Disclaimer: Los personajes le pertenecen exclusivamente a Hiro Mashima. Solo la historia es completamente mía.

El tren no llegó muy lejos, alguien (o más bien un grupo porque yo veía incapaz que una sola persona fuera capaz de realizar tal acción por si solo) había robado un buen tramo de vía.

Debido a este percance me vi obligada a parar en un pueblo llamado Brownfields, era algo pequeño y sus habitantes en su mayoría eran de economía muy baja que trabajaban regando el campo con su sudor y la sangre de sus manos.

- Genial-. Murmuré mientras escuchaba el cielo rugir. Me puse rápidamente una capa con capucha para protegerme y seguí andando.

Caminé por las descuidadas y sucias calles buscando una oficina de correos. Los maquinistas dijeron que tardarían como máximo un par de horas en arreglarlo y dejarlo todo en funcionamiento. La gente bien podía quedarse en sus asientos o salir a dar un paseo a matar el tiempo.

Gruñí mientras me frotaba la espalda, había cogido mala postura en el viaje y ahora lo estaba pagando con creces. Dejé una carta dirigida a Amaia en la oficina de correos cumpliendo con el trato de mantenerla informada.

Me moví intentando localizar una taberna donde quedarme hasta que fuera la hora. De repente uso guardias con los ropajes de Crocus pasaron a mi lado empujándome. Lancé un quejido, uno de ellos me había dado en la dolorida espalda provocándome una punzada. Tras recuperarme los seguí curiosa de saber por qué había tanto alboroto.

Me adentré en un laberinto de callejones que, si no fuera porque vi a más soldados en carrera me habría perdido. Llegué a una pequeña plaza en la que había una gran congregación formada por personas procedentes del pueblo, visitantes y soldados imperiales. Había unos cuantos puestos que se habían derrumbado, otros tenían grandes desperfectos y apenas se mantenían en pie lo que demostraba que había ocurrido una revuelta.

- ¿Qué ha pasado aquí?-. Le pregunté a una señora mayor que estaba apoyada en su bastón.

- Parece ser, que la gente que vendía cosas aquí lo hacían de forma ilegal. La guardia llevaba ya un tiempo investigándolo hasta que han reunido suficientes pruebas y han venido a por los vendedores. Aunque me dan lástima.

- ¿Por qué?.

- Muchos de los vendedores son de aquí, apenas tienen formación o saben un mínimo de leyes. Incluso hace varios años cerraron la escuela haciendo que se fueran los jóvenes, aquí solo quedan ancianos analfabetos y pobres como yo. Lo que vendían era productos cosechados de sus campos, animales criados por ellos mismos, ropas u objetos hechos a mano, nada de lo que se pueda comprar aquí es robado. Van a llevárselo todo y a encarcelar a mucha gente, algunos incluso son amigos míos-. Me terminó de explicar mientras lloraba viendo a un soldado llevarse a un hombre esposado.

- Lo siento mucho por ustedes-. Le respondí sintiendo un nudo en el estómago. ¿Qué culpa tenían ellos de no saber?, intentaban sobrevivir como podían, no se les podía echar en cara eso.

- ¿Qué has escondido en la mochila, anciano?-. Una fuerte voz se alzó callando las demás. Un oficial estaba delante de un hombre mayor en una posición intimidante.

- Ya le he dicho que no tengo nada-. Le respondió el mayor agarrando con fuerza su bandolera escondida dentro de su capa. Era de baja estatura, calvito y delgado. Estaba encorvado muerto de miedo ante la mirada fulminante del otro varón.

Repentinamente cayó de espaldas contra el duro suelo, empujado por el guardia. El pobre anciano soltó un gemido lastimero mientras ponía una de sus envejecidas manos en la espalda.

- Malditas ratas-. Murmuró el recluta.

- ¡Ya basta!-. Exclamé mientras salía a interponerme entre los dos. Me agaché a la altura del octogenario que me miró con agradecimiento.

- Quita de en medio, mocosa.

- ¿¡Cómo se atreve a hacerle eso a un hombre mayor!?.

- ¡Estaban vendiendo cosas de manera ilegal, no hay excusa!.

- ¡Sí la hay!. ¡Ellos no han recibido la suficiente educación para saber que necesitan papeles para vender sus productos!. Se han llevado toda la vida así y el único sitio donde podrían formarse ha cerrado. ¡Nadie nace sabiendo!.

- ¡Han tenido suficientes años para aprender!.

- ¿Y en qué momento pretende usted que lo hagamos?-. Saltó un adulto entre el público.- Nos llevamos desde el amanecer trabajando hasta casi por la noche para llevar la comida a casa. A veces no tenemos ni tiempo ni energía para estar con la familia, ¿¡cómo pretenden que nos formemos!?-. El público empezó a vitorear y silbar en apoyo al campesino, formando un revuelo. El rostro del soldado empezó a ponerse rojo de rabia, en cualquier momento estallaría.

- Basta, Docnart. Ve con varios guardias a revisar que no haya mas mercado ilegales por la zona, y deja la violencia a un lado-. Le reclamó un hombre con ropajes diferentes a los demás.

Tal y como ordenó su superior, Docnart se fue no sin antes lanzarme una mirada de desprecio a mí y a los campesinos.

Menudo imbécil.

- ¿Está bien?-. Me volví hacia el anciano que aún seguía sentado en el suelo temblando de miedo. Le ofrecí la mano que él aceptó con gusto ayudándole a levantarse.

- Gracias jovencita, no sé que habría sido de mí de no ser por usted-. Dijo mientras se sacudía el barro y miraba con pena su puesto destruido. Había por el suelo trozos de cerámica y pequeñas pulseras y abalorios hechos a mano.

- Lo siento mucho, no se merecen lo que les han hecho-. Expresé apenada viéndolo coger un trozo de jarrón con sus dedos.

- No se preocupe, lo que se rompe se puede volver a construir más grande, más fuerte y más hermoso-. Me dedicó una brillante sonrisa que, por un momento me levantó el ánimo.- ¿Le importaría acompañar a este anciano a una taberna a entrar en calor?.

- Será un placer-. Le respondí mientras le ofrecía mi brazo para que se agarrara.

- Aish, que muchacha más maja y guapa ha venido a salvar mi día-. Comentó poniéndose su capucha, lo cuál veía inútil porque ya estaba más que empapado.

Siguiendo sus instrucciones llegamos a una posada que nos recibió con el calor del fuego nada más entrar. Adentro, gran cantidad de personas estaban reunidas en el centro excepto los viajeros del tren que se habían sentado a comer algo.

- ¿Willy?.¡Dios mío!, ¿qué te han hecho esos canallas?-. Una mujer se acercó a nosotros. Era regordeta, con el pelo rubio miel rizado en una espesa melena. Iba envuelta en una gruesa falda marrón con una camiseta blanca con volantes en las muñecas. Llevaba un delantal negro que sestaba manchado de harina.

- No te preocupes Ecleta. No es nada.

- Iré a buscarte ropas. Ve y siéntate al lado de la chimenea inmediatamente-. Anunció subiendo unas escaleras.

- Que sí, que sí, pesada-. Masculló por lo bajo haciendo caso.

- ¡Te he oído!.

- ¡Que Kami-sama me ampare pues!

Reí enternecida por la situación. La posadera me trajo un delicioso pastel de chocolate y vainilla mientras Willy se cambiaba. Al volver, su rostro se veía más relajado y descansado.

- Esto ya es otra cosa. Esta mujer si que sabe como hacerme feliz-. Expresó al ver una jarra casi a rebosar de vino.

- Me alegro de que ya esté mejor.

- Muchas gracias por tu atención pequeña. ¿Cuál es tu nombre?.

- Lucy, solo Lucy.

- Bueno creo que no hace falta presentarme, ya lo ha hecho la bolita de allí-. Dijo señalando a la de cabello rizado que le dedicó un corte de manga en respuesta. El anciano soltó una estruendosa carcajada viendo el mosqueo de la que seguramente sería su amiga.

- Qué rápido se pica...-. Rió por lo bajo.- Y bien Lucy, ¿qué te trae por este pueblo?.

- Estaba de viaje pero tuvimos que hacer una parada de emergencia, han robado un tramo de las vías de tren.

- Vaya, ya me extrañaba a mí que hubiera tantos visitante por estos lares. ¿Viaje de trabajo?, ¿vacaciones?, ¿buscando el amor?-. La última frase me hizo sonreír inevitablemente al acordarme de un pelirosa pirómano.

- Estoy en un trabajo. Me dirigía a Crocus, tengo que traducir los escritos que hay en una piedra.

- Ohh, ¿sabes mucho de lenguas antiguas?.

- No, la verdad. Pero espero que este libro me ayude a descifrarlo-. Le dije mostrándole el volumen que me había traído del ferrocarril.

- Ah, este es uno de los mejores diccionarios conocidos. Apenas quedan copias en buen estado, ¿de dónde lo ha sacado?.

- De la ciudad de Daishnar.

- Es un lugar que parece estar adquiriendo mucha popularidad últimamente..

- Así es. Debería de probar ir a vender allí sus cosas. Es una ciudad muy turística, seguro que mucha gente se interesaría por su trabajo.

- No sé. Estoy muy mayor para el ir y venir de una ciudad a otra, tendría que mudarme. Este sitio, pese a que no destaca por nada en particular es donde he crecido, irme me causaría mucho dolor.

- Le entiendo-. En aquél instante recordé la sensación de pérdida que tuve en el tren mientras me marchaba de Magnolia.

- ¿Podría encargarte algo, Lucy?-. El tono misterioso y tenso que usó me preocupó.

- Claro, señor Willy. Lo que usted desee.

- No me llame así, me hace sentir viejo-. Susurró mientras se ponía de pie y me hacia subir a la tercera planta. Nos sentamos mirándonos cara a cara en un sofá que había en una esquina y poseía una pequeña mesita. Posó su bandolera en la mesa y me la acercó lentamente mientras miraba en todas las direcciones asegurándose de que nadie chismorreaba. Curiosa, me puse el bolso en las piernas y lo abrí para ver el contenido.

- ¿Qué es esto?-. Le pregunté en tono bajo mirando el extraño objeto oculto entre mantas. Era una especie de piedra de un color zafiro brillante con forma ovalaba de un tamaño considerable, su largo podría ocuparme perfectamente todo el antebrazo. No estaba frío, al contrario, emanaba un ligero calor. La superficie era gruesa pero con una suavidad propia de los pétalos de una delicada flor.

- Creo que es un huevo. Lo encontré en lo más profundo de unas minas abandonadas en las montañas del norte.

- ¿Era esto lo que le ocultaba al guardia?-. El me asintió con vergüenza.

- Temía que lo dañara. Lo he estado cuidando con mucho empeño desde que lo descubrí.

- ¿Cómo sabe que es un huevo y no otra cosa?.

- Cógelo-. Me costó bastante ya que pesaba más de lo esperado. Parecía tener líquido dentro.- Acércate a la ventana y deja que la luz de la Luna se pose en él-. Hice tal y como dijo. El astro iluminó el cuerpo, maravillada observé como la parte exterior se volvía algo traslúcida mostrando una pequeña figura alargada dentro. No podía verlo bien pero parecía una especie de serpiente o lagarto.

- Increíble.

- ¿A qué sí?. Quería quedármelo para ver que salía de ahí pero entre que estoy mayor y lo que ha estado a punto de pasar hoy temo que no puedo protegerlo.

- ¿Y quiere que lo haga yo?-. Pregunté sorprendida.

- Ajá. Quiero lo protejas, lo cuides y quieras lo máximo posible. Es tuyo ahora.

- Pero…-. Willy levantó la mano, callando mis palabras.

- Nada de rechistar señorita. ¿Qué mejor que una maga celestial para hacer del trabajo que yo no podré?

- ¿Cómo sabe que soy..?

- Mmmm, no sé. Puede que haya sido la marca en su mano que pertenece a uno de los gremios más famosos de Fiore, o quizás sea porque la reconozco de los Grandes Juegos Mágicos-. Respondió rascándose un lado del ojo haciéndose el confundido. Repentinamente se puso serio.-Sinceramente, es una lástima lo de tu gremio. Lo he estado siguiendo desde hacía muchos años. Cuando escuché que desparecisteis no perdí la esperanza de que volvierais aunque todo pareciera perdido, después regresasteis en los juegos y… jojojo me llenó de gozo ver como le pateabais el culo los tigres. Sois todos impresionantes. Os merecíais el título del gremio más fuerte-. Se jactó sosteniéndose el estomago. Enrojecí por los halagos.

- Muchas gracias-. Murmuré cohibida.

- No te daría ese huevo si no supiera que sabrás cuidarlo como se debe. Si fuera una desconocida o cualquier otra persona la que me salvase correría el riesgo de quedármelo yo.

- Prometo dar mi mayor esfuerzo y empeño en cuidarlo-. Declaré con determinación alzando mi puño.

- Lo sé, lo sé. Serás tú quién descubra que es esa cosa de ahí dentro, ¡porque yo no tengo ni idea!-. Miró su reloj mirando la hora-. Maldición es muy tarde, como me gusta rajar-. Lanzó un suspiro cansado.- Será mejor que me vaya a casa a reflexionar sobre lo que haré.

- Si decide ir a Daishnar, vaya al centro de trabajo mágico más cercano al bosque y pregunte por Amaia. Es mi amiga, seguro que le ayuda-. Le dije mientras nos poníamos de pie y salíamos del establecimiento.

- Gracias, Lucy. Ha sido un placer conocerte-. Se inclinó en agradecimiento y se marchó a su casa en un paso tranquilo pero firme.

- Igualmente-. Susurré al vacío mientras sujetaba con fuerza la correa de la bolsa.

Fui a la estación cuando aún quedaba media hora para partir. Me entretuve examinando el huevo con la desconocida criatura dentro. Da igual por donde lo mirara, la forma interior era borrosa y solo te daba para hacerte una ligera idea de que parecía ser un reptil.

- No puede ser un exceed. Es muy pequeño y alargado comparado con sus huevos.. no parece pertenecer a un animal normal y corriente. Tampoco puede ser un dragón porque esos seguro son enormes, además de que hace muchos años que no se ve uno en el continente-. Rápidamente retiré mi última conjetura al pensar en el dragón del apocalipsis.- Imposible, Acnologia es un macho-. Pero al igual que estaba él puede que hubiera una dragona hembra por ahí escondida.- Bueno, no importa, te querré igualmente-. Susurré mientras acariciaba la sorprendente cálida superficie.

Aún así pasé el resto del viaje imaginando que podía salir. Por un momento un leve escalofrío me recorrió al pensar que la cría podría ser una enorme serpiente como la de Cobra o un cocodrilo con fauces de un tamaño colosal.

Llegamos a Crocus al atardecer y el tiempo meteorológico era completamente diferente. Hacía calor y apenas soplaba una breve brisa, un contraste enorme con Brownfields.

Vagué por las calles en dirección a la enorme fortaleza de piedra mientras observaba de reojo el lugar que acogió los Grandes Juegos Mágicos. En unos meses volverían a darse, lástima que no iba a participar.

'Y quizás nunca más lo vuelva a hacer'. Para ello tendría que unirme a un gremio y la verdad, no me sentía capacitada para entrar en ninguno, ni ahora, ni nunca.

- Así se acaba nuestra leyenda-. Dije mirando la marca de mi mano. Ya no la ocultaba, generalmente los que pedían ayuda no ponían ningún inconveniente en que hubiera pertenecido al famoso y destructivo gremio, y si los tenían me buscaría otro empleo. Sentía que esconderla era como estar avergonzada de haber estado entre sus filas, y era todo lo contrario.

El rey me atendió rápidamente. Su hija se abalanzó sobre mí diciéndome que lamentaba lo ocurrido en el gremio y que había estado impresionante en el desfile, que si me hacía falta algo solo debía pedirlo.

Tal y como dijo Amaia todo el mundo parecía haber visto el festival.

'¿Me habrán visto los chicos?'. No quise pensar mucho la respuesta, metería mi mente en un embolo y me daría dolor de cabeza.

- Bueno, hablemos de tu cometido-. Dijo su majestad interrumpiendo la corriente de pensamientos.- Hace poco en una isla de la costa Este descubrimos un yacimiento arqueológico, parece tener más de doscientos años de antigüedad y ya han puesto precio en el mercado negro a lo que hemos sacado allí abajo. La extrajimos hace casi un mes y en todo ese tiempo hemos tenido intentos de robo a puñados. Hace tres días casi logran su objetivo por ello hemos tenido que pedirle a unos magos que la vigilen, estos han decidido llevársela a su gremio para que esté las veinticuatro horas del día protegida. Saben que va a llegar alguien a traducirla, lo que no saben es si es una persona normal o un mago como ellos ni su procedencia. El gremio tiene buena fama por lo que confiamos en ellos, creo que usted se llevará bien con sus integrantes.

- ¿Qué gremio es?-. Cuestioné mientras bebía de un vaso de agua que me habían ofrecido.

- Sabertooth-. Agradecí que ninguno de los presentes estuviera cerca de mí en aquél instante, porque si no, lo habría duchado de arriba a abajo.

-En otro lugar-

- Achís-. Estornudó un muchacho de cabellos rubios que estaba bajando del tren.

- Están hablando de ti por lo que parece-. Le dijo su amigo.

- Espero que sean cosas buenas-. Mascullé mientras me sonaba la nariz.

- ¿Tardará mucho en llegar el traductor?-. La joven maga celestial tenía en sus brazos a los dos pequeños exceed completamente dormidos.

- El rey ha dicho que ya estaba partiendo de su ciudad. ¿Será hombre o mujer?-. Sting agarró mejor el cofre que contenía la valiosa mercancía.

- ¿Qué más da?. ¿De qué ciudad proviene?, espero que no tarde mucho.

- Yo escuché de unos criados que venía de Daishnar-. Murmuró Lector medio dormido que luchaba por mantenerse despierto.

- ¿¡Daishnar!?. ¡Quizás conozca a Lucy!-. La alegría era clara en el rostro de la peliblanca.

- Sinceramente, ¿existe alguien en todo Fiore que no la conozca aún?-. Dijo Sting mientras una sonrisa pícara se extendía por su rostro al recordar el desfile.

- Me gustaría que me enseñara a bailar-. Susurró la joven para si misma aún sabiendo que sus compañeros podían escucharla.

- Yo más que enseñarme prefiero que me baile-. Le respondió el rubio sonriendo ladinamente.

- Que cerdo eres. No sé que ven las mujeres en ti-. Le reprochó Rogue.

- Pues ven a una belleza que sabe usar su carisma, sus labios y su lengua-. Replicó el Dragon Slayer levantando un brazo despreocupado lo que hizo que se ganara un codazo en las costillas.

- Más te vale que sujetes bien ese cofre, porque si no, habrá que elegir un nuevo líder-. Pronto los dos se enzarzaron en una disputa a grito pelado y algunos tirones de pelo en plena calle con los transeúntes mirándolos curiosos.

- Que par de niños chicos-. Murmuró Yukino mientras se dirigía al gremio aún con los gatos en sus brazos dejando atrás a su compañero y maestro pelearse entre sí.

-Volviendo con Lucy-

- ¿Entonces no tienes problemas con ellos no?.

- En absoluto majestad, es solo que me ha sorprendido.

- Bien, pues parta cuanto antes.

- Mañana al mediodía lo haré señor, tengo que buscarle una cosa a una amiga antes de irme-. El hombre de pequeño tamaño asintió mientras salía de sala, dejándome sola con su hija.

- Princesa, ¿sabe dónde hay un lugar de mensajería?.

- Dame la carta que desees enviar que yo me encargo.

- Agradecida le di una carta destinada a Amaia contándole las sucesos acontecidos.

- Te podrás quejar-. Mascullé pensando en mi amiga. Dos cartas en un día, creo que acabaría cansada de mí y me pediría que no le mandara nada tan seguido.

Dormí como un angelito en la cómoda cama de suaves telas. El huevo me acompañó toda la noche, dándome calor . Me levanté temprano por mi misma a la mañana siguiente. Hice algo de ejercicio matutino antes de ducharme y prepararme para salir a dar un pasel. Me sorprendí al ver a la princesa también despierta.

- Hime, ¿qué hace levantada tan temprano?.

- Tenía hambre-. Respondió la peliverde algo avergonzada.

¿Ya tienen preparado el desayuno a estas horas?.

- Que va. Acompáñame y elige lo que desees.

Tuvimos un desayuno abundante con tostadas, cereales y frutas. Después de aquello me llevó por las tiendas para buscarle el tan preciado recuerdo a la castaña. Llevábamos una capucha encima ocultando nuestro rostro, queríamos tener un paseo tranquilo, lejos de todo el barullo que se podía formar bien por ser ella una princesa y yo por ser famosa. Aunque el esfuerzo no sirvió de mucho porque Arcadios venía con nosotros.

Y él no se había molestado en coger unas ropas menos llamativas.

Tras una intensa búsqueda entre los puestos ambulantes me decidí por la típica bola de cristal que si la movías parecía que nevaba, la única diferencia con las demás es que poseía los edificios y el cristal oscuro, simulando que era de noche. El vendedor dijo que por la mañana la pusiéramos al sol, una pequeña bombilla que había en su interior absorbería toda la radiación posible y en la noche se iluminaria sola.

Nos dirigimos a la estación dispuesta a marchar al nuevo destino. La princesa se había empeñado en pagar el billete, según ella no tenía que gastarme dinero de más ya que el cambio de destino no entraba en el presupuesto.

- ¿Dónde se haya el gremio?.

- En Iwa. Está a unas tres horas de aquí, en las laderas de la montañas del noroeste. Yo estuve una vez y era realmente bonita, tenía arcos y acueductos distribuidos por todo el lugar.

- Me suena mucho su nombre, quizás ya haya estado antes-. Un recuerdo se expandió por mi mente. Recordaba estar con Natsu y los demás dando una vuelta por la ciudad. Pronto, nos separamos y junto con el pelirosa nos encontramos a un perdido Frosch que no conseguía encontrar a Rogue. Como era habitual el Dragon Slayer de fuego entró en una pelea destrozando la zona, perdimos de vista a Frosch después de aquello pero supongo que se reencontraría con su amigo.

La sirena sonó indicando que estábamos a punto de partir. Tras despedirme de la princesa y de Arcadios acudí a mi vagón comiendo un pequeño aperitivo.

Me dediqué a leer uno de mis libros de hechizos. Quería curiosear sobre los encantamientos de fuego y ver cuales podía empezar a aprender.

" El fuego es un elemento muy agresivo, muy bueno para ataques desde distintos tipos de distancia. Dará una gran defensa si el mago tiene un nivel alto, si no, los ataques de tipo viento y agua desbaratará la defensa. En caso de quedar a oscuras este es el único elemento capaz de iluminar el lugar aparte de la luz que es un elemento secundario. Para comenzar a usarlo debe tener cerca, como es de esperar, fuego. No importa si es una gran fogata o una pequeña llama, lo importante es que esté presente y cercana. Los hechizos se dividen según el nivel de dificultad. Hay hasta cinco niveles:

~ Nivel 0: Básico.

~ Nivel 1: Principiante.

~ Nivel 2: Intermedio.

~ Nivel 3: Avanzado.

~ Nivel 4: Experto.

~ Nivel 5: Maestro.

Cada nivel posee sus propios hechizos pero hay algunos que conforme se avanza la habilidad se hacen más poderosos. Por ejemplo, en el nivel 0 se aprende a crear pequeñas bolas de fuego que apenas provocan daños, al llegar al nivel 5 seremos capaces de hacerlas con la diferencia de que, al impactar, puede crear explosiones de un diámetro superior a cinco kilómetros, lo que causará daños devastadores. "

Cogí un pequeño mechero que había en mi mochila, una llama hizo acto de aparición en él. Volví a mirar las anotaciones del libro.

" Cuando consiga tener cerca la fuente de calor acérquela a su palma (mantenga la suficiente distancia para no quemarse). Concentre la magia en su mano de tal manera que absorba el fuego y pueda tenerlo en su mano. Las primeras veces puede recibir leves quemaduras pero con mucha práctica se domina pronto "

Seguí la enseñanza, concentrando mi magia en la mano y manteniendo la llama cerca. Fue mi pasatiempo en todo el viaje hasta llegar hasta llegar a la ciudad rocosa. Con bastante esfuerzo logré que parte de la llama se quedara en mi palma pero seguía teniendo su origen en el mechero.

- Solo he conseguido deformarla, no absorberla-. Tenía la decepción pintada en el rostro mientras veía como el puente de fuego que había entre mi mano y el mechero cambiaba de tamaño, estrecho, ancho, estrecho, ancho.- Bueno, por algo se empieza.

Guardé el encendedor al sentir mi extremidad hinchada y rojiza por el constante calor. Tras aplicarme un ungüento y vendarla decidí jugar con mi propia magia en la mano sobrante. Mi madre de pequeña me había enseñado un truco que se había pasado de generación en generación y que solo los magos celestiales podíamos hacer.

Volví a concentrar mi magia en la palma de la otra mano que había colocado hacia arriba. El aura había evolucionado de amarillo a dorado en los últimos años, lo cuál era un auténtico gozo para mí porque me encantaba ese color.

Una pequeña esfera dorada se materializó sobre mis dedos, chorreaba finísimas gotas de oro puro. Era esto lo que pretendía hacer con el fuego pero para ello había que dominarlo previamente, algo que esperaba conseguir pronto.

Dejé que mi energía fluyera por mis dedos. La bola se derritió rápidamente deslizándose a lo largo de mi mano y cayendo en cascada por los huecos membranosos en una lenta y cálida caricia. Al llegar al suelo se desvanecía como un papel quemado.

Podía ver en mis de pensamientos el rostro orgulloso de mi madre cuando conseguí hacerlo años atrás, de la misma manera que miraba aquella madre a su hija en el desfile.

- Mamá..-. Mis ojos me picaban enormemente y la vista se volvió borrosa. Elevé la mirada hacia arriba buscando que no se derramaran las lágrimas, respiré profundamente intentando calmarme. Pero ya era tarde

Como la echaba de menos.

Realmente los echaba a todos de menos, sin excepción.

Me permití llorar desconsolada en aquél solitario vagón. Había adquirido la manía de pedir asientos para mi sola para no ser molestada y, si se daba el caso, sollozar como estaba haciendo ahora. Odiaba que me miraran con pena o las preguntas por educación o por el morbo de conocer la historia de un desconocido.

Por suerte para cuando llegué a Iwa las gotas salinas habían cesado. Mis mejillas estaban húmedas y mis ojos enrojecidos. Me apliqué un colirio, me pasé un pañuelo con delicadeza para bajar la hinchazón y me repasé el maquillaje.

Anduve por los caminos en silencio mientras contemplaba la arquitectura. A lo lejos pude ver el gremio, su enorme edificio con la estatua de un tigre en lo más alto y la bandera en una de sus torres, destacaba sobre los demás, alzándose con orgullo. Agradecí que las calles fueran en su mayoría lisas para no retrasarme, el carrito se tambaleaba con la mínima pendiente y en cuanto llegaba a una calle empedrada aquello se convertía en un show de equilibrio.

Estaba ante las enormes puertas de madera dudando de si debía llamar o entrar directamente. Podía escuchar un fuerte jaleo proveniente del interior por lo que la primera opción no parecía inteligente, a no ser que tuviera ganas de perder el tiempo.

Con la mano libre abrí una de las puertas y me adentré con mucho nerviosismo en indecisión. La escena con la que me encontré me era familiar

Aquello era una maldita batalla campal. Las mesas y las sillas volaban como si fueran piedras de un lado a otro de la sala. Escuchaba el sonido de los puñetazos y de las jarras golpeando cabezas a diestro y siniestro.

'Y dicen que Fairy Tail es destructivo'. Podía sentir una gota de sudor cayendo por el interior de mi mente ante semejante espectáculo.

- Que gente más escandalosa-. Mascullé frunciendo el ceño. No lo dije muy alto, pese a eso aquí parecía que tenían oídos de tigre, irónico. Súbitamente todos se callaron y se quedaron mirándome atónitos, como quien ha cogido a un niño haciendo gamberradas y no sabe ni que decir ni que hacer. Algunos de los presentes aún tenían sus proyectiles en mano.

En la mesa más alejada estaban sentados los dos Dragon Slayers, Minerva y Yukino. La maga celeste tenía los brazos alzados en un gesto de protección. Sus otros tres compañeros no parecían tan preocupados ya que estaban bebiendo en jarra lo que aparentaba ser cerveza. Los dos jóvenes de cabello oscuro tenían gesto de sorpresa en sus rostros pero no eran ni de lejos tan exagerados como el del maestro, el cual tenía la boca abierta de par en par y el vaso parado en el aire a unos centímetros de sus labios.

Me observaban como quien ve a un fantasma o una persona desaparecida de la que ya no se esperaba encontrar un mínimo rastro.

Que incómodo.


Hey hey heeeeey. ¿Qué tal están?, ¿qué les ha parecido?. Ojalá les esté gustando tanto como a mí *_* estoy contenta de la buen acogida que está teniendo. ¡Mil gracias!. He editado el capítulo dos (que ahora se llama Daishnar), lo único que ha cambiado es que he puesto abajo del todo las traducciones de los hechizos de los hermanos que se me olvidó ponerlo cuando lo publiqué. Nos vemos pronto!