Tienen todo el derecho a mosuearse conmigo tras tanto tiempo sin actualizar, pero era necesario. A los pocos días de terminar el instituto empecé la autoescuela para sacarme el carnet, iba por la mañana y por las tardes varias horas, pese a que dormía siesta cuando llegaba estaba tan cansada que sobre las once de la noche ya estaba cenada y metida en cama. Ha valido la pena estar casi un mes en el que me iba a vovler loca con tantos tests, hice el examen teórico y saqué 0 fallos, no empezaré las prácticas hasta septiembre así que ya puedo estar completamente concentrada en la escritura. Por su paciencia tienen dos capítulos seguidos, el tercero va por la mitad por lo que espero tenerlo para el finde. Si les ha gustado dejen un comentario por favor :)


Mi mayor preocupación en las siguientes jornadas era descubrir todo lo que podía de la piedra mística que decía revelar el futuro. El primer día ni la miré ni toqué, no hubo ninguna premonición. El segundo día me permití observarla, tampoco tenía ninguna visión. El tercer día pasé los dedos por su superficie, no tuve ningún presagio en el momento de tocarla.

Pero sí que soñé, y como en los demás sueños, no fue agradable.

En la representación de mi mente, me despertaba sentada en la misma celda que el segundo sueño, pero esta vez la puerta estaba cerrada y las jaulas contiguas y opuestas ocupadas. Los sollozos y los gemidos de angustia hacían eco en la sucia piedra de las paredes.

Intentaba hablar con los otros presos pero estos ignoraban mi presencia como si no estuviera. Hombres envueltos en sus batas blancas pasaban delante de nosotros con aires de superioridad, desoyendo las súplicas de los cautivos. El lugar estaba a oscuras excepto por el pasillo que si tenía buena iluminación, dejando ver las manos que sobresalían de los barrotes clamando por comida.

Tenía la sensación asfixiante clavada en mis pulmones ante la casi nula aireación del lugar, dejando que los olores de la sangre y el sudor acumulado atravesara mis fosas nasales.

E imprevistamente, el lugar se quedó mudo, aunque no por mucho tiempo. Se empezaron a escuchar el sonido de palmas chocar entre sí, contra el pavimento o contra los barrotes en una de las celdas. Poco después se siguió el movimiento en los demás calabozos. Los encarcelados empezaron a cantar sin palabras, aumentando la voz conforme pasaban los segundos. Los guardias y señores de blanco blandieron unas lanzas eléctricas intentando callarlos, pero ya no se podía parar.

- Pressure!. ¡Pushing down on me, pressing down on you. No man ask for... Under pressure, that tears a nation down. Splits a family in two, puts people on streets!-. Cantaban todas las voces a la vez, independientemente de su edad o género, todos ellos estaban unidos.

- ¡Código de emergencia 058!. ¡Manden refuerzos, nuevamente están cantan.. agh!-. El reclamo del guardia fue interrumpido cuando, al pasar cerca de una celda, un preso lo agarró del cuello, intentando ahogándolo.

- It's the terror of knowing what this world is about... Watching some good friends scream!-. Las siguientes palabras las gritaron con más fuerza.- ¡Let me out!.

Las siguientes imágenes ante mis ojos pasaron a cámara lenta. Uno de los hombres blancos apretaba un botón situado en el extremo izquierdo de la sala. Las celdas se iluminaron, lanzando una fuerte descarga a su contenido.

Inútilmente alcé los brazos en defensa, pero igualmente la electricidad recorrió mi piel, quemándola, dejándome sin energías en el suelo. Los cantos fueron sustituidos por gritos de dolor y llantos.

- Sois realmente molestos-. Masculló un hombre situándose de espaldas delante de mi celda. Su bata era de color gris, diferenciándolo de sus compañeros.

Tumbada como un trapo sobre el frío suelo observaba como todo se oscurecía, dejándome caer en la inconsciencia.

Desperté en mi cama completamente sudada, por lo que me dí un baño que calmara mi ritmo cardíaco y me ayudara a pensar que hacer. Tras ello había cubierto la piedra con una toalla, poniendo encima un cartel que pedía que no se tocara bajo ningún concepto.

Lo que vino después fue quebrarme la cabeza con preguntas. ¿Dónde era estaba ese sitio?, ¿era desde el punto de vista de otra persona o de la mía?, ¿cuándo iba a ocurrir?, ¿por qué los captores tenían tanto miedo de los cánticos?... Por una parte la razón me decía que debía de volver a tocar la roca y esperar que el sueño viniera a mí, porque así era como se mostraba el futuro, en sueños, pero por otra parte no quería volver a sentir aquellas horribles emociones, el miedo, la angustia, la incertidumbre...

- Esto es un asco-. Gruñí echando la llave en la puerta del estudio, no creía que un mero cartel evitara el tocar de unas manos curiosas, toda precaución era poca.

Bajé al comedor que de momento estaba de momento poco transitado, quedaba media hora para el almuerzo, veríamos como estaría la situación después.

- Hoy haremos pasta y ensalada de verduras-. Anuncié entrando en la cocina. Yukino se permitió sonreír divertida.

- No creo que le haga gracia a más de uno...

- Tienen que comer sano, abusamos mucho de las carnes...

- Ya pero tu sabes que tienen preferencias cárnicas, preveo a más de uno yéndose a su cuarto sin comer..

- Tienes razón. ¿Ponemos pescado frito de segundo plato?-. La peliblanca asintió mientras encendía la freidora.

Como ella había dicho, muchos no ocultaron su desagrado al ver los vegetales, recibiendo con alegría el pescado servido.

- ¡Cartero!-. Gritó un joven moviendo el brazo de un lado a otro interrumpiendo el ya iniciado almuerzo. Sting se levantó para recibir al hombre que parecía que venía de correr una maratón.

Mientras los demás imitaban el gesto e iban a buscar sus cartas yo me quedaba sentada vigilando a Arashi, que ya había terminado de comer y ahora intentaba robarse la poca carne que había en la mesa.

Con el pequeño reptil lentamente había avances, hacía la gran mayoría de sus necesidades fuera pero cuando no podía aguantar las hacía dentro en cualquier esquina que encontraba. Para una criatura de tan poca edad que aún no controlaba del todo el movimiento de su cola era un éxito. Mientras yo trabajaba por la mañana Lector y Frosch se lo llevaban a las aguas termales para que nadara y así calmar sus nervios infantiles. Por la tarde me lo llevaba a las afuera de la ciudad para entrenar con los espíritus celestes, Loke le había enseñado a escalar los muros de roca, lo cual era un inconveniente porque también escalaba las paredes del gremio, dándome sustos de muerte casi a diario.

Suspiré a la vez que agarraba la cola del dragón que intentaba escabullirse de mi vigilancia, me dedicó un gemido apenado y ojos de cachorro que no deshicieron mi agarre. La escamosa criatura se tumbó malhumorada dándome la espalda, le rasqué por encima del comienzo de la cola haciendo que golpeara el suelo con la pata debido a la satisfacción que le daba.

- ¿Cuándo vas a enseñarle a dar la patita?-. Bromeó Sting sentándose enfrente de mí como hacía normalmente y tendiéndome dos cartas.

- ¿Por qué no se lo enseñas tú?-. Le sonreí con la ceja alzada mientras recogía los sobres. Sabía de sobra que Arashi le lanzaría el bocado en cuanto pudiera pensando que era un juego, sería divertido ver como le clavaba los afilados dientes.

- ¡Es tu dragón!.

- Yo no veo necesario enseñarle a dar la patita, si quieres que aprenda algo enséñaselo tú-. Le señalé riendo escuchando a Arashi gruñir al ser nombrado. Volví mi atención sobre las cartas, viendo que una era de Amaia y otra del reino. Abrí con rapidez la de la castaña ante la intriga de su respuesta a mi petición.

Querida Lucy,

Me alegra ver que estás feliz allá en el gremio. Tu propuesta me resulta muy interesante, es aburrido no ver ninguna cara familiar aquí. Solo te tenía a ti para contar mis inquietudes, mis problemas o simplemente para tomar un café y ahora...Dame un tiempo para avisar de mi renuncia en el trabajo y para que haga el papeleo, en cuanto pueda estaré ahí contigo. ¡Estoy deseando enseñarte lo mucho que he mejorado en la magia!. Quiero ver a esa pequeña criatura reptante que por tus descripciones parece tan adorable y achuchable como un gatito... Tu y yo tendremos una conversación sobre ese amigo rubio tuyo...

Te quiero Luceee.

Con cariño, Amaia.

Sonreí al terminar de leerla. No tenía planeado hablarle a Amaia sobre Sting hasta que llegara aquí pero era inevitable con los últimos sucesos. En cuanto estuviera segura le preguntaría a Yukino para que me aconsejara, me imaginaba que tras contarlo nos miraría con ojos brillosos, nunca fue buena ocultando sus pensamientos.

Me dispuse a leer la carta del rey, rezaba porque no fuera un informe de la llegada de más piedras a mi persona. A ver, me sentía orgullosa de mí misma al descifrarla y descubrir, poesías, partituras o trabalenguas antiguos pero la cabeza iba a estallarme. Ya prácticamente podía traducir las letras sin el abecedario al lado de lo que había aprendido.

Estimada señorita Lucy,

Me complace ver que su trabaja marcha tan bien, no se preocupe por esa piedra que aún no consigue descifrar, no se sienta presionada porque seguro que lo acabará consiguiendo. Ya se le ha ingresado más de la mitad de su recompensa en el banco por sus servicios prestados. Mis analistas de confianza están como usted respecto a los trabalenguas, atascados, esta gente sabía como mantener la información oculta...¡pero no nos desesperemos!, la esperanza es lo último que se pierde. Diría que me gustaría enviar guardias a recoger las piedras pero no creo que aquí garanticemos su seguridad, ¿cree que al gremio del señor Sting le molestaría ser el que se encargara de guardarlas hasta conseguir un sitio seguro?. Tenemos planeado construir aquí en la capital un recinto dedicado a guardar estos testimonios tan antiguos, el consejo no quiere hacerse cargo debido a que no los considera peligrosos para los ciudadanos... Me gustaría pedirle como último favor que se acerque a Crocus y de ahí, dirigirse a la excavación arqueológica. Hemos descubierto paredes que contienen caracteres idénticos a los de las tablas, como intuirá no podemos simplemente arrancar la pared y mandársela, por ello necesitamos que vaya a traducirlas a allí. Siéntase libre de usar la información que obtenga y haya obtenido hasta ahora para su exclusivo beneficio propio, en agradecimiento por habernos salvado en su día de los dragones y por portarse tan bien con mi hija. Lo poco que he leído habla de magias celestiales por lo que creo que usted es la que saca real provecho de lo que pone en las piedras.

Le esperaremos pacientemente.

Att, el rey.

Tragué duramente tras terminar de leer la carta. Al bajar el papel sobre mis piernas me di cuenta de que era observada por todos mis compañeros de mesa.

- ¿Por qué tan seria?-. Preguntó Lector intrigado.

- El rey me ha pedido que vaya a la excavación arqueológica a descifrar lo que hay escrito en unas paredes-. Hable con la voz neutra sin mirar a ningún sitio en concreto. Dirigí mi mirada al rubio que me veía preocupado.- Quiere saber si podéis cuidar de las piedras hasta que consiga un lugar seguro para ellas.

- ¿No lo estamos haciendo ya?-. Preguntó con la ceja alzada.

- El edificio está en proyecto. Su construcción puede durar días, semanas o meses, probablemente habré terminado de traducir cuando finalicen las obras-. Asintió respondiendo a la duda de la realeza, le daría al rey en persona su contestación cuando lo viera.

- ¿Dónde es?-. Fue Yukino quién preguntó esta vez.

- En una isla de la costa Este, pero debemos pasar antes por Crocus.

- Iré contigo, necesito salir de aquí a que me dé el aire-. Dijo Minerva estirándose. Desde que había llegado solo la había visto irse una sola vez, durante varios días para hacer un trabajo y así pagar la renta que todos debían de dar al gremio.

- ¡Yo también!-. Agregó Yukino con decisión.

- ¿Podéis quedaros con Arashi?. Aún es pequeño y si intentan atacarnos el estar pendiente de él puede ser una distracción...-. Pedí mirando a la cría de dragón que se perseguía la cola.

- ¡Claro, estará bien!-. Sonrió Sting a la vez que se golpeaba el pecho con el puño.

Hombres...que brutos pueden llegar a ser.

- Partiremos mañana, ¿os parece bien?-. Las dos magas asintieron en respuesta.- Por favor no tocad las piedras del estudio, sobretodo la que tiene encima una toalla-. Pedí a los demás por si les daba la curiosidad de entrar a la sala.

- ¿Qué le pasa a esa piedra?-. Preguntó Frosch.

- Emm.. tiene un encantamiento, te provoca pesadillas si lo tocas. Por eso mejor manteneros alejados-. Era mejor que nadie supiera lo que era capaz de hacer esa tabla, por seguridad.

- Supongo que cuando haga falta moverla usarás la toalla para evitar el contacto, ¿no?-. Cuestionó Rufus.

- Así es. Basta un roce para que se active. No te desmayarás de repente y tendrás malos sueños, pero cuando llegue la noche y te duermas, desearás no haber mirado ni por encima la piedra-. Los rostros de mis compañeros palidecieron al terminar mis palabras.

Continuamos con el almuerzo metidos de lleno en una conversación sobre como sería la excavación arqueológica. Repentinamente, la hija de Jiemma se levantó de su asiento.

- Necesito ir a comprar ropa-. Murmuró Minerva mientras se levantaba con su plato vacío.

- ¿Para?-. Interrogó Rogue confuso.

- Crocus siempre está llena de visitantes, y eso es sinónimo de muchachos guapos.

- Con esa cara por mucha ropa bonita que te pongas no conseguirás nada, señorita-. Dijo Sting con aparente despreocupación, pero se escuchaba la burla en su voz. La pelinegra en respuesta le estampó los nudillos en la coronilla dejando su rostro pegado a la mesa.

- Vayamos temprano esta tarde a mirar algo-. Yukino tenía brillo en los ojos, recientemente había terminado un trabajo y estaba deseando de gastar dinero.

- Como queráis, pero no debemos tardar mucho, ¿va?-. Yo me hallaba inclinada sobre la mesa tocando el enorme chichón que el le había salido al mago de luz que aún estaba inconsciente contra la superficie de madera.

- ¿Por qué?, ¿algo que hacer?-. Minerva me miraba con un leve puchero, probablemente su plan era pasar hasta el anochecer mirando tiendas.

- Voy a entrenar-. Súbitamente, Sting agarró mi mano y me miró con molestia a los ojos. Aunque yo ya había salido a entrenar más veces desde que me había desmayado tras usar el Star Dress por primera vez, el rubio siempre intentaba disuadirme de la idea.

- ¿Qué obsesión tienes con entrenar?. ¡No haces otras cosas aparte de eso y de trabajar!-. Me reprochó con enojo.

- También ingiero alimentos, me baño, me cambio de ropa...

- No me vaciles-. Advirtió, sus ojos se volvieron más oscuros.

Ups.

- Tengo que entrenar para no quedarme atrás, nunca se sabe que puedo encontrarme en una misión. No pienso volver a ser el miembro más débil del equipo, la que tiene que ser siempre protegida y cuidada, me niego.

- Eres de las más poderosas aquí presentes Lucy-san, yo aún no puedo ni replantearme usar el Star Dress...-. Habló Yukino con timidez.

- No es suficiente.

- Con esa mentalidad nunca será suficiente-. Sting soltó mi mano y se cruzó de brazos dejando que su mirada vagara a un punto lejano.

- Mientras haya la mínima posibilidad de que mi gente pueda estar en peligro o sufrir daños y yo no no pueda hacer nada por no tener suficiente poder, seguiré entrenando. ¿Acaso tú no pruebas hechizos nuevos si tienes la posibilidad de hacerlo?.

- Es diferente...

- ¿En qué es diferente?-. El enfado era cada vez más visible.

- ...En que...tú eres más delicada.

Ah. Soy más delicada...

- ¿Qué?-. Pregunté con la voz en un tono muy bajo.

- Pues... que eres más delicada que yo. Yo soy más fuerte, más musculoso, tu eres más delgadita y...-. Añadía ideas entre balbuceos como si eso mejorara la situación.- No eres tan corpulenta... . Por eso yo no tengo tanto problema en aprender magia nueva-. Una gota de sudor cayó por un lado de su cara a la vez que se rascaba la nuca nervioso.

Me quedé en silencio, mirándolo fijamente.

- Sting ya la ha liado otra vez-. Cuchicheó Frosch a Lector. Rogue por detrás lanzó un suspiro cansado viendo el nuevo drama que se avecinaba.

- A veces puede ser muy tonto-. Le respondió su amigo aguantando la risa.

- Nos vemos a las cuatro y media aquí abajo. Estaremos hasta las seis y media mirando ropa, después me iré a entrenar-. Miré a las dos magas completamente seria, me asintieron rápidamente. Volví mi vista al rubio que me miró con terror.- Pretendía entrenar solo cuerpo a cuerpo, sin magia. Pero está claro que hoy no me quedaré satisfecha solo con eso-. Me levanté con mi plato dirigiéndome a la cocina, en donde una de las encargadas se ofreció a lavar mi plato.

Volví sobre mis pasos para subir las escaleras, Sting me habló de lejos.

- ¿Qué es lo que harás?-. En su mirada había preocupación pero también miedo porque eso empeorara las cosas.

- Lo que tu no harás-. Solté tajante subiendo a mi cuarto. De fondo se escucharon por lo bajo aullidos propios de simios que buscaban alentar al rubio a entrar en pelea.- Imbécil-. Solté en cuanto cerré la puerta. Como odiaba cuando me soltaba perlas como esa. ¿Quién me quita el cabreo ahora?.

Pasé unas largas horas dándome un largo y relajante baño junto a Arashi, la ya no tan pequeña criatura se lo pasaba de miedo jugando con la espuma y las burbujas que levitaban sobre la bañera. Tocó recoger con la fregona todo el agua que había sacado con el juego pero valió la pena.

A la hora acordada fui con Minerva y Yukino a comprar por las tiendas de Iwa. Aproveché para comprar una buena cantidad de productos cárnicos para el pequeño dragón que se había quedado durmiendo la siesta en mi cuarto bajo la celosa vigilancia de Rogue.

- Mira Lucy-san, ¿qué le parece?-. Me enseñó un bonito mono blanco ceñido al cuerpo con un lazo en el pecho.

- Es realmente lindo, pero, sigo pensando que tu ropa actual es mejor-. La maga volvía a usar las ropas con las que se presentó en los Grandes Juegos Mágicos pero ella sentía que era hora de cambiar su look.

- No sé qué decir...

- Esto me gusta-. Dijo Minerva saliendo de un probador. Llevaba un largo vestido de color azul oscuro, tenía un pronunciado escote y cortes a los lados de la cadera, dejando sus muslos al aire. Poseía un cuello alto ancho y rígido, más grande por detrás que por delante, en la parte delantera había una abertura en forma de "V". Las mangas eran negras hasta antes del comienzo del antebrazo, después se volvían de color blancas y terminaban en volantes. La espalda tenía un escote por debajo de los omóplatos en forma de rombo tumbado. Los adornos que había en su vientre y los bordes eran de color dorado. La verdad es que se veía magnífica en aquél conjunto.

- Te queda genial, Minerva-. La alegué sin intención de parecer pelota.

- ¿A qué sí?-. Dio una vuelta sobre sus pies dejando que el tejido que colgaba volara siguiendo el movimiento. Mientras ella y Yukino seguían entretenidas admirando el nuevo atuendo de la morena yo me dediqué a mirar entre las perchas.

Estaba buscando algo que fuera cómodo, bonito y que me hiciera una buena figura. Lo que tenía cumplía con esas características pero me hacía sentir que era una exhibicionista. Necesitaba algo con lo que causar impresión pero sin tener que enseñar tanta carne.

- Debe de haber algo, seguro...-. Y tras un minucioso examen, lo encontré.

En una esquina un tanto escondida, un maniquí llevaba puesto un vestido negro muy largo sin escote. Este se ajustaba al cuello, dejando los hombros, brazos y la mitad de la espalda al descubierto. Tenía un corte delante en el vientre que empezaba a la altura de la cadera y que llegaba hasta los pies, haciendo que se abriera y diera la sensación de que era una capa. Los bordes que tenía en todo su contorno eran de color dorado del mismo tono que los del vestido de Minerva. A la altura del pecho había tela dorada que formaban la silueta de un rombo, era extraño y no pegaba mucho con la elegancia del traje. A su lado, en una repisa había un pantalón negro muy corto que era acompañado por unas largas botas negras con un leve tacón que llegaban a la mitad del muslo y tenían también un corte en la parte frontal, los bordes de dicho corte también era de color dorado.

- Menudo conjunto-. Balbuceé cogiendo la etiqueta entre mis dedos.

30.000 jewells, leí en el pequeño cartón. Pese a que Minerva me había advertido sobre lo lujosa que era la tienda no esperé que llegara a estos extremos.

- Creo que vale la pena gastar el dinero-. Pasé mi dedo por su superficie, descubriendo que el tejido era de gasa, solo que eran varias capas para que no trasluciera.- Pensaba que esto era un adorno-. Coloqué mis dedos sobre la zona del pecho en la parte dorada. Lo que pensaba que era algún tipo de dibujo resultaba ser el escote que tenía, el maniquí tenía el torso negro y por eso no me había percatado de ese detalle. Ya me parecía raro.

- ¿Desea probárselo?-. Preguntó la vendedora frotándose sin descanso las manos.

- Sí, por favor.

- ¿Todo entero, solo el vestido...?.

- Entero.

Me metí en el probador y comencé a cambiarme de ropa.

- Tan suave-. Nunca imaginé que un vestido pudiera combinar las palabras estilismo y práctico en una misma frase. Las botas y el pantalón me quedaban perfectamente, realmente parecía que todo estaba hecho a mi medida. Y el escote... definitivamente no iba a pasar desapercibida.

Salí del probador encontrándome a las dos magas todavía hablando del atuendo de la pelinegra. Al verme callaron y se me quedaron mirando atónitas.

- No sé ni como definirlo-. Murmuró la maga que tiempo atrás fue miembro de Tártaros.

- ¡Estás tan espectacular Lucy-san!

- Me lo llevo-. Le anuncié a la vendedora a la que le brillaron los ojos al conseguir dos grandes ganancias en un mismo día.

- Ayer mismo se lavaron todas las prendas que hay en la tienda, tanto la suya como la de la señorita Minerva aún no han sido probadas por otras personas a excepción de ustedes-. Informó una dependienta a mi lado. Esa información había venido debido a un comentario de Minerva que decía que estaba deseando de ir al gremio a lavar la ropa y ponérsela de inmediato.

- ¡Pues mucho mejor!-. El entusiasmo de la hija de Jienma era notable.- ¡Venga, vayámonos rápido!. ¡Quiero ver la cara de esos cavernícolas al vernos!

Tras pagar y que cortaran la etiqueta del precio para que no molestara salimos a por lo último que me quedaba por comprar, jarabe. Había tenido suerte de que el dolor menstrual que, aunque había sido intenso no había durado mucho, pero quizás no fuera tan afortunada la próxima vez.

- Algo me falta-. Murmuró Minerva mirándose al espejo.

- ¿Qué te parece un cambio de peinado?-. Yukino estaba a su lado observando el pelo desde distintos ángulos.

- Pero ahora no habrá ninguna peluquería que tenga hueco-. El entusiasmo fue reemplazado por el desánimo.

- ¡No te preocupes por eso!-. Usando la magia de reequipación, invoqué una llave celestial en la palma de mi mano.- ¡Ábrete, puerta del cangrejo gigante: Cáncer!.

Inmediatamente la llave se iluminó. La figura del espíritu del zodiaco apareció ante mis ojos.

- Tiempo sin verla señorita. ¿Quiere un corte de pelo?, ebi-. Giró las tijeras entre sus dedos con maestría.

- Siento no haberte hecho salir en tanto tiempo Cáncer. Necesito que le des un nuevo look a ella-. Señalé a Minerva que parecía estar algo avergonzada.

- No se preocupe, ebi-. Se puso manos la obra sin siquiera preguntarle a la maga que es lo que estaba buscando.

- ¡Genial!-. Chilló Yukino aplaudiendo. Minerva tenía los dos mechones delanteros más cortos, ahora sus moños estaban en la parte central trasera de su cabeza, y no a los lados como estaban habitualmente.- ¿Cree que podría hacerme algo a mí también?.

- Lo mucho que puedo hacer en su corto cabello es pequeños tirabuzones, pero no le quedarían bien...-. El pobre espíritu se veía incómodo diciéndole que no a la joven.

- Parece que nadie quiere que cambie de estilo-. Agachó la cabeza completamente deprimida.

- No te hace falta, estás perfecta tal y como estás-. Le pasé un brazo sobre el hombro para animarla.- He hecho pastel de chocolate con fresas, del que te gusta.- Levantó el rostro enseñándome unos ojos que resplandecían en la fantasía.

- Cáncer, ¿puedes hacerme una cola alta?. No sé que me pasa últimamente que no consigo que me salga un mísero recogido en condiciones ..-. El hombre de tez morena accede sin problema a arreglarme el cabello, recubre la gomilla con un lazo negro a juego con la ropa.

- ¡Vamos! ó Minerva con impaciencia casi haciendo un agujero el suelo.

- Gracias, Cáncer.

- De nada señorita. Tenga una buena tarde, ebi-. Desapareció en un rápido destello dorado. Apenas pudimos girarnos cuando la maga pelinegra tiró de nuestros brazos con algo de fuerza.

Siendo arrastradas por Minerva, llegamos ante las puertas cerradas del gremio.

- ¿Listas?-. Preguntó la pelinegra con una sonrisa juguetona.

Asentimos con el mismo gesto dominando nuestros rostros. La maga usando sus dos brazos abrió las puertas. Entramos con la cabeza alta a excepción de Yukino que mantenía una posición más tímida.

Las personas que se hallaban entretenidas bebiendo o hablando se giraron por curiosidad para ver quién había entrado.

- Siempre nos sorprenden, ¿eh?-. Murmuró un joven mirándonos lascivamente.

- No me canso nunca de esto-. Sonrió ladinamente su amigo lamiendo un bollito de chocolate de forma obscena.

Caminamos hasta la mesa donde se hallaban los Dragon Slayers junto a Rufus, Orga, los exceeds y mi pequeño dragón. Los piropos y silbidos se levantaban a cada paso que dábamos. Sting estaba con la boca abierta mirándome como si no pudiera creerse lo que veían sus ojos.

- ¿¡Queréis callaros?!-. Sting estaba notablemente molesto.- ¡Menuda panda de pervertidos estáis todos hechos!-. Los reprochados agacharon la cabeza con bochorno.

- Como si tú no te estuvieras comiendo a Lucy con la mirada-. Susurró Lector más para sí mismo que para su amigo.

Sting le gruñó en advertencia, pero sus mejillas rojas lo delataban en su fechoría.

- Lucy estás muy guapa-. Dijo Lector tocando el traje.- Queeee suaaaveee.

- Es de gasa-. Le sonreí viendo la cara de gusto que tenía. Recibimos montones de halagos por nuestro cambio de look, Sting parecía querer hablar pero decidió mantenerse en silencio.- ¿Lector puedes coger estas bolsas y guardarlas en la cocina?, es la comida de Arashi.

- ¿Qué has comprado, Lucy?, ¿toda la tienda?-. Rogue señaló las bolsas que estaban a reventar y que a Lector le estaba costando la misma vida mover.

- Más o menos-. Solté una risita nerviosa y me llevé las bolsas a la cocina acompañada de los exceeds y del dragón que brincaba buscando algo para llevarse a la boca.

Cuando el cielo empezaba a oscurecer fui con Leo a las afueras a entrenar. Faltaban dos horas para la cena y Arashi se había quedado jugando con los gatos, lo que me permitía concentrarme completamente.

- Eres realmente buena, Lucy-. Declaró cuando le golpeé en el estómago con el pie aún teniéndolo protegido con sus brazos.- En un combate real contra ti lo pasaría realmente mal, ya apenas sudas del esfuerzo.

- Es gracias a ti y a los demás que puedo presumir de mis habilidades-. Le tendí la mano ayudándolo levantarse del suelo.

- De nada sirve tener buenos maestros si el alumno no muestra interés o ganas por aprender-. Me guiño coquetamente el ojo derecho.- ¿Te veo mañana?.

- Estaré en Crocus de trabajo, no creo que tenga fuerzas para entrenar y tampoco sé cuando voy a volver aunque no creo que tarde mucho. ¿Qué te parece dentro de tres días?.

- Sin problemas, hime-. Se puso una mano en el pecho y se inclinó haciendo una reverencia, segundos después desaparecía en un destello dorado.

Volví al gremio justo a tiempo para darme una ducha rápida y bajar a cenar.

- Que revoltoso estás hoy-. Le dije al pequeño dragón que no paraba de jugar a perseguirse la cola.

- Quizás deberías de llevarlo a correr o algo, para que gaste energía-. Propuso Rufus comiéndose un guisante.

- Pero si ya se pasa todo el día corriendo de aquí para allá...-. Murmuré viendo como el pequeño ahora estaba entretenido en correr por todo el salón, su galope ya no era tan torpe como antes, ahora era rápido y equilibrado como un caballo de carreras, lo cual era un problema a la hora de atraparlo.

- Pues desgraciadamente parece que no es suficiente-. Soltó una carcajada cuando vio a Arashi pasar a gran velocidad entre las piernas de dos hombres que estaba relajados bebiendo cerveza, asustándoles.

- Arashi, basta, cálmate-. Pedí viendo su imparable carrera.

El reptil hizo caso omiso continuando con su galopada. La comida se me quedó pillada en la garganta al ver que iba directo a una mesa, su cercanía a las otras y la gran multitud de personas que la usaban hacían que resultara imposible esquivarla por los laterales y menos aún atravesarla por debajo.

- Dios mío-. Susurré justo en el momento en que la escamosa bestia se impulsó sobre sus patas traseras y saltó sobre el mueble. Pasó sobre las jarras y demás vajilla de cristal con muy poco margen de distancia, si hubiera cogido desde más atrás la propulsión puede que se hubiera estrellado directamente.

Abrí la boca para regañarlo pero me callé sorprendida de ver a la gente eufórica.

- ¡Menudo salto para un bicho tan pequeño!-. Un miembro le lanzó una manzana de recompensa que cogió en el aire.

- Está hecho todo un atleta.

- Cuando alcance su tamaño adulto no habrá quién lo pare-. Comentó Dobengal bebiendo su cerveza.

Muchos se acercaron para lanzar comida y ver hasta que altura era capaz de saltar.

- Con todo el movimiento sin duda esta noche dormirá como un bebé-. Comentó Sting desde su asiento que estaba en frente del mío. Me volví a mirarlo con el ceño fruncido

- Algo bueno tiene que tener el susto que me ha pegado, nunca había dado esos brincos. Si hubiera calculado mal se...

- Pero no lo ha hecho, ¿no?-. Me interrumpió apoyando la barbilla en su palma.- Si no prueba, nunca sabrá de lo que es capaz, ¿no crees?. Se caerá, se hará daño, lloriqueará y mucho más, pero es normal.

Iba a reprocharle el que no tuviera problema en dejar a la criatura hacer lo que le daba la gana y a mí me tuviera tan controlada.

- Sé que no debí haberte dicho esas cosas-. Me interrumpió nuevamente.- Sabes que no soy bueno para explicarme, solo me preocupo. Si Arashi se hace daño tú o cualquiera de nosotros irá a socorrerlo, pero cuando pasó aquello si no fuera porque fuimos a investigar tu estarías allí sola, pudiendo ser objetivo de algún grupo de trata que anduviera cerca. Me pone malo solo pensar que alguien puede salir herido solo porque yo no he sido atento, lo sabes. Yo prometo no ser tan cabezota pero tú tienes que prometerme que si ves que vas a usar un hechizo que te pueda dejar secuelas no lo hagas sin compañía. Me basta incluso que te lleves a Lector, el podrá traerte o avisarnos rápidamente si te pasa algo...

- Yo entiendo tu postura Sting, es solo que me lo tomo como una falta de confianza.

- No es así-. Negó con la cabeza varias veces.- Es temor, solo eso.

- Está bien-. Suspiré bebiendo un trago largo de agua.- Oye, ¿por qué no has incluido a Frosch cuando has nombrado a Lector?. Van siempre juntos...

- Sabes que Frosch tiene un sentido nulo de la orientación, si estuvieras sola con él probablemente acabaría perdiéndose al ir a buscar ayuda, sería otro problema más-. Rió nervioso a la vez que se rascaba la nuca.

- Pobre Frosch, que malo eres-. Bromeé terminando de comer.

- Mantén el secreto conmigo-. Me guiñó el ojo mientras recogía los platos de la mesa.

Ya en la noche, Arashi, cansado de tanto ejercicio y de tener el estómago más lleno de lo habitual cayó rendido en cuanto se tiró en su cama. Lucy en cambio era incapaz de dormir, estaba nerviosa, excitada por saber que secretos descubriría en la isla del este, aquél cúmulo de emociones le impedía siquiera pensar en dejar su mente descansar.

Con un suspiro se levantó y salió de la habitación, no le preocupaba que Arashi se levantara y saliera a buscarla, ni siquiera una bomba causaría el menor cambio en su dulce sueño.

Recorrí los pasillos y escaleras subiendo a aquél familiar salón con forma circular.

- No dejar salir el aire de sopetón, hacerlo de forma equilibrada y fluidez-. Recordé los consejos de Lyra para conseguir sacar el máximo provecho a la voz.

Comenzó a cantar deteniéndose avergonzada en varias ocasiones por los gallos. Comiendo un caramelo se acercó a la ventana frontal que se dividía en tres partes, abrió la más central permitiendo que una fría brisa entrara en la sala.

Inspiró profundamente y volvió dejar que su voz fluyera, esta vez fue una dulce melodía la que salió de sus labios. Conforme pasaban los segundos las notas se alzaron y alargaron, bajando de vez en cuando en la escala musical pero sin perder la fuerza. Terminó la canción prolongando la vocal "u" en un suave murmullo. Temía que hubiera despertado a alguien, había puesto mucha energía a la hora de cantar olvidándose de que era bien entrada en la madrugada, no dudaba en que su canción se hubiera escuchado incluso en la casa más lejana de Iwa

Aún así se sentía muy satisfecha consigo misma, el ego se desprendía de cada poro de su piel ante el éxito.

- No tenía conocimiento sobre tu habilidad de canto-. Dijo una voz grave tras ella. Asustada se dio la vuelta, suspirando de alivio al ver que se trataba de Sting.

- Que susto-. Murmuró para si misma mientras se ponía la mano en el pecho.- Lo siento, ¿te he despertado?.

- Me desperté al escuchar un golpe en la escalera, pero hasta que no escuché la voz no decidí salir del cuarto-. Igualmente había sido mi culpa, al subir los peldaños había tropezado golpeando con la rodilla la piedra de la que estaban hechos.

- Culpable-. Dije avergonzaba poniendo una mano a la altura de la cabeza.

- ¿Qué canción era esa?-. Preguntó curioso.

- Se llama Submersive. Dicen las piedras que es una canción celestial, te ayuda a ganarte el favor de las estrellas.

- Supongo que para lograr su cariño tienes que cantarla de noche, ¿no?-. Bromeó situándose a mi lado.

- N-no pretendía ponerme a cantar a estas horas. No podía dormir y pensé que si cantaba me agotaría, no imaginaba que me iba a motivar tanto-. Agaché mi rostro escondiéndolo apenada.

- Me gustaría escucharte más veces, a una hora prudente claro. No es que tenga problemas en que cantes ahora pero puede que algún vecino venga a quejarse, por muy bien que cantes-. Inclinó la cabeza y me sonrió de medio lado.

- Gomen-. Hice una leve reverencia e hice el gesto de marcharme, pero Sting me agarró del brazo.

- Yo…..Me alegro de que estés aquí-. Soltó mi brazo lentamente, como si no quisiera hacerlo. Puse una mano en su cabeza, advirtiendo que esta enrojecía levemente.

- A mí también-. Le sonreí y revolví el pelo en un gesto cariñoso. Me marché dejándolo atrás, aparentaba tranquilidad pero tenía el corazón a mil. Aquel estúpido y simple roce me había calentado la sangre y humedecido un poco la zona de la entrepierna.

'Malditas hormonas' gruñí en mi mente cuando entré en mi cuarto. Mi plan había funcionado, estaba realmente cansada por el canto así que no fue trabajo difícil el pillar el sueño. Pero fue inevitable comerme la cabeza y dedicar mi último pensamiento al Dragon Slayer que suponía también había regresado a su cuarto.

A la mañana siguiente bien temprano estaba en la puerta junto a Minerva esperando a Yukino. La maga de cabellos blancos bajó a la carrera las escaleras, por detrás venían los gemelos dragones y los exceeds a un ritmo más pausado.

- ¡Gomen!. Me he entretenido co...

- No te preocupes-. La cortó Minerva moviendo la mano despreocupadamente.

- Tened cuidado-. Dijo Sting sujetando a Arashi entre sus brazos y con Lector en su hombro.

- Tranquilo, estaremos bien. En verdad sois ustedes los que deberíais de tener cuidado-. Señalé a la escamosa fiera que se revolvía entre los brazos del rubio intentado escaparse.- Pórtate bien, bicho-. Le pedí depositando un beso entre los orificios nasales a lo que él ronroneó ante la muestra de afecto.

Las tres emprendimos la marcha escuchando a Arashi lloriquear al no poder venirse conmigo.

- Lo siento pequeño, te quedas con nosotros-. Fue lo último que captaron mis oídos antes de que cerraran las puertas.

- Estarán bien-. Me animó Yukino al verme lanzar un largo suspiro tras varios minutos de caminata.

- Es la primera vez que lo dejo solo, ¿y si intenta escaparse?. Si le pasa algo me moriría...

- Está bajo el cuidado de esos dos, ¿no?. Sting puede ser despistado pero si lo pierde de vista tiene sus sentidos de Dragon Slayer para encontrarlo, pero vamos Rogue no le quitará un ojo de encima, estoy segura-. Apoyó Minerva a su lado.

- Aún así es inevitable tener miedo...

- Lo bueno de que estés criando al monstruito ese es que cuando tengas un hijo no te será tan complicado. Si puedes domar a esa cabeza hueca llena de escamas un niño humano no debe ser más difícil, ¿no?-. Bromeó Minerva alzando una ceja.

- A veces los niños son mucho peores que los dragones...

- Reza porque te salga con un carácter tranquilo-. Respondió la pelinegra.- Llegamos. Primero a Crocus y desde allí a las islas del Este, ¿no?-. Preguntó la maga comprando su billete de tren.

- Ajá, tendremos que coger un barco en Hargeon.

- Menos mal que no vienen los gemelos, no habría aguantado sus quejas durante todo el camino-. Continuó hablando la pelinegra mientras nos situábamos en nuestros asientos.

- Rogue no es tan quejica como Sting...-. Puntualizó Yukino jugando con sus dedos.

- Pero con la cara de pena que lleva encima es más que suficiente para hacerte sentir culpable. Aunque, a veces creo que lo hace a posta-. Sonrió con malicia la joven poniendo la barbilla en su palma.

- ¿¡Q-qué quiere decir Minerva-san?!-. Las mejillas de la joven de cabellos cortos se tornaron rojizos.

- Mmmm... Rogue sabe que que en cuanto se sienta mal o con molestias tú iras a darle consuelo-. Los extremos de los labios se tensaron enseñando aún más los blancos dientes.

- ¿¡P-pero que dice?!. ¡N-no c-creo que Rogue se aproveche de eso!-. A Yukino parecía que estaba a punto de darle un golpe de calor en su asiento.

- Rogue puede ser muy serio y demás, pero sigue siendo un hombre. Él precisamente no es nada tonto-. Minerva estaba pasándoselo pipa haciendo sentir incómoda a su compañera.- ¿Qué piensas tú, Lucy?.

- Qué te gusta meterme presión...-. Le reproché haciendo un puchero.- No sé que decir, lo poco que he podido observar de Rogue es que es tímido. Lo oculta tras esa fachada de seriedad suya pero es como Yukino, basta tocar alguna fibra sensible para que le salgan tomates en los mofletes-. Me puse la mano sobre la boca intentando ocultar ahogar la risa que se escapaba de mi garganta, pero fue imposible al ver como Yukino se hundía en su asiento buscando refugio.

- Sois malas...-. Murmuró la joven con pesar.

- Creo que le gustas-. Declaré adoptando una postura profesional.

- No supongas, es verdad-. Acordó Minerva adquiriendo su típica pose despreocupada.

- Qué tonterías decís...

- Y a ti te gusta él-. Hablamos las dos a la vez. Ahora sí, Yukino estaba pensando en tirarse por la ventanilla del tren.

- Ni se te ocurra negarlo porque es demasiado evidente, no me gustan las mentirosas-. Advirtió Minerva tomando agua.

- Bueno... puede que me guste un poco...

- Un poco bastante-. La corté yo con un tono jocoso.

- Pero, somos compañeros, no estaría bien que saliéramos juntos...

- Qué tontería. Tengo una amiga, se llama Bizca. Poco después de unirse a Fairy Tail conoció a un hombre llamado Alzack. Ellos formaron un equipo e iban a las misiones juntos, ahora están casados y tienen una hija-. Le conté con algo de melancolía.- Las únicas personas que pueden tener problemas con que salgas con Rogue son vuestros admiradores.

- ¿Admiradores?-. Preguntó Yukino sorprendida.

- Tanto tú como Rogue tenéis a unas cuantas personas que os miran soñadores cuando pasáis cerca de ellos o les habláis. Mira que eres despistada-. Le reproché sutilmente.

- Sabía que Rogue había atraído la atención de alguna que otra chica del gremio pero yo...

- ¿Por qué no?. Eres guapa y amable, te tienes en muy baja autoestima-. Puntualizó la pelinegra a mi lado.

- Deberías de intentarlo. Adquiere una cercanía mayor con Rogue, yo estoy segura de que le gustas.

- ¿Cuán segura crees?-. Los ojos de mi amiga brillaron con algo de ilusión.

- Un noventa y nueve por ciento. No te digo que en cuanto volvamos del trabajo te lances como una demente, solo intenta acercarte un poco más.

- Ya que estamos hablando de parejas... ¿Qué pasa contigo y con Sting?-. Preguntó Minerva con falsa inocencia. Escupí el agua que estaba bebiendo y empecé a toser.

- ¿¡Q-qué?!

- Pues eso, que qué es lo que pasa. Desde hace algún tiempo vengo observando que os miráis mucho y que hay mucha confianza entre ustedes...-. Era mi turno el ponerme roja e imitar el rostro abochornado de Yukino.

- Él se ha portado muy bien conmigo desde que he llegado. Gracias a él y a ustedes me hace sentir como si estuviera en casa, a veces olvido que estoy Sabertooth y no Fairy Tail.

- ¿Te ha propuesto unirte a nosotros?-. Interrogó la otra maga celeste con algo de preocupación.

- A los pocos días de llegar me lo preguntó. Yo... no estoy lista para ir a otro gremio aún... Espero que puedas entenderlo-. Estaba soltando otra mentira por mi bonita boca pero valdría la pena ver su cara de sorpresa de después.

- ….No intentaré convencerte ni te atosigaré con el tema... Yo realmente deseo que te quedes con nosotros Lucy-san, no quiero que estés por ahí sola soportando el dolor de tu corazón. Elijas lo que elijas, te apoyaré aunque no me guste-. Determinó Yukino con los ojos húmedos.

- Gracias Yukino-. Murmuré cogiendo sus manos y apretándolas.

- Pues yo pienso que eres estúpida no quedándote con nosotros-. Gruñó la pelinegra rompiendo el bonito momento.

- ¡Minerva-san!-. Reprochó su amiga.

- ¿Qué?. Mi opinión es tan válida como la tuya, si no te gusta te aguantas-. Le respondió borde la joven.- Sigues sin responderme-. Me miró enfadada a los ojos.

- ¿Qué?-. Me intenté hacer la desentendida pero no surgió efecto.

- Sigues sin decirme que es lo que pasa entre Sting y tú. Sé que hay mucho más que mera amabilidad y confianza debido a la pena que provoca tu carita triste.

- Yo no doy pena-. Mascullé sintiendo una leve ira por mis venas. Lo último que quería es que me acusaran de aprovecharme de mi situación para atraer la atención de un hombre.

- Sí, la das. Todos los que te conocemos sentimos pena, has cambiado mucho desde la última vez que te vimos en la batalla contra Tártaros, y el cambio desgraciadamente no ha sido para bien. Es inevitable preocuparnos y compadecernos. Ahora, responde, o me mosquearé de verdad, te amarraré y dejaré que el tren te arrastre hasta Crocus-. La seriedad con la que dijo sus palabras me aseguró de que no bromeaba, tragué duro al sentir sus ojos mirándome penetrantes, tan parecida a Erza... Realmente tenía planteado hablar de esto primero con Amaia y después con ellas dos, pero las cosas nunca salen como una quiere. Inspiré profundamente y hablé:

- La verdad es que no sé que me ocurre... Al principio creía que era mera atracción física, pero cada día que pasa... empiezo a pensar que es algo más fuerte-. Minerva mantuvo su vista en mí pero su mente estaba en algún punto lejano.

- Sting ha cambiado bastante en este último año. Antes de los juegos no estaba con la misma mujer más de tres días, tenía una fama de mujeriego que daba asco. Tras Tártaros se relajó bastante, seguía durando poco con las mujeres pero eran muy pocas a las que les echaba cuenta y desde que has llegado tú, no hace ningún caso a ninguna, por lo menos no en el sentido amoroso-sexual.

- Puede que solo haya decidido dejar ese tipo de relaciones y centrarse más en su trabajo como maestro-. Dije jugando con mi vaso vacío.

- Puede, pero sé que su cambio es en parte por ti, y él no parece darse ni cuenta de su actitud cuando estás cerca. ¿Te acuerdas de la enorme pelea que tuvisteis a raíz de tu desmayo?. Se pasaba las horas con un mosqueo de mil demonios y lanzando suspiros interminables, me estaba volviendo loca-. Gruñó ante el recuerdo.- Su humor cambia bruscamente según el estado de vuestra relación. Desde vuestra charla para solucionar las cosas está de nuevo con su carácter habitual, aunque últimamente lo veo preocupado...-. Lo último lo dijo en un tono muy bajo, como para si misma. Decidí no comentar nada al respecto.

- Creo que a Sting le vendría bien tener a alguien como tú de pareja-. Concluyó Yukino tras una larga reflexión.

- Sí, a ver si deja de ser tan imbécil y pone un poco los pies en la tierra. Su trabajo como maestro ha hecho que madure pero sigue comportándose en muchas ocasiones como un troglodita impulsivo sin cerebro.

- Te encanta ponerlo verde, eh-. Reí viendo su afición por el insulto gratuito hacia el mago.

- No me lo niegues...Cuando no está soltando tonterías por esa boca que tiene está peleándose con Rogue o entrando en las peleas que se forman en el gremio-. Y era verdad. En muchas ocasiones Sabertooth se volvía una batalla campal y Sting, en vez de poner orden siempre se unía con emoción, era Minerva quién terminaba con la disputa con métodos violentos.

Cuando esto ocurría yo me hallaba escondida tras la barra con Yukino y Arashi para protegernos de los objetos voladores y ataques que lanzaban a diestra y siniestra, con la mente perdida en los recuerdos del pasado.

- Yo no creo que tenga esa clase de sentimientos por mí-. Dije al cabo de permanecer en silencio varios segundos.- Sé que le causo algo de deseo...

- "Algo" es quedarse corto-. Me interrumpió Minerva señalándome, vale, tierra trágame.

- Bueno... el deseo sexual no tiene nada que ver con los sentimientos, como tu has dicho sentirá pena por mí, nada más. Al igual que Yukino no quiere que enfrente esto sola...-. Balbuceé con un fuerte calor en mis mejillas.

- ¿Qué sientes cuando estás cerca o piensas en él?-. Preguntó Yukino con un dedo apoyado en su mejilla.

- Hormigueos, alegría, paz, seguridad, muchas cosas...

- ¿Lo has sentido antes con otra persona?.

- Sí-. Pensé inevitablemente en Natsu, la sensación de culpabilidad y traición volvió a apoderarse de mi pecho. Apreté los dientes al sentir que los ojos me picaban y se humedecían.

- ¿Lo sigues sintiendo?-. Me preguntó Minerva esta vez, la miré sin ánimos.- La persona con la que también tenías estas sensaciones, ¿sigues enamorada de él?.

- Pero le gusta Sting...-. Murmuró Yukino.

- Puede gustarle dos hombres a la vez, más cuando se parecen en carácter, ¿no es así?-. Abrí los ojos desmesuradamente ante sus palabras.

- ¿¡Cómo lo sabes?!.

- Miras a Sting con cierta melancolía y añoranza, como si te recordara a alguien.

¿Era eso?, ¿me estaba enamorando de Sting porque era muy parecido en carácter a Natsu?. ¿Estaba usando al rubio por despecho por que el otro se fue sin llevarme con él?.

- Soy horrible-. Lloré cuando llegué a la desagradable conclusión.

- No lo eres. Es normal que todos los hombres que te gusten se parezcan en personalidad, sí que es casualidad que posean el mismo tipo de magia, pero no te convierte en una persona horrible por estar enamorándote de otro.

- ¿De dónde has sacado todo eso?-. Las conjeturas a las que llegaba Minerva me asustaban, más cuando acertaban.

- Mucho observar y analizar-. Me sonrió con altanería.

- ¿Se conocen ellos dos?, dices que poseen la misma magia... Es decir que es un Dragon Slayer-. Yukino adquirió un semblante pensante.

- Adivina-. La peliblanca se quedó en silencio, pensando, yo solo quería desaparecer.

- ¿¡Natsu!?-. Soltó varios segundos después. Enrojecí hasta las orejas, todo el mundo en el tren debió de haber escuchado ese nombre, y puede que incluso todo Fiore.

- Si vas a preguntar como lo sabemos recuerda antes que somos mujeres, conocemos las señales de cuando otra está enamorada-. Enfatizó Minerva.

- La verdad es que lo poco que conocí de Natsu-san si que me recuerda bastante a Sting-sama-. Yukino cerró los ojos dejando que su mente volara en sus recuerdos y así pudiera seguir comparando a los dos magos.

- Son muy parecidos, además, Sting parece haber desarrollado una obsesión con parecerse a Natsu en todo lo que pueda-. Compartió Minerva cambiando de postura.

- Pues ojalá deje esa idea-. Las mujeres me miraron con sorpresa, no se esperaban eso.

- ¿Por qué?-. Se aventuró a cuestionar Yukino.

- Natsu es Natsu, Sting es Sting...-. La imagen del pelirosa hablándole con cariño a mi yo del futuro hizo mella en mi corazón.- Me parece bien que intente parecerse en su filosofía de proteger a los amigos y a la familia pero realmente no quiero que sean iguales.

- ¿Qué pasó Lucy?-. Esta vez fue Minerva.

- Cuando más lo necesité, cuando más lo necesitábamos todos, se fue. Solo dejó una simple carta como despedida que tras la batalla de Tártaros en mi casa. No me dio tiempo a contarle lo de Aquarius y, aún así creo que igualmente tarde o temprano tras comprobar que yo estaba más o menos bien se habría acabado marchando...

- ¿Por qué se fue?-. Yukino me miraba con lástima, me hacía sentir aún peor si es que era posible.

- Entrenamiento.

- ¿Qué jodida obsesión tenéis en Fairy Tail con entrenar?. Id a un puñetero psicólogo que os arregle el problema-. Reprochó Minerva cruzándose de brazos.

- Aquellos días tuvieron que ser muy dolorosos, sobre todo para ti que has perdido tanto...

- Deja de mirarme con pena Yukino, mi ánimo se vuelve peor.

- Es solo que... me siento tan impotente-. Y la maga empezó a llorar sin consuelo. Minerva rodó los ojos con fastidio.

- No ayudas Yukino.

- ¡Gomenasai!-. Y aumentó la fuerza de las lágrimas.

- Él no te dejará Lucy, no por eso. Tiene que haber algo de fuerza mayor para que Sting deje el gremio o la chica que le gusta- Dijo la maga ignorando la pena de su amiga.

- Tengo mucho miedo Minerva. No sé que hacer, ¿y si cuando me corresponda se repite la historia?. No quiero volver a pasar por todo eso...-. Ahora era mi turno dejar que algunas lágrimas descendieran de mis ojos pero no permití que duraran mucho.

- No pasará, ya verás-. Minerva me dedicó una sonrisa amigable, era extraño, no recordaba haber visto una sonrisa de ese estilo en su rostro en mucho tiempo, por lo menos no para mi.

Tras aquella charla nos sumergimos en el silencio absoluto. Minerva y Yukino (que acabó calmándose momentos después) decidieron tomar una merecida siesta. Yo aún le seguía dando vueltas al coco sobre todo el asunto, era imposible que no me sintiera culpable respecto a mis sentimientos por Sting, un sustituto, ¿eso es lo que pensaba de él?.

Tanto pensar me acabó dando dolores punzantes en el lateral de la cabeza, por ello decidí imitar a mis compañeras y descansar por unas horas, quizás mi mente estuviera más despejada al despertar.