Bueno, otro capítulo... me pregunto qué tan largo lo podré hacer este fic. Por el momento tendré que preocuparme por escribir el siguiente capítulo en menos de semana y media porque ya comenzarán los exámenes finales para ese momento...

Tiraba de una maquina tragamonedas y estaba casi perdiendo, solo me quedaba una moneda y decidí probar suerte. Las ruedas empezaron a girar... La primera me mostró una imagen de un Lucario, la segunda y la tercera también. El ruido de monedas empezó a sonar y salieron muchas monedas. Yo las cogí y me las metí en el bolsillo. Una mano sentí en el hombro y el quien parecía ser el guardia del tragamonedas me preguntó si tenía la edad mínima para jugar.

―Emm... Yo...

Me agarró y, mientras el guardia me llevaba a rastras a la salida, yo intentaba zafarme. Me botó a la acera mientras yo maldecía al guardia por botarme tan bruscamente y a la vez me preguntaba qué hacía en un casino. Empezó a llover.

―¡Genial! ¡Para mejorar las cosas!... ¿En dónde rayos estoy?

Miré alrededor para ver si reconocía algo pero nada se me hacía conocido. Busqué un lugar para ponerme a salvo de la lluvia, pero se fue tan rápido como vino. Entonces me di cuenta... estaba en un sueño.

―¡Malditos sueños! ¡Acaso todos deben ser raros!...

Un rayo cayó sobre mí y en ese momento me levanté. Miré afuera, había una tormenta y llovía a cántaros por lo que me vi obligado a quedarme en la cueva. Busqué mi mochila, que lo había movido la noche anterior cuando Luca me contaba su historia, saqué el MP3 y observé la hora: eran las nueve de la mañana; guardé el MP3 en la mochila. Como no quería despertar a Luca, empecé a hacer trazos en la tierra con mi dedo. Algunos eran simplemente líneas mientras que otros eran triángulos, cuadrados, circunferencias...

¿Estás haciendo geometría?

―Realmente estoy tan desesperado en hacer algo que incluso me pondría...

―¡Buenos días! ¿Con quién está hablando? ―escuché.

―¿Hace cuánto te levantaste? ―pregunté, sobresaltado.

―Hace casi nada ―respondió Luca.

Se acercó y miró lo que estaba dibujando.

―¡Un cuadrado! ―exclamó, señalando unos de los cuadrados que había dibujado y miró un triángulo―, y este creo que se llama triángulo.

―No entiendo como un Pokémon puede conocer las figuras geométricas...

―¿Y cuál es la otra?

―Este es una circunferencia―dije, señalando una circunferencia.

―Es un nombre muy raro...

Luca miró hacia afuera.

―¡Bien, está lloviendo!

―¿Acaso te gusta jugar en la lluvia?

―Sí, ¿acaso no lo es? Me gusta sentir la lluvia en mi cara o saltar sobre sobre la hierba mojada o simplemente caminar bajo la lluvia.

Luego de decirme esto, corrió pero se detuvo en la entrada de la cueva, me preguntó si es que quería acompañarla. Vacilé por un momento; la única ropa que tenía para cambiarme estaba aún mojada pero también me dije: "Parece que vas a convivir buen tiempo con ella... así que sería mejor que le caiga bien"

―¿Va o no? ―escuché que preguntó otra vez.

―¡Esta bien, voy a ir! ―dije al fin.

Luca empezó a correr y yo le seguí, se movía zigzagueando entre los árboles y yo me preguntaba si alguna vez le iba a alcanzar... era muy rápida. Hubo un momento en que la perdí de vista. Intenté buscarla pero luego sentí que alguien me tiró agua por la espalda. Al parecer Luca había sido, pero al momento de voltear y comprobar que no había nadie me asusté un poco, pero ese miedo se disipó al momento de escuchar una ligera risa desde un árbol.

―¡Sé que estas allí! ―grité.

Intenté subir al árbol de donde escuché la risa, pero no me era posible. Cuando intentaba subir al árbol, sentí que alguien me tocó el hombro. Giré, sobresaltado, pero era Luca.

―¿Por qué intenta subir al árbol? ―preguntó ella.

―Espera... si tu estas acá, ¿quién está allá arriba?

Luca dio un salto y entró en la copa del árbol. Unos golpes escuché y cayó un Pokémon debilitado, luego Luca bajó.

―Solo era un Ducklett ―agregó.

"Qué raro, de verdad me pareció escuchar una risa... ", pensé. Luca otra vez se puso a correr. "¡Otra vez se va corriendo!". Me puse a correr para alcanzarla, esta vez no me tomó mucho tiempo encontrarla: estaba sentada. Me acerqué para ver si es que le pasaba algo pero no, solamente dejaba que caigan las gotas de lluvia en su cara.

―¿Pasa algo? ―pregunté.

―Se siente bien dejarse mojarse por la lluvia... ¿por qué no lo intenta?

Hice lo que me pidió pero luego de unos minutos me resguardé de la lluvia porque recordé que no tenía ropa para cambiarme. Mi tripa me hizo recordar que no comí casi nada ayer. Le pregunté a Luca qué comeríamos y me respondió que bayas.

―¡No hay mejor comida! ―añadió.

Miré alrededor.

―¿Sabes cuál es el camino para volver? ―pregunté.

―Yo le guío ―respondió.

Luca me guio por el bosque mientras algo de frío yo sentía... sí que debe de tener una buena memoria para recordar el camino de regreso, ¿o es que tal vez ya vivió por mucho tiempo acá? En el camino, Luca me preguntó hasta que parte de la historia yo había escuchado antes de que yo me durmiese y yo le respondí en la parte en que ella evolucionaba a un Lucario.

―Espere un rato... usted me dijo que me enseñaría para que se usa esa cosa.

―¿A qué te refieres? ―pregunté.

―No lo sé. Esa cosa que empezaba con eme.

―¿Cual? ¿El MP3?

―Sí, ese "MP3".

―Te lo diré... pero después de comer.

―¿Y por qué ahora no?

―Es que de verdad tengo hambre.

―Bueno... está bien... ¡pero no se olvide!

―¡No se me olvidará!

Llegamos a la cueva y Luca me dijo que esperara porque ella era quien iba a buscar las bayas. Salió rápidamente y me quedé solo. Busqué mi ropa que había dejado ayer y comprobé si es que estaba seca, para mi suerte si lo estaba así me cambié. Mientras me cambiaba la ropa, me puse otra vez a pensar sobre lo que me había pasado hasta ahora. Aún no entendía por qué me tenía que pasar todo esto... tal vez sea en parte por el destino, pero no pude seguir pensando en más teorías porque Luca llegó y rompió el silencio.

―¡Ya llegué! ―exclamó Luca.

Y logré ver que traía muchas bayas en sus brazos y yo le pregunté por qué trajo tantas.

―Es que usted me dijo que tenía mucha hambre, además, pienso plantar algunas bayas por aquí.

Dejó el montón de bayas y me cogí una que era grande, de color rojo y parecía tener pinchos. Le di una mordida y vi que Luca me miraba fijamente.

―¿Qué pasa? ―pregunté.

―No debió comer esa baya...

Empecé a sentir que mi boca me ardía, poco a poco aumentaba esa sensación hasta que ya me ardía intensamente y corrí en busca de agua. La lluvia todavía seguía por lo que decidí abrir mi boca y dejar que el agua resuelva el problema pero no hizo casi nada; tan desesperado estuve que me tragué tierra con pasto para ver si me calmaba esa sensación de picor y, por suerte, hizo efecto aunque me casi me atraganto. Miré a Luca y lo encontré riéndose disimuladamente.

―¡De que te ríes! ―me quejé.

―Es que es chistoso ―respondió ella.

Y siguió riéndose mientras yo estaba enojado. Volvimos nuevamente a la cueva y le pedí que me diese algunas bayas que no sean picantes. Me pasó unas cuantas y yo no quería comerlas por el miedo a que ella me jugase una broma, pero el hambre me atacó de nuevo por lo que tuve que comerlas; por suerte, esta vez eran de diferentes sabores que iban desde el dulce hasta el ácido. Luego de terminar de comer las bayas, Luca me hizo recordar lo que le prometí: enseñarle para que sirve un MP3; lo saqué de mi mochila y ella lo miró con detenimiento.

―¿Para qué sirve? ―preguntó Luca.

―Es para escuchar música.

―¿Música? ¿Qué es eso?

―Ya verás.

Puse una canción del género que me gusta: el dubstep. Luca parecía no tener el mismo gusto musical que el mío.

―¡Apáguelo! ―gritó.

Lo pausé y decidí poner algo de Pop que tenía guardado. Esta vez, sí parecía agradarle, es más, movía su cabeza al ritmo de la canción.

―Parece que te gusta, ¿verdad?

―Sí.

Y siguió moviendo su cabeza; me parecía un poco gracioso la manera en que lo movía. Ya pasaron como tres canciones y decidí apagarlo y Luca me exigió la razón de por qué lo apagaba. Yo le respondí que era para conservar la energía del MP3.

―¿Energía?

―Sí, energía.

―¿Esa misma que usamos para movernos?

―Sí.

―¿Esa misma que usamos para saltar?

―Sí

―¿Esa misma que usamos para respirar?

―Sí.

―¿Esa misma que...

―...usamos para todo? Sí, y ya no me preguntes más.

Guardé el MP3 en la mochila y miré si la lluvia había terminado pero seguía lloviendo, al parecer, con menos intensidad que antes. Quería preguntarle si es que ella habría revisado mi mochila la noche anterior pero al final desistí; preferí preguntarle que hacía en este tipo de momentos porque yo me iba a aburrir si es que no hacía nada. Ella me respondió que salía todo el día para explorar el bosque pero, esta vez, se dijo que se quedaría.

―Por cierto... ¿Con quién hablaba en la mañana? No había nadie que yo supiera.

Me sonrojé un poco, no sabía que responderle. Me era vergonzoso admitir que tenía un amigo imaginario, pero ella insistía tanto que tuve que decírselo.

―Creo que no entenderás la razón...

―Sí ―dijo Luca, interrumpiéndome―, se supone que es para que uno no se sienta solo...

Luca me abrazó. No entiendo por qué me cuida tanto física como anímicamente si apenas solo me conoce desde ayer. Tal vez sea porque no le guste ver que alguien sufra... tal vez sea porque no quiere que me pase lo mismo que su anterior entrenador... Nunca estuve muy acostumbrado al contacto físico con personas y aún menos con Pokémon; me era algo raro sentir su cuerpo peludo abrazándome. No sé porque lo ha hecho, supongo que era para que me sintiera mejor y siempre estaré agradecido por la manera en que me trata... el abrazo cumplía con su función.

―Gracias Luca... gracias...