Disculpen por la demora, es que tuve que hacer un proyecto en grupo para el área de ciencias y tuve que hacer reuniones para hacer todo y me ha quitado mucho tiempo... En fin, he decidido que los capítulos de aquí en adelante sean más largos y también quiero hacer una aclaración: Como sabrán, para quienes han leído, combino el mundo Pokémon con el real.

¡Por fin! Un summary digno. Considero que este capítulo estará un poco más interesante que los demás.

Disclaimer: Pokémon no es mío, es de Satoshi Tajiri y Nintendo.

Otra vez tenía un sueño, realmente ya me estaba cansando de tenerlos, en donde veía a mis padres hablando pero no estaban en casa, estaban en alguna parte del bosque.

―Debemos evitar discutir cuando nuestro hijo este cerca― Dijo madre furiosa.

Mi madre cruzó los brazos y miró hacia mi padre esperando una respuesta.

―Lo intento, pero me es imposible actuar con calma con todas las deudas que tenemos― Respondió mi padre.

―Sí, pero debes hacer un intento... ¡Por Nate!

Ambos se abrazaron pero algo no cuadraba, mi padre no era tan amable (en estos últimos días no) además veía algo en el bolsillo del pantalón de mi padre, pero no lograba verlo porque estaba lejos. Seguí observando la escena e intenté acercarme y me asusté al ver lo que mi padre tenía en el bolsillo.

― ¡E-E-Es una pistola! ¡No! ¡No lo hagas, padre!

Mi padre sacó el arma, le apuntó y disparó... justo en el momento que disparó me desperté.

― ¡Mierda!... Acaso pasó o simplemente habrá sido una pesadilla.

Obviamente al principio creí que se trataba de una pesadilla pero, solo para estar seguro, decidí comprobar si mis padres estaban en casa.

Abrí la puerta y no escuché nada, esto ya me daba una mala espina. Me dirigí al cuarto de mis padres y pegue el oído a la puerta para escuchar si estaban roncando o algo.

No escuchaba nada...

Lo único que me quedaba para comprobar si es que estaban en el cuarto era hacer ruido para que se levantasen. Puse un plan en marcha, me dirigí a la cocina, agarré unos platos y los rompí... No hubo respuesta.

― ¡No! ¡No puede ser verdad!... Entonces lo que vi debió ser real, pero es imposible... ¡Solo era un sueño!

Debía huir, pero antes tenía que comer algo. Me moría, literalmente, de hambre. Busqué en la alacena y logré encontrar un paquete de galletas, bendije mi suerte y empecé a comerlas rápidamente.

Luego de terminar con las galletas subí al cuarto de mis padres e intenté abrir la puerta pero estaba cerrado con llave. Bajé a la cocina y agarré un sartén, me dirigí otra vez hacía la puerta de mis padres y empecé a golpearla. Después de un minuto de golpearla, no mostraba signos de debilitamiento así que decidí darle una patada con todas mis fuerzas... y funcionó, aunque me dolió la pierna después de unos segundos.

Como me temía, mis padres no estaban. Ahora tenía que comprobar una cosa más, abrí el baúl en busca de las pistolas que tenía mi padre... y solo encontré una.

― ¡No, mierda! ¡NO!

Todo lo que vi en mi sueño debió ser real. No me lo creía pero todo apuntaba a ser verdad, debía escapar pero... ¿a dónde?... No importaba, cualquier lugar será mejor que este.

Miré la pistola que tenía a la mano.

― Será mejor que la lleve...

Disiparé al techo para saber si tenía munición... nada. Busqué profundamente en el baúl para ver si había algunas balas y las encontré, las agarré y me dirigí hacia mi cuarto. Agarré mi mochila y saqué los cuadernos que había en ella, puse la pistola junto con las balas y encima puse la poca ropa que tenía y mi MP3 con su cargador, lo más probable es que no lo usaría pero prefería llevármelo.

― Bueno... nunca espere que este día llegase, pero debo hacerlo.

Un momento de silencio por mi madre que, supongo, está muerta... Miré la hora al salir, era las doce con cuarto. Bajé las escaleras y abrí la puerta. Se había formado una densa niebla por toda la casa y, he de suponer, por todo el pueblo.

― Debe ser porque estamos cerca al mar...

Escuche el sonido de unos pasos. Debía ser él... debía ser el asesino de mi madre... Se me vino un ataque de furia pero logré controlarme, preferí huir a que luchar contra mi padre; él tenía un arma cargada mientras que yo no.

Corrí en dirección en donde creí que estaba el bosque, al parecer, él logró escucharme porque disparó contra mí, tal vez pensando en que era un ladrón o algo peor...claro, eso era lo que quería pensar.

Ya lejos de la casa, me senté e intenté tranquilizarme, el corazón me latía tan fuerte que creí que se iba a salir. Miré hacia mí alrededor, la niebla estaba un poco menos densa así que me di cuenta de que estaba al borde de una colina y más abajo había un río.

― ¡Un poco más y me caía al río! ¡Qué suerte la mía!

Abrí la mochila y revisé si todas las cosas que había guardado están en su lugar. Busque la pistola y las balas.

― ¿Cómo se recargaba esta cosa?

Intente sacar como sea el cargador pero como no lograba mi objetivo decidí guardar todo y me puse a pensar sobre qué camino debería tomar. En el momento que me levantaba alguien me impactó y ambos empezamos a rodar por la colina.

― ¡Porque a mí! ― gritaba cuando estaba cayendo por la pendiente.

Seguíamos cayendo y luego hubo un momento en que me detuve, por suerte me había caído en la ribera del río pero el otro... no tanto; debió ser un Pokémon; sí, de eso estoy seguro; los colores que había reconocido en él eran el azul y el negro.

Por alguna razón, mi instinto me decía que tenía que rescatar a ese Pokémon.

― ¡Pero te vais a mojar!

Por alguna razón, no le hice caso así que dejé mi mochila y me lancé al río. Fue algo difícil alcanzarlo porque mi pierna me seguía doliendo pero ayudó el hecho de que nadaba a favor de la corriente. Lo agarré con uno de mis brazos y con mucho esfuerzo lo llevé a la ribera.

El frío que tenía era inmenso y además me encontraba más exhausto, sí que dormiría bien esta noche... Miré al Pokémon que había rescatado y me di cuenta que lo había visto en la portada de la película ocho junto con Mew pero no me recordaba su nombre, también me di cuenta que no poseía los pinchos que lo caracterizaba y además tenía algo interesante...

― Qué raro, ¿para qué necesita un sombrero un Pokémon?

Le quité el sombrero y lo miré con detenimiento. Parecía bastante usado y tenía un logo que no podía reconocer; decidí probármelo y me quedaba... qué casualidad. Miré otra vez al Pokémon.

― Me parece que este Pokémon es más grande que el de la película.

¡Obvio!, no todas las personas miden igual y eso se aplica también a los Pokémon... creo

― Supongo que tienes la razón pero me parece mucho más grande; es más, creo que tiene mi misma altura.

Después de medirme con el Pokémon, me di con la sorpresa de que sí tenía mi misma altura. El Pokémon seguía inconsciente por lo que supuse que se habría ahogado... No iba a dejarlo morir. Mi esfuerzo por salvarlo habrá sido entonces en vano.

Puse mi cabeza en el pecho del Pokémon, aún se podían escuchar sus latidos pero eran débiles. Ya sabía qué hacer, vi suficientes películas para saber que se tienen que hacer en estos casos; puse mi mano sobre el centro del pecho y procedí a comprimir y también a darle respiración boca a boca, aunque me dio un poco de asco al principio. Luego de estar haciéndolo como por un minuto escuché que tosió y logró despertarse; al verme me golpeó en la cara y corrió.

Estaba tirado en el suelo y aún con el dolor que me produjo su golpe me dije: "Y después de tomarme tantas molestias... se levanta y me da un golpe..."

¡Que poético!

― Cállate.

Pensándolo mejor, me pudo dar un golpe más fuerte pero no lo hizo, ¿por qué será? Tal vez simplemente para huir o tal vez simplemente habrá sido una reacción rápida, nunca lo sabré.

Me levanté y me di con la sorpresa de que el Pokémon que había salvado me observaba

― ¡Que quieres! ¡Acaso no te bastó con que haya salvado!

Devuélvamelo ― Dijo el Pokémon.

Tenía una voz algo grave el Pokémon.

― ¡No tengo nada tuyo!

En eso se equivoca, tiene mi sombrero.

― ¿Y si no lo quiero devolver?

Entonces me veré en la posición de atacarlo.

Esperen un momento... ¡El Pokémon me está hablando!... ¡Pero es imposible! A menos que esté... en sueño; no, no estoy soñando, sino ya me hubiese levantado.

― Espera.

¿Qué pasa?

― Antes que se le dé el sombrero, quiero preguntarle, ¿por qué lo quiere?

El Pokémon me miro de una manera diferente... no sé cómo decirlo, pareciera como si me odiase por hacerle la pregunta. Después de un tiempo me respondió:

Es el último regalo que me dio mi entrenador...

Se sentó y agachó su cabeza. No creo que lo haga... me equivoqué... empezó a llorar. No sabía que podía herir los sentimientos de un Pokémon tan fácilmente. Me acerqué lentamente hasta estar a su costado.

― Lo siento... no era mi intención...

¡No! ¡No es su culpa! ¡Él me dijo que no debía ser débil!...

Siguió llorando; su voz había cambiado ligeramente. Me compadecí de él... ¿o tal vez ella?

― Lo siento... de verdad... Mejor será que me vaya.

Me quité el sombrero y lo dejé a su costado. Me levanté para irme. ¡Maldita sea! , tenía frío por la culpa de la ropa mojada pero no podía quitarme la ropa, hubiera tenido más frío en ese caso. Camine de vuelta hacia donde había dejado mi mochila; mientras caminaba sentí que alguien me seguía pero al girarme no vi a nadie.

― Debe ser mi imaginación.

Sin embargo cada vez que seguía para adelante sentía esa sensación pero ya no volteaba, tenía que encontrar mi mochila o si no me congelaría.

Cuando por fin llegué a mi mochila, me abalancé contra ella, busque ropa y me cambie rápidamente. Cuando terminé de cambiarme noté que un par de ojos rojos que me observaba en un arbusto cercano.

― ¡Por qué me sigues!

El Pokémon salió, con una voltereta, de su escondite.

¡Es que usted me salvó!

Y dicho eso, se me acercó y me dio un abrazo, suerte que no tenía su pincho en el pecho o si no hubiera sido fatal. Un poco raro se sintió; no estaba acostumbrado a un abrazo de un Pokémon que midiera casi como yo.

¡Gracias!

Y aún más raro me parecía que me dijeran eso. Ya había pasado como un minuto cuando le dije:

― Eehh... ¿y cuando vas a dejar de abrazarme?

Perdón ―me soltó y añadió ―. Los sentimientos me jugaron en contra.

― Aun no entiendo algo...

¿Que no entiende?

― ¿Porque me dijo la verdad sobre el sombrero? ¿Por qué no simplemente me mentía?

¿Qué es eso de mentir?

― Estas de broma, ¿verdad?

No bromeo.

― Te lo digo más tarde.

¡Dígamelo ahora!

―... es cuando una persona no dice la verdad.

¡Pero por qué alguien haría eso!

― ¡Bienvenido al mundo real! Aquí las personas mienten a diestra y siniestra y hay muchas razones por la cual alguien puede mentir.

¿Cómo cuáles?

Miedo, por necesidad, hay quienes lo hacen por cinismo y otros para ocultar los errores... en fin hay muchas más.

¿Y usted me está mintiendo ahora?

― No, es más, creo que era mejor que lo supieras.

Agarré mi mochila e hice el ademán de irme.

¿A dónde va?

― A cualquier parte.

¿Por qué?

― No debería interesarte...

¡Pues si me interesa!

― No sabría si decirte curioso o entrometido...

Creo que sería "curiosa o entrometida"

Ahora sabía que el Pokémon era hembra.

― ¿Alguna vez te han dicho que eres preguntona?

Mi anterior entrenador me dijo muchas veces eso.

― Fue un gusto conocerte, de verdad, pero ya tengo que irme.

Empecé a caminar pero a los pocos pasos que di ella exclamó:

¡Quiero acompañarlo!...

Yo volteé, sorprendido de lo que dijo.

― ¿De verdad?

Un sí tímido obtuve de la Lucario, me acerqué a ella. Mi primer Pokémon... y sin usar una pokebola.

Caminábamos por el bosque, yo todavía tenía la ropa mojada en mis brazos, y Lucario me preguntó:

¿Que hace una persona por el bosque a estas horas? No es cazador, ¿verdad?

― Bueno... ya que tú fuiste sincera conmigo te voy a contar la razón de por qué estoy en el bosque.

Le conté lo que me había pasado desde la relación conflictiva de mis padres hasta los sueños raros que tuve.

―... Y por eso me vi en la obligación de irme como pueda de mi casa y no, no soy cazador.

Noté un gesto de alivio en su cara cuando dije lo último.

Me parece una historia muy triste... ¿quiere que le dé un abrazo?

― Eehh... no gracias.

¿Porque al bosque?

― En verdad eso no lo había pensado mucho, fue una decisión rápida.

¿Acaso no le es extraño hablar con un Pokémon?

― Sí y no.

¿Cómo es eso?

―Sí, en el sentido de que es algo raro hablar con un Pokémon porque hace parecer que uno esta solo pero no, porque... hay veces en que uno se siente muy solo y hablar con alguien, no importa quién, se siente tan liberador...

Creo que se me fue la lengua con esa última declaración aunque Lucario siguió como si no le importase lo que he dicho.

Por cierto, ¿cuál es su nombre?-

― Me llamo Nathan, aunque todos prefieren decirme Nate.

¿Le pusieron el nombre o se hace llamar así?

― Es porque así me pusieron mis padres

¿Y le gusta su nombre?

― Bueno, si me gusta pero es que es un nombre raro para una persona de por acá.

¿Pero por qué? No le veo problemas con el nombre.

―No es eso, es que la gente no tiene nombres así por aquí. Por ejemplo la gente se familiariza con nombres como José, Carlos, Giancarlo, David, Felipe, Tomas... y más como esos, pero Nathan suena algo raro para la gente del pueblo. Me pregunto por qué mis padres me habrán llamado así. Y ya que me has hecho bastantes preguntas, ahora es mi turno para hacerlas.

Este bien, no le veo el problema.

― Y tú, ¿qué Pokémon eres?

¡Yo soy un Lucario!

― ¿Tienes nombre?

¿Yo? En verdad... no tengo nombre. Mi anterior entrenador no me puso un mote.

― ¡Pues ahora te pongo el mote de Luca!

¡Es simplemente un diminutivo de mi especie!...

― ¡Pues yo te pongo así!

Está bien...

― Por cierto... ¿cómo aprendiste a hablar?

La verdad no tengo idea. Desde que tengo memoria siempre tuve la habilidad de hablar.

"¿Caprichos de la naturaleza?" pensé.

Recordando que no tenía lugar donde dormir le pregunte a Luca:

― ¿Tendrás algún lugar donde podamos dormir tranquilos?

Sí, tengo una cueva cerca de donde estamos.

Estaba contento con la noticia y pusimos marcha hacia la cueva. Mientras caminábamos intente asimilar todo lo ocurrido hoy día: Tengo un Lucario parlante; mi madre esta, posiblemente, muerta; mi padre es un hijo de puta por matarla, si es que lo ha matado, y no tendría clases hoy día. No sabría decir con exactitud si habrá sido un día relativamente bueno.

Se me ocurrió una pregunta más para Luca:

― ¿Hace cuánto tiempo fue la última vez que vio a su maestro? Sinceramente quisiera saber.

Realmente es algo de lo que no quisiera hablar ahora...

Esa fue la última pregunta que hice. Unos minutos después llegamos a la cueva. Era muy oscura pero gracias a la luz de la luna se podía ver algo del interior, que por cierto, era muy pequeña.

Entramos a la cueva, y Luca me dijo que me durmiera en donde me apeteciera. Puse la ropa mojada, que aún lo llevaba, en el suelo y saqué mi MP3 para saber la hora, eran las tres de la mañana.

¿Qué es eso?― Preguntó Luca.

Es un MP3... Respondí, aunque al darme cuenta de que ella se me acercaba decidí guardarlo pero ella fue mucho más rápida y me lo quitó.

¡Devuélvemelo!Ambos empezamos a correr y luego de pillarla se lo quité. Ella me preguntó para qué servía el tal MP3. Le propuse un trato:

Si me cuentas la historia del sombrero yo te diré para que sirve un MP3.

Se notaba en su rostro un gesto de enojo pero sabía que la curiosidad de Luca era más grande.

Está bien― Respondió.