Disclaimer: Los personajes le pertenecen exclusivamente a Hiro Mashima. Solo la historia es completamente mía.

Tras un largo silencio la maga de cabellos blancos pareció salir de su estupor.

- ¿Lucy?-. La llamó casi sin voz la joven.

- Hey, Yukino-. La saludó sonriendo.- ¿Qué le pasa a esta gente?. Menuda cara de susto.

- Llevábamos mucho tiempo buscándote Lucy-san… Da igual por donde investigáramos, no encontrábamos la mínima pista de tu paradero. Si no fuera porque te vimos por televisión habríamos pensado que te había ocurrido algo malo.

- ¿Por qué me estábais buscando?-. Cuestioné sorprendida por su declaración.

- Después de enterarnos de que tu gremio se había disuelto decidimos informaros de que las puertas de Sabertooth estaban abiertas para ustedes. Pese a no encontrarnos nunca cara a cara con tus ex-compañeros sabíamos donde encontrarlos. Pero tú, simplemente habías desaparecido-. Fue Sting quién intercedió esta vez levantándose de su asiento y dejando la jarra en la mesa. Empezó a caminar lentamente hacía a mí, parecía que iba añadir algo más pero las voces de los demás miembros se alzaron.

- ¿Ella es la maga que Yukino quería que se uniera?-. Susurró uno de los magos más nuevos.

- ¡Joder pero si es la bailarina del desfile!.

- ¡Es más guapa en persona que en la tele!.

- Que cuerpo tan espléndido.

- ¿Estás soltera?, ¿te apetecería dar esta noche un paseo?. Te mostraré la ciudad.

- No va a salir contigo, imbécil. Saldrá conmigo.

- ¡Ni de coña gilipollas!.

El volumen empezó a ser demasiado alto, llegando a ser molesto.

- ¡SILENCIO!-. Exclamó Sting. La paz vino tan de repente que me incluso me sorprendió.- ¿Qué clase de educación han tenido para recibir así a una invitada?-. Se pasó la mano por el rostro varias intentando calmar los nervios. Me dio la espalda y volvió a la mesa para beber un gran trago de alcohol. Decidí intervenir viendo que no iba a hablar.

Sería directa.

- Bueno. Vamos a mi razón de estar aquí-. La tensión se sentía en el aire, ni que fuera a dar una sentencia de muerte por dios.- ¿Dónde tenéis la piedra?, el rey dijo que eráis ustedes quienes estaban encargados de custodiarla-. Escuché como el rubio escupía la cerveza que aún estaba bebiendo vertiéndola sobre el suelo.

- ¿Tú eres el traductor?-. Intentaba decir mientras tosía.

- Eh..si-. Respondí mirando a Yukino esperando que me explicara. Empezó a reírse fuertemente confundiéndome aún más.

- Ayer mientras volvíamos estuvimos hablando de ello. Al saber que el traductor era de Daishnar me volví muy impaciente porque quería preguntarle por ti.

- ¿Cómo sabíais que era de Daishnar?-. El rey no había mencionado nada sobre mí según él.

- Lector se lo oyó decir a una sirvienta.

- Oh, bien. Por cierto, ¿Dónde están?.

- Aún siguen dormidos.

- Pero si casi es la hora de cenar…-. Ella solo alzó los hombros, restándole importancia. Se acercó a la carrera, me rodeó con sus brazos y escondió su cara en mi pecho. Percibí como la camisa se me humedecía súbitamente.

- Por un momento llegué a pensar que habías muerto, Lucy-. Sollozó angustiada.

- Tranquila, Yukino. Estoy bien-. Le susurré acariciándole el pelo. Ella me miró directamente a los ojos.

- Mentira-. Me replicó para después volver a esconder su rostro. Me mantuve callada, más por la impresión de su declaración que por cualquier otra cosa.

Miré hacia delante llevándome el susto de mi vida al encontrarme con la fija mirada de Sting sobre mí. Me sentí desnuda en el sentido de que nada podía ocultarse bajo el mirar aquellos ojos, ninguna mentira, ningún sentimiento.

Algo me decía que me daría problemas.

Se había acercado sigilosamente posicionándose detrás de la maga de cabellos blancos. Poniendo sus manos sobre sus hombros los apretó suavemente en una silenciosa petición para que me soltara.

- ¿Dónde te quedarás?-. Cuestionó Rogue que traía a los recién levantados exceeds.

- Aún no lo sé sinceramente.

- Lector...hay una hada-. Murmuró Frosch con algo de saliva cayendo de sus labios, producto de estar recién despierto. Se inclinó súbitamente para alcanzarme levantando sus brazos. Había que dar gracias a que el moreno lo tenía bien agarrado porque de no ser así, conseguiría un moratón que le habría durado días.

- ¡Ten cuidado Frosch!-. Le reprochó el Dragon Slayer mientras posaba a Lector en los brazos del rubio y afianzaba el agarra sobre el gato trajeado.

Lector empezó a abrir sus ojos y a frotárselos con su manitas. Dio un adorable bostezo y dirigió su mirada hacia a mí.

- Hada-. Me señaló con su pequeño dedo el cuál agarré con mi pulgar e índice en un gesto cariñoso.

-Hola, Lector-. Le dije en voz baja acercando mi rostro al suyo. Sus mejillas adquirieron un fuerte color por la proximidad

- Te vi bailar, lo hacías muy bien-. Su voz sonaba pastosa y débil. ¿Han dormido siesta o habían estado en coma?.

- Se te cae la baba igual que a Frosch-. Con la mano libre, que resultó ser la que estaba vendada, limpié con un pañuelo los pequeños goterones que se asomaban por fuera de su boca.

- ¿Qué te ha pasado en la mano?-. Sting cogió mi mano herida para verla más de cerca. Evitando el contacto visual me quedé mirando a Lector que movía su cabeza como un balancín, luchando contra el sueño

- Ah, una tontería. Estaba practicando con un elemento que no uso y claro, al principio salen pequeños rasguños y quemaduras-. Observé el suelo como si fuera la cosa más interesante del mundo. Lo escuché resoplar molesto, estaba siendo una maleducada pero prefería eso a confirmar mis sospechas de que era un libro abierto para él.

- ¿Qué elemento es?.

- Fuego.

- ¿Lo estás aprendiendo a usar sola?.

- Sí, usando un libro de hechizos como mentor-. Levanté la mirada y puse la mano tras mi nuca mientras reía nerviosa.

El afloje del agarre de mi mano buena me hizo voltear la mirada al pequeño exceed solo para comprobar que se había vuelto a dormir.

- Oye no te duermas, casi es la hora de cenar-. Le indiqué mientras lo removía suavemente.- ¿No tiene problemas para dormir después?-. Pregunté al rubio que soltó la extremidad vendada.

- Hoy es noche de película. Si no duerme siesta no aguanta y cae rendido a los pocos minutos de empezar. Después no hay quien lo aguante con el berrinche que monta-. Me respondió mientras imitaba mi gesto y también lo removía.

Escuché una risa detrás de mí que hizo que mirara de reojo.

- Parecéis una pareja. Qué monos-. Susurró Yukino con los ojos brillando. Ya podía hacerme una idea de las mil y un historias de amor que se estaría montando en su cabeza.

Dejando al par de amigos seguí a la maga estelar, fui conducida a mi habitación en donde acomodé mis cosas. Los demás se dedicaron a volver a sus cosas o a comentar sobre mí a la par que bebían cerveza.

El edificio era muchísimo más grande que el de Fairy Tail, tanto, que todos los miembros dormían aquí y aún así seguía sobrando espacio para diversas ampliaciones de la estructura.

Subí por unas escaleras a la primera planta, destinada a los invitados. Había una parte de los pasillos de todas las plantas que era visible al salón, y mi habitación estaba en esa zona. No tenía problema con ello, la vista que daba al salir por la puerta era bonita.

La planta baja estaba muy bien decorada, con mesas de madera oscura con sus correspondientes sillas, las rinconeras blancas de las esquinas invitaban a sentarte sobre sus mullidos cojines y permitirte darte una cabezada. Una lámpara de araña iluminaba desde el techo toda la estancia sin dejarse regiones oscuras. Una enorme televisión se hallaba pegada en la pared derecha, sobre la zona de la barra que llevaba también a la cocina.

Lo que más impactaba al entrar era la enorme alfombra roja que pisabas nada más pasar la puerta y que continuaba recto hasta el fondo. Donde se hallaba una plataforma a la que se accedía por unas pequeñas escaleras de piedra y que tenía un trono en su centro.

'Digno de un rey' medité viendo el escaño de color marrón oscuro con los marcos y detalles en dorado.

Mi habitación también era digna de la realeza. Una habitación enorme, más grande que mi dormitorio de Daishnar (y mira que el cuarto era grande) con una cama matrimonial que tenía un dosel de madera. Una tela blanca que no era muy ancha se hallaba extendida ocupando un poco la parte superior y cayendo en cascada por la zona posterior y anterior.

El baño era muy espacioso permitiendo caminar sin problema de un lado a otro, encontré varias cestas para la ropa hecha de mimbre y forradas por dentro con un grueso tejido.

Cogí uno de los canastos que, al no ser muy profundo, me permitiría vigilar el huevo. Envolviéndolo entre toallas limpias, lo deposité con suavidad como si fuera un recién nacido. Mandé la bandolera y los paños sucios a otro canastillo, mañana lo lavaría.

Coloqué la improvisada cuna al lado de mi cama y terminé de acomodarme.

Al terminar, la cena ya estaba servida. Me recibió el delicioso olor de la carne asada y un ambiente familiar que por un momento, me transportó a Fairy Tail. Hice mi mayor esfuerzo para mantener el rostro sereno e impasible, sabía que Yukino me iba a preguntar si me veía un mínimo gesto triste en el semblante.

- ¡Lucy!-. Hablando del rey de Roma, por la puerta asoma. La maga levantó la mano indicando que me acercara. Me senté en un asiento vacío a su lado a la vez que observaba maravillada la cantidad de platos que había en la mesa.

- No recordaba que usted supiera traducir lenguas antiguas-. Expresó Rufus iniciando la conversación.

- No me trates de usted, por favor, ni que tuviera setenta años-. Le respondí incómoda.- En cuanto a su duda, estoy aprendiendo de un libro que he comprado en Daishnar. Es de los más completos que existen, espero poder completar la tarea.

- ¿Te van a pagar mucho por esto?-. Intervino Rogue.

- Más de 200.000 jewells..-. Repentinamente los que estaban ingiriendo alimentos o bebida empezaron a toser con fuerza. La única que se libró de la situación fue Minerva que había estado escuchándome sin probar aún bocado.

- Me da a mí que voy a volverme maestra antes de tiempo-. Murmuró golpeando suavemente la espalda de Orga para ayudarlo a recuperar el aliento.

Yo reí algo tensa mientras masajeaba la espalda de Yukino. Minerva seguía poniéndome nerviosa aún después de mucho tiempo.

- Es bastante dinero el que te van a pagar solo por traducir unas piedras-. Me habló Rogue a la vez que tomaba algo de bebida.

- Tienen un gran valor arqueológico. Aunque algo me dice que hay algo más, algo que no nos quieren decir. La gran cantidad de intentos de robo que han tenido me hace sospechar de que no es una simple roca antigua con garabatos.

- Concuerdo-. Contestó el Dragon Slayer.- El rey parecía muy preocupado cuando nos contrató.

- Pero, si así fuera, habrían venido guardias o cargos importantes contigo. Si contienen hechizos o algo por ese estilo no dejarían a cualquiera andar con esa información obtenida-. Fue Sting quién tomó la palabra esta vez. Posó su intensa mirada sobre la mía haciendo que sintiera un leve cosquilleo en la nuca. Su mirada era igual que la de Natsu, llena de vida y determinación.

'Os parecéis más de lo que creéis' pensé manteniéndole la mirada pasiva. No sé cuanto tiempo estuvimos así pero fue suficiente para que captáramos la atención de los compañeros que nos miraban confusos.

- ¿Pasa algo malo?-. Minerva tenía un leve timbre de preocupación en la voz.

- No, nada en absoluto-. Mandé una sonrisa tranquilizadora que relajó la tensión que se había formado.

-Le he parecido tan guapo que la he hipnotizado-. Contestó el rubio sonriendo ladinamente.

- Ya, claro. Esta noche soñaré contigo y tu despampanante belleza-. Le seguí la broma entre risas. Quizás no soñaría con el pero había que admitir que el Dragon Slayer era guapísimo. Cuando las chicas y yo los vimos en el Hechicero Semanal se nos cayeron las babas. Incluso cuando los conocí en los Juegos Mágicos se podía observar como levantaban los suspiros de las muchachas que pasaban a su lado.

Le miré de soslayo para examinarlo detenidamente, algo que no había hecho al entrar en el edificio debido a todo el barullo formado. Su cabello rubio estaba un par de centímetros más largos que la última vez que lo vi, levemente revuelto dándole un aspecto algo descuidado que no le quitaba atractivo en absoluto, más bien se lo daba. Llevaba una camiseta negra sin mangas ceñida a su cuerpo marcando su torso y sus pectorales, además, vestía unos pantalones bombachos del mismo color que se apretaban alrededor de su cadera. Ya no llevaba el pendiente que vi tiempo atrás en los juegos. Aunque nos habíamos visto en la batalla de Tártaros no me fijé mucho en su vestuario o en su rostro, los acontecimientos no lo permitían.

El rubio me miró de reojo pillándome in fraganti en pleno escrutinio. Me dirigió una sonrisa creída, muy típica de él. Volví la vista hacia mi plato sin comentar nada, sintiendo las mejillas ardiendo. Elevé un poco mi mirada encontrándome con Minerva que tenía la barbilla apoyada en su palma mientras comía, me observaba divertida, con una de las cejas levemente alzada.

'Genial. ¿Falta alguien más que se haya dado cuenta?'. No levanté los ojos de mi plato exceptuando cuando uno de los comensales preguntaba o abría un tema nuevo de conversación.

Por la noche todos acudieron a sus cuartos a ducharse y ponerse el pijama y acudir a una de las plantas inferiores a ver la película. No había pensado en esta posible situación por lo que ahora estaba delante de mi cama con un auténtico dilema.

Mi pijama consistía en un pantalón corto (lo suficiente como para que se viera la mitad de las nalgas) de color negro con lazos rosa pastel a los lados de la cintura, la tela quedaba holgada en la parte más inferior pero se ceñía en la cinturilla. La parte superior consistía en una camiseta de tirantas rosa como los lazos que era corta por encima del vientre. La tela era de lino lo que incitaba a tocarlo y disfrutar del tacto.

- ¡No puedo aparecer así por el salón!.

- ¿Lucy?, ¿estás bien?-. La voz de Yukino sonó tras la puerta.

- No..-. Le respondí ahogada. Mi amiga abrió la puerta y entró a paso rápido. Detrás de ella venía Minerva.

- ¿Qué te ocurre?-. Me preguntó la morocha. Señalé mi ropa de dormir exasperada.

- ¡Como baje así voy a dar una mala impresión!. ¡Van a pensar que soy una golfa…!

- Yo creo que más bien se montarán un cuento erótico contigo de protagonista-. Respondió Minerva con una mano sobre sus labios escondiendo su sonrisa.

- ¡Minerva!-. Reprochamos Yukino y yo. Ella solo movió una mano restando importancia, salió en dirección a su cuarto para buscarme un pijama que tuviera libre. Volvió con un mono de color púrpura que a primera vista parecía estarme bien.

Una mierda bien grande para mí.

Al ser más baja que ella, me sobraba mucho pantalón por la parte inferior, haciendo que lo pisara y me tropezara. La parte graciosa llegó a la hora de abrochar los botones de la camisa, tenía varias tallas más que Minerva por lo que la parte del pecho me quedaba tan apretado que asfixiaba.

- C-creo que aguantará-. Susurré con la voz cortada por la falta de aire. A los pocos segundos tuve que tragarme mis palabras cuando, al girarme, varios botones saltaron dejando parte de mi pecho al aire.

- ¿Has pensado en quitarte un par de tallas?. Eres una aunténtica vaca lechera-. Me dijo Minerva que se estaba meando de risa en una esquina.

- Lo siento-. Murmuré en voz baja avergonzada recogiendo los botones y poniéndome mi pijama

- No te preocupes, tengo otros diez de ese estilo. ¿Tienes una bata?.

- Sí, pero…-. Saqué la prenda de la mochila y me la coloqué encima.

- Prácticamente sigue habiendo el mismo problema-. Yukino me miró con pena imaginando la situación a la que me iba a tener que enfrentar ahí abajo.

La bata era simplemente una tela fina que iba a juego con la camiseta y que quedaba por encima de las rodillas. Para mi pena y mala suerte, se traslucía el pijama que llevaba debajo, creo que incluso lo hacía ver más sexy de lo que ya era. Aquello iba a ser como pasear un enorme filete jugoso delante de perros hambrientos. No hacía falta decir que yo era la cena ¿no?.

- ¿Qué voy a hacer?-. Dije afligida.

- Yo tengo menos pecho que Minerva-san, si su pijama te aprieta el mío entonces te asfixia-. Me indicó la maga celeste.

- Creo que lo mejor es echarle valor y enfrentarse a la situación-. Opinó la otra maga.

- ¿¡Chicas cuánto os falta!?-. La voz de Sting se escuchó irritada desde la primera planta.

Minerva se asomó al pasillo encontrándose a todo los miembros mirándola. Abrió la boca para decir algo pero ningún sonido salió de sus labios, se dio la vuelta sobre sus propios pies para ingresar de nuevo a la habitación.

- Mis batas son del mismo estilo que la tuya pero más largas. Se seguirá viendo todo.

- Las mías son de forro polar y están guardadas con la ropa de invierno. En la sala de proyección ponen las estufas, no aguantarás ni un minuto con ella puesta-. Declaró Yukino rascándose la mejilla.

- ¿¡Se puede saber qué demonios os está retrasando tanto!?-. Sting estaba afuera a punto de entrar en la habitación. Gritando, Minerva y Yukino corrieron a cerrársela en sus narices cuando este ya había abierto casi a la mitad.- ¿¡Pero qué hacéis par de locas!?.

- ¿¡No sabes llamar, imbécil!?-. Le recriminó Minerva luchando contra la furia de Sting que intentaba abrirse paso.

- ¡Lucy está desnuda!. ¿Acaso querías verla en ese estado?. ¡Pervertido!-. La puerta de repente dejó de temblar ante la declaración de Yukino.

- ¿¡Qué!?. No, no, no, yo no quería verla desnuda. Solo quería saber por qué tardabais tanto..

- Mentiroso-. Reconocí la voz de Rogue tras la puerta.

- Fro piensa igual.

- ¿¡Pero que dices!?

- Admítelo Sting-kun. Si supieras que Lucy-san estaría desnuda y sola vendrías como un loco aunque sea a mirar por el hueco debajo de la puerta-. Lector tenía un tono de reproche en sus palabras

- ¿Tú también Lector?.

- Sabía que eras un mujeriego, pero de ahí, a que seas un pervertido… eso no me lo esperaba de ti, Sting-. Minerva arrastró su nombre en sus labios, burlándose.

- Esto es vergonzoso-. Susurró Yukino mi lado, yo asentí de acuerdo con ella.

- Marchaos, ahora bajaremos.

El sonido de los pasos alejándose alivió brevemente mi ansiedad.

- No podrás ocultarlo durante mucho tiempo Lucy-san.

- ¿Qué más da lo que piensen de ti?. Solo tú misma puedes juzgarte-. Las palabras de Minerva me dieron un poco de valentía, solo un poco.

- Llevas razón-. Dije con timidez.

- Si se pasan con las palabras o hacen gestos raro los golpeas y ya está, Sting no va a reprochártelo. Muchos solo van a ir con uno pantalones y por mucha tentación que haya nos vamos a tocar nada ni decir palabra alguna fuera de tono, que ellos se comporten igual.

Esta vez terminó de convencerme.

Caminé con decisión hacia la puerta ya abierta donde esperaban mis compañeras. En cuanto salí todo el valor adquirido se fue por la borda. La dos magas estaban delante de mí haciendo de escudo ante las miradas curiosas.

Miré por encima del hombro de la peliblanca observando el panorama. La gran mayoría tal y como había dicho Minerva llevaban solo un pantalón o unos calzones que marcaban todo el paquete. Me fijé en una joven que llevaba unos culotes (que ella misma se había remangado, mostrando mas carne, prácticamente se habían transformado en un tanga) y un sujetador deportivo con un enorme escote.

'Si ella no le están diciendo nada, no tienen por qué opinar sobre mí'.

Una vez que las dos magas empezaron a bajar las escaleras y yo me quedé en la cima de las escaleras quedé a la vista de todo el mundo. Empecé a bajar las escaleras intentando no mirar a las personas allí presentes, pero era masoquista y la curiosidad me había ganado.

Reacciones hubo, aunque en mi opinión, eran un poco exageradas.

La gran mayoría estaban con la boca abierta, algunos se atoraron con su bebida, a un chico se le cayó un vaso al suelo y a otro le empezó a sudar la frente. Las pocas mujeres que había en el gremio me miraron con odio, como si a mi me gustase ser el centro de atención.

Rogue tenía las mejillas sonrojadas viéndose adorable con Frosch en sus brazos.

Terminé de bajar las escaleras encontrándome a Sting y Lector a su lado penetrándome con sus ojos azules.

- No me mires así. No tenía otra cosa-. Mascullé avergonzada mientras me abrazada intentando esconder mi cuerpo. El rubio pareció salir de su ensoñación porque se giró para mirar al resto de los miembros.

- ¿Qué estáis mirando?. Venga, abajo todo el mundo-. Indicó con la voz grave, la amenaza sonaba clara. Todo el mundo casi a la carrera bajó al piso inferior, hubo empujones y caídas que ocasionaron un buen estruendo.

Miré asombrada la sala de cine que tenían montado allí abajo. Tenían unos sofás muy largos y anchos dispuestos en filas verticales teniendo enfrente una televisión más grande que la de arriba(que a mi parecer aunque era enorme no pensaba que todos pudieran ver bien a través de ella, sobretodo los del fondo).

Varios hombres desenrollaron una tela blanca que había en el techo y que prácticamente tenia el largo de la habitación.

- Os lo habéis currado-. Le murmuré a Yukino que se carcajeó divertida. ¿Qué diferencia hay entre esto y una cama?. El largo de los muebles era tal que podías tumbarte completamente sin que los pies quedaran en el aire.

Nos acomodamos en los sofás del final quedando yo entre los dos Dragon Slayers, sin apenas distancia entre nosotros aún habiendo muchísimo espacio en el mueble. El olor a jabón y desodorante llegó a mis fosas nasales tentándome a aspirar toda la fragancia posible.

Menuda pervertida estaba hecha.

Lector se sentó en mis piernas mientras que Frosch quiso acurrucarse en mis brazos. Ahora resulta que soy una hamaca, tomaré apunte.

- ¿Qué película es?-. Me incliné buscando a Yukino que estaba al lado de Rogue.

- El conjuro-. Se la veía nerviosa y asustada.

- ¿No te gustan las películas de miedo?.

- No mucho… me dan pesadillas por la noche.

- Si quieres, podemos dormir juntas si ves que vas a pasar mala noche-. Le propuse mientras cogía un bol de palomitas y la bebida.

- ¡Gracias, Lucy-san!-. Me sonrió agradecida.

Sentí que el cuenco pesaba menos, al girarme vi a Sting metiéndose en la boca dos grandes puñados de maíz calentado.

Vaya tío más bruto.

- Entonces, ¿qué te parece el gremio?-. Dijo el rubio una vez hubo tragado todo el aperitivo.

- Realmente es enorme, Fairy Tail sería la mitad de esto más o menos. Es buena idea tener a todos los miembros durmiendo en un mismo lugar.

- Permite ofrecer ayuda rápida si estás en problemas-. Me indicó mientras se acomodaba mejor en su asiento.

Nuestra conversación se vio interrumpida cuando Rogue llamó la atención del rubio para hablar de las cuentas económicas. En vez de inclinarse como hice yo con Yukino, Sting invadió mi espacio personal para conversar con su compañero. Su cabeza estaba bajo mi barbilla haciendo que su pelo me hiciera cosquillas en el cuello. Cada vez que hablaba, su mentón acariciaba la cima de mis pechos.

No aguanté la situación ni cuarenta segundas.

- Ponte aquí anda-. Le dije mientras me levantaba con los exceeds en brazos. Rápidamente el Dragon Slayer sin ponerse de pie se cambió de sitio mientras discutía el tema monetario.

- Nee Lucy-san, ¿cuánto tiempo se quedará con nosotros?-. Preguntó Frosch. Sting miró de reojo, poniendo atención a mi respuesta.

- Pues supongo que hasta que termine de traducir.

- ¿No te quedarás con nosotros después?-. Cuestionó el gato rojo desanimado.

- No creo, Lector. Tengo mi casa en Daishnar.

- Pero podrías hacer de este sitio tu casa.

- ¿Y qué hago con mi amiga?. Ella trabaja allí .

- Pues que se venga contigo-. Reí enternecida por la respuesta tan directa que me dio. Ojalá todo fuera tan fácil.

- No creo que pueda chicos, gomenasai.

- ¿No quieres o no puedes?-. Murmuró Lector enfurruñado.

Le acaricié la cabeza suavemente entre las orejas, mismo sitio donde después depositaría un beso. El pequeño exceed me dio la espalda intentando ocultar su vergüenza.

Reflexioné sobre ello. Quizás si viviera con ellos podría ser más feliz de lo que era en Daishnar, aunque tenía a Amaia sentía que no estaba bien del todo, puede que en Sabertooth fuera diferente.

Pero si me quedaba con ellos eso significaría unirme a su gremio.

Tendría que borrar la marca de Fairy Tail.

Un nudo se formó en mi garganta. No, nada me quitaría el símbolo que representaba a mi familia. Aunque me tuviera que quedar sola, aunque viviera el resto de mi vida amargada lejos de todo lo que una vez quise.

Moriría con aquella marca sobre mi piel.

Negué con la cabeza rechazando la idea de unirme a los tigre. Mi mano aún vendada envolvió la que sostenía la figura rosa en un abrazo protector.

Tan concentrada estaba en mis pensamientos que no me fijé que Sting me observaba, en silencio, captando todo movimiento y gesto por mi parte.

- ¡SHHH!-. Silenció un mago al murmullo constante mientras la sala se oscurecía.

El conjuro, era una película de terror sobrenatural. Una familia sufría la maldición que una bruja puso antes de suicidarse. Esta, volvió en forma de espíritu, asesinando a los que se mudaban a su casa, todo terminó cuando unos curas exorcizaron al fantasma, salvando a la familia.

La película era buena. En muchas ocasiones se escucharon gritos, por parte de ambos géneros, cuando llegaba una escena con sustos. Yo no era la excepción, cada vez que chillaba abrazaba con fuerza los gatos casi quitándoles el aliento, llegaron incluso a cambiarse de sitio poniéndose al lado de Minerva que estaba junto a Yukino.

Nuevamente llegó otra escena que me sobresaltó en mi asiento. Fui rápida al poner la mano sobre mi boca, ahogando un grito. Me encogí en mi asiento con las rodillas pegadas a mi pecho. Escuché una risa cerca de mi oreja que me hizo volver el rostro.

- ¿Asustada, rubia?. ¿Quieres cogerme la manita?-. Susurró Sting con su cara a pocos centímetros de la mía. Nuestros alientos se entremezclaban violentamente debido a mi alterado estado.

- ¿Me estás llamando rubia cuándo tu también lo eres?-. El joven solo encogió los hombros, restando importancia.

- Es lo que hay, rubia.

- Mocoso-. Le piqué cruzándome de brazos sin separar aún nuestros rostros.

- ¿Mocoso de qué?. Soy mayor que tú por un año.

- ¿Olvidas que estuve dormida durante siete años?.

- Oh-. Se calló varios segundos.- Debes tener unos veinticuatro...¡eres una vieja!. ¿Cuándo es tu cumple?. Para ir comprándote crema anti-arrugas-. Le pellizqué fuertemente la carne entre sus costillas sacándole un quejido. Pronto la gente mandó a callarnos obligando a cortar la conversación.

Cuarenta minutos después la película terminó. Entre bostezos, y críticas nos encaminamos a nuestros cuartos. Tras despedirme de todos y fulminar a algunos que me miraban de formas muy sucias entré en mi habitación. Le eché un vistazo al huevo, su temperatura seguía igual y tuvo el detalle de dedicarme unos pequeños estiramientos cuando lo puse a la luz de la luna.

- Veremos si cuando nazcas sigues siendo tan adorable-. Le murmuré mientras lo metía entre las mantas.

Aún después de haber visto la cinta de terror descansé sin problema alguno, bendita ssea mi mente que no me da pesadillas.

Mañana sería otro día, empezaría finalmente mi trabajo.