Disclaimer: Los personajes no son míos... pero la trama si es mía, aunque esta historia esta hecha sin fines de lucro

Por fin pude traerles un capítulo en poco tiempo :D :3, pero con el capítulo anterior me inspiré lo suficiente como para 3 capítulos :3 así que el siguiente lo tendrán muy pronto -el problema es la escuela, no soy nada organizada, ese es mi problema- así que en cuanto tenga un tiempito lo subo, ¿Sí?

Por sea caso, antes de que lean, se van a confundir un poquito, por lo que les voy a decir que:

1.- Si ven el nombre InuYasha el león plateado o InuYasha(en cursiva), es el bisabuelo del rey Inuyasha.

2.- Si ven el nombre Aome(en cursiva), es la bisabuela de la reina Kagome

Espero que hayan entendido :D :p

Ahora sí, pueden leer...


La princesa del castillo de oro


Cap. 12

– Tú no puedes estar libre… – como un loco, movió su cabeza en señal de negación – Si estás libre quiere decir…

– ¿Que alguien debe tomar mi lugar?... Sí – la sonrisa se desvaneció – ¿Esto no era lo que querías Mioga? ¿No querías verme libre?... ¿No querías que yo… tu hija e hija de Irasue quedara libre luego de haber hecho lo que hicieron?

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– Sabes tan bien como yo, que eso no fue culpa mía – el anciano tembló – Irasue tomó la decisión sin consultármelo.

– Claro… Irasue, una bruja con poderes que no podían superar a la Shikon, se maldijo a sí misma y a ti, solo por querer robarse la perla…

– Kanna, Irasue pensó que la Shikon le decía la verdad, pensó que aquella vez, cuando la Shikon le había pedido a un alma pura con tal de conceder sus deseos, ella podría ser más poderosa aún, pensó que podía hacernos inmortales, pensó que ambos podríamos tener todo lo que quisiéramos, tierras, riquezas, todo.

– Ella no sabía que al ofrecerme a la Shikon, esta le concedió uno de sus deseos… ser inmortal… pero no la hizo inmune, le concedió poderes más allá del conocimiento de los humanos, pero siempre y cuando, les hiciera un bien, para poder aportar en la sociedad como el milagro de una persona desinteresada, no le dio tierra ni riquezas, pero la perla sabía que con lo que le había dado era suficiente y luego de mantenerme como su guardiana, dejó que yo pudiera salir, siempre y cuando encuentre una persona de alma pura y sincera.

– Pero eso es difícil, con tantas personas de malos sentimientos que matan, roban…

– Ahí reside un alma pura. No todas las personas malas actúan porque en verdad lo son, si no por un motivo. Un hombre pobre puede matar a un banquero para vengar un bien, un hombre puede robar para darle de comer a sus hijos, en fin…

– Supongo que ya encontraste un alma, ¿Verdad?

– Sí, pero todo se me complica – dijo ella para voltearse y caminar hacia una de las escotillas, fijándose en los leves movimientos de las olas – El destino de tus reyes es difícil de predecir.

– Pero la Shikon me dijo…

– La Shikon te mintió – se quedó callada un minuto y volvió a hablar – Te dijo lo que quería que les digas, mas no la verdad. – volvió a quedarse callada y volteó a mirar a Mioga – Tú conoces bien la leyenda de InuYasha y Aome, porque tú le tenías aprecio a InuYasha El león plateado, por ello le dijiste a Irasue que le lanzara un hechizo a el rey de Coventree para que no pudiese tener hijos, dejando como heredero a su fiel sirviente sin saber, claro, de su reputación como marinero, o más bien, como pirata, porque querías que tu amigo fuera feliz le dijiste a Irasue que construyera un túnel mágico bajo la habitación de Aome para que pudiera ver al León plateado, lástima que ella fuera comprometida con un príncipe y con el tiempo diera a luz a una hermosa niña, la abuela de Kagome.

– Kanna…

– Y como El león plateado, convertido en rey, pensó que su adorado amor lo había traicionado, se casó con una doncella, dando a luz a un niño de cabello plateado y ojos dorados, el abuelo de Inuyasha – dijo mientras se paseaba por la estancia a una debida distancia de Mioga.

– Kanna…

– Por tu culpa Kagome fue llevada a vivir en una isla desolada con un castillo de oro, por tu culpa, Inuyasha había perdido a Kikyo, te disfrazaste de ladrón para matarla sin compasión, aun sabiendo que ella no tenía la culpa de que su alumno se enamorara de ella, por ti, el cuadro maldito cayó a manos de Inu Taisho, consecuentemente, Inuyasha la vio, por ti, ellos dos se casaron, por ti, él está cerca de Mermaid Island y Kagome está sacrificado la vida de su bebé para rescatarlo.

– ¿Qué dijiste?... Kagome no puede…

– Claro que puede, por ello me dirijo a su encuentro.

– Espera… ella es…

– No, ella no, su bebé será quién tome el lugar que le corresponde en la Shikon, será mi reemplazo.

– Kanna, no le puedes hacer algo así a un recién nacido. Irasue había dicho que si las dos familias no conocían al bebé a la vez, la perla tomaría cartas en el asunto.

– Te lo dije, La Shikon cree que el destino de ellos es impredecible, no los quiere juntos.

– ¿Por qué? – preguntó Mioga, harto de tantos rodeos.

– ¡Señor Mioga! – se escuchó la voz de Blass.

– Hasta luego… padre – susurró Kanna y se evaporó en el aire. La perla dejó de brillar y se convirtió en un collar de cuentas blancas y negras.

La puerta se abrió de golpe.

– ¡Señor Mioga!, el barco está vacío – le dijo el joven, observando como el anciano observaba un collar y se lo colocaba en el cuello. – ¿Señor Mioga?

– Vamos de nuevo al barco, tenemos que ir a por el rey, está en un grave peligro.

-.-

– ¡Tierra a la vista! – gritó un joven con un catalejo desde el punto más alto del navío.

– Señor Inuyasha, estamos llegando a Mermaid Island, será mejor que paremos aquí, todos están asustados y se reúsan a seguir avanzando.

– Diles que cada que se oponga será lanzado al mar, no podemos desistir de la ruta trazada – dicho esto, volvió a dirigir su mirada hacia su destino…

-.-

– Señora Kagome – la llamó Sango.

– Dime Sango, ¿Qué sucede? – preguntó al observar el tumulto en la cubierta.

– Se ha encontrado a un hombre en un bote, estaba completamente desmayado y lo hemos subido al barco, será mejor que lo vea – dijo la castaña sumamente preocupada, mientras la tomaba de la mano y la llevaba al lugar del suceso.

Un hombre de cabello negro amarrado en una coleta pequeña se encontraba acostado en la madera. Vestía con una camisa blanca y, un saco y pantalones azules completamente mojados y sucios.

Un hombre llevó en un recipiente de oro, una sustancia maloliente y la colocó bajo la nariz del extraño, que inmediatamente comenzó a murmurar palabras sin sentido.

– No… a mi hija no… no pueden… hija… déjenme…

– Señor… – se arrodilló a su derecha Kagome, mientras Sango hacía lo mismo al lado izquierdo, colocando la cabeza del hombre en su regazo colocando su mano en su frente.

– ¡Santo Dios!, ¡Este hombre está hirviendo!

El joven abrió sus parpados, dejando que sus ojos azules se dilataran por la intensidad de la luz, demostrando la hinchazón de estas.

– ¡Cuidado con las sirenas! – gritó, tratando de sentarse rápido, provocando que golpeara a Sango, quien, se había agachado para observarlo mejor – No confíen en ellas, al observarlas solo tienen que pensar en aquello que más aman – dijo tocándose su frente lastimada para volver a desmayarse.


¡Apareció Miroku! Wiiiiii *_*

¿No creyeron que iba a dejar a Miroku fuera de la historia, verdad? :p

¿Qué pasará después?

¿Miroku tiene una hija?

¿Qué le pasará a Inuyasha?

Averiguenlo después aquí en el fic:

"La princesa del castillo de oro"

Gracias por los reviews... dejen más please...

Las veo luego! ^_^

BYE

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