El capítulo realmente me salió corto... ¡Baya tamate!
Disclaimer: Pokémon no es mío, es de Satoshi Tajiri y Nintendo.
―Es bueno sentirse bien ―comentó Luca.
Nos separamos después de un rato. Realmente no hubo mucho que pude hacer para matar el tiempo más que hablar sobre nuestras vidas antes de que nos encontráramos. Era increíble cómo pasó el tiempo, cuando terminamos de hablar ya había terminado la mañana y ya era. Salió ella otra vez en busca de bayas y me quedé solo, otra vez. Me puse a pensar sobre el futuro, sobre si es que tendré que adaptarme a la vida de bosque y ver la manera de como optimizar el uso de mi MP3. Apenas pasaron unos pocos minutos y Luca volvió, me sorprende la rapidez en que puede encontrar bayas. Dejó las bayas en el suelo y separó algunas para mí y otras para ella; y separó otro grupo, según ella, para plantarlas. Ya terminado el almuerzo, decidí echarme una siesta, lo necesitaba, después de tantas malditas pesadillas quería tener un sueño normal. Cerré los ojos por un momento y Luca me levantó zarandeándome, yo me quejé.
―¿Porque me levantas?
―Porque después no va a dormir por la noche.
―¿Cuánto tiempo ha pasado?
―Dos horas.
¡Rayos! Me pareció solo un pestañeo. Me levanté perezosamente. ¿Qué más podía hacer para pasar el tiempo? Miré hacia afuera y noté que ya no llovía.
―¿Hace cuánto terminó la lluvia?
―Como hace media hora.
―¿Sabes algún punto alto por aquí cerca?
―¿Para qué quiere saber eso?
―¿Sabes o no?
―Sí, hay un árbol por acá cerca.
―Pues... guiadme, por favor.
El árbol del que ella habla estaba a solo unos pasos de la cueva...
―¿Y sabe subir árboles? ―preguntó Luca.
―No.
―Umm... va a ser difícil llegar a la punta.
Poco a poco Luca me guiaba y me ayudaba a subir el alto árbol. Ella no paraba de preguntarme, en el trayecto, que quería hacer en la copa del árbol y yo simplemente le decía que esperase, quería comprobar algo. Al fin llegamos y se veía que habíamos demorado mucho porque ya se podía ver el atardecer.
―¿Y ahora sí me puede decir para que quiso subir el árbol?
―Quería comprobar si es que se podía ver mi pueblo.
Logré verlo aunque estaba tan lejos que se veía muy pequeño y también vi el mar, de paso también vi el atardecer anaranjado. Unos barcos se podían a lo lejos. Volteé y miré que ella miraba fijamente al mar.
―¿Alguna vez has ido al mar? ―pregunté.
―¿Y usted?
―Sí, aunque quisiera haber ido más veces.
―Eso de allá son barcos, ¿verdad?
―Sí...
―¿Por qué es grande el mar?
―Ni idea... Creo que ya deberíamos irnos.
―¿Por qué? El paisaje se ve lindo.
―Nos vamos a demorar en bajar el árbol como nos hemos demorado al subirlo.
Y tenía razón. Cuando bajamos del árbol ya se había ocultado el sol, nos dirigimos a la cueva. Luca otra vez se fue a conseguir bayas y yo saqué el MP3 en ese momento para ver la hora: siete y veintitrés de la tarde. Me pregunto cuánto tiempo más iba a durar la batería del MP3, por el momento tenía un setenta y dos por ciento. Busqué la ropa que había dejado y comprobé que aún no se secaba. Me senté a esperar hasta que Luca que llegara con las bayas. Luego de unos minutos, llegó y las repartió. Comí y me eché sobre la tierra, y Luca me preguntó si es que ya me iba a dormir. Yo le respondí que sí.
―¿Tanto sueño tenía? ―se preguntaba Luca mientras se alejaba de mí.
Se echó sobre el suelo y yo intenté conciliar el sueño. No sé cuánto tiempo me dormí pero al despertar me di cuenta que todavía seguía siendo de noche. Observé que Luca ya estaba dormida y aún tenía su sombrero... al parecer no se lo quitaba para nada. Decidí salir un rato, para esperar a que vuelva a tener sueño otra vez.
Me senté afuera de la cueva, el viento corría y me hacía tener algo de frío, pero permanecí allí. Me puse a observar el ambiente del bosque, realmente me parecía ver menos Pokémon... tal vez sea porque hace frío o porque el invierno se acerca... no quería pensar cómo serían esos días.
―Aunque sea no te vas a sentir solo estos días.
―Hola otra vez, parece que Luca ya sabe de tu existencia.
―Bueno, no hay problema alguno, ¿verdad?
―Realmente, no. Siempre es bueno algo de compañía.
―¿Y qué hay de las malas juntas? ¿O las malas personas?
―Bueno, exceptuando esos casos, creo que es bueno tener algo de compañía, por lo menos de un Pokémon.
Por alguna razón, recordé lo que pasó hace algunos días... una lágrima salió de mi ojo.
―No se consigue nada estando triste.
―Es cierto ―intenté calmarme―, pero se queda pegado a mi cabeza el hecho.
Me hizo recordar a la vida de Luca.
―Pobre de Luca, todavía no olvida lo que pasó con su anterior entrenador.
―Debió afectarle mucho...
Decidí volver porque ya quería dormir, además de que el frío era intenso aquí afuera. Al llegar me puse cerca de Luca, se veía tan tranquila echada de costado, parecía dar un tipo de ronquido muy singular. Me acosté a su espalda y con cuidado de no pisar su cola. Ya echado, me pregunté si es que había sido una casualidad el habernos encontrado.
