Disclaimer: Los personajes le pertenecen exclusivamente a Hiro Mashima. Solo la historia es completamente mía.

La mañana siguiente nadie comentó nada al incidente. Muchos me miraban con algo de miedo en los ojos pero seguían habiendo rastros lascivos, algunas cosas nunca cambian.

El ambiente era algo tenso entre los comensales, por lo menos, entre Sting y yo. Me miraba serio y con algo de resentimiento. Yo unicamente ignoré sus miradas todo el tiempo, no iba a permitir que me hundiera la moral. Yo ya era mayor para que él anduviera como un padre protector, era molesto.

Tras terminar de desayunar seguí con el trabajo teniendo a los exceeds de compañía, habían puesto el huevo en el suelo entre ellos dos mientras leían juntos el libro. No me cansaba de mirarlos, era como ver a dos hermanos de la misma edad intentando enseñarle algo a un bebé que ni siquiera tenía conciencia de si mismo. Tanta ternura y delicadeza habría derretido hasta el más gélido corazón.

No conseguí descifrar mucho. Meras palabras sueltas que me provocaban confusión y una profunda impotencia, aunque las piedras con las que había trabajado no tenían los espacios que la primera su complejidad me sacaba de los nervios.

Por las tardes salía con Leo y los felinos a entrenar a las afueras de Iwa. Ya no sufría las náuseas y desmayos de la primera vez pero me quedaba tocada un buen rato aunque por suerte al cabo de varios días los síntomas desaparecieron.

Como les dije a los exceed los entrené para que mejoraran su velocidad y defensa mientras volaban. Aries les lanzaba pequeños pero rápidos proyectiles esponjosos que ellos tenían que esquivar. Su agilidad había aumentado de forma asombrosa, estando a la par que Happy desde la última vez que lo vi.

Mi relación con Sting se había enfriado seriamente llegando hasta el punto de no intercambiar palabra a no ser que fuera necesario, y si había que hacerlo eran secas y tensas. Había escuchado a escondidas de una conversación entre Rogue y Minerva que el maestro había propuesto que alguien me acompañara y vigilara que no pasara nada, como era de esperar sus compañeros le dijeron que eso no era necesario, que yo sabría cuidar de mi misma.

Sabía que Sting se preocupaba por mí, que se sentía endeuda conmigo y con Fairy Tail desde los juegos y la batalla de Tártaros, pero su sobreprotección me irritaba. Era como un patito que intentaba aprender a nadar pero la mamá Pata lo dejaba solo acercarse a la orilla y no bañarse en el extenso estanque.

Ya había pasado más de una semana desde mi llegada a Sabertooth. Recibiendo casi diariamente cartas de Amaia informándome sobre lo que pasaba por allí. La popularidad de Daishnar había aumentado hasta niveles inimaginables, recibiendo turistas y magos solitarios a diario. Aquello supuso un aumento de inversión y en consecuencia mejoras en los edificios públicos que ahora eran capaces de ofrecer un mejor servicio. Mi amiga me comentaba que tiempo atrás estaría encantada con el ir y venir de los magos pero desde que me fui se ha sentido sola. Las caras nuevas que aparecían un día y al día siguiente no estaban le ponían de mal humor, era tímida aunque no lo pareciera y le costaba hacer amistades. La gran mayoría de las personas que se le acercaban eran admiradores del baile o interesados por sacar provecho de su fama, empezaba a echar de menos los días en los que nadie la conocía. Amaia había conocido al amable anciano de Brownfields, estuvo un par de días allí y después marchó al norte a vender, dijo que se le veía muy alegre y que estaba encantado de que estuviera bien.

En el gremio había ocurrido un curioso suceso. El abuelo de uno de los miembros estaría de visita unos días para ver a su nieto, era un señor muy amable que siempre tenía historias del pasado para contar y regalar. En los almuerzos era siempre el centro de atención cuando narraba sucesos antiguos en los que a veces se involucraba su adorado familiar. No se cortaba un pelo a la hora de describir los detalles por muy vergonzosos que fueran, lo que causaba risas en el salón y sonrojos vergonzosos en su nieto.

Un día me hallaba traduciendo una tabla llegada recientemente, había algo que me despertaba un extraño sentimiento en el pecho.

El infierno se abre a su paso, rojo, como sus ojos. Sus cabellos de un burdeo oscuro y su alas de humo. Se alzan los cielos cubiertos de nubes negras como el carbón. La magia celestial lo invoca.

¿La magia celestial lo invoca?. Algo me decía que se refería al supuesto guardián nombrado en piedras anteriores. En el panel rocoso había un dibujo de una figura negra con enormes alas de bordes difuminados, a sus pies había pequeños esbozos que parecían simular personas.

Personas muertas.

Me levanté de mi asiento e inspiré profundamente sintiendo las ganas de vomitar al pensar la posible escena.

Ese día estaba sola para mi suerte. Los exceeds habían salido a jugar y estaba segura que de haberme visto habrían tenido curiosidad por leer, algo que yo quería evitar a toda. Salí para dirigirme a mi cuarto, le echaría un breve vistazo al huevo que había dejado bajo la cama y después continuaría con el trabajo. Leo y Capricornio (al que veía escasamente en los entrenamientos) habían ido a Crocus a buscar una pócima que me quitara los malos síntomas cada vez que estrenaba un nuevo vestido de estrellas, por lo que estaba sin hacer nada en las tardes.

Caminando por los corredores me encontré con el adorable anciano andando relajadamente.

- Buenas noches-. Le saludé parándome delante de él.

- ¡Oh, hola querida!. ¿Qué tal el trabajo?

- Bastante bien la verdad, pero no termino nunca. Cuando consigo descifrar alguna piedra me traen otra nueva.

- ¿Tiene prisa por volver a casa?.

- Sí, más o menos.

- Pero..¿por qué es su deseo o porque alguien la espera?.

- Mi amiga está sola en Daishnar, quiero volver cuanto antes para acompañarla.

- Vaya..Yo veo que aquí la aprecian mucho, la echarán de menos cuando se vaya. Si no hubiera nadie esperándola, ¿se quedaría aquí?.

- Yo...no lo sé-. Desvié la mirada al suelo de forma inconsciente, teniendo mil y un ilusiones en la mente.

- ¿A qué tiene miedo?-. Su pregunta me hizo abrir los ojos sorprendida.

- Yo.. hace unos meses mi gremio se disolvió y.. fue desgarrador.

- Pero no se puede juzgar todas las posibles experiencias solo por una mala del pasado. Un agricultor cuando ve que su campo no ha dado buena cosecha no piensa que nunca conseguirá nada, lo vuelve a intentar una y otra vez, aunque con cada pérdida sienta impotencia y rabia-. Posó su mano sobre mi hombro animándome.- No tenga miedo señorita Lucy.

La vista se me tornó borrosa. Con la poca fuerza que tenía hablé.- Gracias-. Refregué mis ojos acuosos con la manga de la simple blusa negra que llevaba en aquellos momentos.

- Oye.. una última pregunta. Perdóname que sea tan cotilla pero..¿qué pasa entre el maestro y usted?-. Me atraganté con mi propia saliva.

- ¿Por qué lo dice?.

- Están en tensión cuando están cerca el uno del otro. Él la mira muchas veces de reojo, se le ve dolido por algo. Parece que va a animarse a hablarle pero calla y sigue con lo suyo-. ¿Qué Sting me observa de reojo?. Cada vez que lo miro o están tonteando con alguna chiquilla o hablando con algún miembro, ignorando mi presencia completamente. Por dentro me reí, dolido dice, dolida tendría que estar yo por la falta de confianza que tiene hacia mi control mágico.

- Digamos que hemos discutido, si es que se le puede llamar así.

- ¿Por algo grave?.

- En realidad es un tontería.

El abuelo lanzó un suspiro exasperado.- Estos jóvenes de hoy en día que solo saben pelear por estupideces. ¿Son amigos?-. Asentí algo indecisa, ni yo misma sabía ya cual era nuestra relación.- ¡Entonces déjense de orgullo y arréglenlo!. Cuando tengan mi edad se arrepentirán de no haber solucionado las cosas en su momento.

- Quizás tenga usted razón...

- ¡Claro que llevo razón!. Los ancianos siempre la llevamos-. Levantó las manos haciendo un gesto divertido con ellas y perdiéndose por los pasillos. Reí divertida para después de despedirme de él.

Realmente quería arreglar las cosas con Sting, me parecía una persona agradable a pesar de su carácter altanero y presuntuoso. Por lo que contaba Lector de él podía ser un gran amigo.

Con el ánimo algo levantado chequee el huevo buscando alguna grieta. Estaba segura de haber estado oyendo los últimos días chasquidos en mi habitación pero no encontraba ni el más mínimo rastro de fisuras.

Observé por la ventana la ciudad de Iwa, iluminada por las farolas al ser ya de noche. En mis manos había una carta dirigida a mi madre, desde la disolución del gremio no había escrito nada y ayer fue el día destinado a cambiar esa situación. Cerré los ojos, recordando las palabras escritas.

Querida mamá.

Lo sé, llevo mucho tiempo sin escribirte, perdóname por ello. Es solo que han pasado demasiadas cosas en estos meses. Tras la batalla contra Tártaros (un gremio oscuro), el maestro disolvió Fairy Tail. ¿Te lo puedes creer?, yo aún sigo pensando que es un mal sueño, una pesadilla. Por las noches me duermo con el deseo de que al despertar, apareceré en mi cama, que al ir al gremio y abrir sus puertas todos estarán allí, saludándome sonrientes. Me duermo con el deseo de que al despertar tenga a Natsu estampándome en la cara un folleto de un trabajo con buena recompensa y a Happy comiéndose un pescado a su lado, que Gray y Erza aparezcan y acepten la misión y emprendamos una aventura.

Pero desgraciadamente, nada de eso pasará.

Cada día que pasa la realidad me golpea con más fuerza quitándome esas ilusiones infantiles. Ahora mismo estoy en Sabertooth realizando un trabajo, ¿a qué es increíble?. El mismo gremio que nos dio tantos problemas en los juegos mágicos están custodiando unas piedras arcaicas que tienen unas palabras en lengua antigua y yo soy la encargada de traducirlas.

Antes de llegar aquí estuve en Daishnar, una ciudad que se fundó unos seis años después de tu muerte y que en los últimos ha conseguido mucha fama. Allí conocí a Amaia, es una chica de mi edad de pelo castaño y con un cuerpo increíble, su magia reacciona con la música, ¿no te parece alucinante?. Hubo un desfile en el que participamos, y ¡ganamos!. ¡Ojalá hubieras estado allí para vernos, ya que se retransmitió por todo Fiore!. Vinieron muchos periodistas a hacernos entrevistas y sesiones fotográficas, fue tanta la atención recibida que incluso me agobió un poco sinceramente.

En Daishnar adquirí un diccionario que contiene traducciones en gran cantidad de idiomas. Escogí un trabajo para traducir las dichosas piedras ya que parecía que nadie había conseguido lograrlo, por intentarlo no perdía nada. Las tablas se hallaban en el castillo, en Crocus, pero debido a la multitud de ataques sufridos tuvieron que pedirle a Sabertooth que ayudaran a protegerlas. Y bueno, aquí estoy. Se portan bien conmigo, exceptuando alguna que otra chica que me mira mal, pero no le hago mucho caso, sería una pérdida de tiempo tratar de averiguar que problema tienen conmigo.

Antes de llegar a Iwa (la ciudad donde está el gremio de Sabertooth) paré en un pueblo llamado Brownfields. Allí conocí a un hombre mayor llamado Willy, tuvo un problema con los guardias ya que parece ser que estaban vendiendo en un mercado ilegal, eran todo personas mayores o sin estudios no sabían ni que tenían que llevar papeles en regla. Fue muy doloroso ver como destruían su puesto, hace maravillas con la arcilla y cuencas de colores. ¡La cosa es que en su bandolera llevaba escondido un huevo!, no sé de que especie es pero es precioso y suave. A veces se mueve por lo que no debe quedarle mucho por nacer. ¡Estoy impaciente por ver que sale de ahí!.

Quizás te preguntes porque no fui con mis amigos tras la disolución del gremio. Gray,Erza... se fueron cada uno por su lado y Natsu..él se fue antes de que se disolviera el gremio ¿crees que él lo sabía?, quiero pensar que no es así ya que de seguro de haberlo sabido habría formado escándalo. O eso quiero pensar.

Quizás debí de preguntarles a mis compañeros de ir con ellos o quizás no, quizás debí haber esperado que ellos mostraran ese gesto. Ya es tarde para los "que hubiera pasado si..". Y a mi parecer es estúpido conseguir una migraña por eso.

¿Sabes mamá?. Aunque el gremio se haya disuelto, Fairy Tail no ha desaparecido. Sigue estando en mi corazón, a donde quiera que vaya, sin importar si me voy con otras personas. Las cosas nunca se quedan en el olvido si las mantienes en tus pensamientos.

Y..quizás deberías de saberlo, tu fuiste su amiga mucho tiempo. En la batalla con Tártaros, estaba luchando contra un mago muy poderoso. Invoqué a Aquarius pensando que ella podría ganar, tu más que nadie sabes que ella tenía un poder increíble.

Pero no fue así. Apenas conseguíamos causarle daño y nosotros estábamos agotados. Ella... me dijo que debía invocar al Rey de los espíritus para poder salvar a mis amigos y a mi misma.

Creo que no hace falta siquiera nombrar cual es el precio.

Da igual cuanto me negara, ella estaba empeñada en que lo hiciera. Para salvar a mis amigos.

Para salvarme.

Finalmente lo hice mamá, invoqué al rey... y sacrifiqué a Aquarius.

No pasa ni un solo día en el que no piense en ella. La culpa me está matando por dentro lentamente. Solo espero que no me odies por esto, no podría soportarlo.

Dale un beso a papá de mi parte y uno enorme a ti misma, ¿de acuerdo?.

Os quiero, ahora y siempre.

Tu hija, Lucy.

Dejé la carta en una bonita caja junto a otras mientras dejaba caer lágrimas silenciosas. Tras un rato, me puse un pijama que había comprado en la ciudad hace un par de días. Era un simple pantalón largo verde claro y una camiseta de media manga del mismo color con algunos detalles florales blancos que se ceñía al cuerpo moldeando mi figura.

Bajé al comedor deleitándome con el olor del pescado asado. Apoyado en la barra del bar estaba Sting charlando con la cocinera que a su vez era la que apuntaba las misiones que escogía la gente. Reconocí a la mujer del día en el que vimos la película, llevaba ropa muy ajustada y unos culotes que se había remangado quedando como unas bragas. Desde que había venido al gremio no hacía más que mirarme con asco y superioridad, otra que se creía la reina de la fiesta como Agatha.

Pasé entre las mesas en silencio recibiendo un vistazo de varios segundos de Sting que inmediatamente después siguió coqueteando con la chiquilla de cabellos negros rizados en tirabuzones.

Era bonita, pero se le veía a lenguas que era una golfa.

Me senté junto a Rufus, él y Orga habían regresado ya de la misión y estaba encantado de ayudarme a descifrar los trabalenguas.

- ¿Algo nuevo?-. Preguntó mi compañero pasándome la sal.

- He descifrado otra piedra y, como es habitual, contiene un texto lúgubre.

- Esa gente era realmente pesimista.

- Concuerdo-. Dije antes de beber el zumo de mi vaso. Miré de reojo al mago de luz que seguía tonteando con la chiquilla. Esta se había inclinado sobre la barra haciendo que sus pechos se juntaran y alzaran levemente, posó su mano sobre el masculino antebrazo melosamente. Sting no perdió detalle mirando momentáneamente sus senos para después volver a mirarla a los ojos y esbozar una sonrisa de medio lado.

¿Y con este imbécil tenía que arreglar las cosas?. ¿Enserio?

Primeramente que yo tenía que disculparme por nada. Segundo ni siquiera sabía porque se había molestado. Y tercero...

Que le den.

'Lo siento abuelo, pero se va a disculpar su puñet...'

- ¿Por qué Sting está siempre mirándote de reojo?-. Preguntó Rogue que estaba enfrente de mi interrumpiendo mis pensamientos.

Se me quedo la mente en blanco.

- ¿Eh?-. Musité confundida.

- Llevo varios días observándole y no hace más que mirarte por el rabillo del ojo. Ni siquiera sé por qué de repente ni os habláis.

- Desde el incidente con el hechizo se volvió más frío conmigo. No me preguntes cuál es la causa de la "pelea" porque ni yo la sé.

- No le hagas caso. Es solo la impotencia, te ha cogido mucho cariño y cuando te vio desmayada en su brazos se temió lo peor. Ya se le pasará. Solo es berrinche-. Expresó Minerva blandiendo un tenedor despreocupada.

La curiosidad pudo conmigo así que inevitablemente me hallaba volviéndolo a mirar de reojo. Esta vez nuestros ojos se encontraron. Me miraba fijamente sin expresión, a su lado la chica hacía de todo para que le prestara atención.

Pero él la ignoraba olímpicamente.

Volví la vista hacia mi plato mal humorada. Entre gruñidos y bufidos devoré mi cena terminando pronto. Odiaba cuando observaba alguien y este me descubría, era vergonzoso.

- No sé por qué Sting le vuelve a hacer caso-. Murmuró Lector mosqueado.

- ¿A qué te refieres?.

- A Lua. La mujer con la que está hablando. Sting la conoció poco antes de la batalla de Tártaros, se acostó con ella y esta se unió al gremio para estar cerca de él. Sting siempre deja claro que solo busca rollos de una noche pero a las mujeres no les entra en la cabeza. Casi la mitad de las mujeres femeninas de este sitio han venido por él, aunque no se hayan acostado juntos.

- Menudo acoso.

- Si esto te parece acoso espera a irte de misión con él. ¡Es desesperante!. Desde que sale por la puerta las mujeres se le echan encima, y cuando vamos a otra ciudad...pf. A veces tenemos que escondernos para que nos dejen trabajar tranquilos-. Lector golpeó la mesa visiblemente alterado atrayendo miradas de sorpresa, yo incluida.

- Relájate fierecilla-. Solicité mientras las lágrimas caían de la risa.

- ¿A qué ha venido ese golpe, Lector?-. Preguntó Sting sentándose a su lado.

- Nada importante-. Masculló comiéndose el pescado. Su amigo lo miro con una ceja alzada esperando una explicación que nunca llegó.

La conversación se inició dividiendo la mesa en dos. Por un lado estaba Yukino, Minerva, Sting, Frosch y Rogue, en el otro bando estaban Orga, Rufus, Lector y yo. Casi parecía que eran mesas separadas si no fuera porque nos pasábamos los condimentos de un lado a otro.

Frosch estaba callado mirando su plato vacío, su verde carita iba adquiriendo arrugas y su ceño se fruncía con fuerza en su frente.

- ¡YA ESTOY HARTO!-. Gritó repentinamente asustando a todos. El salón entero se quedó en silencio, ni siquiera se escuchaba las respiraciones.

- ¿Qué te pasa Frosch?-. Inquirió Rogue con interés, no recordaba la última vez que había visto a su amigo así de enfadado.

-¡Qué estoy harto!. ¡Harto de que haya tensiones en la mesa o que la conversación se divida en dos ignorándose completamente!-. Nos miró a Sting y a mí entrecerrando los ojos.- ¡Y la culpa es vuestra!. ¡Arreglad ya vuestras cosas de una vez!.

- Yo no soy la que tiene el problema-. Dije gélida bebiendo un sorbo.

- ¿Y yo sí?-. Inquirió el rubio con sarcasmo.

- ¿Quién si no?. Tú eres el que ha estado ignorándome desde hace tiempo y tratándome fríamente. Ni siquiera sé por qué actúas de esa forma, aunque quizás tenga una ligera idea...-. Lo último lo dije en un tono tan bajo que pensé que no pudo haberlo escuchado. Pero claro, estábamos hablando de un Dragon Slayer.

- ¿¡Qué tienes una ligera idea!?. ¡Pues por si no es acertada te diré lo que es!. ¡Fuiste muy estúpida e impulsiva yendo tu sola a entrenar una magia de tan alto nivel sin que nadie te acompañara para socorrerte!-. Alzó la voz varios decibelios al mismo tiempo que golpeaba la mesa haciendo que los cubiertos y platos dieran un bote. Aquello tocó la fibra hostil que había en mi cuerpo. Los dos nos habíamos levantado de nuestros asientos y habíamos juntado las caras como si eso intimidara al contrario.

- ¿¡Te crees que porque esté temporalmente aquí en el gremio ya tengo que comportarme como los demás e ir pidiendo permiso para entrenar como una cría?!. ¡Y aunque perteneciera a este sitio soy libre de hacer lo que me de la gana de la manera que me de la gana!. ¡Este tipo de magia iba a acabar aprendiéndola tarde o temprano ya fuera aquí o en medio de un jodido bosque!. ¡Y las consecuencias de usarla serían exactamente las mismas!.

- ¡Deberías de haber invocado a otro espíritu para que te ayudara!.

- ¡No habría tenido suficiente magia para probar la nueva magia!

- ¡Pues quizás no estabas preparada para usarla!

- ¿¡Según quién?!, ¿¡tú!?. ¡No tienes ni puñetera idea de magia celestial y menos aún hasta donde llegan mis capacidades así que haz el favor de callarte la jodida boca porque quedas como un imbécil ignorante!.

- ¡Yukino seguro que habría sido más cuidadosa que tú!

- ¡Bien por ella!. ¿¡Qué quieres que aplauda?!. ¡Toma!-. Di varias palmadas rápidas con tanta fuerza que me dolieron las manos. Sting se quedó callado, sorprendido de mi insolencia. Su rostro se contrajo furiosamente. Esperaba que gritara, pero no, lo que dijo lo hizo en voz baja, en susurros.

- Eres una mocosa mimada e impertinente. Más que magia deberías aprender modales, ¿no te lo enseñaron tus papis en su momento?-. Aquellas palabras se calvaron como dagas en mi cuerpo.

Solté un gemido ahogado mientras abría los ojos desmesuradamente. Rápidamente puse mi rostro inexpresivo y le respondí entre dientes.

- Mis padres murieron cuando yo era pequeña. Perdona por no estar al alcance de tus expectativas-. Sus azules ojos mostraron impresión previamente para segundos después ser la culpa la que gobernaba en ellos.

Iba a abrir la boca para seguramente pedir disculpas pero yo alcé la mano pidiendo silencio. Él sabía que la había cagado, pero esta vez llegó demasiado lejos.

- No digas nada, no me interesa nada de lo que tengas que decir-. Manifesté siento un glacial en mis labios con aquellas palabras. Me senté para seguir comiendo, ignorando todas las miradas.

Fin de la disputa. Lucy gana por goleada y Sting queda retratado como un idiota delante de todo el mundo.

El rubio se quedó de pie, mirándome con los labios firmemente cerrados. Súbitamente salió del lugar a grandes zancadas subiendo la escalera, poco después se escuchó un portazo.

La gente poco después siguió comiendo y hablando de sus cosas por lo bajo, tenían miedo de que una mínima alteración en el ambiente provocara un cataclismo.

En cuanto mi plato se quedó limpio me despedí y marché con la cabeza bien alta y en pasos lentos. Nuevamente se hizo el silencio y todas las miradas estaban en mi espalda.

Nada más cruzar mi puerta y cerrarla apoyé los hombros contra ella. Puse las manos en mis labios intentando callar los sollozos que clamaban por salir y ser liberados.

- ¿Lucy?-. Loke apareció delante de mí en un destello dorado.

- ¿Por qué es todo tan complicado?-. Me lamenté entre hipidos. Mi amigo se sentó a mi lado sin decirme nada, solo me abrazó fuertemente haciéndome saber que estaba ahí.

Y yo no necesitaba nada más.

Así estuvimos hasta altas horas. Me quedé dormida con la cabeza apoyada en su hombro pero amanecí en mi cama bien envuelta entre las sábanas. Daba las gracias por tener amigos así.

En los siguientes días nadie vio a Sting salvo Rogue que solía encontrárselo cuando no rondaba nadie los pasillos. No nos decía nada sobre él, o por lo menos no mientras yo estuviera presente.

Volviendo al tema de las piedras había descubierto una partitura escrita en una de las rocas. Era un canción sin música en que solo se cantaba con las vocales, nada de palabras. Me la imaginaba en mi cabeza constantemente y tenía muy buena pinta, aunque mi voz no servía mucho para el canto podía intentarlo. Solo esperaba que no cayeran rayos sobre mi cabeza.

Ya casi se harían dos semanas desde que vine al gremio de los tigres. Un día concreto una tormenta se desató en Iwa, venía con los vientos del Este y aunque ya había descargado antes de llegar aquí su peligrosidad seguía siendo considerable.

Estaba saliendo del estudio para ir al salón a almorzar cuando me topé cara a cara con Sting. Borré el rápido gesto de impresión previo para mirarlo inexpresiva.

- Lucy-. Susurró desolado. Tenía profundas ojeras en sus ojos y su aspecto se veía más descuidado, más delgado.

- Sting-. Lo llamé guardando las emociones.

- Lo siento tanto-. Soltó con la voz ahogada mordiéndose el labio. Asentí aceptando sus disculpas pero no le dije nada. Me había hecho mucho daño y no se lo iba a perdonar así como así.

- Lector está preocupado, deberías bajar más seguido aunque sea solo para verlo-. El exceed me había contado que el rubio no aparecía por el cuarto desde la pelea, y las pocas palabras de Rogue lo tenían en constante angustia.

Sting asintió con las mejillas algo rojas mientras caminaba delante de mí hasta bajar al comedor. El barullo calló al vernos en las escaleras, esperaban que nos pegáramos mediante palabras hirientes o nos gritáramos como la última vez, pero no les daríamos ese espectáculo.

Me senté teniendo a Lector delante que me miró con algo de esperanza en los ojos. Desvié la mirada dándole a entender que las cosas seguían sin estar como antes. Su ojos oscuros mostraron sufrimiento al ver mi gesto.

Después de la comida (en la que no dije ni una sola palabra), me dediqué a investigar que eran los extraños ruidos de mi cuarto. El huevo seguía sin dar señales de rotura y el sonido parecía que algo se estaba rompiendo. Tirada en el suelo busqué cualquier rastro de brecha en el suelo, la pared y los muebles. Por un momento tuve miedo de que fueran ratas corriendo por debajo del suelo de madera. Pero, de ser así se los escucharía todo el día y además, había trampas repartidas por todo el edificio que estaban intactas ni había un mínimo rastro de pisadas o restos de comidas y con el buen olfato de los exceeds y de los gemelos dragones ya se habría descubierto su presencia.

'Esta noche no dormiré hasta que sepa que demonios es esa cosa', me dije a mi misma con determinación.

En la tarde estuve haciendo ejercicios de estiramiento y practicando con la magia de fuego. Ya era capaz de hacer algún que otro ataque pero el daño que hacía era casi nulo.

Me sumergí suspirando de placer en la bañera de agua caliente repleta de burbujas. El olor a chocolate, vainilla y miel inundaba la estancia haciendo la boca agua. Llevaba mucho tiempo sin relajarme y dedicarme a mi sesión de belleza.

A la hora de la cena me sentí con la energía y el ánimo renovado. Bajé con mi cómodo pijama casi dando saltitos. Hoy tocaba espaguetti con tomate y carne y mi estómago estaba haciendo ruido impaciente.

Sting ya estaba en la mesa comiendo con los demás, tenía mejor aspecto, ya no se le notaba tanto las ojeras y parecía haberse aseado en condiciones. En cuanto me senté escuché como los dos amigos inspiraban profundamente captando el olor de mi gel.

- Lucy, ¿qué gel usas siempre que huele tan bien?-. Preguntó Lector bebiendo zumo.

- Es uno que trae fragancia de chocolate, vainilla y miel. ¿Quieres que te lo deje?-. Le pregunté de broma.

- ¡Sí!.

- ¡Fro también quiere!-. Frosch tras la pelea había vuelto a ser la dulce y amable criatura que todos conocíamos, y menos mal, dio bastante miedo.

- No lo hagas Lucy, te gastarán todo el bote-. Me recomendó Rogue enrollando los fideos.

- ¡No lo haremos!-. Replicó Lector apoyado por Frosch.

- Mmm... y ¿por qué no os bañáis conmigo?. Así me aseguro de que no echéis más de la cuenta...

- ¿Contigo?. ¡No podemos somos chicos!.

- Ahh, yo que quería bañarme con ustedes y hacer torres de espuma-. Suspiré resignada echando la cabeza a un lado. Rápidamente los escuché gritar que se bañarían conmigo, que les daba igual que estuviera mal visto que dos chicos y una chica se bañaran juntos si no eran novios aunque fueran de especies deferentes.

La conversación era mucho más abierta que en las últimas ocasiones en las que el rubio estuvo presente pero seguíamos sin dirigirnos la palabra. Los truenos y la lluvia golpeando los cristales resonaban de fondo rompiendo a veces la extraña armonía instalada.

De repente, con el tenedor situado a unos centímetros de mi boca abierta, me quedé estática.

- ¿Lucy-san?-. Llamó Orga algo preocupado, el único movimiento que salió de mi eran el cerrar de mis labios.

Un trueno, más fuerte que los anteriores, retumbó en toda la sala.

- ¿Qué ocurre Lucy?-. Preguntó Yukino en voz baja, pero la gente parecía tener oídos en todos lados porque de nuevo el comedor estaba en silencio y todas las miradas sobre mi.

Y yo seguía sin decir que me pasaba, aunque ni yo misma sabía que ocurría. Lo único de lo que tenía conocimiento era de un extraño sentimiento que se había instalado en mi pecho y que cada vez se hacía mayor. Una parte dentro de mí me decía que iba a suceder algo, no sé si bueno o malo, y que estaba en el lugar incorrecto. ¿Pero en dónde debía de estar?.

Me respondí sola cuando mis piernas se movieron autómatas, haciéndome correr despavorida hasta mi cuarto. Con grandes zancadas llegué hasta el lado de la cama más próximo a la ventana. Saqué el canasto bajo la cama y cogí el enorme huevo entre mis brazos. Estaba quieto, cálido, silencioso como era habitual.

Y entonces empezó a moverse, cada vez con más fuerza.

Mis ojos se iban abriendo maravillada al ver como la superficie se agrietaba y los trozos empezaban a descender y ascender. Con lentitud un gran fragmento azul se levantó hacia arriba, mostrando un hocico escamoso con una pequeña hilera de bigotes cortos en los bordes inferiores de la mandíbula.

Con suavidad retiré el pedazo de huevo hacía atrás. El morro se escondió dejando ver solo los agujeros de la nariz.

- Vamos pequeño, no te asustes-. Le susurré con toda la delicadeza posible. Al escuchar mi voz aquella extraña criatura volvió a sacar su cabeza paulatinamente. Esta vez pude contemplar unos ojos dorados que me observaban curiosos. Un extraño gruñido salió de su boca pero no parecía hostil en absoluto, más bien cariñoso.

El reptil sacó completamente su cabeza dejando ver unos cuernos gruesos y largos sobresalientes y afilados que iban hacía atrás algo curvados.

'No puede ser'. Pensé viendo al ser luchar para liberarse completamente de la cáscara.

- ¿Lucy que demonios te pasa?-. Demandó Sting alterado entrando en el cuarto. El recién nacido rugió asustado por el inesperado ruido.

Sentí como el rubio se acercaba a mí posición dudando. Ahogó una exhalación cuando vio lo que había en mis brazos.

- Dios mio-. Musitó con los ojos atónitos agachándose a mi lado.- ¿Es lo que creo que es...?

- No lo sé-. Mi voz sonó sin fuerza alguna mientras el pequeño monstruito seguía lanzando trozos de huevo por todos lados.

Tras varios minutos en silencio, se terminó completamente la espera. Se me hizo un nudo en la garganta al ver al animal que se mantenía quieto boca arriba en mis brazos como un niño pequeño.

'¿Eso son alas?' estudié mirándolo. Unos arcos del tamaño de mi brazo salían de su espalda, tenían una extensa tela membranosa pegada a ellos.

Sting completamente mudo me pasó un trapo de la cesta que usé para limpiar los restos. Al acabarlo, no hacía más que preguntarme de donde había salido esa maravilla.

Su piel escamosa de un azul muy oscuro casi negro, tenía dibujado en su superficie miles de puntos blancos, lo que en conjunto simulada un cielo en la más profunda noche. Sus pequeñas patas, llenas de uñas largas y afiladas que seguramente serían capaces de cortarme en dos estaban juntas palma con palma haciendo que se viera inofensivo.

Inofensivo y adorable.

Su cola era larga con una fila de púas de picos redondos y pequeños muy separados entre sí, de tal manera que solo había unas pocas presentes en todo el largo de su extremidad.

Otro trueno procedente desde el cielo sonó asustando a la criatura y que esta se acurrucara con mi pecho tras lanzar otro leve rugido.

- ¡Kyyyaaaa!. ¡Eres tan tierno!-. Grité apretándolo contra mi pecho.

- Vas a matarlo-. Se burló Sting escuchando sus gruñidos de queja.

Reí viendo como el pequeño reptil alado trataba de zafarse de mi agarre. Volví a quedarme en silencio durante varios segundos, meditando.

- Arashi-. Susurré después de que sonara otro trueno.

- ¿Qué?-. La confusión visible en su voz.

- Se llamará Arashi-. Anuncié acomodando al recién nacido. Lo escuché suspirar en la oscuridad del cuarto cuando volvió a rugir el cielo.

- Le queda bien-. Respondió acariciando la escamosa cabeza.- Es muy suave.

- ¿Es normal que un dragón tenga la piel de un tacto tan agradable?.

- La verdad es que no, recuerdo que Weisslogia tenía una piel que daba gusto tocarla pero hay mucha diferencia entre la suya y la de este.

- Quizás es porque es un bebé, a lo mejor cuando crezca no es tan agradable de palpar.

- Ajá...

Se hizo otro silencio un poco incómodo que solo se rompía con los rugidos de Arashi.

- Creo que será mejor volver con los demás, estaban preocupados cuando te fuiste de esa manera.

- Lo siento. Algo me decía que tenía presenciar algo importante, no tenía tiempo para explicarme-. Me levanté con el azulado dragón mirándome con sus dorados ojos fijamente.

- ¿Vas a presentárselo a los demás?-. Me tendió una pequeña manta para envolverlo y que no pasara frío.

- Claro, espero que no se asusten...-. Me vi interrumpida con el sonido del estómago reptiliano rugiendo, rogando por alimento.

- Creo que lo que más va a asustar serán las facturas de comida-. Bromeó abriendo la puerta.

Sting pasó primero quedándose tras la baranda del pasillo. Su enorme espalda prácticamente me escondía a los ojos curiosos que esperaban una explicación.

- Bueno...seré breve. Tengo el placer de anunciarles que ha ocurrido un acontecimiento...extraordinario, un tanto difícil de explicar pero maravilloso a fin de cuentas. Realmente aún sigo sin creerlo pero es absolutamente real, déjenme presentarles ...-. Me miró de reojo invitándome a ponerme a su lado. Desenvolví un poco las mantas para que se le viera bien y me coloqué a su vera.- ….a Arashi.

Al principio no hubo ninguna reacción. Estaban quietos, podía apostar que apenas respiraban. Muchos entrecerraron los ojos buscando enfocar mejor la vista. No pasó mucho tiempo cuando empezaron las muecas de auténtica sorpresa.

- ¿E-es un dragón?-. Balbuceó Rogue levantándose.

Los gritos ahogados y las exhalaciones salieron sin control en cuanto asentí con la cabeza. Sting empezó a bajar por las escaleras conmigo detrás.

La muchedumbre se acercó lentamente, algunos aún seguían estupefactos en sus asientos. Observé que la oscura piel de Arashi había perdido la capa interminable de puntos blancos, quizás era algo que solo salía cuando había total ausencia de luz.

- Es tan..¡guay!-. Chilló Lector poniendo las patas bajo su barbilla en brazos de Sting, sus luceros brillaron de emoción viendo al que sería su otro compañero de juegos.

- Fro piensa igual-. La pequeña rana estaba agarrada en el aire por el brazo de Rogue el cual alargó el brazo acercándolo al hocico del dragón.

Habiendo escuchado su estómago recientemente quejándose no lo veía buena idea.

-¡Ay!-. Gimoteó cuando Arashi le mordió media mano. Sus pequeños dientes se clavaron formando insignificantes lineas de sangre que chorrearon hasta caer al suelo.

- Arashi, suelta-. Mi voz salió severa y firme, sin titubeos. Los dorados ojos me miraron por el rabillo para posteriormente soltar con lentitud la mano.

- Lua trae unos cuantos filetes, no creo que le hará ascos aunque esté cruda-. La pelinegra salió de su impresión para mirarlo con ojos soñadores, salió disparada hacia la cocina para coger el pedido.

- Sting-sama, la carne está congelada-. Susurró avergonzada cuando volvió con un plato que contenía una enorme pila de filetes. El cogió el plato algo indeciso.

- No hay problema con ello-. Dije invocando el fuego en mis manos para calentarlo. A los pocos minutos la carne estaba hecha y soltando un delicioso olor.

Arashi se revolvió en mis brazos inquieto, buscando alcanzar la comida.

- Tranquilo, eh-. Le advertí poniendo uno de los filetes delante de su boca.

De tranquilo nada.

Sin apenas masticar y en tres grandes bocados engulló el filete. Suspiré resignada sabiendo que era lo máximo que conseguiría, mucho era que no me había arrancado un dedo con la ansiedad.

No pasó ni un minuto cuando acabó con todo la carne. Lanzó un fuerte eructo al aire y se ajustó en mis brazos, lanzó un adorable rugido que sacó sonrisas en general.

- Nee, ¿qué estamos esperando?-. Preguntó Sting produciendo desconcierto- ¡Esto merece una fiesta!-. Los gritos de apoyo se escucharon rápidamente. La música se alzó y la gente con jarras en mano empezó a celebrar.

Arashi saltó al suelo y empezó a brincar y perseguirse la cola.

- Jamás pensé que volvería a ver a un dragón de clase inferior-. Dijo una voz a mi lado.

- ¿Que dice?-. Le pregunté al anciano huésped que se había posicionado a mi lado. Tenía en sus manos un libro exactamente igual que el mío, pero parecía más antiguo.

- Cuando vi el el huevo tuve una ligera idea de lo que era pero necesita confirmarlo cuando naciera. Hay dos tipos de dragones: los superiores y los inferiores. Los superiores eran los más grandes, más poderosos y más racionales, llegando a tener la capacidad de comunicarse. Los inferiores, mucho más pequeños e incapaces de llegar a tal nivel de razón, solían servir a los superiores o vivir en pequeños grupos por sí solos. Esta especie concretamente..-. Abrió el libro y empezó a leer por las últimas páginas.- ...se llama Ryūketsu no hisu, que significa Siseo sangriento. Eran grandes cazadores que en su mayoría vivían en colonias que podían ser pequeñas o grandes, pocas veces servían a un dragón y si lo hacían era porque este tenía un impresionante poder. Los hay de diferentes colores pero comúnmente son de tonos oscuros, por la noche aparecen en su piel miles de puntos blancos para camuflarse en el cielo nocturno. Son bastante territoriales y protegen con celo a su familia. Viven con una única pareja toda su vida, aunque esta muera o desaparezca el otro miembro no volverá a buscar un compañero sentimental hasta el fin de sus días. Su dieta en su mayoría es carnívora pero también comen fruta. Son buenos nadadores, algo excepcional ya que los dragones normalmente tienen problemas para moverse en el agua por sus alas, que les dificultan enormemente el movimiento. Realizan vuelos rápidos en el aire, siendo muy complicado intentar darles con un ataque aéreo, para vencerlos la mejor manera es hacer que se mantengan en el suelo, pero esto no asegura la victoria ya que son muy ágiles. De todas las razas que había de dragones inferiores esta es considerada la más peligrosa, por ello se la persiguió hasta su extinción, aunque no está comprobado que estén completamente exterminados. Tienen una peculiaridad especial y es que por encima de las escamas hay miles de pequeños y finos pelos que le dan un tacto sedoso como el de los pétalos-. Misterio resuelto.

- ¿Qué altura alcanzan?-. Preguntó Lector desde el suelo, casi todos mis compañeros habituales se había acercado sin darme cuenta.

- Pues de envergadura pueden llegar a medir unos veinte y cinco metros, de largo unos quince. Son bastante grandes y musculosos, llegando normalmente a evitar combates solo por su intimidante aspecto.

- De un bocado pueden comer a una persona-. Murmuró Yukino algo asustada.

- Así es. Además no tardan mucho en crecer. En un par de meses alcanzan casi la mitad de su tamaño, si está bien alimentado puede que tarde algo menos.

- Lucy ya le ha puesto nombre pero..¿es macho o hembra?-. Cuestionó Minerva mirando a Arashi que la observaba fijamente sentado en el suelo.

- Cójalo Lucy-san-. Lo alcé en el aire mostrando su vientre. El anciano se acercó y empezó a mirar por la zona donde empezaba la cola.- ¿Veis esta enorme bolsa?, aquí están escondidos los testículos y el pene-. Señaló la escamosa protuberancia.

- Ha dicho pene-. Rio Lector tapándose la boca.

Arashi lanzó un bramido, sus patas traseras y su cola se separaron sospechosamente.

- ¿Eh?. ¡No, Arashi, no!-. Grité separando al dragón de mi cuerpo para no mancharme de orina.

Tras limpiar el desastre continuamos la fiesta toda la noche. No pude evitar bailar cuando escuché los tambores sonar. Haciendo uso de mis habilidades demostré por qué había ganado junto a Amai el desfile. Cada vez que un hombre trataba de acercarse a coquetear conmigo el pequeño dragón le gruñía y le mordía los tobillos. Ahora mismo hacía gracia pero era una actitud que habría que corregir en el futuro si quería evitar problemas.

Casi al amanecer y con el cansancio dominando nuestros cuerpos me fui al cuarto acostándome en la cama de lado con Arashi junto a mí.

Sin duda, mi vida sería mucho más interesante ahora.


Arashi significa tormenta.

¿Qué tal andan?. Aquí tienen el octavo capítulo, como siempre espero que lo disfruten!

De casualidad, ¿alguien sabe colorear con las tablas digitales?. Estoy haciendo un boceto que podría ser la portada pero no tengo ni idea de colorear, y si lo hago a la lápiz claramente la calidad no será igual... :/. Si alguien sabe, tiene tiempo libre y quiere entretenerse yo se lo dejo encantada XD

Espero sus reviews :)