Disclaimer: Los personajes le pertenecen exclusivamente a Hiro Mashima. Solo la historia es completamente mía.

Pasaron dos días desde que Loke me dijo que me entrenaría. La dolencia del pie había desaparecido por completo hacía ya unas cuantas horas por lo que hoy comenzaríamos los entrenamientos. Me hallaba desayunando algo diferente en la pequeña cocina de la casa, gracias a Virgo (que se había ofrecido a comprar alimentos) podía tener más variedad para comer. Estaba disfrutando de unos cereales con chocolate cuando la imagen de un pelirosa apareció en mi mente. No pude evitar preguntarme si con el poco tiempo que había pasado ya sería más fuerte que la última vez que nos vimos.

'Yo también voy a hacerme más fuerte, Natsu' pensé en mi interior. No tendría que volver a verle la espalda a nadie más, no sería más el miembro débil, no sería más la que tenía que ser siempre protegida.

'Ahora seré yo quién os proteja' miraba por la ventana sombría, el día estaba nublado pero no había previsiones de lluvia.

- Lucy-. Escuché la voz de Loke llamarme a mis espaldas.

- Vamos allá-. Le sonreí amigable mientras le seguía afuera.

Anduvimos por el bosque buscando un lugar que tuviera un terreno más o menos plano y que estuviera aislado. Al cabo unos cuarenta minutos lo encontramos.

- ¡Por fin!-. Resoplé mientras me tiraba en la hierba.

- Lucy, arriba-. Ordenó el espíritu serio.

- Ahhg-. Un suspiro salió de mis labios indicando lo poco que me gustaba eso.

- Creo que lo mejor sería que aprendieras unos cuantos hechizos de cada elemento para poder defenderte bien. El ataque cuerpo a cuerpo vendrá bien para cuando estés sin magia o no puedas usarla.

- ¿Me lo enseñarás tú todo?.

- No. Yo y Capricornio te enseñaremos técnicas de combate sin magia. Virgo te enseñará a controlar el elemento Tierra, que es su especialidad. Aries hará lo mismo con el elemento Viento. Géminis te enseñará la magia Take Over.

- ¿Quién me enseñará el elemento fuego y agua?-. Cuestioné. El rostro de Aquarius envuelto en lágrimas apareció con una fuerza que me hizo dar un paso atrás.

- Mmm no tenemos ahora mismo a nadie que pueda enseñártelo-. Me respondió Leo rascándose la nuca mientras reía, quizás no notaba mi nuevo estado de ánimo o estaba intentando que no pensara en ello.- Tendrás que aprenderlo tu sola leyendo libros.

- ¿Más gastos?, mierda. Los libros de hechizos no eran precisamente baratos, podían llegar a costar más que una llave de plata. Ya podía escuchar los sollozos de mis cuentas bancarias.

- Atácame-. Me dijo Loke en posición de combate. Lo miré indecisa, no quería pelear contra mis propios espíritus y menos aún causarles daños.

- Eto ...

- ¿Sabes Lucy?, estás más gorda-. No hizo falta que dijera nada más. Con la vena palpitando en la frente salí disparada a su encuentro.

- Patada de …¡Lucy!-. Levanté la pierna dispuesta a darle en el pecho pero me vi sorprendida cuando agarró mi pierna y me levantó el aire. Me estrelló con fuerza en el suelo golpeando mi cabeza con intensidad. Me miré indignada las heridas sangrantes de los brazos.

- Cuando ataques, asegúrate de que no quede ningún punto débil al alcance del enemigo.

Me levanté decidida y volví a atacar pero haciéndole una finta esta vez. Conseguí darle un leve toque en el costado antes de volver a besar el suelo. Pasamos la tarde así, aprendí gran cantidad de posturas defensivas y varios ataques, y me gané gran cantidad de rasguños y raspones. Debido a mi poco aguante (el cual fue reprochado duramente por Loke) tenía que estar cada dos por tres haciendo descansos de un par de minutos.

Antes de entrenar nos pondremos a correr. Podemos usar el camino que hay desde el albergue hasta aquí para ello-. Me dijo Loke mientras emprendíamos el camino de vuelta en la bien entrada noche. Puso uno de mis brazos sobre sus hombros para ayudarme a caminar.

A la mañana siguiente me levanté con un dolor que era fácilmente comparable al de mil agujas clavadas en tu cuerpo. Con decir que al intentar levantarme de la cama caí de bruces al suelo por mis piernas flojas ya quedaba claro, ¿no?.

Con una gran dosis de medicina y calmantes pude aguantar la sesión de entrenamiento. No aguanté todo el camino de ida corriendo, lo que hizo que me ganara burlas por parte de mi mentor. Este día fue más para aprender nuevos ataques y esquivar todo lo posible que saber defenderme.

Este fue el plan de toda la semana hasta que tuvimos que hacer una parada porque necesitaba hacer un trabajo y llevar dinero a casa. Hice dos trabajos de 30.000 jewells cada uno. Eran cosas simples como hacer de camarera o ayudar en una tienda, duraron casi dos semanas cada trabajo.

En esas semanas me iba por la tarde a hacer algo de ejercicio. Las agujetas que sufrí en el entrenamiento fueron una mayor tortura que los golpes que me daban Loke y Capricornio y no quería volver a tenerlas.

Con el pasar del tiempo mi relación con Amaia había mejorado hasta el punto de que cuando encontraba algo interesante me llamaba por teléfono para informarme sobre de qué iba y cuánto era la recompensa. Algunas tardes salíamos a tomar café juntas y yo le hablaba de mi antiguo gremio, al principio acababa llorando pero poco a poco fui consiguiendo poder hablar de ellos sin soltar ni una lágrima. Tal y como dijo Loke, el dolor nunca se va, solo aprendemos a convivir con ello.

Los meses fueron pasando. Yo me había vuelto increíblemente fuerte hasta el punto de que la gran mayoría de las misiones podía hacerlas sola sin llamar a los espíritus, a veces necesitaba su ayuda, pero no era como antes que cada vez que entraba en batalla tenía que llamarlos.

Estaba casi empezando la primavera, el clima de Daishnar era muy extremista. O hacía frío y llovía o hacía tanta calor que tenías que ir con pantalones cortos y tirantas.

Me hallaba un día por la mañana desayunando con Amaia en un bar cercano al centro de trabajo. En mis manos tenía un folleto de un festival que se celebraría en un par de semanas. A diferencia de otras fiestas esta solo duraría un día, pero era de las más importantes de la ciudad y la que más afluencia de gente atraía.

- Vamos Lucy, será divertido, ¡apúntate conmigo!.

- No sé Amaia…

- Por fiiiis

- Es que me da vergüenza… bailar delante de todo el mundo.. ¿y si me tropiezo o me caigo?. ¡Voy a tener que bailar con tacones de más de siete centímetros!.

- Si practicas podrás hacerlo bien. Se ejercita mucho el abdomen con este baile y además, vendrán reporteros de todo Fiore. Quizás te hagas famosa o salgas en sus revistas-. Tenía los ojos brillantes como si tuviera un sol en ellos.

La miré aún indecisa. Siempre he querido salir en alguna revista o ser una celebridad, pero seguía teniendo miedo.

- Se va a retransmitir por todo el reino. Quizás tus ex-compañeros lo vean, ¿no crees que es la mejor manera de demostrarles lo equivocados que estaban al no llevarte con ellos?-. Había algo de malicia en sus palabras.

Tiempo atrás fue algo de lo que hablamos. La curiosidad le picaba y tuvo que preguntarme por qué no me había ido con alguno de mis compañeros, por qué ninguno de ellos me dijo de acompañarlo, algo a lo que no pude responderle. Tenía una ligera idea, una que me provocaba un dolor inimaginable en el pecho.

- Tal vez lleves razón-. Tenía algo de resentimiento en mi corazón. Cuando más los necesité me dejaron atrás. Hubiera deseado tener a alguien que me ayudara a salir del agujero negro en el que me había metido. La muerte de Aquarius, la destrucción de prácticamente toda Magnolia, la disolución del gremio. Supuestamente los amigos están para todo, lo bueno y lo malo, o eso decían ellos.

'Mentira, todo son mentiras'. Me decía una voz oscura, la que siempre aprovechaba el mínimo despiste para asaltarme de malos recuerdos, de rencores, de odio.

Lo bueno de todo esto es que había quedado claro que no necesitaba de nadie, no depender de ninguna otra persona para ser feliz..

- ¿Qué tipo de baile haremos?-. Mi compañera aplaudió entusiasta al conocer mi decisión.

- Es un baile tribal, se trata de mover las caderas al ritmo de percusión. Al principio cuesta seguir el ritmo pero cuando lo consigues no puedes parar aunque te ardan los pies. ¡Este es el segundo año que se celebra así que hay que hacerlo a lo grande!.

- De acuerdo ¿dónde practicaremos?.

- En mi casa, tengo una pequeña sala dedicada al baile.

- ¿No vivías en el albergue de la ciudad?.

- Me he mudado hace un mes se me olvidó decírtelo-. Sus mejillas se tornaron rojas.- Está casi a pie de playa así que cuando terminemos podemos ir a disfrutar de la arena.

- ¡Suena genial!-. Le dije emocionada. Las temperaturas últimamente eran altas por lo que un baño en la playa era ideal para refrescarse, piel bronceada, muchachos guapos con cuerpos increíbles... ¿quién se resiste a eso?

Estuvimos comprando ropa y zapatos el resto de la mañana. Después acudimos al sitio donde organizaban el evento para apuntarnos. Allí daban clases pero como Amaia ya estuvo el año pasado vieron innecesario acudir a ellas, sería mi amiga quién me enseñaría. Nos tomaron las medidas para las ropas que llevaríamos y nos enseñaron distintos bocetos y colores para que eligiéramos.

- Es precioso-. Susurré mirando un dibujo del que sería mi atuendo. Consistía en una especie de bikini con pedrería que aunque enseñaba bastante no te hacía ver como una cualquiera. La parte inferior consistía en una braga algo pequeña que tenía en la parte trasera un tejido de gasa que se doblaba en repliegues. La parte superior era un sujetador sin tirantas con una argolla dorada en el centro.

- ¿Qué colores quieres?-. Me preguntó la modista.

- Me gusta el negro y el dorado-. Con la goma y el lápiz empezó a modificar la idea plasmada en el papel. Me mostró ahora el bikini de tejido negro con los cordones y los bordes en dorado.

- ¿Quieres la gasa en otro color o la dejamos en negro?.

- Yo creo que en dorado quedaría mejor, resaltaría tu bonito culo-. Interrumpió Amaia que estaba sobre una plataforma en la que le tomaban medidas.

- ¡Amaia!-. Le reproché con las mejillas rojas, ella me mostró una sonrisa pícara.

- ¿Entonces dorado?-. Me preguntó la modista.

- Lo prefiero negro ..-. Le respondí mientras seguía fulminando a mi compañera la cual refunfuñó en respuesta.

- Vamos a deslumbrar ese día Lucy.

- ¿Qué color llevarás?.

- Será blanco. Mi parte superior es de tirantas y la gasa recubre casi todo mi trasero.

- Eso ocultará tu buen formado trasero-. Le dije con burla.

- Ja ja ja ja, que graciosa. En cuanto empecemos a bailar la gasa se levantará.- Vamos, aún quedan unas cuántas horas para la noche empecemos a practicar.

Tras darle las últimas medidas a las encargadas salimos a la puerta empujándonos entre bromas.

- Vaya, vaya, vaya. Pero mirad que tenemos aquí, pensaba que este año no saldrías en el desfile. Después del ridículo del año pasado..-. Unas risas se escucharon en el lugar.

- Agatha-. Murmuró Amaia con odio. Frente a nosotras había un grupo de tres mujeres, dos eran gemelas de cabellos oscuros y ojos verdes. La tercera era una peliroja de ojos grises. Todas tenían muy buen cuerpo pero la de pelo rojo destacaba sobre las demás.

- ¿De verdad vas a desfilar este año?. ¿Ya olvidaste tu ridícula caída el año pasado?.

- ¿Ya olvidaste como dejar de ser tan asquerosa?.

- Ay, que borde… solo era un consejo. La gente habló durante días de tu caída, si quieres volver a ser el centro de burlas allá tú.

- Sigue haciendo lo que fuera que ibas a hacer y deja de molestar-. Dije molesta, no iba a permitir que insultaran a mis amigas.

- ¿Y tú eres?.

- La que va a patearte el culo como no le hagas un nudo a esa lengua tuya-. Había reconocido a la joven. Agatha Kinghead, una modelo casi tan famosa como Mirajane, era una creída que iba humillando a sus oponentes, su mala actitud era un constante tema de conversación en las revistas de corazones. Era una maga de elemento tierra pero no tenía grandes habilidades por lo que podría derrotarla sin apenas esfuerzo.

- Agatha no pierdas el tiempo con las bichas estas, vamos a ver nuestros bocetos-. Le susurró una de las gemelas.

- Sí. No merecen nuestro tiempo-. Habló la otra. La peliroja nos miró con asco, como si fuéramos inferiores. Mis manos se cerraron en puños. Si seguía así saltaría sobre ella y el destrozaría su bonita cara.

- Vamos-. Le respondió la cabecilla mientras marchaban dedicándonos una ultima mirada de desdén.

- Estúpidas-. Murmuró Amaia.

- Venga vamos a bailar-. Tiré de sus brazos para que dejara de pensar en ellas.- ¿Milly se encargará del puesto por ti?.

- Sí, le he pedido que me sustituya estas dos semanas.

- Pues venga. ¡A practicar!.

- Cuando ella dijo que al principio el baile parecía complicado no mentía. Tenías que mover las piernas y las caderas a la vez en la mayoría de los pasos. Los tacones ayudaban a que se marcaran más los movimientos pero me hacían comerme el suelo de madera en varias ocasiones. Al caer la noche ya había aprendido todos los pasos pero mis pies estaban rojos e hinchados. No podía sentir siquiera los dedos. La buena de Amaia me pidió que me quedara a dormir y así me evitaba darme el paseo hasta mi cada, acepté sin pensarlo dos veces mientras ponía hielo en mis extremidades.

- Si ganamos, nos darán un premio metálico-. Me dijo la castaña mientras trenzaba mi pelo.

- ¿Cuánto?.

Unos 400.000 jewells cada una-. Escupí el zumo el que estaba bebiendo en aquellos instantes mojando un poco el suelo.

- ¡Con eso puedo pagar casi un año el alquiler!-. Le decía mientras limpiaba el estropicio.

- Yo el año pasado no competí solo desfilé, este año todas las que se inscriban entran en la competición directamente. Las que viven en la ciudad la entrada es gratuita pero a las visitantes les cuesta unos 5.000 jewells la inscripción.

- Que caro….

- Es necesario, si no, no podría celebrarse. Hay que hacer las carrozas, los trajes, los preparativos…. son muchas cosas y no son baratas.

La conversación duró horas y horas. Amaia era una chica realmente buena y dulce. Había nacido en Crocus en el seno de una familia con buena economía por lo que nunca le faltó nada. Le gustaba la magia pero no sabía usarla, los elementos normales no parecían ser su especialidad.

- ¿Has probado con la magia de escritura?.

- ¿Existe una magia así?

- ¡Hay muchísimos tipos de magia!-. Veía como la ilusión aparecía en sus ojos.

- ¿Podrías enseñármela?.

- Puedo intentarlo, en las tiendas de magia suele haber libros que te enseñan.

- Como no podía usarla no solía entrar…quizás si me hubiera dejado llevar por la curiosidad hace tiempo habría aprendido.

- No le des muchas vueltas, mañana iremos a buscar Los libros, a mí también me hacen falta.

La castaña me dedicó una sonrisa sincera. Por un momento sentí que volvía al pasado y quien estaba delante de mí era Mirajane y no Amaia. El gesto de la cara debió de cambiarse porque a los pocos segundos tenía a la castaña moviendo mi hombro.

- ¿Estás bien?.

- Sí, es solo que me recuerdas a alguien..

- ¿De Fairy Tail?.

Asentí en respuesta mientras miraba mis manos.

- ¿Has tenido contacto con ellos desde la disolución?.

- No, pensé que al principio estarían ocupados con las mudanzas y demás pero ya ha pasado mucho tiempo. Quizás…-. No pude continuar debido a que sentí un pellizco en el brazo que me hizo gritar.

- ¡No te atrevas a pensar que quizás te hayan olvidado!. Me niego a creer que esas personas de las que hablas tan bien y que, según tú cuidan de sus compañeros, se hayan olvidado de ti. No le des más vueltas, quizás estén todo el día haciendo cosas para no pensar en lo que pasó en el gremio.

Me quedé en silencio con la cabeza gacha. Mis nudillos se apretaron contra mis muslos volviéndolos blancos.

- ¿Por qué no me llevaron con ellos?. Esa es la pregunta que me hago todas las noches desde que me la hiciste aquél día, no me habría importado quién fuera pero realmente me habría gustado que alguien me dijera de acompañarlo. Mi amigo se fue dejando solo una carta, mi amiga de la infancia sacrificó su vida para salvarme y el sitio que consideraba mi casa, mi hogar, ya no existe. Duele Amaia, estar rodeada de gente y sentirte tan sola. Aún no lo supero, da igual cuanto intente engañarme a mi misma. El dolor acude a mí por las noches y arrasan con los buenos pensamientos o los éxitos obtenidos en el día. Hay días en los que siento que me falta el aire, no sé que hacer, estoy perdida.

- Lo estabas. Yo estoy aquí contigo ahora Luce. Solo te falta tener un objetivo en mente, hasta ahora hacías lo que podías para sobrevivir, no vivías. Es hora de dejar el pasado atrás, crees que has avanzado pero no lo haces porque esas dudas que tienes no te dejan seguir adelante. ¿Qué importa la razón por la que no te llevaron con ellos o el porque no te llaman o te envían una carta?, te está amargando la vida y odio ver a mi única amiga desolada.

La castaña se abalanzó hacia a mí, estrechándome entre sus brazos. Me hablaba en voz baja, buscando consolarme tal y como hice yo con Wendy tiempo atrás. Descargué mi rabia y mi pena contenida durante tantos meses.

A la mañana siguiente nadie sacó el tema de conversación. Nos dedicamos a bailar, perdiéndonos entre el ritmo y la melodía de percusión. No fuimos a buscar los libros, ya habría tiempo para eso, solo queríamos danzar sin parar.

Algo curioso sucedió en una de las sesiones de baile. Mientras veía a mi amiga bailar observé como pequeños destellos azules salían de sus manos. Ella tenía los ojos cerrados así que no podía verlo.

Miré maravillada como más destellos se hacían visibles mientras giraba sobre si misma. Junté las palmas a la altura sobre mi pecho. Cuando la música terminó me miró extrañada.

- ¿Qué te pasa?.

- ¿No te has dado cuenta?-. Ella solo me miraba con confusión.

- Ehmmm, no ..

- ¡Estabas haciendo magia!-. Sus labios formaron una perfecta "o".

- ¿D-de v-verdad?-. Asentí enérgica.

Pon de nuevo la música y empieza a bailar. Concéntrate solo en el baile pero intenta no cerrar los ojos, o por lo menos no del todo ¿vale?-. Tal y como ordené ella empecé a moverse siguiendo el ritmo. Los destellos volvieron a aparecer, solo que esta vez ella misma pudo verlo con sus ojos. El grito que pegó debió de poder escucharse desde la misma ciudad de Crocus.

- Joder, menudo volumen-. Susurré mientras intentaba destaponar mis oídos con los dedos.

- ¡LO HE HECHO LUCY! ¡LO HE HECHO!.

Le sonreí compartiendo su alegría mientras la veía dando saltitos a mi alrededor.

'Menudas semanas me esperan', pensé mientras observaba como volvía a poner la música e intentaba volver a hacer magia

Los días fueron pasando. Amaia mejoró considerablemente, ya podía envolver todo su cuerpo en una humareda azul y en sus pies se formaban ondas de color azul que se movían acompañando el ritmo.

Yo por mi parte ya podía bailar horas y horas con los tacones que ya no sentía dolor alguno. Si de por sí con los entrenamientos con los espíritus mi aspecto había cambiado positivamente ahora lo había hecho aún más. Mis piernas estaban torneadas y mi vientre empezaba a presentar un leve atisbo de abdominales. Mi trasero se había vuelto más respingón lo que causaba que me silbaran por la calle, al principio subía el ego pero después resultó cansino.

Las modistas en una ocasión nos llamaron para informarnos de que pondrían flecos en la parte inferior del sujetador para que fuera más vistoso y que pasáramos cuando quisiéramos a ver los trajes.

Ya solo quedaban dos días para el gran festival. Se notaba por la llegada masiva de personas a la ciudad y la gran cantidad de periodistas que vendrían a retransmitirlo todo. Las calles adornadas con farolillos de distintos colores, las bandas practicando a pie de calle la música que sonaría. La ciudad estaba más viva que nunca.

Amaia y yo ya teníamos nuestra coreografía montada. Los jueces dijeron que se podía usar magia así que haría algunos efectos con la magia que había aprendido. Tenía algo preparado con Géminis, algo que ni siquiera Amaia sabía por lo que sería una sorpresa.

Iba a sorprender al mundo, o al menos eso esperaba.

*En otro lugar*

- Entonces ¿no hay nada nuevo?-. Preguntaba una joven de cabellos oscuros.

- No-. Le respondió un chico de mirada carmesí.- Tenemos localizados prácticamente a todos los miembros pero curiosamente ninguno vino a nuestra ciudad.

- A lo mejor les da cosa. Fuimos enemigos tiempo atrás-. Un joven de cabellos rubios con un enorme sombrero se hallaba al lado de sus amigos leyendo un libro.

- Pero ellos saben que ya no hay enemistad entre nosotros, Rufus.

- A mí daría cosa venir a la ciudad en la que estuvo la base de nuestros oponentes, Rogue.

- ¿De Lucy seguimos sin saber nada, Minerva?.

- No. Esto tiene a Yukino subiéndose por las paredes. Es como si a la rubia se la hubiera tragado la tierra.

- Quizás haya ido a una ciudad poco conocida-. Intercedió Rufus.

- Puede ser, en este último año han aparecido muchas ciudades nuevas-. Apoyó Minerva mientras miraba un mapa.

A su lado, sentando en un banco se hallaba un muchacho de cabellos rubios. Tenía en sus manos una libreta con fotos y señalizaciones indicando donde estaba cada miembro de Fairy Tail. Algunas páginas solo tenían una foto y dibujos de interrogaciones, mostrando la poca información de ellos.

- Ni siquiera se sabe nada de Natsu. Con lo destructivo que es debería de haber sido el primero en dar señales de su localización-. Murmuró Rogue a su vera, viendo que no respondía suspiro.- Ya verás como aparecen todos, Sting.

- Natsu no me preocupa, él es fuerte y no tendrá problemas sin entra en combate. Quién me preocupa es la maga celeste, si le quitan sus llaves…

- No la infravalores, seguro que está bien y que llegado el caso podrá salir de esa situación.

- No sé que decirte... ¿Cómo está Yukino?-. Había preocupación en su voz, la maga había cambiado drásticamente desde que sabía que su amiga estaba por ahí sola.

- Igual. Apenas sale de casa, ella sí que me preocupa. La última vez que la vi me dejó muy intranquilo. He intentado ir a verla pero prácticamente me saca los dientes si me ve cerca de su puerta.

Sting solo pudo suspirar resignado. Era increíble como la disolución de un gremio podía afectar al ánimo de otro. La mayoría de los miembros de Sabertooth seguían con su vida diaria sin problema, pero los más importantes tenían una actitud decaída y apenas se les veía por el edificio .

Su pensamiento se dirigió a la rubia desaparecida. Se preguntaba cual sería su condición, en donde estaba, qué estaba haciendo. No se lo perdonaría si por no buscar lo suficiente a ella le podría pasar algo. Aún recordaba como los habían ayudado a traer a Minerva a casa, como uno de sus espíritus se sacrificó para salvarla y poder llamar al Rey y así destruyera Tártaros (era una información que Yukino había recibido de un chivatazo por parte de Libra, se habían quedado sorprendidos al saberlo. La maga de pelo blanco había roto a llorar desconsolada y los demás estaban en shock como para decir algo). Realmente todos se habían salvado gracias a ella y a Aquarius.

Y algo, muy dentro de él, le decía que nadie se lo había agradecido.

Si ella estaba en peligro o cuando más los necesitara ellos no estaban para ayudarla, no merecía seguir siendo el maestro de un gremio, que según él intentaba tener la misma ideología o parecida que Fairy Tail.

- ¿Dónde estás, rubia?-. Se preguntó a sí mismo viendo la hoja del cuaderno donde había solamente una foto de Lucy. Una hoja casi en blanco que lo ponía de los nervios a él y a la maga de peli blanca.