Otra vez mis disculpas por demorar en subir el capítulo. Pudo haber salido antes pero los exámenes mensuales (o parciales para algunos) me quitaron tiempo. Es el capítulo más largo que escribiré (hasta el momento). También un error que cometí en el capítulo tres: puse "pantalones color pique" y debería ser "color caqui" aunque ya estará arreglado en el momento que lean este mensaje.

Disclaimer: Pokémon no es mío, es de Satoshi Tajiri y Nintendo.

Comienza cuando era una simple Riolu, estaba recolectando bayas hasta que me encontré con él. Sacó de una esfera de color rojo y blanco ―luego me enteraría que se llama pokebola― un Espeon y empezó la pelea, el instinto me obligó a quedarme. Yo intenté convencer al Espeon para que no luchásemos pero él siguió obedeciéndolo. La batalla fue rápida, él tenía ventaja sobre mi tipo, estaba muy cansada... ya casi sin fuerzas para luchar, pensé en que ya iba a caer debilitada pero no, él guardó a su Espeon y me miró por un momento para luego tirarme una pokebola.

Al principio me negaba a pelear, cada vez que salía de mi pokebola para luchar con otros Pokémon no le hacía caso a ninguna orden que me daba y cada vez lo odiaba más por obligarme a luchar. Al parecer, él se dio cuenta de ese odio.

Un día, él me sacó de mi pokebola. Estaba en el bosque y él me gritó:

―¡Dame tu mejor golpe!

Yo no me opuse, odiaba estar atrapada. Lo ataqué, él se cayó y luego se levantó pero con dificultad; dio un escupitajo hacia el suelo.

―¡Es acaso lo mejor que tienes!

Me enfurecí y lo ataque de nuevo, otra vez se cayó al suelo y se levantó. Dio otro escupitajo pero esta vez tenía un ligero tono rojo. Así estuve con él, me pedía que lo ataque y yo no me negaba aunque con cada golpe que le asestaba me daba lástima por él; cuando me pidió por octava vez que le atacase ya no lo hice. Estaba muy malherido y su respirar era más lento...era como verme a mí misma en el día en que el me atrapó. Él me seguía insistiendo en que lo atacase, pero al verme que no le atacaba, me sonrió y me guardó en la pokebola.

Cuando me sacó otra vez de la pokebola, me di cuenta de que estaba en un hospital. Él estaba tirado en una especie de cama.

―Aún recuerdo lo que me hiciste... ―dijo él.

Me puso un poco triste lo que había dicho y añadió:

―Pero te perdono...

No sé por qué pero las palabras que dijo me pusieron feliz, tanto así que le salté y le di un abrazo.

―¡Carajo!

Me empujo y caí al suelo. Él se agarró el pecho con las manos mientras daba alaridos de dolor.

―¡Mierda! ¡Me duele!

―Lo siento...

Él siguió gritando de dolor; vino una enfermera que empezó a tratarlo. Me guardaron otra vez en la pokebola. Cuando me sacaron de la pokebola ya era de noche, estaba en un claro, había una fogata y él me estaba observando. Me sentí algo incómoda, no me dejaba de mirar.

―No creo...

Él se dio la vuelta, cogió la mochila y sacó algunas bayas.

―Come. Supongo que tendrás hambre de que no hayas comido durante todo el día.

Sacó a los demás Pokémon que tenía: el Espeon con el que luché, un Charizard, un Mienshao y un Milotic, también le dio a los demás bayas. Todos comimos alrededor de él y él nos observaba a todos aunque creo que más a mí.

Después de que todos terminamos de comer, él llamo a Charizard y ambos se fueron volando; me senté en el lugar donde habían partido.

―Me pregunto a donde irán...

Se puso a mi costado Espeon.

―Interesante... puedes hablar...

―¿Es acaso raro eso?

―Sí, y mucho.

―¿Y tú como me hablas?

―Es telepatía y dime... ¿cómo has aprendido a hablar?

―Es algo que yo también quisiera saber...

―Me pregunto por qué te habrá capturado...

―¿A qué te refieres?

―Cris siempre hace un equipo equilibrado y sin embargo ya tenemos a dos de tipo lucha...

―¿Es ese su nombre?

―Sí...

Nos quedamos mirando a la luna que estaba llena esa noche. Milotic se acercó.

―¿Qué tal? ―preguntó Milotic.

―Bien ―respondí.

―¡Cómo es posible que hables!

―No lo sé...

―Y pensé que el único que hablaba era el Meowth del Team Rocket.

Los tres nos sentamos a mirar la luna.

―¿Y no va a venir Mienshao? ―pregunté.

―Parece que te tiene odio... ―respondió Milotic.

―¿Cómo? No entiendo...

―Piensa que te atrapó en reemplazo de él. Es en lo único en que piensa desde tu captura.

Después estuvimos conversando sobre como conocieron a Cris, Espeon lo conoció desde que era un Eevee y lo evolucionó, a Milotic lo atrapó como a un Feebas y después de darle Pokecubos, a Mienshao lo entrenó desde que era un Mienfoo y a Charizard fue un regalo de parte de sus padres para que viaje aunque lo recibió cuando solo era un Charmander.

―¿Y cuál es tu historia? ―preguntaron ambos.

―No recuerdo nada sobre mi pasado...

―¡Debe haber algo interesante que te haya pasado antes! ―exclamó Milotic.

―No. Nada.

Iban a decir algo pero Cris con Charizard aterrizó sobre nosotros. Cris se disculpó por casi aplastarnos.

―Bueno, mejor vamos a dormir ―propuso Cris.

Nos guardaron a todos en las pokébolas. Al día siguiente empezó mi entrenamiento, luché contra varios tipos de Pokémon y a veces Cris tenía que hacer cambios para que no cayese abatida. En uno de los tantos días que practicábamos al bosque, fuimos interceptados por unos maleantes que se hacían llamar el Team Rocket, Cris nos sacó a todos de nuestras pokébolas y ellos sacaron varios Hondour.

La batalla duró menos de lo que yo pensaba, Milotic sabía Surf así que debilitó a muchos de los Hondour aunque casi cae abatido Espeon.

―¡Vámonos! ―Exclamó uno del Team Rocket.

Sacaron un Serviper que empezó a usar Niebla. No sé lograba ver nada y de un momento a otro alguien me agarró. Intenté soltarme pero no me fue posible. Iba a gritar para que me escucharan pero sentí un golpe en la cabeza y me desmayé...

Desperté en una jaula, se lograba ver que todavía estaba en el bosque y era de día, también lograba ver a algunos miembros del Team Rocket festejando de seguro por mi captura. Intenté romper los barrotes pero era imposible, cada golpe que daba me dañaba las manos. Seguí golpeando los barrotes hasta que un grupo del Team Rocket se puso delante de mí, del grupo salió uno que parecía ser el jefe.

―¿Con que intentas escapar? ¡A ver si se te van las ganas después de una batalla!

Lanzó una pokébola dentro de la jaula del cual salió un Arbok y comenzó la lucha. Intenté ganarle como sea pero fui vencida.

―¡Espero que ya no pienses en escapar!

Se dio media vuelta y se fue escoltado con su grupo. Me encontraba tirada en el suelo de la jaula, casi debilitada, mientras deseaba que Cris me salvase... y me quedé inconsciente otra vez. Luego me levanté por un ruido... eran gritos del Team Rocket. Era ya de noche cuando recuperé la consciencia y veía que el bosque alrededor mío estaba en llamas. Encerrada... pensé que así iba a morir además de chamuscada.

―¿Dónde estás? ―escuché a lo lejos.

No me lo podía creer... ¡era su voz!, pero dónde estaba o simplemente eran alucinaciones.

―¿Dónde estás? ―escuché otra vez.

Me levanté y vi el escenario: no había nadie cerca, las llamas se acercaban lentamente y su olor me llegaba a mi nariz y no me dejaba respirar.

―¿Dónde estás? ―escuché por tercera vez.

―Aquí estoy... por favor... ayúdeme...

No me llegaba el aire... poco a poco dejaba de respirar.

―No me deje morir... por favor...

Perdí la consciencia.

Desperté en una cama de un Centro Pokémon. Nadie estaba en la habitación pero luego entró Cris y al vernos ambos corrimos y nos abrazamos. Hubo un momento de silencio y luego Cris añadió:

―Me dijeron que no ibas a sobrevivir... pero yo no les hice caso... yo sabía qué harías todo lo posible para seguir viviendo... *snif*

Me apretó un poco más fuerte y yo también hice lo mismo. Aún no se me borra ese recuerdo de él... fue un momento tan especial. Nuestra amistad aumentó mucho desde ese día.

Había pasado tres días del incidente cuando, en la mañana, hubo una llamada en una posada en el que se había alojado. Yo en ese momento me encontraba escondida en un montón de ropa y recuerdo la conversación que tuvieron:

―¿Cómo es que hiciste para encontrame? ―preguntó Cris.

―¡Eso no importa! ¡Debes volver! ―exclamó el que estaba al otro lado de la línea.

―¡Dame una razón para ello! ―respondió Cris.

Luego de un largo momento de silencio, respondió:

―No es algo que se pueda discutir en un teléfono.

Colgó el teléfono y se fue del cuarto y yo, en ese momento, salí de mi escondite. Volvió a entrar y cuando me vio me dijo que tenía que irnos así que él me guardo en la Pokébola.

Cuando me sacó de la Pokébola era de tarde y estábamos otra vez en el bosque. Él se encontraba echado sobre un árbol yo me puse a su costado.

―Debe ser aburrido estar tanto tiempo en una Pokébola... ¿no crees?... Come, supongo que debes de tener hambre.

Me pasó unas bayas que las empecé a comer vorazmente y mientras yo comía él me acariciaba la espalda. De un momento a otro, Cris me agarró y me movió; en el lugar en donde estaba había unas marcas de garras.

―¡Usa Palmeo! ―gritó Cris.

El Pokémon salvaje era un Ursaring que de seguro había usado Cuchillada. Lo ataqué con Palmeo y quedó paralizado.

―¡Usa Palmeo otra vez!

El Ursaring salvaje cayó debilitado y mi cuerpo empezó a brillar... estaba evolucionando. Después de esos cortos segundos en el que evolucioné, Cris me miraba con una cara de alegría y también me di cuenta de algo... ¡también yo lo podía percibir! Me sentía rara, me miraba mis manos, miraba mi pecho que tenía ahora un pelaje amarillo... Cris se me acercó lentamente.

―¿Estás bien? ―preguntó Cris.

Asentí. Cris se sorprendió.

―¿Puedes entenderme?

Otra vez asentí.

―¡Estoy tan feliz! Aunque eres diferente a los demás que haya visto...

"¿Diferente?"

―Descansa, Lucario.

Me guardó en la Pokébola. Cuando me sacó estaba en un cuarto que estaba algo desordenado. Me dijo que ya habíamos llegado pero él tenía que irse también me dijo que podía curiosear por la casa porque no habría nadie. Dicho esto se despidió de mí y salió por la puerta.

Esperé un rato y empecé a moverme por la casa. Bajé hacia el primer piso, había varias cosas que nunca había visto, como unas pequeñas cosas metálicas que en un extremo tenía tres puntas y algunos terminaban en forma de un óvalo, logré ver un círculo que tenía unas tres agujas... creo que se llama reloj y varios cosas que eran transparentes; al intentar agarra una, se me resbaló y se rompió.

Resolví por ir otra vez al cuarto de Cris y algo captó mi intención. Me acerqué al objeto, cuando me puse al frente de él vi a otro Lucario. Corrí espantada hacía el primer piso. No era posible lo que he visto ¡No había otro Lucario además de mí! Con miedo volví otra vez al cuarto de Cris y me acerqué otra vez al objeto. Vi otra vez a ese Lucario. Moví mi brazo izquierdo y el otro Lucario movió el derecho. Acerqué mi mano a la del otro Lucario, su mano era fría.

"Es tan raro..."

Sentí algo sobre mi hombro. Instintivamente, giré y de di un puñetazo. ¡Creí que era el otro Lucario pero luego me di cuenta de que era Cris! Él se cubría con las manos su cara mientras gritaba de dolor. Se cayó al suelo. Me sentía culpable: no quería golpearlo. Empecé a llorar. Él se acercó a mí, miré su cara que tenía un color rojo en donde le había golpeado.

―Calma... sé que no los has hecho con intención de herirme. Simplemente fue una reacción rápida, ¿verdad?

Yo le asentí.

―¡Vamos! ¡Sécate esas lágrimas! ¡No quiero verte llorar!

Después de que me calmara, me dijo que tenía una sorpresa. Se puso a revolver los cajones mientras yo esperaba impacientemente; sacaba bastante ropa.

―¡Mira lo que tengo!

Me mostró un sombrero que tenía una marca en el centro, añadió:

―Es una réplica del sombrero que uso Sir Aaron.

También sacó ropa y una capa.

―Ahora yo también tengo mi Lucario, aunque este mida casi como yo y no tenga pinchos en el pecho y manos.

Al terminar su frase se comenzó a reír.

Se me acercó y me puso el sombrero. No entraba debido a mis orejas, así que Cris sacó unas tijeras y cortó las partes en donde estarían mis orejas.

―¡Listo!― Dijo esto al mismo tiempo que me ponía el sombrero, añadió ―Te queda perfecto, Lucario.

Me era algo incómodo al principio. Me lo quería sacar pero Cris me dijo que me lo quedase por un tiempo. Se fue un momento del cuarto, justo cuando me iba a quitar el sombrero llega él cambiado; tenía puesto el traje que había sacado hace un rato.

―Vamos quiero tomarme una foto contigo.

Saco una cosa cuadrada y la luz que salió del cuadrado era muy fuerte.

―¡Estoy ciega! ―exclamé.

Cris se llevó un gran susto al escucharme.

―¡P-p-p-puedes hablar!

Empecé a recupera mi visión y noté que Cris me miraba fijamente.

―Creí que era mi imaginación cuando te escuché en el hospital... ¡Di algo!

―¿Hola?

―¿Desde cuándo puedes hablar? ―preguntó en voz baja.

―Siempre he podido hablar.

―Pero es imposible, ¡ningún Pokémon puede hablar!

―¿Y qué hay de Meowth del Team Rocket?

―¡Él es una excepción a la regla!

―Pues... ¡entonces soy una excepción a la regla!

―Aun así, sigue siendo sorprendente ―me abrazó y añadió―. Es un golpe de suerte que te haya encontrado.

Ya sin anda más que decir, me callé. Ahora Cris me miraba de otra forma. ¿Acaso es que soy menos Pokémon si hablo? Cris me dijo que iba a salir un rato, quería que me quede en el cuarto. Estuve curioseando en el cuarto, escondiéndome entre la ropa, saltando sobre la cama... Llegó él con una bolsa, me dijo que era comida. Al principio no quería comerla, solo había comido bayas y eso claramente no lo era. Eran cuadrados y había en varios colores. Al final acepte a regañadientes. No era tan malo, es más, estaba deliciosa. Le quité rápidamente la bolsa.

―¡Calma! Te vas a acabar toda la comida.

Después de una pequeña riña, Cris me quito la bolsa aunque no quedaba casi nada. Él se dispuso a salir, pero yo quería seguirlo.

―¿Quieres acompañarme, Lucario?

―Sí.

Salimos. La poca gente que estaba lo veía con su disfraz de Sir Aaron y también a mí, aunque creo que más me observaban a mí. Nos dirigimos al bosque. Se subió a un árbol y desde lo alto me gritó que subiera; con unos saltos llegué rápidamente.

―Aquí, Lucario.

Salté donde estaba él. Se podía ver el paisaje nocturno: las nubes, las estrellas, unos pocos Pokémon que volaban por el cielo... Había elegido un buen lugar.

―¿Por qué este lugar?

―Creo que sabrás el porqué.

Después de pensarlo mucho le dije que no sabía. Él se rio y me dijo que simplemente era para despejarse, para olvidar el estrés de las batallas Pokémon, para relajarse.

―¿Le pasa algo?

―Ya me imaginaba que ibas a notarlo, a fin de cuentas... puedes asimilar los sentimientos de otras personas como un Gardevoir ―hubo un pequeño momento de silencio y luego añadió―. A mi hermano casi le arrancan el brazo. Al parecer fue un Pokémon salvaje el que lo atacó, creo que fue un Mightyena, pero realmente no debería preocuparme; los doctores dicen que va a salir bien de esta.

―Lo siento por lo de su hermano...

―Creo que ya es hora de volver. Ya me está dando sueño.

Bajó del árbol y yo también. Volvimos a la casa, subimos a su cuarto y yo le pregunté si iba a guardarme en la pokébola.

―No Lucario... hoy día no...

―¿Entonces dónde voy a dormir?

Se quedó callado un momento. Me preguntó si es que quería dormir junto a él. Dudé al principio pero al final acepté. Apagó las luces, tiró la capa en el suelo, me quitó el sombrero y lo puso en una mesa, y sacó unas sábanas; se acostó en la cama y yo me puse a su costado. Nos pusimos frente a frente, mi cabeza se recostó junto a su pecho.

―Cris...

―¿Que pasa Lucario?

―¿Porque cuando era un Riolu me pidió que le atacase?

Se quedó callado.

―Por favor... respóndame.

―Sí que eres una preguntona.

―Me va a responder o no.

―Aún me sigue sorprendiendo de tu capacidad de hablar. No lo comprendo. Me preguntó si es una casualidad el habernos encontrado... No... No creo... Las casualidades no existen...

―Está evadiendo mi pregunta.

―Lo siento... Esa vez en el que me atacaste... Yo siempre quise tener mi Lucario como Sir Aaron y cuando noté que me odiabas, me vine abajo. Era que como si tu sueño más profundo... tu razón de vivir... la quintaesencia de la vida... no tuviera sentido. Ya no quería seguir viviendo; yo solo quería tener un Lucario. Tal vez te parezca exagerado. Lo sé y lo comprendería si fuera tú pero yo anhelaba fervorosamente tener un Lucario. Por eso pedí que me atacases, me era más fácil que me matases a tomar la decisión de suicidarse; era, por así decirlo, una manera digna de morir. Pero en ese momento en que no me atacaste a pesar de que te grité que lo hicieras... sabía que habías me habías perdonado. Me puse feliz aunque estaba casi por morirme...

―Cris... No sabía que habías pasado por eso.

―Ya lo pasado... pasado es. Buenas noches, Lucario.

―Buenas noches.

Noté que su cara poco a poco se acercaba a la mía.

―¿Qué le pasa?

―Nada...

Alejó su cara.

―Es tan cálido estar aquí ―añadí.

Cris se levantó y agarró mi pokébola.

―¿Me va a guardar?

―Nada de eso...

Puso la pokébola en el suelo y de un solo pisotón lo destruyó

―Ya no será necesario.

Volvió otra vez a la cama y me acarició la cabeza, me dijo que ya debíamos dormir. Me acurruqué sobre Cris, cerré los ojos y me puse dormir. Al despertar me encontraba sola. Escuchaba voces por en el primer piso. No supe que hacer por lo que decidí esperar a que Cris subiera. Cuando Cris subió, me encontraba otra vez dormida por lo que tuvo que despertarme. Me dio unas bayas para comer.

―¿Quiénes están abajo? ―pregunté.

―Ha llegado mi familia, al parecer, por mí llegada al pueblo.

―¿Desde cuanto se fue y no vio a su familia?

―Desde los diez.

―¿Y ahora cuantos años tiene?

―¡Deja de hacerme preguntas!

―Es que soy muy curiosa.

―Bueno. Ya casi veinte, pero eso no importa. ¡Salgamos!, que no tengo nada que hacer aquí dentro. Vamos a entrenar para ver si llegamos a la liga.

―¡Vamos!

Cris cogió su cinturón de Pokébolas y fuimos a entrenar. Y así fueron los siguientes días, entrenábamos desde el alba hasta el crepúsculo con Pokémon salvajes y cada noche dormía junto Cris en su cama... eran buenos días. En unas de las tantas noches en que dormíamos juntos, su madre nos descubrió. Hubo una discusión, muchos insultos de parte de su madre y de Cris escuché. Su madre expresó su odio conmigo, tanto así que incluso me quiso atacar pero Cris me protegía. Al final su madre le siguió insultando.

―¿¡Y después que, vas a tener relaciones...?!

―¡Cállate! ―interrumpió Cris.

Yo lo sentí, le había herido mucho el comentario. Con la mirada cabizbaja me dijo que era hora de irnos.

―Ya no nos quieren acá... ―añadió.

Agarró su mochila y su cinturón de pokébolas y me agarró de la mano. Salimos por la puerta mientras su madre le lanzaba más insultos tanto a Cris como a mí. Mientras caminábamos por las calles de la ciudad, me pidió disculpas por lo que había pasado. Me dijo también que ya íbanos a irnos de la ciudad, pero antes quería ver por última vez a su hermano que estaba en el hospital. Caminamos unas cuadras hasta llegar al hospital, no había mucha gente. Nos llevaron a un cuarto y allí vi a su hermano que tenía vendado su brazo. Al parecer era mucho mayor que Cris.

―¡Cris!¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en la casa de madre?―preguntó.

―Me vengo a despedir. Tal vez sea la última vez que nos veamos.

―Es una pena. ―respondió, luego me miró y añadió ―Veo que ya has conseguido tu tan anhelado Lucario.

―Creo que sería anhelada ―añadí.

―¡Mierda! ¡Esa Lucario habla! ―exclamó su hermano.

―¡Silencio!, que vas a llamar la atención ―dijo Cris.

―Está bien... ¡pero que no me lo creo! Supondré que le tienes un afecto especial a tu Lucario, hasta podría decir... que te has enamorado de tu Lucario, ¡sí!, de seguro mamá te botó de la casa por eso... ¿No es así?

Cris estaba rojo como una baya Zreza.

―Sí... así es, pero ese no es el punto. Ya me voy de la ciudad.

―¿Ahora?

―Sí.

―¡No seas estúpido, te podrían asaltar!, mejor ve a una posada y sales por la mañana.

―¡Ay, hermano!, te preocupas mucho.

―¡Obvio!, eres el único que tengo.

―Bueno... me iré a la posada.

―Y pensar en que mi hermano se ha enamorado de un Pokémon... ¡Ay, Ay!, pero que se puede hacer, amor es amor y además, ese Lucario que tienes es muy especial.

―Hasta luego, hermano ―terminó Cris.

Ambos se dieron un abrazo y Cris me cogió de la mano. Salimos del hospital y nos dirigimos a una posada. Ya dentro de la posada, en la recepción había un hombre que estaba dormido. Cris golpeó la mesa de la recepción y el hombre se levantó.

―¡Que le pasa! ¡Estaba durmiendo!

―¡Y yo busco una habitación! ¿Tiene o no?

―¡Son mil pokécuartos por noche!

Cris saco un billete y le dio al hombre, esté le dio una llave que Cris la cogió.

―¡Habitación treinta y cuatro! ¡Y ahora déjenme dormir!

El hombre se recostó sobre la silla y puso los pies encima de la mesa de recepción. Subimos al segundo piso y buscamos la habitación. Después de habernos instalado en la habitación, ambos nos echamos en la cama.

―Cris...

―¿Qué pasa, Lucario?

―Cuando el Team Rocket me había atrapado y había huido a causa del fuego, me pareció escuchar su voz.

―¿De verdad?

―Sí, recuerdo que me preguntaba por dónde estaba.

―Debió ser imaginaciones tuyas. Yo llegué cuando el fuego ya empezaba a quemarte... suerte que tenía a Milotic para salvarte.

Le hice una pregunta directa:

―¿De verdad me ama?

―Sí ―respondió, después de un momento.

―¿Por qué?

―No lo sé... tal vez sea por el hecho de que no me guste estar solo... Será mejor que duermas, Lucario.

―¿Cómo me lo podría demostrar?

Rápidamente, Cris agarró mi cabeza y me besó aunque algo inclinado por lo de mi nariz... ¿por cuánto tiempo? No lo sé, pero lo que sí sé es que fue largo. Al terminar, Cris me miró con una expresión que nunca le había visto.

―Cris...

―Lucario...

Cris otra vez me besó; nunca lo había hecho y se sentía tan reconfortante, me es imposible describir como me sentía en ese momento.

―Nunca pensé que mi primer beso sería con un Pokémon... Vamos a dormir, ¿está bien?

Yo le asentí y ambos nos abrazamos e intentamos dormir. A la mañana siguiente, al levantarme noté que Cris no estaba por lo que decidí esperar. Después de esperar, Cris llegó con unas cuantas de esas cosas cuadradas que me gustaban. Estaba vestido con un polo de color azul y un pantalón que tenía un color parecido al de la arena.

―Ve comiendo, Lucario. Mientras yo voy a ir alistando algunas cosas para el viaje.

―¿Por qué viste así?

―Simplemente quise ponerme este conjunto.

Terminé rápidamente con las cosas cuadradas.

―¿Le gusta su nombre? ―pregunté.

―Ay Lucario... tú y tus preguntas... Yo creo que sí, corto y fácil de pronunciar: Cris.

Cogió la mochila y su cinturón de pokébolas y partimos hacía el bosque. Cuando cruzábamos el bosque, Cris me contaba sobre los líderes de gimnasio, decía que solo le faltaban dos para llegar a la liga. Hubo un momento en que se oyó un disparo de alguna parte y me preocupó tanto a mí como a Cris. Salió de un arbusto un hombre que tenía un arma larga.

―¡Deme a ese Pokémon! ―gritó el hombre mientras me apuntaba.

Salió otro hombre con un arma más chica pero este le apuntaba al cazador.

―¡Dame todo lo que tienes! ―gritó el otro hombre.

El del arma larga apuntó al otro que le estaba apuntando. Cris me susurró al oído que nos alejáramos lentamente, pero al momento de hacerlo, ambos nos apuntaron y exclamaron:

―¡No se muevan!

―¡Vamos, hombres! ―dijo Cris― Debe haber una manera pacífica de resolver este rollo.

Yo me encontraba tensa: las armas de esos dos hombres me daban una sensación de inseguridad. Tenía miedo, quería escapar, no lo pude soportar... corrí. Escuché que ambos dispararon... no me dieron... pero a Cris sí, él había recibido el impacto de las balas por mí.

―¡Nooooo! ―grité.

Ambos se quedaron estupefactos al verme hablar pero fue su error... aproveché para atacarlos, la furia hizo el resto. Ambos acabaron muertos, pero no me interesaban ellos sino Cris.

―¡Por qué hizo esa estupidez!

―Lucario... tú eres especial... yo simplemente soy un entrenador y realmente no me importaría hacerlo de nuevo.

Intenté llevarlo de brazos pero Cris aulló de dolor y eso me amedrentó.

―No lo voy a lograr... ―dijo Cris.

―¡No! ¡No diga eso! ¡Por favor!

Empecé a llorar.

―Por favor... Lucario ―empezó a toser un poco de sangre― No llores... nunca me ha gustado verte llorar.

―Cris... por favor. No me deje sola...

―Lo siento, pero es algo *cof* *cof* que yo no puedo evitar...

―¡Saque a Charizard y vayamos a un hospital!

―Quisiera hacer eso pero *cof* *cof* ya no me queda mucho... quisiera pasar estos últimos momentos junto a ti.

―No diga eso... No... Por favor...

―Por favor... se fuerte *cof* *cof*

―¡Yo no soy fuerte!...

―¡Selo por mí! *cof* *cof*―añadió ―Antes de que *cof* *cof* parta... quiero darte mi sombrero... la ropa no... No creo que te quede *cof* *cof* y también destruye las pokébolas de los demás *cof* *cof* por favor...

―Está bien... Cris...

―Por favor, Lucario *cof* *cof* acércate.

Me acerqué y Cris, con las pocas fuerzas que le quedaban, tiernamente me abrazó mientras nos besábamos, una lágrima salió de mi ojo. Hubo un momento en que sus brazos que me abrazaban dejaron de hacerlo, sus ojos estaban cerrados y su cara mostraba una absoluta tranquilidad.

Supe en ese momento... Cris había muerto.

De su mochila saqué el sombrero y me lo puse, también saqué las pokébolas y liberé a los demás. Vieron a Cris y todos también se pusieron sentimentales, me preguntaron qué pasó y yo les conté. Todos me echaban la culpa por la muerte de Cris y me querían matar excepto Charizard, él hizo calmar a los demás e hizo que se fuesen.

―¿Por qué no me quieres matar como los demás? ―pregunté.

―Porque él me contó lo feliz que se sentía cuando te atrapó en esa noche en que salimos los dos. Tú eres lo único que quería Cris y matarte sería como volver a matarlo ―respondió Charizard.

Y diciendo esto, voló en dirección a donde los demás se fueron. Volví a mirar su cuerpo, no pude resistirlo. Me acerqué a Cris y empecé a llorar sobre su cuerpo. Él me había tratado diferente, no como a un Pokémon sino como a una persona. Lloré y seguí llorando hasta que un Pidgeotto me atacó y tuve que reaccionar. Le gané sin mucho esfuerzo.

Miré otra vez a Cris y se me vino todos los recuerdos que pasé con él. Tuve que irme o si no me quedaría otra vez llorando sobre el cuerpo de Cris. Desde ese momento empecé a vagar, sin rumbo fijo, recolectando bayas, intentando encontrar refugio, recordando esos momentos especiales con Cris... No sé cuánto pasó hasta que me encontré con usted, en ese momento yo me encontraba huyendo de unos Pokémon salvajes que no les podía vencer; no podía ver muy bien por la culpa de la niebla. Y después usted ya sabe lo que pasó.

Miré a Nate y vi que ya estaba dormido. No lo culpo, el solo me pidió la historia del sombrero y al final acabé contándole toda mi vida. Me tumbé sobre el suelo.

"Las casualidades no existen" recordé lo que alguna vez me dijo Cris.

―Como quisiera volver a dormir en una cama.