Nuevo título, nuevo summary, intenté hacer este capítulo lo mejor que pude (para intentar compensar lo que hice en el cap. 9).
Disclaimer: Pokémon no es mío, es de Satoshi Tajiri y Nintendo
Un ruido seguido del movimiento de la tierra me despertó. Luca también se levantó y veía en su rostro que ella estaba aterrada.
―¡Qué es lo que sucede! ―gritó Luca al verme despierto.
Yo, casi instintivamente y sin responderle la pregunta, le agarré de su brazo y la saqué de la cueva. Justo cuando salimos de la cueva, esta se vino abajo. Algunos árboles del alrededor también cedían y se caían, muchos pokémon salían alborotados. Fueron unos momentos realmente tensos, sobre todo de calmar a Luca para que mantuviera la calma. Por suerte, ambos no salimos heridos, pero Luca no paraba de preguntarme que era lo que había sucedido.
―Era un terremoto... ―le respondí.
Se quedó pensativa por un rato. Luego, me preguntó si es que hubo otro "terremoto" antes que este.
―Sí, pero yo era todavía muy pequeño en ese entonces. Además, creo que este fue mucho más fuerte.
―¿Y qué pasará con tu mochila que se quedó en la cueva?
―Mierda...
Se me había olvidado completamente de ella y, obviamente, ya no podía ir a recogerla. Es una pena, ya no podría escuchar música y perdí mi ropa, además de la mochila. Miré a mí alrededor y contemplé la destrucción que había generado el terremoto. Pero al momento de ver cómo había destruido parte del bosque, un pensamiento asaltó mi cabeza: "¿Y que habrá sido del pueblo?". Me puse a correr. No sabía dónde estaba, pero yo simplemente corrí; sin embargo Luca, como era más rápida que yo, me detuvo. Caí de bruces al suelo.
―¿A dónde piensa ir? ―preguntó preocupada.
―¡Dime donde fue donde nos encontramos por primera vez!
Pero tuve que calmarme. La notaba confundida y asustada y tenía miedo a que se pusiera a llorar. Me acerqué a Luca y le pedí que se sentase, porque quería intentar calmarla. Luca se sentó.
―Vamos Luca ―la abracé―, toda está bien... Ya terminó el terremoto... Todo está bien... Estamos vivos...
Y luego de sermonearle un poco más, se tranquilizó y ya calmada, le hice la misma pregunta de antes:
―¿Donde fue donde nos encontramos por primera vez?
Luca con sus ojos me miró, me pidió que la siga y se puso a correr. Le seguí por el bosque hasta llegar al lugar que le indiqué. Estaba algo cansado. Noté que Luca miraba el río, tal vez recordando lo que pasó hace un par de noches.
―¿Qué piensa hacer acá? ―preguntó Luca.
―¡Silencio! Déjame recordar algo... Aún recuerdo como llegué hasta aquí así que el pueblo debe estar... ¡por allá!
Empecé a caminar y Luca me seguía a mi tras. Ella me seguía haciendo preguntas, pero yo solo pensaba en el estado del pueblo. Caminé por un rato, lo primero que observé fue un edifico casi destruido, pero que aún se mantenía en pie. Ya que era alto, decidí llegar al último piso para ver el estado del pueblo. Intenté abrir la puerta pero no pude, así que Luca me ayudó a romper la puerta de la planta baja con una patada. Subimos. Todo lo que estaba adentro estaba destruido o caído: desde armarios y cuadros a vidrios rotos y libros. Ya llegaba a la azotea, pero en las escaleras observé un hombre tirado en el piso con mucha sangre en la cabeza y cerca de él también.
―Esta...
―Sí, está muerto.
Intenté ignorar la escena pero Luca no le quitaba los ojos de encima. Ella saltó para evitar pisar la sangre y yo, como tenía zapatos, nomás caminé por encima. Llegamos a la azotea y cuando ya pude verlo, por fin pude comprobar el estado... la destrucción era casi total. Me puse triste, pero más estaba enojado, iracundo. Me senté sobre la azotea. "¿¡Porque carajo me tiene pasar todo esto?!", pensaba. En una posición "privilegiada" me encontraba. El único ruido que podía escuchar era un aire silbante que pasaba a través de las estructuras que estaban destruidas; había pocas casas que quedaban en pie, pero la mayoría estaba a un paso de ser solo escombros. Sí, era una buena posición en la que estaba, ya que podía ver la destrucción del bendito terremoto. A pesar de que el edificio era alto, no podía ver mi casa.
―Nate... ¿Te encuentras bien?
Volteé a verla. Ella me miraba distinto, tal vez sabía cómo me sentía... ¡claro! ¡Ella es un Lucario!, debería saberlo, pero aun así, no entendía por qué me lo preguntaba.
―No, Luca... no me siento nada bien ―al final le respondí.
Se puso a mi costado y también se puso a ver el pueblo. Por un momento seguí contemplándolo junto a Luca. Luego, bajé del edificio, porque quería ver cómo había quedado mi casa de todo esto. Aunque no tenía muchas esperanzas de que estuviera en pie, esperaba que tuviera algo de suerte. Por un rato caminé y me encontré con mi escuela, que estaba a punto de caerse abajo. "A unas cuadras debe estar", pensé. Luca me seguía silenciosamente. Había escombros de las casas y edificios por todos lados y había algunos cuerpos tirados en la calle, era realmente perturbador lo que veía. Al fin llegué, y, como era de esperar, también estaba destruida. Las pocas esperanzas que todavía me quedaban se destruyeron. Caminé lentamente hacía los escombros de mi casa, y me senté; los observé un rato más y me puse a llorar sobre mis rodillas.
―Nate...
Yo intentaba no llorar... ¡pero maldita sea, ya no podía soportarlo! El lugar donde viví, el lugar donde me crie... destruido. Sentí nostalgia de todo lo que había perdido. Recordé a mi amigo José, que tal vez muerto esté, esperaba que hubiera salido de esta, pero con la suerte de mierda que tenía sabía que había pocas posibilidades de ello. Sentí el brazo de Luca rodeándome el cuello.
―Desahóguese ―escuchaba que Luca me decía―, es malo guardar ese tipo de sentimientos.
Me puse sobre el hombro de Luca y ella me empezó a darme palmaditas en la espalda.
―¡Por que carajo me pasa esto, Luca! ¡¿Por qué!? ―grité, aun con la cabeza en su hombro.
Ella no me respondió, solo se limitó a seguir dando palmadas a mi espalda. Yo me quejaba del maldito destino que tenía, aunque ya me estaba acostumbrando a las decepciones y a la miseria que me sucedía. "¿Ahora que podía hacer?, no iba a quedarme llorando, ya había aprendido que no sirve de mucho... no... debía hacer algo", pensé. Lo único que se ocurrió en el momento era viajar al otro pueblo para vivir allí, conocía la ruta pero no tenía nada para resguardarme del frío que hacía. No sabía si es que el otro pueblo también estaría en el mismo estado, pero debía intentarlo... no perdía nada. Además, debía pensar en dónde pasar la noche. No pensaba quedarme por aquí, así que debía conseguir un saco para dormir o algo parecido, pero antes quería hacer una cosa.
―Luca...
―¿Ya se siente mejor?
―Sí... por cierto, ¿me habías dicho que nunca habías ido al mar?
―Sí, ya se lo dije.
―Pues... podríamos ir ahora.
―¿De verdad? ―respondió emocionada.
―Sí, ¿vamos?
Luego de enjuagarme las lágrimas, fuimos a la playa... la única vez que sentí fría la arena. Luca miraba al mar ir y venir y se sorprendió de la textura de la arena. Al final, decidió acercarse y tocar el mar.
―¡Esta frío!
Y también tomó un poco... me dijo que era le era muy salado el sabor del mar. Yo me reía a sus espaldas, pero me detuve para acompañarla y le lancé un poco de agua a la cara.
―¡Que le sucede, esta fría!
―Emm... yo... lo siento.
Me miró enojada, y yo le pedí disculpas. Al principio no quiso aceptármelas, pero al final aceptó. Ya era hora de que buscase las cosas para partir y había una tienda que yo conocía en donde podía encontrar lo que buscaba: una tienda de abasto; y tenía esperanza de que todavía estuviese en pie. Caminábamos y comencé a hablar con Luca para intentar olvidar lo del terremoto. Luego de un rato, llegamos. La tienda estaba al frente y, para suerte mía, todavía estaba en pie. La puerta estaba floja, por lo que no requerí de Luca para abrirlo, bastó con empujarlo. Empecé a buscar lo que requería para viajar, mientras que Luca curioseaba algunos objetos que estaban tirados por el suelo. Una mochila pude encontrar y unas sábanas también. Y en un lugar algo apartado, encontré una caja de madera que contenía algo interesante...
―¡Vaya! ¡Tenemos licor de bayas!
La etiqueta me ayudó a reconocerla y estaba completamente llena. Me sorprendió de que no estuviese rota o al menos dañada. En la caja de madera encontré un sacacorchos, así que decidí abrirlo. Siempre quise tomar un poco y ahora tenía la oportunidad... no se debía desperdiciar, además, me podía ayudar lo que había pasado esta noche. Tomé un trago... ¡Rayos!, estaba fuerte, pero tenía un buen sabor. Luca me sorprendió cuando estaba tomando otra vez, también quiso ella probar. No quise darle, pero al final de tanta insistencia le di lo que quedaba. A Luca le gustó y me preguntó si es que había más. Yo le dije que no y ella se decepcionó un poco. Una casaca negra logré encontrar en un armario semidestruido, el cual me puse, y luego de buscar unas cosas más, decidí que ya era hora de partir. Salí y me dirigí al camino que nos llevaría a la otra ciudad. Mientras íbamos por el camino, intentaba olvidar todo lo que había pasado. Luca también estaba algo diferente después de la visita al pueblo.
―¿Te sientes bien? ―le pregunté.
―Sí, estoy bien, pero lo que vi fue algo... traumatizante. Por cierto, ¿a dónde vamos?
―Vamos a otro pueblo.
―¿Y qué piensa hacer allí?
―Encontrar un lugar en donde podamos pasar los días.
―¿Cómo?
―Ya te lo explicaré más tarde con más detalle.
Luca se quedó callada. Seguimos caminando y yo ya me estaba cansando. Le pregunté si es que ya podríamos descansar para poder dormir. Luca no tuvo objeción alguna, así que saqué una sábana, que lo que puse en el piso, acomodé la mochila como si fuera una almohada, me tumbé encima de la sábana y me cubrí con otra.
―¿Puedo dormir al lado suyo? ―preguntó Luca.
Le permití que durmiera conmigo. Ambos nos dábamos la espalda y yo solo seguía pensando en el pasado. Su cola me molestaba un poco, pero no se lo dije. La luna estaba llena y estaba encima de nosotros, deberían ser entonces la medianoche. "Hay que ser optimista", me repetía. Lo único bueno que podía sacar de esto era el hecho de que sigo vivo, sino estuviera muerto como los tantos que vi en las calles del pueblo... eso me puso de buen ánimo, pero más peso tenía todas las penurias que había pasado. Otra vez la tristeza me invadió. De un momento a otro, sentí que Luca giró y me lamió el cuello.
―¡Pero que fue eso!
―Yo... lo siento. Intentaba animarlo, yo sentía que usted estaba triste.
―Bueno, aunque sea lo has intentado.
Le acaricié la cabeza. Otra vez me puse feliz, porque sabía que ella intentaría animarme en lo posible. Qué reconfortante era saber eso. Hay veces que no entiendo como un pokémon puede ser tan leal a una persona, ¿será por eso que hay entrenadores que aman tanto a sus pokémon? ¿Tanto que lo llegan a amar como a otra persona? Bueno, eso es lo que había escuchado de vez en cuando en los reportajes de televisión. Miré a Luca, que había cerrado sus ojos, y me puse a pensar: "Llegaría hasta ese punto con Luca, ¿quién sabe?... Ahora solamente tengo a Luca para que me acompañase en estos días... Sí, tal vez pase... tal vez es el destino...".
