N/A: ¡Hola a todos! Mil disculpas por la demora en actualizar, por una u otra cosa se me fue imposible, aunque sé que eso no lo justifica. Como recompensa decidí extender un poco más este capítulo, al menos más de lo que se tenía previsto. ¡Espero les agrade! PD: Amo sus comentarios y notitas, ¡ah! Me hacen tan feliz :'3 mil gracias a los que las dejaron en el episodio anterior y a los que también las dejarán por aquí.

ADVERTENCIA: Tener pañuelos cerca, por parte mía sí me puse un poco sensible mientras leí este capítulo :')

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SAY WHEN

Capítulo I: "No más"


" I see you there,
don't know where
you come from "

—¿Quieres ser mi amigo? —preguntó, ladeando divertida sus menudos labios, mientras arrugaba la nariz con inocencia.

Pucca acababa de cumplir los ocho años de edad; era una pequeña extrovertida, tenaz y elocuente. Aquella mañana, había salido con el permiso de sus tíos rumbo a casa de Ching, pero en el camino encontró algo que difería del panorama convencional de Sooga: un nuevo niño.

Lo observó por varios minutos sin que él se percatara de ello; y cuando el muchacho comenzó a movilizarse, no dudó en seguirlo.

En apariencia, aquel niño daba la sensación de ser mayor que ella por no más de dos o tres años; vestía completamente de negro y con algunos detalles rojos distribuidos a lo largo de sus ropas. Las dos coletas que sujetaban su cabello tan oscuro como el ébano llamaron rápidamente su atención... ¡Lucían tan graciosas!

Después de unos instantes, la idea de invitarlo a pasar el día que había planificado con tanto esmero junto con Ching, comenzó a hacerse cada vez más tentadora.

—Podría llegar a ser buen amigo de Abyo —sopesó, cubriéndose la boca con el fin de evitar que sus risitas se hicieran demasiado audibles.

Y entonces, sin pensarlo mucho, caminó con firmeza hasta el chiquillo y le extendió la mano, acompañando sus gestos con aquella irreverente proposición.

Esperaba con bastante optimismo una respuesta afirmativa, no obstante, en caso que fuera un "no" —sobre todo expresado de forma grosera— también estaría preparada y seguiría su camino; las personas antipáticas no eran de su agrado por lo que prefería evitarlas.

Pero en cambio de ésto, y contra todas sus expectativas, sólo obtuvo silencio.

—¡Hola! ¡Mi nombre es Pucca! —prosiguió, tratando de elevar algo más el tono de su voz— ¿Quieres que seamos amigos?

El niño la miró con perplejidad, abrió un poco más los ojos para contemplarla mejor y luego frunció el entrecejo; pero siguió sin responder.

« ¿Y a éste qué le pasa? »

—Ehm... ¡Hey! ¿Cuál es tu nombre? —Y a pesar de su entusiasmo, tampoco hubo contestación alguna, por lo que comenzaba a impacientarse.

Incluso Abyo, que habituaba ser un poco gruñón y obstinado, solía responder a sus preguntas esforzándose para que su comportamiento fuera lo suficientemente amable. Ella tenía la seguridad de conocer de cierto modo al género masculino, después de todo vivía con sus tíos, pero esta situación la estaba llevando a dudar incluso de sí misma.

—¿Quieres jugar conmigo? —preguntó, casi suplicante debido a su curiosidad por descubrir la voz hasta el momento desconocida. Sin embargo, el niño sólo optó por rodar los ojos, e ignorarla.

Así que, haciendo un mohín y contrayendo la frente, se dio media vuelta y regresó corriendo humillada a Chin-Dooda; mientras que abundantes torrentes salados anegaban su rostro, asistidos de un sonoro llanto.

« Me las pagarás, cabeza de cactus »

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Luego de que sus tíos lograran apaciguar su aflicción, la sentaron sobre una mesa y dieron inicio a una serie de cuchicheos entre los tres, mientras la pequeña permanecía cruzada de brazos, con los ojos hinchados y la nariz tan roja como los pimientos de la cocina. La confusión se apoderó de ella a los pocos segundos.

—Pucca... —comenzó el primero, Ho, sobresaltando levemente a su sobrina— no creímos que fuera preciso hablar de ésto, pero ya que te nos adelantaste y hasta hablaste con ese muchacho, lo vemos necesario.

—El niño que conociste se llama Garu, su familia vive en las montañas, bastante lejos de aquí, y hace unas semanas se contactaron con la aldea para que podamos recibirlo —enunció Dumpling, tratando de sonar lo más juicioso posible.

—Tiene diez años y él... está solo, Pucca, no puede aceptar la ayuda de nadie por órdenes expresas de su familia —Estas últimas palabras, salidas de la boca de Lingüini, sonaron casi tétricas, apenadas, lastimeras.

Dos semanas atrás, una parte del clan familiar de Garu, representados por su hermana mayor y su abuela, llegaron después de un largo camino de cuatro días hasta Sooga, se reunieron con los miembros de la comunidad y pidieron, con bastante clamor, que pudieran otorgarle asilo al menor de los suyos.

Ambas, la fémina mayor así como la menor, se negaron a dar explicaciones contundentes, sólo se limitaron a alegar que su decisión era por motivos de "honor", y tanto el pequeño como su familia deberían pagar con la penitencia respectiva. Además, adujeron que se trataría de un año cuando máximo, y luego regresarían por él.

Si en algo todos estaban de acuerdo, además de que recibirían con los brazos abiertos al muchacho, era la extrañeza y desconfianza que emanaban aquellas dos personas, las cuales se despidieron esa misma noche. Nadie volvió a saber más del asunto, hasta ese día.

—Aun así, fue muy descortés —siseó Pucca, apretando los brazos—. Ni siquiera se molestó en saludarme.

Los varones volvieron a cruzar sus miradas, como si hubieran olvidado mencionar algo importante o, tal vez, simplemente no habían considerado decirlo.

—Hay algo más, pequeña —agregó Ho—, él no puede saludarte, ni decir nada.

Pero... ¿Cómo? ¿Acaso era mudo? Pucca no entendía en lo absoluto como un niño aparentemente sano podría carecer de una capacidad tan vital, y a la tan vez simple, como es el don de las palabras.

—Para recuperar el honor de su familia, no debe hablar. Ni una sola palabra hasta que regresen por él; o al menos éso fue lo que nos dijeron. Ya sabes... "cosas de ninjas".

Ho y Lingüini se retiraron a seguir con sus labores, no sin antes darle unas palmadas en la cabeza a su sobrina. En cambio Dumpling, posó los brazos sobre sus caderas y se acercó un tanto más, mientras esbozaba una sonrisa complaciente.

—Escucha, nena, sé que tienes un gran corazón y quizá, podrías hacer más por ese niño de lo que tú misma te imaginas. Piénsalo, él necesita una amiga y a ti podría llegar a agradarte. Sólo necesitas ser un poco más... persistente.

Pucca permaneció pensativa, apenas notó cuando su tío se alejó de ella deseándole suerte. Agitó los pies en el aire de forma juguetona mientras una sonrisa se iba dibujando en su rostro.

"Más persistente", pensó. Apenas conocía el significado de esa palabra, pero si de algo estaba segura, era de lo mucho que confiaba en las frases de su tío. Ella, al fin y al cabo, podría llegar a ser una buena amiga y llenar el vacío que seguramente habría dejado la familia de aquel niño.

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« Necesita amigos. Necesita amigos. Necesita amigos... Me necesita »

Los días pasaron, las semanas, los meses, un año y luego dos. El tiempo franqueaba inexorablemente y fue arrebatándole las esperanzas al niño de volver a ver a sus padres algún día, a sus hermanos, sus abuelos... su familia.

Pucca no supo en qué momento sucedió, pero se había enamorado de él, lo sabía. No era natural que su corazón latiera frenéticamente ante su presencia, no era natural que le sudaran las manos y la frente cuando le hablaba, no era natural que invirtiera todo el día en buscar mil maneras de acercársele, y hacerlo feliz.

No era natural, pero estaba sucediendo. Le estaba sucediendo a ella, por primera vez en su corta existencia.

—¿¡Pero por qué no habla!? Los hombres hablamos; poco, pero lo hacemos.

—Él no puede, Abyo, ha hecho un voto de silencio para recuperar el honor de su familia. Él... es el niño más valiente de Sooga.

« Lo es, sin duda »

—¡Ah, está bien! Pero deja de defender a tu noviecito porque me dan náuseas.

—¡Abyo! —gritó Ching, dándole un severo golpe en la espalda mientras Won le picoteaba la cabeza— No seas tan malo.

—Es que, ¡vamos! No es normal que un niño haga "votos de silencio" y esas cosas.

—Y tú... ¿Cómo sabes lo que es normal o no? —Le cuestionó Pucca, desafiante.

—Fácil. ¿Acaso ves por aquí a alguien más que haya hecho algo parecido?

La chiquilla de vestido rojo detuvo lo que por inercia estaba a punto de salir de su boca, y pensó. El moreno tenía razón. Pero a su vez, ella ya había demostrado con anterioridad de lo que era capaz por proteger al ninja, ¿por qué no hacerlo ahora? ¿Qué tan difícil podría ser?

—Sí.

—¿Eh? —En un movimiento involuntario, Abyo se fue para atrás mientras torcía los labios. Había sido sorprendido— ¿Qué dijiste?

—Que sí. Yo acompañaré a Garu haciendo también un voto de silencio, hasta que su familia vuelva por él.

Acto seguido, se dirigió hacia el mencionado y enrolló sus brazos en los de él. Mientras el pobre luchaba despavorido, tratando de soltarse del fuerte agarre de la muchacha.

—¡Eso es tan romántico! —exclamó Ching extasiada, dando pequeños brincos.

—No te creo, ¿y cuándo se supone que harás tal cosa?

—A partir de ahora —Y tomando una buena bocanada de aire, despidiendo a sus amígdalas, a su lengua y paladar, de las tan preciadas palabras que emergían gracias a ellos cada día por montón, cerró la boca y no volvió a esbozar sonido alguno.

—Oh... Debes estar bromeando —dijo con incredulidad el moreno.

—Yo creo que fue bastante sincera —adujo Ching—, ¡míralos! ¡Se ven tan lindos juntos! —y rió, mientras vislumbraba cómo Garu intentaba zafarse desesperadamente de su ahora "compañera de silencio".

—Yo le doy una hora...

—¡Cállate, Abyo!

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Pucca rodó un par de veces por la cama, en busca de su acomodo. Era de esos días en los que cuestionaba hasta su existencia misma, para colmo, el sueño que acababa de tener no le había ayudado en nada. Sólo agravó aún más la herida, el recuerdo... de tiempos que no volverían.

Tocó sus labios, recordando cuándo fue la última vez que disfrutó de mantener una conversación con alguien. Ahora, aquello ya no tenía mucho sentido, pero seguía sonando más razonable que el motivo por el cual lo hizo.

Un voto de silencio, que alguna vez significó un pacto de amor, amor hacia Garu. Un voto de silencio, que ahora ya no tenía sentido.

« No más »

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N/F:

-¡Se los advertí! D':

-Espero que les haya gustado, fue verdaderamente complicado armar toda una historia en base al prólogo, pero ya tengo algo pensado *w* aun así, si desean enviarme sus opiniones, ideas y sugerencias, ¡serán cordialmente bienvenidas!

-¿Tienen alguna teoría? ¿Qué creen que haya sucedido? ¿Qué será de la vida de Garu o de Tobe?

-Y bueno, eso fue todo por el momento, trataré de ser más frecuente. ¡LOS AMO! *3*

¡Besitos de fresa! -Lady Strawberry Geek