Disclaimer: Los personajes no son míos... pero la trama si es mía, aunque esta historia esta hecha sin fines de lucro

Lamento tardarme tanto T-T

Pero por fin les traje el capítulo 10 así que... Gócenlo mientras puedan... MUAJAJAJAJAJAJAJA... naaaaa... es una broma :3


La princesa del castillo de oro


Cap. 10

Se sentía muy sola en el gran castillo, a pesar de estar rodeada de muchas personas.

Le hacía falta Inuyasha.

Hace tres meses, su adorado esposo la había dejado para ir a buscar a sus padres, los señores Higurashi, mientras que Mioga iría por el hermano de Inuyasha… se enteró dos días después de lo sucedido con la fuente, que los padres de su marido habían muerto.

Obviamente ella había tratado todo para acompañarlo, pero no… el señor Inuyasha Taisho prefería irse solo para que su embarazo no se viera afectado.

¡Ni que estuviera paralítica!, además, ella sabía el lugar exacto en donde sus padres vivían, pero no… Mioga tenía que abrir la boca y mostrarle un mapa mostrándole por dónde tenía que ir el barco para llegar al lugar.

Tres meses antes…

– Te dije que voy contigo Inuyasha – espetó la mujer de disimulada pancita. Este aún no crecía lo suficiente como para que se notara a leguas, y si alguien la mirara de cerca solo podría pensar que la princesa -ahora reina- tiene un ligero aumento de peso, pero no se imaginarían que ella estaba embarazada.

Y si se enteraran de ello, no se imaginarían el suplicio que el rey pasaba todas las mañanas para complacer a su mujer…

No Kagome, el mar es traicionero, no quiero que pongas en peligro al bebé – no quería dar mil explicaciones más, por lo que prefirió decirle las principales.

Yo se cuidarme, además, yo sé algo que tú no.

¿Qué cosa? – nació su curiosidad… y eso era lo que ella quería.

No sabes dónde viven mis padres – se burló… ahora sí la llevaría con él.

Señor Inuyasha – entró Mioga al despacho – disculpe que me entrometa, pero su barco está listo para zarpar, yo saldré en una hora.

Se va a retrasar mi salida Mioga, no conozco el lugar y quiero verificar que todo sea seguro para llevar a mi esposa…

Señor, yo sé el lugar exacto, si quiere le puedo prestar uno de mis mapas antiguos para indicarle por dónde ir – explicó el anciano.

Gracias Mioga… esta vez se dirige hasta su esposa ¿Ya vez?, no es necesario que me acompañes, no sabes cuánto me estaba preocupando.

¿Es que acaso no me quieres cerca Inuyasha? – empezó a derramar algunas lágrimas.

No Kagome… va a hasta ella y la abraza – No digas eso, lo que sucede es que los quiero demasiado a los dos como para arriesgarlos, quiero que mi bebé nazca sano y salvo, y sobre todo no quiero que tú corras peligro.

¡Ella no iba a correr peligro!, ¿Ya dije que no estaba paralítica?, ¿No?, bien… ¡Ni que estuviera paralítica…

En fin, después de haberse despedido de Inuyasha, entre lágrimas, sollozos y más lágrimas, no volvió a tener noticias de él, ni del viejo Mioga.

No podía parar de pensar en aquella noche, si él estaba bien, si ya había llegado… todos sus pensamientos se agolpaban en su mente causándole una punzada en la cabeza. Al parecer, sería otra noche más sin dormir.

Se levanta de su cama, dispuesta a recorrer el castillo en busca de algo que la ayudara a conciliar el sueño, cuando, siente un ligero aroma a rosas.

Se da cuenta que el olor a rosas, no sólo está en su cuarto, por lo que, se levanta, se pone una bata blanca y abre la puerta.

El olor solo está para el lado derecho, no para el lado izquierdo… como si le indicaran que camino debería seguir.

Caminó y caminó, hasta que llegó a la fuente de la luna, en la que el agua brillaba como si reflejara la luz de la luna en una noche sin ella.

Se acercó lentamente y vio a la bruja Irasue, quien, al verla acercarse, abrió los ojos, como si se hubiera dormido al esperarla.

Nunca había estado ahí sola, siempre había estado con Sango, o Inuyasha -y en algunas veces Mioga-.

A medida en que ella llegaba hasta el borde de la fuente, la bruja abría sus ojos como si la hubieran despertado de su letargo.

– Kagome… – murmuró al ver a la reina. Su voz algo grave, la hizo sentir a Kagome escalofríos y un mal presentimiento.

– ¿Sí? – Pregunta temerosa – ¿Qué sucede? – fueron las únicas palabras que lograron salir de su boca ante las circunstancias.

– Tienes que ir en busca de tu esposo… está en peligro…

– ¿Por…

– Mioga, al zarpar, tomó el mapa equivocado, y el rey, se llevó otro… se dirige hacia una isla… si él pone un solo pe allí, estará muerto.

– ¿Qué peligros…

– Los primeros que sufrirían serían los tripulantes del barco… Las sirenas… ellas los llamarían con sus hipnotizantes cánticos y ellos reaccionarían al instante, caminando hasta el borde y tirándose a por ellas, pero, si tu esposo te ama tanto como dice, no surtiría efecto en él, pero… si no…

– Correría la misma suerte que los demás – dedujo.

– Exacto… debes ir por él cuanto antes.

– ¿Y mi hijo?

– Debes decidir Kagome… el barco de Inuyasha de Coventree se acerca cada vez más a aguas peligrosas, este es otro de los desafíos de la perla… Estaba marcado en el destino de ambos… – con lo último, se desvaneció completamente y la fuente dejó de usar el perfume de las rosas a su alrededor.

Kagome estaba en una encrucijada…

-.-

Abre los ojos.

Estaba sudando y temblaba a causa del frío que se colaba por la ventana.

¿Acaso fue un sueño todo lo dicho por Irasue?

Estaba marcado en el destino de ambos…

Marcado…

Este es otro de los desafíos de la perla…

¿Desafío?... A su bebé le quedaban meses por nacer… sería demasiado arriesgado si… no… ella tenía que cuidar a su hijo-o hija- en un cálido lugar, donde no pueda tener ninguna preocupación y… ¡Maldición!... Más grande la preocupación que sentía ahora… no… no podía quedarse ahí y comerse las uñas, tendría que ir y rescatarlo, aunque sea una mentira… Iría hasta el fin del mundo por él…

Se levantó de su cama y caminando entre las penumbras llegó hasta la habitación de Sango.

– Sango… – la movió ligeramente, mientras la susodicha susurraba incoherencias – Sango, es urgente… levántate – y observó como la chica abría sus ojos marrones con dificultad.

– ¿Qué horas son estas para…? – preguntó, sentándose, pero, una vez recuperada la vista en su totalidad se dio cuenta de a quién se dirigía – Lo siento reina Kagome, no fue mi intención…

– Sango… llama a todos, mañana en la mañana nos vamos de aquí.

– Pero…

– No hay peros… Inuyasha está en peligro – dijo con seriedad ara luego retirarse a sus aposentos a cambiarse de ropa, la joven castaña se levantó y se colocó su ropa lo más rápido posible para acatar las órdenes… ¿Qué habrá hecho que la reina tome aquella decisión?

– Señor Mioga…

– Dime Bankotsu, ¿Qué se te ofrece?

– Debemos buscar al rey… cuanto antes – murmuró desesperado, mientras caminaba de un lado a otro.

– Bankotsu, ya llevamos un largo recorrido y…

– ¡Se equivocó de mapa señor! – lo soltó todo en un grito en que todo el barco resonó.

– ¿Qué dices muchacho? – su corazón latía fuertemente, sentía que, a pesar de haber sorteado la muerte muchas veces, de esta no se salvaría.

– Señor Mioga, cuando fui a buscar el mapa para llegar directamente al puerto del hermano de nuestro rey… pues, lo que me encontré fue el mapa en que se indicaban las coordenadas para llegar a los padres de la reina.

Mioga comenzó a caminar hasta el timón.

– ¡Todos, cambiamos la ruta! – Lo movió en dirección noroeste – ¡Cuando les avise se esconderán!... en este momento… Iremos a ver a Tsubaki Diams, madre de las sirenas en Mermaid Island – demandó, viendo a todos correr de un lado a otro.

Todos escucharon historias sobre ella y sus hijas… y ninguna… contaba con finales felices.


¡La travesía comienza! ¿Kagome irá por Inuyasha?

¿El viejo Mioga se equivocó a propósito?, ¿Actualizaré más rápido?

Todo eso y más en el fic "La prrincesa del castillo de oro"

Gracias por los reviews... dejen más please...

Las veo luego! ^_^

BYE

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