Disclaimer: Los personajes pertenecen a hiroshima excepto la historia. Capítulo largo muchachos O.O

En los días posteriores Sting no me volvió a preguntar sobre si había decidido al final unirme a su gremio, tampoco había vuelto a ocurrir situaciones incómodas como la de la cocina. El mago se comportaba como al principio de mi llegada, pendiente, amable y algo bromista.

Pero mi corazón adquiría un ritmo precipitado cuando él estaba cerca. Cuando pasaba un brazo sobre mis hombros o me revolvía el pelo para hacerme enojar la respiración se me cortaba. Quería pensar que era causa del deseo pero las sensaciones que tenía me recordaba vagamente a las que tenía por Natsu, o las que solía tener por él.

El pelirosa aparecía muy ocasionalmente por mi mente. Lentamente, iba olvidándolo, dejándolo en la parte más alejada de mis pensamientos.

Se estaba formando un huracán en mis narices y yo no estaba haciendo nada por evitarlo. Sí realmente me estaba enamorando de Sting, tendría un problema muy gordo. Una cosa era acostarte un par de veces para satisfacer las ganas y otra muy distinta enamorarte de él.

Era realmente estúpida permitiendo que el miedo gobernara mi vida pero yo era muy sentimental. Los lazos que formaban con las personas eran muy importantes para mí y el mero pensamiento de que dicho lazo pudiera romperse o resquebrajarse por mi culpa me ponía mala.

Por eso me hallaba en un punto muerto, luchando contra las sensaciones y evitar un problema mayor. Buscaba convencerme de que todo esto se había formado a partir de lo de la cocina, pero sabía que el sentimiento comenzó a arraigarse en mi pecho pocos días después de llegar. Me acostumbré a sus gestos amables cuando yo estaba incómoda por una pregunta acerca de mi antiguo gremio o mis amigos, me acostumbré a sus chistes o bromas sobre llamarme vieja, a su estúpido e ilógico apodo, me acostumbré a su compañía en sí. No conseguiría nada negar que cuando estuvimos enfadados sentí un vacío extraño, una tristeza de una intensidad desconocida.

Podría hablar de esto con Yukino o Amaia. Sé que mi amiga de pelo castaño me diría que me lanzara a la aventura amorosa y Yukino sería algo parecido (aún recuerdo perfectamente su cara soñadora cuando Sting y yo estuvimos muy cerca mientras tenía a Lector en mis brazos). Minerva puede que se burlara un poco pero no creo que me pudiera ayudar mucho y ni loca le preguntaría a los hombres.

Este tema estaba sacándome continuos suspiros de mis labios. Ya llevaba un mes y una semana en aquél sitio, siete meses desde la disolución de Fairy Tail.

Arashi era un pequeño muy revoltoso. Al principio era tímido y sumiso, poniéndose juguetón con personas de confianza. Pero ahora no había quién lo parara. Se podía llevar horas correteando por el salón que su energía era inagotable, pese a lo torpe que era corriendo sorteaba sillas y mesas con maestría.

Por otra parte yo tenía casi todas las piedras acabadas, solo me quedaba la que estaba dando problemas desde el primer momento. Seguía sin encontrar el mecanismo para descifrarla, las palabras que aparecían ya estaban traducidas pero no conseguía saber que eran esos enormes huecos.

Un gruñido salió de mi boca mientras me estiraba en mi asiento. Las neuronas me quemaban del esfuerzo por completar los trabalenguas y para terminar tenía hambre, mucha hambre.

Menos mal que ya era la hora del almuerzo.

- Pareces un perro, rubia-. Se burló el protagonista de mi quebradero de cabeza entrando por la puerta.

- Te iba a decir que pareces tonto, pero ya lo eres, rubio-. Le saqué la lengua a la vez que él me alzaba una ceja.

- Tus palabras me hieren los sentimientos-. Posó una mano sobre su pecho dramáticamente.

- ¿Y Arashi?.

- Abajo, corriendo un circuito que han montado Lector y Frosch.

- No me hago responsable de posibles daños.

- Bah, es muy ágil. Dudo de que él precisamente rompa algo-. Un estruendo sonó abajo justo al terminar sus palabras.- Para qué diré nada-. Una limpia brisa brotó de mi garganta.

Le dí la espalda para dejar los papeles ordenador cuando un repentino dolor me vino a los riñones. Sentí una humedad desagradable en mi intimidad que me anunciaba una circunstancia no deseada

Ha llegado la señora menstruación.

La verdad es que por dentro estaba aliviada ya que llevaba dos semanas de retraso y temía de que pudiera tener alguna infección o problema sanitario pero por otra parte estaba furiosa, ¿por qué tenía que ser tan molesta y asquerosa?.

- ¿Sting puedes ir yendo ya abajo a darle de comer a Arashi?. Tengo que ir al servicio y ya sabes como se pone de impaciente si ve que me tardo-. En una ocasión se me olvidó sacar la comida antes de tiempo y el pequeño monstruo pagó su furia con una silla mordiéndola y dejándola hecha polvo.

- Sí claro-. El rubio salió por puerta a realizar el cometido mientras yo aprovechaba e iba al baño como una flecha. Al sentarme en el váter y observar los daños de mi ropa interior no pude soltar grito de rabia.

- Joder, menos mal que no eran de mis favoritas-. Dije examinando las manchas rojas en la tela de algodón.

Tras cambiarme, ponerme una compresa y dejar la prenda en un cubo con agua y jabón, fui a buscar medicina a un neceser.

- ¿Por qué me pasa todo esto a mí?-. Lloriqueé no encontrando el jarabe para el dolor. No tenía previsto quedarme tanto en Iwa y me había dejado mi preciada medicina en Daishnar.

Otra punzada en el costado me hizo jadear e inclinarme hacia delante agarrándome a la cómoda. Había pastillas por si alguien las necesitaba pero yo ni loca iba a tomarlas, eran demasiado grandes para mí gusto, siempre acababa con arcadas o vomitándolas en un fregadero.

- Tu puedes, Lucy-. Me di fuerzas poniendo mi cuerpo recto con mucha dificultad. Con pasos lentos me dirigí hacia el salón, saludando secamente a los que me sonreían.

- ¿Estás bien?-. Preguntó Yukino en cuanto me senté delante de ella.

- Tengo molestias en el estómago-. Respondí cogiendo mi plato. La maga me lanzó una mirada de apoyo al comprender que era.

- ¿Te has tomado algo?.

- No. Tengo pastillas pero no las quiero, me dan fatiga-. Lancé un quejido lastimero cuando otra punzada se hizo notar.

Minerva se sentó a mi lado con la elegancia de una marquesa, alzó las cejas cuando me vio inclinada.

- ¿Qué te pasa?.

- Menstruación-. Respondió Yukino por mí.

- ¿Has tomado algo?.

- No, y no me digas que si quiero una pastilla por favor, las odio-. Gimoteé cuando el dolor en vez de disminuir, aumentó. La pelinegra solo suspiró en respuesta.

Mantuve una expresión falsa de tranquilidad cuando los demás llegaron. Sting andaba como podía con un Arashi saltando encima de él para agarrar su plato, tropezando varias veces y haciendo malabares para que no cayera al suelo.

- ¡Quieres estarte quieto!. Como se rompa el plato comes del suelo-. No creo que el pequeño dragón tuviera problemas con eso.

La velada fue entretenida como era habitual, yo intentaba no reír muy fuerte para no sufrir más dolor si es que podía.

Un bufido cerca mía me sacó de la conversación. Giré el rostro encontrándome con la chica de pelo rizado negro pasando justo al lado de nuestro mesa meneando las caderas a la vez que miraba a Sting coqueta.

Que tía más imbécil.

Mi paciencia con ella era cada vez menor. Yo soy una persona que intenta llevarse bien con todo el mundo y cuando era tratada de malas formas sacaba lo peor de mí, si a eso le añadías mi delicada condición física pues...

Se armaba la gorda.

Apoyando la barbilla en la mano volví a al parloteo hasta que de nuevo escuché a la niña gruñir, y esta vez cuando volteé me recibió con una mirada de asco.

Se acabó.

Me levanté de mi asiento al mismo tiempo que daba un golpe en la mesa.

- ¿Cuál es tu puto problema, mocosa?-. Bramé furiosa. Al principio su gesto era de sorpresa y miedo, pero al darse cuenta de que todo el salón la observaba sacó valor de algún lado.

- ¿De qué coño estás hablando?.

- Que la próxima vez que me mires con asco te voy a reventar la cara a puñetazos-. Se escucharon palabras de provocación por el fondo.

- ¿Qué tu me vas a pegar?. No me hagas reír por favor-. En unos cuantos pasos estaba delante de sus narices mirándola frente a frente. Los vítores no se hicieron de esperar.

- ¿Quieres ver como te hago una cara nueva?.

- ¿Te crees que por estar cerca de Sting ya puedes hacer lo que te da la gana?. ¡Eres una don nadie, rubia!-. Ahí estaba, había dicho Sting, ni se había referido a los otros miembros de alto cargo ni al mago como maestro. Estaba celosa.

- No me hace falta andar cerca del maestro para creerme nadie, no seré nada pero por lo menos sé que soy más que tú-. Golpe bajo.

- Niña estúpida y maleducada. Vienes aquí con la cara de mosquita muerta pero eres tan manipuladora como las demás. Sting no debió haberte pedido perdón por sus palabras, ¿a verdad duele?. No quiero ni pensar en la cara que tendrían tus padres de verte ahora en lo que te has convertido, a no ser que siempre hayas sido así...-. Se puso la mano en la boca reteniendo una sonrisa burlona.

Ahora definitivamente si que se había acabado.

Antes de que se diera cuenta me lancé sobre ella tumbándola en el suelo y yo sentada en su estómago. No tuvo tiempo siquiera para alzar los brazos y protegerse contra mis puñetazos que resonaban por toda la sala, daba gracias a Loke y Capricornio por enseñarme los distintos golpes, aunque al principio dolieran como el infierno.

Se escucharon gritos de horror y llamadas de auxilio, nadie esperaba que diera con tanta fuerza. Creo que si tuviera ahora un combate contra Minerva le daría una paliza mayor que la que ella me dio en los grandes juegos.

Lua hacía rato que había perdido la consciencia, pero yo seguía dándolo todo. Tenía dentro un amasijo de emociones negativas que necesitaba sacar y que mejor que usar a una imbécil como saco de boxeo.

Unos fuertes brazos pasaron por debajo de las axilas que me levantaron y me alejaron de la maltrecha mujer, llevándome a una esquina lejana. Un médico residente del gremio acudió in situ a darle las primeras curas a Lua.

- Ya, cálmate, Lucy-. Pidió Sting al ver que yo no paraba de revolverme de su agarre para seguir en la pelea.

- No me pidas eso Sting. No después de lo que ha dicho.

- No le hagas caso, no caigas en su juego-. Me susurró afianzando el agarre.

Bufé resignada sabiendo que no conseguiría nada por lo que me relajé entre sus brazos.

- Quiero irme a mi cuarto.

- Vamos-. Posó su mano sobre mi espalda instándome a caminar y evitar que volviera al ataque. Rodé los ojos fastidiada mientras caminaba a mi cuarto. Arashi, que había permanecido cerca de mí en todo momento lanzó un siseo cuando pasamos cerca de la pelinegra.

Una vez ya metida en mi dormitorio me tiré sobre la cama y me hice un ovillo con la mano sobre mi estómago. El dolor seguía aumentando con cada minuto que pasaba, creo que con lo que estoy sufriendo hoy, el día que de a luz será un camino de rosas.

- ¿Qué te pasa?-. La preocupación se instaló en el rostro del Dragon Slayer mientras se acercaba a mí.

- ¿Te suena algo llamado menstruación?-. Su rostro palideció al instante, se ve que sí.

- ¿No te has tomado nada?.

- No-. Gruñí.

- ¿Por qué no?.

- Solo tengo pastillas, y las odio.

- ¿Prefieres sufrir dolor a tomarte una simple pastilla?.

- Me dan arcadas, paso de sumar el asco del vómito a las punzadas que tengo en el riñón.

- Mujeres...-. Suspiró el rubio sentándose en la cama.

Minutos después entraron Minerva, Yukino y Rogue con los exceeds.

- ¡Menuda paliza le has metido a Lua!-. GritóLector imitando un combate de boxeo con Frosch.

- Exagerados...

- ¡Pero si la has dejado inconsciente en el cuarto golpe!. Ahora si que te has ganado el respeto de la gente, ¡se apartaban para dejarte paso!.

Iba a responderle pero otra punzada me hizo ahogar un grito.

- ¿Te ha dado fuerte, eh?-. Dijo Minerva.

- No recuerdo haber tenido una regla tan dolorosa desde hace muchos años.

- Tómate una pastilla-. Soltó Rogue encogiendo los hombros. Le solté una mirada que amenazaba con darle largos años de sufrimiento si volvía a decir algo así.- Vale, vale, no he dicho nada-. Alzó las manos en gesto de derrota como si eso pudiera protegerlo de mi.

- Menuda liada hay ahí abajo-. Habló Orga entrando con Rufus.- ¿Qué le pasa?-. Cuestionó al verme tirada en la cama.

- Tiene dolores menstruales-. Le respondió Minerva con los brazos cruzados.

- Uf, menudo peligro. Eso explica la furia con la que has golpeado a la chiquilla. ¿Estás esperando a que te haga efecto la medicación?.

- Aún no se ha tomado nada-. Musitó Yukino con una mano agarrando su codo.

- ¿Eh?, ¿no te has traído nada?.

- Me dejé el jarabe en Daishnar...-. Musité cambiando de posición.

- ¿Jarabe?. No tenemos de eso...¿quieres una past..?.

- Te voy a lanzar la compresa llena de sangre a la cara como me preguntes si quiero una jodida pastilla-. Los presentes dieron varios pasos hacia atrás asustados, casi podía escuchar sus corazones latiendo desbocados. Yo estaba que echaba espuma por la boca.

Lancé un grito y me coloqué boca arriba poniendo las rodillas a la altura de mi pecho.

- Realmente le duele-. Balbuceó Frosch mirándome con pena, miró a su Dragon Slayer con súplica.- Rogue vamos a la farmacia a por jarabe.

- Ahora mismo estará cerrado por ser la hora de la comida, no abrirán hasta dentro de una hora.

- Id a por el médico de aquí, quizás pueda aplicarle una crema o algo que la relaje-. Indicó Sting acomodando a un dormido Arashi en su cama que consistía en un conjunto de grandes y blandas almohadas de color burdeo.

Miré como si fuera una deidad a la anciana que entró por la puerta al cabo de varios minutos más tarde.

- Calienta esta toalla en el microondas y trae miel-. Le ordenó a Rufus que corrió a hacer el mandado. Cuando volvió con lo necesario la mujer puso la toalla sobre mi vientre, mezcló en un vaso la miel y un extraño líquido denso y me lo acercó para que lo bebiera.

- El jarabe que tengo sabe muy amargo, la miel hará que tenga mejor sabor y te dará azúcares que vendrán muy bien para la pérdida de sangre.

- Gracias-. Susurré antes de beberme el brebaje de un trago.

- No tendrá un efecto inmediato, es lo malo de los jarabes frente a las pastillas. Te dejaré preparadas las dosis que debes tomar cuando te duela, debes comer antes de beberlas. El calor de la toalla aliviará la molestia mientras esperas a que haga efecto, así que, si te viene un dolor repentino, úsala.

Tras agradecer a la mujer los demás se marcharon dejándome descansar. El dolor se había reducido bastante, seguía siendo molesto, pero no lo suficiente para impedirme echar una cabezada. Escuchando los suaves ronquidos de Arashi me sumergí en un sueño, un sueño que no sería nada agradable.

Afuera de la habitación de Lucy el resto del grupo bajaban por las escaleras, unos con el rostro serio, y otros con las facciones llenas de terror.

- Que miedo ha dado Lucy-. Habló Lector rompiendo el silencio.

- Fro piensa igual-. La pequeña rana tembló al recordar los ojos que prácticamente llameaban por el enfado.

- La regla es terrorífica. Que suerte tenemos los hombres-. Mencionó Orga rascándose la mejilla.

- Según un estudio los hombres también podemos sufrir una vez al mes, cambios hormonales y molestias generales-. Rufus leía un artículo de una revista de ciencia.

- Sí pero las que sangran somos nosotras. Me da risa solo de imaginaros a ustedes si os sangrara vuestra cosita siete días todos los meses hasta llegar a la menopausia-. Un escalofrío recorrió las columnas masculinas estremeciéndolos, ver a los hombres así de asustados fue demasiado graciosa para Minerva y Yukino que no pudieron evitar reír a carcajada limpia.

- Por suerte los dolores no suelen durar más de dos días, aunque hay excepciones. Esperemos que Lucy-san sea de las primeras-. La maga blanca habló con un tono afligido que puso más nerviosos los muchachos que ya se imaginaban que sería de ellos si la rubia sufría los dolores hasta el fin de su menstruación.

- ¿Qué vamos a hacer con Lua?-. Rogue cambió repentinamente de tema al descubrir a la mujer sentada en una silla con una venda envolviendo todo su costado y su cara llena de manchas de color púrpura.

- Dejar las cosas claras-. Respondió Sting tajantemente. Las personas que aún estaba allí reunidas los miraron interrogantes, a la espera de algunas palabras.- Lua-. La llamó serio, ninguna emoción en su voz.

La pelinegra tragó fuertemente mientras se levantaba con lentitud del banco y caminaba a los pies del trono, donde el rubio ya se había sentado. El maestro se mantuvo en silencio al principio, apoyando la mejilla en su puño, su ceño estaba fruncido en molestia. Cuanto odiaba esas situaciones, más aún cuando se sentía la causa de ellas.

- ¿Tienes una ligera idea de lo que has provocado?.

- Yo no empecé la pelea.

- Directamente si lo hiciste, con tus malos modos de actuar.

- ¡Yo no hice nada!

- Por favor Lua, ve con el cuento a otro que no me lo trago. Llevo escuchándote gruñir, bufar y murmurar por lo bajo en contra de Lucy desde que llegó. Quizás ella no se enterara de la mitad de las cosas que decías pero yo sí, diría que me sorprenden viniendo de ti, pero no lo hacen. Con todas las mujeres que han venido al gremio has tenido que soltar esa lengua que tienes, lo dejaba pasar pero con Lucy te has ido muy lejos. Es una invitada y tú has sido una maleducada.

- Lo siento Maestro, ¡es solo qué no la soporto!. Ella y su manera de caminar como si fuera la reina de este sitio, la forma de responderte o el tener que llevarle la comida al estudio...

- ¡Ella ha venido aquí a trabajar!. ¡Ni siquiera se daba cuenta del pasar de las horas y nosotros teníamos el gesto amigable de traerle su plato, nadie nos obligaba a hacerlo!. Y la pelea del otro día ella estaba en su derecho de mosquearse conmigo, nadie se merece que le digan esas cosas.

- Pero Sting...-. El mago de luz alzó la mano pidiendo silencio.

- Basta de excusas y palabrería. Fue un error dejarte entrar en Sabertooth, das más problemas que ayuda-. La joven ahogó un sollozo sabiendo que vendría a continuación.- Por ello, te pido que te marches cuanto antes de aquí-. Fue rotundo, sin dejar una mínima puerta abierta de esperanza.

El rostro de Lua estaba desencajado y cubierto de lágrimas. Se alejó lentamente de la sala para ir a su cuarto a recoger las cosas. No se escucharon gritos ni ningún ruido extraño.

- Esperaba que formara ruido-. Dijo Rogue a su lado.

- Yo también, esto me da mala espina-. Le respondió su amigo levantándose del trono. La gente empezó a marcharse, dispuestos a descansar en sus cuartos, dejando todo en silencio.

- Iré a dormir un rato, nos vemos en la cena-. Anunció el pelinegro cogiendo a Frosch y marchándose a su cuarto, siendo seguido por Minerva y Yukino que tenían los mismos planes.

- ¿Vamos a las aguas termales, Rufus?-. Rogó Orga.- Me hace falta relajar los músculos y dar unos largos a la piscina-. Su compañero asintió y partió rumbo a las plantas inferiores.

- ¿Qué hacemos Sting?-. Preguntó Lector después de bostezar.

- Tú te irás a dormir, yo ya veré que hago-. Agarró a su exceed y lo acunó en sus brazos mientras iba a su cuarto. La rojiza criatura se acomodó contra su pecho cayendo rápido en reposo. Lo dejó en su cuarto y salió hacia la primera planta.

Por las barandillas vio las maletas de la pelinegra apoyadas contra la puerta, pero no había ni rastro de la mujer.

El corazón se le detuvo al encontrarse con Lua de espaldas a él, andaba con sigilo, y con un cuchillo en mano.

'No me digas que va a...'. Salió disparado al descubrir sus intenciones de matar a la maga estelar. Con velocidad la agarró de las muñecas impidiéndole continuar su paso. Lua empezó a gritar.

- ¡Suéltame ahora mismo!-. Un chillido más fuerte proveniente de sus labios se escuchó en todo el lugar, multitud de puertas se abrieron revelando a curiosos.

- ¿¡Qué demonios pasa?!-. Demandó Rogue al ver a su amigo sujetar así a la muchacha. Inmediatamente se dio cuenta del cuchillo que aún agarraban sus delicados dedos y que se apresuró a quitar.

- Estás como una cabra, chica-. La voz de Minerva se escuchó desde la segunda planta, su cabeza y la de Yukino asomaban por encima de la barandilla.

- Rogue, ayúdame-. Pidió el Dragon Slayer al ver que no conseguiría mover a la mujer sin usar la fuerza bruta.

Entre los dos amigos lograron sacar fuera del edificio a la pelinegra que ahora estaba de rodillas en piso llorando escandalosamente.

- Si vuelvo a verte por aquí, tendremos un problema-. Advirtió el rubio cerrando las puertas en sus narices.

- Sin comentarios-. Farfulló el joven de ojos carmesí irritado.

Todos volvieron a sus habitaciones o sus quehaceres mientras Sting se dirigía al cuarto de la invitada. Le sorprendía que no hubiera salido a curiosear como los demás con las fuertes voces que se estaban intercambiando momentos antes. Asomó la cabeza en el interior del dormitorio encontrándose a la joven profundamente dormida, no había ningún cambio en la respiración y su ritmo era lento y rítmico.

- La regla os deja K.O-. Susurró el joven algo sorprendido al silencio mientras cerraba la puerta.

En el sueño de Lucy...

Escucho voces en la lejanía, parecen gritos, pero estoy demasiado cansada como para investigarlo. Todo está oscuro, muy oscuro, silencioso, levemente frío.

La desolación se instala en mi pecho, no me gusta este sueño, tengo una mala sensación sobre ello.

El escenario cambia, mostrándome un largo pasillo de piedra gris que a veces se ensanchan en forma circular en algunas zonas, la iluminación sigue siendo escasa.

Camino muda, dejando salir el vaho de mis labios. No me suena este sitio en absoluto, y cada minuto que pasa mi miedo aumenta.

Llego a una de las zonas circulares del pasillo. Del techo cuelgan gruesas cadenas oxidadas, algunas terminan en garfios afilados y puntiagudos que me ponen los pelos de la nuca de punta.

La peste a humedad y a algo más es me hace insufrible el camino. No había llegado a otro ensanchamiento del pasillo cuando escucho susurros, jadeos y gemidos ahogados. No sé si están en mi cabeza o realmente hay alguien ahí conmigo en ese pasillo, pero me provocan mucho dolor en la cabeza.

Al abrir los ojos, después de que pasase la punzada y callaran las voces, me fijo en algo que hay casi al final del corredor. Una extraña silueta, algo encorvada y delgada.

'No vayas', me susurra la conciencia, pero la curiosidad me puede. Me acerco lentamente a la figura quedándome a unos cincos metros de distancia.

Me tapo la boca con horror al descubrir que es una mujer. Tiene mi altura, el pelo enredado y muy sucio, tanto que no sé si es rubio, castaño, o una mezcla de los dos. Su cuerpo no está en mejores condiciones, la mugre cubre su piel y las partes más íntimas solo están cubiertas por una fina tela desgarrada que parece ser de color blanco.

Y está delgada, muy delgada, inhumanamente delgada.

- Eto...¿Hola?. ¿Estás bien?-. Me bofeteo mentalmente por decir tales tonterias, ¿cómo demonios va a estar bien si parece que lleva sin comer semanas?.

La desconocida que tenía el rostro oculto entre sus brazos levanta levemente la cabeza y empieza a temblar. Siento un impulso de ir a consolarla pero cesan rápidamente el ver como balancea su cuerpo de un lado a otro sin mover los pies del sitio.

Las luces parpadean durante unos segundos.

No sé cómo pero mi cuerpo se ve teletransportado misteriosamente a solo un metro de lejanía de ella.

- ¿Quién eres?-. Preguntó a la nada, no esperando respuesta.

La mujer repentinamente alza la cabeza hacia arriba, lanzando un grito desgarrador. Las luces vuelven a parpadear en todo ese período de tiempo, las cadenas tintinean detrás de mí.

Súbitamente todo se queda en completa oscuridad. No pasa mucho tiempo después cuando vuelve a haber iluminación, pero esta es breve y deja el lugar en penumbras.

Poco empiezo a sentir un aire frío en mi nuca, un aliento gélido que congela la sangre y eriza la piel.

Escucho un largo y profundo siseo en mi oreja.

Siento a la muerte llamar a mi puerta en aquél momento.

Paulatinamente voy girando el rostro para encontrarme con un posible agresor. Mi corazón no tiene ritmo, se mueve como un caballo desbocado incapaz de controlarse. Mi respiración está contenida y siento que en cualquier momento me desmayaré por la falta de oxígeno.

Lo último que vi fueron unos ojos rojos y unos caninos humanos alargados abalanzándose sobre mí. No me da tiempo a decir nada, ni siquiera a pensar.

Con un grito ahogado me despierto en mi cama. Me he reincorporado rápidamente y Arashi ya está sobre mí consolándome. No puedo evitar sollozar presa del miedo.

No recordaba haber tenido un sueño como ese en todos mis años de vida, y ojalá que no volviera a tenerlo jamás.

Muevo la mano buscando la jarra de agua que hay en la mesita de noche, encontrándomela vacía. Miró el reloj observando con fastidio que son casi las doce de la noche.

Mi estómago ruge.

- Mierda-. Gruño mosqueada al pensar el la idea de tener que bajar a la cocina que estará a oscuras.

Por suerte mi pequeño compañero escamoso viene conmigo, quizás no sea muy grande, pero tiene el coraje por dos.

Me encuentro las mesas del salón un poco desordenadas para mi sorpresa pero no le hago mucho caso a esa información. Al entrar en la cocina atraco las galletas de una despensa y le doy fruta a Arashi. Aún sigo teniendo el problema de enseñarle a que tiene que hacer sus necesidades afuera. Quería aprovechar que ya había parado de llover pero está todo encharcado, en cuanto puso un pie fuera se tiró sobre un charco de barro y tuvo que ir del tirón al agua para su desagrado. Así que me hallaba todavía con fregona en mano y enormes bolsas de plástico para recoger sus regalos.

Rellené el la jarra de agua hasta el tope en el fregadero cuando un sonido afuera me sobresaltó y me dio un vuelco en el pecho. Asomé la cabeza por la puerta buscando el origen pero solo veía oscuridad, el único sonido que había era la madera crujir por la humedad, nada más.

- Cálmate, estás nerviosa y te está jugando la mente bromas de mal gusto-. Me susurré a mi misma para tranquilizarme.

Volví al rellenar la jarra ya que con el susto la había tumbado y vertido el agua en el desagüe del grifo.

Mientras esperaba con la respiración pesada no noté como una figura entraba en el cuarto sin hacer ruido.

- ¿Qué haces aquí?-. Di un salto a la vez que ponía las manos en mi pecho ante la ronca y profunda voz. Miré a su dueño con los ojos desorbitados.

- No vuelvas a hacer eso, Sting-. Pedí con misericordia mientras apartaba la jarra y ponía un vaso bajo el chorro, el cual, una vez lleno bebí con lentitud el contenido deleitándome con la frescura.

- Lo siento, lo siento-. Alzó las manos con inocencia.- ¿Se te acabó el agua?.

- Ajá, y necesitaba beber desesperadamente. ¿Y tú?-. Pregunté al no ver ningún recipiente para rellenar.

- En mi despacho se me había olvidado llevar un cántaro, por suerte ya terminé de revisar el trabajo. ¿Tienes dolores?.

- No, de momento está bien-. Ni siquiera había pensado en mi período por culpa de la pesadilla, no debía olvidarme de cambiar la compresa antes de dormir.

- Para echarte esa pedazo de siesta tenía que tenerte agotada-. Se acercó a mí, poniéndose a mis espaldas. El rubio alargó el brazo para coger un vaso de una encimera colgante y para ello no tuvo más remedio que pegarse a mí. Su gesto no tenía nada perverso o cosa por el estilo pero entre que él nuevamente solo estaba con el pantalón del pijama y que el recuerdo del otro momento de alta tensión vivido en esta misma sala aún estaba reciente, pues se me estaba formando el molesto hormigueo bajo el estómago.

Inspiré profundamente para relajarme pero solo conseguí aspirar todo el olor a jabón de mi compañero.

Hacer las cosas y conseguir el efecto contrario o indeseado, típico de mí.

- Te noto alterada-. Murmuró bajo mi oído haciéndome cosquillas.

- Me has asustado, es normal-. Le respondí rápidamente.

- Ajá..-. No lo he convencido.

- ¿Por qué iba a estar alterada?.

- No sé, pero ya desde el comedor escuchaba tu corazón latir como el de un conejillo asustado-. Sting hablaba lento, casi arrastrando las palabras.

- Por una pesadilla.

- Ah, ¿y por qué sigues estando tan nerviosa sabiendo que solo ha sido un mal sueño y que no pasa nada?.

- Puede que es por que estás demasiado cerca-. Susurré. Giré un poco el rostro desafiante hacia él. Nuestras caras se hallaban nuevamente separadas por centímetros de distancia, ¿os suena la situación?, porque a mí sí.

- ¿Y eso es un problema?-. Su boca rozó dolorosamente la mía con la última palabra.

- No-. La voz me salió sin fuerza, débil pero ansiosa.

Sting acarició mi brazo delicadamente haciendo que el vello se me erizara. Su mirada, que se encontraba sobre mis labios se elevó y nuestros ojos se encontraron directamente, sin obstáculos, claros y concisos.

- Háblame de tu pesadilla-. Pidió bajo.

- Era extraño. Estaba en un largo pasillo poco iluminado, se ensanchaba en forma circular en algunos tramos. Olía mal y estaba muy descuidado, como si estuviera abandonado o hubiera sufrido un ataque. En el sueño la cabeza me dolía y...oía voces-. Inspiré profundamente para aliviar las nauseas que estaban apareciendo en mi cuerpo.- Y, había una mujer, al final del pasillo. Tenía su cuerpo muy sucio y casi desnudo, estaba famélica...Empezó a balancear su cuerpo de un lado a otro y de repente se puso a gritar desoladoramente. Antes de que me diera cuenta ya no estaba y todo permanecía en penumbras y...había algo detrás de mí, siseando...-. Aparté la vista observando la ventana por la que se colaba la luz de la luna.

- Que desagradable...pero es solo un sueño, no te preocupes-. Me abracé a él siendo correspondida inmediatamente.

- Fue horrible Sting...pensé que iba a morir.

- Shh, tranquila-. Posó su mano sobre mi nuca, empujándome y haciendo que pegara mi frente contra su pecho. Podía sentir sus fuertes latidos cadenciosos en contradicción de los míos que parecían no estar dispuestos a regularizarse.-Ven conmigo-. Ni siquiera me dejó decir nada al respecto.

Tirando de mis brazos me arrastró por el comedor y los pasillos y me hizo subir gran cantidad de escaleras, no tenía la decencia de decirme a dónde íbamos pese a mis súplicas. Estaríamos en la antepenúltima planta según mis cálculos y yo ya me estaba poniendo nerviosa.

- ¿Me vas a decir ya de una vez a donde me llevas o es mucho pedir?-. Cuestioné por décimo quinta vez al estar parados delante de una gran puerta.

El rubio solo me miró y me sonrió divertido sin decirme ni una palabra.

Maldita sea.

Sting abrió las puertas de par en par y las atravesó dejándome atrás, haciendo un puchero de fastidio lo seguí silenciosa.

Entramos en una enorme sala con forma redonda, por el caro inmobiliario apostaría que era donde se recibían las visitas importantes.

Una enorme cristalera ofrecía una increíble vista de Iwa y del cielo desde la gran altura de la planta.

Me acerqué hipnotizada observando con ojo de águila la ciudad que, pese a lo tarde que era, estaba viva. Las farolas encendidas, las luces coloridas de las tabernas, la música que sobresalía de las ventanas abiertas aquello era...

- Impresionante-. Musité asombrada apoyando las manos en el cristal.

- Sabía que te gustaría. Cada vez que tengo algo repiqueteando en mi cabeza vengo aquí a despejarme. Pensé que te ayudaría...

- Es maravilloso, gracias Sting-. El rubio se colocó a mi lado imitando mi posición.

Nos mantuvimos así durante mucho tiempo, sin decir nada. Era cómodo, agradable... Solo nos marchamos a nuestros cuartos cuando el sueño empezó a vencernos.

Como era de esperar me tocó llevarme a Arashi en brazos al caer tronco sobre un sofá. El dragón me gustara o no estaba creciendo, haciéndose más grande, más pesado, lo cual iba a ser un problema a la hora de cargar con él. Rogaba interiormente porque Arashi no esperara que siempre estuviera ahí para llevármelo cuando se quedara grogui, aunque su tamaño superara tres veces mi altura.

Al día siguiente, al bajar al comedor, me encontré la inusual escena de una multitud congregada en la barra. Al principio no vi a Yukino en nuestra habitual mesa pero la descubrí rápidamente cargando platos tras la barra y sirviendo bebidas.

- ¡Buenos días Lucy-san!. Enseguida le traigo su plato-. El sudor perlaba la frente de la maga que se movía torpemente de un lado a otro atendiendo peticiones.

- ¿Qué está pasando aquí Yukino?-. Sting estaba sentado en un taburete con una expresión aburrida mirando el ir y venir de la gente.

- ¿No te has enterado?-. Sorpresa en su rostro, negué inmediatamente.- Ayer echaron a Lua por lo que estamos sin cocinera y bueno, no hemos calculado bien la hora para tener todos los desayunos listos...

- No me has dicho nada-. Le reproché al maestro que se encogió de hombros.

- No lo vi necesario-. Abrí la boca para replicar.- Ni se te ocurra sentirte culpable. Llevaba un tiempo queriendo echarla pero me daba pena, su comportamiento de ayer fue la gota que colmó el vaso, no hay más de qué hablar.

Murmuré arisca en contra suya por lo bajo mientras pasaba por debajo de la barra bajo la atenta mirada de todo el mundo con Arashi detrás mía.

Tras dejarle en un cuenco su desayuna compuesto de frutas me puse manos a la obra para hacer tortitas y tostar el pan. En menos de un par de minutos se organizó perfectamente aquello y los hambrientos tigres recibieron su comida que degustaron como si se tratara de un manjar.

Saqué de la nevera dos pasteles de galletas con chocolate que había hecho hace poco y serví en cada mesa un par de trozos. Las palabras de admiración y silbidos no se hicieron de esperar.

- Joder si cocina mejor que Lua, tendríamos que haberla echado a esa chiflada antes-. Criticaba un joven junto a Dobengal.

- Amaia, mi amiga de Daishnar si que tiene buena mano en la cocina. Sus pasteles de fresa son tan..-. Un pequeño suspiro de placer escapó de mis labios al recordar el trozo de postre casero que me dio cuando practicábamos para el desfile.

- Pues pídele que se una a Sabertooth-. Rogó Lector comiéndose una tortita.

- Fro dice lo mismo-. Acaricié su rosada cabeza mientras me sentaba a su lado.

- Le preguntaré, pero no creo que quiera marcharse de Daishnar.

- Tch, no sé que tiene esa ciudad que le gusta tanto a la gente-. Gruñó Lector indignado.

- Pues tiene montañas, playas, festivales, trabajo para magos solitarios...

- ¡Ya, ya, ya me enteré!-. Gritó hastiado el pequeño exceed.- Ojalá no existiera ese sitio.

- ¿Por qué dices eso?-. La sorpresa se reflejaba en mi semblante.

- Porque así te quedarías-. Soltó tajante.- Estás deseando de terminar y marcharte a ese sitio y...-. Sus luceros se humedecieron y empezó a hipar.- ¡Yo no quiero que te vayas Lucy!-. Empezó a llorar dejando las lagrimas caer por sus rojizas mejillas.

Hice un puchero por su ternura inesperada. Me levanté de mi asiento y, pasando sobre la mesa lo agarré y achuché contra mi pecho. Lector lloró con más fuerza agarrándose a mi camisa, empapándola en moquillo y agua salada.

No hacía falta alzar la vista, sabía que Sting me estaba mirando (bueno, realmente todo el mundo me estaba mirando), lo que no sabía era de qué manera lo hacía.

El pequeño felino seguía sollozando desconsolado ante la errónea idea de que me marcharía algún día. Frosch se unió a su amigo escalando entre mis brazos en su mismo estado, a moco tendido. Me volví a sentar en la banca mientras los dos exceeds balbuceaban por lo bajo.

- Ya chicos, ya-. Susurré con cariño estrujándolos.

- Fro no quiere que te vayas-. Dijo la rana con cascadas en sus ojos.

- En vez de estar aquí llorando deberíais de aprovechar el máximo tiempo posible con ella-. Habló Sting sorprendiéndome, al mirarlo me guiñó el ojo cómplice. Sonreí para mis adentros, que malo podía ser cuando quería.

- ¿Acaso quieres que se vaya?-. Reprochó Lector mirándolo furioso.

- No. A mí me encantaría que se quedara Lector, pero no puedes obligar a nadie a hacer lo que quieras. Por eso yo estoy el máximo tiempo posible con ella en vez de perder el tiempo estando triste y enfadado.

Lector bufó molesto y escondió su cara en mi pecho de nuevo, no dijo nada más.

El día paso sin incidentes, los exceeds no se movían de mi lado y yo analizaba las piedras.

Una de las tablas era diferente a las demás, junto a la que me faltaba por descifrar emitía energía en su superficie. Una roca no debería de ser capaz de despedir energía, a no ser que esté encantada.

Leí de nuevo el folio donde venía el texto traducido.

Y nuestro trabajo es ofrecer el conocimiento futuro. Se cuidadoso, puede que lo que descubras te cause pavor.

Los hilos del destino no pueden romperse, lo que está destinado a ser, será, por mucho que intentes cambiarlo. Por cada mirada, una premonición.

- ¿Será posible que esta piedra sea capaz de hacerte ver el futuro?... Es la única explicación que encuentro...pero, ¿cómo funciona?, ¿con un mero toque basta?-. Debía de ser así, yo iba comparando las letras en el diccionario y escribía, no leía.- Por cada mirada, una premonición...¡Agh, esto es odioso!-. Gruñí lanzando el papel sobre la mesa.

- ¿Tan complicado es?-. Preguntó Lector jugando con Arashi al tira y afloja con un palo.

- Bastante, ni siquiera Rufus es capaz de descifrar uno de los trabalenguas-. El rubio estaba furioso de la impotencia al no encontrarle sentido a la piedra que hablaba de la luna y el camino de la sabiduría.

- Fro quiere comer.

- Aún falta una hora para la cena Frosch... De todos modos será mejor que vaya bajando para ayudar-. Yukino era la encargada del bar junto a un par de camareras, lo que es hacer la comida me había tocado a mí después de que casi incendian los fogones en el almuerzo.

- ¿Qué es esto?-. Preguntó Lector con uno de los folios.

- La partitura de una canción, esta se llama Submersive.

- No hay palabras...

- No. Parece que la letra consiste en alargar las vocales.

- ¿Hay más?.

- Sí, mira. Esta se llama In Too Deep y esta es Quiet Moon. Parecen tener palabras en sus letras pero son pocas. Según las piedras si les cantas a las estrellas puedes ganarte su favor.

- ¿Tú vas a cantarles alguna canción?-. Reí imediatamente.

- Qué va, mi voz no sirve para eso.

- Fro piensa que si podrías hacerlo.

- ¡Lo apoyo!.

- ¿Qué queréis que rompa las ventanas y Sting me castigue en los calabozos?-. Bromeé guardando los papeles y partituras. Me sabía las canciones de memoria y en mi mente me organizaba unos conciertos impresionantes, pero la realidad era que al cantar me saldrían unos gallos tremendos y destrozaría la cristalera de toda Iwa.

- Ne, Lucy-. Dijo Lector sombrío cuando estabaa punto de abrir la puerta.

- ¿Qué pasa Lector?-. Cuestioné sin girarme a verlo.

- Arashi volvió a hacerse popó.

...

- Arashi, hueles mal-. Se burló Fro sacando unos gemidos lastimeros del reptil azul.

Bendita mente la mía que me recuerda llevarme bolsas a todos lados.

Tras recoger el desagradable regalo y tirarlo a la basura fui a la cocina dejando a los tres amigos jugar por el salón.

- ¿Qué haremos esta noche?-. Preguntó Yukino en cuanto entré por la puerta.

- Katsudon, creo que les gustará.

- Mientras haya carne se lo comerán sin rechistar.

Las jóvenes se pusieron manos a la obra para preparar el plato, el resultado se veía delicioso a sus ojos, el resto de los tigres solo confirmaron su buen sabor.

- ¡Me gusta!

-Mira que yo no soy de huevos revueltos pero esto está delicioso.

- Te lo dije-. Yukino me guiñó el ojo mientras escuchaba las críticas postivas de los comensales.

- Al final tendré que dejarte de cocinera y no trabajando en el estudio, cuan desaprovechada estás-. Bromeó Sting cuando le puse su plato en la mesa.

- Ja, ja, ja, ja, no-. Le lancé una pelota de papel que rebotó en su cabeza.

- Te pondré un parte disciplinario por esto, insolente-. Bromeó devolviéndomela. Sonreí de medio lado y seguí comiendo mi cena con gusto.

- Que delicia-. Manifestó Rogue lamiéndose la comisura del labio. Dejé que una sonrisa maliciosa se apoderara de mis labios.

- Pues los últimos platos, entre ellos el tuyo, lo ha hecho Yukino-. Escuché a la maga atorarse con su bebida y mirarme nerviosa. Era una dulce mentira, pero valió la pena al ver la cara de los dos magos adquirir tonos rojizos. Desde que entré por la puerta advertí las miradas furtivas entre los dos compañeros y la forma en la que se trataban, eran un amor.

Rogue podría parecer muy serio pero en verdad era tímido y fácil de hacer sonrojar. La primera vez que lo conocí en Crocus cuando Sting estaba burlándose de Natsu tenía una mirada apenada, él no era como los de su gremio que disfrutaban haciendo sentir inferior a su rival. Con Yukino adquiría un carácter delicado y amable sin importarle si había alguien cerca (a veces los hombres adquirían un carácter de "chico malo" cuando veían que otros tíos los observaban), lo cual a mí me encantaba.

Si tenía que estar a todas horas mintiendo y hacer mil y un planes para que esos dos acabaran juntos, lo haría. Como una bombilla encendiéndose en mi cerebro, llegué a una conclusión.

'Dios soy como Mirajane' pensé con horror dejando de comer durante unos segundos.

Tras la cena, dejamos los platos limpios y fuimos a dormir. Rezaba porque no volviera a tener otro sueño parecido al de la noche anterior.

Pero Dios no estaba dispuesto a cumplir mi ruego.

Abrí los ojos, estaba sentada apoyada en una pared de lo que parecía ser una celda. Los barrotes desgastados, el suelo sucio, húmedo y el sonido del goteo de una cañería como mero detalle de la terrorífica escena.

Me reincorporé y salí de aquel recinto con rapidez. Un amplio pasillo que iba a ambos lados se alargaba interminablemente. Había más celdas, todas deshabitadas.

El sonido de palmas chocando rítmicamente atrajo mi completa atención. Siguiéndolo me adentré en un corredor que terminaba en una enorme puerta metálica oxidada. Adentro se escuchaban vítores, silbidos y gritos de satisfacción.

Tragué duramente y, armándome de valor, la empujé delicadamente. La puerta lanzó un grotesco chirrido mientras se abría de par en par.

Lo primero que vi fueron siluetas humanas.

Tenían un aspecto pésimo, delgados y con ropas rotas y sucias, pero nada que ver con la mujer que vi en el primer sueño.

Me daban la espalda, impidiéndome verles las caras. Iba a llamar la atención de uno cuando una de las figuras me atravesó por detrás para llegar a más adelante, como si no estuviera. Como si fuera una especie de fantasma.

- Disculpe-. Llamé suavemente a un hombre alto. Pero no me respondió.

Di unos pasos para ponerme delante de él y reclamar información, pero lo único que gané fue un vuelco en el corazón y un grito ahogado.

- Dios mio-. Balbuceé poniendo las manos en mi boca. Aquél hombre no tenía rostro alguno, estaba completamente borroso.

El desconocido caminó hacia adelante ignorándome mientras alzaba una mano furioso.

El lugar en el que estaba parecía tener forma circular con varias plantas, en la parte central se acababa el suelo y no tenía nada más que una barandilla que evitaba que cayeras al vacío hasta chocar con la planta base. Aquello estaba lleno de personas sin rostros que clamaban con ira por algo. Solo el interior estaba iluminado por unos focos situados en unas columnas centrales.

Me acerqué al centro donde se acumulaban el gentío. Observé tanto hacía arriba como abajo las barandillas atestadas de gente, habría unas cinco plantas en total, y yo estaba en la segunda.

Unos gritos de pánico me hicieron mirar hacia abajo. Los fantasmas arrastraban a unos hombres envueltos en batas blancas que tampoco tenían rostro hasta unas extrañas máquinas en forma de cruz.

- ¿Qué demonios..?-. La incredulidad se notaba en mi voz. ¿Qué está pasando en este sitio?.

Los que parecían ser esclavos o prisioneros amarraron a los médicos, científicos o lo que sea que fueran en las máquinas. Accionando una palanca las ataduras empezaron a tirar de los miembros de las aterradas víctimas.

No... no puede ser que vayan a …

'Los van a mutilar' me respondió la conciencia a mi duda justo cuando se escuchó el desgarre de la carne.

Los gritos de miedo y súplica se cambiaron por unos de dolor y angustia, pero estos eran callados por los del público ovacionando a los que se estaban encargado de la tortura.

- ¿Por qué?-. Pregunté con los ojos desorbitados en el momento que los miembros cedieron y se separaron por completo de sus cuerpos, originando ríos de sangre y caída de órganos al suelo.

Un grito de espanto fue lo único que escuché antes de que, delante de mis narices cayera un hombre al vacío desde mucha altura. Lo vi, vi sus ojos, lo que mostraban. Sabía que iba a morir, de una forma dolorosa y angustiosa.

El golpe fue seco y sordo.

Anonada miré como el hombre convulsionaba y vomitaba sangre en los últimos segundos de su vida. En un último suspiro se le escapó el alma y dejó de moverse, los brazos y piernas estaban en una posición grotesca, imposible incluso para el mejor gimnasta.

El lugar se había quedado mudo. Todos, yo incluida, alzamos la cabeza para buscar el origen.

Allí, en la última planta, donde apenas había gente y si la había estaban en el otro extremo, estaba la mujer del primer sueño. Ahora con la mejor iluminación podía ver que era rubia, pero la suciedad y lo que parecía sangre había formado mechas oscuras que abarcaban casi todo su pelo. Los mechones ocultaban sus ojos pero podía ver su iris rojo como la sangre tras ellos.

Se escucharon susurros y murmullos.

Repentinamente fijé la vista hacia delante, encontrándome con unos ojos rojos iguales a los de la extraña de la quinta planta. Pertenecían a un joven de mi edad, alto y musculoso, sentado en una silla tras la baranda dejando caer todo el peso sobre su codo, su puño soportando su barbilla. Su pelo era lacio de raíces negras pero con los reflejos y las puntas de color burdeo. Sus labios, ni gruesos ni finos, formaban una mueca burlona en aquél bello rostro. Sus ojos, aparte del intimidante color infernal, me miraban como un depredador.

'Es un león, y tú una simple y pequeña gacela', me susurró la conciencia. El joven se levantó sin razón aparente, sin dejar de mirarme. Con pasos lentos caminó hacia a mí rodeando el vacío interior.

'Despierta, despierta..'. La conciencia me gritaba, pero yo estaba hipnotizada, incapaz de moverme. Con cada paso que daba aquél chico más sentía que se me congelaba la sangre y la vida me abandonaba.

Estaba solo a cinco metros de mí cuando dejó que su boca formara una extensa sonrisa, revelando unos largos caninos.

Clack

Como si ese gesto hubiera sido el desencadenante me vi liberada del estatismo. Cerré los ojos y grité, grité con fuerza.

Desperté en mi cama, esta vez tumbada, Arashi se había subido a mi cama y ahora ocupaba la mitad de esta.

Suspiré agotada, mi cuerpo me clamaba por horas de sueño pero mi mente estaba alerta, incapaz de volver a conciliar el sueño.

- ¿Lucy-sama?-. Me giré encontrándome con el preocupado rostro del espíritu del arpa.

- ¿Lyra?, ¿qué haces aquí?-. Refregué mis ojos apartando las legañas.

- Sentí que la señora estaba mal y vine a hacerla feliz. ¿Quiere que le cante?.

- Acompáñame por favor-. La pedí mientras me levantaba de la cama. Arashi abrió los ojos por el movimiento, pero tras verme volvió a cerrarlos y colocó su cuerpo boca arriba.

Que cara dura está hecho.

Con Lyra caminando a mi lado anduvimos hasta llegar a la antepenúltima planta. Al mismo sitio donde me llevó Sting la noche pasada.

- Es precioso Lucy-sama-. Admiró la espíritu observando por el cristal la ciudad.

- ¿Qué sabes sobre las canciones dedicadas a las estrellas?-. Pregunté sentándome en un sillón.

- ¿Eh?. Pues cualquier canción puede dedicarse a las estrellas, pero se dice que algunas llegan a los más profundo de los sentimientos. Aunque yo pienso que no es la canción, si no la voz en sí. ¿Quiere cantarle a las estrellas Lucy-sama?.

- Me gustaría pero no creo que mi voz sirva para eso, he practicado en la ducha pero siempre tengo el grifo abierto al máximo porque me da vergüenza escucharme-. Escuché la dulce voz del espíritu reír divertida por mi declaración.

- ¿Probamos?-. Insegura asentí, me hizo probar diferentes tonos, fallando en los más altos.- Con práctica puede conseguirlo princesa, no tiene mala voz en absoluto.

- G-gracias-. Agradecí sonrojándome.- ¿Qué sabes de la canción Tolerancia?.

El rostro de la espíritu mostró asombro ante el nombre, creo que incluso palideció levemente.

- Es una canción muy antigua, hacía tiempo que no escuchaba ese nombre. Es una de las llamadas canciones estelares, se les cantaba a las estrellas para ganarse su favor.

- Estoy traduciendo unas piedras antiguas y he encontrado la partitura de esta canción y muchas más.

- ¿Y quiere aprender a cantarlas no?-. Asentí en respuesta.- Bien, como sabe solo puedo venir dos veces más este mes. Vendré la semana que viene y la siguiente. Ahora, tocaré la canción y la cantaré, quédese muy bien con el ritmo e intente cantarla todos los días, si falla una sola nota puede no gustarle a las estrellas-. Lyra estaba inusualmente seria, demasiado para mi gusto.

- ¡Sí!-. La espíritu empezó tocar el arpa y cantar. Tras escucharla llegué a una conclusión.

Jamás sería capaz de cantar tan bien como ella.

- Cante conmigo-. Ya había calentado la voz así que no debían de salirme muchos gallos. Cantamos juntas la canción (yo hacía más de coro que de otra cosa) varias veces. Había algunas partes que el alargamiento de vocal era demasiado extenso y me quedaba sin aire, pero según Lyra eso era cuestión de practicar la respiración.

Acordamos quedar el miércoles de la semana que viene para seguir practicando. La garganta me escocía del esfuerzo, pero valió la pena.

Tras despedirme de la espíritu marché hacia mi cuarto. El cansancio había vuelto a mí y no iba a retrasar más mi descanso, me daba igual si volvía a tener esa extraña pesadilla, necesitaba dormir.


Heeeeeey, como están?. Perdonen la tardanza pero me he quebrado bastante la cabeza decidiendo que escenas debía de meter ya o mejor dejarlas para más adelante. Para que sea más fácil el comprender las escenas (por sí no las describo bien o quedan dudas) he hecho bocetos que tengo en tumblr ( la url es .com ).

No sé que hacer con la portada, llevaba mucho, mucho tiempo sin dibujar y se me nota bastante. Tenía varias ideas que os voy a presentar: El fondo es siempre el mismo, un edificio en forma circular y lo que es Arashi (desde la cabeza hasta el comienzo del pecho) apareciendo en la esquina derecha, lo único que cambia es la forma de presentarse los protagonistas. La primera idea era poner a una Lucy encapuchada en el medio de todo (Sting no aparece) con el fondo ya dicho detrás. La segunda idea era poner a Sting y a Lucy mirándose frente a frente, Lucy tiene el rostro oculto en el pecho del rubio y Sting mira serio a un punto por encima de la cabeza de Lucy y tiene su mano apoyada en su nuca para acercarla a él (como una escena en la que Natsu está consolando a Lucy solo que en esta se le ve la cara y en mi portada no).

No he podido evitar meter miedo en esta historia, me encanta ese género y va tener una gran presencia en la historia (no lo puse en las propiedades del fic porque solo podía poner dos y creo que los que he puesto pegan mejor)

Tenéis total libertad para colorear los dibujos/bocetos o incluso volver a hacerlos si queréis (son un fiasco ya lo veréis, el único aceptable que tengo de lucy lo que hice fue coger una base y cambiarle la ropa, poco esfuerzo vamos. Me da hasta vergüenza enseñarlos, sobretodo el primero que he subido en el blog). Aparte de dibujos de Ten no hikari también subiré fotos de otras historias mías que están en wattpad. Si alguien le pica el gusanillo me llamo Thelastdarkfear (sí, lo sé, super original), las historias que tengo allí subidas son de fantasía y terror, son algo más gore que esta. Si alguien quiere hacer algún dibujito del lindo Arashi, de los personajes, o intentar hacer la portada y tiene tumblr que me avise y le hago reblog (ojo, no repost). Yo seguiré intentando hacer la puñe* ~3 portada con la idea de Lucy con capucha, no sé por qué pero es la que más me gusta *_*. La única condición que pido si coloreáis o hacéis una escena es que respetéis los colores (por ejemplo no me vayáis a poner a Arashi de rojo cuando es azul oscuro y con miles de puntos blancos si es de noche xd)

La canción de tolerancia dura hasta el 1:51 (vamos hasta la parte de los violines y platillos), también está en tumblr

Ahora, vamos a responder individualmente:

- Alba salvatore: sí, sé que van lentito pero es lo que deseo. Al principio del fic dije que el romance avanzaría muy lento, odio las historias en las que en dos capítulos ya están super mega enamorados y con deseo de casarse, a mí eso como que nanai ajjaajajaj.

- Suzinone: Me pone super contenta que pienses eso!

- tvidelaheim: No sabs lo que me encanta ser la primera novela que te gusta rápidamente al leerla. Como ya puse líneas más arribas puedes hacer lo que quieras con los dibujos, si ves que son demasiado malos y quieres hacerlos por tu propia mano no tengo ningún problema.

- Dixie: Me llaman la Malicia :3 jajajaajaj pobre Lucy está confusa no sabe si seguirle el rollo o no de calientabragas nada ome jajajajaja. Hay popó para rato así que prepárate jajaajaj

- Axeex: Ni un por favor siquiera? :`( bueno espero haberte complacido

Bueno, os dejo. Ya me contaréis que os parece el nuevo capítulo y si habéis visto los dibujos si es mejor quemarlos y darle una muerte digna o dejarlos como humillación hacía mi artística habilidad XD