Upside Down with Mercy
Capítulo 8: Historia de amor
Sucedió aquel horrible día. El cielo debía saberlo, pues no dejó de llorar desde los primeros atisbos de luz atravesando las abultadas nubes grises desconsoladas.
¿Por qué? ¿Por qué aquel día?...
Habían cumplido tres años desde que el rubio sin talento para el amor, se había decidido a hablar con la chica recién llegada a la ciudad. Las cosas se dieron de una forma tan simple, que resultaba trillado: Una simple cita sirvió para descubrir que el amor podía existir desde antes de conocerse. Miike llevaba días admirándola sin que ella lo notase y en esas absurdas historias mentales que se inventaba, recibía respuestas agradables de los labios imaginarios de Moulin. Era el tipo de emoción que ella le transmitía: Una chica agradable, con la que se moría por hablar. Y sólo eso por el momento: Hablar. Conocerle.
Los días pasaron y no soportaban estar alejados el uno del otro; era un amor de verano de telenovela. Moulin ya no temía llamar la atención de la gente al desatar sus carcajadas de felicidad, tras vivir los mejores momentos de su vida con aquel guapo joven.
Moulin se sentía afortunada, no entendía por qué había recibido aquel hermoso regalo del cielo, Miike era el chico perfecto para ella, la vida ya tenía sentido, si había algo específico que debía hacer en su vida, fue el estar parada en la entrada de su nuevo hogar para ser abordada por ese atrevido joven que le había propuesto una primera cita.
Pronto se convirtieron en la pareja más envidiada de la pequeña ciudad, era extraño verles separados y es que era lógico, pues estaban locos el uno por el otro. Finalmente Moulin había encontrado la felicidad después de los difíciles días en los que tuvo que lidiar con el divorcio de sus padres. El haberse mudado con su madre a Osaka había sido la mejor decisión de vida, pues le había permitido conocer a Miike, el chico de sus sueños.
Pasaron meses, años de una maravillosa relación que no paraba de prosperar. No dejaban de aprender el uno del otro, de la lealtad, la confianza, la amistad, el deseo, el amor.
No pasó mucho más tiempo, cuando Miike decidió arrodillarse frente a Moulin en vísperas de su tercer aniversario de novios, para revelar un anillo de plata, con el que le pidió ser su esposa...
Moulin sólo tenía 18 años y jamás había estado más segura de una respuesta en su vida. La puesta en escena era de película: La gente de los alrededores, aplaudía dichosa, por los jóvenes enamorados, mientras Moulin se le lanzaba encima a su nuevo prometido.
Esa noche hicieron el amor por primera vez.
A eso siguieron largas conversaciones de muchos planes de vida: Adoptarían un perro y vivirían en Osaka. Con el paso de los años, tendrían tres hijos, probablemente dos niñas y un varón, su hogar estaría en la cumbre de la ciudad, el lugar preferido del sol para alumbrar por las mañanas. Miike sería contratado por una empresa laboral importante y vivirían una vida envidiada. Todo aquello discutían, entre risas convencidas: De seguro habrían dificultades, pero estaban dispuestos a enfrentar el mundo juntos, sin jamás traicionarse.
…Era un amor envidiado, de esos que inspiran…
El funeral fue uno de los más recordados por la gente de la ciudad.
...
Miike perdió la vida en un accidente de auto, un horrible día de lluvia.
Todo ocurrió en un instante. Lo mismo que había tardado Moulin en tomar su decisión aquel día en que su amado Miike le había propuesto matrimonio. Sólo… Un instante.
-"Lin… Vuelve a encontrar el amor…"
Los oídos de Moulin debían estar mintiéndole, mucho más que sus ojos inundados en lágrimas… Y sus manos… Levantando con terror al joven gravemente herido, quien también era su prometido. El corazón se mantenía en un sobresalto constante, no podía escuchar sus latidos, sólo una opresión intensa, dolorosa, emanando directamente desde su pecho, dentro, muy dentro. Sus sentidos no respondían, el shock se apoderó de su cuerpo, al mismo tiempo que la desesperación le hacía querer quitarse la vida propia, para dejar de estar viviendo esa pesadilla.
Todo fue demasiado rápido.
Ambulancia, hospital, funeral.
Qué extraño era el mundo con esta nueva realidad.
Moulin no sabía qué se sentía la verdadera soledad hasta entonces. La cabeza le daba vueltas a mil por hora sin comprender nada. Intentaba dirigir sus pensamientos a las cosas más irrelevantes... Gente hablándole sin parar, sus padres sin saber qué hacer, los padres de Miike intentando ser fuertes, gente desconocida observándola con aquellos rostros de profunda lástima. Debía observarlo todo, debía pensar en que todo terminaría pronto, que dejaría de ver a los niños ignorantes de lo sucedido, jugando entre las tumbas como si fuese acaso un paseo a un lugar nuevo. Risas infantiles molestas... Gente conversando sobre el trabajo... Abuelos recordando a sus seres queridos... Gente que asistió sólo por cumplir... ¿Qué sabían ellos de Miike? ¿A quién le importaba de verdad, el perderle? Su familia ni siquiera se quedó lo suficiente... Y así como ellos, pronto todos se irían para permitirle dejar de pensar. Y sucedió.
Horas después del funeral, después de rechazar todas las ofertas para partir, finalmente estaba sola frente a su tumba.
Las lágrimas comenzaron a salir tímidamente cuando escuchó las últimas inconcebibles palabras de Miike en sus oídos.
Miike.
-"¿Es esto real?"- susurró, dejándose caer de rodillas sobre la tumba subterránea. –"Miike".
…
Moulin continuó pronunciando su nombre toda la tarde, llamándole, como si él se encontrara tras la puerta de su lápida. Sentía que enloquecía y estaba exhausta... Hacía frío, pero aun así, se durmió sobre la tumba.
Los días pasaron y Moulin no recordaba qué se supone que debía hacer. Nunca. Ya no sabía ni quería saber qué sucedía a su alrededor. Sólo tenía en mente, visitar esa tumba a toda hora… Sólo quería sentir el frío de la lápida bajo sus piernas y el mensaje cruel que mostraba el nombre de su prometido disparándose directo frente a sus ojos. "Suûru Miike. 1993-2015. Querido hijo y prometido"
Despertó sintiendo las lágrimas frías en todo su rostro, pero qué importaba, ya nada importaba, porque nunca dejaba de ser una pesadilla. Qué importaba el mundo y el divorcio de sus padres. Eran adultos tomando una tonta decisión, qué importaba si rompían su matrimonio en mil pedazos, sus vidas iban a seguir y jamás dejarían de ser sus padres, hasta el día de su muerte, ellos no dejarían de serlo. Pero…
¿Qué había de Miike y Moulin?
¿Habían acaso ellos decidido por sí mismos romper su relación? No era justo, simplemente no era justo que el destino les tuviera guardado un final tan horrible...
¿Por qué no pudo disfrutarlo un poco más?
¿Por qué no pudo pasar la vida entera junto a él?
Sentía que sus planes ya no eran importantes, ya no quería perro, casa ni hijos, lo único que podía desear era... Miike.
Moulin comenzó a llorar sin consuelo.
[…]
Los días pasaron… Y ese trocito de terreno con la fría lápida se había convertido en su único lugar de consuelo. Moulin se la pasaba todo el día, todos los días allí. Había dejado de comer y de hablar, pues ya no quería tener nada que ver con el mundo.
Una tarde, un nuevo funeral se realizó muy cerca de la tumba de Miike.
Era verdaderamente molesto estar rodeada de gente otra vez. Moulin decidió marcharse a casa y volver cuando el evento hubiera terminado, pero el cansancio y la fatiga la obligaron a buscar refugio en casa. Su madre intentó ayudarla, pero a la larga, resultaba inútil. Moulin no quería saber de nada ni nadie.
Al día siguiente, había algo diferente. Todos esos días se había acurrucado en la tumba de su amado Miike, acostumbrándose al silencio y la soledad que el cementerio le ofrecía, pero esta vez un chico de su misma edad yacía sobre la nueva tumba azulada dispuesta al frente.
Ella observó al muchacho, mientras lloraba con desesperación en el lugar. Moulin comprendió de inmediato que sus emociones estaban siendo compartidas. Cuando el chico de cabello castaño notó la presencia de Moulin, intentó reprimir sus sollozos y recuperar la compostura, por muy difícil que resultara.
Moulin no mencionó palabra alguna, pues no le importaba. Ella volvió a acurrucarse sobre la tumba de Miike, abrazando las rosas que había traído esa mañana y derramando lágrimas de dolor ante los recuerdos.
[…]
Pasaron los días.
El joven y Moulin se encontraban a cada tanto, sin intercambiar palabra alguna, hasta que un día el chico apareció con un termo para servir café para él y Moulin. Ella no lo rechazó pues su cuerpo se había tornado débil y soñoliento. Un café era más que bien recibido, era necesario.
Ese día conversaron. El joven se presentó como Renji.
La tumba azulada que visitaba a diario era la de Jun, la chica que él amaba, quien había muerto debido a una enfermedad que le arrebató la vida inesperadamente.
Tras escuchar las palabras de Renji y beberse el café lo más rápido que pudo, algo resultó insoportable, haciéndole perder el control de su respiración y comenzar a llorar desconsoladamente. Moulin había sentido la necesidad de hablar otra vez, y eso le resultó insostenible.
-"Lo siento"- expresó Moulin entre llantos intensos.
Renji sólo le observó, sin ningún gesto en especial, pues ambos sabían que no estaban allí para consolarse el uno al otro, sino que acudían para buscar la esperanza de sentirse absurdamente cerca de sus seres queridos aun después de sus muertes.
Renji se contagió rápidamente de la emoción de Moulin y comenzó a llorar sin intentar controlarlo.
[…]
No pasaron muchos días hasta que comenzaron a tener largas pláticas sobre los recuerdos que tenían de sus amados. En ocasiones, Moulin logró esbozar una pequeña sonrisa, al traer de regreso las memorias de Miike. Ese fue todo un descubrimiento, el estar hablando de él, como su aún viviera, comentando "qué le gustaba hacer a Miike" o "cuál era su comida favorita", le engañaba por algunos segundos, convenciéndose de que él la escuchaba y sonreía al verle amarlo como lo seguía haciendo.
Moulin finalmente había encontrado un poco de consuelo.
Otro de aquellos días, Renji y Moulin compartieron una taza de café en un lugar diferente. Moulin regresaba a habitar el mundo poco a poco, sólo a través del recuerdo de Miike. No servía llorar en su tumba sin dar a conocer su historia… Hablar de Miike era su nuevo escape del dolor incansable que llevaba por dentro y lo mejor del escenario es que Renji estaba dispuesto a escuchar.
Así pasó el tiempo con algunos cambios. Moulin ya había vuelto a comer saludablemente y había reducido levemente el tiempo que pasaba en el cementerio. Aunque fuese sólo un poco, era un gran paso.
Renji y Moulin se habían vuelto amigos en el dolor y no tenían reparos en llorar a sus seres queridos frente al otro, pues se entendían mutuamente.
Moulin comprendía quién era Jun: Una chica común y corriente, como ella... A Jun le gustaba correr y comer de noche, amaba a los animales y ver televisión. Su clase favorita era ciencias, su maestra favorita era también la hermana de su madre. A Jun no le gustaban los insectos, ni hacer su cama todos los días. Simples detalles que la convertían en quien era. Jamás se esperó morir tan joven, nadie sabía del tumor que estaba creciendo en su cerebro, hasta que éste se cobró su vida. Fue toda una sorpresa. Moulin se preguntaba si Miike habría conocido a Jun en el otro mundo... Si acaso ellos los observaban a ella y a Renji en el cementerio, queriendo con todas sus fuerzas acompañarles ahí, donde estuvieran...
Renji sabía cosas de Jun, que Moulin nunca supo de Miike...
Sentía la impotencia de jamás saber qué programas de televisión disfrutaba de pequeño... O, el primer beso de Miike, o qué opinaba sobre la vida en otros mundos... Si, eran preguntas tontas y las respuestas, jamás conocería... Miike era... Todo lo que ella conocía hasta el momento de su muerte.
[…]
Pasaron tres semanas desde aquel primer encuentro, cuando un día de esos, Moulin observó la tumba de Jun, notando que las últimas flores puestas ahí, estaban ya marchitadas. Ella las cogió para botarlas a la basura y a continuación tomó un par de rosas que había traído para Miike y las posó sobre la tumba de Jun. Fue entonces que cayó en cuenta de que no había visto a Renji ese día, lo cual no era habitual.
Desde entonces, comenzó a cambiar las flores tanto de la tumba de Miike como la de la amada de Renji y se preguntó qué habría pasado con él.
Un día Moulin llegó al cementerio trayendo más flores de lo habitual, y se sorprendió al ver que había rosas rojas nuevas en la tumba de Jun. Ella miró a los alrededores esperando encontrar a Renji, pero sólo pudo ver a una pareja de adultos alejándose.
Días después, vio a la misma pareja cambiar las flores de la tumba de Jun y no pudo evitar hablarles para preguntarles sobre Renji. Se trataba de los padres de Jun.
Moulin se llevó una gran sorpresa cuando la mujer le reveló que Renji era sólo "un insistente joven que molestaba a su hija, lo cual desagradaba mucho a Jun." La pelirrosa pudo reconocer que la mujer no mentía, lo cual le provocó un sentimiento de profunda compasión por Renji. La verdad era que, él ni siquiera era un amigo de la difunta chica, sólo se trataba de un amor no correspondido.
[…]
Después de su divorcio, los padres de Moulin vivían en casas diferentes, su padre se había establecido en Kyoto y su madre en Osaka. La joven vivió con su madre los últimos años y visitaba a su padre constantemente, pero luego de la muerte de su prometido, decidió independizarse y vivir sola en una de las localidades que pertenecían a sus padres: El ex-matrimonio poseía un par de residencias en la ciudad de Osaka y en la ciudad de Domino, sin mencionar una cabaña en la playa, de la que Moulin obtenía beneficios económicos. Fue así como logró subsistir por sí misma y decidió establecerse en la ciudad de Domino.
[…]
Había pasado un año desde la muerte de Miike.
Moulin estaba regresando a casa luego de visitar a su padre, cuando una imagen se quedó plasmada en su mente, antes de poder asimilarla: Ahí en Kyoto, vio a Renji caminando por la calle.
Un impulso más allá de lo explicable movió a Moulin fuera de su autobús para disponerse a seguir al joven, casi como si hubiese visto a su mismo Miike transitar tranquilamente en vida de nuevo.
Ella lo siguió un par de manzanas y cuando estuvo a punto de alcanzarle, asimiló el escenario: ¿Qué estaba haciendo? ¿Qué esperaba de eso encuentro? ¿Por qué el ver a Renji le había resultado tan impresionante en ese momento? ¿Qué quería decirle? ¿Había algo que decir si quiera?
Moulin se detuvo y le observó.
Era innegable que sentía mucha curiosidad por saber el por qué había desaparecido de la noche a la mañana. Moulin había llegado a comprender lo importante que era Jun en la vida de Renji, era casi como verse a sí misma en él… Entonces ¿por qué dejó de visitar su tumba?
Moulin se decidió por palabras de gratitud, pues sin Renji, ella habría seguido el camino de la depresión sin jamás descubrir que lo que más necesitaba en esos momentos era revivir el recuerdo fresco de Miike a través de una simple conversación con alguien que quisiera escuchar. Ese chico no le debía nada y aun así, se había convertido en un pequeño angelito que apareció para ofrecerle consuelo en el momento más difícil de su vida.
Gratitud. Eso era.
Moulin dio un paso adelante, justo cuando Renji se volteó al encuentro de una chica. Ambos se saludaron con mucho afecto y comenzaron a caminar tomados de la mano.
La imagen resultó impactante.
Renji se había convertido en una proyección de ella misma, pero en ese momento dejó de serlo. Esta vez la confusión en su mente había desaparecido y fue muy simple de entender: Renji había seguido adelante, atreviéndose a darle una nueva oportunidad a la vida. Dispuesto a encontrar a otra persona que fuera lo más importante para él, para permitirse ser amado y vivir la realidad.
Esa fue la última vez que vio a Renji.
[…]
En su viaje a Domino, se permitió pensar con honestidad: Aquella imagen le había impactado, en su mente jamás se habría presentado la posibilidad de hacer lo mismo que había hecho Renji y así comprendió que ella y Renji eran individuos diferentes… Renji no era sólo un chico que vivió un amor no correspondido, también era algo más. Ella misma fue testigo de cuan abatido estaba esos días, llorando sin consuelo, deseando morir junto con Jun… ¿Cómo había sido posible permitirle la entrada a alguien más después de haber vivido ese tipo de dolor? ¿Cómo podía hacerlo? Si había algo cierto, es que ella no tenía el valor, pero definitivamente aquel encuentro le había inspirado plantearse la idea. A pesar de que una gran parte de ella negaba la posibilidad, las palabras de Miike cobraban vida en sus oídos más fuertes que nunca: "Lin… Vuelve a encontrar el amor…"
-"OH... POR... DIOS..."- vociferó Kokoa con ambas manos cubriéndose la boca, mientras las lágrimas seguían corriéndole por el rostro.
-"Moulin… Jamás me lo habría imaginado…"- susurró Yugi D, no muy segura de qué decir a continuación.
-"Han pasado casi tres años desde que… Bueno, desde que perdí a Miike"- continuó Moulin quebrándose y secándose las lágrimas. –"Gomen, chicas, aun-n n-no aprendo a pronunciar su nombre sin comenzar a llorar".
-"Moulin"- recitaron Yugi D y Kokoa al unísono, al mismo tiempo que se aproximaban a su nueva amiga para acariciarle los hombros, la espalda, el cabello... Intentando apoyarla.
-"Ahora sabes Yugi D, que sí fui feliz… Alguna vez en mi vida"- le dedicó la pelirrosa, levantando su rostro sonriente y desconsolado.
[…]
-"Es tan difícil de creer, está tan llena de vida después de haber pasado por algo tan difícil"- susurró Yugi D a la entrada de su habitación.
-"No puedo creer que estuvo comprometida siendo tan joven… Realmente debió ser una relación de profundo amor"- agregó Kokoa, asomándose más abajo por el espacio que dejaba la puerta de la habitación de Yugi D.
-"Será mejor que nos vayamos para no despertarla, al contarnos la historia de Miike, revivió momentos muy tristes de su vida"- volvió a comentar Yugi D, cerrando la puerta.
Siguieron susurrando.
-"Lloró demasiado, ¿no es así?"-
-"Hai… Hasta te hizo llorar a ti"
Kokoa tomó aire avergonzada: "Soy una persona sensible D, tú lo sabes"
Yugi D sonrió frunciendo el ceño: Era verdad. A continuación se volteó con la laptop en las manos para dirigirse a la habitación vacía de Atayami.
-"¿Qué vas a hacer ahora?"- preguntó Kokoa, llevándose las manos a la boca, pues había subido el tono sin querer.
-"Shh, no es muy tarde aún, así que escribiré un poco en mi blog y luego me iré a dormir".
-"Hai entiendo"... "Esa historia puede inspirar a cualquiera después de todo…"
-"¿Qué vas a hacer tú?"
- "Hmm… Creo que esperaré a Gis-san para ayudarle a preparar la cena"-.
- "Dile a mamá que no me esperen, yo perdí el apetito por completo".
-"Hai, de acuerdo. Te entiendo."
[…]
Yugi D se había acomodado en la ex habitación de Atayami, cubriéndose con las frazadas casi por completo. La historia de Moulin le había provocado sentimientos encontrados, pues la idea de un chico perfecto con el cual se podía pasar el resto de la vida, era algo que estaba lejos de conseguir para ella misma y la idea le llegó a parecer de ensueño, para su propia sorpresa. Eso, junto a las palabras que le había confesado a Kokoa el otro día, "tengo ganas de iniciar una relación" estaban apoderándose de ella, avergonzándola por dentro.
Esas emociones eran tan inesperadas, que cuando las sentí, solía encontrarles una explicación racional y luego escribir una entrada en su blog. Esta vez, tardó muy poco en clickear "subir". Estaba realmente inspirada, tanto así, que no había notado que en la bandeja de entrada de su cuenta de blog, se habían acumulado muchos mensajes no leídos. Varios mensajes halagaban su forma de escribir, otros no eran más que saludos de sus seguidores, algunos otros sugerían temas interesantes para una nueva entrada…
Yugi D fue leyendo animada, hasta que notó que tenía un mensaje extraño: No especificaba un usuario registrado, era sólo un anónimo sin enlace de un blog propio.
Tras clickear, sintió un escalofrío, pues era un largo mensaje que daba la impresión de haber sido escrito con urgencia.
Usuario: Anónimo.
Cuenta de blog: No disponible.
"No lo soporto más... He llegado demasiado lejos y de paso me he acostumbrado a esta idea retorcida… Me he metido en un lío… No sabes cómo duele… seguir adelante con esto, me siento estúpida... Todos los días, le miro directo a los ojos y me siento como una idiota...
No sé qué es lo que pretendo, ya no lo sé... Es un hijo de puta, un maldito hijo de puta… Deseo vengar a mi yo de antes, creí ser lo suficientemente fuerte para vengarla… Vengar a mi yo de antes…
Pensé que permitirle volver a marcar mi piel sería fácil, debía ser nada, debía probarme a mí misma que todo estaba en el pasado… Pero no lo resistí y ahora llevo conmigo una estúpida marca de por vida sin terminar…
Es igual que antes, se siente igual que antes, el dolor de dejarle tocarme, la desesperación de sentir que estaba invadiendo mi piel… Se sintió exactamente como antes… No soy fuerte como creí…
No consigo quitarlo de mi camino, matar a ese cabrón y quitarlo de mi vida, una parte de mí que no logro controlar anhela su aprobación, por qué me pasa esto… Debía destruir su estúpida sonrisa, debía jugar con él hasta el momento oportuno para quebrarlo, todo estaba bien, pero él…
No quiero esto, siento una maldita comezón en la espalda… Es absurdo, lo odio, no quiero que me toque. Lo odio maldición, lo odio.
No quiero estos sentimientos, no quiero dejarle tocarme y al mismo tiempo… No consigo alejarme de él… No logro odiarle del todo
¡Por qué está sucediendo esto! Soy una maldita idiota…"
Yugi D se llevó ambas manos al rostro, dejando sus ojos muy abiertos, mientras terminaba de leer las últimas palabras.
-"Dios mío... Misao…"-
