Higurashi de Aragón sepan que lo que la bruja Irasue hiso todo este tiempo por ambas familias.
Les gusto? Sí? No?
Graciias a todos por sus reviews! saben que los adoro a todos :3
BYE
By: valeaome
